0% encontró este documento útil (0 votos)
50 vistas21 páginas

Durkheim y la Sociología de la Educación

Cargado por

Victor Mareco
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
50 vistas21 páginas

Durkheim y la Sociología de la Educación

Cargado por

Victor Mareco
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Instituto superior de Formación docente José Manuel Estrada

CLASE N°4

Profesora Alejandra Arriola

Categorías fundantes del campo de la sociología de la


educación:
Contenidos Émile Durkheim: educación en integración social. la
contribución de la educación pública a la solidaridad
orgánica. La escuela como microcosmos social.

Bibliografía obligatoria Clase 4


Bibliografía sugerida o DURKHEIM, E. Las reglas del método sociológico.
ampliatoria

1
Estimados estudiantes: ¡bienvenidos nuevamente!

Comencemos…

Como leyeron en la tabla de presentación, no tiene más bibliografía


obligatoria que esta clase, esto es debido a que las teorías del autor que vamos a estudiar son
amplísimas, de manera que busque brindarles aquellas teorías que no interesan a nuestro
espacio. Por otra parte un espacio tan breve como este quizás no nos alcance. Sin embargo,
les dejo en la bibliografía de elaboración de esta clase, los enlaces donde pueden leer las
obras originales para aquellos interesados en la temática que desean profundizar.

Así, llegamos a Emilie Durkheim.

En reiteradas oportunidades hemos leído que los tres autores


pilares de la sociología de la educación son Marx, Durkheim y
Weber. Pero no hemos aclarado por qué. A pesar de las diferencias
de época, (cuando Marx murió, en 1883, Durkheim y Weber eran jóvenes que se encontraban
en el umbral de su carrera académica) los tres comparten la preocupación por los problemas
de la naturaleza de los cambios que se están produciendo, forjando, cada uno a su manera,
hipótesis acerca del futuro. Pero sus interrogantes y la manera como se insertan ellos mismos
en sus sociedades son diferentes.

A Marx, militante político, le importa conocer el funcionamiento de la sociedad como


entidad conflictiva, lo cual lo lleva a proposiciones acerca de las transformaciones futuras.

Emilie Durkheim, implicado en la política de su tiempo como reformador, pero ante todo
eminencia universitaria, se interroga acerca de las vías para llegar a un nuevo orden dotado
de cohesión ante la desaparición de las antiguas formas de solidaridad social.

Max Weber, el “Marx burgués” como lo bautizó Mommsen, polemiza implícita y


explícitamente con Marx investigando el proceso de racionalización y el origen del
capitalismo. No son ni el conflicto ni el orden, sino la racionalización y la burocratización.
las características intrínsecas e inevitables de las sociedades modernas, las que, según Weber,
deben ser aceptadas.

Los tres autores se ocupan de la especificidad de la acción social respecto de otros tipos
de conductas, pero es particularmente en Durkheim y en Weber donde encontramos la

2
conexión entre la concepción de la acción social, la especificidad de los hechos sociales y la
legitimidad de la sociología como modo de conocimiento autónomo.

El autor que tienen como lectura


sugerida a esta clase considera que:
pasar de Marx a Durkheim no solo
Émile Durkheim nació en el año
1858 en la región de la Lorena y significa trasladarse a una
murió en París en 1917. Su madurez
generación posterior de pensadores
intelectual abarca el duro período de
consolidación y crisis de la Tercera sociales; se realiza también un
República francesa (1870-1940). De
familia judía, descendiente de cambio de suma importancia por lo
rabinos, fue un producto claro del
que se refiere al contexto
laicismo y del cientificismo de esa
Francia republicana que se erigía institucional y a la tradición
luego de Luis Bonaparte –último
monarca–, y sus preocupaciones solo intelectual. De los tres escritores
pueden entenderse al calor de la […] fue el que estuvo menos
fuerte conflictividad social y la crisis
moral que vivía el país luego de la directamente implicado a nivel
derrota en la guerra franco-prusiana
y de la insurrección y posterior personal en los grandes
aplastamiento de la Comuna de acontecimientos políticos de su
París. A estas profundas
transformaciones políticas se época, casi todas sus obras tienen un
sumaron los efectos del acelerado
proceso de desenvolvimiento del
carácter puramente académico…
capitalismo industrial, y las (GIDDENS , 1994:83 5°ed)
tensiones que generaron para la
integración social. Su pensamiento es inseparable
de las preocupaciones de su época:
la laicización de la enseñanza
pública, los progresos de la gran
industria y el desarrollo de las
ciencias humanas. La preocupación de los gobiernos de la III República por constituir una
moral cívica recorre toda la obra de Durkheim (1858-1917).

La convergencia entre las preocupaciones del joven Durkheim y las de su tiempo


explican probablemente que el Ministerio le haya atribuido una Cátedra de Pedagogía y
Ciencia Social en Burdeos en 1887 cuando era el autor de solamente tres artículos. Sus
primeros cursos estuvieron dedicados a “la solidaridad social” y a los precursores de la
sociología (Aristóteles, Montesquieu, Comte), a la familia y la naturaleza de los lazos de

3
parentesco y a “la física del derecho y de las costumbres”. Durkheim había seguido cursos
de filosofía, pero encontró sus verdaderos maestros en Spencer, Renouvier y sobre todo
Augusto Comte, y de ellos retuvo la inquietud por buscar los principios que guían la
evolución de las sociedades. De Comte heredó el interés por instituir a la sociología como
disciplina autónoma, con un campo de aplicación propio y de Renuovier la idea de hacer de
la moral una ciencia positiva.

Para ampliar la bibliografía del autor recurrimos a la enciclopedia Wikipedia

(wikipedia, 2016)

En 1913, por primera vez, la cátedra de Durkheim pasa a ser la “Cátedra de sociología
de la Sorbona”, consagrando a la sociología institucionalmente como disciplina autónoma;
la escuela durkheimiana dominará durante muchos años la sociología universitaria francesa.

Nociones básicas en la teoría durkheimiana: se concentran en dos grandes temas.

1) la especificidad de la sociología 2) el problema de la cohesión


como ciencia autónoma y social.

1) La especificidad de la sociología como ciencia autónoma

Su obra Las reglas del método sociológico está dedicada a demostrar y definir la
especificidad de la sociología y a describir sus métodos propios. Durkheim sostiene que, por
su objeto, la sociología debe distinguirse de la psicología (que estudia los fenómenos
individuales) y por su método, la experimentación, de la filosofía (que establece
proposiciones generales deduciéndolas de postulados a priori).

Algunas de las proposiciones de Durkheim escandalizaron a sus contemporáneos y


dieron lugar a numerosas discusiones de las cuales se encuentra el eco en el Prefacio a la
segunda edición del libro Las reglas del método sociológico. Una de ellas es que “los hechos
sociales deben ser considerados como cosas”, regla que supone dejar de lado las prenociones
de cualquier origen, agrupar los hechos en función de sus caracteres exteriores comunes y
analizarlos cuando no se manifiestan como fenómenos puramente individuales.

4
No se trata entonces de asimilar los hechos sociales a los hechos de la naturaleza sino de
analizarlos con la misma actitud mental con la que el científico estudia los fenómenos
naturales.

Durkheim sostiene que para explicar los hechos sociales debe utilizarse un enfoque
inductivo similar al de las ciencias de la naturaleza. Esa explicación no puede provenir de
una intuición directa e inmediata. Se aparta así de quienes, de Dilthey a Weber, insistieron
también sobre la especificidad de las “Ciencias del espíritu”, pero arguyendo que en las
ciencias del hombre el observador y lo observado pertenecen al mismo orden. Para Durkheim
el peligro proviene precisamente de la posibilidad de comprender de entrada un hecho social
ya que, si se procede de esta manera, no puede descubrirse nada que no se sepa ya.

Aplicando su método “objetivista”, haciendo “como si” ignorara todo lo que concierne
a los hechos observados, Durkheim se coloca en cambio en la situación de un astrofísico ante
una región desconocida del universo. Con el ejemplo del suicidio veremos cómo puede
llegarse a “descubrimientos” análogos a los de la ciencia, llegando a establecer relaciones de
causalidad que serían imposibles con un análisis introspectivo.

Durkheim escribe que su proposición de “considerar a los hechos sociales como cosas”
era una verdad de perogrullo (cuando algo es más que evidente) , ya que sólo los prejuicios
que provienen de la tradición filosófica pueden llevar a pensar que los fenómenos sociales
son transparentes para la inteligencia humana. Muchos de ellos, además, no son
comprensibles de manera inmediata, como por ejemplo las estadísticas sobre los suicidios.
Se observa que en todas las latitudes los solteros se suicidan más que la gente casada. ¿Por
qué? Sin duda es fácil imaginar hipótesis explicativas de ese fenómeno. Pero éstas son muy
variadas y a veces contradictorias; la reflexión por sí sola no es suficiente. Si no tuviéramos
esas estadísticas, podríamos pensar que los solteros tienen tantas razones para suicidarse
como la gente casada. ¿Cómo decidir entonces si no es a través de la “experimentación”? El
método de experimentación por excelencia será el tratamiento estadístico comparativo, que
permite reconocer y analizar los hechos sociales independientemente de los casos
particulares, que se neutralizan mutuamente. Un hecho es entonces “social” si presenta una
regularidad estadística. Si las causas de los suicidios fueran solamente individuales la

5
curva de sus tasas tendría formas diversas e irregulares, pero como sus observaciones
muestran regularidades, éstas deben ser explicadas por algún rasgo común de los suicidas.

El método inductivo que Durkheim propone aplicar a los fenómenos sociales, sin
embargo, no implica que desconozcamos nuestra familiaridad con esos fenómenos.

2) El problema de la cohesión social:

Aclarando: La noción de cohesión social se dio en las últimas tres décadas en el ámbito
internacional, principalmente en Europa, en donde este concepto fue referente en el
campo de las políticas públicas para promover el desarrollo económico y social de los
países desarrollados y los menos desarrollados. Fue Durkheim quien criticó la tradición
liberal, en particular la explicación económica de corte individualista, pues sostenía
que la división social del trabajo constituía el eje articulador de un nuevo tipo de
solidaridad social en las sociedades modernas, es decir, la transición de sociedades
simples a complejas, lo cual implicaba un cambio en los factores que mantenían la
cohesión o unidad social. Durkheim denominaba a estos factores solidaridad mecánica
y solidaridad orgánica. Por medio de esos conceptos explica que es la cohesión social,
conectado además con la explicación de los hechos sociales…

La explicación de los hechos sociales

La segunda tesis central de Las reglas..., es que la explicación de un hecho social debe
ser siempre buscada en otro hecho social. Esta proposición puede ser ejemplificada por la
crítica de Durkheim a los positivistas italianos, que interpretaban las relaciones observadas
empíricamente entre ciertos fenómenos sociales (las tasas de suicidio o de delincuencia) y
determinados fenómenos naturales (las estaciones del año), concluyendo que el suicidio era
más frecuente en verano que en invierno debido a un estado de excitación física producido
por el calor. Para Durkheim este tipo de explicación por determinantes físicos era inaceptable.
Reflexionando sobre las relaciones entre fenómenos naturales y suicidio, demuestra que
aquéllos actúan sobre el suicidio no directamente sino a través de otro hecho social: la
intensidad de la vida social con la que ambos están relacionados. La explicación es llevada
así a una relación entre dos hechos sociales: el suicidio es más frecuente en verano porque
en ese momento la vida social es más intensa. Esta interpretación es confirmada por el hecho
de que el ritmo de los suicidios no solamente sigue el de las estaciones sino también el de
otros factores que, también, modifican la “intensidad de la vida social”. La regla que consiste
en explicar un hecho social por otro hecho social conduce no solamente a una prueba más
firme sino también a una clarificación del hecho para nuestra comprensión

6
En La División del trabajo Durkheim, todavía muy influido por Augusto Comte,
establece una ley evolutiva: la del pasaje de la solidaridad mecánica a la solidaridad orgánica.
Como vimos, Comte distinguía en su Estática dos unidades: la familia y la sociedad.

“En la sociedad rige la cooperación que exige la separación de oficios, implicando así
la convergencia regular y continua de una inmensidad de individuos, dotados cada uno de
una existencia plenamente distinta y, en cierto grado, independiente, y sin embargo
dispuestos todos sin cesar, pese a las diferencias más o menos discordantes de sus talentos
y, sobre todo, de sus caracteres, a concurrir espontáneamente por una multitud de medios
diversos, a un mismo desarrollo general, sin haberse concertado antes y casi siempre sin
que la mayor parte de ellos se dé cuenta, no creyendo obedecer más que a sus impulsos
personales.” (COMTE , 1990)

Pero si para Comte la combinación de los diversos esfuerzos requiere un pensamiento


común capaz de dirigirlos (un gobierno), Durkheim busca allí las fuentes de un nuevo tipo
de lazo social. La división del trabajo permite integrar el cuerpo social produciendo
solidaridad. Y no produce solidaridad solamente porque favorece el intercambio sino porque
“crea un sistema de derechos y deberes entre los hombres que la liga de manera durable. Del
mismo que las similitudes sociales dan lugar a un derecho y a una moral que los protegen, la
división del trabajo genera reglas que aseguran el funcionamiento pacífico y regular de
funciones diferentes y complementarias”.

Durkheim distingue dos tipos de solidaridad:

1) La solidaridad mecánica o “solidaridad por semejanzas”, que caracteriza a las


sociedades arcaicas o tradicionales, donde los individuos se parecen, comparten los mismos
sentimientos, obedecen a las mismas creencias y a los mismos valores. Aquí es la similitud
la que crea la solidaridad.

2) La solidaridad orgánica, característica de nuestras sociedades, en cambio, resulta de


la diferenciación de los individuos, que están ligados entre sí porque ejercen funciones
complementarias dentro del sistema social. Estos dos tipos constituyen los dos polos de
evolución de la sociedad.

El pasaje de la solidaridad mecánica a la orgánica no se produce, como afirman los


economistas, porque los individuos encuentren ventajas en repartirse las tareas para producir

7
más, mejor o más rápidamente, sino porque la extensión y el carácter cada vez más denso de
las sociedades (y al mismo tiempo la concentración física de los individuos y el aumento de
las comunicaciones e intercambios entre ellos) han roto progresivamente las similitudes y
aumentado la diferenciación entre los individuos. La explicación de los economistas tiene el
defecto de postular el fenómeno que se trata de explicar: para que los individuos sientan la
necesidad de repartirse las tareas es necesario que exista una conciencia de la individualidad
que no puede resultar sino de la división del trabajo.

La producción de un orden moral

Como fuente de solidaridad social, la división del trabajo tiene para Durkheim un
carácter moral. Para estudiar la solidaridad (un fenómeno moral y por lo tanto no observable),
Durkheim imaginó un indicador objetivo externo: el tipo de derecho (represivo o restitutivo).
De la misma manera, buscará establecer indicadores objetivos de la “anomia” o del egoísmo
en El Suicidio.

Durkheim parte de afirmar que, en las sociedades con solidaridad mecánica, donde la
conciencia colectiva es fuerte, la sanción a un acto prohibido toma a menudo una forma
represiva. La existencia de solidaridad mecánica podrá entonces ser medida por la
importancia de un derecho de tipo represivo, que la refuerza socialmente. Cuando la
solidaridad es orgánica, en cambio, los actos que impiden el funcionamiento de esta
solidaridad son más a menudo sancionados por las reglas del derecho restitutivo (derecho
comercial, civil, administrativo, etc.). Una vez planteadas estas relaciones, Durkheim
procede a mostrar que, a medida que se incrementa el “volumen” y la “densidad” de las
sociedades, la proporción de leyes represivas disminuye y aumenta en cambio la importancia
del derecho cooperativo.

La cooperación es para Durkheim esencialmente un hecho moral, razón por la cual en


las sociedades modernas el altruismo es una base esencial de la vida social: los hombres
deben ligarse unos con otros haciendo sacrificios mutuos. Ahora bien, si la división del
trabajo no llega a producir solidaridad se genera un estado de anomia. En ese caso la división
del trabajo lleva a una individuación creciente que tiende a reducir, sin ser capaz de
reemplazarlas, las reglas jurídicas y morales que organizaban los sistemas anteriores. Aquí
reside para Durkheim el principal problema de la modernidad; en las sociedades donde la

8
división del trabajo es alta, el lazo social ya no puede provenir de la proximidad natural de
los individuos que era propia de las sociedades donde prevalecía la solidaridad mecánica: es
la sociedad misma la que debe producirlo.

“Podemos decir entonces que la característica de las reglas morales es que enuncian
las condiciones fundamentales de la solidaridad social. El derecho y la moral son el conjunto
de lazos que nos ligan entre nosotros y con la sociedad, los que hacen de la masa de
individuos un agregado y un todo coherente. Es moral, puede decirse, lo que es fuente de
solidaridad, todo lo que fuerza al hombre a depender de otro, a no regular sus movimientos
exclusivamente según las impulsiones de su egoísmo, y la moralidad es tanto más sólida
cuanto más numerosos y fuertes son esos lazos.” (DURKHEIM)

En La división del trabajo aparecen temas fundamentales de la sociología durkheimiana:


la conciencia colectiva, la determinación de las actitudes individuales por el tipo de
colectividad y la presencia desigual de las fuerzas colectivas en la conciencia individual
según los tipos de sociedad.

Brevemente, en la obra concluye que el suicidio es un hecho social y no individual


debido a la regularidad estadística de sus tasas.

“De nuestra investigación se desprende, hasta ahora, un resultado, y es que no hay


suicidio sino suicidios. Sin duda, el suicidio es siempre el acto de un hombre que prefiere la
muerte a la vida. Pero las causas que lo impulsan no son de la misma naturaleza en todos
los casos y son, a veces, opuestas entre sí.” (DURKHEIM , El suicidio, cap VI: 156.)

Durkheim construye una tipología según dos ejes: la integración y la regulación.

a) El suicidio altruista (obligatorio) es el de individuos fuertemente integrados a su grupo


de pertenencia: muertes voluntarias de hombres viejos o enfermos, de mujeres después del
fallecimiento del marido, de esclavos y servidores del señor muerto. En este caso el individuo
se quita la vida no porque se atribuya el poder de hacerlo sino porque cree que ése es su deber
social. Es por eso más frecuente en las sociedades donde reina la solidaridad mecánica,
donde el individuo está sometido a valores colectivos so de individualismo. (Existe un cuarto
tipo si se tiene en cuenta una nota al pie donde incluye el suicidio fatalista, que es opuesto al
suicidio anómico ya que resulta de una regulación social excesiva de las pasiones.).

9
b) El suicidio egoísta varía en relación inversa con el grado de integración de la sociedad
religiosa, doméstica o política. Está motivado por estados de depresión o apatía provocados
por una individuación exagerada: el suicidio egoísta es el de aquellos cuya conducta ya no
es guiada por las normas y las presiones sociales sino desde el interior, por las reglas que
ellos mismos se dan.

“Si llamamos egoísmo este estado donde el yo individual se afirma por encima del yo
social y a expensas de éste, podemos denominar egoísta el tipo particular de suicidio que
resulta de una individuación desmesurada”. (DURKHEIM , El suicidio, cap VI: 156.)

Mas adelante en la obra comenta sobre los que denomina “tipos puros de suicidio”. Para
quienes estén interesados en ampliar el tema, en la bibliografía con la que se laboró esta clase
en encuentra el enlace de donde encontrarán la obra de descarga gratuita. Aquí no la
ampliaremos más el tema porque corresponde al campo de la Sociología pura.

La consciencia colectiva

Aunque Durkheim era personalmente ateo, estaba convencido, como Comte, de que el
progreso científico debilitaba el papel de la religión tradicional. Compartía asimismo la
convicción acerca de la importancia de las creencias colectivas para la vida social. No
sorprende entonces que se haya interesado por la sociología de los fenómenos religiosos, a
los que dedicó su última obra importante, Las formas elementales de la vida religiosa.

La religión es concebida por Durkheim como un fenómeno que, más allá de sus
manifestaciones particulares, posee una esencia universal.

¿Cómo definirla? Si se lo hace por la creencia en un dios trascendente o en lo


sobrenatural, deja de ser un fenómeno universal ya que existen numerosas religiones que no
implican ni lo uno ni lo otro. Por otra parte, la oposición entre hechos naturales y
sobrenaturales supone ya el desarrollo del pensamiento positivo. Lo sobrenatural y la
trascendencia deben entonces ser considerados como nociones tardías que corresponden a
formas particulares y no pueden servir para definir la esencia del hecho religioso. Esta
esencia, Durkheim la encuentra en la oposición entre lo sagrado y lo profano, común a todos
los sistemas religiosos.

El problema consiste entonces en explicar por qué todas las sociedades conocen esta
distinción.

10
Siguiendo la perspectiva evolutiva que había heredado de Spencer y Comte eligió
analizar la forma que le parecía la más simple: el totemismo australiano. Si se explican las
prácticas de los australianos deduciendo el totemismo de otra forma de religión (como el
culto de los antepasados o de los animales), no es posible explicar el fenómeno religioso en
su generalidad. Es necesario entonces encontrar otra razón. Concluye que el tótem es
venerado porque simboliza una fuerza anónima e impersonal que “se encuentra en todos los
seres, sin confundirse sin embargo con ninguno de ellos. Ninguno la posee enteramente y
todos participan de ella. Es tan independiente de los sujetos particulares en los que se encarna
que es anterior y posterior a su existencia”. A partir de este razonamiento inicial Durkheim
puede ver en el totemismo una expresión particular de lo sagrado, de aquello que define a
todas las religiones. Dando un paso más, encuentra en otras sociedades el equivalente de
esta “fuerza anónima y difusa”: la única fuerza real que supera a los individuos y toma para
ellos la forma de una fuerza anónima y difusa es la sociedad misma.

“Una sociedad tiene todo lo necesario para despertar en los espíritus, exclusivamente
por la acción que ejerce sobre ellos, la sensación de lo divino, ya que es para sus miembros
lo que un dios es para sus fieles.” (DURKHEIM, Las formas elementales de la vida religiosa
, 1982)

Una sociedad es tal, por lo tanto, porque sus miembros adhieren a creencias y
sentimientos comunes; los ideales que se expresan en las creencias religiosas son una forma
de los ideales morales que fundan la unidad de toda sociedad.

Hasta aquí una introducción a las teorías de Durkheim, con todo


lo que la brevedad del resumen me permitió y eligiendo aquellos
conceptos que les permitirán comprender lo que sigue. Pausa para el
mate (o el café) y volvemos…

11
Émile Durkheim: educación e integración social

La educación y, en concreto, la escuela pública, obligatoria, gratuita y laica, serán para


el autor un eslabón fundamental en el desplazamiento del control religioso en la formación
de las conciencias individuales, y para la construcción de una moral autónoma y colectiva
indispensable en el proceso de vertebración de una sociedad moderna cohesionada y
democrática.

El trabajo de Durkheim en la institucionalización universitaria de la Sociología en


Francia y el desarrollo –por primera vez– de un pensamiento sistemático en el campo de la
educación desde una perspectiva científica, se inscriben en el marco de estas preocupaciones
y apuestas, y es su marca distintiva respecto de los otros “padres fundadores”.

La educación como “hecho social”

Formado en la sociología positivista de Auguste Comte, Durkheim critica la concepción


idealista presente en las doctrinas pedagógicas de su época que, con base en la psicología y
la filosofía, consideraban a la educación como algo eminentemente individual. Por el
contrario, enfatiza su carácter histórico y social y, en consecuencia, su estudio desde una
perspectiva sociológica.

POSITIVISMO De allí que la educación sea un objeto de

El positivismo es la estudio propio de la sociología y deba estudiarse


corriente filosófica surgida en a través de lo que propone como el “método
Francia en la peri- mera mitad del
siglo XIX y luego sociológico”. Y es que para el autor la educación
extendida hacia toda Europa en constituye un “hecho social”. Tal como
las décadas siguientes, que
postula que el único desarrolla exhaustivamente en su libro Las
conocimiento válido sobre el reglas del método sociológico (1895), el objeto
mundo natural y social es el
científico, desplazando tanto a la de la sociología es el estudio empírico y
religión como a las perspectivas sistemático de los hechos sociales, entendidos
idealistas o especulativas.
como “todos los tipos de conducta o de
pensamiento (que) son exteriores al individuo
(y) que están dotados de un poder imperativo y
coercitivo en virtud del cual (…) se le imponen”
(DURKHEIM, Las reglas del método sociológico , 2001).

12
En otras palabras, refiere a las maneras de obrar, sentir y vivir externas a las voluntades
individuales y que expresan la imposición del orden colectivo, cultural, sobre los sujetos y
los predisponen a actuar y pensar de un modo determinado, según cada uno los haya ido
interiorizando a lo largo de su proceso de socialización, un proceso que durará toda su vida
biológica y social. Esto se expresa clara- mente en la vida cotidiana de los sujetos que, por
ejemplo, no eligen su idioma o los comportamientos esperados en el trabajo.

Para un estudio sociológico de los “hechos sociales” –y entendiendo a la educación como


uno de ellos–, entonces, hay que seguir un método que comprende una serie de reglas:

a) descartar sistemáticamente todas las “nociones vulgares” o “prenociones” que velan la


realidad y considerar los hechos como cosas, “separados de los sujetos conscientes que se los
representan”, como condición indispensable para legitimar a la sociología como ciencia
objetiva;

b) asumir que solo son explicables aquellos fenómenos sobre los cuales se pueden
establecer “regularidades empíricas” entre sí, y que la explicación es tal cuando puede
demostrarse que se trata de un caso particular de una generalización empíricamente
establecida;

c) investigar separadamente las causas que lo originan de las funciones que cumple o la
utilidad que tiene: mientras que la causa debe buscarse entre los hechos sociales que lo
anteceden, la función se encuentra en la relación que este mantiene con algún fin social;

d) buscar el origen primero de todo proceso social en la constitución del medio social
interno –las cosas y las personas–, lo que equivale a decir que “las causas de los fenómenos
sociales son internas a la sociedad”

En palabras del propio Durkheim:

[…] Se comprende que, como supera al individuo tanto en el tiempo como en el espacio, la
sociedad esté en condiciones de imponerle los modos de actuar y de pensar que ella misma,
con su autoridad, ha consagrado. (…) (Y es que) la sociedad no es una simple suma de
individuos, sino que el sistema formado por sus acciones representa una realidad específica
que tiene sus caracteres propios. Sin duda, no puede producirse nada colectivo si no están
dadas las conciencias particulares, pero esta condición necesaria no es suficiente. Es
necesario también que estas conciencias estén asociadas, combinadas, y combinadas de un

13
cierto modo; es de esta combinación de donde resulta la vida social, y, en consecuencia, es
esta combinación la que la explica. Al agregarse, al penetrarse, al fusionarse, las almas
individuales dan nacimiento a un ser, psíquico si se quiere, pero que constituye una
individualidad psíquica un nuevo tipo. Es, pues, en la naturaleza de esta individualidad, no
en la de las unidades que la componen, donde se debe ir a buscar las causas próximas y
determinantes de los hechos que se producen en ella. (DURKHEIM, Las reglas del método
sociológico , 2001)

Desde esta perspectiva, en la que la sociedad trasciende a los individuos y ejerce presión
sobre ellos, es que interesa comprender los procesos educativos en relación con el orden
social. Esta concepción se diferencia de aquellas otras que creen que la sociedad es producto
de un contrato voluntario entre los sujetos. Lejos de ello, Durkheim asume una posición
historicista por la que los sistemas educativos devienen de las transformaciones sociales y
económicas, y lo que transmite la escuela solo se comprende en relación con las necesidades
sociales de una época.

Entre la moral común y la formación especializada: la contribución de la educación


pública a la solidaridad orgánica

Dijimos al inicio que la preocupación central de Durkheim versa sobre la reconstrucción de


un orden social que garantice la integración de los individuos en una sociedad industrial
donde los lazos tradicionales se han resquebrajado En otros términos, y recuperando el foco
de uno de sus principales escritos y tesis doctoral De la división del trabajo social (1893), la
pregunta es por los tipos de solidaridad que unen a individuo y sociedad en función de la
complejizarían creciente de la organización social vinculada con la forma que asume la
división del trabajo en el capitalismo.

En el libro citado, Durkheim reconoce dos formas principales: la solidaridad mecánica y


la solidaridad orgánica. (conceptos analizados al principio de esta clase) supone una mayor
diferenciación y, en consecuencia, mayor conflictividad solo zanjable en la medida que exista
alguna autoridad exterior, moral y normativa.

Si en las sociedades tradicionales la cohesión se garantiza a través de un conjunto de


valores y creencias fuertemente definidos –que tienen en la religión su expresión
paradigmática– que aseguran que las acciones individuales se dan conformes con las normas

14
comunes, en la sociedad moderna, crecientemente secularizada y donde el proceso de
individuación se agudiza vis a vis con la expansión de la división del trabajo y la consecuente
especialización de los sujetos, esa autoridad moral transmuta, pasa a ser la conciencia
colectiva. Pero no se trata de la suma de las conciencias individuales, sino que es algo exterior
a cada individuo y resume el conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio
de una sociedad, es la que modela al individuo y garantiza la armonía social

¿cómo un individuo política, ideológica y económicamente libre puede hacerse


miembro de una sociedad sólidamente integrada?, ¿cómo garantizar la
interdependencia económica que es la base de la cooperación en una sociedad
orgánica con el ejercicio de las libertades individuales de agentes con intereses
particulares, sin caer en la anomia social? Aquí reside la importancia que Durkheim
atribuye a la educación:

[…] Lejos de que la educación tenga por objeto único o principal al individuo y sus intereses,
es, ante todo, el medio con que la sociedad renueva perpetuamente las condiciones de su
propia existencia. ¿Puede vivir la sociedad sin que exista entre sus miembros una suficiente
homogeneidad? La educación perpetúa y fortalece esta homogeneidad, fijando de antemano
en el alma del niño las semejanzas esenciales que supone la vida colectiva. Pero, de otra
parte, sería imposible toda cooperación sin una cierta diversidad. La educación asegura la
persistencia de esta diversidad necesaria, diversificándose y especializándose ella misma.
Consiste, pues, bajo uno u otro de sus aspectos, en una socialización metódica de la
generación joven.

Puede decirse que en cada uno de nosotros hay dos seres, los cuales, a pesar de ser
inseparables a no ser por el camino de la abstracción, no pueden evitar, sin embargo, ser
distintos. El uno está hecho de todos los estados mentales que no se refieren más que a
nosotros mismos y a los acontecimientos de nuestra vida personal; es el que podríamos llamar
nuestro ser individual. El otro es un sistema de ideas, de sentimientos y de hábitos que
expresan en nosotros, no ya nuestra personalidad, sino el grupo o los grupos diversos de los
que formamos parte. De este género son las creencias religiosas, las creencias y las prácticas
morales, las tradiciones nacionales y profesionales, las opiniones colectivas de toda clase.

15
Su conjunto es lo que forma nuestro ser social. El objetivo final de la educación sería
precisamente constituir ese ser en cada uno de nosotros. (…) El niño, al entrar en la vida,
no introduce en ella más que la aportación de su naturaleza individual.

Entonces, la sociedad avanza y se apropia cabalmente de los progresos científico-técnicos si


es capaz de conservar sus tradiciones y cultura colectiva. El desarrollo de la división del
trabajo y la fragmentación social solo puede contrarrestarse mediante una integración
comunitaria en torno a reglas y valores compartidos. De ahí que la definición normativa de
educación que propone el autor rompe tanto con el individualismo pedagógico como con el
liberalismo individualista. Las generaciones viejas deben suscitar en los nuevos estados de
conciencia compatibles con el orden social vigente y con la conciencia colectiva, fomentando
a la vez lo común –la moral colectiva– y lo diverso y específico –los saberes necesarios para
cumplir la función social que cada uno habrá de desempeñar.

[…] La educación es la acción ejercida por las generaciones adultas sobre las que no están
todavía maduras para la vida social; tiene como objetivo suscitar y desarrollar al niño cierto
número de estados físicos, intelectuales y morales que requieren en él tanto la sociedad
política en su conjunto como el ambiente particular al que está destinado de manera
específica. (…)

Por consiguiente, la sociedad se encuentra ante toda la generación en presencia de


una especie de tabla casi totalmente rasa, sobre la cual tendrá que construir con
esfuerzos renovados. Es preciso que, mediante los procedimientos más rápidos que
sea posible, a ese ser asocial y egoísta que ha venido al mundo se le sobreponga otro
ser, capaz de llevar una vida moral y social. Y esa es precisamente la obra de la
educación, cuya grandeza es fácil de comprender.

La socialización de las jóvenes generaciones, por ende, implica un acto de imposición


distante de cualquier perspectiva espontaneaste. No se trata de “sacar de adentro” lo que trae
el sujeto, sino de “crear” el ser social, de insertarlo en un estilo de vida, en una cultura. El
sistema educativo es, a la vez, único y múltiple. La educación es una para integrar, inculcando
ideas y sentimientos compartidos, costumbres, forjando un cierto ideal de hombre. Pero
también es múltiple ya que varía según las edades, y, sobre todo, según el lugar que los
sujetos ocupan (o van a ocupar) en la división del trabajo social. En este sentido, la formación

16
especializada a partir de cierta etapa resulta indispensable para garantizar la cooperación
económica que sustenta el tipo de solidaridad orgánica propia de la sociedad industrial.

En síntesis, puede decirse que, para Durkheim, educación es sinónimo de humanización;


el hombre se hace, pero solo en la medida que es un resultado social, en cuanto interioriza la
cultura, y con ella adquiere un cierto pensamiento y un ethos: un sistema de hábitos mentales
y prácticos, una forma de vida, una concepción sobre la realidad, una determinada moral y
una formación preprofesional. La educación, entonces, es producción cultural, histórico-
social, metódica y diferencial: varía según el pueblo y el grupo social en cuestión. Y su
contenido básico es la disciplina, la adhesión a los valores y normas sociales y la autonomía
racional de la voluntad individual. Más aún, en una sociedad jerarquizada donde los
conflictos entre clases pueden volverse moneda corriente. De allí el carácter normativo de la
educación y de allí también la centralidad que Durkheim otorga al Estado en esta misión,
sobre todo, en un contexto nacional e internacional signado por la consolidación de los
Estados nación como unidades de dominación y de conformación de las identidades
nacionales respectivas, donde la formación de la ciudadanía se convierte en un objetivo
primordial.

Desde el momento en que la educación es una función esencialmente social, el Estado no


puede desinteresarse de ella. Al contrario, todo lo que guarde alguna relación con ella tiene
que quedar sometido de algún modo a su acción superior. Con esto no se quiere decir que el
Estado tenga que tener el monopolio de la enseñanza. Efectivamente, no es tarea del Estado
la creación de esa comunidad de ideas y de sentimientos sin los cuales no puede subsistir una
sociedad; esa comunidad debe constituirse por sí sola y el Estado no puede hacer otra cosa
más que consagrarla, mantenerla, hacer que sea más consciente para cada uno de los
ciudadanos. A pesar de todas las disidencias, se goza ya actualmente, sobre el fundamento
de nuestra civilización, de cierto número de principios que implícitamente o explícitamente
son comunes a todos y que muy pocas personas se atreven a negar abierta y directamente:
respecto a la razón, a la ciencia, a las ideas y a los sentimientos que constituyen la base de la
moral democrática. Es tarea del Estado poner de relieve estos principios esenciales, hacer
que se enseñen en sus escuelas, velar para que ninguna parte política intente ocultarlos a los
jóvenes, hacer que en todas partes se hable de ellos con el respeto que les es debido. Bajo
este aspecto tiene que ejercer una acción que probablemente será tanto más eficaz cuanto

17
menos agresiva y violenta resulte y cuanto mejor sepa contenerse dentro de unos límites
prudentes.

Queda claro, entonces, cómo la escuela pública, obligatoria, laica y republicana resulta
central, pues a la vez que es “la escuela de todos”, abona a la formación del carácter de cada
uno. La escuela asegura una formación moral democrática compartida y, al mismo tiempo,
potencia en igualdad de condiciones las capacidades individuales que encuentran, en este
espacio de socialización, tanto estímulo como protección.

18
Un poco de humor

La escuela como microcosmos social y el maestro como autoridad moral

Como desarrollamos en el apartado anterior, el fortalecimiento del Estado y de la escuela


pública en particular es condición indispensable para reconstruir el orden moral que exige
una sociedad justa y democrática, garantizando la autonomía personal del individuo y la
acción libre y socialmente integrada de los diferentes grupos. De este modo, si “los fines de
la educación son sociales, los medios con los cuales pueden alcanzarse estos fines deben
tener necesariamente el mismo carácter”, por lo que podemos concebir la institución escolar
como un “microcosmos social”.

En las condiciones culturales de una sociedad orgánica como la que vive Durkheim, la
escuela producirá hombres crecientemente autónomos y la sociedad se reorganizará según
una lógica estrictamente meritocrática que servirá como criterio de justicia para legitimar las
desigualdades sociales existentes producto de la creciente diferenciación que genera la
división del trabajo.

En este contexto, si retomamos la idea de que la educación es un hecho inherentemente


social que consiste en la socialización metódica de las generaciones adultas sobre las jóvenes,
no quedan dudas de que la acción pedagógica constituye un acto de autoridad: de la sociedad
sobre los individuos y de los adultos sobre los niños y jóvenes. En el microcosmos que es la
escuela pública, el maestro es quien reviste tal autoridad sobre los alumnos y es el
fundamento del éxito (o no) de la transmisión.

Ahora bien, ¿de dónde procede la autoridad del maestro, ¿cuál es su fuente? Lo primero a
señalar es que toda autoridad supone una imposición y, por ende, una relación asimétrica
entre quien la asume y quien la obedece. Para que la autoridad sea legítima, además, debe ser

19
resultado de un acto de delegación. Para Durkheim, entonces, el maestro está investido de
autoridad por la función social que desempeña; dentro del aula, representa intereses y valores
que trascienden su persona, actúa por una especie de mandato social. Finalmente, para ejercer
la autoridad pedagógica, el maestro deber creer, también, en el carácter sagrado de su función
–de ahí su analogía con la figura del sacerdocio y su mote de “sacerdote laico”– en la
formación de ciudadanos libres que compartan una moral común, y debe saber,
necesariamente, obrar en consecuencia.

El poder del maestro sobre el alumno es tan grande para el autor, que lo compara con la
hipnosis, en la que el estudiante asume una actitud pasiva –aquí también la idea de tabla
rasa– que escucha al hipnotizador y se deja influenciar por él.

Es interesante observar cómo estas ideas estuvieron muy presentes en la conformación de


nuestros sistemas educativos nacionales. Las primeras regulaciones expresan ciertamente
los procedimientos de selección tendientes a evitar cualquier motivo que pudiera vulnerar
esa autoridad: los docentes no debían tener defectos físicos, por ejemplo, pues ello podría
dejarlos expuestos a la burla.

Durkheim consideraba que la sociología debía tener una orientación


práctica con dos finalidades: a) proporcionar al profesorado un
análisis científico de la educación que les diera información y que les
ayudase a resolver sus problemas; b) racionalizar su moral proporcionando así nuevos
criterios de actuación educativa. Esta sociología debía enseñarse a los estudiantes de los
profesorados (para usar un término moderno- el autor menciona al magisterio)

La introducción de la perspectiva sociológica en el estudio de la educación supuso una


revolución respecto a cómo se había abordado tradicionalmente. Su carácter social
cuestionaba las pretensiones de filósofos y pedagogos de diseñar la educación ideal para todo
tipo de sociedad. Por el contrario, se descubría así el papel de las instituciones educativas y
sus funciones dentro de una sociedad determinada.

Hasta aquí un panorama a toda velocidad del autor. La única bibliografía obligatoria es esta
misma clase. Sin embargo, no puedo dejar de recomendarles las obras con las que elaboré

20
esta clase. En ellas quizás encuentren algunas respuestas a las situaciones que pueden
presentarse en sus prácticas docentes futuras.

A su disposición

Profe Alejandra.
Bibliografía de elaboración de esta clase:

● ALVAREZ URÍA, F. (1920: 2). Sociología y educación. Textos e intervenciones de


los sociólogos clásicos. Madrid.: Edciones Morata.
● GIDDENS ANTHONY (1994:83 5°ed). El capitalismo y la moderna teoría social.
Cambrige: Labor S.A.
● COMTE , A. (1990). curso de filosofía Política . México: Porrúa .
● DURKHEIM , E. (cap VI: 156.). El suicidio. CABA:
[Link]
[Link]. consultado el 12/4/2020
● DURKHEIM, E. (1982). Las formas elementales de la vida religiosa . Madrid :
[Link]
ementales%20de%20La%20Vida%20Religiosa%[Link] consultado el
12/4/2020.
● DURKHEIM, E. (2001). Las reglas del método sociológico . México. Fondo de
cultura económica : disponible en
[Link]
_DEL_METODO_SOCIOLOGICO_-_EMILE_DURKHEIN_-_PDF.pdf
consultado el 12/04/2020.
● DURKHEIM, E. (s.f.). La división del trabajo social. Disponible en
[Link] conusltado el 12/4/2020. CABA:
[Link].
● GIDDENS , A. (1994:83 5°ed). El capitalismo y la moderna teoría social.
Cambrige: Labor S.A.
● NISBET, R. (1976:5). La formación del pensamiento sociológico. Buenos Aires :
Amorrortu ediciones
● wikipedia. (2016). Emilie Durkheim.

21

También podría gustarte