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Nacionalidad y Apatridia en España

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TEMA 14
LA NACIONALIDAD.

1. LA NACIONALIDAD.

1.1 Significado y concepto: nacionalidad y apatridia.


La nacionalidad es la integración de la persona en cualquier organización política de carácter
estatal; de manera que la persona queda sometida al ordenamiento jurídico de dicho Estado, mientras
que éste queda obligado a reconocer y respetar los derechos fundamentales y las libertades cívicas de
aquella.
Las normas sobre la nacionalidad determinan el elemento personal o elemento poblacional de
cualquier Estado. Pero aún así, pueden aparecer contradicciones en los ordenamientos jurídicos:
a) Los controles para su eventual adquisición de forma sobrevenida parecen ser difíciles de
superar y pretenden la limitación del número de nacionales.
b) La generosidad de procedimientos de recuperación y mantenimiento de la nacionalidad de
origen y de supuestos de doble nacionalidad convencional que parecen perseguir la ampliación
del número de nacionales.
Lo que subyace en semejante tensión es el amplio rechazo actual de las situaciones de apatridia, en
las que se encontrarían todas aquellas personas que no tienen nacionalidad alguna. Dicho rechazo
internacional provocó desnacionalizaciones masivas de millones de ciudadanos durante la primera
mitad de este siglo.
En España, la regulación de la materia es plenamente homologable con la de los restantes países
evolucionados.
Con respecto a los apátridas considera el Código Civil que les será de aplicación, como ley
personal, la ley del lugar de su residencia habitual. Los apátridas residentes en España, en caso de
desearlo, podrían acceder a la nacionalidad española a través de la naturalización por residencia.

1.2 Nacionalidad y ciudadanía.


Hoy en día, nacionalidad y ciudadanía son términos sinónimos.
Durante el proceso constituyente los partidos nacionalistas pretendieron suprimir del texto
constitucional, toda referencia a la nacionalidad en sentido propio, para sustituirla por la de
ciudadanía. La idea de nacional, así, habría de quedar reservada para las “nacionalidades” que han
dado origen a ciertas Comunidades Autónomas de la Nación.
Según F. Puig Peña: “el ciudadano es siempre nacional, pero el nacional no siempre es ciudadano”.
Así, los menores de edad, siendo españoles, no son ciudadanos porque carecen de derechos políticos, ni
la posibilidad de acceder a funciones y cargos públicos.
El art. 53 de la Constitución, emplea la expresión “cualquier ciudadano” de forma inconusa como
equivalente a nacional o a español.

1.3 Regulación normativa.


La regulación de la nacionalidad se encuentra ubicada en el título I del Código Civil: “De los
españoles y de los extranjeros”, que comprende los artículos 17 a 28 ambos inclusive.
Las distintas redacciones del articulado del Código Civil son las siguientes:
1) La redacción originaria del texto codificado1889.
2) La incorporación por la Ley de 15 de julio de 1954, que reformó todos los artículos referidos a
la nacionalidad de las personas jurídicas,
3) La redacción dada a los artículos 17 a 26 por la Ley 51/1982.
4) La redacción actualmente vigente de la Ley 18/1990, que reforma los artículos del 17 al 26.

1.4 Adquisición originaria y derivativa: la naturalización.

Se considera que la nacionalidad de origen era la atribuida desde el nacimiento a una persona
determinada, en virtud de los criterios político-jurídicos utilizados por el legislados que son:
1) La atribución de nacionalidad por pertenencia del nacido a una determinada línea o
estirpe familiar ius sanguinis.
2) La atribución de nacionalidad por el lugar de nacimiento ius soli.

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2

La nacionalidad adquirida o atribuida con posterioridad al nacimiento se calificaba de nacionalidad


derivativa o derivada. Así pues, la nacionalidad de origen correspondería de forma natural o
subsiguiente al nacimiento; mientras que la derivativa sería aquella adquirida de forma sobrevenida.
Por ello para referirse a la nacionalidad derivativa, se habla de naturalización para identificar aquellos
supuestos en los que una persona adquiere o llega a ostentar una nacionalidad diversa a la que le
corresponde por nacimiento. Se habla entonces de naturalizado/da, para distinguir a dichas personas
de los nacionales de origen.
Hoy en día, las líneas divisorias entre nacionales de origen y naturalizados ha quedado rota.
La legislación vigente permite adquirir la nacionalidad de origen de forma sobrevenida o con
posterioridad al nacimiento.

2. LA NACIONALIDAD DE ORIGEN.

2.1 Ius sanguinis o filiación.


El criterio fundamental de atribución de la nacionalidad española de origen viene representado,
iure sanguinis, por el nacimiento de una persona cuyo padre o madre sean españoles.
La filiación está referida indistintamente al padre o a la madre o a ambos, por exigencias de
igualdad entre sexos. En el caso de cónyuges de distinta nacionalidad, el nacido puede ostentar dos
nacionalidades distintas en el caso de que la legislación aplicable al cónyuge extranjero contenga una
regla similar a la española.
El art. 17.1.a) los nacidos de padre o madre españoles / es aplicable incluso en el caso de que la
nacionalidad española del progenitor o progenitores se encuentre en estado latente o en suspenso. Es
indiferente que la filiación sea matrimonial o extramatrimonial.

2.2 Ius soli o nacimiento en España.


Los supuestos que originan la atribución de nacionalidad española de origen son:
1) (art.17.1.b) El nacimiento en España del hijo de padres extranjeros si, al menos, uno de ellos
hubiere nacido también en nuestro territorio nacional. La aplicación de la norma no tiene
lugar respecto a los hijos de funcionario diplomático o consular acreditado en España.
2) (art.17.1.c)Iure soli, se atribuye también ala nacionalidad española de origen a los nacidos en
España de padres extranjeros, si ambos carecieren de nacionalidad o si la legislación de
ninguno de ellos atribuye al hijo una nacionalidad. La finalidad del precepto es: evitar los
supuestos de apatridia.
3) (art.17.1.d)Se atribuye la nacionalidad española de origen iure soli a los nacidos en España
cuya filiación no resulte determinada: el recién nacido abandonado en el portal de una casa.
Ante el desconocimiento de su línea familiar, el Código Civil opta por atribuirle la
nacionalidad española de origen.

2.3 Adopción de menores extranjeros por españoles.


(art.19.1)Se le otorga la nacionalidad española de origen al extranjero menor de dieciocho años
adoptado por un español. La nacionalidad española se adquiere desde el momento de la adopción. La
nacionalidad española, aun siendo calificada legalmente de origen, es evidente que no se adquiere sino
desde el momento de la adopción como indica el precepto.

2.4 Consolidación de la nacionalidad o posesión de estado.


Puede adquirirse la nacionalidad española de origen en virtud de la posesión de estado
contemplada actualmente en el artículo 18.

3. LA NACIONALIDAD DERIVATIVA.

3.1 La opción.
La adquisición de la nacionalidad española mediante opción permite a aquellas personas que
conectadas con España, carecen de los requisitos necesarios para ostentar la nacionalidad española de
origen. En el actual sistema normativo los supuestos de adquisición de la nacionalidad española en
virtud de opción son los siguientes:

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1) La filiación o el nacimiento en España cuya determinación se produzca después de los


dieciocho años de edad del interesado.
2) La adopción del extranjero mayor de dieciocho años de edad.
3) El haber estado el interesado sujeto a la patria potestad de un español.
La declaración de optar por la nacionalidad española deberá ser realizada en el plazo de 2 años, a
contar desde el momento en que se da el supuesto de hecho propio de la adquisición de la nacionalidad
española por opción.
La opción fundamentada en la sujeción a la patria potestad de un español, permite que el optante
pueda hacerlo con anterioridad a los dieciocho años, y el aplazo de 2 años no entra en juego.
De acuerdo con el artículo 20.2 b) el mayor de 14 años puede formular por sí mismo la declaración
de opción, asistido por su representante legal.
Los plazos legalmente previstos para el ejercicio de la opción son naturalmente de caducidad. Por
tanto, una vez transcurridos, se pierde todo derecho a utilizar dicha vía de adquisición derivativa de la
nacionalidad española.

3.2 La carta de naturaleza.


Según el artículo 21, la nacionalidad española se adquiere por carta de naturaleza, otorgada
discrecionalmente mediante Real Decreto, cuando en el interesado concurran circunstancias
excepcionales.
La carta de naturaleza es una forma especial y privilegiada de otorgamiento de la nacionalidad
española por el poder ejecutivo.
El actual Código Civil conserva singularidades que consisten principalmente en las circunstancias
excepcionales del interesado y en su otorgamiento discrecional.
El Gobierno puede valorar libremente tales circunstancias excepcionales y, en consecuencia,
dispone de un amplio ámbito de decisión al respecto.
El otorgamiento de la carta de naturaleza debe materializarse en un Real Decreto, emanado del
Consejo de Ministros, cuya consecución exige un expediente preparatorio que garantiza
suficientemente la decisión final.
Esta forma de atribución de la nacionalidad española es absolutamente inusual.

3.3 La naturalización por residencia.


La residencia continuada y efectiva de cualquier extranjero en nuestro país, cuando se ve
acompañada de la solicitud de otorgamiento de la nacionalidad española, se considera como una
verdadera integración del interesado en la comunidad nacional que, debe excluir cualquier decisión
discrecional del poder ejecutivo (carta de naturaleza).
(art.22.1)El dato inicial a considerar es el periodo de residencia que habilita para solicitar la
concesión de la nacionalidad española. El Código Civil prevé que la residencia habrá de ser legal,
continuada e inmediatamente anterior a la petición.
a) Residencia decenal: constituye la regla general.
b) Residencia quinquenal: prevista para quienes hayan obtenido asilo o refugio.
c) Residencia bienal: cuando quienes pretendan naturalizarse españoles sean nacionales de
origen de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial, Portugal o sefardíes.
(art.22.2) bastara la Residencia anual: en todos los casos siguientes:
a) El que haya nacido en territorio español.
b) El que no haya ejercitado oportunamente la facultad de optar.
c) El que haya estado sujeto legalmente a tutela de un ciudadano o institución
españoles durante dos años consecutivos.
d) El que al tiempo de la solicitud llevare un año casado con un español/a y no
estuviere separado legalmente o de hecho.
e) El viudo/a de español/a, si a la muerte del cónyuge no existiera separación legal
o de hecho.
f) El nacido fuera de España de padre o madre que originariamente hubieran sido
españoles.
La residencia continuada durante los periodos reseñados no es por sí sola causa de atribución de
la nacionalidad española, sino uno de los presupuestos necesarios para la concesión de la misma.

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El artículo 21.2 advierte que la concesión podrá denegarla en Ministro de Justicia por motivos
razonados de orden público o de interés nacional.
El artículo 22.4 exige que el interesado justifique en el expediente regulado por la legislación del
Registro Civil, buena conducta cívica y suficiente grado de integración en la sociedad española.
La concesión de la nacionalidad española por residencia es fruto de un juicio razonado por parte
del poder ejecutivo.
Dándose los requisitos determinados legalmente, y de no existir razones de orden público o interés
nacional que la impidan, el poder ejecutivo queda obligado al respeto de la ley y, a la concesión de la
nacionalidad por residencia al peticionario.
El artículo 22.5 expresa que la decisión administrativa deja a salvo la vía judicial contencioso-
administrativa. El peticionario que crea reunir los requisitos legalmente establecidos puede recurrir a
la autoridad judicial para que, mediante la oportuna sentencia, establezca si realmente la
naturalización debería haber tenido lugar. Es una novedad de la Ley 18/1990.
El artículo 21.3 regula quiénes pueden ser peticionarios de la naturalización por residencia.

3.4 Requisitos comunes a la adquisición derivativa. (art.23)


El artículo 23 establece que son requisitos comunes para la validez de la adquisición de la
nacionalidad española por opción, carta de naturaleza o residencia, los siguientes:
a) Que el mayor de 14 años, y capaz de prestar una declaración por sí, jure o prometa fidelidad al
Rey y obediencia a la Constitución y a las Leyes.
b) Que declare que renuncia a su anterior nacionalidad.
c) Que la adquisición se inscriba en el Registro Civil español.
Los requisito considerados deben ser cumplidos mediante la oportuna declaración del interesado
ante el Encargado del Registro Civil.
1) En el caso de que la nacionalidad española se haya adquirido por carta de naturaleza o por
residencia, una vez transmitida al interesado la concesión de la nacionalidad española, dispone
de un plazo de 180 días para cumplir los requisitos.
2) En el supuesto de adquisición por opción, los plazos de caducidad juegan en relación con el
cumplimiento de los requisitos establecidos en el artículo 23.

4. LA CONSOLIDACIÓN DE LA NACIONALIDAD POR POSESIÓN DE ESTADO.

Según el artículo 18 la posesión y utilización continuada de la nacionalidad española durante 10


años, con buena fe y basada en un título inscrito en el Registro Civil, es causa de consolidación de la
nacionalidad, aunque se anule el título que la originó.
De acuerdo con la Ley 18/1990, si se llega a demostrar que quien estaba beneficiándose iure
sanguinis o iure soli, no era en realidad español, al ser nulo el título de atribución respectivo, no parece
justo que la eficacia retroactiva de la nulidad se lleve a sus últimas consecuencias en materia de
nacionalidad.
La consolidación de la nacionalidad española puede estar referida tanto a la de origen cuanto a la
sobrevenida. Así, el preámbulo afirma, que la posesión de estado podrá beneficiar también en ciertos
casos a los que adquieren la nacionalidad española después de su nacimiento.
Los requisitos para la entrada en juego de la posesión de estado de nacionalidad son:
1) Existencia de un título de atribución de nacionalidad inscrito en el Registro Civil, que resulte
posteriormente anulado.
2) Transcurso de un decenio, durante el cual el interesado se haya comportado efectivamente
como español, asumiendo los deberes y ejercitando los derechos.
3) Comportamiento ininterrumpido del interesado que sea conforme a las reglas de la buena fe.

5. LA PÉRDIDA DE LA NACIONALIDAD ESPAÑOLA.


El artículo 11.2 de la Constitución establece que ningún español de origen podrá ser privado de su
nacionalidad. No puede haber pena o procedimiento alguno que, de forma coactiva, acabe por hacer
perder a un español originario la nacionalidad española.
Tampoco hay norma alguna que obligue a un español de origen a abrazar indefinidamente la na-
cionalidad española. Cualquier español de origen podrá perder la nacionalidad y sólo los españoles de-
rivativos pueden verse privados de la nacionalidad española.

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Ello implica:
 Pérdida voluntaria de la nacionalidad española: que puede ser llevada a cabo tanto por ori-
ginarios cuanto por españoles derivativos.
 Privación de la nacionalidad española: sólo será aplicable a los españoles derivativos.
De acuerdo con nuestro sistema constitucional, la desnacionalización queda prohibida, mientras
que la desnaturalización puede ser regulada por el legislador ordinario.

5.1 La pérdida voluntaria de la nacionalidad.


La primera causa de pérdida de la nacionalidad española es la renuncia expresa a ella. Nuestro
CC. prevé en el art. 24.3 que en todo caso pierden la nacionalidad los españoles emancipados que re-
nuncien expresamente a ella, si tienen otra nacionalidad y residen habitualmente en el extranjero.
Por otro lado, se considera renuncia tácita, la que pueden llevar a cabo los emancipados que se en-
cuentren residiendo habitualmente en el extranjero.
La lectura del art. 24 pone de manifiesto que:
1) La ostentación de otra nacionalidad es requisito predeterminante de la pérdida, para evitar si-
tuaciones de apatridia.
2) La residencia en el extranjero del español que desee renunciar a la nacionalidad española no
constituye un elemento descriptor del supuesto de hecho, sino un requisito material del acto de
renuncia. Según la Ley 18/1990, el hecho de que la pérdida requiera la residencia habitual en
el extranjero, responde a la finalidad de evitar declaraciones de renuncia formuladas en Espa-
ña cuya eficacia admitía la legislación que ahora se deroga y que podían envolver propósitos
cuasi fraudulentos.
El artículo 24.4 establece que no se pierde la nacionalidad española, en virtud de lo dispuesto en
este precepto, si España se hallare en guerra. La desnacionalización voluntaria fruto de la deserción en
situación bélica se considera atentatoria contra el orden público y, por consiguiente nula de pleno de-
recho, conforme a el art. 6º.2 del CC.

5.2 La privación de la nacionalidad.


Es inaplicable a los españoles de origen y sólo tiene lugar cuando los naturalizados españoles incu-
rran en actos de gravedad que conlleven una sentencia judicial o una sanción gubernativa.
Según el art. 25, dicha consecuencia se produce en virtud de:
1) Cuando conforme al Código Penal, una sentencia judicial establezca la pérdida de la naciona-
lidad española.
2) Cuando en el procedimiento seguido para la obtención derivativa de la nacionalidad española
se haya incurrido por parte del peticionario en falsedad, ocultación o fraude.
3) Cuando quienes hayan adquirido la nacionalidad española por vía derivativa entren volunta-
riamente al servicio de las armas o ejerzan cargo político en un Estado extranjero contra la
prohibición expresa del Gobierno.

6. LA RECUPERACIÓN DE LA NACIONALIDAD ESPAÑOLA.


La recuperación de la nacionalidad española aparece regulada en el art. 26. Ésta será facilitada o
dificultada dependiendo de la causa que dio lugar a su pérdida.

6.1 La recuperación ordinaria y sus requisitos.


Para la recuperación de la nacionalidad española únicamente se requiere que el peticionario sea
residente legal en España.
La recuperación de la nacionalidad española se encuentra enormemente facilitada, dado que los
requisitos formales para hacerla efectiva son:
1) Declarar ante el Encargado del Registro Civil la voluntad de recuperarla.
2) Renunciar a la nacionalidad anterior ostentada.
3) Inscribir la recuperación en el Registro Civil.
Tras la aprobación de la Ley 29/1995, por la que se modifica el Código Civil en materia de
recuperación de la nacionalidad, (art.26.1.a)el requisito de ser residente legal en España (...) no será de
aplicación a los emigrantes ni a los hijos de emigrantes.
El art. 26.1.a) establece que podrá ser dispensado por el Ministro de Justicia e Interior cuando
concurran circunstancias excepcionales.

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6.2 La previa habilitación para la recuperación.


El panorama se dificulta cuando el solicitante de la recuperación se haya visto privado de la
misma por sentencia judicial o sanción gubernativa; o cuando la haya perdido sin haber cumplido el
servicio militar o la prestación social sustitutoria.
En tales casos, el solicitante necesitará contar previamente con una especial habilitación
gubernamental. Dicha habilitación será concedida discrecionalmente por el Gobierno.
La Ley 29/195, establece que la habilitación no será precisa cuando la declaración de recuperación
se formule por varón mayor de cuarenta años.

7. LA DOBLE NACIONALIDAD.
El artículo 24.2 (2º párrafo) prevé que la adquisición da la nacionalidad propia de países
iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial o Portugal, no conlleva la pérdida de la
nacionalidad española de origen. Así, una persona puede ostentar legítima y simultáneamente dos
nacionalidades.
La idea de la doble nacionalidad procede de la Constitución de 1931, que establecía: que en estos
mismos países, si sus leyes no lo prohíben, aun cuando no reconozcan el derecho de reciprocidad,
podrán naturalizarse los españoles sin perder su nacionalidad de origen.
La Ley de 1954 instauró el mecanismo de la doble nacionalidad siempre y cuando existiera un
convenio entre cualquiera de los países iberoamericanos y España.
El artículo 11.3 de la Constitución vigente, autoriza la celebración de tratados de doble
nacionalidad con los países iberoamericanos o con aquellos que hayan tenido o tengan una particular
vinculación con España.
Dado que la nacionalidad es un criterio de atribución de la legislación aplicable a una persona, se
comprenderá que en términos lógicos resulte imposible que una misma persona quede sometida a
regímenes jurídicos nacionales distintos. Así, hablar de la doble nacionalidad supone:
1) La necesidad de distinguir entre una nacionalidad latente(1ª) y una nacionalidad efectiva(2ª) .
2) La nacionalidad latente de origen se conserva pese a la adquisición de la segunda nacionalidad
efectiva.
3) La adquisición de la nacionalidad efectiva requiere cumplir los requisitos previstos en los
Tratados de doble nacionalidad o establecidos por la legislación de la nación de residencia
efectiva.

LA CIUDADANÍA EUROPEA (2 ª parte emisión 05-11-00)

La ciudadanía europea es un nuevo estado civil de la persona, es originado por ser nacional de un Es-
tado miembro y le confiere la cualidad de ciudadano de la Unión Europea, otorgándole específicamen-
te una serie de derechos.

El artículo 17 del Tratado de la Unión dice que será ciudadano de la Unión toda persona que ostente la
nacionalidad de un Estado miembro. La ciudadanía no supone pérdida ni merma de la nacionalidad,
únicamente un status civitatis nuevo para las personas nacionales de un Estado miembro, que pasan a
tener la condición de, llamémosle, comunitario y que les permite ostentar unos derechos que van a
ejercer fundamentalmente no en su país de origen, sino en los países integrantes de la Unión.

El Tratado de Amsterdam ha querido resaltar esta condición, al establecer en el artículo 17.1 in fine,
que la ciudadanía de la Unión será complementaria y no sustitutiva de la ciudadanía nacional. El nue-
vo párrafo no añade nada a la configuración de la ciudadanía, ya se daba por supuesto que esta nueva
situación para la persona comunitaria, no influye en su nacionalidad.

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El ejemplo más claro de la condición de ciudadano de la Unión, lo tenemos en los deportistas que a
partir de la famosa sentencia Bosman se les ha reconocido el derecho de poder actuar como oficial, en
cualquier país de la Unión, como si se tratase de un nacional, sin ocupar plaza de extranjero, aunque
con ciertas limitaciones.

La ciudadanía de la Unión es consecuencia de formar parte de la Comunidad Europea lo que conlle-


va una serie de derechos. Los derechos de los ciudadanos de la Unión son todos los reconocidos en el
Tratado y son regulados en dos grupos: el primer grupo comprende todos aquellos derechos que se
podrían considerar específicos de la ciudadanía, regulados en los artículos 17 a 22, ambos inclusive,
del Tratado de la Unión Europea, y el segundo grupo lo componen todos aquellos derechos reconoci -
dos expresamente en el Tratado pero no regulados en el epígrafe dedicado a la ciudadanía de la Unión.

Derecho a circular y residir libremente.

Todos los ciudadanos de la Unión tienen el derecho a circular y residir libremente en el territorio de
los Estados miembros, con sujeción a las limitaciones y condiciones previstas en el presente Tratado y
en las disposiciones adoptadas para su aplicación. (Art. 18).
El derecho a circular y residir en cualquier territorio de la Unión es una consecuencia de la constitu -
ción de la Comunidad Económica Europea, en un principio, y del paso posterior dado en Maastricht
en convertirla en Unión Europea, descartando la calificación de económica. No se trata ya de una me-
ra comunidad económica donde la libertad de circulación y residencia se fijaba para los trabajadores,
sino que ésta se amplía para cualquier persona que ostente la ciudadanía y desee circular por los paí-
ses de la Unión o fijar su residencia en cualquiera de ellos.
Es un derecho limitado, en cuanto está supeditado a las limitaciones y condiciones que establece el
propio Tratado. Estas limitaciones son las relativas al orden público, la seguridad y la salud pública, y
sobre todo a las reguladas en las disposiciones adoptadas para su aplicación, como son la necesidad de
disponer de recursos suficientes para que no sea a cargo del Estado donde tenga su residencia, la asis -
tencia social, la necesidad de un seguro de enfermedad…etc. Sin embargo, el Tratado de Amsterdam
ha modificado el procedimiento en cuanto las disposiciones, para facilitar el ejercicio de este derecho,
que pasa a ser de codecisión en lugar de dictamen, conforme lo que significa la participación del Par -
lamento Europeo. No obstante se requiere la unanimidad del Consejo. El procedimiento es el contem-
plado en el artículo 151 del presente Tratado.

Derecho a ser elector y elegible en las elecciones municipales y al Parlamento Europeo

El ciudadano comunitario que resida en un Estado miembro del que no sea nacional, tendrá derecho a
ser elector y elegible en las elecciones municipales del Estado miembro en que resida, en las mismas
condiciones que los nacionales de dicho Estado. Este derecho también tiene limitaciones.

Derecho a acogerse a la protección de las autoridades diplomáticas o consulares de cualquier Estado


miembro en un tercer país

Es la ventaja que tiene ser comunitario si no hay una Embajada o no existe un Consulado de los que
somos nacionales, en estos casos nos podremos acoger a las embajadas o consulados de los Estados
miembros

Derecho de petición

También existe la posibilidad de dirigir peticiones a las Instituciones del Parlamento Europeo.

Derecho Civil I

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Concepto de ciudadanía europea


Mª Dolores Díaz-Ambrona Bardají

La ciudadanía de la Unión es un nuevo estado civil de la persona, originado por ser nacio-
nal de un Estado miembro y que le confiere la cualidad de ciudadano de la Unión, otorgándole
específicamente una serie de derechos.
El artículo 17.1 del Tratado de la Uníón dice que "Será ciudadano de la Unión toda persona
que ostente la nacionalidad de un Estado miembro".
La ciudadanía no supone pérdida ni modificación de la nacionalidad, significa únicamente
un "status civitatis" nuevo para las personas que son nacionales de un Estado miembro, que
pasan a tener la condición llamémosle de comunitarios y que les permite ostentar unos dere-
chos que van a ejercer fundamentalmente no en su país de origen, sino en los países integran -
tes de la Unión. El Tratado de Amsterdam ha querido resaltar esta condición al establecer, en
el artículo 17.1 in fine TUE, que "La ciudadanía de la Unión será complementaria y no susti -
tutiva de la ciudadanía nacional".
A decir verdad el nuevo párrafo no añade nada a la configuración de la ciudadanía, ya se
daba por supuesto que esta nueva situación para la persona comunitaria no influye en su na-
cionalidad. La ciudadanía de la Unión es consecuencia de formar parte de la Comunidad Eu-
ropea, que conlleva los derechos que ahora pasamos a exponer. El ejemplo más claro de la
condición de ciudadano de la Unión o comunitario, denominación que se utiliza de forma colo-
quial, lo tenemos en los deportistas, que a partir de la famosa sentencia Bosman (consultar),
se les ha reconocido el derecho de poder actuar o fichar en cualquier país de la Unión como si
se tratase de un nacional, sin ocupar plaza de extranjero, aunque también con algunas restric-
ciones.

Tratado de Amsterdam

SEGUNDAPARTE
CIUDADANÍA DE LA UNIÓN

Artículo 17. (antiguo artículo 8)


1. Se crea una ciudadanía de la Unión. Será ciudadano de la Unión toda persona que ostente
la nacionalidad de un Estado miembro. La ciudadanía de la Unión será complementaria y no
sustitutiva de la ciudadanía nacional.
2. Los ciudadanos de la Unión serán titulares de los derechos y sujetos de los deberes previstos
en el presente Tratado.

Artículo 18. (antiguo artículo 8 A)

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1. Todo ciudadano de la Unión tendrá derecho a circular y residir libremente en el territorio


de los Estados miembros, con sujeción a las limitaciones y condiciones previstas en el presente
Tratado y en las disposiciones adoptadas para su aplicación.
2. El Consejo podrá adoptar disposiciones destinadas a facilitar el ejercicio de los derechos
contemplados en el apartado 1. Salvo disposición en contrario del presente Tratado, decidirá
con arreglo al procedimiento contemplado en el artículo 251. El Consejo se pronunciará por
unanimidad durante todo este procedimiento.

Artículo 19. (antiguo artículo 8 E)


1. Todo ciudadano de la Unión que resida en un Estado miembro del que no sea nacional ten -
drá derecho a ser elector y elegible en las elecciones municipales del Estado miembro en el que
resida, en las mismas condiciones que los nacionales de dicho Estado. Este derecho se ejercerá
sin perjuicio de las modalidades que el Consejo adopte, por unanimidad, a propuesta de la
Comisión y previa consulta al Parlamento Europeo; dichas modalidades podrán establecer ex-
cepciones cuando así lo justifiquen problemas específicos de un Estado miembro.
2. Sin perjuicio de lo dispuesto en el apartado 4 del artículo 190 y en las normas adoptadas pa-
ra su aplicación, todo ciudadano de la Unión que resida en un Estado miembro del que no sea
nacional tendrá derecho a ser elector y elegible en las elecciones al Parlamento Europeo en el
Estado miembro en el que resida, en las mismas condiciones que los nacionales de dicho Esta-
do. Este derecho se ejercerá sin perjuicio de las modalidades que el Consejo adopte, por una-
nimidad, a propuesta de la Comisión y previa consulta al Parlamento Europeo; dichas moda-
lidades podrán establecer excepciones cuando así lo justifiquen problemas específicos de un
Estado miembro.

Artículo 20. (antiguo artículo 8 C)


Todo ciudadano de la Unión podrá acogerse, en el territorio de un tercer país en el que no esté
representado el Estado miembro del que sea nacional, a la protección de las autoridades di-
plomáticas y consulares de cualquier Estado miembro, en las mismas condiciones que los na-
cionales de dicho Estado.
Los Estados miembros establecerán entre si las normas necesarias y entablarán las negocia-
ciones internacionales requeridas para garantizar dicha protección.

Artículo 21. (antiguo artículo 8 D)


Todo ciudadano de la Unión tendrá el derecho de petición ante el Parlamento Europeo, de
conformidad con lo dispuesto en el artículo 194.
Todo ciudadano de la Unión podrá dirigirse al Defensor del Pueblo instituido en virtud de lo
dispuesto en el artículo 195.
Todo ciudadano de la Unión podrá dirigirse por escrito a cualquiera de las instituciones u or-
ganismos contemplados en el presente artículo o en el artículo 7 en una de las lenguas mencio-
nadas en el artículo 314 y recibir una contestación en esa misma lengua.

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Artículo 22. (antiguo artículo 8 E)


Cada tres años la Comisión informará al Parlamento Europeo, al Consejo y al Comité Econó-
mico y Social sobre la aplicación de las disposiciones de la presente parte. Dicho informe ten-
drá en cuenta el desarrollo de la Unión.
Sobre dicha base, y sin perjuicio de las restantes disposiciones del presente Tratado, el Conse-
jo, por unanimidad, a propuesta de la Comisión y previa consulta al Parlamento Europeo, po-
drá adoptar disposiciones encaminadas a completar los derechos previstos en la presente par-
te y recomendar su adopción a los Estados miembros con arreglo a sus respectivas normas
constitucionales.

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