Artículo de Octavi Fullat
Ricardo García González.
En este artículo, el autor se dedica a exponer la conflictividad escolar, tanto sus
fuentes, sus causas como sus distintas situaciones.
En primer término, se explica cómo la escuela hace de extremo cultural. Religión,
sociedad, política y atavismo cultural se enfrentan día a día en la docencia, amén de la
situación histórica actual. Al transmitirse los saberes y valores, es habitual que la
capacidad crítica sea posterior al desarrollo de los mismos, con lo que en el centro de
nuestro “disco duro”, quedan grabados los valores que el Estado tolera o pretende
imponer.
Con esta situación, actualmente inevitable, la escuela se convierte en un puntal
de sociedades en conflicto, donde tendencias, tradiciones y valores pugnan por
imponerse unas sobre otras. Según Octavi Fullat, desde Alfonso X el Sabio, la
concepción de una escuela que persigue únicamente el saber, ha cambiado radicalmente.
Ahora, uno de los principales valores que afecta desde el final de la cadena de estudio
(el mercado laboral), hace que sólo prime la productividad, dejando al lado el
conocimiento y la cultura general. Para llegar a este aspecto, el concepto de escuela ha
debido de pasar de la Roma clásica a las universidades medievales y finalmente a la
institucionalización industrial.
Fullat hace especial hincapié en no sólo lo que las escuelas imparten, sino en lo
que dejan al margen. La forma de preservar un sistema económico o político será a
través de mantener lo establecido en la formación de clases o bien al evitar rozar
sistemas que no interesen al gobierno en cuestión. Así el autor llega a la conclusión de
que la escuela es un poderosísimo exponente de conflictos humanos, materia en la que
ahonda en el apartado dos. Según él, el mayor conflicto se lo encuentran los maestros y
profesores:
No hay un término intermedio entre transmitir conocimientos sin trasfondo
ideológico e inculcar ideas a través de la docencia. En cualquier caso, se está cayendo
en un error, porque el centro que sólo da información a los alumnos, elimina el centro
vertebrador, la motivación y la filosofía que mueve al aprendizaje. Resulta triste que
escuelas realmente vertebradoras como son las de países comunistas, sólo impartan la
materia bajo un punto de vista.
En España hay diferenciación entre la escuela laica y la escuela democrática, pero en
ambos casos, no se da un respaldo adecuado al pluralismo ideológico, en incluso en el
segundo caso, parece semánticamente opuesto a ello.
El segundo apartado, habla también de la libertad del alumnado respecto a la
familia, resaltando la diatriba entre permitir la asistencia no obligatoria o bien la
imposición en edad obligatoria como es el caso. Summerhill y su estilo educativo es el
contrapunto al actual sistema. El tema de la autoridad escolar es fundamental para una
correcta educación, pero será tenido en cuenta con escrupulosa minuciosidad, para no
excederse ni dar absoluta manga ancha.
En el apartado tres, el autor hace una diferenciación entre escuelas confesionales
(transmisión de saberes no científicos y el despertar a valores paralelos), escuelas
religiosas (especificación del anterior) y la escuela neutra. En una reflexión genérica,
Fullat afirma que se corre el riesgo de asociar las escuelas confesionales con toda suerte
de paralelismos ideológicos y políticos. De tal modo, el resto de escuelas, alumnos y
profesores, pertenecerán a la “oposición”. Tras esa conclusión maniqueísta, Fullat
realiza una larga reflexión sobre el concepto –neutralidad- y da pie a explicar la escuelas
únicas (una línea de pensamiento en todo el Estado), las escuelas plurales (varias líneas
de pensamiento conviviendo en el mismo país) y las pluralistas (convivencia de
distintos pensamientos en el centro).
De la mención del pluralismo, se pasa a hacer mención al pluralismo lingüístico,
por ejemplo, dentro del apartado cuatro. En él se tratan los distintos modos de
concienciación estatal y sistemas políticos; la manera en la que nación y verdad se
sobreponen y se manipulan con fines de influencia totalitaria ( y no sólo las ideologías
totalitarias lo hacen). Respecto al respeto o no de la variedad lingüística, Fullat usa el
ejemplo de la antigua URSS, Gales o Frisia, en los Países Bajos. Ello ocurre por el
hecho de que bajo un mismo Estado pueden existir varias naciones, manteniendo una
política y economía global, pero respetando las peculiaridades de su interior. Es a ese
concepto de Nación al que el profesor ha de atender, no convirtiéndose en un agente del
Estado hacia la gente, sino a la inversa.
Con todo esto ya mencionado, a la hora de proponer modelos escolares, habría
de hacerse una sucinta confesión por parte del cuerpo docente sobre su tendencia
ideológica. Así, desde las opciones políticas para la educación, existirían tres tipos de
escuela: escuela estatal, única y laica, escuela pública -no necesariamente estatal y
escuela privada -sin ser excluyente de la pública- y plural a su vez. Será el primer tipo
el que elija la extrema derecha, mientras que el liberalismo implique la dualidad entre lo
privado y lo público, como así viene siendo desde hace décadas. El peligro de la escuela
pública es que amalgame todo tipo de taras del Estado hacia el individuo,
condicionantes y totalitarias.
En los apartados seis y siete, se realiza una reflexión sobre las diferencias de
clases y la lucha de las mismas dentro de la escuela. Cómo el leninismo planteaba una
escuela como reeducadora de comportamientos excluyentes, que perpetuarían la lucha
de clases en los futuros trabajadores, mientras que la sociedad (capitalista) actual
entiende que las escuelas estatales, muchas veces hacen tabula rasa con las clases,
eligiendo preferentemente la educación privada. Se hace mención, muy a mano para
nosotros, de la idea del PSOE de una educación “lima” estatal frente a la privada de
UCD, que favorecería sólo a algunas clases.
Los apartados finales de este artículo van desmontando cronológicamente las
utopías presentadas desde las distintas políticas mundiales. Desde la educación fascista,
hasta las utopías rusas del siglo pasado, todo filtrado por la propaganda y las imágenes
paradisíacas que distan siempre mucho de la realidad. Se menciona brevemente también
la necesidad de separar Iglesia y Estado (con su escuela), para que la elección de credo
fuese algo que dependiese de los usuarios potenciales de la escuela.
De entre las pinceladas desmitificadoras del final de este artículo, se destaca
especialmente a Iván Illich, con la idea de dar un hachazo a la raíz de la sociedad y dar
libertad educativa absoluta. Otras ideas utópicas, pero de calado profundo por su cambio
de planteamiento y la perspectiva casi terapéutica hacia la docencia. Al menos es un
autor coherente, que apoya sus idealizadas teorías con posibles aplicaciones.
Opinión personal
Octavi Fullat hace un trabajo de reflexión sobre la sociedad y la educación. De
cómo la evolución política y económica influyen en la escuela, así como ésta se ha
usado y se usa como herramienta del sistema. Hasta cierto punto, hay grandes verdades
en el artículo, pero tras esa nutrida bibliografía en la que se apoya, se esconden fallos
importantes, en su mayoría por distanciamiento de la realidad.
a) Los gobiernos actuales tienen entre manos problemas que consideran más
importantes que la educación. El cambio constante de planes, según quién
esté en el poder, muestra la completa indiferencia hacia aquellos que han de
formarse. Ahí radica la verdadera perpetuación del sistema estatal; la
ignorancia. Cuanto más perdidos estén los alumnos, antes saldrán de los
estudios y menos pensarán por sí mismos. A cualquier sistema le beneficia
eso, porque siempre es mejor conducir borregos que personas, y además, el
hecho de cambiar tan rápido de planes, no deja de ser otra forma de
venganza contra el partido que antes gobernaba. Véanse también los
despropósitos de juntas y ayuntamientos en discordancia con el Gobierno
Central.
b) En líneas generales, hace ya bastante tiempo que la mano izquierda no sabe
lo que hace la derecha. Las listas interminables de interinos en educación
secundaria, que sólo agotan y deprimen a los profesores (con un resultado
pésimo para la docencia); junto con la absoluta despreocupación y
desprotección frente a alumnos conflictivos, distan tremendamente de esas
ideas utópicas (que no aparecen ni como campaña política) de centros
bilingües y de corte centroeuropeo. Se hacen más y más reformas,
cambiando estúpidos acrónimos, como si con ello se fuesen a erradicar
problemas, que como los alumnos, crecerán con el tiempo. Entre un frente y
otro, no se atiende con seriedad a los futuros ciudadanos adultos.
c) Durante todo el artículo, sólo se habla de teorías y sistemas políticos,
extintos en su mayoría por sus aspectos etéreos. El marxismo nunca llegó a
funcionar tal cual fue planteado y el nazismo tuvo unos rápidos frutos que le
condujeron a la autodestrucción. El resto de teorías, sólo son eso; ideas muy
alejadas del campo de batalla, donde los toques de profundidad y la
“vertebración” la hará una persona. Por mucho respaldo ideológico que haya,
la última palabra la tendrá el profesor, que será el que mayor impronta deje
en el alumno. Para todos los problemas que ello conlleva, me remito al
apartado a).