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Efectos del Frío en el Organismo Humano

el efecto del frio en montaña
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4.

- EL FRIO
(Traducido de “Medicine et sports de montagne”, autor Dr. Jean Louis Etienne)

4.1 La percepción del frío.


4.2 Velocidad de enfriamiento.
4.3 Las reacciones del organismo al frío.
a) Disminución del caudal sanguineo cutaneo.
b) La termogenesis.
4.4 Tolerancia y aclimatación al frío.
4.5 Los congelamientos.
4.6 La hipotermia.

El hombre es un homeotermo, es decir que su temperatura central debe


mantenerse constantemente a 37º C. La temperatura central es la de los órganos nobles
(cerebro, corazón, pulmones, hígado y riñones). La lucha contra el frío se hace de dos
maneras: por redistribución de la sangre caliente en el interior del cuerpo, a expensas de
la periferia y, por un aumento de la producción de calor en el organismo.
Los congelamientos son indicadores del sacrificio de la periferia. La hipotermia es
la falla de los mecanismos de termorregulación.

4.1 La percepción del frío


La sensación de frío está relacionada con la velocidad de enfriamiento de la
superficie de la piel. La información térmica la dan corpúsculos termosensibles situados
en la dermis y ligados al centro de termorregulación situado en el cerebro. Podemos tener
frío en pleno verano saliendo del baño, cuando la evaporación rápida del agua de la
superficie de la piel, por efecto de un pequeño viento, enfría muy rápidamente la
superficie cutánea. Las terminaciones nerviosas de percepción del frío informan al cerebro
de un enfriamiento brusco. La reacción es inmediata: escalofríos y temblores. Tendremos
calor cuando la piel se seque y sea recalentada por el sol, mientras que el ambiente
térmico no habrá cambiado. Por las mismas razones podremos tener escalofríos después
de una ducha caliente en una sala de baño que no esté bien calefaccionada.
Decimos siempre que la madera es más caliente que el metal, mientras que en una
habitación, un trozo de madera está forzosamente a la misma temperatura que un trozo
de acero. La diferencia de percepción de temperatura está relacionada con la
conductividad térmica. El hierro es mejor conductor del calor que la madera, luego capta
más rápidamente el calor de la piel, produciendo inmediatamente una sensación de frío
que no sentimos al contacto con la madera. La intensidad del frío o del calor es
proporcional a la velocidad de enfriamiento o de ganancia de calor.

4.2 Velocidad de enfriamiento


En la montaña, tres factores influyen en la velocidad de enfriamiento: la
temperatura, el grado de humedad del aire y la velocidad del viento.
La temperatura disminuye en promedio entre 0,5 y 1º C cada 100 metros. La
conductividad térmica del agua es 20 veces mayor que la del aire, lo que explica que un
frío húmedo sea menos tolerable que un frío seco. A medida que subimos este factor de
enfriamiento disminuye en intensidad. A 2000 metros la humedad relativa disminuye a la
mitad, y bajamos a tres cuartos en los 4000 metros. El viento, por el contrario, se
intensifica con la altura: mientras más importante sea la superficie de exposición al viento,
mayor será la velocidad de enfriamiento del organismo.
4.3 Las reacciones del organismo al frío
El hombre es un homeotermo que sólo puede vivir en una gama térmica muy
estrecha alrededor de 37ºC. Permanentemente debe administrar su capital térmico, el
cual debe permanecer invariable, tanto en calor como en frío. Cuando, en frío, las
perdidas sobrepasan a las ganancias de calor, el organismo reacciona de dos formas:
- limitando las pérdidas mediante la disminución del caudal sanguíneo cutáneo.
- aumentando la producción interna de calor: termogénesis.

a). Disminución del caudal sanguíneo cutáneo: La piel modifica permanentemente sus
intercambios térmicos con el medio ambiente, para amortiguar las variaciones de
temperatura del núcleo central que contiene los órganos vitales. En la lucha contra el frío,
la piel menos irrigada, es menos eficiente conductora de calor. En un ambiente frío, una
piel fría constituirá una barrera eficaz contra las perdidas de calor del organismo. Los
primeros sitios víctimas de esta vasoconstricción son las extremidades, los piés y las
manos.

b). La termogénesis: Es el aumento de la producción de calor en el interior del


organismo puede ser voluntario o involuntario.
La termogénesis voluntaria: El esfuerzo muscular produce calor como desecho
energético. El ejercicio producirá luego un flujo de calor en el organismo. Es un excelente
medio de calentamiento, pero conviene saber que consume energía.
Los alimentos aportan, aparte de su valor nutricional, una ganancia de calor
durante la digestión. Llamamos “acción dinámica específica de los alimentos (ADE)” al
suplemento calórico aportado por la ingestión de alimentos, que se traduce en un aporte
inmediato de calor al final de la comida. Los prótidos tienen una ADE superior a la de las
grasas y azúcares.
La termogénesis involuntaria: Dos mecanismos intervienen por vía refleja: uno mecánico
“el temblor térmico” y otro endócrino por “secreción de hormonas que estimulan el
metabolismo”.
El temblor térmico: Es una contracción involuntaria de los músculos, rítmica y de
corta duración, tendiente a producir calor. Estas contracciones musculares autónomas
cumplen un papel muy importante en el mantenimiento de la homeotermia. Son inhibidas
por la hipoxia, lo que explica la disminución de las posibilidades termoreguladoras en frío
a gran altura.
Secreciones hormonales durante una exposición al frío: Su intervención en la lucha
contra el frío tiende a aumentar el conjunto de metabolismos con el objeto de producir
más calor.
Tres clases de hormonas están esencialmente implicadas:
La adrenalina y noradrenalina, segregadas por las glándulas suprarrenales,
aumentan el grado de temblor espontáneo. Por otra parte ayudan en esta contracción
poniendo más nutrientes a disposición del músculo. La adrenalina y noradrenalina facilitan
la liberación de glucosa a partir de las reservas musculares y hepáticas, y la liberación de
ácidos grasos a partir de grasas de reserva. La glucosa y los ácidos grasos son los dos
alimentos del músculo.
Las hormonas tiroideas, actúan en cooperación con la adrenalina elevando el nivel
metabólico del organismo. Las personas que sufren de hipertiroidismo tienen siempre
calor.
La cortisona es segregada también por las glándulas suprarrenales. Por su acción
generalizada, interviene a todo nivel para la defensa del organismo. Facilita el conjunto de
procesos de la termogénesis involuntaria.
4.4 Tolerancia y aclimatación al frío
Las calefacciones y los climatizadores han llevado al hombre a un “adormecimiento
térmico” que ha puesto en reposo sus facultades de adaptación a las variaciones de
temperatura. Las exposiciones voluntarias y repetidas al frío despiertan sus notables
propiedades de tolerancia al frío: es la aclimatación.
Los especialistas del ambiente frío separan las reacciones de defensa del frío de
las reacciones de aclimatación. Las reacciones de defensa ponen en funcionamiento los
costosos procesos energéticos de la termogénesis y producen un rápido agotamiento de
las reservas del organismo. Las reacciones de aclimatación son reacciones protectoras
que ahorran reservas. Parece evidente que la aclimatación corresponde a la maduración
de las reacciones de defensa, cuyo grado de afinamiento varía según los individuos, el
estilo de vida y los orígenes étnicos.

¿Como trabajar la tolerancia al frío? Manteniéndose en buen estado mediante


ejercicios al aire libre y en el frío. Es una forma natural de aclimatarse.
Las técnicas propuestas por los médicos especialistas en supervivencia al frío,
están basadas en la inmersión diaria en agua fría, hasta el límite de la tolerancia personal.
Al cabo de 15 días, se constatan los primeros signos de tolerancia, es decir:
- un aumento de la tolerancia al frío.
- un retardo en la aparición del temblor térmico, lo que permite suponer que se ponen en
funcionamiento reacciones energéticas menos costosas que los temblores.
- un mejor ajuste de las reacciones energéticas del organismo en relación a las pérdidas
calóricas, lo que va también en el sentido de economizar energía.
- una mejora de la habilidad manual a bajas temperaturas, necesaria para realizar algunas
acciones útiles para la supervivencia.
- una demora en la aparición de los dolores de las extremidades, pies y manos, luego de
una prolongada inmersión en agua helada.
Mantenerse en forma, esquiar sin guantes y tomar una ducha fría todos los días
bastan para llegar a un buen nivel de tolerancia en algunas semanas.

La aclimatación al frío: Hablamos de aclimatación al frío como de aclimatación a la altura,


cuando el organismo por un contacto prolongado con bajas temperaturas, pone en
funcionamiento reacciones fisiológicas automáticas, que escapan a la voluntad y que son
duraderas. Para facilitar la comprensión, permítanme referirme a mi experiencia personal
en el Polo Norte.
Antes de partir hice una serie de pruebas para tener una idea de mi aptitud para
soportar bajas temperaturas. Me pusieron en una campana a la temperatura de 1º C, con
un viento de 8 m/s, lo cual equivale a una velocidad de enfriamiento igual a -10º C. Estuve
allí durante dos horas, completamente desnudo, sin moverme, estirado sobre un catre de
tela. Durante estas dos horas que me parecieron muy largas, no dejé de temblar, de tener
sobresaltos musculares automáticos que tenían por objeto producir calor. Al final de la
prueba, mi temperatura central se mantenía a 37º C mientras mi temperatura periférica
había descendido a 12º C. Durante ese tiempo consumí una cantidad “Q” de oxígeno,
testimonio del gasto energético necesario para mantener mi temperatura a 37º C.
Después de 70 días de vivir permanentemente a bajas temperaturas (-52º C al
principio y -15º C al final), volví a la campana para la misma prueba. Al término de 2 horas
en las mismas condiciones, constatamos que yo había dejado descender mi temperatura
central a 35,5º C, y que sólo había gastado una pequeña cantidad “q” de energía para
luchar contra el frío. Paralelamente mis temblores fueron menos intensos.
Esta es una ilustración de lo que llamamos aclimatación hipotérmica. Para afrontar
el frío no luchamos, sino que adquirimos esta aptitud particular de dejar descender la
temperatura, lo que es mucho más económico.
Esta adaptación de tipo hipotérmico, ha sido descripta entre los bushmen del
desierto de Kalahari, los indios quichuas del Perú, todos pueblos que viven en el desierto
y en la altura, donde las noches son frías cuando el fuego se apaga. A la mañana ellos
reencienden el fuego, el sol sale y su temperatura central aumenta a la normal de 37ºC. El
caso más espectacular es constatado entre los “ama”, buzos coreanos que se sumergen
desnudos, en el mar, todo el año, para pescar perlas y esponjas. En invierno, la
temperatura del aire es de 0º C y la del agua de 4º C a 10º C. Al final del día, la
temperatura central de estos buzos es cercana a los 33º C.

4.5 Los congelamientos


Los congelamientos son lesiones localizadas debidas a una exposición prolongada
al frío.
La medicación extrema de las primeras grandes expediciones Polares y al
Himalaya han permitido modernizar los conocimientos adquiridos por los médicos durante
las dos últimas guerras. No se ha logrado aún la unanimidad entre los investigadores
sobre los mecanismos de aparición de los congelamientos. Esto explica ciertas
divergencias en las concepciones terapéuticas que disponen en todos los casos de los
medios más modernos de examen y tratamiento.

a) Las circunstancias de aparición: Lo que hace peligrosos los congelamientos es que


aparecen sin prevenir, de forma progresiva e insidiosa. Nada más normal que tener las
extremidades frías, que se hinchan, que pierden su sensibilidad. Todos los alpinistas han
conocido esto sin sospechar nunca que estaban en vías de congelarse.
En la siguiente etapa, la anestesia persiste, la extremidad se pone blanca, fría,
dura, rígida. Es un congelamiento y el reflejo inmediato no debe ser sólo calentar la
extremidad helada sino también el cuerpo en su totalidad.
El calentamiento es doloroso en la zona revascularizada. El dolor es punzante,
profundo. La repermeabilización va a extenderse a todo el miembro o se detendrá en una
zona que limitará el congelamiento. Al décimo día de tratamiento la extensión de las
lesiones se estabiliza; las clasificamos en cuatro grados de gravedad creciente. (Estas
clasificaciones difieren según los autores).

a) Congelamiento de primer grado. Forma eritematosa. A la palidez sucede un eritema. La


extremidad se hincha ligeramente. La piel se calienta, se torna rojo violacea y no se
forman ampollas. La evolución es favorable en algunos días.

b) Grados de congelamientos
b) Congelamiento de segundo grado. Forma ampollada. El edema es violáceo,
voluminoso; la piel se cubre rápidamente de ampollas claras que son verdaderas bolsas
de agua. La sensibilidad superficial desminuye, pero la sensibilidad profunda a la
percusión se conserva. La evolución es buena en algunas semanas, con secuelas
posibles como la persistencia de sensibilidad al frío y la piel frecuentemente sudorosa
(hiperhidrosis) con poca sensibilidad.

c) Congelamiento de tercer grado. Forma necrótica superficial. El edema es importante y


la piel permanece fría, violácea, sin ninguna sensibilidad. El contenido de las ampollas es
hemático, opaco. La zona helada se pone negra, seca, acartonada y se elimina
espontáneamente dejando al vivo un tejido rosa, cuya cicatrización será muy lenta. Las
secuelas son frecuentes, sobre todo en los dedos donde la alteración de la piel y de la
movilidad pueden producir una molestia funcional permanente.

d) Congelamiento de cuarto grado. Forma necrótica profunda. Termina en amputaciones.


No aparecen los signos clásicos de calentamiento (ampollas, color rojo violáceo). La
extremidad helada permanece de “hielo”, se pone amoratada. No se siente más el pulso
en las extremidades. Es necesario esperar varios meses, hasta que la separación entre
los tejidos muertos y vivos sea bien definida, para decidir las amputaciones mínimas.

c) La localización de los congelamientos: Se produce generalmente en las


extremidades. La mayoría de los congelamientos encontrados en los alpinistas se
reparten entre los dedos de manos y pies. Los congelamientos de mejillas, nariz y oidos
son frecuentes pero nunca muy graves.
Los nervios y los vasos sanguíneos también son sensibles a la acción del frío, lo
que explica las secuelas tardías y persistentes, como las modificaciones del tacto, de la
sensibilidad, la comezón de las extremidades, la piel sudorosa y violácea, y una
sensibilidad particular al frío. En las formas más severas, el hueso puede helarse, lo que
conduce a graves mutilaciones.

d) El mecanismo de los congelamientos: surge de todas las hipótesis emitidas por los
especialistas en biología del frío que no es solamente la temperatura negativa la
responsable de la extensión de las lesiones, sino también la velocidad de enfriamiento de
los tejidos.
El estado de adormecimiento biológico por un frío masivo e intenso permite
conservar largo tiempo los tejidos que recuperarán su actividad biológica por
calentamiento. El frío es un medio de conservar la vida de las células, previendo que
éstas sean enfriadas bruscamente.
En la montaña el frío actúa de una forma más progresiva y parece que las cosas
ocurren en dos tiempos:
1) Fase vascular: Para conservar la temperatura central del cuerpo en su valor
normal, la sangre no irá más a las extremidades enfriadas por el medio ambiente hostil. El
frío aumentará el tono constrictor de los vasos y las extremidades que son las más
expuestas al frío serán “sacrificadas”. La sangre que calienta y a la vez nutre las células,
se abrirá cada vez más difícilmente un camino hacia las extremidades de los dedos de
piés y manos. Tarea tanto más difícil en la altura donde la sangre se vuelve
extremadamente viscosa por la poliglobulia y una deshidratación casi constante durante el
esfuerzo. Aparecerán tres factores agravantes:
- Un enfriamiento en la profundidad de los tejidos.
- Una anoxia celular por defecto de oxigenación.
- Una trombosis en los vasos que puede aparecer mucho más fácilmente cuando el
caudal sanguíneo disminuye mucho por constricción y cuando la sangre se pone muy
viscosa. En caso de trombosis, las células que no son más irrigadas están condenadas.
Puede luego producirse “congelamiento” a una temperatura no necesariamente negativa.
Pero esta trombosis, ¿es la causa de la muerte de los tejidos o una consecuencia de la
agresión de los tejidos y de los vasos por el frío?. Es la frontera de la discusión entre la
concepción vascular y la concepción térmica que acusa al frío de ser el agente directo de
las destrucciones celulares.
2) Fase celular: Las células anóxicas y enfriadas como consecuencia de que no le
llega más sangre (con o sin trombosis) sufrirán la acción del frío, un frío inferior a 0ºC. El
congelamiento del agua (que constituye lo esencial de los tejidos humanos) producirá en
el medio celular, graves perturbaciones hidroelectrolíticas que producirán la muerte de las
células.

e) Medidas preventivas: Vamos a clasificarlas en medidas prácticas, dietéticas y de


profilaxis médica.
Medidas prácticas: - Conservar una buena circulación mediante movimientos que
además producirán calor en el organismo. No perder de vista que todo movimiento activa
la circulación de aire fresco y puede, si no estamos bien vestidos, activar el enfriamiento
del cuerpo. Hacer contracciones estáticas.
- Desajustar las ropas y el calzado y adoptar una posición
confortable que facilite la circulación en los miembros. La posición “acurrucado” no facilita
la circulación en piernas y pies.
- Protegerse de todo contacto metálico que, como hemos visto, es
un excelente conductor térmico y producirá congelamiento por contacto.
- Controlar regularmente la sensibilidad de las extremidades pues
la instalación de congelamientos es insidiosa.
- Despojarse, en la medida de lo posible, de todo lo que este
húmedo. Piés y manos húmedas constituyen un excelente punto de fijación para el frío.
Los materiales sintéticos constituyen un progreso considerable en la prevención de
accidentes debidos al frío; son hidrófobos y se secan muy rápido con la llama del
calentador, manteniéndolos a unos 20 cm..
- Es útil remarcar que el viento glaciar es un enemigo temible, y
aunque cueste, es siempre necesario instalar el vivac protegido del viento.

Medidas dietéticas: En la medida de lo posible es necesario alimentarse bien y


sobre todo beber abundantemente. La lucha contra el frío cuesta caro al organismo y el
aporte hídrico, casi siempre insuficiente, disminuirá la viscosidad sanguínea generada a la
vez por un estado permanente de deshidratación y la poliglobulia de altura.

Profilaxis “medicinal”: No existen en la actualidad medicamentos que puedan


proteger contra los congelamientos. Los vasodilatadores a título preventivo están
proscriptos. Aumentando el caudal sanguíneo periférico, favorecen las pérdidas de calor
del organismo. El alcohol es un vasodilatador y debe ser proscripto por las mismas
razones, cuando somos prisioneros del frío. En la serie de restricciones, hay que saber
que la nicotina es un vasoconstrictor periférico. Un estudio hecho en 1934 ha puesto en
evidencia que luego de haber fumado un cigarrillo (de esa época), la temperatura cutánea
de la mano bajó, en promedio, 4,6º C y la de los pies 3,9º C. No hay que creer que un
cigarrillo pueda ser el antídoto de un trago de alcohol.
La dilución sanguínea tendiente a disminuir la viscosidad de la sangre ha sido
practicada por los médicos de dos expediciones alemanas: una en 1975 al Kanchenjunga
y la otra, en 1977, al Lothse. Estas diluciones practicadas por sustracción de sangre e
inyección de una misma cantidad de una solución macromolecular tendían a corregir la
poliglobulia y el déficit hídrico después de varios días pasados en altura. El criterio de la
dilución era obtener un hematócrito de 30, mientras que puede alcanzar 50 entre los
sujetos aclimatados. Esta hemodilución ha permitido reducir considerablemente la
viscosidad de la sangre sin que sea afectada la oxigenación de los tejidos. En las dos
expediciones, ningún miembro tratado sufrio congelamientos (19 de los 21 miembros
alcanzaron la cumbre del Lothse), mientras que los alpinistas no tratados tuvieron
problemas.
Estos resultados permiten sacar algunas conclusiones: la poliglobulia no es una
adaptación que facilite la vida en la altura, sino una producción refleja de glóbulos rojos,
proporcional a la hipoxia de altura. La viscosidad sanguínea es un obstáculo real a la
irrigación de las extremidades; aumenta el trabajo del corazón e incrementa el riesgo de
trombosis. Estos resultados remarcan la falta de sentido de las poliglobulias artificiales por
autotransfusión antes de la partida. Estas hemodiluciones son trabajos médicos que
necesitan una gran infraestructura en altura y permanecen en el dominio de la
investigación.

f) Conducta a tener en caso de congelamientos en la montaña


En el transcurso de un ascenso o luego de una noche de vivac, notamos que las
extremidades (dedos de manos y pies) están blancas, insensibles, pesadas, hinchadas y
que todo esto se produce insidiosamente, sin darnos verdaderamente cuenta. Hay que
rendirse a la evidencia: hemos sido alcanzados por un congelamiento, pero nada permite
apreciar su extensión ni su gravedad.
¿Que hacer?
Una regla debe ser conocida: no hay que comenzar el calentamiento de una
extremidad helada si no estamos seguros de poder mantener un calentamiento constante
y suficiente hasta que seamos auxiliados.
Un calentamiento lento e insuficiente, frecuentemente seguido de un
recongelamiento produce serias complicaciones, más vale retrasar el calentamiento
algunas horas para hacerlo en buenas condiciones. Hay que saber que una extremidad
calentada es inutilizable debido a que está tumefacta, hinchada, dolorosa al movimiento y
a la compresión y que es extremadamente frágil. Después del calentamiento al alpinista
alcanzado por congelamientos es impotente. En el caso de que los auxilios (camilla o
helicóptero) no puedan acercarse, su sobrevivencia compromete a la de todo el equipo
que va a ayudarlo a salir de esta situación precaria en condiciones difíciles. Se podría
afirmar que una extremidad calentada fuera del momento oportuno puede ser un grave
error.
Los médicos ingleses y norteamericanos que han colaborado con el artículo sobre
congelamientos aparecido en The New England Journal of Medicine afirman
unánimemente que, contrariamente a la creencia popular, podemos caminar mucho
tiempo con los piés helados sin riesgo de producir más complicaciones. El doctor William,
especialista en congelamientos de Anchorage en Alaska, informa 12 casos de personas
que marcharon entre 3 y 4 días con las extremidades de los pies completamente heladas;
algunas no sufrieron ningún daño y a otras, en el peor de los casos, les fueron amputados
dedos de los pies.
Cuando aplicamos los primeros auxilios en el campamento base, debemos
recordar que el calentamiento no solo comprende el de la zona helada, sino también el del
cuerpo en su conjunto. Sólo puede realizarse en un local o una carpa, al abrigo del viento
y con buena calefacción. Es necesario sacar las ropas húmedas, el calzado y envolver al
congelado con ropas precalentadas. Darle de comer y de beber en abundancia, bebidas
calientes y azucaradas. Colocarle cantimploras con agua caliente en las axilas y entre las
piernas (Máxima temperatura 40º C).
Después de esto hay que comenzar inmediatamente el calentamiento de las
extremidades heladas con agua entre 40º C y 42º C. Si no disponemos de un recipiente
suficientemente profundo, envolvemos el miembro helado con toallas y agregamos el
agua por arriba (atención con el enfriamiento rápido). El agua del baño debe estar
desinfectada con un antiséptico sin alcohol. El calentamiento debe hacerse por sesiones
de 20 o 30 minutos. Es un momento muy doloroso que hay que prevenir con analgésicos.
Después del baño, envolver las extremidades en una gasa estéril y apósitos muy sueltos
para evitar cualquier estrangulamiento pues el pié o la mano aumentarán su volumen.
¡¡Hay algunas cosas que no debemos realizar jamás!!: Friccionar con nieve o
flagelar pues se trata de tejidos frágiles aunque estén insensibles.
Tampoco hay que calentar la zona congelada al calor de una llama pues la
temperatura es muy elevada y la parte helada, insensible puede ser quemada.

Después de los primeros auxilios, acostar al herido en una bolsa de duvet. Las
partes heladas deben permanecer horizontales o ligeramente elevadas. Los baños deben
repetirse dos veces por día los tres primeros días y luego una vez hasta el octavo día.
Todo debe ser hecho con grandes precauciones de asepsia pues el enemigo número uno
de los congelamientos es la infección. Una vez calentadas, las zonas afectadas son
indoloras. Todo congelamiento que produce dolores punzantes después del período de
los primeros calentamientos es un congelamiento infectado: antibiótico durante un mínimo
de 8 días.
Las medicinas de apoyo: Vasodilatador durante 15 días. En altura, respirar oxígeno
si se dispone de botellas.

La marcha de regreso: No presenta problemas en caso de congelamientos de manos,


simplemente hay que recordar que los brazos no deben estar colgando a lo largo del
cuerpo sino sostenidos a la altura del pecho mediante cabestrillo. Por el contrario, los
congelamientos de pies prohiben la marcha y es necesario organizar un transporte.
Si los dedos de manos o pies se ponen negros, no hay que desesperarse por no
poder volver a la montaña. Lo principal, en ese momento, es salir de ella. Muy
frecuentemente lo profundo se conserva y la costra negra se desprende como “un dedo
de guante” dejando aparecer una carne rosada que tomará tiempo en cicatrizar.
Durante la marcha de regreso donde las condiciones de asepsia no son siempre
fáciles, hay que temer la infección y el tétano. En los himalayas es necesario salir siempre
en expedición con el carnet de vacunación antitetánica al día.
Esperar a “volver al hogar” para consultar a un cirujano pues las decisiones
operatorias se toman siempre muy tarde, a veces después de muchos meses.
Cuando se ha sufrido un congelamiento, es necesario armarse de paciencia ya que
la cura es siempre muy lenta.

4.6 La hipotermia
La hipotermia comienza cuando la temperatura del cuerpo baja de 35ºC. Es la falla
de la homeotermia, cuando la producción de calor del organismo no cubre más las
pérdidas calóricas.
La hipotermia se instala progresivamente en circunstancias muy particulares, en
general cuando estamos inmovilizados en un ambiente frío por multiples razones:
cansancio, agotamiento, accidente, mal tiempo.
En este estado, algunos consejos que podemos dar ayudan a limitar las pérdidas
calóricas y a administrar bien las reservas de combustible intentando beber regularmente
la mayor cantidad de tiempo posible.
Evitar las pérdidas de calor. Es necesario multiplicar las capas de ropa
permaneciendo cómodo y protegerse imperativamente del viento en una carpa, una
rimaya o una cueva en la nieve. En las travesías de aristas, y aún cuando esto demande
un gran esfuerzo, es necesario instalarse en la vertiente protegida. Es necesario comer lo
que tenemos y sobre todo beber regularmente.
Permanecer dueño de la situación. Es fundamental a fin de evitar un desperdicio de
calorías que podrían agotarse si la exposición al frío debe prolongarse. Bloqueado por un
tiempo indeterminado a una temperatura glaciar (-20º C, -30º C) es vital mantener la
calma. La aceptación razonada de la situación por algunos medios simples de relajación,
permite evitar las descargas de adrenalina debidas al stress. Estas llamaradas de
adrenalina queman muy rápidamente las reservas del organismo. Ha ocurrido que
personas poco experimentadas perdidas en media montaña mueran en una noche...
Fue a fuerza de comportarse excepcionalmente que Walter Bonatti sobrevivió a su
vivac imprevisto en el K2 a más de 8000 metros, y que Rene Desmaison salio vivo de su
trampa glaciar en la faz Norte de las Grandes Jorasses.
Cuando la temperatura del cuerpo desciende, comenzamos a tiritar. Esta reacción
normal del temblor tiene por objeto producir calor por contracción refleja de los músculos.
Es útil entonces imponerse algunas contracciones estáticas que producirán calor
disminuyendo los temblores desagradables.
Continuar alimentadose y sobre todo bebiendo, ayudarán a salir de esta mala
situación. ¡Es por moral que ganamos!.

Los primeros auxilios en la montaña: En la montaña el diagnóstico es evidente. Hasta 35º


C la persona permanece consciente y describe sus sensaciones. Por abajo de 33º C las
ideas dejan de ser claras y es necesario buscar algunos signos que ayuden a hacer el
diagnóstico de hipotermia. Lo más simple es tomar la temperatura, para lo cual es
necesario tener un termómetro (es un elemento indispensable en el botiquín). Sino,
observaremos que la piel se pone fría, el rostro pálido, lívido, el pulso débil, rápido, por
momentos el enfermo es sacudido del estado de frío. Ponerle ropas secas precalentadas,
meterse con el en una bolsa de duvet, darle bebidas calientes y dulces, colocarle
cantimploras con agua caliente en las axilas y entre las piernas. Hay que examinar las
extremidades de las manos y de los piés en busca de los congelamientos frecuentemente
asociados.
Algunos días de reposo, calor y una buena alimentación permitirán la recuperación
después de una hipotermia.

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