Durkheim y la Sociología de la Educación
Durkheim y la Sociología de la Educación
CLASE N°4
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Estimados estudiantes: ¡bienvenidos nuevamente!
Comencemos…
Emilie Durkheim, implicado en la política de su tiempo como reformador, pero ante todo
eminencia universitaria, se interroga acerca de las vías para llegar a un nuevo orden dotado
de cohesión ante la desaparición de las antiguas formas de solidaridad social.
Los tres autores se ocupan de la especificidad de la acción social respecto de otros tipos
de conductas, pero es particularmente en Durkheim y en Weber donde encontramos la
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conexión entre la concepción de la acción social, la especificidad de los hechos sociales y la
legitimidad de la sociología como modo de conocimiento autónomo.
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parentesco y a “la física del derecho y de las costumbres”. Durkheim había seguido cursos
de filosofía, pero encontró sus verdaderos maestros en Spencer, Renouvier y sobre todo
Augusto Comte, y de ellos retuvo la inquietud por buscar los principios que guían la
evolución de las sociedades. De Comte heredó el interés por instituir a la sociología como
disciplina autónoma, con un campo de aplicación propio y de Renuovier la idea de hacer de
la moral una ciencia positiva.
(wikipedia, 2016)
En 1913, por primera vez, la cátedra de Durkheim pasa a ser la “Cátedra de sociología
de la Sorbona”, consagrando a la sociología institucionalmente como disciplina autónoma;
la escuela durkheimiana dominará durante muchos años la sociología universitaria francesa.
Su obra Las reglas del método sociológico está dedicada a demostrar y definir la
especificidad de la sociología y a describir sus métodos propios. Durkheim sostiene que, por
su objeto, la sociología debe distinguirse de la psicología (que estudia los fenómenos
individuales) y por su método, la experimentación, de la filosofía (que establece
proposiciones generales deduciéndolas de postulados a priori).
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No se trata entonces de asimilar los hechos sociales a los hechos de la naturaleza sino de
analizarlos con la misma actitud mental con la que el científico estudia los fenómenos
naturales.
Durkheim sostiene que para explicar los hechos sociales debe utilizarse un enfoque
inductivo similar al de las ciencias de la naturaleza. Esa explicación no puede provenir de
una intuición directa e inmediata. Se aparta así de quienes, de Dilthey a Weber, insistieron
también sobre la especificidad de las “Ciencias del espíritu”, pero arguyendo que en las
ciencias del hombre el observador y lo observado pertenecen al mismo orden. Para Durkheim
el peligro proviene precisamente de la posibilidad de comprender de entrada un hecho social
ya que, si se procede de esta manera, no puede descubrirse nada que no se sepa ya.
Aplicando su método “objetivista”, haciendo “como si” ignorara todo lo que concierne
a los hechos observados, Durkheim se coloca en cambio en la situación de un astrofísico ante
una región desconocida del universo. Con el ejemplo del suicidio veremos cómo puede
llegarse a “descubrimientos” análogos a los de la ciencia, llegando a establecer relaciones de
causalidad que serían imposibles con un análisis introspectivo.
Durkheim escribe que su proposición de “considerar a los hechos sociales como cosas”
era una verdad de perogrullo (cuando algo es más que evidente) , ya que sólo los prejuicios
que provienen de la tradición filosófica pueden llevar a pensar que los fenómenos sociales
son transparentes para la inteligencia humana. Muchos de ellos, además, no son
comprensibles de manera inmediata, como por ejemplo las estadísticas sobre los suicidios.
Se observa que en todas las latitudes los solteros se suicidan más que la gente casada. ¿Por
qué? Sin duda es fácil imaginar hipótesis explicativas de ese fenómeno. Pero éstas son muy
variadas y a veces contradictorias; la reflexión por sí sola no es suficiente. Si no tuviéramos
esas estadísticas, podríamos pensar que los solteros tienen tantas razones para suicidarse
como la gente casada. ¿Cómo decidir entonces si no es a través de la “experimentación”? El
método de experimentación por excelencia será el tratamiento estadístico comparativo, que
permite reconocer y analizar los hechos sociales independientemente de los casos
particulares, que se neutralizan mutuamente. Un hecho es entonces “social” si presenta una
regularidad estadística. Si las causas de los suicidios fueran solamente individuales la
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curva de sus tasas tendría formas diversas e irregulares, pero como sus observaciones
muestran regularidades, éstas deben ser explicadas por algún rasgo común de los suicidas.
El método inductivo que Durkheim propone aplicar a los fenómenos sociales, sin
embargo, no implica que desconozcamos nuestra familiaridad con esos fenómenos.
Aclarando: La noción de cohesión social se dio en las últimas tres décadas en el ámbito
internacional, principalmente en Europa, en donde este concepto fue referente en el
campo de las políticas públicas para promover el desarrollo económico y social de los
países desarrollados y los menos desarrollados. Fue Durkheim quien criticó la tradición
liberal, en particular la explicación económica de corte individualista, pues sostenía
que la división social del trabajo constituía el eje articulador de un nuevo tipo de
solidaridad social en las sociedades modernas, es decir, la transición de sociedades
simples a complejas, lo cual implicaba un cambio en los factores que mantenían la
cohesión o unidad social. Durkheim denominaba a estos factores solidaridad mecánica
y solidaridad orgánica. Por medio de esos conceptos explica que es la cohesión social,
conectado además con la explicación de los hechos sociales…
La segunda tesis central de Las reglas..., es que la explicación de un hecho social debe
ser siempre buscada en otro hecho social. Esta proposición puede ser ejemplificada por la
crítica de Durkheim a los positivistas italianos, que interpretaban las relaciones observadas
empíricamente entre ciertos fenómenos sociales (las tasas de suicidio o de delincuencia) y
determinados fenómenos naturales (las estaciones del año), concluyendo que el suicidio era
más frecuente en verano que en invierno debido a un estado de excitación física producido
por el calor. Para Durkheim este tipo de explicación por determinantes físicos era inaceptable.
Reflexionando sobre las relaciones entre fenómenos naturales y suicidio, demuestra que
aquéllos actúan sobre el suicidio no directamente sino a través de otro hecho social: la
intensidad de la vida social con la que ambos están relacionados. La explicación es llevada
así a una relación entre dos hechos sociales: el suicidio es más frecuente en verano porque
en ese momento la vida social es más intensa. Esta interpretación es confirmada por el hecho
de que el ritmo de los suicidios no solamente sigue el de las estaciones sino también el de
otros factores que, también, modifican la “intensidad de la vida social”. La regla que consiste
en explicar un hecho social por otro hecho social conduce no solamente a una prueba más
firme sino también a una clarificación del hecho para nuestra comprensión
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En La División del trabajo Durkheim, todavía muy influido por Augusto Comte,
establece una ley evolutiva: la del pasaje de la solidaridad mecánica a la solidaridad orgánica.
Como vimos, Comte distinguía en su Estática dos unidades: la familia y la sociedad.
“En la sociedad rige la cooperación que exige la separación de oficios, implicando así
la convergencia regular y continua de una inmensidad de individuos, dotados cada uno de
una existencia plenamente distinta y, en cierto grado, independiente, y sin embargo
dispuestos todos sin cesar, pese a las diferencias más o menos discordantes de sus talentos
y, sobre todo, de sus caracteres, a concurrir espontáneamente por una multitud de medios
diversos, a un mismo desarrollo general, sin haberse concertado antes y casi siempre sin
que la mayor parte de ellos se dé cuenta, no creyendo obedecer más que a sus impulsos
personales.” (COMTE , 1990)
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más, mejor o más rápidamente, sino porque la extensión y el carácter cada vez más denso de
las sociedades (y al mismo tiempo la concentración física de los individuos y el aumento de
las comunicaciones e intercambios entre ellos) han roto progresivamente las similitudes y
aumentado la diferenciación entre los individuos. La explicación de los economistas tiene el
defecto de postular el fenómeno que se trata de explicar: para que los individuos sientan la
necesidad de repartirse las tareas es necesario que exista una conciencia de la individualidad
que no puede resultar sino de la división del trabajo.
Como fuente de solidaridad social, la división del trabajo tiene para Durkheim un
carácter moral. Para estudiar la solidaridad (un fenómeno moral y por lo tanto no observable),
Durkheim imaginó un indicador objetivo externo: el tipo de derecho (represivo o restitutivo).
De la misma manera, buscará establecer indicadores objetivos de la “anomia” o del egoísmo
en El Suicidio.
Durkheim parte de afirmar que, en las sociedades con solidaridad mecánica, donde la
conciencia colectiva es fuerte, la sanción a un acto prohibido toma a menudo una forma
represiva. La existencia de solidaridad mecánica podrá entonces ser medida por la
importancia de un derecho de tipo represivo, que la refuerza socialmente. Cuando la
solidaridad es orgánica, en cambio, los actos que impiden el funcionamiento de esta
solidaridad son más a menudo sancionados por las reglas del derecho restitutivo (derecho
comercial, civil, administrativo, etc.). Una vez planteadas estas relaciones, Durkheim
procede a mostrar que, a medida que se incrementa el “volumen” y la “densidad” de las
sociedades, la proporción de leyes represivas disminuye y aumenta en cambio la importancia
del derecho cooperativo.
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división del trabajo es alta, el lazo social ya no puede provenir de la proximidad natural de
los individuos que era propia de las sociedades donde prevalecía la solidaridad mecánica: es
la sociedad misma la que debe producirlo.
“Podemos decir entonces que la característica de las reglas morales es que enuncian
las condiciones fundamentales de la solidaridad social. El derecho y la moral son el conjunto
de lazos que nos ligan entre nosotros y con la sociedad, los que hacen de la masa de
individuos un agregado y un todo coherente. Es moral, puede decirse, lo que es fuente de
solidaridad, todo lo que fuerza al hombre a depender de otro, a no regular sus movimientos
exclusivamente según las impulsiones de su egoísmo, y la moralidad es tanto más sólida
cuanto más numerosos y fuertes son esos lazos.” (DURKHEIM)
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b) El suicidio egoísta varía en relación inversa con el grado de integración de la sociedad
religiosa, doméstica o política. Está motivado por estados de depresión o apatía provocados
por una individuación exagerada: el suicidio egoísta es el de aquellos cuya conducta ya no
es guiada por las normas y las presiones sociales sino desde el interior, por las reglas que
ellos mismos se dan.
“Si llamamos egoísmo este estado donde el yo individual se afirma por encima del yo
social y a expensas de éste, podemos denominar egoísta el tipo particular de suicidio que
resulta de una individuación desmesurada”. (DURKHEIM , El suicidio, cap VI: 156.)
Mas adelante en la obra comenta sobre los que denomina “tipos puros de suicidio”. Para
quienes estén interesados en ampliar el tema, en la bibliografía con la que se laboró esta clase
en encuentra el enlace de donde encontrarán la obra de descarga gratuita. Aquí no la
ampliaremos más el tema porque corresponde al campo de la Sociología pura.
La consciencia colectiva
Aunque Durkheim era personalmente ateo, estaba convencido, como Comte, de que el
progreso científico debilitaba el papel de la religión tradicional. Compartía asimismo la
convicción acerca de la importancia de las creencias colectivas para la vida social. No
sorprende entonces que se haya interesado por la sociología de los fenómenos religiosos, a
los que dedicó su última obra importante, Las formas elementales de la vida religiosa.
La religión es concebida por Durkheim como un fenómeno que, más allá de sus
manifestaciones particulares, posee una esencia universal.
El problema consiste entonces en explicar por qué todas las sociedades conocen esta
distinción.
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Siguiendo la perspectiva evolutiva que había heredado de Spencer y Comte eligió
analizar la forma que le parecía la más simple: el totemismo australiano. Si se explican las
prácticas de los australianos deduciendo el totemismo de otra forma de religión (como el
culto de los antepasados o de los animales), no es posible explicar el fenómeno religioso en
su generalidad. Es necesario entonces encontrar otra razón. Concluye que el tótem es
venerado porque simboliza una fuerza anónima e impersonal que “se encuentra en todos los
seres, sin confundirse sin embargo con ninguno de ellos. Ninguno la posee enteramente y
todos participan de ella. Es tan independiente de los sujetos particulares en los que se encarna
que es anterior y posterior a su existencia”. A partir de este razonamiento inicial Durkheim
puede ver en el totemismo una expresión particular de lo sagrado, de aquello que define a
todas las religiones. Dando un paso más, encuentra en otras sociedades el equivalente de
esta “fuerza anónima y difusa”: la única fuerza real que supera a los individuos y toma para
ellos la forma de una fuerza anónima y difusa es la sociedad misma.
“Una sociedad tiene todo lo necesario para despertar en los espíritus, exclusivamente
por la acción que ejerce sobre ellos, la sensación de lo divino, ya que es para sus miembros
lo que un dios es para sus fieles.” (DURKHEIM, Las formas elementales de la vida religiosa
, 1982)
Una sociedad es tal, por lo tanto, porque sus miembros adhieren a creencias y
sentimientos comunes; los ideales que se expresan en las creencias religiosas son una forma
de los ideales morales que fundan la unidad de toda sociedad.
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Émile Durkheim: educación e integración social
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En otras palabras, refiere a las maneras de obrar, sentir y vivir externas a las voluntades
individuales y que expresan la imposición del orden colectivo, cultural, sobre los sujetos y
los predisponen a actuar y pensar de un modo determinado, según cada uno los haya ido
interiorizando a lo largo de su proceso de socialización, un proceso que durará toda su vida
biológica y social. Esto se expresa clara- mente en la vida cotidiana de los sujetos que, por
ejemplo, no eligen su idioma o los comportamientos esperados en el trabajo.
b) asumir que solo son explicables aquellos fenómenos sobre los cuales se pueden
establecer “regularidades empíricas” entre sí, y que la explicación es tal cuando puede
demostrarse que se trata de un caso particular de una generalización empíricamente
establecida;
c) investigar separadamente las causas que lo originan de las funciones que cumple o la
utilidad que tiene: mientras que la causa debe buscarse entre los hechos sociales que lo
anteceden, la función se encuentra en la relación que este mantiene con algún fin social;
d) buscar el origen primero de todo proceso social en la constitución del medio social
interno –las cosas y las personas–, lo que equivale a decir que “las causas de los fenómenos
sociales son internas a la sociedad”
[…] Se comprende que, como supera al individuo tanto en el tiempo como en el espacio, la
sociedad esté en condiciones de imponerle los modos de actuar y de pensar que ella misma,
con su autoridad, ha consagrado. (…) (Y es que) la sociedad no es una simple suma de
individuos, sino que el sistema formado por sus acciones representa una realidad específica
que tiene sus caracteres propios. Sin duda, no puede producirse nada colectivo si no están
dadas las conciencias particulares, pero esta condición necesaria no es suficiente. Es
necesario también que estas conciencias estén asociadas, combinadas, y combinadas de un
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cierto modo; es de esta combinación de donde resulta la vida social, y, en consecuencia, es
esta combinación la que la explica. Al agregarse, al penetrarse, al fusionarse, las almas
individuales dan nacimiento a un ser, psíquico si se quiere, pero que constituye una
individualidad psíquica un nuevo tipo. Es, pues, en la naturaleza de esta individualidad, no
en la de las unidades que la componen, donde se debe ir a buscar las causas próximas y
determinantes de los hechos que se producen en ella. (DURKHEIM, Las reglas del método
sociológico , 2001)
Desde esta perspectiva, en la que la sociedad trasciende a los individuos y ejerce presión
sobre ellos, es que interesa comprender los procesos educativos en relación con el orden
social. Esta concepción se diferencia de aquellas otras que creen que la sociedad es producto
de un contrato voluntario entre los sujetos. Lejos de ello, Durkheim asume una posición
historicista por la que los sistemas educativos devienen de las transformaciones sociales y
económicas, y lo que transmite la escuela solo se comprende en relación con las necesidades
sociales de una época.
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comunes, en la sociedad moderna, crecientemente secularizada y donde el proceso de
individuación se agudiza vis a vis con la expansión de la división del trabajo y la consecuente
especialización de los sujetos, esa autoridad moral transmuta, pasa a ser la conciencia
colectiva. Pero no se trata de la suma de las conciencias individuales, sino que es algo exterior
a cada individuo y resume el conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio
de una sociedad, es la que modela al individuo y garantiza la armonía social
[…] Lejos de que la educación tenga por objeto único o principal al individuo y sus intereses,
es, ante todo, el medio con que la sociedad renueva perpetuamente las condiciones de su
propia existencia. ¿Puede vivir la sociedad sin que exista entre sus miembros una suficiente
homogeneidad? La educación perpetúa y fortalece esta homogeneidad, fijando de antemano
en el alma del niño las semejanzas esenciales que supone la vida colectiva. Pero, de otra
parte, sería imposible toda cooperación sin una cierta diversidad. La educación asegura la
persistencia de esta diversidad necesaria, diversificándose y especializándose ella misma.
Consiste, pues, bajo uno u otro de sus aspectos, en una socialización metódica de la
generación joven.
Puede decirse que en cada uno de nosotros hay dos seres, los cuales, a pesar de ser
inseparables a no ser por el camino de la abstracción, no pueden evitar, sin embargo, ser
distintos. El uno está hecho de todos los estados mentales que no se refieren más que a
nosotros mismos y a los acontecimientos de nuestra vida personal; es el que podríamos llamar
nuestro ser individual. El otro es un sistema de ideas, de sentimientos y de hábitos que
expresan en nosotros, no ya nuestra personalidad, sino el grupo o los grupos diversos de los
que formamos parte. De este género son las creencias religiosas, las creencias y las prácticas
morales, las tradiciones nacionales y profesionales, las opiniones colectivas de toda clase.
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Su conjunto es lo que forma nuestro ser social. El objetivo final de la educación sería
precisamente constituir ese ser en cada uno de nosotros. (…) El niño, al entrar en la vida,
no introduce en ella más que la aportación de su naturaleza individual.
[…] La educación es la acción ejercida por las generaciones adultas sobre las que no están
todavía maduras para la vida social; tiene como objetivo suscitar y desarrollar al niño cierto
número de estados físicos, intelectuales y morales que requieren en él tanto la sociedad
política en su conjunto como el ambiente particular al que está destinado de manera
específica. (…)
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especializada a partir de cierta etapa resulta indispensable para garantizar la cooperación
económica que sustenta el tipo de solidaridad orgánica propia de la sociedad industrial.
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menos agresiva y violenta resulte y cuanto mejor sepa contenerse dentro de unos límites
prudentes.
Queda claro, entonces, cómo la escuela pública, obligatoria, laica y republicana resulta
central, pues a la vez que es “la escuela de todos”, abona a la formación del carácter de cada
uno. La escuela asegura una formación moral democrática compartida y, al mismo tiempo,
potencia en igualdad de condiciones las capacidades individuales que encuentran, en este
espacio de socialización, tanto estímulo como protección.
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Un poco de humor
En las condiciones culturales de una sociedad orgánica como la que vive Durkheim, la
escuela producirá hombres crecientemente autónomos y la sociedad se reorganizará según
una lógica estrictamente meritocrática que servirá como criterio de justicia para legitimar las
desigualdades sociales existentes producto de la creciente diferenciación que genera la
división del trabajo.
Ahora bien, ¿de dónde procede la autoridad del maestro, ¿cuál es su fuente? Lo primero a
señalar es que toda autoridad supone una imposición y, por ende, una relación asimétrica
entre quien la asume y quien la obedece. Para que la autoridad sea legítima, además, debe ser
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resultado de un acto de delegación. Para Durkheim, entonces, el maestro está investido de
autoridad por la función social que desempeña; dentro del aula, representa intereses y valores
que trascienden su persona, actúa por una especie de mandato social. Finalmente, para ejercer
la autoridad pedagógica, el maestro deber creer, también, en el carácter sagrado de su función
–de ahí su analogía con la figura del sacerdocio y su mote de “sacerdote laico”– en la
formación de ciudadanos libres que compartan una moral común, y debe saber,
necesariamente, obrar en consecuencia.
El poder del maestro sobre el alumno es tan grande para el autor, que lo compara con la
hipnosis, en la que el estudiante asume una actitud pasiva –aquí también la idea de tabla
rasa– que escucha al hipnotizador y se deja influenciar por él.
Hasta aquí un panorama a toda velocidad del autor. La única bibliografía obligatoria es esta
misma clase. Sin embargo, no puedo dejar de recomendarles las obras con las que elaboré
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esta clase. En ellas quizás encuentren algunas respuestas a las situaciones que pueden
presentarse en sus prácticas docentes futuras.
A su disposición
Profe Alejandra.
Bibliografía de elaboración de esta clase:
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