RESUMEN PARCIAL PRIVADO I (MIERCOLES)
LOS VICIOS DE LOS ACTOS VOLUNTARIOS
El acto voluntario requiere la concurrencia de elementos internos (discernimiento, intención, libertad), y de
un elemento externo (la declaración de la voluntad). El defecto de alguno de los elementos internos del
acto voluntario se denomina “vicio”.
Los vicios de los actos voluntarios son el error, el dolo y la violencia. Todos ellos tienen en común
constituir una anomalía de un elemento sustancial, existente al momento de la celebración u otorgamiento
del acto, que produce la limitación, desvirtuacion o pérdida de los efectos propios del acto.
Estos vicios de la voluntad afectan a los elementos de la voluntad conforme a la doctrina clásica, es decir,
la intención y la libertad. El error y dolo vician la intención; la violencia, sea física o moral, vicia la libertad.
ERROR
La ignorancia y el error son vicios de los actos voluntarios que afectan la intención. Ignorancia es no
conocer algo (cosa, circunstancia, régimen legal), mientras que el error consiste en creer que se lo conoce
siendo que, en realidad, se toma por cierto un conocimiento falso.
Error de hecho y de derecho: el error o el falso conocimiento puede versar sobre un hecho o sobre la
existencia, contenido o interpretación de una norma jurídica. En el primer supuesto, el vicio se denomina
“error de hecho”. En el segundo caso, “error de derecho”.
INEXCUSABILIDAD DEL ERROR DE DERECHO: “La ignorancia de las leyes, o el error de derecho en
ningún caso impedirá los efectos legales de los actos lícitos, ni excusara la responsabilidad por los
actos ilícitos”. Ningún sistema jurídico resistiría que los sujetos de derecho pretendiesen exculparse
afirmando que desconocían las normas jurídicas, o que estaban errados sobre su contenido. De allí
que se recurra a una ficción, cual es la de conocimiento por todos. El error de derecho no puede
invocarse para invalidar un acto voluntario, aunque el error fuere excusable y haya sido su causa
determinante.
Error esencial y accidental: el CCCN resumió las categorías de error de hecho en dos, error accidental y
error esencial.
Error esencial es el que recae sobre la naturaleza del acto, sobre la persona, la sustancia, la causa o el
objeto. Por otro lado, el error accidental es el que recae sobre un elemento accesorio del acto o que aun
recayendo en un elemento esencial no ha sido determinante para el otorgamiento del acto.
Sobre la naturaleza del acto: “el error sobre la naturaleza del acto jurídico anula todo lo contenido en
él”. Es clásico el ejemplo consistente en que alguien entrega una cosa a otro con una esquela en la
que dice dársela, con lo cual el adquiriente cree recibirla en donación, mientras que el otorgante, en
realidad, la entrego en préstamo.
Sobre el objeto: el Código se refiere a cuatro supuestos, contrato sobre una cosa diferente de aquella
sobre la que se quería contratar, contrato sobre una cosa de distinta especie; contrato sobre diversa
cantidad, extensión o suma; contrato sobre diverso hecho.
Sobre la cualidad: se trata de aquella calidad sin la cual no se hubiese contratado. A diferencia del
error sobre la identidad del objeto, aquí la cosa es aquella que se había tenido presente, pero no reúne
una calidad esencial que se creía que tenía. La cualidad sustancial es aquella que se espera encontrar
en el objeto adquirido, que fue especialmente tenida en cuenta y resulto determinante para la
celebración del acto.
Sobre las personas: tres son las diferencias que pueden suscitarse en un acto jurídico respecto a una
persona: su identidad física, sus cualidades y su nombre. El error sobre la persona no es una causa de
nulidad, sino cuando la consideración de ella ha sido la causa principal de la convención.
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Respecto de los actos jurídicos, como es presupuesto de su eficacia el haber sido otorgados con
discernimiento, intención y libertad, el vicio de error acarrea la ineficacia del acto, y más concretamente su
invalidez.
Si el error es esencial y excusable, el acto es anulable, en razón de que el vicio no es manifiesto. Esta
nulidad, que puede ser demandada tanto por la parte afectada como por sus representaciones y el
Ministerio Pupilar, es relativa y confirmable.
DOLO
La palabra dolo tiene, en derecho privado, varios contenidos distintos, que es necesario distinguir con
claridad.
En primer lugar, dolo identifica al elemento intencional del delito civil; es decir, que constituye factor de
atribución de la responsabilidad civil.
También se alude a la inejecución dolosa de la obligación, que acaece cuando el deudor no cumple,
pese a encontrarse en condiciones de hacerlo.
Finalmente, el dolo es vicio de los actos voluntarios.
La ley habla de la aserción de lo falso o disimulación de lo verdadero, agregando empleo de artificio,
astucia o maquinación.
El dolo consiste entonces en inducir a la otra parte a error, para lo cual se ha de emplear una maniobra,
una argucia, una astucia, que puede consistir en afirmar lo que es falso (el cuadro es un auténtico
Rubens), disimular lo verdadero (el automóvil que vendo tiene el motor fundido, pero para que el
comprador no lo advierta utilizo algún lubricante especial); o ambas a la vez (afirmo que el automóvil tiene
pocos kilómetros recorridos).
En los ejemplos dados hay un hecho positivo, que se denomina acción dolosa; también puede consistir en
un hecho negativo, en el mero silencio o inacción frente a la evidencia del error en que esta la otra parte.
“La omisión dolosa causa los mismos efectos que la acción dolosa, cuando el acto no se hubiera realizado
sin la reticencia u ocultación dolosa”.
La acción u omisión dolosa tienen por finalidad conseguir la ejecución de un acto; en otras palabras, que el
destinatario del engaño, a causa del mismo, otorgue un negocio jurídico o realice un acto voluntario.
En el dolo, la sanción de nulidad está fundada en la afectación de la voluntad del sujeto engañado;
mientras que la obligación de satisfacer los perjuicios ocasionados por la acción u omisión dolosa se funda
en la existencia propiamente de un acto ilícito.
Clasificaciones del dolo
Dolo bueno y dolo malo: el dolo bueno tenia finalidades honestas (ocultar a un enfermo su
condición). Carece totalmente de relevancia en el derecho vigente.
Dolo directo e indirecto: el directo es el causado por una de las partes del negocio por sí o por
intermedio de su dependiente o representante; el indirecto es el dolo causado por un tercero ajeno a la
relación jurídica. El dolo del tercero también produce el efecto de anular el acto; y engendra la
responsabilidad por daños y perjuicios.
Dolo positivo y negativo: se corresponde a la acción y a la omisión dolosa.
Dolo principal y dolo incidental: el primero es el que reúne las condiciones necesarias como para
anular el acto. El segundo en cambio, es insuficiente para invalidar el negocio jurídico, pero puede
comprometer la responsabilidad del agente por daños y perjuicios. La diferencia radica en que el dolo
principal es causa de la celebración del negocio, es determinante del consentimiento de la víctima. En
cambio el dolo incidental no es determinante del consentimiento.
Dolo principal: condiciones que debe reunir: para que el dolo pueda ser medio de nulidad de un acto es
preciso la reunión de las circunstancias siguientes:
- Que haya sido grave
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- Que haya sido la causa determinante de la acción
- Que haya ocasionado un daño importante
- Que no haya habido dolo de ambas partes
Dolo grave: el dolo es grave cuando se trata de una maniobra, una maquinación, que hace que la
contraparte no pueda evitar ser engañada, pese a su diligencia normal en la conclusión del negocio. No
quedan comprendidas las exageraciones habituales de la calidad de una cosa, la simple jactancia de sus
virtudes, lo que Betti ha dado a llamar picardía lícita.
Tampoco es anulable el acto cuanto el sujeto se ha dejado engañar, obrando con negligencia. Dice Lopez
Olaciregui, que una cosa es dejarse convencer (hipótesis en que puede haber dolo si para ello se empleó
un artificio, maniobra, maquinación), y otra es creer cuanto de oye (caso en el que no hay dolo).
Dolo determinante: que el dolo sea determinante del consentimiento, es decir que el sujeto ha concluido
el negocio, inducido por el dolo en que incurrió la otra parte. Si no hubiera mediado tal engaño provocado,
no hubiera contratado.
Daño importante: si el dolo no causa un daño que resulte significativo desde el punto de vista económico,
no existe posibilidad de anular el negocio jurídico o el acto voluntario de que se trate.
Dolo ambas partes: la ley no ampara a ambos engañadores.
Efectos del dolo principal: el dolo principal produce dos efectos fundamentales:
- Habilita a la víctima para demandar la nulidad del acto viciado, por acción o por excepción; el acto
afectado de dolo es anulable, por cuanto debe investigarse la existencia del vicio, la nulidad es relativa
y, por ende, confirmable el negocio.
- Legitima a la víctima para demandar la reparación de los daños y perjuicios sufridos, materia que se
rige por las reglas de la responsabilidad civil; la acción indemnizadora puede acumularse a la acción de
nulidad, o ser ejercida de manera independiente. De modo que quien ha sufrido dolo puede optar por
mantener el acto y demandar solo la reparación de los daños y perjuicios.
Efectos del dolo incidental: el dolo incidental no causa la nulidad del acto, sino que solo genera una acción
de daños y perjuicios. Lo mismo si el dolo incidental proviene de un tercero.
Prueba del dolo: la carga de la prueba recae sobre quien lo invoca como sustento de una acción o
excepción de nulidad, o de una acción de daños y perjuicios. A los efectos de la acción o excepción de
nulidad, debe acreditarse no solo la existencia de la maniobra, sino también los demás recaudos.
VIOLENCIA
Es el tercero de los vicios de los actos voluntarios, al que el Código identifica indistintamente con los
términos “fuerza y temor”. Como apuntaba Salvat, se trata siempre del mismo vicio, que comprende
diversas formas de coerción sobre la persona, con la finalidad de que otorgue un acto. El vicio de que se
trata comprende:
- La violencia física, que consiste en el empleo de fuerza física irresistible en la persona que otorga el acto.
- La coerción o intimidación por ofensas corporales o malos tratamientos.
- La coerción o intimidación definida por el Código “Habrá intimidación, cuando se inspire a uno de los
agentes por injustas amenazas, un temor fundado de sufrir un mal inminente y grave en su persona,
libertad, honra o bienes, o de su cónyuge, descendientes y ascendientes, legítimos o ilegítimos”.
Requisitos que debe reunir la intimidación: incluye varios recaudos para considerar configurada la
intimidación:
Injustas amenazas: “No hay intimidación por injustas amenazas, cuando el que las hace se redujese a
poner en ejercicio sus derechos propios”. De modo que no hay intimidación que afecte el acto en si,
por ejemplo, un deudor paga su obligación porque el acreedor ha amenazado con pedirle la quiebra o
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ejercer una acción penal que cupiere por estafa o cheque sin provisión de fondos. Pero la doctrina ha
señalado que la amenaza es justa siempre que el derecho de que se trata se ejercite regularmente.
Mal inminente o grave: la inminencia importa que el sujeto está expuesto a sufrir un perjuicio en un
lapso próximo, de modo que no pueda recurrir al auxilio de la autoridad antes que el acaezca
efectivamente. De todos modos el requisito de la inminencia es relativo, ya que en ciertas ocasiones la
amenaza recae sobre cuestiones que el sujeto víctima no quiere revelar y por ello se encuentra
impedido de recurrir a las autoridades. También es relativo el recaudo de gravedad del daño, pues lo
que puede ser importante para uno, puede no serlo para otro.
Con ello se ha optado por una valoración subjetiva de la violencia, en la que debe tomarse en
consideración la condición personal de quien sufre la amenaza, pues se entiende que la agresión física
o la coacción moral incluso, pueden verbigracia afectar mucho más a una persona anciana y enferma
que a un hombre joven y sano.
En la persona, libertad, honra o bienes: el Código trata de abarcar aquellos aspectos sobre los
cuales puede recaer una amenaza injusta y que cause “fuerte impresión. Con lo cual comprende las
amenazas de privación de la vida o la salud, de secuestros, de difusión de hechos que pueden afectar
el honor de la persona o su familia, y la destrucción de bienes.
Violencia ejercida por un tercero: la violencia ejercida por un tercero tiene los mismos efectos que la
empleada por uno de los que ha participado en el acto. De modo que produce la anulabilidad del acto, así
como causa de la acción de responsabilidad por daños y perjuicios. La parte del acto sabedora de la
violencia que lo vicia es responsable solidaria con el autor de la violencia.
Efectos del vicio de la violencia: como los demás vicios de la voluntad, la sanción es la anulabilidad relativa
del acto. Según Brebbia, cuando la violencia se ha manifestado como violencia física irresistible, la nulidad
es absoluta, pues la sanción debe considerarse impuesta en el interés general y no solo en el interés de la
parte perjudicada. Llambias afirma la inexistencia del acto.
Se engendra también una acción de responsabilidad por daños y perjuicios, que es independiente de la
acción de nulidad. Se aplican las mismas reglas que en el dolo.
Pero si la violencia no reúne todos los recaudos anteriores no procede la acción de nulidad, pero si la de
daños y perjuicios. Se trata de la violencia incidental que sigue el mismo régimen que el dolo incidental.
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VICIOS DE LOS ACTOS JURIDICOS
Los vicios de los negocios jurídicos son la simulación, el fraude y la lesión; ellos solo se presentan en los
negocios jurídicos y no en hechos humanos voluntarios. En estos vicios o defectos, no existe merma de la
voluntariedad, sino de la buena fe de su autor.
Los efectos que produce la lesión y la simulación es la anulabilidad del acto, mientras que el fraude causa
su inoponibilidad. Aclárese que la lesión autoriza también el reajuste del acto.
LESION
La lesión, a título amplio, es el daño en un contrato a título oneroso que deriva del hecho de no recibir el
equivalente de lo que se da.
Lesión objetiva: llamamos lesión objetiva al vicio del acto jurídico que se expresa a través de la mera
inequivalencia entre lo que se da y lo que se recibe. Esta noción ve configurada la lesión ante la
verificación de la falta de proporcionalidad entre las prestaciones.
Lesión subjetiva: se conceptualiza a la lesión como objetiva-subjetiva como el defecto del acto jurídico
consistente en una desproporción injustificada de las prestaciones, originada en el aprovechamiento por
una de las partes del estado de inferioridad de la otra.
La doctrina de la lesión se fue incorporando al derecho argentino por vía de los tribunales y de los autores.
Con fundamento en el artículo 953 (anterior código), se anularon loa actos jurídicos en los que una de las
partes, aprovechando la inexperiencia, la ligereza o necesidad de la otra, obtenía ventajas evidentemente
desproporcionadas.
Elementos del acto lesivo: la doctrina y la jurisprudencia se muestran dubitativas acerca del tema de los
elementos del acto lesivo. Así los primeros comentaristas de la reforma sostuvieron que la lesión subjetiva
contiene solo dos elementos: uno objetivo, la notoria e injustificada desproporción de las prestaciones, y el
otro subjetiva, materializada por la explotación o aprovechamiento de la situación de inferioridad de la
víctima del acto.
LA REFORMA DE 1968, ARTICULO 954, TEXTO LEGAL
“Podrán anularse los actos viciados de error, dolo, violencia, intimidación o simulación.
También podrá demandarse la nulidad o modificación de los actos jurídicos cuando una de las partes
explotando la necesidad, ligereza o inexperiencia de la otra, obtuviera por medio de ellos una ventaja
patrimonial evidentemente desproporcionada y sin justificación.
Se presume, salvo prueba de lo contrario, que existe tal explotación en caso de notable desproporción de
las prestaciones.
Los cálculos deberán hacerse según los valores al tiempo del acto, y la desproporción deberá subsistir en
el momento de la demanda. Solo el lesionado o sus herederos podrán ejercer la acción cuya prescripción
se operara a los cinco años de otorgado el acto.
El accionante tiene opción para demandar la nulidad o un reajuste equitativo del convenio, pero la primera
de estas acciones se transformara en acción de reajuste si este fuere ofrecido por el demandado al
contestar la demanda”.
La jurisprudencia participo de esta doctrina interpretativa y así, teniendo en cuenta la presunción del tercer
párrafo 954, el lesionado solo debía probar la notoria e injustificada desproporción entre las prestaciones.
Por su parte, el demandado debía probar la razón excepcional que justificara la desproporción.
De allí que la doctrina posterior afirmara que la lesión tal cual se encuentra regulada por el articulo 954
cuenta con tres elementos: dos de carácter subjetivo, correspondiendo uno de ellos a cada una de las
partes del acto; es decir, un elemento subjetivo del lesionante, consistente en la explotación o
aprovechamiento de la situación de inferioridad de la contraparte, y un elemento subjetivo de la víctima
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precisado a través le necesidad, ligereza o inexperiencia. El tercer elemento es objetivo, y consiste en la
evidente e injustificada desproporción de las prestaciones.
Elemento objetivo: el elemento objetivo del acto consiste en la existencia de una “ventaja patrimonial
evidentemente desproporcionada y sin justificación. La legislación argentina en la materia señala
expresamente, que la desproporción debe existir en el momento de la celebración del acto y subsistir al
tiempo de la demanda.
En relación con el segundo recaudo (subsistencia en el tiempo) según Llambias se justifica porque si por
alguna causa extraña al acto, el objeto del mismo se hubiera valorizado, resultaría ilógico permitir la
acción.
Elemento subjetivo de la víctima: el artículo 954 se refiere a la necesidad, ligereza o inexperiencia de una
de las partes.
Necesidad: normalmente la situación de necesidad será de carácter económico, aunque nada impide
que puede considerarse que hay necesidad cuando se contrata estando en peligro la vida, la salud, el
honor y la libertad.
Ligereza: por ligereza debe entenderse una situación patológica de debilidad mental.
Inexperiencia: la doctrina judicial afirmo que la inexperiencia quiere significar “la falta de
conocimientos que se adquieren con el uso y la práctica”.
Elemento subjetivo del lesionante: consiste en el aprovechamiento de la situación de inferioridad en que se
halla la victima del acto lesivo. No es suficiente, como sostienen algunos autores, el solo conocimiento de
la existencia de la necesidad, ligereza o inexperiencia en el sujeto pasivo. Es necesario que a partir del
conocimiento de ese estado, se pretenda obtener un beneficio desproporcionado.
Accionante que se conceden a la víctima: la víctima del acto lesivo dispone de dos acciones para evitar los
efectos del acto lesivo: la de nulidad y la de modificación o reajuste.
Si demanda la nulidad, la contraparte puede ofrecer un equitativo reajuste del contrato, pero sí en cambio
solicita el reajuste, el demandado no puede oponer la nulidad porque él no es titular de esa acción.
PRESCRIPCION
Art. 2562.Plazo de prescripción de dos años.
a) El pedido de declaración de nulidad relativa y de revisión de actos jurídicos. (…)
Art. 2563. Computo del plazo de dos años. En la acción de declaración de nulidad relativa (…)
e) En la lesión, desde la fecha en que la obligación a cargo del lesionante debía ser cumplida.
SIMULACION
La simulación del negocio autoriza su anulación, por acción que puede ser deducida por las partes del
mismo acto jurídico ostensible por terceros ajenos a él.
La palabra simulación, indica el concierto o la inteligencia de dos o más personas para dar a una cosa la
apariencia de otra, siendo su finalidad el engaño.
De acuerdo con un criterio doctrinario generalmente aceptado, los elementos del negocio simulado son
tres:
- Contradicción entre la voluntad interna y la declarada. La simulación se manifiesta una discordancia
entre lo efectivamente querido por las partes del negocio y lo declarado por ellas.
- Acuerdo de partes que precede y sirve de causa a esa contradicción. La discordancia entre lo querido
y lo manifestado se presenta en otros vicios, pero lo característico de la simulación es que tal
discordancia es querida y acordada por las partes.
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- El ánimo de engañar del que puede resultar o no perjuicio a terceros.
Entonces la simulación puede ser definida como el defecto de buena fe del acto jurídico consistente en la
discordancia consiente y acordada entre la voluntad real y la declarada por los otorgantes del acto,
efectuada con ánimo de engañar, de donde puede resultar, o no, lesión al orden normativo o a los terceros
ajenos al acto.
Clasificación
Simulación absoluta: la simulación absoluta, o sea aquella en que el acto ostensible no oculta un acto
real. El acto es pura y real apariencia. Tal sucede, por ejemplo, cuando para evitar la acción de los
acreedores, el propietario de un inmueble lo enajena a alguien, pero de manera puramente aparente,
pues en realidad pretende seguir siendo el titular del dominio, y esa apariencia se crea solo para
impedir que sus acreedores puedan hacer valer sus derechos sobre la cosa.
Simulación relativa: la simulación relativa, que se presenta cuando debajo del acto ostensible existe
otro acto diferente que es realmente querido. Acontece, por ejemplo, cuando un padre que quiere
favorecer a su hijo donándole una casa, simula con él la celebración de la compraventa. El efecto
jurídico de transmitir el dominio es querido por las partes, pero se ha disimulado el verdadero carácter
del acto que sirve de causa a esa transmisión.
Simulación licita e ilícita: “la simulación no es reprobada por la ley cuando a nadie perjudica ni tiene
un fin ilícito”. Con relación a lo anterior, la simulación es ilícita cuando perjudica a terceros o tiene una
finalidad ilícita, no siendo necesario que ese fin se haya consumado.
Discernir si una simulación es lícita o ilícita es trascendente, pues las partes solo pueden demandarse
recíprocamente por nulidad del acto aparente si la simulación es lícita, salvo que la acción tuviera por
objeto dejar sin efecto el acto simulado y no se siguiera de ello ningún beneficio para el demandante.
Diferencia con otras figuras
- Error y dolo: el error y el dolo también revelan una contradicción entre lo manifestado y lo
efectivamente querido. Pero en esos vicios del acto voluntario, la discordancia no es consciente ni
acordada.
En el vicio de la violencia también hay diferencia entre lo querido y lo manifestado; el sujeto del cual
emana la declaración de voluntad tiene conciencia de tal disidencia, pero no la consiente libremente, y
en esto último radica la diferencia con la simulación.
- Fraude: la diferencia fundamental que existe entre el negocio jurídico fraudulento y el simulado es que
el primero es un acto real, mientras que el segundo es pura apariencia, una ficción, una irrealidad
creada para engañar a terceros.
El acto simulado es nulo; el fraudulento es inoponible. De allí que la acción de simulación beneficie a
todos los acreedores, mientras que la acción revocatoria solo beneficia al acreedor que la ha intentado
en la medida de su crédito.
Acción de simulación entre las partes del negocio: la existencia del vicio de simulación puede ser invocada
por un tercero ajeno al acto, que se ve perjudicado por él; cuanto por las mismas partes del negocio
jurídico viciado, que pueden pretender la declaración de simulado del acto viciado.
La acción de simulación entre las partes del negocio ha de entablarse cuando una de ellas pretende
hacerse fuerte en la apariencia creada; así verbigracia, si el testaferro pretendiera desconocer su calidad
de tal y se comportara como un verdadero propietario de la cosa que le había sido transmitida de manera
absolutamente simulada.
Orgaz puso concreción a la idea sugerida por Bibiloni, sosteniendo que debía admitirse la acción entre las
partes si con ella no se persiguiera la consumación del acto ilícito que encierra la simulación, sino (por el
contrario) a impedir tal consumación o a reparar los efectos perjudiciales que hubiera tenido.
Cuando se otorga un negocio simulado es común que las partes declaren la realidad subyacente en otro
instrumento, al que se denomina “contradocumento”. Por ello, generalmente la prueba de la simulación se
hace a través de ese contradocumento.
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Contradocumento es el instrumento público o privado otorgado por las partes o el beneficiario del acto
simulado, normalmente destinado a quedar secreto, en el que se declara el verdadero contenido o carácter
del acto y tendiente a restablecer la realidad de las cosas. Los requisitos que debe reunir son:
- Ser otorgado por las partes del negocio o el beneficiario de la simulación.
- Referirse fatalmente al acto simulado.
- Tener simultaneidad intelectual con el acto, basta con que las partes hayan tenido el propósito
deliberado de crear el contradocumento desde el momento mismo en que se celebró el acto ostensible.
Acción de simulación ejercida por terceros: normalmente la simulación tiende a defraudar a la ley o a privar
de derechos a un tercero. De allí que quien es ajeno al acto simulado, pero sufre de alguna manera sus
efectos, está legitimado para demandar la nulidad del mismo. Nulidad que, aprovecha no solo al acreedor
que la intenta, sino también a los demás, puesto que el efecto de la nulidad es volver las cosas al estado
anterior al negocio anulado.
De acuerdo con un criterio virtualmente unánime de la jurisprudencia, tienen legitimación todos aquellos
que tengan un derecho actual o eventual, bastando con que el acto impugnado entrañe un peligro de
hacer perder un derecho o de no poder utilizar una facultad legal.
Ejercicio conjunto de las acciones: a veces no es sabido si el acto es simulado o fraudulento. Por ello la
acción de simulación puede acumularse a la revocatoria, y la prueba dirá si el acto era real y fraudulento.
O simulado. Produciéndose en cada supuesto los efectos previstos para uno u otro.
Presunciones
Relativas a las personas: en algunos casos el parentesco es tomado por la ley como fundamento de
una presunción legal absoluta o relativa. Se ha aplicado, en reiteradas oportunidades, para anular por
simuladas enajenaciones hechas a los padres o hermanos, o aun consanguíneos y afines.
Relativas al objeto del negocio: el negocio se presume simulado cuando el vendedor enajena
aquello que es su principal o única fuente de recursos, o todos sus bienes, o diversos bienes por un
precio único.
Relativas a la ejecución del negocio: se refieren generalmente a la no ejecución del acto, como
sucede cuando el vendedor continúa en posesión del objeto enajenado, como comodatario, locatario,
administrador de fondo de comercio, etc.
Relativas a la actitud de las partes: como cuando una de las partes enajena bienes de inminencia de
un divorcio, o antes de un embargo conociendo el juicio ejecutivo.
Efectos de declaración de simulación
La sentencia que hace lugar a la simulación debe declarar la nulidad del acto aparente. El acto simulado
es anulable y, por consiguiente, cuando se pide la declaración de simulación se pide que se lo deje sin
efecto, que se lo anule. Tratándose, en principio de una nulidad relativa, su declaración opera el
desvanecimiento del acto simulado, pero al propio tiempo produce el descubrimiento del acto real oculto, el
cual prevalecerá con todas las consecuencias legales que este importe.
PRESCRIPCION
Art. 2563. Computo de plazo de dos años. En la acción de declaración de nulidad relativa (…)
b) En la simulación entre partes, desde que, requerido una de ellas, se negó a dejar sin efecto el acto
simulado.
c) En la simulación ejercida por tercero, desde que conoció o pudo conocer el vicio del acto jurídico. (…)
FRAUDE
Denominamos actos en fraude a la ley a los negocios jurídicos aparentemente ilícitos, por realizarse al
amparo de una determinada ley vigente (ley de cobertura), pero que persiguen la obtención de un
resultado análogo o equivalente al prohibido por otra norma imperativa (ley defraudada). Los elementos
del negocio en fraude de la ley son:
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Negocio jurídico formalmente lícito: el primero de los elementos es la existencia de un negocio
jurídico formalmente lícito al amparo de una norma de cobertura.
Existencia de una ley imperativa que veda un resultado análogo: es preciso que el acto de que se
trate persiga la obtención de un resultado análogo o equivalente al prohibido por una ley imperativa.
Intención de defraudar la ley imperativa: una parte de la doctrina predica que es necesario que las
partes del negocio hayan querido violar la ley defraudada, otros consideran que es suficiente con una
vulneración objetiva de los fines de la norma imperativa, sin que sea necesario ningún elemento
subjetivo.
Fraude a los acreedores: da lugar a una serie de acciones destinadas a la recomposición del patrimonio
del deudor, de las cuales la más estudiada por los civilistas es la acción revocatoria o pauliana. Pero lo
cierto es que esta acción es muy poco utilizada en la práctica.
Se define el fraude a los acreedores como el que se comete a través de actos o negocios jurídicos,
validos, por regla general positivos o de actuación, unilaterales o bilaterales, destinados a enajenar
derechos o facultades o abdicarlas, en perjuicio de los acreedores (pues provocan o agravan la insolvencia
o violentan la igualdad de los mismos), teniendo conciencia de obstaculizar o impedir la prestación debida.
El ordenamiento reacciona, frente al negocio en fraude a los acreedores, organizando acciones que
tienden a reconstruir el patrimonio del deudor, haciendo que el negocio fraudulento resulte inoponible a
algunos acreedores (o todos cuando se ejercen en el ámbito de la quiebra). Tal reacción del ordenamiento
se funda en la idea de que el patrimonio constituye la prenda común de los acreedores, lo que significa
que todos los bienes que integran el patrimonio o que se incorpora a él, responden por las deudas de su
titular, por lo que los acreedores pueden obtener la venta judicial de los mismos para cobrarse de su
producto.
Actos donde se defraudan a los acreedores
Deben ser negocios jurídicos: el fraude solo puede manifestarse en negocios jurídicos, pero pueden
ser unilaterales o bilaterales.
Deben ser negocios validos: si el negocio es nulo, no es susceptible de ser declarado inoponible por
fraude.
Deben ser negocios positivos o de actuación: las conductas omisivas del deudor no generan la
posibilidad del ejercicio de la acción subrogatoria.
Deben ser negocios de enajenación: el fraude ha de provocar o agravar la insolvencia, o de alguna
manera perjudicas a los acreedores.
Deben referiré a derechos a intereses patrimoniales: no son susceptibles de ser atacados por vía
de una acción revocatoria los negocios que se refieran a derechos extrapatrimoniales y a derechos
patrimoniales, pero cuyo ejercicio sea inherente a la persona.
Acción revocatoria o pauliana: nuestro Código dedica una extensa regulación a la acción pauliana; también
se la denomina acción revocatoria, aunque en el derecho moderno ella no tiende a la “revocación” de los
actos del deudor, sino a la declaración de su imposibilidad de los acreedores que la han intentado, y en la
medida del interés de estos. Sus requisitos de procedencia son:
- Que el deudor se halle en estado de insolvencia. Este estado se presume desde que se encuentra
fallido.
- Que el perjuicio de los acreedores resulte del acto mismo del deudor, o que antes ya se hallase
insolvente.
- Que el crédito, en virtud del cual se intenta la acción, sea de una fecha anterior al acto del deudor.
Además, si el negocio es a título oneroso, es preciso para la revocación…, que el deudor haya querido
por ese medio defraudar a sus acreedores, y que el tercero con el cual ha contratado, haya sido
cómplice en el fraude.
En cambio, si el negocio es gratuito, puede ser revocado (…) aun cuando aquel a quien sus bienes
hubiesen pasado, ignorase la insolvencia del deudor.
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Crédito de fecha anterior al acto impugnado: en principio, solo está legitimado para iniciar una acción
revocatoria, el acreedor cuyo crédito es de fecha anterior al negocio jurídico que se tacha de fraudulento,
aun cuando se trate de un acto a título gratuito.
Perjuicio para el acreedor: el daño que sufren los acreedores consiste en que el negocio provoque o
agrave la insolvencia del deudor, lo cual hace que su patrimonio sea impotente para atender las
obligaciones que recaen sobre él.
Insolvencia: la doctrina actual conteste en dos afirmaciones:
- La insolvencia es sinónimo de la cesación de pagos.
- La cesación de pagos es un estado del patrimonio, que se caracteriza por la imposibilidad de atender
las obligaciones de manera regular.
La totalidad de la doctrina civilista argentina describe la insolvencia como un desequilibrio entre activo
y pasivo; de modo que el negocio revocable es aquel que al causar la desaparición de un bien del
activo, hace que el pasivo resulte superior a aquel (o agrave el desequilibrio preexistente).
Efectos de la acción: la acción revocatoria no persigue la anulación del negocio jurídico actuado por el
deudor, sino exclusivamente la declaración de ser inoponible al acreedor o los acreedores que han
ejercido la acción. La admisión de la acción beneficia solo a los acreedores que la han intentado, y en la
medida de sus créditos.
De allí que podrán hacer enajenar forzadamente el bien o los bienes comprendidos en la acción, para
hacer efectivas sus acreencias, y si hubiere algún saldo pertenecerá al tercero que ha contratado con el
deudor, ya que entre ellos el acto sigue siendo válido y eficaz.
Responsabilidad del tercero: de lo expuesto, resulta que la consecuencia de la inoponibilidad es que el que
contrató con el deudor, posibilitando el fraude, debe restituir los bienes recibidos como consecuencia del
acto revocado, para que los acreedores puedan hacer efectivos sus créditos sobre el producido de la venta
forzada de tales bienes. Además, la ley impone al tercero que la restitución se haga con todos sus frutos
como poseedor de mala fe.
El precepto se refiere al tercero de mala fe, esto es, al que contrato con el deudor conociendo su
insolvencia. El alcanzado por una acción revocatoria siendo de buena fe (supuesto que solo puede darse
tratándose un negocio a título gratuito) no debe los frutos, sino desde que ha sido notificado de la
demanda.
PRESCRIPCION
Art. 2562. Plazo de prescripción de dos años. Prescriben a los dos años:
(…)
f) El pedido de declaración de inoponibilidad nacido del fraude.
Sasha Perez