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Jurisdicción y Poder Judicial en España

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MODULO 1: LA JURISDICCION

A) OBJETIVOS

1. Comprender el concepto genérico de jurisdicción y su configuración actual


en España como potestad estatal consistente en la actuación del Derecho
objetivo en el caso concreto, distinta de la potestad legislativa y
ejecutiva.
2. Estudiar la organización y el funcionamiento de los órganos
jurisdiccionales que integran el Poder Judicial y el modo de dirimir los
conflictos de jurisdicción y de competencia.
3. Conocer los principios que rigen el ejercicio de la jurisdicción en el
contexto español actual - la independencia, la imparcialidad, la unidad y
la exclusividad – y conocer el régimen de la responsabilidad derivada del
ejercicio de la función jurisdiccional y el autogobierno del Poder Judicial.
4. Identificar y conocer el régimen jurídico de las personas que intervienen
en la Administración de Justicia, sea personal jurisdiccional o no
jurisdiccional.

B) CONTENIDOS

1. En primer lugar, se analiza el concepto de jurisdicción, partiendo de una


noción genérica y, en cierta medida, atemporal, para posteriormente
concretarla a partir de su configuración en el sistema jurídico vigente
actualmente en España. Posteriormente, se trata de identificar los
elementos que diferencian esta potestad estatal de la potestad legislativa
y ejecutiva.
2. En los puntos 5, 6 y 7 del módulo se estudian los órganos encargados de
juzgar y hacer ejecutar lo juzgado: juzgados y tribunales. En primer lugar
se expone el concepto de órgano jurisdiccional, las clases de órganos que
integran la jurisdicción ordinaria española y cuál es su funcionamiento
interno. A continuación se procede a la exposición de los órdenes
jurisdiccionales, que es el modo en que se estructuran y organizan los
juzgados y tribunales como sistema de distribuir el trabajo. Por último, se
abordan los métodos de dirimir las disputas existentes en torno a la
distribución de funciones y competencias jurisdiccionales.
3. Un tercer bloque de materias es el que hace referencia a los principios
constitucionales que rigen el ejercicio de la jurisdicción. En primer lugar
se analiza la independencia judicial, en qué consiste, cómo se garantiza y
su relación con la independencia de los jueces. En segundo lugar se
aborda la unidad jurisdiccional, sus excepciones –las jurisdicciones
especiales- y la adecuación de la organización de la jurisdicción ordinaria
a la actual estructura territorial del Estado español. Por último, se hace
referencia a la exclusividad en el ejercicio de la potestad jurisdiccional
que también conoce sus excepciones.
4. Otro de los aspectos de la jurisdicción que se estudia es el de la
responsabilidad derivada de su ejercicio, ya sea aquélla responsabilidad –
civil, penal o disciplinaria- en la que pueden incurrir los jueces y
magistrados con motivo del ejercicio de sus funciones o la responsabilidad
patrimonial del Estado.
5. Como mecanismo de garantía de la independencia e imparcialidad de los
jueces y magistrados, se establece el autogobierno del Poder Judicial. Por
ello se incluye también el estudio de la composición y funciones del
Consejo General del Poder Judicial así como de los restantes órganos de
gobierno del Poder Judicial.
6. En último lugar, la justicia no se imparte por entes abstractos, sino que
está en manos de personas concretas que intervienen con distintas
funciones y responsabilidades en la Administración de justicia. Es preciso
conocer cuál es el régimen jurídico de jueces y magistrados, del Ministerio
Fiscal, de los Abogados y Procuradores y del personal auxiliar al servicio
de la Administración de Justicia.

C) CONCEPTOS MAS IMPORTANTES

1. La jurisdicción
Con carácter muy genérico puede definirse la jurisdicción como la función
de resolver o dirimir los conflictos jurídicos que surgen entre los
individuos y de infligir los castigos o penas más graves previstos por el
Derecho. Esta definición carece de coordenadas espacio-temporales, en la
medida en que nada nos dice sobre quien es el titular de esa función, qué
tipo de órganos la ejercen, el estatuto jurídico de quienes ejercitan dicha
función, etc.
En el actual ordenamiento jurídico español la jurisdicción se conceptúa
como una potestad del Estado consistente en juzgar y hacer ejecutar lo
juzgado, esto es, en declarar cuál es la respuesta jurídica ante unos
hechos y, si es preciso, utilizar los medios pertinentes a fin de ejecutar lo
declarado o, en otras palabras, a fin de lograr la efectividad de lo
declarado. En definitiva, se trata de actuar el Derecho objetivo en el caso
concreto.
Los rasgos que diferencian la potestad jurisdiccional de la potestad
legislativa son el carácter abstracto, general e innovador de esta última,
frente al carácter concreto, especial y declarativo de la primera. De otro
lado, la jurisdicción se diferencia de la administración, por que la primera
se ejerce por órganos independientes, con desinterés objetivo, porque
únicamente las resoluciones de los órganos jurisdiccionales –aunque no
todas ellas- pueden producir efectos de cosa juzgada y en atención a la
estructura bilateral de las partes frente a las cuales el juez ocupa la
posición de tercero imparcial.
2. La organización de los juzgados y tribunales
Los juzgados y tribunales son los órganos a los cuáles se atribuye el
ejercicio de la función jurisdiccional.
Los juzgados son órganos unipersonales mientras que los tribunales, en
sentido estricto, son órganos colegiados, estructurados en salas y/o
secciones. Tratándose de órganos colegiados quien imparte justicia, el
verdadero tribunal, por ejemplo, no es la Audiencia Provincial de Gerona,
sino la Sección 1ª de dicha Audiencia.
El conjunto juzgados y tribunales integran la denominada jurisdicción
ordinaria, que se identifica con el poder judicial al que se refieren la CE y
la LOPJ, y están sujetos a los órganos de gobierno de dicho poder estatal.
La jurisdicción ordinaria se divide en diversas ramas que reciben el
nombre de órdenes jurisdiccionales (orden jurisdiccional civil, penal,
contencioso-administrativo y social) a fin de dividir racionalmente el
trabajo y de establecer una cierta especialización de la tarea
jurisdiccional.
La ley establece las atribuciones que confía a la jurisdicción ordinaria, a sus
órdenes jurisdiccionales y a los órganos judiciales que operan en cada uno
de estos órdenes. Ello no evita que existan casos en los que se discuta quien
debe resolver un determinado asunto.

Surgen así los denominados conflictos de jurisdicción, los conflictos de


competencia y las cuestiones de competencia.
3. Los principios constitucionales que rigen el ejercicio de la
jurisdicción
a) La independencia, como nota que se predica de todos y cada uno de
los órganos jurisdiccionales, se concreta en los siguientes extremos: 1º
Los jueces y magistrados en el ejercicio de la función jurisdiccional
únicamente se hallan sometidos a la ley; 2º Ausencia de una estructura
jerárquica que permita a los tribunales superiores dirigir órdenes a los
inferiores sobre el modo de resolver un determinado asunto; 3º
Independencia respecto del Poder Ejecutivo.
Las garantías de la independencia son básicamente dos. De un lado, la
inamovilidad de los jueces y magistrados, que impide que puedan ser
separados, suspendidos, trasladados o jubilados, a menos que sea por
alguna de las causas y con las garantías previstas en la ley (art. 117 CE).
De otro lado, la garantía del juez ordinario predeterminado por la ley que,
a su vez, impide la creación de tribunales de excepción y exige, entre
otros extremos, que con carácter previo al hecho justiciable se halle
predeterminada la demarcación y planta del órgano judicial que ha de
enjuiciar el caso, su composición personal, las normas de atribución de
competencia y las normas de reparto. Asimismo, exige el establecimiento
de un régimen de abstención y recusación que aseguran la imparcialidad
del juzgador en relación con el caso concreto.
b) La unidad jurisdiccional, que impide la creación de jurisdicciones o
tribunales especiales no prevista en la Constitución. En consecuencia, la
jurisdicción actualmente en España se ejerce por la denominada
jurisdicción ordinaria (art. 117 y ss. CE), el Tribunal Constitucional (art.
161 CE), el Tribunal de Cuentas (art. 136 CE); el Tribunal del Jurado (art.
125 CE), los tribunales consuetudinarios y tradicionales (art. 125 CE) y
los tribunales militares (art. 177.5 CE).
La unidad jurisdiccional no permite la existencia de un poder judicial
propio de cada CC.AA., pero no impide que éstas puedan asumir
competencias en lo que se ha denominado “administración de la
Administración de Justicia”, que hace referencia fundamentalmente a la
gestión del denominado personal al servicio de la Administración de no
jurisdiccional y en relación con los medios materiales.
c) La exclusividad implica, en su aspecto positivo, que la función
jurisdiccional únicamente puede ser ejercida por el Estado a través de los
órganos jurisdiccionales y, en su aspecto negativo que dichos órganos no
pueden ejercer otras funciones, más que las que les sean atribuidas por
las leyes en garantía de cualquier derecho (art. 117.3 y 4 CE).
La exclusividad en sentido positivo presenta dos excepciones: 1º En el
ámbito internacional, ejercen funciones jurisdiccionales con efectos
vinculantes para el Estado español el Tribunal Europeo de Derechos
Humanos y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. 2º En el ámbito
interno, el arbitraje constituye la única excepción al monopolio estatal.
4. La responsabilidad en el ejercicio de la función jurisdiccional
Desde el momento en que el Estado asume la función jurisdiccional, se
responsabiliza de que ésta no se ejercite indebidamente o con lesión de
un bien jurídico. Es por ello que, en determinados casos, es posible exigir
de forma directa responsabilidad patrimonial al Estado. Estos casos son
los siguientes: 1º error judicial; 2º funcionamiento anormal de la
administración de justicia; 3º prisión provisional injusta; y 4º daños
producidos por dolo o culpa grave. Para que proceda la indemnización del
Estado se exige que el daño sea efectivo, económicamente evaluable e
individualizado en relación con una persona o grupo de personas.
Pero también los jueces y magistrados pueden incurrir en diversos tipos
de responsabilidad en el ejercicio de la función jurisdiccional: 1º de
carácter civil, por los daños causados por dolo o culpa; 2º de carácter
penal, cuando realicen acciones tipificadas como delito o falta; 3º de
carácter disciplinario, si incurren en las conductas tipificadas como
infracciones administrativas en la LOPJ.
5. El autogobierno del Poder Judicial
La función jurisdiccional se ejerce, como hemos visto, por los juzgados y
tribunales establecidos por la ley. Pero el conjunto de órganos y
tribunales, la jurisdicción ordinaria, precisa de unos órganos encargados
de la gestión administrativa (acceso a la carrera judicial, jubilaciones,
escalafón, potestad disciplinaria, etc). Nuestra Constitución ha diseñado
un sistema de autogobierno del Poder Judicial, cuyo órgano máximo es el
Consejo General del Poder Judicial.
6. Personal jurisdiccional y no jurisdiccional
Las categorías de personal jurisdiccional son tres: juez, magistrado y
magistrado del Tribunal Supremo.
Cuando hablamos de personal jurisdiccional nos referimos a aquellos que
ejercen la función jurisdiccional, pero no todos ellos pertenecen a la
carrera judicial, puesto que existe la posibilidad de ejercer las funciones
de juez o magistrado con carácter temporal (jueces de paz, jueces
sustitutos, jueces de provisión temporal y magistrados suplentes).
El ejercicio de la jurisdicción necesita de un apoyo logístico, es decir, una
organización administrativa y técnica que le dé el soporte necesario para
su correcto funcionamiento. A tal fin se ha creado la oficina judicial,
integrada por el personal no jurisdiccional, denominado personal auxiliar
al servicio de la Administración de Justicia, como son los Secretarios
Judiciales, el Cuerpo de Médicos Forenses, etc.
El ejercicio de la jurisdicción necesita un apoyo logístico, es decir, una
organización administrativa y técnica que le dé el apoyo necesario para su
correcto funcionamiento. Con este fin se ha creado la oficina judicial,
integrada por el personal no jurisdiccional, denominado personal auxiliar
al servicio de la Administración de Justicia, como son los Secretarios
Judiciales, el Cuerpo de Médicos Forenses, etc.
El personal auxiliar de la Administración de Justicia desarrolla sus
funciones con dependencia respecto de los órganos judiciales y está
integrado por diversas categorías profesionales: secretarios judiciales,
cuerpos generales de gestión procesal y administrativa, de tramitación
procesal y administrativa y auxilio judicial, médicos forenses y policía
judicial.
Hay, también, una serie de profesionales que intervienen en la
Administración de Justicia que, sin embargo, lo hacen con plena
autonomía respecto de los órganos judiciales; es el denominado personal
colaborador con la Administración de Justicia -se trata del ministerio
fiscal, los abogados y los procuradores.
El Ministerio Fiscal es una institución compleja y polémica que viene
configurada por la constitución como órgano que tiene la misión de
promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los
derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la ley –de
oficio o a petición de los interesados-, así como velar por la independencia
de los tribunales y procurar frente a éstos la satisfacción del interés social
(art. 124.1 CE). El Ministerio Fiscal desarrolla principalmente sus
funciones en el proceso penal y, a pesar de que su actuación debe ser
objetiva, generalmente se configura como el órgano público de la
acusación.
Los principios que rigen la organización del Ministerio fiscal son la unidad
y la dependencia jerárquica, mientras que en el ejercicio de sus funciones
está sujeto a los principios de legalidad e imparcialidad.

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