Sesión 2. De-Mentes en Fuga - La Enfermedad Mental
Sesión 2. De-Mentes en Fuga - La Enfermedad Mental
“¿Quién ignora que la edad más alegre del hombre es con mucho la primera, y que es la más grata a todos? ¿Qué
tienen los niños para que les besemos, les abracemos, les acariciemos y hasta de los enemigos merezcan cuidados,
si no es el atractivo de la estulticia que la prudente naturaleza ha procurado proporcionarles al nacer para que con
el halago de este deleite puedan satisfacer los trabajos de los maestros y los beneficios de sus protectores? Luego,
la juventud, que sucede a esta edad, ¡cuán placentera es para todos, con cuánta solicitud la ayudan todos, cuán
afanosamente la miran y con cuánto desvelo se tiende una mano en su auxilio! Y, pregunto yo, ¿de dónde procede
este encanto de la juventud sino de mí, a cuya virtud se debe que los que menos sensatez tienen sean, por lo mismo,
los que menos se disgusten? Mentiré si no añado que a medida que crecen y empiezan a cobrar prudencia por obra
de la experiencia y del estudio, descaece la perfección de la hermosura, languidece su alegría, se hiela su donaire y
les disminuye el vigor. Cuanto más se alejan de mí, menos y menos van viviendo, hasta que llegan a la vejez
molesta que no sólo lo es para los demás, sino para sí mismos. Tanto es así que ningún mortal podría tolerarla si
yo, compadecida nuevamente de tan grandes trabajos, no les echase una mano, y al modo como los dioses de que
hablan los poetas suelen socorrer con alguna metamorfosis a los que están apurados, así yo, cuando les veo
próximos al sepulcro, les devuelvo a la infancia dentro de la medida de lo posible. De aquí viene que la gente suela
considerar como niños a los viejos”. Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura (1511).
LA SAL DE LA LOCURA (selección)– FREDY meses. Acababa de salir del trabajo. Estaba abrigada
YEZZED y pensaba en sus dos hijos lejos, en Lima. Dijo que los
árboles del invierno eran el reflejo de su alma y todo
HE HABLADO CON una mujer que parece normal transcurría en calma. En los juegos de madera vio
en el jardín del hospital. Me ha narrado la siguiente como un niño de siete años se cayó contra el
historia con una tranquilidad agría: Estaba sentada en pavimento y se abrió la cabeza. Ese grito, más allá del
un banco de madera en el parque Lezama hace unos aire…dijo. Entonces corrió y alzó al pequeño y,
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abstraída, se lo llevó a su casa y lo curó. Pasó la tarde LOS BUQUES SUICIDANTES – HORACIO
acariciándole el rostro. Sólo las paredes humildes que QUIROGA
la rodeaban saben las cosas buenas que pensó junto al
niño. Al anochecer golpearon a su puerta las Resulta que hay pocas cosas más terribles que
autoridades y los padres del niño que lloraban de encontrar en el mar un buque abandonado. Si de día el
angustia. Dijo que se aferró a la criatura como a sus peligro es menor, de noche no se ven ni hay
huesos. Golpes. Las entrañas reventadas en los gritos. advertencia posible: el choque se lleva a uno y otro.
El invierno que la metía a una celda. Las enfermeras Estos buques abandonados por a o por b, navegan
dicen que en las noches llora y abraza un muñeco de obstinadamente a favor de las corrientes o del viento,
trapo al que llama mi Charly. Las enfermeras no saben si tienen las velas desplegadas. Recorren así los
que sus hijos aún la esperan. mares, cambiando caprichosamente de rumbo.
No pocos de los vapores que un buen día no
llegaron a puerto, han tropezado en su camino con uno
de estos buques silenciosos que viajan por su cuenta.
Siempre hay probabilidad de hallarlos, a cada minuto.
Por ventura las corrientes suelen enredarlos en los
mares de sargazo. Los buques se detienen, por fin,
aquí o allá, inmóviles para siempre en ese desierto de
algas. Así, hasta que poco a poco se van deshaciendo.
Pero otros llegan cada día, ocupan su lugar en silencio,
de modo que el tranquilo y lúgubre puerto siempre
está frecuentado.
El principal motivo de estos abandonos de buque
son sin duda las tempestades y los incendios que dejan
a la deriva negros esqueletos errantes. Pero hay otras
causas singulares entre las que se puede incluir lo
acaecido al María Margarita, que zarpó de Nueva
POR ACCIDENTE HE pasado hoy la palma de mi York el 24 de Agosto de 1903, y que el 26 de mañana
mano por la cabeza. La he palpado minuciosamente se puso al habla con una corbeta, sin acusar novedad
ahogado en un silencio perplejo. Me he dado cuenta alguna. Cuatro horas más tarde, un paquete, no
de que estaba rapado por completo. He deslizado con teniendo respuesta, desprendió una chalupa que
suavidad mi mano por la frente, la nariz, la quijada. abordó al María Margarita. En el buque no había
Me mojaron la angustia y los nervios como la ola nadie. Las camisetas de los marineros se secaban a
contra un acantilado: ¡había olvidado cómo era mi proa. La cocina estaba prendida aún. Una máquina de
rostro! Caminé de un lugar a otro con desesperación. coser tenía la aguja suspendida sobre la costura, como
Me busqué en el reflejo de una ventana sucia, en el si hubiera sido dejada un momento antes. No había la
revés de una cuchara, en el brillo del marco de una menor señal de lucha ni de pánico, todo en perfecto
puerta metálica. Pero no me pude ver. orden; y faltaban todos. ¿Qué pasó?
Indescriptiblemente me carcomió la tristeza. Lloré La noche que aprendí esto estábamos reunidos en
acurrucado en un rincón. No comprendí por qué no el puente. Íbamos a Europa, y el capitán nos contaba
hay espejos en este lugar. Digo palabras falsas con la su historia marina, perfectamente cierta, por otro lado.
cabeza clavada en mi pecho y mis dedos entrelazados La concurrencia femenina, ganada por la sugestión
en la nuca: adentro soy yo y mi propia imagen. del campo de batalla presente, oía estremecida. Las
Adentro está mi espejo. Pero mi espejo no tiene chicas nerviosas prestaban sin querer inquieto oído a
reflejo. Soy un hombre sin rostro.
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la voz de los marineros en proa. Una señora recién a la borda y miró el mar aceitoso. Todos se habían
casada se atrevió: levantado, paseándose, sin ganas ya de hablar. Uno se
-¿No serán águilas?… sentó en un cabo y se sacó la camiseta para
El capitán se sonrió bondadosamente: remendarla. Cosió un rato en silencio. De pronto se
-¿Qué, señora? ¿Águilas que se lleven a la levantó y lanzó un largo silbido. Sus compañeros se
tripulación? volvieron. Él los miró vagamente, sorprendido
Todos se rieron y la joven hizo lo mismo, un poco también, y se sentó de nuevo. Un momento después
avergonzada. dejó la camiseta en el cabo arrollado, avanzó a la
Felizmente un pasajero sabía algo de eso. Lo borda y se tiró al agua. Al sentir el ruido, los otros
miramos curiosamente. Durante el viaje había sido un dieron vuelta la cabeza, con el ceño ligeramente
excelente compañero, admirando por su cuenta y fruncido. En seguida se olvidaron, volviendo a la
riesgo, y hablando poco. apatía común.
-¡Ah! ¡si nos contara, señor! -suplicó la joven de
las águilas.
-No tengo inconveniente -asintió el discreto
individuo-. En dos palabras -y en los mares del norte,
como el María Margarita del capitán- encontramos
una vez un barco a vela. Nuestro rumbo -viajábamos
también a vela- nos llevó casi a su lado. El singular
aire de abandono que no engaña en un buque, llamó
nuestra atención, y disminuimos la marcha
observándolo. Al fin desprendimos una chalupa;
abordo no se halló a nadie, y todo estaba también en
perfecto orden. Pero la última anotación del diario
databa de cuatro días atrás, de modo que no sentimos
mayor impresión. Aún nos reímos un poco de las
famosas desapariciones súbitas. “Al rato otro se desperezó, restregose los ojos
“Ocho de nuestros hombres quedaron abordo para caminando, y se tiró al agua. Pasó media hora; el sol
el gobierno del nuevo buque. Viajaríamos de iba cayendo. Sentí de pronto que me tocaban en el
conserva. Al anochecer nos tomó un poco de camino. hombro.
Al día siguiente lo alcanzamos, pero no vimos a nadie “-¿Qué hora es?
sobre el puente. Desprendiose de nuevo la chalupa, y “-Las cinco -respondí.
los que fueron recorrieron en vano el buque: todos “El viejo marinero me miró desconfiado, con las
habían desaparecido. Ni un objeto fuera de lugar. El manos en los bolsillos, recostándose enfrente de mí.
mar estaba absolutamente terso en toda su extensión. Miró largo rato mi pantalón, distraído. Al fin se tiró al
En la cocina hervía aún una olla con papas. agua.
“Como ustedes comprenderán, el terror “Los tres que quedaban se acercaron rápidamente
supersticioso de nuestra gente llegó a su colmo. A la y observaron el remolino. Se sentaron en la borda,
larga, seis se animaron a llenar el vacío, y yo fui con silbando despacio, con la vista perdida a lo lejos. Uno
ellos. Apenas abordo, mis nuevos compañeros se se bajó y se tendió en el puente, cansado. Los otros
decidieron a beber para desterrar toda preocupación. desaparecieron uno tras otro. A las seis, el último se
Estaban sentados en rueda y a la hora la mayoría levantó, se compuso la ropa, apartose el pelo de la
cantaba ya. frente, caminó con sueño aún, y se tiró al agua.
“Llegó mediodía y pasó la siesta. A las cuatro, la
brisa cesó y las velas cayeron. Un marinero se acercó
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en un espejo. Por eso vine a este lugar. Lo encontré El médico me dijo: —Tiene unos terribles
más sano. Al menos puedo ser yo mismo. arrebatos de furor; es uno de los dementes más
Enseguida se volvió hacia mí y dijo: peculiares que he visto. Padece locura erótica y
–Pero dime, ¿te condujeron a este lugar la macabra. Es una especie de necrófilo. Además, ha
educación y el buen consejo? escrito un diario que nos muestra de la forma más
–No, soy un visitante –respondí. clara la enfermedad de su espíritu y en el que, por así
–Oh –añadió él–, tú eres uno de los que viven en el decirlo, su locura se hace palpable. Si le interesa,
hospicio del otro lado de la pared. puede leer ese documento.
Seguí al doctor hasta su gabinete y me entregó el
LA CABELLERA – GUY DE MAUPASSANT diario de aquel desgraciado.
—Léalo —dijo—, y deme su opinión. He aquí lo
La celda tenía paredes desnudas, pintadas con cal. que contenía el cuaderno:
Una ventana estrecha y con rejas, horadada muy alto «Hasta los treinta y dos años viví tranquilo, sin
para que no se pudiera alcanzar, alumbraba el cuarto, amor. La vida me parecía sencillísima, generosa y
claro y siniestro; y el loco, sentado en una silla de paja, fácil. Yo era rico. Me gustaban tantas cosas que no
nos miraba con una mirada fija, vacía y atormentada. podía sentir pasión por ninguna en concreto. ¡Es
Era muy delgado, con mejillas huecas, y el pelo casi estupendo vivir! Me despertaba feliz cada día,
cano que se adivinaba había encanecido en unos dispuesto a hacer las cosas que me gustaban, y me
meses. Su ropa parecía demasiado ancha para sus acostaba satisfecho, con la apacible esperanza de un
miembros enjutos, su pecho encogido, su vientre mañana y un futuro sin preocupaciones.
hueco. Uno sentía que este hombre estaba destrozado, «Había tenido algunas amantes sin haber sentido
carcomido por su pensamiento, un Pensamiento, al nunca mi corazón enloquecido por el deseo o mi alma
igual que una fruta por un gusano. Su Locura, su idea herida por el amor después de la posesión. Es
estaba ahí, en esa cabeza, obstinada, hostigadora, estupendo vivir así. Es mejor amar, pero es terrible.
devoradora. Se comía el cuerpo poco a poco. Ella, la Los que aman como todo el mundo deben
Invisible, la Impalpable, la Inasequible, la Inmaterial experimentar una felicidad apasionada, aunque quizás
Idea consumía la carne, bebía la sangre, apagaba la menor que la mía, porque el amor vino a mí de una
vida. manera increíble.
«Como era rico, buscaba muebles antiguos y
objetos viejos; y a menudo pensaba en las manos
desconocidas que habían palpado esas cosas, en los
ojos que las habían admirado, en los corazones que las
habían querido, ¡porque se quieren las cosas! A
menudo permanecía durante horas y horas mirando un
pequeño reloj del siglo pasado. Era una preciosidad,
con su esmalte y su oro cincelado. Y seguía
funcionando como el día en que lo compró una mujer,
encantada de poseer esa fina joya. No había dejado de
¡Qué misterio representaba este hombre aniquilado latir, de vivir su vida mecánica, y seguía siempre con
por un sueño! ¡Este Poseso daba pena, miedo y su tictac regular, desde una época pasada.
lástima! ¿Qué extraño, espantoso y mortal sueño vivía «¿Quién sería la primera en llevarlo sobre su
detrás de esa frente, que fruncía con profundas pecho, entre los tejidos tibios, mientras el corazón del
arrugas, siempre en movimiento? reloj latía junto a su corazón de mujer? ¿Qué mano lo
habría tenido entre la punta de los dedos cálidos,
mirándolo por ambas caras una y otra vez y limpiando
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luego los pastores de porcelana empañados un amamos, lo deseamos, lo queremos. Una necesidad de
segundo por el trasudor de la piel? ¿Qué ojos habrían posesión nos invade, una necesidad débil al principio,
acechado en la esfera florida la hora esperada, la hora como tímida, pero que crece, se hace violenta,
querida, la hora divina? irresistible.
«¡Cómo me habría gustado ver, conocer a aquella «Y los comerciantes parecen adivinar en la llama
mujer que había elegido este objeto exquisito y raro! de la mirada ese deseo secreto y creciente.
¡Pero está muerta! ¡Estoy poseído por el deseo de las «Compré el mueble e hice que me lo llevaran
mujeres de antaño, amo, desde lejos, a todas aquellas inmediatamente a casa, poniéndolo en mi habitación.
que han amado! La historia de los cariños pasados me «¡Oh, cómo compadezco a quienes desconocen esa
llena el corazón de pesar. ¡Oh, la belleza, las sonrisas, luna de miel entre el coleccionista y el objeto que
las jóvenes caricias, las esperanzas! ¿No debería ser acaba de comprar! Lo acaricia con la mirada y la mano
eterno todo esto? como si fuera de carne; vuelve a su lado en cualquier
«¡Cuánto he llorado, durante noches enteras, momento, piensa siempre en él vaya donde vaya, haga
pensando en las pobres mujeres de otro tiempo, tan lo que haga. Su recuerdo vivo le sigue en la calle, por
bellas, tan tiernas, tan dulces, cuyos brazos se abrieron el mundo, en todos los lados; y cuando vuelve a casa,
para el beso, y ya muertas! ¡El beso es inmortal! ¡Va antes incluso de quitarse los guantes y el sombrero,
de boca en boca, de siglo en siglo, de edad en edad; corre a contemplarlo con una ternura de amante.
los hombres lo recogen, lo dan y mueren!
«El pasado me atrae, el presente me asusta porque
el futuro es muerte. Lamento todo lo que se ha hecho,
lloro por todos los que han vivido; quisiera detener el
tiempo, detener la hora. Pero ella pasa, se va y me
quita segundo tras segundo un poco de mí para la nada
de mañana. Y no volveré a vivir nunca más.
«Adiós, mujeres de ayer. Os amo.
«Pero no tengo de qué quejarme. Encontré a
aquélla a la que yo esperaba; y gracias a ella he
disfrutado de placeres increíbles.
«Una mañana soleada iba vagabundeando por
París, con el alma alegre y el pie ligero, mirando las «Realmente, durante ocho días adoré ese mueble.
tiendas con un vago interés de paseante ocioso. De Abría en todo momento sus puertas, sus cajones; lo
pronto, en una tienda de antigüedades vi un mueble tocaba extasiado, disfrutando de todos los placeres
italiano del siglo XVII. Era hermoso y muy raro. Se lo íntimos de la posesión.
atribuí a un artista veneciano llamado Vitelli, muy «Pero una tarde, mientras palpaba el espesor de un
famoso en su época. panel, me di cuenta de que debía de ocultar un
«Y seguí mi camino. escondite. Los latidos de mi corazón se aceleraron y
«¿Por qué me persiguió el recuerdo de ese mueble me pasé la noche buscando el secreto sin llegar a
con tanta fuerza, haciéndome volver atrás? Me detuve descubrirlo.
ante la tienda para verlo de nuevo y sentí que me «Lo conseguí al día siguiente, al introducir la hoja
tentaba. de una navaja en una hendidura del entablado. Una
«La tentación es algo tan singular... Miramos un plancha se deslizó y percibí, extendida sobre un fondo
objeto y éste, poco a poco, nos seduce, nos turba, nos de terciopelo negro, una maravillosa cabellera de
invade como lo haría un rostro de mujer. Su encanto mujer.
entra en nosotros; extraño encanto que viene de su «Sí, una cabellera: una enorme trenza de cabellos
forma, de su color, de su fisonomía de cosa; y ya lo rubios, casi pelirrojos, que debían de haber sido
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cortados junto a la piel y estaban atados por una «La conservé largo tiempo entre mis manos, y me
cuerda de oro. pareció que se movía como si una parte de su alma se
«¡Me quedé estupefacto, aturdido, temblando! Un hubiera quedado escondida en ella. Entonces la volví
perfume casi insensible, tan antiguo que parecía ser el a poner sobre el terciopelo deslustrado por el tiempo,
alma de un olor, se escapaba del misterioso cajón y de cerré el cajón y el mueble y me fui a recorrer las calles
la sorprendente reliquia. para soñar.
«La cogí, despacio, casi religiosamente, y la saqué «Caminaba siempre de frente, preso de tristeza, y
de su escondite. Entonces se liberó, derramándose en también de desconcierto, de ese desconcierto que se
un torrente dorado que cayó hasta el suelo, espeso y nos queda en el corazón tras un beso de amor. Me
ligero, ágil y brillante como la cola de fuego de un parecía que ya había vivido antaño, que debía de haber
cometa. conocido a aquella mujer.
«Una extraña emoción se apoderó de mí. ¿Qué era «Y los versos de Villon subieron a mis labios como lo
aquello? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué habían ocultado haría un sollozo Decidme dónde, en qué país
esos cabellos en el mueble? ¿Qué aventura, qué drama está Flora, la bella romana Archipiade y Taís
escondía ese recuerdo? que fue su prima hermana. Eco, voz que lleva la fama
bajo río o bajo estanque;
cuya belleza fue más que humana.
Mas, ¿dónde están las nieves de antaño?
....................................................................
La reina Blanca como un lis que cantaba con voz de
sirena,
Berta la del gran pie, Beatriz, Alix
y Haremburgis, que obtuvo el Maine, y Juana, la
buena lorena
que los ingleses quemaran en Ruán...
«¿Quién los había cortado? ¿Un amante en un día
¿Dónde están, Virgen soberana?
de despedida? ¿Un marido en un día de venganza? ¿O
Mas ¿dónde están las nieves de antaño!
la que los había llevado en su frente en un día de
«Cuando regresé a casa, sentí un deseo irresistible
desesperación?
de volver a ver mi extraño hallazgo; y lo cogí de
«¿Fue antes de entrar en un convento cuando se
nuevo, y sentí, al tocarlo, un largo escalofrío que me
arrojó ahí esa fortuna de amor, como una prenda
recorría el cuerpo.
dejada al mundo de los vivos? ¿Fue en el momento de
«Durante unos días, sin embargo, permanecí en mi
cerrar la tumba de la joven y hermosa muerta cuando
estado habitual, aunque ya no me abandonaba el vivo
quien la adoraba se había quedado el cabello que
recuerdo de aquella cabellera.
embellecía su cabeza, lo único que podía conservar de
«En cuanto volvía a casa, necesitaba verla y
ella, la única parte viva de su carne que no podía
tocarla. Daba la vuelta a la llave del armario con ese
pudrirse, la única que podía amar todavía y acariciar
estremecimiento que tenemos al abrir la puerta de
y besar en sus momentos de rabia y de dolor?
nuestra amada, ya que sentía en las manos y en el
«¿No resultaba extraño que esa cabellera hubiera
corazón una necesidad confusa, singular, continua,
permanecido incólume, cuando ya no quedaba ni un
sensual de bañar mis dedos en aquel arroyo
ápice del cuerpo del que había nacido?
encantador de cabellos muertos.
«Fluía entre mis dedos, me hacía cosquillas en la
«Luego, cuando había acabado de acariciarla,
piel con una caricia singular, una caricia de muerta.
cuando había cerrado de nuevo el mueble, seguía
Me sentía conmovido, como si fuera a llorar.
sintiéndola allí como si fuera un ser viviente,
escondido, prisionero; y la sentía y la deseaba otra
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vez; tenía de nuevo la necesidad imperiosa de volver «No supe esconder mi felicidad. La amaba tanto
a cogerla, de palparla, de excitarme hasta el malestar que ya no quería estar sin ella. La llevaba conmigo,
con aquel contacto frío, escurridizo, irritante, siempre, a todas partes. La paseaba por la ciudad
enloquecedor, delicioso. como si fuera mi esposa, y la llevaba al teatro en
«Viví así un mes o dos, ya no lo sé. Ella me palcos con rejas, como si fuera mi amante... Pero la
obsesionaba, me atormentaba. Estaba feliz y vieron... adivinaron... me la quitaron... Y me han
torturado, como en una espera de amor, como después metido en la cárcel, como un malhechor. Me la
de las confesiones que preceden al abrazo. quitaron... ¡Oh! ¡Miseria!...« El manuscrito se detenía
«Me encerraba a solas con ella para sentirla sobre ahí. Y de pronto, mientras dirigía una mirada
mi piel, para hundir mis labios en ella, para besarla, despavorida hacia el médico, un grito espantoso, un
morderla. La enroscaba alrededor de mi rostro, la aullido de furor impotente y de deseo exasperado se
bebía, ahogaba mis ojos en su onda dorada, con el fin alzó en el manicomio.
de ver el día rubio a través de ella.
«¡La amaba! Sí, la amaba. Ya no podía pasar sin
ella, ni estar una hora sin volver a verla.
«Y esperaba... esperaba... ¿qué? No lo sabía. La
esperaba a ella.
«Una noche me desperté bruscamente con el
pensamiento de que no me encontraba solo en mi
habitación.
«Sin embargo, estaba solo. Pero no pude volver a
dormirme; y como me agitaba en una fiebre de
insomnio, me levanté para ir a tocar la cabellera. Me
pareció más suave que de costumbre, más animada.
¿Regresan los muertos? Los besos con los que la
excitaba me hacían desfallecer de felicidad; y me la
llevé a mi cama, y me acosté, oprimiéndola contra mis —Escúchelo —dijo el doctor—. Hay que escuchar
labios, como una amante a la que se va a poseer. cinco veces al día a ese loco obsceno. El sargento
«¡Los muertos regresan! Ella vino. Sí, la he visto, Bertrand no fue el único en amar a las muertas.
la he tenido entre mis brazos, la he poseído, tal como Balbuceé, emocionado de asombro, horror y
era cuando estaba viva antaño, alta, rubia, exuberante, piedad: —Pero... esa cabellera... ¿existe realmente?
los senos fríos, la cadera en forma de lira; y he El médico se levantó, abrió un armario lleno de
recorrido con mis caricias esa línea ondeante y divina frascos y de instrumentos y me lanzó, de una punta a
que va desde la garganta hasta los pies siguiendo todas otra de su gabinete, una larga centella de cabellos
las curvas de la carne. rubios que voló hacia mí como un pájaro de oro.
«Sí, la he tenido, todos los días y todas las noches. Me estremecí al sentir entre mis manos su tacto
Ha vuelto, la Muerta, la bella Muerta, la Adorable, la acariciador y ligero. Y me quedé con el corazón
Misteriosa, la Desconocida, todas las noches. latiendo de repugnancia y de deseo, de repugnancia
«Mi felicidad fue tan grande que no pude como al contacto de los objetos arrastrados en
esconderla. Junto a ella experimentaba un crímenes, de deseo como ante la tentación de algo
arrobamiento sobrehumano, ¡la alegría profunda, infame y misterioso.
inexplicable de poseer lo Inasequible, lo Invisible, la El médico prosiguió encogiéndose de hombros: —
Muerta! ¡Ningún amante ha disfrutado nunca de gozos La mente del hombre es capaz de cualquier cosa.
más ardientes, más terribles! (13 de mayo de 1884)
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