Edifica Tu Casa
Edifica Tu Casa
En ningún momento de la historia, en nuestro país, se ha desatado una crisis en la familia y en los hogares, como la que
estamos viviendo en estos tiempos. En muchos hogares se vive una pesadilla de problemas, tanto en la relación de la
pareja, como en la relación con los hijos. El promedio de duración de un matrimonio es de tres a cinco años. De cinco
parejas que se casan, cuatro se divorcian, por lo general dentro de los primeros cinco años de su relación.
La Biblia en Proverbios 24:3-4 dice:” Con sabiduría se edifica la casa, con prudencia se afirma y con ciencia se llenan las
cámaras de todo bien preciado y agradable.”
Una casa se edifica primero con sabiduría y prudencia, luego con gusto. La sabiduría y el conocimiento que te llevan al
éxito en los negocios, es la misma que utilizas para edificar la casa. Según este versículo, Dios quiere que tengas un
negocio, tu casa, y que la llenes buenos muebles, pero además que la familia que habita sea edificada con
sabiduría, que si hay problemas, éstos sean sabiamente resueltos, que si hay escasez que sepamos sabiamente
llevar un presupuesto, que si hay que tomar decisiones, que éstas sean con sabiduría.
Muchas veces le repiten a la mujer que “edifique su casa con sabiduría”, y realmente es bíblico, pero en un
hogar no solo está la madre, también está el Padre y pienso que son las dos personas más comprometidas a
tener sabiduría.
En los diccionarios SABIDURÍA es la conducta prudente de una persona, y su habilidad y conocimiento de
ciencias, letras y arte, pero los estudiosos nos mencionan que hay dos clases de sabiduría, si leemos Jeremías
8:9 “Los sabios se avergonzaron, se espantaron y fueron consternados: he aquí que aborrecieron la palabra de
Jehová ¿y que sabiduría tienen?”.
Podríamos contestar que sabiduría incorrecta, entonces entendemos que hay dos clases de sabiduría, La
humana que es soberbia, que desdeña la sabiduría de Dios y solo lo lleva a la destrucción ( 1ª. de Co. 1:19-20)
y la buena , la que nos da Dios y es la que hace que tanto el hombre como la mujer tengan una vida
satisfactoria de bien y de verdad. Yo no estoy diciendo que con sabiduría no vamos a tener dificultades,
sino que con sabiduría vamos a enfrentar estas dificultades y vamos a salir victoriosos.
SABIDURIA SE CARACTERIZA POR SU PRUDENCIA: Pr.10:19“En las muchas palabras no falta pecado, más el
que refrena sus labios es prudente.
La palabra de Dios nos enseña que muchas veces debemos de callar, pero ustedes me dirán “pero si no
hablo y discuto me quitan autoridad”, no es cierto, gana más el que calla y escucha, pues así se da cuenta
de lo que realmente está sucediendo con la otra persona, si dejáramos hablar a otros nos enteraríamos de
que lo que les pasa es otra cosa quizá más sencilla de resolver, pero nuestro gran problema es no poder cerrar
la boca y lo que hacemos es complicar más los problemas.
Seamos prudentes con el esposo, seamos prudentes con la esposa, seamos prudentes con los hijos, con la
familia, amigos, compañeros de trabajo. Evitemos estar dando nuestra opinión, o démosla solamente cuando lo
pidan, mientras procuremos callar.
LA SABIDURÍA SE CARACTERIZA POR SU HUMILDAD: Pr. 10:8a “El sabio de corazón recibirá los mandamientos.
Si estuviéramos atentos a saber cuáles son los mandamientos de Dios y los pusiéramos en práctica con
humildad y gozo, estaríamos viviendo una vida plena, varones recuerden los que dice la Palabra de como
tratar a sus esposas, dice que las amen así como Cristo amó a su Iglesia, y Esposas, recuerden que su esposo
es cabeza de casa, no importa cuanto más ganemos nosotras, ellos siempre van a ser la cabeza, estos son
algunos de los mandamientos que tenemos que acatar con humildad pero hay muchos más para nuestra
vida. Recordemos que Dios dejó muchos mandamientos para que lleváramos una vida en paz, con tranquilidad,
gozándonos de ser obedientes a lo que el Padre nos dice.
Como le está sirviendo a Dios? Está diferenciando lo que está bueno y lo que está malo?, puede saber la
diferencia?, cuando le hablan sus hijos puede discernir si lo que le están diciendo es mentira o verdad?,
recuerden que éste es un DON o sea un regalo de Dios no para “adivinar” sino para saber diferenciar.
Recordemos que estamos edificando nuestra casa, si podemos discernir podemos aconsejar bien a la luz de la
palabra.
LA SABIDURÍA SE BASA EN EL TEMOR (RESPETO) A DIOS : Pr.9:10 “El temor de Jehová es el principio de la
sabiduría”
Si queremos ser sabios y tener sabiduría para edificar nuestra casa como Dios manda, solo tenemos que
pedirla, Dios la da a quienes la buscan, Pr. 2:6 “Porque Jehová da la sabiduría y de su boca viene el
conocimiento y la inteligencia”.
Qué nos impide tenerla? Quizá el pecado?, tal vez la falta de conocimiento al no leer la Palabra de Dios?, o
nos creemos tan sabios que no necesitamos nada más?.
En pr. 9: 1-2-3 Nos dice que “la sabiduría edificó su casa”, saben El Señor puso de primero la edificación de
su casa, porque eso es lo primero para Dios y tiene que ser lo primero para nosotros, de nada nos sirve lo
que sigue a continuación si estamos solos, si no tenemos familia con quien gozar todo lo demás.
Queremos edificar nuestra casa, lo deseamos con todo nuestro corazón, quizá ha estado mal, quizá no hay
comprensión, a lo mejor hay hijos malcriados, esposos indiferentes, esposas que no son comprensivas en fin
tantas cosas que queremos arreglar y no podemos, le tengo una buena noticia, nunca es tarde, el Señor
promete que todo lo que pidamos en oración el nos lo dará, así que anímese, pida, pida, pida, ésta es una
de las cosas que El si da porque va conforme a su corazón, y es tener sabiduría para tener una familia
unida, amorosa y temerosa de Dios.
Cuando la hoguera del amor está apagada hace que la familia sufra las heladas noches de discusiones, que solo escuche
los tristes silencios del resentimiento, que sienta las prolongadas ansias por un solo día en paz. Como pareja, pidámosle
a Dios que la hoguera de nuestro amor nunca se apague.
Cuando la hoguera del amor está encendida, es todo lo contrario, la familia sigue recibiendo el calor de los abrazos,
continúa dialogando aún en medio de las dificultades y compartiendo sus historias, la familia se sienta en armonía y paz
alrededor de la mesa. Como pareja, pidámosle a Dios que la hoguera de nuestro amor siga encendida.
"Señor Jesús, te ofrezco mi hogar en este momento. Te pido que protejas la llama de nuestro amor para que ninguna
fuerza enemiga lo apague, sino que con tu gracia crezca cada día. Ven, Señor Jesús, a nuestro hogar".
Estos tres versos bíblicos son el fuego divino alrededor del cual podremos construir el verdadero hogar.
1. 1 Corintios 1:10
En el nombre de nuestro Señor Jesucristo les ruego que todos estén siempre de acuerdo y que no haya divisiones entre
ustedes. Vivan en armonía, pensando y sintiendo de la misma manera.
2. Colosenses 3:8-10, 14
Pero ahora dejen todo eso: el enojo, la pasión, la maldad, los insultos y las palabras indecentes. No se mientan los unos a
los otros, puesto que ya se han despojado de lo que antes eran y de las cosas que antes hacían, y se han revestido de la
nueva naturaleza: la del nuevo hombre, que se va renovando a imagen de Dios, su Creador, para llegar a conocerlo
plenamente… Sobre todo revístanse de amor, que es el lazo de la perfecta unión.
3. Efesios 4:32
Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.
Proverbios 9:1
La sabiduría ha edificado su casa, ha labrado sus siete columnas;
Proverbios 14:1
La mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba.
1 Corintios 3:9
Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.
2 Samuel 7:26
Y sea engrandecido tu nombre para siempre, al decirse: ``El SEÑOR de los ejércitos es Dios sobre Israel; y que la casa de
tu siervo David sea establecida delante de ti.
Jeremías 10:12
El es el que hizo la tierra con su poder, el que estableció el mundo con su sabiduría, y con su inteligencia extendió los
cielos.
Colosenses 2:7
firmemente arraigados y edificados en El y confirmados en vuestra fe, tal como fuisteis instruidos, rebosando de
gratitud.
El matrimonio cristiano tiene sus bases en el pensamiento de Dios. Dios que es Amor y vive en sí mismo un misterio de
comunión personal de amor, ha creado al hombre, varón y mujer, a su imagen y semejanza, es decir, con la dignidad de
persona, y por tanto como un ser capaz de amar y ser amado.
El matrimonio cristiano tiene sus bases en el pensamiento de Dios. Dios que es Amor y vive en sí mismo un misterio de
comunión personal de amor, ha creado al hombre, varón y mujer, a su imagen y semejanza, es decir, con la dignidad de
persona, y por tanto como un ser capaz de amar y ser amado. Más aún, lo ha creado por amor y lo llama al amor, no a la
soledad. Ésta es la vocación fundamental del amor, que es innata de todo ser humano. Así pues, la dignidad personal del
varón y de la mujer, encuentran una básica y fundamental concreción en el matrimonio. A semejanza del amor divino, se
vuelca en dar vida a otros y en cuidar del mundo, ámbito de la existencia humana; varón y mujer dan vida a los hijos.
Unidos con ellos en la familia, con amor les procuran amparo y seguridad, y los educan. Varón y mujer deben
mantenerse en fidelidad por su propio amor y por amor a los hijos. Dios protege el matrimonio. El matrimonio no debe
romperse ni separarse. Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre (Mateo 19,6). El matrimonio cristiano, no sólo
llama a cada uno a la santidad personal, sino que también llama inseparablemente a contribuir con la misión de la
Iglesia, es decir, al apostolado. La Iglesia ha recibido del Señor la misión de anunciar y establecer en todos los pueblos el
Reino de Dios (Lucas 9,1-4). Este encargo no es exclusivamente para unos cuantos, sino para todos los bautizados, por
ser todos miembros del pueblo santo de Dios, y responsables de la misión eclesial. En este marco, la vocación apostólica
de los esposos cristianos se específica por el sacramento del matrimonio y se desarrolla precisamente a través de la vida
matrimonial y familiar, de manera particular, impregnando de espíritu la vida conyugal y procurando la educación
cristiana de los hijos (1Corintio 7).
Deben estar pendientes de las necesidades espirituales, físicas y emocionales de la otra persona, al compartir juntos los
gozos y las cargas de la vida. Deben decidir que jamás van a hacer nada que destruya el amor que es esencial para la
relación del matrimonio.
Anteriormente hemos descrito lo que es el matrimonio en el plan de Dios y las consecuencias que eso tiene para la
celebración del mismo. También hemos dicho que el matrimonio fue elevado por Jesús a la dignidad de sacramento. Al
inicio de su vida pública, Jesús realiza su primer signo -a petición de su Madre- con ocasión de un banquete de boda (Jn
2, 1-11) La Iglesia concede gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná. Ve en ella la confirmación de la
bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será signo eficaz de la presencia de Cristo.
El mismo Jesús en su predicación se refirió al sentido original de la unión del hombre y de la mujer tal como el creador la
quiso al comienzo de la creación: “lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. El orden inicial de la creación roto por
el pecado queda restablecido por Cristo y en Él encontrará la fuerza necesaria para vivirlo. Jesús, que reconcilió en sí
cada cosa y ha redimido al hombre del pecado, no sólo volvió a llevar el matrimonio y la familia a su forma original, sino
que también elevó el matrimonio a signo sacramental de su amor por la Iglesia. (AL.71)
La alianza nupcial de Dios con Israel, en amor y fidelidad, prefiguró la nueva alianza de Jesús con su Iglesia. San Pablo en
Ef 5, 25-33 ve un símbolo magnifico en el matrimonio cristiano en este amor de Cristo a su Iglesia. El amor y la fidelidad
de Dios hacia el hombre, actualizados en la entrega absoluta de Jesús, se hacen visibles a través del matrimonio
convertido en signo y señal de salvación.
San Pablo añade que esto es un “misterio”. Vivir el amor de Dios tal como se manifiesta en Jesús es algo difícil de
explicar, es una experiencia incomunicable. Pero una experiencia que Dios ha querido vincular a esa otra experiencia del
amor humano en el matrimonio. El amor de Jesús a la comunidad de los creyentes es el modelo de lo que ha de ser el
amor conyugal. Y, al revés, la experiencia del amor conyugal nos puede aproximar a comprender la actitud de Cristo con
la Iglesia.
Aquí está la razón para comprender por qué el matrimonio cristiano es indisoluble: para ser de verdad reflejo de ese
amor que Cristo tiene a su Iglesia, que es un amor irrenunciable. Aunque hay que defender que todo matrimonio
auténtico, se celebre entre cristianos o no, debe ser estable y no pasajero, los cristianos tenemos una razón más para
mantener esta estabilidad: el ejemplo del amor de Cristo a su Iglesia que el matrimonio cristiano pretende hacer visible
ante el mundo. Por eso se afirma la indisolubilidad del matrimonio. La indisolubilidad del matrimonio —“lo que Dios ha
unido, que no lo separe el hombre” (Mt 19,6) — no hay que entenderla ante todo como un “yugo” impuesto a los
hombres sino como un “don” hecho a las personas unidas en matrimonio.
El sacramento del matrimonio hay que considerar otro aspecto del mismo: la vida matrimonial que comienza desde el
momento en que la pareja contrae matrimonio. Porque el sacramento no es sólo el acto de la boda, el momento del
“sí”: es la vida toda que de ahí arranca.
Tampoco el amor de Dios es el acto de un momento, sino una actitud constante y continuada. Y así ocurre con el
matrimonio como sacramento y signo de ese amor. El momento inicial es como una semilla que se siembra, pero que
hay que cultivar para que dé fruto. A lo largo de toda una vida compartida se pone de manifiesto hasta dónde es capaz
de llegar el amor humano como signo del amor de Dios. La alegría matrimonial, que puede vivirse aun en medio del
dolor, implica aceptar que el matrimonio es una necesaria combinación de gozos y de esfuerzos, de tensiones y de
descanso, de sufrimientos y de liberaciones, de satisfacciones y de búsquedas, de molestias y de placeres, siempre en el
camino de la amistad, que mueve a los esposos a cuidarse: « se prestan mutuamente ayuda y servicio.
Naturalmente, estamos hablando de personas y como tales, su vida es muchas veces un camino tortuoso, con algunas
dificultades, pero sobre todo marcado por los momentos de felicidad y plenitud y, también, de apertura al mundo. Aquel
proyecto inicial se va haciendo realidad gracias al amor y a la fidelidad en el seno del hogar familiar y como signo y
testimonio de la presencia de Dios en el mundo. El mundo está siempre necesitado de amor, de ternura, de gratuidad y
el matrimonio está llamado a mostrar que estos valores existen y es posible vivirlos.
Juan [Link] “Les estoy dando un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ámense tal como yo los amé”.
Juan [Link] “Yo los he amado como me ama mi Padre. Permanezcan en mi amor”.
Juan [Link] “El amor más grande que alguien puede demostrar es dar la vida por sus amigos”
En algunas partes de la biblia se habla sobre el matrimonio como El Evangelio de Lucas o la Carta de Pedro, en esta
selección encontrarán más versículos bíblicos que les servirán para hacerlos visibles de manera creativa en su boda, ya
sea como parte de los votos o el discurso durante el brindis.
Lucas [Link]“Como respuesta el hombre citó: —“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas
tus fuerzas y con toda tu mente”, y: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.
Lamentaciones 3:22-23: “El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se
renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!”.
Hebreos 13:1-2: “Sigan amándose unos a otros fraternalmente. No se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracias a
ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”.
Marcos [Link] “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.
Colosenses [Link] “Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto”.
Pedro [Link] "Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados”.
Mateo 19:4-6: “Jesús respondió: «¿No han leído que el Creador al principio los hizo hombre y mujer y dijo: El hombre
dejará a su padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne? De manera que ya no son dos,
sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.»”.
Génesis [Link] “Luego Dios el Señor dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada»”.
Génesis 2: 22-24: “De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre,
el cual exclamó: «Ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se llamará “mujer” porque del hombre fue
sacada». Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser”.
1 Pedro [Link] “De igual manera, ustedes esposos, sean comprensivos en su vida conyugal, tratando cada uno a su esposa
con respeto, ya que como mujer es más delicada, y ambos son herederos del grato don de la vida. Así nada estorbará las
oraciones de ustedes”..
Tema: Permitir que Dios nos transforme y nos ayude a ser de bendición.
Objetivo: Que la mujer cristiana fortalezca su espíritu y reciba la transformación que viene de Dios. Que se proponga
impactar su entorno positivamente para la gloria de Dios.
Se reviste de fuerza y dignidad, y afronta segura el porvenir. Cuando habla, lo hace con sabiduría; cuando instruye, lo
hace con amor.
(Proverbios 31:25-26)
Otros versículos que pueden servir de apoyo: 1 Pedro 3:3-4; Efesios 6:10-18
Introducción
La sociedad de hoy pone mucho énfasis en nuestro aspecto exterior: la ropa, el cabello, el maquillaje... Se valora
excesivamente cómo nos vemos, lo que llevamos puesto, las marcas que usamos. ¡Qué bueno saber que Dios no se fija
en eso! Sí, él desea que nos cuidemos, que nos alimentemos bien y vigilemos nuestra salud. Pero a nuestro Padre
celestial le interesa aún más nuestro crecimiento espiritual.
Dios anhela que cada una de nosotras reciba su amor. Su amor nos llena, nos transforma y nos capacita para bendecir a
los demás en su nombre. No hacemos esto por nuestras propias fuerzas. Necesitamos cultivar una comunión diaria con
Dios y permitir que su Espíritu Santo nos llene. Cuando abrimos nuestro corazón a su mover, él comienza a limar las
asperezas de nuestra vida y a capacitarnos para que seamos de bendición a otros. Puede que sea un proceso largo y
hasta doloroso, pero vale la pena.
En la Biblia hay unos versículos muy conocidos que nos hablan sobre la mujer que teme al Señor. Se encuentran en
Proverbios 31:10-31. A muchas mujeres nos intimida ese capítulo, porque lo vemos como una lista inacabable de
deberes por hacer... Sin embargo, ese capítulo contiene en realidad las enseñanzas de una madre para su hijo "el rey
Lemuel". En los versículos 1-9 ella le advierte sobre la inmoralidad sexual. El resto del capítulo habla sobre la mujer
virtuosa que teme al Señor, esa que sería buena como esposa para el rey Lemuel.
Se reviste de fuerza y dignidad, y afronta segura el porvenir. Cuando habla, lo hace con sabiduría; cuando instruye, lo
hace con amor.
(Proverbios 31:25-26)
Prestemos atención porque aquí encontramos una vestimenta que nos hará brillar y triunfar de verdad. Junto con la
armadura de Dios en Efesios 6:10-18, estos dos versículos de Proverbios nos hablan de la mejor vestimenta que
podemos llevar. Aquí en Proverbios 31:25 se nos habla de fuerza, de dignidad y de una gran seguridad. Luego, en el
versículo 26, leemos sobre la sabiduría y la instrucción amorosa. Veamos cada una de las frases en detalle.
La mujer que teme al Señor está vestida de fuerza y de dignidad. ¡Qué vestidos más maravillosos! ¿Cuántas veces vamos
por la vida cargada de problemas, pensando que no podremos salir adelante? Los afanes del hogar y del trabajo, los
problemas sociales que nos rodean... Necesitamos detenernos a orar y pedir al Señor que nos dé su fuerza, esa que nos
ayuda a fijar nuestros ojos en Dios y no en los problemas o dificultades de la vida.
Es al detenernos en su presencia que logramos sentir el abrazo del Señor llenándonos de fuerza y de ánimo. Nuestra
confianza en él crece y vemos las cosas de otra manera. Sabemos que Dios puede obrar y que lo hará a su debido
momento. Mientras esperamos, recibimos el ánimo y la fuerza necesarios para seguir adelante con la frente alta, con
dignidad, confiadas en nuestro Papá. Porque sabemos que en él estamos completas (Colosenses 2:9-10).
No teme al futuro
Esta mujer no teme al futuro, más bien lo afronta con seguridad porque sabe quién tiene el control: su Padre celestial.
Como un bebé que duerme en los brazos protectores de su papá, nosotras podemos descansar confiadas sabiendo que
Dios tiene nuestro futuro en sus manos. Sabemos que él obrará en medio de cualquier situación que tengamos que
afrontar. Nuestro Padre nos ayudará venga lo que venga. ¡Preciosa certeza!
¿Cómo son las palabras que salen de nuestra boca? ¿Son palabras de ansiedad? ¿Son palabras hirientes? ¿Son chismes?
¡Evaluemos nuestras palabras! Busquemos la sabiduría que viene de Dios y hablemos cosas que reflejen su corazón
(Santiago 3:17). Nuestras palabras muestran nuestro nivel de madurez en el Señor. Según crecemos en nuestro andar
con Dios nuestras palabras tenderán más a edificar y bendecir.
La Biblia dice que de la abundancia del corazón habla la boca (Mateo 12:34-35). Por esta razón, si deseamos hablar con
sabiduría necesitamos llenar nuestra mente y nuestro corazón con la sabiduría que se encuentra en la Palabra de Dios.
¿Cuánto tiempo pasamos al día leyendo cosas que no edifican o viendo series que no nos aportan gran cosa? Sí, está
bien tener algo de tiempo de ocio, pero no bajemos la guardia. Vigilemos lo que dejamos entrar en nuestra mente y en
nuestro corazón.
Busquemos cosas que nos edifican. Crezcamos en el Señor y en su sabiduría. ¡Leamos su Palabra!
Por último, la mujer que teme al Señor no solo crece en fuerza, en dignidad, en seguridad y en sabiduría, sino que aporta
a la vida de otros enseñándoles con amor y con bondad. ¡Recibimos para dar! Podemos enseñar con nuestras palabras y
con nuestras acciones. Podemos ser ejemplo de bondad y de amor a los que nos rodean. ¡Podemos marcar la diferencia
en este mundo
Comenzamos con los más cercanos: nuestra familia, nuestros vecinos, los hermanos de la iglesia. De ahí, nuestra
influencia se extiende a la gente con la que trabajamos y al vecindario en general.
¿Qué enseñamos a los demás? ¿Enseñamos a decir gracias y buenas tardes? ¿Honramos a los demás en nuestro trato
diario? ¿Hablamos bendición sobre los demás? Hay muchas maneras de enseñar, probablemente la mejor es con
nuestras acciones. Seamos bondadosas y demos amor. Podemos impactar a los demás con solo sonreír y tratarlos con
dignidad. No seamos perezosas en dar lo que nos gustaría recibir de parte de los demás.
Conclusión
Son muchas las cosas buenas que podemos aportar a esta sociedad. ¡Hagámoslas! Bendigamos a los que nos rodean,
movámonos en amor. Es verdad que no lo lograremos solas. Lo haremos con las fuerzas que el Señor nos da. Que
nuestro deseo sea de vestirnos cada día más de él, que su corazón y sus actitudes vengan a ser nuestra norma. Pidamos
al Espíritu Santo que nos llene y nos capacite para impactar a nuestras familias y a la sociedad que nos rodea en el
nombre de Jesús, con su amor y su poder.
Tu identidad en Cristo
Tema: Nuestra identidad no viene de nuestro aspecto físico o de nuestro éxito financiero. Tampoco viene de nuestro
pasado sin Cristo o de lo que digan otras personas sobre nosotras. Nuestra identidad viene de Dios, de quiénes somos en
él y gracias a él.
Objetivo: Animar a cada mujer a fijar sus ojos en Dios. Así logrará entender que su identidad y su valor vienen de Jesús,
de la obra redentora que él hizo en la cruz por ella.
En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los cuales andaban conforme a los poderes
de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que
viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos
pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto
de la ira de Dios. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun
cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos
resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable
riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia ustedes han sido
salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.
Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de
que las pongamos en práctica.
(Efesios 2:1-10)
Otros versículos que pueden servir de apoyo: Efesios 4:22-24; 2 Corintios 5:17; Gálatas 3:28; Romanos 6:3-4; Romanos 8
Introducción
Nuestra identidad, quiénes somos, qué nos hace valiosas... ¿Te has preguntado alguna vez qué es lo que te caracteriza
frente a los demás? ¿Tus posesiones o estatus social? ¿Tu éxito laboral? Algunas personas se escudan tras esas cosas
pensando que su verdadero valor procede de ellas. Otras se sienten marcadas por su pasado, por acciones cometidas
por ellas o contra ellas. Esto las lleva a esconderse o a andar siempre a la defensiva.
La realidad es que nuestra verdadera identidad está en Dios. Cuando buscamos a Dios de todo corazón y le permitimos
que transforme nuestra vida, descubrimos quiénes somos en realidad.
¿Qué dice la Biblia sobre nuestra identidad? ¿Habla la Biblia sobre esto? ¡Sí! Hay pasajes muy claros en los que
podemos ver cómo éramos sin Cristo y cómo somos ahora que le hemos permitido ser el dueño y Rey de nuestra vida.
Uno de esos pasajes es el que usamos como base de este estudio: Efesios 2:1-10. Pero nuestra identidad en Cristo
abarca mucho más que las 4 cosas que veremos hoy. Pídele a Dios que te ayude a entender la plenitud de tu nueva
identidad en él.
Vivas en Cristo
Nuestra vida antes de aceptar a Jesús como nuestro Salvador no era una vida plena porque estábamos muertas
espiritualmente (Efesios 2:1-3). El pecado y sus consecuencias nos dominaban, nos afligían. La culpabilidad por cosas que
habíamos hecho, o cosas malas que otros nos habían hecho, marcaba la forma en la que nos veíamos. Pero, ¡qué dicha
más grande! ¡Dios nos alcanzó con su amor y ya no somos así! Su perdón nos limpió y nos dio vida.
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos
muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!
(Efesios 2:4-5)
«Pero Dios»... Esta es una de las frases más poderosas de la Biblia. ¡Dios intervino! ¡Dios se acercó a nosotras cuando
aún estábamos muertas en pecados! Dios vio nuestra condición y no nos dio la espalda sino que llegó, nos extendió su
mano y nos aceptó tal como éramos. ¡Maravillosa gracia del Señor!
Dios nos amó y nos recibió como hijas porque quiso. Él nos dio vida con Cristo porque así le plació. No es por nuestros
méritos, no es porque lo hemos ganado. ¡No! Fue por su amor. Él te amo a ti y él me amó a mí. Vivimos rodeadas de su
amor. Solo necesitamos tener un corazón receptivo para sentirlo.
Una vez recibimos ese amor paternal de Dios, somos transformadas. Saber que podemos acudir a nuestro Padre en
cualquier momento para recibir su abrazo trae paz y sosiego a nuestro corazón. No importa la situación por la que
estemos pasando, Papá está a nuestro lado. Nos podemos apoyar en él para recibir su amor, su consuelo, su aceptación.
¡Así de maravilloso es nuestro Dios!
Tenemos valor
Pero no termina ahí: para Dios también somos valiosas. Dios hasta sabe el número de cabellos que hay en nuestra
cabeza (Lucas 12:6-7). Una vez más, no es por nuestros méritos sino porque él así lo desea. Nuestro valor viene de él. Él
nos creó, él nos salvó, en él estamos completas (Colosenses 2:9-10).
Pero cuidado: es cierto que no valemos menos que los demás, pero tampoco somos más importantes que ellos. Dios nos
ama a todos y desea transformarnos porque para él todos somos valiosos. Por lo tanto, debemos agradecer la obra de
Dios en nosotras, el valor que tenemos en él y también necesitamos apreciar su obra en los demás.
Lo que sí debemos hacer es dejar de compararnos con los demás. Fijemos nuestra mirada en Jesús, recibamos la
afirmación del Padre y llenémonos del Espíritu Santo. Estemos atentas a las oportunidades que se presentan para
impactar a otros compartiendo con ellos la sanidad del alma que nosotras hemos disfrutado. Apreciemos a los demás y
busquemos también su bienestar espiritual.
La Biblia nos anima a que, como mujeres cristianas, reflejemos el carácter de Cristo. Esto trae alegría al corazón de
nuestro Padre celestial. ¿Cómo lo hacemos? ¿Qué distingue a una mujer que ama a Dios? Veamos algunas de las
características esenciales y esforcémonos en ser mujeres que reflejen el corazón de Dios.
Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor; por la mañana te presento mis ruegos, y quedo a la espera de tu respuesta.
(Salmo 5:3)
La mujer que alegra el corazón de Dios es una que reconoce su necesidad y dependencia de él. Para ella es prioritario
pasar tiempo delante de la presencia del Señor cada día. Ella le entrega sus cargas al Señor totalmente confiada en que
él obrará y permanece atenta en espera de su respuesta. Es humilde ante él y recibe las fuerzas necesarias para
enfrentar lo que traiga el día.
He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe
en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.
(Gálatas 2:20)
Ella sabe que ha sido perdonada, no vive atada a su pasado. Vive con el gozo que trae el perdón y el saberse amada,
escogida por su Padre. Reconoce que aunque en términos humanos no parezca muy especial, ella es valiosa y preciosa
para Dios. Tanto, que él envió a su Hijo, Jesús, a dar su vida en la cruz por amor a ella para que recibiera la salvación y el
perdón de sus pecados.
¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo
también lo amaré y me manifestaré a él.
(Juan 14:21)
Es una mujer que ama a Dios y busca su aprobación antes que la de los hombres. Ante cada situación o decisión ella le
pregunta al Señor qué debe hacer y obedece sus mandatos aunque vayan en contra de lo que le dicte la sociedad.
Su anhelo es reflejar el corazón de Dios y vivir una vida de obediencia que lo glorifique a él. Vive en constante servicio a
Dios y a los demás.
En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio
propio. No hay ley que condene estas cosas.
(Gálatas 5:22-23)
Está llena del Espíritu Santo y busca la dirección de Dios para actuar y hablar de acuerdo con lo que él le muestra. Es una
mujer que refleja el gozo y la paz del Señor. Sus palabras son bálsamo y están llenas de bondad. Su hablar trae sanidad y
paz a los que la escuchan. Ella infunde ánimo y optimismo a todos los que la conocen.
(Filipenses 4:6)
Es una mujer con una fe inquebrantable y un optimismo basado en su fe en Jesús. Ella confía en el poder de Dios y ante
los problemas de la vida, sabe a quién acudir: a su Padre celestial. No deja que el estrés le robe la paz, sino que lleva sus
preocupaciones a Dios en oración y le agradece su intervención de antemano. Tiene la seguridad de que él no la dejará
sola. Espera en el Señor para que le muestre cuándo moverse y qué hacer en cada situación.
¿Y si Dios no te responde?
Quizá algunos al leer el titulo de este escrito ni siquiera lo van a leer, porque todos estamos acostumbrados a que nos
animen, a que nos motiven, a que nos proclamen bendiciones o que nos den una palabra de fe, nos recuerden una
promesa divina o todo lo que tenga que ver con nuestro propio beneficio. Pero ¿Qué tal si Dios simplemente no
responde?, y es allíomo que no nos gusta esa palabra o simplemente no queremos que eso suceda
A veces se nos olvida que Dios es el Señor y que nosotros solo somos sus siervos, que Él es el Padre y que nosotros solo
somos sus hijos, a veces tratamos a Dios como nuestro sirviente, como alguien que tiene que obedecer todos nuestros
caprichos o suplir todas nuestras necesidades si o si, pero ¿Qué tal si Dios simplemente no responde?
Seria perfecto que todo fuera color de rosas, que todo en la vida fuera tranquilo, que Dios nos respondiera al mismo
instante que pusiéramos delante de Él nuestras peticiones, que en los momentos de enfermedad Él viniera y sanara
instantáneamente al pedírselo, que en el momento de escases rápidamente Dios proveyera lo que se necesita, que en
cuando problemas vengan rápidamente se solucionen o cuando nos veamos al borde de la muerte, Él nos rescate. Pero,
¿Qué tal si eso no pasa cuando nosotros queremos o en el instante que lo necesitamos?
Cómo que este mensaje no es de fe, ¿Verdad?, así parecería, pero realmente hoy quiero hablarles de eso, de FE.
Y es que FE no es creer solo cuando Dios responde o solo cuando veo que todo va excelente, FE es creer a pesar de no
ver, FE es confiar a pesar de ver todo en contra, FE es creer aunque Dios simplemente no respondiera.
Personalmente he pasado por etapas en los que he necesitado que Dios responda ¡Ya!, instantáneamente, momentos
de angustia, quizá por enfermedad, quizá por escases o por situaciones que me roban la paz y orando a Dios he deseado
que Él me respondiera en el mismo momento que se lo pido, pero simplemente Él no responde o no lo hace cuando yo
he querido.
A veces me he confrontado en el hecho de reclamarle un trato especial por ser su hijo, por servirle, por buscarlo, pero ni
siquiera eso me ha servido para que Él responda cuando yo he querido.
En ocasiones lo he amenazado diciéndole que ya no creería en Él o que dejaría de seguirlo si no me responde, sin
embargo, nada de eso ha funcionado para que Él responda cuando yo quiero.
Entonces, en medio de esos momentos de enojo, frustración y angustia, he entendido que no se trata de lo que yo
quiera, ni cuando lo quiera, ni como lo quiera, sino de CREER, de tener FE a pesar de cualquier cosa.
He aprendido a que mi FE no tiene que depender de lo que yo quisiera ver o de lo que yo quiero que Él me responda, he
aprendido a seguir confiando en Él aun cuando humanamente me duele ver que no me responde o que simplemente
calla.
He llorado en su presencia preguntándole el ¿Por qué? De muchas cosas, me he humillado a no mas poder para poder
entender algunos sucesos de mi vida y a pesar de todo ello a veces simplemente no lo he entendido en el momento,
pero al pasar los años me doy cuenta que todo tenia que pasar de la forma que paso, porque Dios me enseño algo y al
aprender una lección he podido transmitirla a otras personas que están pasando por lo mismo.
Israel el pueblo escogido por Dios a través de la historia a pasado por momentos muy difíciles, y a pesar de ser su pueblo
escogido, Dios simplemente no ha respondido en algunos momentos o simplemente ha callado. ¿Saben por qué?,
porque hay cosas que tienen que pasar como tienen que pasar, hay experiencias que tenemos que enfrentar como
cualquier otra persona, no hay un privilegio especial para no pasar en esta tierra cualquier cosa que cualquier humano
puede pasar. En cambio a diferencia de muchos y a pesar que nos puede pasar muchas cosas mientras vivamos,
tenemos la esperanza maravillosa de que un día estaremos junto al Señor por toda una eternidad.
Quizá los últimos días te has sentido enojado, frustrado, triste y hasta has amenazado a Dios por no haberte contestado
como tu quieres, ¿Sabes?, te entiendo, pero al mismo tiempo quiero invitarte a seguir confiando a pesar de todo, a
seguir creyendo aunque no veas, a seguir teniendo esa FE que es lo único que te puede sostener en medio de todo.
Pedro el Apóstol le dijo una vez al Señor Jesús: “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras
de vida eterna.” Juan 6:68 (Reina-Valera 1960). Lo que Pedro le estaba diciendo es que solo en Él podrían encontrar lo
que necesitaban.
Job en medio de su crisis total dijo: “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré” Job 13:15a (Reina-Valera 1960).
¡Esas son palabras de FE!, ¿Seriamos nosotros capaces de decir eso en medio de una crisis terrible?
El Apóstol Pablo decía: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” Filipenses 1:21 (Reina-Valera 1960).
¿Qué quiero transmitir citando estos versículos de la Biblia?, la FE de estos hombres en medio de cualquier
circunstancia, esa fe ciega que muchos de nosotros deberíamos tener, que no es fanatismo sino más bien confianza en
las cosas que pueden suceder. La Biblia dice: “La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo
que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver.” Hebreos 11:1 (Nueva Traducción Viviente).
Hay muchas cosas que personalmente hubiera querido que pasaran o que Dios contestara, pero no lo hizo como yo
quise, ni cuando yo quise, ni de la forma que pensé, sin embargo aquí estoy plenamente feliz en medio de todo, más
bendecido de lo que creí merecer y no porque fuera un hombre de GRAN fe, sino porque a pesar de cualquier cosa seguí
creyendo, porque entendí que las cosas no se darán como yo quiero, cuando yo quiero o de la forma que yo quiera, pero
se darán, en el tiempo perfecto de Dios, tal y como Él lo tenia planeado y cuando eso suceda seremos plenamente
felices en Él.
Cuando Dios calla o no contesta no lo hace por fastidiar tu vida, ni para que dejes de creer, al contrario, es allí en esos
momentos en donde realmente debemos demostrar nuestra FE, lo que realmente creemos, de lo que realmente
estamos hechos. Es en esos momentos en donde pareciera que Dios no se deja ver o escuchar, cuando debemos activar
nuestra FE y demostrarle que pese a TODO seguiremos confiando y creyendo en Él y en lo que Él es capaz de hacer en su
tiempo perfecto, de la forma perfecta, para que cumpla sus propósitos en nuestra vida.
La pregunta del titulo dice: ¿Y si Dios no te responde?, ¿Sabes que pasará si Dios no te responde?, pues SEGUIRAS
CREYENDO y CONFIANDO EN ÉL porque fuiste llamado por Dios y Él cumplirá su propósito perfecto en tu vida.
¡Cree a pesar de no ver, porque eso es FE!, ¡Confía a pesar de no recibir en el momento que quisieras una respuesta,
porque esa respuesta llegará si sigues confiando!, ¡Nunca te canses de esperar, porque lo que para ti llega tarde, para
Dios llega en el momento exacto!
¡Tú fe no depende de una respuesta especifica, sino del DIOS de las respuestas!
Es un tema muy amplio y no quiero ni centrarme en un aspecto únicamente ni generalizar tanto que todo quede muy
vago.
Así que, con la ayuda del Señor espero tratar el tema lo más claro y profundo que me sea posible.
Puesto que hay muchas áreas de la mujer cristiana en el hogar, he intentado clasificarlas en diferentes bloques por
orden de prioridad a la luz de la Biblia.
En primer lugar y para centrarnos en el tema me gustaría que leyéramos un pasaje de la Biblia que nos habla y nos
ilustra cómo debe ser la mujer cristiana en todos sus aspectos, y el pasaje por excelencia es Proverbios 31:10-31, nos
iremos refiriendo a él de manera regular.
Los hogares hoy día están muy perdidos y desestructurados. Muchos de ellos son meras pensiones. Las relaciones de
pareja son muy inestables y los hijos sufren las consecuencias de toda esta inestabilidad. Por lo tanto necesitamos
hogares cristianos, que se note la diferencia con el mundo. Que no nos engañe la sociedad con el modelo de hogar que
nos quieren imponer, hoy día todo vale, pero como vamos a ver para el Señor no todo vale, y Él nos ha dejado su
voluntad de cómo quiere que sean nuestros hogares, y el modelo de familia que le agrada.
LA MUJER Y SU SEÑOR
Si el tema es “la mujer cristiana en el hogar” entonces tenemos que empezar por nosotras mismas, porque nuestro
hogar será un reflejo de lo que somos en realidad.
Es necesario establecer lo que la mujer es, o debe de ser, antes de hablar acerca de lo que hace, porque lo que hacemos
procede de lo que somos. De ahí la importancia de tener bien claro lo que somos y, sobre todo, como creyentes, quiénes
somos en Cristo. Somos mujeres redimidas para ser libres y completas, mujeres en el sentido más pleno de la palabra.
Hemos sido perdonadas y cambiadas por el Espíritu Santo, y seguimos siendo transformadas a la imagen de nuestro
Señor Jesucristo.
Por lo tanto la primera prioridad de la mujer cristiana en el hogar es su Señor y su relación con Él. No podemos formar
un hogar cristiano si nosotros no estamos bien con el Señor. Jesús nos dijo:”Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. No importa si tienes familia, si eres soltera o viuda o divorciada, tu
prioridad en tu vida es Dios mismo y si tu amor hacia Él es con todo tu ser.
Ahora bien ¿cómo mantener y fomentar esa relación con el Señor? Lo sabemos todas de memoria ¿verdad? Debemos
cuidar esa devoción a Dios cada día de nuestra vida ¿cómo?:
No me cansaré de insistir en este tema, si no tienes un tiempo a solas con tu Señor diariamente, tu vida espiritual va a
decaer y flaquear. No estoy hablando ahora de si oras con tu marido o con tus hijos, estoy hablando de ti misma a solas
con tu Señor. Debemos derramar nuestro corazón al Señor, quizás hay cosas o tentaciones que ni siquiera puedes
compartir con tu marido, pero sí con el Señor. Debemos buscar esa devoción a Dios y ser conscientes de su presencia en
nuestra vida.
Sé que vivimos una vida moderna muy agitada, con prisas, con stress, a veces no nos alcanzan las 24 horas del día. Se
entra se sale, se batalla con los hijos, se come, se ve la televisión, ir al trabajo (quien trabaje fuera de casa), hay fiestas y
actividades que realizar, deportes, salidas etc. Y miles de cosas más que no dejan tiempo absolutamente para nada.
Bueno, pues si es así tienes que sacar tiempo para lo más importante, para que el motor de tu hogar siga funcionando y
para que el día lo empieces poniéndolo delante del Señor y poniendo tu vida y tu corazón en sus manos. Si tienes que
levantarte antes, pues te levantas, pero no seas negligente en tu devoción a Dios. Muchas veces si lo dejas por la noche,
estarás muy cansada y lo dejarás para mañana y quizás mañana nunca llega.
Hay algunos cristianos que dicen que ellos solo oran cuando lo sienten, ¡qué engaño del diablo! Si es así seguro que
nunca oraríamos. Acordaros de Daniel que tenía como costumbre orar tres veces al día, era una buena costumbre. Las
costumbres no tienen por qué ser malas, al revés, hay costumbres que son buenísimas y debiéramos practicarlas, como
el tiempo devocional diario.
Fallamos mucho en esto por culpa del diablo, pero no nos engañemos también es por nuestro propio pecado y por
nuestra negligencia. Fijaros que una de las cualidades de la mujer de Proverbios es que teme a Jehová, ese temor viene
de su relación con Él y del conocimiento de su Palabra. En el v. 26 dice que “Abre su boca con sabiduría, y la ley de
clemencia está en su lengua”, ¿cómo puede ser esto? Porque el principio de la sabiduría es el temor a Jehová, y ¿cómo
puede tener la ley de clemencia en su lengua?, porque la lee, indaga en la Palabra de Dios y la memoria y la guarda en su
corazón. Para ello se necesita disciplina, tiempo y constancia.
LA MUJER Y SU MARIDO
La prioridad de la mujer después del Señor es su marido y no sus hijos. Dios ha hecho del matrimonio la relación que
más une (Génesis 2:24) “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola
carne”. Dios hizo a la mujer con el propósito de ser “ayuda idónea para él” (Génesis 2:18). La Biblia deja claro que este
propósito divino en la creación de la mujer en ninguna manera la hace a ella ser un ser inferior. La mujer cristiana debe
ser una ayuda a su marido físicamente, emocionalmente, mentalmente y espiritualmente. Ella es el complemento del
hombre. Ella debe ser su ánimo y la que le conforta. Cuidado porque la mujer puede hacer o deshacer al hombre: “La
mujer virtuosa es corona de su marido; mas la mala, como carcoma en sus huesos” (Proverbios 12:4).
Según la mujer virtuosa de Proverbios 31 “el corazón de su marido está en ella confiado” v.11, “Le da ella bien y no mal
todos los días de su vida” v.12, “su marido también la alaba” v.28.
Vemos aquí una mujer que ama a su marido, que le es fiel, que busca su bien, le hace sentir importante. Ahora bien
cómo se pone todo esto en práctica:
1. Respetándole y bendiciéndole.
2. No le critiques ni le ridiculices.
3. Sé agradecida.
4. Dile lo que admiras de él y dile que le amas. Estamos muy equivocadas cuando pensamos que los hombres no
necesitan oír que les queremos.
5. Pon atención a los pequeños detalles, algún regalo inesperado, alguna cena sorpresa etc.
7. Busca tiempo para estar a solas con él. Cuando vienen los niños intenta pasar tiempo con él en intimidad. Hemos
de invertir tiempo en nuestra pareja a lo largo de la vida, en todas las etapas del matrimonio, desde el principio. Si
nos volcamos en nuestros hijos como lo más importante de nuestra casa, lo pasaremos mal cuando llegue el tiempo
del nido vacío, por eso debemos lograr una unidad y acoplamiento para poder disfrutar de la convivencia en la
madurez. Tenemos toda una vida para trabajar la relación, para disfrutar de nuestra pareja a lo largo del matrimonio
hasta que los dos seamos viejecitos. Una de las imágenes más hermosas para mí es ver a una pareja de ancianos
paseando cogidos de la mano.
8. Y por último y no por eso lo menos importante, porque justamente para mí es lo más importante, ora por él y con
él. Leamos en Efesios [Link] “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”. Mirad, yo siempre
pongo este ejemplo, si hay alguna discusión o pelea, que las hay entre la pareja, seamos sinceras, ¿cómo se
solucionan? Me diréis que aplicando el versículo que acabamos de leer, pero ¿cómo, si estamos enfadados? En mi
propia vida la mejor manera es tener la costumbre de orar los dos juntos y así a la fuerza tenemos que hacer las paces
o hablar el asunto y arreglarlo antes de orar. Nos ha funcionado y es una de las costumbres que más han influido en
mi vida y en mi matrimonio para que funcione. Yo sé que es difícil empezar si no tienes esa costumbre, pero sería
bueno que lo hablaras con tu pareja y buscarais un tiempo de leer la Biblia y orar juntos cada día. Nosotros antes de
casarnos cuando ya estábamos comprometidos y estábamos en el colegio bíblico decidimos empezar a orar juntos y
comenzar cada día poniendo al Señor primero y encomendando nuestras vidas y las de nuestras hijas e iglesia en manos
de Dios. ¡No tiene precio! Descubrimos la Palabra de Dios juntos, comentamos las obras de Dios y oramos a Dios por los
asuntos o problemas familiares o de iglesia. Sería muy bueno tener un directorio de iglesia, no solo por tener las
direcciones y teléfonos de los hermanos que es muy práctico, sino por orar por ellos de manera regular y así no se nos
olvida nadie. Estamos construyendo nuestro hogar sobre la roca, que es Cristo y su Palabra.
Me gustaría también mencionar el tema de la “sumisión”, leemos en Efesios [Link]”Las casadas estén sujetas a sus
propios maridos, como al Señor” “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor” (Colosenses
3:18); “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra,
sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas” (1ª Pedro 3:1).
Sé que no es un tema muy bien recibido hoy día en la sociedad, y que cuando lo tratamos con gente inconversa se
sorprende de que todavía sigamos creyendo este tipo de conducta. Pero para nosotras, mujeres cristianas, este es el
mandato del Señor. Sé que es un tema complicado, pero hay que ponerlo en práctica. También pienso que muchas veces
se ha malinterpretado y muchos hombres han sido machistas o déspotas con sus mujeres usando este principio como
excusa. Quiero dejar claro que sumisión no es subyugación. Es un asunto que tiene que ver con los diferentes roles
dados por Dios al hombre y a la mujer. El hombre es nuestra cabeza como Cristo es la cabeza de la iglesia, y por lo tanto,
este asunto de la sumisión tiene que darse cuando hay una situación difícil, donde después de hablar y orar los dos
juntos, aun así no se llega a un acuerdo, y por lo tanto, la mujer por obediencia al Señor se somete voluntariamente a la
decisión de su marido.
Otro tema que es crucial y quizás necesitaríamos un sábado entero para tratarlo, son las relaciones sexuales con nuestro
marido. El objetivo principal del matrimonio instituido por Dios en un principio era para darse compañía, ayuda idónea, y
que los dos fueran una sola carne, no era la de tener hijos, eso era el fruto. Muchas mujeres con el paso de los años se
piensan que esta área no es tan importante, y es verdad, no lo es, ¡es crucial! No solo eres la ayuda idónea, su
compañera, su mejor amiga, sino que debes ser su amante. Tu cuerpo no te pertenece, le pertenece a él. Leamos 1º
Corintios 7:3-5:”El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene
potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la
mujer. No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente
en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia”. Muchos
matrimonios se han roto por no cuidar la relación sexual, y muchos han caído en adulterio por descuidar esta área. Por
lo tanto cuidar y disfrutar de la relación sexual. Es una bendición cuando sentimos que después de años de matrimonio
los dos nos seguimos deseando, ¡a pesar de nuestros kilos de más y de nuestras arrugas!
¿Qué son los hijos? Salmo 127:3 “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima, el fruto del vientre”. Los
hijos son una bendición, no los conviertas en una molestia. Oigo muchas veces comentarios de madres sobre sus hijos
tales como:”Ya me tiene harta, si no hubiera nacido”, “¿Y ahora que hago con él? Me ha destrozado mi vida y mi futuro”,
“¡Qué asco de vacaciones, ahora tengo que cargar con él y aguantarlo todo el verano!”. Creo que sobran las
explicaciones.
Los hijos son herencia de Dios, son una bendición aunque nos den muchos problemas. Deben ser muy preciosos e
importantes para ti, y por lo tanto si eso es así entonces:
1. Edúcalos y disciplínalos según nos enseña la Palabra de Dios. Ser madre es algo maravilloso. No hay gozo como el de
tener a un bebé en brazos que ha salido de tus entrañas, darle el pecho, cuidarle etc. Es un gozo educarle en los caminos
del Señor, ver cómo va aprendiendo y como va razonando. Disfrutamos en el parque con nuestros hijos cuando juegan
con otros niños. Cuando cumplen años y la casa se nos llena de niños. Estamos contentas cuando van a la iglesia y a
campamentos cristianos etc. Nos sentimos orgullosas de ser madres. En esta área de los hijos, la madre es la que está
íntimamente involucrada en el cuidado de los hijos.
2. Pasa tiempo con ellos. Nosotras las que seamos madres, necesitamos pasar todo el tiempo posible con nuestros hijos
antes de que tengan 7 años cuando sus caracteres ya están formados. Son años preciosos para poner el fundamento de
sus vidas antes de que el mundo los invada. Por supuesto cada etapa de nuestros hijos es importante y tiene sus
necesidades concretas, que tenemos que ser conscientes a la hora de tratarlos. No es lo mismo una disciplina o castigo a
los tres años que a los 16 años. Tenemos que pasar tiempo con ellos, en intimidad, sentarnos a la mesa a la hora de
comer sin prisas, sin televisión y conversar, compartir el día, qué tal el colegio, con sus amigos etc. Hoy día muchas
madres trabajan fuera de casa y los niños llegan a casa del colegio y no hay nadie, les llaman los niños llave y pasan
muchas horas solas sin relación y sin control. Intenta dentro de lo posible que no sea así con tus hijos.
3. Es muy importante controlar lo que hacen y lo que ven. Muchas veces si estamos muy ocupadas los ponemos delante
del televisor para que no nos molesten, pero no sabemos ni lo que ven ni lo que escuchan. Hoy día quizás sea el
ordenador, pasan mucho tiempo frente a él y no sabemos dónde se meten y lo que hacen. Siéntate con ellos y elige los
programas que quieren ver, y si se ponen al ordenador no los dejes solos, que el ordenador nunca esté en su cuarto, sino
en el salón donde puedas ir y ver y controlar lo que hacen y dónde se meten.
4. Sé ejemplo. No nos podemos imaginar el impacto que deja el buen o mal ejemplo en los hijos. Se puede hablar mucho
y dialogar, pero si el ejemplo no concuerda con lo que confesamos, veremos como nuestro hogar se convierte en ruinas.
¡Qué triste es ver a padres que saben mucho de la Escritura, saben mucho de cómo actuar, pero su vida y su ejemplo es
la peor influencia para los demás miembros de la familia! ¡Qué Dios nos libre de ser así!
5. Déjalos marchar. Debemos instruir a nuestros hijos y equiparlos de modo que cuando hayan crecido puedan dejar
nuestros hogares para llevar vidas productivas y piadosas propias. Sabéis del síndrome del nido vacío, que mencioné
anteriormente, y los problemas que esto ha acarreado a muchas mujeres, pero no vivimos para nuestros hijos, vivimos
para glorificar a Dios. Dios nos los ha prestado durante algunos años para que los instruyamos, pero tienen que irse y
dejar el hogar tarde o temprano para formar ellos mismos su propio hogar. Si hemos idolatrado a nuestros hijos y los
hemos hecho el centro de nuestras vidas, entonces cuando se vayan quedaremos sin objeto y vacías de propósito. Si
hemos hecho nuestros deberes fielmente al criarlos, no tendremos miedo de verlos madurar y de que dejen nuestro
nido. Hay que aprender a soltarlos y dejarlos ir, con todas las consecuencias. En Proverbios a la mujer virtuosa, sus hijos
la llaman bienaventurada, es de los mejores piropos que nos puedan decir nuestros hijos.
6. Por último, me gusta dejar para el final lo más importante. Enséñales lo más importante para sus vidas. La Biblia nos
enseña claramente que los padres son los responsables de la educación espiritual de sus hijos (Efesios 6:4;
Deuteronomio 6:6-7):”Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación
del Señor” “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de
ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”. Lee la Palabra de Dios con ellos,
ora con ellos, ora por sus necesidades, cuando tienen exámenes, cuando se han enfado con algún amigo/a, cuando
tienen miedos o temores por algo. Consuélales con la Palabra de Dios y muéstrales la maravilla del evangelio y del amor
de Dios por ellos. El hogar debe ser el lugar donde la fe puede nacer y ser alimentada, donde la genuina fe puede
pasarse de una generación a otra. Cuando leemos biografías de grandes hombres o mujeres de Dios, vemos la influencia
que tuvieron sus madres sobre ellos, enseñándoles la Palabra y orando con ellos y por ellos diariamente. Acordaros de
Timoteo como su madre Eunice y su abuela Loida le enseñaron las Sagradas Escrituras desde la niñez:”Trayendo a la
memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro
que en ti también” “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que
desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en
Cristo Jesús” (2º Timoteo 1:5; 3:14-15). Nunca es pronto para empezar, ya desde la barriguita podéis contarle y hablarle
del Señor, cantarle canciones y orar por ellos. Hace ya algunos años, en una reunión de pastores, salió el tema de tener
un tiempo devocional o de enseñanza o como lo queráis llamar, con los hijos, y para sorpresa y tristeza a la vez, de unos
12 ó 15 pastores que había, solo 2 ó 3 tenían este tiempo devocional con sus hijos! ¿Qué nos está pasando? Si los
propios pastores no dan ejemplo en esto a sus congregaciones ¿qué esperamos de los demás? Si no estáis enseñando a
vuestros hijos la Palabra de Dios, Dios os va a pedir cuentas y estáis perdiendo los años más preciosos de ellos, y luego
ya no hay marcha atrás. ¡Orad con vuestros hijos! Es la mejor manera en que podemos pasar tiempo con ellos y
enseñarles a orar. ¡Que Dios nos ayude en esta tarea!
LA MUJER Y SU CASA
La Palabra de Dios nos habla de que las mujeres deben ser “cuidadosas de su casa” (Tito 2:4-5), pero en el original se
puede traducir como “amadoras del hogar”. La mujer no solo vive en una casa con su familia, la mujer “hace hogar”.
Podemos tener la idea de que las cosas de la casa no tienen nada que ver con la fe, pero es en el marco hogareño donde
ocurren las relaciones verdaderamente espirituales en la vida. La influencia más duradera en la vida de las futuras
generaciones procede del hogar y de las madres. En Proverbios dice que la mujer sabia edifica su casa; mas la necia con
sus manos la derriba (Proverbios 14:1).
1. Un hogar placentero. Un hogar placentero debería estar lleno de alegría y hermosura, la hermosura de la santidad.
Nuestro hogar debe reflejar la bondad y la gloria de Dios. Hay casas que por fuera son hermosas, pero están llenas de
personas infelices ¿es tu hogar un lugar agradable para la familia? ¿hay un ambiente de paz? ¿o por el contrario hay
peleas, reproches, críticas, irritabilidad etc.? Debemos comprender que las mujeres ejercemos un gran impacto sobre
nuestros hogares para bien o para mal (Proverbios 15:16-17; 21:19):”Mejor es lo poco con el temor de Jehová, que el
gran tesoro donde hay turbación. Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay
odio” “Mejor es morar en tierra desierta que con la mujer rencillosa e iracunda”. La mayor parte de las disputas o riñas
son fruto de la amargura y de un espíritu crítico. Cuando va gente a tu casa ¿se sienten a gusto, relajados, confortados o
por el contrario, están deseando de irse?
2. Un hogar limpio y ordenado. Un hogar limpio y ordenado desde luego contribuye a una vida agradable. Nos encanta
ver la ropa planchada y colgada en el armario. Pero un hogar limpio en exceso de meticulosidad no es placentero. Si
entras y parece que no puedes pisar o tocar nada, está bien lejos de ser un lugar relajante y en el que se pueda disfrutar.
Los hogares no son museos, sino que son para disfrutarlos. No hagas de la limpieza una tortura para la familia.
A las mujeres nos encantan las plantas y las flores. Disfrutamos cuando vemos la mesa bien puesta, y cuando vemos a
nuestra familia o amigos comer con gusto lo que hemos cocinado. Nos encanta conversar y sentarnos con alguna amiga
o amigas con una buena taza de café.
Tal vez te acuerdas de aquellos tiempos en que tu madre hacía pan casero ¡qué olor tan bueno llenaba la cocina y toda
la casa! Hoy día la gente lo prefiere hecho en fábrica o congelado. Hasta no hace mucho tiempo casi todo era casero, se
cosía la ropa en casa, se hacían comidas caseras y no precocinadas, se hacían mermeladas, bizcochos, pasteles etc.
Ahora quedan muy pocas cosas caseras. Todo se hace en serie, en grandes cantidades y con muchos conservantes. Creo
que en esta área hemos perdido muchas cosas buenas que deberíamos de retomar (Proverbios 31:15):”Se levanta aun
de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas”.
3. Un hogar hospitalario. En 1ª Timoteo [Link]”… que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos; si ha
practicado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena
obra”, las viudas lavaron los pies de los santos. Eso es hospitalidad, “buena acogida y recibimiento que se hace a los
extranjeros o visitantes”, en otras palabras tener tu casa abierta y dispuesta a recibir a quien lo necesite. Es un área sin
precio para practicar el amor y el testimonio cristiano. Mucha gente piensa que el ser hospitalarios es tener que
preparar grandes comidas o banquetes, pero no es así, es dedicar tiempo y recibir en nuestro hogar a un hermano o
hermana, o alguna persona que ni siquiera conocemos para hablar, consolar, testificar. Es muy triste ver cómo hay
mujeres que nunca ofrecen su casa para reuniones o para recibir a alguien. Creo que casi todos los domingos en mi casa
hay alguien a comer, y siempre que hemos tenido hermanos que se han quedado en casa a dormir hemos sido
bendecidos. Creo que es un privilegio tener nuestros hogares dispuestos para ayudar a los demás (Proverbios
31:20):”Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso”.
CONCLUSIÓN
Tenemos que ser mujeres sabias que edificamos nuestras casas (Proverbios 14:1). El ministerio de la mujer ha de
centrarse en primer lugar en su hogar. Todo el pasaje de Proverbios 31:10-31, nos habla del equilibrio en la vida de la
mujer. Dios nos ha hecho maravillosas, polifacéticas, prácticas, soñadoras, hábiles etc. Estos versículos forman un poema
acróstico. La primera letra de cada versículo corresponde a las letras del alfabeto hebreo.
¡Mujer virtuosa! Contemplemos la personalidad de esta mujer. Es activa, voluntariosa, habilidosa y artista, generosa,
caritativa, previsora, emprendedora, cuidadosa de su aspecto, sabia y misericordiosa. Pero la cualidad más maravillosa
que tiene es que teme a Jehová, y ese es el principio de la sabiduría. Esta mujer virtuosa tiene todo un abanico de
cualidades.
No quiero que nos deprimamos al ver que no tenemos las mismas cualidades que esta mujer. El Señor te ha creado
como eres y eso no lo podemos cambiar, pero sí podemos poner los cimientos de nuestro carácter que es el temor a
Jehová. Dios no se preocupa tanto de lo de afuera sino de tu espíritu interior. Lo que Dios valora en una mujer es un
carácter afable y apacible (1ª Pedro 3:1-4). Fijaros que aquí Pedro está enseñando que la mujer tiene que ser decorosa,
casta y respetuosa en su conducta, y modesta en su adorno. Dios mira el corazón y lo que realmente interesa es que
reflejemos el carácter de Cristo. Pedro no describe la moda. La moda va cambiando, pero cada una sabe lo que es
modesto o no. Quizás nunca hemos reflexionado en este asunto de la ropa, o no se habla mucho en las iglesias, pero
incluso Dios se preocupa de cómo quiere que nos vistamos. Por lo tanto no le demos tanta importancia a lo externo sino
al espíritu interno.
Según el diccionario “el carácter es el conjunto de cualidades psíquicas y afectivas, heredadas o adquiridas, que
condicionan la conducta de cada ser humano distinguiéndole de los demás”. El carácter es lo que somos, los rasgos que
definen nuestra personalidad. Lo que hacemos procede de lo que somos, es decir, actuamos de acuerdo a la clase de
persona que somos.
A los ojos de Dios, nuestro carácter, nuestra estatura espiritual, es mucho más importante que las grandes cosas que
podamos hacer. El carácter cristiano es humilde, manso, justo, misericordioso y limpio de corazón. El carácter básico de
la mujer es entrega, sacrificio, ternura, comprensión y compasión.
Ahora bien, y para acabar ¿cómo se forma un carácter cristiano en la mujer? Buscando a Dios cada día, y obedeciéndole.
No hay recetas mágicas, ni hay nada nuevo que se haya descubierto en el mundo cristiano, sigue siendo como siempre
ha sido. Orad y velad, leer las Escrituras, aprenderlas, derramar vuestro corazón al Señor cada día y esa es la escuela
mejor (la de las rodillas) para que el Señor obre y siga obrando en nuestras vidas.
El sacramento del matrimonio no solo busca la santidad personal de los esposos, sino que también impulsa a contribuir con la misión de la Iglesia. Todos los bautizados, y por ende las parejas casadas, son responsables de la misión eclesial. Esta vocación apostólica de los esposos se manifiesta en el marco de la vida matrimonial y familiar, impregnando de espíritu cristiano la convivencia conyugal y la educación de los hijos .
El tiempo devocional diario es crucial para la mujer cristiana ya que mantiene su relación con Dios, fortalece su vida espiritual y proporciona la sabiduría y fortaleza necesarias para cumplir su papel en el hogar. Este tiempo a solas con Dios garantiza que ella esté espiritualmente conectada y en paz, lo cual es esencial para ser un buen testimonio y guía para su familia .
La indisolubilidad del matrimonio se considera un don más que una imposición, reflejando el amor irrenunciable de Cristo hacia su Iglesia. Esta visión otorga al matrimonio no solo estabilidad, sino que lo eleva como un símbolo del amor de Cristo, así como un testimonio ante el mundo de la posibilidad de vivir valores como el amor, ternura y fidelidad .
La mujer cristiana debe priorizar su relación con Dios, ya que es la base para formar un hogar cristiano. Su devoción diaria incluye leer la Biblia y orar individualmente, no solo en actividades conjuntas con su familia. Esta práctica permite a la mujer ser un pilar sabio y justo en el hogar, reflejando el modelo bíblico de la mujer virtuosa que teme a Jehová .
La sabiduría se considera fundamental en la edificación del hogar. Proverbios 9:1 compara la sabiduría con una casa bien construida, lo que sugiere que un hogar basado en principios sabios es sólido y seguro. Proverbios 14:1 advierte que la falta de sabiduría puede destruir un hogar, destacando la importancia de la sabiduría en mantener la estabilidad y prosperidad familiar .
La estabilidad del matrimonio en el contexto cristiano se fundamenta en su carácter sacramental, representando el amor indisoluble de Cristo por la Iglesia. A diferencia de visiones culturales que pueden considerar el matrimonio como un contrato ajustable, el cristianismo ve la indisolubilidad como una cuestión de fe y un reflejo del compromiso absoluto y no transitorio entre Cristo y su Iglesia .
El documento enfatiza que la fe debe activarse especialmente en momentos de adversidad cuando Dios parece no responder. La fe implica confiar en Dios pese a la ausencia de evidencia visible o respuestas inmediatas, creyendo que Él cumplirá su propósito en el tiempo y manera perfectos. Este enfoque resalta que la fe no depende de respuestas específicas, sino del reconocimiento del carácter de Dios .
La mujer virtuosa es descrita como aquella que teme a Jehová, posee sabiduría, y es un soporte para su marido. Su carácter impulsa un matrimonio estable y saludable, ya que su confianza, bondad y apoyo hacia su esposo refuerzan la unidad y perpetúan el bienestar familiar, convirtiéndose en una corona para su esposo, en lugar de ser una fuente de desasosiego .
San Pablo establece que el amor conyugal debe ser un símbolo del amor de Cristo a su Iglesia, caracterizado por la entrega total y la fidelidad. Este amor matrimonial se considera un 'misterio' que refleja la relación divina, con el propósito de ser una experiencia que conecta lo humano con lo divino, mostrando al mundo una imagen vivida de la relación entre Cristo y su Iglesia .
El matrimonio cristiano es visto como un signo de salvación y amor divino porque refleja la alianza de Dios con su pueblo y el amor sacrificial de Cristo por la Iglesia. Al vivir este amor de manera visible, los esposos se convierten en un testimonio ante el mundo del amor y fidelidad de Dios y participan activamente en su plan redentor .