Bienvenido al módulo 1 de la asignatura.
En esta instancia, lo voy a invitar a hacer un
recorrido por el complejo espectro de perspectivas de análisis de la sociología de la
educación. Esta propuesta le permitirá entrar de lleno en los fundamentos y objetivos
de la disciplina madre de ésta más específica que es la sociología de las instituciones
educativas. Creo que no podemos indagar los temas que en ella se analizan sin tener
en cuenta las corrientes teórico - metodológicas en las cuales se enmarcan. Este
periplo por las diversas maneras de entender la sociología de la educación lo llevará a
comprender teorías tan diferentes como las estructuralistas (ponen su atención en los
condicionamientos que la estructura social le fija a la institución
educativa), representadas por un lado por los primeros positivistas (Comte y
Durkheim) y sus herederos (funcionalismo estructural), y por otro por el pensamiento
de Marx y el legado del marxismo (modelos de la reproducción, correspondencia y
resistencia); sin dejar de lado las teorías que se orientan a las conductas de los actores
y a los procesos sociales que se desarrollan dentro de la institución (“paradigma
interpretativo“).
La revisión de las grandes teorías, le facilitará la explicación a los problemas que se
plantean diariamente en la institución escolar y le permitirá construir un conocimiento
científico que aporte elementos nuevos para la transformación del entorno. Y como el
mundo de las instituciones educativas es tan complejo, este conocimiento puede
ayudarlo a analizar las dimensiones ocultas que a veces el sentido común no deja
aparecer.
1) La educación como fenómeno social
La educación tiene la función universal de cooperar en la tarea de inmortalizar las
sociedades, transmitiendo sus ideas de generación en generación y preparando a los
jóvenes en papeles activos para este fin. Ésta es un reflejo de la cultura misma que, en
nuestras realidades complejas, manifiesta también los conflictos y tensiones, aspectos
fundamentales de las relaciones entre educación y sociedad.
La educación es, entonces, una actividad social muy importante, como lo es el trabajo
o la religión. En las poblaciones primitivas los adultos invertían gran parte de su tiempo
en transmitir sus valores y conocimientos a las nuevas generaciones, ya que la
supervivencia de las mismas dependía de estos saberes. Para los pueblos ágrafos la
educación no estaba separada del resto de la vida con una institución especializada
sino que constituía un proceso diario de aprendizaje de las técnicas necesarias para la
supervivencia, los mitos y la sabiduría popular. Hasta hace dos siglos, las pautas de
educación en el mundo occidental no diferían de estas costumbres, excepto para las
clases adineradas.
A medida que las sociedades se fueron haciendo más complejas, el conocimiento se
fue especializando y fue haciéndose necesaria la conformación de redes de
instituciones que sistematizaran los múltiples saberes que se habían ido desarrollando.
Así, la creación de los sistemas educativos tal como hoy los conocemos, surgen como
consecuencia de acontecimientos (revoluciones industriales, revoluciones políticas)
que transformaron profundamente las relaciones sociales (principalmente en
occidente) y que hicieron imprescindible la organización de la instrucción pública para
la formación del espíritu ciudadano y la especialización laboral.
La institución escuela, por lo tanto, es un producto histórico, una construcción que
resulta de la creciente complejidad del espacio de lo social como respuesta a
necesidades concretas de transmisión de valores y creencias, de saberes necesarios
para el mundo del trabajo y creación de condiciones para el desarrollo de nuevos
saberes. De hecho, las sociedades avanzadas gastan fortunas en la educación de sus
ciudadanos ya que la consideran una actividad central de la vida cotidiana para
reproducir el desarrollo y el progreso en su seno.
Actualmente, la población de los países occidentales más ricos pasa los primeros
veinte años de su vida en el sistema educativo, aunque hasta hace unas décadas atrás
esta era una ventaja que solo algunos grupos podían alcanzar (como lo sigue siendo en
países empobrecidos).
El papel central que ha ocupado históricamente la educación como fenómeno social la
ha convertido en un objeto de estudio privilegiado de la Sociología, que la ubica en el
centro del debate social. Pero a diferencia de otras disciplinas de las ciencias de la
educación, se interesa por los aspectos de la educación en tanto que procesos
imprescindibles para la estructuración de las relaciones sociales. Como afirma Xavier
Bonal: “... el interés sociológico por la educación reside en sus características como
institución que constituye identidades y posiciones sociales que condicionan la forma
en que los individuos viven en sociedad, sus actitudes y formas de interacción y sus
oportunidades vitales”.
2) El estudio sociológico de la educación
2.1 La perspectiva sociológica:
Usted se preguntará ¿en qué consiste la perspectiva sociológica? La sociología, como
todas las ciencias, nos permite desarrollar conocimientos empíricamente contrastados
y argumentados lógicamente, aunque abiertos a la confrontación y modificación por
los resultados de nuevas investigaciones. Zygmunt Bauman (1994) afirma que “... lo
que identifica a la sociología y le otorga su rasgo distintivo es el hábito de considerar
las acciones humanas como elementos de elaboraciones más amplias, es decir, de una
disposición no aleatoria de los actores, que se encuentran aprisionados en una red
de dependencia mutua... Los sociólogos se preguntarían qué consecuencias tendría
esta interdependencia para el comportamiento real y posible de los actores
humanos... Los actores individuales, como ustedes o yo, son considerados por los
estudios sociológicos en su condición de unidades, miembros o socios dentro de una
red de interdependencia”.
Entonces, podemos decir que la sociología es la ciencia que nos permite estudiar el
conjunto de interacciones humanas de cooperación y competencia que conforman el
entramado social. La sociología nos permite correr el velo que oculta significaciones y
dimensiones de la realidad que “no son lo que parecen”. Es una mirada de lo social
desde una perspectiva totalmente diferente. Peter Berger (1976) dice que “... la
máxima principal de la sociología es ésta: las cosas no son lo que parecen [...] La
realidad social pasa a tener muchos estratos de significado. El descubrimiento de cada
nuevo estrato cambia la percepción del conjunto”. La visión sociológica se construye
des familiarizando lo familiar. Se ponen en tela de juicio las formas habituales de vida,
que dejan de ser “naturales” o únicas para ser solo formas posibles de vida.
Emplear la perspectiva sociológica implica ver las cosas desde un ángulo diferente de
manera que lo que nos es familiar se nos aparezca como extraño. Si pensamos en
términos sociológicos acerca de su decisión y la de sus compañeros de realizar esta
carrera, advertimos que esto no podría ni siquiera considerarlo la mayoría de la gente
de nuestro país para quienes un título universitario está fuera de su alcance. ¿Por qué?
Porque hay determinados factores sociales que influyen en la decisión de cursar o no
una carrera universitaria: la valoración familiar del estudio, el tipo de trabajo que
realiza, la clase social a la que pertenece, incluso la religión que practica. Y la sociología
nos permite ver las condiciones “visibles e invisibles” que terminan afectando nuestras
acciones, contradiciendo la idea de que la conducta humana es el resultado de
decisiones puramente individuales.
La visión sociológica se construye mediante la utilización de una perspectiva global,
holística. Todos los fenómenos nos remiten al contexto de relaciones sociales que
llamamos “sociedad”, aunque el objeto de la investigación sea de dimensiones
cuantitativamente pequeñas (un aula o una escuela) no se debe perder de vista el
juego de determinaciones ejercido por la estructura social. Esta estructura social, es
parte de un sistema al que configura, y en cuanto tal, es un conjunto de relaciones
entre partes que ocupan lugares y cumplen funciones concretas. Así por ejemplo, la
sociología no analiza el rendimiento escolar en una institución abordando el estudio de
las características personales de los alumnos, sino el entramado de relaciones
concretas que se tejen en el interior de esa escuela como resultado de la red que
configura el sistema social total.
2.2 La Sociología de la Educación:
El creciente interés por la educación ha hecho que, dentro del campo de la sociología,
haya aparecido una disciplina especializada en este tema. A través de ella podemos
estudiar las relaciones entre la educación y la sociedad en su conjunto, y las relaciones
interpersonales que se establecen dentro de las instituciones escolares. Esto implica
considerarla como una disciplina empírica cuyo interés fundamental es el
conocimiento de la realidad educativa desde una perspectiva peculiar, la sociológica.
Que la consideremos una disciplina “empírica” no significa que ella nos va a permitir
solucionar inmediatamente los problemas prácticos de la educación, sino más bien
indica que los fenómenos educativos se abordan a través de investigaciones empíricas
cuyos resultados nos permiten poner en cuestión el sentido común, lo que mucha
gente da por supuesto o acepta con la mayor naturalidad sobre la educación.
Pero ¿qué es la educación para la sociología? Para esta disciplina, la educación es el
proceso de formación de disposiciones básicas, es decir, de hábitos que determinan la
forma en que cada uno de nosotros piensa y actúa, y que se puede llevar a cabo de dos
modos: uno intencional, consciente y explícito y otro no intencional, no consciente e
implícito. Durkheim, uno de los sociólogos fundamentales en el desarrollo de nuestra
disciplina, define la educación como “la acción ejercida por las generaciones adultas
sobre las que no están aún maduras para la vida social. Tiene por objeto suscitar y
desarrollar en el niño determinado número de estados físicos, intelectuales y morales
que reclaman de él, por un lado la sociedad política en su conjunto, y por otro, el
medio especial al que está particularmente destinado”, ésta consiste, por lo tanto, en
un método de socialización de las nuevas generaciones cuya finalidad es la
conformación del hombre como “ser social”.
La sociología de la educación se aboca al estudio de este proceso de socialización y de
todas las variables que intervienen e influyen en él, tanto en pequeños espacios de
interacción como en la generalidad del sistema educativo. El campo de investigación
de esta disciplina abarca los distintos ámbitos donde tiene lugar el proceso educativo
(escuela, familia, trabajo, etc.), aunque históricamente sus principales representantes
se han enfocado en las problemáticas del sistema educativo en general y de las
escuelas en particular. Durante el desarrollo de esta asignatura usted se abocará al
estudio de la educación como fenómeno social situado en las instituciones educativas
específicas.
3) Desarrollo de la Sociología de la Educación
Aunque fue el sociólogo francés Emile Durkheim el primero que planteó el estudio de
la educación como rama particular de la sociología, en las teorías de los precursores de
esta disciplina (Comte, Saint Simon) ya está presente una conceptualización clara sobre
la educación y la escuela. Es que la transición de la sociedad feudal a la industrial
planteaba una profunda preocupación por el desorden moral que había producido la
creciente diferenciación y complejidad social, lo que hacía pensar en la educación
como una actividad fundamental para recomponer el orden y garantizar los lazos de
solidaridad social a partir de la adhesión de los ciudadanos a un conjunto de valores
compartidos. Esta educación, universal e institucionalizada en la escuela, sería la
encargada de evitar el vacío moral y asegurar la adaptación social de los individuos,
además de brindar los conocimientos necesarios para el cumplimiento de las distintas
funciones que requería la división (cada vez más específica) del trabajo.
Las primeras teorías sociológicas, por lo tanto, se abocan al estudio de la educación
como un subsistema social encargado de la transmisión de las normas y valores en que
se fundamenta la sociedad. El discurso moral que se internaliza a través de la
educación consiste en valores, normas y actitudes consensuados que regulan la
conducta del individuo para que se adapte a la sociedad como un todo orgánico. La
gran complejidad y desorden que provocaba la industrialización creciente explican que
los primeros sociólogos consideren a la escuela como la mejor institución de
socialización y control social. No es extraño, por tanto, que la sociología que enfoca el
estudio de la educación empiece en sus orígenes como una sociología de las
instituciones escolares, si además se tiene en cuenta la importancia de la institución
educativa en el proceso de asignación y distribución de las posiciones sociales.
En Educación y Sociología Durkheim afirma que “... lejos de que la educación tenga por
objeto único y principal al individuo y sus intereses, ella es ante todo el medio por el
cual la sociedad renueva perpetuamente las condiciones de su propia existencia. La
sociedad solo puede vivir si entre sus miembros existe una suficiente homogeneidad.
La educación perpetúa y refuerza esa homogeneidad fijando por adelantado en el alma
del niño las similitudes esenciales que supone la vida colectiva. Pero, por otro lado, sin
cierta diversidad toda cooperación sería imposible. La educación asegura la
persistencia de esa diversidad necesaria diversificándose ella misma y
especializándose. Ella consiste, pues, bajo uno u otro de esos aspectos, en una
socialización metódica de la joven generación”. Esta mirada positivista desarrolla
entonces el estudio de la educación como un proceso cuyas funciones manifiestas se
relacionan con la integración y a su vez, con la diferenciación social.
A este objeto de estudio que acerca la sociología a la educación, promediando el siglo
XX se agregan, producto del progreso de la sociología y de los cambios en el campo de
la sociedad y la educación, la explicación de las desigualdades sociales y de los
mecanismos por los que éstas se construyen, legitiman y reproducen. Así, luego de la
Segunda Guerra Mundial, en el contexto específico de un EEUU sumergido en la lucha
competitiva por el logro de la hegemonía política y militar mundial, comienza la
institucionalización de la Sociología de la Educación como una rama especial de la
sociología, lo que nos permite entender por qué se desarrolla dentro de la orientación
funcionalista, predominante en la sociología norteamericana de posguerra. La gran
cantidad de recursos destinados a la investigación en este campo, provocó un
desarrollo científico importante siendo Talcott Parsons el principal referente en esta
evolución. Los desarrollos posteriores, incluso los actuales, tienen en cuenta sus
conceptos, tanto para seguir su orientación teórica como para crear enfoques nuevos
a partir de la crítica a sus proposiciones.
La educación se convirtió, a partir de la década del ’50 en un factor clave para el
desarrollo económico y por tanto, para la intervención estatal. En este contexto se
enmarca el desarrollo de la institucionalización de la sociología de la educación, usada
como instrumento de legitimación de la política educativa de los estados de bienestar.
En un primer momento la orientación teórica y empírica de nuestra ciencia reconoce
como principal objeto de estudio la relación entre educación y empleo, ya que el
objetivo coyuntural de la política era la igualdad de oportunidades. Luego de dos
décadas en que predominaron estos enfoques, la crisis de la educación como
mecanismo redistributivo domina la sociología de la educación de los años ’70. Esto
sumado al resurgimiento de los marxismos en la década anterior, da como resultado
un cambio en la orientación disciplinaria, apareciendo una sociología de la educación
crítica. Las denominadas “teorías de la reproducción” enfocan la atención en el
conflicto y la ideología dentro del ámbito educativo. Parten de la hipótesis que la
escuela lejos de ser una organización neutra es la encargada de reproducir las
posiciones sociales externas a ella y, por lo tanto, legitimar las diferencias y las
relaciones de dominación para el crítico. Entonces, tanto para el paradigma liberal
como para el crítico, la escuela tenía la función de posibilitar la movilidad social o de
reproducir las posiciones sociales de origen. Desde ambos puntos de vista, la relación
entre educación y sociedad se analiza desde una posición claramente estructuralista
haciendo caso omiso de los procesos concretos que tienen lugar al interior de la
institución.
Superando estas dos corrientes, en la década del ´70 también aparece otra perspectiva
dentro de la sociología de la educación, la “nueva sociología de la educación”, que es
un verdadero punto de inflexión teórico y epistemológico ya que comienza a cobrar
fuerzas el análisis del currículum como expresión de las relaciones de poder
subyacentes a la elección y orden de los conocimientos, a través de una orientación
sociológica interpretativa que estudia lo que pasa dentro de la institución escolar. El
interaccionismo simbólico y la etnometodología son los marcos teóricos y
metodológicos utilizados en esta perspectiva. Pero es recién en los años ochenta, sin
embargo, cuando la investigación micro sociológica de la escuela alcanza su real
desarrollo.
El nuevo contexto económico y tecnológico que se desarrolla a partir de los años ’90 ,
hace que se redefina el papel de la educación abriéndose nuevos campos de análisis
dentro de nuestra disciplina que intentan responder a la complejidad de estas
sociedades avanzadas. Cuestiones como el género, etnias, políticas educativas, cultura
escolar, etc. se ponen sobre el tapete a la hora de investigar tanto asuntos
estructurales como procesos de interacción concretos al interior de la institución
escolar.
4) Principales enfoques o escuelas
4.1 La educación en el proyecto de los clásicos
4.1.1 El proyecto positivista de Saint Simon y Comte:
Las enormes transformaciones sociales que tuvieron lugar en la Europa de los siglos
XVIII y XIX explican que las reflexiones sociológicas más rigurosas comiencen a
desarrollarse en este contexto. Al desmoronarse las estructuras sociales existentes, los
pensadores intentan aplicar el método científico para explicar la naturaleza de la
sociedad y de los cambios que se estaban produciendo. El ocaso del sistema feudal,
cuya base de organización era una teología cristiana poderosa, sumado al surgimiento
de una sociedad industrial y científica que no presentaba una doctrina igualmente
firme que la sostuviera, planteó la necesidad de elaborar dicha doctrina para lograr el
reordenamiento de la sociedad.
Saint Simon y Comte formularon los principios del Sistema Positivo para dar respuesta
a esta necesidad y ambos consideraron a la educación como una actividad
fundamental para este fin. Así, el positivismo se convierte en un instrumento de
legitimación de un sistema educativo que comenzaba a desarrollarse en ese momento.
Saint Simon (1760-1825) sostenía que la escuela debía ser la encargada de la
reorganización espiritual de la sociedad, ya que consideraba que la ciencia
reemplazaría a la religión como elemento de cohesión social. Auguste Comte (1798-
1857), alumno y colaborador de Saint Simon, también se propone presentar las bases
científicas del nuevo orden y con algunos matices respecto a su maestro, defendió el
desarrollo de una escuela positiva (el conocimiento verdadero solo se consigue
mediante el método científico) frente a la escuelas teológicas y metafísica que habían
sido hegemónicas en épocas anteriores. La educación positiva tenía un objetivo moral
que era la producción y homogeneización del ciudadano socializando a todos los niños
en conocimientos y valores compartidos. Esta perspectiva se considera conservadora,
ya que la intención es reproducir y legitimar el orden burgués.
Comte considera que la crisis social no sería superada en tanto las dos doctrinas
antagónicas (la teológica y la metafísica) prevalecieran. Este precursor desestima la
anarquía intelectual y la considera la causa principal de la desunión moral. En su
“Curso de Filosofía Positiva” afirma “... el desorden de las inteligencias en que nos
encontramos se debe, en último análisis, al empleo simultáneo de las tres filosofías
radicalmente incompatibles: la filosofía teológica, la filosofía metafísica, y la filosofía
positiva. Resulta evidente que si cualquiera de ellas obtuviera una preponderancia
universal y completa, habría un orden social determinado, mientras que el mal
consiste en la ausencia de una organización verdadera”. La sociedad estaría perdida sin
una educación de inspiración positiva que la regulara. Esta no es una función como las
demás: constituye el alma misma de la sociedad, según Comte. La educación es un
vínculo universal que hace a los hombres semejantes y les permite vivir en una
comunidad ordenada.
4.1.2 Marx y la crítica a la educación burguesa:
Cuando en el siglo XIX comienzan a surgir los movimientos y organizaciones obreras,
éstos cuestionan el orden burgués que Comte había contribuido a afianzar. En ese
contexto, surge la teoría de Karl Marx (1818-1883), quien ha ejercido una enorme
influencia en la sociología en general y en la sociología de la educación en particular
(fundamentalmente bajo la influencia de sus intérpretes).
Marx tuvo muy pocas manifestaciones explícitas sobre la educación. Es en su
antropología, especialmente en su reflexión sobre el hombre total, donde se pueden
encontrar algunas nociones sobre la educación. Marx sostiene que el hombre es un ser
genérico que tiene un potencial humano que no es posible desarrollar en las relaciones
sociales que entabla dentro del modo de producción capitalista. Esto es así porque el
potencial humano se realiza mediante el trabajo libre que culmina en
la objetivación del hombre en los productos, siempre y cuando esa objetivación sea
manifestación de su creatividad. En el modo de producción capitalista el trabajo, en
lugar de ser la manifestación de la creatividad del hombre, se reduce al medio que
tiene para ganar dinero.
En el contexto de este análisis sobre el hombre y el trabajo, Marx reflexiona sobre la
educación haciendo una crítica de la misma en el mundo capitalista, y por otro lado
plantea sus propuestas educativas para una sociedad futura. La crítica que le hace a la
educación burguesa apunta fundamentalmente a su carácter clasista, considerándola
solo un instrumento ideológico en manos de la clase dominante con el fin de eternizar
su dominio. El sistema educativo es parte de la superestructura institucional cuya
función es conservar el orden existente que encierra la explotación de la clase obrera
por parte de la burguesía (o clase propietaria de los medios de producción).
Las sugerencias que plantea acerca de la tarea educativa implican que ésta debe
presentar 3 características fundamentales: 1) debe ser igualitaria, 2) debe ser laica, 3)
debe estar vinculada al mundo del trabajo y la producción. Considera que una escuela
no puede ser igualitaria y democrática si está inserta en una sociedad cuyo modo de
producción esté basado en la desigualdad social. Por eso, la lucha por lograr la
igualdad educativa se enmarca en la lucha social por terminar con el sistema capitalista
de producción. Por otro lado, su propuesta incluía el carácter laico y pluralista de la
escuela, oponiéndose a las escuelas adoctrinadoras de una determinada ideología o
religión. Pretendía que solo se enseñaran los saberes de las diferentes ciencias y para
esto proponía un sistema educativo controlado por organizaciones obreras y populares
que evitarían la inculcación de doctrinas particulares. El Estado solo debía hacerse
cargo de fijar las leyes generales y de la financiación del sistema, ya que es el único
capaz de poner en pie un verdadero sistema escolar gratuito para todos. El
establecimiento de la enseñanza pública era una reivindicación fundamental de su
teoría y práctica política.
Como ya dijimos Marx coloca al trabajo y al mundo de la producción en el centro de
todos sus planteamientos, incluidos los que hace acerca de la educación y la
escuela. La idea de unión entre instrucción y producción, trabajo intelectual y manual,
teoría y práctica, supone la superación de la división entre enseñanza académica y
técnico – profesional, logrando una educación integral. Los alumnos debían recibir una
formación teórico – práctica que los preparara para el mundo de la producción, lo que
no se conseguía sin esfuerzos.
En el Manifiesto Comunista, que escribe junto a Engels, expresa entre otras, las
siguientes propuestas en materia educativa: Educación pública y gratuita para todos
los niños; Régimen combinado de la educación con la producción material. Marx
también tenía en cuenta el tiempo libre como parte de la formación del hombre, ya
que consideraba que el ocio permitía el desarrollo de la creatividad, parte fundamental
del ser humano.
4.1.3 Emile Durkheim y la Ciencia de la Educación:
E. Durkheim (1818-1917) constituyó a la Sociología en una ciencia autónoma y fue uno
de los pioneros en dictar la cátedra de Sociología de la Educación en Francia. A
diferencia del resto de los clásicos, muchos de sus escritos se refieren a la educación y
es en éstas obras donde su teoría sociológica alcanza la mayor expresión.
Su teoría de la educación exalta la cosificación de la sociedad, que tiene supremacía
absoluta sobre los individuos y se convierte en la entidad constituyente de las
personas que deben adaptarse a ella. La sociedad domina los instintos del hombre y
construye un nuevo ser que representa lo mejor de aquel. Durkheim afirma que el
hombre no se inclina por naturaleza a someterse a la autoridad política, a respetar una
disciplina moral o sacrificarse por algo. Dice en Educación y Sociología: “Es la sociedad
(...) la que nos saca de nosotros mismos, la que nos obliga a tener en cuenta otros
intereses además de los nuestros; es la sociedad la que nos ha enseñado a controlar
nuestras pasiones, nuestro instintos, a dictar leyes para ellos, a refrenarnos, a
renunciar a nosotros mismos, a sacrificarnos, a subordinar nuestros fines personales a
fines superiores”.
La educación ocupa, en esta relación individuo – sociedad, un papel fundamental, ya
que consiste en el proceso de socialización metódica que ejercen las generaciones
adultas sobre las que todavía no han alcanzado el grado necesario de madurez. La
educación radica, por tanto, en conseguir que el niño acepte la autoridad de la
sociedad y se subordine a ella. Su principal objetivo es la formación del “ser social” que
consiste en el conjunto de ideas, sentimientos y costumbres que imprimen en la
persona los grupos sociales de los que forma parte.
La función de la educación es inculcar un profundo sentido de abnegación y
autodisciplina, y al mismo tiempo frenar el egoísmo y moderar los apetitos insaciables.
A través del proceso de internalización de las reglas morales (conjunto de
prescripciones de conductas específicas y definidas) se va obteniendo el autocontrol
de los individuos, condición necesaria para lograr una sociedad ordenada, siendo la
escuela el único agente moral con capacidad para conseguirlo.
Durkheim considera que la Sociología de la Educación, (que él llama Ciencia de la
Educación) debía servir para que los docentes realicen análisis científicos de las
situaciones educativas, expresando lo real, no juzgándolo. Esta “Ciencia de la
Educación” (que es pura sociología) debe explicar el origen y el desarrollo de los
sistemas educativos e investigar de qué manera funcionan, es decir, cuáles son los
resultados que producen y cuáles las disposiciones que alteran los mismos.
Para Durkheim, entonces, la educación institucionalizada responde a necesidades
sociales y es el principal instrumento que posee la sociedad para perpetuarse. Es, por
lo tanto, un hecho social que debe ser objeto de estudio de una ciencia (que como tal
exprese lo real, lo que es, no el “deber ser”).
4.1.4 Max Weber y los tipos de educación:
Max Weber (1864-1920) A diferencia de Durkheim, realizó solo referencias aisladas
sobre la educación. Sus reflexiones acerca de la enseñanza se encuentran dispersas en
sus libros y ensayos y no son fáciles de organizar para una presentación sistemática. Se
podría decir que su contribución a la sociología de la educación es indirecta, pero los
actuales desarrollos teóricos tienen cada vez más en cuenta sus conceptos.
La educación aparece en Weber como un elemento más del tejido social y forma parte
de la teoría de la dominación desarrollada por el autor. La relación de dominación
implica obediencia al mandato en virtud de la creencia, por parte del dominado, en la
legitimidad del dominador y del mandato que éste impone. La relación de dominación
es una relación de autoridad, es el caso de la relación entre padres e hijos y entre
maestros y alumnos. La sociología weberiana permite definir el concepto de autoridad
docente como el ejercicio legítimo de la dominación dentro del sistema educativo
formal, legitimidad que estaría dada por el lugar que ocupa el docente en ese sistema.
La dominación que ejerce la escuela, a su vez, comprende un conjunto de
disposiciones que van más allá de los contenidos culturales que imparte, ya que
delimita una cultura legítima que impone y crea hábitos de conducta. Así, la educación
escolar es por naturaleza un campo de dominación fundamentalmente ideológica,
legitimada por un marco legal de ordenaciones estatuidas y los derechos que en ese
marco adquieren los llamados a ejercer la autoridad.
Como se sabe Weber distingue tres tipos de dominación legítima, según sea el
fundamento de su legitimación: la racional, la tradicional y la carismática.
La dominación racional descansa en la creencia en la legalidad de las ordenaciones
estatuidas. Se obedece a la autoridad en tanto ésta encarna reglas a las que ella misma
está sujeta. Se obedece, así, a ordenaciones impersonales. La dominación
tradicional está ligada a la creencia en la santidad de los mandatos tradicionales que
señalan la autoridad de un “señor”. Los “súbditos” obedecen a este “señor”.
La dominación carismática funda su influencia en la santidad, heroísmo o facultades
mágicas de quien la ejerce. Se obedece al jefe, que toma la forma de “caudillo”.
Como Weber ubica a la educación en el campo de la dominación ideológica, relaciona
directamente el sistema educativo al tipo de dominación vigente en la sociedad de que
se trate. A través de la educación se inculca un determinado modo de vida según sea el
grupo dominante. Hay que tener en cuenta que si bien en la época en que vivió este
autor el sistema escolar se estaba extendiendo lentamente a todos los estratos de la
sociedad, todavía la formación institucionalizada era un privilegio de pequeños grupos
selectos, es decir, de una elite. Así, a cada tipo de dominación corresponde un tipo
específico de educación de la elite: al tipo racional de dominación corresponde
la educación especializada; a la dominación tradicional la educación humanista y al
tipo carismático de dominación corresponde la educación carismática (es necesario
aclarar que hablamos de Tipos Ideales, es decir, de construcciones teóricas que no
constituyen realidades empíricas sino elaboraciones racionales que el autor utiliza para
abordar el análisis de los hechos y situaciones concretas. Ninguno de estos modelos se
presenta en estado puro en la realidad).
Este es, en pocas palabras, el abordaje que hace Weber de la educación. Es evidente
que la tendencia de su teoría educativa es ver a la escuela como una organización cuya
función es conservar el orden existente, ya que al subordinarse a otras fuerzas su
acción transformadora o emancipadora se ve limitada. No obstante ello, sus conceptos
han sido fundamento para el desarrollo de todo tipo de líneas de investigación que se
realizan actualmente en el marco de la sociología de la educación.
4.2 Funcionalismo estructural:
Este enfoque fue hegemónico en el EEUU de los años ’50 y se propagó por toda Europa
y América Latina a través de diferentes representantes. Hay que aclarar que
actualmente es una corriente de pensamiento muy criticada, pero dominó durante
largo tiempo el campo de la sociología de la educación. Sus fundamentos intelectuales
se encuentran en los trabajos de Comte y Durkheim, pero su desarrollo se realizó de la
mano de Talcott Parsons y su discípulo Robert Merton.
Recordemos que el modelo de sociedad de posguerra implicaba la creencia en que el
esfuerzo personal y el mérito que de éste derivaba determinaban la posición ocupada
dentro de un grupo social; que el conocimiento científico y el consiguiente desarrollo
tecnológico en el marco de una economía competitiva de mercado eran las
condiciones para el progreso de las naciones; y por último la creencia en el valor de la
vida democrática como ideal fundante de cualquier Estado de derecho.
Para responder a tales exigencias, era necesario desarrollar un sistema de educación
formal que preparara a la mayor cantidad posible de individuos que se adaptaran a la
compleja estructura social de la época. La expansión educativa que esto provoca
justifica que aparezca como necesaria una sociología de la educación, que Parsons se
encarga de institucionalizar. Como la profesionalización y el desarrollo de las ciencias
se consideran, a mitad de siglo XX, elementos fundamentales para la transformación
social, el surgimiento de la sociología de la educación servirá de base de legitimación
científica para las decisiones políticas en materia de educación.
El enfoque estructural funcional considera a la sociedad como un sistema formado por
partes que se interrelacionan asegurando el equilibrio del todo. La modificación de una
de ellas produce cambios en las restantes. Es necesario que estas partes cumplan
determinadas funciones para que el sistema social sobreviva. Como usted sabe, un
elemento es funcional cuando contribuye a la integración y al equilibrio del sistema.
Las funciones pueden ser manifiestas (aquellas que son intencionales) o latentes (no
son buscadas de manera intencional).
Las instituciones educativas desempeñan un papel muy importante en este sentido. El
proceso de socialización que se produce en su interior es el mecanismo fundamental
que utilizan las sociedades para mantener el orden y la integración social
(preocupación central de esta teoría). Además, la educación, a través de la igualdad de
oportunidades, cumple una función estratificadora permitiendo a todos, a partir de los
méritos personales, adquirir las cualificaciones necesarias para alcanzar posiciones
sociales de jerarquía (movilidad social). Así, esta corriente de pensamiento concede a
la institución escolar las funciones de socialización y de diferenciación claves para el
equilibrio del sistema de relaciones sociales.
Por otro lado, esta perspectiva se enfoca también en el estudio de las relaciones del
sistema educativo con los otros subsistemas del sistema social (político, económico,
cultural), y desde el punto de vista del mundo interno de las escuelas, su interés se
dirige a las formas de organización y los roles que se ejercen en ella.
Las críticas que se le hacen a este enfoque teórico de la sociología de la educación son
básicamente la negación del conflicto que de manera manifiesta o latente siempre
existe (principalmente cuando se trata del acceso a posiciones sociales privilegiadas);
ligado a éste, otro tema ignorado es el de las relaciones de dominación que rodean y
se encarnan en las instituciones educativas; la falta de atención a los procesos
escolares concretos y al análisis de qué enseñan las escuelas, cómo y a quién va dirigida
su formación.
4.3 Estructuralismo marxista: el conflicto en la sociología de la educación
La crisis de la sociología de la educación funcionalista no es aislada. Se enmarca en la
decadencia del funcionalismo norteamericano como paradigma dominante en la
sociología que se debe, en parte, al resurgimiento del neomarxismo.
Durante los años ´60, en una sociedad donde el conflicto político y social se
manifestaba de modo permanente, las teorías de la ciencia social dominante
(funcionalismo) sobre consenso y equilibrio ya no eran válidas para explicar la realidad.
La experiencia había demostrado que no servían solo los méritos educativos
personales para ocupar lugares de privilegio en el entramado social y se hacía cada vez
más evidente que las diferencias de clase se plasmaban al interior de la escuela
reproduciendo y legitimando la estratificación y las relaciones de poder.
Estos sociólogos, comprometidos con la transformación de la sociedad capitalista,
consideraban que la teoría sociológica de la educación unida a la praxis sería
posibilitadora de los cambios necesarios para la democratización educativa y la
emancipación social.
Esta ruptura con el funcionalismo no es homogénea y las teorías donde se introduce el
concepto de conflicto en la sociología de la educación son diferentes, así como los
fenómenos que abordan cada una de ellas.
En la presente asignatura vamos a estudiar tres de estos modelos teóricos.
4.3.1 Modelo de la Reproducción:
Son los trabajos de dos sociólogos fundamentales, Bourdieu en Francia y Bernstein en
Inglaterra, los que dan lugar al desarrollo de este concepto en educación (ya
incorporado por teóricos como Althusser, Baudelot y Establet) que, tras la
combinación de teorías durkheimianas, parsonianas y marxianas, estos autores
enriquecen.
Las teorías de la reproducción afirman que la forma en que se ejerce la transmisión
cultural en las escuelas explica que determinados grupos tengan garantizado el éxito o
el fracaso educativo y social. En el contexto de la sociedad capitalista, la función de la
educación es la reproducción de la división del trabajo y con ella, de la estratificación
social (clase burguesa y clase proletaria). La educación constituye uno de los “aparatos
ideológicos de estado” que forman parte de la superestructura social y que son
resultado de la estructura económica.
Para Bourdieu, la institución escolar valora determinadas aptitudes en los alumnos que
corresponden a las clases medias – altas, lo que da lugar a que en el proceso de
selección escolar se escojan como mejores a los que pertenecen a esas clases que
tienen facilitado el acceso a la cultura escolar. En el libro “La Reproducción”, que
escriben con Passeron, los autores presentan un sistema teórico complejo explicando
los mecanismos de la relación entre reproducción cultural y reproducción social en que
la escuela actúa de intermediaria. Demuestran que la cultura escolar no es neutra (tal
como aparenta ser) sino que es el resultado de la dominación de unas clases sobre las
otras, hecho que se manifiesta en la imposición de determinados saberes, valores y
creencias como los únicos verdaderos. Así, esta cultura arbitraria, se impone como
legítima y universal.
Estas relaciones de dominación subyacentes en las prácticas pedagógicas se
enmascaran para garantizar su eficacia y para eliminar cualquier resistencia a la cultura
dominante. La clase dominante, entonces, usa la educación para legitimar su dominio.
Bernstein, por su parte, en el tercer volumen de “Clases, códigos y control” (segundo
en la edición castellana) recopila sus artículos sobre la transmisión cultural educativa.
No vamos a hacer aquí un desarrollo del complejo sistema conceptual de este autor,
solo queremos dejar en claro las dos tesis fundamentales alrededor de las cuales gira
su teoría: 1) los factores de clase regulan la estructura de comunicación en la familia y,
por lo tanto, la orientación del código sociolingüístico inicial de la infancia; 2) los
factores de clase también regulan la institucionalización de los códigos elaborados en
educación, así como las formas de su transmisión y las formas de su manifestación.
El conocimiento educativo, su contenido, la forma de transmitirlo y de evaluarlo son
elementos claves a la hora de comprender los mecanismos de reproducción cultural en
la escuela. Así lo expresa Bernstein: “Cómo una sociedad selecciona, clasifica,
distribuye, transmite y evalúa el conocimiento educativo, que ella considera debe ser
público, refleja tanto la distribución del poder como los principios de control social.
Desde este punto de vista, las diferencias dentro de, y el cambio en, la organización,
transmisión y evaluación del conocimiento educativo deberían ser una importante
área de interés sociológico”.
Así, al igual que Bourdieu, Bernstein analiza la forma en que la institución escolar
reproduce la cultura dominante, desarrollando y enriqueciendo en algunos aspectos la
teoría del autor francés.
Este modelo teórico ha recibido todo tipo de críticas, realizadas desde diferentes
perspectivas de pensamiento. Más allá de otorgar o no validez a las distintas
posiciones, no puede negarse que las teorías de la reproducción suponen un punto de
inflexión fundamental en la sociología de la educación.
4.3.2 Modelo de la correspondencia:
En 1985 dos economistas norteamericanos lectores de Althusser, Bowles y Gintis,
publicaron “La instrucción escolar en la América Capitalista”, desarrollando la teoría de
la correspondencia entre educación y producción, teoría que se enmarcó dentro de la
sociología de la educación, a pesar de la disciplina de la que provenían sus creadores.
Estos autores defienden la tesis de que con el avance del capitalismo la escuela
adquiere un protagonismo creciente como institución de control social de la fuerza de
trabajo. Y agregan que entre las relaciones sociales que se desarrollan en la escuela y
las relaciones sociales de producción hay una similitud o correspondencia: tanto la
escuela como el ambiente laboral se estructuran a partir de un sistema jerárquico de
autoridad y disciplina que separa a alumnos y trabajadores del control sobre lo que se
aprende o lo que se produce, en ambas además se premian o recompensan los buenos
resultados.
Asimismo, a través de la ideología que impone, el sistema escolar estimula la identidad
de clase de cada alumno, lo que hace que desarrollen actitudes y aptitudes diferentes
para el mundo laboral: por ejemplo, los individuos de clases obreras aprenden a
obedecer y los de clases privilegiadas a desarrollar la autonomía necesaria para el
desempeño de puestos directivos. Los autores, siguiendo estrictamente los
lineamientos teóricos del marxismo estructuralista, llegan a estas conclusiones a partir
del análisis del currículum oculto.
Una de las debilidades que se le adjudican a esta teoría es la falta de tratamiento de
las contradicciones y luchas de clase que se dan en la estructura social y que se reflejan
en la escuela, además de ignorar el cambio educativo que generan las reivindicaciones
de la clase trabajadora y las acciones de resistencia que provocan en el seno escolar. A
pesar de las grandes limitaciones conceptuales y metodológicas (que bien supieron
reconocer Bowles y Gintis más adelante), la teoría de la correspondencia fue una de las
aportaciones más interesantes de la sociología de la educación de corte marxista.
4.3.3 Modelo de la resistencia:
Se enmarcan en este modelo los trabajos de algunos autores que, desde una
perspectiva próxima a las teorías de la reproducción, superan el estructuralismo y
reduccionismo de éstas incorporando las acciones de los agentes en sus análisis. Estos
teóricos parten de un enfoque marxista que comprende a la escuela como un espacio
de lucha y conflicto político e ideológico que es reflejo del conflicto que se da en el
seno de la sociedad.
La influencia del marxismo de Gramsci (principalmente de su concepto de hegemonía)
da lugar, en la década del ’80, a investigaciones como las de H. Giroux, M. Apple o P.
Willis que, criticando la postura sobre el carácter unidireccional que los teóricos de la
reproducción observan en la transmisión de la ideología dominante, plantean la
posibilidad de la creación de una contra hegemonía en las instituciones escolares.
Consideran que los sujetos tienen un papel activo en la transformación de la realidad y
por tanto la tarea de los educadores es posibilitar la reflexión crítica y la educación
para que esa acción transformadora se desarrolle.
Para estos autores, las relaciones de clase o de género son dinámicas que delimitan las
prácticas educativas, siendo la escuela la institución por excelencia para la transmisión
de la cultura dominante y la reproducción de las posiciones sociales; pero esos
procesos son complejos ya que los educandos pueden desarrollar una capacidad de
resistencia que genere cambios. Hay que abordar el análisis de estos procesos
enfocando la atención en la manera como la cultura de las clases dominadas penetra
en la institución educativa enfrentándose a la cultura dominante.
Las limitaciones que tiene este modelo teórico tienen que ver con la falta de un análisis
de los conflictos en los procesos de decisión y aplicación de las políticas educativas,
además de la ausencia de un abordaje empírico que permitiera a los autores
demostrar la veracidad de sus hipótesis.
4.4 El “paradigma interpretativo”
4.4.1 La “nueva sociología de la educación”:
Esta corriente aparece con la publicación en Inglaterra del libro “Knowledge and
Control” de Michael Young en 1971 y su principal objetivo es reorientar la
investigación de esta disciplina al plano de las interrelaciones concretas que se dan en
el seno de la institución educativa entre profesores y alumnos, y al análisis del
currículum como mediador de este proceso.
Los estudios micro sociológicos a que dio lugar esta perspectiva teórica, en abierta
contradicción con el funcionalismo estructural, intentaron poner sobre el tapete el
proceso de construcción social del conocimiento educativo, siendo los trabajos de
Bernstein, Hargreaves (1967) o Lacey (1970), referidos al comportamiento de los
actores en la escuela y la forma en que ellos definen su realidad cotidiana escolar, los
más destacados.
Inspirados también en la fenomenología social de Schutz, consideran que la realidad
cotidiana se va construyendo en la interacción social por los actores que negocian
significados en un proceso en el que crean “objetivaciones” que les permiten explicar
sus mundos. La tarea del investigador es descubrir cuáles son los supuestos
subyacentes a la creación de esos significados. Y para esto se hace fundamental el
análisis del lenguaje. Así, toda acción pedagógica que se desarrolla en la escuela
(visible e invisible) es producto de negociaciones de significados entre los actores de la
institución y debe ser objeto de estudio de la sociología de la educación.
A pesar que esta nueva corriente de los años ´70 fue el fundamento para el desarrollo
de una sociología interpretativa de la educación, se disolvió a mediados de esta
década. Como bien lo explica X. Bonal “si bien la nueva perspectiva supo criticar el
tratamiento funcionalista de la escuela como ‘caja negra’, no consiguió establecer un
acuerdo respecto a una cuestión básica: el nivel de autonomía de la escuela y de los
agentes sociales que en ella participan con respecto a las estructuras de poder y
control social”.
4.4.2 Interaccionismo simbólico:
El interaccionismo simbólico como perspectiva de análisis sociológico se origina con
George H. Mead quien la desarrolla en la Universidad de Chicago a principios del siglo
XX. La importancia de su pensamiento radica en el papel que le asigna a los procesos
de interacción social en el desarrollo de la personalidad. La tesis fundamental sostiene
que el ser humano nace con las capacidades necesarias para convertirse en un ser
social: aprendizaje de significados surgidos en la interacción social y comunicación
simbólica con los otros hombres. Los significados compartidos y la interpretación de
los mismos guían la conducta de los hombres.
Autores como P. Woods, A. Hargreaves, S. Ball y otros aplican estas teorías al estudio
de la educación a fines de la década del ´70, aportando una importante herramienta al
análisis de las interacciones en el seno de la escuela y de la dinámica de las prácticas
educativas. Desde esta perspectiva afirman que los procesos sociales que tienen lugar
en la institución escolar son producto de la interacción de los agentes que van
construyendo en ese proceso su propia cotidianeidad. Realizan el análisis de las
cuestiones escolares, por tanto, en el contexto de las relaciones concretas al interior
de la escuela ya que sostienen que los propios individuos van negociando las prácticas
en los vínculos comunes.
En este juego de mutua implicancia entre la estructura y los agentes, adquieren
particular importancia los significados, el sentido que los actores atribuyen a sus
acciones, ya que estas son consecuencia del proceso de socialización al tiempo que
contribuyen a definir la realidad social. Consideran, por tanto que es imprescindible
abordar las dimensiones y significados sociales implícitos en los procesos interactivos
de cada situación escolar.
Los interaccionistas piensan a la escuela como una organización cuyas relaciones se
construyen y cuyos objetivos se redefinen periódicamente a través de experiencias
compartidas. Conceptos como estrategias de adaptación, negociación entre profesores
y alumnos, procesos de etiquetaje o mediación institucional son desarrollados por los
distintos representantes de este enfoque quienes, desde el paradigma general de la
interacción, abordan diferentes aspectos de la dinámica institucional escolar.
Bonal identifica tres limitaciones en las aportaciones de los interaccionistas simbólicos:
1) la ausencia de una teoría que permita distinguir entre prácticas productoras y
reproductoras del orden social; 2) la omisión de las condiciones que pueden explicar el
cambio educativo, más allá de la variabilidad individual de algunas prácticas; y 3) no se
consideran los factores exógenos que definen y delimitan la voluntad de los agentes
sociales.
4.4.3 Etnometodología:
A mediados del siglo XX H. Garfinkel, el creador de esta corriente sociológica, describe
así su posición: “Para la etnometodología la realidad objetiva de los hechos sociales es
todo logro práctico de la sociedad que se produce local y endógenamente,
naturalmente organizado, reflexivamente explicable, en curso; el esfuerzo de los
miembros que tiene lugar en todas partes, siempre, de manera única, exacta e íntegra,
sin interrupción ni posibilidad alguna de elusión, ocultamiento, desatención,
posposición o negociación,, es, por tanto, el fenómeno fundamental de la sociología”.
Dicho de otro modo, la etnometodología se ocupa de la organización de la vida
cotidiana. Considera que los métodos que utiliza la gente para desarrollar su vida
cotidiana son reflexivamente explicables, es decir, a través de la explicación las
personas dan sentido a su mundo. Así, los etnometodólogos analizan
fundamentalmente las explicaciones que ofrecen las personas sobre lo que hacen o
dejan de hacer, la metodología que emplea la gente en su vida cotidiana para razonar
acerca de sí misma y del grupo social en que está inserta. Esto justifica su gran interés
por el análisis conversacional.
Los supuestos fundamentales que emplean los autores para este abordaje son: no
existe un orden social externo a las conciencias individuales. El orden social es
construido continuamente por los ‘miembros’ sociales en sus interacciones,
modificándose según sea la situación. Por tanto, el sentido de la acción social solo
puede comprenderse dentro del contexto donde se produce (lo que importa aquí son
los procedimientos o métodos que se utilizan para constituir la acción humana). Cada
individuo usa su método propio de la construcción de la realidad social, de modo que
existen tantas realidades sociales como miembros posee la [Link] corolario de
estos supuestos es que no hay posibilidad de obtener un conocimiento objetivo y
universalmente válido de la realidad social.
Dentro de la sociología de la educación los primeros estudios de este tipo son los de
Cicourel (en 1963 y 1974). Los temas de interés que han sido tratados se relacionan
con la negociación de significados entre docentes y alumnos, la construcción de la
cotidianeidad escolar por parte de estos actores, los conceptos usados por los
docentes para clasificar a sus alumnos, etc.
Para concluir la descripción de esta teoría, recurriré a una frase de Carlos Lista: “Más
allá de los excesos y de cierta actitud sectaria de sus representantes, la
etnometodología impulsó la revisión de muchos de los supuestos sobre los que se
basan los modelos y teorías sociológicos tradicionales. En particular, es interesante su
foco de análisis no en la realidad social en sí, sino en los mecanismos por los cuales los
individuos en su quehacer cotidiano tratan de generar y mantener una sensación o un
sentido de orden. En esto coinciden con el interaccionismo al mantener su interés y
preocupación por los procesos mentales en la construcción cotidiana de la realidad
social “.
5) El escenario actual de la sociología de la educación
En este apartado solo haremos referencia a algunos de los múltiples planteos que se
desarrollan actualmente en el seno de la sociología de la educación para abordar los
problemas que se suscitan en la escuela y su entorno.
La complejidad que manifiestan las prácticas educativas desde los años ’80 a esta
parte, producto del nuevo modelo socioeconómico que generó cambios vertiginosos
en el seno de las sociedades y sus instituciones, sumado a la masificación escolar, hizo
que se multiplicaran las investigaciones y los retos teóricos para nuestra disciplina.
Ésta debió abandonar sus pretensiones de explicación holística de la relación entre
educación y sociedad ya que la complejidad de las nuevas sociedades de la
información, los cambios en la condición social de la mujer, la globalización y las
continuas migraciones que produce, el papel político que le cabe a la educación, etc.,
son indicadores de la creciente necesidad de especializar los conocimientos en torno al
tema.
Así, cuestiones como el género o la diversidad étnica constituyen objetos centrales en
las investigaciones sociológicas educativas en las últimas décadas del siglo XX. Los
movimientos de reivindicación de los derechos de la mujer y la cuestión de la
diversidad étnica por el masivo ingreso al sistema educativo de las minorías raciales
llevan a la necesidad de efectuar análisis específicos superadores de las deficiencias
que en esta materia presentaba el conocimiento. Otras líneas de investigación
significativas en la sociología de la educación actual están vinculadas a cuestiones
coyunturales como la violencia en la escuela, relaciones de autoridad, temas de
política educativa, la multiculturalidad en el ámbito institucional y áulico, nuevas
relaciones entre educación y empleo, las representaciones sociales de alumnos y
docentes sobre determinados temas, etc. Los autores, tomando como marco teórico
los modelos ya consolidados en la disciplina, abordan estos temas a través del
desarrollo de diferentes metodologías de la investigación, entre las que se destacan las
etnografías que permiten realizar abordajes micro sociológicos, como por ejemplo las
formas de transmisión del sexismo en las escuelas a través del currículum manifiesto u
oculto.
Estas contribuciones de la sociología de la educación representan un avance
significativo en los debates teóricos y metodológicos dentro de la disciplina. Los
cambios constantes y crecientes en la sociedad de la información actual hacen suponer
que las investigaciones presentarán cada vez mayor especificidad en los temas
abordados y, por tanto, en los conocimientos desarrollados.