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Timing y Hábitos en Psicoanálisis

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REVISTA DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE PSICOANÁLISIS - NÚMERO 19 - 2015 - PÁGINAS 35 a 48

Recibido: 9/12/2015
Aceptado: 15/2/2016 Temporalidades
psicoanalíticas: sobre el
timing y los hábitos*

Rubén Zukerfeld
Sociedad Argentina de Psicoanálisis

RESUMEN ABSTRACT
El objetivo de este trabajo es en pri- The aim of this paper is firstly to raise
mer lugar plantear la importancia y los the importance and the problems caused by
problemas que genera la noción de timing the notion of timing or opportunity in the
u oportunidad en la clínica psicoanalítica, psychoanalytic clinic, without having been
que sin haber sido desarrollada específica- specifically developed, is as a central hub of
mente, se encuentra como un eje central de the intervention and design of the frame. It
la intervención y del diseño del encuadre. Se is argued that the timing is not a technical
plantea que el timing no es una decisión téc- decision but rather an empathetic ability
nica sino más bien una capacidad empática to perform an intervention and from there
para realizar una intervención y desde allí the characteristics and problems of tempo-
se discuten las características y problemas de rality of the frame are discussed.
la temporalidad del encuadre. Secondly, the aim is to study
En segundo lugar el objetivo es estu- from the psychoanalytic point of view the
diar desde el punto de vista psicoanalítico notion of habit and its temporary condi-
la noción de hábito y su condición tempo- tion. Psychoanalysis has described two types
ral. El psicoanálisis ha descripto dos tipos of repetition: the neurotic, which in Freud-
de repetición: la neurótica, donde en tér- ian terms is to repeat for not remember-
minos freudianos se repite para no recordar ing and the compulsion to repeat, which
y la compulsión de repetición, donde se re- repeats to link excitations. A third type of
pite para ligar excitaciones. Se plantea un repetition that is the habit where repetition
tercer tipo de repetición que es la del hábito is for install into memory what will be re-
donde se repite para instalar en la memo- member without thinking about it. Habits
ria aquello que se recordará sin necesidad as a set of repeated and systematic proce-
de pensar en ello. Se definen los hábitos dures, product of learning cultural context,
como conjunto de procedimientos repetidos which are part of implicit memories, i.e.
y sistemáticos, producto del aprendizaje not repressed unconscious processes, are de-

*
Trabajo presentado en el Simposio Anual de SAP, 2015.

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Rubén Zukerfeld

en determinado contexto cultural, que son fined. This condition implies automation
parte de memorias implícitas, es decir de where subjective time stops, which differs
procesos inconcientes no reprimidos. Esta from the temporal variations of the symp-
condición implica una automatización tom.
donde el tiempo subjetivo se detiene que se
diferencia de las variaciones temporales del
síntoma.

DESCRIPTORES: TIMING – ENCUADRE – HÁBITOS – REPETICIÓN –


COMPULSIÓN A LA REPETICIÓN.

KEY WORDS: TIMING – FRAME – HABITS – REPETITION – REPETITION COMPULSION.

Temporalidades psicoanalíticas:
sobre el timing y los hábitos
¡Hombre, en casa del gitano
más vale la oportunidad que la sinceridad
y la costumbre que la incertidumbre!
Poverbio andaluz anónimo

1. Introducción
1.1. Los objetivos de este trabajo son en primer lugar plantear la importan-
cia y los problemas que genera la noción de timing u oportunidad en la clínica
psicoanalítica, que sin haber sido desarrollada específicamente, se encuentra –a
mi modo de ver– como un eje central de la intervención y del diseño del en-
cuadre. Asimismo, en segundo lugar, el propósito de este escrito es plantear que
en la clínica psicoanalítica existe una condición llamada hábito, el núcleo de las
costumbres, que implica que el tiempo subjetivo se detenga.
1.2. El timing es el uso del ritmo, velocidad y pausas en diversas disciplinas
para generar un efecto dramático. Se puede referir por ejemplo en cine o teatro
al momento en que un personaje habla o calla, se mueve o deja de mover, o
se perciben o no sonidos. La aceleración o detención en las acciones permite:
mostrar características de los personajes, cambiar el significado de las acciones,
dar tiempo a que el espectador comprenda la situación o hacer que piense algo.
El timing es también un elemento clave en el humor: un chiste puede perderse

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Temporalidades psicoanalíticas: sobre el timing y los hábitos

o realzarse según el timing, es decir según la oportunidad de su formulación.


1.3. La definición clásica de hábito es “manera de actuar adquirida por la repe-
tición regular de un mismo tipo de acto o por el uso reiterado y regular de una
cosa. (Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. Buenos Aires: Larousse
Editorial, 2007).
Todas las definiciones aluden a que es una disposición estable para obrar
de una manera determinada que se adquiere mediante la repetida ejecución de
ciertos actos.

2. Analista y paciente: el problema del encuentro

Pero si pensás que estoy derrotado,


quiero que sepas que me la sigo jugando,
porque el tiempo, el tiempo no para.
Cazuza, “O Tempo não pára” (versión Bersuit Bergarabat)

2.1. Las intervenciones en la clínica psicoanalítica han sido estudiadas prin-


cipalmente en dos dimensiones –contenido y estilo– de modo que su grado
de oportunidad fue tenido en cuenta, en la teoría, en menor medida. Sin em-
bargo pensamos que esta tercera dimensión –íntimamente asociada al tipo de
encuadre- es fundamental para los efectos de la intervención. Es conocido que
existe literatura psicoanalítica sobre el timing de la interpretación desarrollado
en especial por la escuela inglesa, así como la sintética formulación winnicottia-
na sobre que la interpretación debía ser comunicada al paciente cuando éste se
hallara casi a punto de descubrirla.
Freud (1913) escribe que:

[…] nuestras explicaciones al analizado, revelándole el oculto sentido


de sus asociaciones “se deben hacer” […] nunca antes de haberse es-
tablecido en el paciente una transferencia aprovechable, un rapport en
toda regla con nosotros. El primer fin del tratamiento es siempre ligar
al paciente a la cura y a la persona del médico. Para ello no hay más que
dejarle tiempo. (p. 1672)

Desde esta perspectiva el “rapport en toda regla” que –siguiendo al Freud


de Psicología de las Masas (1921)– diferencio de la transferencia, y que prefie-

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Rubén Zukerfeld

ro llamar sugestión mínima, implica una circulación inevitable de ideales que


han generado cierta confusión para pensar la noción de timing. Por ejemplo,
cuando se piensa que timing es la ilusión de un saber del analista que todavía no
dice, pues todavía no es el tiempo. Y genera también en el analista el dilema: “lo
digo o no lo digo”. Pero en el paciente esa ilusión es en realidad un motor de la
cura y el timing analítico –según pienso– no es una decisión técnica sino más
bien una capacidad empática para realizar una intervención. Es fácil comprender
que los tiempos cronológicos generan un marco facilitador u obstaculizador de
dicha capacidad (una sesión o cuatro sesiones, cincuenta minutos o veinte mi-
nutos, etc.) pero el potencial curativo o iatrogénico del encuentro no depende
–a mi modo de ver– de dicho tiempo, sino justamente de la calidad de dicho
encuentro en el campo analítico. En este sentido no existe el timing perfecto ni
errores importantes de timing, porque dicha calidad, pensada desde la alianza
terapéutica, constituye el indicador fundamental del proceso más allá de la du-
ración y frecuencia de sesiones. Esta alianza terapéutica la entiendo como un
entramado de transferencia positiva sublimada, características de la persona real
del analista y lo que llamamos sugestión mínima.
Desde una exploración más microanalítica del proceso, el Boston Change
Study Group (Stern et al., 1998) ha planteado que el cambio en psicoterapia
se produce en momentos de encuentro privilegiados (“now moments”). Desde esta
perspectiva se consideran como dificultades terapéuticas los momentos en que
se abre la posibilidad pero el encuentro no se produce. Se describen estos mo-
mentos de no encuentro como momentos perdidos o en espera. Como se despren-
de de esta concepción el timing ya no es un saber secreto que alguien tiene y
que espera el momento para decirse, sino que es una producción mutua. Juan
Pablo Jiménez (2010) confirma lo anterior cuando escribe que:

[…] el locus mutativo en la terapia se produce cuando el movimiento


de negociación intersubjetivo conduce a momentos de encuentro en los
que se comparte el entendimiento de la relación implícita mutua y con
ello se produce una recontextualización del conocimiento relacional
implícito del paciente (p. 82, la cursiva es del autor).

Pero el establecimiento de un tiempo cronológico –con cierta elasticidad–


de 50-45 minutos brinda la fundamental estabilidad del encuadre para un en-
cuentro que a veces se produce y a veces no. Y estabilidad, intimidad y confiden-
cialidad son las verdaderas invariantes del encuadre. De allí que en la medida

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Temporalidades psicoanalíticas: sobre el timing y los hábitos

que se sostengan estas tres cualidades es posible realizar cambios naturales en la


frecuencia de sesiones manteniendo el proceso. Es claro que en el mismo inter-
vienen otras variables que tienen que ver con cuestiones de la disponibilidad del
paciente y del analista para el trabajo en conjunto. Y aquí es donde se plantea
un tema que ha dado lugar a distintas controversias que es la diferencia entre
la clínica habitual y la formación analítica. En ambas la finalidad del análisis es
terapéutica, pero en esta última el problema de la frecuencia de sesiones se torna
a veces conflictivo por la relación poco armónica entre standard y singularidad.

2.2. Un problema que surge cuando se estudia el timing, es su relación con


la espontaneidad del analista. Si se entiende esta última como “decir lo que se
me ocurra” nos encontramos –a mi modo de ver– frente a una distorsión de la
noción de timing que estamos desarrollando, pues en este caso se ha perdido la
percepción del estado receptivo de la mente del paciente, valorando solo el pro-
ceso mental y/o la contratransferencia del analista. Pero existe otra distorsión
de raigambre más tradicional que llamaríamos timing “técnico” que consiste en
la intervención que se realiza en un tiempo determinado a priori, de acuerdo a
ciertas concepciones teóricas preexistentes a la constitución del campo clínico.
En otro trabajo (Zukerfeld y Zukerfeld, 2005) planteamos la necesidad de
la coexistencia armónica entre dos actitudes mentales del analista: la actitud
empática y la actitud que llamamos algorítmica. Esta última consiste en poder
evaluar la realidad subjetiva del paciente y privilegiar los indicadores –esas se-
ñales reconocibles gracias a la experiencia y la bibliografía– en su discurso y su
demanda. En cambio en la actitud empática se trata de poder experimentar la
realidad subjetiva del paciente y privilegiar la resonancia –esa vibración en la
misma longitud de onda propia del campo transferencial– en su discurso y su
demanda. Se trata de una condición inexorable de la práctica clínica, de alto
componente idiosincrático de la cual depende lo que entendemos por timing.
Tal vez la metáfora del ajedrez que usó Freud, donde aperturas y finales son
bastante reglados mientras el medio juego es pleno de singularidades aleatorias,
defina bastante bien dichas actitudes y su armonía temporal.
El contenido y la forma de lo que dice el analista dependen de su cono-
cimiento, comprensión y estilo dentro de un encuadre determinado. Pero la
oportunidad que hemos definido intrínseca al encuentro empático no es cal-
culable y en ese sentido es sorprendente cómo a veces una leve pregunta o una
pausa, genera efectos significativos por efecto de lo que llamamos timing.

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2.3. Lacan (1953) señala –para justificar la escansión– que una “puntuación
afortunada” es la que da sentido al discurso del sujeto, aclarando que para ello
es necesario que haya discurso. Y a su vez subraya tres modalidades de la tempo-
ralización: el instante de la mirada, donde se despliegan los signos de un enigma
y no hay allí correr del tiempo, el tiempo para comprender, en el que se da el
desarrollo del razonamiento que permite la solución del problema, es decir una
diacronía y, finalmente, el momento de concluir, que pone límite al tiempo para
comprender, y fuerza a la precipitación, allí donde el sujeto debe arriesgarse, en
su re-solución hacia la salida.
Es claro que estas consideraciones provienen exclusivamente de una clínica
que tiene como eje y como modelo totalizador a las neurosis de transferencia
del primer Freud. La frase “que haya discurso” lo define, dado que el mismo en
la clínica es en realidad el discurso histérico1. El problema es –como siempre–
la clínica sin el planteo de enigmas y en algunos casos sin lo que estrictamente
llamamos problema. No es necesario hablar de “patologías actuales” sino pensar
en las incertidumbres del último Freud, Ferenczi o Reich y en los resultados de
los procesos analíticos, para valorar lo que en la actualidad entendemos como
déficit o lo que se conoce como el problema del carácter y todas las vicisitudes
de las descargas y satisfacciones pulsionales. Este último aspecto está vinculado
a una noción de hábito que queremos elucidar, donde el sujeto algunas veces se
arriesga y pocas resuelve.

3. Hábitos: la tercera repetición y la detención del tiempo


Pero el pensamiento es esclavo de la vida
y la vida se deja engañar por el tiempo
y el tiempo que cuida del mundo todo
debe detenerse.
Enrique IV de W. Shakespeare
(citado por Aldous Huxley en El Tiempo debe detenerse)

3.1. En la Ética a Nicómaco, Aristóteles (siglo IV a.C.) se ocupa de las virtu-


des éticas que constituyen una “segunda naturaleza” dado que son adquiridas y
las diferencia de las pasiones y las facultades del sujeto. Las considera hábitos, es
decir “disposiciones que nos hacen conducirnos bien o mal en lo que respecta a

1
Recientemente Karothy (2015) enfatizó esta cuestión.

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las pasiones” (p. 52). Y en ese sentido los hábitos pueden ser virtuosos o viciosos,
señalando que estos últimos lo son tanto por exceso como por defecto, mientras
la virtud siempre se va a definir en lo que llama “el término medio”. Pierre Bou-
rdieu (1972), se ha ocupado de esta noción desde una perspectiva sociológica y
describe el habitus como “conjunto de prácticas generadas por las condiciones
de vida de los grupos sociales. […] es un sistema de disposiciones durables y
transferibles, que funcionan como estructuras estructurantes e integran todas
las experiencias pasadas” (p. 477). Por su parte Gregory Bateson (1967) señala
que el hábito constituye una de las más importantes economías de pensamiento
conciente, “y que ningún organismo puede permitirse el lujo de ser conciente
de asuntos que puede manejar a nivel inconciente” (p. 170). En todas las dis-
ciplinas que se han ocupado del tema –desde Aristóteles– las invariantes de sus
teorías del hábito son el concepto de adquisición –que depende del ámbito
parental y cultural del sujeto– y fundamentalmente la noción de repetición.
3.2. Por otra parte el primer Freud diferencia claramente el hábito del sín-
toma y escribe en 1901:

Se podría intentar una clasificación de las acciones casuales, de tan fre-


cuente ocurrencia, según que ellas sobrevengan por hábito, o se produz-
can en forma esporádica. Las primeras (como jugar con la cadena del
reloj, mesarse la barba, etc. que casi pueden servir para caracterizar a la
persona en cuestión, lindan con los múltiples movimientos del tic y merecen
ser considerados en el mismo contexto que estos últimos. En el segundo gru-
po incluyo […] borronear garabatos con la lapicera, hacer tintinear las
monedas en el bolsillo, toda clase de manejos con la ropa, etc. […] detrás
de estos últimos quehaceres de juego se esconden un sentido y un signifi-
cado a los que se les deniega otra expresión (p. 190, la cursiva es nuestra).

William James, el fundador de la psicología, admirado por Freud, es quien


afirma en 1890 que “toda nuestra vida en cuanto a su forma definida no es
más que un conjunto de hábitos”. Y es Freud quien utiliza el término hábito
en 1912 para aludir a la relación con el alimento y con la bebida en su íntima
conexión con las vicisitudes pulsionales, y así señala que “el hábito estrecha
cada vez más el lazo entre el hombre y el vino que bebe”, mostrando la fuerza
de la fijación al objeto (p. 181). Creemos entonces que en general Freud alude
al hábito como descarga más o menos automática y repetida, diferenciada del
valor simbólico del síntoma producto de un conflicto. Pero además escucha a

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Ferenczi (1925) quien escribe que “[…] el psicoanálisis puede ser considerado
como una larga lucha contra ciertos hábitos de pensamiento” (p. 232).
André Green (2007) en relación a las temporalidades plantea que:

[…] el pasado no se apila, sino que se reorganiza y es atraído por ciertos


contenidos que le interesan particularmente […] pero la característica
más notable, sobre la cual Freud insistirá durante un largo período, es
la ausencia de desgaste del pasado en las manifestaciones que se pue-
den relacionar con el inconciente. Entonces dirá: el inconciente ignora el
tiempo, lo que compete a recuerdos inconcientes no parece haber sufri-
do la alteración por el tiempo. Y afirma que la ignorancia del tiempo es la
parte que aparece primero con el nacimiento del psicoanálisis.
http://boletinesapm.blogspot.com.ar/2012/06/conferencia-de-andre-
green-en-la-apm.html

Y remarca que después de 1920 con la compulsión de repetición:

[…] estamos lidiando con una desmentida temporal y con lo que pro-
puse llamar “un asesinato del tiempo”. Es decir que el paciente en ese
momento emplea toda su energía en negar la acción del tiempo, pues
si la repetición vuelve incesantemente sobre los mismos aspectos, de
hecho cuando uno interroga bien a esos pacientes, esos pacientes mues-
tran que tienen la ilusión de hacer que el tiempo no exista más, que el
tiempo no los obligue a cambiar […] el asesinato del tiempo es la com-
pulsión de repetición.
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green-en-la-apm.html

Estas consideraciones del Green de los últimos años están asociadas a lo


que él llama dos lógicas inconcientes, que creemos pueden identificarse por
un lado como la lógica del conflicto y del síntoma, y por otro como la lógica
de una cantidad de producciones inconcientes no reprimidas entre las que se
encuentra el hábito. Sin embargo pensamos que si bien la ignorancia del tiempo
se corresponde con la repetición neurótica y su “asesinato” con la repetición
compulsiva, en ambos casos motivacionales, el hábito constituye la tercera repe-
tición del psiquismo y constituye estrictamente una detención del tiempo intrínseca
a su automatismo.

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El psicoanálisis ha estudiado y se ha ocupado desde Freud en adelante de


dos tipos de repetición: la propiamente neurótica que implica una puesta en
acto del síntoma que resiste, y la que está más allá del principio del placer, la
compulsión de repetición. La primera es la repetición del conflicto, descifrable
en su constitución transaccional-desiderativa, donde se repite para no recordar.
La segunda, asociada a lo traumático, es una repetición ligadora, que repite para
elaborar lo inefable. Entre ambas se dirime la diferencia entre lo conflictivo y
traumático, pero ambas implican manifestaciones sintomáticas y ambas han
sido descriptas en los trastornos del carácter.
3.3. Pero aquí lo que planteamos es que la teoría y clínica psicoanalítica
debe ocuparse también de lo que entendemos como un tercer tipo de repeti-
ción que es la del hábito, que llamamos repetición reguladora donde se repite
para instalar en la memoria aquello que se recordará sin necesidad de pensar
en ello. Se trata entonces de lo inscripto en lo inconciente no reprimido, o sea
el conjunto de memorias procedurales y emocionales. Esta regulación implica
un ahorro de represiones y de energía conciente a partir de la automatización.
Y es esta automatización profundamente instalada la que implica la más au-
téntica detención del tiempo en la medida que por definición es siempre idéntica
a sí misma. El tiempo detenido del síntoma, en el sentido que se repiten com-
portamientos infantiles no significa que estemos frente a un niño. Ha habi-
do transformaciones y una lógica de sentido oculto a descifrar. Por otra parte
no se trata de un asesinato, porque no es lo mismo estar compelido a repetir
que estar acostumbrado a hacerlo. Si no se diferencia costumbre de compulsión
no se podría entender el valor de las tradiciones que tantas controversias han
generado justamente dentro del psicoanálisis. Y es claro que hay costumbres
organizadoras e identitarias y hay otras solamente defensivas. Hay costumbres
que facilitan el conocimiento y hay otras que lo obturan del mismo modo que
existen hábitos saludables y otros patogénicos.
Lo desarrollado hasta ahora nos permite plantear entonces una definición
psicoanalítica de los hábitos como conjunto de procedimientos repetidos y siste-
máticos, producto del aprendizaje en determinado contexto cultural, que forman
parte de las memorias implícitas, es decir de procesos inconcientes no reprimidos que
conforman gran parte del carácter y la identidad, regulan la modalidad relacional y
la economía psicosomática del sujeto y mantienen el tiempo detenido en el momento
de su consolidación.
Los hábitos son adquiridos como una “segunda naturaleza” en términos
aristotélicos, es decir que son producto de la cultura y así se diferencian de los

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Rubén Zukerfeld

reflejos innatos. Pero lo importante es su diferencia con el síntoma ya que los


hábitos strictu sensu no provienen de un conflicto. No hay aquí una transacción
ni un retorno de lo reprimido sino una combinación de identificaciones, repe-
ticiones y regulación de las excitaciones, dependiendo del tipo de hábitos que se
trate. Los rasgos de carácter, en ese sentido, suelen ser un mestizaje típico entre
las producciones inconcientes que provienen del conflicto con su procesamiento hacia
formaciones reactivas o sublimaciones y las que se han configurado independiente-
mente de él como operatorias procedimentales y emocionales.
Así es que el Yo adquiere diferentes tipos de recursos que pueden o no, estar
interferidos por conflictos. Estos recursos también regulan la autoestima, la
economía psicosomática y son parte del conocimiento relacional implícito. Un
conflicto puede interferir en un hábito adquirido o impedir la construcción de
un hábito. Además, del mismo modo que todo hábito puede quedar interferido por
un conflicto, todo síntoma puede quedar automatizado por la cristalización de un
hábito. En la figura 1 se puede apreciar el mestizaje clínico entre las produc-
ciones de lo reprimido y de lo no reprimido, los tres tipos de repeticiones y las
temporalidades diferentes de lo neurótico y traumático descriptas por Green y
la del hábito.

Desde hace ya muchos años la clínica psicoanalítica se ocupa de desvitaliza-


ciones, sentimientos de vacío, déficits de autoestima, traumas sociales, así como

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también de la existencia de repeticiones patológicas (abusos de sustancias y ali-


mentos, creencias cliché, etc.). Por otra parte muchas de estas manifestaciones
se presentan dentro de configuraciones caracterológicas con distintos matices.
En la clínica actual muchas veces se plantea tanto el problema de construir
hábitos nuevos como el de modificar hábitos arraigados, es decir conductas
automáticas repetitivas, no basándose solo en el recuerdo, propio de las memo-
rias declarativas o explícitas, sino en la transformación de las operatorias de las
memorias implícitas construidas por interacción y por identificación. Conviene
tener en cuenta lo señalado al principio de este trabajo por Bourdieu cuando
plantea que los hábitos son estructuras estructurantes, o sea que hay que tener
en cuenta que organizan rutinas –que como señalamos– cumplen importantes
funciones. Existen por ejemplo hábitos de pensamiento convertidos en rutinas
muy estables que devienen en prejuicios2 y constituyen un obstáculo para el
cambio.
Los hábitos son lo más arraigado y detenido en el tiempo impermeables a la
historización a menos que estén interferidos por un conflicto. En este sentido
el tiempo subjetivo no pasa y puede percibirse en la clínica el efecto paradojal
que confronta al tiempo cronológico que sí avanza inexorable, con el tiempo
detenido en repeticiones cognitivas, corporales o relacionales.

4. Breve epílogo: tres corolarios


4.1. La noción de timing no tiene que ver con el tiempo cronológico y
estaría asociada a la eficacia de la intervención. En este sentido comprender el
timing en relación al potencial empático del vínculo permitiría pensar de otro
modo los problemas cronológicos de la duración y frecuencia de sesiones. El
timing empático –equivalente al matching– asociado a la alianza terapéutica,
podría darse o no con diversas frecuencias de sesiones. En realidad se trataría
de encontrar qué frecuencia, para qué paciente, con qué padecimiento, en cuál
momento de su vida y de la del analista.
4.2. La noción de hábito no es sintomática salvo por su desmesura o su ca-
rencia o al ser interferida por un conflicto. En este sentido comprender el hábito

2
La definición de prejuicio, además de la tradicional sobre lo preconcebido es: ‘Idea rutinaria
sobre la conveniencia o inconveniencia de las acciones desde el punto de vista social, que cohíbe
el obrar con libertad’. (María Moliner, Diccionario de uso del Español, Gredos, 2a edición, Madrid,
1998).

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Rubén Zukerfeld

como una tercera repetición donde el tiempo subjetivo está detenido permitiría
pensar de otro modo los problemas cronológicos de la duración y frecuencia
de sesiones. Modificar un hábito o construir un hábito demanda por lo general
paciencia, tolerancia al tedio, variabilidad de intervenciones y encuadres que
pueden alternar alta y baja frecuencia de acuerdo a demandas, disponibilidades
y estrategias.
4.3. El tiempo cronológico no para y el tiempo subjetivo puede detenerse
tanto para analistas como para pacientes. En esta tensión se juegan historias y
destinos y creo que el psicoanálisis no puede quedar detenido en hábitos que
en su momento construyeron profundos sistemas de conocimiento y en algún
otro momento lo obstaculizaron. La tradición, es decir una serie de hábitos-
costumbres, es fundamental para una estabilidad básica y un valor regulador.
De allí la importancia de su transmisión. Pero en esa suerte de detención del
tiempo, no debería olvidarse que la vida genera el pensamiento-conocimiento
y brinda así oportunidades cruciales para producir cambios en un tiempo que
–aunque duela– no para.

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Revista de la Sociedad Argentina de Psicoanálisis • Número 19 • 2015 • 47

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