1
LOS SACRIFICIOS SEGÚN EL LIBRO BÍBLICO DEL LEVÍTICO
Introducción
Los sacrificios en el libro de Levítico comprenden un tema muy amplio e incluso hallamos
descripción de sacrificios en otros libros de la biblia. El texto expone cuatro puntos. En el
primero, se constatan diversas teorías sobre el sacrificio, pues hay diversos modos de
comprender el sacrificio, porque es un fenómeno universal, y no solo un hecho del Antiguo
Testamento. En segundo lugar, reconocemos que el sacrificio se encuentra en todas las
religiones. En el tercer punto, tenemos presente la crítica de los profetas a los sacrificios
según textos de la Biblia hebrea, y en el cuarto punto, a partir de una idea del culto presente
en el Antiguo Testamento en época muy tardía, veremos cómo se prepara el culto y la idea
de sacrificio en el Nuevo Testamento.
1. La palabra “sacrificio”
En primer lugar, una pregunta ¿Por qué hablar de sacrificio? De hecho, hay sacrificios, no
solo en el Antiguo Testamento, sino en particular en el libro de Levítico, donde hallamos
sacrificios específicos de animales, corderos, carneros u ofrendas vegetales. Pero el
sacrificio presupone la inmolación de un animal y, por lo tanto, el derramamiento de la
sangre.
Para un cristiano, en primer lugar, no hay más sacrificio que Jesús el Cristo quien ha
abolido los sacrificios de la Antigua Alianza, porque superamos esta fase primitiva de la
religión, en la cual era necesario inmolar los animales. Esta afirmación la tenemos en la
homilía a los hebreos: Jesucristo ofreció su sangre y por lo tanto no es necesario ya ofrecer
la sangre de los toros, de los carneros, ni de otros animales (Heb 9,9-13). Por lo tanto, no
hay más sacrificios. Sin embargo, la palabra “sacrificio” aparece con frecuencia en los
textos litúrgicos. Incluso en algunos idiomas la palabra sacrificio es sinónimo de la palabra
sacerdote o sacerdotal. Por ejemplo, en las palabras de la consagración, en la fracción del
pan se dice: “este es mi cuerpo ofrecido en sacrificio por ustedes” (versión en italiano).
Pero, esta palabra sacrificio no se encuentra en ningún texto del Nuevo Testamento, ni en la
institución de la Eucaristía, ni en el texto de la última cena, ni en los relatos de San Marcos,
ni de San Mateo, ni de San Lucas, tampoco en San Pablo, en la carta los Corintios 11,23-
27. Nunca se halla la palabra sacrificio en latín, en ningún texto antiguo de la Eucaristía.
No se habla de sacrificio ni en alemán, ni en el francés, ni en español, ni en portugués. Esta
palabra sacrificio si está en italiano, cuando la eucaristía se entiende como un sacrificio.
Hay entonces dos maneras de ver el sacrificio, en primer lugar, como un hecho del pasado
pues ya no tenemos sacrificios en nuestra liturgia, pero, en la Eucaristía aparecen algunas
frases que muestran la mesa del Señor como un sacrificio y se insiste en este aspecto.
Además, en muchas ocasiones cuando vemos una persona generosa, solidaria, decimos que
es capaz de sacrificarse. La palabra sacrificio existe también en otros movimientos
religiosos y no solo en el ámbito cristiano. Un rabino español del siglo XII, médico del
famoso Sultán Saladino (quien derrotó a los cruzados y recuperó Jerusalén para el islam),
2
de nombre Maimónides, fue un profundo especialista de la Biblia y escribió un amplio
tratado sobre los sacrificios en el Antiguo Testamento.
Maimónides también escribió un libro con el nombre “La guía de los perplejos”, con el
ánimo de animar a los judíos que no sabían cómo orientarse en la vida. En este libro
condena los sacrificios. Los sacrificios no son necesarios, y retoma la crítica de los
profetas, con textos como el de Oseas 6,6: “misericordia quiero y no sacrificios”. El texto
de Jeremías 7, 1-7, o de Isaías 1, 11: “Estoy cansado de sus sacrificios, dice el Señor”.
Maimónides, quien podría explicar con detalles particulares tanto los sacrificios como su
significado en la Biblia hebrea, dice que no son necesarios los sacrificios y se deben
eliminar.
Orígenes, un gran padre de la Iglesia que vivió entre el siglo II y III, pensaba de la misma
manera. Cuando él lee el libro de Levítico o algún pasaje del libro de los Números, dice una
frase quizá escandalosa: “¿Hay necesidad de leer estas cosas en la Iglesia? Éstas son cosas
de los judíos, son para los judíos, y no son para nosotros los cristianos. El libro de Levítico
no nos interesa, es engorroso, por eso lo descartamos. Está en la Biblia por casualidad”.
Mucho antes en la Homilía a los hebreos 10, 5: “Entrando en el mundo, Cristo dice: tú no
quieres sacrificio, ni ofrenda, más bien me has preparado un cuerpo. No te agradan ni los
holocaustos, ni los sacrificios por el pecado. Entonces yo digo: he aquí, yo vengo -como
está escrito en el rótulo del libro acerca de mí- para hacer, oh, Dios, tu voluntad”. Cristo
hace la voluntad de Dios y así sustituye todos los sacrificios.
Después de la destrucción del Templo de Jerusalén, un famoso rabino, Yochanan ben
Zakai, hace una afirmación similar: “observar la ley vale más que todos los sacrificios”. Es
la misma mentalidad, hay situaciones más importantes, y podemos omitir los sacrificios.
En los salmos encontramos afirmaciones semejantes a aquellas de los profetas. En la Biblia
hebrea, hay críticas bastante severas a los sacrificios. El salmo 50, 17 (El Miserere) dice:
“Señor, abre mis labios y mi boca proclamará tu alabanza; Pues no te agrada el sacrificio,
si ofrezco holocaustos, no los aceptas. Un espíritu contrito es sacrificio agradable a Dios,
un corazón quebrantado y humillado, Dios, tú no lo desprecias”. Quizá el Salmo fue
corregido cuando se reconstruyó el Templo de Jerusalén, después del exilio en Babilonia.
En ese momento algún escriba añadió los últimos versículos, que dicen lo contrario (Sal 50,
20-21): “En tu amor haz gracia a Sión, levanta los muros de Jerusalén. Entonces te
agradarán los sacrificios prescritos, el holocausto y la oblación, entonces, inmolaremos
víctimas sobre tu altar”.
Por lo tanto, en el mismo Salmo se dice “no te agradan los sacrificios” y luego, dice
“cuando Jerusalén sea reconstruida, entonces te agradarán los sacrificios”. En definitiva, ¿al
Señor le agradan o no le agradan los sacrificios? El Dios de Israel que nunca estuvo de
acuerdo con los sacrificios, les hará decir a los profetas que no desea estos sacrificios.
2. Algunas tipologías y teorías sobre los sacrificios.
Estas imágenes están presentes no solo en las religiones, también hoy en nuestra
mentalidad. Por ejemplo, el sacrificio está en la comida ofrecida a la divinidad. Se debe
3
ofrecer alimento a las divinidades. En el libro de Daniel, se ofrece comida a una estatua, y
el profeta Daniel descubre el engaño, porque detrás de la estatua todo desaparece.
También tenemos testimonios que en muchas religiones se da comida a la divinidad,
incluso se lleva alimento al cementerio, a los muertos. Algunos textos bíblicos insinúan
estos temas. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento, se habla de los panes en la tienda del
encuentro y que son sustituidos cada día. Se llevan cada día panes frescos al Santuario,
primero en el desierto y después en el templo de Jerusalén. Se trata de comida ¿Para quién
si no para Dios? Esta ofrenda de alimentos revela que Dios necesita comida. Otros textos,
por su lado, hablan de la mesa del Señor (Por ejemplo, en el Nuevo Testamento).
Si la divinidad debe comer, entonces necesita el alimento. En el Salmo 49, 9-13, habla
Dios: “Pero no aceptaré un becerro de tu establo ni machos cabríos de tus corrales.
Porque todas las bestias del bosque son mías, y los miles de animales de las montañas.
Conozco todas las aves del cielo, y también son mías las bestias del campo. Si yo tuviera
hambre no te lo diría, porque mío es el mundo y cuanto contiene. ¿Acaso comeré carne de
toros o beberé sangre de machos cabríos?” Dios afirma ser el dueño del mundo entero, es
el Dios omnipotente, posee todo el mundo, todas las bestias, todos los animales. ¿Para que
pedir un sacrificio? De ustedes no depende mi alimento, dice el Señor.
Un segundo argumento sobre el sacrificio es aquel del “don”. Quien da una ofrenda a Dios
espera recibir algo a cambio. Esta mentalidad es actual todavía hoy: orar, ofrecer una
comida, prometer ir en peregrinación, se entienden como favores que el ser humano hace a
Dios. Se emprenden estas acciones con el ánimo de recibir una gracia de Dios. Esta
mentalidad se halla en el corazón de muchos seres humanos. El ser humano se siente frágil,
necesitado de la divinidad, sobre todo, de un Dios a quien no le falte nada. Por lo tanto, es
necesario pedir a quien todo lo tiene, porque no disponemos de cuánto necesitamos. Es
necesario ofrecerle regalos agradables a Dios para obtener sus favores. En muchos
movimientos religiosos se cree saber que desea la divinidad o que le gusta, para ofrecerle
estos bienes y obtener un favor.
Esta mentalidad la encontramos en el mundo bíblico en el significado de la palabra “voto”.
Baste recordar el terrible un voto de Jefté (Jueces 11, 31.35.39). El juez de Israel debía ir a
la guerra y dice: “Si tengo la victoria, prometo sacrificar a la primera persona que me
reciba, cuando regrese del campo de batalla”. Cuando retorna victorioso, la primera
persona que sale a su encuentro es su hija. Y este hombre sacrifica a su hija, para cumplir el
voto formulado antes.
Otro ejemplo del “voto” es aquel de Jacob (Gen 28,20-22), cuando él debe huir de su casa
porque está amenazado de muerte por Esaú su hermano. Jacob robó la bendición de su
hermano, gracias a una estrategia en la cual recibió el apoyo de su madre Rebeca. Esaú al
verse engañado por su hermano prometió matar a Jacob una vez muriera su padre Isaac.
Esaú había perdido todo: la primogenitura, la bendición, la herencia de su padre. Ante la
amenaza de Esaú, Rebeca envía a Jacob a un territorio lejano, a la casa de su tío Labán.
De camino a la parte alta de Mesopotamia, durante una noche, Jacob, en una visión ve la
famosa escala, y recibe una promesa de Dios; el patriarca Jacob también hace una promesa
a Dios, incluso es un voto: si Dios me protege durante este viaje, si me da pan para comer y
4
vestidos para protegerme y si retorno sano y salvo a la casa de mi padre, el Señor será mi
Dios y esta piedra qué erijo como monumento será la casa de Dios. De todo cuanto Dios me
dé, le entregaré la décima parte (el diezmo)”. “Si” tú me das, yo te daré. Tú serás mi Dios y
yo haré de este lugar un templo.
Jacob pone las condiciones, hace un negocio con Dios. Hay diversos textos en los cuales
leemos ideas similares. En otros pasajes Dios es un soberano, un rey, y como rey, Dios
recibe el tributo, es decir, los impuestos. El sacrificio, las ofrendas, los dones representan
los tributos entregados a Dios, con los cuales se reconoce su soberanía, como los súbditos y
los vasallos de un rey que llevan de manera regular el tributo a su soberano, muchos de
ellos pagan el diezmo (la décima parte), por ejemplo, de la cosecha o de la vendimia para
dar al soberano.
Este argumento está en la Biblia, en una oración del libro del Deuteronomio 26, 1-10:
“Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, te dará como heredad…” Dios te da y
tú debes devolver, pero en este caso se devuelve a la divinidad. Dios me dio y yo le
devuelvo: “Tomarás las primicias de todos los productos del suelo que coseches en la
tierra que Yahveh tu Dios te da, las pondrás en una cesta, y las llevarás al lugar elegido
por Yahveh tu Dios para morada de su nombre. 3.Te presentarás al sacerdote que esté en
funciones y le dirás: «Yo declaro hoy a Yahveh mi Dios que he llegado a la tierra que
Yahveh juró a nuestros padres que nos daría.» 4.El sacerdote tomará de tu mano la cesta y
la depositará ante el altar de Yahveh tu Dios. 5.Tú pronunciarás estas palabras ante
Yahveh tu Dios: «Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y residió allí como
inmigrante siendo pocos aún, pero se hizo una nación grande, fuerte y numerosa. 6.Los
egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron dura servidumbre. 7.Nosotros
clamanos a Yahveh Dios de nuestros padres, y Yahveh escuchó nuestra voz; vio nuestra
miseria, nuestras penalidades y nuestra opresión, 8.y Yahveh nos sacó de Egipto con mano
fuerte y tenso brazo en medio de gran terror, señales y prodigios. 9.Nos trajo aquí y nos
dio esta tierra, tierra que mana leche y miel 10.Y ahora yo traigo las primicias de los
productos del suelo que tú, Yahveh, me has dado.» Las depositarás ante Yahveh tu Dios y
te postrarás ante Yahveh tu Dios”.
Las primicias y las ofrendas traídas al santuario son un reconocimiento del don de Dios.
Dios es el verdadero soberano de Israel, él ha dado el país a su pueblo y el pueblo lo
reconoce cuando le lleva las primicias de su cosecha al Señor.
Hay una tercera teoría. La primera teoría es aquella de la comida para la divinidad y la
segunda teoría es aquella del intercambio, yo te doy y tú me das. La tercera teoría es aquella
de la comunión con la divinidad. Algunos autores ven en el sacrificio una manera de
establecer una comunión con la divinidad. Hay un sacrificio, una comida, en la presencia de
la divinidad y de alguna manera es comida con la divinidad, porque estamos en la misma
mesa. Hay así diversos tipos de comunión. En el sacrificio de comunión en el Antiguo
Testamento, la divinidad come en una mesa con sus fieles, con su pueblo. Esta sería una
primera manera. Estamos en la misma mesa y en algún modo la divinidad está allí en la
mesa y come con nosotros.
5
En la segunda imagen hay un sacrificio expiatorio: el animal toma el lugar de la persona y
de la tribu que se siente culpable. Por lo tanto, se ofrece el animal a cambio de la persona
inculpada o del grupo que se siente culpable. Y hay una tercera imagen, el sacrificio
místico: es la divinidad la que se sacrifica y sirve de alimento para sus adoradores. La
divinidad está representada en un animal, un animal “tótem”. En las religiones más antiguas
comer el animal “es” comer la divinidad. Esta última teoría ha sido muy criticada, también
porque no hay muchos ejemplos, sobre todo, para el tercer caso de sacrificio ritual a la
divinidad.
Éste dato es muy interesante sobre todo porque en el sacrificio está la idea de la comunión,
pues el sacrificio establece un vínculo particular entre la divinidad y el mundo humano, es
decir, ente Dios y quienes ofrecen el sacrificio. En este contexto, ofrecer un sacrificio
equivale a establecer un vínculo particular con la divinidad.
Este pensamiento se halla en el Antiguo Testamento y también en otras religiones. En el
sacrificio de un animal que pertenece a nuestro mundo, el mundo de la humanidad, se
descubre un significado. Pero la vida del animal también pertenece a Dios. En el Antiguo
Testamento se insiste en este aspecto, “la sangre” pertenece a Dios. Según Lev 17,14, la
sangre es la vida y la vida, desde los relatos de creación, le pertenece solo a Dios (recordar
también el diálogo de Dios con Caín, en Gen 4). Por lo tanto, quien ofrece el sacrificio, el
grupo que hace la ofrenda, se identifica con el animal y al sacrificar al animal, se ofrece en
la sangre que retorna a la divinidad. La sangre del animal pasa de nuestro mundo al mundo
de Dios.
Otra manera de apreciar el sacrificio es en el holocausto, cuando todo se consume con el
fuego. El sacrificio de un animal por medio del fuego “consagra la ofrenda”, porque se
transforma en una materia invisible. La ofrenda consumida por el fuego ya no existe más,
ha pasado al mundo invisible. Consumir una ofrenda con el fuego, en un ritual, como
sucede con un animal sacrificado, es hacerlo pasar a otro mundo. Éste ritual establece un
vínculo entre nuestro mundo y el mundo invisible de Dios.
Hay una cuarta teoría, según la cual sacrificar y después comer del sacrificio, equivale a
“asimilar” la energía particular de Dios, se asimila en la fuerza del animal sacrificado. Es
decir, equivale a nutrirse. En el mundo antiguo cada sacrificio era un acto sagrado, un acto
ritual. Cada sacrificio todavía hoy en el mundo hebreo, aunque no existe el Templo, se hace
según un ritual que lleva a cabo el sacerdote, o un descendiente de los sacerdotes. También
en el mundo musulmán, el sacrificio de un animal es un ritual particular, y no se hace de
cualquier manera, se debe esparcir la sangre por la tierra.
Si los sacrificios son actos sagrados, o rituales importantes para la comunidad, en palabras
más sencillas representan una “liturgia”. Y, por lo tanto, no existe un sacrificio profano sino
más bien una ofrenda litúrgica ritual. Entonces, comer carne es un acto ritual, porque la
carne se come poco en estas culturas, pues era difícil de conservar. Y se comía carne solo
en ciertas circunstancias particulares porque tenía en el sentido de una liturgia. Sacrificar
significa comer carne, tomar un alimento nutritivo.
6
La primera carta los Corintios (8,9,10) muestra cómo los cristianos que vivían en ambientes
paganos tenían dificultad para no comer las carnes sacrificadas a los ídolos, típicos de los
rituales paganos, a los cuales eran obligados a asistir por ser habitantes del imperio romano.
Los cristianos, no eran judíos, sino habitantes del imperio que vivían en una región pagana,
donde los sacrificios de animales se hacían en los templos paganos. Había así un problema:
¿un cristiano puede comer carne sacrificada a los ídolos? Esta fue la pregunta para Pablo,
pues en muchos lugares no existía el espacio independiente para el sacrificio de animales
(matadero o lugar público de sacrificio de animales) para el consumo diario. En los templos
se sacrificaban los animales a las divinidades del lugar y de allí, todos los habitantes,
tomaban la carne para el consumo cotidiano.
Y la respuesta de Pablo es: para un cristiano no hay ningún problema, porque tanto lo
sagrado como lo profano ya no tienen importancia para un discípulo de Cristo, porque hay
cosas más importantes, sin embargo, debemos cuidarnos de no dar escándalo.
Una última teoría recoge la propuesta de René Girard, en el sacrificio del “chivo
expiatorio”. Para el autor, la violencia hace parte del mundo humano, está siempre presente
en los individuos y, en muchas ocasiones, en el grupo, en la colectividad. Y allí lo único
posible es canalizar esta fuerza destructora, controlarla de alguna manera porque si no se
ponen límites, esta violencia adquiere dimensiones incontrolables, como las guerras, los
crímenes, los delitos y todo cuanto destruye a los grupos humanos con la muerte.
Las sociedades, según su tiempo, han desarrollado mecanismos para canalizar la violencia
presente en todos los grupos humanos y una de esas maneras es el sacrificio. La violencia
se ejercita sobre un animal y no sobre una persona o sobre un grupo, y este ritual se acepta
en la sociedad. Es necesario encontrar formas aceptadas y aceptables por los grupos
humanos, para encausar la violencia y les permita a las personas, expulsarla, desfogarse.
Cuando estos impulsos de violencia salen de las personas y de los grupos, todo retorna a la
normalidad, hasta cuando se celebre de nuevo otro ritual similar.
Para una variante de esta teoría consiste en sublimar la violencia con un “caos” provocado
pero controlado, para no responder con violencia a la violencia, sino volverlo fiesta, hacer
un “carnaval”. En el carnaval no existen reglas (por eso tiene rasgos de caos) pero si se sabe
cuándo inicia y cuando termina o tiene solo algunas pocas reglas porque se cambian las
normas ordinarias para tener espacio y expresar con maneras menos violentas, la violencia
que está adentro de las personas y los grupos. La naturaleza debe expresar de alguna
manera, en ciertos espacios, estos sentimientos guardados y una manera es el carnaval
canalizado y controlado.
Éstas formas y teorías sobre los sacrificios, pueden ser criticadas y rechazadas, pero hacen
parte de la visión de conjunto para explicar en la sociedad el significado de los sacrificios.
3. Los profetas de la Biblia critican los sacrificios
Diversos textos proféticos critican el culto de los sacrificios y, también, las ofrendas de los
sacrificios: 1Samuel, Amós, Oseas, Miqueas, Isaías, Jeremías y diversos Salmos. Una
pregunta importante ¿porqué los profetas critican el culto de los sacrificios? ¿cuál es el
7
problema? El culto de los sacrificios es difuso antes de los exilios (Ninive, 721; Babilonia
587 aec), pero también después del exilio a Babilonia, cuando el Templo fue reconstruido y
se habían escuchado las profecías antes mencionados, hubo de nuevo sacrificios en el
Templo. Por lo tanto, los anuncios de los profetas no fueron tenidos en cuenta. Y ¿por qué
esta crítica de los profetas permanece en la Biblia si no fue útil? ¿Por qué siguieron
ofreciendo sacrificios en Jerusalén en la época posterior al exilio e incluso en tiempos de
Jesús?
Sobre este asunto hay diversas teorías. Para algunos, los profetas no cuestionaron toda la
institución de los sacrificios, más bien invitaban a fijar prioridades: es más importante la
justicia y la observancia de la Torá, sin necesidad de eliminar los sacrificios. La
observancia de la ley para nosotros es aquella descrita en el Nuevo Testamento, la gente
debe limpiar los vasos, lavar sus manos de cuatro a diez veces en el día, ir al Templo para
orar y acciones por el estilo. Pero ésta no es la observancia de la Torá del Antiguo
Testamento. La observancia de la ley significa tener un comportamiento adecuado con Dios
y con el prójimo. En palabras de San Pablo, llevar una vida según las exigencias del pueblo
que pertenece a Dios y celebró una alianza con Él. Si un pueblo ha hecho una alianza con
Dios, debe comportarse de manera adecuada y corresponder a esa elección. La ley explica,
en cada contexto, cuál es la conducta justa de un israelita.
Si hemos sido liberados por el Señor, no debemos ser esclavos. Si fuimos oprimidos en
Egipto, no oprimimos al prójimo, ni al vecino. La experiencia nos enseña a comportarnos.
Dios nos liberó, por esa razón, sabemos qué significa la opresión, y ser esclavo. Por este
mismo camino van otros pasajes del Antiguo Testamento.
En este contexto, los profetas no rechazan el culto del sacrificio, para ellos este acto de
culto tiene su importancia, pero no debe reemplazar el comportamiento ético, las acciones
justas, la observancia de la ley, la justicia, y la solidaridad. La ofrenda de los sacrificios,
lavar las manos o hacer lo justo y lo necesario no reemplaza la justicia, el orden social y la
solidaridad.
Pero hay una teoría de un hebreo, quien escribió un comentario en tres volúmenes sobre el
libro del Levítico, cada volumen de unas 800 páginas y su autor es Jacob Milgrom. Él
propone una interpretación personal, una teoría minimizante. La crítica profética, según
este autor hebreo de los Estados Unidos, mira solo a los sacrificios individuales pero no al
culto público. El culto público comprendía las grandes celebraciones, a las cuales llegaban
las diversas peregrinaciones y todos se concentraban en el Templo donde ofrecían los
sacrificios. El culto individual era aparte, por ejemplo, como Elkaná (1Sam 1,1), el padre
de Samuel, quien viene con sus mujeres, Ana y Peninna, para ofrecer un sacrificio privado
en el Santuario. Es un sacrificio individual, una piedad individual, como quien ora solo en
una Iglesia sin necesidad de participar en una liturgia.
En este contexto los profetas cuestionaron solo el culto individual, con la ofrenda de
sacrificio para intereses personales y no pelearon nunca con el culto público. El análisis del
autor se basa en el vocabulario. Según él, los términos usados – holocausto, sacrificio- son
términos reservados al culto individual. Y los profetas, por ese motivo, piden a los
8
individuos renunciar a su culto, viciado por una conducta inmoral, pero no se trata del culto
oficial.
De acuerdo con la Biblia hebrea, antes del exilio, los reyes ofrecían grandes sacrificios con
ocasión de las solemnidades y de las fiestas principales. Sin embargo, otros autores piensan
que no hay muchos textos para confirmar la opinión de Jacob Milgrom. El análisis del
vocabulario y los textos bíblicos no confirman esta teoría.
En Dt 12,11 se dice: “Entonces llevarán al lugar que el Señor, su Dios, haya elegido para
morada de su nombre todo lo que yo les ordeno: sus holocaustos y sus sacrificios, sus
diezmos y sus contribuciones, y lo mejor de sus ofrendas votivas que hayan prometido al
Señor”. Por lo tanto, los textos bíblicos usan la palabra sacrificio para todo tipo de ofrendas,
también para las fiestas, las grandes celebraciones públicas, y usan el mismo vocabulario,
en ese contexto, la interpretación no es precisa.
Tal vez la crítica de los profetas apunta a dos situaciones particulares. La primera, revela la
intención de los oferentes. Para muchos de ellos la conciencia queda limpia y es recta con
solo ofrecer los sacrificios. Los sacrificios funcionan de manera automática y no es
necesario cambiar de comportamiento. La conducta personal no tiene ninguna importancia,
basta ofrecer los sacrificios, respetar los ritos, y la vida está a punto con Dios. Por lo demás,
podemos permanecer cómodos en nuestro mundo. No es necesario preocuparse, los
sacrificios regulan las relaciones con Dios. Este es uno de los argumentos en Isaías 1,11-17:
ustedes ofrecen sacrificios, pero después se comportan como malvados. Esto no es correcto.
Una teoría interesante pero poco frecuente en la exégesis, es la insistencia en el culto oficial
como un medio de propaganda, un gran medio de publicidad, sobre todo para los Reyes y
su ejercicio del gobierno. Por este motivo, el profeta Amós critica el Santuario de Betel,
qué es un santuario real, el santuario del rey y además los sacerdotes están a su servicio. En
el antiguo medio oriente, en particular en la zona de los fenicios, Israel y Siria, el Templo
no era una iglesia pública, sino la capilla del palacio, o la capilla del reino, como sucede
con la ciudad italiana de Venecia, pues la iglesia de San Marcos era la capilla del Duque,
San Marcos no era la sede del patriarca de la ciudad.
La sede del patriarca en Venecia era la Iglesia de San Pedro, que se ubica un poco más lejos
y es un templo menos interesante, desde el punto de vista artístico y de la decoración. San
Marcos era la capilla del Duque (il Doge o il Duce, en italiano). Así era en el mundo
antiguo. El templo de Jerusalén era el templo del rey. Por esa razón, el rey reconstruye el
templo y después hace desplazarse a la gente hasta allí. También en Samaria había un
templo: el templo del rey. Durante mucho tiempo en el Vaticano la capilla del Papa era la
capilla Sixtina, mientras la Basílica de San Pedro es la Iglesia pública.
Ante esta situación la impresión básica es la misma: el Dios del rey está en el templo del
rey, por este motivo, en muchos momentos el rey es a la vez el sumo sacerdote. En el salmo
109, leemos: “Tú eres sacerdote para siempre al modo de Melquisedec”, no se trata del
Sumo Sacerdote sino del rey. El Salmo es un Salmo de entronización de un rey. En otro
texto, el rey David ofrece sacrificios, y es él quien hace regresar el arca; Salomón consagra
9
el templo y no un Sumo Sacerdote, el rey ofrece los sacrificios, por lo tanto, hacía de Sumo
Sacerdote.
En el imperio romano, Augusto tenía el título del Sumo Pontífice (Pontifex Maximus). Era
el jefe de todos los sacerdotes de la Roma Antigua, y él ofrece los sacrificios en las grandes
celebraciones. El rey ofrece los sacrificios y de esta manera los sacrificios son un medio de
propaganda para su gobierno. Entre más fastuosa sea la liturgia, con mayor facilidad la
propaganda alcanza los objetivos del gobierno. Por lo tanto, la crítica de algunos profetas,
como Oseas, Amós, Miqueas, y también Isaías, quienes vivían bajo el régimen de la
monarquía, se dirige a las liturgias fastuosas del rey, porque buscan solo impresionar a los
súbditos y no tanto poner en comunión de vida al pueblo con Dios.
Los profetas les advierten al rey y a los sacerdotes, que en las liturgias públicas donde está
“todo el pueblo”, importa no la propaganda, ni los lujos de las liturgias públicas, para
mostrar la riqueza y el poder, intimidar a la gente, sino que es fundamental gobernar bien,
hacer reinar la justicia, la equidad, favorecer a los pobres, a los huérfanos, a las viudas, y a
los extranjeros, restablecer la justicia, respetar el derecho, crear la solidaridad para hacer
del pueblo una comunidad de hermanos y hermanas.
Para los profetas cuenta la aplicación de la Torá, los principios fundamentales de conducta,
la justicia y la equidad, por ello, la crítica se dirige a una liturgia usada para la propaganda
real y olvidar pronto las dimensiones esenciales del pueblo de Israel, el pueblo de hermanos
y hermanas, querido por Dios. En este contexto debemos leer Amós 7 y su crítica al
Santuario de Betel, el templo del rey de Samaria y donde se celebra el culto oficial del
reino.
4. La liturgia, el culto
De ordinario, las palabras: liturgia, culto, recogen los sacrificios ofrecidos por personas
religiosas a sus divinidades. En hebreo se dice `abodah y posee varios significados:
trabajo, obra, esclavitud, servicio, oficio, culto, liturgia. Por lo tanto, todas las formas de la
actividad humana, desde la esclavitud que es una forma injusta de vida, hasta la forma más
eminente como es el culto, se expresan con la misma palabra hebrea (`abodah).
Esta es una clave de lectura para el libro del Éxodo, porque allí se describe el paso de una
forma de `abodah, (la esclavitud), a otra `abodah (la liberación en una tierra propia). En el
libro del Éxodo, el pueblo de Israel pasa de la esclavitud al servicio, de la esclavitud bajo el
poder del Faraón en Egipto, al servicio de Dios, un servicio también para los hermanos y
hermanas, un servicio libre. Dios hace alianza con un pueblo libre. En Éxodo 35, cuando se
trata de construir el Santuario y Moisés pide el aporte de los israelitas para construir dicho
Santuario, ellos lo hacen de manera libre, porque el culto es el signo de la libertad, por lo
tanto, todo se hace de una manera libre y no hay ninguna constricción.
En latín la palabra “opus” (obra), recoge en la liturgia idéntico significado. En la
liturgia pasamos de las obras de los hombres a las obras de Dios y viceversa. Y ese sentido
se aplica a la palabra griega “λειτουργία”, leiturghìa, significa “servicio”. También en el
griego moderno, leiturghìa significa servicio. En la ciudad de Atenas, en Grecia, en las
10
oficinas, en los museos y en otros lugares de atención al público, los horarios, las horas de
servicio o atención, en griego se indican con la expresión: ὧραι λειτουργίας, “horas de
liturgia”, es decir, horas de servicio.
En la Biblia, y tenemos numerosos ejemplos, todo llega a ser servicio y no solo para hablar
del culto en el templo. Si, Israel ha sido elegido por Dios como su pueblo, según Éxodo
19,6, pueblo sacerdotal, reino sacerdotal, entonces, todo el pueblo llega ser un reino
sacerdotal y no solo una parte del pueblo. “Los saqué de Egipto para hacer de ustedes, un
reino sacerdotal, una nación santa” y serán mi propiedad privada, añade la cita. Todos los
miembros del pueblo están al servicio de Dios y toda la vida llega a ser un servicio para
Dios, por lo tanto, no hay una frontera entre lo sagrado y lo profano
Ahora bien, que estar al servicio de Dios se exprese en ciertas circunstancias de una manera
particular, y de un modo específico, no excluye el argumento fundamental, es decir, toda la
vida está el servicio de Dios, no solo en los días de la liturgia, durante las fiestas, cuando se
ofrecen los sacrificios. La prueba es muy simple: en las leyes de Israel encontramos leyes
sobre el culto, y también, leyes civiles, como no robar, no matar, no mentir. Hay leyes para
los sacrificios, para la fiesta de la Pascua, (ofrecerán un cordero…). Hay leyes litúrgicas y
leyes civiles. Para adoptar el lenguaje del Derecho romano, tenemos el derecho sagrado y el
derecho profano, es decir, el derecho civil. En latín, el derecho civil se llama “ius” y el
derecho sagrado se llama “fas”.
En todo el mundo antiguo (incluida la Antigua Roma), no se encuentran juntos el derecho
civil y el derecho sagrado. El derecho civil se encuentra en los códices, que recogen las
leyes. El derecho sagrado (fas) está en los templos, era monopolio y privilegio de los
sacerdotes, quienes lo traspasan de generación en generación. Pero, era secreto y se conocía
poco. Si se conocía un poco, era siempre un argumento independiente.
En este punto la Biblia es original porque hallamos juntos el derecho profano, es decir, el
derecho civil, y el derecho sagrado, ius y fas. Hay tres grandes colecciones de leyes, y en
las tres, tenemos desde el inicio y hasta el final, el derecho sagrado (fas) y en el centro el
derecho civil. También después en esta parte del derecho civil, de tanto en tanto, hay
normas sobre los sacrificios. Esto significa que todo llega a ser liturgia, todo el pueblo está
involucrado en el culto. El culto no es más un monopolio, o un privilegio de los sacerdotes.
Todos deben saber cuáles son los sacrificios que se pueden ofrecer, porque todos están
involucrados en la celebración. Por lo tanto, el culto es una responsabilidad de todos, y no
solo tarea de una clase particular, es decir, de una clase especializada en el culto. Todos son
especialistas: el culto es un asunto de todos. Si hay sacerdotes todavía en Israel para estas
circunstancias es solo para expresar aquella cualidad de todo el pueblo, no es un monopolio
de una clase separada por completo del resto del pueblo.
En la Biblia es muy importante notar que en la vida no existe separación, en el sentido
estricto de la palabra, entre la vida ordinaria y la liturgia, todo es liturgia, y también todos
son sacerdotes, porque todos están al servicio de este y único Dios. Esto permite
comprender las críticas de los profetas. Ellos insisten con buenas razones sobre un hecho
esencial, que el servicio de Dios, la liturgia, para usar la palabra en un sentido amplio, no
puede limitarse a algunas acciones particulares, como la ofrenda de los sacrificios. El
11
servicio de Dios es un compromiso de todos y en todos los momentos de la jornada de la
vida.
Este mismo dato lo encontramos, en verdad, en el lenguaje del Nuevo Testamento, donde lo
esencial es el amor a Dios y el amor al prójimo, y podemos decir -si comprendemos bien
las palabras del Nuevo Testamento-, que entre el amor a Dios y el amor al prójimo no hay
diferencia. Ambos amores están fundidos en una única realidad.