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TEMA 8: EL HUMANISMO RENACENTISTA

Suele denominarse humanismo renacentista a un movimiento cultural gestado en Italia durante los
siglos XIV y XV y culminado a comienzos del XVI. Sus principales características fueron: ● una
renovación del interés por el legado greco-romano, ● una mentalidad fuertemente orientada por el
cultivo de las artes y de las ciencias, ● una defensa de la libertad humana frente a las autoridades
externas, ● un marcado centramiento en el mundo, en oposición a la anterior espiritualidad de la fuga
mundi, ● una poderosa confianza en las capacidades inexploradas del ser humano ● y, por
consiguiente, un agudo sentido crítico hacia las situaciones sociales vigentes, que tendrá una de sus
principales expresiones en el género utópico.

Algunos reprochan al humanismo renacentista no haber logrado desembarazarse totalmente del


prejuicio etnocéntrico (europeo, en este caso).

Algunas de las producciones intelectuales reconocidas como fieles exponentes de ese espíritu
humanista son El elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam, el Discurso sobre la dignidad del
hombre de Giovanni Pico della Mirandola, la Utopía de Tomás Moro (1478-1535), La ciudad del sol
de Tomás Campanella (1568-1639) o la Nueva Atlántida de Francis Bacon (1561-1626), constituyendo
estas tres últimas auténticos exponentes del género utópico.

De entre tales obras elegiremos la de Pico della Mirandola y la de Tomás Moro. Y a ellas añadiremos el
pensamiento de Francisco de Vitoria, aunque su humanismo, en realidad, no es de raíz renacentista,
sino de tradición tomista.

1. GIOVANNI PICO DELLA MIRANDOLA

1.1. Biografía 1

Filósofo platónico y humanista italiano, nacido en Mirandola, Módena, en 1463. Estudió en Bolonia
(derecho), Ferrara y Padua (filosofía), donde conoció el aristotelismo y el averroísmo. Durante su
primera estancia en Florencia, en 1484 y 1485, escribió una célebre carta dirigida a Ermolao Barbaro,
influyente humanista amigo de Salutati, Sobre la manera de hablar de los filósofos, en la que criticó lo
que consideraba degeneración humanista de preferir la literatura y la retórica clásica a la filosofía
antigua: de preferir Pericles a Sócrates.

Marchó a París a profundizar su filosofía y, hacia 1486, compuso 900 tesis, Tesis inspiradas en la
filosofía, la cábala y la teología (1486), que pretendió defender públicamente en Roma y en las que
fundía doctrinas aristotélicas, platónicas, escolásticas, cabalísticas y herméticas. Los censores
nombrados a tal efecto por Inocencio VIII se opusieron firmemente a trece de ellas, y el papa prohibió
la prevista defensa y condenó la obra. Esto condujo a su autor a escribir una Apología, que sería
publicada a su muerte, en 1496, como prólogo a las proposiciones, apareciendo en la edición de Basilea
bajo el título Oratio: De hominis dignitate. Pico fue arrestado en Lyon y encarcelado en Vincennes
como hereje en 1488 pero, perdonado y liberado por Carlos VIII, por intercesión de Lorenzo de
Médicis, volvió a Florencia y colaboró en la Academia Florentina con Ficino. El papa Alejandro VI le
concedió el perdón en 1493.

1
Tomado de la Enciclopedia Herder on line.
Tema 8: El humanismo renacentista, 2

Pese a su sincretismo y a no haber desarrollado de forma sistemática sus ideas, Pico della Mirandola
ejerció una profunda influencia en todo el Renacimiento. En la última fase de su vida renunció a sus
bienes e ingresó a la Orden de los dominicos. Murió en 1494.

1.2. La dignidad o el ser humano forjador de sí mismo.

De este autor queremos resaltar únicamente su visión de la dignidad del ser humano, una visión ya muy
distante de la antigua y precursora muy inmediata de la que posteriormente será teorizada por Kant.

Para percibir la importancia de la dignidad humana como idea política basta con caer en la cuenta de
que tanto en las declaraciones y tratados internacionales de derechos humanos como en las
constituciones posteriores a la segunda guerra mundial (neoconstitucionalismo) se acude a ella como
fundamento.

A) En correspondencia con el holismo organicista de la vida social y política, que encontró adecuada
expresión en la filosofía aristotélica, la concepción antigua de la dignidad era de tipo funcional. No se
reconocía a todos y cada uno de los miembros de la sociedad, sino únicamente a los integrantes de
aquella élite que, desde el punto de vista de la ideología dominante, desempeñaba las funciones más
relevantes de cara al desenvolvimiento del sistema social: hacía referencia al poder, al rango, a la
riqueza, al título, o al mérito (militar, intelectual, artístico, etcétera.) de ciertas personas.

En contraposición con esa concepción funcional (relacional) y elitista de la dignidad, la típicamente


moderna será de tipo ontológico e igualitario.

B) Pues bien, la comprensión de la dignidad reflejada por Pico della Mirandola en su Discurso sobre la
dignidad del hombre resulta ser, como decimos, muy próxima a esa segunda.

El hombre aparece como el “camaleón” o el “animal de naturaleza multiforme y mudadiza”, que, por
no estar sometido a una “naturaleza contraída dentro de ciertas leyes”, se “forja” a sí mismo “según
su arbitrio”. En eso se fundamenta, a ojos de los humanistas del Renacimiento, la excelencia, dicha y
dignidad de “Adán” o, lo que es igual, de todo ser humano.

1.3. De la dignidad funcional a la ontológica. El aporte de Santo Tomás

Hemos de decir, no obstante, que ya Santo Tomás expresó en términos escolásticos una concepción de
la dignidad humana muy moderna, tanto en su fundamento como en su significado.

A) Fundamento. En la concepción moderna la dignidad se reconoce a la persona, es decir, a quien es un


ser racional y, por ello, también libre.

En efecto, a diferencia de lo que sucede con los animales, cuya dotación genética y especialización
morfológico-fisiológica garantizan el ajustamiento al medio, la condición del ser humano es tal que
semejante ajustamiento no le viene dado, sino que inexorablemente se ve abocado a tener que hacer uso
de su capacidad intelectual (= razón) en orden a tomar decisiones o llevar a cabo elecciones que
regulen y organicen el curso de su existencia (= libertad).

Pues bien, en este punto Santo Tomás parte de la definición de persona dada por Boecio (480-524):
“sustancia individual de naturaleza racional”. Y enseguida procede a aplicar el concepto de dignidad
a toda persona, es decir, a todo individuo racional:
Tema 8: El humanismo renacentista, 3

“Como quiera que subsistir en la naturaleza racional es de la máxima dignidad, todo individuo de
naturaleza racional es llamado persona.” “En el nombre de persona se expresa la dignidad misma.”

“La persona humana significa una naturaleza con un determinado modo de existir. La naturaleza que la
persona incluye en su significación es la más digna de todas las naturalezas, es decir, la naturaleza
racional en su condición de tal. De modo semejante, el modo de existir que importa la persona es el más
digno, pues corresponde a algo que existe de por sí.”

Tenemos, así, que Santo Tomás afirma la dignidad de todo individuo que es racional y que, por ello,
está dotado de libertad: “La libertad del albedrío pertenece a la dignidad del hombre”.

Está claro que esto nada tiene que ver con la vieja concepción funcional y elitista, sino que refleja un
sentido ontológico e igualitario de la dignidad.

B) Significado. Lo que para Santo Tomás significa dignidad es lo mismo que significa para los
modernos tal como fue teorizado por Kant: ser dotado de un valor absoluto o intrínseco, ser que es un
fin en sí mismo. Veamos en Kant:

“En el reino de los fines todo tiene un precio o una dignidad. Aquello que tiene precio puede ser
sustituido por algo equivalente; en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y, por tanto, no
admite nada equivalente, eso tiene dignidad (…) aquello que constituye la condición para que algo sea
un fin en sí mismo no tiene valor meramente relativo o precio, sino que tiene un valor interno, es decir,
dignidad”

“El hombre, y, en general, todo ser racional, existe como fin en sí mismo y no sólo como medio para
cualesquiera usos de esta o aquella voluntad, y debe ser considerado siempre al mismo tiempo como fin
en todas sus acciones, no sólo las dirigidas a sí mismo sino las dirigidas también a los demás seres
racionales (…) Los seres cuya existencia no descansa en nuestra voluntad sino en la naturaleza tienen,
si son seres irracionales, un valor meramente relativo, como simples medios, y por eso se llaman cosas.
En cambio, los seres racionales se llaman personas porque su naturaleza los distingue como fines en sí
mismos, o sea, como algo que no puede ser usado meramente como medio y, por tanto, limita todo
capricho en este sentido (y es, en definitiva, objeto de respeto). No son éstos, pues, fines subjetivos
cuya existencia tiene un valor para nosotros como efecto de nuestra acción, sino que son fines objetivos,
es decir, seres cuya existencia es un fin en sí misma, y un fin tal que en su lugar no puede ponerse
ningún otro fin para el cual debiera éste servir de medio.”

Pues bien, exactamente eso mismo es lo que significa para Santo Tomás la dignidad, quien sostiene
explícitamente:

“La personalidad pertenece necesariamente a la dignidad y perfección de una cosa en tanto en cuanto
corresponde a la dignidad de tal cosa existir por sí misma, que es lo que se entiende por el término de
persona”.

“Dignidad significa bondad por sí misma; utilidad, bondad para otra cosa.”
Tema 8: El humanismo renacentista, 4

2. TOMÁS MORO

2.1. Biografía 2

Thomas More fue un humanista inglés, nacido en Londres en 1478, discípulo y amigo de Erasmo de
Rotterdam; jurista y magistrado, ocupó el cargo de canciller de Inglaterra y se opuso al divorcio de
Enrique VIII con Catalina de Aragón, negándose a reconocer al rey como jefe de la Iglesia anglicana,
por lo que fue condenado a muerte y ejecutado en 1535.

Es conocido sobre todo por ser autor de Utopía. La obra apareció publicada en Lovaina en 1516 y fue
acogida con entusiasmo por parte de los humanistas. El título íntegro es: Libellus vere aureus nec
minus salutaris quam festivus de optimo republicae statu deque nova Insula Utopia (Pequeño libro,
aunque áureo y no menos saludable que festivo, sobre el mejor estado de la república y de la nueva isla
de Utopía).

Es esa la obra que da nombre al género literario utópico: descripciones de ciudades o estados ideales
que se llevan a cabo con un propósito ético y crítico hacia la realidad social y política vigente.

2.2. Sobre el mejor estado de la república y de la nueva isla de Utopía

El narrador principal de la obra es Hitlodeo, marino que ha participado en los descubrimientos del
Nuevo Mundo. En ella pueden distinguirse dos grandes momentos

A) El momento crítico, en el que se evalúa negativamente la situación de los Estados contemporáneos,


especialmente el inglés. Critica sobre todo:

– Las costumbres, especialmente la de una justicia rígida y estéril que se aplica a los delitos.

– Las taras del régimen monárquico, cuyos titulares han abandonado las más nobles aspiraciones
morales: ya “no hay lugar ante los príncipes para la filosofía”. Especial reproche le merece el
mantenimiento de ejércitos permanentes para la guerra: “Los príncipes sólo piensan en la
guerra..., se ocupan muy poco de administrar bien los Estados sometidos a su dominio”.

– Los defectos de la organización social, sobre todo el excesivo número de nobles (“zánganos
ociosos que se alimentan del sudor y del trabajo de los demás”) y de monjes mendicantes,
igualmente parasitarios.

– La ambición desmedida de los nuevos propietarios y primeros industriales laneros, que


concentran propiedad territorial (enclosures o cierre de fincas), privando así de medios de
subsistencia y de trabajo a “esa masa de hombres a quienes la miseria ha hecho ladrones,
vagabundos o criados” y que confían indebidamente en los juegos de azar.

Cabe pensar, según él, en reformas que mejorarían un poco la situación en puntos particulares, pero es
el sistema entero el que le parece fundamentalmente negativo. Y la causa de tal negatividad es una
organización social en función de los intereses de los grupos dominantes y en base al derecho de
propiedad privada.

2
Tomado de la Enciclopedia Herder on line.
Tema 8: El humanismo renacentista, 5

Tras referirse a la felicidad de los Estados gobernados o aconsejados por filósofos (el filósofo-rey, de
Platón), afirma la inutilidad de la filosofía tradicional (escolástica) para remediar los males presentes,
pero anuncia la existencia de “otra filosofía más política”, que es la que debe tomar el relevo.

B) El momento propositivo. Vista la causa de la negatividad social, esa nueva filosofía exige, ante todo,
la anulación de la propiedad privada porque “allí donde la propiedad sea un derecho individual, allí
donde todas las cosas se midan por el dinero, no se podrá nunca organizar la justicia y la prosperidad
sociales”.

Resulta, pues, que el modo de organización social propuesto por Moro en forma de detallada
descripción de la isla de Utopía a lo largo de la segunda parte de la obra es de tipo comunista.

La isla de Utopía (ningún lugar) comprende 54 ciudades (tantas como condados tenía Inglaterra) y
tiene como capital la ciudad de Amauroto (entre nieblas), situada a orillas del río Anidro (sin agua).
Sus habitantes son los Alaopolitas (sin ciudad) y están gobernados por el príncipe Ademo (sin pueblo).

Exponemos algunos de sus principales rasgos mediante un texto tomado literalmente de la obra de Jean
Touchard Historia de las ideas políticas:

“Todos los utopistas trabajan para todos. Nadie posee nada en propiedad. La comunidad asegura a cada
cual la abundancia (la mano de obra es numerosa y la producción agrícola y artesanal están bien
organizadas) y el ocio, que cada uno puede emplear en «cultivar libremente su espíritu». La disciplina
es indispensable para esta sociedad igualitaria: horario de trabajo fijado, comida en común; cada
ciudadano se pliega a ella sin esfuerzo, ya que la colectividad le da el máximo de bienestar. Las leyes,
al faltar los conflictos que derivan de la propiedad privada, son simples y poco numerosas. El papel del
Estado se reduce casi exclusivamente a la administración de las cosas, a la dirección de la economía;
tiene, por ejemplo, el monopolio del comercio exterior. Todos los magistrados, al igual que los
sacerdotes, son elegidos; los más importantes se escogen entre los letrados. Estos gozan, por
consiguiente, de una situación privilegiada, pero no forman una clase cerrada; como aristocracia
intelectual y moral siempre abierta, renovable y controlada, proporciona a la democracia igualitaria, que
ignora la nobleza y la riqueza, el verdadero gobierno de los mejores. Los utopistas, seguros de poseer la
verdad política absoluta en su régimen, lo defienden contra la influencia extranjera y amplían su campo
de aplicación: fundan colonias semejantes a la madre patria. Algunos de sus vecinos, ganados por el
ejemplo, se inspiran en su Constitución. Los utopistas no vacilan, por el bien de la humanidad, en hacer
la guerra para liberar a los demás pueblos oprimidos por la tiranía. El régimen, pacífico en su principio,
está dotado de una especie de expansionismo ideológico, legitimo porque cree en su superioridad.”

La obra de Moro debe mucho a la República de Platón y al antiguo mito de la Edad de Oro, actualizado
entonces por los primeros conocimientos sobre las sociedades del Nuevo Mundo (Moro leyó a Américo
Vespucio), pero su autor se siente muy libre respecto de la autoridad de la tradición y trata de construir
racionalmente sobre bases nuevas

En efecto, Moro, de profundísimas convicciones cristianas, construye su modelo social sin referencia al
Evangelio: los habitantes de Utopía no tienen más guía de la de la razón, es decir, una base
estrictamente natural.
Tema 8: El humanismo renacentista, 6

3. FRANCISCO DE VITORIA

3.1. Biografía 3

Nació en Burgos en 1483. Ingresó en el convento dominico de San Pablo de esa ciudad en 1505.
Francisco de Vitoria completó aquí su formación humanística e hizo dos años de filosofía. De
inteligencia sobresaliente, fue enviado a terminar sus estudios y completar su formación a París, al
Estudio General dominico de Santiago, incorporado a la universidad. Debió ser esto en 1508, para
comenzar el año académico –como allí era ley– el 14 de septiembre en el convento de Santiago.

Francisco de Vitoria estuvo en París 15 años, desde 1508 hasta 1523, primero como estudiante y luego
como profesor. En el curso 1508-1509 completa su formación filosófica. Entre 1509 y 1513 hace los
estudios de teología hasta la consecución del grado de bachiller. Entre 1513 y 1516 enseña artes o
filosofía en la sede universitaria del Estudio General dominico de Saint Jacques. En 1516 inicia la
enseñanza de la teología en la cátedra universitaria para extranjeros en ese centro de estudios. Como
broche de oro de su docencia, después de superar las requeridas y duras pruebas, el 24 de marzo de
1522 consigue la Licencia en Sagrada Teología y el 27 del junio siguiente la Laurea o Doctorado.
Finalizados sus estudios y su profesorado en París, sus superiores religiosos hispanos le ordenaron la
vuelta a su tierra.

El primer destino en la península fue el de profesor en el colegio de San Gregorio de Valladolid, donde
comienza su enseñanza en el curso 1523-1524. En 1526 es destinado Vitoria a Salamanca y gana la
principal cátedra de teología de su universidad, sustituyendo las Sentencias de Pedro Lombardo por la
Summa theologiae de Santo Tomás como libro de texto

Veinte años duró la docencia de Vitoria en Salamanca (de 1526 a 1546). Además de las lecciones
ordinarias los catedráticos salmantinos estaban obligados a dar anualmente una lección extraordinaria
de dos horas ante el gremio entero universitario. Es lo que se llamaba repetición o relección. Quince
fueron las relecciones pronunciadas por Vitoria, y todas ellas se conservan menos la primera y la
última. Su doctrina teológico-filosófico-jurista se contiene principalmente en sus relecciones y es por
éstas como ha sido conocido internacionalmente. De ahí los títulos que se le han conferido de fundador
de la Escuela teológico-jurídica de Salamanca y del Derecho internacional moderno. Vitoria fue al
mismo tiempo filósofo y teólogo.

Murió en 1546. La universidad entera de Salamanca con sus profesores y alumnos le honraron en las
exequias.

3.2. En la tradición aristotélico-tomista

La obra intelectual de Francisco de Vitoria se sitúa en la tradición intelectual aristotélico-tomista. Nos


limitamos a espigar algunas de tus tesis para justificar esa afirmación:

– La naturaleza ha dado al ser humano la razón y la virtud para su defensa y para su


perfeccionamiento, mientras que a otros vivientes les dotó de medio solo corporales.

3
Tomado de Hernández, Ramón: Fr. Francisco de Vitoria. En http://www.dominicos.org/.
Tema 8: El humanismo renacentista, 7

– “El hombre es naturalmente civil y social”. “El hombre no es un lobo para el hombre. La
naturaleza estableció cierto parentesco entre todos los hombres”.

– Para logar su perfección como personas los seres humanos necesitan comunicarse entre ellos
mediante la palabra y por los intercambios de experiencias, conocimientos y afectos.

– “Todo aquello que por la luz natural es conocido como justo por todos los hombres es derecho
natural”.

– “El hombre fue creado en libertad”. “Por derecho natural todos los hombres son libres”.
“Ningún hombre es superior por derecho natural con respecto a los otros”.

– El sujeto del poder civil es, por derecho natural y divino, la república, a la cual compete
gobernarse a sí misma, administrarse y dirigir todos sus poderes al bien común. “Todo el poder
del rey viene de la república, que es libre desde el principio. El poder del rey es el mismo que
el de la república”.

– “Desde el momento en que consta que una ley es inicua, no se ha de obrar en conformidad a
ella”

– El derecho de la mayoría es de orden natural. “Esto es necesario para la paz: que en lo que
respecta al bien común el parecer de la mayoría prevalezca y domine”.

– Diversas formas de gobierno son legítimas, pero “la más segura administración debe ser mixta
de los tres mejores sistemas: monárquico, aristocrático y democrático”.

3.3. El derecho de gentes

Ya dijimos que, según Santo Tomás, el animal político se despliega no sólo en la polis, sino también en
“el reino” y en el “derecho de gentes”. Al respecto comentamos que Santo Tomás estaba
preanunciando la fundación del derecho internacional. Tal mérito corresponde a la escolástica española
del siglo XVI y, muy en especial, a Francisco de Vitoria, tal y como es comúnmente reconocido.

Según Vitoria, “se llama derecho de gentes aquello que la razón natural constituye en todas las
gentes”. El derecho de gentes es el derecho natural en lo tocante a las relaciones que hoy nosotros
llamamos internacionales. “El derecho de gentes no sólo tiene fuerza por el pacto y convenio de los
hombres, sino que tiene por sí mismo fuerza de ley”.

3.4. Por una asociación mundial

Vitoria consideraba que era deseable una asociación de todas las naciones del mundo, asociación
dotada de una autoridad suprema sobre todo el orbe. “El género humano tuvo derecho a elegir un solo
monarca al principio, antes de la división de los pueblos; luego también ahora, ya que este poder,
como derecho natural, no cesa nunca”.

Tal asociación podría regirse en buena medida por el derecho de gentes, pero también por el derecho
acordado o comúnmente construido. “Hay muchas cosas del derecho de gentes, que derivan
suficientemente del derecho natural y tiene por ello fuerza para exigir y para obligar (...) Otras cosas
Tema 8: El humanismo renacentista, 8

proceden del consentimiento de la mayor parte de todo el orbe y también obligan, sobre todo si es en
favor del bien común”, como es el caso de la inviolabilidad de los legados, de la comunidad de los
mares o del recibimiento de los huéspedes. “Y es que el orbe todo, que en cierta manera forma una
república, tiene poder de dar leyes justas y a todos convenientes, como son las del derecho de gentes”.

3.5. En defensa de los derechos de los indios.

El principal antagonista intelectual de Francisco de Vitoria en este punto fue Ginés de Sepúlveda, quien
sostenía la potestad o autoridad política del emperador sobre todos los pueblos que le iban siendo
sometidos por la colonización de América.

Vitoria dedicó a esa cuestión dos de sus relecciones, las llamadas relecciones “De indis” (1539),
oponiéndose frontalmente a las concepciones imperiales de Sepúlveda. Para ello se basó en el derecho
natural (en este caso derecho de gentes). En atención al mismo, sostuvo ● que los indios era verdaderos
“dueños o señores” de sus tierras y ● que sobre ellas ejercían un legítimo poder político, invalidando la
pretensión imperial: “Por derecho natural, los hombres son libres (…) Luego no hay nadie que por
derecho natural sea señor de todo el orbe”. Puesto que el poder político tiene un fundamento natural,
todos los pueblos, por derecho natural, poseen legítimamente su propia autoridad política.

En esa polémica Vitoria sostuvo, ciertamente, la existencia de un derecho de comunicabilidad y de


comercio, pero en condición, como a continuación vemos, que nada tenían que ver con la empresa
imperial en América:

“El hombre tiene por naturaleza un derecho de sociabilidad y comunicabilidad natural, por el que puede
recorrer las diversas regiones de la tierra y permanecer algún tiempo en ellas, sin que ninguna autoridad
pueda impedírselo, si no causa perjuicio a esas regiones o a sus habitantes”.

“El hombre tiene derecho al libre comercio, es decir, a comerciar con otros hombres, aunque
pertenezcan a una región o sociedad distintas de la suya, siempre que no haya perjuicio para éstas o
para sus individuos”.

En su defensa de los indios, Vitoria bebió, como hemos dicho, de la tradición intelectual de Santo
Tomás, pero también del testimonio y de las tomas de posición públicas de sus compañeros dominicos
en América. Pensamos, especialmente, en el sermón de Montesinos (1511), a través del cual los
primeros dominicos en Santo Domingo denunciaron la opresión y la injusticia de que eran objeto los
nativos

“Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan horrible servidumbre a estos indios? (...)
¿Estos no son hombres? ¿No tienen almas racionales? ¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros
mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico
dormidos?”

Obsérvese, por cierto, que el argumento toma pie en la condición racional de los indios, es decir, en su
carácter de personas. De ahí nacen aquellos derechos que deberían inhibir toda práctica opresora e
injusta.

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