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Meditaciones para Cuaresma

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Querida Familia, por este medio, les haremos llegar algunos pensamientos que nos han

dejado, a través del tiempo, almas distinguidas en el Amor a Nuestro Señor, con la intención
de afirmar en nosotros la idea de la necesidad de meditar la Pasión de Nuestro Señor,
especialmente en estos días en que acompañamos a Jesús en su tramo final hacia el Gólgota.

De “Las Sabatinas” Diario Espiritual de Sor María de Jesús de Agreda

AL PRINCIPIO DE LA CUARESMA [DE 1654]

Tuve una visión admirable, que, aunque de otra manera, he tenido el mismo conocimiento:
esto fue mucho más particular. Y fue que vi la tierra abierta, y el infierno descubierto, y que
estaban multitud de demonios como de partida, para salir al mundo, y conocí, que antes lo
habían rodeado, y mirado todos los sucesos que ellos podían, las disposiciones de las cosas, los
naturales que hay encontrados y las inclinaciones de las criaturas.

E, informados de todo, se juntaron, hicieron conciliábulo, y discurrieron cómo lo turbarían e


inquietarían todo, para que los fieles estuviesen indispuestos, turbados y llenos de tinieblas y
afanes exteriores porque no celebrasen la Cuaresma, ni los Misterios de la Redención. Y
después de dar grandes trazas, salían por el mundo rabiosos, fieros y crueles; y se derramaban
por él.

Mandáronme levantar los ojos al cielo, y vi que a el mismo tiempo, la providencia y


misericordia divina disponía oponerse a este daño y enviaba socorro a los fieles, como
providentísimo y piadoso Rey de sus vasallos, y conocí que llamaba muchas jerarquías de
Ángeles; y que postrados ante el Ser inmutable de Dios, se ofrecían a su obediencia, y les
fueron dadas órdenes grandiosas, y noticias admirables de granees secretos, y de cosas
futuras, y otras conveniencias, comunes, particulares y generales del linaje humano.

Y les mandó el Todopoderoso que favoreciesen a los fieles, y peleasen en su favor contra los
demonios. Que, singularmente, favoreciesen a los devotos de la Pasión y de los Misterios de la
Redención, los enriqueciesen de gracias y dones, los asistiesen y amparasen.

Salieron aquella multitud de Ángeles del cielo, llenos de piedad y caridad; y, como Dios es
caridad y están en Su Majestad, la ejercitan con sus criaturas liberalísimamente.

…….

De la Introducción al libro “las 24 horas de la Pasión” de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta.

Antes de todo, hay que decir que cualquier meditación acerca de la pasión de Nuestro Señor
Jesucristo es de suma complacencia al corazón adorable de Jesús, y de sumo provecho
espiritual para quien devotamente la hace. El bien espiritual que obtiene el alma de la asidua y
cotidiana meditación de los padecimientos de nuestro amorosísimo buen Jesús, no hay lengua
humana que lo pueda dignamente expresar. Ante todo, es imposible que el alma no se sienta
inflamar día a día en amor hacia el Divino Redentor Jesús. Aquí se realiza lo dicho por el
Profeta: "En la meditación el fuego se enciende”

San Annibale Maria Di Francia


De las Revelaciones de Santa Gertrudis La Magna

Cuán provechosa es la memoria de la Pasión de Cristo.

Parecíale una vez, tras haber meditado en su indignidad, hallarse desprovista de las fuerzas
que los méritos dan, y que desfallecía en el camino por donde en espíritu marchaba hacia Dios,
e inclinándose a ella el Señor con la benignísima piedad de costumbre dijo:

« Por derecho de ley matrimonial conviene que doquier la reina estuviere enferma, el rey se
dé priesa a visitarla ».

Por estas palabras entendió que el Señor se cree por su piedad tan obligado al alma que
medita con devoción frecuentemente, según lo sufre su capacidad, la memoria de su Pasión,
cuanto el rey está obligado para con la reina por ley de matrimonio. Conoció pues, haber
merecido aquella afabilísima visita del Señor, porque el viernes procuraba hacer memoria de
su Pasión; comprendió asimismo que por tibia que en la devoción estuviera, sería empero
mirada del Señor con mayor benignidad si no dejaba de celebrar la memoria de su Pasión.

…………………………………………………………………………………………………………………………………………….

Extraído de “El Hombre Dios” de las Revelaciones a María Valtorta

¿Y cómo no habéis sido capaz de ver el Infinito Amor de Dios, detrás del traje de Púrpura con
el que por nuestras culpas fue cubierto?

Dice Jesús:
-Y ahora ven (a María Valtorta). Aunque estés esta noche como uno próximo a expirar, ven,
que quiero guiarte hacía mis sufrimientos. Largo será el camino que tendremos que recorrer
juntos, porque no se me eximió de ningún dolor. De ningún dolor de la carne, de ninguno de la
mente, de ninguno del corazón, de ninguno del espíritu. Todos los experimenté, con todos me
alimenté, todos fueron bebida para mi sed, hasta morir por causa de ellos.
Si apoyaras en mi labio tu boca, sentirías en él todavía la amargura de tanto dolor. Si pudieras
ver mi Humanidad en su aspecto fúlgido de ahora, verías que ese fulgor emana de las
innumerables heridas que cubrieron con una túnica de púrpura viva mis miembros lacerados,
desangrados, maltratados, traspasados por amor a vosotros.
Ahora es fúlgida mí Humanidad. Pero hubo un día en que, de tanto como la maltrataron y
humillaron, asemejó a la de un leproso. El Hombre-Díos, que tenía en sí la perfección de la
belleza física porque era Hijo de Dios y de la Mujer sin mancha, apareció entonces, ante los
ojos de quien lo miraba con amor, con curiosidad o mirada despreciadora, feo: un "gusano"
como dice David, el oprobio de los hombres, el desecho de la plebe. (Salmo 22, 7. Siguen citas
de: Isaías 53,4-5; Cantar de los Cantares 2, 10-12)
El amor al Padre y a las criaturas de mi Padre me llevó a abandonar mi cuerpo a los que me
golpeaban, a ofrecer mi rostro a los que me abofeteaban y escupían, a los que creían hacer
una obra meritoria arrancándome los mechones de cabello y la barba, hincando en mi cabeza
espinas, haciendo cómplices incluso a la tierra y a sus frutos de los tormentos que ellos
infligían a su propio Salvador, dislocándome los miembros, descubriendo mis huesos,
arrancándome las vestiduras y dando así a mi pureza la mayor de las torturas, clavándome en
un madero y levantándome como el matarife cuelga de los ganchos a un cordero degollado, y
ladrando alrededor de mí agonía como una manada de lobos famélicos, cuya ferocidad
aumenta con el olor de la sangre. Acusado, condenado, matado. Traicionado, negado, vendido.
Abandonado incluso por Dios, al estar sobre mí los delitos con que Yo me había cargado. En un
estado de pobreza mayor que el de un mendigo asaltado por bandoleros, porque no me
dejaron ni siquiera el vestido para cubrir mi lívida desnudez de mártir. No eximido, ni siquiera
después de la muerte, de la agresión de una herida ni de las calumnias de los enemigos.
Sumergido en el fango de todos vuestros pecados, hundido hasta el fondo de las tinieblas del
dolor, sin luz del Cielo que respondiera a mi mirada agonizante, ni voz divina que respondiera a
mi extrema invocación.
Isaías expresa la razón de tanto dolor: "Verdaderamente Él ha tomado sobre sí nuestros males
y ha llevado nuestros dolores". ¡Nuestros dolores! ¡Sí, por vosotros los he llevado! Para aliviar
los vuestros, para mitigarlos, para anularlos, si me hubierais sido fieles. Pero no habéis querido
serlo. ¿Y qué he recibido a cambio? Me habéis "mirado como a un leproso, como a uno
castigado por Dios". Sí, sobre mí estaba la lepra de vuestros pecados infinitos; sobre mí
estaba, como un vestido de penitencia, como un cilicio. ¿Y cómo no habéis visto
transparentarse a Dios con su infinita caridad a través de esa vestidura que echó sobre su
santidad por vosotros!

…………………………………………………………………………………………………………………………………………..

Enseñanzas de María Santísima a María de Jesús de Agreda, a cerca de la gravedad de nuestro


olvido de Meditar la Pasión de Nuestro Señor.

1153. Hija mía, de nuevo te llamo y convido, para que, ilustrada tu alma con especiales dones
de la divina luz, entres en el profundo piélago de los misterios de la pasión y muerte de mi Hijo
santísimo. Prepara tus potencias y estrena todas las fuerzas de tu corazón y alma, para que en
alguna parte seas digna de conocer, ponderar y sentir las ignominias y dolores que el mismo
Hijo del Eterno Padre se dignó de padecer, humillándose a morir en una cruz para redimir a los
hombres, y todo lo que yo hice y padecí, acompañándole en su acerbísima pasión.

Esta ciencia tan olvidada de los mortales quiero que tú, hija mía, la estudies y aprendas para
seguir a tu Esposo y para imitarme a mí, que soy tu Madre y Maestra. Y escribiendo y sintiendo
juntamente lo que yo te enseñaré de estos sacramentos, quiero que de todo punto te
desnudes de todo humano y terreno afecto y de ti misma, para que alejada de lo visible sigas
pobre y desvalida nuestras pisadas.

Y porque ahora con especial gracia te llamo a ti a solas para el cumplimiento de la voluntad de
mi Hijo santísimo y mía y en ti queremos enseñar a otros, es necesario que de tal manera te
des por obligada de esta copiosa Redención, como si fuera benefició para ti sola y como si se
hubiera de perder no aprovechándote tú sola. Tanto como esto lo debes apreciar, pues con el
amor con que murió y padeció mi Hijo santísimo por ti, te miró con tanto afecto como si fueras
tú sola la que necesitabas de su pasión y muerte para tu remedio.

Con esta regla debes medir tu obligación y tu agradecimiento. Y cuando conoces el pesado y
peligroso olvido que hay en los hombres de tan excesivo beneficio, como haber muerto por
ellos su mismo Dios y Criador hecho hombre, procura tú recompensarle esta injuria amándole
por todos, como si el retorno de esta deuda estuviera remitido a solo tu agradecimiento y
fidelidad.

Y duélete asimismo de la ciega estulticia de los hombres en despreciar su eterna felicidad y en


atesorar la ira del Señor contra sí mismos, frustrándole los mayores afectos de su infinito amor
para con el mundo.

Quiero también que adviertas cuán aborrecible es en los ojos del Señor y en los míos y de
todos los Bienaventurados el desprecio y olvido de los hombres en frecuentar la Comunión
Sagrada y el no llegar a ella con disposición y fervor de devoción. Para que entiendas y escribas
este aviso, te he manifestado lo que yo hice (Cf. supra n. 835), disponiéndome tantos años
para el día que llegase a recibir a mi santísimo Hijo sacramentado, y lo demás, que escribirás
adelante (Cf. infra n. 1197; p. III n. 109, 583), para enseñanza y confusión vuestra; porque si yo,
que estaba inocente y sin alguna culpa que me impidiese y con tanto lleno de todas las gracias,
procuré añadir nueva disposición de ferviente amor, humildad y agradecimiento, ¿qué debes
hacer tú y los demás hijos de la Iglesia, que cada día y cada hora incurren en nuevas culpas y
fealdades, para llegar a recibir la hermosura de la misma divinidad y humanidad de mi Hijo
santísimo y mi Señor? ¿Qué descargo darán los hombres en el juicio, de haber tenido consigo
al mismo Dios sacramentado en la iglesia, esperando que vayan a recibirle para llenarlos de la
plenitud de sus dones y han despreciado este inefable amor y beneficio por emplearse y
divertirse en deleites mundanos y servir a la vanidad aparente y engañosa? Y admírate, como
lo hacen los Ángeles y Santos, de tal insania y guárdate de incurrir en ella.

Consideraciones de San Annibale María Di Francia, en la Introducción al libro “las 24 horas de


la Pasión” de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta.

Otro extremo, o mejor, exceso, que se debe meditar en la Pasión adorable de Jesucristo
Nuestro Señor es que para salvar las almas nuestras, para redimir el mundo todo, no era en
realidad necesario que Él sufriera las penas inefables del Alma y del Cuerpo a que se quiso
sujetar, ni todas las ignominias a que se quiso someter.

Habiéndose hecho Hombre en el Seno Inmaculado de su Santísima Madre, le bastaba elevar


una sola oración a su Padre, hacer un solo acto de adoración a la Divinidad, derramar una sola
gota de su sangre preciosísima, cuanta se puede derramar por una pequeña herida hecha con
la punta de un alfiler, y con esto habría podido redimir no un mundo solo, sino millones y
millones de mundos, pues cada acción, aún la más pequeña, del adorable Señor Nuestro
Jesucristo era de valor infinito.

Pero ¿por qué, entonces, quiso ser más que inundado, sumergido en tantos cruelísimos,
acerbísimos y dolorosísimos tormentos, penas, ignominias y agonías... que lo hicieron decir
con el Profeta: "Me he adentrado en altamar y la tempestad me ha anegado”. (Sal. 68, 3). ¡Oh
misterio de amor infinito del corazón de Jesús! Lo que bastaba para redimir millones de
mundos era nada para el amor suyo por nosotros. Él quiso mostrarnos cuánto nos ama, hasta
dónde se extiende su amor por nosotros, y quiso prepararnos una Redención copiosa de
demostraciones, de expiaciones, de ejemplos admirables y de inobjetables argumentos y
pruebas de su ternísimo amor. ¿Y qué corazón es el nuestro si somos insensibles a un amor
que para convencernos y atraernos se quiso manifestar a nosotros con las pruebas de penas
tan inauditas como continuas?

Ah, una de las causas de nuestra dureza e insensibilidad es precisamente el imperdonable


descuido en meditar y considerar cotidianamente la Pasión adorable de Nuestro Sumo Bien.
Jesús no se cansó de sufrir y agonizar treinta y cuatro años, en su alma y en su cuerpo, por
nosotros. Y nosotros, ¿nos cansamos en dirigir, por lo menos media hora al día, la mirada del
alma a meditar penas tan inefables y por amor a nosotros sufridas por el Hijo de Dios hecho
Hombre, por el Santo de los Santos, por el Impecable, que por nosotros se hizo pecado, esto
es, víctima de todos los pecados?

Pero otro extremo de tan infinito amor debemos considerar en la dolorosa e ignominiosa
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Un extremo que es como el golpe decisivo para destrozar
la frialdad y dureza de nuestro corazón y encadenarlo todo al amor del Eterno Divino Amante
de las almas; extremo que si no sirve para conmovernos, servirá para hacernos reos de la más
culpable crueldad, y para precipitarnos por el camino de la perdición. Este extremo, sí, es
considerar que todo lo que Jesucristo Nuestro Señor sufrió por amor y salvación de todas las
generaciones humanas, es decir, por un número interminable de almas, lo sufrió igualmente
por cada alma en particular. Es decir, que si en el mundo no hubiera existido sino una sola
alma, por aquella alma sola Nuestro Señor Jesucristo habría hecho y sufrido cuanto hizo y
sufrió por la redención de todo el género humano. O sea, oh lector o lectora míos, que si en el
mundo no hubiera existido sino sólo tu alma que salvar, por ti sola el Hijo de Dios habría
bajado del Cielo a la tierra, se habría encarnado tomando un cuerpo pasible, habría sufrido
treinta y cuatro años, sin un solo instante de tregua, en el alma y en el cuerpo; se habría
entregado por ti sola en manos de los mismos sufrimientos, de los mismos ultrajes, de las
agonías, de los flagelos, de las espinas, de la misma Cruz y de la misma muerte... ¡Sí, así es!
Pues es verdad que Nuestro Señor Jesucristo ama tanto a un alma cuanto ama a todas las
almas presentes, pasadas y futuras, juntamente tomadas.

¿Quién podrá permanecer indiferente ante esta Caridad Infinita?

…………………………………………………………………………………………..

El pastorcico. San Juan de la Cruz

Un pastorcico solo está penando

Ajeno de placer y de contento

Y en su pastora puesto el pensamiento

Y el pecho del amor muy lastimado.

No llora por haberle amor llagado


Que no le pena verse así afligido

Aunque en el corazón está herido

Mas llora por pensar que está olvidado.

Que sólo de pensar que está olvidado

De su bella pastora con gran pena

Se deja maltratar en tierra ajena

El pecho del amor muy lastimado.

Y dice el pastorcico: “¡Ay desdichado

De aquel que de mi amor ha hecho ausencia

Y no quiere gozar la mi presencia

Y el pecho por su amor muy lastimado!”

Y al cabo de un gran rato se ha encumbrado

Sobre un árbol do abrió sus brazos bellos

Y muerto se ha quedado asido de ellos

Del pecho del amor muy lastimado.

………………………………………………………………….

Del libro Revelaciones Celestiales, de Ntro. Señor a Santa Brígida. (LIBRO 1 - CAPÍTULO 11)

El Hijo de Dios se dirigió a su esposa, diciendo: “Yo soy el Creador del Cielo y la tierra, y el que
se consagra en el altar es mi verdadero cuerpo. Ámame con todo tu corazón, porque yo te amé
y me entregué a mis enemigos por mi propia y libre voluntad, mientras que mis amigos y mi
Madre se quedaron en amargo dolor y llanto. Cuando vi la lanza, los clavos, las correas y todos
los demás instrumentos de mi pasión allí preparados, aún así acudí a sufrir con alegría. Cuando
mi cabeza sangraba por todas las partes desde la corona de espinas, aún entonces, y aunque
mis enemigos se apoderasen de mi corazón, también, antes que perderte, dejaría que lo
hiriesen y lo despedazasen.

Por ello serías muy ingrata si, en correspondencia a tanta caridad, no me amases. Si mi cabeza
fue perforada y se inclinó en la cruz por ti, también tu cabeza debería inclinarse hacia la
humildad. Dado que mis ojos estaban ensangrentados y llenos de lágrimas, tus ojos deberían
apartarse de visiones placenteras. Si mis oídos se obstruyeron de sangre y oí palabras de burla
contra mí, tus oídos tendrían que apartarse de las conversaciones frívolas e inoportunas.

Al habérsele dado a mi boca una bebida amarga y negársele una dulce, guarda tu propia boca
del mal y deja que se abra para el bien. Puesto que mis manos fueron estiradas y clavadas, que
las obras simbolizadas en tus manos se extiendan a los pobres y a mis mandamientos. Que tus
pies, o sea, tus afectos, con los que debes caminar hacia mí, sean crucificados a los deleites de
manera que, igual que Yo sufrí en todos mis miembros, también todos tus miembros estén
dispuestos a obedecerme. Demando más servicios de ti que de otros porque te he dado una
mayor gracia”.

…………………………………………………..

EL Pastorcico. San Juan de la Cruz

Un pastorcico solo está penando

Ajeno de placer y de contento

Y en su pastora puesto el pensamiento

Y el pecho del amor muy lastimado.

No llora por haberle amor llagado

Que no le pena verse así afligido

Aunque en el corazón está herido

Mas llora por pensar que está olvidado.

Que sólo de pensar que está olvidado

De su bella pastora con gran pena

Se deja maltratar en tierra ajena

El pecho del amor muy lastimado.

Y dice el pastorcico: “¡Ay desdichado

De aquel que de mi amor ha hecho ausencia

Y no quiere gozar la mi presencia

Y el pecho por su amor muy lastimado!”


Y al cabo de un gran rato se ha encumbrado

Sobre un árbol do abrió sus brazos bellos

Y muerto se ha quedado asido de ellos

Del pecho del amor muy lastimado.

…………………………………..

SONETO A CRISTO CRUCIFICADO

No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

………………………………………………………………………………………..
De libro Revelaciones Celestiales de Santa Brígida

LIBRO 1 - CAPÍTULO 35

Palabras de la Virgen a Sta. Brígida esposa, explicándole su dolor en la pasión de Cristo, y sobre
cómo el mundo fue vendido por Adán y Eva y recuperado mediante Cristo y su Madre la
Virgen.

Habló María: “Considera, hija, la pasión de mi Hijo. Sentí como si los miembros de su cuerpo y
su corazón fueran los míos. Lo mismo que los otros niños son normalmente gestados en el
útero de su madre, igual ocurrió en mí. Sin embargo, Él fue concebido por la ferviente caridad
del amor de Dios, mientras que otros son concebidos por la concupiscencia de la carne. Así, su
primo Juan dijo rectamente: ‘El Verbo se hizo carne’. Él vino y estuvo en mí por el amor. El
verbo y el amor lo crearon en mí. Él fue para mí como mi propio corazón y, por ello, cuando di
a luz sentí que la mitad de mi corazón había nacido y salido de mí.

Cuando Él sufría, sentía cómo sufría mi propio corazón. Cuando algo está mitad fuera y mitad
dentro, si la parte de fuera es dañada, la parte de adentro siente un dolor parecido. De la
misma manera, cuando mi Hijo fue azotado y herido, era como si mi propio corazón estuviera
siendo azotado y herido. Yo era la persona más cercana a Él en su pasión, y nunca me separé
de Él. Estuve al lado de su cruz y, como quien está más cerca del dolor lo sufre más, así su
dolor fue peor para mí que para los demás. Cuando Él me miró desde la cruz y yo lo miré, mis
lágrimas brotaron de mis ojos como sangre de las venas.

Cuando Él me vio desbordada de dolor, se sintió tan angustiado por mi dolor que todo el dolor
de sus propias heridas se amainó al ver el dolor en mí. Por ello puedo decir que su dolor era mi
dolor y que su corazón era mi corazón. Igual que Adán y Eva vendieron el mundo por una sola
manzana, puedes decir que mi Hijo y Yo recuperamos el mundo con un solo corazón. Así, hija
mía, piensa en cómo estaba yo cuando murió mi Hijo y así no te resultará difícil prescindir del
mundo”.

………………………………………….

Los dolores y tormentos de la Pasión no deben considerarse comunes y deben generarnos


sentimientos extraordinarios.

Digna cosa fuera hablar de la pasión, afrentas y tormentos de nuestro Salvador Jesús con
palabras tan vivas y eficaces, que pudieran penetrar más que la espada de dos filos, hasta
dividir con íntimo dolor lo más oculto de nuestros corazones (Heb 4, 12). No fueron comunes
las penas que padeció, no se hallará dolor semejante como su dolor (Lam 1, 12), no era su
persona como las demás de los hijos de los hombres, no padeció Su Majestad por sí mismo ni
por sus culpas, sino por nosotros y por las nuestras; pues razón es que las palabras y términos
con que tratamos de sus tormentos y dolores no sean comunes y ordinarios, sino con otros
vivos y eficaces se la propongamos a nuestros sentidos. Pero ¡ay de mí, que ni puedo dar
fuerza a mis palabras, ni hallo las que mi alma desea para manifestar este secreto! Diré lo que
alcanzare, hablaré como pudiere y se me administrare, aunque la cortedad de mi talento
coarte y limite la grandeza de la inteligencia y los improporcionados términos no alcancen a
declarar el concepto escondido del corazón. Supla el defecto de las razones la fuerza y viveza
de la fe que profesamos los hijos de la Iglesia. Y si las palabras son comunes, sea extraordinario
el dolor y el sentimiento, el dictamen altísimo, la comprensión vehemente, la ponderación
profunda, el agradecimiento cordial y el amor fervoroso, pues todo será menos que la verdad
del objeto y de lo que nosotros debemos corresponder como siervos, como amigos y como
hijos adoptados por medio de su pasión y muerte santísima.

REVELACIÓN LXXVII

Alabanzas que la Virgen María hace de la dulzura y misericordia fiel corazón de su divino Hijo, y
medios de conseguir esta misericordia.

El corazón de mi Hijo, dice nuestra Señora, es más suave y más dulce que la misma miel, y más
limpio que una clara y cristalina fuente, porque de él sale todo lo bueno y virtuoso, como de su
fuente y principio. ¿Qué puede haber más grato para un hombre juicioso que considerar el
amor de Dios en criarlo y en redimirlo, en los trabajos que padeció por él y en la doctrina que
le enseñó, en las mercedes que le hace y en la paciencia con que le sufre? Su amor no es
pasajero como él agua, sino amplio y duradero, porque permanece con el hombre hacia el
último extremo, de manera que aun cuando estuviese un pecador a las puertas de la muerte y
de su perdición, si desde allí clamase con propósito de la enmienda, lo oiría Dios y lo libraría de
la condenación eterna.

Dos caminos hay por donde se puede ir al corazón de Dios. El primero es la humildad de la
verdadera contrición, la cual lleva al hombre al corazón de Dios y le proporciona que pueda
tener coloquio espiritual. El segundo es considerar la Pasión de mi Hijo, la cual ablanda la
dureza del corazón del hombre y le hace correr con alegría al corazón de Dios.

………………………………………………………

Revelaciones de Nto. Señor a Sor Benigna Consolata

“Es mi deseo que los corazones se dejen penetrar del pensamiento tan saludable de mi Pasión,
como una tela empapada de aceite, que se vierte sobre ella sin hacer ruido; pero que, sin
embargo, ésta se queda llena de él.

Pero esto, sin obligación, sino como un convite del Amor.

Me agradaría que aunque no fuera más que una vez al día, la meditación fuera sobre mi
Pasión.

El pensamiento de mi Pasión ha de ser como un ramo de flores que siempre lleven sobre el
corazón”.
Enseñanzas de la Santísima Virgen, a María de Jesús de Agreda, en torno a lo ocurrido en el
prendimiento de Jesús y la Traición de Judas.

Hija mía, en todo lo que vas escribiendo y entendiendo por mi doctrina, vas fulminando el
proceso contra ti y todos los mortales, si tú no salieres de su parvulez y vencieres su ingratitud
y grosería, meditando de día y de noche en la pasión, dolores y muerte de Jesús crucificado.
Esta es la ciencia de los santos que ignoran los mundanos, es el pan de la vida y entendimiento
que sacia a los pequeños y les da sabiduría, dejando vacíos y hambrientos a los soberbios
amadores del siglo. Y en esta ciencia te quiero estudiosa y sabia, que con ella te vendrán todos
los bienes (Sab 7, 11).

Y mi Hijo y mi Señor enseñó el orden de esta sabiduría oculta, cuando dijo: Yo soy el camino, y
la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, si no es por Mí (Jn 14, 6). Pues, dime, carísima, si mi
Señor y Maestro se hizo camino y vida de los hombres por medio de la pasión y muerte que
padeció por ellos, ¿no es forzoso que para andar este camino y profesar esta verdad han de
pasar por Cristo crucificado, afligido, azotado y afrentado? Atiende, pues, ahora la ignorancia
de los mortales que quieren llegar al Padre sin pasar por Cristo, porque sin haber padecido ni
haberse compadecido con Él, quieren reinar con Su Majestad; sin haberse acordado de su
pasión y muerte, ni para gustarla en algo ni agradecerla de veras, quieren que les valga para
que en la vida presente y en la eterna gocen ellos de deleites y de gloria, habiendo padecido su
Criador acerbísimos dolores y pasión para entrar en ella y dejarles este ejemplo y abrirles el
camino de la luz.

Santa Rosa de Lima

"Fuera de la cruz no hay otra escala por donde subir al cielo."

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Fulton Sheen

"La cruz debe ser el preludio de la recompensa."

Santa Madre Maravillas

"La cruz es un tesoro del cual no nos quiere privar este Rey nuestro, que conoce tan bien su
valor."

Don Orione
"A Jesús se le sirve y se le ama en la Cruz y crucificados con El."

Santa Teresa

"La medida del poder llevar una cruz grande o pequeña es la del amor"

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Santa Teresa

"En la cruz está la vida y el consuelo, y ella sola es el camino para el cielo."

Santa Bernardita

"En la cama, con mi cruz, soy más feliz que una reina en su trono."

…………………………………………………………………………………

Inefable provecho de meditar en la Pasión del Señor

(Diálogo del Siervo, fray Enrique, con la Eterna Sabiduría, Cristo)

FRAY ENRIQUE, EL SIERVO: Señor, creo que nadie sabe bien cuántos beneficios podrían
obtenerse de tu pasión y cuán inmensos son los frutos que en ella se encuentran, si uno
quisiera consagrarle su espacio y tiempo.

¡Qué senda tan segura es el camino de tu pasión, que lleva al hombre por la vía de la verdad
hasta la cumbre más alta de toda perfección!

¡Qué razón tenías tú, bienaventurado Pablo, luz eximia entre todos los astros del cielo, cuando
hablaste! Tú, aunque fuiste raptado a las alturas y abismado en los ocultos misterios de la
desnuda divinidad hasta el punto de oír palabras misteriosas que ningún hombre puede
pronunciar (2 Cor 12,4), sin embargo, abrazaste sobre todas las cosas la amadísima pasión de
Cristo con tanto amor y dulzura de tu corazón, que no dudaste en decir: Nada he creído saber
entre vosotros, sino a Cristo Jesús, y éste crucificado (1 Cor 2,2).

Bienaventurado seas tú también entre todos los doctores, dulce Bernardo, cuya alma fue
admirablemente iluminada por los rayos del Verbo eterno, pues con la dulce elocuencia que
mana de la exuberancia de tu corazón predicaste y ensalzaste la pasión de la humanidad de
Cristo, diciendo entre otras cosas:

«Hermanos, desde el principio de mi conversión y como acervo de los méritos que sabía que
me faltaban, procuré juntar y colocar entre mis pechos este pequeño haz hecho de todas las
angustias y amarguras de mi Señor. A meditar estas cosas llamé sabiduría; en ellas he
descubierto la perfección de la justicia, la plenitud de la ciencia, las riquezas de la salvación y el
tesoro de los méritos. De ellas me viene la saludable bebida de la amargura y el dulce bálsamo
del consuelo. Ellas me sostienen en la adversidad, y en la prosperidad me ponen freno; ellas al
que camina por la vía regia entre la alegría y la tristeza de la vida presente, le ofrecen una guía
segura, alejando los males que le amenazan...»

Y poco después: «Esta es mi más sublime filosofía: conocer a Jesús, y a éste crucificado. Yo no
busco, como la esposa, donde reposa al mediodía aquel a quien abrazo gozoso entre mis
pechos. No pregunto dónde pastorea al mediodía aquel a quien veo como Salvador en la cruz.
Aquello es más elevado, esto más dulce y conveniente para mí. Aquello es pan, esto leche...»
No es casualidad, padre san Bernardo, que tu lengua destilara palabras tan dulces, pues la
dulce pasión de Cristo había endulzado tu corazón.

Eterna Sabiduría, de todo lo dicho deduzco fácilmente que todo el que desee grandes premios,
la salvación eterna, una ciencia excelente y una sabiduría superior, y quiera gozar de un alma
equilibrada en la adversidad y en la prosperidad y estar completamente seguro frente a todo
mal, ése debe llevarte a Ti, su Señor crucificado, ante los ojos del alma dondequiera que vaya.

RESPONDE CRISTO, LA ETERNA SABIDURIA: No creas haber entendido cuán útil es esto y qué
premios reporta. Créeme, el recuerdo continuo de mi bondadosísima pasión convierte a un
ignorante en sabio doctor. Y no es de extrañar, pues mi pasión es en sí misma un libro de vida
en el que puede encontrarse todo. ¡Sea tres y cuatro veces bienaventurado aquel que la tiene
siempre ante sus ojos y a ella se consagra! ¡Qué sabiduría y gracia, qué consuelo y dulzura, qué
superación de todos los vicios y qué sentido de mi continua presencia puede obtener! Escucha
un ejemplo de esto:

Hace muchos años, un hermano predicador, al principio de su conversión, sufría horriblemente


por una melancolía desordenada, la cual le resultaba a veces tan molesta que sólo quien la
hubiera experimentado sería capaz de comprenderla. En cierta ocasión, estando sentado en su
celda después de la comida, le oprimió tanto esa tentación, que no le apetecía ni estudiar, ni
orar, ni hacer nada bueno, y se quedaba triste en su celda, con las manos recogidas en su
regazo, como si quisiera al menos guardar su celda en alabanza de su Señor, pues se sentía
completamente imposibilitado para cualquier otro ejercicio espiritual. Viviendo en ese estado,
privado de todo consuelo, le pareció oír en su interior una voz que le decía: «¿Por qué estás
sentado aquí? Levántate y recuerda todo lo que yo he sufrido: así olvidarás toda tu aflicción».
El, levantándose al punto (pues entendió que la voz venía del cielo), empezó a meditar la
pasión del Señor Jesús y se sintió de tal modo liberado de su sufrimiento, que jamás volvió a
experimentar algo así.

(FRAY ENRIQUE) : Eterna Sabiduría, Tú que conoces todos los corazones, sabes, sin duda, que
nada hay para mí más deseable que sentir tu acerbadisima pasión con más vehemencia que los
demás hombres, y de tal modo que de mis ojos mane noche y día una fuente de tristes
lágrimas. Y por eso me quejo amargamente ante Ti porque tu pasión no logra traspasar
profundamente mi alma en cada momento y yo no puedo meditarla con tanta devoción como
Tú te mereces, amadísimo Señor. Enséñame cómo debo comportarme.
(CRISTO, ETERNA SABIDURIA): La meditación de mi pasión no debe ser superflua sino que debe
hacerse con íntimo amor del corazón y con sentida reflexión. De otro modo, el corazón no
sentirá más devoción que la que siente el paladar por una comida dulce, pero sin masticar. Y si,
a pesar de recordar la inefable angustia y el dolor que me causó, no puedes rememorar mi
pasión con los ojos humedecidos, hazlo al menos con ánimo alegre por los bienes inmensos
que de ella recibes. Si tampoco eso alcanzas, si no puedes meditarla ni con alegría ni con
llanto, medítala entonces con el corazón árido en alabanza a Mí, pues de ese modo me haces
un obsequio más grato que si te derritieras entero a causa de las lágrimas y la dulzura, ya que
de este modo actúas por amor a la virtud, no buscándote a ti mismo.

Y para que mi pasión penetre cada vez más en tu corazón, escucha ¡o que te voy a decir... Si un
gran pecador ... ha de cumplir en el ardiente horno del terrible purgatorio las penas que aquí
no pagó, ... todo lo que él debe pagar puede expiarlo y borrarlo por la economía de mi
inocente pasión. Y, en verdad, aquella pobre alma podrá refugiarse y agarrarse de tal modo al
ilustre tesoro de mi pasión, que, aunque tuviera que sufrir mil años los tormentos del
purgatorio, en un instante quedará libre de toda culpa y pena, y, abandonando el purgatorio,
volará libre al cielo.

EL SIERVO: Señor, enséñame cómo puede ser esto. ¡Cómo me gustaría conquistar de ese modo
el tesoro de tu pasión!

ETERNA SABIDURIA: Debe hacerse como sigue:

1. Con corazón contrito, examine y pondere el hombre seria y frecuentemente la gravedad y


cantidad de sus grandes pecados, pues con ellos ha ofendido tan irreverentemente los ojos de
su Padre celestiaL

2. Después, tenga en nada sus obras de penitencia, pues, comparadas con los pecados, no son
más que una gota en el océano.

3. Considere la admirable inmensidad de mi expiación, puesto que una gotita de la sangre


preciosa que mana en abundancia por todo mi cuerpo bastaría para borrar los pecados de mil
mundos; aunque tanto se beneficia uno de mi expiación cuanto se conforma a Mí por
compasión.

4. Finalmente, debe sumergir y fijar humilde y encarecidamente la pequeñez de su expiación


en la infinidad de la mía.

En resumen, ni los aritméticos, ni los geómetras, ni todos los maestros juntos son capaces de
enumerar la inmensidad de los bienes que permanecen ocultos en la asidua meditación de mi
pasión.
EL SIERVO: Siendo esto así, Señor, te pido que pongas fin a todo lo que me ha alejado de tí y
me introduzcas profundamente en las riquezas ocultas de tu amadísima pasión.

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