De Linterna mágica
Ingmar Bergman
[…]
A decir verdad, pienso en mis años infanti-
les con placer y curiosidad. Nunca me faltó
alimento para la fantasía y los sentidos, y no
puedo recordar haberme aburrido jamás. Al
contrario, los días y las horas desbordaban de
cosas curiosas, parajes inesperados, instantes
mágicos. Todavía puedo pasearme por los
paisajes de mi infancia y revivir luces, aro-
mas, personas, habitaciones, instantes, gestos,
acentos y objetos. Raras veces se articulan en
episodios que contar; son más bien películas Ingmar Bergman durante la grabación de Fresas salvajes, 1957
rodadas al azar, cortas o largas, sin sentido.
Diluvio? ¿Qué pasó en realidad con Abrahán e
La prerrogativa de la infancia: moverse sin Isaac? ¿Pensaba de verdad cortarle la cabeza a 3
dificultad entre la magia y el puré de patatas, su hijo? Excitado, con los ojos clavados en el gra-
entre el terror sin límites y la alegría explosi- bado de Doré, me identificaba con Isaac, eso
va. No había más límites que las prohibiciones era real: el padre estaba pensando cortarle la
y las normas, unas y otras eran sombrías, la cabeza a Ingmar, ¿y si el ángel llega demasiado
mayoría de las veces incomprensibles. Recuer- tarde? Habrá lágrimas. Se derrama sangre e
do, por ejemplo, que yo no entendía eso de las Ingmar sonríe pálidamente. Realidad.
horas: “Tienes que aprender de una vez a ser
puntual, ya tienes reloj, ya entiendes el reloj”. Y entonces llegó el cinematógrafo.
Y, sin embargo, el tiempo no existía. Llegaba
tarde al colegio, llegaba tarde a las horas de Fue unas semanas antes de Navidad. Jansson,
comer. Me paseaba con absoluta despreocupa- el uniformado chofer de la incalculablemente
ción por el parque del hospital, mirando cosas rica tía Anna, había venido a traer una gran
y fantaseando, el tiempo dejaba de existir, algo cantidad de paquetes que, según la costumbre,
me recordaba que en realidad tenía hambre y se ponían en el cesto de regalos de Navidad
ya se había armado. que se metía en el armario que había debajo de
la escalera de acceso al piso de arriba. Había
Era difícil distinguir entre lo que yo fantasea- un paquete que despertaba especialmente mi
ba y lo que se consideraba real. Haciendo un excitada curiosidad: era marrón y cuadrado
esfuerzo podía tal vez conseguir que la reali- y en el papel de envolver ponía “Forsners”.
dad fuese real, pero en ella había, por ejem- Forsners era una tienda de fotografía que ha-
plo, espectros y fantasmas. ¿Qué iba a hacer bía en la cuesta de la Hamngaran. No vendían
con ellos? Y los cuentos, ¿eran reales? ¿Dios únicamente cámaras, sino también cinemató-
y los ángeles? ¿Jesucristo? ¿Adán y Eva? ¿El grafos de verdad.
2018 | Julio
Fotógrafo Sven Nykvist, imagen tomada de Ettedgui, P. (1998). Directores de fotografía / cine, Barcelona, Océano, p. 17
Lo que yo más deseaba en el mundo era un En nuestra casa, la Nochebuena era un aconteci-
cinematógrafo. Un año antes había ido al cine miento bastante tranquilo que empezaba con la
4 por primera vez y había visto una película que oración de Navidad en la iglesia a las cinco y se-
trataba de un caballo, creo que se titulaba Be- guía luego con una comida alegre, pero mesura-
lleza negra y estaba basada en un famoso libro da. Después se iluminaba el árbol, se leía el evan-
infantil. La pasaban en el cine Sture y nosotros gelio de Navidad y nos íbamos pronto a la cama
estábamos en la primera fila del anfiteatro. Para porque teníamos que levantarnos a tiempo para la
mí ese fue el principio. Se apoderó de mí una misa del alba que en aquella época era de verdad
fiebre que no desaparecía. Las sombras silentes al alba. No se repartía ningún regalo, pero la no-
vuelven sus pálidos rostros hacia mí y hablan che era animada, un prólogo excitante de los fes-
con voces inaudibles a mis más íntimos senti- tejos del día de Navidad. Después de la misa del
mientos. Han pasado sesenta años y nada ha alba, con sus velas y trompetas, daba comienzo el
cambiado, sigue siendo la misma fiebre. desayuno de Navidad. Para entonces, mi padre
ya había cumplido sus obligaciones profesionales
Poco después, ese mismo otoño, fui a casa de un y cambiaba la sotana por el batín. Solía desplegar
compañero de colegio. Tenía un cinematógrafo su mejor humor y pronunciaba un improvisado
y unas cuantas películas y nos hizo una función discurso en verso para los invitados, cantaba can-
de cumplido a Tippan1 y a mí. El anfitrión me ciones especialmente compuestas para la fiesta,
permitió darle a la manivela mientras él le metía brindaba con aguardiente, imitaba a sus colegas
mano a Tippan. y hacía reír a todo el mundo. A veces pienso en
su alegre ligereza, su despreocupación, su ternu-
La Navidad era una explosión de regocijo. Mi ma- ra, su amabilidad, su temeridad. Pienso en todo
dre dirigía la fiesta con mano firme. Tuvo que ha- aquello que las tinieblas, la pesadez, la brutalidad
ber habido una considerable organización detrás y el distanciamiento borraron con tanta facilidad.
de aquella orgía de hospitalidad, comidas, parien- Creo que muchas veces he sido muy injusto con
tes que llegaban, regalos y ceremonias religiosas. mi padre en mis recuerdos.
Julio | 2018
Después del desayuno íbamos todos a la cama soldados de plomo a cambio del cinematógrafo.
a dormir unas horas. La organización interna Como Dag tenía un gran ejército y siempre esta-
tuvo que haber seguido funcionando ya que, a ba enzarzado en asuntos bélicos con sus amigos,
las dos en punto de la tarde, justo al anochecer, llegamos a un acuerdo satisfactorio para los dos.
se servía el café. La casa estaba abierta para to-
dos los que querían desear Felices Pascuas en El cinematógrafo era mío.
la rectoría. Algunos de los amigos eran mú-
sicos de profesión y en las festividades de la No era una máquina complicada. La luz pro-
tarde solía haber un concierto improvisado. Y cedía de una lámpara de queroseno y la ma-
así se iba acercando el cenit pantagruélico del nivela estaba unida a una rueda dentada y a
día de Navidad, que era la cena. Tenía lugar una cruz de Malta. En el lado posterior de la
en la amplia cocina donde provisionalmente caja de hojalata había un sencillo espejo reflec-
se había suprimido el rango social. La comida tor. Detrás de la lente había un soporte para
estaba en la mesa y en los bancos del fregadero transparencias coloreadas. Con el aparato ve-
cubiertos con manteles. Los regalos se repartían nía también una caja cuadrada de color viole-
en la mesa del comedor. Se traían los cestos, mi ta. Contenía unas cuantas transparencias de
padre oficiaba provisto de un puro y una copa vidrio y una película de 35 mm de color se-
de licor, se entregaban los paquetes, se leían pia. Medía unos tres metros y estaba pegada
versos, se aplaudían y comentaban; no había formando una cinta sin fin. En la tapa venía
regalo sin versos. el título de la película: Frau Holle. Nadie sabía
quién era la tal Frau Holle, pero con el tiempo
Y ahora viene lo del cinematógrafo. Fue a mi se aclaró que era el equivalente popular a la
hermano a quien se lo dieron. diosa del amor de los países mediterráneos. 5
Yo empecé inmediatamente a aullar, fui re- A la mañana siguiente me retiré al amplio
prendido, desaparecí debajo de la mesa donde ropero de nuestro cuarto, coloqué el cinema-
seguí gritando, me dijeron que hiciera el favor tógrafo sobre un cajón, encendí la lámpara y
de callarme, me fui corriendo al cuarto juran- dirigí la luz hacia la blanca pared. Después lo
do y maldiciendo, pensé escaparme de casa y, cargué con la película. En la pared apareció la
finalmente, me dormí de tristeza. imagen de una pradera. En la pradera dormi-
taba una joven vestida con lo que parecía un
La fiesta siguió su curso. traje regional. Al mover la manivela —esto no
se puede explicar, no puedo poner en palabras
Desperté ya entrada la noche. Abajo, Gertrud2 mi excitación; puedo, en cualquier momento,
cantaba una canción popular, la luz de la lám- rememorar el olor del metal caliente, el olor a
para estaba encendida. Una lámina transpa- polvo y alcanfor del ropero, la manivela en mi
rente con el portal de Belén y la adoración de mano, el tembloroso rectángulo de la pared.
los pastores brillaba tenuemente sobre la alta
cómoda. En la mesa blanca plegable, entre los Yo movía la manivela y la joven se despertaba,
demás regalos de mi hermano, estaba el cine- se sentaba, se levantaba lentamente, estiraba
matógrafo con su chimenea curvada, su lente los brazos, daba una vuelta y desaparecía por
circundada por el latón delicadamente trabaja- la derecha. Si seguía dando a la manivela, la
do y su soporte para los rollos de película. chica volvía a estar en la pradera y luego repe-
tía exactamente los mismos movimientos.
Tomé una decisión rápida, desperté a mi her-
mano y le propuse un trato. Le ofrecí mis cien Se movía.
2018 | Julio
[…]
Mi abuela se quedó pues viuda cuando toda-
vía era joven. Se vistió de negro y le blanqueó
el pelo. Los hijos se casaron y se fueron de
casa. Se quedó sola con Lalla. Mi madre con-
taba a veces que mi abuela no quería a nadie
excepto a Ernst, el benjamín. Mi madre trató
de ganarse su cariño imitándola en todo, pero
era más blanda y fracasó.
Mi padre describía a la abuela como una vieja
lagarta con ansias de poder. Seguramente no
era el único que opinaba eso.
A pesar de ello, yo viví lo mejor de mi infancia
en casa de mi abuela. Me trataba con áspera
ternura e intuitiva comprensión. Habíamos
creado, entre otras cosas, un ritual que ella
jamás traicionó. Antes de la cena nos sentá-
bamos en su sofá verde. Allí “dialogábamos”
durante una hora más o menos. Abuela ha-
6 blaba del Mundo, de la Vida y también de Liv Ullmann, imagen tomada de Ettedgui, P. (1998). Directores
la Muerte (que ocupaba bastante mis pensa- de fotografía / cine, Barcelona, Océano, p. 16
mientos). (Quería saber lo que yo pensaba, me
escuchaba atentamente, se saltaba mis peque- siado rato y con demasiado afán, los chanclos
ñas mentiras o las apartaba con amable ironía. de mi abuela empezaban a rechinar. Era un
Me dejaba hablar como una persona auténtica, ruido espantoso que llenaba todo el cine.
completamente real, sin disfraces.
Leíamos en voz alta, nos contábamos histo-
Nuestros “diálogos” están siempre envueltos rias inventadas, las historias de fantasmas y
en atardecer, confianza, noche invernal. otros horrores se encontraban entre nuestras
preferidas; también dibujábamos monigotes
Abuela tenía además una característica en- que eran como una especie de tebeos. Uno
cantadora. Le gustaba mucho ir al cine y si de los dos empezaba dibujando algo. El otro
la película era tolerada para menores (lo que continuaba con el dibujo siguiente tratando de
se anunciaba los lunes junto con la cartelera desarrollar la historia. A veces dibujábamos
en la tercera página del periódico Upsala Nya varios días seguidos, llegábamos a tener cua-
Tidningen) no hacía falta esperar hasta el sába- renta o cincuenta dibujos. Entre un cuadro y
do o el domingo para ir al cine. Sólo una nube otro escribíamos textos explicativos.
empañaba nuestra alegría. Abuela tenía unos
chanclos de goma horribles, y no le gustaban Los hábitos y las rutinas de la vida en casa de
las escenas de amor que, a mí, por el contrario, mi abuela eran espartanos. Nos levantábamos
me parecían maravillosas. Cuando los prota- cuando se encendían las estufas. Eran las sie-
gonistas manifestaban sus sentimientos dema- te. Friegas en un baño de latón lleno de agua
Julio | 2018
helada, desayuno a base de gachas de avena la puerta que hay entre el salón y el comedor,
y un bocadillo de pan galleta. Oraciones de la se apaga la luz y tía Lotten hace su función de
mañana Después a la calle, hiciera el tiempo teatro (tuvo que haber sido muy hábil: mani-
que hiciera. Paseo estudiando las carteleras de pulaba varias figuras al mismo tiempo y hacía
los cines: el Skandia, el Fyris, el Röda Kvarn, todos los papeles; de repente la pantalla se te-
el Slotts, el Edda. Cena a las cinco en punto. ñía de rojo o de azul, surgía un demonio del
Sacábamos los viejos juguetes de cuando el tío rojo o se perfilaba una tenue luna en el azul, de
Ernst era niño. Lectura en voz alta. Las oracio- pronto todo era verde y en las profundidades
nes de la noche. del mar se movían peces extraños).
La campana Gunilla3 da las campanadas de las […]
horas. A las nueve es de noche. Estar tumbado
en el puf escuchando el silencio. Ver la luz de
la farola de la calle proyectar luces y sombras Notas de la editora
en el techo.
1 “Enfrente del zaguán hay una compañera de jue-
gos de mi misma edad que se llama Tippan. Es muy
Cuando la tormenta de nieve se desencadena fantasiosa y emprendedora. Comparamos nuestros
sobre la llanura de Upsala la farola se mueve, cuerpos y encontramos interesantes diferencias. Al-
las sombras se retuercen; en la chimenea se guien nos pilla, pero no dice nada”, p. 10 de Linterna
oyen ruidos y silbidos. mágica.
2 “Al fondo se ve a Gertrud, una joven amiga de la fa-
milia. Está mirando a mi padre con una mirada ren-
Los domingos cenábamos a las cuatro. Venía
dida y sonríe con picardía. Gertrud era mi preferida,
tía Lotten que vivía en una residencia para mi- me hubiera gustado que viniera con nosotros, se reía
7
sioneras ancianas y había sido compañera de mucho y ponía de buen humor a mi padre; solían
mi abuela en el instituto, donde fueron unas cantar juntos”, p. 282, ibídem.
de las primeras chicas del país que hicieron el 3 Se refiere a la campana que Gunilla, esposa del rey
Johan III, donó a la iglesia del castillo de Upsala en
bachillerato. Tía Lotten había ido de misionera
Suecia, en 1588. Aún funciona y cada noche suena a
a China donde perdió su belleza, sus dientes las 6 de la mañana y a las 9 de la noche.
y un ojo.
Abuela sabe que, a mí, tía Lotten me parece Ingmar Bergman (Upsala, Suecia,
repugnante, pero considera que debo 1918 - Fårö, Suecia, 2007). Director de
endurecerme. Por eso me coloca al lado de tía cine y de teatro, guionista y productor.
Lotten en las cenas dominicales. Yo puedo ver- Autor de una prolífica obra. Algunas
le la nariz peluda en cuyos orificios hay siem- de sus películas más destacadas son: El
pre un moco amarilloso verdoso. Además, séptimo sello, Persona, Fanny y Alexander,
huele a orines secos. La dentadura repiquetea Sonata de otoño, El manantial de la donce-
cuando habla, acerca mucho la cara al plato y lla, Como en un espejo, Fresas salvajes, Gri-
sorbe al comer. De su barriga sube a veces un tos y susurros, El huevo de la serpiente y
gruñido sordo. Secretos de un matrimonio. El fragmento aquí
incluido lo tomamos de Bergman, I. (1988).
Esta aborrecible persona posee un tesoro. Des- Linterna mágica, traducción de Marina
pués de la cena y del café, desempaqueta un Torres y Francisco Uriz, Barcelona, Tus-
teatro de sombras chinescas de una caja de quets, pp. 21-25 y 31-33.
madera amarilla. Se tiende una sábana sobre
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