¿QUÉ ES LA RESILIENCIA Y CÓMO DESARROLLARLA ANTE
SITUACIONES DE CRISIS?
Veamos cuáles son las características de la resiliencia psicológica y cómo favorecerla.
9 abril, 2021 - 23:03
Qué es la resiliencia
La resiliencia nos muestra que la capacidad de ser felices no depende de criterios de
bienestar puramente objetivos. Muchas veces, los seres humanos desarrollan la
capacidad de sentirse estimulados por sus vidas y capaces de progresar en esta incluso
en situaciones en las que han sufrido un duro golpe: tras ser despedidos de un trabajo
de varios años, al sufrir una enfermedad severa, al perder a varios familiares a la vez,
etc.
Cuando somos resilientes, conectamos con esa parte de nosotros mismos capaz de
modificar nuestros esquemas de pensamiento y nuestros hábitos con tal de salir de una
mala situación con la que no contábamos, y si bien durante el proceso no nos sentimos
al 100% con el control de nuestras vidas, sí podemos ir aprendiendo acerca de lo que
funciona y lo que no funciona para sentirnos bien e ir haciendo que las cosas vuelvan
a su cauce.
No todo el mundo desarrolla resiliencia cada vez que pasa por muy malos momentos,
pero la buena noticia es que esta capacidad puede ser potenciada y entrenada, tal y
como ocurre con cualquier tipo de comportamiento. Veamos cómo se consigue esto.
¿Qué entendemos por resiliencia?
En el ámbito de la psicología, la resiliencia es un concepto que tiene que ver con un
conjunto de habilidades y predisposiciones psicológicas que nos permiten
sobreponernos a las situaciones de crisis (colectiva o individual) y adaptarnos a ese
nuevo contexto, haciendo frente a los retos que nos plantea. Es decir, que las personas
que han desarrollado un buen nivel de resiliencia sufren los malos momentos que les
toca vivir, pero no dejan que ese malestar las paralice, y logran modificar sus
comportamientos y su manera de pensar de una manera constructiva, sin renunciar a
la capacidad de llegar a ser felices o de encontrar satisfacción en el día a día.
Aunque hay muchos ejemplos notables de personas resilientes, en realidad este grupo
de aptitudes y capacidades está presente en mayor o menor medida en todas las
personas. Desde hace tiempo, sabemos que el ser humano no solo es un animal con
una gran capacidad para aprender y adaptarse a una amplia variedad de entornos, sino
que también es capaz de ajustar sus posibilidades de sentir felicidad y bienestar en
situaciones muy distintas, y esto es algo que también se da a medida que pasamos por
varias fases de la vida.
Por ejemplo, lo más habitual es que el nivel de felicidad de las personas no caiga al
mismo ritmo que envejecen, y del mismo modo, se sabe que por lo general las
personas con alteraciones como la ceguera adquirida no permanecen infelices de
manera indefinida desde que pierden la vista, sino que pasado un tiempo
sorprendentemente corto son capaces de ser tan felices como siempre.
Así pues, la resiliencia no es un fenómeno excepcional, sino un aspecto de la
condición humana que muchas veces se expresa de manera espontánea, sin siquiera
darnos cuenta de ello. Sin embargo, hay casos en los que esta no emerge con el ritmo
y la intensidad adecuadas, y es necesario tomar medidas de forma deliberada para
alimentar la capacidad de resiliencia. Es por eso que en casos así es importante buscar
ayuda profesional en psicoterapia
Estrategias para potenciar la resiliencia
Como hemos adelantado, la manera más eficaz para desarrollar resiliencia es,
claramente, la psicoterapia; de todas formas, también hay algunos hábitos y
estrategias que puedes aplicar a tu día a día para facilitar que gane fuerza. Veamos
cuáles son.
1. Establecimiento de hábitos de vida sana
Está demostrado que el hecho de mantenerse en forma y tener en cuenta la importancia
del autocuidado es un elemento de prevención de problemas emocionales, entre los
que se encuentran los trastornos de ansiedad y los síntomas de tipo depresivo.
Mantenerlos a raya es importante porque esta clase de alteraciones psicológicas
tienden a hacer que las personas adopten una actitud pasiva y de indefensión ante los
problemas que les afectan.
Por consiguiente, las horas de ejercicio moderado semanal, las horas de sueño de
calidad y los momentos de mantenimiento de una buena higiene personal están lejos
de ser tiempo perdido: nos ayudan a afrontar los problemas con las pilas cargadas y
en las mejores condiciones, sin tener la mente dividida en otras formas de malestar de
origen físico.
2. Establecimiento de metas y submetas concretas
Las personas más resilientes en los momentos de crisis se caracterizan por tener
siempre en mente una serie de objetivos a alcanzar, los cuales deben estar adaptados
a su situación inicialmente poco favorecedora.
Esto ofrece varios puntos de apoyo psicológico. Por un lado, hace que sea más
probable que nos pongamos manos a la obra con la solución de los principales
problemas que nos afectan, al tener claras metas específicas a abordar. Por el otro,
estas referencias nos ayudan a ser conscientes de nuestros progresos cuando vamos
consiguiendo pequeñas victorias, y eso nos permite no caer en la pasividad y en la
idea de que “todo está perdido”.
3. Búsqueda de apoyo en los demás
La resiliencia no tiene que ver con un proceso de autosuperación puramente
individual. Parte de lo que nos permite sobreponernos a las crisis tiene que ver con
ser conscientes de la importancia de la solidaridad y las redes de ayuda. Si no fuese
así, la perspectiva de estar solos ante lo que nos ocurre nos paralizaría, a la vez que
nos haría sentir mal por no ser capaces de afrontar esa situación sin ayuda de nadie.
Por eso, incluso las personas que por sus malas condiciones de vida no disponen de
muchos amigos o familiares, tienen como una de sus prioridades buscar apoyo
ampliando su ámbito de relaciones sociales, y a la vez ofreciendo ayuda a los demás.
4. Aplicación de hábitos que potencian la Inteligencia Emocional
La Inteligencia Emocional nos ayuda a identificar correctamente nuestras emociones
y sentimientos, y a canalizarlos de una manera que nos sirva o al menos no nos
suponga un gran problema. Hay varias maneras de facilitar esto, pero una de las más
sencillas es llevar un diario de emociones, en el que ir anotando las experiencias
emocionalmente más relevantes del día a día, los pensamientos a los que dan paso, lo
que nos han llevado a hacer, etc.