Introducción
Bienvenido al módulo 3 de esta asignatura. Durante el transcurso del mismo,
encontrará definiciones cada vez más precisas que lo acercarán al estudio de las
instituciones educativas desde el punto de vista de la sociología. Como usted sabe, las
instituciones pueden ser estudiadas como partes integrantes de sistemas sociales que
las incluyen, por eso vamos a comenzar nuestro recorrido repasando las nociones
fundamentales que nos brinda la teoría de los sistemas y que nos serán útiles a la hora
de analizar el sistema educativo. Estudiaremos las características del mismo, su origen
y su desarrollo, para luego abordar las relaciones que mantiene con los otros sistemas
de la sociedad (social, político y económico), específicamente a través de sus
funciones. Finalmente definiremos las características de la escuela como institución
fundamental del sistema educativo.
1) Conceptos fundamentales del análisis de sistemas
La teoría de sistemas se desarrolla en el seno de la sociología como una construcción
analítica apta para explicar diferentes aspectos de la realidad social. A través de ella se
caracteriza a las sociedades humanas como “sistemas sociales”, es decir, como un
conjunto de partes coordinadas interdependientes, un “todo” heterogéneo de seres
humanos en interacción continua con el fin de alcanzar determinados objetivos.
Las teorías del sistema social se interesan por las intrincadas relaciones que se
entablan entre los componentes del mundo social, sosteniendo que éstos no pueden
analizarse fuera del contexto del todo. Esta visión holística asume que los sistemas se
comportan como un todo inseparable y coherente y sus diferentes partes se
relacionan de tal manera que el cambio en una de ellas provoca un cambio en las
demás y en el sistema total. Walter Buckley, uno de sus principales representantes,
describió así la preocupación central de este enfoque: “El tipo de sistema que nos
interesa puede describirse en sus rasgos generales, como un complejo de elementos o
componentes directa o indirectamente relacionados en una red causal tal que cada
componente está relacionado con, al menos, algunos otros de una manera más o
menos estable dentro de un determinado período de tiempo”. El planteo, entonces,
requiere que los sociólogos conceptualicen la realidad social en términos relacionales y
dinámicos.
Para alcanzar este objetivo, la teoría general de sistemas ofrece una serie de conceptos
básicos que permiten aplicar este análisis tanto al nivel del individuo en particular, al
de la interacción o al de la organización a gran escala de la sociedad, especialmente los
roles y la instituciones. Estas categorías de análisis son fundamentalmente los
conceptos de sistema y subsistema.
Como el sistema es un todo inseparable, su característica principal es la sinergia, lo
que significa que la integración de los elementos que lo componen da como resultado
algo diferente y superior a la simple suma de éstos. Un sistema no puede conocerse a
través del análisis de sus partes, sino por la complejidad de su organización total. Por
ejemplo, si tomamos a una escuela como sistema social, ésta no puede ser explicada o
analizada tomando cada una de sus partes por separado.
Es esencial entender que un sistema es una unidad analítica y como tal es una entidad
independiente, no importa si pertenece o es parte de un sistema mayor, o contiene en
su interior otros subsistemas menores. Estos subsistemas son, a sus vez, entidades
independientes y coherentes que pueden ser considerados como sistemas en sí
mismos, siendo en este caso el conjunto mayor que lo contiene un supersistema y los
menores, sus propios subsistemas.
Los sistemas sociales están rodeados por otros fenómenos que incluyen a otros
sistemas y que constituyen su entorno, con el cual el sistema tiene relaciones de
intercambio. La definición del mismo tiene que ver con los objetivos de estudio del
investigador; por ejemplo si considero a una escuela como sistema social, el entorno
de la misma depende del interés de mi análisis, es decir, puedo tomar el sistema
escolar provincial, el nacional, el sistema social en general, el sistema cultural, o todos
ellos. Los sistemas y subsistemas difieren en el grado en que son abiertos o cerrados,
es decir, en el grado de intercambio con los aspectos del entorno general. La medida
en que un sistema responde a la infinita variedad del entorno y la influencia de los
factores de éste sobre el sistema, son preocupaciones muy importantes para esta
teoría. El sistema educativo es un sistema abierto, ya que ejerce influencias sobre la
sociedad global y las recibe de ella..
El grado de apertura de un sistema guarda relación también con la entropía (otro
concepto fundamental de este marco teórico) que hace referencia a la tendencia de
los sistemas a debilitarse y dejar de funcionar (en virtud de un proceso de desorden
interno), y con la neguentropía que es la tendencia de los sistemas a mantener el
orden interno y a elaborar estructuras. Los sistemas cerrados tienden a ser entrópicos
y los abiertos a ser neguentrópicos. “Un sistema cerrado es aquel que, no
recibiendo inputs del exterior, tiende al agotamiento interno, a la entropía. Por el
contrario, un sistema abierto es el que recibiendo energías o inputs del exterior es
capaz de renovarse, entonces se dice que tiene entropía negativa” nos explica R.
Garvía en su libro Conceptos fundamentales de sociología.
En este sentido, influyen sobre los sistemas sociales diversos procesos internos, entre
ellos, la morfo estasis que hace referencia a los procesos que contribuyen al auto
mantenimiento del sistema y la morfogénesis que se refiere a los procesos que
contribuyen al cambio del sistema y a aumentar la complejidad de su estructura.
Cuando hablamos de estructura hacemos referencia a una propiedad del sistema que
alude a la relación de las partes o elementos que lo constituyen. “Por estructura se
entiende la forma relativamente estable y predecible en que se relacionan dichos
elementos”, apunta Brígido (2009) En el caso de los sistemas escolares, hay dos tipos
de estructura que refieren a relaciones entre elementos totalmente diferentes: por un
lado existe la estructura académica que regula la trayectoria escolar de los alumnos y
la carrera profesional de los docentes, y por otro la estructura administrativa que
puede expresarse en organigramas y que incluye las relaciones entre los órganos de
gestión y de conducción del sistema. Además de estas estructuras formales (reguladas
legalmente) podemos encontrar al interior del sistema múltiples relaciones entre los
actores que conforman las estructuras informales y que le otorgan al mismo las
características diferenciales.
Un concepto que debe agregarse a los anteriores y que es imprescindible a la hora de
analizar el sistema educativo es el de función. Éste designa, según Merton, “las
consecuencias observadas que favorecen la adaptación o ajuste de un sistema dado”.
Estas funciones pueden ser manifiestas (intencionales) o latentes (no intencionales).
En el sistema educativo actual, las funciones manifiestas son aquellas explicitadas en
las normativas, proyectos y programas que responden a objetivos específicos (por
ejemplo, la enseñanza de algunas habilidades intelectuales) mientras que las latentes
son el resultado de conductas cuyos objetivos no siempre son explícitos (por ejemplo
la “contención” de alumnos en riesgo social). Cuando las consecuencias de las acciones
sociales no contribuyen al equilibrio o a la adaptación del sistema se puede hablar
de disfunción.
2) El sistema educativo
Considerar a la educación como un sistema, nos autoriza a pensar en ella como en una
totalidad compuesta por elementos que están mutuamente integrados, que
interactúan y son independientes. Estos elementos son las instituciones y los
programas educativos, factores interdependientes e interrelacionados que cumplen
importantes funciones sociales, vinculándose al entorno de manera compleja.
El desarrollo teórico que Margaret Archer realiza sobre el sistema educativo nos
permite abordar este tema excluyendo a todas las instituciones que no se encuentran
bajo la esfera del Estado. Según la definición de esta autora el ‘sistema educativo
estatal’ es una “colección de instituciones diferenciadas, de amplitud nacional, cuyo
control e inspección general es, al menos en parte, de la incumbencia del Estado y
cuyos procesos y partes integrantes están relacionadas entre sí”. La importancia del
Estado es histórica ya que a través de éste se facilitó la expansión del sistema
educativo y la consolidación de su proceso de institucionalización como un
instrumento para la transmisión de una identidad común entre los ciudadanos (una
misma lengua, una misma constitución, una misma historia, las mismas leyes para
todos). La constitución de los estados nacionales y la institucionalización del sistema
educativo tienen un punto de convergencia: la homogeneización, uniformización y
centralización de las prácticas educativas bajo un modelo de organización política
centralizado, secularizado y burocratizado que instituye la educación como un derecho
y garantiza la igualdad de acceso al sistema escolar.
El sistema educativo de un país, entonces, está compuesto por los establecimientos
escolares, públicos y privados, de los diferentes niveles y modalidades de enseñanza,
que están relacionados entre sí a la vez que mantienen vínculos con el entorno y son
controlados total o parcialmente por el Estado. A pesar de estas relaciones, el sistema
educativo no es totalmente dependiente y su característica peculiar es la “autonomía
relativa”, que hace referencia a las reglas de funcionamiento interno que le dan vida
propia.
Si nos remitimos a los conceptos vertidos por la teoría de sistemas, podemos analizar
el sistema escolar teniendo en cuenta su grado de apertura y con ello su posibilidad de
ser entrópico o neguentrópico, también las entradas y salidas de energía (input-
output) o su nivel de equilibrio, lo que nos permitiría establecer comparaciones con
otros sistemas o los cambios sufridos a través del tiempo. Además, a través del
concepto de estructura podemos abordar cuestiones académicas o administrativas, o
remitirnos a las funciones que, en su relación con los otros sistemas del entorno, la
educación cumple para mantener el equilibrio del sistema global al que pertenece.
“En definitiva, un sistema escolar comprende una gran red de organismos y
actividades, actores y relaciones, que cumple importantes funciones sociales y cuyas
vinculaciones con la sociedad global son de una gran complejidad” (A. M. Brígido,
2009, en La educación argentina).
3) Características de los Sistemas Educativos
Siguiendo a Margaret Archer podemos decir que los sistemas educativos tienen
características que permiten distinguirlos de otros sistemas de la sociedad. Estos
rasgos distintivos son:
Unificación: da carácter de sistema al conjunto de establecimientos,
organismos y actividades encargados de la educación en una nación. Se refiere
a la naturaleza centralizada de la administración escolar bajo la órbita de un
ente nacional que dirige y controla los establecimientos, actividades y personal
de todo el sistema. La extensión o intensidad de la unificación puede variar y
por eso podemos hablar de sistemas educativos más o menos unificados y, con
relación a esta característica podemos hablar también de centralización o
descentralización.
Sistematización: este rasgo alude al grado de integración y de coordinación que
se establece entre los órganos constitutivos del sistema. Conforma una
organización jerárquica que consiste en la articulación de la secuencia de los
diferentes niveles escolares. Cuanto más fuerte es la relación entre las partes,
más sistematización decimos que existe. “La diversificación y multiplicación de
las metas que debe alcanzar el sistema han determinado esta evolución hacia
una mayor sistematización, es decir, hacia una mayor coordinación de las
actividades académicas y de los trayectos escolares en todo el sistema” aclara
Brígido.
Diferenciación: hace referencia al hecho de que el sistema educativo se
evidencia como una unidad diferente del resto de la estructura social. Su
estructura peculiar y sus funciones específicas nos permiten reconocerlo
fácilmente dentro del sistema social global. Por eso es imprescindible no
asignarle funciones que no le corresponde cumplir porque sino esta
característica que le es propia se diluye y con ella también sus objetivos que
sirven a los intereses generales.
Especialización: A medida que las demandas del entorno se diversifican, el
sistema educativo se va especializando, es decir, su estructura se va
diferenciando en una mayor cantidad de órganos que cumplen funciones cada
vez más específicas para atender a esas demandas. Quienes detentan el poder
son los que determinan a qué tipo de demandas se prestará atención. Este
proceso de especialización creciente, propio del sistema educativo, nada nos
indica sobre la excelencia de los servicios prestados por éste.
3.1 Origen:
Sin entrar en los detalles de un exhaustivo análisis histórico, podemos decir que los
sistemas educativos, tal como hoy los conocemos, tienen su origen en las luchas de
poder que se libraban en el seno de las sociedades occidentales modernas. En el
contexto del surgimiento de los Estados Nacionales se crearon sistemas escolares
supeditados a su control y adaptados al proyecto político europeo del siglo XIX:
afianzar una estructura social estratificada en clases y consolidar este nuevo modelo
de Estado-Nación Democrático y Liberal.
El sistema educativo nació, entonces, como un instrumento que en las sociedades
industriales modernas contribuyó de manera decisiva al éxito del proyecto nacional,
expandiéndose de a poco al resto del mundo y convirtiéndose en un modelo universal.
“Por otra parte, gracias a este modelo de educación sistemática controlada por el
Estado, y la imposición de la obligatoriedad y la gratuidad de la educación, fue posible
el desplazamiento de la Iglesia en la tarea de socialización de las nuevas generaciones
y la sustitución del ‘catecismo religioso’ que ella inculcaba, por la enseñanza de un
‘catecismo republicano’ que imponía una moral laica fundada en la razón” dice Ana M.
Brígido en su libro La Educación Argentina (2009). El modelo educativo del Antiguo
Régimen, que suponía instituciones educativas desorganizadas y fragmentadas, en su
mayoría en manos de autoridades eclesiásticas y locales, fue dando lugar a la
construcción de verdaderos sistemas escolares.
Aunque el proceso de conformación de éstos se llevó a cabo en ese contexto, la
dinámica de su funcionamiento, que implica intrincados procesos de interacción
internos y vinculaciones complejas con la sociedad global que constituye su entorno,
hace que los cambios en su seno sean continuos. Estos cambios, entonces, no pueden
ser explicados, teniendo en cuenta uno solo de los factores influyentes. Las causas son
tanto internas como externas, micro y macro sociales, en fin, las causas se encuentran
tanto en la estructura como en la acción.
3.2 Desarrollo:
Como usted sabe, lo expresado en el apartado anterior vale también para explicar el
sistema educativo argentino. Siguiendo las etapas que Archer distingue en su análisis
(ver bibliografía obligatoria) vamos a descubrir cómo se produjo en Argentina el
proceso de institucionalización de la sociedad bajo la forma de sistemas y cuál fue su
desarrollo hasta nuestros días.
3.2.1 Despegue:
El surgimiento del sistema educativo nacional fue paralelo al proceso de organización
iniciado en nuestro país con la aprobación de la Constitución de 1853 y, por lo tanto,
contribuyó a consolidar el proyecto nacional que ésta expresaba. Hasta ese momento,
las instituciones educativas habían reflejado la precariedad propia de todo el sistema
político; las medidas tomadas al respecto manifestaban una falta de orientación en la
solución del problema de la organización educacional; las instituciones escolares
existentes en el país funcionaban de manera desarticulada sin ninguna relación entre
sí.
El principal impulsor del desarrollo del sistema educativo argentino fue Domingo F.
Sarmiento, quien desde el momento de su llegada a Buenos Aires se propuso dotar a la
educación de bases sólidas, desarrollando una actividad extraordinaria que abarcó
todos los aspectos de la vida escolar: “...lo único que no da un día de espera es la
organización de la educación pública” decía. Su actuación como Jefe del Departamento
de Escuelas Provinciales, para el que fue designado el 7 de junio de 1856, fue el
anticipo del programa educacional que, años después, desarrollaría desde la primera
magistratura del país.
Al asumir la presidencia de la Nación en 1868 sus ideas educativas eran precisas: una
república democrática y federal como la que proclamaba nuestra Constitución
Nacional era inviable con un pueblo sin instrucción. La realidad que presentaba la
población argentina en materia educacional era alarmante: altos niveles de
analfabetismo, carencias de maestros con formación adecuada, escasa asistencia de
niños a las escuelas existentes y gran desigualdad en la situación educativa de las
distintas regiones del país. “Ante tal situación, creyente fervoroso en el poder de la
educación como factor de transformación y de progreso, Sarmiento recurrió a todos
los arbitrios para difundir la educación popular”, dice Solari en Historia de Educación
Argentina.
Así, en un juego de luchas de poder y alianzas entre sectores con intereses diversos,
Sarmiento puso sus ideas en marcha y sentó las bases para el “despegue” de la
educación pública nacional, tomando, entre otras, las siguientes medidas: subvención
de la nación a las provincias para que éstas desarrollen sus propios sistemas
educativos locales; nacionalización de las dos universidades existentes en el territorio (
Buenos Aires y Córdoba); creación de la Escuela Normal Nacional para la formación de
maestros; institucionalización definitiva de la enseñanza secundaria, y una
multiplicidad de iniciativas más. Para este hombre, la institución escolar era la
organización definitiva encontrada por las sociedades modernas para los intereses
morales, materiales, industriales y políticos; por eso, en todo momento insistió en no
omitir esfuerzos para dar ascendiente y prestigio a la escuela.
“Con posterioridad a la presidencia de Sarmiento, gracias a la iniciativas y la activa
participación del gobierno nacional en materia de educación, el sistema educativo
comienza a adquirir una fisonomía propia. En este proceso, la ley 1420 sancionada en
1884 resulta fundamental y juega un rol central. Esta ley impone la enseñanza primaria
laica, gratuita, obligatoria y graduada en todos los Territorios Nacionales y la Capital
Federal. Si bien la ley 1420 no regulaba la educación en las provincias, éstas
paulatinamente fueron adoptando el modelo educativo definido por ella y éste
terminó imponiéndose como tal en todo el país. En 1895 se sanciona la ley que
regulaba el funcionamiento de las universidades y en 1905 la conocida Ley Láinez, que
facultaba al gobierno nacional a crear escuelas primarias en las provincias que lo
solicitaran. Esta ley disponía que las escuelas debían ser ‘mixtas, elementales,
infantiles y rurales’ e impartir el mínimo de enseñanza señalado por la ley 1420. Para
ubicarlas se tendría en cuenta el porcentaje de analfabetos acusado por cada
provincia. En poco tiempo las llamadas ‘Escuelas Láinez’ se expandieron por todo el
país”, nos explica A.M Brígido (2009).
De a poco, gracias a la intervención activa del gobierno nacional en la organización de
la educación y a la relativa renuncia de las provincias a ocuparse de este tema, se va
profundizando el rasgo de unificación de nuestro sistema educativo, acercándose cada
vez más al modelo centralizado. Esta característica prevalece hasta fines de 1970
cuando la dictadura militar decide el traspaso a las provincias de las escuelas
dependientes de la Nación, lo que influye decisivamente en el deterioro de la calidad
educativa y en la pérdida de la homogeneidad, característica del sistema educativo
argentino de las primeras etapas.
Podemos decir, entonces que esta etapa de “despegue” fue fundamental ya que se
plasmó un modelo de organización de la educación que, a pesar de los cambios
producidos por la dinámica propia de los sistemas, mantiene sus características
esenciales hasta el día de hoy.
3.2.2 Crecimiento:
Siguiendo las etapas de desarrollo de los sistemas escolares que plantea Archer,
podemos decir que la fase que ella denomina de “crecimiento” comienza en nuestro
país aproximadamente en 1930 y se extiende hasta fines de la década del ’80.
Tanto los acontecimientos producidos a nivel mundial como los cambios en los
sistemas políticos y económicos locales impactan sobre el sistema escolar posibilitando
un crecimiento sostenido del mismo, que se manifiesta en el aumento de la cobertura
y la ampliación del acceso; aunque simultáneamente se observa un paulatino deterioro
de la calidad educativa.
A partir de la crisis económica de los años ’30 y de la segunda guerra mundial, nuestro
país se vio obligado a desarrollar una industrialización sustitutiva de las importaciones
manufactureras cuyo descenso dejaba sin recursos a la población. Esto obligó al Estado
a tomar la iniciativa de intervenir activamente para regular el desarrollo de este nuevo
aparato productivo, que requería de mano de obra capacitada que diera respuestas a
las demandas de la incipiente industria.
“Los nuevos roles ocupacionales exigían una alfabetización básica que el sistema
educativo debía brindar” dice Filmus (1996). Además, se requerían conocimientos
técnicos profesionales y una disciplina laboral que solo el sistema escolar podía brindar
a miles de personas que constituirían la principal fuerza de trabajo en fábricas y
talleres. Así la “formación para el trabajo” fue reemplazando paulatinamente a la
“formación del ciudadano” que era la función principal de la educación en la etapa del
“despegue”. Por otro lado, con el advenimiento del peronismo al poder, la educación
comenzó a considerarse un derecho ineludible que el Estado debía garantizar a toda la
sociedad.
Para alcanzar estos objetivos, desde el Estado se tomaron múltiples medidas
tendientes a reafirmar la visión, hegemónica en el período de postguerra, del papel
“económico centrista” de la educación. Estas medidas produjeron cambios concretos,
entre los cuales se pueden destacar el aumento de las tasas de escolarización de nivel
primario; creciente acceso a la educación secundaria por parte de la clases medias en
expansión; democratización de la universidades y modernización de los contenidos de
enseñanza; desarrollo de la educación técnica, etc. “En esta etapa de ‘crecimiento’ el
Estado adquiere un papel protagónico y se profundiza la tendencia a la centralización
en la administración del sistema educativo que ya se venía perfilando desde el
‘despegue’ en franca contradicción con los principios federales consagrados por la
Constitución Nacional” dice A.M. Brígido (2009). El modelo de Estado Benefactor
“garante del bienestar general” propició la fuerte intervención de éste en materia
educativa hasta su crisis, iniciada a principios de los años ’70 cuando el cambio en los
sectores integrantes de la alianza gobernante hizo que se fuera abandonando
lentamente la perspectiva de un Estado ordenador de la educación. Se inicia un
proceso de descentralización que va socavando el rasgo de “unificación” del sistema y
que culmina en la década del ’90 con la emergencia de un nuevo modelo educativo
que viene de la mano del desarrollo del “Estado post- social”.
3.2.3 Inflación:
Archer explica que durante esta etapa empieza una nueva dinámica de crecimiento al
interior del sistema educativo. Con el incremento que ha sufrido en su tamaño y
espacio de acción durante las etapas anteriores, este sistema ha logrado cada vez más
autonomía con respecto al entorno y por lo tanto, se convierte en un orden menos
determinado.
Si continuamos con el análisis del sistema educativo de nuestro país, podríamos decir
que el nuevo modelo educativo que surge en la década de los ’90 presentaría algunas
características de lo que Archer denomina “inflación educacional”. Se trata de una
etapa que aún se encuentra en proceso de evolución, por lo que solo se pueden
vislumbrar algunas tendencias.
Siguiendo a Brígido (2009) podemos distinguir dos períodos en materia de política
educativa: uno que se inicia en los ’90 y otro que se identifica con el período de
gobierno que va desde el 2003 aproximadamente hasta la actualidad.
A principios de la última década del siglo pasado se produce una ruptura con la
concepción del Estado de bienestar previa, atribuyéndose toda la responsabilidad de la
crisis emergente a ese modelo. Estas críticas demonizadoras del Estado suponen que el
exceso de burocracia ha conducido a una sociedad asfixiada en sus energías y
capacidades y busca otorgar un mayor impulso a las tendencias auto reguladoras de la
sociedad. Se trata de buscar las condiciones para articular la economía a un
capitalismo globalizado: “En síntesis, la relación Estado-Sociedad se modifica
paralelamente con la consolidación del modelo democrático liberal y la economía de
mercado... El paradigma del Estado de bienestar periférico se derrumba así como
también sus imágenes y representaciones. Los márgenes de acción del Estado se
restringen, la relación Estado-Sociedad se modifica y el Estado se vuelve a
reestructurar tanto en relación con estos nuevos factores internos como con los
externos dando a luz la emergencia del nuevo modelo: el estado post social o
neoliberal”, nos explica García Delgado (2001)
Este cambio que se produce en el tipo de Estado viene acompañado de
transformaciones profundas en todos los órdenes de la vida social. Y la educación es
uno de ellos.
Con la ley Federal de Educación sancionada en 1993, se institucionaliza la voluntad
política de llevar a cabo una transformación en materia educativa que incluya cambios
en los contenidos de la enseñanza, los procesos pedagógicos, la gestión de las escuelas
y la administración del sistema en su conjunto. La descentralización del sistema,
(transferencia de la administración de los servicios educacionales dependientes del
Estado nacional a la jurisdicción de las provincias), sumada a la masificación de la
enseñanza, terminaron con la concepción de homogeneidad que caracterizaba al
modelo anterior, resquebrajando la unidad del mismo.
Las características que se pueden observar y nos permiten hablar de “inflación
educacional” son: las altísimas tasas de escolaridad básica y expansión educativa que
trajo aparejadas consecuencias no deseadas como el deterioro de la calidad de los
servicios educativos, la devaluación de los diplomas, mayor demanda de educación en
los niveles superiores del sistema, fuga de cerebros, subocupación de personal
calificado. A estos efectos no esperados se suma la convicción de que la
implementación de la Ley Federal de Educación no había dado los resultados
esperados y había provocado gran cantidad de dificultades en los sistemas educativos
de todas las provincias.
Con la llegada al gobierno nacional de Néstor Kirchner comienza una nueva fase dentro
de esta etapa que hemos llamado, siguiendo a Archer, de “inflación educativa”.
Durante su presidencia impulsó una serie de leyes orientadas a dar un giro a la política
educativa heredada, proceso legislativo que culminó con la sanción de la Ley Nacional
de Educación en el año 2006, que deroga la anterior y sienta las bases para la
reorganización del sistema educativo. Con ella se vuelve a la definición de la educación
como derecho social (tal como se proponía en el modelo del Estado de Bienestar) y se
amplía el poder de decisión del Estado nacional, otorgándose a la vez mayor
protagonismo al Consejo Federal de Educación.
4) Relación del sistema escolar con otros subsistemas de la sociedad:
Como ya hemos visto, el enfoque teórico de los sistemas da por sentado que éstos
entablan relaciones dinámicas con el entorno, fundamentalmente los sistemas
abiertos, entre los cuales se encuentra el educativo. Por su función de productor y
distribuidor del conocimiento, la educación es un subsistema fundamental dentro del
sistema social y tiene una gran influencia sobre los otros subsistemas, a la vez que
recibe el influjo constante de éstos (lo que no impide que aquél desarrolle un grado
importante de autonomía). Se trata de relaciones problemáticas y muchas veces de
gran conflictividad. El sistema educativo es un engranaje fundamental dentro del
sistema global que llamamos sociedad, constituida por la relación entre sus
componentes en el seno de la cual se definen la naturaleza y funcionamiento de cada
uno de ellos. Así, podemos abordar su análisis en tanto realidad social, es decir “en
tanto constituido por las interacciones que se establecen con el resto de las partes del
sistema global que llamamos sociedad”.
En el marco de estas relaciones, los sistemas escolares cumplen funciones que los
acercan a esos otros subsistemas de la sociedad (social, político y económico).
4.1 Funciones sociales:
A través de estas funciones el sistema educativo establece relaciones con el sistema de
estratificación y cultura de la sociedad. Por un lado, mediante el proceso de selección
social por medio del cual la educación va definiendo la posición que ocupará el
individuo dentro del sistema de estratificación social. Las calificaciones obtenidas
sumadas al grado de educación alcanzado son condiciones indispensables desde el
punto de vista del estatus social.
Para el paradigma funcionalista, una de las principales características de las clases (en
tanto que tipo de estratificación social) consiste en que es posible la movilidad entre
los diversos estratos. En tal situación, cualquier miembro de una generación (sea cual
fuere el estrato social en que haya nacido) posee, desde su nacimiento, las mismas
oportunidades que todos los demás miembros de alcanzar una posición perteneciente
a cualquier otro estrato (el hijo de un obrero tendría la misma posibilidad que el hijo
de un empresario industrial de convertirse en obrero o empresario industrial). Según
este enfoque los métodos aplicados para alcanzar la movilidad social difieren de una
sociedad a otra, pero la educación se considera como el principal instrumento en todas
ellas. La escuela realiza una selección de los individuos de acuerdo a los méritos
personales de los mismos otorgándole la posibilidad, a los que se esfuerzan, de
posicionarse mejor en la estructura social. Esta perspectiva condujo, en décadas
pasadas, al desarrollo de una ilusión sobre las posibilidades que ofrecía la educación
como agente de desarrollo.
El paradigma reproductivista, por su parte, y contrariamente al funcionalismo,
considera que la escuela es un aparato de estado al servicio de la clase dominante cuya
función es transmitir e imponer la visión del mundo de ésta. Para ello, el sistema forma
por un lado a los individuos que constituirán en un futuro la mano de obra del país a
través de la Educación Inicial y Primaria (a la que asisten los hijos de obreros),
reservando la Educación Secundaria y Superior para los futuros dirigentes políticos y
económicos (a ella asisten por supuesto los hijos de las clases medias y altas). De esta
manera, la educación cumple la función de reproducir la estratificación social existente
impidiendo a los integrantes de las clases bajas salir de su condición. Este paradigma
condujo a actitudes pesimistas con respecto a la pedagogía, a tal punto de influir (por
ser hegemónico) en la crisis educativa de los ’80.
Otra de las funciones sociales del sistema educativo es la transmisión de la cultura que
consiste por un lado en un proceso conservador, ya que con ella se propugna la
conformidad con lo sucedido anteriormente. Las escuelas ayudan a las familias (que
desempeñan un papel predominante en la primera infancia) a difundir los rasgos
materiales y espirituales compartidos. Gran parte de la actividad que se realiza en el
aula posee una naturaleza pedagógica de orden moral, y trata en consecuencia de
transmitir valores culturales. Por ejemplo, los alumnos de nuestras escuelas llevan a
cabo numerosos ejercicios de comprensión de textos de autores nacionales a través de
los cuales asociarán inmediatamente las imágenes culturales con determinados
términos o frases; si se les pide que lean comprensivamente literatura extranjera
seguramente encontrarán significados, referencias y valores muy distintos que en
conjunto forman parte de una cultura que sentirán ajena. Pero por otro lado, la
transmisión cultural también funciona como un disparador para la construcción de
pautas nuevas; los individuos no se comportan de manera pasiva ya que al incorporar
los significados los interpretan y transforman, construyendo una realidad diferente.
La función de integración social ha sido de gran importancia a lo largo de toda la
historia del sistema educativo, incluso fue uno de los objetivos de su creación: “En la
formación de los estados nacionales ... resulta clara la función de la escuela: facilitar la
comunicación al unificar la lengua, inventar un pasado común a través de la historia,
borrar las fronteras interiores y subrayar las exteriores a través de la geografía, allanar
el paso al mercado unificado mediante la homogeneización del sistema de pesas y
medidas, lograr la adhesión al poder existente a través del adoctrinamiento político e
ideológico” dice Fernández Enguita (1997), ejemplificando las formas a través de las
cuales la educación escolar logra allanar las distancias entre los miembros de la
sociedad, creando sujetos que se adaptan y participan plenamente de la vida colectiva.
Por último, a través de la función de innovación el sistema educativo contribuye a la
incorporación de nuevos conocimientos y tecnologías que posibilitan acceder a nuevas
condiciones de vida. Esta función se lleva a cabo generalmente en el seno de la
educación universitaria ya que es allí donde se produce la renovación del conocimiento
a través de la ciencia pura y la aplicada.
4.2 Funciones políticas:
Como le decía anteriormente, a partir del siglo XV aproximadamente, se empieza a
bosquejar una nueva forma de organización sociopolítica, centralizada y burocratizada,
que termina en la conformación de los Estados nacionales. Éste es racional y secular,
distanciado de los modos de organización propios del sistema feudal, y pretende hacer
del ciudadano un ser libre y responsable de sus actos. En este contexto, la educación
parecía ser la mejor herramienta que, en manos del Estado, formara ciudadanos que
se subordinaran a esa nueva forma de dominación legal “...se va configurando un
entramado de instituciones con fines socializadores que, poco a poco y con el tiempo,
van constituyéndose en un aparato especialmente diseñado para instruir e inculcar la
norma, para asegurar la producción y reproducción de una política de Estado cuyo
objetivo es el orden, la disciplina, la santificación de los lazos familiares, el respeto a las
jerarquías” dice al respecto Robert Castel. Se impone así una decidida acción destinada
a uniformar, ordenar y controlar a toda la población y el sistema educativo era el
instrumento para ello.
La función de socialización política que sigue realizando aún hoy este sistema es de
fundamental importancia y se realiza a través del currículum manifiesto
(conocimientos políticos) pero también, y en mayor medida, del currículum oculto
(motivaciones y actitudes). El conocimiento de los roles, las instituciones y las
organizaciones identificadas con esta esfera especializada de actividades no proviene
únicamente de la enseñanza impartida en la escuela, pero en lo esencial sigue siendo
un atributo de la misma. Estos mensajes son acompañados de otros que están dotados
de una dimensión política implícita en cuanto entrañan la valoración de actitudes
fundamentales frente a la autoridad (la del docente, personal directivo, etc.), los
símbolos (insignias patrias, Himno Nacional, etc.); o las exigencias colectivas (de orden,
disciplina, autonomía o comunicación) y cuyo aprendizaje no es necesariamente
consciente.
Por consiguiente, a partir de experiencias escolares que en su mayoría no son
expresamente “políticas”, el alumno adquiere actitudes y un conocimiento de las
reglas que estructuran de manera progresiva la conducta que adoptará finalmente en
las situaciones “políticas”, es decir, lo constituyen en un ciudadano leal al sistema.
4.3 Funciones económicas:
Durante la Edad Media, los individuos aprendían los oficios en el seno de la familia o
bien trabajando al lado de los maestros o los oficiales del gremio. En la sociedad
industrial el aprendizaje de las funciones productivas se desplaza a la escuela. A partir
de entonces, a la institución escolar se le encomienda la función de proporcionar al
individuo unos conocimientos y habilidades que lo integren al mundo laboral, y a la vez
se le exige la formación de capital humano que le permita al sistema económico seguir
desarrollándose.
La formación de los jóvenes para su incorporación al trabajo es fundamental para que
la división de tareas que impone la economía moderna pueda sostenerse. Estas
competencias son sancionadas por medio de un complejo sistema de certificaciones,
titulaciones y credenciales que las legitiman y que sirven para reproducir la
estratificación social vigente. Es así que “los usuarios de la escuela, los jóvenes –y sus
padres- cuando tienen que tomar decisiones sobre su utilidad – años de escolarización,
tipos de estudios, tipos de centro- lo hacen esencialmente con la vista puesta en el
horizonte profesional; esto es, en el tránsito a la vida activa y en las oportunidades que
se tendrán como trabajador o como profesional” nos aclara Fernández Palomares
(2003)
Por su parte, el sistema económico presiona para que la inversión en educación
beneficie el desarrollo de lo que llaman capital humano, es decir, que los medios
económicos empleados en la capacitación escolar generen mayor riqueza y progreso
para el conjunto de la sociedad (ya que un nivel alto de educación constituye una
garantía de productividad y una elevada capacidad para adaptarse a la evolución
permanente de la economía y de la tecnología).
No obstante la confianza que genera el sistema educativo en la sociedad como
instrumento de promoción social a partir de sus funciones económicas, podemos decir
que en la actualidad se manifiesta una falta de adecuación del mismo a los cambios
veloces que se producen en la sociedad global.
5) La escuela como institución
Así como para nuestras generaciones es imposible pensar en una sociedad sin la
familia, la religión o el Estado, también nos parecería utópica una sociedad sin
escuelas. ¿Por qué? Porque cualquier sociedad industrial avanzada cuenta con una
serie de instituciones que procuran relacionar y ajustar los subsistemas funcionales
que la integran, y la escuela es una de ellas. Es una de las esferas más significativas del
sistema educativo, encargada de satisfacer una de las necesidades básicas de la
sociedad, como es la educación.
El estructural funcionalismo, que adopta la concepción de la escuela como subsistema
del sistema educativo, considera que ésta debe ser analizada en términos de
estructura y de funciones, es decir, hay que observar por un lado las distintas
posiciones que ocupan los miembros de la comunidad educativa (directores, docentes,
alumnos, personal no docente) y los roles que cumplen en función de éstas; y por otro,
las funciones de la escuela en su conjunto y de las partes que la conforman (estructura
formal e informal). Estas funciones específicas hacen al mantenimiento de la sociedad
y pueden ser manifiestas o latentes.
Las tareas que cumple la escuela con ese objetivo desarrollan tensiones internas, ya
que algunas favorecen la reproducción y otras propician el cambio. Esto se debe a que
hay, dentro de cada contexto histórico, una correlación de fuerzas que condicionan la
naturaleza y función de esta institución. “El escenario puede ser sumamente complejo
y exige perspectivas multidisciplinares para su comprensión, precisamente porque la
escuela forma parte del entramado social en su totalidad. Entre un tipo y otro de
funciones se entretejen, oponen y superponen, complementan y refuerzan un sutil
entramado de funciones que la escuela se esfuerza por realizar”, nos aclara Fernández
Palomares. Ellas son: a) instruir o enseñar, que equivale a transmitir conocimientos y
desarrollar habilidades, destrezas, etc.; b) socializar que implica formar personas que
se adapten al contexto social; y c) educar, que es una actividad destinada a crear
subjetividades. “En definitiva, la escuela puede instruir, pude socializar, pero si no
logra formar verdaderos sujetos (personas autónomas), no está cumpliendo con su
función más importante, la educación” (Brígido, 2009).
En la actualidad la escuela compite con otras agencias que también contribuyen a
crear subjetividades, aunque hay cosas que solo se aprenden en la escuela, por eso su
importancia sigue vigente. Los retos y los desafíos que se le plantean a la institución
escolar a fin de seguir cumpliendo la función que hasta ahora tenía asignada son muy
grandes. Es necesario enfrentarlos.