El Reloj Mágico
Había una vez un pequeño pueblo llamado Villa Esperanza, donde vivía un niño llamado
Tomás. Tomás era un niño curioso y le encantaba explorar cada rincón del pueblo. Un día,
mientras caminaba por el bosque cercano, encontró una cabaña vieja y abandonada.
Al entrar, descubrió un reloj antiguo cubierto de polvo. Al limpiarlo, vio que tenía una
inscripción que decía: "Este reloj detiene el tiempo, pero solo por un momento." Intrigado,
Tomás decidió probarlo. Giró una pequeña llave en el lateral del reloj y, de repente, todo a
su alrededor se congeló. Las hojas que caían del árbol quedaron suspendidas en el aire, los
pájaros en pleno vuelo, y el viento dejó de soplar.
Tomás se dio cuenta de que podía moverse mientras todo estaba detenido. Empezó a
explorar el pueblo, viendo a las personas congeladas en sus actividades diarias. Ayudó a un
niño que estaba a punto de caer de su bicicleta, recogió las manzanas que habían caído de
un puesto de frutas y hasta colocó una flor en el pelo de su madre, quien estaba en el
mercado comprando verduras.
Después de un rato, decidió regresar a la cabaña y girar la llave en sentido contrario. El
tiempo comenzó a fluir de nuevo, y todo volvió a la normalidad. Nadie en el pueblo notó
los cambios, excepto Tomás, que se sintió feliz de haber podido ayudar a los demás de una
manera mágica.
Cada vez que sentía que alguien necesitaba ayuda, Tomás volvía a la cabaña y usaba el
reloj mágico. Siempre recordaba hacerlo con responsabilidad y solo para buenas acciones.
Con el tiempo, Villa Esperanza se convirtió en un lugar lleno de pequeñas sorpresas y
felicidad, gracias al secreto bien guardado de Tomás y su reloj mágico.