Capitulo 26 - Revisado
Capitulo 26 - Revisado
Disfrutaba de una tranquila tarde en casa con Nash. Habíamos estado compartiendo risas y charlas
relajadas, sumergidos en el calor reconfortante de nuestra casa. Mis oídos captaron un sonido
inesperado que rompió la armonía que habíamos creado. El timbre de la entrada principal sonaba
enérgicamente. Con curiosidad, me levanté del mullido sofá, sintiendo cómo mi corazón latía un poco
más rápido de lo normal, como si estuviera anticipando algo inusual.
Al abrir la puerta, mis ojos se encontraron con una figura que me dejó sin aliento por un instante. Frente
a mí se alzaba un hombre alto y atractivo, con una melena de ébano que enmarcaba su rostro y unos
ojos grisáceos que parecían reflejar la seriedad y la profundidad del cielo en un día nublado. Su
presencia magnética capturó mi atención de inmediato, y por un instante, me sentí abrumada por la
intensidad de su mirada.
Era Raven, el hombre que había ocupado mis pensamientos en más de una ocasión. Hace algunos, dias
atrás, casi que a hurtadillas, había visto alguna de sus fotografías en línea. Su sonrisa encantadora
iluminó su rostro mientras nuestros ojos se encontraban, y su voz suave pero firme me saludó.
— Hola, Sunny.
— Ra... Raven. — Balbuceé, sorprendida y con los nervios a flor de piel. — ¿Qué te trae por aquí?
— ¿Puedo pasar?
— Claro, claro, perdona mi falta de educación. Adelante, por favor. — Le cedí el paso con un gesto de la
mano, e intenté ocultar mi nerviosismo.
Raven cruzó el umbral, y yo lo seguí hasta el salón, donde Nash estaba sentado en el sofá, absorto en
una revista. Los pasos de Raven eran lentos, Pero su presencia imponente llenaba la habitación. Nash
levantó la vista al sentir su entrada, su expresión cambió de concentración a extrañeza. Su mirada se
detuvo en Raven, y luego en mí. Sus ojos pasaban del uno al otro, como si tratara de descifrar quién era
este hombre que acababa de entrar en la casa.
— El gusto es mío. — respondió Nash con un gesto mecánico, sin dejar de observarlo atentamente
— Raven es... un... un amigo.
— Un amigo, ya veo.
— Nos conocemos desde hace tiempo — intervino Raven, con una sonrisa amable.
— ¿Ah, sí? ¿Y de dónde se conocen? — Preguntó Nash, con una curiosidad casi morbosa.
— De las clases de Tutorías, — respondió Raven, con una tranquilidad que contrastaba con mi
nerviosismo. — Sunny me ayudaba con algunos temas que yo tenía dificultad, era algo así como mi
tutora personal.
— ¿Tutorías? Pero si Sunny nunca estuvo en la universidad.
— Eran...
— Eran temas de música. Yo soy vocalista, y él estudiaba música. — dije rápidamente, con una sonrisa
forzada.
— Música, ya veo.
— Pero no fue directamente con la universidad, sino a través de un antiguo contacto que me ofreció dar
clases particulares a algunos de sus alumnos con problemas académicos. Acepté, ya que era una
oportunidad para obtener ingresos adicionales.
— ¿Y cómo les fue a tus estudiantes? — preguntó, me lanzándome una mirada inquisitiva.
— Bien, bien. Logramos superar algunos obstáculos. — le contesto Raven, pero Nash no se dio por
satisfecho.
— ¿Solo bien? ¿No hubo algún momento de eureka, algún destello de comprensión que iluminara el
camino?
— ¿Qué más quieres que te diga? — La voz de Raven era calmada, pero había un dejo de incomodidad
en sus palabras.
— Bueno, quizás algo más interesante — contestó, con tono ligeramente provocador
.
— ¡Nash, por favor, no seas mal educado! — le exigí, sintiéndome muy apenada.
— ¿Solo a visitarte?
— Sí, solo a visitarme. ¿Qué otra cosa iba a hacer? — Respondí, sintiendo mi irritación desbordarse.
— No sé, hermanita. Tú me dirás. Solo me sorprende. Ya que nunca lo vi en el hospital, ni una sola vez.
— Nash, ¿te importaría dejarnos a solas un momento? Necesito hablar con él.
— ¿De qué?
— Está bien, Sunny. Está bien. Pero que sea rápido. Y que no se te ocurra hacer ninguna tontería — Dijo
con una mirada amenazante.
— Me voy. Pero no me alejo mucho. Estaré en la cocina, vigilando. — Volteó su atención hacia Raven
antes de proseguir — Ni se te ocurra intentar nada, niñato — Le advirtió, con una mirada dura.
Él se levantó del sofá, me dio un breve beso en la frente y desapareció en la cocina, dejándome soloa
con Raven en el salón. El ambiente se había tensado, con una mezcla de atracción y temor.
Nerviosamente, nos mirábamos el uno al otro, sin saber qué decir o hacer a continuación. Nos
sentíamos incómodos y vulnerables, como si estuviéramos desnudos frente a los ojos del otro.
— ¿Cómo has estado, Sunny? — Su voz era un susurro, como si intentara acercarse a mí sin asustarme.
Me esforcé por sonreír, pero mi sonrisa fue débil, un reflejo de la fragilidad que me invadía.
— Estoy... bien — mentí, sabiendo que no era cierto. Pero el parecía poder leerme como a un libro
abierto. No necesitó más que una mirada para sondear mi alma.
— No tienes que mentirme, Sunny. Sé que no estás bien. Tu mirada habla por ti. Has pasado por un
infierno.
— Lo sé, Raven. — Asentí, sintiendo un nudo en la garganta. — Quizás solo intento engañarme a mí
misma, y luchó por aparentar que estoy mejor para no herir a mi madre y a mi hermano que ya han
sufrido mucho por mi causa.
Mi voz se quebró mientras intentaba explicar mi situación, y en ese momento, Raven instintivamente se
acercó un poco más a mí, como si quisiera protegerme de mis propios demonios. Sus ojos reflejaban
comprensión y empatía, como si estuviera allí para sostenerme a la más mínima muestra de
vulnerabilidad.
— Quiero que sepas que lo siento mucho, Sunny. Por la pérdida de tu hijo, por el estado de tu hija, por
el accidente, por todo lo que has pasado. — Sus ojos brillaban con lágrimas no derramadas, y supe que
estaba sintiendo mi dolor como si fuera suyo. Pero mi corazón estaba totalmente cerrado.
— También quiero disculparme por no haber venido antes, por no haber estado a tu lado, y no haber
sido un buen amigo — dijo, con cierto remordimiento. — Me siento culpable por no haber estado allí
para ti cuando lo necesitabas.
— La tengo, Sunny. La tengo. Fui el eslabón que desencadenó esta serie de eventos.
— No digas eso, Raven. Las malas decisiones que tomé fueron mías y solo mías y he aquí las
consecuencias de mía actos.
— Raven, por favor, no revolvamos el pasado — supliqué, pero él no podía dejarlo así
— ¿Por qué no, Sunny? ¿Acaso no te importa? — contestó, con los ojos entrecerrados.
— Claro que me importa. — le dije, con nostalgia. — Si supieras lo difícil que fue para mí despedirme
aquel día en el hospital. Pero lo hice porque creí que era lo mejor para ambos. Pensé que así podríamos
cerrar ese capítulo de nuestras vidas. — lágrimas sin control comenzaron a brotar de mis ojos — Se
supone que todo terminaría allí. Si ya hubo un final, aunque no fuera feliz, al menos no fue caótico. ¿Por
qué demonios has vuelto, Raven, para revolver en las cenizas del pasado?
— ¿En serio piensas que no fue un final caótico? — replicó Raven, su voz parecía haber tomado un matiz
más oscuro. — Yo me quedé en aquella cama, solo, mientras tú me decías que no había un futuro en lo
nuestro. Y pusiste fin a algo que ni siquiera tuvo oportunidad de comenzar. Lloré durante días, Sunny,
porque comprendí que estaba enamorado y que mi amor no podría ser correspondido por estúpidos
prejuicios.
— Lo sé. Y lo siento por abandonarte de esa manera. Pero no podía hacer nada más.
— ¿No podías hacer nada más, o no querías? — su pregunta fue un golpe directo
— No podía, Raven. — contesté, con una mirada triste y cansada. —. Y aún no puedo.
— Sunny, por favor, no me... — intentó decir, pero lo interrumpí con brusquedad, sin darle oportunidad
de continuar.
— No es el momento ni el lugar para hablar de esto — le dije, soltando ese sentimiento glacial como el
hielo que se acumulaba en mi pecho —. Mi situación actual es un caos, y no tengo cabeza para
trivialidades.
Raven asintió con solemnidad, adoptando una expresión más seria, similar a la que tuvo la primera vez
que hablamos en el bar. Esa actitud solemne me recordaba la seriedad con la que abordaba las
situaciones complejas que habíamos vivido.
— Tienes razón, ha sido una imprudencia de mi parte venir hasta acá para molestarte con... ¿Cómo los
has llamado? Trivialidades, ¿no? — en ese momento me di cuenta de lo mal que se habían oído mis
palabras. — Pero no podía dejar de preguntarme, ¿Cuándo será el momento correcto? ¿Cuánto más
tendré que esperar? Al final, me ganó la impaciencia. Sentí que se me acababa el tiempo.
— Lo siento — dije, con mi tono un poco más suave, aunque aún distante —. No quise sonar cruel, pero
me siento abrumada. Todo parece derrumbarse a mi alrededor, y no sé cómo detener el colapso.
— Entiendo. No soy quién para juzgarte. Solo quería ser sincero contigo, porque es lo que siento desde
el último día que te besé — tomó mis manos entre las suyas, y sus dedos las acariciaban con suavidad.
— Raven, no hagas eso — le dije, sintiendo un nerviosismo creciente —. No uses mi debilidad hacia ti.
Ayúdame a encontrar la fuerza para tomar una decisión.
— De acuerdo — dijo, y sin más, se acercó a mí. Tomó mi rostro entre sus manos y me besó con una
pasión que me dejó sin aliento. Fue como si fuera la primera vez que nuestros labios se encontraban, y
también como si fuera la última.
Me encontraba sumida en una tormenta de emociones, incapaz de decidir si debía resistirme a la marea
que me arrastraba o dejarme llevar por la corriente que amenazaba con engullirme. Una parte de mí
clamaba por rechazarlo, por empujarlo lejos y protegerme del dolor que esta situación podría causarme.
Pero otra parte, más profunda y sincera, anhelaba abrazarlo con fuerza, sentir su calor y su cercanía, y
dejar que su presencia me tranquilizara. Estaba atrapada en un desastroso equilibrio, balanceándome
como un péndulo entre la rabia y el amor, entre el rechazo y la aceptación. Sin embargo, había una
verdad que no podía negar: lo amaba. A pesar de las heridas que aún sangraban, a pesar del dolor que
había atravesado, había un rincón de mi corazón que era solo para él, un refugio donde el sufrimiento
no tenía cabida. Raven tenía el poder de hacerme sentir en paz, de calmar las tempestades que
azotaban mi alma, de manera que nadie más lo había logrado nunca.
En medio de mi tormento emocional, me di cuenta de que mi amor por Raven era complejo y lleno de
matices. Amarlo con locura era inevitable, ya que sus ojos, su voz y su sonrisa me habían robado el
corazón desde el primer momento en que nos conocimos. Pero a la par de ese amor intenso, también
sentía remordimiento y culpa. Remordimiento por haber lastimado a otras personas al dejarme llevar
por mis impulsos más primitivos y culpa por no poder ofrecerle a Raven la relación que él merecía.
Este amor lleno de contrastes solo contribuía a aumentar mi sufrimiento, ya que me sentía dividida
entre mi deseo de estar con él y mi temor de lastimarlo o ser lastimada. Me preguntaba si algún día
sería capaz de amar sin remordimientos ni culpa, o si mi corazón siempre estaría atormentado por estos
sentimientos contradictorios.
— Raven, no puedo seguir adelante con esto. No es justo para ti, ni para mí, ni para nadie. — mi voz
temblaba, como si las palabras se atascaran en mi garganta —. Todo esto es mi culpa. Si no hubiera
permitido que mis sentimientos por ti crecieran, si no hubiera jugado con fuego coqueteando contigo, si
no hubiera despertado los ceos de Andrey... — las lágrimas amenazaban con brotar, pero me esforcé
por contenerlas.
— No, Sunny, no te culpes — me dijo sin soltarme de su agarre.—. Andrey es el responsable de todo. Él
es el monstruo que ha destrozado nuestras vidas, no tú. Tú eres una víctima, inocente y herida.
Era la primera vez que lo veía actuar con tal imprudencia, más aun sabiendo que Nash estaba cerca.
Raven era conocido por su temperamento sereno y su enfoque precavido en situaciones delicadas. Sin
embargo, en esta ocasión, sus acciones parecían estar impulsadas por una necesidad desesperada de
encontrar consuelo o alivio en mis palabras. Su búsqueda de esperanza en medio de la incertidumbre
era evidente, lo que contradecía su habitual pragmatismo y cautela.
— Raven, por favor, no me hagas esto más difícil de lo que ya es — le supliqué, —. Yo... yo te quiero, lo
sabes. Pero no estoy lista para entregarme a una relación contigo, no todavía. Necesito tiempo para
sanar, para encontrar mi propio equilibrio, para dejar atrás los demonios que me persiguen. Necesito
espacio para respirar, para pensar, para sentir que soy yo misma de nuevo.
Pero él no parecía dispuesto a escucharme. Sus ojos, oscuros y profundos, parecían haberse vuelto
impermeables a mis palabras. Sin decir nada, volvió a acercarse a mí, su rostro se inclinó hacia el mío
con una determinación que me hacía sentir vulnerable. Y antes de que pudiera reaccionar, sus labios se
posaron sobre los míos nuevamente, robándome el aliento y haciéndome sentir que estaba atrapada en
un tornado que no sabía cómo controlar.
Su beso fue desesperado y apasionado, como si quisiera imposibilitar mi resistencia. Ignoró mis súplicas
y siguió besándome con una intensidad que me dejó sin aliento. Como si intentara borrar cada lágrima,
cada herida, cada momento de soledad. Intenté apartarlo, pero su empuje era más fuerte, así que
terminé cediendo y dejándome llevar por el momento. Le correspondí porque lo necesitaba, porque lo
extrañaba, porque me hacía sentir viva de nuevo. El mundo se detuvo en ese momento, y solo
existíamos nosotros dos, perdidos en el abismo de nuestros sentimientos
El sonido de un carraspeo repentino nos sacó bruscamente de nuestra intimidad, y nos apartamos con
un sobresalto. Entonces, nuestros ojos se encontraron con los de Nash, que nos observaba con una
expresión de molestia. En ese instante, sentí cómo el rubor de la vergüenza invadía mi rostro, y percibí
el latir acelerado de mi corazón resonando en mi pecho al notar la realidad incómoda de la situación.
— ¿Qué está pasando aquí? — preguntó, tenso como un cable a punto de romperse. — ¿Qué estás
haciendo con este niñato, Sunny? — sus ojos se clavaron en mí, llenos de reproche.
— Nash, yo... yo puedo explicarte... — balbuceé, tratando de justificarme mientras me levantaba del
sofá. Pero antes de que pudiera continuar, me interrumpió con un gesto brusco.
— No, no me expliques nada — dijo, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño aún más, su rostro era
máscara de desaprobación. — Ya lo veo todo con mis propios ojos.
— Pues, parece que se acariciaban las amígdalas con la lengua — comentó con ironía. — ¿No se supone
que este mocoso es tu amigo? — añadió, señalando a Raven, quien se había quedado en silencio,
observando la escena con ojos neutrales, como si fuera un espectador en un drama ajeno.
— Tú eres la grosera, Sunny. Te besas con este tipo, olvidando que aún llevas el anillo de matrimonio en
el dedo, y traicionas a tu familia de la peor manera. — comentó, y me lanzó una mirada glacial. Su voz
mantenía un tono aparentemente calmado, pero sus palabras estaban cargadas de veneno. — Todo por
este... este hombre que te permite usarlo como pañuelo. — Su dedo acusador se clavó en mi dirección a
Raven. — Te burlas de la memoria de tu hijo, y le das la espalda a tu hija. Reniegas de tu propia sangre,
porque no creo que mamá te haya educado para comportarte de esta manera. Se nos inculcaron
principios conservadores, ¿lo has olvidado?
Sus palabras eran como un látigo, azotando mi conciencia con cada sílaba
Sin embargo, él no se detuvo. Se acercó más a mí y con fuerza me tomó del brazo. Me miró a los ojos y
dijo:
— La dama dijo que la soltaras. — Intervino Raven, sus ojos parecían arder con un fuego interno —
¿Acaso tus oídos son solo decorativos? — Su tono era tajante, como un cuchillo que corta el aire.
— Discutes porque estoy aquí. Desde el principio ha sido mi asunto — le contestó Raven, plantándole
cara, mirándole directamente a los ojos.
— No tengo ni idea por qué has venido aquí. No eres amigo de mi hermana, ni has levantado un dedo
para ayudarla en su hora de necesidad. Todo lo que haces es aprovecharte de su debilidad, como un
buitre que se alimenta de la carne de los débiles. — Sus ojos brillaban con ira mientras acusaba a Raven
—. Eres un oportunista, un parásito que se alimenta de la desgracia ajena. Y como prueba, basta con ver
cómo has estado actuando.
Raven sonrió con ironía, sin perder esa calma que lo caracterizaba.
— Eso viene de la boca de alguien que no pudo protegerla cuando realmente lo necesitaba. Ahora te
sientes indispensable, ¿verdad? Como si tu fracaso pasado te diera derecho a controlar su vida.
Al oír aquellas palabras, Nash se puso rígido y su rostro se enrojeció aún más.
— ¡Atrévete a repetir eso! —exclamó, y su dedo índice golpeaba fuerte contra el pecho de Raven, como
si quisiera grabar sus palabras en su piel— ¡Dilo de nuevo, y verás cómo reacciono!
— Nash, detente — le supliqué, intentando calmar la tormenta que se avecinaba —. Ambos necesitan
un momento para respirar y ventilar esa rabia. — Pero Nash estaba demasiado enfurecido para
escucharme.
— Este no es asunto tuyo, Sunny. Es una discusión entre hombres, y mujeres no tienen derecho a decir
nada al respecto.
Me esforcé por mantener la calma, consciente de que encontrar las palabras adecuadas para apaciguar
su furia era crucial en ese momento. Sabía que desafiar a Nash significaba desafiar la doctrina arraigada
en mi familia desde hace generaciones, lo cual complicaba aún más la situación. Cada palabra que
pronunciara llevaría consigo un peso considerable, ya que no solo estaría confrontando la ira de Nash,
sino también desafiando años de tradición y creencias en nuestra familia.
— Nash, por favor, escúchame — le rogué, con voz suave pero firme —. Solo un momento, un segundo
de tranquilidad. ¿No puedes hacer eso por mí?
— Cállate, Sunny — me ordenó, con su mano extendida hacia mí como una barrera —. El caballero y yo
estamos por resolver nuestras diferencias.
— Si vuelves a hablarle de esa manera, te juro que me haré un collar con tus dientes.
La amenaza de Raven me dejó sin aliento y sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal. La situación
estaba descontrolándose y temía que pronto se convirtiera en un desastre si no actuaba rápidamente.
Ya había sido testigo de su furia desatada contra Andrey en una ocasión y no quería que la misma
escena se repitiera nuevamente, pero esta vez con mi hermano como su oponente. Mi corazón latía
aceleradamente y mis manos comenzaron a temblar por el miedo y la ansiedad. Debía hacer algo para
detenerlo antes de que fuera demasiado tarde.
— ¡Cállate, mocoso! ¡Cállate, ya! ¡Lárgate y déjanos en paz! — Su voz era un gruñido amenazador, y su
mano no tardó en convertirse en acción, empujando a Raven con fuerza.
Sin embargo, este no se amedrentó. Con una sonrisa desafiante, devolvió el empujón, y su voz sonó
como un desafío:
— ¿Por qué no intentas obligarme?
Pero Raven no parecía intimidado por la furia de Nash; al contrario, su rostro reflejaba determinación,
como si estuviera dispuesto a defenderse a cualquier precio. La tensión en la habitación era
abrumadora, y la confrontación parecía inminente, generando un ambiente cargado de hostilidad.
Justo cuando parecía que la pelea era inevitable, me interpuse entre ellos, intentando
desesperadamente separarlos y contener la explosiva situación. Mi acción fue impulsada por la urgencia
de evitar un enfrentamiento físico que podría desencadenar consecuencias irreparables. La adrenalina
fluía por mis venas mientras trataba de calmar los ánimos y restablecer la paz.
— ¡Nash, espera! — le grité, sujetándolo con fuerza. Él forcejeaba conmigo, intentando zafarse para
golpear a Raven.
— ¡No, no te suelto ¡No, no hagas una locura! — dije, mientras me aferraba a él con todas mis fuerzas
— Déjalo. No soy una bolsa de boxeo a la que pueda golpear sin consecuencias.
— Por favor, Raven, no empeores las cosas, — le reproché enfadada por su actitud. Ese no era el Raven
que yo conocía.
Nash cesó su forcejeo y se apartó de mi abrazo, como si de repente hubiera perdido la voluntad de
luchar. Su rostro, generalmente seguro de sí mismo, ahora reflejaba una mezcla impactante de
confusión y frustración, como si estuviera luchando internamente contra un huracán que amenazaba
con arrasarlo todo.
—Estoy calmado, ¿de acuerdo? —dijo, aunque su voz temblorosa delataba lo contrario.
—¿Qué? ¿Por qué? — Su expresión cambió de sorpresa a incredulidad. Me sentí abrumada por la
tristeza y la incertidumbre cuando lo miré a los ojos.
—Por favor, no me hagas esto más difícil de lo que ya es —le supliqué, mi voz temblorosa —. Necesito
tiempo para procesar todo lo que ha pasado, para hablar con mi hermano y tratar de encontrar algún
sentido a este caos. Tu presencia aquí solo me confunde más.
—No me eches, Sunny. Por favor. — dio un paso adelante, una expresión suplicante en su rostro.
— No es un adiós para siempre, Raven. Es solo un hasta luego. Te prometo que nos volveremos a ver,
que hablaremos de todo esto y encontraremos una manera de arreglar las cosas. —Mi voz sonó firme,
aunque mi interior estaba en llamas. — Pero ahora, lo mejor es que te alejes de mí, de mi familia y de mi
vida.
— Supongo que no hay nada que pueda decir en mi defensa. — Él pareció aceptar mi decisión, aunque
su mirada seguía siendo suplicante.
— Lo siento, Raven. De verdad que lo siento. Pero tienes que irte. Ahora. — Señalé hacia la puerta, con
mi brazo extendido como un gesto de despedida.
—Está bien, Sunny — dijo, antes de darse la vuelta y salir de la casa con un silencio que parecía más una
condena que una despedida —. Que tengan una hermosa tarde.
Lo vi alejarse, sintiendo un vacío en mi pecho que parecía crecer con cada paso que daba. Llenándome
de una sensación de desolación, como si una parte de mí se desvaneciera con él. La habitación quedó en
silencio, y una sensación de añoranza y melancolía me invadió, inundándome de un profundo pesar.
Cada paso que se alejaba parecía alejarme de algo más que su presencia física, como si también se
llevara consigo una parte de mi propia calma y serenidad.
—Raven... — susurré, con mi voz apenas audible aún para mí misma, como si secretamente esperara
que él se detuviera y volteara, e hiciera lo imposible. Sin embargo, la puerta se cerró detrás de él,
dejándome sola con mis pensamientos y mi dolor. El sonido de la puerta cerrándose resonó en la
habitación, marcando el final de ese intenso enfrentamiento emocional.
Me di la vuelta, y mis ojos se encontraron con los de Nash, sentado en el sofá con la mirada perdida en
el vacío. Me acerqué a él con cautela, como si temiera que mi presencia lo hiciera desaparecer también.
La habitación parecía haberse vuelto más pequeña, más silenciosa, y solo el sonido de nuestras
respiraciones rompía el silencio. Me detuve junto a él, y por un momento, nos quedamos allí,
suspendidos en el tiempo.
— Por favor, no seas tan duro conmigo. Entiendo que estés enojado y con razón. Pero no puedes
simplemente ignorarme en mi propia casa. Somos hermanos, tenemos que hablar.
— ¿Qué te gustaría hablar, Sunny? ¿Deseas hablar sobre cómo has transgredido tus propios principios?
¿Sobre cómo has elegido a otra persona por sobre tu matrimonio? ¿O prefieres abordar el tema de
cómo has manchado la memoria de tu hijo?
— ¿Acaso tu corazón se ha endurecido? Lo tuyo parece ser puro egoísmo. Estás demasiado enfocada en
ti misma, en tu propia felicidad y placer. No te importa el dolor que puedes estar causando a los demás.
Nada más parece importarte que tu propio bienestar.
— Tu injusta acusación me aflige. Sabes bien cuánto te quiero y te necesito, y siempre estaré agradecida
por todo lo que has hecho por mí. Pero no tienes derecho a hablarme de esa manera tan despectiva. —
le dije, con las lágrimas corriendo por mis mejillas. — No soy una persona egoísta; al contrario, siempre
he antepuesto el bienestar de los demás al mío propio, llegando incluso a sacrificar mi propia felicidad
para conseguir la felicidad de quienes me rodean. — Mis lágrimas fluían sin control, reflejando el dolor y
la confusión que inundaban mi corazón roto.
— Ya no reconozco a mi hermana, la que creció a mi lado, con quien compartí tantos momentos de
alegría y diversión. Esta mujer que tengo frente a mí no es la misma que se casó con mi amigo y dio a luz
a dos hermosos hijos. No logro identificar a la persona que ahora se besa con un extraño, olvidando por
completo su pasado. No sé quién eres, Sunny. No entiendo qué es lo que buscas. — expresó estas
palabras con un deje de reproche y frustración.
— No logro comprender por qué te afecta tanto esta situación. — Él me miró con desaprobación y rodó
los ojos, incapaz de entender la profundidad de mis sentimientos.
— Sunny, ¿acaso no has considerado las implicaciones y consecuencias que tus acciones acarrearán?
¿No has pensado en cómo se sentirá nuestra madre cuando se entere de que estás llevando a cabo un
romance con un hombre que bien podría ser tu hijo?
— No me juzgues sin conocer las circunstancias que me han llevado a este punto. — le respondi con una
mezcla de firmeza y vulnerabilidad. — Tú no sabes lo que es sentirse atrapada en un matrimonio carente
de amor, pasión e ilusión.
— Créeme, sé muy bien lo que es vivir con alguien que no te ama. — Me dijo con una voz amarga,
evocando los recuerdos de su propio sufrimiento. — Pero tú aún no has llegado, ni de cerca, a conocer
esa agonía en toda su profundidad.
— ¿Qué tiene de malo que me sienta atraída por Raven? ¿Qué tiene de malo que él me ame a mí? —
Me encontraba totalmente a la defensiva, buscando justificar mis acciones. — ¿Acaso no tengo derecho
a ser feliz?
— ¿En serio? — Respondió exasperado, incrédulo ante la ingenuidad de mis preguntas. — ¿Cómo te
atreves a preguntar algo así? Tú más que nadie sabes que esto está mal. — Su mirada severa me
juzgaba, pues conocía la verdad que yo me negaba a aceptar.
— Hace ya un par de meses, Andrey se acercó a mí, se veía visiblemente abatido. Ese día, me confió su
profunda angustia por la actitud fría y distante que tú habías adoptado hacia él. Además, me reveló
sobre unas misteriosas llamadas que no cesaban, en las que se te acusaba de tenerte a otro hombre.
Andrey estaba devastado, incapaz de creer que tú podrías estar traicionándolo de esa manera.
— Yo jamás me he comportado de forma fría con él. Eso es una completa mentira, Nash. — Negué con
firmeza, indignada por tales acusaciones.
— Es verdad, Sunny. — Exclamó con un tono de voz autoritario. — A pesar de tu error, Andrey aún
quería recuperarte, pensando que tal vez había fallado en algo. Deseaba volver a empezar de cero. Pero
tú te negaste una y otra vez a darle esa oportunidad. Incluso hubo ocasiones en las que tuvo que
quedarse en mi casa, debido a la manera en que lo tratabas.
— Eso no es cierto, Nash. Los hechos no sucedieron de esa manera. — Insistí, buscando refutar su
versión de los acontecimientos.
— No me digas que no es cierto algo que he presenciado con mis propios ojos. — Su molestia hacia mí
parecía incrementarse con cada palabra. — ¿Sabes cuántas veces Andrey lloró en mi hombro a causa de
tu actitud? — Reprendió con firmeza. — Fuimos criados en un hogar con sólidos principios, y nuestra
madre nos enseñó a comportarnos como seres humanos decentes. Pero ahí vas tú, tirando todo por la
borda, solo por unos efímeros momentos de placer.
— Tú no tienes ni la más mínima idea de cómo se han desarrollado las cosas entre Raven y yo. Y mucho
menos comprendes la realidad de mi relación con Andrey. — Declaré con firmeza, negándome a
permitir que juzgara situaciones que desconocía por completo.
— Mírate, hasta tu actitud hacia nosotros ha cambiado por completo. — Señaló con desdén. — ¿Qué es
ese tono de desprecio con el que me hablas? ¿es acaso lo que has aprendido del muchacho con el que
te has estado enredando?
— Hablaré como me plazca. — Espeté, exasperada por su actitud. — Y no aceptaré que me faltes el
respeto de esa manera. ¿O acaso debo recordarte mi posición como hermana mayor? Debes mostrarme
el respeto que merezco.
— El respeto que merecías lo perdiste en el momento en que traicionaste los ideales y principios de
nuestra familia, al comportarte como una vulgar ramera.
— Ni se te ocurra volver a utilizar ese insulto conmigo. — Le grité, alzando la mano para abofetearlo,
pero él detuvo mi movimiento. — ¿Quién te has creído que eres?
— ¿Qué pretendes hacer, Sunny?¿Golpearme, tal como lo hacías con Andrey? — Cuestionó con
sarcasmo. — Sin duda, has heredado lo peor de nuestro padre.
Mis emociones estaban en un estado de agitación incontrolable. Como si estuvieran tejiendo un nudo
en mi pecho, las lágrimas corrían por mis mejillas sin pedir permiso. Aunque mi corazón no estaba lleno
de tristeza, una llamarada de ira ardía en lo más profundo de mi ser, luchando por salir y encontrar su
camino hacia afuera. Era una batalla interna entre la paciencia y el deseo de explotar, entre la
contención y la necesidad de expresión.
— Tras el accidente, tuve la oportunidad de hablar con Andrey una vez que despertó. Él me reveló con
lujo de detalles cómo sucedieron realmente las cosas. Y debo decir que estoy profundamente
decepcionado de ti. No obstante, he mantenido tu secreto oculto para evitar herir aún más a nuestra
madre. Además, albergaba la esperanza de que recapacitarías y corregirías tu camino. Pero si decides
volver a tus antiguas andanzas y no enmendar tu conducta, ya no podré seguir ocultándolo.
— Primero me ofendes y ahora me amenazas. — Reclamé con indignación. — ¿Dónde quedaron tus
principios morales?
— Simplemente no puedo entender cómo has podido caer tan bajo, Sunny. ¿Qué encuentras de
atractivo en ese muchacho? ¿Qué puede ofrecerte, aparte de satisfacción sexual?
Me sentía abrumada por una sensación de traición y decepción al notar la manipulación de Andrey hacia
mi hermano. Había presenciado de primera mano su comportamiento sin escrúpulos, pero esta
revelación tocaba una fibra aún más delicada. La idea de que alguien pudiera influenciar a Nash de esa
manera me resultaba incomprensible. Andrey había cruzado una línea que nunca pensé que podría
traspasar, dejando al descubierto su falta de empatía y su voluntad de aprovecharse de los demás. Era
difícil enfrentarse a la realidad de que alguien a quien consideraba cercano era capaz de actuar de forma
tan vil.
— ¿Cómo pudiste creerle a Andrey sin siquiera preguntarme a mí? — Le reproché con tono acusador. —
Y sigues juzgándome sin escuchar mi versión de los hechos.
— No es algo tan difícil de creer cuando se presentan pruebas contundentes. — Respondió con firmeza.
— Las capturas de tus mensajes, las fotografías en los bares con ese muchacho, e incluso el video del día
del accidente, donde se te ve confrontada mientras te besabas con otro hombre.
— ¿No lo entiendes, Nash? Andrey te ha mentido. — Insistí con firmeza, buscando que comprendiera la
verdad oculta tras las apariencias.
— ¿En qué parte específicamente, Sunny? — Cuestionó con dureza. — Porque déjame recordarte que
hace tan solo unos momentos, te vi besándote con tu amante. Ni siquiera tuviste la decencia de esperar
a que yo no estuviera en casa.
— Andrey me engañó con otra mujer, me agredía físicamente y me humillaba. No iba a soportar llevar
esa vida miserable para siempre. Yo no nací para aceptar ese tipo de trato. No iba a repetir el mismo
patrón de sumisión que marcó la vida de nuestra madre.
— No te atrevas a hablar mal de mamá, eso jamás te lo perdonaré. — Respondió con una vehemencia
que denotaba su profundo apego a la imagen de nuestra progenitora.
— No estoy hablando mal de ella. — Aclaré, rodando los ojos con exasperación. — Simplemente digo
que no tengo la misma fortaleza de espíritu para tolerar una situación así. No me impongas tu versión de
los hechos, cuando he sido yo quien los ha vivido en carne propia. Es una gran muestra de cinismo de tu
parte creer que sabes más que yo sobre lo ocurrido. —Tomé una profunda bocanada de aire y continué
— No debería sorprenderme la desvergüenza de Andrey, después de todo lo que he vivido a su lado.
Pero, aun así, me ha tomado por completa sorpresa.
— Te lo explicaré todo con lujo de detalles, para que puedas comprender la realidad y me dejes en paz
de una vez por todas. — Declaré con determinación. — Andrey no es el hombre que todos creíamos que
era...
Con el corazón aún agitado y mi voz temblorosa, comencé a narrarle el tormentoso relato que había
sido mi vida en los últimos tiempos. Detallé cada momento de traición, cada mentira descubierta, cada
estallido de agresividad que había presenciado. Mis palabras enfatizaban las humillaciones que había
soportado, cada una más dolorosa que la anterior, como si fueran cicatrices imborrables en mi alma. A
pesar de la incredulidad reflejada en su rostro, me liberé por completo al exponer la verdad que había
permanecido oculta, sin reservas ni ocultamientos. Era como si las palabras se convirtieran en un
bálsamo sanador para mi espíritu, una liberación largamente ansiada.
— Quizás Andrey te haya contado todo lo relacionado a mí y a Raven, pero es innegable que lo ha
moldeado a su conveniencia. — Señalé con firmeza. — Él es tan culpable como yo de todo lo ocurrido, y
no es justo que ahora pretenda lavarse las manos y retratarme como la villana.
— Sigues intentando justificarte, Sunny. Mi amigo no sería capaz de cometer tales actos. Ese muchacho
te ha estado envenenando la mente. Es un oportunista que busca destruir tu hogar.
— Te he dicho la verdad, pero te niegas a verla porque tu ira y tus celos te nublan el juicio. Y no te culpo,
sé que solo quieres protegerme y buscar lo mejor para mí. Pero no puedes decidir por mí, ni controlar
mi vida. Eres mi hermano, y te quiero profundamente. Pero también amo a Raven, y él me ama a mí. Él
no es un oportunista, ni un pobre diablo. Es un hombre bueno que me ha apoyado y me ha hecho feliz
cuando más lo necesitaba. — Solté un gran suspiro, sintiendo como se formaba un nudo en mi garganta.
— Entiendo que esto es difícil de entender y aceptar. Pero te pido que lo intentes. Que intentes ver más
allá de tu ira y comprendas que Raven no es el enemigo, ni el culpable. Que entiendas que no te estoy
traicionando, ni tampoco a nuestra familia. Es cierto, cometí errores y no actué de la manera correcta,
pero solo busco mi propia felicidad, al igual que tú la buscaste luego de todo lo que viviste en tu
matrimonio. Por favor, Nash. No me hagas elegir entre estar bien contigo o con él. Porque los quiero a
ambos, porque los necesito a ambos. — Las lágrimas que antes eran de ira, se convirtieron en gotas de
profunda y oscura melancolía. — Y si con todo esto te he ofendido, por favor, perdóname.
Nash me miró con una profunda mezcla de dolor y decepción. Sus ojos se cristalizaron, y su voz se
quebró al hablar.
— Sunny, no sé cómo reaccionar ante todo esto. Solo sé que te quiero, y deseo verte feliz. Pero estoy
convencido de que esa felicidad no la encontrarás al lado de ese novio tuyo. Lo que empieza mal,
invariablemente termina mal.
— Entiendo que quieres lo mejor para mí, y te lo agradezco. Pero también tienes que confiar en mi
criterio. Yo sé lo que hago, y conozco mis propios sentimientos. Sé elegir lo que me conviene. No soy
una niña ingenua.
— Sunny, yo... yo simplemente no puedo confiar en ese sujeto. — Manifestó con amargura. — Aparece
de la nada, se mete en tu vida y te enreda, aprovechando tu vulnerabilidad. Además, no me cae bien. No
puedo fiarme de alguien que te aleja de los principios que te han inculcado desde la infancia.
— Nash, pero yo le correspondí. Yo quise estar con él. — Insistí, buscando que comprendiera mi
posición.
— No te dejes arrastrar por tus emociones. Piensa con la cabeza, no con el corazón. Reflexiona sobre las
consecuencias, observa todo lo que has estado viviendo a causa de esto. Piensa en tu familia, en tu hija,
no solo en él.
— No seas ingenua. — Respondió con desdén. — Hablas como una adolescente que desconoce la
realidad de la vida.
— Basta de discutir, no vamos a llegar a ninguna solución de esta manera. — Le dije con cansancio. —
Crees tener la razón absoluta.
Con gesto adusto y determinado, moviéndose con la solemnidad de quien ha tomado una decisión
irrevocable, se alejó de mí en silencio. Observé cómo su figura se desvanecía en la distancia, sin que una
sola mirada fuera lanzada hacia atrás, ni una última palabra pronunciada, o un gesto de despedida
ofrecido. La puerta se cerró detrás de él con un sonido sordo, dejándome con una sensación de vacío y
desconcierto. La ausencia de un abrazo o un simple adiós aumentó aún más el peso de la situación,
dejando en el aire un sabor amargo de final abrupto e inesperado.