Generación eléctrica
Te explicamos qué es la generación de energía eléctrica, sus tipos y
cómo se produce. Además, etapas del sector eléctrico.
Gran parte de nuestra vida cotidiana depende de la energía eléctrica.
¿Qué es la generación de energía eléctrica?
La generación de energía eléctrica engloba al conjunto
de procesos distintos a través de los cuales puede producirse electricidad, o
lo que es lo mismo, transformar otras formas de energía disponibles en
la naturaleza (energía química, cinética, térmica, lumínica, nuclear, etc.) en
energía eléctrica aprovechable.
La capacidad de producir electricidad es una de las principales
preocupaciones de la humanidad contemporánea, dado que su consumo se
ha masificado y normalizado desde su descubrimiento en el siglo XIX, a
punto tal de hacerse indispensable en nuestra vida cotidiana. Nuestros
hogares, las industrias, el alumbrado público, incluso nuestros artefactos
personales, dependen de un suministro constante y estable de energía
eléctrica.
Así, el consumo energético mundial va en franco aumento. Mientras que en
1900 el consumo global de energía era de apenas 0,7 Terawatts (0,7 x
1012 W), ya en el año 2005 se estimó en unos 500 Exajulios (5 x 1020 J),
equivalentes a 138.900 Terawatts.
El sector industrial es el mayor consumidor de todos, y por ende el mundo
desarrollado (el llamado Primer Mundo) es responsable de los mayores
porcentajes de consumo. Estados Unidos, por ejemplo, consume el 25% de
la energía generada mundialmente.
Por eso, la búsqueda de nuevas y más eficientes formas de obtenerla es un
área en la que se invierten enormes recursos científicos y tecnológicos,
especialmente en una época en la que los efectos climáticos de
la industrialización y de la quema de combustibles fósiles se ha hecho no
sólo evidente, sino alarmante.
¿Cómo se produce la energía eléctrica?
Pued
en utilizarse distintos tipos de energía para hacer girar la turbina del
generador.
La electricidad, en general, se produce en grandes instalaciones llamadas
centrales eléctricas o plantas eléctricas, que aprovechando distintos tipos
de materia prima o de procesos naturales “fabrican” la electricidad.
Para ello, en su mayoría, las centrales disponen de alternadores, que son
grandes dispositivos que generan corriente alterna. Están compuestos a su
vez por una bobina, que es un rollo grande y giratorio de material conductor
eléctrico dispuesto en hilos, y un imán que permanece fijo.
Al hacer girar la bobina dentro del imán a grandes velocidades, se produce
un fenómeno llamado inducción electromagnética: el campo
magnético resultante moviliza los electrones del material conductor, creando
un flujo de energía que luego deberá ser “preparada” para su distribución
mediante una serie de transformadores.
El asunto, entonces, está en cómo hacer que la bobina gire a grandes
velocidades y de manera constante. En los experimentos llevados a cabo en
el siglo XIX con electricidad, se la generaba mediante el pedaleo de una
bicicleta, lo cual producía apenas una mínima cantidad, desde luego.
En el caso de las plantas eléctricas, se requiere de algo mucho más
sofisticado: una turbina, que es un artefacto giratorio capaz de
transmitir energía mecánica a la bobina, haciéndola girar, a partir del
aprovechamiento de otra fuerza.
Por ejemplo, puede utilizar la caída de agua en una cascada, o el soplo
constante del viento, o en la mayoría de los casos, el vapor ascendente de
una buena cantidad de agua hirviendo, para lo cual hace falta a su vez
generar una cantidad constante de calor, mediante la combustión de
diversos tipos de materiales.
Como se verá, el proceso completo de la generación de energía eléctrica no
es más que la transformación de energía química en calórica (combustión),
para luego convertirla en cinética y mecánica (al movilizar la turbina), y más
tarde en electromagnética, es decir, en electricidad.
Etapas del sector eléctrico
L
a electricidad se distribuye través del tendido eléctrico.
El sector eléctrico es aquel que se encarga del circuito entero de producción
de electricidad, desde su inicio hasta su consumo en cada una de nuestras
casas, por ejemplo. El ciclo entero de producción de energía en este sector
involucra las siguientes etapas:
Generación. La primera etapa, lógicamente, consiste en la obtención de
la electricidad a través de los medios disponibles, en cualquiera de los
tipos de planta eléctrica que existen.
Transformación. Una vez obtenida la electricidad, usualmente se la
somete a un proceso de transformación que la prepara para su
transporte a lo largo de una red de tendido, ya que la electricidad, a
diferencia de otros productos y bienes, no se puede almacenar para su
consumo posterior, sino que debe transmitirse inmediatamente.
De ello se encargan las llamadas subestaciones o plantas transformadoras,
ubicadas en las cercanías de las plantas eléctricas, y también los centros de
transformación, próximos a las poblaciones consumidoras, pues su misión
es modular la tensión eléctrica para hacer la electricidad transportable (alta
tensión) y consumible (baja tensión).
Distribución. La electricidad finalmente debe suministrarse a nuestros
hogares o a las industrias que la consumen a través de una red de
cableado conocida como tendido eléctrico, y de la que usualmente se
ocupan distintas empresas de distribución y comercialización de energía.
Consumo. Finalmente, cada hogar consumidor o planta industrial posee
una instalación de enlace, que une las redes de distribución con las
instalaciones interiores, permitiendo que la energía se encuentre
presente allí donde sea que la necesitemos.
Tipos de generación eléctrica
La energía eólica es relativamente económica y segura para la producción
de electricidad.
La generación eléctrica se clasifica, normalmente, por el tipo de central
eléctrica en la que se produce, o lo que es lo mismo, según qué
procedimiento específico se utiliza para, como explicamos antes, movilizar
la turbina que hacer girar la bobina que a su vez genera la electricidad. Así,
tenemos:
Energía termoeléctrica de combustibles fósiles. Las centrales
termoeléctricas son aquellas que producen electricidad a partir de la
energía calórica, hirviendo de grandes cantidades de agua, o calentando
similarmente otros gases, gracias a la combustión de diversos
materiales orgánicos (carbón, petróleo, gas natural u otros combustibles
fósiles) en una caldera interna. En estos casos, el gas en expansión es
responsable de movilizar la turbina, y luego es enfriado para poder
repetir el ciclo.
Energía termonuclear. El principio de funcionamiento de la energía
termonuclear no es distinto al de la termoeléctrica, con la salvedad de
que el calor necesario para hacer girar las turbinas se obtiene a través
de diversos procesos químicos de fisión de átomos pesados, es decir,
bombardeando con partículas los núcleos atómicos de ciertos elementos,
para forzarlos a convertirse en otros elementos más livianos y liberar una
inmensa cantidad de energía. En estas plantas, conocidas como
reactores, se sigue la misma lógica de la bomba atómica, pero aplicada a
fines pacíficos. La desventaja es que produce residuos radiactivos de
difícil manejo y altísima toxicidad.
Energía geotérmica. De nuevo, en este caso el funcionamiento de la
planta eléctrica obedece al modelo termoeléctrico, pero sin la necesidad
de combustibles ni de calderas, pues se aprovecha el calor interno de
la corteza terrestre. Para ello, se requiere de un emplazamiento tectónico
conveniente, o sea, de un área con actividad tectónica que permita verter
agua hacia las profundidades terrestres y aprovechar el vapor resultante
para movilizar las turbinas eléctricas.
Energía termosolar. Similar a los casos anteriores, este tipo de plantas
eléctricas aprovechan la luz del sol, enfocándola y concentrándola
mediante un complejo sistema de espejos, para así calentar líquidos
a temperaturas de entre 300 y 1000 °C, e iniciar así el proceso
termoeléctrico de generación.
Energía fotovoltaica. Este tipo de energía también se obtiene
aprovechando la luz solar, pero en un sentido distinto: mediante grandes
campos de células fotovoltaicas, compuestas por diodos sensibles a la
luz solar, que generan pequeños diferenciales de potencial en sus
extremos. Se requieren grandes emplazamientos de estos paneles
solares para generar electricidad, pero al mismo tiempo se lo hace sin
requerir de materia prima y sin contaminar demasiado el ambiente.
Energía hidroeléctrica. En este caso, las turbinas eléctricas de la planta
de generación no se mueven por acción del calor, sino aprovechando la
energía mecánica de una caída de agua. Por esa razón, se requiere de
una topografía específica para ello, como cataratas, saltos, ríos
caudalosos o cuerpos de agua en los que puedan implantarse diques
o represas. Más allá de la brutal modificación de estos cuerpos de agua
y de sus ecosistemas propios, se trata de una forma de energía limpia,
barata y segura.
Energía mareomotriz o undimotriz. Se llama así a las plantas de
obtención de energía eléctrica a partir de las mareas o de las olas
marinas, a través de instalaciones costeras que a través de dispositivos
flotantes aprovechan el empuje del agua para movilizar las turbinas. Se
trata sin embargo de formas poco potentes y poco rentables de
obtención de energía, al menos por el momento.
Energía eólica. Si en los casos anteriores se aprovechaba el
movimiento natural del agua, en las plantas eólicas se aprovecha el
empuje del viento, especialmente en regiones en que sopla
constantemente, como las zonas costeras, las grandes planicies, o
similares. Para ello se disponen de campos enteros de hélices gigantes,
sensibles al paso del viento, que al moverse transmiten la energía
mecánica a una turbina eléctrica. Se trata de una forma relativamente
económica y segura de producción de electricidad, pero
desafortunadamente muy poco potente y con un costo importante en
materia paisajística.
Energías renovables
La obtención de electricidad es un proceso complejo y de altísimo impacto
medioambiental, sobre todo en sus variantes tradicionales, como las de
combustible fósil. Además, en estos últimos casos el combustible disponible
cuenta con reservas limitadas, ya que el carbón y el petróleo tienen un
origen geológico muy lento y prolongado, que no permite reponer las
existencias planetarias al mismo ritmo en que las estamos consumiendo.
Por ello, muchos de los esfuerzos del sector energético se invierten en
la búsqueda de posibles fuentes renovables, o en el perfeccionamiento
de las que ya existen, como la energía solar, hidroeléctrica y geotérmica.
Sin embargo, las grandes esperanzas de la humanidad en materia
energética apuntan a la posibilidad de la fusión atómica como fuente
segura, confiable, no contaminante y renovable de energía: se toman
átomos de hidrógeno, el elemento más abundante del universo, y se
fusionan para generar enormes cantidades de energía, tal y como ocurre en
el corazón de las estrellas en el espacio.
Desafortunadamente, dicha tecnología está aún lejos de nuestro alcance,
de modo que la humanidad deberá hacer mayores esfuerzos para adaptar
su consumo energético a las posibilidades del mundo, o correr el riesgo de
arruinarlo por completo en nuestro deseo de contar con energía eléctrica
infinita.
Pila, batería y acumulador
Los términos pila y batería provienen de los primeros tiempos de la electricidad, en
los que se agrupaban varios elementos (discos metálicos o celdas) para aumentar
la corriente suministrada por el dispositivo. En unos casos se disponían uno
encima de otro, se apilaban, y de ahí viene pila; y en otros casos se ponían uno
junto a otro, en batería.
En inglés se utiliza un término único, battery, para designar a todos estos
dispositivos. Por el contrario, en España y otros países, se utilizan los términos
de batería y acumulador para las recargables (de ácido-plomo principalmente),
y pila para las que no son recargables (alcalinas, por ejemplo).
En algunos países hispanohablantes, en cambio, se sigue el proceder inglés y se
emplea la palabra batería para todos los tipos. En estos países, el
término acumulador se aplica a los condensadores eléctricos o a otros
dispositivos de acumulación.
Celdas primarias y secundarias
En los países que no hacen la diferencia anteriormente expuesta, los elementos
suministradores de electricidad se clasifican en dos categorías:
Las celdas primarias, lo que antes se han llamado pilas no-recargables,
transforman la energía química en energía eléctrica, de manera irreversible
(dentro de los límites de la práctica). Cuando se agota la cantidad inicial de
reactivos presentes en la pila, la energía no puede ser fácilmente
restaurada o devuelta a la celda electroquímica por medios eléctricos.4
Las celdas secundarias, lo que antes se han llamado baterías o pilas
recargables, que pueden ser recargadas sin más que revertir las reacciones
químicas en su interior mediante el suministro de energía eléctrica a la
celda hasta el restablecimiento de su composición original.5
Las celdas primarias (de un solo uso o de "usar y tirar") se usan una vez y se
desechan; los materiales de los electrodos se cambian irreversiblemente durante
la descarga. Los ejemplos más comunes son la pila alcalina no recargable
utilizada para linternas y una multitud de dispositivos portátiles.
Las celdas secundarias (recargables) se pueden descargar y recargar varias
veces, debido a que la composición original de los electrodos puede ser
restaurado por la corriente inversa. Los ejemplos incluyen las baterías de ácido-
plomo usadas en los vehículos, las baterías de iones de litio utilizadas en
dispositivos electrónicos portátiles, como móviles, tabletas y ordenadores y
las baterías recargables de Ni-HM, utilizadas como alternativa o reemplazo de las
pilas alcalinas en dispositivos electrónicos portátiles que las emplean,
como cámaras fotográficas
digitales, juguetes, radios portátiles, radiograbadores, linternas, reproductores de
MP3 y Minidisc, entre otros.
Principios de funcionamiento
El principio de funcionamiento de un acumulador está basado esencialmente en
un proceso químico reversible llamado reducción-oxidación (también conocida
como redox), en el que uno de los componentes se oxida (pierde electrones) y el
otro se reduce (gana electrones); es decir, un proceso cuyos componentes no
resulten consumidos ni se pierdan, sino que meramente cambian su estado de
oxidación y, que a su vez pueden retornar a su estado original en las
circunstancias adecuadas. Estas circunstancias son, en el caso de las baterías y
pilas recargables, el cierre del circuito externo durante el proceso de descarga y la
aplicación de una corriente externa durante la carga.
Estos procesos son comunes en las relaciones entre los elementos químicos y la
electricidad durante el proceso denominado electrólisis y en los generadores
voltaicos o pilas. Los investigadores del siglo XIX dedicaron numerosos esfuerzos
a observar y a esclarecer este fenómeno, que recibió el nombre de polarización.
Un acumulador es, así, un dispositivo en el que la polarización se lleva a sus
límites alcanzables, y consta, en general, de dos electrodos, del mismo o de
distinto material, sumergidos en un electrolito.