PLAYBOY'S BABY (Mia Carson)
PLAYBOY'S BABY (Mia Carson)
de
Mia Carson
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SINOPSIS
¿Acompañar a Neal Callaway a una cita? ¡Aceptar o Rechazar!
ni idea de que fingir salir con Neal Callaway, uno de los hombres más ricos en la tierra,
Neal Callaway es la clase de hombre que las chicas evitan: un intenso conquistador que
ciudad.
La vida de Tia Watson ha sido un infierno. Perdió a un ser amado y está endeudada
hasta la coronilla. Tampoco es el tipo de persona que toma decisiones impulsivas, pero
cuando su mejor amiga, Ella, instala una aplicación de citas con multimillonarios en su
teléfono, ella está obligada a aceptar la invitación de Neal para acompañarlo en una cita
Pero Neal está comprometido con Alisha, la perfecta esposa de un multimillonario; Tia
Tia era tan inocente, tan ingenua, y nunca había estado con un hombre. Ella,
Miré abajo hacia el agua corriendo del grifo y las pequeñas nubes de vapor formadas
por esta. Había estado de pie frente al espejo por mucho tiempo, y mis rojos y acuosos
ojos no han parado de mirarme.
Lavé mi rostro, peinando mi desinflado cabello de regreso a una cola de caballo, y dejé
el baño. Mi compañera de cuarto y mejor amiga, Ella, estaba sentada tras el mostrador
de la cocina, una taza de café acunada en sus manos. Se puso de pie cuando salí de la
habitación, caminó hacia mí, y me abrazó desde atrás con ambos brazos.
Una nueva tanda de lágrimas amenazó con dejar mis ojos. Cansada de llorar, las
parpadeé de regreso.
Ella procedió a hacerme una taza de café mientras me sentaba con mi cabeza hacia abajo
sobre el mostrador de la cocina. El funeral de mi madre había sido hace seis días. Su casa
estaba en venta, y un comprador interesado ya había contactado al agente de bienes Página 5
raíces. Yo no podía vivir en la casa de mi madre sin ella, y Ella se ofreció a dejar que me
mudara con ella, creo que porque no quería que estuviera sola.
—Tia, ¿has oído sobre tu… um… padre? —preguntó cuidadosamente, sentada en el
taburete junto a mí.
Mi padre nos dejó a mi madre y a mí cuando yo tenía tres. Él se fugó con otra mujer.
Aunque contesté con sarcasmo, la expresión de Ella estaba nublada, la preocupación
incrustada en sus ojos. Odiaba que se preocupara por mí, pero yo estaría preocupada
por ella si los roles estuvieran invertidos.
Hemos sido amigas por años. Ella y yo fuimos juntas a la universidad de Indiana East.
Ella se graduó con un título en Estudios de Comunicación y trabajó en una firma de
marketing digital. Mi carrera fue en Bellas Artes, pero tuve que abandonar la
universidad en mi segundo año cuando mi madre se enfermó. Había estado postrada en
cama, así que además de cuidar de ella, también tuve que trabajar en la tienda de libros
de la que era dueña para así tener una clase de ingresos. Como sea, la tienda de libros
cerró seis meses después de que ella enfermase con cáncer debido a las pesadas deudas
amontonándose. De mala gana, decidí que era hora de encontrar un trabajo.
—¡Vamos, Tia! No estoy haciendo de niñera. Eres mi mejor amiga y quiero estar contigo
en un momento como este.
Eso era verdad. No tenía otra amiga tan buena como Ella. Cuando tuve que abandonar
la universidad, se ofreció a compartir mis responsabilidades así no tendría que dejarla,
pero me negué.
—Gracias, —dije y la callé antes de que abriera su boca para protestar—. Lo digo en
serio. No tienes ni idea de cuán agradecida estoy de tenerte en mi vida.
Una vez que terminamos el desayuno, ayudé a Ella a lavar los platos ya que ella hizo el
desayuno. Cuando los platos estuvieron listos, me dijo que fuera a sentarme en el sillón
y nos hizo té verde. Llevó la bandeja a nuestra pequeña sala y se sentó junto a mí en el
sofá. Comí mi primera comida adecuada en una semana, y una vez que comenzamos a
hablar con calientes tazas de calmante té en nuestras manos, me sentí mejor de lo que lo Página 6
había hecho en mucho tiempo.
Hablamos por mucho tiempo sobre la universidad y mi madre, todos los recuerdos de
la niñez que compartimos en la pequeña ciudad de Richmond, Indiana, y nuestros
intereses comunes como el arte y la ficción de misterio. Hablamos, reímos y sorbimos
nuestros tés, libres de preocupaciones y alegres como pequeñas niñas en un día de
verano. No sé cuándo me dejé caer finalmente sobre el sofá. Lo último que recuerdo fue
a Ella poniendo una manta sobre mí.
TIA
El cielo afuera estaba oscuro cuando desperté. Ella estaba sentada en una silla al frente
de mí con su laptop.
—Hola, bella durmiente, —trinó, apoyando su computadora sobre uno de sus lados—.
¿Tienes hambre?
El pensamiento de pasar otro segundo dentro de casa trajo una ola de depresión.
—¡Muy bien! —dijo. —He estado un poco preocupada de que quizás nunca quisieras
salir de nuevo. Es bueno que haya sido tu idea. Tenía miedo de tener que arrastrarte
fuera.
Sonreí –se estaba volviendo más sencillo– y le dije que me diera quince minutos para
estar lista y me fui a tomar una ducha. Después de ponerme un par de vaqueros y una
camiseta blanca limpia sin mangas, agarré mi chaqueta y dejamos el departamento. El
aire nocturno y la sensación de mi cabello recién lavado me hicieron temblar con placer,
y conseguí otra sonrisa. Junto a mí, Ella permaneció callada, probablemente demasiado
asustada de romper mi cambiada actitud diciendo algo estúpido.
Elegimos el Moonlight Café a dos calles de distancia, uno de mis lugares favoritos en la
ciudad. Era un pequeño restaurante brillantemente iluminado y sin mucho espacio, pero
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la comida era excelente. El dueño, Derrick Swanson, era un viejo amigo de mi madre.
Esta noche, sin embargo, él no estaba en ningún lugar a la vista, y su ausencia fue un
alivio. Aún tenía miedo de encontrarme con cualquiera que pudiese querer hablar sobre
ella.
Respondí con una exagerada mirada incrédula que claramente decía ni siquiera voy a
dignificar eso con una respuesta. De manera irritante, me guiñó de nuevo. Puse mis ojos en
blanco e ignoré su deducción.
Will llegó después de un minuto, ofreció sus condolencias sobre la muerte de mamá y
sus disculpas por el servicio lento.
—No te preocupes por eso. No tenemos ninguna prisa, —contesté, sonriendo hacia él.
Señalé a Ella—. Esta es mi mejor amiga, Ella. Ella, Will.
Otra camarera más joven apareció para tomar nuestras órdenes. Ordené bistec au poivre
–el bistec asado con salsa de granos de pimienta era la especialidad de la casa– mientras
Ella se tomó su preciado tiempo leyendo el menú, hasta que pensé que en serio la
camarera iba a cabrearse y estallar. Finalmente, ordenó una ensalada de pollo y sonreí
una vez que la camarera se retiró, su tensa postura una indicación de que hubiera
preferido estallar y gritar.
—Tia, ha pasado una eternidad desde que realmente tuviste una cita, ¿verdad? —Ella
habló tentativamente mientras esperábamos nuestra comida.
—Um… En realidad, no he tenido mucho tiempo con todo lo que estaba pasando, Página 8
—respondí, mis ojos estrechándose hacia ella.
—Sí, exacto, y gracias por recordarme que mi interrupción de citas ha continuado por
más tiempo de lo que hubiera preferido, —dije.
Dan fue mi amor de secundaria. Asistimos a Indiana East juntos. Yo había sido aceptada
en Dartmouth, pero él me convenció para ir a Indiana East con él. Yo estaba bastante
loca por él, así que estuve de acuerdo. Estuvimos bien hasta que mi madre se enfermó.
Cuando tuve que abandonar, Dan rompió conmigo poco después. Fue un golpe duro,
pero me las arreglé para constantemente recordarme a mí misma que fue una cosa buena
haber aprendido la verdad sobre él más pronto que tarde.
—Has pasado por mucho, —dijo Ella— y Rubito parece un buen sujeto que deberías
considerar. Aunque, en serio, tienes que volver a salir.
Nuestra comida llegó antes de que pudiera responder, y recogí mi tenedor y cuchillo
para comer. Apunté con mi tenedor hacia ella y hablé rápidamente, extrañamente
ofendida y a la defensiva.
—En realidad… —Tenía la boca llena, así que mastiqué mi filete y tragué antes de
terminar—. Mi prioridad es comenzar a buscar un trabajo primero.
Ella me dirigió una mirada de ojos amplios, su sonrisa deslumbrante. Podría jurar que
sus ojos brillaron por un momento.
—¿Qué? —pregunté.
Miré disculpándome a las mesas a nuestro alrededor, pero el lugar estaba tan concurrido
y ruidoso que no creí que alguien hubiese oído a Ella. Sacó su teléfono de su bolso y lo
puso sobre la mesa entre nosotras.
—Hay una aplicación —continuó—. La descubrí hace varios meses mientras estaba en
la universidad. Es como una aplicación de citas, excepto que no vas a citas reales.
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—Así que, ¿es como que juegas a tener una cita? —Reí—. ¿Qué significa eso? Es uno u
otro, una cita o no.
—Casi como jugar a tener citas. Excepto que te pagan por ello.
—¿Te pagan por ir a una cita? —Bajé mi voz, casi asustada de que alguien pudiera oírnos
accidentalmente—. ¿Cómo un servicio de acompañantes?
—No realmente. Pero es simple. Creas una cuenta, como en una aplicación de citas, y
ésta te empareja con un multimillonario buscando a alguien para ir a un evento o algo.
No es una cita, y nunca tienes que ver al sujeto de nuevo si no quieres —puntualizó la
última parte con un guiño.
—Suena demasiado sencillo para mí. ¿Cómo puedo saber que el sujeto no querrá sexo?
— pregunté—. Quiero decir, en serio, esto casi suena como prostitución.
—Está todo en la aplicación. Solo te van a pagar por ir a un evento social. A menos que
tú quieras más que eso —me guiña otra vez—, pero incluso entonces, puede ser
simplemente algo sin-ataduras si eso es lo que quieres.
Estaba sospechando demasiado de la idea para siquiera considerarla, pero Ella luchó por
mi teléfono e instaló la aplicación. Me creó una cuanta antes de que pudiera oponerme.
Al principio me resistí, pero estaba tan envuelta en la atmósfera de diversión y en la
sensación de fantasía que eventualmente no solo dejé que acabase mi perfil, sino que
incluso posé mientras me tomaba una foto para establecerla como mi imagen.
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TIA
A la mañana siguiente, un lunes, desperté tarde. Ella se había ido al trabajo más
temprano, pero aún estaba cuidando de mí incluso en su ausencia. Dejó una taza de café
en la cocina con una nota: Regreso a las cuatro. ¡Ten un día genial!
—Oh… —no sonó tan feliz sobre eso—. Como sea, si te sientes aburrida o sola, solo
llámame, ¿de acuerdo?
—Adiós.
Después de colgar, escribí lavar la ropa y hacer la cena en mi lista. No sé cómo Ella encontró
tiempo para estar al día con todo, pero no se necesitaba hacer nada más en el Página 11
departamento.
Me tomó una buena parte del día lavar mi ropa; lo dejé abandonado por demasiado
tiempo. Finalmente terminé a las tres de la tarde. Me hice un sándwich y miré la TV por
un rato, recibiendo bien la excusa de callarme mentalmente e ignorar los asuntos
urgentes que necesitaba resolver –como encontrar un trabajo. Alrededor de las cuatro,
Ella llamó.
—¡Lo siento tanto, nena! Mi jefe está enviándome a hacer este estúpido recado, y no creo
que vaya a estar en casa hasta dentro dos o tres horas. ¡Lo siento tanto! ¿Estarás bien?
—Estaré bien, no te preocupes, —dije adiós y terminé la llamada. Pero tan pronto como
colgué, noté que, con la aproximación de la solitaria tarde, la depresión estaba
comenzando a establecerse.
Desesperada por evadirla, me ocupé en preparar la cena. Hice una olla de pastel de pollo
y pastel de queso con merengue de limón para el postre. Una vez hecho, me bañé, me
cambié y me hice té.
Cuando me senté con mi taza, mi teléfono zumbó con una notificación de la aplicación
que Ella había instalado. Por un segundo, no estaba segura qué estaba zumbando, pero
cuando finalmente recogí mi teléfono e hice click en la aplicación, tenía una coincidencia.
Abrí la solicitud, y el nombre Neal Callaway apareció en mi pantalla, junto con una foto
de un extraordinariamente atractivo y bien vestido hombre joven. Tenía cabello negro
oscuro, el cual estaba peinado hacia atrás, y ojos grises. Sus pómulos eran altos, y tenía
lo que yo consideraba rasgos aristocráticos. Lo reconocí, lo cual fue la peor parte. Casi
todos en la ciudad lo reconocerían.
Para ser completamente honesta, la idea me disgustaba un poco, porque eso arrastraría
muchos malos recuerdos. Mi historia, tanto como los hombres que fueron, no fue la
mejor. Mi padre engañó a mi madre con otra mujer y la eligió sobre mi mamá. Mi novio Página 12
de larga duración me dejó por abandonar la universidad para cuidar a mi incapacitada
madre. Aun así, aún creía en el amor. Creía en el amor, la lealtad y la pureza… y no tenía
respeto por una relación que no se basara en esas cualidades; o por una persona cuyas
acciones abiertamente sugerían un desprecio por ellas. Así que la idea de siquiera
pretender tener una cita con un hombre quien mostraba cero respeto por las mujeres me
repulsaba.
Pero lo que me molestaba aún más fue el hecho de que no estaba tan repugnada por la
idea tanto como debería estarlo. Quizás era la depresión o la soledad, o ambas, pero muy
profundo dentro de mí, había un anhelo de escapar de la vida mundana que había tenido
hasta el momento creada por mí misma.
Llamé a Ella para preguntar cuanto tardaría, pero mi teléfono fue al buzón de mensajes.
Caminé por un rato, recogiendo la casa, perfeccionando cosas que ya estaban bien
recogidas. Consideré salir, pero ya había cocinado la cena. Además, ¿cuál sería el punto
de salir sola?
Finalmente, me dejé caer en frente de la TV y curioseé los canales sin intención. Después
de lo que pareció una eternidad, encontré un canal pasando una película que me
gustaba. Mientras me levantaba para apagar las luces, mi teléfono zumbó. La
notificación decía: ¿Acompañar a Neal Callaway a un evento social? Aceptar o Rechazar.
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NEAL
Estaba de pie en frente de la ventana de mi oficina en el piso sesenta y seis del World
Building en la ciudad de Nueva York, cuando mi teléfono sonó. Madre destelló a través
de la pantalla. Casi no respondí, pero decidí que, ya que me estaba yendo a Richmond
en una hora, eso no haría mucha diferencia de todas formas.
—¿Qué? —chilló mi madre—. ¡Neal, tienes que estar aquí a la tarde! —Las falsas notas
de bondad en su voz se habían disipado.
—Lo sé, mamá, estaba a punto de irme, —dije, frustrado. Forcé a mi mandíbula relajarse.
Mi madre tenía la habilidad de volverme loco a varios estados de distancia. Aun así,
había poco que pudiera hacer para pararlo. Como hijo único, había nacido con la
responsabilidad de hacer feliz a mi madre. Como hijo único de un supuestamente feliz
matrimonio, había nacido con la doble cantidad de responsabilidad.
—Tu padre y yo nos hemos preparado para este evento por semanas, —continuó mi
madre—. ¡Sabes que te queremos aquí!
—Lo sé, mamá, lo sé, —le dije, exasperado—. Como dije, estaba a punto de irme. Ahora,
si me disculpas…
—Por supuesto, cariño. —Mi madre había recuperado su dulzura—. No olvides traer
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una cita. Adiós. —Ella canturreó la última parte, soplando un beso al teléfono, y
colgando sin esperar respuesta.
Mientras miraba a la imagen de mis padres, mi madre de pie en los brazos de mi padre
usando un largo vestido blanco y pesada joyería de diamantes, otra imagen, mucho más
atormentadora, surgió en mis recuerdos. Mi madre usando nada excepto algo parecido
a la pesada joyería de diamantes, gritando y corriendo hacia mí, su cabello volando
alrededor de ella. Detrás de ella, mi tío desesperadamente recogiendo su ropa, la cual
estaba toda esparcida sobre el suelo.
Fue en cuarto grado cuando eso pasó. Fui enviado a casa temprano a causa de un
sangrado de nariz. Aún recuerdo abrir la puerta de su habitación y, demasiado
horrorizado para hablar por lo que vi, correr a toda velocidad afuera y directamente
hacia una pared. Mientras mi madre gritaba y corría hacía mí, mi tío trataba en vano de
recuperar sus ropas. Recuerdo cerrar fuertemente mis ojos, esperando que ambos
simplemente desaparecieran. Después de eso, mamá me hizo prometer que no le diría
ni una palabra a papá, e hice lo que me dijeron. Como sea, ese día perdí mi fe en las
comunes y fantasiosas mierdas como amor y lealtad.
—¿Señor? —preguntó.
—Um… ¿Sabe que la decoradora de interiores que contrató redecoró su oficina, señor?
Bueno, creo que ella lo puso allí. Ella es famosa por añadir un considerado toque
personal a cada espacio. O algo así, lo leí en su página de Yelp… —Sarah se fue apagando,
notando mi irritada expresión.
—Por favor, llévatelo —dije, lanzando el marco al suelo—. Esto es una oficina, no una
sala de estar. Página 15
Sarah se acercó y se inclinó para recoger el marco. Mientras lo hacía, noté el sutil pero
hábil sobresalir de su trasero, manteniéndolo allí por más de lo necesario antes de
ponerse de pie de nuevo. Había comenzado a hacer esto recientemente. Su falda era
también una pulgada más corta de lo que solía ser, y sus tacones más altos. Miré hacia
abajo al expediente en frente de mí mientras ella permanecía de pie.
—De acuerdo, señor, —dijo, batiendo sus pestañas. Otra mejora reciente.
Como un exitoso multimillonario de veintiocho años, operaba mi propio imperio de
teléfonos móviles. El último mes fui nombrado en la lista de los "10 Multimillonarios
más sexys en el país" de la revista TIME. Podría arrastrar mujeres hacia mí sin mucho
esfuerzo. Difícilmente alguna vez tuve que salir en citas y, aun así, siempre tuve mujeres
en mi cama o a mi lado cuando quería una. Tuve la vida que quería una vez que aprendí
sobre la realidad del matrimonio de mis padres. Había jurado que nunca me casaría,
nunca caería en la trampa del amor, y nunca, jamás trataría de compartir mi vida con
otra persona. Y ahora, hombres a lo largo del país me miraban con envidia y mujeres a
lo largo del país querían estar conmigo. ¿Qué más podría querer?
Como sea, todo eso cambió cuando regresé a Richmond, mi ciudad natal. Mis padres,
por todas sus digresiones, continuaban la mentira de la pareja feliz. Ellos dormían con
otras personas, pero aparecían en fiestas brazo-con-brazo, sonriendo al unísono y
pareciendo incapaces de separarse. Algunas veces pensaba que eran almas gemelas. O,
al menos, sus almas fueron fabricadas en el mismo retorcido molde.
Sin embargo, cada vez que iba a casa, mi madre se obsesionaba con mi "soltería", y mi
padre hacía su típico comentario de "ya es tiempo, hijo, de atarse a la bola y a la cadena".
Con el tiempo, aprendí a ignorarlos. Ellos hacen esas declaraciones mecánicamente,
como si estuvieran manteniendo una tradición familiar y nada más.
Recogí mi maletín y dejé mi oficina. Sarah estaba sentada detrás de su escritorio y miró
arriba mientras cerraba mi puerta detrás de mí.
—Sí, Sarah. Pero, por favor, no dudes de reenviarme cualquier correo importante y
mantenerme actualizado —le dije. No voy a ir a ningún sitio tan importante.
—Tenga un gran fin de semana, señor, —sonrió, batiendo sus pestañas furiosamente.
—Ten un gran fin de semana también, Sarah —dije con una sonrisa y me alejé, ignorando
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a propósito su coqueteo.
Mi teléfono sonó de nuevo una vez que estuve en mi auto. Ernie, un amigo mío de la
universidad, estaba al otro lado.
—Sí, lo hice. Mi madre ha estado molestándome por días para que lleve a alguien, —
respondí, frotando mi sien.
La experiencia con la acosadora Laura me puso de mal humor. Ese es el por qué, incluso
aunque podría literalmente llevar a cualquier mujer que quisiera conmigo a la cena de
caridad de mis padres, tenía que usar una aplicación sugerida por Ernie. Ésta escogería
a una extraña adecuada simplemente para acompañarme a la cena y nada más.
La aplicación me había emparejado con Tia Watson de Richmond. La chica en la foto era
una cosa bonita y joven; ojos avellana con cabello largo, liso y moreno. Tenía una
complexión exótica con una nariz pequeña y labios llenos, y estaba posando en la foto
en una manera que sugería que ella pensaba que toda la cosa era humorística e irónica.
Me gustaba su aspecto. Para una chica que había visto solo en una foto, realmente me
gustaba su aspecto.
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NEAL
Aterricé en Richmond a las siete p.m. Mi conductor, Todd, me esperó fuera del
aeropuerto municipal de Richmond. Era una despejada y hermosa tarde, la pálida luz
de luna llena brillaba débilmente al este. Le había informado a la Señorita Watson a
través de los mensajes de la aplicación que la recogería a las siete y media, y ella me
había enviado su dirección.
Llegamos al frente de su edificio cinco minutos antes. La llamé, pero mi llamada fue al
buzón. Un par de minutos más tarde, la chica de la foto apareció en la entrada del
edificio, acompañada por otra chica en vaqueros y un suéter con caricaturas en él.
Por lo que me importaba, como si la otra chica estaba de pie desnuda en la acera. Era
completamente invisible para mí porque solo tenía ojos para Tia Watson. Vestía un
modesto vestido rojo, no demasiado largo pero tampoco demasiado corto. Su cabello
colgaba brillante y liso a cada lado de su rostro, el cual era mucho más exótico de lo que
parecía en la fotografía. Llevaba tacones bajos rojos, sus brazos desnudos y piernas sin
necesidad de accesorios, excepto por un brazalete dorado.
La otra chica abrazó a Tia –un cálido abrazo de la clase protectora– y le dijo algo. Tia
sonrió y respondió, entonces caminó hacia el auto. Todd sostuvo la puerta abierta para
ella, su expresión agradable, como siempre. Un ligero aroma de lavanda entró a la deriva
dentro del auto mientras se deslizaba al interior del asiento trasero y se sentaba con una
respetable distancia entre nosotros.
Ella parecía ligeramente tomada por sorpresa por este menos que respetuoso
reconocimiento y se movía incómodamente en su asiento. La idea envió una ola de
incomodidad fluyendo a través de mí. Quería confortarla, y el conocimiento de eso me
asustó. Permanecí en silencio. Pero tenía que reconocer que ninguna mujer había sido
capaz de cautivarme tan completamente después de tan solo una mirada.
Ella aclaró su garganta y dijo en una tímida voz clara: —Hola, um… Soy Tia. Es un gusto
conocerte.
No recuerdo hacer la decisión consciente de besarla. Parecía el único paso lógico a seguir.
Me incliné en mi asiento y la besé sobre sus hermosos, atractivos y llenos labios. Ella se
resistió por un segundo, y entonces la sentí entregarse. Sus labios se separaron,
profundizando el beso, y deslicé la punta de mi lengua entre ellos. A través de la
suavidad de su vestido, sentí sus pezones endurecerse contra mi pecho.
Pero antes de que pudiera cumplir esa fantasía, la realidad se hizo notar: las puertas de
la hacienda de mis padres estaban abriéndose a ambos lados de nuestro auto.
Retrocedí y silenciosamente juré que esta era la maldita cosa más difícil que alguna vez
tuve que hacer en mi vida. Junto a mí, Tia tomó una respiración –más como un jadeo– el
cual capturó mi atención de nuevo. Como sea, ella también notó que habíamos llegado
a nuestro destino. Arrastró su mirada lejos de mí para mirar fuera de la ventana, tomó
otra respiración profunda, y pasó su mano a través de su cabello para alisarlo.
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La miré, fascinado, mientras la mano se desviaba nerviosamente a su cuello, suavizando
a través de él como si enderezaba un collar o una cadena. Se detuvo, serena y tranquila,
una vez que notó que no había nada colgando allí. Fue un movimiento sutil, como un tic
nervioso, y reconocí un hábito por instinto, algo para distraerse de las situaciones o las
emociones, como una clase de amuleto de la buena suerte que le ofrecía comodidad.
Excepto que ahora mismo, no estaba allí, y sentí su perdida.
Su mano cayó en su regazo, y ella miró abajo, sus mejillas sonrojadas, sus labios aún
separados. Instantáneamente, supe que nunca vería algo más hermoso en mi vida. La
quería aquí, junto a mí, para siempre. Quería poseerla. El escandaloso pensamiento –
uno que brotó a la vida por su propia voluntad– me dejó avergonzado de mí mismo.
Debajo de la ola de culpa, noté con una sacudida que esta chica desconocida a quien
literalmente había conocido por primera vez en mi vida había conseguido lo imposible.
La respetaba.
—Así que, ¿sabes cómo funciona esto? Estamos aquí solo como amigos. Nos conocimos
en, um… —me fui apagando, tratando de pensar algo y, al mismo tiempo, distraído por
sus largos y suaves brazos.
—Una exhibición de Basquiat en Nueva York, —terminó. La miré con una mezcla de
confusión y admiración—. En tu perfil, en tu cita favorita, dice: "No escucho lo que dicen
los críticos de arte. Yo no conozco a nadie que necesite un crítico para saber qué es el
arte". También es una de mis citas favoritas de Basquiat, —terminó, sus ojos aún bajos.
De acuerdo, así que tenía cerebro. Estaría mintiendo si no dijera que era algo extra que
me calentaba.
—Sí. De acuerdo. Hubo una en el Museo de Brooklyn el mes pasado. —Me apresuré por
mantener la conversación antes de que mis pantalones comenzaran a sentirse apretados
e incómodos de nuevo—. Y estamos aquí solo como amigos, —añadí en un tono serio,
lo que hizo que mirase arriba desde su regazo, directamente a mí. Sus ojos eran avellanos
y almendrados, sus pestañas largas. Dejé de hablar.
Todd sostuvo la puerta abierta mientras ella salía del coche, entonces la seguí.
La casa de mis padres es una enorme hacienda de una casa. Una gran entrada
serpenteante conduce a la entrada del frente. La casa misma es lo suficientemente grande
para esconder algo completamente de la vista por una larga distancia, y detrás de ella,
hay acres y acres de jardines. Como la mayoría de sus eventos, el de esta noche estaba se
llevaría a cabo aquí. El frente de la casa estaba iluminado pero vacío. Página 20
Caminé cuidadosamente, a un paso detrás de Tia. ¿Quién era esta chica, y qué me había
hecho después de apenas media hora? Miré sus pies trazar delicados pasos a lo largo del
camino de piedra, fascinado por el movimiento elegante de sus piernas bajo el vestido
rojo de seda. Aparté mis ojos para mirar todo a mi alrededor –cualquier cosa, en
realidad– pero no podía mantener mi mirada apartada de ella durante más de unos
segundos.
Ella volteó para verme, sus ojos curiosos: habíamos alcanzado el frente de la casa. Los
caminos hacia los patios traseros conducían alrededor de ambos lados de la casa, pero
quería que ella caminara a través de la casa conmigo. Aclaré mi garganta y abrí la puerta
de entrada para ella. Mientras la mantenía abierta, sus ojos transmitían una mezcla de
confusión y desconfianza, pero entró. Caminamos a través de la espléndida entrada
frontal y por el corredor que recorría la longitud de la casa, girando una vez. Las paredes
a cada lado estaban adornadas con grandes pinturas, fotografías de nuestros ancestros,
y una valiosa colección de arte. Detecté un anhelo en sus ojos, como si quisiera detenerse
y tomarse su tiempo viendo detenidamente cada pintura individualmente, pero
continuó caminando.
Un murmullo de voces, luces, y risas artificiales nos golpearon tan pronto como
caminamos a través de las puertas hacia el patio trasero. A mi lado, Tia se detuvo por un
segundo y tomó una profunda respiración. Localicé a mi madre saludándome desde una
multitud de mujeres demasiado arregladas. Sonreí amablemente mientras las mujeres
alrededor de ella se giraron para mirarnos.
Mi padre lucía como si quisiera decir algo, pero se contuvo; en su lugar, tomó un gran
trago del champán en su mano. Eso le dio tiempo suficiente a mi madre para precipitarse
hacia nosotros. Mientras le presentaba a Tia, noté a alguien merodeando detrás de ella.
La chica que emergió desde atrás de mi madre tenía largo cabello rubio-fresa, un rostro
en forma de corazón y era de altura media, lo que compensaba con sus imposiblemente
altos tacones. Tenía grandes ojos de venado embarrados con pesada sombra de ojos. El
vestido que usaba difícilmente estaba allí, pero de alguna manera se las arreglaba para
retratar una justa parte de clase al mismo tiempo. Ella me abrazó, mi mamá y ella, ambas
susurrando "¡sorpresa!" al mismo tiempo. Alisha Banks.
La miré, un poco abrumado por su inesperada reaparición en mi mundo. Alisha había Página 21
sido mi única novia seria durante la universidad. No podía decir si la amé, pero pasamos
un buen tiempo juntos. Hasta que descubrí que su padre era un amigo cercano de mi
padre y que se había acostado con dos de mis amigos –mientras estábamos saliendo– y
rompí las cosas con ella.
Ahora, cinco años más tarde, aquí estaba ella, más curvilínea que antes, su cabello más
largo y su sonrisa más amplia. Una repentina imagen de un lobo enseñando sus dientes
antes de saltar sobre su presa destelló en mi mente.
—Alisha, esta es Tia. Ella es mi cita esta noche. —Recordé que se suponía que la
presentaría como mi amiga tan pronto como las palabras dejaron mi boca, pero,
perversamente, no me arrepentía de hacer el cambio en lo más mínimo.
—Ooh, como que había esperado que no tuvieras una. —Sonrió de nuevo, sin importar
lo grosero que era su comentario.
Tia esperó un instante antes de sacar su mano de la mía y extenderla para sacudir la de
Alisha.
—También es muy bueno conocerte, —respondió Alisha con una sonrisa que era más
una mueca que otra cosa. Ella regresó sus ojos a los míos—. Había esperado que nosotros
dos pudiéramos reavivar nuestra amistad, Neal. Ha pasado mucho tiempo.
—Sí, lo fue, y por una razón. Discúlpanos. —Interrumpí antes de que Alisha pudiera
responderme—. Hay varias personas a las que necesitamos saludar.
Tia y yo pasamos la siguiente media hora caminando alrededor del patio y conociendo
a diferentes personas; amigos, familiares, contribuyentes, y parientes. Como sea,
después de media hora, me encontraba en una mesa con algunos de los antiguos amigos
de mi padre; Tia había sido arrastrada a una mesa con mi madre, Alisha, y un grupo de
otras mujeres.
La miré desde la distancia, mientras mantenía una educada conversación con mujeres
con las que parecía no tener nada en común. Dijo algo que hizo a la mayoría de las
mujeres alrededor de la mesa reír fuertemente, aunque ella respondió con una sonrisa
gentil. Esa suave expresión estaba comenzando a grabarse en mi cerebro.
Mientras la veía, Alisha la cortó en media oración, y la atención del grupo se desvió de
Tia a Alisha. Fue brusco, y Tia miró al suelo; otro hábito con el que me estaba volviendo
familiar. Las mujeres rieron y miraron a Tia; lo que sea que Alisha hubiera dicho había
sido dirigido hacia Tia. Vi sus mejillas se colorearon rápidamente y sentí mi presión
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sanguínea elevarse en respuesta.
—Señoritas, espero que no les importe si tomo prestada a mi cita por un rato.
Tia miró hacia mí, y no pude descifrar la expresión en sus ojos. Se levantó, y después de
excusarse educadamente, me siguió de regreso a la casa.
Miré su llameante rostro, protegido por su hermoso cabello lacio, y sentí un tirón
profundo dentro de mí como nada que había experimentado antes. Antes de darme
cuenta de lo que estaba haciendo, me incliné hacia adelante y la besé de nuevo. Sus labios
respondieron a los míos como si simplemente hubiera reaccionado, sin pensar en lo que
estaba haciendo.
Sus labios sabían a cerezas. Tomé el superior entre mis labios y chupé. Inesperadamente,
un bajo gemido subió por su garganta, y mientras deslizaba mi lengua en su boca, Tia
cerró sus dedos en mi nuca y me acercó.
—Escucha… —Antes de que pudiera decir algo, ella se giró y caminó, casi corriendo,
delante de mí.
—Por favor, —dijo, sus ojos rogando, y me paré en seco—. Tengo que irme.
Caminó hacia las puertas mientras yo permanecía de pie en el frente de la casa, viéndola
marcharse. Estaba alejándose de mí. La chica que había conocido por menos de dos
horas, quien me había robado el aliento desde el momento en que la vi por primera vez. Página 23
A quien había besado dos veces en menos de esas dos horas de conocerla… Estaba
alejándose de mí. No solo eso, pensé mientras veía su alta figura esbelta moverse más y
más lejos, si no que esta era la única chica que me había hecho sentir como si hubiese
algo por lo que vivir, algo de valor dentro de mi propia existencia enfocada en mí mismo.
En ese momento, sentí como si hubiera estado durmiendo mi vida entera y de repente
estuviese bien despierto, mirando todo a mi alrededor, absorbiendo todo por primera
vez. Ella fue la primera persona que alguna vez impresionó lo suficiente para
despertarme.
Me dije a mí misma, una y otra vez, que mantuviera una distancia segura en todo
momento. Repetidamente le había dado vueltas a todos los escenarios posibles en mi
cabeza, y me preparé a mí misma para ellos. Para lo que no me había preparado, era para
la forma en que había reaccionado a su toque.
¿Qué había pasado? Las últimas dos horas eran un borrón en mi cabeza. Había salido de
la casa Callaway y esperado afuera por un taxi durante quince minutos. Él no me había
seguido.
Él no me había seguido.
Peiné mi pelo hacia atrás y lo até en una cola de caballo. Caminé hacia la habitación de
Ella y agarré un pequeño paquete de toallitas desmaquillantes de su tocador, sabiendo
que no le importaría. Sentada en frente de su espejo, limpié mi rostro de todos los restos
de maquillaje y lágrimas.
Después de que mi rostro estuvo limpio, regresé a mi habitación y encendí la ducha fría. Página 25
Me deslicé fuera de mi vestido y permanecí bajo la helada agua por un largo tiempo.
Cuando salí, estaba temblando de frío pero limpísima.
Mi madre solía hacer yoga para recomponerse. Recordaba la paz que siempre parecía
encontrar, así que me senté sobre la alfombra con mis piernas cruzadas y tomé varias
respiraciones profundas. El rostro de Neal Callaway flotó en frente de mis ojos, y una
vez más, el pensamiento golpeteó mi cerebro: ¿por qué no me había seguido?
***
No sé cuando comenzaron los sueños. Sé que dormí pacíficamente por varias horas antes
de que ellos comenzaran.
El rostro de Neal flotó en frente de mí, la mirada en sus ojos rogando, diferentes de
cualquier cosa que había visto durante el curso de la noche. Él se estiró por mí, pero me
alejé; lucía tan abatido que estaba avergonzada. El sueño cambió. Vi a mi madre sentada
sobre un tapete, con las piernas cruzadas, en el suelo. Miraba arriba hacia mí, y lloraba:
“¡Mi hija! ¡No corras!” Desperté, jadeando y sudando, con lágrimas en mis ojos.
Volver a dormir no era una opción, así que me levanté. Lavé mi rostro y, una vez más,
alcancé mi cadena de oro, ausente como lo había estado por semanas. Había usado esa
cadena por más de diez años. Mamá me la había dado en mi doceavo cumpleaños.
¿Siempre la estaría buscando?
—Buenos días —respondí, tratando de infundir tanto brillo a mi saludo y sonrisa como
Página 26
fuera posible. El resultado fue un efecto loco con aspecto zombi que Ella eligió no
comentar con el fin de continuar con su humor feliz.
—¿Cómo estuvo tu noche? Y más importante, ¿cómo estuvo tu noche? —Me guiñó y sonrió
al mismo tiempo.
1 Un sedante.
Ella sonrió de nuevo.
Espera. Eso no era una respuesta normal de Ella a mi vaga e insatisfactoria respuesta.
Estaba tan embelesada que no estaba preocupada por mí, lo que era un cambio
agradable. La miré de nuevo y jadeé.
—¡Ella! —Aseguré el café que ella acababa de entregarme—. ¡Tú, pequeña zorra? ¿¡Eso
es un chupetón!?
Volteamos al mismo tiempo, y en la entrada estaba de pie un hombre de algo así como
seis pies, con ni un indicio de ropa sobre su cuerpo. En mi prisa de voltear de nuevo,
apenas me las arreglé para sostener mi taza, aunque con dificultad. Alto, oscuro y
atractivo: definitivamente, este no era Harry del trabajo.
Después de que ella y su… bueno, su lo que sea se fueron, traté de pensar en formas de
mantenerme ocupada. Aún me sentía cansada por la noche anterior, así que me acosté
por un rato. Justo cuando encontré una posición cómoda en mi cama, mi teléfono zumbó.
La sangre hirvió en mis venas. ¿Quién demonios se pensaba que era? Yo no necesitaba
su dinero. Solo lo había hecho porque… ¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué alguna vez Página 27
dejé que Ella me convenciera de hacer algo tan estúpido? A la luz de la conversación de
esta mañana y la aparición de Guy, no era como si su juicio pudiera ser exactamente de
confianza.
Oh.
¿Puedo llevarte a cenar esta noche? Miré en blanco a la pantalla, mi mente aparentemente
en modo de pausa. ¿Así podemos comenzar de nuevo?
Lo pensé por un momento, aunque eso no dio mucho resultado; mi mente estaba tan
vacía como una pizarra.
Café, respondí después de una pausa demasiado larga. A las cinco p.m. Y sorpréndeme.
Puse mi teléfono sobre mi cajón y me acosté de nuevo, pero solo duró varios segundos
también. Demonios, nunca había estado así de obsesionada con mi teléfono, incluso
cuando era adolescente.
Página 28
TIA
A las cuatro y media, estaba lista. Vestía un corto vestido blanco sin mangas de gasa, con
zapatos blancos Louis Vuitton de punta abierta, el último regalo de cumpleaños de mi
madre. Había peinado mi cabello hacia atrás en un moño bajo en mi nuca y usaba un
delgado collar plateado con pequeños pendientes de cristal. Por valentía, había
espolvoreado sombra de ojos blanca en mis párpados y me había puesto brillo labial rosa
fresa. Me miré en el espejo y pensé que lucía bastante encantadora.
Miré por la ventana y lo vi apoyado casualmente contra su coche. Era una principiante
cuando se trataba de coches, pero incluso yo estaba familiarizada con este; había estado
cubriendo todos los anuncios en periódicos y en carteleras: un BMW i8, en negro. Y la
única cosa más caliente que el coche, era el hombre inclinado contra él.
Neal vestía pantalones color crema con una ligera camisa color beige. Sus mangas
estaban enrolladas, y los botones frontales de su camisa estaban abiertos para capturar
la ligera brisa de la tarde. Con un par de gafas de sol oscuras, parecía un modelo a la
fuga. Mi corazón saltó un latido. Obligué a mis piernas a moverse; podría ver esta vista
por siempre.
Sorteé las escaleras muy cuidadosamente; no usaba tacones a menudo. Mientras salía
por la puerta frontal, Neal miró hacia arriba desde su teléfono celular y se sacó sus gafas
de sol.
Contrólate, me regañé de nuevo. Esto no era bueno. Ni siquiera cinco minutos juntos, y
ya había sentido la necesidad de regañarme a mí misma dos veces. ¿Y quién era esta
maniática hormonal en la que me había transformado tan pronto como apareció este
hombre? Deseaba haberme puesto algo más prudente, como un par de vaqueros y una
camiseta con mangas largas. Era extrañamente consciente de que él podría notar la piel
de gallina en mis miembros.
Él lucía mucho más relajado junto a mí. Por un segundo, me molestó. Era difícil de creer
que este era el mismo sujeto que había perdido todo el control la última vez que
habíamos estado juntos.
Me miró.
—Sí, por supuesto. Estaba… Solo estaba pensando sobre si apagué o no las luces de mi
habitación antes de irme. —Pobre, lo sé, pero era la única falsa excusa que se me ocurrió.
—No, no en realidad. —Mi rostro se enrojeció—. Pero me gusta pensar que me preocupo
sobre el medio ambiente y la preservación de recursos, esa clase de cosas. —Piel de
gallina y ahora un rostro rojo como tomate. Gracias a Dios, él estaba conduciendo y no
podría mirarme.
—Admiro eso. Respeto a las personas que se interesan sobre esa clase de cosas —dijo.
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—Así que, ¿a dónde vamos? —pregunté, impaciente por cambiar el tema.
—Oh, lo descubrirás muy pronto. —Sus ojos se arrugaron, y se vio tan increíblemente
guapo que mi cuerpo automáticamente se relajó.
—Veámoslo, entonces. —Sentí las esquinas de mi boca elevarse y noté que, por alguna
razón, sonreír se estaba volviendo fácil de nuevo.
***
Media hora más tarde, estacionamos fuera de una bodega de comienzos del siglo veinte
en el distrito de Depot. A pesar de haber pasado toda mi vida en Richmond, nunca había
visto este lugar antes. Una construcción vintage de ladrillos rojos, con ventanas
cuadradas que instantáneamente atraía a los visitantes. Sobre puertas de madera café
con lámparas de aspecto antiguo, el cartel frontal leía Ghyslain, y debajo, Chocolates, Café,
Pastas, Helado. Mi excitación burbujeó y me hizo sentir cálida por dentro; el deleite debía
estar a la vista sobre mi rostro.
Neal me miró de cerca por mi reacción. Tan pronto como sonreí, sus rasgos se relajaron
en una sonrisa.
—Tenía el presentimiento de que eras un poco aficionada a los dulces, especialmente por
el chocolate —dijo—, y no quería hacer algo demasiado extravagante, como llevarte en
avión a Zurich, por temor de que pudieras ofenderte. Lo que, por nuestra conversación
por mensaje, noté que haces fácilmente.
—No, esto es perfecto. Y no me ofendo con facilidad. La mayoría del tiempo —dije con
una sonrisa. El lugar era perfecto. Una combinación vintage, hogareña, dulce, y con-los-
pies-en-la-tierra… ¡Dios sabe que odio la extravagancia!
—Este es uno de mis lugares favoritos en Indiana —continuó Neal—, pero espera hasta
que realmente estés dentro. Vas a amarlo.
Supe de lo que estaba hablando tan pronto como pasamos a través de las puertas de
madera. Este lugar era un paraíso para los amantes del chocolate; ¿cómo no había
conocido esto durante todo este tiempo? Había hileras e hileras de chocolates artesanales
de alta cocina en exhibición sobre los mostradores, masas y chocolates que eran trabajos
de arte, todas perfectas esculturas en miniatura. Desde estrellas de ocho puntas
jaspeadas a un trineo de Santa –completo con renos y regalos–, a mini pianos, violines,
animales con sus crías, y modelos de monumentos históricos. Contemplé todos con
asombro como un niño embelesado, ajena a la entretenida expresión en el rostro de Neal.
¡Ahora este era mi lugar favorito en esta ciudad!
Salimos del Ghyslain un par de horas más tarde. El viento soltó varios mechones de Página 31
cabello de mi moño y los azotó alrededor de mi rostro tan pronto como salimos del cálido
café con esencia a chocolate. Traté, sin mucha suerte, de empujarlos tras mi oreja,
sintiéndome cálida y feliz. Neal estiró una mano para ayudarme con mi cabello, pero se
controló a sí mismo a mitad de camino. No podía decidir si estaba feliz o infeliz de que
se hubiese detenido.
—Hay un lugar más que me gustaría mostrarte esta noche, si te gustaría ir —dijo cuando
estábamos de regreso en su coche a salvo.
—No, no. Me encantaría ver lo que sea que es —murmuré, tratando de sonar más
despreocupada.
Él condujo por un poco más de media hora hasta que estábamos bien a las afueras de la
ciudad. El sol se había puesto y la noche estaba cayendo rápidamente. Estábamos
teniendo un buen momento, riendo y hablando sobre algunos de nuestros artistas
favoritos. Tenía que admitir que él sabía cómo mantener el ambiente ligero. Si saliese
con alguien, excepto con él, probablemente estaría un poco nerviosa a estas alturas. En
su presencia, me sentía a salvo. Este pensamiento me dejó sintiéndome cálida y confusa
en el interior.
El cielo a las afueras de la ciudad era de una sombra más profunda de azul, y las estrellas
estaban comenzando a salir cuando finalmente se detuvo en la entrada de lo que lucía
como un gran estadio de soccer2. Estaba aturdida. ¿Qué estaba haciendo un estadio de
soccer en el medio de la nada, y qué íbamos a hacer en un estadio de soccer en el medio
de la nada?
—Está todo bien —dijo lentamente—. Soy dueño de este lugar y quería enseñártelo.
Estacionamos junto de la entrada del personal, y Neal golpeó una serie de números en
un teclado afuera de la puerta. Después de un clic, Neal tiró de la puerta, la cual se abrió
fácilmente, y me hizo señas de que entrara tras él. El interior era una sala de control de
alguna clase; Neal deslizó un interruptor y caminó hacia un panel, deslizó varios
interruptores más, y el estadio entero se iluminó.
El lugar era enorme. Realmente no era una fanática de los deportes y nunca había estado
en un estadio antes, pero estaba bastante segura de que el vacío hacia que el lugar luciera
Página 32
incluso más gigantesco de lo que era en realidad. El enorme campo estaba rodeado por
hileras e hileras de asientos en todos los lados. Fascinada por lo enorme del lugar, miré
asombrada hasta que él habló.
—¿Te gustaría ir al campo central? La mejor vista es desde allí —me preguntó Neal.
Asentí y lo dejé dirigirme por el camino de escalones hacia una puerta. Caminamos al
centro del estadio, y giré en círculos, mirando todo.
—Mi padre lo construyó para mí cuando tenía catorce años —explicó Neal—. Solía
preocuparme que no hubiera un buen lugar para jugar soccer con mis amigos en la
ciudad. Él tuvo a constructores viniendo desde Emirates, y terminaron este lugar en un
2 Fútbol
año. Eso, como sea, no es el por qué quise traerte aquí. —Él la miró—. ¿Te quedarías aquí
por un momento?
Permanecí en el centro mientras Neal corría de regreso y apagaba todas las luces. El
estadio estaba tragado en la oscuridad, pero pronto, la noche estrellada comenzó a hacer
notable su presencia. Mientras mis ojos se ajustaban, miré hacia el suelo y a la gigante
estructura toda a mi alrededor, bañada en la ligera luz de las estrellas. Miré arriba y me
quedé sin palabras. Nunca antes había visto un cielo nocturno tan claro o estrellas tan
deslumbrantes en mi vida.
—No estás asustada, ¿o sí? —preguntó, su voz espolvoreada con preocupación genuina.
—No del todo. Estoy fascinada —suspiré, mi voz tan tranquila que él se inclinó más
cerca para oírme.
Tomó mi mano y tiró hacia abajo para sentarnos sobre el césped. Reí por la estupidez de
esto y la pura sensación alegre que traía.
—No jugué mucho aquí cuando crecía —comenzó suavemente—. Solía estar lejos de
Richmond la mayor parte del tiempo, primero hospedado en la escuela y luego la
universidad. Como sea, las noches en que necesitaba alejarme de mi familia y aclarar mi
cabeza, vendría aquí. Me acostaría, justo donde estamos sentados ahora, y miraría el
cielo por horas. Solía calmarme e inspirarme al mismo tiempo.
Me acosté hacia atrás un poco, apoyándome sobre mis codos mientras lo escuchaba
hablar. Él hizo lo mismo.
—Sin embargo, no he venido mucho por aquí en los últimos años, —continuó—. Nueva
York te envuelve y te traga. —Él rodó a un lado y me miró, su cabeza descansando sobre
su palma—. Nunca antes me sentí bien compartiendo este lugar con alguien. Este es mi
espacio, estas noches estrelladas mi refugio… Pero al momento en que te conocí, sabía Página 33
que había conocido a la persona a la que me gustaría traer aquí y con quien compartir
estas noches.
Estaba sorprendida por sus palabras. Había sido tan controlado, tan cuidadoso conmigo
esta tarde. ¿Estaba lista para esto? Mi malestar con él había desaparecido cuando me
introducido a su mundo privado y compartido conmigo la magia de este lugar. El
estadio ya no era un estadio para mí, tampoco.
El recuerdo del beso en el coche de anoche, y de nuevo más tarde en la casa Callaway
me inundaron de nuevo, junto con cada sensación asociada con eso. Mis dientes se
enterraron en su delicioso labio inferior, y gemí excitada.
Sus dos manos estaban sobre mis pechos ahora, acunándolos tiernamente. Después de
varios segundos, mientras mis duros pezones empujaban contra el delgado vestido de
gasa, sus dedos hicieron contacto con ellos. Los acarició, entonces tomó el derecho entre
su pulgar e índice y tiró de él. Mientras otro gemido escapaba de mis labios, sentí la
humedad hacer una piscina entre mis piernas.
Cuando gemí, él deslizó hacia abajo uno de los tirantes de mi vestido. Traté de ayudarlo
a arracándomelo, pero sostuvo mi mano y procedió a hacerlo lentamente, acariciando
mi cuello y hombro con sus labios mientras bajaba.
Estaba débil y temblando con deseo. Él se tomó su tiempo para bajar mi vestido. Su boca
encontró mis pechos. Dejando gentilmente un rastro de besos hacia abajo al derecho,
tomó el pezón entre sus labios. Sentí su lengua acariciando, jugando, y burlándose de la
sensible carne. Mientras jadeaba –fuera de mí con una ráfaga de extrañas sensaciones
maravillosas– oí un gruñido emergiendo de su garganta.
Puso su mano entre mis piernas, probando la humedad con sus dedos. Mi cuerpo
respondió a su toque como si hubiera liberado un golpe eléctrico. Deslizó su dedo dentro
de mí.
Estaba fuera de mí. Nunca antes había sentido nada como esto. Olvidé todo a mi
alrededor. Solo existíamos los dos aquí, en este momento, el mundo a nuestro alrededor
era un borrón, y todo era tan intensamente doloroso. Sentí como si mi cuerpo pudiera
destrozarse en un millón de pequeños fragmentos, y le daría la bienvenida.
Empujó su dedo más profundo en mi interior, e instintivamente, abrí más mis piernas,
invitándolo a entrar. Mientras un segundo dedo se deslizaba dentro de mí y los movía
en pequeños movimientos expertos, mi cuerpo entero se sacudió con deseo. Respirar era
extrañamente difícil. Suspiré su nombre.
Sacó sus dedos, y trepé sobre él. Podía sentirlo duro contra mí… duro como una roca.
Ya no podía contenerlo más. Tenía que tenerlo.
Comencé a desabotonar sus pantalones, pero era casi imposible con mis dedos
temblorosos. Neal se encargó y lo hizo por mí, abriéndolos de un tirón. Su polla se paró
recta, y con la simple visión de ella, sentí la humedad crecer entre mis piernas.
Neal puso su mano entre mis piernas, abriéndolas más. Estaba resbaladiza con
anticipación, y el más ligero toque suyo se sentía como pequeñas ondas de estática
ondeando a través de mi cuerpo. Ayudando, abrí más mis piernas e hice espacio para él.
Lo quería tanto que mi mente había perdido toda razón y pensamiento coherente.
Entró en mi coño desde abajo, su estocada siendo más fácil por mi resbaladizo canal.
Pude sentir su polla hincharse incluso más cuando entró en mí. Comenzó a moverse con
lentos empujes, entrando más profundo en mi interior con cada golpe. Inicialmente, se
movió lentamente, sus movimientos enfocados pero intensos. Pero cuando comenzó a
entrar suavemente dentro de mí, sus movimientos se volvieron más implacables.
Encima suya, me moví con él, mi cuerpo se deleitó en la sensación de él dentro de mí.
Me incliné y nos besamos duramente, sus dientes enterrándose en mi labio inferior y
tirando. Nuestros movimientos se coordinaron y se volvieron más rítmicos. Lentamente,
comencé a sentir la presión construyéndose en mi interior.
Nos corrimos al mismo tiempo, mi cuerpo haciéndose añicos mientras llegaba al clímax
en el momento exacto en que lo sentí liberarse dentro de mí. El universo pareció haber
explotado en un millón de pequeñas piezas, fragmentos del profundo cielo negro sobre
nosotros astillándose y lentamente, muy lentamente, volviendo de regreso en su sitio;
reuniéndose para hacer una perfecta noche estrellada, un universo perfecto una vez más.
NEAL
Aún estaba oscuro cuando desperté. Sin embargo, el azul del cielo tenía una tonalidad
más brillante que el profundo azul oscuro de más temprano. Tia estaba dormida,
acurrucada bajo mi brazo sobre el suelo.
La miré, y mi corazón se llenó con calidez de una forma que nunca antes había
experimentado. Parecía tan pequeña y hermosa dormida, sus labios separados un poco,
su cabello suelto, mechones rizados cayendo sobre su rostro, haciéndola lucir tan
increíblemente guapa que mi corazón dolió.
Mi corazón dolió.
Lo que pasó anoche no fue bueno. No fue justo, no para ella. Se merecía mucho más,
algo mucho mejor. Y, asombrosamente, quería darle esas cosas. Pero no sabía si ella me
dejaría. Estaba inmerso en esos pensamientos cuando se movió. La miré mientras abría
sus ojos, parpadeando varias veces, y mirando alrededor.
En ese instante, mientras me miraba, vi algo cambiar profundamente en sus ojos. Como
una llama que siempre había estado presente. Entonces, de repente, cuando registró
algo, se fue.
Su voz tenía un timbre cantarín que me hizo desear que continuara hablando, así podría
oírla por siempre. Pero sus palabras y la forma en que las dijo hicieron que mi corazón Página 36
doliera de nuevo. Nunca había experimentado tal amarga angustia en mi vida. Quería
acunar su rostro en mis manos, besarla y pedirle –rogarle– que se quedara conmigo, pero
no podía. Tenía que hacer lo que me pidió. Tenía que respetar lo que ella quería.
—Lo que quieras, Tia —respondí solemnemente antes de besar su frente y levantarme.
Le ofrecí mi mano, pero no la tomó. Se levantó por su cuenta, y juntos, en absoluto
silencio, caminamos hacia las puertas.
Los pájaros comenzaban a cantar, y su canto incesante apenas se registró a través del
silencio entre nosotros. Sin embargo, una vez que estábamos en el coche, no había más
sonidos de la naturaleza para distraernos del silencio que se estableció entre nosotros
como un elefante blanco gigantesco. Puse el coche en marcha y salí. Por el rabillo del ojo,
noté a Tia tirando del dobladillo de su vestido, como si intentara cubrir más de sus
piernas. La angustia que había sentido se convirtió en frustración. Me mordí el interior
de mi mejilla y seguí conduciendo.
Ninguno de los dos habló durante el viaje. El camino de regreso a la cuidad fue
completamente vacío al amanecer, y la ciudad misma aún estaba dormida cuando
llegamos. El sol acababa de comenzar a extenderse sobre el horizonte, e incluso los
corredores mañaneros no habían aparecido aún en las calles. Tia enfrentó la ventana
lateral durante el viaje, y yo miré hacia delante. Cuando me paré frente a su edificio de
apartamentos, me giré para mirarla.
Ella me miró a través de sus largas pestañas por una fracción de segundo antes de mirar
abajo de nuevo.
—Bueno, yo… um… te veré. —Su voz fue suave, como antes. Abrió la puerta y salió del
coche.
Página 37
TIA
Lo había arruinado. ¡Demonios! Lo había arruinado a lo grande.
Noté esto en el momento en que desperté sobre la húmeda tierra con césped bajo un cielo
abierto en brazos de Neal. Quizás el entendimiento había estado allí mientras dormía,
aunque no puedo decir mucho sobre eso. Si estaba siendo honesta conmigo misma, allí
afuera sobre el frío césped húmedo, había sido el mejor reposo que había tenido en
semanas, quizás meses. Estar con él se había sentido tan bien, y me había sentido cien
por ciento segura de mí misma. Solo después de que desperté había sido golpeada por
un terrible entendimiento.
Esta era nuestra segunda –la primera oficial– cita. Solo comenzábamos a conocernos el
uno al otro, y lo había arruinado todo acostándome con él.
Tomé una profunda respiración, mi cabeza enterrada profundo en una almohada sobre
mi cama.
Para una persona con su reputación, debería haber tomado mucho más que dos citas
para cambiar mi percepción de él. Antes de incluso pensar sobre lo que habíamos hecho,
debí haber estado segura de él en cada sentido. Tenía que saber lo que realmente sentía
por mí, qué intenciones tenía.
Esa era la parte sobre la que más estaba confundida. ¿Quién tenía la culpa –o quién era
más culpable– por habernos acostado juntos?
Pero él no había hecho nada para detenerme. A pesar de su cuidadoso control a lo largo
de la tarde entera, él se había rendido casi tan fácilmente como yo.
***
Cuando desperté, el sol estaba entrando a raudales a través de mis cortinas abiertas. Mis
ojos se resistieron cuando traté de abrirlos. Frotándolos, aparté las sábanas y las dejé a
un lado. Aún estaba usando el vestido blanco que había usado la noche anterior. Rodé a
un lado y, en el espejo de cuerpo completo junto a mi cama, vi que la espalda estaba
manchada con suciedad y césped. Qué lástima. Este era uno de los pocos vestidos
bonitos que tenía.
Me saqué el vestido por la cabeza y me miré en el espejo. Hice una mueca a mi reflejo en
bragas y sujetador rosa, notando cómo mi complexión naturalmente más oscura –
heredada de mi padre colombiano– no ocultaba cuan increíblemente pálida lucía.
Me levanté y cerré las cortinas. Me quedé de pie frente al espejo para darme un buen
vistazo, esperando, creo, que sentarme en la cama con ojos hinchados pudiera haber
hecho que las cosas lucieran peor de lo que realmente eran.
Lucía pálida. Había pasado la mayor parte de los últimos años dentro de casa con mi
madre, y me pregunté cuánto tiempo había pasado desde que mi cuerpo realmente había
visto el sol.
La parte trasera de mis bragas también tenían manchas de césped. Me las saqué y las
lancé sobre mi cama junto a mi vestido, y me dirigí hacia el baño. Me duché durante
media hora, luego, sin prisa, sequé mi cabello por otros quince minutos, trabajando duro
para pensar en cualquier cosa excepto en Neal. Cuando finalmente me arrastré fuera del
baño, me puse un par de vaqueros limpios y una camiseta, y fui a hacer mi maldita
colada de la noche pasada.
Lo juro, he comenzado a interesarme en ti en una forma en que nunca me interesé por nadie.
¿Crees que merezco esto?
Un pensamiento surgió en mi mente: ¿Por qué me llevó a ese estadio vacío en primer lugar?
***
Por el resto del día, trabajé duro en distraerme. Después de comer algo para almorzar,
me acurruqué en el sillón de la sala de estar y releí mi vieja y harapienta copia de Orgullo
y Prejuicio, uno de mis clásicos favoritos. Podría releerlo miles de veces y aún estaría tan
afectada como la primera vez que lo leí.
Siempre había estado asustada de ser la mujer que pusiera sus emociones en segundo
lugar. Estaba asustada de descuidarme y de ser presionada a volverme alguien que no
quería ser. Mi madre, a pesar de que pasó su vida tratando de convencerse lo contrario,
se había llevado el dolor de la infidelidad de mi padre hasta la tumba. Deseé que hubiese
salido y conocido a otro hombre, que fuera feliz y encontrara la alegría en su vida lejos
de mí, pero no fue así. E incluso aunque sabía todo esto, aún no podía culparme por algo
de eso. Creía en cumplir mis responsabilidades conmigo misma, y sucumbir a la culpa
de un niño-de-divorcio o la culpa del sobreviviente no eran una de ellas. Mamá había
tomado sus propias decisiones en la vida, unas que yo no había influenciado activamente
en ninguna forma, y yo era libre para tomar las mías.
Había estado mirando en blanco a una página por un tiempo, sin leer ni una palabra. En
mi mente, había estado yendo en círculos hasta que llegué a la clara conclusión de lo que
necesitaba.
Tomé mi teléfono. No había recibido más llamadas de Neal. Abrí sus mensajes de texto
y escribí una respuesta.
Neal, no puedo darte una explicación ahora mismo porque no creo tener una explicación para mí
misma aún. Todo lo que sé es que no veo nada pasando entre nosotros, y quiero que me dejes sola.
Me sentí más segura una vez que presioné "enviar" de lo que me había sentido en todo
el día, pero mi seguridad se destrozó en un millón de pequeñas piezas cuando un minuto
más tarde, mi teléfono sonó y vibró al mismo tiempo. Neal estaba llamándome, y no
quería hablar con él. Dejé el teléfono sonar mientras tomaba profundas respiraciones
relajantes. Varios segundos más tarde, dejó de sonar y un mensaje de texto apareció en
mi pantalla.
Él se tomó cinco minutos para responder, y su mensaje contenía solo una palabra: OK.
Página 41
TIA
No supe nada de Neal por el resto de la semana, tampoco sonó la aplicación de mi
teléfono. Regresé a la búsqueda de trabajo y un día, Colleen Mitchel, una vieja amiga de
la universidad, me llamó. Me preguntó si podía escribir algunas reseñas de pinturas para
un prometedor artista como trabajo autónomo y, desesperada por tener algo que hacer,
tomé el trabajo. Un fin de semana pasó tranquilamente, y Neal estaba haciendo un buen
trabajo dejándome sola. También vi a Ella cada vez menos. Ella y Guy estaban pasando
muchísimo tiempo juntos, y ella apenas estaba en casa.
Pensé que mi mente estaría mejor enfocada sin él alrededor para distraerme, pero estaba
equivocada. Ahora, estaba incluso más confundida, si es posible, que cuando le pedí que
me dejara sola. Un recuerdo destelló a través de mi mente, brillante y repentino como
una estrella fugaz; Neal besando mi cuello en el estadio. En lugar de tratar de alejarlo,
me acosté allí, dejando que se reprodujera.
Mi cuerpo reaccionó con confusión y caos, como lo había hecho antes. El recuerdo de su Página 42
esencia se arremolinó a mi alrededor, formándose en algo muy real y tangible hasta que
pude probarlo en mi lengua.
Deslicé una mano dentro de mis pantalones. Mis dedos se enredaron en el suave cabello
de mi montículo, y un recuerdo fresco de los dedos de Neal en el mismo punto exacto
barrió sobre mí. Cerré mis ojos, dejando que me empapara. Entonces, llegó el recuerdo
de su palma entre mis piernas, obligándome a separarlas, y con eso, automáticamente,
mis piernas se separaron. Mis pequeños dedos tocaron mi clítoris, y temblé en respuesta.
Me toqué una y otra vez, mi mente llena con pensamientos de Neal. Pronto, una ola de
placer comenzó a inundarme y, cuando acabó, me relajé de nuevo, sintiéndome mejor
de alguna forma. Recogí mi teléfono y casualmente miré mis mensajes y aplicaciones,
esperando que el teléfono sonara. Sin prestar atención, abrí mi monitor del período, una
aplicación en mi teléfono que monitoreaba mi ciclo mensualmente. Me pidió que
confirmara que mi periodo había comenzado hace cuatro días atrás. ¡Mierda! ¡Estaba
atrasada cuatro días!
Página 43
NEAL
Volé de regreso a Nueva York más de una semana después de que me dijera que la dejara
en paz.
Se sentía extraño solo irse. Había encontrado a la persona que encendía esta feroz pasión
dentro de mí y no iba a pelear por ella.
Al momento en que conocí a esta chica, al momento en que puse mis ojos sobre ella, supe
que una relación con ella sería difícil, diferente y aterradora. Lo que había fallado en
anticipar era que ella me diría que la dejara en paz.
Desde el momento en que la conocí, había pensado incesablemente sobre qué estaba
pensando o sintiendo ella. Quería entrar en su cabeza y descubrir sus pensamientos.
Quería aceptar, ser dueño y abrazar cada fibra de su ser, cada pequeño pensamiento que
se desarrollaba en su cabeza.
Había pasado la noche entera pensando una y otra vez en los planes para una cita
perfecta, una planeada y arreglada, específica y solamente para ella. Había pasado por
mil escenarios en mi cabeza. Quería hacer algo grande y extravagante, quería hacer un
charco de mis riquezas a sus pies para nuestra primera cita real, pero no pude. Observé,
durante el pequeño tiempo que había pasado con ella, que no era una fanática de la
suntuosidad y la extravagancia; así que, lo que sea que planeara tenía que ser simple y
perfecto. Justo como ella.
Miré afuera por la nublada ventana mientras mi avión aterrizaba en el JFK. El aeropuerto
estaba lleno de personas a esta hora de la noche, pero no me importaba ninguno de ellos.
A la única persona que había conocido y por quien me preocuparía incondicionalmente, Página 44
la había dejado atrás.
***
Una vez que me establecí de regreso en Nueva York, intenté regresar a mi rutina normal,
pero era más fácil decirlo que hacerlo. La primera mañana, cuando tuve que regresar al
trabajo, Rashida, mi ama de llaves, abrió las persianas de mi habitación a las ocho en
punto, justo como siempre lo hacía, y justo como yo le había instruido que siempre
hiciera. Jalé los cobertores sobre mi cabeza mientras la luz del sol se derramaba en la
habitación.
Hoy, la luz del sol invernal quemaba a través de mis ojos y dentro de mi cráneo, el cual
amenazaba con explotar con la posibilidad de tener que levantarme y enfrentar a otro
ser humano. Me quedé en la cama por un rato. Para el momento en que decidí
levantarme y salir, no podía decir si había estado acostado allí por cinco minutos o por
una hora.
Aparentemente, habían sido dos horas. El pequeño despertador sobre mi mesa de noche
mostraba las diez a.m., y tropecé alrededor vistiéndome como si tuviera resaca.
—Gracias, Rashida. Solo me llevaré un café conmigo —le dije, mientras caminaba hacia
el baño para cepillar mis dientes.
Ella me detuvo.
Usualmente, comía un desayuno completo a las 8:30 en punto; solo café era muy distinto
a lo normal.
Miré su desconcertada expresión y dije: —Estoy bien, gracias. Hoy solo será café.
Dejó la habitación, mirando hacia atrás una vez más para comprobarme. Fruncí el ceño
tras ella, esperando que no metiera algo de suplemento vitamínico a escondidas en mi
café. Rashida se preocupaba por mí silenciosamente, asegurándose de que comiera bien Página 45
y no estuviera enfermo. La amaba por eso y le pagaba generosamente también.
Para el momento en que dejé la casa, había decidido que no estaba listo para ir a trabajar.
Tenía un confiable y eficiente equipo, y estaba seguro de que serían capaces de manejarse
sin mí muy bien por un día. Solo me había ido por una semana.
Le dije a mi chofer que condujera a Lily, un bar abierto toda la noche en la Avenida
Lexington, uno de mis favoritos en Manhattan. Lo cierto es que nunca había estado allí
a esta hora de la mañana.
Una vez dentro, me senté en la barra y saqué mi teléfono de mi bolsillo. Había varios
correos relacionados con el trabajo por los que me deslicé perezosamente y respondí.
Además de esos, encontré otro par de invitaciones a diferentes fiestas, pero nada más.
Me senté allí, mirando a mi teléfono por un largo tiempo, hasta que el camarero sintió la
necesidad de dejar las Obras Completas del Marquéz de Sade que estaba leyendo, y se
acercó. Ordené un martini de ginebra.
Estaba cansado y confundido. Una semana sin ella no había ayudado a aclarar mi cabeza
en absoluto, y ya no estaba seguro de nada. Era un hombre diferente al que había sido
cuando volé hacia Richmond ese viernes por la tarde.
El camarero trajo mi bebida, la cual puso en la mesa, intacta, mientras trataba de reunir
el caos que describían mis pensamientos ahora mismo.
¿Debería llamarla? La voz dentro de mi cabeza pareció fuerte. ¿Debería llamarla? ¿Debería
pedirle una explicación? ¿No tengo derecho a hacerlo? No sabía qué hacer.
Ella te pidió que la dejaras en paz, la misma voz hizo eco perversamente dentro de mi
cabeza.
Sí, ella me pidió que la dejara en paz. Una cosa de la que había estado seguro desde el
momento en que la vi, era su vulnerabilidad. En nuestra cita, ambos habíamos intentado
pasar un buen rato y hablar solo de cosas placenteras. Yo había querido saber más
sobre… Demonios, quería saberlo todo sobre ella, pero me había dicho a mí mismo que
esperara. Sabía que ella estaba teniendo un buen momento, y quería que permaneciera
así. Quería que siguiera sonriendo. Había trabajado duro, con cada fibra de mi ser, para
ser el total opuesto del hombre que siempre había sido. Toda esa mierda de cultura
popular sobre notar cuando la persona indicada llega a tu vida y todo cambia
mágicamente… ¡Lo había experimentado! Tan pronto como ella había entrado en mi
vida, todo había cambiado, solo en cuestión de horas.
Página 46
El sábado a la noche, cuando le pedí una cita apropiadamente, había sido un hombre
diferente.
La puerta del bar se abrió, y oí la voz de una mujer seguida por otra. Saqué algo de
dinero de mi billetera y lo puse junto al trago intacto en la barra. Mientras me levantaba
para irme y voltear, vi a una mujer de pie en la puerta, su rostro hacia el otro lado, su
largo cabello café flotando tras ella. Tenía que ser ella.
—¡Tia! —grité.
Sabía a dónde necesitaba ir. Solo había un lugar en la tierra en el que necesitaba estar
ahora mismo.
***
Todd me recogió en el aeropuerto municipal de Richmond esa tarde.
Su curiosidad por mi rápido regreso era clara en su rostro, pero profesional hasta el
corazón, no dijo nada excepto un saludo educado. Yo había escogido personalmente a
Todd para este puesto y me agradaba porque nunca pronunciaba ni una sola palabra
innecesaria. La última cosa que necesitaba era a alguien hablando en mi oído justo ahora.
La seguridad que había sentido esta mañana al irme de Nueva York y regresar a Página 47
Richmond había desaparecido durante el vuelo, reemplazada por el similar debate
incesante que había tomado lugar mientras me sentaba en la barra esta mañana. ¿Debería
o no debería? No había comido en todo el día, y un leve dolor estaba comenzando a
formarse en el lado derecho de mi cabeza.
Mientras entraba en la casa de mis padres, el ama de llaves, Dora, me saludó. Ella le
preguntó a Todd si había algún equipaje y me informó que mi padre estaba fuera de la
ciudad y mi madre estaba en el comedor.
Mi dolor de cabeza estaba volviéndose peor con cada segundo que pasaba.
Cautelosamente, caminé hacia el comedor. Mientras me acercaba, oí el inconfundible
sonido de mujeres chillando con risas. Asombroso. Abrí la puerta, y en mi estado
aturdido, tuve que mirar dos veces. Alisha Banks estaba sentada en la mesa, junto a mi
madre.
—Neal, mi querido hijo —arrulló mi madre—, ¡qué encantador es tenerte de regreso tan
pronto! —Permanecí paralizado, mirando a Alisha, así que mi madre aclaró su
garganta—. ¡Ah, sí! Alisha va a quedarse con nosotros por un tiempo —dijo alegremente,
y a pesar de que ella, de alguna forma, realmente sonaba feliz con la posibilidad, el
elemento de pretensión que llenaba el noventa por ciento de su tono aún se las arreglaba
para emerger.
Así que ella estaba deprimida en la gran y mala Nueva York; sí, claro. Cuán jodidamente
original. Y yo había olvidado que, por un tiempo, la madre de Alisha, Malika, fue una
querida amiga de mi madre. Tal para cual…
Esto era bizarro. Mi madre nunca estaba muy preocupada sobre mi bienestar. Ella nunca
había sido muy buena criándome. Como sea, siempre y cuando fuera capaz de evadir el
comer con esta compañía...
Tomé una larga ducha caliente y estaba considerablemente más relajado cuando salí del
baño. Me paré en frente del espejo, usando solo una toalla envuelta alrededor de mi
cintura y secando mi cabello, cuando hubo un golpe en la puerta.
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—Entra —dije. La puerta se abrió y Dora apareció, llevando una bandeja con la cena,
seguida por Alisha. El ama de llaves sirvió la bandeja—. Gracias, Dora —dije mientras
ella dejaba la habitación.
—Hola —dije, volteando para enfrentar el espejo. No iba a vestirme, y ella no iba a irse.
—¿Cómo estás? —preguntó.
Miré su imagen en el espejo y vi que sus grandes ojos de cordero de dibujos animados
estaban genuinamente amplios por la preocupación. Esto me tomó por sorpresa.
—No me mientas, Neal —dijo, poniéndose de pie y caminando hacia mí—. Sé que no lo
estás. Siempre he sido capaz de ver eso en ti con mucha facilidad. —Puso sus brazos
alrededor de mis hombros, desde atrás, y miró a mi rostro en el espejo.
Comenzó a acariciar mi hombro desnudo con sus labios. Luego hizo una paisa, inhaló la
esencia de mi cuerpo, y lamió la piel expuesta con su lengua. Bajo la toalla, me endurecí.
La mano de Alisha se deslizó al frente de la toalla y por debajo de ella. Acarició mi polla,
dándole un apretón.
Estaba más duro ahora, adecuadamente excitado, mi mente más distraída de lo que lo
había estado en las últimas cuarenta y ocho horas. Aun así, no sentí la típica euforia o
adrenalina de cuando me excitaba. El disgusto se dispersó a través de mis venas, junto
con un profundo asco.
La agarré por la cintura y la puse de pie en frente del espejo, su espalda contra él. Con
mis manos, rompí el pequeño vestido de seda que usaba. Los enormes pechos de Alisha
salieron tan pronto como rasgué su vestido. Ella no estaba usando un sujetador. Sus
pezones eran más grandes y oscuros que los de Tia.
Sacudí mi cabeza ligeramente. Alisha estaba usando unas delgadas bragas rosas de
encaje. Las rasgué con mis dientes. Comparada con Tia, Alisha era mucho más Página 49
curvilínea.
—Date la vuelta —le dije a Alisha. Ella obedeció, volteando para enfrentar el espejo—.
Inclínate —ordené.
Se inclinó, sus largos rizos rubios cayendo sobre sus hombros, tocando sus pechos y
cosquilleando sus pezones, los que se arrugaron con excitación. Los recordaba de mis
días de universidad. Tan pronto como pensé sobre la universidad, el recuerdo de Alisha
durmiendo con mis amigos regresó a mí, ardiendo al rojo vivo. El asco bombeó más duro
a través de mis venas.
Puse mi mano entre sus piernas, abriendo sus piernas a lo ancho, sin piedad. Oí algo
parecido a un siseo o un sollozo escapando de sus labios, pero ella obedeció
ansiosamente. La abrí tan amplio como pude y entré en ella desde atrás, empujando
severamente, tan duro como podía.
Por un momento, tan pronto como estuve dentro de ella, mis pensamientos se
distrajeron. En frente de mí, Alisha empujó hacia atrás, su trasero sobresaliendo incluso
mientras empujaba más profundo en su interior. Hice una pausa y miré al espejo en
frente de nosotros. Su rostro estaba jodido y pequeñas gotas de sudor habían aparecido
en su frente.
—Voy a follarte, Alisha Banks —siseé. Ella gimió en respuesta, y cubrí su boca con mi
palma. Más y más profundo, empujé en ella hasta que la presión familiar comenzó a
construirse dentro de mí.
La expresión de Alisha lucía cansada. Las gotas de sudor que habían aparecido en su
frente estaban cayendo por su rostro y hacia sus pechos ahora. Sus pezones, si era
posible, lucían incluso más grandes y duros que antes, sus pechos hinchados.
Cuando finalmente me vine en su interior, tomé una profunda respiración y supe que
no estaba ni cerca de terminar.
La volteé y, como si ella pudiera leer mi mente, se dejó caer sobre la mesa en frente del
espejo. Arrastrándome más cerca, con sus brazos alrededor de mi cuello, abrió sus
piernas y las envolvió alrededor de mi cintura.
Entré en ella por delnte esta vez, y apretó sus piernas a mi alrededor. Mis manos
agarraron sus grandes pechos, apretando duro sus pezones entre mis dedos,
castigándolos. Sostuvo mi cabeza contra su hombro, sosteniéndome con una fuerza
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increíble y moviéndose conmigo para mantener el ritmo. Cuando me moví más rápido,
sus piernas se apretaron a mi alrededor hasta que estuve mareado; no quedaba ni un
pensamiento obstinado en mi mente.
Se levantó cuando terminé, recuperando su sitio sobre la mesa en frente del espejo, su
espalda hacia el espejo y sus piernas envueltas alrededor de mi cintura. Puso mis manos
firmemente sobre sus pechos y me dejó entrar de nuevo.
Sosteniendo mi cabeza contra su hombro una vez más, sus dedos en mi cabello, susurró
en mi oído: —Está bien, todo está bien. No estás solo.
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TIA
Mi periodo estaba atrasado dos semanas.
Nunca jamás en la vida había estado así de atrasada… ocasionalmente cuatro o cinco
días, pero nunca un mes. Estaba enferma de preocupación, pero no sabía con quién
hablar o a quién pedirle consejo. Tenía que haber algo que pudiera hacer. La posibilidad
de hacerme una prueba de embarazo me asustaba, porque sabía que solo revelaría la
verdad que aún no estaba lista para enfrentar.
No podía hablar con Ella porque ella aún no sabía que había salido con Neal después de
esa tristemente desastrosa cena de caridad. Por qué no se lo había dicho, no lo sé. No
importaba cuanto tratase, no podía hablar sobre eso. Pasé activamente la mayor parte de
mi tiempo intentando no pensar en él. Ni siquiera podía recordar estar así de asustada
en mi vida.
Salí de la cama y abrí las cortinas. Mientras la luz del sol se derramaba dentro de mi
deprimente habitación y trataba de aferrarse e iluminar cada superficie, me sentí grogui
y mareada. Recogí los platos sucios del suelo y los apilé cerca de la puerta, pensando en
que los sacaría cuando saliera de la habitación. No estaba de humor para salir y enfrentar
a nadie –incluso a Ella– aún.
Fui al baño y lavé mi rostro por un largo tiempo. Luego, cepillé mi cabello y lo puse en
un moño apretado. Cuando dejé el baño, fui en busca del viejo tapete de yoga de mi
madre encima del armario y lo desenrollé sobre el suelo frente a la ventana.
Me tiré sobre una almohada, cruzando mis piernas en frente de mí y mis brazos detrás
y tomé una respiración profunda. Soy una mujer fuerte e independiente –quien, con suerte,
encontraría un buen trabajo pronto o regresaría a la universidad. Estoy en calma y en muy
buen control de mí misma.
Respiré profundo y me estiré al frente en una posición del perro hacia abajo. Ves, esto
ya está funcionando, pensé, estirando mis brazos al frente.
Tan pronto como las palabras dejaron mi boca, tuve arcadas y vomité sobre el suelo.
Pasó tan de repente que me tomó completamente fuera de guardia. Un minuto estaba
tomando respiraciones profundas y sintiéndome mejor, y al siguiente estaba vomitando
mis tripas sobre todo el tapete de yoga. Me arrastré al baño en mis manos y rodillas.
Me sostuve al asiento del retrete por, al menos, media hora. Una vez que pude pararme
con éxito y obligar mis piernas a moverse, limpié y salí del baño. Los platos sucios aún
estaban amontonados en la puerta, cayendo al suelo de nuevo cuando abrí la puerta.
—Ella —dije con toda la fuerza que pude reunir mientras entraba en la sala.
—Tia, ¿has visto esto? —chilló Ella desde el sillón frente a la televisión.
La franja de las noticias de un canal de cable local decía ¡El multimillonario playboy Neal
Callaway finalmente se casa!
El anuncio estaba acompañado con una foto de Neal, de pie en una alfombra roja usando
un traje azul profundo, su expresión ardiente, y junto a él –en un increíblemente pequeño
y abrazador vestido de coctel en color combinado, su brazo en el suyo y la sonrisa amplia Página 53
en su rostro– estaba de pie Alisha Banks.
—¿Estás bien? —dijo Ella, levantándose y corriendo detrás de mí mientras luchaba por
llegar al baño antes de vomitar de nuevo.
Ella me envió a la cama y no dejé mi habitación el resto del día. Ella era positiva, diciendo
que tenía la gripe. Me sentía mal por no decirle la verdad. Como sea, no estaba contra la
idea de pasar el resto del día en la cama y no me oponía a la idea de lo que ella me
atendiera por el resto del día. Yo habría hecho lo mismo por ella.
Mientras el día pasaba, mi estómago se agitó con la sola visión de comida. La sopa que
Ella me hizo me causó vómito por otros quince minutos hasta que descansé mi cabeza
sobre el inodoro y me dormir en el frío piso duro del baño.
Desperté en medio de la noche. El baño estaba oscuro y frío, pero una manta estaba
envuelta a mi alrededor. Estuve confundida por un momento; mientras mis ojos se
ajustaban a la oscuridad, lentamente recordé vomitar todo el día. Ella debió haber
lanzado la manta sobre mí, y posiblemente me dejó en paz en el baño.
Me levanté lentamente del suelo y salí del baño, el sitio que se había sentido como mi
prisión por las últimas horas. El departamento estaba en silencio, y la calle afuera
tampoco estaba zumbando con tráfico. Miré al reloj: eran las dos de la mañana.
—¡Tia! —exclamó el hombre, una sonrisa sobre su rostro, la cual enfatizaba su barbilla y
ponía un hoyuelo en su mejilla derecha.
—¡Oh, Will, hola! —dije, aturdida pero aun así animada. Él me abrazó, y por primera
vez en todo el día, realmente sonreí.
—Oh, nada. Nos quedamos sin leche, así que pensé en comprar una —mentí fácilmente.
—Oh, bueno, están por allí, en los refrigeradores. —Él apuntó hacia el lado opuesto de
la tienda.
—Um, sí. —Se me hacía muy difícil hacer una conversación—. Así que, ¿cómo estás?
—Bien, estoy bien. —Él usó su sonrisa perpetua. Sin embargo, mientras me veía más de
cerca, su expresión se volvió preocupada—. Estás realmente pálida. ¿Estás bien?
—Oh, no. —Él lucía incluso más alarmado—. Si estás aquí sola, ¿quieres que te lleve a
casa? Luces como si debieras estar en cama justo ahora, no afuera, comprando leche —
dijo.
—Uh, de acuerdo —cedió, sin estar satisfecho por completo con mi respuesta, pero
cediendo ante mi obvia renuencia a hablar sobre mi bienestar—. Así que, espero que
todo esté yendo bien contigo.
—Oh, sí, estoy haciendo mi camino de regreso a la vida —dije, frunciendo el ceño a la
respuesta que le di.
—Si hay algo que pueda hacer para ayudar, avísame, ¿sí? —me dijo.
—En realidad —dije, mientras un pensamiento destellaba en mi mente—, hay algo con
lo que podrías ayudarme.
—Estoy buscando un trabajo —dije con algo de duda—. Cualquier cosa por ahora, y
estaba preguntándome ¿hay una vacante en el café? Página 55
Su sonrisa se amplió. Alentadora.
—En realidad —dijo él—, Diaz acaba de renunciar; la camarera gruñona, ¿sabes? Papá
acaba de decirme hoy que buscara a alguien nuevo. La ocasión no podría ser mejor para
ti.
—¡Eso es genial! —Casi chillé, abrazándolo de nuevo—. Voy a verlo mañana, ¿entonces?
—Seguro —dijo él, complacido. Emitía las mejores y felices vibras todo el tiempo, lo que
realmente me agradaba.
—Necesito ir a casa, entonces —dije, mirando mi teléfono para ver la hora—. Muchas
gracias.
—El placer es todo mío. Te veo mañana —dijo, haciendo su camino hacia el mostrador
con la caja de Quality Street, la cual era la razón por la que tenía un chichón creciendo
en mi frente. Fingí sacar un cartón de leche del refrigerador más cercano y lo puse en un
carrito.
Tan pronto como Will desapareció a través de las puertas y hacia la noche, dejé el carrito
y la leche donde estaba parada, y casi corrí hacia el final de la tercera hilera sobre el
corredor izquierdo.
Recogí una caja azul rectangular, una prueba de embarazo Clear Blue, del estante frente
de mí sin mirar atrás.
Media hora más tarde, estaba sentaba sobre el suelo de mi baño, justo como lo había
estado la mayor parte del día. Mi cabeza descansaba en mis manos. En frente de mí,
sobre el asiento del retrete, en el palo blanco y azul se leía embarazada. ¡Estaba arruinada!
Sorpresivamente, la conmoción que me había llenado terminó rápidamente. No podía
cambiarlo, así que no servía de nada llorar por ello. Debí haberlo pensado antes de tener
sexo sin protección con un multimillonario en su estadio personal de soccer. Yo era muy
responsable de lo que había pasado, y no iba a culparme por eso ahora.
Página 56
TIA
Varios días más tarde, me encontré con el padre de Will en el Moonlight Café al día
siguiente y tomé el trabajo de camarera. Derrick fue extremadamente amable conmigo y
me ofreció pagarme más de lo que normalmente pagaba a sus camareras si estaba
teniendo un momento duro con mis cuentas. Se lo agradecí profundamente. Necesitaba
el dinero extra ahora más que nunca. Afortunadamente, me gustaba la cafetería. Siempre
me había gustado. La atmosfera era brillante, cálida y animada, y olía como todas mis
comidas favoritas. Este era mi lugar definitivo al que ir para repeler pensamientos
innecesarios; no podía haber ningún sitio más apropiado para trabajar. Fui asignada con
Gem, la camarera a cargo de enseñarme lo básico. Gem era una chica de dieciocho años
con un enorme –enorme– par de pechos. Su cabello rubio estaba cortado terriblemente
corto, y usaba un pendiente en la nariz y mucho lápiz de ojos y sombra negra. Gem tenía
perpetuamente una goma de mascar en su boca y un aparato de manos libres en su oído.
No tenía ni idea de cómo se las arreglaba para ser tan buena camarera mientras la fuerte
música independiente golpeaba continuamente en sus oídos, y estaba demasiado
asustada para preguntárselo. Raramente hablaba con alguien; sin embargo, una vez que
pasabas el endurecido exterior, era realmente bastante agradable y, sorpresivamente,
pronto nos volvimos buenas amigas.
Pronto, me establecí en una rutina en el café y me hice amiga de todos, incluyendo Will.
Gem fue rápida en decirme que, cuando ella había comenzado a trabajar allí, tuvo un
enorme enamoramiento con él, pero una vez que durmieron juntos, notó que no era nada
más que una cosa de una noche. A ella no pareció importarle y yo había ignorado su
historia y no pensé en nada de ello, hasta que noté que Will estaba prestándome un poco
más de atención que antes, y venía al restaurante durante mis turnos más a menudo. Página 57
—Solo vengo a trabajar, como cualquier otro día —reí—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Solo vigilando todo para papá —dijo Will—. Estás linda hoy.
—Um, gracias. —Había respondido, agarrando una libreta para tomar órdenes.
—Así que, ¿qué harás este fin de semana? —me preguntó en un tono casual.
—Ella y yo tenemos planes —mentí con facilidad. No quería herir sus sentimientos, pero,
obviamente, ya no podía tener más citas. Estaba embarazada con el bebé de otro hombre.
—Seguro, avísame cuando estés libre, así podemos salir por ahí.
Continué con mi rutina diaria hasta esa tarde, cuando todo mi mundo –un mundo que
había tomado por sentado– hizo una parada mientras conseguía un latte para un cliente.
La puerta se abrió y Alisha Banks entró, seguida de cerca por Neal. Me congelé; la taza
de café temblando en mi mano, casi como si me moviera por la ráfaga de aire matutino
que entró mientras la puerta se cerraba detrás de ellos.
Ella usaba pantalones de cuero con una camisa blanca de seda y tacones realmente altos,
parecía como si acabara de salir de una telenovela. Él vestía unos vaqueros y una camisa
casual, y lucía tan atractivo que la sola visión de él hizo que mi corazón latiera tan rápido
que sentí que podría escaparse de mi pecho. Sus manos estaban en la parte baja de la
espalda de ella, noté, mientras la taza de café en mi mano temblaba incluso más duro e
hirviente latte salpicaba sobre el platillo.
Antes de que pudiera girarme y escapar hacia la cocina, Neal miró directamente hacia
mí y me congelé. Alisha siguió su mirada, y su rostro se contorsionó en una mueca.
Me giré y corrí hacia la cocina tan rápido como pude sin tropezar y romper mi cuello en
el suelo de azulejos. Gem había visto el intercambio desde el mostrador y salió disparada
detrás de mí. Permanecí sosteniendo la puerta del enorme congelador, respirando
profundamente, mis ojos aguándose a pesar de que lo evitaba.
—¿Qué sucede? —exigió, con preocupación en sus ojos. Incluso cuando solo nos
conocíamos desde hace poco, ella ya estaba volviéndose una verdadera amiga.
—Ese sujeto que acaba de entrar con su prometida —espeté—, nosotros salimos.
—¿Y?
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No sé qué se apoderó de mí; ni siquiera se lo había dicho a Ella aún.
La expresión impactada de Gem solo duró por una fracción de segundo, como si
estuviera acostumbrada a oír sobre sus compañeras de trabajos estando embarazadas
con los bebés de hombres extraños.
—No, no es mi asunto y tú sabes que me puse como meta ocuparme de mis asuntos. —
Comenzó de nuevo, después de varios segundos de reflexión—. No quiero darte
consejos que no pediste, pero yo se lo diría si fuera tú.
—No puedo —dije—. Al menos, no aún. Solo que no esperaba que él viniera a nuestro
café.
—Es un mundo libre. Él puede ir a cualquier café que quiera —dijo ella.
—Eso supongo. Pero, ¿por qué aquí? —pregunté, mirando alrededor como si él fuera a
aparecerse detrás de mí en cualquier minuto.
—No tienes razón de estar avergonzada por trabajar duro —dijo Gem en una voz
objetiva—. Si quieres quedarte aquí y recomponerte, yo les serviré.
—Bien —dijo Gem, seguido de una sonrisa con la boca cerrada. Esta era la primera vez
que realmente la veía sonreír—. Pero será mejor que comiences a pensar sobre cómo le
dirás que estás embarazada. Buena suerte con eso. Página 59
Salí de la cocina y vi a Neal sentado solo, en una mesa junto a la ventana, la misma mesa
en la que Ella y yo nos habíamos sentado hace meses, hablando sobre salir en citas.
Caminé hacia él. A pesar de que el restaurante estaba atestado, los únicos sonidos que
parecía ser capaz de oír mientras caminaba hacia su mesa, eran el latido de mi corazón
y el repiqueteo de mis tacones sobre el suelo.
—Nada. Tuvo que irse, así que estoy solo. —Una respuesta severa. Después de un
momento, suspiró—. Desearía que hablaras conmigo, Tia. Desearía que me dijeras qué
pasó.
Mi sangre hirvió. ¿Qué pasó? Le dije que necesitaba algo de tiempo, y él se comprometió
con esa basura en menos de un mes. Y ahora, él tenía el valor de aparecerse en mi lugar
de trabajo, con ella, y preguntarme qué pasó.
—¿Está seguro de que no hay nada que pueda traerte? —pregunté, mi voz tan fría y sin
emociones como podía generarla. Él no dijo nada—. De acuerdo, entonces. —Comencé
a girarme.
Él agarró mi muñeca.
Sentí el disparo de sangre caliente todo el camino a mi cabeza. La violencia con la cual
lo miraba podría haber quemado un hoyo a través de cualquier cosa.
—No tienes derecho. Ninguno —siseé, tratando de mantener mi voz plana y mi actitud
controlada para así no llamar la atención—. Si tenías alguno, lo perdiste el día en que te
comprometiste. Eres un hombre comprometido. Por favor, déjame en paz.
Con una fuerza que no reconocí, retorcí mi muñeca para liberarla de su agarre y me giré.
Podía sentir su mirada sobre mi espalda todo el camino de regreso a las puertas de la
cocina.
Sabía que sentí –o que quería sentir– cada palabra que le dije. Excepto que no era la
verdad. Estaba embarazada de su hijo. Él tenía derecho a preguntarme qué había pasado.
Él tenía derecho a saber por qué estaba evitándolo.
Página 60
NEAL
La miré mientras se alejaba de mí, de regreso a las puertas detrás del mostrador –sin
girarse, sin despedirse. Sentí una fuerte sensación de deja vú por un segundo y noté que
hasta ahora, todos nuestros encuentros terminaron de esta manera.
Miré abajo a la impecable mesa de madera, mi corazón latiendo duro en mi pecho. Una
mirada después de todas estas semanas y me sentía como una persona completamente
diferente. Todos esos sentimientos que había estado tratando de frenar se precipitaron
de regreso a la superficie en cuestión de segundos. Una mirada, y estaba de regreso a
donde había comenzado.
Cuando Alisha había sugerido que fuéramos por un café a algún sitio en la ciudad más
temprano, automáticamente había pensado en uno de los cafés a los que había ido desde
que era un niño. Solía amar el filete. Naturalmente, no había estado aquí en un tiempo.
Si lo hubiera hecho, hubiera sabido que Tia trabajaba aquí. Ella no había mencionado
donde trabajaba en nuestra cita pero, por otro lado, había mucho que no sabía sobre ella.
Después de verla aquí esta tarde, no habría contado con ninguna oportunidad de
hablarle, no mientras Alisha estuviese conmigo. Fue un milagro que ella hubiera recibido
una llamada de mi madre, en relación con el diseñador haciendo su vestido para nuestra
boda o algo así.
Antes, Tia había actuado en una manera que sugería que ella quería ser dejada sola por
razones personales. Pero esta vez me había mirado con total resentimiento en sus ojos.
Un minuto después de que las puertas de la cocina se hubieran cerrado detrás de ella, se
abrieron de nuevo y otra camarera apareció. Ella estaba en sus finales de la adolescencia,
su cabello rapado corto; tenía un estilo que solo podía describir como, con entusiasmo,
emo. Ella se encargó de mi mesa, manteniendo contacto visual mientras se movía. Antes
de que pudiera despedirla con un movimiento de mi mano, se paró frente a mí,
mirándome a los ojos.
—¿Cuál es el problema? —dijo, antes de que pudiera decir algo en las mismas líneas.
—¿Cuál es el problema… qué quieres con Tia? —preguntó, su pregunta un poco más
clara.
—Lo suficiente para saber que estás molestándola —dijo, mirándome severamente.
Debatí si hablar con ella o no, pero viendo que Tia no iba a salir a hablar conmigo, supuse
que alguien cercano a ella lo haría.
***
Gem había escuchado mi parte de la historia con paciencia, y cuando terminé, ella me
dio su número y me dijo que la llamara alrededor de las diez de la mañana. Dejé el
restaurante sin otro vistazo de Tia. El resto de la tarde fue tan lenta y la siguiente mañana,
hice lo que Gem me pidió. Ella prometió ayudarme a hablar con Tia y media hora
después de hablar con ella por teléfono, estaba de pie fuera del Hotel LaRoux, donde
algunas veces iba para escapar de mis padres, esperando a que Gem llegara. Ella llegó
en un viejo Ford más de cinco minutos tarde.
—Tengo un plan —dijo, proporcionando algún saludo formal. Sacó su teléfono y marcó
un número que, supuse, sería el de Tia—. ¡Hola, Tia! Necesito algo de ayuda, chica. Me
metí en un problema —dijo al teléfono. Ella se detuvo, frunció sus labios, mientras Tia Página 62
respondía—. No puedo explicarlo ahora mismo. Puedes venir… rápidamente, ¿por
favor? Estoy en el Hotel LaRoux en el Camino Comercial. Puedes encontrarlo, ¿verdad?
—Está de camino ahora mismo. ¿Creo que podemos decirle a la recepcionista que la lleve
a donde sea que quieras cuando ella pregunte por mí? Entonces, puedes tener una charla
con ella.
—No confío en ti porque estás comprometido con otra mujer. Pero vi la expresión en el
rostro de Tia ayer cuando te vio, y vi la misma en el tuyo. Los dos necesitáis hablar sobre
muchas cosas. Pero lo juro, señor, si la lastimas o la molestas de cualquier forma, pagarás
por ello.
Sonreí a la joven chica quien era sobreprotectora con Tia. Si solo ella supiera que
lastimarla era la última cosa en mi mente.
***
Más de una hora más tarde, Tia estaba de pie en el medio de la habitación, sin moverse,
sin mirar en mi dirección. Mi mano tembló alrededor del vaso de agua que quería lanzar
a la pared y destrozarlo en un millón de pedazos de cristal, justo como ella estaba
destrozando mi jodido corazón.
—Tia —dije. Mi voz fue suave y no reveló ni un indicio de lo que estaba sucediendo
dentro de mí.
—No puedo quedarme, Neal. No sé qué quieres de mí o por qué me trajiste aquí, pero
tengo que irme.
Por semanas había anhelado a esta chica. Había pasado noches incapaz de dormir y
mañanas sentado soñolientamente en mi asiento, mirando a la gran taza de café en frente
de mí y pensando en ella, solo en ella. A donde sea que mirara, solo podía ver su pequeño
y bonito rostro enmarcado por su fino cabello recto. Cualquier par de ojos que no fueran
los suyos eran insignificantes.
Necesitaba respuestas.
—Porque no debemos estar juntos. Porque me engañaste para que viniera aquí como si
tuvieras el derecho de controlar la vida de alguien más —me dijo.
Su voz estaba tranquila, contenida, pero la ira estaba allí. ¿Cómo podía hacer que lo
viera? No quería estar sin ella, pero no podía solo decírselo. Sentí una repentina urgencia
de protegerla y caminar hacia ella hasta que estuviera de pie muy cerca suya.
Cuando mis labios encontraron los suyos, primero no respondió en lo más mínimo.
Chupé su labio inferior, rogando por una respuesta de su parte, burlándome de ella. La
sentí ponerse rígida, entonces se relajó, y pronto sus labios estaba moviéndose sobre los
míos, su lengua burlándose de mí.
Mientras liberaba sus pechos de su sujetador, noté que parecían más grandes de lo que
recordaba. Sus pezones estaban sensibles, y mientras mis dedos se movían hacia ellos,
un gemido surgió de su garganta. Algo era diferente. Puse mis labios en su pezón, y ella
gimió ruidosamente.
—¡Oh, Neal!
—Tia —susurré, mi garganta ahogada, mi atención ahora solamente en lo que ella estaba
haciéndome.
Ella me empujó lejos, pero no hizo un esfuerzo en ponerse su ropa de regreso. Permanecí
de pie allí mientras se arrodillaba en frente de mí. Con sus delgados dedos delicados,
comenzó a bajar mi cremallera. Estaba demasiado abrumado para ayudarla. Una vez Página 64
que la bajó, no se detuvo. Desenganchó mi cinturón y bajó mis pantalones. Mi polla se
paró erecta e, inclinándose hacia el frente, Tia tomó su punta entre sus labios. La
habitación giró alrededor de mí, y puse mis manos en su cabello para sostenerme. Con
su lengua, ella lamió la gota de pre-semen.
Con ambas manos, le di a su cabeza un pequeño empujón, y ella tomó más profundo mi
polla en su garganta. Era un hombre maduro, pero era inútil y simple en frente de esta
chica.
Sus movimientos se volvieron más rápidos, y los gemidos y gruñidos que oía, provenían
de mí. Quería venirme en su boca; quería que ella lo tragara. Quería marcarla como mía
de todas las maneras.
Asentí. Tia corrió su dedo sobre su pecho izquierdo, cubriéndolo con mi corrida y
chupándolo.
Recogí su camiseta del suelo y limpié su pecho con ella. Entonces empujé su espalda
sobre el suelo y la besé. Sus piernas se separaron para mí. Sus pezones estaban tan duros
como pequeñas piedras contra mi pecho. Mantuve mis movimientos deliberadamente
lentos, retrocediendo antes de que estuviera completamente dentro de ella. Lloriqueó,
entrelazando sus dedos en mi cabello y tirándome cerca. Sabía que me quería, y quería
que lo dijera. Cuando no me empujé de nuevo por varios segundos, ella rompió nuestro
beso.
—¿Qué, Tia?
—Te deseo, Neal. —Ella se retorció de nuevo—. Por favor —murmuró—, por favor,
déjame tenerte.
Golpeé dentro de ella, incapaz de controlarme más. Ella extendió sus piernas más
amplio. Me moví dentro y fuera de ella, lentamente al principio, hasta que sentí su
espalda arquearse por la presión construyéndose en su interior. Apresuré mi ritmo.
Empujé más duro, sin piedad. Ella levantó sus piernas y aumentó el ritmo de sus
movimientos para coincidir con los míos. Mis labios encontraron su cuello y su pecho, y
su pezón, y cuando me empujé tan rápido como podía una última vez, la sentí romperse
alrededor de mí.
—¡Neal!
Me arrepentí de decir esas palabras tan pronto como salieron de mi boca porque Tia no
dijo nada después de eso. Yacimos sobre el suelo, desnudos y sudados, mi cuerpo encima
del suyo, no precisamente sosteniéndonos el uno al otro. Después de varios minutos, Tia
se movió para levantarse. Rodé fuera de ella y me acosté sobre mi espalda mientras ella
se ponía su ropa.
Su camiseta estaba empapada con mi semen. Ella miró a través de mi maleta, encontró
una camiseta y se la puso. La miré silenciosamente, mis pensamientos siendo los mismos
que habían tendido en la mañana que había conducido hasta su casa desde el estadio;
sabiendo que quería decir algo, pero dudando qué y cómo.
—Esto no pasará de nuevo —me dijo Tia, su vergüenza clara en sus ojos y su voz. Ella
salió por la puerta sin mirar atrás.
Página 66
NEAL
En la semana siguiente, recogí mi teléfono mil veces para llamarla o escribirle un
mensaje, pero una fuerza invisible me detenía cada vez. No sabía qué iba a decirle, o
incluso qué quería decirle. Deseaba desesperadamente oír su voz y mirar su hermoso
rostro. Me atrapé pensando sin darme cuenta en hacerle el amor más veces de lo que
me gustaría admitir. Pero el asunto de Alisha permanecía sobre mí, desafiándome a
acabarlo. Pero Alisha estaba tan emocionada respecto a los planes de boda que no sabía
cómo abandonarla sin destruirla. Ella y mi madre pasaban la mayor parte de su tiempo
preparando juntas la boda, y ya que a Alisha le gustaba mantenerme involucrado en
cada pequeño detalle, estaba pasando mucho tiempo en Richmond. Aún no había
encontrado el corazón para romper con ella, y realmente me despreciaba a mí mismo
por eso. ¡Odiaba la sensación de ser débil! A menudo me preguntaba por qué siquiera
me había molestado en proponerle matrimonio, y se reducía al hecho de que ella había
estado disponible cuando Tia se había negado a verme. Había ignorado sus
indiscreciones pasadas y había continuado para intentar hacerla mi esposa. Pero ahora
me sentía culpable. Había dormido con Tia de nuevo, sabía que tenía que terminar la
relación. Tia era con quien quería estar y sabía que todas las razones por las que me
propuse a Alisha eran las equivocadas. Exactamente después de una semana después de
que ver Tia, me encontré acostado en la cama, tarde en la noche, con Alisha a mi lado.
Ella veía una pila de revistas de moda mientras yo ojeaba distraídamente la televisión.
—Um… —Bajé la mirada, pero para mis ojos, lucía como muchos otros vestidos que ya
tenía—. Seguro.
La miré.
—No seas así —dije, obligándome a poner mi tono gentil a pesar de que estaba
terriblemente aburrido de sus dramas—. Sabes que lo hago.
—Sí, claro, Neal —dijo, saliendo de la cama y recogiendo la pila de revistas de su mesa
de noche. Mientras dejaba la habitación, cerró la puerta detrás de ella más ruidosamente
de lo que normalmente hacía, y tenía la impresión de que lo había hecho a propósito.
¿Sospechaba algo? Quizás era la oportunidad perfecta para romper las cosas con ella.
Esperé en silencio por varios minutos, pero no hubo respuesta. Otros cinco minutos
pasaron y finalmente decidí que ella iba a ignorarme como si sabía, en lo profundo, que
lo haría. Necesitaba salir de la casa. No me importaba a donde iría a esta hora, pero
cualquier cosa mientras estuviera fuera de la jodida casa. Mi teléfono sonó justo cuando
me levanté para irme. Era ella.
Hay algo que necesito decirte, Neal. Encuéntrate conmigo en Ghyslain mañana a las tres p.m.
Caí de nuevo a la cama. Se sentía más acogedora que solo minutos antes.
***
Estaba en el Ghyslain a las tres en punto la siguiente tarde. El viento era una brisa muy
típica de primavera, y se sentía justo tan agradable afuera como lo hacía dentro. Quería
sentarme en la misma mesa en la que nos habíamos sentado durante nuestra cita, pero
sin querer tentar mi suerte, tomé una en el lado opuesto, más cerca del mostrador que
de la ventana.
Ordené un cappuccino mientras la esperaba. Anoche, había estado eufórico de que ella
no solo hubiera respondido, sino que también hubiera sugerido que nos encontráramos.
Pero esta mañana, había comenzado a preocuparme. Algo la había forzado y no la había
dejado con más opción que encontrarse conmigo. Lo que sea de lo que quería hablar,
Página 68
deseaba por su bien que fueran buenas noticias y no malas. A las tres y medias, Tia aún
no llegaba. Recogí mi teléfono para escribirle, pero cambié de opinión, decidiendo
esperar un poco más. A las cuatro menos cuarto, la llamé. Estaba comenzando a
preocuparme genuinamente. Mi llamada fue directa al buzón de voz.
—Tia, soy Neal. Estoy en el Ghyslain, esperando. ¿Está todo bien? —dije.
Otros quince minutos pasaron sin ninguna respuesta o aparición de su parte. A las
cuatro y media, pagué la cuenta y me fui.
TIA
Por semanas, todos nuestros canales de cable local estuvieron obsesionados con el
compromiso Callaway-Banks. Él era el hijo de un multimillonario y un multimillonario
artífice de su éxito en su propio derecho. Ella era la única hija del dueño de la más exitosa
cadena de hoteles en una serie de países europeos. Ambos eran jóvenes, famosos e
increíblemente atractivos. Los medios de comunicación, junto con sus espectadores, se
deleitaron de su relación. Sus rostros me miraban cada vez que encendía la televisión y,
por alguna razón, parecía encender la televisión más de lo normal. Quizás era solo para
torturarme a mí misma, o quizás porque era la única forma en que podía ver a Neal sin
acercarme demasiado a él.
Estaba entrando bien a mi tercer mes de embarazo y se comenzaba a notar. Era más fácil
de ocultar en el poco favorecedor uniforme de camarera que usaba durante mi turno en
el Moonlight Café, pero no tan fácil en la ropa de todos los días. Trabajaba en el café por
las tardes y holgazaneaba alrededor del departamento la mayor parte del día. Estaba en
casa cuando Ella no estaba por allí, y cuando ella estaba en casa, yo estaba trabajando.
Estaba más que feliz de posponer el momento en que tuviera que decirle sobre mi
embarazo. No buscaba saber su reacción y, mucho menos, ser bombardeada con
preguntas tan pronto como se recobrara de las noticas. Sabía con seguridad que no tenía
planeado decirle a nadie más, incluso a ella, que el bebé le pertenecía a Neal. Era ya lo
suficientemente malo que se me hubieran escapado mis secretos a Gem, y ella había ido
tras mi espalda para planear mi encuentro con él. Ni siquiera se había disculpado cuando
la confronté. Página 69
—¿Y era de tus asuntos hacer esa decisión a conciencia? —Le había preguntado
acaloradamente.
—No lo sé, pero parecía ser lo correcto. —Y con estas palabras, se había ido a atender.
Varios minutos más tarde, ella había regresado para encontrarme de pie donde me había
dejado.
—Mira, Tia. —Puso su mano sobre mi hombro, pero me encogí para alejarla. Continuó
a pesar de todo—. Si después de hablar con él, aún no crees que merezca una
oportunidad, está bien. Es tu decisión. Pero pensé que era correcto que tú, al menos, lo
consideraras. Mira, esto ya no es solo sobre ti, es sobre otra vida… —Hizo una pausa
para correr una mano a través de su corto cabello—. Fui criada por una madre soltera,
así que conozco los desafíos y dificultades. Lo que hice… solo se sintió correcto —Había
terminado con un tono frustrado.
—También fui criada por una madre soltera, Gem. —La miré directamente a los ojos
mientras hablaba y me iba. Desde entonces, me había mantenido alejada de Gem. Aun
así, lo que ella había dicho sobre que ya no era solo sobre mí, se había quedado en mí.
Con un reflexivo y consciente esfuerzo, había evitado pensar sobre el viernes anterior al
último, con Neal en el hotel.
Cuando pensaba lo que había pasado ese último día que vi a Neal, simplemente era
incapaz de llegar a una explicación. Traté de convencerme, sin éxito, de que mis
hormonas del embarazo habían conseguido lo mejor de mí, pero sabía que eso no era
cierto. Había dormido con él de nuevo simplemente porque lo deseaba, sin excusas. Su
presencia me cautivaba; en mente, cuerpo y alma. Como sea, no merecía la pena pensar
en todo eso ahora. Cuando él había querido estar más cerca de mí, yo lo había empujado
para alejarlo a causa de mis propias dudas e inseguridades. Ahora, él estaba
comprometido con otra mujer y yo estaba embarazada con su hijo. Admitía que ni
siquiera había considerado la idea de decirle algo a Neal, porque no esperaba que él
dejara a su prometida y corriera hacia mí. Demonios, ni siquiera esperaba que aceptara
en realidad que el niño era suyo. Simplemente, pensé en avisarle porque tenía el derecho
a saberlo.
Así que, cuando me había escrito pidiendo verme, había solo una respuesta: sí. Había
conducido a Ghyslain el día siguiente yo sola. Llegué varios minutos después de las tres,
pero cuando lo vi sentado solo, con la mirada baja en su café y esperándome, algo se Página 70
había roto dentro de mí y comencé a llorar.
Nosotros debíamos estar juntos; era tan evidente que simplemente debíamos estar
juntos, por la forma en que él me quiso inicialmente, y yo había sido completamente
ajena a ello. Me había rendido en dudas e inseguridades y nos había separado cuando,
desde el comienzo, él había intentado e intentado acercarnos. Y al haberlo empujado
lejos con toda la frialdad que pude, era natural que él hubiera encontrado una mujer que
lo quisiera. No podía arruinar su vida dos veces. Ya había hecho suficiente daño
durmiendo con él mientras estaba comprometido con alguien más. No podía dar otro
paso que desenredara por completo su vida e hiciera todo incluso más complicado para
él. No, lo que necesitaba hacer era simple. Así que limpié mis lágrimas, retrocedí fuera
del estacionamiento y conduje lejos, dejándolo allí sentado solo por otra hora. Con
fortuna, ese iba a ser el último acto de mi parte para dañarlo deliberadamente.
—Estoy embarazada.
Ella no dijo nada por cinco minutos completos. Una vez que recuperó su habilidad de
formar palabras, comenzó a cotorrear tan rápido que era difícil entenderla.
—Estoy de diez semanas —dije. Me dio una larga y buena mirada fija que comunicaba
perfectamente su pregunta—. No puedo decirte quién es el padre —dije.
El silencio siguió.
—Ella, eres mi mejor amiga y, literalmente, la única familia que tengo, pero no puedo
decírtelo —dije, exasperada, incluso cuando ella no había dicho ni una palabra aún.
Típicamente, ella no mantuvo esa promesa mientras los días pasaban. Saldría con esa
pregunta en los momentos más raros, esperando que la conmoción me hiciera responder.
Yo, como sea, no iba a romperme tan fácil. Era un secreto que estaba decidida a mantener
para mí misma.
Una tarde, llegué al trabajo más tarde de lo usual y Derrick Swanson me dio una mirada
reprochadora. No era una buena sensación. Derrick era una figura paternal para mí, y
no me gustaba cuando me miraba así, como si estuviera decepcionado de mí.
—Solo has llegado tres minutos tarde y más temprano en cualquier otro día. —Rio
Derrick—. Todo está bien.
—No, está bien. Sin embargo, hay algo sobre lo que quiero hablar contigo —dijo él.
—El café va a estar cerrado por un evento privado mañana —dijo—. Algo pequeño;
calculo que solo dos personas. De cualquier forma, nos pidieron que hubiera solo un
camarero, así que pensé en dejarlo a tu cargo. Es una paga de jornada y media.
***
Llegué temprano al café la siguiente tarde. Derrick estaba fuera de la ciudad y las otras
camareras no estaban. La mayoría de las mesas en el café habían sido empujadas a un
lado, dejando solo una mesa para dos en el centro. El chef estaba en la cocina, preparando
un pastel de lava fundida como si su vida dependiera de ello. No quería interrumpir su
concentración, así que fui a poner la mesa. Página 72
Después de poner la mesa, regresé para hablar con el chef sobre lo que estaba
sucediendo. Él no tenía idea. Salí de la cocina para ver si alguien más necesitaba terminar
en el área de comida, y vi a un hombre de pie junto a la mesa que acababa de poner, su
espalda hacia mí.
Aclaré mi garganta.
—Hola, señor. —Sin embargo, antes de que pudiera soltar otra palabra, Neal Callaway
volteó hacia mí.
Él usaba una camisa azul pálida con pantalones caquis, sus mangas arremangadas en la
caliente tarde de verano. Su cabello lucía como si acabase de salir de la cama, pero sabía
que había sido cuidadosamente arreglado para lucir así. Le estaba creciendo una ligera
barba, la cual le sentaba más bien que a cualquiera que hubiera visto alguna vez. El sol
estaba poniéndose en el exterior, y en la tenue luz del café, él lucía desgarradoramente
hermoso.
Cada nervio en mi cuerpo me gritó que me girara y corriera, pero mis pies estaban
adheridos al suelo. Cuanto más lo miraba, más me sentía como si nunca podría ser capaz
de mover mis pies de nuevo.
—Yo-yo —tartamudeé, sin estar segura de qué decir. Él caminó hacia mí, me tomó en
sus brazos y puso un dedo sobre mis labios antes de que pudiera decir algo.
Lo besé de regreso, con urgencia y pasión. Sus dedos fueron al cabello de mi nuca y mis
brazos fueron alrededor de su cuello. Cerré mis ojos y me sentí ligera como una pluma,
como si fuera la única persona en la tierra sin preocupaciones. Página 73
—Tia… —Su voz sonaba como si viniera desde lejos—. ¡Tia! —Lo oí una última vez antes
de casi derrumbarme. Neal me atrapó en sus brazos antes de que cayera al suelo.
Cuando abrí mis ojos de nuevo, yacía en una de las dos sillas que había puesto en la
mesa hacía un rato. La otra silla había sido arrastrada junto a esta, y Neal estaba sentado
en ella, con mi cabeza en su regazo. Parpadeé varias veces antes de que todo se volviera
más claro.
—Tia, oh, por Dios… Tia. —Él lucía tan nervioso que, por un momento, estuve
preocupada por él.
Cuando la habitación se puso más clara y las estrellas que habían estado bailando en
frente de mis ojos desaparecieron una por una, pregunté: —¿Por qué estás aquí, Neal?
—Estoy bien. ¿Por qué quieres verme? —Mi voz sonó fría y distante.
Lo ignoré.
—Neal, por favor, mantén tu voz baja. La gente aquí chismea un montón.
—Lo siento. —Se tranquilizó con esfuerzo—. No pretendía molestarte. Pero, demonios, Página 74
Tia, ¿qué hiciste conmigo?
Oí un seco sollozo convulsionar en su pecho, y quería, más que nada, poner mis manos
sobre él. Por esa razón, apreté mis manos en puños a los lados de mi cuerpo para
controlarme de hacer eso.
—Porque no sabía qué estaba haciendo. —Ambos nos quedamos en silencio por un
minuto—. No puedo hacer esto, Neal.
—Lo siento, Neal. Eso estuvo mal de mi parte. Pero no hay nada serio que decir —mentí,
mi rostro impasible.
Me senté en silencio, examinando mi arreglo de flores sobre la mesa frente a mí, mientras
él miraba por la ventana. ¿Había alquilado el restaurante entero solo para verme?
Realmente merecía algo más de información de mi parte.
—En realidad, hay algo que necesito decirte. —Hablé finalmente, obligándome a decir
esto con toda la fuerza de voluntad que tenía en mí.
Él se giró.
Me paré y me quité el delantal del frente de mi vestido. Atasqué la parte superior solo
lo suficiente para desnudar el bulto de mi estómago sobre mi falda. Los ojos de Neal se
ampliaron. Parecía haber perdido las palabras y por varios segundos que parecieron
abarcar años, él miró mi amplio vientre. Finalmente, se sentó con fuerza en la silla vacía, Página 75
su expresión pasmada. Dejé caer mi camisa y cubrí mi vientre.
—¿Ese es el por qué? —Simplemente asentí—. Tia, te deseo la mejor de las suertes con
todo —dijo después de un largo momento de silencio, su voz suave y firme—. Y me
refiero a todo.
Por un momento, estuve confundida. Entonces, noté lo que estaba pasando. Él estaba
abandonándome con su hijo. Estaba siendo el multimillonario cambiante que siempre
había sido.
—Desearía que las cosas pudieran suceder de forma diferente, en serio lo hago —dijo,
tomando una larga respiración mientras yo me sentaba en silencio—, pero no envidio
las decisiones que tomaste. Desearía haber aprendido más pronto que tus sentimientos
por mí no eran iguales que los míos por ti.
Me senté allí en silencio mientras se alejaba, yendo hacia las puertas y al exterior.
Mientras oía su coche encenderse y alejarse, lágrimas gotearon lentamente por mis
mejillas. Por primera vez, Nate se había alejado de mí.
Página 76
NEAL
La casa Callaway estaba silenciosa, como el resto de la ciudad, cuando regresé. Miré
arriba a la luna, la cual había viajado de regreso a la ciudad conmigo y sonreí.
Mientras hacía mi camino escaleras arriba, Dora, la cuidadora, arrastró los pies
pasándome. Cuando me miró, sus ojos se ampliaron y bajó rápidamente, sin hablar. Por
su expresión, lucía como si se supusiera que yo no regresara, como si estuviera asustada
de que pudiera descubrir algo.
Mi padre.
—Bueno, eso lo hace fácil, —dije, dirigiéndome a nadie en particular mientras giraba me
para irme. —Terminamos, Alisha. Adiós, papá.
***
Mientras caminaba fuera de mi habitación, una repentina ola de locura me atrapó y, Página 77
recogiendo un pequeño reloj, lo lancé fuerte contra la pared. El reloj se partió en
pequeños fragmentos, y continué a través de la casa y fuera de la puerta trasera. Caminé
al porche donde podía estar solo con mis pensamientos.
Estaba enojado con Alisha, más enojado con mi padre. Ambos estaban fuera de mi vida
para siempre. Pero mi preocupación principal era Tia. Ella estaba embarazada.
Mi mente comenzó a trabajar furiosamente. ¿Ella estaba embarazada la última vez que
dormimos juntos? Si lo estaba, había sido tan menor que había fallado en notarlo. Lo que
significaba que ella tenía que haber tenido solo unas semanas en ese momento para que
se le notara ahora. Pero entonces, recordé la primera vez que dormimos juntos varios
meses atrás. Claramente, ninguno de los dos había usado alguna protección, a menos
que ella hubiese estado con la píldora, lo que no parecía probable. Cuando la realización
me golpeó, me tiré en un banco.
Ella, después de todo, me había dicho que tenía algo que decirme cuando me pidió ir a
Ghyslain. Y no la había oído decir algo sobre alguien más en su vida. Cuando me pidió
que la dejara sola, ¿fue porque quería algo de espacio para sí misma y no porque hubiera
alguien más en su vida? ¿Ella tenía a mi bebé y no me dijo porque estaba asustada de
que la abandonara?
Sabía a dónde necesitaba ir. En quince minutos, estaba fuera del edificio de apartamentos
de Tia. Mientras sonaba el intercomunicador de su apartamento, una chica quien
definitivamente no era Tia respondió.
—¿Quién es?
—Si.
Recordaba a Tia hablando muchísimo de su amiga, Ella, quien era como una hermana
para ella, durante el café en Ghyslain.
Cuando bajó, la recordé como la chica con la camiseta de personajes de dibujos animados
de la primera noche, cuando recogí a Tia para llevarla a la cena de caridad en la casa de
mis padres. Solo habían pasado un par de meses desde eso, pero se sentía como años.
Página 78
Fuimos a un bar cerca de Indiana East donde, entre el ruido y caos de un juego de soccer
en la TV y la mayoría de estudiantes universitarios drogados, le dije a Ella todo lo que
pasó entre Tia y yo hace tiempo.
—Necesito un trago, —dijo finalmente, y ordené un appletini3 para ella y un escocés con
hielo para mí. Cuando ella drenó su trago, me miró y dijo—: Sabía que algo estaba
pasando para que estuviera demasiado molesta como para decírmelo.
3Un martini de manzana (appletini para abreviar) es un cóctel que contiene vodka y zumo de
manzana, sidra de manzana, licor de manzana o aguardiente de manzana.
—¿Sí?
—Sí. Tia usualmente me dice todo. Cuando la metí en esa aplicación, se resistió. Tienes
que saberlo, Tia no es la clase de chica que alguna vez haría algo como eso. Pero ella
estaba deprimida… Estaba tan deprimida después de la muerte de su madre. Y yo estaba
desesperada por cambiar eso. —Hizo una pausa y ordenó otro trago a una camarera que
pasaba.
—Ella no me dijo sobre lo que pasó cuando regresó de la cena de caridad de tus padres,
—continuó una vez que su trago llegó—. Ni siquiera me dijo que salió en una segunda
–lo siento, primera– cita contigo, —dijo, su expresión ensombrecida.
—Sí, por supuesto. Como dije, Tia estaba deprimida tras la muerte de su madre. Sin
mencionar que cada hombre en su vida desde hace mucho se ha vuelto un bastardo. Y
yo estúpidamente la metí en una rara cita supuestamente platónica contigo… —hizo una
pausa para tomar un respiro—. Si y cuando ella sintió algo entre ustedes dos, debe haber
estado confundida y asustada. —Drenó el resto de su trago.
—Sí, pero lo que necesito saber ahora —dije—, es si ¿hay alguien más en su vida?
Fruncí el ceño.
—Ya no.
—De acuerdo. —Ella se encogió de hombros—. De cualquier forma, no. No hay nadie
más en su vida. No que yo sepa. Definitivamente no hubo nadie más en su vida cuando
se quedó embarazada. Excepto… tú sabes, —ella hizo una cara—, tú.
—Gracias, —dije, apretando mi mandíbula mientras una burbuja de tranquilo alivio Página 79
explotó dentro de mí—. Gracias, Ella. Has sido de mucha ayuda, —dije con una seca
expresión.
—¿Sí? Bien, ¿qué estás planeando hacer sobre esto? —preguntó, como si estuviera
evadiendo algo terriblemente obvio.
—Tendré que pensar cuidadosamente antes de hacer algo, —dije, frotando mi sien—. Tu
amiga es bastante desafiante.
Una vez que dejé a Ella en su casa a salvo, conduje fuera de la ciudad en lugar de regresar
a casa. Desde que había conocido a Tia, había estado en Richmond más a menudo de lo
que había estado en los últimos años. En estos días, prácticamente vivía aquí. Aun así
fue la primera vez –desde que había estado allí con ella– que había regresado a mi
solitario escape, el estadio.
La noche de verano era mucho más cálida que cuando había estado aquí con Tia en
primavera. Estaba claro, pero no completamente estrellado porque la luna estaba llena.
No encendí ninguna luz; en su lugar, caminé al centro del estadio al punto exacto donde
había estado acostado con Tia esa trascendental noche.
Me acosté sobre el suelo y, encima de mí, la luna llena brilló en todo su esplendor. Miré
el pequeño pendiente que sostenía en mi mano. La luna podía ser la cosa más brillante
por millas, pero para mí, era el objeto que sostenía en mi mano.
La cosa sobre venir aquí, a este lugar, y acostarme en el suelo bajo el cielo, fue para que
me diera perspectiva. Los momentos que había pasado en esta ciudad usualmente
fueron algunos de los más turbulentos momentos para mí, emocionalmente. Unas de las
más incómodas comprensiones que había tenido en mi vida fueron en mi juventud,
mientras aún vivía aquí con mis padres. No se volvió una sorpresa que cada vez que
estaba en esta ciudad, estuviese en un humor más malo de lo normal, un humor que
simplemente no podía ser ahogado en alcohol o mujeres. Esas eran las dos cosas que, en
cualquier otro momento, había disfrutado bastante, pero cuando estaba aquí, incluso eso Página 80
no podía distraerme. Venir aquí al aire libre, acostarme y mirar el cielo era la única cosa
que me calmaba.
Pero las cosas se volvieron patas para arriba desde que conocí a Tia. El alcohol y las
mujeres ya no me distraían. Ella como que me hizo notar que la forma en que había
estado actuando y haciendo las cosas había estado mal. Había notado que la forma en
había visto las cosas ocurrir en mi familia fue incorrecta. Y, lo más importante, ella me
hizo notar que tuve prioridades erróneas toda mi vida.
Con Tia, descubrí el significado de una conexión humana –del amor y del
compañerismo– por primera vez en mi vida. Y cuando ella me dijo que la dejara sola,
quise e intenté reemplazarla rápidamente. Acababa de aprender qué era valioso en mi
vida, y quería mantener algo. En mi prisa e impaciencia, hice un desastre de las cosas.
No solo me puse en una terrible relación, tampoco había sido capaz de hacer un esfuerzo
con la chica que amaba. Todo el tiempo en que había estado pensado en ella y
anhelándola y tratando de acercarme a ella, solo había estado pensando en mí mismo,
mis necesidades y mis sentimientos. Había fallado en considerar los suyos al menos una
vez.
Aun mientras estaba acostado allí, su pendiente agarrado en mi mano y la brillante luz
de la luna brillando alta sobre mí, bañando la tierra por millas en su resplandor plateado,
podía ver y pensar más claramente de lo que había sido capaz en meses. Supe con quien
se suponía que debía estar. Y supe qué debí haber hecho desde el comienzo si quería
estar con ella. También sabía muy bien con quién no se suponía que estuviera. La única
cosa que no sabía era cómo arreglarlo.
Suspiré mientras recordaba la manera en que Tia me había mirado con miedo e
impotencia en sus ojos antes de que hubiera desnudado su vientre de embarazada. Su
expresión me hizo querer dejarlo todo y sostenerla en un apretado abrazo. Pero como
un tonto, sin preguntar o discutir algo, me había alejado, dejándola por su cuenta. En
cualquier caso, necesitaba estar con ella, tenerla de regreso y apoyarla. Si era honesto, si
realmente la amaba, necesitaba estar allí para ella sin importar de quién fuese el niño
que llevaba.
Después de un par de horas, me levanté. Cuando miré alrededor y vi todo en una visión
ligera con un resplandor plateado, la única cosa que recordé fue la última vez que ella
había estado aquí conmigo. Ella estaba vestida de blanco, y su presencia había iluminado Página 81
la noche.
El primer día, Ella respetó mi necesidad de espacio, pero el martes a la mañana, entró
dentro de mi habitación, empujándome a la fuerza fuera de la cama y dentro del baño.
—Toma una ducha, —gritó, cerrando la puerta detrás de mí—. Ponte la ropa que puse
sobre tu cama cuando acabes y sal de esta habitación. Estoy haciendo el desayuno.
El agua tibia hizo su trabajo milagroso. Cinco minutos bajo la ducha y me sentí más
iluminada. Decidí hacerme un regalo a mí misma y llené la bañera, entonces permanecí
en ella por media hora. Estaba tarareando para mí misma cuando salí del baño.
Ella había puesto un caftán4 rosa chillón con mis pantalones capri. Nunca los había visto
antes y estaba bastante segura de que no eran míos. Como fuese, como si me sintiera más
relajada después de mi baño, no me preocupé sobre eso y simplemente me los puse. Me
miré en el espejo y decidí que, para un conjunto de maternidad, era bastante mono.
Ella me hizo panqueques, lo que era una rareza. Realmente estaba hambrienta después
de mi huelga de hambre de un día y comí como si hubiera estado famélica por días.
—Ven conmigo, —dijo cuando terminamos de comer, y tomando mi mano, me llevó a Página 82
su habitación.
Me hizo sentarme en frente de su tocador. Miró a través de varios cajones y sacó una
variedad de cosméticos. Procedió a aplicármelos en mi rostro. Para ser honesta, estaba
asustada pero no quería decir nada; Ella había hecho mi maquillaje más de una vez, y
estaba bastante segura de que luciría como un cruce entre una prostituta de mediana
edad y una de esas estrellas de cine que enloquecen en sus últimos años. Como fuese,
cuando me miré en el espejo después de terminase, vi mi rostro con un ligero rubor sobre
la piel, ojos ligeramente sombreados con una delgada línea de delineador, y labios rosa
4 Un caftán es una túnica de algodón o seda abotonada por delante, con mangas.
bebé. Hizo una trenza francesa a un lado de mi cabello y, cuando terminó, el efecto fue
bastante bonito.
—Tienes una cita esta noche. —Abrí mi boca para protestar—. No puedes decir que no.
Lo siento. Irás al Ghyslain a las nueve. O nuestra amistad se acabó.
—¿En serio?
—De acuerdo, no en serio, pero vas a ir. Y no hagas ninguna pregunta. Solo hazlo por
mí.
—De acuerdo, supongo, —dije demasiado cansada para preguntar qué estaba haciendo.
Sabía que Ella quería lo mejor para mí, pero le haría un favor. Tampoco tenía idea de con
quién me había citado y por alguna razón, a pesar de que debía estar furiosa con Neal,
realmente quería verlo.
***
A las nueve menos cinco, estaba en frente de Ghyslain. Mi corazón hizo un ruido sordo
en mi pecho. No había visto a Neal desde que le dije sobre el embarazo y mientras
ansiaba con cada fibra de mi ser el salir del coche y correr a toda velocidad dentro de sus
brazos, otra parte más insegura estaba haciéndome hiperventilar. Miré mi reflejo; estaba
sudando.
—Tranquilízate, Tia, —me dije a mí misma. Tomé una profunda respiración y me sentí
ligeramente mejor, así que tomé otra y conté hasta que llegué a los dos mil. Me miré en
el espejo de nuevo. Ya no estaba sudando. Si esperaba un poco más, iba a sentarme aquí
toda la noche. En algún punto, tenía que salir.
Mientras dejaba mi coche, noté que solo había algunos coches estacionados afuera del Página 83
restaurante y las luces dentro lucían mucho más ligeras de lo que eran normal para esta
hora de la noche. Localicé el coche de Neal entre los estacionados al frente y, de repente,
mis nervios se calmaron.
Él estaba aquí. Él estaba aquí, dentro del restaurante ahora mismo, esperándome como
lo sospechaba. Todos mis miedos parecían estúpidos ahora. Apresuré mi paso, y cuando
abrí las puertas, jadeé y retrocedí.
El interior del restaurante no lucía como lo recordaba. El lugar entero había sido
despojado de los muebles, y las únicas luces en la habitación iluminaban sobre un
camino desde la puerta hasta el centro de la habitación. La línea del suelo, brillando en
la tenue luz, estaba alfombrada con pétalos de rosas rojos y blancos. ¿Él había alquilado
el restaurante entero para verme de nuevo?
En el centro de la habitación, bañado en una suave luz dorada, Neal estaba de pie
esperándome. Vestía un pantalón de vestir negro carbón con su cabello hacia atrás, y
lucía más atractivo de lo que recordaba. Mientras caminaba hacia él, moviéndome
suavemente sobre los pétalos de rosa, extendió su mano hacia mí. La tomé cuando lo
alcancé. Sus ojos destellaron, y me miró con la más tierna expresión.
—Es bueno que hayas venido, —dijo—. Estaba preocupado de que no te presentaras.
—Tia. —Él habló suavemente, sus labios cepillándose contra mi cabello. Volteé mi rostro
hacia arriba y lo besé.
Cada miedo, cada duda que sentí en el último mes y antes de eso, despareció tan pronto
como nuestros labios se encontraron. Éramos perfectos juntos. Justo aquí, en este
momento, podía ver más claro que nunca que estábamos destinados a estar juntos.
Simplemente no había otro camino.
Lágrimas saltaron en mis ojos y rodaron por mis mejillas antes de que pudiera hacer algo
para detenerlas. Abrí la caja. Difícilmente capaz de creerlo, toqué la cadena y la recogí
en mis manos. Era exactamente como la que mi madre me había dado, pero más nueva
y brillante.
—Cuando nos conocimos por primera vez, noté que tus dedos a menudo alcanzaban Página 84
algo que no estaba allí. —Hizo una pausa para limpiar una lágrima corriendo por mi
mejilla con su dedo—. Sabía que debía haber una razón. Eso y, por supuesto, Ella me
ayudó.
—Te amo, Tia, —continuó él—. Te he amado desde el momento en que puse mis ojos en
ti. Sabía todo iba a cambiar para mí desde ese momento. Y tenía razón. —Hizo una pausa
para tomar un respiro, y noté que sus ojos estaban comenzando a inundarse con
lágrimas—. No sabía el significado de la palabra amor antes de conocerte. Te amo como
nunca he amado antes y nunca lo haré de nuevo. Así que Tia, ¿me harías el hombre más
feliz en la tierra casándote conmigo?
Mis ojos estaban llenos con lágrimas y mi cuerpo estaba congelado por la conmoción.
—Tia, no me importa de quién sea el bebé siempre y cuando te tenga. Tu bebé es mío a
pesar del padre.
—Así que, ¿qué dices? —preguntó él, sonriendo—. Mis rodillas están comenzando a
doler.
—¿Tu prometida?
—¡Si! —gritó Neal y me abrazó—. Ya supuse eso y no sabes cuán emocionado estoy.
—Así que ya no estás comprometido, —dije, la voz de la razón estableciéndose. Todo lo Página 85
que quería era decir sí a este hombre y fugarme con él, pero él pertenecía a alguien más.
—Ya no. Tia, me hiciste notar lo que es el verdadero amor. Te quiero. Te necesito, Tia.
¿Así que, por favor, serías mi esposa? ¿Serías la madre de mis hijos?
Cuando asentí sinceramente, lágrimas derramándose, noté que en algún nivel, siempre
había sabido que Neal sería mío.
Neal puso el anillo sobre mi dedo y se levantó para besarme, y la habitación entera de
repente hizo erupción con aplausos y luces brillantes.
Miré alrededor, mareada, y la primera persona a la que vi fue a Ella. Ella estaba allí,
aplaudiendo y llorando al mismo tiempo, y junto a ella, Guy aplaudía de pie. Colleen,
mi amiga de Nueva York, estaba allí, así como Gem y Derrick Swanson.
El resto de la multitud era un compuesto de gente que supuse que eran algunos de los
amigos de Neal. Su madre también estaba allí, así como su chofer, Todd. Mientras todos
alrededor aplaudían y nos felicitaban, mi mano se disparó para tocar la cadena dorada
alrededor de mi cuello. Mamá, pensé en mi corazón, desearía que pudieras estar aquí para
ver esto.
—Te amo, —me dijo, besando mi lóbulo y frotando mi vientre—. Sé que tu mamá habría
estado muy feliz. No puedo esperar para conocer a nuestro bebé.
Me giré para besarlo completamente sobre los labios. Esto era una locura y las cosas
estaban pasando demasiado rápido, pero ¡no lo tendría de otra forma! Neal apareció en
mi vida a través de una aplicación, pero hizo su camino a mi corazón con su amabilidad
y amor. No había ningún otro lugar donde quisiera estar en ese momento. Y nuestro
bebé… tampoco podía esperar para conocerlo o conocerla. Mi vida había tomado un giro
completo, pero estaba feliz y agradecida por cómo habían terminado las cosas.
—Yo también te amo, —le susurré en medio de todos los aplausos de nuestra familia y
amigos.
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CRÉDITOS
TRADUCCIÓN
SoulOfRainbow
CORRECCIÓN Y REVISIÓN
Coral Black
DISEÑO
Daniela Herondale
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