Regresiones: Viaje en el Tiempo M/M
Regresiones: Viaje en el Tiempo M/M
Rating: Mature
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Category: M/M
Fandom: The Avengers (Marvel Movies), Iron Man (Movies), Captain America
(Movies), Agent Carter (TV)
Relationship: Steve Rogers/Tony Stark, Peggy Carter/Steve Rogers, Howard
Stark/Maria Stark, Pepper Potts/Tony Stark, James "Bucky" Barnes &
Steve Rogers, Tony Stark & Howard Stark
Character: Steve Rogers, Tony Stark, Howard Stark, Peggy Carter, Pepper Potts,
Bruce Banner, James "Bucky" Barnes, Maria Stark, Natasha Romanov,
Clint Barton, Thor (Marvel)
Additional Tags: Time Travel, alternative universe, Drama, Love, Angst, Angst and
Humor, Steve Rogers and the 21st Century, Tony Stark Has A Heart,
Protective Steve, Tony Stark Has Issues, Howard Stark's A+ Parenting,
Tony Stark Hates Magic, Loki Does What He Wants
Stats: Published: 2015-10-10 Completed: 2016-06-22 Chapters: 30/30 Words:
89182
Regresiones
by Stony RS (StonyRS)
Summary
La segunda guerra mundial había sido ganada, Steve Rogers llevaba la vida tranquila y
honorable que cualquier Capitán héroe de guerra llevaría, a punto de desposar a su novia
por más de 2 años; Peggy Carter, acostumbrabo a BBQS los sábados en casa de Bucky y a
los bailes del cuartel.
Su vida rutinaria y monótona era perfecta, hasta que Howard Stark le pidió su ayuda para
viajar en el tiempo por el bien de América.
Todo habría sido perfecto, hubiera continuado su vida en 1950 al volver de su misión, de
hecho ni siquiera era tan complicado... hasta que despertó desnudo en la cama de un
completo desconocido...
Notes
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La propuesta
1950
“Pasa, Steve, adelante” la voz de aquella mujer hermosa con una dulce sonrisa solo propiciaba a
que Steve se sonrojara aún más, asintió murmurando un tímido “Gracias” y pasó a la gran sala de
aquella mansión poco conocida. Sus dedos moviéndose nerviosos.
Sus ojos eran castaños, un castaño amielado que robaba suspiros de cualquier que se atreviera a
mirarla por más de 10 segundos, Steve bajó la mirada, su tez era pálida y su cabello castaño claro
caía suelto hasta su cintura, vestía un conjunto negro con blanco, la falda a la rodilla y tacones de
no más de 5 centímetros, un collar de perlas en su cuello, y varios diamantes en sus múltiples
anillos, vestía como toda una burguesa de los años 50’s, como la digna esposa de un millonario.
Steve tragó con dificultad, no estaba acostumbrado a tanta opulencia económica, de hecho apenas
se estaba acostumbrando a Howard.
“No gracias madame, estoy bien” dijo aún tímido y escucho la ligera risa de ella, no podía evitarlo,
María era una mujer cautivante, levantó la mirada y sonrió tímidamente.
“Howard vendrá en seguida” dijo sonriente y salió de la enorme sala alfombrada, dos mucamas
siguiéndola.
Después de varios minutos un hombre vistiendo un chaleco tinto, camisa blanca, pantalón de vestir
negro y manchas notorias de aceite en su cara entró a la sala, estaba platicando animadamente con
el mayordomo.
“Está bien Steve, calmado, puedes llamarle Peggy, sé que llevan saliendo ya dos años” Steve
asintió sonrojándose aún más.
“Por cierto, ¿Es mucho tiempo ya, no? Creí que se casarían de inmediato” dijo caminando con un
vaso vacío hasta la botella de licor que tenía sobre la mesa de caoba del comedor, Steve asintió de
nuevo.
“No he encontrado el momento de proponerle” dijo honesto y Howard lo volteo a ver con una
enorme sonrisa
“El momento es lo de menos, ella te diría que sí en donde fuera” dijo con una amplia sonrisa y
caminó hasta Steve, extendió su mano desocupada y Steve la tomó en un firme apretón de manos.
“¿Y para qué soy bueno?” preguntó curioso y Howard levantó una ceja tentativamente.
“Ven, tengo que mostrarte algo” dijo y salió de la sala, Steve permaneció parado en donde lo había
dejado, hasta que escuchó el grito lejano de aquel hombre “Sígueme”
Steve volteo a sus alrededores, la casa perfectamente ordenada, las maderas más caras, las
alfombras de miles de hilos, floreros artesanales con flores naturales por doquier, demasiada
servidumbre para una pareja de recién casados, tragó saliva con dificultad y obedeció.
Bajo unas escaleras oscuras hasta llegar a un sótano donde al parecer era el estudio de Howard,
miles de máquinas distintas, misiles, herramientas, manchas de aceite y planos por doquier. Steve
intento caminar cauteloso.
“Procura no tocar nada, el 80% de lo que hay aquí son bombas funcionales” Steve lo volteo a ver
nervioso esperando que fuera una broma. No lo era.
Lo siguió intentando pisar donde el pisaba, Howard se detuvo frente a una capsula metálica que
despedía luz azul cielo y en la que se leían muchos números distintos.
“Tengo una teoría. Pero necesito que me escuches con atención Steve”
Steve volteo a ver la capsula con ojos abiertos y con los labios entreabiertos, quería decir tanto
pero no encontraba las palabras, Howard levantó la mano pidiendo silencio.
“He estado haciendo cálculos e intente viajar en ella yo mismo, viaje al pasado, no mucho, solo
dos horas atrás y me di cuenta que tenía el poder de cambiar los actos que hacía y que estos
repercutían notablemente en mis siguientes minutos. Intente viajar hacia adelante, una hora
adelante cuando tú me dabas la respuesta de lo que te preguntaré al final, aún no sé si este momento
es repetido o es el primero, no lo sé a ciencia cierta pero tengo una teoría al respecto.
Existen varias realidades alternas, por ejemplo, en una perdemos la guerra, en otra la ganamos.
Ambas se desarrollan perfectamente con sus causas y consecuencias, ambas son reales, y en ambas
habitamos, solo que no somos conscientes de ellas, por eso creemos que está es la única.
Mi plan era hacerlo yo mismo, y puedo viajar al pasado cuántas veces quiera, sin embargo mi
condición física no soporta viajar al futuro, es mucho más desgastante, no sé si envejecería en el
intento o tal vez incluso, moriría. No sé si morir en el futuro repercuta directamente en el presente,
aún nada está seguro.
Sin embargo estuve analizando tu composición física y tú excedes los parámetros, tú podrías volver
en el tiempo, pasado, futuro…. Las veces que quisieras”
“Sí, pero Steve, imagínate, con lo que nosotros dejamos, nuestro legado es su punto de partida para
seguir creando, si nosotros dejáramos lo que ellos ya crearon, ¿Te imaginas? Sería una revolución
tecnológica que dejaría en vergüenza a la revolución industrial. Es una evolución universal,
conocer no el mundo, el sistema solar, las galaxias… Steve, es el futuro”
La voz de Howard estaba exaltada, hablaba apresurado, sus ojos castaños brillando vívidamente, la
emoción de un hombre de cambios, de ciencia, Steve se sentía aterrado ante la idea, sin embargo
los argumentos de Howard eran válidos, sería una evolución constante para todos.
Asintió asustado.
“Por supuesto”
“Entonces te ayudaré en todo lo que pueda” dijo y Howard le regaló una sonrisa deslumbrante.
“Vamos a ir moviéndonos a una realidad alternativa vecina, una en la cual la guerra no se gana
gracias a Inglaterra, sino a América”
“¿Existe?”
“¿Por qué no analizamos la realidad en la que habitamos?” preguntó temeroso de quedarse absorto
en realidades desconocidas.
“Porque en esta realidad todos los derechos sobre ti, sobre la fórmula de Erskine y los avances
tecnológicos están al mando de Inglaterra, necesitamos ganarla nosotros, para poder tener el
control de esto”
“Steve cada país ve exclusivamente por su gente, si a América lo abate una epidemia, Inglaterra no
moverá un solo dedo sino para conquistarnos de nuevo. Necesitamos haber ganado nosotros”
“Nos vamos a ir de vuelta a la guerra, un año así como eso de 1944. Será rápido, solo para que nos
digas cómo está la situación, el pasado no me interesa, solo el futuro” Steve asintió de nuevo
“Después nos iremos por décadas. 1960, 1970, 1980… etc.”
“Si quieres coméntale a Peggy, tómate el día para pensarlo y mañana a las 10 de la mañana te veo
aquí”
“Gracias, con permiso Señor Stark” dijo y extendió la mano temblorosa, Howard sonrió
desinteresado y sacudió su mano.
“Por favor, dime Howard” dijo sonriente y Steve no pudo evitar sonreír avergonzado.
2020
Chapter Summary
“Peggy, debo decirte algo” Steve se miraba al espejo intentando ocultar en su expresión el miedo
que lo carcomía, no quería dejar este mundo, ni a ella, no podía dejar a Bucky, ni esta vida tan
perfecta. Se mordió el labio y levantó la mandíbula.
“Peggy… hay algo que debo contarte” volvió a practicar con su mirada azul fija en el espejo.
“¿Hablaste con Howard?” La voz femenina de Peggy lo sacó de su trance, salto involuntariamente
hacía atrás y ella soltó una risita mientras se quitaba su gorro de teniente.
“Lo correcto Steve, como siempre” dijo sonriendo y Steve al escucharla gano la pizca de confianza
que le faltaba para tomar una decisión.
“Vamos Steve, son realidades alternas, en las cuales como tal tú no existes. Bueno, otro tú existe,
pero no el tú de este momento. Es como ser un espectador” dijo y Steve le dio un cálido beso en los
labios, cerró los ojos y pegó su frente a la de ella.
“Tienes razón, es solo que me da miedo dejar esto” Peggy sonrió asintiendo.
“Solo es una misión de algunos días, ni siquiera son meses fuera de aquí”
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“Estaba pensando en Paris, ¿Qué opinas?” Steve preguntó intentando sacar platica para distraer su
creciente nerviosismo, Howard vestía un chaleco negro abierto y sostenía un puro en los labios, sus
ojos distraídos danzaban entre línea y línea de las miles de hojas con estadísticas y fórmulas que
cubrían el piso y la mesa de trabajo.
“¿Proponerle en Paris? Demasiado obvio” dijo sin mostrar peculiar atención y comenzó a caminar
como buscando algo, Steve se mordió el labio nervioso.
“¿Reino Unido?”
“Steve no debes salir del país ni montar todo un escenario con rosas y velas para decirle a una
mujer que la amas” Howard dijo entre risas y caminó directamente a él sosteniendo un pequeño
aparato en las manos.
“Peggy te dirá que sí en cualquier momento, más bien, ¿estás seguro de hacerlo?”
“Disculpa, es solo que no sé qué sea amor” dijo sonriente y comenzó a preparar la máquina del
tiempo.
“Sí, lo es. Es hermosa, inteligente, creativa, generosa, perspicaz… Pero no creo que eso sea amor”
Steve se quedó callado, sus labios temblorosos, no supo decir que era amor. La descripción que
Howard había hecho de María era la misma que él tenía de Peggy, si eso no era amor para el
científico, entonces ¿Qué lo era?
“No me hagas tanto caso Cap, al final cada quien tiene sus propios demonios. No hay necesidad de
compartirlos”
Steve asintió
“Sí, mejor pongámonos a trabajar” dijo intentando no indagar tanto en la idea que Howard acababa
de sembrar en él.
“Perfecto. La capsula ya está programada, te arrojara a 1960 en la realidad alterna Z02, así le
llamaremos. Steve necesito que siempre lleves este aparato contigo” dijo y le extendió un pequeño
dispositivo con un botón negro en el centro “Cuando presiones el botón automáticamente vendrás a
esta realidad, necesito que solo lo hagas cuando verdaderamente lo necesites, solo hay 3
oportunidades de utilizarlo”
Steve asintió.
“Muy importante Steve, vas a llegar a la época siendo tú, puede que tengas otras amistades, otras
relaciones, otro trabajo, necesito que no te descubra nadie, actúa acorde a lo que entiendas que eres
en ese momento, te dejaré solamente una semana en cada época, la idea es que esta misión dure 6
semanas, ¿estás de acuerdo?”
Steve asintió.
“Cualquier duda que tengas puedes consultarla en libros de historia, necesitas ser muy inteligente,
pero sobretodo que nadie te descubra jamás”
“¿En qué año empezaremos?”
1960
¿Dónde estaba? ¿Por qué no podía abrir los ojos? ¿Ese sonido qué era? Como si fuese el
movimiento constante de agua… ¿Por qué no podía moverse? ¿Estaría muerto? ¿Habrá fallado
algo? Que desesperante era cada segundo que pasaba, no podía ver nada, ni sentir nada, ni siquiera
contraer el más pequeño de sus músculos, intento exhalar… no podía respirar, no podía siquiera
presionar el botón que Howard le había dado….
Estaba muerto.
1950
“¿Y? ¿Qué tal? Cuéntamelo todo!” La voz de Howard estaba exaltada, los ojos de Peggy brillaban
de emoción y Jarvis permanecía de pie en el marco de la puerta, su mirada curiosa y expectante.
Steve tomó aire, era tan placentero por fin volver a respirar
“Estaba muerto”
“No puede ser, si estuvieras muerto no te habrías dado cuenta de que estabas” Howard dijo y Steve
levantó la mirada angustiada.
“Además puedes vivir mucho más que el promedio de vida humano Steve, ¿Qué sentías?”
“Nada, no podía moverme, ni respirar, ni siquiera podía abrir los ojos… Todo era tan frío, tan
sólido”
“No podía hacer nada, era como estar muerto pero ser consciente de eso”
“Howard no creo que sea la ocasión, y no creo que debamos volver a intentarlo” dijo con voz
áspera y ambos hombres le dirigieron la mirada, la de Steve estaba llena de dulzura y
agradecimiento, la de Howard en cambio era demandante y caprichosa.
“No Peggs, está bien, es por el bien del mundo, volvamos a intentarlo unas décadas después”
1980
El frío era abrumador, le calaba hasta en los huesos. La imposibilidad de moverse un martirio…
Una luz lejana…
Imposible respirar.
1950
“¿Estas muy estresado?” María pregunto con voz tenue mientras masajeaba delicadamente la
espalda de su esposo, Howard no dijo nada, cerró los ojos y exhalo pesadamente.
“No logró entender que salió mal” murmuro en un susurro, María le plantó un cálido beso en la
mejilla y camino hacía el baño, se desnudó sensualmente y sobre la piel desnuda se puso un
camisón verde esmeralda, contrastando vívidamente con su piel marfilina.
“¿Salió? ¿Te has dado por vencido?” Preguntó asombrada y Howard exhalo de nuevo incapaz de
decir algo, se levantó de la cama y caminó hasta la mesa de licores que tenían en la recamara
principal, se sirvió uno doble.
“Peggy no quiere que volvamos a intentarlo, teme por la sanidad de Steve” María asintió.
“Steve quiere volver a intentarlo, pero no quiere contradecir a Peggy, es demasiado manipulable”
“Todos los hombres son manipulables con la mujer adecuada” Howard sonrió pícaro ante las
palabras de su bella y muy joven esposa, tan solo 18 años y sabía que decir en el momento preciso.
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“Jarvis te dije que no quiero ser molestado” Howard respondió absorto en su trabajo, una densa
nube de humo cubriendo el espacio.
“Pero es el Capitán…”
Howard se mordió el labio y levantó la mirada, simplemente asintió. A los pocos minutos Steve
estaba parado frente a él, su mirada nerviosa y sus mejillas sonrojadas, de seguro se había
encontrado con María antes de llegar acá, Howard sonrió.
“¿Peggy sabe?”
Steve negó con la cabeza, sus ojos azul cielos cargados de culpa.
“No, 2020”
Howard asintió, no podía contradecirlo en nada, después de todo esto era justo lo que Howard
quería, descubrir horizontes a través del tiempo
“Perfecto”
2020
Un rayo de luz se fue recorriendo lentamente por las sabanas, llego hasta el rostro perfecto de aquel
hombre que se sumergía en un profundo sueño, la luz le molesto en minutos, abrió los ojos
tenuemente.
Su vista era borrosa debido al estado seminconsciente en el que se encontraba, intento seguir
durmiendo hasta que notó que la luz cada vez era más, iba tarde. Abrió los ojos de golpe, su vista
ajustándose a los detalles, frente a él un horizonte impecable, la salida de sol matizando de rayos
rojizos el cielo, el océano a sus pies.
Se movió agitado entre las sabanas dándose cuenta que se encontraba totalmente desnudo, su
paranoia alterándolo hasta que recordó a Howard, la máquina, el año… ¿Qué año era? Se mordió
el labio intentando recordar las muchas advertencias de Howard, este iba a ser su último intento, si
seguía despertando en aquel lugar frío, inerte, entonces se iban a dar por vencidos en esta locura,
sin embargo esto no era nada parecido a la hipótesis de la muerte que sostenían Peggy y Howard…
Esto era tan vívido.
Se sentó en la cama contemplando el paisaje deslumbrante, recordó el año… 2020. Se talló la cara
adormilada con su mano, contempló su piel, se veía blanca, joven, ¿Dónde estaba? ¿Qué habría
pasado? Entonces miro detenidamente su mano y contempló un anillo sencillo de un material que
brillaba con luz propia, brillaba entre tonos plateados y azules. ¿Qué era ese material?
Se lo quito para analizarlo, no decía nada, sin embargo sentía que le pertenecía, analizó su dedo
anular izquierdo, ahí debía ir la sortija de matrimonio… lo consideró un momento. Sintió un
escalofrío en su interior, comenzó a captar con más atención los detalles del espacio, era amplio, la
mayoría de cristal, los muebles pulcros y sobrios, de un diseño exclusivo, Steve no debía ser un
genio para poder darse cuenta que la simple recamara valía mucho más dinero del que había
contemplado en la guerra, la mansión de los Stark no era nada comparada a este lugar.
Tragó con dificultad, volteo hacía la pequeña mesa de noche contemplo un portarretratos, lo tomó,
era él mismo vistiendo una camisa azul de cuadros, unos jeans oscuros, una sonrisa tímida. Su
atención fue realmente cautivada por el hombre que lo acompañaba en la foto, se le hacía de alguna
manera familiar… era de tez morena clara, barba perfectamente estilizada, cejas espesas, cabello
quebrado y revuelto, sonrisa pícara y gruesas arrugas contorneando sus ojos… Esos ojos. Steve
sintió su estómago revuelto de solo verlos, eran castaños sin embargo lo penetraban a través de la
foto, brillaban audacia, inteligencia, valor. Sintió un nerviosismo susurrante y soltó la foto en la
cama. ¿Quién era ese hombre?
La respuesta vino más pronto de lo esperado, sintió algo moverse en la cama y volteo hacía el lado
al que le daba la espalda, contempló una espalda desnuda, tez morena clara, cabello castaño oscuro
revuelto.
Inevitablemente se separó más de aquel cuerpo, sintió un miedo pulsante en su interior ¿Qué hacía
desnudo durmiendo con un hombre en este espacio tan lujoso? Sintió un pavor y decidió que lo
mejor sería salir del cuarto en busca de alguien que le explicara indirectamente las cosas, al
momento en el que intentó levantarse de la cama, una voz inundo la habitación.
“Es domingo, no vayas a correr” Era una voz somnolienta, grave y atropellada, Steve miró aterrado
a aquel hombre que permanecía dándole la espalda, iba a intentar levantarse de nuevo hasta que
recordó que estaba desnudo y la vergüenza lo hizo sentarse de nuevo, cubriéndose lo más que
podía con las sabanas de más de mil hilos blancas.
En eso el hombre desconocido volteó aflojerado, sus ojos permanecían cerrados pero en segundo
Steve pudo notar que era el mismo hombre de la foto, el mismo corte de barba, la misma nariz
respingada y cejas gruesas. Sintió un nudo en la garganta acompañado de ese presentimiento que
había buscado ignorar desde que despertó.
“Iré a correr” mintió intentando seguir con la corriente, debía salir de ahí a como diera lugar, se
sentía demasiado desprotegido, vulnerable, sucumbiente a este extraño
“Es domingo Steve” repitió aún con los ojos cerrados y Steve intentó resbalarse entre las sabanas
para escapar, una mano áspera y dura lo tomó delicadamente del muslo, se sobresaltó al contacto
retirando casi agresivamente su pierna, un sonrojo quemándole las mejillas.
El aliento escapó de su pecho, una agitación interna y esa sensación de vulnerabilidad total, como
si alguna fuente mágica hubiera desconectado todos sus sentidos y bloqueado su mente, solo un
pensamiento revolviendo su cabeza: Esos ojos.
Eran castaños sin embargo brillaban con una luz propia, eran vivos, profundos, analistas. Las
gruesas y tupidas pestañas enmarcaban perfectamente el iris y sus cejas espesas perfectamente
alineadas le recordaban de cierta manera a la hermosa esposa de Howard… Mierda, debía dejar de
fantasear con esa mujer.
Se mordió el labio intentando verse casual, aquel extraño frunció el ceño. Mierda, de verdad era
pésimo actuando.
“¿Sigues enojado por lo del Viernes?” la pregunta fue tan casual, su voz firme y su mirada era
demasiado analista, ese extraño era más observador de lo que hubiera esperado, lo cual complicaba
las cosas. Steve asintió estúpidamente, no podía ser descubierto tan rápido, se sentía demasiado
presionado, no… esta era una misión y no fallaría por su culpa.
El extraño torció los ojos como un niño haciendo un berrinche, empujo molesto las sábanas
blancas que lo cubrían, su pecho desnudo dejo ver una cicatriz atravesando su pecho, varios
tatuajes en tinta negra adornando su piel morena clara, arqueo la espalda y cada musculo de su
cuerpo se marcó, la luz natural del sol creando contrastes inigualables en su cuerpo. Steve tragó
difícilmente.
¿Qué había hecho en su vida para despertar desnudo en la cama de un hombre tatuado 20 años
mayor que él?
Steve no sabía de qué mierda estaba hablando aquel extraño, pero recordaba nítidamente las
palabras de Howard “Sé tú mismo y sigue lo que entiendas que eres en ese momento” Así que
Steve aun temblando internamente de nervios decidió jugársela.
“Yo siempre me doy cuenta de todo” lo dijo de una manera natural y por la amplia sonrisa de aquel
hombre, dedujo que estaba jugando correctamente sus cartas.
“Casi de todo” el extraño dijo sonriendo y rodó en la cama hasta llegar a él, Steve sentía su aliento
en su pierna. Tenía dos alternativas, quedarse y esperar que pasaría o huir bajo el pretexto más
idiota.
“Te lo puedo compensar…” aquel hombre dijo y Steve sintió un cálido beso en su muslo, no. No
podía pretender por más tiempo, al menos no cuando este extraño tenía tanta confianza con él,
sintió un súbito sonrojo en sus mejillas y un nudo en la garganta.
“Iré por algo de desayunar” dijo en un murmullo e intentando no pensar tanto en lo incomodo de la
situación se levantó rápido, tomando la primer ropa que encontró en una silla cercana, no puedo
evitar observar como los ojos castaños lo seguían atentamente, salió de la enorme recamara casi
corriendo.
“Jarvis, hay algo raro en Steve” el extraño aseguro con mirada deductiva.
“Sí”
Steve duró demasiado tiempo en encontrar la escalera o el ascensor, iba vistiéndose mientras
corría agitado entre los amplios salones y puentes de cristal que interconectaban la casa, la vista
del océano envolviéndolos ¿Dónde estaba? Al encontrar las escaleras las bajo corriendo,
abrochándose los botones de la camisa blanca que vestía, una mujer de mediana edad vestía un
vestido negro y organizaba unos papeles en la mesa, la mujer de tez blanca y cabello rojizo lo
volteo a ver extrañada.
“¿Se encuentra usted bien señor Rogers?” preguntó con un impecable formalismo y Steve sintió un
vuelco en el estómago, “Señor” nadie jamás había usado esa palabra refiriéndose hacia él, había
escuchado múltiples veces que se usaba, pero solo para referirse a gente poderosa, por ejemplo
Howard. Tragó difícilmente y asintió, buscando algo desesperado la puerta de ingreso.
Caminó según él discretamente fuera del espacio, los ojos azules de la mujer lucían confundidos,
mierda.
Abrió en total 4 puertas, la primera lo guio a una bodega, la segunda a un taller, la tercera a un
estudio/biblioteca, la cuarta al fin dio con un inmenso jardín, el desajuste de temperaturas lanzó un
escalofrió por su piel, el calor se hizo evidente. Corrió fuera de la enorme mansión y entonces se
dio cuenta que estaba sobre una enorme colina, no había absolutamente nada más que la carretera y
una vista majestuosa, tragó difícilmente.
“¿Le gustaría que lo lleve a algún sitio?” una voz masculina lo hizo saltar súbitamente.
“Por favor” dijo en un murmullo y el hombre rondando los 40 años asintió, abrió la puerta de un
lujoso Bentley negro, Steve se subió, sus manos sudando y sus ojos denotando su pánico.
“Por desayuno” dijo esperando que el extraño lo llevara al sitio correcto, funcionó.
En breves minutos y después de tomar una autopista que los sacara de la mansión, se encontraban
frente a la casa del Waffle, Steve salió del carro y caminó hacía el restaurante, en cuando la chica
lo vio, sonrió ampliamente.
“¡Steve! ¿Lo usual?” preguntó sonriendo y Steve asintió con una sonrisa sincera, al parecer la
gente de esta dimensión lo apreciaba “¿Vino Tony?” preguntó buscando con la mirada detrás de él.
Tony. Ese nombre lanzó una taquicardia e hizo que se sonrojara notablemente, la chica sonrió
“Eres tan adorable, Tony es sin duda un bastardo con suerte” dijo sonriente y pasó la orden a
cocina, Steve estaba algo desconcertado, no podía seguir con estas crecientes dudas, además esta
chica parecía conocerlo… al menos superficialmente, que era justo lo que necesitaba, la opinión de
un tercero.
“Más de 7 años casados y todavía te sonrojas adorablemente cuando hablan de él” dijo viéndolo
con ojos brillantes.
“Como siempre te lo he dicho, él es el hombre que cualquier persona quisiera tener, pero una vez
teniéndolo no podrían lidiar con tanto Tony”
“Jamás entenderé como un chico tan tierno y noble como tú terminó atando su vida a aquel
mujeriego alcohólico” Steve sintió como si nada tuviera sentido.
“Hablas como si lo odiaras” dijo naturalmente y la chica lo miro preocupada, sin embargo se apegó
a sus palabras.
“Tú sabes bien que no lo odio, Tony Stark es sin duda encantador…”
“Es envidia de la buena Steve, no la escuches” dijo otra chica que le dio un paquete algo grande de
comida, Steve lo tomó sin dudar, su mirada perdida y ese nombre tatuado en su mente.
Stark.
Sintió un hormigueo tan molestamente angustiante, salió casi corriendo del lugar, ni siquiera se
molestó en pagar, y como nadie le dijo nada, supuso que de alguna manera ya estaba la cuenta
saldada. El hombre que deducía era el chofer lo esperaba con mirada angustiada.
“Señor Stark ¿Se encuentra usted bien?” preguntó y el simple hecho de portar ese apellido hizo que
un patético grito agónico saliera de sus labios.
“Sí…no” Sus ojos azules cristalinos y sus manos temblorosas “Llévale esto a Tony, vuelvo más
tarde” dijo y comenzó a caminar por las calles del pequeño poblado, en dirección contraria a la
mansión.
“¿Seguro que está bien?” Preguntó en un tenue grito y contempló como el hombre rubio levantaba
ambos brazos mostrando el pulgar en ambos puños, Happy lo miro confuso, en eso una llamada
rompió sus pensamientos. Contestó.
“Hay algo extraño con Steve” era la tan conocida voz de su amigo… su jefe, asintió.
“¿Está contigo?”
“No, se fue, dijo que volvería más tarde. ¿Lo sigo?” preguntó mientras subía al vehículo, escucho
un silencio en la línea, después la voz quebrada de Tony.
“No, ven con el desayuno. Peter aún no despierta” dijo intentando sonar firme, lamentablemente
Happy lo conocía demasiado bien. Simplemente asintió y colgó la llamada.
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Steve caminó por horas, no supo realmente a donde se dirigía, las calles eran tranquilas y
pintorescas, no sabía en qué pueblo se encontraba, la playa los envolvía, el clima tropical y la
arquitectura era tan regionalista que una melancolía placentera lo dominaba. No sabía si volver, no
sabía que hacer realmente, todos, inclusive él y Howard habían pensado que despertaría en el
gobierno, u oficinas de esa índole, ¿Cómo había pasado de ser Capitán América al esposo de este
hombre? ¿Tony? ¿Tony Stark? Stark. ¿Tendría alguna relación con Howard?
Entre su caminó encontró una dependencia de gobierno y corrió hacía ella, al cruzar las puertas
escuchó un hombre que lo llamaba sonriente.
“¡Capitán! ¿A qué se debe el honor?” preguntó sonriente y Steve se sintió de nuevo en casa, al
menos un poco.
“Creí que Stark tenía dominio de nuestros servidores” Steve pudo notar la manera en que la gente
mencionaba el apellido, era un desagrado palpable y al mismo tiempo un respeto.
“Son para mí” dijo intentando desligarse de ese apellido, el hombre asintió.
“Usted tan recto como siempre, sígame, en unos minutos los encontramos” dijo y Steve lo
obedeció sin dudar. Estaba callado y contemplaba como el hombre buscaba entre diversas cajas de
cartón, todo era tan habitual, como si el tiempo jamás hubiera pasado por este pueblo, y eso, eso le
gustaba.
“¿Son para algún trámite de Peter?” preguntó sonriente y Steve asintió estúpidamente ¿Quién era
Peter?
“El Viernes contemple su pequeña disputa, ¿Todo está bien Capitán?” preguntó interesado y Steve
entendía ahora las palabras de aquel extraño.
“Sí… vaya que es difícil lidiar con Stark” dijo y extrañamente Steve sintió ganas de defender a
aquel extraño.
Las palabras salieron algo agresivas, hasta el mismo Steve se sorprendió de lo inesperadamente
posesivas que sonaron. El otro hombre no parecía sorprendido, simplemente asintió extendiéndole
una carpeta demasiado gruesa, Steve metió ambas manos a su chaqueta en busca de dinero,
encontró una cartera sobria café y una pequeña libreta de notas.
Abrió la cartera.
“No es necesario Capitán, después de tantos años de servicio, el gobierno le debe más de lo que
pueda imaginar” dijo y Steve le regalo una sonrisa confusa, sin embargo guardo la cartera y tomó
los papeles que el hombre le daba.
Asintió y salió del espacio, sostenía los papeles en la mano, sin embargo no tenía el valor de
leerlos, caminaba sin rumbo y contempló el inicio de la puesta del sol, caminó hacía la playa. Se
sentó contemplando el mar abierto, las olas crujiendo y la luz solar tornándose naranja, faltaba
cerca de una hora para la puesta de sol. Tomó el primer papel.
Sonrió tenuemente, sus ojos cristalinos. Eran los mismos nombres, las mismas fechas a las que
estaba acostumbrado.
Soltó las hojas instintivamente, una taquicardia descontrolándolo, su respiración agitada, comenzó
a sudar en frío mientras volteaba paranoico hacía los lados.
De su amigo.
Era demasiado bajo, no… no podía creerlo. Para empezar, los matrimonios entre un mismo sexo
eran ilegales, apedreados en su época… ¿Cómo era posible que conociendo la gravedad del
pecado, lo hubiera cometido?
Peor aún, con el hijo de uno de sus mejores amigos. 1970. Ese hombre era 52 años menor que él.
Claro que el suero lo había mantenido más joven, sin embargo… se sentía tan sucio, tan vil, sintió
un impulso desenfrenado por presionar el botón, por salir de esta dimensión…
No
Solo quedaba una oportunidad para volver y aún no había ni siquiera comenzado la misión, intentó
respirar lentamente, calmar sus latidos, era casi imposible, dejó el acta de Nacimiento de aquel
hombre, el siguiente papel casi lo mata de un infarto fulminante, era un acta de matrimonio, y
reconocía perfectamente su firma en la parte inferior de la hoja, estaba junto a esa firma tres veces
mayor a la de él, la firma se leía “Tony Stark” En letra rebelde y puntiaguda.
Estaba legalmente casado con el hijo de uno de sus mejores amigos. Se preguntó ¿Cómo se lo
tomaría Howard? De seguro peor que él mismo. Una risa lo sacó de sus pensamientos, era él
mismo riéndose, no sabía por qué. No sabía si era el estrés saliendo de su cuerpo inesperadamente,
o este sentimiento embargante de aventura, de contemplar una faceta de él mismo en la que había
roto todas las reglas. Contempló asustado el montón de papeles sobre la arena.
Ya había leído lo peor, no creyó que pudiera haber algo más desconcertante que lo que acababa de
descubrir.
Nacido: 2016
Padre: Anthony E. Stark Padre: Steven Grant Rogers.
C: Kudos y Comentarios c:
Recuerdos
Dejo salir una bocanada de aire y minuto a minuto el suero hizo su efecto, estabilizando sus signos
vitales.
¿Cómo mierdas era siquiera posible que dos hombres tuvieran un hijo? Lógicamente la biología lo
impedía, y no importaba que la tecnología hubiera roto fronteras en estos más de 70 años, había
cosas que no podían cambiar, tales como estas. Así que todo apuntaba a la adopción.
¿Cómo putas había accedido a adoptar a un bebé? Un matrimonio gay adoptando a un bebé, era
antinatural, por un momento sintió miedo de sí mismo, tal vez había perdido la cordura, tal vez esta
dimensión era una completa locura. No podía creer como todos los valores, los principios… sí,
acostumbraba no juzgar a nadie, sin embargo siempre había vivido una vida pulcra en base a una
estricta normatividad eclesiástica y social.
Esto era demasiado para él, debía huir. Debía presionar el botón, Howard lo entendería. Peggy
también… Peggy. ¿Qué había pasado con ella? Peggy… ¿Por qué ella no estaba en su vida?
Peor aún, la verdadera pregunta que el Capitán intentaba evitar era ¿Por qué jamás había sentido
esta clase de vulnerabilidad y locura con ella? ¿Por qué este extraño con solo mirarlo lo
atravesaba?
Decidió abandonar la jugada. Se puso de pie dejando los papeles en la arena, estaba buscando
entre sus cosas el dispositivo y en eso una voz lo desconcentro completamente.
“Abre la carpeta”
Volteo paranoico sin embargo nadie estaba en la playa más que él, además esa voz era la del
mismo. Mierda, estaba enloqueciendo. “Ábrela” la voz insistió de una manera tan terroríficamente
demandante que Steve tragó difícilmente y volteo hacía la gruesa carpeta tirada, eran fácilmente
unas 500 hojas, si tres hojas casi lo habían matado… No tenía muchas ganas de perder
completamente la cordura.
Sin embargo también podía seguir escuchándose a sí mismo pedirle algo en lo que estaba
totalmente en contra.
Tomó el primero.
“Junio 2011”
“Estoy vivo, estuve congelado más de 70 años. Los Doctores afirman que es un milagro, comienzo
a creer que es una maldición. Nadie está vivo más que yo.
Me contaron que Peggy se casó con un compañero del escuadrón, no recuerdo su cara… y ni
quiero hacerlo. Dicen que ella tuvo varios hijos y ahora disfruta su retiro en compañía de sus
nietos, aseguran que su vida fue plena y eso es suficiente para hacerme feliz, sin embargo este lado
egoísta humano me arroja millones de preguntas ¿Habrá pensado en mí alguna vez? ¿Me extraño?
¿Piensa en mí con la misma frecuencia con la que yo la recuerdo?
Bucky murió.
Eso lo supe desde hace más de 70 años, sin embargo tenía una tenue luz de esperanza de que él de
alguna manera estuviera aquí.
La esperanza no es nada más que un fantasma ilusorio que se burla de todos los que seguimos
vivos.
Hoy me enteré que Howard murió. No, fue asesinado. Asesinado por un prófugo de la ley, él y la
hermosa María iban a bordo de un vehículo, HYDRA los mató. No sé porque me dolió tanto
enterarme que duraron más de 10 años intentando tener hijos, cuando al fin tuvieron uno, fueron
asesinados.
El director de SHIELD intenta tranquilizarme diciéndome que a su hijo jamás le hicieron falta sus
padres, que ya tenía 18 años cuando eso sucedió.
Y también tenía cerca de 18 cuando mi madre murió, y no hay día que no la extrañe. Pregunte por
él, nadie quiso darme el nombre, al parecer nadie lo aprecia y eso me intriga…
El Director Fury me pide que llene estas hojas con fines meramente personales, por si algún día
alguien me borra la memoria o si HYDRA intenta manipular mi mente, al principio me mostré
reacio, sin embargo creo que es una manera de dejar ir todo esto, capturar en tinta todos mis
demonios.
Steve G Rogers”
Sintió un súbito golpeteo en el pecho, congelado durante 70 años. Peggy casada con otro hombre.
Bucky había muerto, Howard…. Era demasiado caótico, demasiado confuso, demasiado doloroso
simplemente leerlo, no podía imaginar vivirlo, el futuro era tan irremediablemente incierto que a
veces temía abrir los ojos cada mañana.
“Julio 2011
No recuerdo un cumpleaños tan frío como este. No había nadie. Solo un montón de papeleo que
leer, libros de historia, un apartamento pequeño pero cómodo en Brooklyn, y esta ciudad tan
distinta…
Cuando desperté lo primero que me dijeron era que la guerra se había ganado.
Lo que yo perdí.
Esto es tan innecesariamente consumista, tan superficial, tan poco sensitivo… El arte abstracto es
un asco. No quiero ser tan duro con la crítica, pero he visitado varios museos y jamás imagine que
dos manchas de pintura sobre un lienzo valieron más de 100 mil dólares.
Es absurdo.
Steve G Rogers”
Steve dejo la hoja sobre la arena, jamás había conocido esa parte de él, tan negativa, tan miserable,
por un momento sintió lastima por sí mismo, tomó la siguiente hoja.
“Agosto 2011
Yo no sé porque Fury quiere que escriba algo mensualmente si no pasa nada interesante en mi vida.
Steve G Rogers”
Era deprimente el solo hecho de leer esto, sintió un sonrojo teñir sus mejillas ¿Alguien más habrá
leído esto?
“Septiembre 2011
He considerado el suicidio. Cada noche la idea toma más fuerza. No pueden pretender que un
hombre de 1918 encaje en esta era. Ojala hubiese saltado junto a Bucky.
Steve G Rogers”
“Octubre 2011
Creo que Fury empieza a notar que mis reportes son cada vez más cortos, creo que de cierta manera
está preocupado por mí. Sé que suena muy depresivamente patético en estas hojas, sin embargo
diario estoy sonriendo, platico con los distintos agentes y resuelvo dudas de historicistas. Mis días
no son malos, lo que de verdad me atormenta es llegar cada noche a esta sola habitación, esa fría
cama y esa agenda vacía. No tengo amigos, he conocido a distintas personas, pero no… no puedo
ser yo mismo.
Yo no soy Capitán América. Capitán América es cualquier hombre que comparta los principios,
me gusta serlo para dar esperanza, para motivar, para cambiar… sin embargo en esta habitación,
solo soy Steve Rogers.
Y nadie conoce o siquiera le importa conocer a Steve Rogers.
Steve G Rogers”
“Noviembre 2011
Diciembre es un mes que me da pánico, la navidad, año nuevo, todas esas festividades me aterran.
Antes me motivaban, las amaba incontrolablemente, sin embargo ahora que estoy solo, no sé qué
pretexto inventarme para pretender que tengo algo que hacer.
No quiero llegar a Diciembre. Tal vez simplemente debería saltar de esta maldita torre.
Maldito suero.
Steve G Rogers”
“Diciembre 2011
Hoy fui al museo como habitualmente lo hago, detesto que las colecciones se cambien cada mes,
necesito entretenerme con algo. Como decía, hoy fui al museo y vi en varios sitios de la ciudad
publicidad, “Stark Expo”
31 de Diciembre
Fui. Acabo de volver de ahí, es una suerte tremenda que fuera el último día del año la clausura,
porque no habría tenido otro plan si no hubiese sido ir.
No, no lo conocí, lo vi. Supe que se llamaba Anthony Edward pero todos le llaman Tony, calculo
que tiene cerca de 45 años, se parece demasiado a Howard, solo que más cínico, más irreverente,
más sarcástico… Es como si ese hombre contuviera todos los pecados capitales en una sonrisa.
Heredo la inteligencia y el carácter de Howard, sin embargo es muy bien parecido, por no decir
hermoso. Eso es de María.
Es increíble, el solo verlo me causo un estremecimiento tan placentero, por primera vez en estos
meses me sentí vivo, tal vez sueno ingenuo o estúpido pero él me notó… Entre toda la
muchedumbre volteo, lo vi sonrojado y me guiño un ojo, después sonrió.
Sí, sé que es estúpido y vergonzoso pero no puedo dejar de pensar en sus ojos castaños, su cabello
negro. Si tuviera un amigo no estaría escribiendo esto, pero mi único confidente ha sido esta hoja y
las diversas plumas que irremediablemente pierdo y vuelvo a encontrar.
Siempre tuve una atracción reprimida hacía algunos hombres, las mujeres en su mayoría me
encantaban, sin embargo considero que la atracción y el amor son temas tan subjetivamente libres
que no pueden estar atadas a un género o condición impuesta.
Y él… Tony Stark. Leí su biografía en la expo, cuadruplico la red de Howard, controla toda la
tecnología mundial, dejo el mercado de armas, es un genio, tiene 7 doctorados distintos, viaja por
todo el mundo, creo una maquinaria que lo sacó de unas cuevas de Afganistán donde lo mantenían
secuestrado… Es tan increíblemente admirable.
Y ahí estaba yo, simplemente Steve Rogers, un chico más en la multitud, y él… él me notó.
Steve G Rogers”
“Enero 2012
Hoy le pregunté a Fury acerca de Tony Stark, me miró confundido y me preguntó qué necesitaba
saber. Le dije que era por meros fines personales, quería saber del hijo de Howard. Su respuesta
me dejó atónito. Sus palabras exactas fueron: “Engreído, mujeriego, alcohólico, irresponsable,
irreverente, desobediente, narcisista”
Le pregunté extrañado que por qué lo describía de una manera tan despectiva, él sonrió y me dijo:
“Capitán, una vez que lo conozca se dará cuenta que Stark tiene la habilidad de proyectar esas
mismas palabras de una manera magistralmente encantadora”
Me encuentro aún más confundido, sin embargo este pinta para ser un buen año.
Steve G Rogers”
“Febrero 2012
¿Nunca les ha pasado cuando tienes una vida molestamente monótona, dónde todos los días son
iguales y de repente llega algo inesperado a darle un giro de 180 grados?
Después de por fin ir a visitar a Peggy, platicar con ella y de cierta manera cerrar un ciclo, llega
Fury con una carpeta, me dice que necesitan a Capitán América y que lo piense.
Hay archivos de los distintos héroes y agentes que formaran la iniciativa, la idea no me convence
del todo, de cierta manera lo único que busco es retirarme… sin embargo encuentro esa foto.
Tony Stark.
Acepté de inmediato.
Steve G Rogers”
“Marzo 2012
Se rehúsa a quitarse la playera y aún no sé si es por mera moralidad o por algo más… dudo que sea
moralidad, después de ver las múltiples mujeres con las que siempre lo encuentro. Jamás es la
misma.
Tony no es quién yo creía que era y de cierta manera eso me deja de nuevo, solo.
Steve G Rogers”
“Junio 2012
No he podido escribir estos meses, el equipo está funcionando perfectamente y Natasha se está
convirtiendo en mi primera amiga en esta era. Es muy parecida a Peggy, solo que más fuerte, más
reservada, sin embargo cuando estamos solos platicando o tomando un café, cuando estamos
viendo una película o escuchando música, me siento no tan miserable, comienzo a ser quién soy y
aunque a veces sé que le extraña conocer este lado mío, se ríe ampliamente.
A Clint no le agrado tanto, creo que está enamorado de Natasha y de cierta manera confunde las
cosas, algún día de estos intentare aclarárselo, esta clase de fricción no es buena.
Thor por el otro lado, a pesar de que nadie está convencido de tenerlo, le he agarrado gran aprecio,
aunque nuestra relación sigue en base a formalismos, ambos aprendemos de este mundo
discordante.
Tony… Tony y yo hemos intentado limar asperezas, después del incidente en Nueva York me di
cuenta que no es quién yo creí que era, ni quien juzgue que era. No sé quién es, y eso me aterra. Es
siempre tan hermético, tan frío, tenemos disputas seguido, es irremediable, no entiendo, hay una
tensión entre nosotros tan fuerte, ambos intentamos evadirlas, pero cualquier cosa arma una guerra
entre nosotros. Si el no lava la taza en la que bebé café me irrita en sobremanera, porque cada
mañana lo repito… Si yo entró sin querer en su zona de trabajo, explota.
Fury ha intentado ayudar para que estemos unidos, dice que no puede haber tanta fricción entre
nosotros, la mayoría cree que esto es una situación acerca de liderazgo, yo sé que no lo es. No sé
qué sea, solo sé que me vuelve loco verlo tan serio, ata un nudo en mi garganta ver cuando sus ojos
se tornan cristalinos y corre a su laboratorio y se encierra por días… No puedo evitar este maldito
cosquilleo cada que algún comentario mío lo hace reír, cuando me ve, me observa detenidamente,
sus ojos castaños me atraviesan y en ese instante me convierto en un niño desprotegido, tan
vulnerable, tan susceptible… Me convierto en ese chico de 17 años y un metro sesenta.
Pero él… a él no le agrado, no comprendo su intermitencia y su manera tan blindada de ser, tan
hostil… Entre más convivo con él, menos lo conozco y eso, eso me aterra. Llevo un año en esta
época y no hay día que extrañe mi vida anterior, a Bucky… No sé qué me mantiene vivo.
Steve G Rogers”
“Julio 2012
Tony Stark
En mi cumpleaños Natasha se molestó en hacer una pequeña reunión, éramos pocos, Natasha,
Maria Hill, Fury, Thor, Clint, Bruce, Cho, Jane… Estábamos tomando licor asgardiano y sentí por
primera vez como mis sentidos se nublaban y mi desinhibición aumentaba, era un momento
placentero, un toquido en la puerta… Era Tony.
Llegó con un elegante retraso de 2 horas, sin embargo llegó. Se molestó en ir hasta Brooklyn a
celebrar mi cumpleaños, llevaba una caja grande forrada de paletas de hielo, no es extraño en él, de
cierta manera ya ni siquiera lo tomo como ofensa, empiezo a entender que él es así.
La noche era tranquila, todos habían bebido demasiado, y reían ante cualquier detalle, no recuerdo
mucho las conversaciones, solo recuerdo que me levante del sillón y camine difícilmente
apoyándome en los muros para llegar a mi habitación, estaba demasiado mareado y temía vomitar
en cualquier momento, abrí la puerta difícilmente y sentí como me tambaleaba hacía un lado,
intenté sujetarme pero mi nivel de ebriedad era demasiado, en eso sentí unas manos alrededor de
mi cintura, salté involuntariamente.
Su mano firme y algo rugosa sujetaba mi mano, el contraste de pieles lanzó un escalofrío por mi
cuerpo, levanté la mirada y encontré esa sonrisa, y esos ojos castaños…
“Señor Stark” dije estúpidamente, porque por alguna razón no podía llamarlo Tony… no en voz
fuerte, él solo sonrió y me ayudo a entrar al cuarto, entro conmigo.
Recuerdo que me acostó y cuando estaba a punto de salir, estúpidamente le pedí que se quedara,
me miró extrañado pero se quedó. Se sentó en la cama junto a mí.
Platicamos, de su vida, de la mía, algo me hacía confiar desmedidamente en él, recuerdo en algún
punto de la conversación que le dije de mis intentos suicidas, de mis días grises, su mirada jamás se
había visto tan rota, se acostó junto a mí y sentí mi corazón desbocarse.
“Ojala fueras más Steve y menos Capitán” dijo con voz firme, su timbre particular lanzando
hormigueos involuntarios por mi cuerpo.
“¿Más Steve? A nadie le importa Steve Rogers” dije fríamente y recuerdo nítidamente como tomó
mi mano temblorosa, su mano era tan segura, mi aliento entrecortado…
La manera en que pronunció mi nombre me hizo sentir de nuevo en casa, tan seguro, tan
ingenuamente feliz… Ha pasado un año un mes desde que desperté, es la primera noche que
duermo deseando despertar al día siguiente.
Steve G Rogers”
Steve sostuvo los papeles absorto, la puesta del sol estaba en su máximo esplendor, jamás había
leído esa faceta de él, y no podía creer como su perspectiva iba cambiando conforme leía cada
línea, este hombre lo había salvado, este extraño del cual había huido le había dado una vuelta a su
vida, lo mantenía vivo.
Tragó saliva difícilmente y tomó la siguiente hoja, cada vez más intrigado en conocer más a este
extraño.
“Agosto 2012
Llevo un mes viviendo en la torre de Tony y caigo a la rotunda conclusión que estoy perdidamente
enamorado de él.
¿Quién no lo estaría?
Su comentario me hizo considerar las cosas, deje el uniforme de Capitán América en SHIELD,
solo conservo el escudo en la torre y es por mera protección, me deslinde de mi alter ego e intenté
ser valiente y ser yo mismo.
Resulta ser el reto más difícil comenzar a ser quién realmente eres y abandonar la imagen que la
gente tiene de ti, las personas parecían defraudadas al conocerme realmente, al saber que lloro con
las películas más románticas, que tengo una debilidad por los animales desprotegidos y un miedo
insuperable a perderme en las calles.
Cuando te expones tal y como eres, como un humano más, un ser vulnerable y frágil, la gente te
pierde la esperanza, como si el traje y la frialdad representaran el verdadero valor.
Decidí ser simplemente Steve, y jamás creí que me haría sentir tan feliz, por primera vez en estos
meses puedo decir que me siento feliz. Hay noches que inevitablemente extraño a Peggy o a
Bucky, y es como si Tony lo notara y esas noches toca a mi puerta, a veces lleva un bote de
palomitas, otras veces dos tazas de té…
Platicamos durante horas, me rio estúpidamente ante sus historias de Universidad y él sonríe
sincero cuando le cuento mis momentos de infancia, a veces amanece y seguimos platicando,
ambos sentados sobre la cama o en el sillón viendo eternos maratones de Star Wars o Harry Potter.
Tony Stark es un multibillonario, según Forbes el hombre perfecto, el mejor partido de cualquier
mujer, un líder mundial sin ningún super poder más que la inteligencia, a veces es tan irreal leer lo
que se dice de él y conocerlo.
Conocerlo corriendo por la torre con una amplia sonrisa y una playera de resaque, su cabello
quebrado totalmente desalineado.
Intentó darme clases básicas de robótica y resulto ser un fracaso total, sin embargo le puedo ayudar
a limpiar a Dummy o a Butterfingers. Me apasiona ver cómo le apasionan todos esos números, esa
maquinaría y el montón de cables y circuitos que diario enreda y culpa a Dummy de enredarlos.
“¿Qué haces?” una voz quebrada lo sacó de su lectura, levantó sus ojos azules y encontró el último
rayo de sol iluminando los ojos castaños de aquel hombre, aquel extraño que lo había salvado, leía
lo que era y no comprendía la suerte que había tenido en encontrarlo, titubeo un momento
intentando trabajar una mentira convincente.
“No lo hagas” su voz sonaba quebrada y sus ojos se veían cristalinos, sintió esa irracional
necesidad de tocarlo, de abrazarlo, de protegerlo…
“¿Qué cosa?” Steve preguntó confundido al contemplar como aquel hombre se rompía, sus
mejillas humedeciéndose.
“No pidas el divorcio, no podría… no podría vivir sin ti” dijo lo último en un murmullo y Steve se
levantó alarmado.
“Yo jamás haría eso” dejó fluir las palabras naturalmente, olvidándose de su dimensión, de su
situación…
Claro, evidente. Si Steve había pedido todos los papeles legales era para hacer un trámite de esa
índole, recordó lo que las personas decían acerca de una supuesta pelea hace dos días e intentó
armar el rompecabezas en su mente.
“¿Por qué los papeles?” preguntó Tony confundido y Steve se mordió el labio dudándolo.
“Discúlpame, lo del Viernes fue estúpido, no creí que enfrentaríamos nada amenazante, sé que
llevarme a Peter a campo fue idiota, sé que solo tiene 4 años… No avisarte fue aún más estúpido,
pero te lo juro que no quería probarle nada a nadie….” Se quedó callado por un segundo y después
titubeó “Tal vez a mí mismo, tal vez solo quería creer que aún podía hacer esto”
Steve no entendía aun completamente a que se refería sin embargo se dejó llevar por ese impulso
desquiciado que lo había impactado desde el momento en que esos castaños se habían postrado
sobre sus ojos azules.
Se acercó a aquel hombre 15 centímetros más bajo que él, lo tomó de la cintura y aún con ese
incontenible nerviosismo digno de un virgen, lo besó.
Sentir sus labios cálidos, su piel suave, su cuerpo tan delgado y tan pequeño comparado con él,
sentirlo tan vulnerable lo hizo sentir seguro, Tony instintivamente se puso de puntillas, entrelazo
sus brazos alrededor del cuello de Steve y se dejó envolver en un abrazo, el beso fue tierno, para
Tony fue un viaje a través de 8 años juntos, para Steve fue el comienzo de una guerra moralista,
pero sobretodo de una historia que no quería que terminara.
Curiosidad de ti
“Ven, tengo una sorpresa para ti” El extraño ronroneó en su oído y Steve sintió el calor subir hasta
sus mejillas radiantes, el tono de voz era demasiado suave, sin embargo al mismo tiempo sonaba
amenazante, un escalofrió lo hizo sacudirse involuntariamente, forzó una sonrisa.
“¿Estas nervioso?” el extraño preguntó casi afirmando, una sonrisa burlesca y sus ojos destellaban
peligro, le recordaba enormemente a Howard solo que a niveles exponenciales, este hombre era
naturalmente sensual, todo acerca de él lo incitaba a seguir ahí, peor aún, a tocarlo…
Asintió con una sonrisa inocente y el hombre 15 centímetros más bajo que él soltó una carcajada
“Vamos Steve, no se puede ser virgen más de una vez y ese camino lo dejaste hace varios años”
dijo entre risas y tomó su mano, entrelazando sus dedos con los de él, la piel morena contrastando
con su piel marfil, la textura algo rugosa le recordaba que era un hombre mayor, sin embargo esa
sonrisa transparente denotaba el espíritu de un niño. El constante recuerdo de todas las líneas que el
Steve de esta dimensión escribía acerca de este extraño… La curiosidad iba incrementando
segundo a segundo.
Entro en un debate moral, permaneció en silencio durante todo el trayecto del carro, era un
convertible negro y se veía extremadamente lujoso, pantallas digitales y sensores holográficos. El
extraño manejaba con la vista fija en la carretera, ignorando el notable exceso de velocidad,
portaba lentes oscuros y una sonrisa sincera no dejaba sus labios, a lo lejos sobre una colina natural
alcanzó ver la mansión de la que había escapado más temprano.
“Es hermoso” Steve dijo sintiéndose en una tan extraña pero natural confianza.
“Sí, el mar es hermoso” Tony dijo y contempló que Steve veía no hacía el horizonte si no a la
mansión, el billonario sonrió complacido.
“Y tú que no querías nada ostentoso” dijo peleonero y Steve torció los ojos, era demasiado fácil
convivir con este extraño.
“Casi nunca” el hombre de barba poblada dijo y extendió su mano derecha hacía la pierna de
Steve, el rubio sabía que significaba y en ese momento decidió, por el bien de la misión iría con la
corriente. La verdadera razón intentó ignorarla y mentirse a sí mismo, tomó la mano del hombre y
le regaló una sonrisa sincera, levanto su mano libre y sintió como el aire de la carretera golpeaba
sus dedos, el viento, el paisaje, la libertad lo envolvía y de cierta manera le daba una vida que
jamás creyó que podría tener.
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“Tony… no creo qu…” El mayor puso su dedo índice sobre los labios de Steve que estaba de pie
estático en la pequeña sala de la habitación principal, los muros de cristal volando sobre el océano,
la luz de luna reflejada sobre el mar oleante y brindando claroscuros a la piel marfilina de Steve.
El hombre de barba oscura entrecana y cejas espesas besaba su cuello de una manera tan atinada
que hacía su piel chispar, el aliento tibio rozando sus poros, sus piernas se debilitaban y un
cosquilleo involuntario se intensificaba en todo su cuerpo.
“Eres hermoso Steve” las palabras salieron naturales y entonces el Capitán recordó que nunca
nadie le había dicho eso, cerró los ojos debatiéndose entre la inmoralidad de sus actos y el
indescriptible placer que cada toque le causaba. Sintió como el que increíblemente era su esposo
desabrochaba su pantalón, un pánico lo hizo abrir los ojos y retroceder un paso, la mirada que
Tony le dirigió lo hizo temblar, cualquier acción inesperada que cometía era perfectamente
analizada por aquel hombre, tragó difícilmente e intento forzar una sonrisa. Tony lo tomó algo
agresivamente de la cadera y lo empujó hacia adelante.
La fuerza física de Steve era por mucho superior a la de Stark, sin embargo había algo en aquel
hombre que lo hacía convertirse en aquel indefenso muchacho antes del suero, así que obedecía.
La mano áspera del extraño envolvió su erección, jadeo involuntariamente. No debería estar tan
excitado por estar así con un hombre, no debería para nada permitir que el hijo de Howard
estuviera hincado ante él, era por cualquier ángulo que se observase, un acto terrible.
Estaba a punto de retirarse del tacto cuando sintió como su miembro era envuelto por una humedad
cálida, tan placenteramente incomparable, jadeo y sintió sus piernas temblando.
“¿Co…como haces eso?” balbuceo estúpidamente entre jadeos entrecortados y el ingeniero sonrió
complacido.
“De la misma manera que lo he hecho desde hace 8 años” dijo con una sonrisa traviesa y volvió a
tragar su erección, era hábil con su boca, sus labios llenos envolvían el diámetro, succionaba
perfectamente su grosor presionando en la base con la lengua, forzando la cabeza contra su
garganta, Steve sintió que en cualquier momento gritaría, que en cualquier momento algo dentro de
él explotaría, jamás había sentido algo parecido. Un líquido salía de él involuntariamente y sintió
miedo de desconocerse, se había masturbado muchas veces en su vida, sin embargo esto era tan
distinto, sintió miedo de explotar en la boca de aquel hombre, era demasiado hermoso para ser
manchado.
“¿Hice algo mal?” preguntó con voz quebrada, ese tono de voz era capaz de hacer matar a Steve,
era tan inocentemente vulnerable.
“No, nada… Ven” dijo intentando transformar esto en un abrazo, sin embargo el ingeniero
entendió lo que su experiencia le dictaba, sonrió ampliamente, su mirada encendida hacía que un
nudo se atara en la garganta de Steve, se sentía tan expuesto, tan desprotegido, jamás se hubiera
imaginado que esos sentimientos en manos de este hombre fueran tan satisfactorios.
Tony lo empujó hacía el sillón, Steve aún traía la camisa que había tomado en la mañana, sus
boxers y sus jeans en sus tobillos, su erección era gruesa y vertical, brillaba debido a la mezcla de
líquidos, el hombre de ojos castaños estaba parado delante de él y lo contemplada con ojos
lascivos, era demasiada lujuria, tanta que Steve sintió al principio miedo por ser devorado, el
extraño se quitó la camisa y desabrochó sus jeans deslavados, la mirada cada vez más penetrante,
el miedo inicial mutó a una necesidad de sentirlo, de ser devorado…
Tony en pocos segundos estaba completamente desnudo frente a él, tocándose a sí mismo con
delicada sensualidad. Steve por un momento dejó de pensar y se abandonó al mero deseo carnal del
instante, comenzó a tocarse cauteloso, contempló como el extraño sonreía cínico, tomó un líquido
de la mesa de la sala y caminó hacia él. Tomó la mano de Steve y sirvió una generosa cantidad de
lubricante, abrió las piernas y se sentó deliberadamente sobre los muslos del Capitán.
Steve no sabía que le correspondía hacer, recordaba todas las aventuras de Bucky de su dimensión
y cómo hablaba de juguetes sexuales, alcanzó a leer en la botella “lubricante”, se mojó los dedos
con él recordando las experiencias de sus demás compañeros del ejército, no sabía qué hacer ni
cómo hacerlo, lo que si sabía era que en esta dimensión probablemente lo hacía todas las noches, y
no podía mostrarse inexperto. Los nervios asesinándolo.
“Caliéntalo” escuchó una voz en su interior y comenzó a frotar el líquido con su piel “Ábrelo
despacio, generalmente siempre está muy estrecho” Steve reconocía esa voz, era él mismo, como
si tuviese una múltiple personalidad o un hada madrina. “¿Abrirlo cómo?” preguntó para sí mismo
mientras plantaba un suave beso en los labios de el hombre que esperaba impaciente sobre de él.
“Su trasero”
No.
“Vamos Steve” la voz del extraño lo sacó de su conversación interna y entonces Tony tomó la
mano de Steve e introdujo su dedo índice en su cuerpo, era estrecho, extremadamente cálido y
ejercía una presión terrible sobre su dedo. Sintió el pequeño cuerpo sobre de él temblar, un jadeo
incremento su excitación.
Comenzó a mover su dedo inexperto dentro de él, primero en círculos y después penetrándolo,
daba ligeros mordiscos sobre su cuello. Después introdujo el segundo dedo y era increíble como el
cuerpo de Tony se adaptaba a él, al cuarto dedo Steve había perdido los estribos, entre los gemidos
de Tony y su propia excitación sentía que explotaría demasiado pronto, el ingeniero sintió al
Capitán temblando y con algo de trabajo sostuvo la muñeca de Steve.
“¿Te lastime?” Steve preguntó asustado, sus ojos azules cristalinos y su erección había alcanzado
el máximo tamaño posible.
Steve no tuvo tiempo de entender las palabras cuando sintió como Tony se recorría en sus piernas y
lentamente descendía, la cabeza de su erección entrando en la calidez estrecha, jadeo casi en un
grito, Tony soltó una risa y se acercó a su oído.
“Vas a despertar a Peter” dijo en un tono de voz dulce pero amenazante, Steve ya sabía quién era
Peter, así que decidió morderse la lengua.
La atmosfera de la habitación era tan tranquila, la luz de la luna entraba libremente por el cristal e
iluminaba al hombre que se movía ávidamente sobre sus piernas, sus ojos cerrados, su mano
masturbándose y sus labios entreabiertos, Steve sentía como a cada penetración estaba más cerca
de explotar, había intentado durar, era tan hermosa la escena, tan perfectamente natural que por un
momento se preguntó el ¿por qué estaba mal visto? No distaba a nada entre un hombre y una
mujer, era amor, era pasión ¿Cuál era la diferencia?
“St…eve” Tony jadeo y en breves segundos el Capitán sintió un líquido viscoso en su pecho, fue
demasiado para él, dejo por primera vez en su vida fluir absolutamente todo lo que sentía, tomó la
cadera de aquel hombre y después de penetrarlo casi ferozmente por menos de un minuto, explotó
en su propio orgasmo, gritó, inevitablemente gritó y los ojos castaños lo vieron amenazantes.
“Perdón” jadeo en un susurro, su mirada nublada y su cuerpo aun sacudiéndose por diversos
espasmos de placer, Tony lo observaba detenidamente, después de unos minutos, habló.
Steve sintió más que un nerviosismo una natural preocupación oscureció sus ojos.
“¿Tan mal estuve?” dijo inocente y Tony estalló en una carcajada.
“Tony… ¿Eres feliz con esta vida?” preguntó tímido, el extraño sonrió y plantó un suave beso en
sus labios, no contestó, bajo de sus piernas y caminó hacía el vestidor, Steve lo imito. Al llegar al
enorme walking closet contempló al hombre arroparse con una pijama azul de franela, su cabello
revuelto y su sonrisa invisible pero notable, era una criatura hermosa, a veces intentaba reprimir
todos esos pensamientos, sin embargo cada vez se sentía más perdido entre la carencia de normas
sociales de esta época.
El extraño le arrojo un pantalón y una playera parecidos a las de él pero en color rojo, Steve sonrió
y comenzó a vestirse.
“Sí soy feliz. Jamás creí estar así” dijo sonriente y caminó hasta la cama King size perfectamente
tendida, Steve lo siguió, imitó todas sus acciones hasta que se encontraba tapado con varias
sabanas a escasos 30 centímetros del hombre del que había huido hace unas horas.
“¿Así?”
“¿Esto es todo lo que soñabas?” Steve preguntó y notó que había hecho la pregunta incorrecta por
la mirada que Tony le había dirigido.
“¿Antes de ti?” preguntó alzando una ceja mientras acortaba la distancia entre ambos, Steve no se
movió.
“Sí”
“Supongo que con lo que viví antes de conocerte, ya sabes, dinero, mujeres, hombres, Nueva York,
Iron Man, mucho alcohol, viajar por todo el mundo de nuevo una y otra vez…” Suspiro aliviado y
volteo a ver al Capitán “¿Por qué la pregunta?”
Steve comenzó a armar una mentira en su mente, sin embargo se arrepintió y decidió jugársela con
la verdad.
“Lo sé, pero tú sí” Steve dijo intentando sonar convincente y al mismo tiempo ser real.
“Sí… supongo que uno cambia por amor” Tony dijo sonriendo y Steve recordó la pregunta de
Howard cazándolo.
“Perdón… si quieres dormir lo entiendo, disculpa” Steve dijo avergonzad y Tony sonrió.
“Eso es amor”
“No entiendo”
“Estos momentos”
“¿Qué soy un tímido curioso?” Steve preguntó con una sonrisa entretenida.
“No, eso es quién eres. Que seas brillante, tímido, carismático, curioso, gentil, apuesto… esas son
cualidades, no amor”
“¿Recuerdas las palabras que me dijiste cuando terminé con Pepper?” Tony preguntó y Steve
imploró a los dioses que se lo tragara la tierra, un supersoldado con memoria fotográfica no podría
haber olvidado nada. Asintió nervioso.
“Dijiste que amor era estas inmensurables ganas de tocarme, esa demencia por sentirme, por
cuidarme. Ese revivir cada que reía o que te gritaba, era sentir que estabas vivo como si cada
minuto un orgasmo explotara en tu piel”
Steve no pudo decir nada, mucho menos porque eran sus propias palabras y jamás creyó posible
que alguien se pudiera sentir así, se acercó más a aquel extraño y lo abrazó, besó cálidamente sus
labios y después plantó un suave beso en su cabello revuelto y castaño, inhalo profundamente
absorbiendo cada recuerdo aromático.
Algo en aquel extraño lo hacía sentir tan seguro, tan completo, era como si hubiera estado
destinado a encontrarlo, como si ambos fuesen piezas perfectamente diseñadas para encajar. Tal
vez después de todo podía dejar de llamar a aquel hombre “extraño” Tal vez simplemente debería
dejarse sentir…
“Tony” murmuró entre su cabello y sintió unos brazos firmes aferrarse a su cintura.
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Tenues rayos de luz comenzaron a filtrarse por el cristal, Steve intentó cubrirse con la cobija, sintió
aquel cuerpo tibio aun entre sus brazos.
“Buenos días” escuchó un susurro y el Capitán duró breves segundos en recordar su situación
actual antes de sufrir otro ataque.
“¡Buenos días!” Escuchó un grito lleno de júbilo, seguido por unos pies descalzos corriendo sobre
la duela de madera, después un golpe en la cama y un peso sobre ambos hombres, abrió los ojos
alarmado y encontró a un niño de unos 4 años, cabello castaño quebrado y grandes ojos azules.
"Papá, dijiste que hoy iríamos a alimentar pelicanos" El pequeño dijo en voz demandante y Steve
sintió un escalofrío, volteo a ver a Tony.
"Cuando dice papá, se refiere a ti" El billonario dijo y se cubrió de nuevo con el grueso edredón de
plumas de ganso, Steve tragó difícilmente.
Papá.
Jamás se imagino que alguien lo llamaría así, bueno, en algún punto consideró que pasaría, su plan
era casarse con Peggy, era natural tener hijos, sin embargo jamás se imaginó que los tendría bajo
estas circunstancias.
"¿A dónde?" repitió somnoliento y contempló los ojos azules del pequeño tornarse impacientes.
"¡A la playa! Si llegamos tarde se irán" Las últimas palabras las dijo elevando un poco más la voz,
Tony soltó una risita.
"¿Es en serio?" Steve le preguntó a Tony, no podía llevarse a un niño que no conocía, tenía miedo
de envolverse demasiado con el pequeño.
"Claro que es en serio" Tony dijo entre risas y Steve tensó los labios.
"¡Rápido papá!" La voz del pequeño era cada vez más impaciente.
"No hay tiempo para eso, desayunaremos allá" dijo demandante y Steve torció los ojos, no estaba
acostumbrado a recibir órdenes de alguien tan pequeño, se levantó algo molesto, caminó hacía el
walking closet.
Le tomó cierto tiempo encontrar su ropa, era mucho más grande que la de Tony y ocupaba menos
de ¼ del total del armario, cuando al fin estaba bañado y vestido salió hacía la habitación y
contempló a Tony envuelto en el edredón, un aparato holográfico translucido en sus manos, movía
ágilmente los dedos.
"¿Qué haces?" Steve preguntó naturalmente por mera curiosidad, el moreno no levantó la mirada.
"Tengo una cita a las 2 ¿Te importaría llevar a Peter a sus clases?"
¿Clases?
"Estaré en la empresa, supongo que acabo como a las 6. ¿Pasas para ir a cenar?" El hombre seguía
con la vista clavada en la pantalla.
"Claro" Steve respondía automáticamente, no sabía qué empresa, ni dónde estaba ubicada, ni nada
acerca de eso, tenía que recurrir a las hojas de nuevo.
"Nos podemos quedar en la torre en la noche, si no tienes problema" Tony dijo levantando la
mirada por primera vez, Steve asintió.
"Está bien"
Stark simplemente sonrió y dejo el aparato en la mesa de noche, se levantó despreocupado, estaba
completamente desnudo, su cabello revuelto y canoso, sus arugas enmarcando una mirada
indómita, Steve tragó difícilmente. Por más que intentaba evitarlo no podía callar su mente que
entre más minutos estuviera ahí más gritaba lo hermoso que este hombre era.
"Ve con cuidado" Tony dijo y plantó un casto beso en sus labios, Steve cada vez se iba
acostumbrando más a él.
"Siempre"
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Encontrar la dirección de la empresa donde Tony Stark trabajaba no fue en lo absoluto difícil, Stark
Enterprises aparecía en todas las revistas que había leído mientras contemplaba a Peter en clases de
ballet. Al principio sintió algo de desagrado por llevar a Peter a clases de un baile tan tradicional en
mujeres, su mente retrograda y su moralidad cada vez más disuelta seguían emitiendo juicios a
diestra y siniestra, sin embargo observar a Peter le lanzaba diversas ideas que no sabía si eran
premeditadas por sus antiguas costumbres o si era cierto, Peter era muy delicado al hablar,
contemplaba con especial atención a los niños y tenía una facilidad para interactuar con las mujeres
algo anormal en un niño de su edad.
Se sentó sin decir nada junto a la banca llena de mujeres, todos contemplando la clase de Ballet
que apenas comenzaba, Steve notó que Peter era el único niño.
"¿Tony no vendrá?" Una mujer preguntó interesada y Steve sintió algo de incomodidad añadido a
un súbito enojo, eran celos. Sin embargo intentó ignorarlo.
"Es una lastima, nos estaba contando algo extraordinario la clase pasada" Sí claro, como si para
eso quisieran verlo, Steve pensó y al mismo tiempo se sorprendió de lo posesivo que al parecer
podía ser.
"Sí... una lastima" dijo sarcástico, después de breves minutos escuchó con su super oído de
superhumano a dos mujeres cuchicheando.
"Peter cada vez es mejor" dijo una mujer desconocida y la otra miró con desaprobación al pequeño.
"Definitivamente, leí que eso es común en hijos criados por... esa clase de gente"
Steve sintió un enojo envenenarlo, Peter no era raro. Y si lo era ¿Qué putas les importaba? tensó la
quijada y la mujer a su lado lo notó.
"¿Sabes qué ruta es más rápida para la empresa?" Preguntó intentando desviar el tema.
"La carretera esta libre a estas horas, menos de una hora o una hora le calculo" La mujer dijo y le
regalo una linda sonrisa, era de ojos verdes y cabello negro, Steve le sonrió de regreso.
Después de la clase y de al fin tomar carretera contempló al pequeño Peter de piernas cruzadas
sobre el asiento del carro azul algo austero que dedujo era de él. El pequeño se veía
extremadamente pensativo y sus ojos estaban húmedos.
"¿Pasa algo?" Steve preguntó algo nervioso y el pequeño levantó la mirada azul.
"En Julio comienzan los exámenes para pasar de nivel" dijo con voz tenue y Steve volteo
instintivamente al ver el tablero del carro 07/Enero/2020 se leía.
"Te irá bien, te vi hoy, eres muy bueno, mejoras muy rápido" Steve dijo con una tenue sonrisa y
contempló como el pequeño sonreía también.
"¿Por qué?"
"Porque dicen que soy niño" Peter dijo y Steve no pudo evitar notar la palabra"dicen", Peter no
creía lo que la gente decía, no se sentía identificado con esa etiqueta... La voz del pequeño era tan
melancólica que le recordó a sí mismo cuando solo una vez en su vida había confesado que un
hombre capturaba su atención, Bucky lo había reprendido de inmediato y él se había sentido tan
sucio y equivocado, no le haría lo mismo a Peter, no dejaría que una etiqueta lo torturara como a él
lo había hecho.
"Papá… ¿No sientes como si a veces vivieras en la situación equivocada?" El pequeño preguntó
consternado y Steve lo entendió.
Sí, había vivido toda su vida siendo preso en libertad, aun cuando no se lo admitía a sí mismo, en
el fondo sabía que Tony y esta vida le agradaban tanto puesto que al fin era libre.
"Sí, algunas ocasiones. Pero Peter, la vida es muy corta como para no ser libre"
"Pero la gente dice… Hoy en el noticiero hablaban de nosotros, de…" Su voz se quebró y su
mirada de nuevo se mostraba ausente, buscando las palabras indicadas.
"La gente es lo de menos, los que te amamos estaremos aquí" Steve lo interrumpió algo molesto,
molesto consigo mismo por no poder deslindarse de su moralidad completamente, de ver como el
mundo siempre apuntaba hacía lo que no comprendía, ni siquiera les importaba comprenderlo,
simplemente apartarlo.
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"Tony… Peter me comentó de un reportaje en la mañana" Steve dijo en voz baja mientras se metía
en la cama de aquella enorme habitación en una torre que tenía el apellido STARK en letras
luminosas, Tony levantó la mirada consternado.
"De verdad odio el mundo a veces" Tony dijo entre dientes y sacó su pantalla holográfica, Steve
permaneció callado, después de unos segundos una voz se escuchó.
"Pepper, necesito que me digas quién lanzó el reportaje de Peter y nosotros esta mañana. Cuando
tengas el nombre consigue el domicilio, le daré una visita personal"
El genio colgó la llamada, sus ojos encendidos y sus labios tensos, Steve sintió que había cometido
un error.
"¿No lo viste?"
"No"
Tony exhalo molesto y después de mover ágilmente los dedos en la pantalla, Steve contempló que
la televisión de más de un metro se prendía frente a ellos.
El reportaje era breve pero gélido, hablaba de la supuesta transexualidad de Peter y de cómo un
matrimonio gay dañaba el crecimiento "sano" de los niños, estaba lleno de esas ideas estúpidas y
retrógradas de las que Steve y su época estaban llenas, al final del reportaje se hablaba de tomar el
caso "Stark" como prueba para anular la adopción de matrimonios gay. Contempló el coraje
palpable en la mirada de Tony y decidió no hacer ningún comentario, porque estúpidamente el
reportaje lo hizo dudar ¿Y qué si Peter realmente estaba siendo influenciado por ellos?
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La respuesta a aquella pregunta había llegado después de leer varios libros, ver diversos videos y
conocer más parejas que de alguna manera aún en estos tiempos "modernos" vivían la misma
opresión a la que Peter estaba expuesto. No era algo impuesto, sino natural, tu cuerpo era de un
sexo pero tu cerebro dictaba algo distinto, no sabía si Peter vivía eso, sin embargo no sabía
tampoco que hacer si sí lo hacía, era demasiado para él.
El tiempo había corrido, la misión había estado completada desde el cuarto día, tenía más de 500
hojas llenas de todas las investigaciones de SHIELD, de Stark Enterprises e inclusive documentos
de HYDRA. Habían pasado tan solo 6 días y se dio cuenta que en 28 años en su dimensión jamás
había vivido realmente como en estos días.
1) Tony Stark era maravilloso, no sabía demasiado de él, sin embargo lo que sabía era suficiente
para entender porque era el hombre número 1 en Forbes. Y él... él jamás se había conocido siendo
tan real, cuando estaba con Stark no pensaba sus palabras antes de decirlas, fluía todo tan natural,
no tenía miedo a ofenderlo ya que sabía que el genio siempre encontraría una manera más
inteligente de ofenderlo a él también, era una relación basada en una amistad sólida, inclusive más
sólida de la que mantenía con Bucky, añadiéndole a esto una pasión indescriptible, un deseo
incontrolable por aquella sonrisa sarcástica. Al sexto día Steve estaba casi deslindado de cualquier
prejuicio social, había dejado de notar el género de Tony, simplemente lo contemplaba por lo que
era, por lo que lo hacía ser.
2) Peter por otro lado era adorable, era sincero, algo voluntarioso y siempre gentil con todos, Steve
había notado una clara preferencia hacía los aspectos femeninos, su comportamiento delicado y sus
películas favoritas siempre con temática de princesas, algo en él le decía que era incorrecto, sin
embargo contemplar como Tony lo aceptaba con tanta naturalidad lo hacían entrar a dudas
existenciales que jamás creyó vivir. Una tarde mientras contemplaba a Peter arreglando sus
vestidos se animó a preguntarle a Tony, se acercó sigiloso.
"Tony… ¿Por qué le compras vestidos?" Preguntó intentando no sonar acusatorio, Stark sonrió y
tomó con el tenedor un pedazo grande de pastel, ambos sentados en la cocina contemplando a
Peter en la estancia.
"Tú le has comprado varios" Tony dijo con la boca medio llena y Steve asintió. El Steve de esta
época al parecer era muy diferente a él.
"Yo creo que sí, el mundo es muy duro con los que sentimos diferente" Steve se escuchó a sí
mismo siendo completamente sincero y un sonrojo subió a sus mejillas.
"Pero eso no es natural" Steve dijo instintivamente y Tony levantó la mirada molesto.
"¿Natural? ¿Crees natural que impongan el rosa de niña y el azul de hombre? ¿Crees natural que te
digan que ignores lo que sientes, que seas lo que se supone que debes ser? ¿Crees natural lo que
dicen? ¿Qué estamos enfermos por estar juntos?" Su voz era áspera y Steve entendió que había
cometido un error grave, las palabras de Tony cayeron de peso. No, no era natural. Era un simple
juego de costumbres y mercadotecnia. Un sexismo puro.
"No, no lo es"
"No vengas con tus demonios Steve, Peter no esta para soportarlos. Tú y yo hemos pasado por
demasiado, no lo hagamos sufrir lo mismo que nosotros"
"No, no lo haría" Steve lo dijo en un susurro, su mirada arrepentida y sus mejillas rojas debido a la
vergüenza, Tony exhalo más calmado.
"¿Te imaginas vivir preso en un cuerpo incorrecto? ¿Te imaginas la tortura?" Steve tragó saliva
difícilmente.
"Insoportable"
"Tú sabes bien que soy escéptico por naturaleza, sin embargo creo en el sentir, es lo más
desgarradoramente real"
"Tú me haces ser quién soy Steve, ¿Si Peter es feliz usando vestidos, lo harías miserable solo
porque alguien estipulo que no debería usarlos?"
"No"
"¡Papá mira! ¿Te gusta?" Peter interrumpió la platica de susurros, llegó corriendo vistiendo un
vestido azul largo, su cabello castaño le llegaba a la nuca y sus ojos azules brillaban de emoción.
Steve naturalmente pensó en la respuesta habitual de cualquier padre: No, tú eres niño y no
deberías usar eso.
Deberías.
Deber.
Obligarlo a algo que la sociedad impone, a una normatividad de géneros. Él siempre había luchado
por una libertad en los hombres, liberarlos de la opresión de un dictador, de un sistema como
HYDRA, del gobierno… sin embargo jamás había pensado en la libertad individual. En el ser libre
como individuo ¿De qué servía ser libre en cuerpo, si el alma sigue presa?
"Se te ve hermoso" dijo sonriente y Peter lo abrazó en un impulso, Tony le regaló una sonrisa.
¿Hospital?
Lunes… sería el octavo día, y Steve solo podría estar aquí 7 días.
No.
No quería irse.
La séptima noche Steve por primera vez busco el cuerpo de Tony entre las sabanas, generalmente
el ingeniero era el primero en busca de un abrazo, un beso o una plática a medianoche. Las seis
noches que había pasado con él había entendido que se sentía o que se suponía se sentía esta clase
de confianza, de alianza.
Era como si fuese una complicidad, donde Tony sabía más de lo que él sabía de él mismo, y él
aprendía mucho del ingeniero. Usualmente lo abrazaba aspirando su penetrante aroma,
embriagándose con esta ilusión tan real.
Esa noche él fue el primero en acercarse a Tony que apenas se había metido en las cobijas, la
simple idea de regresar con Howard, con Peggy, a esa época lo hacían convertirse en un niño
indefenso, en aquel desconocido de 50 kilos y ningún talento. Apoyó su frente en la clavícula
saltada del mayor. Sintió una mano delgada entrelazarse entre los mechones cortos de su cabello
rubio.
“Te siento ansioso” Tony dijo calmado y Steve sintió un golpeteo en el pecho.
Lo sentía.
Jamás había conocido a una persona que lo sintiera de una manera tan tangible.
¿Qué se estaba enamorando de su hijo? ¿De su único hijo que aún ni siquiera nacía?
No
No podía mentir, sabía que era pésimo haciéndolo y Peggy siempre encontraba la manera de
sacarle la verdad. Cerró los ojos apretando notoriamente los parpados, permanecía firme y su
espalda era sólida, cada musculo tenso. Sintió la otra mano cálida recorrerse por su espalda
desnuda, un soplo en el corazón.
“No quiero irme” dijo en un susurro intentando ser totalmente sincero siempre, si había algo que le
agradaba de este hombre, era que jamás pedía explicaciones, solía siempre adentrarse en
monólogos complejos y fluidos que siempre le advertían a Steve hacía que dirección avanzar,
además una voz interna lo había auxiliado todo este tiempo.
“No pasará nada, el hecho de que los efectos de suero comiencen a disminuir no quiere decir que
mueras, yo hicimos los números” Tony dijo en voz baja, su aliento rozando su frente, sintió un
suave beso en su piel.
“Me gustaría estar siempre así contigo” Steve confesó intentando ahogarse en su pecho, sus dedos
presionando la piel suave del ingeniero.
“¿Recuerdas la primera vez que dijiste eso?” Tony preguntó entre risas tenues, Steve levantó por
primera vez la cara de su cuello, enterró su mirada azul en los ojos castaños que brillaban aún en la
oscuridad.
“No”
“Estábamos atrapados en un edificio en llamas a punto de colapsar, la armadura estaba destruida y
yo estaba completamente expuesto”
“No fue el mejor momento para decirlo” Steve admitió sintiendo un parálisis en el pecho al
imaginar aquella escena.
“Al contrario, fue perfecto” Stark dijo y su hilera de dientes blancos formó una sonrisa, Steve lo
miró intrigado.
“¿Cuál es tu lógica?”
“Estábamos solos, a punto de morir, por primera vez no peleábamos. Lo dijiste y me abrazaste. En
ese momento yo no era Iron Man, ni Tony Stark y tú no eras Capitán Rogers, ni Capitán América.
Éramos solamente tú y yo, juntos”
Steve soltó una risa y pasó su mano por la nuca de Tony, lo acercó a sus labios.
“Eres verdaderamente poético” Steve dijo jugando y Tony torció los ojos.
“Estaba perdidamente enamorado de ti desde que era un niño ¿Qué puedes esperar?”
Steve soltó la primera risa de la noche y lo envolvió de nuevo en un abrazo, a los breves minutos
escuchó la respiración de Tony volverse estable y profunda, había concebido el sueño al fin. Besó
tiernamente su cabeza y lo apretó más a su cuerpo.
No quería volver.
Sintió el impulso de despertar a Tony y contarle todo, sabía que era un genio, aún más brillante que
Howard, sabía que podría retenerlo aquí… sin embargo si le decía y Tony lo rechazaba por no ser
el Steve con el que él se había casado… sintió un nudo en la garganta. No, no podría soportar ser
rechazado por él.
No.
No podía hacer eso, no podía permitir que 7 días aquí atrofiaran lo que había construido en 28
años.
Pero y si se casaba y reanudaba su vida… si pretendiera que nada de esto hubiese pasado ¿Seguiría
soñando cada noche con Tony? ¿Abrazaría de la misma manera a Peggy? ¿Podría siquiera
desnudarse ante otros ojos?
Las dudas lo cazaban, el reloj digital avanzaba sin piedad, su tiempo se acababa.
No podría perdonarse jamás tenerlo y no poder decir nada por tener una esposa o hijos.
Entre su tortuosa lluvia de dudas logró conciliar el sueño sin siquiera quererlo.
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Abrió los ojos tenuemente, su mente comenzó a arrojar diversas ideas matutinas hasta llegar a la
primordial -Era el octavo día- Abrió los ojos asustado, su pupila dilatada y su espalda tensa,
encontró mechones de cabello castaño en su cara, en su frente, estaban matizados por distintos
mechones de canas, se sentó sobre la cama asustado, contempló el cuerpo de Tony en posición
fetal, durmiendo plácidamente.
“¡Tony!” Gritó emocionado y el ingeniero saltó sobre la cama, abrió los ojos asustado.
“¿Pasa algo?” preguntó inquieto, su mirada danzando por el cuarto buscando el motivo de su grito,
Steve se sonrojo ligeramente sin embargo por primera vez en estos días se abalanzó a él, besándolo
desquiciadamente. Tony se separó del beso, su mirada curiosa y su sonrisa marcada.
“Amaneciste de buenas ¿Eh?” Stark dijo juguetón y pasó su mano por la natural erección matutina
de Steve, el Capitán rápido sintió ese nerviosismo de primerizo y una vergüenza que lo delató en
sonrojos.
“No era la intención esa” Steve trató de armar mejor su enunciado, pero sus ideas estaban revueltas
entre la mirada filosa de Tony y su mano alrededor de su erección.
“La mía sí” dijo con una sonrisa maliciosa y lo empujó sobre la cama, gateo sobre su cuerpo,
después de besos feroces y rasguños en su piel pálida, sintió de nuevo su cuerpo dentro de la
anatomía estéticamente impactante de Stark. Hecho la cabeza hacía atrás en un jadeo.
La primera vez había sido más su miedo que placer, esta ocasión sentía que ambos alcanzaban los
mismos niveles.
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Los días pasaron entre actividades de Peter, juntas de Stark y ordenamiento de papeles
gubernamentales que Steve había descubierto, le correspondía hacer. Cada día el pavor de no
despertar junto a Tony fue disminuyendo notablemente, cuando Enero terminó pensó que tal vez
algo había salido mal con los cálculos de Howard, tal vez no habían podido regresarlo a su
dimensión, tal vez en este momento Peggy estaría llorando desconsoladamente y Bucky y el
gobierno e incluso el país quisieran matar a Howard.
Sintió algo de culpa, sin embargo levantaba la mirada y veía al que ya llamaba con más confianza
“esposo” bailando AC/DC en el bar-loft de su casa, un vaso de cristal en la mano, unos jeans
desabrochados y su pecho desnudo, su cabello castaño oscuro canoso caía hasta su nuca, sus
arrugas profundas le añadían el toque esencial de un playboy billonario. Steve sonrió para sí
mismo.
Aún no descifraba la razón por la que este hombre lo amaba, sin embargo no había noche que no
orara agradeciéndole a Dios esta vida.
Ligeros pasos se escucharon sobre el piso, Steve volteo hacía abajo, Peter vestía su pijama blanca,
su cabello castaño hasta la nuca, sus ojos azules observaban atentamente a Tony que seguía
cantando y bailando, la ebriedad comenzaba a notarse.
“Sí, ya lo conoces” Steve dijo sonriente y se inclinó hacía el cuerpo del niño, el pequeño levantó
los brazos y pronto se sentó sobre el antebrazo de Steve, el Capitán lo llevó hasta el Loft donde
Tony seguía cantando.
“Peter ya dormirá” Steve dijo demandando atención y Jarvis bajó el volumen de la música, Tony
refunfuño levemente, se acercó sonriendo a Peter y plantó un gran beso en su mejilla, lo tomó en
brazos automáticamente.
“¿Qué hiciste ahora?” Steve preguntó con voz juguetonamente tediosa y Tony torció los ojos.
“Aposte 200 millones en unas acciones que habían bajado en un 28% en dos días, hoy subieron a
un 72%”
“No, mis números eran correctos. Es una serie ¿Entiendes? Las inversiones, las acciones, son un
juego de bonos, hipotecas, préstamos y fantasmas. Estuve haciendo varios miles de cálculos estos
días, la apuesta subió a 5 a 1. Me lleve un billón de dólares de los bancos” Tony dijo sonriente,
Steve lo vio intrigado, jamás había visto o escuchado a Tony hablar de dinero antes, Peter lo vio
confuso también.
“¿Necesitamos dinero?” Peter preguntó en voz suave y Tony dejó salir un gran suspiro.
“Para nada, solo tu papá ha estado muy ocupado y no me presta la atención debida, así que
comencé a jugar con Wall Street” Tony dijo engreído y Peter sonrió, Steve involuntariamente
torció los ojos.
“Tu IQ excede 200 puntos, no fue un juego justo” Steve dijo casi molesto y Tony alzó las cejas.
“No es mi culpa que el mundo sea demasiado lento para mí” Steve esta vez sí soltó un bufido
molesto y le quitó a Peter de los brazos, caminó hacía las escaleras sin decir nada.
Después de la tradicional historia nocturna – Esta vez fue La bella y la bestia – Steve salió
cauteloso del cuarto del pequeño, emparejo la puerta con cuidado procurando caminar de puntitas,
Tony lo esperaba afuera del cuarto con los brazos semi-cruzados, una taza de porcelana llena de
café en su mano.
“No”
“No fue por el dinero, te conozco. Te molesta que sea tan soberbio”
“Bueno, eso no es nada nuevo” Steve dijo con una sonrisa cínica y caminó hacía la habitación
principal, sintió una mano tomar la suya, volteo instintivamente.
“¿Qué?”
“En mi mente todo fue distinto ¿sabes?” Tony dijo con esa voz tan característica de él cuando
comenzaba a seducir, pareciese que ronroneaba las palabras, Steve tragó difícilmente.
“¿Ah sí… cómo?” Pregunto con la voz ya temblando, Tony sonrió ampliamente. Ese bastardo
sabía exactamente como jugar sus cartas con Steve.
“En mi mente tú dirías ¿Así que no te prestó atención?, hubieras caminado hacía mí, bajado de un
tirón mi pantalón y aventarme contra el muro, yo hubiese arqueado la espalda mientras tus dedos
comienzan a abrirme para ti… Después tu erección sólida y húmeda me hubiese atravesado
deliciosamente, yo habría enredado mis piernas en tu cintura…” La peculiar manera que Tony tenía
para relatarlo todo, su mirada destellante, sus labios entreabiertos, sus dedos delgados dentro de su
boca, Steve lo tomó agresivamente de la cintura estampándolo cuidadosamente contra el muro más
cercano.
La taza de porcelana se fragmento sobre la duela de madera, el café derramado creaba reflejos en
el piso.
“Tony, hay algo que necesitamos hablar” Steve dijo apoyándose sobre sus codos, su cuerpo
desnudo y su mirada seria. Tony estaba completamente sudado, sus piernas abiertas, su cara
enterrada en la almohada, hizo sonidos inentendibles que Steve tomaba como un dialogo, o al
menos el inicio de uno.
“No” Tony dijo automáticamente levantando su cuerpo de la cama, se sentó doblando las piernas,
la luz de la luna sobre el mar definía cada sombra de su silueta, Steve permaneció acostado.
“No es necesario, no para él. Tiene 4 años y es billonario, podemos educarlo en casa, mantenerlo
seguro hasta que sepamos quién quiere ser, qué quiere ser” Tony dijo exaltándose, Steve negó con
la cabeza.
“El mundo es un lugar inhóspito. No tiene nada que ofrecer, es cruel Steve, tú y yo lo sabemos”
“Por eso es mejor que lo conozca desde chico, así podremos estar nosotros para apoyarlo”
“Lo van a lastimar, lo apuntaran con el dedo. Steve no tenemos por qué exponerlo” La voz de Stark
estaba cada vez más alterada, el Capitán intentó mantener la calma.
“Tony, seamos honestos. Peter saldrá al mundo algún día, prefiero que lo haga cuando estamos
vivos y podemos apoyarlo y no cuando ya no estemos”
“Eres Capitán América por Dios, vives siglos” Tony dijo entre molesto y risorio, Steve lo penetró
con la mirada.
“No quiero vivir siglos Tony, no sin ti” lo dijo de una manera natural e inclusive él se sorprendió
de la tangible sinceridad.
“Tengo miedo”
Steve ahora permaneció callado, él también tenía miedo, sin embargo sabía que Peter no podía
estar conviviendo con puras mujeres en el ballet, los únicos hombres que conocía eran él y Tony,
el jardinero y el mayordomo, pero ellos jamás le hablaban a Peter, lo contemplaban por el rabillo
del ojo como si de un animal exótico se tratara. Eso le dolía.
Y sabía que conforme su vida fuese avanzando más personas lo contemplarían así, una parte de
Steve estaba consciente del problema, bueno, la situación que vivían con Peter, comprendía que la
transexualidad era un estado biológico natural. Sin embargo otra parte de él que mantenía oculta de
Tony creía que Peter no era transexual sino simplemente influenciado por ellos, hijo de un
matrimonio gay, conviviendo con puras niñas de su edad, bailando ballet y estando constantemente
siendo receptor de regalos como vestidor o muñecas por parte de Tony.
Steve creía fervientemente que al momento de que un bebé nacía, los papás le mostraban el azul y
el rosa respectivamente, no porque quisieran imponer nada, sino porque era la manera natural de
crianza ¿Y qué tal si exponerlo más al mundo femenino habían hecho que Peter se confundiera? En
este mes y medio jamás había visto un solo juguete varonil.
Miró a los ojos a su esposo y se mantuvo callado, sabía que sus dudas serían rápidamente atacadas
por Tony, sin embargo se encontraba irremediablemente atrapado en el doloroso comienzo de la
negación.
Tony servía cereal en un plato hondo de porcelana, Peter jugaba con dos ponys distintos en la barra
de granito negro de la cocina, la mirada del ingeniero estaba clavada en su Starkphone, el sonido
audible de varios papeles cayendo sobre la barra lo hizo desconcentrarse, levantó su mirada castaña
rodeada de notables ojeras. Eran diversos folletos de escuelas distintas, Tony lo atravesó con la
mirada y Peter se acercó curioso a los folletos.
“¿Qué son?”
“Son probables escuelas a las que podrías ir” Steve dijo con una sonrisa sincera y Tony rechinó los
dientes.
“No le hagas caso, papá ha estado algo delirante e insoportable estos días” Stark dijo molesto y
tomó el montón de papeles con coraje, caminó hasta la basura.
“¡Yo quiero ir a la escuela!” Peter exclamó exigente, sus ojos azules fijos en Tony, Stark torció los
ojos aún más molesto, caminó hasta Steve tomándolo agresivamente del brazo, el Capitán coopero
y camino con él hasta llegar a la habitación más cercana, era el estudio de Steve, varios cuadros
tapizando el muro y el olor a óleo era penetrante, Tony gruñó.
“¿Eres idiota acaso?” El billonario destellaba enojo y Steve permanecía firme con los brazos
cruzados.
“¿Necesario? ¿Para quién? ¿Para ti?” El hombre castaño de notables arrugas gritó entre dientes,
Steve se mordía el labio intentando permanecer firme, entre más contemplaba como se
humedecían los ojos vibrantes de su esposo, más inclinado a ceder se sentía.
“Para él, para Peter. Lo sabes” dijo molesto y Tony se mordió el labio.
“Más vale que termines con esto o lo haré yo” El ingeniero lo amenazó de una manera tajante, sus
ojos flameaban y sus cejas espesas le añadían una ferocidad a su mirada que inclusive lo hizo
temblar. Vio cómo su esposo salía del estudio azotando la puerta tras de él, el impulso de ir
corriendo tras de él lo comenzaba a enloquecer, caminó hasta la puerta y vio como el pequeño
Peter caminaba hacia él.
“Papi está molesto” Peter dijo inocente y Steve soltó una risa burlesca, se acuclilló delante del
pequeño.
“Como nunca”
“¿Se pelearon?” Steve pudo percibir la preocupación en la voz quebrada de Peter, sonrió
intentando parecer tranquilo.
“No, todo está bien, a veces tenemos pequeñas diferencias”
“Nunca lo había visto tan enojado contigo” Peter dijo sincero y Steve sintió el amargo sabor de la
culpa inundar su boca.
“Sí, tal vez cometí un error” Steve dijo con la mirada clavada en el piso y Peter le dio un abrazo.
“No pasa nada, solo cómprale algo lindo y pide perdón” La manera tan natural e inocente del
pequeño al reaccionar lanzó una oleada cálida por el pecho de Steve, sonrió sincero y ladeo la
cabeza, cada que observaba más detenidamente los ojos de Peter se convencía que eran idénticos a
los de él, pero eso era imposible, porque… Peter había sido adoptado. No le constaba, sin embargo
¿Qué otra explicación había? Debía investigar eso.
“¿Me acompañarías?” Steve pregunto aun con la sonrisa sincera en el rostro y Peter asintió serio,
como si de una misión secreta y sustancial se tratara.
Steve decidió no avisarle a Tony y hacer que fuese una sorpresa, obviamente sabía que Stark los
contemplaba desde las diversas cámaras de seguridad que últimamente se había dado cuenta que
abundaban en toda la mansión.
Tomó el mismo carro azul viejo que había adoptado como suyo y salió con Peter hasta el pequeño
pueblo colinas abajo, estuvieron caminando entre las calles folclóricas del sitio, el pequeño
observaba distintos objetos sin embargo ninguno parecía convencerlo realmente, después de una
malteada y más de una hora caminando la puesta de sol comenzaba.
“¿Peter te gustaría ir a la playa a ver la puesta de sol?” Steve preguntó esperando que el pequeño
dijera que sí, el niño sonrió asintiendo.
“Creo que ya sé que regalarle a papi” Tomó de la mano a Steve arrastrándolo cariñosamente por la
calle, caminaron cerca de 5 minutos cuando el niño se paró delante de una tienda de mascotas,
Steve lo miró perplejo.
“¿Recuerdas que quería un gato y tú no querías?” preguntó y Steve asintió, porque obviamente no
lo recordaba pero sabía que debía ir con la corriente de la época.
“Elige uno” dijo naturalmente intentando no acercarse a las jaulas, sentía un temor inexplicable por
los gatos.
“¡El negro!” El niño dijo emocionado y caminó hasta la jaula donde estaba, Steve cerró los ojos,
mierda, para colmo gato negro.
Después de adquirir el animal y comprarle una cama, una caja de arena, una bolsa de arena y una
jaula, caminaron con el gato hasta la playa, dejando la jaula en la arena, Steve se sentó frente al
mar y Peter lo imito, era un momento de silencio donde una paz embriagante embargaba al
Capitán, jamás creyó que esta felicidad pudiese ser tan degustable, volteo a ver a Peter y notó
como el pequeño niño observaba fijamente a dos niñas que construían castillos de arena a varios
metros de ellos.
“¿Son bonitas, no?” Steve dijo con una sonrisa tierna y Peter levantó los hombros en además de
indiferencia.
“Son suertudas” dijo en un murmullo y Steve intentó contener cualquier pensamiento negativo y
mostrarse abierto para saber más acerca de él.
“¿Por qué?” preguntó amigable y Peter clavó la mirada en la arena, su dedo índice trazando figuras
abstractas.
“Son niñas”
“Pero yo soy hombre y también soy suertudo ¿no?” Steve dijo intentando comprenderlo, para su
sorpresa el pequeño Peter soltó una risa y volteo a verlo con una mirada demasiado adulta, cargada
de estrés y sufrimiento, lo hizo temblar involuntariamente.
“Tú perteneces a tu cuerpo, estás con la persona que amas, y además vives ¿Qué más
necesitarías?” preguntó y Steve sintió un aguijonazo en el pecho.
“¿Qué te hace falta a ti?” preguntó y notó como Peter comenzó a titubear, descendió la mirada a la
arena.
Steve en ese momento entendió que Peter era infeliz, solamente le faltaba el coraje para decirlo, en
ese fragmento de instante donde contempló su mirada idéntica fracturarse se sintió el ser más vil y
primitivo por no poder comprenderlo, por limitarlo, las palabras de Tony caían en eco “¿Lo harías
infeliz por algo que alguien más dijo?”
No.
No podía soportar ver a Peter tan callado, tan roto… cada día pareciese que aumentara su
desconsuelo, cuando lo conoció había sido un niño feliz, ahora no era ni la sombra de aquella
sonrisa traviesa. Un retorcijón en el estómago lo hizo morderse el labio intentando no quebrarse
enfrente del niño.
“A veces siento que no soy yo” Peter dijo sencillamente y se levantó de la arena, comenzó a
caminar por la playa, recogiendo conchas y platicando con tortugas. Steve mantuvo la vista fija en
él durante toda la tarde, sin embargo su mente danzaba entre todos los artículos leídos “Más del
50% de niños transgénero cometen suicidio”
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Cuando la noche cayó y Peter ya estaba completamente dormido Steve se escabulló con la jaula en
mano a la habitación principal, su primera impresión fue completa sorpresa. Todo el suelo estaba
lleno de distintas herramientas y manchas de aceite, Tony vestía una camiseta negra y unos jeans,
andaba descalzo.
“Estoy construyendo un robot que pueda ser mi marido y que también me pueda escuchar” dijo
con la vista aun fija en lo que construía, Steve exhaló furioso.
“Ya tienes uno de esos” dijo intentando juntar todos los gramos de paciencia que aún conservaba.
“Estaba pensando ¿Qué opinas?” dijo y sujeto en lo alto dos dildos enormes y distintos, por
primera vez dirigiéndole la mirada, Steve sintió un vuelco en el estómago y una sonrisa torcida
delato su reciente excitación.
Steve aún con la sonrisa en la cara dejo la jaula con el gato en el piso y comenzó a desabrochar su
pantalón, sacó su miembro ya erecto, era grande, grueso y finas venas se saltaban.
“Yo te recomendaría este, pero como no puedes tenerlo, entonces elige el derecho” dijo con una
ceja alzada señalando el dildo de la derecha, Stark no pudo controlar la dilatación en sus pupilas.
“No es justo” dijo molesto y Steve aun con su erección en la mano levantó los hombros engreído.
“Creo que me iré a la recamara de visitas, suerte con tu proyecto” Dijo y levantó la jaula, su
erección expuesta, caminó hasta el cuarto más alejado de la recamara principal, cerró la puerta tras
de él.
Apenas pudo Steve acomodar la jaula del gato en la silla y distender la cama cuando escuchó
pasos en la duela de madera, soltó una risa audible al contemplar a Tony entrando a la habitación.
“¿Tan poco aguante Stark?” preguntó jugando y el billonario lo fulminó con la mirada.
“Cállate”
“¿Así que solo vienes por esto, no?” dijo jugando deslizando su mano en su erección, la cabeza
comenzaba a humedecerse y Tony tuvo que controlar la salivación excesiva en su boca.
“¿Qué quieres escuchar? ¿Qué me has vuelto una puta?” dijo con una sonrisa traviesa, su barba
entrecana y sus ojos destellantes, Steve soltó otra risa y caminó hasta Tony, besó suavemente sus
labios descendiendo hasta su cuello.
“Pero solo por mí” Steve mordió las palabras en el lóbulo de su oído y Tony soltó un jadeo.
“Peter puede despertarse” dijo algo preocupado y Steve soltó una risita.
“Somos su canción de cuna” dijo burlesco y Tony soltó una risa audible, Steve no podía notarlo,
sin embargo estaba cambiando cada vez más, evolucionaba a pasos agigantados sin recordar o
siquiera advertir que el regreso a una época retrograda serían su condena.
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“Estaba pensando” Tony rompió el silencio, Steve pasaba su mano delicadamente por el cuerpo
desnudo de su esposo, él estaba semi-cubierto en una sábana blanca, levantó la mirada clavándola
en sus ojos castaños indicando que tenía su atención, la mano de Tony estaba enterrada entre su
cabello rubio.
“Creo que debemos meter a Peter a la escuela” dijo sincero y Steve se detuvo en seco, se apoyó
sobre sus hombros recorriéndose en la cama hasta llegar al rostro de Tony.
“No creo que sea tan buena idea, tal vez aún no está listo” Intentó rápido excusarse, la plática que
había tenido hoy con Peter habían tambaleado no solo sus principios sino sus verdaderas
intenciones de hacerlo cambiar.
“Mira, no me agrada del todo sin embargo estuve pensando en los argumentos que diste y de
verdad son muy razonables, además ya encontré una escuela que me agrada y podemos ir el Lunes
a conocerla”
“No se me hace buena idea” Steve dijo cortante y Tony se sentó en la cama algo molesto.
“Estuviste semanas jodiendo con la idea y ahora que al fin accedo dices que no ¿Había algo más en
la idea de meterlo a la escuela?” Tony era un genio, deducía las cosas en segundos, eso asustaba
demasiado a Steve que no solo no era bueno mintiendo, sino que también era completamente
transparente para Stark.
Sabía que si le decía la verdadera razón – cambiar las ideas transexuales o “anormales” de Peter –
provocaría una guerra intensa con Tony, porque sería el equivalente a no solo engañarlo con la idea
de la escuela, sino traicionarlo a él y a Peter, tragó difícilmente.
“No, nada. Solo no quiero obligarte a nada” intentó sonar lo suficientemente convincente.
“Tú nunca me crees, pero es cierto. Puede que tengas razón, que aún no sea el momento, pero es
algo que debemos considerar tarde o temprano” Steve dijo intentando sonar lo suficientemente
razonable y flexible, Tony hizo una mueca adorable frunciendo las cejas y torciendo la boca.
Mierda.
Otra de las cosas aprendidas en esta época era que cuando Tony Stark decidía algo, no había
manera de contradecirlo. Asintió estúpidamente al ver como Tony ya se acomodaba para dormir
adueñándose de las sabanas.
“Sí, Pelusa” Tony dijo señalando hacía el sillón del estar de la recamara, el gato había salido de la
jaula y dormía plácidamente sobre la seda marroquí, Steve exhaló molesto. Tony de alguna manera
siempre salía ganando, y él de alguna manera que aún no descifraba siempre lo amaba más.
Quieres y no puedes.
La idea inicial al insistir en inscribir a Peter en una escuela era simple: conocería más niños y
sabría el rol que le corresponde desempeñar. Steve había acompañado gustoso a Tony a la escuela
que había escogido, se había enamorado a primera vista de las instalaciones, el micro-bosque, las
albercas, las canchas, sintió un brincoteo en el pecho al pensar en todo lo que el mundo había
cambiado después de la guerra, y sonreía estúpidamente ante la incredulidad de que podían
ofrecerle esto a Peter. Recuerdos frescos de su infancia en la calle lo hicieron estremecerse
ligeramente mientras caminaban por la capilla del instituto, Tony tomó su mando delicadamente y
murmuró por lo bajo un déspota “No me agrada que sea católico”
Steve sonrió ligeramente y dijo en un susurro “Es lo que más me agrada” Tony simplemente torció
los ojos.
Al llegar a la dirección Stark se detuvo en seco y con la mirada ausente pidió un momento y se
escabulló por las puertas de cristal, la secretaria contempló a Steve con una mirada confusa y el
rubio no pudo hacer nada más que sonreír como si fuese un comportamiento completamente
normal.
“Hace eso usualmente” mintió al contemplar los ojos de desconfianza pigmentados de creciente
temor.
“Oh, disculpa” dijo algo avergonzada al darse cuenta de su obviedad y Steve sonrió intentando
concluir la conversación lo antes posible y salir detrás de Stark.
Entre más convivía con este hombre se daba cuenta de la mirada de todos los demás al
contemplarlo, la mayoría abundaba en el desagrado, se apartaban de él de una manera respetuosa
pero tajante, jamás había notado que alguien le sonriera, exceptuando por supuesto las mujeres
menores de 30 años. Inclusive podía asegurar – si es que su paranoia no lo engañaba– que lo
contemplaban con cierto temor, no sabía realmente porque causaba tal impacto, todo lo que había
conocido de él en estos meses no era más que gentileza, genialidad y un creativo sentido del
humor.
“Te tardaste” la voz habitual de aquel hombre lo hizo saltar y salir de sus pensamientos, Tony
estaba sentado en el piso con la mirada fija en el sinuoso movimiento de las hojas del fresno.
“Intentaba calmar a la secretaria que parecía que en cualquier momento llamaría a la policía”
Tony soltó una risa profunda y sincera, sus arrugas se marcaron notablemente creando profundas
depresiones que enmarcaban sus ojos castaños.
“No comprendo ¿sabes? Te ven como si fueras… peligroso” Steve dijo la última palabra en un
susurro y Stark lo volteo a ver juguetón, levantó una ceja entretenido.
“Soy un asesino en serie por las noches” dijo con voz lúgubre pero con esa destellante sonrisa y
Steve sintió un nudo en la garganta, si no fuera porque dormía diario con él hubiese caído en un
ataque de pánico, Stark tenía toda la carisma para atraer a una “presa” y toda la frialdad para quitar
una vida, un escalofrío recorrió su piel.
“Hablo en serio” dijo ya con voz firme y Tony hecho la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y levantó
los hombres.
“No esperes que todos me contemplen como tú lo haces Steve, ellos conocieron a Darth Vader y se
quedaron con esa idea” Steve quería preguntar acerca de ese nombre, no lo entendía ni lo recordaba
en ninguna conversación, sin embargo solo asintió y se sentó a su lado.
“Ya pasaron casi diez años, deberías acostumbrarte” dijo y tomó su mano, el contacto de Tony
siempre lo hacía sudar en frío, sus mejillas tenuemente pigmentadas. Mierda, no podía pretender
que ya habían pasado tantos años cuando su cuerpo reaccionaba acorde a los 4 meses que llevaba
conociéndolo. La mirada satisfecha de Tony le decía claramente que inclusive el Steve que lo
conoce desde hace 10 años, seguía reaccionando de esta estúpida manera.
“No puedo”
“El adaptable te llaman” dijo jugando y fijo de nuevo su vista en el fresno, Steve contempló el
árbol también, perdiéndose en los recientes recuerdos del recorrido por la institución.
“Me agrada” dijo sincero y Tony soltó una risa por lo bajo.
“¿…pero?”
“La religión es hipócrita y moralista, se siente ofendida por todo lo que no encaja con sus
principios. Peter es exactamente todo lo que no encaja” dijo honesto y Steve se mordió el labio,
porque era cierto sin embargo su retrograda ser y los recuerdos de las misas dominicanas con su
mamá le revolvían la mente.
“La religión es así, pero la idea de Dios es que es un ser que ama y perdona”
“Perdona…” Tony dijo y soltó una risa en un bufido “¿Quién necesita su perdón?” preguntó
déspota y Steve no supo cómo reaccionar porque en toda su vida nunca nadie había hecho esa
pregunta.
“¿Consuelo? ¿Te estas siquiera escuchando?” La voz de Stark había mutado a algo más agresivo y
cortante, Steve tuvo que ordenar rápidamente sus ideas para no comenzar una guerra en los
jardines de la dirección.
“Sí me estoy escuchando, la idea de “dios” es un ser que te ama, te acepta y te impulsa a hacer y
ser lo que quieras ser, procurando siempre hacer por los demás”
“¿Para qué necesitaría un Dios que le enseñe eso si le hemos enseñado eso nosotros?”
“Tony… Peter no es precisamente la persona más generosa o altruista” dijo sincero y la mirada de
Stark se tornó algo rota.
“¿Vienes o no?” preguntó manteniéndose firme y Tony después de un segundo torció los ojos y se
levantó sin tomar su mano, caminó de nuevo hacía el edificio y Steve con una sonrisa discreta de
victoria caminó detrás de él.
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El cambio en Peter fue instantáneo, todos los días tenía una anécdota nueva que contar, nuevos
nombres que mencionar – todos de niñas– y un entusiasmo anormal por hacer la tarea inclusive
antes de comer. Tony se adentraba enormemente en todo lo académico, los trabajos de Peter
siempre eran dignos de un estudiante de Secundaria o Preparatoria, por más que Steve intentaba
alejarlo y pedirle que dejara que Peter se desarrollara a su nivel, a la mañana siguiente encontraba
maquetas con circuitos o pequeños robots en la mochila de Peter. Era imposible.
Él por su parte se encargaba de llevarlo, recogerlo y acompañarlo las tardes que se quedaba en
ballet, cada vez veía que era mejor y sus pies comenzaban a cambiar, pequeñas yagas comenzaban
a abrirse entre sus dedos y aunque a él le causaba cierta inconformidad podía degustar la pasión de
Peter al bailar, por ahora eso era suficiente.
“Se me hace raro ¿sabes?” Tony dijo rompiendo el silencio y Steve dejó el informe que corregía
para la celebración del 4 de Julio.
“¿Qué cosa?” preguntó desconcertado y Tony de nuevo perdió su vista en su taza de café, estaba a
punto de repetir la pregunta cuando Stark volvió a hablar.
“Un mes”
“¿Y nadie lo ha molestado? Es raro ¿no?” Steve también lo había pensado al recordar sus días de
escuela y el bullying incansable que existía, había querido pensar que las fechas eran distintas y
que el respeto era un principio básico hoy en día.
“¿Qué crees que pase?” preguntó algo temeroso y Tony hizo una mueca.
“La idea lógica es que no nos ha contado nada por temor a que lo saquemos de la escuela”
Al parecer Peter había sido hermético con ambos, Steve se levantó de la estancia y caminó
escaleras arriba, al empujar suavemente la puerta de la habitación de Peter lo encontró parado
frente al espejo, vestía solo un leotardo rosa pastel y unas zapatillas de ballet, el clásico uniforme
de bailarina y Steve intento hacer memoria porque no recordaba que ni él ni Tony hubieran
comprado algo así recientemente, el vestuario de hombres era muy distinto.
Peter levantó la mirada asustado, sus ojos atemorizados como los de un venado expuesto ante el
rifle, Steve se mordió sus temores e intento callar sus prejuicios.
“Se te ve muy bien” dijo sincero y el rostro de Peter se suavizo demasiado, su cabello castaño caía
quebrado hasta su nuca.
“Quiero que crezca más” dijo entusiasmado enmarañando su cabello y Steve asintió.
“¿Hasta dónde?” pregunto inocente intentando no sonar alarmado o que estaba emitiendo un juicio,
Peter sincero señaló con su mano hasta arriba de la cintura y Steve asintió, escuchó pasos por las
escaleras y miro pensativo a Peter.
“En la escuela… ¿Todos te tratan bien?” Preguntó en voz seria pero tenue y el pequeño levanto sus
ojos azules pensativo, Tony se recargó en el marco de la puerta, observaba al niño con una sonrisa
sincera y una mirada analítica recorría aquel cuerpo menudo masculino en un leotardo femenino.
“¿Son hermanas?” preguntó Tony y Peter asintió, sí, solo un par de papás carentes de imaginación
pondrían nombres tan fonéticamente parecidos.
“¿Y los niños Peter?” Steve preguntó dudativo y Peter hizo una mueca.
“¿Te han hecho algo?” Tony preguntó con voz firme y Peter salto en sí, Steve lo recriminó con la
mirada.
“No… ellos dicen que no me puedo juntar con ellos, que ese no es mi sitio. Me llaman niña” las
últimas palabras las dijo con una sincera sonrisa y entonces la realidad sacudió a Steve.
La idea de meter a Peter en una escuela era para que conociera el rol que debía jugar acorde a su
género y él claramente estaba jugando el rol que sentía naturalmente acorde a su género. En ese
momento la sólida realidad golpeo a Steve, Peter era transexual, simplemente aun no tenía la
confianza de decirlo en voz fuerte.
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Steve arreglaba todos los preparativos para la pequeña cena y viaje que había organizado por el
cumpleaños de Tony, era 26 de Mayo apenas y quería que todo estuviera perfecto, mantenerlo en
secreto sin duda había sido lo más difícil de todo. Peter era su cómplice y su mejor ayuda en
decidir y conocer todos los gustos anormales de Stark, todas sus manías obsesivas-compulsivas.
Entre las distintas idas a comprar las cosas de la cena, la fiesta, los boletos de avión y las maletas
las horas se iban entre sus dedos, el sonido constante del celular lo sacó de su pensamiento,
sostenía en una mano dos paquetes distintos del mismo jamón añejo.
“¿Ya comieron?” fue la primer pregunta que escuchó al otro lado de la línea, y el hecho de que la
voz de Tony hablara en plural agito su mente.
Peter.
“Mierda” dijo en un impulso y soltando lo que tenía en manos salió casi corriendo del lugar, la voz
de Tony lo interrogaba preocupado sin obtener respuesta, después de breves segundos Steve se dio
cuenta que aún seguía anclado a la llamada.
“Perdón, es solo…. Olvide a Peter en la escuela” dijo sincero y Tony bufó molesto, después Steve
escuchó una risa entretenida, no había pasado mucho, tal vez solo una hora desde que había salido
del Ballet.
“Estoy por el rumbo, llego yo primero” Tony dijo y Steve asintió y colgó la llamada, cuando llegó
al estacionamiento estaba completamente solo, cerró la puerta del carro y contempló el deportivo
rojo de Tony estacionarse a su lado, él no lo espero, la angustia de no ver ningún niño en las
canchas agitó su pecho y comenzó a llamar el nombre de Peter, Tony corrió hasta alcanzarlo,
también gritaba preocupado el nombre del pequeño.
Caminaron al estudio de ballet, se encontraba solo, en el reflejo de los múltiples espejos Steve
contempló a lo lejos en la cancha de football un grupo de niños rondando los 8 años, maldijo entre
dientes pensando lo peor y corrió hacía ellos, Tony lo imitó asustado.
El agudo sexto sentido que tenía no lo traicionó, tres niños rodeaban al pequeño Peter que estaba
siendo amordazado por un cuarto niño, las risas eran crueles y las ofensas se escuchaban inclusive
a metros de distancia.
“Fenómeno”
“Anormal”
“Mejor matate”
“Indefinido”
“Raro”
Esas palabras contaminaron el pecho de Steve y sintió el peso de la culpa anclarlo al pasto, quería
hablar, gritar, golpear a los niños que resultaban ser más crueles de lo que jamás hubiese
imaginado. Contemplaba como Peter lloraba sin aliento y entendió que no era por la agresión física
sino por la última frase que un niño delgado de ojos verdes había dejado salir:
“Déjenlo” gritó con voz quebrada adentrándose entre los niños, dos niños al reconocerlo salieron
corriendo en direcciones opuestas, Steve estaba a punto de decir algo cuando vio como Tony
tomaba agresivamente al niño que se encontraba sobre Peter y lo jalaba de la playera, lo tomó de
los hombros agresivamente.
“Escúchame bien pedazo de mierda, vuelves a tocar a mi hijo y vas a conocer el peor lado de mí”
Sus dedos enterrados sobre la piel virgen del niño comenzaban a dejar marcas purpuras. Los ojos
verdes del niño se cristalizaron y el miedo lo petrificó inmovilizándolo por completo, cayendo en
un estado de shock que lo hacía sentir oleadas continuas y tortuosas de escalofríos.
“Tony, suéltalo” Steve dijo asustado intentando separar a Tony del niño, las facciones de Stark
endurecidas y la vena de la sien comenzaba a saltarse, sus ojos castaños destellaban oscuros y por
un instante Steve supo a qué se refería con las palabras de hace dos meses. Darth Vader.
“Tony” repitió esta vez más molesto e intentó tomar el brazo de Tony para separarlo del niño que
ya lagrimeaba no por el pavor sino por el coraje de ser débil, Steve sabía la gravedad de la escena
y más valía que todo esto no se hiciera más grande.
“¡Suelte a mi hijo!”
Mierda.
Un grito temeroso se escuchó y Steve volteo hacía atrás para encontrar a un hombre vistiendo traje
y corbata enfurecido, los mismos ojos verdes que el niño que Tony sostenía.
Mierda.
“Stark” mordió la palabra en su oído como su última alternativa antes de tener que quitarlo por la
fuerza, Tony no quito su mirada del niño, parecía completamente absorto por la escena, como un
maniático psicópata que en cualquier instante pudiera decidir quitar la vida. Steve sintió miedo sin
embargo tomó gentilmente la mano de Tony y él sin decir nada más empujó al niño hacía adelante,
el chico de 8 o 9 años cayó de espalda al pasto, se levantó llorando ya audiblemente y corrió hasta
donde su papá estaba. Tony se mantuvo estático por unos segundos mientras Steve se acuclillaba
junto a Peter para preguntarle qué era lo que exactamente le habían hecho, el miedo de ser
expuesto a una violación le paralizaba el alma.
“¿Cómo te atreves?” La voz del padre del niño rompió el silencio en un grito eufórico, sostenía
indignado a su hijo de los brazos exponiendo las marcas de los dedos de Tony en sus hombros, no
era nada grave, sin embargo era un menor de edad.
“Estaba sobre mi hijo” Steve dijo cortante señalándolo deliberadamente. El pecho de aquel extraño
casi rozaba el de él.
“¿Niños? ¿Tu niño de 9 años contra mi niño de 4?” Preguntó en un grito, sus puños temblando
entre la rabia y la impotencia.
“¡Niños!” Gritó enojado aquel hombre maldiciendo por lo bajo “Menores de edad”
“¿Entonces es válida la agresión de un niño de 17 años a un niño de 4?” Steve preguntó molesto y
notó como la mirada del hombre lo analizaba detenidamente como intentando reconocerlo, bajó su
mirada hasta Peter que seguía sentado en el pasto llorando sin aliento ni lágrimas, su mirada azul
danzaba temblorosa entre sus padres y el niño que lo había intentado estrangular hace unos
minutos.
Recuerdos de la mesa directiva debatiendo si debían admitir al primer matrimonio gay y como
todos habían votado en contra, pero la dirección había decidido que tener a Stark en la institución
representaba grandes aportaciones voluntarias y mejorías en la escuela. Al final el dinero siempre
abría puertas.
Tony Stark y Steve Rogers, la pareja controversial desde hace más de diez años, el ciudadano
modelo y el psicópata drogadicto. Sintió un vuelco en el pecho y recordó toda su infancia
creciendo en los mismos colegios que Stark, las mismas fiestas, las mismas inversiones y como
Stark siempre había producido una sombra tan amplia que terminaba cubriéndolo en cualquier
sitio, el sabor a venganza le endulzó el paladar.
“Eres tú. El lunático de Stark. ¿Cómo te atreves a agredir a un menor de edad?” dijo agresivo y
Steve rápido supo hacía donde se dirigía el asunto.
“Tony simplemente defendía a Peter” dijo interponiéndose entre ambos hombres, su mirada azul
seria y sus labios tensos, y entonces aquel desconocido para Steve pero conocido para Stark supo
que cartas jugar.
Las palabras cayeron como plomo en Tony y volteó a encararlo, sus ojos lagrimeando, sus manos
temblando.
“Si vuelvo a ver a tu hijo cerca del mío lo que conocías de mí te parecerá dulce”
“¿Es una amenaza?” preguntó desafiante y Steve tuvo que tomar a Tony del brazo para darle a
entender que era mejor no decir nada, Stark como siempre, escuchó la mirada de Steve y calló.
“Vas a escuchar de mí Stark, muchos creerán que has cambiado pero no eres más que el mismo
monstruo de siempre, el pedazo de mierda que gastaba miles de dólares en heroína, el productor de
armas nucleares que se vendían en el mercado negro, el supuesto genio que no ha hecho nada por
el mundo, más que ser un hedonista estúpido, añádele a eso agresión física a un niño de 8 años”
“Suficiente” Steve dijo molesto y se agachó para levantar a Peter en sus brazos, tomó la mano de
Tony arrastrándolo agresivamente hasta el otro lado de la cancha, sus dientes se mantenían unidos
intentando no decir nada, Peter sollozaba en silencio y Tony se sacudía entre el frenesí y el coraje.
“Te veo en la corte” Se escuchó aquel grito y Steve sintió como su fortaleza comenzaba a
derrumbarse.
No sé que tienes que me matas.
Steve dio media vuelta sobre la cama, el insomnio era crudo y su vista seguía clavada en un punto
fijo entre la vegetación que entraba franca a través de la transparencia del muro de cristal,
escuchaba la respiración tranquila de Tony detrás de él, sujetaba su mano entre ambas manos
acariciándolo tembloroso.
Había intentado mantenerse positivo y parecer tranquilo y fresco, Peter no había querido decir
nada, simplemente se había ido a dormir sin siquiera cenar, Tony por otro lado había actuado de
una manera increíblemente madura, tanto que lo desconcertaba, le había pedido una disculpa por
sus acciones anteriores e inclusive había traído a platica temas banales mientras se cepillaba los
dientes.
Steve no confiaba en esa naturalidad fingida, estaba a la expectativa de una crisis cercana, sería la
primera y realmente no sabía cómo reaccionar, confiaba en su instinto. Se movió cauteloso entre
las cobijas dándole la espalda al ventanal, sus labios rozaron la frente de Stark y notó como se
empezaba a inquietar en su sueño, lo abrazó.
Drogadicto
Alcohólico
Hedonista
Armas nucleares
Mercado negro
Era inútil.
Abrió los ojos de golpe y soltó un jadeo de frustración teñido de fresca angustia, sus ojos azules
cristalinos clavados en lo que la luz lunar lograba iluminar del rostro tranquilo del hombre que
dormía a su lado.
No podía concebir la idea de él así, ni en un pasado remoto, era imposible. Conocía perfectamente
el comportamiento de un alcohólico, Howard lo era, siempre estaba ebrio, ya sea en cenas
benéficas o en presentaciones científicas. Era imposible para él dejar de beber, lo describía como
una necesidad asfixiante.
En 5 meses jamás había visto a Tony ebrio, sí bebía, pero jamás se excedía de tres tragos, solía
decir que le había perdido el gusto. Un alcohólico no le pierde el gusto a eso, mucho menos
alguien con antecedentes de consumos tóxicos.
Aunque claro, no podía emitir un juicio tan ciego hacía alguien que apenas conocía ¿Y qué si Tony
si era un alcohólico? ¿Un drogadicto? ¿Un productor de armas nucleares? ¿Y qué si sí lo era hace
una década o dos?
Steve lo miró temeroso, se veía tan indefenso, tan tranquilo, tan estable. Su mirada lanzó en una
ráfaga tortuosa la expresión asesina de Tony al sujetar a aquel niño, fue como si por un momento
ya no fuese el mismo hombre. Sintió algo familiar crispar su espalda: Temor.
Su instinto le advertía que había mucho más detrás de esos ojos castaños destellantes, como si cada
arruga profunda tuviese una tragedia que contar.
No.
Basta.
Tony no era así, y si lo había sido qué más da. Tony es presente y no pasado.
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Peter había cambiado, y con su cambio los iba quebrantando día a día.
Tony intentaba casi patéticamente en acercarse a él y Peter se había mostrado empático con ambos,
platicaba con ellos y sonreía, sin embargo en cuánto tenía oportunidad escapaba a su cuarto, Tony
había instalado cámaras en su cuarto mientras Peter se encontraba en la escuela, Steve al principio
había estado completamente en contra, con el paso de los días se lo agradeció.
El niño realmente no hacía nada, intentaba pintar pero no concluía ningún cuadro, no había vuelto a
tocar las zapatillas de ballet y mayormente dormía, lloraba hasta quedar dormido, Steve no sabía
qué hacer, había intentado por todos los medios, comprar tickets para presentaciones del ballet
ruso, comprarle vestidos nuevos, invitarlo a caminar, a viajar, inclusive Tony había dejado gran
parte de su carga horaria en la empresa.
Un Jueves en la mañana Steve ordenaba la ropa limpia de Peter, doblaba delicadamente cada
prenda y las organizaba por tonalidades en los distintos cajones, el 40% de la ropa de Peter ya era
completamente femenina, cerró los ojos intentando no emitir juicios, a veces llegaba inclusive a
odiarse a sí mismo por no poder evitarlo.
Caminó con el cesto vacío hacía el cuarto de lavado, antes de salir del cuarto de Peter escuchó un
ruido pesado, volteo curioso y encontró un sobre en la duela de madera, lo levantó curioso, un
jadeo de sorpresa salió involuntario al leer las letras rígidas en Arial 12.
Citatorio # 1
Sus dientes chillaron reprimiendo el grito de coraje que apretaba su garganta y sofocaba su pecho,
intentó mantenerse de pie, el sobre estaba abierto.
Peter lo había encontrado antes que ellos y lo había escondido, esa era la razón de su silencio, de su
llanto, de su distanciamiento hacía ellos estas 3 semanas, no supo en que momento comenzó a
llorar o a temblar o a colapsar entre ambas, estaba estático, su mente vagando entre posibles
escenarios, un miedo indescriptible al sobre, era incapaz de abrirlo, incapaz de leerlo.
“¿Steve?”
Mierda.
La voz de Tony se aproximaba y no supo realmente que hacer, guardo el sobre en sus amplias
bolsas de su Levis desgastado y salió del cuarto, caminó casi trotando hacía la habitación principal
puesto que Tony se encontraba en la escalera y no quería encontrarlo.
Era un idiota.
“¿Steve estas llorando?” la voz de Tony era incrédula como si fuese algo que no hiciera seguido…
si tan solo supiera que desde adolescente cualquier idiotez lo hacía llorar, y esto, este sentimiento
era incontenible. Se sentía ahogado entre todas las palabras que no podía articular.
“¿Steve?” la voz sonaba más agitada, abrió la puerta de la recamara principal cerrándola tras de él,
era de mañana así que cualquier mucama podría verlos. Steve no supo que hacer, no podía
encararlo.
“Sí”
Fue una monosílaba solamente, sin embargo estaba quebrada y ausente en un sollozo, eso fue
suficiente para sentir las manos de él sobre sus hombros, un escalofrió sacudiéndolo, esa sensación
poco placentera de abandono.
Tony lo hizo voltearlo a ver, sus ojos castaños preocupados, cristalinos incluso, las mejillas de
Steve eran rojas por el llanto contenido. Que escena tan más ridícula.
“No pasa… nada” mintió tan patéticamente que notó una risa cínica en las comisuras de los labios
de Tony.
“Llevamos 8 años juntos, creo que merezco la verdad sin rodeos” dijo calmado y Steve sintió un
brincoteo en el pecho. 8 años. Un sollozo salió audiblemente y cerró los ojos maldiciendo su
inexistente fuerza delante de él.
No dijo nada, extendió tembloroso el sobre hacía Tony, el ingeniero bajó la mirada curioso y al
leer las primeras letras tembló discreto, tragó audiblemente y con una característica sonrisa rota la
tomó. Él sí tuvo el valor de abrirla y no solo contemplarla, sino leerla. Steve estaba expectante de
sus reacciones, quería ver que tan grave era el problema, qué debían hacer, la reacción de Tony fue
inesperada.
“¿La leíste?” preguntó con voz ronca y Steve sacudió la cabeza avergonzado. No, le había faltado
valor.
“Queda una semana de tiempo para presentarme ante el juzgado a declarar acerca de la demanda.
Si el jurado lo ve necesario puede irse a juicio penal”
“¿Juicio penal?” Steve levantó la voz inconsciente de ello, Tony asintió serio.
“Sí”
“Lo que ese imbécil quiere es dinero, hay que dárselo, hay que llegar a un acuerdo con él, que
cancele la demanda” Steve comenzó a atropellar las palabras entre sí, el temor y la tristeza
mutando drásticamente a la exaltación y el coraje, Tony lo contemplaba en silencio “Hay que
borrar todo esto de los archivos, pretender que nunca nada sucedió y sacar a Peter de esa escuela
moralista de mierda”
“No me parece gracioso Tony” las palabras de Steve eran severas e inconscientemente habían
adquirido su tono usual de capitán.
“Estas reaccionando exactamente como yo lo hubiera hecho hace 4 años” Tony dijo tranquilo y
Steve sintió unas súbitas ganas de asesinarlo porque ¿Cómo era posible que estuviese tan calmado?
“No”
Steve calló abruptamente y dejó de caminar en círculos, clavo su mirada azul recriminándolo
descaradamente.
“No voy a hacer lo que he hecho toda mi vida. Alguien tiene que pararse en el estrado por todos
los que son sometidos a callar”
“No puede ser cierto” Steve dijo incrédulo canalizando todo su enojo hacía el hombre 15
centímetros menor a él que lo veía con una mirada castaña oscura pero serena, él simplemente
levantó los hombros en ademan de indiferencia asintiendo.
“¿Es qué estás loco? No vengas a jugar al héroe con esto” Steve gritó molesto y Tony permaneció
en su sitio, asechándolo con la mirada, sus labios tensos.
“No voy a sobornar a nadie por algo que también merece un castigo”
“¡Estas en desventaja Stark!” Y esa había sido la primera vez en varios años que Steve gritaba
molesto su apellido, Tony sintió un brincoteo en el pecho y una estúpida sensación de amargura
subir desde su estómago hasta su iris.
“Si sobornamos al gobierno y a el imbécil que demanda, y ocultamos todo esto, ellos habrán
ganado”
“Estaremos ocultando a Peter, como si él fuese alguien por quien no valiera luchar públicamente”
“Tú no tienes lógica, eres imposible” Steve dijo entre dientes y caminó hasta el teléfono
inalámbrico “Pediré el número de este imbécil y hablaremos con él”
“Jarvis”
“¿Sí?”
“Bloquea las líneas” El sistema operativo no contestó, Steve dejó de escuchar el ruido constante en
el teléfono, volteo a verlo aún más molesto.
“Jarvis” Gritó molesto y Tony podía jurar que si Jarvis tuviese un cuerpo, estaría temblando junto
a él en ese momento. Steve era de verdad temible en esta faceta, intentó reunir todas sus fuerzas
para permanecer firme.
“Increíble. Eres increíble” Steve dijo destellando chispas por los ojos e intentó dirigirse hacia la
puerta, Tony le obstruyó el paso.
“¿Y yo no tengo decisión aquí?” Steve contestó entre dientes, Tony simplemente sonrió cínico.
Su sonrisa y esa clásica actitud pedante fueron la cereza para enloquecer a Steve.
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Steve no podía entender que tenía ese hombre que lo idiotizaba de esta manera.
¿Qué tenía Tony que lo convertía en un simple humano inofensivo y sumamente manipulable?
Esa pregunta no dejaba su mente mientras esperaba en las incomodas sillas de la sala de espera del
juzgado #2 de la ciudad. No supo en que momento lo convenció no solo de aceptar su idea, sino de
ayudarlo y acompañarlo en esta guerra que desde el principio estaba perdida.
Tony llevaba cerca de dos horas en interrogatorio, no sabía realmente si era interrogatorio o si era
gente fanática atacándolo o indagando en su vida personal, se le revolvía el estómago de solo
pensarlo.
“Steve Rogers” la voz de la mujer lo llamó desde la puerta y en tiempo record ya se encontraba en
la oficina donde Tony tomaba un café despreocupado, sus lentes oscuros puestos y sus piernas
sobre el escritorio. Dos personas se reían con él.
“El legendario Capitán, siéntate por favor” dijo un hombre de corbata roja animadamente, Steve lo
miró extrañado.
“Estábamos platicando acerca del inicio de Iron Man” dijo el mismo hombre animado y Steve
asintió, volteo a ver preocupado a Tony intentando encontrar un indicio de disgusto, sin embargo
su sonrisa era tal que pareciese que no enfrentaba una demanda potencial a juicio. Intentó no
molestarse por eso.
“Que bien” dijo cortante y Tony sonrió más ampliamente.
“Vamos, no seas apático, Jord ha preguntado mucho por ti” Tony dijo animado, tanto que inclusive
Steve pensó en que tal vez no era café lo que tomaba Tony, sino alcohol directo.
“Jordan, me enteré del caso, soy abogado, egresado de Harvard hace 14 años, me encantaría la
oportunidad de llevar el caso en el juicio”
Steve en ese momento comenzó a observar detenidamente los ojos grisáceos del hombre, su
cabello rubio más largo que el de él, su traje exclusivo y su tez pálida, pudo observar más allá del
interés en el caso el claro interés en Tony.
Lo analizaba discreto sin embargo no podía durar más de 5 segundos sin voltearlo a ver, era un
coqueteo casi descarado, una rabia agito su estómago y no pudo evitar fulminarlo con la mirada, su
sien comenzaba a dilatarse y su ceño fruncido le daban claras señales para que dejara de ver a
Tony.
Pero Tony… ese hombre era un espectáculo, su naturaleza coqueta era insoportable, no solo
coqueteaba descaradamente con el abogado, sino con él y con la oficial que hacía guardia en la
puerta, su sonrisa destellaba en todas direcciones y podía contemplar perfectamente como tanto el
hombre como la mujer estaban completamente deleitados y derretidos por su presencia.
Tony Stark o era profundamente odiado o terriblemente amado. No se podía andar a medias tintas
con él, orillaba con su personalidad desquiciante a las personas hacía el extremo que él lo decidía y
una vez ahí las mantenía hasta que le eran útiles.
Se sintió manipulado e idiota, tanto que su paranoia natural y su dramaturgia intrínseca lo hizo
pensar que tal vez todos estos años Tony simplemente lo había mantenido ahí para algo, un fin que
aún no cumplía y que sería desechado con el tiempo.
“No habrá ningún juicio” dijo en un impulso y se levantó de la silla, azotó la puerta de la oficina al
salir.
Había llegado ya a la calle cuando escuchó pasos acelerados tras de él, una mano conocida lo
sujetó del saco.
“¿Esa escena que significa? Dijiste que me apoyabas” Tony le recriminó de una manera tan tajante
y desvergonzada que Steve sintió ese impulso de golpearlo, esa tensión insoportable que siempre se
traducía en sexo.
“Apoyo tus intentos estúpidos y suicidas de ser protagónico e ir a prisión, lo que no apoyo es tu
descaro total con ese imbécil”
Y Steve se dio cuenta ahí que jamás había sido tan sincero en su vida, jamás había escupido las
palabras que en caliente infectaran su mente, un extraño sentimiento de placer en su cuerpo, Tony
lo miró perplejo, después notó en una fracción de segundo como sus ojos castaños se iluminaban, la
pelea comenzaba.
“¿Protagonismo? ¿Eso crees que busco? Ya habíamos hablado de esto, es por Peter, creí que eras
capaz de entenderme, de apoyarme…” Tony estaba exaltado, abruptamente cortó sus ideas y quedó
en silencio por un segundo, después de la nada soltó una risa entretenida y levantó la mirada
iluminada en júbilo, su enojo se había disipado como una brisa marina, una latente bipolaridad a la
que Steve día a día se iba acostumbrando “Estas celoso” dijo entre risas tenues y fue suficiente
para que Steve se pusiera rojo de coraje.
“No lo estoy”
“Oh Dios, después de todo aún te ponen celosos mis juegos” dijo con una evidente felicidad que no
hacía más que desquiciar al menor.
“No seas ridículo” mintió patéticamente intentando retomar el hilo de la plática, porque conforme
los segundos pasaban se iba sintiendo ridículo inclusive por pensarlo “Necesitamos evadir el juicio
a como dé lugar”
“Ocho años juntos, 5 de matrimonio y un hijo de 4 años y tú haces un drama porque le sonrió a un
completo extraño” dijo aún entre risas y una evidente incredulidad, Steve sintió un nudo en el
estómago y sus hombros tensarse.
“Tony” la voz del desconocido se escuchó y fue suficiente para crisparle la piel a Steve aún más.
¿Por qué mierda le llamaba Tony? No había conocido a alguien en este remoto lugar que no le
dijera Señor Stark.
“¿Entonces el Lunes a las 2 en tu oficina?” dijo sonriente y Steve torció los ojos notablemente, que
barato.
“Sí”
“Gracias, mucho gusto” dijo dirigiéndose a Steve que hizo una mueca parecida a una sonrisa falsa,
Jordan caminó hacía la acera no sin antes dirigirle una última mirada a Stark, quién seguía
sonriendo ampliamente.
“Sí, sí estoy celoso” admitió Steve en un impulso, la risa de Tony se hizo escandalosa, se cubrió la
boca con ambas manos en un ademan tan adorable que hizo que el coraje se le bajara a Steve, casi
esfumándose por completo.
¿Cómo este hombre le alteraba los nervios y le daba una paz todo en un lapso de un minuto?
“Eres adorable” Tony dijo sonriendo y plantó un suave beso en sus labios, Steve cerró los ojos
calmándose por completo.
“El Lunes a las 2 iré a esa junta, no esperes que te deje solo con él” dijo severo y Tony sonrió
entretenido, un mechón de cabello castaño en su frente.
“No lo esperaba” dijo sincero y entrelazó sus dedos con los de Steve.
En el camino a casa Tony compró varias cosas para preparar de comer, se encontraba en un humor
extrañamente alegre, inesperadamente tranquilo, el miedo aún no decidía abandonar a Steve.
“Steve ¿Por qué no me habías dado el citatorio?” preguntó curioso, ambos caminando por el
malecón de la micro ciudad.
Tony no dijo nada por un buen rato, Steve sabía que Peter ocupaba su mente porque él se
encontraba en la misma situación, después de varios minutos Tony lo miró decidido.
Steve asintió, iba día a día aceptando más el hecho de que si no podía contra él lo más sabio era
unirse a él.
Casi 6 meses con él y aún no descubría que tenía este hombre que sacaba lo mejor y lo peor de él.
Darth Vader
Tony estaba hincado con la mirada fija en el moño azul rey que ataba cuidadosamente al cuello de
Peter, temblaba ligeramente y sentía como un nudo iba tensándose alrededor de su garganta, sentía
la pesada mirada de Steve en su espalda.
Ya había acabado el nudo del moño, le sonrió ligeramente a Peter y estaba a punto de ponerse en
pie cuando un abrazo inesperado lo sorprendió, después de casi un mes, Peter al fin, explotaba.
“Perdón” murmuró entre llanto mientras se aferraba del saco negro de Tony, el ingeniero sintió una
agitación interna y lo abrazo cubriéndolo completamente, Steve dio un paso hacia adelante sin
embargo se detuvo, no se sentía perteneciente al momento.
“No tienes nada por qué pedir perdón Peter. Nada de esto es culpa tuya” Tony dijo con voz firme e
intentó encontrar la mirada azul del menor, Peter le sostuvo la mirada cristalina por breves
segundos.
Steve se quebró.
Sintió el peso de todas las palabras dichas sin pensar, en como cada palabra o burla por muy
insignificante que fuera era una daga que iba dejando a Peter cada día que pasaba como un
desfragmentado alfiletero. Tragó difícilmente y caminó hasta donde Tony estaba, se acuclilló junto
a ambos.
“Tú eres normal Peter, nada está mal contigo” Dijo naturalmente y sintió como el yugo moral caía
lejos de él por primera vez en estos meses, Tony sonrió tímidamente.
“Si yo tuviera el cuerpo correcto…” lo dijo en un murmullo, sin embargo lo dijo y eso había sido
suficiente para confirmar cualquier sospecha que ambos habían mantenido por un tiempo, Stark
sonrió ampliamente y Steve no supo realmente cómo reaccionar, se mantuvo estático esperando
seguir la reacción de Tony.
“No hay nada mal en ti Peter, los detalles biológicos se arreglaran con el tiempo”
“Siento… siento que soy una niña” dijo en un llanto amargo y con una inseguridad palpable en la
voz, levantó la mirada asustado, buscando un tipo de recriminación o negación, Tony asintió.
“Lo sé, lo eres” dijo con una sonrisa y Steve no pudo creer como la simplicidad de esas palabras
hacían que Peter abriera los ojos incrédulo y una enorme sonrisa se formara en sus labios, abrazó
de nuevo a Tony y vio como el ingeniero cerraba los parpados adquiriendo por primera vez en días
una cara serena y transparente. Sonrió para sí mismo, después sintió como el pequeño rompía el
abrazo con Tony y se abalanzaba sobre él, lo levantó sin dificultad plantando un suave beso en su
mejilla. Peter no dijo nada, sin embargo sentía un enorme “gracias” en su tacto.
“Todo estará bien” mintió de una manera tan convincente que Steve por poco le creía, ambos
caminaron hacía el carro.
Al momento de llegar al juzgado contemplaron a una masa terrible de personas, Steve sintió como
su ritmo cardiaco se aceleraba, tantas cámaras, tantos micrófonos, tanta gente y flashes lo aturdían,
quería salir corriendo, jamás había enfrentado este tipo de situación, el primero en bajar del auto
fue Tony que sonrió ampliamente a los medios, ocultando con elegante maestría cualquier rasgo de
debilidad o timidez, Steve se mordió el labio, era una faceta completamente distinta a la que
conocía de él, lo siguió tímido con Peter en brazos. La gente comenzaba a hacer más estrecho el
camino y las distintas inteligibles preguntas que le lanzaban lo hacían voltear desconcertado hacía
varias direcciones, Tony volteó sobre su hombro y apreció vívidamente la mirada de pánico de
Steve, al principio le resultó extraño, la vida pública era algo a lo que ambos estaban
acostumbrados… pero claro, esta no era una conferencia gubernamental o un informe anual, era
una polémica social sobre aspectos de su vida privada, una vida privada que Steve odiaba hacer
pública. Caminó hacia él y tomó a Peter de sus brazos, entrelazó sus dedos con los de él y lo guío
hasta el interior del edificio.
Tony pasó hasta delante sentándose junto a Jordan que se veía sereno, sus expresiones duras, Steve
se sentó con Peter justamente detrás de él.
“Es parte del caso” Tony dijo y la jueza volteo a verlo con súbito desprecio.
Tony levantó las cejas en un ademán de burla y Jordan lo pateo por debajo de la mesa. Debía
cuidar sus muecas.
“Empezamos”
Steve agradeció que Peter permaneciera ahí, aunque comenzaba a dudar si era la mejor decisión.
Tony tomó asiento de nuevo, todos contemplaban su fortaleza e integridad, inclusive algunos le
llamarían descaro y desvergüenza ante un caso tan delicado, Steve sin embargo notaba la ansiedad
en su movimiento de manos y su temblor involuntario al hablar.
Dreher.
El apellido se le hizo extremadamente familiar, intentó cerrar los ojos y recordar dónde lo había
escuchado, no recordaba nada de su juventud, en un constante estado de ebriedad era imposible
recordar algo. Mierda.
Abrió los ojos al escuchar el carraspeo del hombre en el estrado, fijo su vista en él y ladeo la
cabeza como intentando ampliar su memoria volátil. No, nada acudía a sus recuerdos.
“Eran cerca de las 4 de la tarde y fui a recoger a mi hijo de 9 años a la escuela, él practica football
soccer así que directamente acudí a las canchas, vi a dos hombres y a dos niños e instantáneamente
sentí una corazonada, corrí hacía ellos y encontré a Anthony Stark sujetando agresivamente a mi
hijo de los hombros, amenazándolo a muerte, intervine y después de varios minutos lo soltó”
Algunas imágenes se proyectaron, se veían claramente los dedos marcados en la piel del menor,
tres moretones purpuras en cada extremo de la clavícula. Steve comenzó a temblar, no veía manera
de ganar esto. Escuchó los sonidos de susto por parte del jurado y la audiencia y sintió ganas de
asesinarlos a todos. Siempre juzgando antes de conocer la historia completa.
“Conozco a Stark desde los 12 años, conocí perfectamente su comportamiento destructivo, alcohol,
drogas, excesos físicos, inclusive llegue a enterarme de su gusto sadomasoquista sexual, un
hombre que buscaba la paz para destruirla inmediatamente. Sentí temor por tratarse de algo así, un
arranque impulsivo debido a un consumo de sustancias toxicas”
Tony torció los ojos molesto y Steve sintió una arritmia inusual.
“Negada” La juez dijo severa y Tony escuchó a Jordan maldecir por lo bajo.
Sí, tal vez esta sí había sido una mala idea después de todo.
“Sí”
“Mencione uno”
“Tenía 21 años” murmuró por lo bajo Tony a Jordan quién permanecía rígido.
Steve después de esa declaración dejo de escuchar las demás preguntas, la sola imagen de Tony
lastimando a una chica por placer le revolvía el estómago, cerró los ojos en un impulso intentando
sacar esas palabras de su mente, intentando recordar las veces que sexualmente había tenido a
Tony, jamás había recordado un comportamiento destructivo o que le hubiera hecho daño de
alguna manera, al contrario, Stark era demasiado sumiso, tenía arranques eufóricos pero jamás una
manía de esa índole. No podía ser cierto.
“Muy bien señor Dreher, Steve habló con usted cuando llegó al sitio ¿Qué le dijo precisamente?”
“¿Y cómo le consta que era mi hijo?” El testigo preguntó y Jordan sonrió.
“9”
“No lo sé”
“Puede calcularlo”
“Cerca de 5 años”
“Tiene 4”
“Eso no justifica que un hombre de más de 50 años pueda agredir a un niño de 9, y menos alguien
con pasa….”
“No está para declarar, sino en interrogatorio, conteste ¿Si usted hubiera visto a su hijo siendo
estrangulado por un niño 5 años mayor a su hijo, hubiese intervenido?”
“Sí”
“No”
“Se cita a Anthony Edward Stark a interrogatorio” La juez dijo y dos golpes sordos se escucharon
en la mesa, Tony antes de ir hacia allá volteo hacía Steve guiñándole un ojo con una sonrisa, Steve
intentó sonreír pero su mente seguía divagando entre la acusación a Tony hace unos minutos.
El primer turno era del abogado de Dreher y Steve de verdad quería salir de la sala, porque sabía
que todas las preguntas iban a sacar fragmentos desconocidos del pasado de Tony y de verdad no
quería enterarse, por suerte Peter dormía en sus brazos y no escucharía las declaraciones de Stark.
Después del juramento de Tony notó como el abogado de corbata negra sonreía, se le revolvió el
estómago.
“Anthony Stark, ¿Ha estado recientemente bajo el efecto de sustancias toxicas legales o ilegales?”
“No”
“Sí”
“¿Cuánto tiempo?”
“Señoría el pasado clínico del acusado puede influir en su comportamiento actual, se busca
comprobar patologías agresivas o desordenes temperamentales”
“Negada” La juez dijo volteando a ver a Jordan y Steve escuchó como maldecía entre dientes
“Heroína, cocaína, marihuana, ácidos, alcohol… prácticamente todo” Tony dijo algo molesto y
Steve sintió una agitación interna.
“Está demostrado que un consumo prolongado de heroína crea un estado agresivo definitivo y un
consumo prolongado de cocaína conduce a una bipolaridad aguda ¿Siente que cambia de ánimo
inexplicablemente?”
“No”
“No”
“¿Sufre ansiedad?”
“Sí”
“Sí”
“Sí”
“No”
“Sí”
“Sin embargo para apartarlo bastaba con empujarlo y usted lo sostuvo más de un minuto
enterrando sus dedos en la piel del menor, fue una acción premeditada con la finalidad de agredir
físicamente al menor”
“¡Objeción! No hay pregunta, está dando como hecho una acción hipotética”
“Negada”
Jordan torció los ojos dramáticamente y volteo con coraje hacía su colega adversario.
“Sí”
“No”
“¿Felicidad?”
“No lo sé”
“¿No lo sabe?”
“No siempre”
“Sí”
“Sí”
Steve sintió un golpe en el pecho e intentó hacer todo por mantener la mirada en Tony, sentía su
interior fragmentándose y una oleada de temor y coraje lo mantenía intranquilo ¿Y qué si Stark sí
era el monstruo del que todos hablaban?
“Anthony… ¿Hace cuánto que no consumes en exceso una bebida alcohólica o alguna droga
ilícita?” Jordan interrogaba ahora con la mirada serena.
“15 años”
“No”
“No”
“¿Si usted no hubiera intervenido en la pelea de los menores cree que pudiesen haber asesinado a
Peter?”
“Sí”
“Hematomas que duraron más de una semana, ansiedad por el ataque, dificultad para dormir y para
respirar, se aisló completamente de nosotros y llora todas las noches”
“No”
“¿Decían algo?”
“Quería que supiera que Peter no estaba solo, que tuviera miedo y que ya no volviera a acercarse a
él”
“No”
“Es mi esposo”
“8 años”
“Cuando decidieron tener un hijo vía inseminación tuvieron que pasar varios filtros, entre ellos
estudios psicológicos ¿No?”
“Sí”
“¿Cuánto tiempo estuvieron acudiendo a ellos?”
“Cerca de un año”
“Sí”
“Favorable”
“Lo leeré para el Jurado” dijo y aclaró su garganta “Anthony E. Stark sin patologías psicológicas
que representen una amenaza, antidoping limpio de drogas, ansiedad moderada que aumenta en
estados graves de estrés, sin embargo no se reconoce ningún indicio de comportamiento agresivo,
sino de aislamiento. Candidato favorable para la adopción y custodia de un menor”
“Muy buena”
“Leeré para el jurado el diagnostico psicológico como pareja: Anthony E. Stark y Steve G. Rogers,
una pareja psicológicamente estable con buena comunicación y empatía, principios solidos basados
en el amor y la aceptación. Se muestran ligeras patologías de comportamiento en Anthony E. Stark
que se nivelan perfectamente con Steve, resulta ser una pareja en simbiosis. Candidatos favorables
para la adopción y custodia de un menor”
El niño de 9 años y traje gris subió al estrado, su mirada verde lucía nerviosa y sus labios delgados
eran rígidos. El abogado de corbata negra se acercó a él.
“Al momento en que Steve y Anthony llegaron a la escena ¿qué sucedió exactamente?”
“Steve me grito que me alejara y en ese momento me di cuenta de lo que hacía, me iba a levantar
pero el señor Stark me tomó por los hombros quitándome del cuerpo de Peter, me sostuvo
fuertemente y sus pulgares descubrieron mi playera de soccer para hacer contacto directo con mi
piel… Steve le decía una y otra vez que me soltara pero Anthony se veía perdido, cada vez
apretaba más mi cuerpo, hasta hacer mis huesos crujir, después mi papá llegó y Steve le dijo a
Anthony por tercera vez que me soltara, y lo hizo. Me empujó con fuerza hacía el pasto”
“Sí”
“Sí”
“Sí”
“¡Objeción! Suposiciones”
“Aprobada”
“Me dijo pedazo de mierda y que si volvía a tocar a Peter conocería el peor lado de él”
“Sí”
Jordan se paró con una ligera sonrisa en las comisuras de sus labios delgados, caminó hasta el niño.
“Su señoría intento justificar el comportamiento del menor como patología conductual repetitiva”
“Negada”
“Sí”
“Contesta la pregunta”
“Porque él usa vestidos y practica ballet, además juega solo con las niñas y voltea a vernos mucho
mientras practicamos soccer… es igual de extraño que sus papás”
“No”
“3”
“Mía”
“Sí”
“¿Habías hablado acerca de Peter con alguien más antes del ataque?”
Y ahí Jordan sonrió verdaderamente, sintió el caso ganado en la palma de sus manos.
“¿Por curiosidad?”
“Sí”
“¿Qué te contestaron?”
“Es un niño criado por dos hombres, solo conoce amor entre dos hombres, por eso siempre ve a los
niños y nos sonríe, es joto igual que sus papás”
“Sí”
“No”
“¿Te desagrada?”
“Sí”
“¿Qué sientes hacía él?”
“Asco”
Tony sintió como le hervía la sangre y chilló los dientes, se mordió la lengua hasta hacerla sangrar
para contener sus palabras. Steve por el otro lado abrazó más fuertemente a Peter en sus brazos.
Pasaron breves minutos entre murmullos, Jordan y el abogado adversario se acercaron a la Juez, el
abogado de corbata negra se veía irritado y exaltado, Tony lo miró extrañado, intentó capturar la
mirada de Steve, pero le fue imposible, percibía la frialdad de Steve e intentó pensar que era el
nerviosismo del momento.
“De pie. ¿Cómo considera el Jurado a Anthony Edward Stark bajo el cargo de comportamiento de
alto riesgo para el bien social?”
“Inocente”
“¿Cómo considera el Jurado a Anthony Edward Stark bajo el cargo de agresión premeditada e
intencional en tercer grado a un menor de edad?”
“Inocente”
“¿Cómo considera el Jurado a Anthony Edward Stark bajo el cargo de agresión voluntaria en
segundo grado por defensa a un menor de edad?”
“Culpable”
“Sentencia”
“Se sentencia a una multa por 100,000 dólares para el menor afectado y 3 meses de terapia
psicológica”
“¿Cómo considera el jurado al menor Jack Dreher bajo el cargo de agresión premeditada al menor
Peter Stark?”
“Culpable”
“¿Cómo considera a Philip Dreher bajo el cargo de responsable autónomo de los actos del menor?”
“Culpable”
“Creí que no había demanda hacía ellos” Tony dijo en un murmullo en el oído de Jordan.
“Sentencia”
“Se sentencia a Jack Dreher a 6 meses de terapia psicológica y 3 meses de labor social en la
comunidad Trans gubernamental, en la cual colaborara al terminar sus meses de terapia
psicológica”
“Se sentencia a Philip Dreher a una multa por 200,000 dólares para el menor afectado Peter Stark,
se sentencia a investigación penal por maltrato infantil”
Steve por primera vez en toda la tarde sonrió ampliamente, tal vez después de todo enfrentarlo no
había sido una mala decisión después de todo.
Después de que la sesión concluyera Steve pasó a Peter a los brazos de Tony y caminó hasta el
baño, se mojó la cara intentando de nuevo quitar de su mente todo lo que había descubierto hoy de
Tony, era imposible, no sabía realmente por qué sentía esta clase de agitación, de temor e inclusive
algo de desprecio por Stark.
Maldita sea.
“¿Estas bien?” Tony murmuró angustiado, Peter reposaba en su antebrazo sentado, su cara en su
hombro aún en un plácido sueño, la mirada de Tony se veía rota, deduciendo casi inmediatamente
la razón por la que Steve se encontraba así.
“No me mientas”
“¿Tony… es cierto?” Steve preguntó alterado, sus manos temblando y sus ojos cristalinos.
“¿Qué?”
“Sí”
Steve seguía de pie, cerró los ojos y exhaló, intentaba controlar las miles de preguntas o los
pensamientos cargados de veneno que rondaban su mente. ¿Con quién mierda estaba
verdaderamente durmiendo?
“Está bien” mintió con un tangible desprecio en su voz, abrió los ojos solo para contemplar la
mirada destrozada de Tony, notó como le temblaban los labios y sus ojos cristalinos.
“Está bien Tony” Steve repitió a regañadientes y clavó la mirada en el suelo, sus venas dilatadas y
su quijada tensa.
“Veme a los ojos Steve” La voz ahogada pero firme de Tony lanzó una tenue oleada de culpa por
sus sentidos, levantó la mirada pero fue incapaz de sostenérsela. Un debate entre la moral y el
impulso deshumanizándolo.
“Vámonos” ordenó y caminó hacía Tony, abriéndole la puerta, Stark lo tomó del saco con la mano
que tenía libre, Steve se soltó algo agresivamente de su agarre y dio un paso fuera del baño, Tony
permanecía de pie con ojos incrédulos, Peter dormido sobre su hombro.
Steve volteó hacía el pasillo y contempló varias miradas curiosas, debían salir pronto antes de que
los medios llegaran, Tony comprendió esto con la simple mirada preocupada de Steve, así que
contra su voluntad salió del baño. Ambos caminaron en silencio hasta afuera del edificio donde una
muchedumbre ya los esperaba, Tony no se detuvo ni un momento, caminó derecho con Peter en
brazos, Steve no pudo evitar contemplar la escena, el cielo estaba tenuemente nublado, eran cerca
de las 5 de la tarde y así como había gente aplaudiéndole, había aún más gente abucheándolo.
Tony vestía un traje negro y solo podía contemplar su cabello entrecano quebrado, su espalda
delgada y el rostro tranquilo de Peter dormido, su cabello castaño claro rebelde, sintió una opresión
en el pecho.
Se sentía indefenso y con un creciente temor hacía él, ¿Cómo había cambiado tanto una persona
radical? Le parecía imposible, había conocido a demasiados alcohólicos en su vida, más de los que
le gustaría, su mismo padre había sido un alcohólico que abusaba de todas las formas posibles de
su madre, un hombre que había mandado al carajo a él y a su vida misma por la ansiedad, la
insaciable necesidad de un líquido quemando su garganta y aturdiendo sus sentidos.
Desde su infancia sentía un amargo desprecio e inclusive un irracional odio por las personas con
adicciones.
Había conocido a Howard, era su amigo, y aunque no era un alcohólico completamente reconocía
que se dirigía a ese camino, jamás se imaginó que Tony, el hombre con el que apenas llevaba 7
meses pero sentía que lo conocía de toda la vida tuviera estas patologías. Se sentía de cierta forma
engañado y con una inexplicable decepción en su pecho.
Entró al carro después de Tony, Happy avanzó inmediatamente, Steve clavó la vista en el paisaje
automáticamente, sentía la mirada de Tony clavada en él y por si fuera poco detectaba como
Happy lo veía por el retrovisor, sentía demasiada presión por parte de ambos. Volteó de reojo a ver
que Tony tenía a Peter dormido entre sus brazos, le otorgó una ligera sonrisa y Tony sonrió
automáticamente.
Quería que todo estuviera bien, quería tomar su mano, decirle que le daba gusto haber enfrentado
la audiencia, que le daba gusto haber ganado y comentar observaciones tal vez innecesarias,
siempre era tan placenteramente extraño hablar con él, aunque solo fuesen pequeños detalles, Tony
les daba una importancia de peso e invertía su agilidad mental y analítica en cada comentario de
Steve. Esto siempre lo hacía sentir importante en su vida y al mismo tiempo algo miserable.
Porque Tony Stark era todo con o sin Steve. Él era completamente innecesario.
Tony tenía una empresa internacional posicionada entre las mejores, por ende el dinero y la
posición social no eran un problema. Manejaba toda la tecnología futura, era de cierta forma, un
elemento clave para la humanidad, además poseía un coeficiente intelectual descomunal,
añadiéndole a todo esto un carisma impresionante.
Sí, tenía ligeros tintes de sociópata y ataques compulsivos de ansiedad, era demasiado analítico e
inclusive insensible, pero eso jamás lo había considerado como negativo, era simplemente Tony.
Ese era el Tony que conocía, el Tony que tal vez había creado en estos meses ¿Y todo lo demás?
Ese pasado tortuoso entre drogas, alcohol y abuso físico y sexual a terceros. No podía digerirlo, no
encajaba en lo mínimo con el hombre que conocía… ¿Realmente lo conocía?
Todos estos meses se había sentido insignificante a su lado, agradecía todas las noches que alguien
como Stark se hubiera fijado en alguien como él. Todas las mañanas que lo veía despertar la
incredulidad lo sacudía, se sentía con demasiada suerte y tan confundido porque al final ¿él que
podía darle a Tony que no pudiera conseguirlo con alguien más?
Ahora comenzaba todo a adquirir sentido, obviamente todos conocían el pasado de Stark, y al igual
que él sentían cierto desagrado por el hombre. No, él amaba a Tony. ¿Entonces qué era esta
agobiante opresión en el pecho?
Volteó de reojo a ver a Tony con la vista fija y perdida en algún punto del rostro de Peter, notaba
sus ojos cristalinos y que se había quitado el saco negro, en ese instante comprendió todo. Su vista
se fijó en las marcas de sus brazos, eran ligeras y casi no se apreciaban, las había notado desde que
lo conoció y había creído que eran cicatrices de una varicela muy mal cuidada, sin embargo ahora
entendía que seguramente eran cicatrices de heroína.
Un nudo se ató a su garganta, una mezcla entre coraje, tristeza, angustia y temor lo congeló.
“¿Estas bien?” Tony había notado cómo Steve había contemplado sus cicatrices con ojos delirantes
y como su respiración se iba entrecortando.
“NO LO HAGAS” una voz interna aturdió a Steve, sin embargo la ignoró por completo y salió del
carro, corrió a todo lo que el suero le permitió en dirección contrario al carro. Tony se mordió el
labio pero no pudo evitar romper en un silencioso llanto, sentía de nuevo y después de 8 años ese
creciente odio a sí mismo tomando vida de nuevo, la necesidad ardiente de perder consciencia lo
sacudió.
Mierda.
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Steve corrió por más de media hora, llegó a donde reconocía ser el centro pintoresco de la pequeña
ciudad donde vivían, una voz conocida y al mismo tiempo desquiciante seguía en su mente, llevaba
meses sin escucharla.
Sí, pero el pasado es lo que hace ser a una persona, el Tony de ahora no es nada más que el
resultado de todo lo que vivió.
No, no sé qué me pasa. No puedo volver a verlo, no sé cómo reaccionar, ni que esperar de él.
“¿Desde cuándo juzgas a las personas por los errores que cometieron?”
Steve tragó audiblemente porque no sabía que significaba tener voces en su mente, porque no sabía
si era Howard o si era él mismo o una faceta de él que desconocía, volteo hacía el frente y vio a
una mujer rubia de cabello corto y vestido blanco caminando por la acera.
“¡Pepper!” gritó en voz quebrada y la mujer volteo a verlo, una sonrisa sincera apareció en su
rostro al encontrarlo.
“Sí, quería felicitarlos, saludar a Peter y a Tony” el nombre de Tony lo mencionó de una manera
muy peculiar, definiendo cada letra con una bondad infinita, era la primera persona que conocía
que parecía querer a Stark.
“¿Solo?”
“Sí”
“¿Qué paso?” Pepper preguntó frunciendo el ceño y con ojos fijos en Steve, lo veían casi
amenazantes, Steve volteo a su izquierda para ver un pequeño bar con iluminación tenue y música
baja.
“Te invito una cerveza” dijo intentando no sonar patético, no creía posible lo que estaba haciendo,
contarle sus problemas a una desconocida.
Ella tomaría un Martini seco, Steve opto por una cerveza oscura.
“Lo eres”
“No lo sé”
“¿Qué no sabes?” Pepper sonaba a la defensiva y su mirada castaña hizo que algo dentro de Steve
temblara. Esta mujer parecía ser más amiga de Tony que de él, así que por consiguiente lo conocía
mejor, eso era justo lo que necesitaba.
“Sí”
“¿Sabías lo de la prostituta?” preguntó exaltado y Pepper lo vio con incredulidad, soltó una risa
amarga.
“¿Qué?”
“¿Después de haber pasado lo peor decides abandonarlo por una cosa tan insignificante?” Pepper
sonaba entre incrédula, molesta y reía algo maniáticamente, Steve le dio un largo trago a la
cerveza.
“Steve ¿Estás bien? Tú estuviste con Tony en lo más profundo de sus adicciones, tú y yo y todos
veíamos a una o un prostituto distinto salir cada mañana de la torre”
Mierda.
Él, el moralista hombre nacido hace 100 años había sido descongelado en una época demasiado
liberal para sus principios y no solo se había adaptado, sino había soportado y amado a este
hombre no después de sus demonios, sino durante ellos.
“No entiendo”
“No te entiendo yo a ti. Cuando todos te dijimos que Tony no era una buena opción para ti, tú nos
probaste lo contrario. Tú dijiste que se amaba a una persona no en su mejor faceta sino en la peor.
Lo quisiste sin intentar cambiarlo”
Entonces esa había sido su magia, callar sus juicios morales y ser él mismo sin importar sus
oscuros demonios del pasado. No se creía capaz de una acción tan increíble.
Y eso, eso había dolido. Porque tal vez no lo era, porque tal vez en su dimensión paralela no había
sufrido lo que en esta sí, no era lo suficiente maduro, lo suficientemente consciente.
“No, solo fue… la andropausia yo creo” mintió de una manera tan patética que notó como Pepper
guardaba su distancia con él.
“Perdón Pepper, yo… debo irme” dijo agitado, sacó un billete de 100 y lo dejo sobre la mesa, salió
corriendo del bar, Pepper lo miró extrañada y no dudo en tomar su celular para avisarle a Tony lo
que acababa de suceder, afortunada o desafortunadamente, Tony no contestó jamás.
Steve subió las escaleras de la casa con paso apresurado, el océano nocturno estaba quieto y el
cielo se encontraba muy nublado aún, entró al cuarto principal casi corriendo, encontró una botella
de whiskey a la mitad y a Tony recargado en el cristal, su camisa blanca desabrochada, sus pies
descalzos y sus jeans de trabajo con pintura, su mirada lucía perdida en algún punto del océano.
“Perdón” fue lo único que Steve pudo decir, Tony ni siquiera volteo a verlo.
“Tony, perdón” dijo y se atrevió a caminar hacia él, cuando el ingeniero pudo sentir su presencia
volteo a verlo, sus ojos rojos por el llanto y una sonrisa maniaca, su cabello se veía sudado y su
mirada jamás había sido tan dura.
“Toda, toda mi vida pensé en mí como el pedazo de escoria que soy, como ese monstruo insensible
y compulsivo que siempre ocasiona problemas. Yo estaba de acuerdo con vivir así, con morir solo.
Y después llegaste tú” las últimas palabras las dijo con un profundo desprecio que hizo que las
rodillas de Steve temblaran y su respiración se entrecortó “Tú me hiciste estúpidamente creer que
había algo más detrás de todo eso, que estar junto a mí inclusive cuando yo era una mierda era
especial. Me hiciste creer que podía ser mejor y me quisiste” soltó una risa burlesca “Me hiciste
creer que me querías por lo que era, no solo por el billonario carismático, sino también querías al
alcohólico sociópata”
“Y lo mantengo” Steve dijo con voz cortada y Tony en un arranque de enojo aventó el vaso de
cristal hacia Steve, su puntería había sido atinada sin embargo los reflejos del otro hombre habían
sido mejores.
“Miéntele”
Esa voz se hizo presente de nuevo, era tenue pero demasiado firme. Mentir ¿Cómo?
“Me doy cuenta que realmente sí soy eso, toda la gente me recuerda por eso, no hay un maldito día
en público que mis adicciones no salgan a tema”
“Lo lamento Tony” dijo y se acercó a él, se hinco a su lado intentando tocarlo, cuando Stark sintió
su tacto lo empujó agresivamente intentando ponerse de pie, se tambaleó entre sus pasos y Steve
rápido se puso de pie y lo sostuvo, Tony intentó liberarse de su agarre, forcejeo agresivamente, sus
ojos asesinos y su respiración agitada, Steve lo sostuvo de las muñecas marcando sus dedos sobre
la piel morena.
“Suéltame”
Y entonces Steve lo besó, lo besó necesitadamente intentando pedirle disculpas de esta manera, se
sentía idiota y avergonzado, miserablemente culpable al ver que su patético trance había orillado a
Tony a beber de nuevo.
“¿Por qué sigues aquí?” Tony preguntó con voz rota y mirada húmeda.
“Porque te amo”
Y eso había sido suficiente para que Tony cerrara los ojos y abriera los labios, estaba suspendido
en la etapa del alcohol donde todo se siente extremadamente agudo y placentero y tu consciencia
aún no te abandona, cada roce de Steve, desde sus labios en su cuello, hasta cada penetración se
sentían exponencialmente placenteras, Tony gimió, hacía años que no bebía tanto y aún más
tiempo que no tenía sexo en este estado.
Recordó lo que era volver a coger con heroína en las venas y por un instante sintió ese mareo y esa
creciente ansiedad.
Mierda.
Steve se acostó junto a él, su cuerpo desnudo y una sonrisa de satisfacción y cansancio en su rostro,
Tony se hizo ovillo en la cama sintiéndose sucio, sintiendo una necesidad de llorar que no tenía
razón alguna.
“¿Qué pasa amor?” Steve preguntó naturalmente y Tony levantó la mirada castaña, sus labios
temblaban y su cuerpo se veía indefenso.
Steve sintió un nudo en la garganta y asintió acercándose más a Tony, abrió los brazos ligeramente
y el ingeniero recortó los últimos 15 centímetros que los separan, apoyo su frente en el pecho de
Steve.
“¿Por qué aún me siento sucio?” preguntó con voz quebrada y Steve se mordió el labio, no supo
que decir, simplemente lo pegó más a su cuerpo dándole un suave beso en el cabello.
“El síndrome de abstinencia no me abandona y lo detesto, de verdad, es un infierno” dijo con voz
áspera y un escalofrío recorrió su piel.
Esa voz habló dentro de él e hizo que Steve sintiera un terror, levantó la mandíbula de Tony hasta
contemplar sus ojos besó de nuevo sus labios.
Tony sonrió, sinceramente sonrió, y fue una sonrisa distinta, llena de agradecimiento, de amor y de
una confianza absoluta, Steve sintió como en ese gesto Tony le recordaba que él ponía su vida en
sus manos sin pensarlo dos veces.
“¿Por qué te alteró tanto lo de la prostituta? Tú sabías que toque fondo de peores formas”
Y en ese momento Steve entendió que sí, que la voz en su interior era él mismo, porque eso era lo
mismo que él había pensado. En suma a sus juicios morales tuvo terror de desconocerlo, de que
volviera eso, de no ser suficiente razón para que Tony se quedara.
“Tuve miedo de perderte” dijo sincero y Tony lo besó de una manera peculiar, era inocente, casi
caso y no buscaba más, solo decirle “Aquí estoy”
“Sí”
Eso pareció ser suficiente para Steve en ese momento, no sabía porque, pero tenía la necesidad de
decirlo porque jamás en sus 28 años vividos había sentido esta clase de conexión con alguien, esta
necesidad por saber que está bien, este sentimiento asfixiante cuando lograba hacerlo sonreír,
cuando su mirada se postraba en él como si fuese lo único que existía, por primera vez sentía que
naturalmente encajaba en un sitio, en este lugar frente al océano con un cuerpo menudo entre sus
brazos, contempló durante varios minutos el sueño de Tony, cuando sintió como sus sentidos se
desvanecían dio un tenue beso en la frente del mayor y cayó en un profundo sueño.
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Steve sintió una nausea inexplicable, una agitación interna y esa sensación de vértigo al estar
cayendo, entre su inconsciente pensó que tal vez era una pesadilla vivida, que Tony lo despertaría
en cualquier instante y se asustaría, así que forzó a sus sentidos a despertar.
No.
No.
No.
“¡¿Tony?!” Gritó exaltado entre un llanto que había empezado a fluir sin su consentimiento.
“Calmado Steve, estas de vuelta. Soy Howard, Howard Stark ¿Recuerdas? 1950”
Bocetos
Cerró los ojos e intentó bloquear sus sentidos, esto no era más que un mal sueño, no podía estar de
vuelta, la semana había pasado hace meses, él ya no era parte de esta dimensión, de este universo,
él pertenecía a otro mundo, otro tiempo, otro nombre… Tony.
No podía evitarlo, seguía escuchando la voz de Peggy y por aquel tono de voz podía jurar que
estaba a nada de soltarle un golpe a Howard. Esto no era una pesadilla, mucho menos un sueño.
Y esa voz, esa maldita voz tan parecida a la de Tony, Steve sintió un nudo en la garganta y jadeo
intentando pescar una bocanada de aire que lo mantuviera en pie, un súbito dolor intenso de cabeza
hizo que se tambaleara notablemente, una mano firme lo tomó de la muñeca, otra mano suave se
apoyó en su mejilla.
Steve sin pensarlo se retiró bruscamente del tacto de Peggy, él no pertenecía a ella, jamás
perteneció realmente a ella. “Tony” murmuró patéticamente entre llanto.
“No importa que diga Howard, está en una maldita crisis nerviosa” Peggy mordía agresiva las
palabras “No se te ocurra jamás volver a experimentar con él, eres un bastardo egoísta y no te
preocupa sacrificar la estabilidad emocional de él ni de nadie con tal de probar tu ciencia”
Sí, Peggy estaba enfurecida y por el tono de voz Steve la podía imaginar, sus ojos letales y sus
labios llenos formando una línea recta, no, no podía permitir que Peggy le negara esto, es más,
tenía que buscar la manera de engañarlos y hacerlo creer que debía regresar.
Sí, debía pensar en frío, volver y contarle todo a Tony, Tony de seguro sabría que hacer e
inventaría una manera de mantenerlo en esa dimensión por siempre.
“¿¡Steve?!”
“Estoy bien” alcanzó a decir aún con los ojos húmedos. Reunió todo su esfuerzo para forzar una
débil sonrisa, Peggy sonrió al verlo reincorporarse.
“No se te ocurra volver a hacer esto” Peggy dijo amenazante y en otro tiempo, antes de esto, Steve
hubiera asentido y obedecido cualquier orden o consejo autoritario que Peggy hubiese hecho, sin
embargo el Steve que se había ido no era en lo mínimo al que había vuelto.
“Debo volver” dijo sincero intentando no sonar tan desesperado, Howard lo miró incrédulo.
“Sí, no, bueno… no completamente, es solo que…” Y un mareo lo agitó haciéndolo caer, Howard
fue demasiado lento para lograr sostenerlo, sintió el duro y gélido mármol bajó él, la voz de Peggy
exaltada, unos tacones corriendo a lo lejos y la mano áspera de Howard sobre su hombro, todo
comenzó a sentirse lejano, tan difuso….
Cayó inconsciente.
Sintió un calor placentero en su mejilla, abrió lentamente los ojos, contempló un espacio amplio,
limpio, un sonido constante y una ventana amplia, las ramas de un árbol se agitaban en el exterior.
“Steve”
Era la inconfundible voz de Peggy, la realidad lo abrumó, sintió un apretón ligero en su mano y la
proximidad del aliento de ella en su frente, un suave beso en la comisura de sus labios, sintió su
estómago revuelto, y ese amargo sabor de nostalgia.
Tony.
“Caíste inconsciente, te hicieron varios exámenes y parece que todo está en orden”
“Perfecto” dijo intentando sonar animado, pero bien lo había dicho Stark hace unos meses, Steve
era pésimo mintiendo, Peggy lo sabía, también se lo había repetido en varias ocasiones, sin
embargo decidió ignorar la mirada consternada de Steve y asintió.
“Vámonos a casa”
Steve no podía soportar estar cerca de Peggy, no porque no le gustara físicamente o porque no la
quisiera, sino porque cada segundo que la tocaba, ya sea el más ligero roce o inclusive un beso
húmedo, la imagen de Tony aparecía en su mente.
Cuando contemplaba a Peggy recostada sobre un sofá blanco, vistiendo su falda azul con vuelo y
una blusa translucida blanca, su cabello castaño suelto y sus ojos fijos en un libro, antes solía
dibujarla desquiciadamente porque el simple encuadre del momento era arte para él, ahora cada
que levantaba sus ojos azules no podía evitar recordar a Tony sobre el sofá rojo, con las piernas
cruzadas, una playera oscura con algún estampado desconocido, su cabello castaño entrecano
revuelto y su vista fija en algún aparato electrónico. Sonreía, estúpidamente sonreía cada que en su
mente veía a Stark, comenzaba a bocetar el sillón, con la vista fija en Peggy y al final del dibujo no
era nada más que otro boceto de Tony.
Peggy por el otro lado lo contemplaba viéndola y dibujando y a veces creía que tal vez todo había
vuelto a la realidad, sin embargo a veces de la nada Steve cerraba e golpe el cuaderno y se iba del
espacio, inclusive del apartamento. A veces sí concluía los bocetos con una sonrisa nostálgica, sin
embargo jamás se los enseñaba.
Y eso era lo más extraño de todo, ya que Steve amaba dibujar, lo hacía diario y siempre mostraba
sus bocetos, al menos a ella. Tenía esa extraña y adorable costumbre de hacer cientos de dibujos de
ella y mandárselos por correo postal cada 17 de mes, cada aniversario mensual.
Steve no era el mismo y esta creciente curiosidad de buscar sus cuadernos de dibujo y ver que
bocetaba la estaban matando día a día.
Además de la curiosidad de los bocetos, buscaba una explicación al cambio del Capitán, su mente
arrojaba demasiadas ideas, todas justificando a Steve y silenciando su sexto sentido. La cruda
verdad era que tenía un presentimiento tortuoso que le quitaba el sueño, Steve era el mismo con
todas las personas menos con ella, en la lógica femenina solo se puede significar una cosa.
Pero conocía bien a Steve y sabía que él jamás la apartaría de esta manera por algo que ella no
había hecho, al menos no en esta dimensión, la característica principal del hombre era la justicia,
lo cual hacía más factible el punto número 1. Steve había conocido a alguien más, y era tan justo
que inclusive buscaba brindarle un respeto en esta dimensión donde la otra mujer de seguro ni
siquiera existía.
Peggy cerró los ojos de golpe, no. Si permitía que su mente se infectara de estas ideas los celos
comenzarían a crecer hasta formar una enorme bola de nieve que aplastaría a Steve tarde o
temprano. Sin embargo era tan inevitable, la indiferencia de Steve era asfixiante para ella.
“Ya llegue” era la voz neutral de Steve, caminó hasta la cocina con las bolsas del mandado.
“¿Estaba alguien más?” preguntó intentando sonar casual y entonces en ese instante Steve supo
que debía ir con Howard y convencerlo de hacerlo volver, porque Peggy no era tonta y en menos
de una semana le sacaría cada palabra de verdad y no podía, no debía permitir que nadie se enterara
que en aquella dimensión estaba casado con un hombre.
“No importa” intentó sonar convincente y sacó una olla para hacer café.
“A mí me importa”
“¿Por qué evitas el tema? Han pasado semanas, dime… ¿Qué te da tanto miedo decir?”
Justo en el clavo.
“Nada”
“No mientas Steve” Peggy estaba alterada, se había mantenido firme y sonriente todo este tiempo,
inclusive cuando Steve no llegaba al apartamento, cuando Steve ni siquiera la besaba una sola vez
en todo un día, cuando Steve se la pasaba en la casa de Howard, no entendía esa cercanía que
Steve había desarrollado con Howard y con María, todos los días iba sin falta a la mansión Stark
ya sea a comer, o cenar o simplemente platicar un momento.
“Él es solo mi amigo” Steve dijo en voz calmada y con mirada sincera, Peggy lo miraba desafiante.
“Dime porque no me enseñas ninguno de tus dibujos” Demandó ya con ojos llorosos.
“No es importante Peggs, disculpa, he andado algo distraído” Steve dijo intentando sonar
convincente y dio un paso hacia ella, entonces Peggy explotó.
Explotó en un llanto amargo, en una rabia contenida y estúpidamente se dejó abrazar por el hombre
que amaba, esperando que tal vez verla tan destrozada cambiara todo para bien, que Steve se diera
cuenta de la importancia que tenían sus actos en su vida y que la amara tal y como solía hacerlo
hace no más de 3 meses.
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“No lo sé Steve, realmente ya tengo todo lo que necesitábamos” Howard dijo sincero dándole un
largo sorbo a su bebida, Steve intentó no mostrar su tristeza o el yugo asesino de sus palabras.
“Hay algo que deje inconcluso” Steve confesó y Howard levantó la mirada intrigado.
“¿Qué?”
“Algo personal”
“Convénceme” Howard sonrió ególatra y Steve sintió una oleada de coraje y adrenalina.
“Steve, a veces no es siempre bueno ser un héroe ¿lo sabes?” dijo ya algo ebrio y se sentó en el
piso justo debajo del sofá donde Steve estaba sentado.
“A veces las personas se hacen fuertes o crecen no porque alguien estuviera con ellos, sino porque
precisamente no lo estuvo” dijo con una sonrisa sincera y Steve sintió un brincoteo en el pecho
porque mierda, en 7 meses con Tony jamás había mencionado a Howard. Sintió una agitación al
recordar toda la vida de drogas y alcohol, sexo y excesos que había llevado, desde los 16 años…
¿Dónde mierda estaba Howard en esos momentos?
“Las lecciones de la vida entran con sangre y alcohol” dijo cínico y Steve intentó no darle una
bofetada, porque mierda, por esas ideologías estúpidas y destructivas Tony había pasado años en
prisión, años en rehabilitación, años soportando un desprecio social constante, ataques de idiotas
que sí tuvieron un maldito padre que estuviera a su lado.
“Necesito volver Howard, y tú me vas a ayudar” Steve dijo decidido y molesto, Howard abrió los
ojos algo impactad porque jamás creyó encontrar algo de carácter rígido dentro de alguien tan
dulce como Steve.
“A cambio de que me digas el nombre de la persona por la cual quieres volver”
Un viento helado se coló en su garganta, sintió dificultad para respirar, intentó mantenerse firme y
no huir de la mirada castaña de Howard.
Howard asintió, estaba a punto de ponerse en pie cuando María atravesó la sala caminando de
prisa, llevaba un abrigo negro largo de alguna piel exótica y tacones de aguja, Steve intentó no
verla a los ojos, sin embargo falló patéticamente, la forma de ojos y las cejas de María eran
idénticas a las de Tony. Su estómago se revolvió placenteramente, sintió una agitación interna.
“Hasta mañana señora Stark” Steve dijo sonriente y María sonrió gélidamente, cerró la puerta tras
de ella.
“¿Todo bien?”
“¿Por qué no?” Steve preguntó angustiado, sonó mucho más interesado de lo que realmente debió
sonar.
“Pero… pero un hijo de ambos, sería magnífico” Steve de nuevo, hablaba sin pensarlo. Howard lo
volteo a ver analítico, lo observó durante breves segundos y después abrió los ojos en sorpresa,
maldijo emocionado.
Oh no.
“’¿Cómo era? ¿Siguió al mando de Stark Industries? ¿Era ingeniero como yo? ¿Era un genio?” Y
como siempre todas las preguntas de Howard eran erróneas.
¿O si tenía esposa?
¿O hijos?
No, Howard jamás podía quitar su vista de lo que él amaba, tan egoísta y consumido por sus
propios sueños que no tenía tiempo de contemplar lo de los demás, Steve tragó difícilmente.
“Lo conocí por los periódicos, no tuve realmente contacto con él”
Mentira.
No tienes ni puta idea… Steve pensó con una traviesa sonrisa mientras su mente mostraba
descaradamente recuerdos vívidos de Tony desnudo sobre la cama, su espalda arqueada y sus
labios entreabiertos.
“Steve… y precisamente ¿Qué es de ti esa tal Pepper Potts?” Steve tragó difícilmente.
“¿Peggy sabe?”
“No”
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Peggy pasaba otra noche sola, había perdido ya la cuenta. Eran más las noches y los días sin Steve
que los días con él, y cuando él estaba parecía todo estar bien hasta que ella lo intentaba tocar o
besar, entonces el cuerpo de Steve se tensaba naturalmente y comenzaba a inventarse razones ya
sea para dormir o para escapar.
Peggy le dio un largo trago al whiskey porque por primera vez sintió que había alguien entre ellos.
Vaya estupidez.
Debía dejarse de estupideces e irse a dormir, tal vez solo era cuestión de tiempo, tal vez Steve
volvería a ella súbitamente, así como se había ido.
Caminó con dificultad hasta la habitación, tropezándose con todo lo que había a su paso, soltó
inclusive una risa histérica entre la ebriedad y la euforia, aventó el grueso edredón hacía el piso
abriéndose camino entre la cama helada.
Un sonido sordo se escuchó en el piso, se levantó curiosa y gateo hasta encontrar a la orilla de la
cama el cuaderno negro de piel de bosquejos de Steve.
Eso sería violar su privacidad, si Steve no había tenido la confianza de mostrárselos era por alguna
razón personal y ella debía respetarla.
Sin embargo… Tal vez ahí encontraría respuesta a todas sus preguntas, a todos aquellos demonios
que la estaban consumiendo día a día.
No, no se iba a enterar. Iba a ser solo un secreto que ella guardaría por siempre.
¿Y si no podía?
Claro que podría… ¿Qué tan malo puede ser después de todo? Son solo dibujos…
El papel marquilla era áspero bajo su tacto, el primer dibujo eran unos ojos sin rostros, estaban
trazadas líneas rápidas pero calculadas en tinta china negra, la acuarela pigmentaba una mirada
indómita y castaña, Peggy de solo verla sintió un brinco en el pecho, no sabía si realmente esos
ojos eran reales o si Steve se los había inventado, inclusive a través del papel sentía que esa mirada
la atravesaba, la hacía sentir incómoda, tenía un par de cejas espesas detalladas con un estilógrafo
de un punto finísimo, el trabajo como siempre era impecable y la mirada le resultaba
completamente desconocida.
Porque ella tenía ojos castaños pero estos no eran en lo mínimo parecidos a los de ella, no se
parecían a los de nadie que conociera, a menos que…. Peggy rotó el cuaderno sobre sus piernas, sí,
sí conocía a alguien con ojos parecidos, la misma forma almendrada y cejas espesas…
María.
María Stark.
Sintió una oleada de celos asfixiantes. Su mente comenzando a armar cientos de conclusiones
erróneas en tiempo record, eso explicaría por qué Steve comenzó a frecuentarlos tanto, por qué
inclusive se interesó por ver a María tocar el piano… Era tan obvio.
La rabia la agito y estaba a punto de dejar el cuaderno y salir a buscar a Steve con la clara
intención de gritarle, sin embargo una voz interna le decía que debía calmarse, no armar conjeturas
tan pronto, porque tal vez Steve ni siquiera había pensado en María, tal vez era un par de ojos de
cualquier extraño visto en la calle, tal vez no era nada y todo estaba bien, sí, debía calmarse y darle
la vuelta a la página, cerró los ojos y con su mano temblorosa debido al alcohol dio vuelta a la
página.
Era un boceto a lápiz, con sombras definidas en carboncillo de un hombre, un completo extraño
rondando los 50 años sentado sobre el piso, recargado en un sillón con los pies descalzos y las
rodillas en su pecho, un libro entre sus manos, su perfil era estético, nariz respingada, cejas espesas
y cabello alborotado.
Se veía natural y distraído y si Peggy no supiera que Steve solo dibujaba en el apartamento habría
creído que lo había hecho en minutos con la mirada clavada en el hombre, no podía salir una
persona con tanta serenidad de la mente de Steve. Además, ¿Por qué Steve dibujaría a un hombre?
Se mordió el labio y curiosa dio vuelta a la otra hoja, era el mismo hombre, solo que ahora
dibujado a pura tinta, sostenía un vaso y veía hacía el frente de una manera indómita, Peggy
reconoció los ojos enseguida, eran los mismos ojos de la primera página. Era el mismo hombre. El
dibujo era sencillo y la sonrisa del extraño era encantadora, por no decir inclusive peligrosa.
Era fantástico ver como con un simple dibujo Steve podía plasmar personalidades, sí, sabía que era
talentoso, pero jamás – ni siquiera cuando la dibujaba a ella – había contemplado dibujos tan
vibrantes.
Siguió hojeando el cuaderno, eran puros bosquejos del mismo hombre, algunos incompletos,
algunos tachados, algunos magistralmente acabados. Ninguno decía demasiado, eran acciones
cotidianas llevadas a cabo por el mismo individuo, en algunas solo estaba de espalda en un sillón,
en otras recargado contra la pared con su mano en el cabello, otros más eran de él en la cocina, a
veces con un sartén, a veces sentado comiendo.
De la nada los dibujos terminaron, Peggy siguió hojeando las numerosas hojas en blanco, estaba a
punto de dejar el cuaderno de cierta manera mucho más calmada porque probablemente este
hombre había sido una clase de amigo, sabía que dibujaba en varias ocasiones a Bucky… no tanto,
pero sí lo hacía, inclusive llego a dibujar a Howard.
Un sexto sentido alterandola, tal vez esto no era nada por qué preocuparse... o tal vez lo era todo.
Su mano delgada y marfilina topó entre las decenas de hojas en blanco que había pasado una con
un nombre escrito en puño y letra de Steve.
Así que así se llamaba el hombre misterioso, ¿Qué habría sido de Steve para que le causara tal
impacto de tener más de 20 bosquejos de él?
¿Algún mentor?
¿Algún amigo?
¿Su hijo?
Peggy sintió un golpeteo en el pecho y la falta de aire… sí, tal vez Steve había conocido a sus hijos
en aquella dimensión y por eso tenía esa absurda idea de volver. Peggy se sintió enternecida e
inclusive culpable por pensar mal de él, hasta que dio la vuelta a la página con aquel nombre.
Hay pocas veces en la vida de una persona en las que el shock es tanto que se cae en el inicio de un
ataque respiratorio.
Frente a sus ojos había un dibujo en tinta y carboncillo del mismo hombre sobre una cama, su
espalda arqueada, su cabeza hacía atrás, sus ojos cerrados y sus labios entreabiertos, los mechones
de cabello quebrado estaban perfectamente definidos, tanto que daban la impresión de estar
sudados, su pecho estaba desnudo, una cicatriz grande atravesándolo, sus caderas elevadas
contorneando un juego de luz y sombras deleitable, una sábana cubriendo lo que se apreciaba como
una erección indefinida.
Su corazón agitado, sus pulmones colapsando y esa imposibilidad de gritar por ese maldito nudo
que la ahorcaba.
Conocía perfectamente a Steve y sabía que jamás había hecho un dibujo erótico en su vida, no de
ella, no de otras, no de nadie…
Y sin embargo entre sus manos estaba ese, tan puro, tan genuino, tan perfectamente trabajado,
sintió un vuelco en el estómago, un asco matizado con desprecio, comenzó a pasar las hojas de
marquilla más rápidamente.
Después de ese dibujo había muchos más de ese hombre solo que estos eran distintos, eran más
trabajados, más sensuales, eróticos, Peggy no quería seguir viéndolo, pero al mismo tiempo no
podía dejar de contemplarlo. Al final del cuaderno había un simple dibujo, era el mismo extraño
cargando a un niño de grandes ojos azules y cabello quebrado, junto a él estaba Steve, mismo
cabello rubio, de perfil, dando un beso en el cabello de ese extraño llamado Tony.
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Steve subía las escaleras de la torre en silencio, cargaba un pastel con ambas manos recordando
que era 17 y que Peggy y él estarían de aniversario, no le entusiasmaba sin embargo tampoco le
incomodaba y sabía perfectamente que ella no tenía la culpa de nada, que inclusive cuando él
deseaba estar en otro mundo, en otra vida… esta era su realidad. Y tarde o temprano debía
afrontarla, inclusive si Howard lo podía regresar con Tony ¿Qué si Tony no podía ayudarlo? O
peor ¿No quería?
La sola idea le estremecía el cuerpo, metió la llave en la cerradura y con cuidado abrió la puerta
intentando que fuese una sorpresa.
La verdadera sorpresa fue el impacto de algo duro y sordo sobre su cuerpo, se escuchó como el
cristal se desfragmentaba en el piso, Steve buscó asustado la amenaza.
Era Peggy, Peggy con todo el maquillaje corrido, llorando frenéticamente, tambaleándose para
ponerse de pie, maldiciendo miles de inentendibles palabras.
Mierda.
“Peggy… ¿Qué pasó?¿Estas bien?” Steve preguntó estúpidamente con voz inocente, el creciente
temor de ser descubierto quebrando su voz.
Mierda.
Steve no supo cómo reaccionar, ¿Cómo contestar esa pregunta? ¿Cómo definirlo? ¿Un amigo? ¿Un
amante? Peor…. ¿Un esposo?
No… no podía.
“¿A no?” preguntó burlesca y mostró lo que sostenía entre las manos, era su cuaderno y estaba
abierto justamente en el dibujo de Tony sobre la cama, Steve se sintió sin salida.
“No sé… no sé qué decirte” Steve dijo sincero y Peggy al confirmar su teoría lanzó otro grito
involuntario y comenzó a arrancar las hojas del cuaderno, Steve corrió en un impulso hacía ella
intentando quitarle el cuaderno, le dolía en el pecho contemplar la rabia con la que destrozaba
todos los recuerdos vivos de Tony, era todo lo que tenía de él y de verdad temía olvidarlo con el
paso del tiempo.
“Perdón, perdón por no haberte dicho… él, Tony… Yo…” Y mierda, eso costaba demasiado
trabajo, más del que se hubiera imaginado “lo… amo” murmuró la última palabra en un suspiro y
escuchó como el llanto de Peggy se cortaba, sus sollozos aumentando, intentando recuperar su voz,
recuperar su aliento.
“Necesito que te vayas” lo dijo con voz gélida, firme y con mirada rígida.
Steve intentó balbucear unas palabras pero Peggy se puso de pie intentando erguirse.
“Peggy no, yo…” Steve caminó hacia ella y vio como ella retrocedía con un perceptible desagrado
en su rostro.
Mierda.
“Es como amar a cualquier persona” Steve dijo con voz quebrada y Peggy soltó una risa burlesca
entre llanto.
Porque besar a Tony, tocarlo, abrazarlo jamás se había sentido impuro, jamás se había sentido mal.
Delito.
La severidad de su época lo golpeó de frente, él no era más que un enfermo sexual en esta época,
un ser impuro que si no se ocultaba acabaría siendo apaleado por la sociedad, siendo arrastrado de
la parte trasera de una camioneta por un camino de piedras.
Sí, porque torturar y matar a un homosexual no era pecado, sino una manera de expiar tus culpas y
hacer una buena acción por el “bien común”
La rabia lo agitó, no supo en que momento comenzó a llorar, ni en qué momento azotó la puerta
del apartamento y se encontraba sin maleta, sin dinero, sin lugar a donde ir y sin familia,
completamente solo caminando por las calles oscuras de Brooklyn.
¿Y qué si en esta dimensión, su dimensión real, sí era un enfermo mental?
Pero antinatural… mierda, él no quería hacerle daño a nadie, al contrario buscaba por hacerle bien
a Tony, cuidarlo, estar con él… ¿Por qué eso era malo?
Caminó sin rumbo durante horas, llorando, gritando, golpeando muros, a cada segundo su mente se
embrollaba en más confusiones, se sentía solo, insignificante, sucio… Nunca había querido dañar a
Peggy, jamás se imaginó que esto iba a suceder, no era su culpa…No, sí lo era.
“Mierda” gritó entre dientes y se dejó caer al piso, sus rodillas raspándose con las piedras del
camino.
Un estúpido sentimiento en su pecho, dolía extrañarlo tanto. Estar tan lejos de él y a la vez tan
cerca, porque sabía que el Steve de esa época estaba en este momento abrazándolo o besándolo, o
inclusive haciendo la acción más cotidiana, y mierda, como se odiaba a sí mismo, y a las malditas
circunstancias.
"Tony caminando por la playa, Steve a su lado, hablando de un libro que Tony leía en ese
momento, el mayor había levantado la mirada, sus ojos destellantes y su barba poblada entrecana.
“…Recorrió la vía láctea Steve, 30 años de su vida volando por la nada para llegar a ella. Mierda,
no me imagino haciendo eso por alguien”
Y Tony había sonreído ampliamente y hecho una mueca adorable, sus arrugas profundas y sus
labios llenos.
Steve se había reído y dado un suave beso en su cabello, lo había tomado de la mano y Tony había
reanudado la conversación acerca del libro”
Él lo haría.
Levantó la mirada e intento reincorporar sus emociones, mantenerse firme y tomar un rumbo.
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“Steve ¿Estas bien?” La voz de María era somnolienta, había bajado en una bata de encaje blanca
con su cabello quebrado despeinado.
María había sonreído entretenida por el nerviosismo que causaba en Steve, siempre inflaba su ego
ver como Capitán América actuaba tan virginal cuando ella estaba ahí.
“Ahorita baja” dijo sincera y volvió a las escaleras de madera, en breves momentos Howard estaba
poniéndose el habitual chaleco y lo veía cono ojos asesinos porque el genio difícilmente dormía y
cuando dormía, odiaba que lo interrumpieran.
“Peggy se enteró de Pepper y está destrozada y yo necesito solucionar lo que tengo pendiente allá
para llegar aquí y estar bien con ella”
Era una mentira vil y descarada pero en tiempos desesperados se tomaban acciones irracionales.
“Está bien” Howard por el cariño que le guardaba a Peggy aceptó, además el peso de la culpa lo
molestaba, porque de no haber sido por él, Steve y Peggy estarían en este momento de luna de
miel.
“¡¿Sí!?”
“Sí” Howard dijo sencillamente y Steve lo siguió hasta su laboratorio. Su emoción era
incontenible, jamás en esos meses de vuelta había sonreído de una manera tan sincera, Howard no
pudo evitar notarlo.
“Te necesito en 2012, te doy un mes, acorde a la relatividad del tiempo puede ser que ese mes sea 1
semana, 1 mes, 1 año o 10 años. No lo sabemos”
Y Steve no quería sin embargo no estaba en condición de elegir, así que simplemente accedió y
caminó hasta la máquina que Howard tenía en su taller, lo conectó a todos los neurotransmisores e
hizo la programación.
“Listo, en 5, 4, 3…”
“La agente Carter está en el vestíbulo” Jarvis alcanzó a decir y Steve entró en un repentino ataque
de pánico porque mierda, si Peggy estaba aquí era porque le contaría a Howard y si Howard se
enteraba o siquiera veía los bocetos… todo estaría realmente perdido.
“Voy para allá” Dijo y justo cuando vio que Howard iba a pausar la máquina, cayó inconsciente.
Pregunta sin respuesta.
Steve abrió los ojos lentamente, sus parpados temblando y su mirada nublada, los recuerdos
llegaron a él como estampida.
Peggy
Howard
María
Bucky
Tony
Peggy
Se sentó de golpe en la cama, un mareo provocando una fuerte nausea, se llevó la mano a los
labios y cerró los ojos, respiró lentamente intentando controlar un vómito, después de breves
segundos sintió como iba disminuyendo, abrió los ojos de nuevo, frente a él un mueble de madera,
una computadora blanca apagada, varios libros de historia, al costado una puerta, a su lado derecho
una cortina romana bloqueando la visual, a su lado izquierdo un closet de madera cerrado, no
reconocía el lugar, sin embargo sí reconocía que ya no estaba en los años 50’s, sonrió
sinceramente.
Intentó recordar, Peggy había llegado y Howard había puesto pausa… Mierda, por microsegundos
Howard había fallado y por eso ahora estaba aquí, un miedo creciente en su pecho, Peggy se quedó
ahí, con Howard, con el cuaderno de bocetos en su posesión. Mierda.
Howard lo odiaría.
Mierda, peor aún, si se enteraba que el de los dibujos era su hijo no nacido inclusive podía influir
en que no decidiera jamás tener un hijo, podía modificar el transcurso del tiempo en el paralelismo
dimensional y eso causaba hoyos negros.
Eso no importaba ya, porque ahora, por fin, después de varios meses de patética agonía y de fingir
ser, estaba de vuelta. De vuelta donde Tony existía, donde él era real.
Tony.
Se levantó apresurado y se dirigió hacia la puerta junto al closet, salió de la habitación, una enorme
estancia estaba en el centro del espacio, se conectaba con un comedor y una cocina de granito
negro, el mismo gusto minimalista arquitectónico de Tony, una plasma gigante, y de fondo un
muro completamente de cristal fijado con arañas, toda la ciudad de Nueva York a sus pies. Sí, ya
reconocía el espacio, era la torre Stark.
Pero este espacio, jamás lo había conocido, cuando solía venir con Tony en el primer encuentro
con él iban directamente al pent-house, que era mucho más grande, mucho más diverso y mucho
más rico arquitectónicamente hablando.
Contempló que algo se movía en la estancia y caminó cauteloso, de espalda un hombre se veía
viendo la televisión, no alcanzaba a ver su rostro ni por el reflejo del cristal, era de cabello
ondulado y canoso, no, no era el tipo de cabello de Tony. No podía ser él.
“Capitán” una voz femenina lo hizo saltar involuntariamente, volteó a su derecha para encontrar a
una mujer que robo su completa atención, era casi tan acuerpada como María, mucho más
voluptuosa y de facciones moldeadas a la perfección, grandes ojos verdes contemplándolo
expectantes.
“¿Tony? ¿Dónde está Tony?” preguntó intentando sonar sereno pero fracaso abismalmente.
Sonaba exaltado y demandante, tanto que el hombre del sillón se puso de pie y caminó hacia él.
“Steve no es un buen momento para hablar con él, espera que el día pase al menos” El hombre de
lentes dijo y Steve lo reconoció por las fotos que Tony guardaba en la casa de la playa, era Bruce,
Bruce Banner, uno de los mejores amigos de Tony.
¿Esperar un día?
“Necesito hablar con él ahora” Steve dijo de nuevo intentando sonar calmado, pero su voz era
demandante y algo intimidante, Bruce clavó la mirada en el piso.
“Steve, aunque tú intentes arreglar todo y pedir disculpa, necesitas saber que él no te pedirá perdón
por lo que dijo” Bruce dijo de nuevo con mirada consternada e implorante.
Steve sintió un nudo en la garganta porque no se había esperado volverlo a ver bajo estas
condiciones.
“No tienes por qué pedirle disculpas. No mentiste” La chica pelirroja dijo molesta y Bruce se dio
media vuelta, Steve notó un ligero temblor en el hombre y dedujo en segundos que la chica estaba
de su lado y que Bruce por supuesto estaba intentando mantenerse neutral con una clara preferencia
hacía Tony.
Sí, tal vez lo mejor sería esperar pero mierda, llevaba meses sin verlo, sin tocarlo, no sabía cuánto
tiempo se quedaría aquí, y lo peor, sabía que si Peggy decía algo, esta sería la última vez que vería
a Tony. No, no iba a perder ni un minuto de su tiempo en esta dimensión.
“¿Dónde?” insistió con voz firme, su habitual voz de Capitán, contempló de inmediato la sumisión
de ambos, ellos debían de ser parte de los Vengadores, aquellos reportes que había leído y aquellos
pocos comentarios que Tony de vez en cuando dejaba escapar le sirvieron para entender que esta
era la torre A, en la que llegaron a vivir todos juntos.
“Pent-house” La chica dijo ignorando la mirada asesina de Bruce sobre sus hombros.
“Gracias” Steve dijo sincero y caminó hasta el elevador, no sin antes escuchar la voz del hombre
tras de él “Acabas de desatar una guerra”
Las puertas del elevador se abrieron, era el mismo mobiliario, ese recibidor oscuro, el muro de
concreto como remate visual, caminó a la izquierda conociendo perfectamente el espacio, una
sonrisa en sus labios, la cocina perfectamente ordenada, el comedor con mesa de cristal, el muro de
cristal dejando ver Central Park perfectamente, la estancia blanca con cojines y tapetes en escalas
de negros y grises, el piso de concreto pulido, el espacio tan frío, tan neutro, varios cuadros de
diferentes corrientes artísticas en los muros, a su derecha la biblioteca acristalada de estantes
flotados, más adelante su estudio semi-subterraneo de madera, intentó entrar pero lo contempló
cerrado con llave. Las escaleras estaban idénticas, el árbol central era ligeramente más pequeño,
pero el mismo.
No pudo evitar contemplar dos cuadros, uno en el muro de la estancia de Capitán América, otro
más pequeño en la terraza de él mismo. El primero era un estilo pop art, el segundo era algo como
un boceto en carboncillo de él antes del suero con una sonrisa inocente.
Steve sonrió, esos cuadros los había visto en el taller de trabajo personal de Tony, jamás los había
visto expuestos públicamente en su departamento, sintió un calor incontenible en el pecho, subió
las escaleras con la seguridad de que había llegado a esta dimensión en el momento correcto.
Caminó por la planta alta con extrema seguridad, pasó la doble altura, la estancia de noche, el
puente de cristal, hasta llegar a la que conocía como la habitación de ambos, la master suite
principal acristalada con vista 270°.
Abrió la puerta y pasó la estancia con paso seguro, encontró a Tony de espaldas contemplando
Central Park, el ingeniero sintió un viento helado y volteo por instinto, jamás, jamás en su vida se
habría imaginado encontrar a Steve Rogers ahí.
Estaba desarreglado, su cabello rubio enmarañado, sus ojos azules destellaban una sinceridad, una
gentileza, una transparencia que lo agobiaba, su sonrisa era inocente y tierna y pareciese que al
verlo su rostro se había iluminado.
Tony sintió un hoyo en el pecho y como su estómago volcaba furioso, su corazón palpitaba
desmedido y el recuerdo de las palabras de Steve de hace unas horas lo atravesaban como navajas
punzocortantes.
“Deja de pretender que eres un héroe Stark, no hay nada más patético que alguien que quiere
jugar a ser mártir para exhumar sus culpas”
No, a Steve no le daba gusto verlo, no, debía dejar de engañarse, todo había quedado muy claro en
estos meses. Para el Capitán él solo era patético, alguien que pretendía ser un héroe y mierda, era
cierto. Pero no, no jugaba a ser el mártir, ni ser el héroe, simplemente quería ser lo suficientemente
bueno, lo suficientemente valiente para que Steve viera algo más en él, más allá del alcohol, del
dinero, de sus adicciones y su incapacidad de mantenerse bien.
Pero no, Steve no veía nada más allá de lo que realmente era, porque ¿A quién pretendía engañar?
Si ni siquiera lograba engañarse a sí mismo.
Steve notó como la mirada de Tony mutó, de sorpresa a una sonrisa tímida a una mirada rota,
desgarrante, casi tan triste y gris como la mirada que le había dado en el baño de los juzgados
cuando Steve le había preguntado por aquella prostituta. Tragó saliva difícilmente.
No supo que decir, no supo que hacer, todo el instante se congeló, lo tenía de nuevo frente a él, tan
cerca y a la vez se sentía tan lejos, tan impotente. Tony vestía un smoking negro, camisa blanca y
contempló el moño sobre el edredón blanco, el cielo estaba en atardecer y el cabello de Tony no
tenía tantas canas, ni sus ojos arrugas tan profundas. Era hermoso. Sublime. Perfecto.
Sintió un vacío en el estómago y esa estupidez nebulizadora cuando contemplas a la persona que
con solo una mirada te hace vibrar.
Caminó sin dudarlo hasta donde Tony estaba y sin pensarlo dos veces lo besó.
Tomó su cintura en una mano y su nuca con la otra, lo besó necesitado, hambriento y gentil, cerró
los ojos sintiendo la nariz respingada de Tony juntó a la de él, sus labios al principio tensos y
después soltándose en el beso, entreabrió los labios y se puso de puntillas para alcanzarlo, su mano
temblorosa empujó suavemente a Steve más a su cuerpo, sus parpados temblando y sus ojos
cerrados. Steve rompió el beso y clavó su mirada azul en los ojos de Tony.
Contempló de nuevo aquellos ojos castaños, se veían más opacos que como los recordaba, sin
embargo eran cristalinos, como alguien que reprime demasiadas emociones en un silencio
asfixiante, sus manos temblaban y Steve sentía a través de su piel sus numerosas taquicardias,
sonrió naturalmente porque jamás creyó poder causar eso en Tony.
Tony Stark
El hombre que movía al mundo, que lo tenía todo, que era todo lo que siempre se había propuesto,
el hombre que renació de las cenizas estaba justo delante de él, derritiéndose ante su tacto.
Y entonces recordó una noche que Tony le había comentado entre risas algo así como que había
vivido enamorado de él desde que era un niño.
La mirada de Tony era confusa y sus labios temblorosos demandaban una explicación… Las ideas
comenzaron a tomar forma, las conjeturas formándose en microsegundos. Tal vez esta era la
primera vez que besaba a Tony, tal vez Tony no sabía lo que él sentía, tal vez…
“Tony, ¿Amor ya estás listo?” una voz femenina se escuchó en el vestidor, el ruido de unos tacones
aproximándose, Steve se apartó de Tony inmediatamente, una arritmia comenzando a alterarlo.
Del vestidor salió una mujer conocida, era Pepper, llevaba un vestido tinto, su cabello rubio
recogido, un collar de diamantes al cuello, tacones tintos altos.
“Capitán, Steve, buenas noches” Pepper dijo sonriente y lo abrazó dándole un beso en la mejilla.
Tony se había mostrado así no solo porque era la primera vez que lo besaba, sino porque Tony
estaba con Pepper.
“Sí, yo solo… no” Y Steve retrocedió patéticamente, la mirada analítica de Tony sobre de él todo
el tiempo.
“Perdón, solo venía a pedirle una disculpa a To…Stark, por todo lo de hace rato, yo solo…” Y
estúpidas emociones que comenzaron a crear una guerra interna en su mente, porque Tony, Tony
estaba ahí delante de él, tan cerca y a la vez tan lejos, porque Tony, Tony tenía otra vida, no le
pertenecía. Y él no tenía ningún derecho de meterse entre ellos, sintió como sus ojos comenzaron a
humedecerse. No podía, no podía quedarse y llorar patéticamente frente a ambos “Bonita noche”
dijo con voz involuntariamente quebrada y salió corriendo del cuarto, bajó las escaleras a
tropezones, cada vez llorando más, mordiéndose el labio para no sollozar.
Porque mierda, no sabía que dolía más, estar lejos de él sabiendo que era suyo.
Las puertas del elevador se cerraron y rompió en un llanto ya audible, presionó el botón de Planta
Baja buscando como siempre, huir.
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¿Pálido?
Pálido era nada a comparación de lo que sentía, se sentía tan inerte, tan vivo, tan estúpidamente
feliz, porque mierda, Steve, Steve Rogers lo había besado.
Capitán América, el hombre ideal, el superhéroe perfecto, el gentil artista lo había besado. Su ídolo
de la infancia, el hombre del que se había enamorado desde que Howard le mostró las fotos cuando
tenía 5 años, ese hombre al que le había dedicado horas y horas de su vida, de su sueño, solo para
pensarlo.
Tan sublime.
Pero mierda, hace unas horas lo había tratado con un remarcable desprecio, lo había hecho mierda
moralmente enfrente de todo el equipo, de toda la división de SHIELD, y ahora, después de unas
horas venía hasta su cuarto a besarlo.
Sin preámbulo.
Sin razón.
“¿Tony?”
“No puedo… no puedo ir, perdón, debo…” No terminó la frase, salió del cuarto apresurado
entrando a la puerta escondida detrás del muro de madera, se encerró con clave en su taller, se
quitó el saco temblando, su mente ida y su mirada ausente, caminó instintivamente a su cava de
vinos, sacó un whiskey empezado y lo abrió, bebiendo directamente de la botella, el sentir como el
líquido le quemaba la garganta redujo notablemente su ansiedad. Sin embargo ese incontenible
océano de recuerdos lo mataba.
Recordó cuando tenía 5 años y había visto una foto de Steve en el álbum de su papá, había sentido
una culpabilidad extraña y curiosidad. Después al tener 10 años y contemplar las búsquedas
incansables de Howard sintió algo de envidia por no poder ser lo suficientemente bueno para
Howard, porque él jamás sería lo que Steve Rogers fue para él, inclusive aunque fuese su hijo, era
menos importante que esa amistad de dos años que mantuvo con el Capitán. Sintió de nuevo el
coraje hervirle la sangre y el sabor amargo de envidia en los labios.
Hasta que recordó cuando tenía 15 años, 15 años y en su cuarto, conservaba esas sábanas de
Capitán América que Howard le había comprado de niño, la sostenía en su mano con el puño
cerrado, en su pecho una foto de Steve, su mano derecha bajo su bóxer y su espalda arqueada, los
dedos de los pies curveados y un gemido de placer seguido del primer orgasmo en su vida.
Sí, él sabía perfectamente que no solo tenía un gusto por Steve, se sentía enamorado, estúpida y
perdidamente enamorado de un hombre que no conocía, hasta que lo conoció.
Primero porque el hombre no solo era todo lo bueno, sino también era un moralista retrograda, no
tenía idea de la física, ni siquiera las leyes básicas de Newton, tampoco disfrutaba de su humor
negro o de sus chistes crueles, siempre le dirigía esa mirada de desaprobación cuando lo veía
tomando y el hombre, el hombre ni siquiera consumía café por considerarlo una manera de dañar
la salud. Era ridículo.
Además en campo siempre estaba dando órdenes, asignando tareas, presionando a todos para que
fueran a desayunar a tiempo, a entrenar a tiempo, a planear a tiempo, siempre tan meticuloso y
preciso, en ese momento Tony había entendido que Capitán América era no solo aburrido sino
detestable.
Esos habían sido los primeros meses con él, hasta que aquella noche en su cumpleaños cuando
Steve comenzó a embriagarse y comenzó a soltarse, resulta que Steve y Capitán son personas
completamente distintas.
Y mierda, así como Tony odió al Capitán, así mismo cayó estúpidamente por Steve.
Porque Steve era gentil, adorable, tierno e ingenuo. Había platicado con él durante esa noche, y
mientras el Capitán le gritaba “Stark, deja de autodestruirte o ponernos en constante peligro con tu
estado de ebriedad”, Steve le había regalado una sonrisa rota y le había dicho un tímido “Deberías
tomar menos Tony, me preocupa”
Y eso lo había derretido, algo así como un brinco al corazón, porque jamás creyó que él, que Steve
se preocupara por alguien como él.
Las cosas habían mejorado desde ese día, hace un mes. Sí, no eran cercanos, pero al menos no
habían vuelto a pelear y Steve cada vez sonreía más y Tony de cierta manera aunque lo negara,
buscaba más pretextos para pasar tiempo con él, desde ir al gimnasio y “casualmente” encontrarlo,
hasta implementar que todos los Viernes fueran de películas para “fortalecer el equipo” aunque
realmente eran para asegurarse que Steve no tuviese planes o citas los Viernes por las noches.
Hoy que Tony había puesto la misión en peligro y Steve había explotado en contra de él enfrente
de todos, Tony no supo si llorar o escapar porque mierda, las palabras del Capitán lo habían dejado
desnudo y expuesto frente a todos, y de verdad, de verdad el recordarlo lo destruía. Dio otro trago
al alcohol.
Porque él, él siempre supo que lo quería más allá de lo permitido, lo hacía temblar con solo
prestarle unos minutos de su tiempo, pero él… él jamás podría amar a un hombre como él. Tal vez
había sido una apuesta, o un experimento, o inclusive una manipulación mental por parte de Loki.
Sí, esto no podía ser de ninguna forma real.
“Señor, Pepper está ya en la cena benéfica, ha intentado comunicarse varias veces con usted, le
recomiendo ir. Es de los momentos más importantes del año de la señorita Potts.”
Pepper.
No después, de Afganistán, de los 10 años que llevaba conociéndola, de todos los momentos
juntos, de la estabilidad que ella representaba en su caótica vida. Sí, sabía que Pepper le pedía que
cambiara sin embargo no lo había abandonado a pesar de no cambiar, y Steve… no, Steve jamás lo
aceptaría.
La lógica y el sentido común son conceptos ambiguos y en extremo subjetivos, la lógica de Tony
Stark era incomprendida por más del 90% de las personas, distaba abismalmente de la lógica
“instintiva” o “elemental” de cualquier ser humano, y Steve era simplemente un ser humano.
La lógica de Steve era la que estaba orientada a la inteligencia obvia y el sentido común, sabía que
debía hablar con Tony, aún no sabía si él debía buscarlo o si Stark fuese a tener la voluntad de
hacerlo, pero sabía que era inescapable esa plática, le debía explicaciones y mientras caminaba a
media noche por las calles vacías de Nueva York preparaba un discurso interno mental, deduciendo
tal vez erróneamente las posibles respuestas de Tony y ensayando también sus posibles respuestas.
No sabía cuál sería la finalidad de la plática, al menos no por parte de Tony, sabía que de su parte
quería dejar en claro lo que sentía por él, que no había sido un acto impulsivo, ni un simple
capricho, quería inventarse una manera creíble de convencerlo, sentía algo de culpa, algo así como
un pigmento de agitación y vergüenza al pensar en Pepper, en él y su poco respeto por ella, sin
embargo para ser sincero difícilmente la conocía, lo cual hacía todo exponencialmente sencillo.
Entró al elevador con lo que sobraba de su café en mano, la luz paso de azul a blanca y Steve salió
a la estancia, lo primero que notó fue a Pepper sentada en el sillón principal, frente a ella Bruce,
Steve no supo realmente como escapar, pensó en volver al ascensor y bajar o subir, o perderse, sin
embargo fue demasiado lento.
“Cap” La voz de Bruce sonaba ronca y entonces Steve realmente observó la escena, Pepper tenía
los ojos hinchados, cristalinos y su mirada se veía ausente, vestía el mismo vestido rojo de hace
unas horas, no era difícil saber la razón de esta escena.
“¿Todo bien?” preguntó por mera cordialidad porque realmente no quería saber los problemas de
Pepper, ni acercarse demasiado a ella, primero porque sabía que tenían que ver con Tony, y en
segundo porque conocerla complicaría todo su plan, se conocía, sabía que era mejor mantenerse al
margen.
“Tony, Tony no sabemos nada de él, ¿sabes dónde está?” La pregunta era demandante pero gentil,
Pepper lo veía con cierta estima, su mirada dulce y su sonrisa quebrada, no era nada parecida a la
manera desafiante y obtusa con la que la Pepper del 2020 lo veía.
“No, yo, no lo he visto” Steve balbuceo comenzando a preocuparse “Debe estar en su taller” Dijo
sencillamente y ambos lo voltearon a ver incrédulos.
“Tony ya no tiene taller” Pepper dijo molesta y entonces Steve se dio cuenta que había cometido
un error, uno grave.
“¿Dónde?” Bruce demandó con voz firme y Steve no supo realmente hacía donde correr, porque si
Tony había decidido encerrarse esta noche, ¿Por qué no dejarlo? Y si nadie sabía que tenía un
taller, él no debía traicionarlo, sin embargo Bruce se veían tan cerca de explotar, el pánico lo hizo
hablar, porque a Banner, a Banner sí lo conoció en 2020 y no había sido para nada placentero.
Bruce se sentía de cierta manera traicionado, porque esa clase de cosas tan personales de Tony no
las sabía nadie, y jamás habría imaginado que Steve, la persona con la que más conflictos tenía
Tony, fuera quién supiera más de él.
Pepper por el otro lado estaba inmersa en una mezcla de emociones, molestia por los actos
infantiles de Tony, una súbita oleada de celos por la confianza que tuvo en decirle a Steve dónde
era su taller secreto – el cual prometió que ya no tendría después de lo que había sucedido con
Extremis – Y por último más enojo en contra de Tony, la realización cada vez la golpeaba más
fuerte en la cara, era gélida y palpable. Tony no dejaría Iron Man.
Y ella realmente no podía seguir con un hombre que todos los días estaba en la línea de muerte.
Lo había intentado por años, siempre con esta creciente ansiedad, estos ataques de pánico por no
saber de él, esta inestabilidad al verlo siempre herido, siempre ebrio, era tan agobiante. Sí, tenía
una personalidad degustable e incomparable, sin embargo Pepper comenzaba a darse cuenta que el
peso de sus defectos comenzaba a desestabilizar la balanza de sus aciertos. Cada agónico momento
que su mente lanzaba estas conjeturas se daba cuenta que se estaba aferrando a pertenecer a un sitio
donde jamás pertenecería, estaba intentando embonar una pieza azul cielo en un rompecabezas de
huracán.
Era desgastante.
Steve se mantuvo quieto observándola, notó todas las expresiones involuntarias en su rostro, desde
el enojo hasta la súbita tristeza que la volvió opaca, no supo realmente que hacer o que decir, y al
parecer Bruce tampoco ya que permaneció en silencio, observándola.
“Gracias Steve” Dijo neutral y sin más salió de la estancia, caminó hasta el elevador cerrando las
puertas tras de ella, ambos hombres por instinto voltearon al panel a ver hacía que piso se dirigía,
la sorpresa de ambos fue evidente al leer Planta Baja en letras blancas.
Mierda.
Bruce lo contempló en silencio un momento, cuando Steve decidió que esto era demasiado
incómodo para ambos comenzó a caminar hasta su cuarto.
“Steve. . .”
“Dime”
“Gracias. . . Pepper es una muy buena persona y de verdad, no merece todo por lo que Tony la ha
hecho pasar” dijo sincero con cierta molestia en cada palabra que escupía, Steve asintió con un
calor nuevo en su pecho y caminó a su cuarto.
Algo así como coraje y desagrado, porque Pepper no merecía tener a Tony.
Sí, tal vez lo estaba contemplando con una perspectiva algo cerrada y sobreprotectora, pero Tony
era así, o al menos eso había entendido con el paso del tiempo, no había conocido esta faceta de él,
sin embargo conocía lo mejor de él y sabía que si Tony había accedido a una relación formal con
Pepper, ella ya conocería ese lado tan humano y cálido de Stark. No podías abandonar eso, al
menos él no podía, no lo haría, era demasiado cobarde solo amar lo “bueno” de alguien.
Se sentó asustado y sofocado, abriendo la boca tratando de pescar una bocanada de aire, comenzó a
toser y con dificultad encendió la lámpara de la mesa de noche, Tony estaba frente a él, con brazos
cruzados, ojos hinchados y una mirada tan gélida, tan agresiva y diferente a la que Steve estaba
acostumbrado a contemplar en sus ojos castaños.
Tragó con dificultad, sintiendo un estúpido sentimiento de agonía en su interior, Tony jamás le
haría esto, mierda, debía comenzar a acostumbrarse que su Tony, no era este Tony.
“¿Por qué le dijiste a Pepper?” Stark demandó molesto y era demasiado increíble su nivel de
cinismo, Steve sintió como el enojo comenzaba a crearse en oleadas diversas de calor.
“Creí que sabía” Steve dijo molesto y se paró de la cama, notó como la mirada de Tony se fugaba
indiscreta hacía sus brazos, devorándolo con la mirada, Steve se sintió vulnerable ante él, Tony
cerró los ojos reprimiéndose mentalmente y volvió a verlo a los ojos, la mirada de ambos hombres
enganchada.
“Nadie sabía, es más, ¿Cómo mierda supiste que tenía un taller y dónde estaba?” su voz cada vez
más rígida, su mirada cada vez más oscura.
Mierda
“Lo. . . presentí”
“¿Lo presentiste?” Tony dijo incrédulo y soltó una risa burlesca, torció los ojos molesto caminando
hacía él. Steve realmente no había notado lo bajo de estatura que era Tony a su lado, intentó hacer
memoria al año 2020, era increíble porque en ese año había notado que era más alto que Tony no
por más de 7 centímetros y ahora, eran casi 20 centímetros la diferencia entre ambos, a pesar de la
palpable desventaja física de Stark, Steve se sintió intimidado.
“Sí” Dijo estúpidamente y su patética forma de mentir encendió aún más el enojo del ingeniero.
“¿Con quién crees que estás hablando Rogers?” Tony dijo comenzando a temblar ligeramente, su
enojo incontenible lo hacía lucir tan indómito, tan sensual. . . Mierda, jamás lo había considerado
de esta manera y ahora era tan aterrorizante y degustable. "¿Cómo mierda supiste que tenía un
taller y dónde estaba?" Repitió perdiendo casi completamente la paciencia.
Steve no supo que responder a eso, porque se lo habían dicho tantas veces, en diversas épocas y
dimensiones.
“Vamos a dejar una cosa en claro, no somos amigos, yo en particular no tengo amigos, no sé qué
pretendes pero te recomiendo que te alejes de mí” La voz de Tony era dura y sus ojos brillantes
letales, Steve sintió el frío de una afilada navaja cortándole el aliento, mierda, esto no debería pasar
de esta manera.
“Tony, yo...” dijo con voz quebrada y mirada cristalina, se acercó tal vez demasiado a él, tanto que
lo asechó contra el muro, sus labios rozando con la frente de Stark. Sintió como el hombre de
mayor edad temblaba bajo de él.
“Aléjate de mí” dijo cortante en un murmullo y Steve sintió como la vida se le iba de las manos.
“Tony no, yo. . . . Perdón, Pepper lucía tan preocupada, y yo no sabía que ella no sabía. . .”Sus
palabras revueltas y sus ojos azules comenzaban a tornarse más claros, cristalinos, tomó
instintivamente al ingeniero del brazo, Tony sentía como sus latidos se aceleraban y tenía pánico
de que Steve lo sintiera a través de su tacto, lo tenía tan cerca, su mirada tan noble y sincera, y él se
sentía tan vulnerable frente al Capitán. Y esa vulnerabilidad lo aterraba, porque no estaba
acostumbrado a sentirse desprotegido ante nadie.
Y Steve aún contra su voluntad abrió la mano, dejando ir el brazo ya moreteado de Tony, el
hombre más bajo salió del cuarto azotando la puerta tras de él, fue imposible para Steve volver a
dormir en esa noche.
En esa noche y en las siguientes tres, no solo por la línea rígida que Tony había marcado entre
ambos, sino porque había sido completamente imposible volverlo a ver, Jarvis le había asegurado
que seguía en la torre, sin embargo no bajaba del pent-house y había bloqueado el acceso del
elevador colectivo hacía los pisos superiores, se había encerrado sin mantener ningún tipo de
contacto público, y eso a Steve le destrozaba los nervios.
Porque lo conocía.
Conocía que esta etapa había sido de adicciones y alcohol, y sabía también que la soledad
alimentaba los demonios.
Estaba sentado frente al muro de cristal, sus ojos fijos en la ciudad y sus manos ágiles trazando
líneas diversas, no tenía nada conciso en la mente, solo ideas difusas y esta creciente intranquilidad
por no saber nada de Tony. Pepper había venido hace dos días, había subido al pent-house y en
menos de 2 horas había salido con ojos llorosos y maletas llenas, no había vuelto.
Steve sabía perfectamente que esa no era una buena señal y aunque una parte de él se alegraba la
otra no podía dejarlo en paz, la culpa asechándolo, porque si él no hubiera abierto su boca, todo
estaría “bien”
“Capitán, Fury nos necesita, tenemos 10 minutos” la chica pelirroja, de la que ya se había
aprendido el nombre – Natasha – dijo con paso acelerado y caminó hasta su cuarto, Bruce estaba en
la cocina y el que se hacía llamar Clint jugaba ajedrez con un extraño hombre que aún no
comprendía del todo.
“7 minutos” Steve dijo seguro, porque por primera vez en esta dimensión desempeñaba un rol al
que estaba acostumbrado, todos caminaron a sus diferentes almacenes de armas, Steve caminó
hasta el elevador presionando “PH”
“Lo sé Jarvis, pero esto no es un asunto personal, es una misión y se le requiere” dijo serio aunque
por dentro destellaba de emoción ante la simple probabilidad de volverlo a ver, después de unos
segundos el ascensor cerró las puertas y comenzó a subir, Steve intentó no soltar un grito de júbilo.
Al entrar al pent-house notó un cambio drástico, un cristal del jardín estaba roto, y había añicos por
el piso, en la cocina había demasiados trastes sucios, en su mayoría vasos, los cuadros que tenía de
él ya no estaban, y había un olor extraño por el espacio, caminó hacía las escaleras dejándose guiar
por sonidos en planta alta, subió cauteloso, llevaba el escudo en la espalda y sus guantes negros,
sus manos comenzaron a sudar.
Entró a la habitación principal y el hedor se hizo insoportable, era una mezcla de sudor, alcohol,
humedad y vómito, hizo su mejor esfuerzo por seguir avanzando, encontró varias botellas vacías
cubriendo la duela de madera, sus pasos audibles por los cristales desfragmentados en el piso, un
retrato roto sin foto, más adelante una foto a la mitad, la mitad de la foto era Pepper sonriendo, la
torre Eiffel tras de ella, su cabello en una cola alta de caballo y sus ojos castaños alegres. Steve
instintivamente la tomó porque por ese fragmento de segundo le recordó a Peggy, una nostalgia le
ató un nudo en la garganta, la culpa volcándole el estómago, no solo le había destruido la vida a
Peggy, sino ahora también a Pepper.
“Pepper se fue” las palabras eran firmes e inertes, Steve saltó involuntariamente y volteó hacía la
esquina de la habitación.
“Lo siento Tony” Steve dijo sincero y caminó cauteloso hacía él, el ingeniero levantó la mirada
amenazante y el capitán se detuvo en seco. Lo contempló detenidamente, vestía un viejo Levis
roto, una playera negra de ACDC, estaba descalzo, sus pies morenos y delgados tenían cortadas
visibles, Steve pudo deducir que se debía a caminar sin cuidado por los cristales rotos, sintió algo
presionarle el pecho y estas estúpidas ganas de abrazarlo. Las arrugas de Tony eran mucho más
notorias, unas oscuras ojeras bajo sus ojos y esa mirada indómita perdida en un punto muerto del
cuarto.
“¿Por quétraes eluniforme?” La pregunta lo sacó de sus pensamientos, la voz de Tony era inestable
y no podía separar sus propias palabras, en su mano sostenía una botella de cerveza a la mitad, su
cabello lucía entre húmedo y viscoso, Steve tragó difícilmente porque era demasiado difícil
permanecer de pie sin hacer nada, sin acuclillarse delante de él, sin levantarlo, sin poder ayudarlo.
“Yo nada, solo. . . ” Dijo en un murmullo acercándose tímido hacía él, puso su mano en su hombro
y sintió el escalofrío de Stark bajo su tacto, el Capitán sintió una falta de aire espontanea, no estaba
acostumbrado a este Tony y comenzaba a pensar que sería casi imposible acostumbrarse.
“Irán a misión sinmí, que tiernos” balbuceo sarcástico con ojos cristalinos y Steve reconocía esa
mirada, porque no era de tristeza ni de nostalgia, era de enojo, de profundo e incontrolable enojo.
“No estás en condiciones de ir a misión Tony” dijo intentando sonar tranquilo, sabía que cualquier
palabra mal dicha desataría una guerra y no sabía, no quería saber que era pelear con él.
“En condiciones” repitió burlesco e intento ponerse en pie, con ese grado de ebriedad era imposible
mantenerse por sí solo, se tambaleaba en sus pasos y Steve no pudo evitar tomarlo de la cintura por
miedo a que se cayera, Tony lo empujó algo agresivo haciéndose perder el equilibrio, se apoyó del
muro para poder mantenerse en pie “Suéltame” dijo orgulloso y Steve torció los ojos molesto.
“Capitán, estamos listos” escuchó a través del comando la voz de Natasha y exhalo molesto.
“No hagas ninguna estupidez mientras me voy” dijo molesto y Tony lo miró incrédulo.
Mierda.
“Claro, porqueTonySta-rk solo haceestupideces” dijo enojado y con paso inseguro salió de la
habitación, intentando apoyarse de los muros, Steve lo siguió en silencio, teniendo pequeños
ataques de pánico cada que Tony tropezaba en los escalones, su enojo comenzando a crecer
desmedidamente.
“Ojala fuéramos tan perfectoscomotú” escuchó la voz del ingeniero a lo lejos y soltó un bufido
molesto, tenía el tiempo contado, debía irse, pero no quería, no podía dejar a Tony en estas
condiciones.
Su enojo había sido regulable hasta ese momento, el instante en que vio que el ingeniero levantaba
las manos y el traje comenzaba a adaptarse a su cuerpo.
“No vas a salir así” dijo tajante y molesto, tomó la máscara del traje, la única parte que le faltaba
para estar completamente vestido, lo vio desafiante, la fuerza de Steve era suficiente para impedir
que el magnetismo de la pieza se moviera.
“Suéltala”
“Quítate el traje” Steve ordenó molesto cerrando más su puño, el titanio en su mano comenzó a
ceder doblándose tenuemente.
“Última advertencia” Tony dijo molesto caminando hacia él, con el traje estaban ya a la misma
altura, si no es que Tony lucía un poco más alto.
Sabía que Tony era IronMan, había leído varios recortes de periódicos y había visto los numerosos
trajes en la casa de la playa, pero jamás lo había visto usándolo, y mucho menos en contra de él,
una luz salió de su palma golpeándolo directamente en el estómago, su espalda impactó en el muro
de concreto, sintió como todos sus huesos tronaron aún y con la protección del escudo, cayó de
cara en contra del piso, completamente sofocado y ardiendo en rabia, levantó la mirada, el azul de
su mirada tornándose oscuro.
Tony ya no estaba.
Tregua
Chapter Notes
Realmente no era necesario, sin embargo tenía tantas ganas de hacerlo. La rabia inundaba sus
sentidos y cualquier luz de raciocinio había sido devorada por el recuerdo de todas las estupideces
que Tony había hecho en menos de 5 minutos, porque era increíble como este hombre podía
acabar con su propia seguridad y la seguridad del equipo en un pestañeo.
La amenaza no era realmente una amenaza, solo un grupo de mercenarios que bien pudieron haber
sido detenidos solo por él o por Natasha y Clint, pero claro, la ciudad debía ver a todo el grupo en
acción para re-asegurarles que era una buena opción mantenerlos en el programa benéfico
gubernamental, no que nadie necesitara estar ahí, era mero protocolo político que Steve debía
seguir, que estaba acostumbrado a seguir.
Realmente no era necesario hacerlo, el fuego que Tony había provocado ya había sido mitigado
por él y los bomberos, los civiles que había puesto en riesgo por su vuelo en completa ebriedad ya
habían sido puestos en un lugar seguro por Thor.
Sí, no era necesario hacerlo pero el coraje le hervía la sangre, y le resultaba tan placentero el
simple hecho de hacerlo.
Lanzó su escudo con fuerza hasta Stark, derribándolo completamente, impactándolo hacía varios
muros de concreto que había atravesado sin dificultad, sonrió complacido, porque así como Tony
despertaba lo mejor de él, había descubierto que también tenía la habilidad de despertar lo peor de
él.
“Eso era innecesario” La voz de Bruce se escuchó por el comando, no había sido necesario un
código verde, así que permanecía en forma humana en el Quinjet contemplando toda la escena.
Steve estaba a punto de contestar cuando un propulsor lo arrojo hacía los escombros, las varillas de
acero rasgaron su uniforme dejando expuesta su piel pálida, volteo enojado hacía el frente, Tony
volaba hacía él.
“Para mí también esto era necesario” Stark dijo comenzando a adquirir una voz más entendible.
“Suficiente” Steve dijo molesto intentando controlar este impulso de arrojarle de nuevo el escudo
justamente en la cabeza.
“Pero apenas comienza la fiesta” Tony dijo burlesco arrojando un cubo de concreto directamente a
Steve, los reflejos del Capitán fueron rápidos y lo desfragmento con el escudo antes de que llegara
a él, una multitud de civiles se había aglomerado a ver la pelea entre ambos. No, esto no era nada
bueno para SHIELD, o el grupo, o para él mismo. Sin embargo era tan fácil tomarle la pelea a
Stark.
“Fiesta, para ti todo es una fiesta” Steve dijo molesto poniéndose de pie y caminando hacía él,
Tony se levantó en vuelo para dispararle sin embargo el Capitán fue más rápido y aventó el escudo
a los propulsores de vuelo de Stark, cayó de rodillas en la terracería y los escombros.
“Suficiente” la voz de Bruce se hizo presente, sonaba agitada, Natasha volteo a ver a Clint algo
intranquila y el arquero comenzó a disparar hacía ambos, quería en el mejor de los casos,
distraerlos. Fue imposible.
“¿Por qué te molesta tanto mi manera de ser Capitán? ¿Algún trauma de la infancia?” Tony
preguntó burlesco y Steve chilló los dientes, porque era demasiado bajo que Tony sacará a tema el
alcoholismo de su padre. Lanzó con fuerza el escudo hacía el pecho de Stark, sin embargo el
ingeniero atrapó el escudo y lo aventó con fuerza a la tierra, sumergiéndolo mínimo 30
centímetros. Steve estaba desarmado.
“Te pudieron haber matado” Steve dijo molesto intentando ignorar el comentario de su padre, sin
embargo sentía que iba a perder el control de su lengua en cualquier segundo, se mantuvo de pie
frente a él, Tony lo veía incrédulo, no tenía armas, ni escudo, ni protección alguna y se veía tan
íntegro, tan seguro de sí mismo, ese acto de superioridad y auto-confianza lo irritó aún más.
“No es como si te importara mucho” Stark dijo fríamente y Steve soltó una risa entre el enojo, la
impotencia y algo de tristeza.
“No lo sé ¿Te cansas tú de no ser nadie…Steve?” Y Steve había comprendido perfectamente sus
palabras, inclusive aunque el equipo permaneciese perplejo se sintió herido, porque tanto el
alcoholismo de su padre como la depresión que su doble personalidad le causaba se lo había
confiado a Stark aquella noche en su cumpleaños, y era increíble que Tony ni siquiera tuviese un
respeto por eso, sino lo usara para atacarlo.
Este Tony no era para nada parecido al Tony que amaba, este hombre era por cualquier ángulo que
se le observara, insoportable y detestable. Tenía algo, algo que detonaba sus nervios y lo hacía
sacar su lado oscuro, sonrió al encontrar las palabras precisas.
“Prefiero ser nadie a la sombra de Howard” Y eso había sido suficiente para que Tony no se
tentara el corazón y disparara exactamente a su pecho. Porque mierda, hablar de Howard siempre
lo volvía irracional y lo hacía sentir tan pequeño y desprotegido, y era imposible, increíble que
Steve lo hubiese usado en contra de él, se mordió el labio intentando reprimir su llanto.
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Cuando Steve abrió los ojos despertó en un lugar extremadamente familiar para él, muros blancos,
sábanas blancas, ese aroma a cloro y el constante sonido de goteo a su lado. Levantó la mirada azul
para encontrarse con una bolsa de suero, siguió el tubular hasta llegar a su mano, de nuevo en el
hospital.
“Despertaste pronto” una voz femenina lo hizo voltear a la derecha, Natasha no le dirigía la vista,
leía entretenida el periódico sin embargo había notado por el cambio en su respiración que estaba
de nuevo consciente.
“¿Cuánto ha pasado?”
“Solo un día”
“Oh… y ¿Tony?” preguntó intentando sonar casual y Natasha levantó su vista esmeralda del
periódico, sonrió cínica dejando caer el papel en su estómago, Steve lo tomó instintivamente.
Mierda.
“Ambos tuvieron la culpa, pero dime Steve ¿Quién es más bueno ante el ojo público, el billonario
alcohólico o aquel chico débil de Brooklyn que sacrificó todo por su nación?”
Steve sintió un sabor amargo en la boca, detestaba los prejuicios sociales, siempre el mundo se iba
en contra de Stark, por cualquier cosa, recordó el acto estúpido con aquel niño en la cancha de
football, algo tan pequeño siempre se convertía en una demanda, en una acusación legal en donde
satanizaban estúpidamente a Tony.
Esta vez se sentía exponencialmente peor porque había sido su culpa, porque él había atacado a
Tony, porque él había herido intencionalmente a Stark por la impotencia tal vez que le causaba no
entenderlo, no saber cómo acercarse a él, porque pareciese que entre más lo intentaba, más lo
alejaba. Se sentía perdido, con el tiempo contado y tan lejos de él, sentía que era un completo
extraño y eso lo asustaba.
“¿Dónde está?”
“¿Fury?”
Steve no tuvo que escuchar más para arrancarse el suero de la mano y tomar su ropa de la silla,
Natasha sonrió entretenida, no hizo nada para detenerlo. En minutos, ambos tomaban un taxi
afuera del hospital.
Al entrar en la torre notó que al menos Tony ya había abandonado su encierro en el Pent-house,
estaba en la cocina común tomando un líquido ámbar, seguramente alcohol. Fury de frente a él con
mirada exasperada, como cuando un padre tiene que lidiar con un hijo con autismo.
“Director Fury” Steve saludó y no pudo evitar notar como Tony casi se atragantaba con lo que
tomaba al escucharlo, su mirada se tornó inquieta y ansiosa.
“Capitán Rogers, ¿No debería estar en alguna camilla?” Dijo fulminando a Natasha con la mirada.
“Estoy bien”
“Gracias a Dios” Tony murmuró burlesco por lo bajo y dio otro sorbo a su bebida, Bruce había
pasado desapercibido hasta entonces, sin embargo también estaba en la cocina apoyado en la barra
de granito negro. Le dirigió una mirada asesina a Stark.
“No fue culpa de Stark” Steve dijo seguro y la mirada de Fury se tornó incrédula.
“¿No fue su culpa? Puso en riesgo a más de 30 civiles por su ebriedad” Clint dijo enojado.
“Yo lo ataque primero” dijo ignorándolo y Fury soltó una risa incrédula, Tony sin embargo
permaneció quieto, su mirada perdida y su corazón acelerado.
No podía creerlo.
Generalmente era el primero en reprimir sus actos, en quejarse con Fury acerca de su
comportamiento auto-destructivo, de su falta de obediencia y su humor denigrante. ¿Por qué ahora
era distinto?
El recuerdo del beso le quemó los labios e intentó no desvanecerse, sus rodillas temblando. Tal vez
era la maldita migraña, la insoportable cruda la que no le permitía pensar coherentemente. Tal vez
lo estaba imaginando.
Porque era imposible que Steve lo defendiera, así como era imposible que lo besara. Sin embargo
lo había hecho. Tony cerró los ojos intentando pasar desapercibido, todas aquellas ideas armadas
entre el alcohol y desvelo volvieron a él, ¿Y qué si Steve lo quería? ¿Y qué si después de todo veía
algo más en él? ¿Y qué si esa loca idea de Steve saboteando su relación con Pepper era cierta?
¿Por qué sentía este calor en su pecho cada que lo veía? ¿Por qué lo desgarraba todo lo que Steve
decía? ¿Steve realmente creía que él solo era la sombra de Howard? ¿Alguna vez sería capaz de
quererlo como a Howard?
Howard.
“Stark” Fury llamó su atención y abrió los ojos de golpe “¿Accedes?” preguntó intrigado, Steve lo
miraba sobre su hombro, tragó audiblemente.
Mierda, este déficit de atención lo había hecho perderse en sus pensamientos ¿Acceder a qué?
“Sí” dijo dudándolo y Natasha levantó las cejas sorprendida, Steve lo miró incrédulo.
“Muy bien, para su reintegración al equipo necesitaran 5 horas diarias de labor social juntos
durante 6 meses”
Espera.
¿Qué?
¿Juntos?
¿Con Steve?
¿5 horas diarias?
¿6 meses?
No.
“Supongo que al Capitán no le importara pasar unas de sus horas en la empresa” Fury dijo burlesco
y Steve tragó audiblemente, negó con la cabeza.
“Bien” dijo y caminó hacía el elevador, Tony quería seguirlo, quería decirle que estaba loco si
creía que iba a hacer labor social con Steve, además ¿Qué mierda significaba labor social? Natasha
los veía entretenida y Bruce había hecho su mejor esfuerzo para no soltar una risa audible. Ambos
desaparecieron del espacio sin hacer sonido alguno, Tony estaba de pie a menos de 5 metros de
Steve que permanecía rígido dándole la espalda.
¡Oh mierda!
Esto cada vez se ponía mejor, ahora Steve ni siquiera le dirigía la mirada. Una oleada de culpa lo
hizo hablar.
“Yo…. Yo, lo siento” dijo en un susurro porque mierda, realmente no quería disculparse porque
¡no había sido su maldita culpa! Sin embargo había lanzado un propulsor directamente al pecho de
Steve y eso era algo demasiado peligroso, si lo hubiera lanzado un poco más a la izquierda tal vez
hubiese desestabilizado toda la biología del Capitán y lo hubiera matado, o en el peor de los casos
volverlo aquel chico indefenso de 16 años de nuevo.
Y eso jamás se lo hubiera perdonado, porque recordaba nítidamente aquella noche en la que Steve
estaba muy ebrio y él se había quedado en su cama cuidándolo, el Capitán le había confesado que
siempre se había odiado a sí mismo antes del suero, sería lo peor que podía hacerle a Steve para
herirlo, y la simple idea de herirlo le revolvía el estómago. Sin embargo lo había hecho, una y otra
vez.
Steve volteo a encararlo, sus ojos azules dóciles sin embargo su mirada se veía fría y distante.
Tony.
La manera en que pronunciaba su nombre lo hacía temblar, el recuerdo vivo del beso en la mente
de ambos, sin embargo nadie se había atrevido a hablar acerca del tema.
Perdón por no poder controlarme. Tony pensó con la mirada fija en aquellos ojos azules.
Y es que las palabras de Steve le habían atravesado el alma y él de verdad no había sabido cómo,
pero había perdido los estribos de sus emociones y disparado directamente a su pecho.
El silencio se tornó pesado y ambos seguían contemplándose con demasiado que decir y un nudo
en la garganta.
Porque Tony quería explicaciones, quería conocerlo, quería saber que pasaba por su mente, porque
hasta la fecha Steve había sido indescifrable para él y eso lo volvía loco. Porque lo quería,
estúpidamente lo quería desde que tenía 5 años y cualquier acción por pequeña que fuese del
Capitán lanzaba más viento al fuego hasta hacerlo consumirse en esta mezcla de emociones que no
sabía expresar.
Y Steve por el otro lado lo extrañaba tanto, había luchado durante meses por hacer que Howard lo
regresara a esta época, sin embargo en este instante frente al hombre que amaba se sentía perdido y
solo, porque realmente no conocía a Tony, no sabía cómo llegar a él ni que palabras decir. Se
sentía impotente, su mente una madeja de posibles argumentos y sus pies tan anclados al mármol.
Tony balbuceo, estuvo a punto de decir algo, lo que fuera, sin embargo cerró los labios
instintivamente.
No.
Steve no era para él. Así como Pepper jamás lo había sido. Así como nadie lo sería jamás.
Necesitaba un tragó.
Le regaló una sonrisa rota a Steve y caminó hasta el elevador, saliendo de la torre.
Steve permaneció quieto quien sabe cuántos minutos más, quería seguirlo, quería subir al pent-
house y esperarlo, quería tocarlo, abrazarlo, ir a cenar con él, compartir aunque fuese instantes con
él. Pero permaneció en silencio, la mirada fija en dónde hace unos minutos Tony había estado.
A las que no han visto Civil War, la van a amar/odiar, sobretodo odiar a Steve porque
AASGSHDJFSS, en fin, el final es muy Stony, y estoy pensando en escribir algo de
eso si tengo tiempo, me gustaría saber sus críticas de la película ya que la vean <3
Acciones sobre palabras.
Steve seguía con la vista fija en la pantalla de cristal del Starkphone 4 que sostenía entre manos,
curiosamente le había gustado más esta versión que la que tenía en el 2020, sí, también era un
Starkphone – obviamente – pero era una versión XSPlus y le había costado meses descifrarlo, este
en cambio era más pequeño, sí, pero mucho más amigable. Debía decirle a Tony que no todos
tenían la misma capacidad de aprendizaje que él, y que debía conservar este modelo como el
perfecto clásico.
El minuto cambio.
5.15
Así de sencillo se le escapaba entre los dedos otro minuto en esta dimensión, otra oportunidad de
conocer, comprender el mundo. . . Y a Tony, aunque a cada momento lo veía más imposible,
inclusive se podría decir que casi se daba por vencido en ello, llevaba cerca de 2 semanas sin verlo
por más de 5 minutos o una cena rápida, huía antes de que Steve pudiese armarse de un gramo de
valor para pronunciar su nombre, y es que cada sílaba le pesaba en el pecho y le hacía temblar los
labios.
Quería hablar con él, lo necesitaba cerca, sin embargo no tenía puta idea de cómo comenzar una
conversación y era en extremo frustrante porque estaba tan acostumbrado a decir cualquier
estupidez y que Tony concentrara su atención en él. Todo era tan diferente ahora.
“Capitán, le recomiendo que suba.” Jarvis dijo serio y Steve levantó la mirada al techo – porque a
pesar de que Tony le repetía una y otra vez que Jarvis era omnipresente, Steve no podía quitarse el
hábito de hablarle al techo –
“¿Algo anda mal?” Preguntó exaltado y Jarvis al notar el incremento en sus palpitaciones habló
con un tono de voz algo risible.
“No, todo está en orden. Solo creo que el señor Stark se encuentra indispuesto”
Indispuesto
Sabía que ese era un código para ebrio y soltó un bufido molesto, entró al elevador y presionó el
botón de Pent-House, al entrar notó todo perfectamente acomodado, dio ligeros pasos por la cocina
hasta contemplar a Tony acostado en el piso de la estancia, la música a todo volumen y varias latas
de cerveza alrededor. El primer impacto fue alterarse, las peores posibles ideas pasaron por su
mente, una congestión alcohólica, un desmayo, un ataque... se acuclillo de inmediato a su lado
tomándole una mano entre sus manos, pronunció su nombre con voz rota y Tony abrió los ojos de
golpe, se retiró del contacto automáticamente levantando el pecho, apoyándose sobre sus codos.
"¿Steve?... ¿Qué pasa?” La última pregunta salió en un tono molesto hasta que notó la mirada
preocupada de Steve seguida de un profundo sonrojo, lo miró extrañado, Steve se había
preocupado por él, lo había tomado de la mano instintivamente. Sintió un extraño calor placentero
en su estómago.
“Nada, yo solo...” Y era tan adorable cuando Steve no encontraba las palabras precisas, tanto que
el calor aumentaba en su interior, sacudiéndolo hasta agitarlo, hasta asustarlo.
“¿Qué haces aquí?” Preguntó a la defensiva porque le molestaba no poder tener control sobre sí
mismo cuando Steve estaba tan cerca de él, se sentía indefenso, vulnerable y lo peor de todo,
consciente que se encontraba en las manos de Steve. Para bien o para mal, ese hombre le sostenía
el alma, solo que Steve aún no lo sabía y Tony, mierda, hacía un trabajo perfecto evitando que se
enterara.
“Yo... Solo vine porque a las 5 debimos haber estado con Fury, en el reporte semestral con el
senador” dijo con voz apagada porque mierda, la mirada que Tony le dirigía era tan gélida, era tan
evidente la molestia que la sola presencia de Steve le causaba.
“Ah sí, no iremos” dijo indiferente y Steve de verdad tuvo que morderse la lengua para no gritarle
porque había cancelado absolutamente todos sus pendientes precisamente porque Tony había dicho
que irían.
“Sí, pero luego eso se me atravesó” dijo con una sonrisa cínica y la mirada fija en la botella de
whiskey a la mitad sobre la barra de granito negro.
Tomó la botella y sin dudarlo la arrojo al piso de mármol, estalló en miles de cristales y el líquido
se derramó por toda la cocina, Tony al contemplar la escena, se levantó enfurecido caminando
hasta él sin realmente pensarlo, cegado por el alcohol, la irracionalidad que este hombre le
provocaba, y el odio a sí mismo por siempre causar esa mirada de decepción en Steve.
El capitán estaba de pie, desafiándolo, esperándolo, porque ya estaba harto, verdaderamente harto
de este Tony, en medio de la agitación de su enojo llego a pensar inclusive que era un idiota por
creer que este Tony tenía una pizca del que había conocido, este hombre no era para nada el que
había amado, era solo un extraño en el mismo cuerpo y realmente no le importaba en lo más
mínimo.
Stark caminó hacia él molesto, dio tres pasos y al cuarto no pudo contener un grito involuntario,
salió por reflejo y estaba matizado en dolor, sus ojos llorosos y una respiración agitada, Steve
sintió como su pecho se contraía, acortó la distancia entre ambos hasta tocarlo con gentileza, bajó
la mirada siguiendo la de Tony para encontrar ya un charco de sangre mezclándose con alcohol,
entre la ebriedad y el disgusto no había notado los cristales de la botella rota y con su maldita
costumbre de siempre andar descalzo se había encajado el mayor justo en medio de la planta del
pie, Steve vio como era incapaz de apoyar de nuevo su pie, como intentaba por mero orgullo
retener las lágrimas de dolor.
Sintió como si el dolor físico de Tony se manifestara en un agudo dolor en su pecho. Sí, Steve
mentía. Se había mentido a sí mismo desde hace dos semanas, inclusive desde antes, se había dicho
que este Tony no era en nada como el que amaba, que no era importante, ni relevante, que debía
esperar a que “algo” pasara para que Stark cambiara y se convirtiera en quien él amaba. Se había
dicho a sí mismo que le importaba un carajo.
“Tony” Steve dijo con voz quebrada e intento tomarlo de la cintura, ayudarlo a caminar, ayudarlo a
no desangrarse porque si bien tal vez no había cortado una arteria, la sangre era escandalosa y ver
tanta en el mármol blanco lo estaba enloqueciendo.
Stark como siempre se soltó de su agarre agresivamente, haciéndose perder el equilibrio, apoyó el
pie lastimado en el piso en un reflejo de no caer, el alcohol derramado haciendo contacto directo
con la herida abierta. Tony no pudo contener su grito agónico, ni su llanto, ni su temblor
involuntario, le quemaba no solo el pie, sino la pierna, un dolor intenso haciéndolo perder los
estribos, haciéndolo como siempre, frágil.
“¿Cómo puedes ser tan individualista!?” Steve preguntó molesto tomándolo del brazo con fuerza,
Tony levantó la mirada enfurecido, estaba a punto de gritarle que se largara, que no necesitaba su
lástima o sus cuidados, sin embargo vió algo que jamás había percibido. La mirada de Steve era
oscura, translucida, un azul cobalto ahogado en preocupación, en dolor, sus manos firmes
sosteniéndolo gentil, Tony suavizó la mirada inconsciente de ello, podía jurar inclusive que no
encontraba ni una pizca de lástima o de enojo en su mirada, solo preocupación y tal vez, solo tal
vez, un gramo de cariño.
“Si no me dejas ayudarte, entonces ¿Cómo somos un equipo?” Steve lanzó la pregunta retórica en
un murmullo.
Sintió como si su corazón se estrechara y después saliese disparado en incontables latidos por
minuto, sintió su cuerpo temblando y una estúpida sonrisa en las comisuras de sus labios, sabía que
su mirada era cristalina y podía justificarlo por el ardor en la planta del pie derecho. Por supuesto
que era mentira.
Y Stark por primera vez en estas tres semanas, lo había escuchado y había asentido, Steve lo ayudó
a llegar hasta el baño, tomó una pequeña toalla y mientras lo sentaba en el mueble de madera junto
a la regadera abrió el agua, había diversas llaves, diversos monitores, miles de maneras distintas de
programar el agua, por un instante se sintió perdido, hasta que escuchó una risa tras de él. La
primera en 3 semanas.
“La C-5 con presión de 1.2” dijo con una sonrisa burlesca y Steve volteó algo avergonzado.
Obedeció y mojó la pequeña toalla, una vez húmeda se acuclillo delante de él y comenzó a limpiar
la herida, Tony lo contemplaba analítico, cada toque de Steve era calculado, gentil y
estratégicamente planeado para no lastimarlo. Stark sintió un golpeteo en el pecho, aún más fuerte
que el anterior, esta vez se contuvo de huir.
El capitán al haber limpiado completamente la herida caminó sin dudarlo hacía el mueble lateral
del walking closet, encontró sin preguntar el botiquín de emergencias y entonces Tony lo miró
incrédulo, ¿Cómo era siquiera posible? Si Steve jamás había subido ni entrado a esta área de la
torre, sintió un nudo en la garganta, su mente brillante analizando todas las posibilidades.
Steve se acuclilló de nuevo junto a él, tomó hilo y una aguja y en ese instante la concentración de
Stark se rompió.
“¿Qué estás haciendo?” Preguntó exaltado y Steve levantó la mirada sin entender realmente la
pregunta.
“Preparándome para coser tu herida” Contestó como si fuese lo más obvio del mundo y metió el
hilo a la aguja.
“Tony…”
“Definitivamente no Steve”
Tony Stark a veces era un niño de 7 años, y mientras a muchos les parecía molesto e inclusive
inmaduro, a Steve le revolvía el corazón y le sacaba esa sonrisa estúpida que había intentado borrar
los días que el ingeniero estaba en las áreas comunes.
“Vamos Tony, confía en mí” dijo con una sonrisa sincera y notó como Tony tragaba difícilmente,
su mirada cristalina y sus labios temblando, notó como sus ojos se volvían turbios y sus músculos
se tensaban. Después de un segundo de silencio Stark cerró los ojos y asintió.
Para Tony le era casi imposible confiar en alguien, le era imposible mantener una complicidad, una
relación, tal vez porque todas sus experiencias habían sido desgarrantes, primero Howard, después
Obi, hace unas semanas Pepper y ahora estaba consumido por la ansiedad y el pánico al tenerlo tan
cerca y sentirse tan vulnerable, tan expuesto.
Tal vez no debía esperar a que “algo” cambiara a Tony, a que un evento extraordinario le
devolviera al hombre que amaba, tal vez ni siquiera era alguien diferente, era el mismo que había
conocido, el mismo que hubiese conocido 100 años antes o 100 después. Tal vez simplemente
debía ser íntegro porque mierda, se repetía una y otra vez que se debía amar no solo lo bueno, sino
también el lado más oscuro y estas semanas no había hecho nada más que huir, darle miradas
ajenas de desaprobación cuando llegaba ebrio a querer establecer una plática incoherente.
Mierda, se había convertido en el Steve moralista y rígido, en aquel cobarde que esperaba solo lo
bueno de Tony, solo aquellas noches de sexo, esas tardes de vinos, de pláticas, esos momentos con
Peter…
Y es que amar no es aquel estado de paz, de tranquilidad y resolución, amar no es solo esa
seguridad de saber que alguien sostendrá tu mano frente al mar tranquilo o frente al tsunami. No,
amar era esta incertidumbre, esta dificultad al descifrarlo, esta vulnerabilidad, este saco de defectos
que ambos cargaban, este infierno que lo aterrorizaba, que lo hacía sentir tan incapaz de soportarlo.
Amar era conocer a Darth Vader, cuidar a Darth Vader, amar a Darth Vader. Saber que en
cualquier instante esa persona te puede partir el alma y no tener miedo.
Clavó sus ojos azules en los castaños de Tony, Stark permanecía callado, observándolo atento,
Steve se acercó lentamente, su mano temblorosa en su mejilla y su cuerpo desapareciendo
lentamente la distancia entre ambos hasta que sus labios tocaron suavemente los de Tony, sintió
como Stark se estremecía intentando pescar aire, sintió a través de su cuello las palpitaciones
desenfrenadas, sus parpados cerrados y sus movimientos tan temerosos.
Steve dio oportunidad de que Stark lo rechazara, sin embargo Tony lo tomó del cuello de la camisa
acercándolo más a él, besándolo por primera vez. Abriendo su boca y entrelazando ambos brazos
alrededor de su cuello, cerrando los ojos y lagrimeando de éxtasis y temor, Steve le correspondió
intentando plasmar todo lo que pensaba en ese instante.
Antes de que el beso se convirtiera en un preámbulo sexual, Steve rompió el beso dándole una
sonrisa sincera, las mejillas de Stark rojas y sus ojos café destellaban vibrantes, Steve soltó una risa
involuntaria porque mierda, jamás lo había visto en una faceta tan tierna.
“Déjame a mí decidirlo”
“Te voy a romper” dijo fríamente porque se conocía, se conocía por 42 años y sabía que él no
podía entablar una relación con nadie, era demasiado infiel, alcohólico, insensible…. No quería
una relación, al menos no con Steve. Sin embargo era tan sublime creer que al menos, por ese
instante podía ser feliz. Por primera vez en su vida se sentía seguro.
Tony había accedido a estar con él, tal vez no de manera pública y formal como Steve hubiese
deseado, pero al menos había pasado la noche con él, no que hayan compartido algún momento
íntimo o siquiera una plática a medianoche, pero se había quedado… No que realmente pudiese
huir con el pie vendado…
No, mierda.
Steve cerró los ojos intentando dejar de pensar en eso. No, conocía a Tony, si hubiese querido
deshacerse de él se lo hubiera dicho sin tocarse el corazón, suspiró audiblemente moviéndose entre
las cobijas, los brazos de Tony aferrados a su cintura, su mirada azul no podía abandonar el rostro
pacifico de Stark, lucía tan tranquilo, tan inocente, tan dócil, se sentía de nuevo en casa.
Después de unos segundos sintió el cuerpo menudo del ingeniero revolviéndose entre las sabanas,
sus brazos se tensaron en su cintura y sus parpados temblaron, sus tupidas y oscuras pestañas
dejaron ver sus ojos castaños, la luz del amanecer matizándolos de un amielado casi inofensivo.
“Buenos días” Stark dijo en voz muy ronca, sus ojeras notables y esa clara expresión de resaca en
todo su rostro.
“Buenos días” Steve dijo con una sonrisa amplia y dio un beso en su frente, solo para reafirmar el
estado en que su relación se encontraba. Tony no lo rechazó.
“¿Sigues molesto por lo de Fury?” Stark preguntó ya consciente y Steve lo vio algo impresionado.
“Creí que no te acordarías de nada con tu estado de ebriedad” dijo sincero y Stark soltó una risa
audible, después se llevó una mano a la frente, arqueo las cejas. Cada gesto del billonario era
naturalmente seductor, Steve había olvidado que se sentía estar tan cerca de él, porque sí, guardaba
los recuerdos, pero vivirlo era completamente otra experiencia. Se sintió corto de aire.
“Ya es mi estado natural” Stark dijo bromeando y se talló los ojos, desenredando los brazos del
cuerpo ajeno y arqueando la espalda, estirándose como gato a todo lo largo de la cama. Era
deleitable.
Steve sintió un brincoteo en el pecho y estas absurdas ganas de decirle que lo había extrañado, que
lo había dibujado incontables ocasiones en todas sus posibles gesticulaciones pero que todo
quedaba tan chico comparado a él, moría de unas absurdas ganas de decirle que lo amaba… Pero
no. Tony no lo amaba. Es más, ni siquiera sabía si lo quería, tal vez solo le atraía, tal vez quería
cumplir una fantasía rezagada en sus recuerdos de la infancia, se mordió el labio preocupado, su
mirada se tornó oscura y ausente.
“¿Pasa algo?” Tony preguntó algo temeroso al ver el súbito cambio en la expresión del Capitán.
Sentía no miedo, pánico. Pánico de que Steve se arrepintiera de estar aquí, de que en cualquier
momento un rayo de lógica acudiera a su mente y le gritara que escapara, que él no valía la pena,
que no era lo suficientemente bueno para estar a su lado.
“No, nada” La mirada de Steve se suavizó, una ligera sonrisa en sus labios “Supongo que estamos
juntos ahora ¿No?”
Tony tragó audiblemente, su cuerpo se separó del de Steve, su mirada comenzando a cristalizarse.
Juntos.
Él y Steve.
Steve Rogers, el hombre del que su papá siempre hablaba, el héroe nacional por excelencia, un
ícono mundial, benevolente, generoso, inocente, tímido, valiente. Mierda, y él, él era una madeja
de problemas, un desastre andante, tan alcohólico, tan dependiente, tan perdido. No estaba en
condiciones de tener una relación ahora, ni ahora ni después, ni nunca. Sin embargo su egoísmo
innato le gritaba que SÍ, que estaban juntos, que Steve era de él. Que lo quería, que lo había
querido desde que tenía 7 años y hurtaba viejos videos de Howard sólo para verlo, para imaginarlo.
“Supongo… Si tú quieres, claro. Bueno, no. Yo no soy bueno en relaciones, tal vez no….” Steve
sonrió y le dio un beso en los labios.
Así que sí, Tony había accedido a estar con él, eso no quería decir que había accedido a sólo estar
con él.
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“Octubre, Hospital Nacional Infantil” Steve leyó en voz alta, su vista clavada en la hoja y su mano
sobre el vaso de cristal de un litro de jugo de naranja. Tony con la vista fija en el vaso intacto
delante de él.
Stark hizo un gesto de desagrado, sin embargo un calor lo embargo al sentirse de cierta forma
dominado, sumiso, era algo que jamás había experimentado en su vida y así como lo hacía sentir
vulnerable, también lo excitaba. Clavó su vista en el líquido naranja, Steve no pudo evitar sonreírle
y Tony se sonrojó tenuemente, de esas acciones impulso imposibles de evitar y notar, excepto para
Natasha.
“¿Qué está pasando?” Natasha preguntó con mirada analítica y algo severa sobre Stark.
“Nada” Tony dijo con una sonrisa cínica tomando el vaso, di un sorbo temeroso, sabía mucho
mejor que la clorofila que tomaba antes del nuevo elemento. Dio un sorbo más largo.
Stark torció los ojos molesto sin embargo obedeció, al momento en el que el elevador cerró las
puertas todos en la estancia se voltearon a ver perplejos.
“No es gracioso, Steve no sabe a qué se mete” Natasha dijo molesta y Bruce le lanzó una mirada
desaprobatoria por lo bajo.
“¿A qué te refieres con que no se ve del tipo? Es exactamente lo que Stark busca; ingenuo,
corrompible, es mero deleite egocéntrico” Clint refutó aún con esa sonrisa en los labios.
“No podemos permitir que suceda, será el final para el equipo” Natasha dijo descuidando sus
palabras, mostrando su verdadera preocupación: que esta “familia” se quebrantara.
“¿Por qué el final? ¿Por qué nadie piensa que tal vez forman el perfecto balance?” Bruce preguntó
con la mirada distraída y sus palabras cautelosas, no quería estallar una guerra, inclusive cuando él
mismo hablaba mal de Stark, no podía soportar que los demás lo juzgaran tan rápido. Su imagen
sometida a los prejuicios sociales.
“Seamos sinceros, Stark es demasiado centrado en sí mismo como para darse la oportunidad de ver
más allá…y Steve, tiene una moral tan rígida que tampoco se permite una visión amplia. Es un
fracaso desde el inicio” Natasha dijo fríamente y Bruce tragó audiblemente.
Sí, aunque quisiera defender a Tony el argumento de Natasha había sido muy sólido, los defectos
de ambos eran decisivos y los apartaban a una distancia abismal, era solo estúpido de pensarlo, y
tal vez por eso, por la mera improbabilidad le resultaba fascinante. Era observar dos universos
colapsar, cuando dos cuerpos celestes chocaban en la física se creaba sí, un desastre, un exterminio,
pero también nuevas galaxias, hoyos negros y planetas. Era algo devastador y genuino. Aunque su
moral humana quería nublar sus pensamientos, no pudo mentirse a sí mismo, sentía una
fascinación extraña por la simple idea de que tal vez en este mundo caótico y sin sentido, Tony
Stark se enamorara al fin.
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“¿Cuánto dinero necesitan? ¡Solo firmamos un cheque y ya!” Stark dijo enojado, sus pupilas
dilatadas y sus palabras entre dientes, su cabello revuelto por el insoportable calor y la humedad
del aire que hacía que todo su cuerpo sudara y se volviera pegajoso, adhiriéndose a la camisa
blanca de seda que vestía.
Sí, estaban “juntos” y Steve pensó que tal vez eso ayudaría a que todo tomara el rumbo a la
relación que él conocía.
“Labor social no es solo firmar cheques Stark, es venir y dar horas de servicio a los niños” Steve
repitió de nuevo aun de pie bajo el sol, sí, Tony solo había ido el primer día y después de ver lo
que labor social era había decidido desaparecerse una semana, había pretendido que trabajaba y
Steve había creído su mentira, firmando por él y haciendo el doble de horas. Que equivocado
estaba de nuevo.
Sentía el coraje hirviéndole la sangre y la bilis acumulada subía de su estómago hasta sus labios,
era imposible razonar con este hombre.
“La labor social es para estudiantes, para personas que buscan limpiar sus pecados y que NO
dirigen una compañía internacional multibillonaria”
Y Steve estaba muy tentado a decirle que Pepper hacía todo, pero sabía que Pepper era un tema
sagrado del cual Stark no hablaba, así como también había notado que no preguntaba nada acerca
de Peggy, lo cual era un alivio, porque su consciencia seguía muy intranquila al respecto.
“Es como una condena y si queremos nuestros cargos en el equipo tenemos que hacerlo”
“Nuestros cargos en el equipo” Stark lo imitó con una genialidad infantil que hizo que el Capitán
chillara los dientes “Steve eres el maldito Capitán América, sin ti no hay Vengadores, así de
simple, y si tú dieras la orden yo podría volver sin problema”
“Tienes razón, y no daré la orden hasta que cumplas con tus 5 horas diarias de labor social”
Stark se quitó los lentes del sol agresivamente y caminó hasta él empujándolo moderadamente,
escupió un gélido “Eres un idiota” y en breves segundo el Audi r8 negro había desaparecido,
fabuloso, Steve no tenía ningún problema con caminar 40 manzanas.
Mierda.
Bruce y Clint ya habían hecho una apuesta, Natasha por su lado se había mantenido en un análisis
silencioso y temible. Clint apostaba por su lado que Steve se cansaría demasiado pronto de Stark y
que si no lo hacía, Stark se las arreglaría para huir de él o arruinar todo. Banner por su parte
apostaba – o más bien, deseaba – que Stark se enamoraría de Steve y encontraría cierta paz en él.
¿El premio?
EL laboratorio de Banner contra todos los arcos y flechas de Clint. Natasha no opino al respecto
sin embargo aunque su frialdad dictaba que estaba orientada al lado de Clint, su corazón quería que
Banner tuviese razón, porque mierda, después de conocer a Stark por más de 4 años sentía que
merecía ser feliz, aunque fuese por un instante.
“¿Han visto a Steve?” Tony preguntó y al sentirse ignorado carraspeo la garganta, ambos voltearon
a verlo, Clint incrédulo y Tasha amenazante, estaban a punto de decirle que el Capitán había salido
a alguna reunión cuando Banner entró a la cocina en busca de té helado. Maldita suerte.
“¿Steve? Dijo que dormiría temprano ¿No?” Preguntó inocente y ambos espías lo fulminaron con
la mirada, Stark simplemente asintió en gesto de agradecimiento y caminó por el pasillo
perdiéndose entre la oscuridad, cuando llegó frente a la puerta de Steve tuvo un micro-ataque de
pánico, ¿A qué venía realmente? ¿A disculparse? No, no tenía por qué disculparse de nada. Tal vez
por abandonarlo en el hospital, y por mentirle y hacerlo hacer sus horas de labor social… ¡No,
mierda! Giró sobre sus talones intentando huir cuando escuchó como la puerta se abrió.
Palideció de inmediato.
“¿Sí?” Steve dijo con brazos cruzados apoyado en el marco de la puerta, su mirada severa pero una
transparente sonrisa en la comisura de los labios.
“Yo, yo solo quería… pedirteunadisculpa” Las últimas palabras las dijo en un murmullo y sin
dicción alguna, después le dio una sonrisa carismática de esas características de los eventos
sociales e intentó huir, Steve lo sostuvo de la camisa de manera juguetona hasta que lo metió a su
cuarto, cerró la puerta tras de él, lo empujó suavemente hacía el muro, besándolo tiernamente,
Stark sintió como se derretía, como su cuerpo se iba destensando con solo sentirlo.
“Disculpa aceptada si pasas la noche aquí”
“¿Me estas condicionando Rogers?” Tony preguntó con esa mirada seductora tan natural en él,
enloquecía al Capitán darse cuenta que esta misma mirada lo mataba ya sea en el 2012, en el 2020,
o en el 2030. Tony siempre tendría un poder sobre él, por un segundo una pregunta bloqueo su
mente.
Cuando volviera a la dimensión, si Howard tenía un hijo, y si era Tony ¿Le robaría el alma la
misma mirada en cuerpo de un niño?
No, debía dejar de pensar en eso. Sintió como los labios de Stark trazaban un camino por su cuello,
lo tomó de la cintura elevándolo fácilmente, cargándolo hasta la cama, lo dejo caer no tan
suavemente, Stark dejó salir un gemido grave.
No había sido la primera vez que amaba a Tony, no había sido su primer sexo, aunque sí, su
primer sexo había sido con Stark, se puede decir que había adquirido práctica, sin embargo aun así
fue tan inesperado.
Porque no recordaba que Tony fuese tímido o que tuviese algún respeto propio cuando se trataba
de sexo, era sucio, ruidoso y descarado y a Steve lo enloquecía. Esta versión de Stark era distinta,
era más frágil, más tierno, con el penetrante aroma a cigarro y el eterno aliento alcohólico, con sus
manos tímidas y sus gemidos tenues.
El sexo que Steve conoció, el del 2020 era un sexo casi de rutina, de esos llenos de experimentos
diversos y palabras sucias, tenían sus momentos de quietud, de lentitud y conversaciones. Pero no
era nada comparado a este sexo, el primero que vivían juntos.
En el que Stark tenía pánico de no ser lo suficientemente bueno y Steve de jamás haber afrontado a
un Tony tan tierno, tan dócil y al mismo tiempo tan frío. Lo sentía no solo frágil, sino inseguro de
sí mismo, de su cuerpo y sus acciones. Y era una estupidez porque a sus 51 años andaba desnudo
por la casa sin menor pena, y a sus 42 años en pleno acto sexual no había permitido que Steve le
quitara la camisa.
Al principio el Capitán creyó que bromeaba, después se dio cuenta que realmente no quería
descubrirse el pecho y accedió sin entender realmente la razón. Después del paso de las horas y
mientras contemplaba a Tony dormir tranquilamente se sintió muy tentado a levantarle la camisa,
solo por curiosidad de ver que escondía Stark con tanto ímpetu, porque no solo tenía su camisa de
seda, sino una playera gruesa debajo.
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Bruce y Natasha se sentaban de frente en la barra desayunador, la mirada de ambos fija en los ojos
ajenos y el aire tenso.
Del pasillo que conducía al cuarto de Steve salió Stark con la misma ropa que había vestido el día
anterior, ambos se mantuvieron en silencio sepulcral, la mirada de Banner incrédula. Steve salió
después de él con un tenue sonrojo y una sonrisa demasiado grande para ser normal.
“Haré de desayunar ¿Huevos y Pancakes?” dijo con la misma estúpida sonrisa en su rostro y se
metió a la cocina, tanto Natasha como Banner fulminaron a Stark con la mirada, después de unos
segundos Bruce soltó una risita.
“Huevos y Pancakes en Sábado por la mañana… Wow, de verdad eres un genio” dijo
contemplando a Tony con sincera admiración y el ingeniero no pudo evitar soltar una risita,
Natasha se levantó y se fue sin decir nada.
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Sin darse cuenta realmente Stark había cambiado, había accedido a ir con Steve a la labor social,
había aprendido del Capitán que la verdadera ayuda no era donar miles de millones que al final
quedarían en manos de los dirigentes corruptos, sino esto. Estar. Contar cuentos, jugar con ellos,
platicar acerca de todo o de nada, llevar pequeños obsequios, comidas distintas, esta clase de cosas
que un padre debería hacer. Esta clase de cosas que Howard jamás hizo con él.
El hospital infantil tenía diversas divisiones, ellos habían sido requeridos en el área de quemaduras
de segundo y tercer grado, al principio Stark no iba a mentir, fue difícil digerir los rostros
transfigurados, observar lo natural que a Steve le parecía y como no hacía ninguna discriminación
le dio coraje para evadir sus propias percepciones.
Steve era de verdad bueno. Sí, era terco y prejuicioso, moralista y a veces estúpido. Pero
verdaderamente disfrutaba saber que su existencia aportaba algo a la de los demás. Lo admiraba
por ello, deseo en silencio algún día ser más como Steve.
Al Capitán por su parte se le habían pasado las semanas como agua, eran los últimos días en su
voluntariado obligatorio y juro volver inclusive cuando ya no debían cumplir con horas de
servicio, Stark extrañamente había accedido.
Eran cerca de las 6 de la tarde y su tiempo de irse llegaba, Steve caminó por los pasillos en busca
de Tony, a lo lejos lo contempló acuclillado delante de un niño de edad aproximada entre 3 y 4
años, cabello quebrado y grandes ojos azules, notó como Tony jugaba con un dinosaurio de
plástico, después se sentaba en el piso sucio del hospital, y tomaba al niño del cuerpo hasta
sentarlo en su regazo.
Sintió su pecho encogerse y su corazón dispararse, sus ojos cristalinos. Mierda, extrañaba
demasiado a Peter. Se mordió el labio nostálgico y caminó en silencio hasta Stark, el niño lo
alcanzó a ver por el hombro de Tony y pronunció su nombre, Stark volteo con una enorme sonrisa,
se levantó del piso cargando al niño en su antebrazo, el dinosaurio de plástico en la otra mano, su
cabello quebrado, su traje exclusivo manchado y arrugado y su sonrisa verdaderamente amplia, sí,
ese era el Tony que él amaba.
Steve lo dejó salir sin cuidado, sin contenerse, sin pensarlo, porque la nostalgia de Peter y la
escena frente a sus ojos había sido suficiente para pensarlo, porque de haber querido hubiese sido
un poco más directo y se lo hubiese propuesto ahí y ahora, la sonrisa de Tony se rompió y el
Capitán supo que había cometido un error.
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No hubo tiempo de hablar de eso, Stark había bajado al niño, sonreído casi ahogadamente y salido
del hospital casi corriendo, Steve lo siguió e intentó traer las palabras a tema pero Stark era
perfecto evadiendo los temas que no le convenían.
Pasaron dos días más y Tony se había encerrado completamente en el Pent-House, Steve sintió que
tal vez debía subir pero su misma terquedad y orgullo lo hicieron esperar a que Stark se disculpara,
al tercer día y de mañana el elevador hizo un sonido, Steve estaba en la cocina con Natasha
aprendiendo a hornear, ambos pares de ojos se fijaron en el elevador, Steve con esperanza y
Natasha con disgusto.
Una chica pelirroja de piel palida y grandes senos salió del elevador, vestía una camisa de Stark
semi-abierta dejando ver su voluptuosa figura, unos calzoncillos negros y sujetaba en la mano un
short de mezclilla y unas sandalias.
Steve la miró incrédulo, sí, era verdaderamente hermosa y tenía cuerpo de mujer, sin embargo su
rostro la delataba, esa niña no tenía más de 18 años, ¿Qué hacía bajando del Pent-House?
“Hola, ¿Le pueden decir a Tony que tuve que partir? Aún no despierta, gracias” dijo con mirada
intrépida y al final regaló una sonrisa sincera antes de desaparecer de su vista.
Fue breve, fue dulce, y fue todo lo que Steve necesitaba para quebrarse por dentro.
Entre traumas y adicciones
“Steve…” Natasha dijo en un tono solidario por no decir algo lastimero, tomó delicadamente la
camisa de Rogers en espera de una respuesta.
Steve estaba petrificado, anclado al mármol blanco, su mirada aún fija en el sitio en donde aquella
extraña había estado de pie hace un momento.
No, no hacía falta preguntar quién era, no quería saber la respuesta a pesar de que era evidente.
Steve sintió un sabor amargo cegar su coherencia, no solo por el hecho sino por la edad de la
chica, ¿Cómo era siquiera posible que Tony se involucrara con alguien 25 años menor, o más? Era
antiético por cualquier ángulo. Cerró los ojos y apretó los puños, sí, genio, billonario, filántropo, y
mujeriego. Eso Tony lo había dejado muy en claro desde el principio. Era solo que Steve
estúpidamente había creído que él sería suficiente para Tony, que poco a poco en estas semanas, ya
meses, Stark había comenzado a cambiar.
Natasha permanecía rígida a su lado, lo tomó de la muñeca con pulso firme, Steve abrió los ojos al
sentirla.
“No hagas nada de lo que te puedas arrepentir” dijo en voz filosa y el Capitán se dio cuenta que
esta mujer lo conocía bien, porque todos siempre creían que el impulsivo-agresivo era Stark, y ella,
esa mujer pelirroja de ojos verdosos lo conocía.
Porque Tony podía ser impulsivo y agresivo, pero siempre era auto-destructivo, se enojara con
quién se enojara, sufriera lo que sufriera siempre se martirizaba a él mismo, ya sea físicamente o
emocionalmente. Tony era un peligro para él mismo.
Pero Steve… era raro que el hombre se sacara de quicio, pero cuando lo hacía era imparable, podía
desfragmentar absolutamente a todas las personas que amaba en un cumulo de decisiones estúpidas
tomadas al impulso, su terquedad lo hacía siempre llegar hasta el final de la línea, para bien o para
mal. Steve era un peligro para todos.
Rogers se soltó agresivamente del agarre de Natasha, sin medir realmente su fuerza y lastimándole
la muñeca a la agente, entró al elevador cerrando de inmediato las puertas.
“Clint, necesito refuerzos” Natasha dijo a través de su Starkwatch, temía por la vida de Stark. No
sabía realmente si era la evidente desventaja física o la falta de autocontrol de Steve, o que tal vez
en estos años le había tomado cierto cariño.
Steve salió del elevador, el Pent-house estaba impregnado de un olor peculiar, algo así como rosas
y perfume Dolce&Gabanna. Bufó molesto subiendo las escaleras a pisotones, empujó la puerta
pesada de parota de la habitación principal, encontró el cuerpo de Tony tapado en un edredón
ligero blanco impecable. Se acercó molesto.
Era lo suficientemente cínico para dormir con ella en la misma cama en la que a veces dormía con
él.
Caminó molesto al baño en búsqueda de un vaso de agua helada, al llevar al lavabo encontró un
plato de cristal con polvo blanco, un billete de 100 dólares enrollado como si fuese un cigarro
hueco.
“No, Steve. Si es que aun te acuerdas de mí” dijo molesto y entonces Tony hizo realmente un
esfuerzo por ver más claramente pero mierda, estaba tan cansado. Se llevó la mano a la cara
intentando así aclarar sus sentidos.
Tenía difusas imágenes en su mente acerca de Naeri encima de él, Naeri desnuda, la cocaína en el
baño, las botellas de vodka que se habían robado de una gasolinera, una persecución a medianoche,
un blowjob mientras conducía… Mierda.
“Sé que nunca tuvimos un acuerdo de fidelidad, no debería ni siquiera decirte nada… Pero, ¿Por
qué yo? Si las tienes a ellas ¿Para qué me necesitas?”
Porque cuando Pepper lo había encontrado en estas circunstancias generalmente preguntaba ¿Por
qué otra? Por qué tenía a otra mujer si la tenía a ella, lo cual era bastante lógico. Sin embargo Steve
preguntaba lo opuesto, y no tenía respuesta para eso.
La respuesta a la pregunta de Pepper era sencilla: “Porque estaba ebrio” “Porque estaba muy
drogado y no supe realmente que hacía” “Porque sentí que en ese momento estaba bien hacerlo” o
simplemente “Porque pasó” Porque generalmente cuando comienzas a beber demasiado y a
mezclar pequeñas pastillas o marihuana, terminas en un lugar completamente desconocido con
personas desconocidas, porque esa es la magia de las drogas, por un momento dejas de ser tú y
simplemente sientes, simplemente vives. Cobardemente algunos lo verían, pero para Stark era un
acto de valentía volver al abismo y salir vivo de él la mañana siguiente. Un logro estúpido, tal vez.
La pregunta de Steve era ilógica, o tal vez más lógica que la primera. Porque él lo conocía, no
sabía cómo pero Rogers lo conocía perfectamente, y sabía que así era y que no planeaba cambiar y
aun así lo había aceptado, aun cuando sabía lo más detestable de él, estaba ahí. De pie con ojos
llorosos, preguntándole si él era necesario en su vida.
¿Cómo podría decirle Tony que él era todo lo que siempre había deseado? Y que le aterraba. Le
aterraba hasta el tuétano la sola idea de tener tanto que perder, de saber que pudiste tenerlo por
siempre y que no fue así. Hay personas que jamás encuentran esta pieza restante y viven “plenas”
por siempre, sin embargo hay otras que lo encuentran y viven o en completo delirio de placer o en
completa agonía.
4 semanas con él habían sido suficientes para mostrarle un panorama de la vida que no había
tenido oportunidad jamás de explorar, la contraparte de él, el simplemente vivir y sentir, no inducir
lo que se siente por medio de metanfetaminas, sino ser real. A Stark le había aterrado lo dichoso
que se había sentido, inclusive hubo noches que había olvidado lo de Pepper, o lo de Afganistán, o
inclusive lo de Nueva York.
Había noches que inclusive había recordado los momentos buenos de su infancia, escasos pero
deleitables, se los había compartido a Steve tal vez en una plática a media noche o mientras veían
una película y el Capitán lo había escuchado con mirada tierna y asentido o reído, o simplemente lo
había abrazado. Y Stark por primera vez no se sintió vulnerable.
Los recuerdos se fueron haciendo más vívidos, había buscado de nuevo a Naeri porque sabía que
era un alma casi tan perdida como la de él, la había buscado para reafirmarse que seguía siendo el
mismo, que podía cometer toda clase de delitos en una sola noche, reír y sentir esa estúpida
adrenalina adictiva que lo hacía sentir inmortal.
Quería probarse a sí mismo que toda aquella adrenalina que una sola mirada azul le causaba podía
él también sentirla al salir corriendo de la mano con esa chica y dos botellas de vodka bajo la
chamarra, el motor del carro rugiendo y unos balazos lejanos. Encontrar pastillas de colores en su
mano extendida y no saber cómo llegaron ahí pero igual sonreír.
Tony Stark no entendía por qué la gente decía que eso no era vida, que eso solo era un camino
lúgubre de autodestrucción y muerte súbita. ¿Por qué la gente afirmaba que esto no era vivir si
jamás se había sentido tan vivo, tan pleno, tan inmortal?
“Tony” Steve repitió algo alarmado por la manera en que Stark simplemente se había desconectado
de la escena, temía por su estado frágil de salud.
“Steve, yo… perdón” dijo y se levantó, tambaleándose llegó hasta el baño, se inclinó sobre el plato
de cristal, Steve caminó detrás de él y quedo congelado al contemplar como Stark aspiraba dos
líneas de cocaína frente a sus ojos. Sintió algo en su interior romperse.
“Para” Steve dijo molesto y tiro el plato al piso, empujo con el pie el polvo blanco que había caído
acumulado, dispersándolo por el mármol.
“Acabas de tirar 1000 dólares” Tony dijo con una sonrisa maníaca y soltó una breve risita, su
pupila dilatada y su semblante enérgico de nuevo.
Steve no supo que decir, sentía su corazón latiendo desquiciadamente y un nudo en la garganta le
había imposibilitado cualquier oportunidad de respirar o decir algo.
“Hoy hay fiesta en la noche, buscaré algo lindo para ti” dijo aún con la sonrisa y entró al vestidor,
Steve no pudo evitarlo y rompió en un llanto silencioso, se sentí impotente, frustrado, preocupado,
miserable por no poder hacer nada por Tony, por no poder ni siquiera entenderlo.
“Steve, ¿Qué pasa?” Preguntó consternado y limpió con su pulgar las mejillas húmedas del
Capitán.
“Nada” dijo con voz quebrada y Tony se alzó en puntillas para besarlo, Steve cerró los ojos y lo
besó, envolviéndolo en un abrazo, su cuerpo temblando y su corazón desbocado.
-----
“¿Estas bien?” Banner le preguntó a la hora de la cena, Steve había asentido sin embargo fue
incapaz de mentir, Bruce no lo presionó.
Cuando vio que todos se habían dispuesto a dormir – o a encerrarse en sus espacios hasta el día
siguiente – Steve se puso una chamarra de piel y salió del edificio, Jarvis le había hecho el favor de
pasarle el domicilio de esa chica, de la cual se había enterado que no solo era una de las chicas de
Stark, sino una de las dealers de Stark.
Y pensar que Steve creyó al principio que la chica era una víctima de Tony. Debía realmente dejar
de ser tan prejuicioso cuando se trataba de Stark.
Subió las escaleras de servicio hasta el apartamento 5, donde se escuchaba claramente una fiesta
alborotada, entró sin ser visto, buscando ansioso con la mirada, su sorpresa fue notable al encontrar
a demasiadas personas teniendo sexo, algunos en la sala, un trío en la cocina, otros contra el muro,
intentó bajar la mirada y no quedar observando ningún punto fijo, sobre las mesas varios platos con
ese polvo blanco y en la esquina del cuarto había dos chicas entretenidas con una jeringa, la música
era distinta y había un humo intoxicante en el ambiente.
Este era Darth Vader, lo que había vivido durante una década día a día. Un escalofrió recorrió su
cuerpo. Le dolía solo imaginarlo tan perdido, tan en búsqueda de ser o sentir. A lo lejos vio a la
chica de la misma mañana vistiendo un top negro y un short de mezclilla, unos tacones altos y el
cabello recogido en una coleta alta, parecía una modelo, de esas que no comen nada y beben
mucho.
“Naeri” dijo su nombre en un tono severo y la chica lo volteo a ver extrañado, porque ese nombre
nadie lo sabía, más que Tony. Encontró a Capitán América frente a ella y su mirada de asombro se
siguió de una sonrisa traviesa.
“Así que Tony te recomendó conmigo ¿Eh?” preguntó jugando y Steve la fulminó con la mirada.
“Un lugar privado donde hablemos” Steve dijo y ella sonrió complacida.
“Claro”
Lo tomó de la mano guiándolo por la escalera, esquivando a los ebrios del piso y a las parejas
sobre las huellas que disfrutaban de un buen y audible sexo.
La chica cerró la puerta con seguro detrás de ella y comenzó a desabrocharse el short.
“¡Para! No, no vengo a eso” dijo Steve sonrojado y la chica lo miro extrañado.
“¿Lejos de Tony? Él es el que me busca” dijo con una risa burlesca y sacó de su short un cigarro
largo, lo encendió con una vela de la habitación.
“Si te busca no vayas, él intenta dejar esto y no se me hace justo que las personas lo arrastren a
esto”
“No lo conoces”
“Más bien tú no lo conoces, las personas no cambian Steve. No hay un rehabilitado que realmente
este limpio. La ansiedad es incontenible, los que realmente se rehabilitan acaban suicidándose”
Recordó como Stark en el 2020 aún sentía el sindroma de abstinencia y se le revolvió el estómago.
Tal vez debería dejar a Stark, debía afrontar que cada quién había decidido su camino y que nadie
podía salvar aun dependiente.
“Tony no es un adicto”
“Steve por favor, me compró más de 10,000 dólares en una noche ¿Le llamas a eso un no-adicto?”
10,000 dólares.
Eso solo quería decir que había aún 9,000 dólares de drogas en el Pent-House.
“Steve no vas a hacerlo cambiar” La chica dijo sincera y Steve sintió de nuevo la pesadez en el
pecho.
“¿Y si dura 1 año, 5 años en decidirlo? ¿Soportaras verlo así?” preguntó seria señalando a la casa,
sí, este ambiente, estas personas, esta vida no era sencilla de soportar. Sin embargo asintió.
“Eres un idiota”
“¿O qué?” preguntó altanera y Steve sin pensarlo y con la furia del momento caminó hasta ella
tomándola del cuello, estampándola con fuerza hacía el muro, sus huesos crujieron y sus dedos del
pie estaban suspendidos a 10 centímetros del piso, su cara comenzó a hacerse purpura.
“Digamos que aún no conoces el peor lado de mí” dijo con voz sombría y soltó a la chica al punto
que noto que caería inconsciente. Naeri se sofocó en tos y pánico, porque jamás se había imaginado
que alguien tan recto y bueno como Capitán América hubiese estado a punto de ahorcarla sin
siquiera una fractura en la mirada. El miedo la embargó y en un acto impulsivo borró el número de
Stark de sus contactos.
-----
El siguiente mes fue un calvario para Steve, les había tocado ordenamiento de papeles en el
gobierno y Tony no había ido un solo día. Steve sin decirle hacía horas extras en la esperanza de
también cubrirle su turno, desde el acontecimiento con Naeri había mantenido más la distancia con
Stark, entraba en un debate moral entre lo que debía hacer y lo que quería hacer.
Tony lo había buscado algunas noches y Steve ya reconocía sus signos, cuando estaba demasiado
feliz o cariñoso, era heroína, cuando platicaba animadamente sin poder pararse a sí mismo y aparte
trabajaba horas extras era cocaína, cuando llegaba llorando a media noche era alcohol.
No sabía qué hacer y mientras más se negaba a dejarlo, más dentro del desquiciante mundo de
Stark se sentía, no le veía salida próxima y eso le aterraba, porque no sabía cuánto tiempo iba a
poder verlo inhalar líneas o beber botellas sin fondo.
“Sabes, hubo un día” dijo mientras quemaba una cuchara en la estufa del Pent-House y aunque
Steve no decía nada le mantenía compañía, por temor a que la dosis se le pasara o que de la nada
cayera inconsciente o se ahogara con su vomito.
Se sentó en el piso apoyándose en la barra de granito, Steve intentó no mirar sin embargo no pudo
evitarlo, observo como amarraba una liga en su brazo y con una jeringa nueva tomaba el líquido
dorado de la jeringa, su piel cedió fácilmente a la aguja y después de un suspiro, dejó la jeringa y
se quitó la liga, sonrió placenteramente.
“Un día Howard y mamá se pelearon, yo tenía como 8 años. Ella tomó un vuelo a Paris y él se fue
a la Antártida a buscarte, Jarvis lo acompañó. Me quedé solo en la mansión, y este chico” Se
detuvo un tiempo con los ojos cerrados “Este chico Dave Brown vivía al otro lado, tenía creo que
14 años o 15, no sé” dijo y soltó una risa, sus pupilas muy dilatadas y su mirada ausente, Steve
tragó difícilmente “Vino a mi casa, traía solo dos pastillas y algo de hierba en una bolsa. Por un
momento, pufff!” dijo e hizo un ademan en el viento “Todos mis problemas desaparecieron y sentí
que Howard me amaba y que mamá ya no tomaba tanto, sentí una cena navideña y que alguien
veía algo más en mí ¿Sabes?” preguntó y Steve asintió.
“Supongo que actualmente se consideraría una violación y un abuso de menores, pero en ese
momento me sentí… no sé, completo” dijo sincero aun con la mirada perdida y Steve comenzó a
llorar en silencio.
Porque a Tony solo le había hecho falta un amigo, un padre que supiera serlo y una madre con un
gramo más de fortaleza, una compañía que lo quisiera por lo que era y que no lo juzgaran desde
conocer su carácter indómito. Sintió rabia y una locura que lo hizo soltar un jadeo, la respiración se
le iba… Dave Brown había visto las carencias de Tony y en vez de ser un amigo lo había drogado
para que fuese más fácil violarlo. No sabía que Tony había sido violado y eso le movió el alma
porque recordaba todas las manías sadomasoquistas que tenía, ahora de cierta forma no solo las
aceptaba sino las entendía.
Steve se arrodillo junto a él y tocó gentilmente el punto rojo en su piel blanca donde la aguja había
estado con anterioridad.
“Tony, te amo” Steve pronunció entre llanto y Stark por primera vez le dirigió una mirada, era rota
y opaca pero vibraba cierta alegría inesperada. No sabía si era por él o por la heroína, pero era
genuina.
“Siempre”
Tony sintió los ojos llorosos y se apartó de él, temblaba frenéticamente, su humor cambiando
drásticamente.
“No lo entiendes… Yo no voy a cambiar, yo voy a morir así” dijo y levantó la mirada tratando de
que entendiera que esto era él, Steve asintió con mirada rota.
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Pepper caminó con paso firme por el mármol blanco, sus tacones negros de aguja haciendo un
clackeo constante, Tony escuchó pasos femeninos y salió algo alterado de su taller, una playera de
resaque dejando ver el reactor, su cabello revuelto y sudado.
“Tony”
“¿Pasa algo?” preguntó Tony refiriéndose obviamente a la empresa, Pepper negó con la cabeza y
bajó la mirada.
“Necesito que hagas algo por mí” dijo y Tony la miró incrédula, Pepper jamás le había pedido un
favor en estos 10 años que llevaba conociéndola.
Y eso no lo esperaba.
“¿Qué mes es?” Preguntó desconcertado y ella le regalo una mirada lastimera.
“Diciembre Tony”
Pero si en Octubre Steve había estado bien, él lo había visto casi diario, inclusive lo seguía viendo
diario y aunque sí, notablemente hablaba menos lo seguía viendo con una tenue sonrisa en los
labios. Además 2 meses era muy poco tiempo para un cambio tan drástico, a menos que…
“Yo le advertí que no cambiaría” dijo serio y Pepper torció los ojos ya molesta.
“Stark hay alguien que está aceptando no solo al genio sino… esto” y lo señaló molesta “No lo
consumas a él también, no lo merece”
Tony no pudo trabajar después de verla, después de esa acusación tan directa porque mierda, si él
había dejado en claro las cosas desde el principio porque ahora iba Steve a quejarse de él, eso era
demasiado cobarde.
Tomó su R8 y un paquete de drogas que le duraría si calculaba bien una semana, salió de la torre
sin avisarle a nadie, tomó carretera hacía la costa, su mente cazándolo con miles de alternativas
distintas para escapar, huir de todo lo que conocía y ser libre.
¿Qué tenían las personas con esta indómita inmortalidad? ¿Contra esta libertad infinita?
Paró a un Burger King comprando dos hamburguesas con queso, reanudó su camino
desenvolviendo una mientras conducía, dio una mordida hambrienta.
El sabor era despreciable. Algo como podrido, intoxicante, y amargo lleno sus papilas gustativas,
escupió el bocado y contempló la hamburguesa, se veía en perfectas condiciones. Se orilló en la
carretera junto al océano y tomó la otra, la abrió desesperado y dio una mordida. El mismo
asqueante sabor en sus labios, la escupió y salió del carro, soltó un grito molesto y rompió en
llanto.
La hamburguesa
Steve
Pepper
Las drogas en la guantera
Steve
Él no era libre. Estaba preso de aquella bolsa translucida en la guantera, todo él dependía de ello,
no podía ni siquiera saborear algo real. En ese momento se dio cuenta que esta indómita
inmortalidad no era nada más que la máscara de la prisión, no podía degustar, no podía sentir, no
podía vivir…
Había intentado cambiar el placer que la compañía de Steve le hacía sentir con el placer de una
jeringa o una buena línea nocturna, porque claro Steve en algún momento se iría o tendrían
quiebres, problemas… en cambio aquella chica de ojos dorados jamás lo dejaría, no mientras
tuviera el dinero para comprarla.
Sus dientes chillaron y se llevó ambas manos a la cara, cayó de rodillas junto al carro y entre la
rabia y el llanto, decidió: No podía seguir así, no quería seguir así.
Caminó en un impulso a la guantera del carro, sacó la bolsa y sin mirarla dos veces la arrojó al
océano. Tiró también las hamburguesas y dejó el carro ahí con todo y llaves, dejó su cartera
tomando solo su identificación y 100 dólares, caminó sobre la carretera.
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Eran cerca de las 4 de la mañana cuando el celular de Steve sonó, él seguía despierto, no había
escuchado llegar a Tony y miles de distintas ideas autodestructivas le habían quitado el sueño, y el
hambre y a veces inclusive, las ganas de seguir aquí.
“¿Bueno?” Contestó entre sollozos involuntarios, escuchó una respiración pesada al otro lado de la
línea.
“No, no estoy bien pero quiero, quiero estarlo” dijo sincero y Steve se quebró por dentro.
Steve lloraba, no sabía si de gusto o de miedo, pero aún así mantuvo su voz firme.
“Siempre”
Sin regreso.
Tony murmuró entre dientes una dirección y colgó la llamada, sus manos temblando, su garganta
seca y un vacío en el pecho, su respiración comenzó a agitarse, estaba a nada de un ataque de
ansiedad. ¿Qué le diría a Steve?: ¿Después de estas semanas arrastrándote a mi abismo necesito
que me ayudes a salir de él?
Que estupidez.
Era un idiota.
Maldita sea, ¿Y a dónde iría? Había escapado ya dos veces de clínicas de rehabilitación, había
inclusive amenazado con suicidarse si lo volvían a internar en una, su consumo de drogas había
sido moderado hasta que Steve decidió quererlo, una pésima decisión si a Stark le tocaba juzgarla.
Se mantuvo con la mandíbula apretada e inerte frente al teléfono público afuera de un edificio
deshabitado de ladrillo.
Había intentado cambiar tantas veces y siempre algo lo hacía volver, era inútil, no sabía ni siquiera
porque lo intentaba esta vez. Siempre había sabido que su vida estaba constantemente ligada a
algún tipo de adicción auto-destructiva.
Diciembre.
El Capitán caminó hacia él con paso acelerado y una chamarra en sus manos, Tony sintió un brinco
al corazón.
“Hace frío” dijo en voz apagada pero con una sonrisa tenue en sus labios y lo envolvió en la
chamarra, Stark accedió y le dirigió la mejor de sus sonrisas.
“¿A dónde quieres ir?” Steve preguntó con voz temblorosa y Tony soltó un bufido.
Tony simplemente asintió, sabía cuál era, sabía que era de las más famosas y efectivas, las que
protegían sus pacientes y mantenían el anonimato por grandes sumas de dinero mensuales. Sí, tenía
que hacerlo.
“Vamos”
El caminó en el carro fue tranquilo, Tony no podía evitar dejar de moverse, la ansiedad comenzaba
a consumirlo, su pierna temblaba compulsivamente y se mordía los labios al borde de hacerlos
sangrar, Steve estaba desquiciado, confundido, molesto, triste, impotente… Tenía un coctel de
emociones que jamás había sentido, tenía miedo de que en cualquier momento su pecho explotara y
su garganta comenzará a gritar contra su voluntad.
Volteó de reojo y notó el cabello de Stark revuelto, gruesas gotas de sudor por su frente y su
mirada paranoica, tragó difícilmente.
Era irónico, porque había sentido su ausencia durante meses cuando estuvo de vuelta a 1950, y
había ingenuamente creído que el dolor de su ausencia era insoportable, estaba mal, eso no había
dolido nada a comparación de esto, sí estaba de vuelta, podía verlo, tocarlo, platicar de nuevo con
él… pero lo destruía contemplar como la sanidad mental de Stark pendía de un hilo, añadiéndole a
esto las cicatrices que marcaban sus brazos recordándole que en cualquier momento su cuerpo
podía colapsar. Tragó audiblemente.
“No tienes que hacerlo” Tony dijo con voz fría y Steve asintió, fijó su vista en el camino.
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Stark torció los ojos, sus brazos anclados a su pecho y su mirada burlesca. ¿Cómo se había
permitido estar de nuevo aquí?
Volteo hacía las sillas acomodadas en círculo junto a él, estas pláticas motivacionales y de
expresión eran una estupidez, las odiaba, se reía de ellas desde que tenía memoria, jamás había
durado más de 2 semanas en ninguna clínica y esta era su tercera, la tercer semana el dolor físico
de la abstinencia había disminuido ligeramente, era ahora el dolor psico-emocional el que lo
enloquecía.
“Laura, gracias por ofrecerte” El moderador dijo y Tony soltó una risita burlesca, varios lo vieron
con desaprobación.
“De nada”
“Yo iba caminando de noche hacía mi casa, llevaba ya 6 meses sin consumir ninguna sustancia, ni
siquiera una cerveza. De repente a lo lejos vi a mi vecino, aquel hombre que a los 13 años me
había violado una y otra vez…”
Stark torció los ojos y fijó su vista en la ventana que daba al jardín, era miércoles e ingenuamente
contaba los días para que fuese sábado y Steve viniera, porque desde que estaba aquí no había un
solo fin de semana que el Capitán lo hubiese abandonado.
Escuchó aplausos a lo lejos y siguió con la corriente, el moderador lo vio por el rabillo del ojo.
Si no actuaba acorde a estas reglas solo le aplazarían más su dada de alta, era vergonzoso y
estúpido estar aquí, porque él no necesitaba ayuda de nadie, era Tony Stark, él podía solo.
“Insisto” El moderador lo presionó y con actitud pedante se levantó de la silla, caminó al frente.
“Cuéntanos”
“Hola, soy Tony y yo…” Se detuvo en seco y por primera vez observó claramente las personas a su
alrededor, la mayoría rondaba los 20-25 años, había dos chicas que se veían inclusive menores de
edad, reconocía a dos de las pasarelas, una actriz, el hijo del gobernador y otras más personas con
un apellido pesado y una chequera capaz de pagar esta estancia, sabía que los demás lo reconocían,
sin embargo no lo contemplaban ni con desprecio, ni con admiración, simplemente con empatía.
Tragó difícilmente.
“Tony, ¿Cuánto tiempo llevabas limpio?” preguntó el moderador con voz suave y Tony contestó
con voz cortada.
“Casi 5 años” dijo sincero y todos dejaron salir sonidos de admiración porque mierda, eso era
demasiado tiempo, era muy difícil que volviera alguien que ya había pasado el año de
rehabilitación.
“¿Qué te hizo volver?” El moderador preguntó curioso y Tony estaba a punto de decir que Steve y
su estúpida idea de ver algo más en él o tal vez él y su estúpido miedo por sentir, por amar a
alguien que al final lo abandonaría como Howard lo hizo, sin embargo tragó de nuevo intentando
ocultar como sus manos temblaban.
Se estaba engañando.
“Yo… soy un adicto” dijo lo último en un murmullo y todos lo vieron algo confundidos, Tony fijó
la vista particularmente en esa chica de ojos verdes y mirada asustada, con cicatrices de
inyecciones subiéndole por el brazo hasta el cuello, la contempló tan asustada de lo que era, de lo
que no podía dejar de ser, sintió algo en él moverse.
“Realmente no volvemos porque algo nos haya sucedido, porque estemos deprimidos o
aburridos… Realmente somos adictos, auto-destructivos dependientes de algo que nos de vida…”
Se rompió y clavó su mirada en el suelo “Buscamos pretextos para culpar siempre algo exterior,
por las decisiones que nosotros tomamos. Lo hice porque pude hacerlo, porque lo extrañaba y no
sé… Es la adrenalina de tener una pistola dentro de la boca, el dedo está en el gatillo y si tiemblas
un poco tu vida termina, pero el sabor del metal… Es tan bueno que todo lo demás realmente no
importa”
El moderador lo miro asombrado, porque generalmente nadie aceptaba ser un adicto tan pronto, era
un proceso cercano a un mes de pláticas dos veces a la semana y Stark en la primer platica se había
dado cuenta de ello.
“Gracias Tony” la chica dijo sincera y Stark asintió sin dirigirle otra mirada, caminó nervioso hasta
su silla.
Mierda.
Al finalizar las dos horas se dio cuenta que todos estaban ahí porque:
Tony al volver a su cuarto se sintió estúpido porque mierda, Steve lo amaba a pesar de la
inestabilidad que representaba, jamás lo había amenazado con irse o con que se iría si no se
detenía. Y a pesar de verlo tocar fondo nunca lo había obligado a nada que no estuviera decidido a
hacer.
Él amaba a Steve, desde siempre, desde niño, desde que tenía memoria, había pasado por un zig-
zag de emociones sin embargo siempre lo había querido de una manera única e incomparable, y
ahora, tenía la oportunidad de rehacer su vida, sin adicciones, al frente de la compañía, al frente de
los vengadores, de la mano de Steve.
Sintió como su corazón latía y una sonrisa ancha se formó en su rostro, por primera vez sintió una
motivación a ser mejor por él mismo y para Steve.
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Steve caminó por los jardines amplios de la clínica, era un lugar agradable. Su mirada danzaba
entre las distintas personas todas con uniformes blancos y un número verde en el brazo, algunos
platicaban en el pasto, otros estaba retraídos llorando bajo un árbol, algunos se veían devastados,
miserables… Sintió su respiración dificultarse.
“Buenos días” Escuchó la voz vibrante de Stark y dio media vuelta, Tony vestía todo de blanco, un
número 7 en su manga derecha.
“Buenos días” dijo intentando forzar una sonrisa y le dio un suave beso en los labios, Tony lo
envolvió en un abrazo necesitado, Steve no pudo negarse y lo envolvió con su cuerpo durante
largos minutos, después se separó de él con una extraña ansiedad en su pecho.
“¿Jugamos?”
Sin tomar en cuenta la clínica que parecía más un sanatorio mental, las personas deambulando por
ahí, las personas gritando en el interior, la ropa de Tony y sus tics nerviosos, Steve podía jurar que
todo era lo mismo.
Sin embargo la atmosfera era difícil de ignorar, y cada sábado en la mañana se sentía menos
motivado a ir, a veces inclusive inventándose contratiempos para llegar más tarde, no sabía por qué
y lo detestaba, pero le dolía tanto ver a Tony así… Tanto que se estaba convirtiendo en un martirio
insoportable.
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Todos los días para Steve eran miserables, no solo porque Tony no estaba, sino porque inclusive
verlo lo hacía sentirse miserable, porque la duda comenzó a sembrarse en él y eso solo había
despertado un mar de demonios que iban enloqueciéndolo.
Sí, estaba en rehabilitación, llevaba ya 3 meses y parecía estar completamente limpio, pesaba 10
kilos menos y había presentado problemas cardíacos de los cuales no quería hablar nunca, más
estaba bien. Vivo al menos después de que su cuerpo soportara intoxicaciones tan severas.
Y eso a pesar de todo lo que hiciera, no cambiaría, Steve lo sabía. Si dejaba estas adicciones lo más
probable es que comenzaría con otras, porque no había manera de que su cuerpo renunciara a lo
que biológicamente estaba programado a tener.
Se sintió asechado, por primera vez no sabía qué hacer con tanto Tony. Hace unos meses hubiese
dado su vida por él, ahora ni siquiera sabía si podía seguir tocándolo, contemplando sus diversas
cicatrices y recordarlo apoyado en la barra de la cocina con una jeringa en mano. Se sentía herido.
No de nuevo.
Sí, tal vez lo mejor era esperar a que estuviera mejor y terminar las cosas. Quedar como amigos.
Sí.
¡Mierda!
Se sentía tan perdido, tan confundido, tan dividido. Porque una parte de él decía que ya lo peor
había pasado, que lo amaba y que después de esta tormenta solo vendría la calma. Otra parte de él
sin embargo le gritaba que ya no podía soportarlo más, se dio cuenta que le temía a Stark.
“Disculpa, no te vi entrar” dijo sonrojado limpiándose sus patéticas lágrimas, ella le sonrió
tímidamente.
“¿Estas bien?”
“Sí”
“¿De qué?”
“Lo que has hecho por Tony… Dios, yo… Jamás hubiese podido” dijo sincera, su voz comenzando
a quebrarse “Yo la única vez que conocí a…. Darth Vader le dije que esto no iba a funcionar y lo
abandoné, hui cobardemente por miedo a tantas estupideces…”
“No sé Pepper, me siento muy confundido” dijo con voz ahogada y ella lo miró incrédula.
“¿Por qué?”
“Yo no creía que fuese a cambiar ¿sabes? Yo no creía en ese concepto de amor tan…
incondicional. Tan entero, no creía en las personas de una sola pieza ni en los giros de 180 grados.
Y luego llegaste tú” dijo con una sonrisa rota y Steve levantó la mirada.
“Yo lo amaba, o al menos creí que lo hacía. Pero tú Steve, tú llegaste y me demostraste que estaba
mal. Que todos tenemos otra oportunidad… Creíste en él, a pesar de todo y en contra de todo
pronóstico”
“Steve… Si te dijera que Bucky fue capturado por Hydra y torturado, lavándole la mente y
obligándolo a trabajar como asesino todo este tiempo ¿Le darías una segunda oportunidad?”
Mierda.
De nuevo sus prejuicios nublándole la cordura, porque tanto Tony como Bucky habían sido
víctimas de gente sin escrúpulos, Bucky a sus 28 años y Tony a los 8. Tony era una madeja de
emociones y traumas reprimidos que a pesar de todo intentaba luchar contra corriente.
“Gracias” dijo con ojos llorosos y se levantó de la silla, Pepper lo miró extrañada. Corrió escaleras
abajo hasta llegar al estacionamiento de SHIELD, tomó el carro clásico que había casi hurtado de
la colección de Tony y tomó rumbo hacía la clínica, sentía su corazón latiendo desmedido y
aunque no había dicho nada podía notar en la mirada de Tony de cada sábado que él sentía sus
dudas, sus demonios y sus malditos juicios morales, porque en los últimos dos meses en vez de ir
las 8 veces que podía, solo había ido 4 inventándose pretextos estúpidos para evitarlo.
Abandonándolo justo cuándo Tony más lo necesitaba.
“Es urgente”
“Capitán, son cerca de las 10 de la noche, los pacientes ya están durmiendo” Dijo la chica
intentando sonar tranquila.
“¡TONY!”
“Seguridad…” La chica intentó detenerlo pero Steve corrió, logrando filtrarse en el pasillo,
recorrió las alas entre jardines buscando el número 7 de habitación, Tony le había descrito
perfectamente el interior, todo blanco, acristalado y con visuales directas a jardines siempre.
Escuchó a los de seguridad siguiéndolo, varios pacientes salieron de su cuarto asombrados, hasta
que llegó al cuarto y abrió la puerta sin siquiera tocar.
Tony se levantó asustado de la cama, la luz ya estaba apagada y su cabello lucía más largo, casi
hasta la nuca, su mirada adormilada.
“Tony” dijo con el aliento entrecortado y el ingeniero bajó descalzo de la cama, caminó hasta él y
lo abrazó.
“Steve, ¿Estas bien?” preguntó alarmado tocando su mejilla, llevaba dos semanas seguidas sin
verlo y había inclusive creído que Steve ya no regresaría. Habían sido días difíciles para Stark.
Seguridad apenas había llegado y estaba a punto de tomar a Steve por la fuerza, pero la psicóloga
que había establecido una buena amistad con Stark, los detuvo.
Steve tenía los ojos llorosos, una mezcla indescriptible entre euforia, miedo, ansiedad y la
desquiciante realización de que sí, amaba a este hombre, con todo y sus demonios. Que había
cometido un error y que quería pasar el resto de su vida con él.
No supo si fue el impulso de la locura o la mirada dócil de Tony, se arrodilló delante de él.
Tony lo miró incrédulo. Steve notó como su cuerpo delgado comenzó a temblar ligeramente.
“¿Estás seguro?” preguntó asombrado con voz grave, Steve tragó difícilmente.
“Estoy a punto de colapsar en un ataque de pánico si no dices que sí Stark”
Y con eso Tony había soltado una carcajada y lo había abrazado con mirada cristalina, apoyando la
cabeza de Steve en su pecho. Dejándolo sentir por primera vez el reactor.
“Sí”
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No había sido la mejor manera de proponer matrimonio, Steve lo sabía. Y a pesar de que llevaban
dos años comprometidos, seguía buscando la manera de proponer correctamente, llevaba ya tres
años en esta dimensión e inclusive había olvidado que él realmente no pertenecía aquí.
“Muy extravagante” Natasha dijo sin realmente prestarle atención y siguió con la vista fija en el
mostrador.
“Necesito encontrar uno ya” Steve dijo estresado y ella siguió ignorándolo.
“¿Bueno?”
“¿Pizza o Pasta?” preguntó aquella voz familiar y Steve soltó una risita.
“Pasta”
“Es nuestra boda, podemos hacer lo que queramos” dijo y Steve notó como daba un trago largo.
“Puedo decir que estas tomando Whiskey seco dando vueltas en tu oficina”
“No”
“Mientes”
“¿Te veo esta noche?” preguntó con voz grave intentando cambiar el tema y Steve sonrió.
“Se supone que no se debe ver a la novia una noche antes de la boda”
“Te veo en la alberca privada a las 10” dijo intentando sonar indiferente y Steve soltó otra risa
estúpida, de esas sin razón que no abandonan el rostro de una persona enamorada.
“Te amo”
Tony solo había sonreído y colgado, a veces Steve era demasiado dulce para él.
“Vamos por sushi” Natasha lo ignoró completamente y salió de la tienda, Steve torció los ojos.
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Tony gateó entre las cobijas buscando el lugar vacío junto a Steve, el Capitán lo abrazó sintiendo
de nuevo su piel tersa y sus músculos definidos, le había costado meses recuperar su salud y todo
un año entrenando con Steve para recuperar su figura. La nariz respingada de Stark rozó con su
cuello.
“Tengo un regalo para ti” Tony murmuró y el Capitán bajo la mirada hasta sus ojos castaños.
“Eso deberías dármelo mañana” Steve dijo juguetonamente pasando su mano por la espalda
desnuda de Stark.
“Tú eres el que debe dármelo mañana, tengo altas expectativas” Steve soltó una risa.
“Cierra los ojos” Tony dijo eufórico y Steve obedeció. Sintió algo gélido sobre su mano, algo frío
y pequeño. Abrió los ojos.
Y Steve notó como el triángulo en su pecho estaba incompleto, su mirada se tornó oscura y severa.
“No. Antes de que digas algo, no me desestabiliza ni me daña” Steve se tragó sus palabras aun
viéndolo dudoso.
“Es una parte de mí, nunca tuve la oportunidad de agradecerte. Gracias por creer en mí. Sin ti
probablemente yo no estaría aquí. Somos uno.” dijo sincero y Steve le dio un cálido beso en la
frente.
No supo que decir, solo lo pegó a su cuerpo enterrando su nariz en su cabello quebrado para que
Tony no viera las lágrimas de júbilo que patéticamente salían de sus ojos. Contempló al hombre
que amaba entre sus brazos, sonrió, era exactamente el mismo que había conocido en el 2020.
Tony Stark había renacido de las cenizas y él tenía la dicha de estar a su lado.
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“¡¿STEVE?!” La voz de Howard lo despertó, abrió los ojos de golpe. Su mirada analizando el
contexto.
Estaba de vuelta.
“¡Dios! Pasaron 9 años, la maquina dejó de parpadear, creí…. Mierda, no vuelvas a pedirme que
haga esto” Howard dijo al borde de un colapso nervioso y lo abrazó.
9 años…
Oh crap...
Howard se aferró a sus brazos llorando sin lágrimas, solo con una carencia de aire que lo hacía
sollozar contra su voluntad.
Steve lo abrazó ligeramente porque sí, admitía que había extrañado al hombre, sin embargo al
momento en que recordaba todo el martirio innecesario por el que había hecho pasar a Tony, sentía
su estómago pesado y su boca amarga. Sus puños temblaron y su quijada tensa. Cerró los ojos y
sacudió juguetonamente el cabello casi idéntico al que Tony tenía. Se separó de él.
“¿El gobierno estaba tras de ti?” Steve preguntó intentando aligerar el ambiente.
Porque ¿Qué otra razón tenía Howard para quebrantarse así ante la posibilidad de su perdida?
Howard levantó sus ojos castaño oscuros y Steve notó por primera vez una transparencia en ellos,
se sintió incomodo por un momento, Howard era muy parecido a Tony y tenerlo tan cerca lo
intranquilizaba. Las miles de pláticas y recuerdos acerca de Tony lo agitaban. Debía controlarse.
“¿El gobierno?” Howard preguntó incrédulo “El gobierno yo lo compro todos los días… Pero tú
Steve, eres mi único amigo”
El Capitán se congeló ante esas palabras y no pudo hacer nada más que abrazarlo de nuevo, la
culpa de nuevo perforándolo, porque Howard lo consideraba un amigo, más aún, su único amigo.
Howard lo quería y aunque él jamás quiso o buscó un daño para Tony sabía que Howard lo vería
así, y no había manera humana de explicarle lo contrario porque la sociedad de hace 50 años aún
tenía en sus leyes la condena de prisión a homosexuales. No podía buscar empatía o dialogo aquí.
“¿Y Peggy?” Steve preguntó inmediatamente con cierto pánico en la voz, por los bocetos, la pelea,
su secreto destapado. Su mirada intranquila y cierta ansiedad aumentando sus pulsaciones.
“Steve… Yo, no sé cómo decirle” Howard bajó la mirada nervioso y Steve sabía que no
significaba nada bueno.
“Se fue hace años, cerca de 7 años. Cuando te fuiste, duró dos años en una profunda depresión,
nunca me contó… solo, solo dejó esta carta para ti y abordo un vuelo hacía Londres” Howard dijo
y caminó por su desastre de taller, sacó un sobre ya amarillento y manchado, pero aun
perfectamente sellado. Se lo extendió a Steve.
El capitán lo vio con labios temblorosos y asintió en ademan de agradecimiento, tomó el sobre.
“Yo solo… voy… a darte un momento” Howard dijo con palabras revueltas y caminó hasta el otro
extremo de su taller, Steve sonrió ligeramente al identificar su mismo nerviosismo, su mano en la
nuca y sus palabras denotando la curiosidad que lo había matado durante estos 7 años.
Steve tragó difícilmente y volteo de reojo para encontrar a Howard en el otro extremo apoyado
sobre la mesa con un bolígrafo en mano y varios bocetos frente a él. Le recordaba demasiado a
Tony, tal vez más de lo que le gustaría. Abrió el sobre.
He decidido tomar mis cosas e irme, es lo mejor que puedo hacer por mí y por ti. Estos últimos dos
años han sido los peores de mi vida, pero como siempre te lo he dicho, lo que no nos mata, nos
hace más fuertes. Y sigo en pie.
Pensé mucho acerca de ti, de tu cambio, aún guardo tu cuaderno de bocetos y no sé si empacarlo o
no. Rompí algunos de ellos, los que para mí han sido más insoportables de observar, o los que me
recuerdan demasiado a María Stark, inclusive deje de salir tanto con Howard porque su cabello
me recuerda al del hombre de tus dibujos.
Sé que es una estupidez, pero son medidas necesarias que he tenido que tomar. Supongo que solo
quiero dejar las cosas claras, decirte que te perdono y pedirte perdón, no puedo entenderte y tal
vez jamás lo haré, pero tampoco intenté pensar en ti.
Entre mis noches de misiones donde el cansancio se transforma en delirio, me imaginé tantas
veces encontrándome contigo, deseando que todo esto fue un sueño o más bien una pesadilla, que
despertamos de ella y que ahora tenemos un hijo de grandes ojos azules como los tuyos y cabello
castaño como el mío, cuando ese pensamiento viene a mi mente inmediatamente recuerdo tu
boceto… tu boceto de aquel niño en tus brazos y…él.
Me destruía, me duele aún, supongo que es algo que jamás dejará de doler, por eso mismo aunque
nos perdonemos todo, sé que jamás podré seguir aquí y eso me mata, porque aunque estuviéramos
de nuevo juntos, todas las noches será inevitable preguntarme a mí misma si lo extrañas. Si algún
día podré ser lo que él fue para ti, lo que sea que haya sido.
Discúlpame por no darme la oportunidad de escucharte, ni de esperarte. Entiende que cada día
que paso viendo tu ropa en el closet es un alfiler más a mi piel. Te amo Steve, siempre lo hice,
siempre lo haré. Espero algún día poder verte y sentir ese cálido cariño antes del suero, cuando
solo eras mi amigo.
Tuya siempre.
Tu Pegs
P.D.
Tu secreto está seguro conmigo, no le mencioné nada a nadie… ni siquiera a Howard. Te aconsejo
que dejes esa experiencia como un momento de tu vida irreal pasada, consigue una buena mujer o
quédate solo, no hagas nada que te condene por favor.”
Steve no supo en que momento de la carta comenzó a llorar, extrañamente le quitaba un enorme
peso de encima, Peggy había re-hecho su vida y eso estaba bien, sin embargo también sintió un
vacío succionándole las entrañas y un pánico súbito sin explicación… Estaba de nuevo, solo.
Definitivamente solo.
Las últimas líneas lo hicieron temblar porque sabía que Peggy no lo había escrito bajo cierto juicio
moral o fobia estúpida, sino porque temía por él, en este siglo “real” pensar diferente no solo era
ilegal sino también motivo de desprestigio social y muerte pública.
Realmente no le importaba morir, mucho menos le importaba “rehacer” su vida con alguien más,
si no era Tony probablemente hubiese escogido a Peggy, y ahora que contemplaba claramente el
cuadro, sin ella, prefería quedarse solo. O Tony o nada. Tony… cerró los ojos con la simple
imagen de cómo se hubiese visto frente a un altar, su primer baile y todo lo que siempre había
imaginado pero jamás había vivido. Que irónico, su vida era mejor en su mente que en su realidad
tangible.
Realidad.
Para él era más real todo lo que sentía por un hombre que no estaba aquí que el viento que el
ventilador de Howard soltaba, en su mente todo era tan nítido, inclusive perceptible, la realidad era
un concepto estúpido creado para mantener a la gente cuerda.
Steve seguía con la carta en mano, el corazón comprimido y esta rabia que de manera inexplicable
se había acumulado en su pecho y que le era imposible de externar. Deseo en ese fragmento de
segundo padecer algún tipo de esquizofrenia, la capacidad de ver y tocar lo que imaginaba, la
probabilidad de traer en vida a Tony, aunque fuese en delirios mentales.
Como secuencia de imágenes en ráfaga vinieron a su mente todos los recientes recuerdos de Tony,
las jeringas, las líneas, las putas, el alcohol, el vómito, la fiebre…. Un escalofrío lo descontroló.
No, probablemente si padeciera esquizofrenia sus demonios lo seguirían hasta llevarlo al suicidio.
No, debía adaptarse a esta realidad tangible, a este cúmulo de idioteces estandarizadas y esperar
como espectador, observando cómo el mundo va cambiando y como las personas van muriendo,
era su única alternativa, tal vez debía volver a enlistarse, sí, debía hablar con Bucky acerca de eso,
por cierto, lo llamaría, llevaba estos 9 años desaparecido. Seguramente Barnes preguntó por él y
formó parte del grupo de los que querían linchar a Howard, el Capitán organizó sus ideas, debía
empezar con una plática casual que trajera a Bucky a tema, temía ya que cualquier matiz de
homosexualidad fuese a despertar sospecha, se sentía paranoico, solo y a…
“¡Tony! Deja ahí” Howard gritó severo y Steve se desconectó de sus pensamientos, su respiración
se agitó y su corazón se disparó sin control alguno.
“¿Qué has dicho?” Steve preguntó sobresaltado, corrió entre las mil cosas tiradas hasta llegar a
donde Howard estaba.
“Quería que lo conocieras más tarde… pero es tan desobediente” Howard dijo con una severa
molestia en su voz y bajó la mirada, Steve siguió su mirada castaña hasta encontrarse con un bebé
tumbado sobre los engranes, estaba de espalda y aún usaba pañal, su cabello castaño quebrado y
entre sus manos traía algo metálico. Algo completamente inseguro para un niño de esa edad.
Steve sintió sus piernas temblando y sus labios entreabiertos, sus ojos comenzaron a llenarse de
lágrimas.
“Tony” Howard dijo orgulloso intentando llamar la atención del infante que lo ignoró
completamente, Stark bufó molesto.
“Te digo, es un desobediente” dijo con los brazos cruzados y Steve titubeo por unos segundos, sin
embargo al final con voz cortada murmuró como quién llega a casa y está a salvo del mal del
mundo:
“Tony”
Los ojos del bebé estaban fijos en él y Steve no supo en que momento acortó la distancia entre
ambos, ni en que instante se acuclillo ante él, tenía el cabello quebrado, rebelde, algo largo, vestía
un mameluco azul y sus densas pestañas ya hacían de su mirada una experiencia degustable, el
Capitán tragó difícilmente.
“Tony” repitió en voz más tenue y el bebé le regaló la primera sonrisa, Steve sintió como sus ojos
se iban llenando de lágrimas, porque era toda la esencia del hombre que amaba, todo el carisma
que lo definía.
El bebé gateó aún con el objeto en su mano y al llegar a su rodilla se detuvo, lo volteó a ver una
vez más y extendió su pequeña mano, sostenía una navaja filosa y algo oxidada, Steve sintió un
ataque de pánico robándole el aliento.
“Oh no, dáselo de nuevo” Howard dijo notablemente enfadado por el sonido y Steve lo fulminó
con la mirada.
“¡No lo hagas, llorará más! No le gusta que lo carguen, si…” Howard interrumpió lo que decía al
notar como el Capitán lo cargaba sin dificultad y el bebé detuvo el llanto repentinamente, Stark los
miraba incrédulo, porque llevaba un año intentando cargarlo y que no llorara o hiciera un berrinche
y le había sido imposible, ni siquiera a María la había dejado.
“Eres un hermoso” Steve dijo en el oído de bebé Tony y este sonrió de nuevo.
“Ni yo” confesó y vio como Howard esbozaba una ancha sonrisa.
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“…Se casó el año pasado y creo que ya está embarazada” Howard concluyó dándole un tragó largo
a su vaso, expectante de la reacción de Steve, quién estaba sentado en el piso junto a Tony
armando lo que sería el antecesor de un lego, sonreía estúpidamente al recordar como Tony aún a
sus 52 años tenía la manía de coleccionarlos y armarlos a media madrugada de insomnio.
“Oh… y ¿él es bueno?” Preguntó interesado, Howard levantó los hombros en ademan de
incertidumbre.
“Supongo que sí, la última vez que hablamos se veía… feliz” dijo la última palabra algo incrédulo
de sí mismo, Steve asintió dirigiendo de nuevo su mirada al bebé frente a él. Podía pasar todo el
día, toda la noche, toda la vida conociendo a Tony.
“¡Steve! Que sorpresa” María dijo exaltada, vestía un conjunto rosa y tacones aperlados, un grueso
collar de perlas y diamantes en su cuello, se veía cerca de 10 kilos aún más delgada, sus ojos
castaños sin embargo brillaban, contempló a ambos. Tony tenía sus ojos.
“Sí, es lo que todos dicen” María dijo sonriente y volteó a ver al bebé.
“Tony, ven. Hora de la siesta” María dijo con una voz distinta, era dulce y nada sensual. Steve
sonrió al ver como la vida de Howard había dado un giro inesperado.
“Espera querida, checa esto” Howard dijo entretenido y algo pasado de copas, volteó a ver a Steve
sonriendo “Cárgalo”
María los miró incrédula, sin embargo Steve obedeció, tomó sin dificultad a Tony en brazos
levantándolo del piso, los ojos curiosos del infante observando cada detalle de su rostro, sin
embargo aún no lo había tocado.
“Es increíble” María dijo asombrada y caminó hacía ellos tocando tiernamente la mejilla del bebé.
“Sí, Rogers aquí debería ser la niñera que tanto buscas” Howard dijo bromeando y Steve no pudo
encontrar una mejor oportunidad.
“No digas tonterías, tienes demasiado por hacer, demasiado por explorar y conocer como para
frustrar tu vida cuidando un niño” El inventor dijo con voz gélida.
Esas palabras le agitaron el alma, porque ese había sido el problema de Howard siempre, veía a un
hijo como un obstáculo para seguir viviendo, como un retraso en sus proyectos, su trabajo, sus
inventos. Sentía que Tony le quitaba tiempo.
Steve chilló los dientes y dejó salir un bufido molesto, estuvo a nada de golpearlo directamente en
la cara.
“Para mí no es frustrar nada, ni pérdida de tiempo. Me encantaría hacerlo” Steve dijo sincero
tragándose unos cuantos insultos para su amigo, María asintió al notar su evidente enojo.
“Sería un placer y un honor para nosotros que Tony pudiese crecer con alguien como tú a su
lado… algo así como un tío” María dijo sonriendo y la mirada de Steve se quebró.
Como un tío.
No quería ponerse etiquetas, ni como un tío, ni como un padre, ni como un esposo. Simplemente
como quién era, como Steve en su esencia con Tony, no le importaba bajo que etiqueta le tocara
vivir, con que fuese con él.
“Sí” murmuró con voz quebrada y entonces el bebé en sus brazos notó su estado de ánimo y le
dirigió una mirada analítica, después con extrema precaución extendió su manita y la puso sobre su
mejilla. Steve sintió un cosquilleo, una taquicardia y por ese momento olvido la situación y sonrió.
“Vaya, de verdad le has agradado” María dijo aun sorprendida y Howard torció los ojos, se sirvió
otra copa más.
Su esposa lo miró con cierta desaprobación y tomó a Tony en sus brazos, Steve notó el claro
disgusto del bebé al verlo coger un mechón del cabello azabache de María y jalarlo, ella le soltó un
suave manazo y Tony retiró su mano. Ambos se perdieron en la escalera amplia de madera.
“No lo es Howard, de verdad tu hijo tiene algo… distinto” Steve dijo intentando aún encontrar
palabras adecuadas que no lo delataran.
“Sí, es un desobediente, caprichoso e indiferente” dijo esas palabras con claro disgusto. Steve
respiró profundamente.
“Insoportable, ninguna niñera aguanta más de una semana, no importa lo que pague, todas se van”
“¿Cuánto tiene?”
“2 años”
“Te digo que es extraño, no sé si tenga un problema de lento aprendizaje o de retraso, o sea autista”
Steve soltó una risita en un bufido, porque Tony era todo menos una persona poco inteligente.
“Fue una catástrofe, María quedó embarazada una noche que yo estaba muy ebrio, abortó a los 3
meses, después de eso solo fue peor, y peor…. Después de 6 abortos pasamos el quinto mes de
embarazo” Un escalofrió hizo que se le quebrara la voz a Howard “El último aborto fue al quinto
mes, creímos que sería el definitivo, sin embargo no lo fue… María estuvo a punto de morir y yo,
yo no quería… no podía perderla” Después de breves segundos de silencio y un trago más al
whiskey Howard sonrió melancólico “Pero ella insistió y entonces, el séptimo embarazo fue Tony”
“Oh…” Steve sintió como se le quebraba el pecho y agradeció no haber estado al primer aborto, ni
al segundo, o al tercero, porque seguramente le hubiesen partido el alma más que a María, porque
habría pensado que cada uno era un pequeño Tony muriendo. Tragó difícilmente.
“No sabía que tuvieras un hermano” Steve dijo incrédulo y Howard soltó otra risa.
“No, nos dejamos de hablar hace unos 10 años. Supongo que nunca he sido buen hermano, o buen
marido, o buen amigo, o inclusive nunca seré buen padre… Pero solo se puede ser el mejor en
algo, y soy el mejor inventor del siglo.” dijo frío y engreído, Steve abrió los ojos asombrado.
¿Cómo era posible?
“Creo que es más importante ser buen padre que buen inventor”
Eso había sido severo y frío y cortante, y Steve sintió que en cualquier momento Howard se
lanzaría sobre él por lo cual solo asintió algo impactado por como la mirada castaña de Howard se
había tornado tan oscura, tan filosa… tan Stark.
“Tony es muy hermoso” dijo sin pensarlo e intentando aligerar el ambiente, después volteó
alarmado esperando la reacción de Howard, el cual después de un rato solo sonrió y asintió.
“Oh sí, tiene el físico de María y mi carisma, además es el único heredero de Stark industries, será
codiciado por las chicas” dijo jugueteando y Steve asintió con un nudo en la garganta, porque él
ahí estaría y no solo contemplaría a Tony crecer sino tal vez salir con varias chicas, tener novias,
tal vez inclusive asistiría a su boda. Su garganta se cerró y el aire se le escapó entre los labios. No
sabía si podría contemplar eso.
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Steve había no solo sobrevivido una semana como niñera, sino lo había disfrutado. Realmente no
era mucho el tiempo que María necesitaba de sus cuidados, solo dos horas diarias que él siempre
alargaba a cuatro para estar más con Tony. María había vuelto al ballet ruso y tocaba el piano por
las tardes, en sus presentaciones nocturnas requería el servicio de Steve porque Howard prefería
buscar niñeras y pagar sueldos excesivos que cuidarlo. El capitán había rechazado el dinero hasta
que se dio cuenta que una pensión gubernamental no es suficiente para los paseos de Tony y todo
lo que pedía sin decir una sola palabra.
Era una de esas noches en las que María tenía presentación y Howard trabajaba hasta tarde cuando
Steve estaba en el cuarto del niño arropándolo para dormir, lo acostó delicadamente cubriéndolo
con una frazada de dinosaurios demasiado característica de los años 60’s, dio media vuelta
buscando el vaso de agua de Tony cuando se dio cuenta que el niño se levantó de la cama,
sentándose analítico, con la mano retiró el chupón de su boca y con mirada fija en Steve habló.
“Steve, quédate”
Steve estuvo a punto de desmayarse, porque la voz del bebé no solo era casi idéntica a la que tanto
recordaba en su mente, sino porque eran las primeras palabras de Tony, y habían salido con una
dicción impresionante.
“Simplemente no quieres hacerlo” Steve repitió en su asombro y el bebé soltó una risa y se acostó
en la cama.
El capitán sintió su corazón estremecerse y se acostó al lado del bebé, cayendo en segundos en un
profundo sueño.
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“No quiero ir a la escuela” Tony había dicho claramente, tenía ya 5 años y si bien era menos
brillante de lo que recordaba a Peter, era mucho más rebelde y engreído.
“Tienes que ir Tony, ya lo hemos discutido” Steve repitió tedioso, estaba estacionado afuera de la
exclusiva primaria privada que Howard había elegido, el niño tenía la vista fija en la calle, los
brazos cruzados sobre el pecho y había decidido ignorar completamente a Steve.
“No me voy a mover de este sitio” dijo con voz filosa y Steve torció los ojos al recordar la vez que
intentó llevar a Tony a vacunar a sus 42 años y el hombre había dicho exactamente lo mismo, con
la misma mirada asesina y ceño fruncido. Soltó una risa en frustración teñida de algo de
melancolía.
“Bien” Tony dijo engreído y Steve sintió una frustración tremenda al no saber cómo lidiar con
Stark en ninguna etapa de su vida.
El silencio se mantuvo por largos minutos hasta que Steve se rompió, soltó un suspiro y recargó su
frente en el volante frustrado.
“Bien” Steve dijo ya molesto y salió del carro azotando la puerta, caminó hasta la puerta del
pasajero y la abrió molesto, tomó al niño en sus brazos contra su voluntad, Tony pataleaba y
gritaba, era increíblemente terco y berrinchudo, y a pesar de que excedía la paciencia de Steve se
mantenía rígido y con cierta templanza.
En aquella dimensión paralela Howard simplemente lo empujaba fuera del auto dejándolo llorar
por horas solo en la calle.
“Tony Stark, un gusto verte en mi grupo” La maestra dijo con una amplia sonrisa y el niño no le
dirigió la mirada, Steve suspiro cansado, era imposible. Se acuclilló a su lado.
“Todo aquí es muy lento, todos son muy estúpidos” dijo molesto y Steve lo miró con
desaprobación.
Tony lo pensó por un momento, analizo todas las posibilidades y cayó a la conclusión que de
cualquier manera tendría que asistir a la escuela, así que simplemente asintió y dio un suave beso
en la mejilla de Steve, después entró resignado al salón.
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“¿Estás seguro que quieres pasar el resto de tu vida cuidando un niño? Digo, ambos de sus padres
están vivos y cuerdos” Bucky preguntó algo preocupado por Steve que había invertido los últimos
5 años viviendo por Tony, no era que le desagradara el niño, simplemente se le hacía ilógico como
alguien como Capitán América pudiese rechazar misiones porque tenía que asistir al festival de
primavera de un niño que ni siquiera era su hijo.
“No puedo entenderlo aún” Bucky dijo sincero y le dio un largo trago a su cerveza, Steve tomó la
suya y le dio un trago también, tomaba por hábito, por mero protocolo social.
“Por cierto, hablando de Tony… Su fiesta será en unos días, espero verte ahí”
“Sabes que siempre estoy ahí, más bien deberías buscar que Howard le regale mínimo una mirada”
dijo gélido y la mirada de Steve se quebró.
“Tony no lo necesita”
“Claro, te tiene a ti. Pero no importa cuánto estés tú ahí, el niño no te ve como padre”
Y Steve estaba realmente agradecido por eso porque por alguna extraña razón Tony no le decía tío
como a Bucky, o papá, simplemente Steve. Asintió con una sonrisa.
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La fiesta había sido temática y Tony había escogido la robótica como tema principal, María había
organizado todo y el Capitán estaba realmente impresionado de ver como una fiesta infantil se
había convertido en un evento social donde los 60 invitados eran adultos.
No, no estaba feliz con eso. Sin embargo a Tony no le importaba, él simplemente quería pastel de
chocolate amargo y estar con Steve.
“Tony, usa el tenedor” Steve dijo con una sonrisa al ver mechones de cabello castaño cubiertos en
betún de chocolate.
“Es innecesario”
Esas respuestas lo mataban. Sonrió estúpidamente y lo levantó en brazos, dándole un tierno beso en
la nariz, al extremo de su mesa una mujer los observaba analítica con una tenue sonrisa en sus
labios.
“¿Es…. Es Steve?” Peggy preguntó con voz quebrada y Howard siguió el punto fijo que veía, sí,
era Steve y Tony.
“Sí”
“No sabía, no sabía que hubiese formado una familia” Peggy dijo con una sincera sonrisa tratando
de observar cada detalle del niño que sostenía en brazos, notó como Steve daba juguetones besos
por su frente, su nariz y sus mejillas, también notó que estaba manchado de lodo, de pastel y que su
cabello rubio estaba sin peinar. Se veía pleno y ella por un momento se sintió feliz.
“Es porque no lo ha hecho” Howard dijo aun observándolos con un sabor amargo en su boca,
porque él jamás podría ser lo que Steve es, o hacer lo que hacía, porque sentía un extraño rechazo
hacía Tony desde el momento que María se embarazó, lo quería claro, pero no podía soportarlo por
más de una hora. Sin embargo agradecía que Steve estuviera porque quién sabe qué hubiese sido de
ese niño sin alguien como Steve.
“¿Entonces, ese niño quién es?” Peggy preguntó curiosa, su mirada castaña contorneada de finas
arrugas.
“Quería que lo conocieras ya que estuviese limpio, pero ven, te lo presento. Es mi hijo, Tony, Tony
Stark” Howard dijo con un notable orgullo en su voz y se levantó de la mesa, Peggy lo siguió con
una sonrisa en sus labios hasta que el nombre le recordó todo. Su sonrisa se esfumó.
Tony.
Tony Stark.
Sintió una agitación en su pecho, una taquicardia, intentó recordar todos aquellos dibujos, esos
bocetos, no le fue difícil, recordó cada detalle nítido del rostro de aquel hombre, sus ojos tan
idénticos a los de María.
María Stark.
Mierda.
Mierda.
Mierda.
Se le fue el aire por unos segundos y quedó paralizada a medio jardín, Howard volteo asustado y la
tomó de la cintura.
“¿Peggy? ¿Pegs? ¿Estás bien?” Preguntó alarmado y las personas comenzaron a acercarse.
Estaba en un shock.
Todos los recuerdos de aquella pelea con Steve vinieron como torbellino en su mente.
Había querido creer que había sido una etapa oculta en su vida, una pesadilla que había imaginado
todo este tiempo.
Pero no.
Era real.
Tan real como la escena frente a sus ojos.
Ahora todo esto tenía explicación, ahora entendía por qué había surgido en él este paternalismo tan
extraño, tan salido de la nada, contemplaba como Steve besaba al niño y se le volcó el estómago,
las continuas taquicardias la hicieron palidecer completamente.
El boceto de aquel hombre semidesnudo con la espalda arqueada y los labios abiertos se volvió
nítido en su mente.
Steve.
Steve tenía los ojos cerrados, sentía la mano de Tony definiendo sus facciones, sonreía contra su
voluntad. Era un juego que Tony había inventado, consistía en cerrar los ojos mientras el otro
trazaba líneas por su rostro, tratando de adivinar en qué momento se trazaría una línea en los labios,
si ambas coincidían entonces uno ganaba y daba una suave mordida en la mano del otro.
Steve estaba atento al momento en que sentía el tacto del niño cerca a sus labios, de repente Tony
lo sacudió ligeramente.
“Una señora se desmayó” dijo alarmado y Steve abrió los ojos de golpe, volteo hacía donde toda la
gente se amontonaba, encontró a Howard hincado junto a un cuerpo, prestó atención a la persona
inconsciente y sintió como la sangre se le iba a los tobillos, se tambaleó nervioso.
“Peggy” dijo involuntariamente con un nudo en la garganta, lucía mayor pero aún hermosa, tal y
como la recordaba, una sonrisa nostálgica en sus labios porque a pesar de todo, la había extrañado,
porque todas las noches que paso llorando mientras Tony estaba en el hospital, o rehabilitación o
simplemente muy inconsciente, pensaba en ella. En que hubiese hecho ella, en si lo recriminaría
por no obligarlo a cambiar o si lo alentaría por plantarse como un árbol y permanecer junto a Stark
aun cuando nadie más lo había hecho.
Tony notó como su estabilidad se esfumó al ver a aquella mujer y lo miró analítico, la mirada
profunda y el ceño fruncido.
“Dámelo, ve” Bucky dijo a su espalda y extendió los brazos para cargar a Tony, Steve asintió
absorto en sus pensamientos, le paso al niño sin dificultad y entró entre el borlote de personas,
Tony extendió la mano en su dirección y Bucky notó como su mirada se hacía cristalina.
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“¿Quién era ella?” Tony preguntó molesto con la mirada fija en los ojos azules del sargento, el
cual tragó difícilmente y con una sonrisa entretenida le dio un largo trago a su limonada.
“Una vieja novia de Steve” respondió sincero expectante a la reacción del niño, porque jamás había
visto a un niño tan pequeño y posesivo, sabía que en la infancia los humanos solían ser más
egoístas, mas naturalmente aprehensivos de sus padres o las personas que amaban, pero esa clase
de mirada filosa del niño era distinta, tan adulta, tan fría y analítica que inclusive mandaba
escalofríos tenues por su columna vertebral.
“¿Y por qué fue a ayudarla?” preguntó de nuevo con un tono de voz cada vez más molesto.
“Papá estaba ahí” Tony contrapuso delatando la mentira de Bucky que simplemente sonrió y
asintió.
“Tú y yo sabemos que Howard no es el más útil” dijo algo molesto y Tony permaneció en silencio
largos minutos.
“¿Quieres jugar?” Bucky preguntó intentando usar lo único que sabía funcionaba con cualquier
niño.
“No, quiero que Steve regrese” dijo cortante y Bucky soltó una risita, no estaba para nada
acostumbrado a esa clase de respuestas en un infante de 5 años.
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Howard, Steve y María permanecían de pie observando el cuerpo aún inconsciente de Peggy en la
cama del enorme cuarto de visitas de la mansión Stark.
Steve se mordía el labio nervioso, Howard la miraba expectante y María simplemente estaba ahí
cuidando a Howard porque jamás le había agradado Peggy, mucho menos la amistad tan cercana
que ella y su esposo mantenían.
Cuando la agente comenzó a moverse Howard sonrió y Steve involuntariamente dio un paso hacia
adelante.
“Cariño, creo que lo mejor es dejarlos…. Solos” María dijo la última palabra alzando las cejas
como quién pasa un código secreto y Howard abrió los ojos entendiendo, Steve y Peggy llevaban
12 años sin verse.
“Estaremos afuera” Howard dijo y le dio una palmadita amistosa en el hombro al Capitán, el cuál
sonrió asintiendo. Observó cómo ambos salían de la habitación cerrando la pesada puerta tras de
ellos, se acuclillo junto a la cama aun observando fijamente a Peggy, tenía tanto por preguntarle,
tanto por contarle, sonreía sincero observándola tomar consciencia.
“¿Steve?” Peggy preguntó con mirada aun borrosa y contempló al hombre delante de ella asentir,
la agente sonrió sincera y lo abrazó. Lo había extrañado.
Sí, al fin se veían, su aroma se filtraba por sus sentidos haciéndola temblar, recordando aquellos
desayunos sobre la cama, la mirada tierna de Steve, sus relatos, su inquebrantable moral, su
terquedad y arrogancia, pero también la imagen de ese chico de 18 años queriendo encontrar quién
era y a dónde pertenecía.
Sonrió hasta que su mirada se volvió más nítida y recordó dónde estaba y por qué. Se separó
bruscamente de él y se puso de pie, Steve la contemplaba desconcertado.
“¿Estás bien?” Steve preguntó algo asustado al ver su mirada acusándolo de una manera tan
severa.
“¿Cómo te atreves?” Peggy preguntó ardiendo en rabia repentinamente, el hombre dio un paso
hacia atrás.
“Lamento haberme ido tanto tiempo Pegs, no sabía la relatividad del tiempo, yo solo debía volver
a…”
“No Steve, no te hagas el idiota” y esa palabra jamás la había usado con él, ni con nadie que
recordara, Steve sintió un nudo en la garganta y algo presionándole el corazón.
“¿De qué hablas?”
Peggy estaba alterada, no sabía aún si sus deducciones eran ciertas, sin embargo era tan obvio,
tanto que le dolía no haberse dado cuenta antes, le amargaba la saliva el simple hecho de pensar
que todo lo que tenía con Steve se había derrumbado por ese niño, ese insignificante niño que
pasaba desapercibido. Viéndolo por el otro lado y dejando atrás sus sentimientos por el Capitán,
era perturbante para su mente contemplar a Steve tratando de esa forma al niño que en un futuro tal
vez se convertiría en su esposo, era demasiado para ella. Tanto que le dolía el pecho, porque no
quería juzgar a Steve, sin embargo tampoco podía dejar de sentir desagrado e incomodidad al
recordarlo con el niño.
Oh no.
No.
Corre.
Steve sintió sus pies anclados al mármol, esa imposibilidad de moverse, de respirar, de juntar las
palabras, esa impotencia al darse cuenta de lo que realmente estaba pasando, Peggy era inteligente,
más de lo que hubiese previsto, había atado cabos de una manera precisa y seguramente estaría
pensando lo peor de Steve, sus ojos comenzaron a cristalizarse.
“No es lo que piensas” dijo ya con voz quebrada y Peggy se mantuvo firme, ni una lagrima en sus
ojos.
El Capitán intentó acercarse a ella, explicarle que no era nada parecido a una pedofilia o a algún
deseo torcido en su mente, él simplemente quería estar con Tony, necesitaba estar con él, sin
importar su etapa de vida, no era difícil de entender, no era…
“Su nombre Steve o te juro que grito y Howard vendrá en menos de dos minutos”
“¡¿Cómo pudiste!? Sabía que era hijo de Howard, era tu amigo Steve” gritó molesta y Steve miró
paranoico hacía la puerta.
“¿Tú solo qué? ¿Descubriste que estabas casado con el hijo de Howard y seguiste con el juego?”
Un golpe sordo y seco se escuchó, su mejilla ardiendo y su mirada cada vez más rota. Sabía que lo
merecía. La mano de Peggy punzaba por la cachetada propiciada y su corazón parecía estar a punto
de estallar a cualquier segundo, demasiado bombeo de sangre, tanto que sus mejillas se
enrojecieron notablemente.
“Lo amo”
“No como hombre, no de una manera sexual ¿Cómo puedes pensar eso?” Steve preguntó
realmente herido, porque no, él jamás le haría eso a Tony, jamás le quitaría la inocencia de su edad.
“Pero no es lo mismo Peggy, era otro Tony, este Tony es un simple amor fraternal, te lo juro, yo
jamás lo he visto con otras intenciones, tienes que creerme, yo solo quiero que este bien y verlo,
verlo crecer”
“¿Para qué? ¿Para qué cuándo sea adulto asecharlo?” Preguntó molesta y Steve se quebró.
Jamás lo había pensado. Había intentado creer que el Tony que era su esposo no existiría en esta
dimensión, no sabía realmente que sería este Tony de él, solo sabía que quería estar con él.
“No, jamás”
“¿No me digas que cuando sea un hombre simplemente te irás?” Peggy preguntó incrédula y Steve
sintió las rodillas temblando, no era una decisión que quisiera tomar, al menos no ahorita.
El silencio reinó en el cuarto por breves segundos, Steve estaba con la vista fija en ella,
implorándole, rogándole que le creyera, que él jamás había pensado en hacerle daño a Tony, ni a
Howard, ni a ella.
“Ah claro, porque lo amas ¿Cierto?” Peggy preguntó molesta y Steve se llevó ambas manos a la
cara en frustración, su llanto audible.
“No es como si alguien decidiera a quién amar, ¿Crees que no pase por esto antes? ¿Crees que no
me torturé tantas noches durmiendo a su lado pensando en lo enfermo que había sido, que había
estado por casarme con el hijo de Howard? ¿Con un hombre? ¿Crees que no me sentí mierda al irlo
conociendo a sus 52 años y darme cuenta que sus miradas me dejaban estático? ¿Qué era tan
brillante, tan carismático, tan gentil? ¿Crees que no enloquecí cuando me di cuenta que lo amaba?
Es como un rayo que te parte y te deja estaqueado en medio del patio, no pude hacer nada más que
quedarme, más que quererlo”
Conocía a Steve, lo conocía mejor que a nadie y sabía que él era incapaz de contemplar a Tony con
otros ojos, sin embargo también sabía que el niño crecería y que pronto sería un hombre y las
cosas se complicarían para todo, para él, para el mismo niño y para Howard.
“EL hombre que amaste en aquella dimensión no será el mismo en el cual este niño se convertirá”
“Eso no lo puedes saber” Steve dijo algo alterado, una taquicardia retumbando en sus oídos y la
inestabilidad haciéndole temblar las manos.
“No”
“Fue lo que fue e hizo lo que hizo por lo que vivió antes de ti. Dime ¿Quién era él?”
Steve la miró incrédula porque jamás se imaginó que fuera a interesarse por un fantasma en sus
recuerdos.
“Siéntate”
Steve obedeció.
“Leí tu bitácora”
“La encontré escondida detrás de un muro falso, leí la manera en que lo describías, la manera en
que lo cuidabas, inclusive la manera en que peleaban me hizo darme cuenta que yo jamás sería
para ti lo que él era. Pero gran parte de lo que él fue era por no tenerte”
“Darme cuenta de todo lo que él era, leer 181 páginas que solo hablaban de él, fue suficiente para
tomar mis cosas e irme. Después María tuvo su primer aborto y le pregunte a Howard si todas las
personas existían en todas las dimensiones, dijo que no y esa misma tarde tomé el primer vuelo a
Londres”
Steve estaba en shock, porque esa bitácora eran sus estúpidas emociones a flor de piel, el llanto
había cesado en ambos y la mirada de Peggy ya no era filosa, sino lastimera.
“Me di cuenta entre líneas lo mucho que él era parecido a Howard. Tu incertidumbre al escuchar
que todos te aconsejaban que lo dejaras, que no era sano para ti mantenerte a su lado. Te
mantuviste firme, tal y como un roble. Me sentí orgullosa de ti y al mismo tiempo completamente
destruida, porque yo hubiese hecho por ti, pero tú lo hiciste por él”
“Lo siento mucho Peggy” Steve dijo sincero al notar la mirada cristalina y la voz rota de ella, la
mujer negó con la cabeza y se puso en pie.
“No lo hagas”
“¿Disculpa?”
“Tony era brillante, revolucionó la ciencia, cambió el mundo en esa dimensión. Un futurista, un
genio… Pero ¿Por qué?”
“Así es él…”
“No Steve” Peggy lo interrumpió seria “…él fue brillante para llamar la atención de alguien, de
Howard, de María, era un niño abandonado. Uno no es simplemente porque así nació, sino por
todo lo que vivió. Sí, cambió la humanidad porque sufrió, porque entendió que estaba solo, que el
mundo es un sitio frío e inhóspito y él quiso hacer algo para cambiar esto, para dar esperanza”
“¿Estás diciendo que el Tony de esta dimensión, mi Tony, debe sufrir? ¿Debe ser violado? ¿Probar
las drogas a los 8 años? ¿Ser rechazado por Howard? ¿Llorar todas las malditas noches porque su
padre no le dirige una maldita mirada? ¿Intentar suicidarse cada fin de semana? ¿Amanecer
sintiendo que no vale absolutamente nada? ¿Qué nadie lo ama? ¿Qué a nadie le importa? ¿Vivir
con esa maldita incertidumbre y un paquete de drogas en la guantera del carro?” Steve lanzó
pregunta tras pregunta con un profundo dolor en sus palabras, Peggy le sostuvo la mirada firme,
asintió.
“Si todo eso lo convirtió en quién fue, entonces así debe ser”
“Steve, tú lo dijiste. Él nació de las cenizas y cambió el mundo, para nacer de las cenizas se
necesita quemarse, consumirse hasta serlas”
“¿Y qué si hubiese muerto en una de esas noches? ¿En uno de esos accidentes a media
madrugada?”
“No, no lo permitiré”
“Steve, tal vez estás haciéndole más daño privándolo de todo lo que puede ser, de todo lo que
puede aportar al mundo”
“¿Así que de eso se trata? Experimentar con él hasta hacerlo sangrar para dejar un estúpido legado
para los hijos de las personas que lo hicieron sangrar”
“No sé Steve, no sé…. Solo sé que las cosas no deberían ser así”
Steve no supo que contestar, sentía un nudo en la garganta ante la sola idea de estar ahí y no hacer
nada por evitar todos aquellos traumas que habían desfragmentado al hombre que amaba.
“Entonces lo estaré”
“No”
“Puedo permitir que hagas de su infancia una experiencia menos traumática, pero no podrás
protegerlo siempre Steve”
La puerta de la recamara se abrió y ambos saltaron asustados, el pequeño Tony los miraba
analítico, su ceño fruncido y su mirada oscura.
“Oh Tony, ¿Dónde está Bucky?” Steve preguntó algo molesto por la irresponsabilidad de su
amigo.
“De cualquier forma, ya debo irme. Me dio gusto verte Steve” dijo sincera y caminó hacía la
puerta, sacudió juguetonamente el cabello castaño del niño y después salió del cuarto, Steve se
sentó en la cama con los ojos cerrados, después de unos segundos sintió una mano pequeña
trazando líneas por su rostro.
“Llevábamos mucho sin vernos, nos dio emoción vernos” mintió y Tony asintió con la inocencia
digna de su edad.
“No quiero que te vayas” dijo en un murmuro y Steve abrió los ojos.
“A cenarse dijo”
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Steve había intentado poner más distancia entre ambos, no que realmente le hubiese funcionado,
simplemente había intentado ser menos obsesivo, había dejado que Tony cayera de los arboles sin
acudir a su rescate, o que jugará con los objetos del taller de Howard aunque hubiese sufrido una
quemadura de tercer grado.
Sí, se sentía culpable porque sabía que todo eso pudo ser evitado, pero se había dado cuenta que de
la caída del árbol había sacado una teoría gravitacional ligada con la relatividad del espacio. De la
quemada había sacado una idea algo espeluznante de un prototipo de bomba nuclear.
Peggy tenía razón, cada experiencia negativa dejaba algo bueno en él, es como si Tony estuviese
ligado al peligro y de ahí surgiese su creatividad, su genialidad.
Conforme los años pasaron y el niño fue creciendo comenzó a pasar menos tiempo con Steve y
más tiempo solo, el Capitán lo entendía y de cierta forma este cambió hizo que Peggy estuviese
menos atenta a ambos.
Claro que aún lo seguía viendo diario, cuando él no iba a la mansión, el pequeño Tony de 6, 7, 8
años llegaba hasta su apartamento en bicicleta, a veces pasaban las noches viendo caricaturas,
comiendo pizza. Hablando acerca de la escuela, de que pronto entraría a la preparatoria y de como
nadie le hablaba en la escuela.
Sí, era el mismo Tony, superdotado, egocéntrico e irreverente, pero también era distinto, era dulce,
sincero, gentil y algo tímido. Había adquirido fragmentos de Steve en su personalidad y el Capitán
no sabía que tan bueno o malo esto sería en un futuro.
“¿Steve?” Se escuchó la voz agitada en el teléfono, eran cerca de las 3 de la tarde y sábado,
generalmente los fines de semana Tony salía con Howard o María.
“Mamá y Papá…. Se pelearon. Ellos, ellos se fueron” dijo entre sollozos y Steve comenzó a sudar
en frío, recordando aquella noche, a Tony con una jeringa en el brazo contándole este momento
decisivo en su vida.
“Sí, estoy en el sótano, en el taller de papá… escuché pasos arriba, creo que es el vecino, el que
me molesta ¿Recuerdas?”
Porque conocía al niño, más bien al adolescente. Y sabía, sabía perfectamente que pasaría después
de esta llamada.
Ese día había sido el inicio de 2 décadas de desenfreno, violaciones, y adicción para Tony, había
sido el inicio de toda una vida martirizándose y avergonzándose de verse a sí mismo al espejo. No,
Steve no podía permitirlo.
Sí, tal vez Peggy tenía razón y debía permitir que esta clase de cosas sucedieran y marcaran la vida
de Tony, tal vez todos esos años de demonios y adicciones lo convirtieron en el hombre fuerte y
extraordinario que era, tal vez debía quedarse aquí, morir a cada minuto que pasara y su mente le
recordara que mientras él estaba aquí, Tony estaba gritando, o llorando, o sangrando…. La sola
imagen de un adolescente sobre él robándole todo lo hizo temblar.
No, no le importaba si Tony no era el mismo en aquella dimensión que en esta, no le importaba ya
ni siquiera si no llegaba a ser el mismo genio, el mismo hombre que cambiaría al mundo, él no le
debía nada al mundo, no tenía por qué dejarse destruir para reconstruirse. Steve no se dio cuenta
entonces que ya no recordaba tanto a aquel hombre, que ya su mente estaba siempre ocupada por
aquel niño de ojos castaños y corta estatura… No se dio cuenta que todo lo que Peggy temía estaba
comenzando a cobrar vida.
Steve corrió escaleras arriba hacía la mansión de los Stark, la puerta entreabierta y cristales en el
piso, su corazón se desbocó. Su mente lo taladró con los peores posibles escenarios.
“TONY” gritó asustado y corrió por la mansión hasta encontrar la puerta que conducía al sótano,
bajó las escaleras corriendo, su frente sudando y sus ojos pigmentándose de un rojo escarlata,
encontró a un chico de unos 16 años, cabello rubio y delgado parado, se veía su espalda y en la
mano traía una bolsa translucida que dejaba ver algo de marihuana, en su otra mano una navaja
pequeña pero que reflejaba la luz de los focos.
La sola escena hizo que Steve perdiera completamente la cordura. Aquel chico se veía tan decidido
a derrumbar la vida de un niño de 8 años, el sabor de su boca se tornó amargo, insoportable a sus
papilas gustativas, tomó de la camisa al chico y no supo realmente en que momento lo estampó tan
duro con el muro que este se cuarteó e hizo que el adolescente gritara de dolor. Su mano firme
alrededor de su cuello y su mirada gélida ignorando completamente como el rostro del chico se
tornaba purpura, como su piel cada vez era más fría y su respiración más débil.
Estaba enloquecido.
“¡STEVE!” Era la voz de Tony y sonaba aterrorizada. Steve volvió en sí soltando al chico que
cayó inconsciente frente a él.
Mierda.
Mierda.
Se hinco junto al chico buscando auxiliarle y no escuchó respiración alguna. Buscó su pulso.
Nada.
Una sola imagen en su mente, Tony ahorcando a aquel niño en la cancha de football, Tony no lo
había hecho porque fuese agresivo, o porque fuese una amenaza, tampoco porque estuviese bajo
influjo de drogas o fuese un monstruo, Tony lo había hecho por miedo. Por un pánico desquiciante
de que Peter sufriera lo mismo que él había sufrido.
El mismo pánico que Steve había sufrido ahorita al pensar en la factibilidad de que alguien
agrediera así a Tony, había perdido completamente la razón y los estribos de sus actos.
La respiración del Capitán se entrecortó y sus ojos comenzaron a dejar salir pequeñas lágrimas, él
y todos le habían temido a Tony y lo habían llevado a corte, había vivido 52 años siendo señalado
pero nadie jamás había intentado saber el por qué. Nadie jamás había pensado que el gran y seguro
Tony Stark era en realidad una víctima desde el principio, de un padre irresponsable, de una
violación sexual, de una dependencia a estupefacientes forzada, de un vacío tan succionante que
iba magistralmente oculto detrás del genio del siglo, detrás de trajes excesivamente costosos y
sonrisas publicitarias.
“Vámonos Steve” El pequeño Tony dijo con una agitación perceptible en su voz. Steve asintió
estúpidamente y se puso en pie, aun temblaba ligeramente por el frenesí de adrenalina, era incapaz
de dirigir su mirada al cuerpo aún inconsciente del adolescente, un charco de sangre formándose
bajo su cuerpo.
Steve cargó a Tony y salió de la mansión, encendió el carro y tomó la primera carretera que
encontró, sudaba en frío y sus taquicardias no parecían ceder.
“No fue tu culpa” Tony dijo intentando calmarlo y Steve intentó darle una sonrisa.
En dos horas llegó a otro estado, rentó una habitación de hotel y subió con Tony, cerró la puerta
tras de él, el nerviosismo y la paranoia matándolo. Tenía que bajar a recepción, tenía que avisarle a
Howard que él tenía a Tony, que no se preocuparan. Tenía que encender la televisión, ver qué
pasaba en las noticias, de seguro sería noticia nacional encontrar un cuerpo sin vida en la mansión
Stark.
Vio como el pequeño Tony se quitaba el pantalón quedando en un bóxer sencillo de color azul
marino, estiró los dedos de los pies y se tapó con el cobertor de la cama matrimonial del hotel,
encendió la televisión buscando inmediatamente el canal infantil.
Lo peor no era realmente haber asesinado a un chico de 16 años, lo peor era que no sentía una
pizca de arrepentimiento, porque Tony, Tony estaba seguro.
Cerró los ojos aun sudando, Peggy tenía razón. Steve se había convertido en un obsesivo
sobreprotector con Tony, más de lo que se hubiese podido imaginar, más incluso de lo que era con
Peter, más de lo que Tony era con Peter y eso ya era mucho decir.
Pensó en bajar al teléfono pero de nuevo ese amargo sabor en su boca y su estómago revuelto, no
podía dejar solo a Tony. Mierda, necesitaba comenzar a no ser tan dependiente a él.
“¿Quieres algo de comer?” preguntó con la primer sonrisa del día y Tony arrugó la nariz.
Cerró la puerta con seguro y bajó corriendo hasta recepción no sin antes dejar la orden en
restaurante.
Oh mierda.
Steve sonrió para sí mismo al darse cuenta que detrás de toda la ebriedad y frialdad de Howard,
mínimo se interesaba por su hijo.
“Sí, vinimos a Miami, a la playa. Acabamos de llegar al hotel, solo que no tuve oportunidad de
marcarte antes ¿Todo bien?” preguntó intentando fingir tranquilidad.
Funcionó.
“No, encontraron…. Encontraron un cuerpo, el chico, ¿Lo recuerdas? ¿Dave Brown?” Steve
sintió un escalofrío por la espalda.
“Estaba muerto, en mi taller. Tenía marcas en el cuello, alguien lo estranguló hasta matarlo. El
muro estaba desgastado, como si alguien demasiado fuerte lo hubiese impactado”
Oh no.
Un momento de silencio.
“No, no fui yo” Steve dijo con voz firme pero con su alma fragmentada.
“Bien, nadie estaba en la mansión. Nadie sabe qué pasó, ¿A qué hora pasaste por Tony?”
preguntó con voz agitada y Steve intentó sonar convincente porque después de todo ¿Quién
pensaría mal de Capitán América?
“Perfecto” dijo con voz cada vez más quebrada, no podría mantenerse íntegro por más tiempo.
“¿Cuándo vuelves?”
Se alejó de recepción lo más rápido que pudo para no romper en llanto, subió rápido a la habitación
abriéndola agitado, encontró a Tony en la misma posición que lo había dejado, la misma caricatura
en la televisión.
“¿Estas bien?” preguntó inocente y Steve asintió, intentó calmarse, limpiar sus lágrimas y sonreír
pero le fue imposible.
El niño bajó de la cama y caminó hasta él, Steve se inclinó para verlo a los ojos, el pequeño de
ojos castaños sonrió y lo abrazó, dio un suave beso en su mejilla y enterró su rostro en su cuello.
Peggy gritó histérica quitándose el sombrero de teniente y desabrochando su saco, Steve tragó
difícilmente. Su exnovia lo había citado a medianoche en una dirección desconocida y en cuánto la
puerta había sido cerrada, ella había explotado.
“No comprendo”
“Tú lo asesinaste Steve” ella dijo con voz quebrada y la ansiedad volvió a él, había pasado un mes
y nadie jamás había sospechado de él. Tony había declarado tranquilo y acordé a lo que Steve
había dicho, nadie jamás se hubiese imaginado que era él, y ahí estaba Peggy Carter, diciéndolo
tan certeramente con una mano en la cintura.
“No es verdad”
“El impacto en el muro, el tamaño de las huellas de la mano alrededor de su cuello, tu declaración
es falsa”
Oh no…
“¿Por qué...?”
“Yo pase por la mansión a las 9 con 12 minutos a checar como estaba Tony, me enteré ayer de la
pelea de Howard porque me marcó desde el aeropuerto para contarme… Tu declaración dice que a
las 8 ya estabas en carretera” Dijo fríamente y Steve no contestó.
Peggy sabía perfectamente y lo encubrió, en cada juicio había ido acorde a la declaración del
Capitán aun sabiendo que mentía, Steve se sintió agradecido.
“Tony…”
“No metas a Tony en esto. El niño no tenía ninguna marca de agresión” Peggy estaba exaltada, su
cabello ya largo y castaño revuelto, sus ojos vidriosos.
“¡Contéstame carajo!”
“Dave Brown en la dimensión paralela violó a Tony. No iba a permitir que lo hiciera esta ocasión”
“Oh no Steve…. ¡NO!” Peggy gritó aún más molesta su palma en su frente y su respiración
agitada.
“Discúlpame Peggy, no puedo permitir que algo le pase, que alguien lo traume de por vida”
Ambos se gritaban ya de frente, llorando de coraje y temblando por la adrenalina embriagante del
momento.
“Steve por Dios, Brown Banks ¿Te suena familiar? Era el único heredero al sistema nacional de
bancos más grande. Si ellos se enteraran estarías muerto en menos de 5 minutos… o peor, tomarían
venganza con Tony”
“Ya no sé si te conozco o no Steve, ahora solo vives por y para Tony. Esto es enfermizo”
Steve interrumpió sus palabras y sintió un nerviosismo desquiciante, una sola idea en su mente. La
posibilidad de no volver a verlo, de no poder cuidarlo.
Hubo un silencio sepulcral, Peggy dejó salir un suspiro, se recogió el cabello y se puso el saco de
teniente, tomó el sombrero militar y lo coloco sobre su cabello ondulado.
“El Lunes te vas. Te doy el fin de semana para que te despidas del niño. No más, si no vas con una
sonrisa en tu rostro les diré en cualquier momento que fuiste tú”
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“¿Y no puedes decir que no?” Tony preguntó con ojos vidriosos mientras le ayudaba a doblar algo
de ropa, ambos en el apartamento de Steve bebiendo una malteada.
“¿Te olvidaras de mí?” Tony preguntó inquieto y Steve soltó una risita.
“Lo es”
“No lo haré”
“Lo prometo”
“Tengo algo para ti” Tony dijo y Steve lo miró curioso, el niño sacó de la bolsa de su pantalón un
pequeño aparato.
“¿Qué es?”
“No sé aún como llamarle, es una frecuencia parecida al satélite, lo colgué del último prototipo que
Howard envió a la nasa”
Steve soltó una risita y tuvo un impulso natural de abrazarlo y darle un beso en la mejilla.
Se contuvo.
“Para mandar mensajes al instante. Yo tengo uno igual” dijo y sacó otro aparato parecido.
Tony Stark de 8 años de edad acababa de inventar una especie de Whatsapp rudimentaria en 1978.
Steve sonrió orgulloso.
“Te enviaré mensajes diario” dijo con una sonrisa y Tony también sonrió.
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SR: Estamos cerca de India, no ha habido bajas. Nada interesante. Cuéntame de ti.
TS: El lunes es mi primer día y todos tienen 7 años más que yo.
Y no veía fecha próxima ya que Peggy se esmeraba en no darle un solo día de descanso,
mandándolo de misión en misión, de país en país, lo único reconfortante era que en la siguiente
misión había leído el nombre de Bucky en su división. Quería decirle algo de eso a Tony, pero
sabía que ni siquiera la versión infantil lo aceptaba completamente. Decidió mejor omitirlo.
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TS: Es un idiota, no lo veo en días y cuando bajo a su taller a saludarlo me dice “Tony, no me
molestes. Estoy ocupado”
Steve chilló los dientes y se acostó sobre las tablas duras apoyadas sobre piedras, estaba en un
punto perdido en medio de África e iban en busca de una ciudad llamada Wakanda. Bucky dormía
plácidamente a su lado.
SR: Te extraño más Tony, no tienes idea. Espero esto acabe pronto.
TS: Deberíamos hacer una carrera de aviones a control remoto cuando vuelvas.
Y Steve soltó una risa porque pudo casi escuchar la voz caprichosa e infantil de Tony en su mente.
“¿Sabes que no es normal verte sonrojándote y riéndote mientras mensajeas con un niño de 10
años, cierto?” Bucky preguntó desde la cama y Steve sintió un viento helado por su espalda.
TS: Te quiero.
Steve titubeo un segundo y volteo a ver de reojo que su amigo había vuelto a caer en un sueño
profundo.
SR: Yo más.
Peggy era un ser encantador como persona, como novia era la mujer perfecta, como amiga una
cómplice fiel y rebelde. Como jefa y enemiga, era completamente insoportable e inescapable.
Steve había recibido un buen castigo por todo lo que Peggy imaginaba merecer uno, los mensajes
de Tony seguían llegando diario y él inclusive en campo los contestaba, a veces empezaba él a
mandarlos, a veces el chico, lo cierto es que con el paso de los meses que se convertían en años,
Tony se leía más maduro, menos caprichoso, pero mucho más frío.
A pesar de la distancia y llevar 3 años sin verlo, aún lo sentía cercano. Habían tenido algunas
disputas en las que Steve siempre era mágicamente el culpable y Tony decidía no contestarle por
uno o dos días, jamás duraban más de eso sin hablar.
TS: Sí, no me emociona ingresar a los 14 años, pero ¿Qué más puedo hacer?
Estaba escribiendo en el dispositivo cuando vio como Bucky caminaba en rumbo al café, levantó
la mano saludándolo, en eso vio como sin querer chocó con una chica pelirroja de ojos verdes y
cuerpo menudo, la chica había caído y Bucky la ayudó a levantarse. Steve reía entretenido hasta
que notó como ambos extraños se habían anclado en sus miradas.
Oh no.
Escribió entretenido y lo mandó sin siquiera pensar que Tony no lo entendería como él lo hubiera
deseado.
En su antiguo cuarto de la mansión Stark se escuchó el sonido del dispositivo, Tony corrió hacía él
con una sonrisa y se aventó a la cama, junto a él una calculadora científica y un grueso libro de
cálculo avanzado. Su sonrisa se ahogó en cuanto leyó el mensaje.
¿Felicidades?
¿Cómo se llama?
No.
Tony cerró los ojos, sus manos temblando, su rostro lampiño y su cabello castaño cayendo en
mechones por su frente. Mierda. Mierda. Mierda.
Era estúpido siquiera creer que Steve regresaría, era estúpido ansiar cada día que un mensaje de
“Voy hacía allá” llegara.
¿Esta impotencia?
Steve se mordió el labio revolviendo su café, Bucky le había hecho una señal con la mano y se
había marchado con la chica desconocida. Sonrió para sí mismo al leer el mensaje.
SR: No yo genio, Bucky.
Oh no, mierda.
SR: Sí
TS: ¿Olvidaste mencionarme que tu súper-ultra-mega mejor amigo lleva dos años viajando por el
mundo contigo?
Steve comenzaba a molestarse, sin embargo también tenía esta placentera satisfacción de
presenciar la primera escena de celos que Tony le hacía, ya no era una escena infantil de esas que
tienen explicación de una posesividad natural de la edad, Tony estaba por cumplir 14 años, ya era
un adolescente, las cosas se sentían distintas.
Steve sintió una taquicardia instantánea, Tony no tenía vergüenza o siquiera algo de mesura, era
apasionado, posesivo y caprichoso. Steve soltó una risa y tomó el dispositivo en manos. Tenía
tantas ganas de verlo, pero también sabía que la edad de Tony complicaría todo y que este extraño
nerviosismo en su piel era una adrenalina por verlo, por tocarlo. Peggy había tenido razón desde el
principio, Steve jamás lo había visto con mero amor fraternal. Era un amor cambiante y el Capitán
sabía que si se permitía verlo como hombre, seguramente lo amaría como hombre.
La pregunta de Tony había sido inesperada y Steve levantó la mirada algo paranoico, la calle
estaba vacía.
SR: Rusia
Steve contestó recordando que SHIELD estaba ahora desplegándose por la unión soviética, sabía
que Tony tenía acceso a esta información por Howard y hasta ahora había mentido exitosamente.
TS: Mientes
TS: La verdadera pregunta es ¿Qué haces en Milán cuando las misiones ahorita son en Rusia?
Mierda.
Tony lo estaba localizando vía satélite con el dispositivo, Steve sonrió nervioso, sus manos
temblando ligeramente. Era algo enfermizo que Tony fuese tan posesivo con él, al lado de crear un
GPS y rastrearlo, sin embargo sentía un extraño placer por saber que no era solo él el que actuaba
según Peggy “obsesivamente”
SR: Llevo unos meses aquí viviendo con Bucky, discúlpame. Tenía miedo en ir y verte, discúlpame.
Tomaré el primer avión a Nueva York.
Tony comenzó a llorar mientras releía el mensaje, porque mierda ¿Unos meses? Pudo haber ido a
buscarlo desde hace meses y Steve simplemente no había querido ir, “Había tenido miedo de ir y
verte”
¿Miedo en ir a verlo?
Tony arrojó el dispositivo al piso y se llevó ambas rodillas al pecho, intentaba no llorar, intentaba
no recordar aquella noche en el estudio de Howard en la que había bajado descalzo al enterarse que
el escuadrón de Steve estaba de nuevo en Norteamérica, le había preguntado a Howard con una
enorme sonrisa si el Capitán vendría a verlo y Howard sin siquiera dirigirle la mirada había soltado
una amarga risa y le había dicho:
“No seas ingenuo, Steve tiene mejores cosas que hacer que venir a verte”
Oh mierda, eso le había dolido tanto, sin embargo los mensajes diarios de Steve lo habían
convencido que no era cierto.
El Capitán llegó al apartamento solo, su semblante caído y su mirada cansada, no había tenido
respuesta de él durante todo el día.
“Steve, te lo digo como tu mejor amigo. Apártate de ese niño, va a confundir tu amistad”
“¿Qué hay que confundir de eso?” Steve preguntó irritado y Bucky lo miró desafiante.
Oh no, mierda.
El capitán intentó tragarse las palabras, clavó su vista en el piso e intentó huir, Bucky lo tomó con
fuerza del brazo y lo empujó agresivamente hacía el muro, el ladrillo crujió.
“Que seas homosexual lo puedo aceptar, pero Tony no solo es hijo de Howard, tiene 14 años
Steve”
Steve levantó su mirada vidriosa, el semblante de Bucky era duro y jamás había contemplado su
mirada tan severa, tan decepcionada, tragó audiblemente.
“Suéltame”
“Peggy sabía….”
Oh no.
“Por eso te mandó a misiones después del asesinato en la mansión Stark… tú fuiste”
Steve se llevó la mano a la frente y rompió en llanto, intento abrazar a Bucky pero su amigo se
retiró desconcertado.
“¿Quién…. Quién eres Steve?” Bucky lanzó la pregunta al aire y tomó una maleta negra del piso,
salió del apartamento intentando escapar de estas absurdas ganas de gritarle, de golpearlo, de estos
demonios morales que le pedían marcar a la policía, a Howard, a alguien… Peor Steve, era su
amigo, por tantos años… Mierda.
Bucky tomó el primer taxi con dirección al aeropuerto, debía hablar con alguien.
¿Qué pensará Howard?
Steve aún no comprendía la maldita mala suerte que lo seguía, Tony no había contestado ningún
mensaje ya, jamás había durado semanas sin hablarle, Steve sentía una extraña ansiedad, una
extraña dependencia, como algún tipo de síndrome de abstinencia. Era horrible, desquiciante y
absorbente, cada pensamiento de él comenzaba a carecer de normalidad, mantenía el hábito de
cada mañana y cada noche mandarle un mensaje a Tony.
El chico era increíblemente orgulloso, y Steve estúpidamente obsesivo. Esta declaración de guerra
fría entre ambos duró cerca de 3 semanas, hasta que a la mansión Stark llegó un sobre blanco en un
papel fino y delgado.
“Howard, amor ¿Ya viste?” María preguntó, su cabello encanecido y su cuerpo menos curvilíneo.
Vestía un traje sastre azul marino y tacones aperlados, su cabello grisáceo recogido y sus ojos
castaños aún joviales.
“¿Qué?” Howard ya de cabello blanco y bigote tupido contestó con interés desde la cocina, Tony
estaba tirado en el sillón completamente cubierto en cobijas, no lograba conciliar el sueño.
“El Sargento Barnes ¿Lo recuerdas? Amigo de Steve” preguntó María leyendo la hoja y entonces
Tony se descubrió la cara intentando no ser tan obvio.
“Sí claro”
“¿Con quién se casa?” Tony preguntó nervioso, por un instante su mente lo torturó con la imagen
visual de Steve y Bucky frente al altar, el solo pensamiento lo hacía nauseabundo.
“Una chica que no conozco, Natalia Swykapreska” Dijo pronunciando su apellido con verdadera
dificultad.
“Nunca vi a Bucky como un hombre de familia, de verdad veía más a Steve así” Howard dijo algo
extrañado pasando su mano por la cintura de su esposa, tomó el papel entre manos, había tres
boletos de ingreso en la invitación.
“Todos sabíamos que si no era Peggy, no era nadie” María dijo con una sincera sonrisa al siempre
recordarle a su esposo que Peggy era del Capitán. Sentía unos celos instintivos al verlo con la
agente, Howard simplemente asintió.
“Después del viaje dimensional Steve no fue el mismo” Howard dijo en voz baja y Tony alzó las
cejas intrigado.
“No fue tu culpa” María dijo firmemente y Howard tragó difícilmente, por más culpable o
desgraciado o alcohólico que fuese su esposa siempre se mantenía firme protegiéndolo, María era
una compilación de diversos fragmentos que el mismo Howard había creado, y aun así se mantenía
en una sola pieza por él.
“Tenemos que dejar a alguien con Tony esa noche” María dijo reflexiva y el adolescente levantó la
mirada.
“Sería agradable ir” Tony dijo intentando sonar casual e inofensivo, fracasó. María asintió
extrañada, Howard simplemente alzó las cejas y caminó de nuevo a la cocina.
-------
“Steve:
Estuve muy decidido a contarle todo a Howard, tomé un carro y llegue hasta afuera de la mansión,
logré ver a Tony en el jardín regando las rosas blancas de María, no tienes idea de lo grande que
esta, es casi un adulto ya, de estatura no es alto, pero sus facciones me recuerdan demasiado a
María, aunque tiene todas las gesticulaciones de Howard. De verdad le tomé un extraño afecto a
ese niño, no sé si por todo lo que hablabas de él o por sus preguntas poco infantiles que nunca
supe contestar. Tal vez le agarre tanto cariño al chico porque cuando estabas con él te
transformabas en aquel Steve de 18 años y demasiados sueños, inocente, gentil y siempre
sonriendo.
No sé qué es lo que debería pensar o hacer, las normas sociales cambian cada siglo a su antojo y
conveniencia y pretenden que todos nosotros las aceptemos y actuemos acorde a ellas sin queja
alguna. Lo que ahora es ilegal en un siglo será legal, lo que actualmente es legal hace un siglo fue
ilegal.
¿Te imaginas? ¿Qué tal si en unos años es legal que una persona de piel oscura se case con una
persona blanca? ¿Qué tal si en unos años las mujeres se vuelven líderes mundiales? ¿Qué tal si
en unos muchos años es posible que personas de un mismo sexo se casen?
Me siento en un torbellino de dudas, porque mierda, hace varios siglos sería imposible que una
mujer pudiese estudiar o desempeñar cargos altos en el ejército, y ve a Peggy. O a Tony
egresando de la preparatoria a los 14 y siendo aceptado en el MIT, este siglo es sin duda uno que
se rige por las excepciones y no quiero ser un retrograda que vaya en contra del progreso.
Te quiero como no tienes idea, te he querido desde el momento en que intentaste defenderme de la
cocinera de aquel hospicio por robar un pan ¿Recuerdas? Teníamos apenas 7 años y tu valentía
excedía tu estatura. Nos dejaron sin comer dos días por tu actitud “arrogante”, sin embargo desde
ese momento supe que quería estar contigo hasta el final de la línea.
Me gustaría conservar la idea que no importa a quién ames, sea negro o blanco, europeo o
asiático, joven o viejo, rico o pobre, gay o heterosexual, todos merecemos ser feliz con quién sea
que escojamos.
Así mismo como espero tú asistas a mi boda. Sé que para todos fue una noticia salida de la nada,
sé que para ti es algo completamente predecible. En las últimas misiones me di cuenta que ya no
somos quienes solíamos ser, y es momento que nos adaptemos. Los químicos no nos mantendrían
jóvenes por siempre, el tiempo corre limpiando todo a su paso, es natural.
Es una locura.
En fin, perdón por haberme desaparecido estas semanas, sé que lo entiendes, te anexo la
invitación, no puedes faltar… Tu nombre ya está impreso.
Bucky”
Sus ojos azules se humedecieron y dobló el papel, una sonrisa impermeable en sus labios, sacó una
maleta mediana y oscura y sin prestar verdadera atención empacó sus cosas.
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“¿Seguro que no está muy ridículo?” Bucky preguntó con su vista fija en el espejo, su uniforme
militar impecable y su cabello castaño recogido en una media cola.
“Podría ser peor” Steve dijo jugando y Bucky lo fulminó con la mirada.
Steve soltó una carcajada y se levantó de la cama, lo ayudo a justar sus diversas medallas de honor
y al estar tan cerca de él soltó un suspiro.
“¿Pasa algo?” Bucky preguntó con una ligera sonrisa apoyando su mano en su hombro.
“No, es solo… me siento algo nostálgico, es todo” Steve dijo sincero y lo abrazó necesitado,
Bucky entendió y se mantuvo firme alrededor de él. Fue lo más cerca a la dicha que Steve sintió
desde hace varios años.
La ceremonia fue pequeña, en un jardín abundante en flores y vegetación diversa, todo el tema era
extremadamente primaveral para el traje pesado de militar que tanto Bucky como Steve llevaban,
Steve sudaba notablemente y no perdía oportunidad para asesinar con la mirada a su amigo.
“No controlo el clima ¿Ok?” Bucky dijo ya enfadado de la mirada de Steve, Natalia sonrió
entretenida.
Steve sonrió al verla, vestía un vestido blanco ligero, una corona de flores blancas y andaba
descalza, era dulce, sincera y sarcástica. No era el gusto de Steve, pero sabía que era justo lo que
Bucky necesitaba, una persona tierna e inocente pero fuerte y segura para poder sobrellevar el
carácter de su amigo. Además Natalia era extremadamente inteligente y sabía que puntos tocar
para mantener a Bucky en línea.
“¿Cuándo empiezan las formalidades sociales?” Steve preguntó curioso al darse cuenta que hasta
ahora todos los invitados eran por parte de Natalia.
“Las invocaste” escuchó detrás de él la voz de Peggy, volteó con una sonrisa en sus labios, ella
vestía de negro, un vestido largo y elegante con cuello halter y un discreto escote en la espalda, su
cabello gris recogido y un collar de perlas sobre el vestido, al lado de ella dos chicas, una rubia de
ojos castaños y otra castaña de ojos grisáceos, ambos hombres inclinaron la cabeza en ademan de
respeto.
“Un gusto verte Peggy, como siempre” Steve dijo sincero y una sonrisa rota se formó en sus labios.
“Me gustaría presentarte a mi hija, Rebeca Carter” dijo y la chica de ojos grises y cabello idéntico
al que Peggy solía tener extendió la mano, Steve la tomó con gusto, era exóticamente hermosa.
“Y a mi sobrina, Sharon Carter” dijo y señalo a la chica rubia, Steve podía calcular que rondaba
los 8 años apenas, sin embargo lo veía tan atentamente que por un instante se sintió acosado.
“Oh, debe estar recogiendo flores o algo así” Bucky dijo burlándose de su ya esposa, Steve soltó
una risa contra su voluntad.
Peggy sonrió sin embargo seguía buscándola con la mirada, la encontró saludando animadamente a
alguien demasiado conocido, su mirada se iluminó de inmediato…. Howard se veía notablemente
envejecido, sin embargo la postura de millonario y genio engreído jamás la había perdido, junto a
él la hermosa María de cabello teñido en castaño suelto hasta la cintura, rondaba cerca de los 60
años y aún capturaba todas las miradas. Peggy sintió una oleada caliente en su pecho, intentó
ignorarla.
“Es un escenario magnífico” María dijo sincera al ver un ambiente tan natural y campestre,
Howard asintió por mera formalidad, él jamás hubiese accedido a una boda campestre.
“Y vaya que se ve convencido” Howard dijo sarcástico y María la propició un golpe por debajo de
la mesa. Tony soltó una risita audible y Natalia le dirigió la mirada.
“¿Tú eres el famoso Tony?” preguntó entretenida y el chico torció los ojos, la mirada
recriminatoria de María fue suficiente para que Tony asintiera intentando comportarse.
“Me contaron que has sido el alumno más joven admitido en el MIT” dijo ella intentando halagarlo
y Tony asintió de nuevo.
“Oh claro” María dijo sincera y Howard le dio un largo trago a su bebida, su mirada evidentemente
fastidiada y sus labios tensos, Tony intentó ignorar el cuerpo tenso de su papá a su lado sin
embargo le fue imposible, se levantó en un impulso.
“Con permiso” dijo sin dirigirle la mirada a la novia y salió de la mesa asignada, caminó entre la
multitud intentando aflojar el moño negro que traía al cuello, su cabello cayendo en mechones
castaños, su piel sin cicatriz alguna y lampiña, sus cejas muy pobladas y su mirada perdida entre la
muchedumbre.
Hasta que entre todas las personas vio a lo lejos un uniforme conocido.
Su corazón se disparó creando diversas oleadas de calor naciendo en su pecho y recorriendo cada
rincón de su cuerpo, sus rodillas temblaron y su mirada no obedecía a su cerebro, se mantenía
anclada a aquel hombre. Se veía notablemente más grande, su cabello rubio era mucho más claro,
mechones de canas entre su cabello y mucho menos músculos en sus brazos, estaba de perfil
platicando con Peggy, sostenía una copa de champaña y Tony notó que su mano derecha temblaba
ligeramente.
Steve era un hombre, se veía más joven que Howard pero mucho más grande que lo que Tony
recordaba, sin embargo ¿Qué era este estúpido ajetreo en su interior? ¿Este vacío en su pecho?
¿Esta apnea tan degustable?
Steve, su Steve.
Sintió sus ojos llenarse de lágrimas y sus piernas inestables, en eso aquel hombre rondando ya los
50 años con traje de capitán volteó.
Steve sentía una mirada fuerte sobre de él desde hace tiempo, sin embargo un temor en su instinto
le evitaba voltear, intentaba prestar atención a la conversación entre Peggy y Bucky, pero cada vez
era más difícil… Esa maldita mirada.
Volteó.
Mierda.
Encontró a un chico observándolo fijamente, se veía firme y sus ojos eran tan vivos, brillaban con
la juventud de su edad, su cabello abundante y castaño, su cuerpo menudo y la manzana de adán
comenzando a notarse en su cuello.
Era Tony.
Dio un paso hacia adelante inconscientemente y el chico dio un paso hacia atrás, se perdió entre la
muchedumbre.
“Con permiso” Steve dijo intentando mantener la voz firme y lo siguió de prisa.
Lo había perdido entre la gente, maldita sea. Buscaba con la mirada por doquier sin embargo no
veía a nadie, sus pulsaciones eran audibles y el nudo en su garganta le hacía más posible de
soportar tanta presión. Tony lo había visto y se había ido.
¿Aversión?
Mierda.
Steve comenzó a ver nublado debido a las lágrimas formándose en su mirada cuando una mano
firme lo sostuvo del brazo.
“En la terraza” Era la voz de Bucky y no sonaba letal o amenazante, sonaba benévola e inclusive
pigmentada de cierta complicidad.
Steve agradeció con la mirada e intentó secar su mirada, salió hasta la terraza. Encontró a un
hombre de espalda observando el campo, sostenía una botella de cerveza en la mano y Steve podía
escuchar sus sollozos, medía cerca de 1.65 y su cuerpo era aún muy delgado.
“Tony…”
Tony no volteó.
Steve dio un paso hacia adelante y volteo hacía atrás, la terraza estaba alejada de la gente y no
había testigos cercanos.
Oh mierda.
“Lo sé” Steve dijo sincero y escuchó como la voz de Tony se quebró, un sollozo audible y un
silencio asfixiante.
Steve entendió entonces que Tony no estaba molesto con él, sino con él mismo.
“¿EL valor?” Tony dijo burlesco y soltó una risa en un bufido, su corazón comenzaba a acelerarse
por mera adrenalina del enojo que amargaba su boca.
“No sabes lo que sentía, no comprenderías” Steve dijo intentando sonar compasivo y entonces
Tony volteó.
Su mirada ardiendo.
“¿Disculpa? ¿Yo no comprendería?” Mordió las palabras molesto elevando la voz, Steve volteó
paranoico hacia la fiesta, aún nadie notaba su ausencia.
“Tony, cálmate” Steve dijo asustado de armar una escena en plena boda de su mejor amigo,
caminó hacía Tony intentando contenerlo.
Error.
Tony Stark era un maldito huracán, incontenible, apasionado, hermoso y capaz de destruir todo a
su paso.
“¡No me putas pidas que me calme Steve! ¿Qué mierda comprendes tú? ¿Comprendes acaso lo que
sentí cuándo supe que pudiste venir después de todos estos malditos años y no hiciste nada?
¿Comprendes lo que siento al verte? ¿Esta estúpida arritmia y falta de aire cada que me regalas un
segundo de tu atención? No sabes que es amar a alguien desde los 5 años, sentirte tan
estúpidamente insignificante por desear a alguien como tú. Tan perfecto, tan perteneciente a Peggy
según mamá, tan perteneciente a una extraña de otra dimensión según Howard… No sabes que se
siente amar tanto a alguien a quién no deberías” Tony escupió las palabras sin realmente pensarlo,
lloraba agitadamente y su voz se quebraba entre los enunciados, Steve permanecía inerte, su mente
repitiéndole las palabras de Tony.
Oh, pero claro que Steve sabía que se sentía amar a alguien a quién no debería.
Certero y ambiguo.
Natural y prohibido.
Lo había intentado ocultar todo este tiempo, había luchado contra sí mismo y su madeja de
sentimientos, sus emociones tan castigadas por sus principios morales. Y ahí estaba Tony Stark de
14 años y la valentía para sentir y no callar, para gritar tal vez en una compilación de impulsos, que
lo amaba.
“Tony yo…”
“No digas nada, ya. No importa, no… olvídalo. No quiero escuchar tus razones, no quiero tu
lástima” Tony dijo fríamente y dio un largo tragó a la cerveza, caminó hacía la fiesta pasando de
lado por Steve sin siquiera dirigirle la mirada, se veía tan seguro, tan fuerte, tan inquebrantable.
Pero el Capitán sabía, lo conocía y percibía su discreto temblor en las manos y su repentina
carencia de aire, sabía que Tony se tambaleaba entre lo que sentía y lo que quería demostrarle al
mundo.
Lo tomó del brazo al pasar y lo jaló hacía unas pequeñas escaleras, lo obligó a bajar detrás de él y
lo pegó a un muro lejos de cualquier contacto visual.
“¿Steve?” Tony preguntó algo asustado por el repentino arranque del capitán, sus ojos azules
cristalinos y sus labios temblando.
Steve no tuvo tiempo de explicar sus acciones ¿Cómo podría? ¿Cómo decirle a Tony que lo amaba
inclusive desde antes de que naciera? ¿Qué su primera vez fue con él? ¿Qué su único hijo fue con
él también?
Sonrió ampliamente entre el frenesí del momento y se inclinó hasta besarlo, Tony era tan inocente,
tan tierno, tan cálido, temblaba bajo su cuerpo y Steve podía sentir sus pulsaciones agitadas a
través de su ropa, entreabrió los labios y sintió como el adolescente se ponía de puntitas para
alcanzarlo, entrelazó sus brazos alrededor del cuello de Steve y el Capitán lo abrazó hasta casi
cubrirlo con su cuerpo.
“Oh Dios, Capitán América…. Acabas de cometer un delito federal con un menor de edad” Tony
dijo jugando y Steve sintió un escalofrió por su espina dorsal, si no lo conociera hubiese huido en
ese momento, pero conocía perfectamente a Tony y sabía que no tenía mesura alguna con sus
bromas.
“Eres imposible” Steve dijo entre risas y Tony se alzó de puntitas besándolo de nuevo.
“¿Qué pensará Howard de esto?” Tony preguntó de nuevo notablemente entretenido por la
adrenalina de la situación Steve pegó su frente al hombro del chico.
“De verdad no es la mejor pregunta en este momento” Steve dijo serio y Tony soltó una risa.
Ambos se abrazaron un momento, un silencio tranquilo entre ambos y de fondo la música y las
diversas risas haciendo eco en el jardín.
“Te extrañe mucho ¿Lo sabes?” Tony preguntó con voz insegura y Steve se río en un bufido.
La porcelana entre sus manos temblaba contra su voluntad, su mirada se mantenía fija en la
alfombra tinta, contaba cuántos hilos dorados estaban tejidos en los bordes intentando distraerse,
era imposible.
“¿Quieres dejar de temblar?” Peggy preguntó realmente molesta, mordía las palabras y sentía cada
musculo de su cuerpo tenso. Steve soltó la taza de café de golpe ocasionando un estrepitoso
sonido, levantó su mirada aterrorizada.
“Perdón, no puedo evitarlo, perdón” Sus palabras revueltas y sus manos sudando, Peggy torció los
ojos y volteó hacía el jardín, Steve podía jurar que le habían brotado más de una decena de canas
en estos 5 minutos que se mantenían esperando, había bebido casi toda la taza de café y contado
472 hilos dorados.
“¿Qué hiciste Steve?” Peggy preguntó en un susurro intentando no llamar la atención de María que
estaba a varios metros en la cocina preparando más café.
“Nada, lo juro” Mintió sin siquiera poder mantenerle la mirada, era evidente que mentía, Peggy se
llevó una mano a la frente y cerró los ojos.
¿Qué podía haber salido mal? Peggy había jurado que no había dicho nada y él no recordaba hacer
algo malo, bueno, había besado a Tony y tal vez mantenido un tipo de relación a escondidas con él
por dos semanas….
MIERDA
Sí, seguramente Howard se había enterado de eso, pero ¿Por qué citar a Peggy? Además, ¿Por qué
Tony no había bajado a saludarlos? Maldita sea, esta estúpida paranoia le comía los nervios y la
cruda culpa latía a través de su piel. Sí, él de más de 40 años se había relacionado con un chico de
14.
¿Perdón?
Por favor.
Había aprendido que esa era una palabra estúpida y dicha por mero impulso, por mera formalidad
protocolaria. Oh Dios, él era una mala persona. Se suponía que Capitán América defendería las
virtudes de cualquier ser humano íntegro, ¿Qué tan íntegro era salir con el hijo menor de edad de
uno de tus mejores amigos?
“Mierda” dijo involuntariamente en voz alta y Peggy abrió los ojos de nuevo, la incertidumbre
carcomiéndola y sus nervios comenzando a desquiciarla ¿Por qué Howard los citaría a ambos a las
12 de la noche en su casa?
“Tal vez sí hice algo” Steve dijo en un tenue susurro y Peggy abrió los ojos como platos.
“¡¿Qué mierda hiciste?!” Peggy preguntó demasiado molesta, sus palabras aún eran susurrantes
pero sonaban letales, la mirada azul del hombre que aún la hacía vibrar lucía aterrorizada.
Oh no.
“Steve, Peggy. Gracias por venir” Howard dijo en voz sombría y caminó hasta ellos.
No los saludó.
“Steve”
El solo hecho que Howard pronunciara su nombre lo hizo perder la poca sicomotricidad que los
nervios le permitían, tiró la taza en la alfombra, por suerte ya no había café.
Mierda.
“Es la falta de suero” Mintió y Howard siguió observándolo. Por supuesto no le había creído.
“Es algo sumamente confidencial y delicado” dijo y se sentó junto a ella, Steve se sentó en el sillón
que estaba, su mirada anclada en Howard.
“¿María está bien?” Peggy preguntó algo inquieta y entonces una sola idea cayó como rayo en la
mente de Steve.
“¿Tony? ¿Tony está bien?” Porque no lo había visto en todo el día, sí, ayer había llegado de
sorpresa a su apartamento y habían platicado hasta tarde, pero hoy no lo había visto para nada.
“Sí, ambos están bien… sabes Steve yo nunca entendí tu fascinación por Tony” Howard dijo en un
tono severo y Steve sintió como el alma se le salía del puro susto, palideció de inmediato.
“Lo conozco desde bebé, es natural” dijo intentando sonar casual y por la mirada de Peggy, dedujo
que fracasó.
“No, pero es distinto… Desde el primer momento que lo viste, fue distinto” Steve sintió un nudo
en la garganta y asintió, levantó los hombros porque dedujo que su mejor opción era pretender que
no sabía absolutamente nada.
“Salió con su novia, aunque por la hora ya debería estar aquí” Howard dijo con severa
desaprobación.
Steve sintió un escalofrío tensar sus músculos y un vuelco en el estómago, Peggy sonrió
entretenida.
La puerta de madera se cerró dejando ver a Tony con una chamarra de piel negra, cabello
alborotado y playera gris.
“Ya estoy en casa” dijo sin prestar verdadera atención a nada, se encaminó a las escaleras.
“Buenas noches Tony” Steve dijo con voz rígida y el adolescente volteó asustado.
“¿Steve? ¿Peggy? ¿Qué hacen aquí?” El pánico perceptible en su voz, la mirada de Steve
cortándole el aliento.
“Cosas de adultos Tony, vamos, sube a tu cuarto” Howard dijo tajante y Tony de mala gana
asintió, subió lentamente las escaleras. Steve sintió un trago amargo de culpa, Howard aún veía a
Tony como un niño. Mierda, aún era un niño.
“¿Por qué? ¿Qué se llevó?” Oh Peggy, tan inteligente y emprendedora como siempre.
“Nada, sabes lo que pasó con su esposa. No quiso dar su fórmula, cree que no somos confiables”
“Evidentemente no lo eres Howard” Peggy dijo y luego soltó una risa, Howard sonrió también.
“Ese no es el problema, el problema es que sin Pym los inversionistas están comenzando a
abandonar acciones, creen que estoy demasiado viejo para dirigir mi propia empresa”
“Pero que estupidez, no pueden correr a Howard Stark de Stark Industries, es absurdo”
Y Steve jamás había visto a Peggy tan molesta e indignada, bueno sí, con él hace algunos años. Un
escalofrió recorriendo su piel.
Sus nervios se calmaron al saber que la plática no tenía nada que ver con él o Tony, o cualquier
demonio que aquejara su consciencia, pidió otra taza de café e intentó concentrarse en la plática,
realmente jamás se había dado cuenta de lo enterada que Peggy estaba de todos los asuntos
internos de la empresa, de cierta forma le recordaba mucho a él mismo cuando Tony llegaba en las
noches a hablar de manejos internos, porcentajes y acciones… De hecho jamás se había dado
cuenta de la manera en que Howard observaba a Peggy.
Era una mutua admiración, un mutuo respeto y cariño, por un momento Steve pudo jurar que si él
no se hubiese entrometido en el camino, Peggy y Howard hubiesen hecho una buena pareja,
aunque Peggy no hubiese tolerado ni la mitad de lo que María toleró, tal vez Howard hubiese
cambiado y tal vez Stark Industries no existiría porque Howard se hubiese dedicado por siempre al
trabajo dentro del gobierno, por estar con ella.
Oh mierda.
Por pequeño que pareciese cualquier detalle resultaba determinante para el futuro. Se le revolvió el
estómago.
¿Qué tanto estaba afectando a Tony y al futuro del mundo con su egoísmo?
“¿De?”
“De cambiar de CEO, debe ser alguien confiable, alguien inteligente y alguien lo suficientemente
capaz de manejar demasiada presión”
“¿Vas a heredar el mando de Stark Industries solo porque la crítica insiste que ya no debes estar al
frente? Eso no suena a ti” Steve dijo sincero y Howard le regaló una sonrisa torcida.
“No solo es por mí ¿Sabes?, llevo 64 años dedicando mi vida a lo que amo, a mi empresa, mi
carrera, mis inventos… y María desde los 16 años está junto a mí, inquebrantable”
“Sí, mentimos en su acta de nacimiento para poder casarnos, es lo de menos… El punto es que no
me queda mucho tiempo y lo que me quedara, me gustaría dárselo a ella”
Oh Dios.
“Voy a seguir al frente de la compañía mientras siga vivo, es solo que no puedo seguir ausente
semanas, y viajando y encerrado por días…”
Steve asintió, realmente Howard solo le estaba regalando sus últimos años, una miseria comparada
a toda una vida, sin embargo mínimo lo había pensado antes de que fuera demasiado tarde.
“Tiene 14 años Steve, no es capaz siquiera de hacer un huevo sin quemar toda la cocina” Howard
dijo molesto y el Capitán sonrió entretenido, Tony Stark de 52 años y líder de una empresa multi-
billonaria jamás había sido capaz de hacer un huevo sin quemar algo.
“Si juzgas a un elefante por la manera en que trepa un árbol…” Steve dijo y Peggy sonrió
nostálgica, Steve hubiera sido un buen padre.
“No lo sé… No puedo pasarla a un menor de edad, al menos no como CEO sino como heredero
natal”
“Hazlo, ya que sea mayor de edad él tomará el timón de la empresa” Peggy dijo sorpresivamente
apoyándolo.
“¿Por qué confías tanto en él?” Howard le preguntó directamente a Steve.
“Créeme, ¿Quién mejor para llevar Stark Industries que un Stark?” preguntó y Howard asintió.
Aún se ahogaba en dudas, no podía desprenderse del trabajo de toda una vida, no podía confiarle a
aquel adolescente de cabello indómito todos sus sueños, todos sus miedos, todo lo que inventó,
todo lo que amaba con cada fibra de su ser. Pero si no confiaba en su propia sangre ¿En quién más?
Los tres estaban ya en el jardín hablando de temas casuales, del inicio de una tercera edad, de todo
lo que solían hacer que ya no podían hacer, de todo lo que amaban, de todo lo que se arrepentían de
no haber hecho. Sorpresivamente la lista de esto último no era larga.
Steve estaba recargado en las macetas de María, Howard y Peggy sentados junto a la alberca,
ambos bebiendo, el Capitán sintió una mirada penetrante y volteó discreto, Tony lo observaba
entretenido desde arriba de la escalera, le pidió con un gesto que fuera.
“Iré al baño” Steve dijo y se levantó, ambos siguieron platicando acerca de viejas anécdotas.
Steve subió la escalera intentando no hacer ruido, caminó por el pasillo hasta la tercera puerta, la
abrió sigiloso. Un beso en frenesí le dio la bienvenida.
“Tony ¿Qué haces? Aquí no” Steve dijo verdaderamente nervioso y el adolescente sonrió.
Entonces Steve notó todo el cuarto de Tony lleno de cajas.
“MIT, Massachusetts Institute of Technology. Massachusetts” Tony dijo haciéndolo sonar más
obvio de lo que era, Steve sintió su estómago revuelto…. Tony se iba, de nuevo.
“Oh, ¿Cuándo te vas?” Steve preguntó sentándose en la cama por el súbito mareo que la noticia le
había causado.
“El Viernes, checa, sobre la cama hay varias fotos. Estoy entre esos dos ¿Cuál te gusta más?”
“El segundo”
“Sí, eso creí” dijo y soltó una risita, cargó una caja y la amontonó arriba de las demás.
“¿Howard te llevará?”
“Por supuesto que no, siempre está muy ocupado. Jarvis y mamá me llevarán, pero se van el
Domingo así que puedes llegar el Lunes”
“¿A dónde?”
“Al apartamento, ya tengo todo arreglado” Tony dijo con una sonrisa tenue en sus labios, Steve lo
miró incrédulo.
“Ah claro, porque eres un hombre y yo apenas un niño” Tony dijo burlesco y torció los ojos.
“Tú tienes un grave problema con tu moral” Tony dijo sencillamente y se acostó en la cama, Steve
volteó a verlo atónito.
“¿Disculpa? Estoy parado en la línea entre abusar sexualmente de un menor de edad traicionando a
uno de mis mejores amigos y enloquecer por no poder tenerte” Steve dijo exasperado y Tony se
sentó en la cama, besó tiernamente a Steve.
“Pues más vale que decidas de qué lado de la línea caer, Capitán”
Oh no.
Tan incalculable.
Tan incontrolable.
Tan irreverente.
“Por cierto, ¿Quién es la novia de la que Howard comentó?” Steve no pudo realmente evitarlo,
tampoco pudo evitar el coraje que sintió al ver a Tony tan divertido con sus reacciones.
“Se llama Pepper y es solo una amiga, es de mi edad pero apenas ingresará a la preparatoria” dijo
sincero y Steve sintió un viento helado en el interior. Pepper ya había aparecido en su vida.
“Ya no soy un niño Steve, recuérdalo” Tony dijo algo amenazante y Steve bufó molesto, salió del
cuarto azotando la puerta. Mientras bajaba las escaleras recibió un mensaje.
No, estaba loco si pensaba que se iría a vivir con él. Estaba completamente demente si pensaba que
arriesgaría absolutamente todo lo que había cuidado estos años por una oferta así.
Jamás lo haría.
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“¿Así que decides caer a este lado?” Tony preguntó entretenido al ver a Steve afuera de la puerta
cargando dos maletas. Su mirada azul algo agobiada y sus labios tensos.
“No me hagas arrepentirme”
“Jamás” Tony dijo con doble intención en sus palabras y Steve torció los ojos, quería evitar lo más
que pudiera esta clase de insinuaciones sexuales. Se había convencido a sí mismo durante 48 horas
que si venía a vivir con Tony no tendría ningún tipo de acercamiento sexual con él hasta que fuera
mayor de edad, vendría como tutor, como amigo, como persona responsable de Tony, no como
pareja.
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1er Año
“Tengo dos clases compartidas con alguien que podría ser mi amigo” Tony mencionó mientras
anotaba números al azar en una hoja milimétrica, Steve preparaba la comida escuchando atento.
“Bruce, él está estudiando ingeniería biomédica, pero compartimos las clases de cálculo”
“Sí, no tanto como yo, pero sí es bueno” Dijo de nuevo y siguió haciendo números.
“Howard marcó” Steve dijo intentando sonar casual y dejó el plato de comida en la mesa, Tony
torció los ojos.
“¿Después de 3 meses quiere saber si llegue bien?” Tony preguntó sarcástico y enterró su tenedor
en la ensalada. Odiaba las ensaladas, pero moría de hambre y Steve lo sabía, por eso se
aprovechaba en preparar cosas saludables cuando sabía que no tenía otra opción de comida.
“¿Le contestaste?”
Por supuesto que Steve no podía contestar ninguna llamada, al menos ninguna proveniente de
Howard o Peggy o María, inclusive no podía contestar las de Jarvis. De ahí en fuera sí las
contestaba, pretendiendo siempre ser el tutor de Tony.
“Da igual, marcara después” dijo distraído y Steve lo vio con desaprobación.
“Deberías marcarle hoy mismo” Dijo y se levantó de la mesa, caminó hasta el cuarto de lavado y
se quitó la playera, la metió en la lavadora y caminó de nuevo a la cocina, Tony tenía la vista
anclada al pecho de Steve, no era tan musculoso como lo recordaba, sin embargo aún estaba
perfectamente definido, se mordió el labio.
Se levantó de la silla y caminó hasta él, lo abrazó por la espalda poniéndose en puntillas, plantó un
suave beso en su cuello, sintió como el cuerpo mayúsculo delante de él se estremecía.
“Tony…”
“¿Sabías que la edad no está para nada relacionada al grado de madurez?” Preguntó mientras
descendían sus manos por el pecho de Steve.
“Me siento listo y de verdad me encantaría que mi primera vez fuera con Capitán América digo ¿A
quién no le gustaría?”
“Tony, no voy a tocarte hasta que seas mayor de edad. Es para calmar mi consciencia, ya lo
hablamos”
Auch.
El adolescente notó como la mirada de Steve se fracturaba y sus hombros se tensaban, rápidamente
se dio cuenta de lo que acaba de decir.
“No, perdón…. Discúlpame, fue estúpido... Me daría miedo hacerlo con cualquier otra persona”
Tony confesó en un murmullo y Steve le regaló una sonrisa tierna.
-------
“Tony… metiste tu ropa con mi ropa en la lavadora” Steve lo dijo aún con la mirada perdida entre
la evidente mezcla de colores, su corazón exaltado.
“¿Es malo?” Preguntó con un bote de helado en las manos, vestía un bóxer gris y una playera tinta
holgada, su cabello notablemente más largo y sus ojeras más pronunciadas.
“Tu ropa es gris y negra, la mía es de tonos claros” Steve dijo a regañadientes intentando no
explotar contra de él, latido a latido perdía más los estribos, metió la mano en la lavadora… Ya no
había camisas blancas. Bufó molesto.
“Oh… yo solo, quería ayudar” Tony dijo inocente y encajó la cuchara en el helado.
“Me aburre”
Steve levantó la mirada enfurecido, el azul de sus ojos tornándose oscuro, Tony retrocedió un paso.
“Me voy a bañar para calmarme ¿Ok?” preguntó sin realmente esperar respuesta y azotó la puerta
del baño tras de él.
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“¿Estas dibujando de nuevo?” Tony inquirió curioso acostándose junto a él en el sillón, encontró
un dibujo de él mismo en el cuaderno de bocetos de Steve.
“¿Quién dice?”
“La crítica”
Tal vez, en algún momento de su vida, tal vez lo haría. Por ahora no, aún era demasiado cobarde.
2ndo Año
OK, Steve se había prometido a sí mismo que no tendría ningún tipo de contacto sexual con Tony
hasta que fuese mayor de edad ¿Contacto sexual se refiere a penetración solo, cierto?
Steve pegó el cuerpo de Tony al muro, sus manos debajo de su playera y sentía las piernas del
adolescente entrelazadas en su cintura, sus erecciones chocando.
Oh Dios, y cuando lo veía frente a él, tan desalineado, sus mechones castaños húmedos, su mirada
perdida y esa pesada falta de aire… Era imposible mantenerse firme.
“Tony… no” Steve intentaba despertar a su consciencia, gritarse a sí mismo que ya era un buen
momento para detener las cosas. Las manos hábiles de Tony desabrocharon sus jeans, sintió su piel
húmeda hacer fricción con la de él. ¿En qué momento había perdido la camisa?
Tony intentó zafarse del agarre de Steve y el Capitán lo dejó, en menos de un minuto lo encontró
hincado frente a él.
Jamás habían llegado tan lejos, y realmente no deberían hacerlo, Tony apenas tenía 15 años, aún
era muy chico, aún era muy…. Oh Dios.
“Tony…” Ya no salió como regaño, sino como un inevitable gemido, sus piernas temblando y su
corazón disparado, sentía también las manos de Tony temblando y su mirada ansiosa y algo
asustada. Su inexperiencia tornaba toda la escena insoportablemente excitante.
Hasta que tres golpes fuertes y sonoros retumbaron en la puerta de madera.
Oh mierda.
Howard.
Tony se detuvo en seco sintiéndose paralizado, Steve perdió completamente la erección y ganó un
inmenso ataque de pánico, levantó a Tony que parecía permanecer inmóvil por el shock.
“Di algo” Steve murmuró nervioso acomodándose el pantalón, buscaba desesperado la camisa con
los ojos.
“Ya voy” Tony gritó con voz quebrada y una notable falta de aire.
“Escóndete” Tony murmuró y Steve volteó a su alrededor, Howard lo conocía, si lograba entrara al
apartamento notaria los cuadernos de bocetos, los trastes limpios y ordenados, los diferentes
lápices, los muebles sacudidos, los libros de historia y arte… El espacio era una perfecta
combinación de ambos, entre el café y el té, el negro y el blanco, las calculadoras científicas y las
acuarelas.
“¿Salir?”
Tony terminó de arreglarse la ropa y abrió la puerta, Howard sintió el penetrante aroma a sexo y
café embriagar sus sentidos.
“Esto huele a burdel” Howard dijo entre risas y Tony sintió un nudo en la garganta robándole el
aliento.
“Salgamos entonces, por una cerveza. Vamos” Tony insistió tomó su chamarra de piel.
“¿Salir?”
“Sí, primer salida padre e hijo, vamos” Tony no sabía realmente que decía, pero esas palabras
sacudieron a Howard. Después de 15 años sería la primera vez que estaría solo con Tony, asintió.
Eran cerca de las 2 de la mañana y Tony no llegaba, Steve permanecía rígido en el sillón, su
mirada angustiada y su mente enseñándole diversos escenarios fatalistas. Tal vez Howard ya sabía,
tal vez a eso venía, tal vez Tony estaría sufriendo en este momento, tal vez él era el culpable de
todo.
¿A quién engañaba?
“Steve, ya llegue” Tony dijo, sus palabras revueltas y su sonrisa deslumbrante, Steve sonrió
automáticamente, hasta que el penetrante olor a alcohol le llegó.
“Me dijo que ha llevado una vida de éxitos e inventos trascendentales, que Stark Industries era y
había sido siempre su razón de vivir, pero que se daba cuenta después de todo este tiempo que su
mayor creación había sido… yo” Tony dijo realmente conmovido y Steve sintió unas estúpidas
ganas de llorar, porque en aquella dimensión lejana Howard no había tenido el valor de decirlo de
frente y se había grabado, en esta al fin Howard había agarrado un poco más de humanidad y se lo
había dicho.
Porque eso era todo lo que Tony necesitaba, que la persona que más admiraba le depositará un
gramo de confianza.
“Me va a dejar la empresa” Tony dijo lo último con un perceptible miedo en su voz.
“Y tú harás un excelente trabajo” Steve dijo sincero y Tony levantó la mirada cristalina.
-----------
Steve se levantó aflojerado, eran cerca de las 10 de la mañana y Tony ya no estaba, se estiró en la
cama y volvió a acurrucarse, aún tenía tiempo. Cerró los ojos y al cabo de unos minutos un dolor
agudo y punzocortante en el estómago lo obligó a levantarse, caminó con la mirada nublada hasta
el baño, intentó fijar la vista en el espejo, en eso notó claramente más canas en su cabello y un
delgado hilo de sangre corriendo desde su nariz hasta sus labios.
Mierda.
No hay tiempo.
3er Año
“Te ves más delgado” Tony de 16 años, 1 metro 68 centímetros y cabello a la nuca dijo con mirada
analítica mientras veía a Steve caminando en ropa interior hasta la cocina, Steve sintió sus nervios
crisparse.
“¿Sí?” Preguntó estúpidamente pretendiendo que no lo había notado, por supuesto que lo notaba,
día a día su cuerpo se iba deteriorando casi tan rápido como cuando se engrandeció.
“No me digas que es la edad y las dietas y toda esa clase de cosas que las personas con
metabolismos más lentos hacen" Tony dijo burlesco y de nuevo dirigió su mirada a los tres
pizarrones blancos que tenía en la estancia, estaban llenos de fórmulas y tachones y miles de
cálculos que Steve no entendía.
“Claro, que no te sorprenda que de ahora en adelante solo comamos soya” Steve dijo intentando
seguir la broma, sonreía entretenido observando de reojo a Tony con la vista fija en los números, a
pesar de su concentración no pudo evitar reír.
“¿Seguro que no tienes nada que decirme?” Tony preguntó con voz preocupada.
“No, nada nuevo” Steve mintió con una sonrisa y Tony recargó su cabeza en el hombro del mayor.
“Me lo han dicho miles de veces” Steve contrapuso ya divertido y Tony sonrió.
“De verdad Steve, últimamente te veo más decaído” Tony insistió pasando su mano por la mejilla
de Steve.
El Capitán soltó un suspiro, Tony estaba justamente comenzando su vida, era tan joven, tan
inteligente, tan sano… Estaba sorpresivamente limpio de adicciones y por primera vez parecía
tener la oportunidad de ser verdaderamente feliz. Steve no podía permitirle que cuidara de él, ni
ahora ni en un futuro.
“Últimamente te duermes más tarde ¿Algo que quieras decirme?” Steve intentó cambiar el tema y
se sentó en el sillón, Tony echó la cabeza hacía atrás y gruñó en frustración.
“No es nada”
Steve se extendió en el sillón observándolo analítico, Tony realmente no podía escapar de esa
mirada, esos ojos azules, esa sonrisa que parecía tan inocente pero estaba llena de secretos.
“Hay un sujeto en mi clase de Ingeniería física que cree que es mejor que yo” Tony dijo molesto y
Steve soltó una risita.
“¿Y lo es?”
“¿Es una broma?” Tony contrapuso entre molesto y exaltado, Steve soltó una carcajada, Tony era
increíblemente soberbio y de verdad se ofendía cada que Steve cuestionaba sus habilidades. El
chico arrojo un cojín hacía él jugando, la risa del Capitán se hizo contagiosa.
“Ven” Steve ronroneó y Tony no pudo permanecer indignado por más tiempo, se acostó junto a él.
“De verdad me molesta su actitud, es tan soberbio y juega a ser el chico tímido genio, que
estupidez”
Steve abrió los ojos impresionado, eso es algo que él le había dicho a Tony antes de conocerlo, por
supuesto que al otro Tony, al que había odiado por breves momentos.
“Hay una fórmula que he intentado resolver, llevo todo el semestre en ella”
“Es un acertijo no resuelto de Einstein, es física muy avanzada, teorías espaciales. Hawking no la
ha resuelto aún” Dijo y soltó una risa entretenido.
“¿Y estas en competencia con este chico?” Steve dedujo fácilmente y Tony cerró los ojos.
“Suena a algo que tú harías” Steve dijo sincero y Tony sonrió sincero, pegó su frente a la de Steve.
“Tengo miedo de que él la resuelva antes que yo, llevo noches enteras en ella y no avanzo” Stark
confesó en voz baja y Steve se sintió impresionado, porque Tony inclusive había resuelto teoremas
que Howard no resolvía.
“Es un pequeño genio, solo que no lo sabe aún” Tony dijo y Steve sintió una oleada de celos.
“¿Cómo se llama este “pequeño genio”?” Intentó sonar casual pero su tono de voz cambiaba tanto
que para Tony no fue difícil detectar sus celos, sonrió anchamente y lo besó en los labios.
“¿Yo? ¿Preocuparme? Por favor, soy Capitán América” dijo jugando y Tony río para sí mismo.
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“Hoy veremos armamento nuclear, la teoría física-mecánica de uno de los ingenieros más brillantes
y más famosos del siglo ¿Alguien sabe de quién se trata?” El profesor preguntó con la vista fija en
Tony, no, no sabía de quién mierda se trataba.
“El ingeniero en mecánica cuántica Howard, Howard Stark” La detestable voz de Reed se escuchó
a varios lugares delante de él, Tony torció los ojos, de verdad no necesitaba una clase en la que
hablaran de su papá.
“Egresado de esta misma Universidad, el primero en su clase y líder de la empresa mundial Stark
Industries desarrolló un avance abismal en todo lo que corresponde a armamento nuclear ¿Alguien
sabe alguna de sus teorías? ¿Alguna de sus fórmulas o inventos?” Lanzó la pregunta aún con la
mirada anclada en Tony.
Nadie contestó.
“Tal vez tú sepas alguna Tony” Insistió y Tony torció los ojos, se paró y camino hasta delante, sin
decir nada y de mala gana tomó el marcador y comenzó a escribir distintos algoritmos, era la
fórmula más famosa de su padre y la que había logrado la decodificación algorítmica para
implemento nuclear. Estaba a punto de terminar la ecuación cuando escuchó una voz.
“Es incorrecto tu procedimiento” Reed Richards diciéndole a él que estaba mal frente a 15
personas que seguramente se convertirían en los próximos genios que moverían al mundo.
“¿Disculpa?” Preguntó molesto y Reed sonrió engreído, era más alto que él pero mucho más
delgado, llevaba el cabello más corto y no soportaba la presión pública, sin embargo aun así tomó
un marcador rojo con mano temblorosa.
“Howard Stark comenzó con esta fórmula sin embargo en 1986 cambió este algoritmo” dijo y
borró un símbolo en la ecuación, lo reemplazo por una antigua letra griega “Por este, y no solo
sirvió para decodificación algorítmica, sino para la creación algorítmica. Algo así como una
computadora con vida” Dijo aun escribiendo números rojos sobre los números negros de Tony que
yacía completamente atónito.
“Muy bien Reed, esta se titula la teoría algorítmica del cambio, por Howard Stark, y para la
próxima clase necesito tres ejemplos en sus diversas carreras donde puedan aplicar esta teoría. Eso
es todo por hoy” Dijo y comenzó a guardar sus cosas, Reed estaba a punto de pasar a su lugar
cuando Tony lo sostuvo del brazo, su mirada feroz y su respiración agitada.
“¿Cuál es tu maldito problema?” Mordió las palabras intentando no gritarle, Reed lo vio entre
asustado y complacido.
“¿Mi problema?” Reed preguntó algo temeroso, justo lo que Stark necesitaba para encenderse más.
“¡Oh claro! Porque eres el gran Tony Stark… Mira, ese es tu problema, no ves más allá de tu ego.
Estas tan ciego que ni siquiera te ha preocupado entender las teorías de Howard, porque claro para
ti solo ha sido un padre” Reed contestó ganando valor de la nada, el aula sola y ambos chicos a
menos de 5 centímetros el uno del otro.
“Por Dios, eres tan ingenuo. He ido a convenciones de tu padre, he desayunado con él y hemos
debatido acerca de sus fórmulas e inventos. Pero eres tan soberbio Tony, tanto que consideras que
tú eres más y que puedes hacer más de lo que él ha hecho, y este pensamiento estúpido no te deja
aprender de él, y siento lástima por ti. Porque a pesar de tener un padre genio, una madre artista, no
eres nada como ellos”
“No pretendo ser como mi padre” Tony dijo ya con la respiración entrecortada, las palabras de
Reed eran atinadas, por primera vez se sintió expuesto y lastimado.
“Se nota”
“Eres patético” Tony dijo en un patético intento por defenderse y Reed de nuevo sonrió.
“Para haber sido criado por tan excéntricas personalidades careces de personalidad”
Auch.
Tony decidió dar media vuelta y tomar sus cosas, se sentía desarmado y estúpido, verdaderamente
ofendido. Pero eso no era suficiente para Reed.
“O dime Tony… ¿Alguna vez le preguntaste a Peggy Carter por qué fundó SHIELD? O ¿Cómo
logró llegar a dónde está? ¿Sabes cuál ha sido su estrategia para el progreso del país?”
“Dime ¿Sabes que estratégica bélica uso Steve para salir de Alemania?”
Dio media vuelta con ojos cristalinos, su corazón descontrolado y estaba a nada de perder
completamente los estribos.
“¿Sabes el dolor que sintió al ser inyectado? ¿Sus ideales políticos? ¿Sabes en que parte del cuerpo
recibió un balazo, sabes por quién? ¿Sabes su capacidad de dominio para permanecer
inquebrantable cuando fue capturado por fuerzas Nazis?”
Oh no. Tony sintió sus ojos húmedos y su estómago revuelto ante esa sola imagen. Reed sonrió
satisfecho.
“Claro que no lo sabes, porque para ti solo han sido Papá, Mamá, Peggy…. Steve. Pero fuera de
eso son íconos mundiales, y es una vergüenza que tu soberbia no te deje ver más allá”
Tony hubiese roto en llanto y huido, realmente se sentía destruido y sin argumento alguno, pero
Tony Stark no era el tipo de persona que corría, caminó con paso firme hasta llegar a Reed, quién
retrocedió un paso intentando sostenerle la mirada, los ojos de Stark eran mágicos, enojados se
teñían de matices negros y sus cejas endurecían tanto su mirada que Reed inconscientemente buscó
ayuda con la mirada.
“Dices que soy un estúpido arrogante, muy bien. Hagamos un trato Richards, toma la fórmula de
Howard y sorpréndeme”
“Pero trabajaremos con la misma teoría” Reed dijo con una amplia sonrisa y aunque Tony sintió un
escalofrió interno sonrió seguro.
“Trato”
“Steve… Gracias”
“Gracias por no abandonarme, por hacerme quién soy, por estar… por estar conmigo” Tony dijo
con voz quebrada, porque ¿Qué tenía él para merecer el amor de alguien como Steve?
“Steve, te amo” Dijo ya intentando reprimir un sollozo y Steve besó tiernamente su cabello.
“Yo más”
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Steve se movió entre las cobijas, sentía un claro bochorno y cómo comenzaba a sudar en frío, abrió
los ojos y encontró la cama vacía. Tony aún no dormía, llevaba 48 horas continuas despierto, y si
le añadía las horas de esta noche serían cerca de 52. Sintió un placer culposo al reconocer todo lo
de aquel recuerdo de un Tony auto-destructivo y apasionado en su Tony.
Fue al baño y se hecho agua helada a la cara, notó claramente sus venas más dilatadas y sus ojos
menos brillantes. Mierda. Ya no podría ocultárselo a Tony por mucho tiempo. Intentó regular su
respiración y al cabo de unos minutos recobró la nitidez en su mirada.
Caminó hasta la estancia para encontrar las luces aún encendidas, Tony estaba de pie frente a los
pizarrones, su cabello castaño sujeto en una cola baja de caballo, vestía solo una camisa de las que
solían ser blancas de Steve, le quedaba demasiado holgada, la mitad de su espalda y su hombro
descubiertas, sostenía en una mano el marcador y en otra una taza de café, su mirada fija en los
números superpuestos entre sí.
Jamás en la vida había visto una faceta de Tony tan inocente, tan erótica, tan increíblemente
inescapable.
Tony sintió una mirada penetrante en su espalda, un escalofrió de excitación y temor subiendo por
su espina dorsal, se sentía asechado. Intentó pretender que no se había dado cuenta de la presencia
de Steve y dio media vuelta, intentando ponerse de perfil para que Steve notara que no llevaba ropa
interior.
Tony lo estaba haciendo a propósito, no había manera posible que esto fuese una coincidencia y
que la vida lo odiara a este grado. ¡Debía contenerse maldita sea!…. Contenerse hasta que Tony
tuviese 18 años, era una promesa consigo mismo, debía respetarla… pero mierda, tal vez no tendría
suficiente tiempo, la vida se le escapaba entre los dedos y no podía…. No quería morir sin saber
que era tenerlo.
Tragó audiblemente y Tony volteo completamente, sonrió triunfante al ver lo excitado que Steve se
veía.
“¿Te desperté?” preguntó pretendiendo ser inocente y Steve sin decir nada caminó hasta él.
“Eres un peligro” Steve mordió las palabras aún con un poco de consciencia restante.
Tony simplemente sonrió y se quitó la liga del cabello, su cabello quebrado cayendo hasta su nuca
en gruesos mechones, sus ojos tornándose de un café lechoso.
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La mañana siguiente en cuánto abrió los ojos todos los recuerdos acudieron como pequeños cortos
de película. Los besos feroces, el sudor entre ambos cuerpos, el cuerpo delgado y virgen de Tony
sobre las sabanas, sus piernas abiertas y sus parpados cerrados, la completa confianza con la que el
chico se había entregado, para ser una primera vez Stark desbordaba demasiada lujuria.
Sintió aún la estrechez de un cuerpo virgen y pequeño envolviéndolo, sentía aún como sus
músculos se iban abriendo, como a cada segundo era más inevitable controlarse…
“Buenos días” la voz aflojerada de Tony se escuchó y Steve le dio un suave beso en la frente.
“Tony…”
“No Steve, no voy a escuchar un sermón moralista porque te sientes culpable” Tony dijo severo y
Steve sonrió.
“Te amo”
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“Reed lleva 3 clases sin asistir” Tony dijo en voz fría y Steve levantó la mirada.
“Dijiste que el cable rojo va con el azul ¿Cierto?” Preguntó sintiéndose algo estúpido, pero no
entendía ni mierda de los planos que Tony le había dado y entre tantos cables y tornillos se sentía
completamente perdido e incompetente.
“El rojo con el verde Steve” Tony dijo algo cansado sin dirigirle la mirada y siguió anotando
números en el pizarrón.
Steve llevaba dos semanas y 3 días ayudándole todas las tardes y las noches a Tony con su
proyecto final, se sentía agobiado de ver tantos cables y de cometer tantos errores, Tony lo
regañaba enérgico y Steve se vio muy tentado a decirle que se fuera al carajo. Sin embargo siempre
encontraba una razón para quedarse, ya fuera el estrés de Tony o las muchas oportunidades de
tener sexo para liberar el mismo estrés.
“¿Y ahora?”
Tony volteó, sus ojeras marcadas y finas arrugas comenzaban a delinear sus ojos. La Universidad
de verdad envejecía a las personas.
“Si ya acabaste ese circuito sigue con el que está bajo la mesa”
Oh mierda
“Creo que ya es hora de dormir para ambos” Steve dijo estirándose, su espalda tronando
audiblemente.
Y Steve odiaba tener que hacer esa decisión, se puso de pie y caminó hasta Tony, dio un tierno
beso en su cabello revuelto y pegajoso ¿Cuánto tenía Tony sin bañarse?
“Me estas desconcentrando” dijo cortante y Steve se separó de él, caminó hasta el baño.
“Me bañaré, por si quieres unirte” dijo lo último en un susurro y se metió al baño, se desvistió
completamente y hecho una ojeada por la puerta, Tony seguía anclado en el mismo sitio, torció los
ojos algo molesto y abrió la llave de la regadera, después de unos minutos entró. El agua comenzó
a masajear su cuerpo abatido ¿Cómo era posible que Tony soportara tantas horas trabajando sin un
solo descanso?
Pero no, a pesar de eso, inclusive Tony de más de 50 años aguantaba largas jornadas de trabajo. Era
sin duda un ser humano extraordinario, ¿Cómo sería Peter en este momento? ¿Cuántos años
habrán pasado en la otra dimensión? ¿Qué…
Un suave beso en sus labios hizo que abriera los ojos, el cuerpo delgado y desnudo de Tony frente
a él.
“Decidí unirme”
“Disculpa, es solo que no logró llegar a nada que me sorprenda ¿Sabes? Siento que casi lo tengo
pero de la nada desaparece” Tony dijo evidentemente frustrado y comenzó a enjabonar el cuerpo
de Steve.
“Tal vez si lo explicas puedas entenderte mejor” Steve dijo con una sincera sonrisa y sintió los
dedos delgados de Tony explorando su espalda.
“Steve, estás perdiendo mucho peso. Necesitamos ir al doctor, el suero parece estarse disolviendo”
“No Steve, esto no es normal. Va demasiado rápido” Tony dijo con un terror cortando su voz. No
imaginaba su vida sin Steve, jamás lo había concebido, el solo hecho de pensarlo le helaba el
pecho.
“Después de Navidad iremos, lo prometo” Steve dijo sincero y Tony lo abrazó necesitado.
“Explica tu teoría”
Tony permaneció en silencio unos momentos, después con un lánguido suspiro comenzó:
“La fórmula de Howard se inventó primeramente para decodificar algoritmos, o sea para encontrar
códigos y formulas secretas en cualquier rama de la ciencia, algo así como una computadora. En
1986 la cambió y este cambio ocasiono que no solo decodificara, sino que creara algoritmos
completamente nuevos. La cosa es que si lo aplicas al principio de la ingeniería mecánica no va
demasiado lejos, porque crear algoritmos es algo así como una programación, que también cae a lo
mismo: Una computadora. He intentado orientarlo a la robótica, la creación de mecanismos
especializados en algo, pero se me hace demasiado sencillo, demasiado predecible, siento que
puede tener mucho más alcance”
Steve lo vio estupefacto un instante, el agua cayendo sobre ambos, intentaba entender todas las
palabras que Tony había dicho y formular una pregunta sin parecer un completo idiota.
“Déjame ver si entendí… ¿Al momento de descifrar algoritmos es como entender cosas ocultas
acerca de la ciencia y la vida?”
“Sí”
Tony alzó una ceja y después frunció el ceño, duró cerca de un minuto sin decir absolutamente
nada, hasta que sus ojos se abrieron como platos y su mirada cobró un brillo único.
“¡Steve! Eres un genio. No solo se programa, se crea. Se crea vida. Oh Dios…. Pero sería
imposible… Mierda, no tengo suficiente tiempo” Tony estaba demasiado exaltado, revolvía las
palabras entre sí y su mirada se encontraba vagando a miles de años luz de aquel baño repleto de
vaho.
“No entiendo…”
Oh Mierda.
Steve lo miró algo asustado. A lo que él recordaba Tony había creado a Jarvis a sus 32 años, no a
sus 16. Su corazón desbocado ¿Había él cometido un error? ¿Había dicho inconscientemente algo
del futuro que le hubiese dado una pista al pequeño genio? ¿Esto alteraría el transcurso de la vida?
“Gracias” Tony dijo verdaderamente agradecido y plantó un suave beso en sus labios, salió en
toalla del baño. Steve permaneció estupefacto más minutos.
Cuando salió del baño lo encontró al teléfono hablando acaloradamente con Howard, en cuanto la
llamada terminó lo vio ponerse otra camisa que solía ser blanca y caminar hacía los pizarrones,
borró todo el trabajo de semanas y comenzó de nuevo. Steve se sintió derrotado y caminó hasta la
habitación, dormiría aunque sea unas horas para después volver a la estancia con Tony.
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“Steve ¿Estás seguro que el horno ya está lo suficientemente caliente?” Tony preguntó
contemplando la flama tenue.
“Sí, seguro” Steve dijo con una ligera sonrisa y tomó la charola del pavo relleno, lo introdujo en el
horno.
“¿Cuánto falta?”
Tony sonrió engreído y comenzó a quitarse la playera, Steve entendió de inmediato que harían
durante 4 horas.
La mirada de Steve recorría el cuerpo desnudo de Tony quien dormía plácidamente sobre su pecho,
su respiración estable y su cuerpo aún húmedo del sudor, Steve pasaba su mano por su espalda sin
poder realmente abandonar este hábito que empleaba con él para dormirlo desde que era un bebé.
Lo observaba con verdadera admiración. La teoría que Tony había presentado en la exposición
final anual no solo había dejado a los jueces maravillados, sino al mismo Howard. Un chico de 16
años cursando el tercer año de su carrera había inventado el inicio de lo que sería la inteligencia
artificial, usaba formulas y algoritmos que varios del jurado no lograron comprender del todo,
inclusive Howard se había sentido un poco perdido entre sus procedimientos tan poco lógicos y
desordenados.
Sin embargo ese momento de atención fue todo lo que Tony necesitó para ser nombrado por Forbes
“La promesa del siglo XXI” Todas las miradas, las cámaras y las expectativas estaban puestas en
él y a pesar de toda la presión ejercida sobre el adolescente Steve lo veía íntegro y firme, seguro de
lo que quería hacer en su vida. Steve sentía una nausea de nervios al pensar en la posición en la
que Tony se encontraba, el mundo entero esperaba algo de él, cualquier acción que cometiera sería
juzgada públicamente.
Al Capitán jamás le había agradado como los medios devoraban a Tony sin piedad durante toda su
vida, en aquella dimensión la atención desmedida había comenzado a los 21, en esta a los 16. El
Capitán se sentía verdaderamente culpable de aquello, y muy molesto, por no decir enfurecido con
Howard, que después de casi 17 años de conocer a Tony apenas mostraba algo de interés por él,
como si el chico nunca hubiese sido lo suficientemente bueno hasta que hizo algo “importante”.
Era indignante.
“Tus pensamientos me despiertan” Tony dijo y bostezó aflojerado, Steve soltó una risita.
“Pienso en ti”
“Tú eres mi temple Steve” Dijo sincero y dio un cálido beso en su pecho. Steve sintió un trago
amargo.
Porque él no estaría con Tony por siempre, es más, ni siquiera sabía si estaría con él un año más,
Tony debía aprender a ser fuerte por y para él mismo.
“Yo solo soy un complemento Tony” Steve insistió y Tony torció los ojos.
“No empecemos con eso de nuevo, vamos a la cocina, ya todo el lugar huele a pavo” Tony dijo
alegre y se levantó, Steve sonrió y lo siguió, iba cruzando precisamente la estancia cuando un
súbito mareo le nublo la vista. Oh no, ahorita no… no en Nochebuena. Intentó sostenerse del muro
y permanecer de pie, pero sus piernas comenzaban a temblar y su arritmia cardiaca parecía
traicionarlo, sintió algo escurriendo desde su nariz, en sus labios el metálico sabor a sangre.
“¡STEVE!”
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Steve abrió los ojos lentamente, el familiar aroma a hospital y el constante sonido del goteo del
suero. Comenzó a recuperar sus sentidos demasiado lento para su gusto, cuando al fin su mirada se
aclaró vio a Tony frente a él con ojos hinchados y cristalinos, sus manos sosteniendo firmemente
su mano sin canalizar.
OH MIERDA.
28 de Diciembre
“¿Así que sólo era amor fraternal?” Peggy preguntó con un claro tono de disgusto en su voz, sin
embargo no se veía sorprendida, ni exaltada.
“Pues no hiciste un muy buen trabajo” Peggy dijo aún firme pero con mirada suave, se sentó en la
silla vacía a su lado, le acarició lentamente la mano, Steve le regaló una sonrisa rota.
“Ya estoy cansado Peggs, cansado de mentir, de ocultar, de vivir tan acorde a todas las
normatividades ¿Para qué? Para igual morir” La voz de Steve era menos grave, iba perdiendo
fortaleza al mismo tiempo que su piel perdía pigmento, ella asintió.
“¿Qué no he pensado en él? He vivido los últimos 27 años por él y para él” Steve dijo exasperado
y ella negó con la cabeza, su mirada castaña tornándose maternal.
“¿Qué va a pasar cuando Howard venga a visitarte? Tony no piensa detenerse, ni ocultar lo que
siente. Ese niño tiene más valor del que tú y yo hemos tenido en la vida, va a enfrentar a Howard y
al mundo entero si es preciso. ¿Ya pensaste en eso? Howard no solo te va a odiar Steve, es muy
probable que desherede completamente a Tony y el transcurso de los hechos en el mundo lo
necesita”
Steve se quedó callado un momento intentando controlar lo que diría, intentando no gritar que le
importaba un bledo lo que fuese a pasar con el mundo, que le importaba un carajo lo que Howard
fuese a opinar, que ya estaba cansado de tener que llenar tantas estúpidas expectativas.
“Él no le debe nada al mundo, tal vez lo mejor sería que se retirara del ojo público, que viviera una
vida tranquila…”
“Oh, una alegre vida tranquila campestre” Peggy lo interrumpió comenzando a exaltarse “¿Con
quién? ¿Contigo? No te queda mucho tiempo Steve”
“¿Cuánto?”
Peggy suspiró y clavó la mirada en el piso, no había dado la noticia de la mejor manera.
“Los médicos aún no saben, hacen falta más estudios, más estadísticas, se tiene la teoría que el
suero se está desvaneciendo inexplicablemente rápido, está acabando internamente contigo, le
hicimos varios estudios a Bucky, su suero también va desapareciendo pero en un envejecimiento
muy lento y desapercibido… No sa…”
“¿Cuánto Peggs?” Steve insistió con voz más calmada. Ella tragó difícilmente.
“No más de 6 meses Steve”
El Capitán cerró los ojos y se hundió más en las cobijas, el constante sonido del suero recordándole
lo real de su situación.
“Gracias, no lo hagas”
Peggy permaneció en silencio unos minutos más, hasta que observar a Steve se hizo demasiado
doloroso y sus ojos comenzaron a humedecerse, se puso de pie y plantando un suave beso en su
frente cerró la puerta del cuarto, al salir observó a Tony sentado en la sala de espera, lloraba en
silencio y por su aspecto Peggy dedujo que no había dormido o comido en varios días.
“No, yo solo, iré con Steve un momento más. No me dejan quedarme en las noches por ser
menor…”
Peggy sintió que el corazón se le rompía porque el Tony que ella conocía no era nada parecido al
que había leído, este Tony era tan gentil, tan transparente, confiaba ciegamente en las personas que
amaba y no tenía miedo a amar. Sonrió nostálgica, Steve le había ahorrado demasiado sufrimiento
por el simple hecho de estar, por primera vez en años no notó que se trataba de un chico de 16 años
y su ex prometido, sino simplemente de dos personas que se amaban. Sonrió.
“Hagamos un trato, yo te doy mi pase nocturno para que te quedes, y tú vienes a mi apartamento a
bañarte y cenar algo” Peggy dijo sincera y Tony se mordió el labio pensativo, dio una mirada por el
pasillo y al cabo de unos segundos asintió.
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“¿Cómo te sientes?” Tony preguntó, su semblante había mejorado notablemente y vestía ropa de su
talla de nuevo, unos jeans deslavados y una hoodie negra, Steve sonrió al verlo.
“¿Genio, recuerdas?” Dijo con una carismática sonrisa y Steve estiró la mano para tocarlo, sonrió.
“¿Te han dicho algo?” Tony preguntó con un nudo en la garganta y Steve sintió un aire colado por
el pecho.
“Hacen falta más estudios, más tiempo” Mintió, su mirada rota pero una tenue sonrisa en la
comisura de los labios, hacía todo por permanecer firme. Tony permaneció estático.
“Ven” Steve dijo y recorrió su cuerpo en la cama individual, Tony sonrió y subió de inmediato
haciéndose un hueco entre el tanque de oxígeno y el cuerpo de Steve, plantó un suave beso en sus
labios.
“Pedí licencia en la Universidad” Tony murmuró en voz baja y Steve buscó su mirada, lo observó
con severa desaprobación.
“No, por ningún motivo vas a dejar de ir a la Universidad por cuidarme” Steve involuntariamente
lo dejo salir como un regaño, la mirada de Tony se volvió más brillante.
Las palabras de Peggy retumbando en su mente. A él le quedaba muy poco tiempo, cualquier
acción que hiciera tanto decirle a Howard, como permanecer enfermo repercutiría directamente en
Tony. Si Howard lo desheredaba en menos de 6 meses Tony estaría sin él y sin Stark Industries,
sin sus padres, y podía jurar que la prensa se lo tragaría en semanas. No, no podía permitirse eso.
Pero Peggy tenía razón, Howard no duraría mucho en venir a verlo y por supuesto que notaría el
trato que tenía con Tony.
29 de Diciembre
“¡Por supuesto que no! Está en su lecho de muerte, dejen al hombre vivir en paz” Peggy dijo casi
gritando y colgó el teléfono, sus brazos cruzados al pecho y caminando como león enjaulado en el
pequeño estar del cuarto de hospital de Steve.
“Nadie se había referido a esto como un lecho de muerte” Steve dijo en voz lejana y Peggy que
lloraba en silencio levantó la mirada, Steve la conocía casi tan bien como a Tony y sabía que no
lloraba de tristeza sino de coraje, una aguda mezcla entre rabia e impotencia.
“Disculpa Steve, no era mi intención despertarte” Peggy dijo sincera sin poder realmente quitarle
la mirada a Tony que dormía aferrado al cuerpo de Steve, respiraba tranquilamente y Peggy no
solo sintió un espasmo frío en el corazón sino también unas absurdas ganas de llorar.
“¿Quién era?”
“Para alterarte así no parece una estupidez” Steve insistió y Peggy soltó un lánguido suspiro.
“El gobierno sabe que no te queda mucho tiempo, quieren extraerte el poco suero que te queda
para preservarlo” Peggy dijo realmente indignada y Steve sintió un golpeteo en el pecho.
“Wow, supongo que está mejor con ellos que con un moribundo” dijo en un patético intento de
broma y Peggy lo fulminó con la mirada.
“No es gracioso Steve, es suicidio” Peggy dijo molesta y él se dio cuenta que seguía con el natural
hábito de pasar su mano por la longitud de la espalda de Tony pare arrullarlo, sonrió.
“¿Grave? Si accedieras a eso te quedarían horas, días” dijo molesta y Steve tragó difícilmente.
Steve asintió. El cuerpo entre sus brazos comenzó a moverse aflojerado, Peggy sabía que
probablemente Tony abrazaría más a Steve o lo besaría, o haría cualquiera de esas cosas que ella
hubiese hecho en su lugar, no tenía nada contra el chico, pero tampoco estaba lista para verlo con
sus ojos.
“Iré por un café” dijo y sin esperar respuesta salió del cuarto.
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30 de Diciembre
“Jaque Mate, de nuevo” Tony dijo con una sonrisa cansada y eliminó al rey de Steve del tablero.
“No logro ganarte, desde que tienes 7 años no logro ganarte” Steve dijo verdaderamente frustrado,
él mismo le había enseñado a jugar ajedrez ¿Cómo era posible que ya no pudiera ganarle jamás?
“Pero haces un buen trabajo” el adolescente dijo sincero y Steve soltó una risita.
Tony sonrió anchamente y le dio un suave beso en los labios, Peggy entró corriendo sin tocar la
puerta, ambos hombres saltaron asustados.
“Peggy, avisa si eres tú, casi muero de un infarto” Tony dijo exaltado y la sonrisa de Steve se
esfumó al notar el semblante de Peggy.
“¿Pasa algo?”
“Howard, está en el hospital. Viene para acá” Tony se levantó como resorte de la cama de Steve,
su mirada borrosa y su estómago dando vuelcos impresionantes, Steve sintió un nudo en la
garganta.
“No, Steve y yo hablaremos con él” dijo tomando la mano de Steve, el Capitán sintió un súbito
mareo.
“Tony, déjame hablar con él a solas un instante, después si quieres lo hacemos” dijo intentando
sonar gentil, lo menos que necesitaba era un arranque impulsivo por parte de Tony.
“Anda Tony, ven” Peggy insistió algo nerviosa y después de unos segundos Tony asintió soltando
la mano de Steve.
“Tony, no sabía que estuvieras aquí” Howard dijo con voz severa, apenas iba entrando a la
habitación y aunque creyó ver la mano de su hijo sosteniendo la de su amigo al volver a enfocar la
mirada notó que era una mala broma de su mente, se sintió aliviado.
“Nos regalan un momento” dijo demandante y Peggy después de darle un beso en la mejilla salió,
Tony siguiéndola. Howard cerró la puerta con seguro.
“Sí”
“Oh, pues entonces no hay más que decir” Steve dijo serio y Howard enterró su rostro en sus
manos, comenzó a llorar audiblemente, Steve lo miró perplejo, jamás en toda su existencia lo había
visto llorar tan escandalosamente. No supo que hacer.
“Vamos Howard, es normal, es vida y muerte” Steve dijo intentando tranquilizarlo y Howard lo
tomó de la mano, Steve tragó pesadamente.
“Es solo que… No sé qué salió mal, los cálculos del suero eran precisos, Bucky no presenta
ninguna de estas patologías”
“Bucky y yo hemos vivido vidas muy distintas” Steve dijo con una sonrisa y Howard asintió sin
estar realmente convencido.
Auch.
“No, él, él estará bien” Steve intentaba repetírselo a sí mismo, hacerse a la idea.
“Y yo a él”
“Creo que fuiste mejor padre tú que yo” Howard dijo con una risa ahogada en lágrimas y esa era
justamente la dosis de culpa que Steve necesitaba para explotar, su voz comenzó a temblar.
“Nunca lo quise como hijo” Steve tuvo el valor de decir y Howard clavó su mirada confusa en sus
ojos azules.
“¿Entonces?”
“Siempre hubo algo más Howard” Steve murmuró sin decir realmente nada pero expectante a las
reacciones de Howard, las cuales le indicarían si era seguro confesarse o callar.
Howard se puso de pie inmediatamente, su mirada mutando de tranquila a letal, sus labios tensos y
su ceño fruncido. Oh no, no era una buena idea. Steve intentó reparar el daño.
“Como una conexión con tu hijo, como si hubiese sido un hermano mío en alguna otra vida” dijo
estúpidamente intentando ganar de nuevo la confianza de Howard, quién permaneció de pie
observándolo meticulosamente, el monitor cardiaco delató su evidente taquicardia.
Mierda.
“Oh” Howard dijo al cabo de un minuto eterno y su mirada de nuevo se suavizo “Disculpa,
pensé… atrocidades”
Atrocidades.
“No, algo así como Peggy y tú” Steve dijo intentando no sonar enfermo o lunático, Howard asintió
sonriendo.
“Sí, entiendo”
Definitivamente no era una buena idea decirle algo a Howard. Peggy tenía razón, como siempre.
“Steve” Howard preguntó después de un tiempo “En la otra dimensión que habitaste, ¿El suero
también comenzó a desvanecerse?”
Steve asintió, enterró su cuchara en la gelatina y la sorbió aún con la vista fija en Howard.
“No, más como Bucky” Steve dijo recordando perfectamente lo que Tony le había explicado una y
otra vez.
“No comprendo que hizo tan determinante el cambio en esta dimensión, si tan….” Howard
interrumpió sus palabras repentinamente, levantó la mirada desorbitada, Steve lo observó curioso.
“Lo lamento, debo irme, Steve… perdón” Howard dijo en un arrebato y se levantó de la silla, dio
un abrazo al cuerpo de su amigo y un suave beso en su frente, salió de la habitación sin dirigirle
otra mirada.
Iba corriendo por el pasillo y encontró en la sala de estar a Peggy jugando ajedrez con su hijo.
“¿Pasó algo?”
“No, solo, hazle compañía un rato ¿Sí? Necesito a Peggy un momento” dijo atropellando sus
palabras, sudaba notablemente y sus ojos se habían vuelto cristalinos, Tony asintió y caminó en
dirección al cuarto de Steve, cuando Howard notó que estaba lo suficientemente lejos se sentó
junto a Peggy.
“¿Sí?” Peggy preguntó algo preocupada de que la hubiese descubierto, porque a lo largo de estos
27 años había sido cómplice de un secreto de Steve, había mentido una y otra vez para protegerlo,
para que Howard no odiara al Capitán, para mantener esa amistad tan turbulenta.
“Fue mi culpa” Howard dijo sin ser realmente consciente de sus palabras.
“El viaje dimensional, no hizo daño físico inmediato pero agotó el suero, las dos veces que Steve
viajo a esa dimensión décadas de sus vida se restaron, yo no lo sabía, y no puedo creer lo estúpido
que fui, como no lo calcule adecuadamente, Peggy, él está muriendo por mi culpa” Howard dijo
con ojos llorosos y voz quebrada, la agente lo observaba atónita, no sabía si golpearlo, si gritarle,
si llorar o simplemente permanecer en un silencio asfixiante. Observaba al hombre tan destruido,
con el peso de la culpa hundiéndolo. Se puso de pie y lo abrazó.
“Debes jurarme Peggy, jurarme que no le dirás nada de esto a Steve, me odiaría” Howard dijo en
un murmullo, sus ojos llorosos y Peggy simplemente sonrió nostálgica, las mismas palabras que
Steve había usado hace 27 años para pedirle que guardara el secreto de Tony.
Peggy Carter siempre tan llena de secretos, con un temple impresionante para permanecer de una
sola pieza.
Asintió
31 de Diciembre
“Mandé a Tony por tu desayuno. El hospital ya te permite comer cosas más sólidas que gelatinas”
dijo con una tenue sonrisa leyendo el periódico.
“¿Qué del gobierno?” Peggy preguntó sin dirigirle la mirada, leía ávidamente la sección de
ciencias, siempre con el viejo hábito de encontrar algo acerca de Howard, últimamente solo leía
cosas referentes a Tony.
“La extracción del suero” Steve dijo y Peggy levantó la mirada desconcertada.
“Lo sé, estuve pensándolo y no puedo, no puedo permitir que Tony pase los últimos meses de mi
vida al pie de la cama, ¿Sabes? Ayer me dijo que ya no tenía ganas de volver al MIT. Intenté
hablar con Howard y no se portó para nada accesible, lo más seguro es que se entere pronto y le
quité a Tony todo lo que puede ser”
“Lo sé, pero va más allá de mi vida, o de su vida. Su ingenio creó energía limpia, bajó los índices
de calentamiento global, dio tantas oportunidades a tantas vidas…”
“Tú mismo dijiste que Tony no le debe nada al mundo” Peggy lo interrumpió desconcertada, no
entendía este súbito cambio de opinión.
“¡Lo sé! es solo que ya no tengo tiempo ¿Sí? Formar la familia que anhele con él y acompañarlo
por 15, 20 años más será imposible. No tengo realmente opción Peggy, si me quedo meses en
espera de la muerte destrozaré su futuro, si me voy en unos días todo esto quedaría como un
secreto entre nosotros tres solamente”
Peggy tragó difícilmente, más secretos que guardar, más personas a las cuáles debía mentirles.
“Lo entiendo” dijo en su habitual voz de teniente y se levantó de la silla, salió del cuarto para
informar a los médicos de su decisión.
1 de Enero
“¿Dónde está Steve?” Tony preguntó en voz alta al encontrar la cama vacía, salió del cuarto con el
peor de los pensamientos en la mente, mierda, Peggy le había pedido que fuera a recoger unas
estupideces, había durado más de 3 horas haciéndolo, ¿Dónde mierda estaba Steve? ¿Por qué
Peggy se la había pasado entreteniéndolo en cosas sin importancia?
“¿Enfermera… El paciente, Steve, Steve Rogers?” Tony preguntó con ojos ya cristalinos y latidos
audibles.
Tony corrió hacía el elevador, no, no tenía tiempo de esperarlo, corrió escaleras arriba, después de
5 minutos y una taquicardia llegó al piso 4, encontró a demasiados hombres del ejército, muchos
médicos y Peggy platicando políticamente con ellos en el centro, Tony dirigió su mirada a la
habitación de terapia intensiva, Steve estaba inconsciente y se notaba muchísimo más pálido, Tony
se abrió paso entre la gente.
“Un verdadero héroe sin duda” Tony escuchó a lo lejos y permaneció inmóvil.
“Claro, dar lo último del suero aun sabiendo que le supondría la muerte”
No.
No.
Dejarlo.
“¿Cómo? ¿Cómo pudiste?” preguntó con una dicción clara y un odio tangible.
“¡No!” Gritó molesto y aventó los paquetes por los que Peggy lo había mandado, bajó las escaleras
corriendo, Peggy lo siguió.
Lo siguió hasta el sótano, donde la luz era tenue y el olor a humedad penetrante, Tony estaba
hincado, lloraba desquiciado y todo su cuerpo temblaba en contra de su voluntad, ella se arrodilló
junto a él, lo tomó en brazos a pesar de los jalones y gritos del chico.
En ese instante Peggy Carter se dio cuenta de lo mucho que quería a Tony Stark, no solo como el
hijo de su mejor amigo, o como el ser amado de quién ella amaba, lo quería por lo que era… a
pesar de todo.
“Él decidió irse, pudo quedarse conmigo más tiempo y le importo un carajo” Tony balbuceó entre
llanto y enojo, Peggy sintió una pesadez en el pecho ¿Cómo explicarle?
“¿Mi bien? No creo que me conozca tan poco para creer que una empresa y un título me
importaban más que él”
“Tenía los meses contados” El primer secreto que había prometido guardar salió sin cuidado de sus
labios, Tony levantó su mirada enrojecida.
“No Tony, ya era un caso perdido, él lo sabía, él y yo y todos, solo que Steve no quiso que tú
supieras”
El llanto del menor se interrumpió y la evidente falta de aire hizo que los sollozos se hicieran
mucho más audibles, Peggy recorrió indulgente un mechón de cabello castaño de su rostro.
“Porque te ama Tony, te ama desde antes de que nacieras” Peggy dijo ya sin prestar verdadera
atención a sus palabras, no podía permitir que Steve muriera dejando abismos en Tony, dejando
preguntas sin respuestas, no podía permitirse a sí misma callar mientras veía la poca justicia que
siempre se le hacía a Steve.
“Él pudo quedarse meses conmigo Peggy, y decidió no hacerlo” Tony dijo un poco más
controlado, su voz fría y su mirada herida, se puso de pie y Peggy lo imitó, lo observaba tan
perdido, tan lastimado que inclusive tuvo miedo de que Tony ya no regresara al hospital.
No, no podía permitir que Steve muriera solo. Debía explicarle todo a Tony, merecía saber las
razones que Steve tenía para tomar esta clase de decisiones.
Abrió su bolsa negra sacando dos cuadernos, una moleskine negra y vieja y un cuaderno pequeño
de piel azul marino, Tony tenía la mirada completamente perdida. Estaba demasiado molesto con
Steve, más que molesto se sentía completamente abandonado, perdido y sin poder cachar una
bocanada de aire, era como si de repente toda la vida se le hubiese vuelto monocromática. Conocía
al hombre desde que tenía memoria, no sabía que era vivir sin Steve.
“Toma, te recomiendo que los leas” Peggy dijo y le paso ambos cuadernos a Tony. El chico volvió
en sí y bajó su mirada nublada.
“¿Qué es?”
“Son de Steve, son cuadernos de los que me adueñe, es su secreto más sagrado y confío en que
sabrás guardarlo” Peggy dijo y dio media vuelta.
Hoy desperté en las circunstancias más extrañas de mi vida, estaba desnudo junto a un hombre de
una larga cicatriz en el pecho y tatuajes en tinta negra por el pecho y el brazo, su cabello es
castaño entrecano y sus facciones son suaves, labios llenos, nariz respingada y profundas arrugas
alrededor de sus ojos.
Se ve que ronda cerca de los 50 años. Cuando abrió los ojos caí en un ataque cardíaco.
¡Que ojos!
Son castaños sin embargo su mirada es la más hermosa que he encontrado hasta ahora, destellaba
peligro. Me sentí tan estúpidamente perdido en cuanto pronunció mi nombre, su voz no es grave
sin embargo intimida. Escapé sin rumbo alguno, pero él, él me supo encontrar.
Son las 10 de la noche, ha sido un largo y no sé si mi moral me ha vuelto loco o si toda la vida fui
un loco encubierto en mi moral, estoy de vuelta en la mansión, él dijo que iría por algo de cenar y
yo estoy frente a la alberca, la vista al mar es majestuosa a través de estos muros de cristal.
No sé realmente que me causa más culpa, saber que estoy casado con el hijo de Howard o estas
estúpidas ganas que tengo de que ya vuelva”
Tony abrió los ojos como platos y levantó la mirada, Peggy ya no estaba, sus manos comenzaron a
temblar y su corazón latía desmesurado.
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2 de Enero
“¿No has visto a Tony?” Steve preguntó intranquilo, no lo había visto al despertar, ni el resto de la
noche, y Peggy cambiaba el tema cada que intentaba abordarlo.
“No” Peggy contestó intentando mantenerse firme, tal vez había sido un error confiarle todo a
Tony, tal vez el adolescente había caído en una crisis aún más grande, tal vez ya no volvería, y eso
destrozaría completamente a Steve.
“Oh” Steve dijo apenas una monosílaba pero sonaba tan herida que Peggy sintió la necesidad de
abrazarlo.
La puerta del cuarto se abrió, Steve levantó la mirada y vio un enorme ramo de girasoles, Tony tras
de él con una sonrisa.
“Buenos días alegría” Steve sonrió anchamente, sus ojos azules opacos cobrando algo de brillo.
“Te extrañe” Steve ya no medía sus palabras enfrente de Peggy y Tony realmente jamás había
medido sus acciones, se acercó y lo beso en los labios, su mano en su frente, Steve estaba helado.
“Soborné a algunos doctores porque nos dejaran ir a casa ¿Vienes?” Tony preguntó y Steve sonrió
ampliamente.
“Siempre”
Casa era para ambos aquel apartamento pequeño y desordenado que rentaban en Massachusetts, un
lugar pequeño e indiferente que guardaba los mejores recuerdos de sus vidas, los 3 años que habían
compartido siendo simplemente ellos, sin fama, sin misiones, sin responsabilidades ni
expectativas. Simplemente dos anónimos de nuevo. La debilidad de Steve no le permitía salir de la
cama y la voluntad de Tony no le permitía dejar su lado.
No hicieron realmente nada, simplemente estar. Steve abrazaba a Tony mientras lo escuchaba
hablando de sus futuros proyectos, el pequeño ingeniero había decidido retirar su licencia y volver
a la escuela en Febrero para tranquilidad de Steve quien a cada hora se sentía más convencido de
haber tomado la decisión correcta, veía a Tony íntegro, firme y no sabía realmente que lo había
ayudado a estar así, pero lo agradecía.
“¿Tu primer mascota?” Tony preguntó y movió una pieza sobre el tablero de ajedrez.
“Un gato amarillo llamado maullidos” Steve dijo con una sonrisa leve y movió con dificultad otra
pieza.
“Siempre quise un perro pero era más barato tener un gato” dijo sincero y Tony sonrió, movió otra
pieza en el tablero.
“¿Tu sueño más grande?” Steve preguntó y Tony intentó sonreír, pero le fue imposible, Una vida
contigo Pensó, pero sabía que no era lo más inteligente para decir en ese momento.
“Tú”
“Toma” dijo y con su mano temblorosa y pálida tomó algo del buró, Tony lo observaba curioso,
extendió su mano para recibir lo que Steve le ofrecía.
En su mano había una cadena sosteniendo una placa, estaba rayada y algo oxidada, sin embargo se
alcanzaba a leer “Steve Rogers, Capitán” Y un número de identificación. Era su placa del ejército,
Tony sintió los ojos húmedos.
“Solo he amado dos cosas en la vida, la milicia y tú” Tony sonrió y lo abrazó, por primera vez en
estos días rompió en un llanto silencioso, Steve sonrió enternecido y lo abrazó hasta que escuchó
su respiración tranquila, lo estrujo más cerca de su pecho besando su cabello. Por un instante lo
sintió tan pequeño, como aquel niño de 4 años y pijama azul y un nudo se ató en su garganta hasta
dejarlo sin aire, no quería morir.
4 de Enero
“Jaque Mate” Steve pronunció ya en un hilo de voz y Tony observó el tablero sorprendido.
“Debiste haber hecho trampa” Tony contrapuso analizando todos los movimientos sobre el tablero,
Steve sonrió débilmente.
“Gané”
Tony seguía con la vista fija en las piezas, ¿Cómo era posible? Él había tenido todo enteramente
calculado. Oh claro, el mover ese caballo le había dejado una línea recta a la reina, su distracción
representaba la victoria de Steve, sonrió al cabo de unos minutos aceptando su derrota, tomó el
juego de ajedrez y comenzó a guardarlo en su caja, caminó hasta el closet para guardarlo en su
sitio. Escuchó a Steve tosiendo tras de él.
“Tony, ven” La voz de Steve era demasiado débil y rasposa, irreconocible e inaudible, sin embargo
entre el absoluto silencio Tony la escuchaba nítida, se acercó a él.
“Creo que ya no me queda mucho” dijo sincero y juntando todo su esfuerzo se recorrió sobre la
cama. Tony tragó audiblemente y asintió, metió su mano en su pantalón sacando algo así como una
píldora azul y grande, Steve lo vio curioso.
“Es algo que hice para ti, hará que te duela menos, como quedarte dormido” Tony dijo con voz
quebrada y Steve sonrió, insistió con la mirada que Tony se acostara junto a él. El chico obedeció
plantando un suave beso en su mejilla.
Steve se tomó la pastilla con la poca fortaleza que le quedaba, era amarga, difícil de tragar y algo
acida en su estómago, sin embargo Tony la había hecho para él así que sonrió.
“Dicen que cuando uno muere regresa a los lugares dónde amo la vida” Tony dijo en voz suave, la
cabeza de Steve sobre su brazo, su mano acariciando el cabello ya plateado del Capitán y su otra
mano abrazándolo, Steve sonrió débilmente, los huesos de su rostro claramente marcados, sus ojos
azules completamente opacos.
“Entonces te veré pronto” dijo en un hilo de voz y Tony se tragó estas incontenibles ganas de
llorar, sonrió y lo besó en los labios.
“Aunque no sea yo, estarás conmigo” dijo y Steve pasó su brazo por el cuerpo delgado de Tony.
Ambos permanecieron en silencio, la respiración de Steve era cansada y esporádica, cada vez
menos audibles.
Abrió los ojos lentamente sin recordar realmente quién era, o dónde estaba. Se sentó sobre una
cama amplia y de sabanas suaves y frescas, un muro de cristal dejando ver el océano, el sonido de
las olas quebrando era lejano pero si se lograba concentrar lo suficiente podía definirlo. Sus
sentidos adormilados iban cobrando nitidez y con ellos miles de recuerdos fueron armando el
acertijo.
Una melodía nostálgica y conocida vació toda su memoria, su corazón comenzó a latir al ritmo de
los tiempos musicales, lleno de altibajos, de pasión y una grave melancolía. Reconocía esa canción,
era su favorita y estaba ligada a él.
A Tony.
Este nombre en su mente trajo mil recuerdos más, desde los de un bebé, un niño, un adolescente,
un adulto… Tony en todas sus facetas de vida, siempre acompañado por él. Hubo silencio por tres
tiempos y se reanudó la melodía, Steve desconcertado volteó a su alrededor, reconocía este cuarto,
reconocía esta vista ¿Qué había pasado? Salió de la habitación caminando más de prisa, el puente
de cristal, el árbol en medio de las escaleras, la casa volada sobre el mar….
Estaba de vuelta.
Bajó las escaleras corriendo, la canción aumentando intensidad, su corazón desbocado, corrió
hacia la estancia del piano que conocía perfectamente.
Una chica de cabello castaño y ondulado sujeto en una coleta alta de caballo estaba tocando, sus
cejas muy pobladas y sus ojos cerrados, su piel era pálida y sus dedos delgados, danzaban entre las
teclas con rapidez y sensibilidad. Steve quedó congelado al verla.
No podía ser cierto. Él estaba muerto. No había manera alguna de que volviera… a menos que…
La pastilla.
Pero ¿Cómo era eso posible? Tony no conocía su secreto, nadie lo hacía. Además era imposible
que una simple pastilla pudiese transportarlo a esta dimensión de nuevo. Debía estar soñando.
La música siguió su curso, era un altibajo, notas lentas y nostálgicas que requerían doble tiempo en
cada una, la canción oleaba como la marea, en eso alcanzó el punto cúspide, el que Steve amaba,
el que fue capaz de sacarlo de su trance y hacerlo permanecer inerte, las notas se redujeron a medio
tiempo y demandaba dedos agiles, iba subiendo magistralmente al clímax...
“No, te comiste una nota Sara” una voz interrumpió y la chica dejó de tocar abruptamente con una
clara cara de disgusto.
“Papá, iba perfecto” La chica dijo muy molesta y entonces Steve levantó la mirada, y ahí estaba él.
Tony vestía una playera negra con un estampado deslavado, su cabello era completamente grisáceo
y sus arrugas mucho más profundas, era menos alto de lo que recordaba y su cuerpo había perdido
mucha masa muscular, llevaba lentes translucidos con un armazón rojo, unos jeans desgastados y
vans grises. Steve sintió un brinco en el pecho.
Estaba de vuelta.
Tony…. El Tony de su dimensión lo sabía, no sabía cómo pero de alguna forma se había enterado
de su secreto y jamás le había dicho nada, ahora entendía el comentario “Uno siempre vuelve a
dónde ama la vida”, ahora entendía perfectamente su tranquilidad al dejarlo partir.
Tony lo había regresado a la dimensión en la que ilógicamente pertenecía. En la que podía ser feliz
sin recibir ningún juicio, ninguna condena o presión. Sonrió agradecido sintiendo los ojos
húmedos.
“Después de RE van dos DO, no solo uno” Tony dijo engreído tomando de un vaso de cristal y la
chica bufó molesta, reanudó la canción.
“Eres imposible” dijo exasperada y Steve no pudo evitar soltar una risa, ambos lo voltearon a ver.
Tony con un claro disgusto y ella implorándole que le quitara a Tony de encima.
Steve la reconoció de inmediato, esos ojos idénticos a los de él, y esa nariz era una perfecta
revoltura entre las facciones de ambos, era Peter. O al menos solía serlo. Recordó el nombre con el
que Tony la había llamado. Sara. Como su madre.
“Papá, voy a llegar tarde a casa de Helga si sigues con esto” La chica rondaba los 16 años y por el
tono de voz Steve deducía que aún seguía impregnada de hormonas adolescentes. No pudo sentirse
más dichoso.
“Escucha” Tony dijo y se sentó en el piano, la chica se paró del sitio realmente molesta y caminó
hasta dónde Steve estaba, Steve al sentirla tan cerca tuvo unas inmensurables ganas de tocarla, de
abrazarla y sostenerla por siempre, decirle lo mucho que la había extrañado, lo feliz que estaba de
que al fin tuviese el cuerpo correcto... Pero se limitó a rozarle el brazo y sonreírle, la chica torció
los ojos y exhalo resignada, apoyo su cabeza en el hombro del Capitán.
Steve sintió como su alma se le escapaba sin poder evitarlo, el tacto que Tony tenía era único, la
canción salía en los tiempos perfectos, la nostalgia adecuada, las cúspides de pasión y velocidad.
Sus manos hábiles y sus ojos cerrados, había pasado sin dificultad alguna la parte donde Sara
siempre se estancaba, había llegado a todos los matices del alma que el piano podía mover. Era
sublime.
La canción comenzó a descender dócilmente hasta concluir, Tony entonces abrió los ojos y volteó.
“¿Percibiste dónde estaba el DO que te comiste?” Tony preguntó arrogante y Sara torció los ojos.
“Iré a cambiarme” dijo molesta y dándole un suave beso en la mejilla a Steve subió las escaleras,
Steve caminó hacía Tony.
“Te culpo a ti y lo sabes” Tony dijo molesto tomando un lápiz y la partitura, Steve se apoyó sobre
el piano observándolo atento, esta era la etapa que le hacía falta conocer de Tony, podía calcular
que rondaba ya cerca de los 65 años y aún su mirada lo hacía vibrar hasta enloquecer.
“¿Yo?” Steve preguntó sin poder contener realmente su sonrisa. Desbordaba una felicidad radiante.
“Mi familia ha tenido una línea sanguínea de pianistas perfectos durante generaciones, tu ADN
decidió acabar con eso” Tony dijo en su natural voz de reclamo y sin levantar la mirada.
“Tony te amo” Steve dijo entre risas sin prestarle verdadera atención y Tony levantó la mirada,
sonrió involuntariamente.
“Eso no te hará convencerme del partido del sábado” dijo firme y reanudó su trabajo en las
partituras.
“¿Te convence de subir un momento?” Steve dijo intentando sonar seductor y Tony soltó una risa.
“¿Y quién va a llevar a Sara con Helga?” Tony preguntó con una sonrisa traviesa y Steve se mordió
el labio.
“Préstale un carro”
“¿A quién se parecerá?” Steve hizo una pregunta retórica y Tony torció los ojos. Era inaudita la
manera en que podía adaptarse a esta dimensión, a esta época, a ambos, a su familia.
“Que se lleve el tuyo” Tony ofreció con una sonrisa maliciosa y Steve algo temeroso asintió.
“Ya estoy lista” Sara dijo con una maleta al hombro y un vestido rosa pastel puesto, su cabello ya
suelto y sus ojos azules brillaban con el carisma digno de una Stark, un antifaz de tenues pecas
bajo sus ojos y sobre su nariz.
“Steve dice que te lleves su carro” Tony dijo realmente entretenido y Sara los vio asombrada.
“¿¡De verdad!?” Preguntó emocionada y Steve supo que era una mala idea, sin embargo asintió.
“Son los mejores” dijo y corrió hacía ellos, los abrazo a ambos enterrando su rostro en el pecho de
Steve, le dio un beso a cada uno en la mejilla y salió corriendo de la mansión.
“Tony…”
“Por eso”
“Sabes que es casi tan responsable como tú, nada pasará” dijo seguro y dejó el vaso de cristal ya
vacío sobre el piano, caminó al refrigerador, tomó una cerveza helada y caminó de nuevo hasta el
piano. Steve lo besó tiernamente.
“¿Entonces vienes?” Steve preguntó alzando una ceja, caminó hasta las escaleras.
Tony permanecía de pie observándolo, sabía que biológicamente Steve tendría casi 200 años,
bueno, 120 o algo así, sin embargo físicamente se había congelado en los 40, su cabello aún rubio
y sus músculos definidos, tenues arrugas y una mirada encendida, Tony sonrió engreído, era un
maldito suertudo.
“Tenemos casa sola” dijo sonriendo y desabrochó su pantalón, Steve soltó una risa y caminó hasta
él, lo empujó suavemente al sillón de la estancia acostándose sobre él, el mismo aroma
embriagante e intoxicante a Stark, hundió su nariz entre los mechones entrecanos y sintió un
vuelco en el estómago, ¿Qué habría pasado con Tony en aquella dimensión? Se sentía culpable de
sentirse tan estúpidamente feliz y dichoso e imaginar que posiblemente Tony en ese momento
estuviese en su funeral.
"Nada, solo... nada" Steve dijo con voz ahogada y Tony besó tiernamente sus labios, no dijo nada
pero Steve de alguna manera supo que todo iría bien, algo estúpido e irreal tenía la mirada de Tony
que lo hacía sentir tranquilo.
2) Había escrito el doble, una parte explicando que había pasado con Tony, pero decidí
dejarlo abierto a que cada quién saque sus conclusiones.
No me había dado cuenta de los meses que pase en esta historia, aunque sólo lo tomo
como un hobbie y un gusto personal, agradezco a todas las personas que se
mantuvieron comentando en estos meses, a las personas que se animaron a
cuestionarme y cuestionarse y a todas las lectoras fantasmas que aparecieron.
Estoy de vacaciones así que puede que lean más de mí. Gracias C:
End Notes
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