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Las Mujeres y La Revolución Francesa: Artículo Principal

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Constaba de una pequeña bandera roja, blanca y azul en la esquina superior

izquierda de una bandera blanca. Esta bandera fue modificada por


la Convención republicana el 15 de febrero de 1794, a petición de los
marineros de la marina nacional que exigieron que se redujera la
predominancia del blanco que simbolizaba todavía la monarquía.23 La bandera
adoptó entonces su diseño definitivo, y se cambió el orden de los colores para
colocar el azul cerca del mástil y el rojo al viento por motivos cromáticos, según
los consejos del pintor Louis David.

El distinto alcance de ambas declaraciones es debido tanto a cuestiones de


forma como de fondo. La declaración francesa es indiferente a las
circunstancias en que nace y añade a los derechos naturales, los derechos del
ciudadano. Sobre todo, es un texto atemporal, único, separado del texto
constitucional y, por tanto, con un carácter universal, a lo que hay que añadir la
brevedad, claridad y sencillez del lenguaje. De ahí su trascendencia y éxito
tanto en Francia como en Europa y el mundo occidental.

La declaración, sin embargo, excluyó a las mujeres en su consideración de


ciudadanas y se olvidó de las mujeres en su proyecto igualitario. Dos años más
tarde de la redacción de la Declaración de Derechos del Hombre y del
Ciudadano la activista política Olympe de Gouges escribió la Declaración de los
Derechos de la Mujer y la Ciudadana (1793), que se convierte en uno de los
primeros documentos históricos que plantea la equiparación jurídica y legal de
las mujeres en relación con los varones.24

Las mujeres y la Revolución francesa


Artículo principal: Las mujeres en la Revolución francesa

Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los


Derechos de la Mujer y de la Ciudadana y precursora del feminismo
Las mujeres ocuparon las calles durante las semanas precedentes a la
insurrección y tuvieron un papel protagonista en el inicio de la Revolución. El 5
de octubre de 1789 fueron ellas quienes iniciaron la marcha hacia Versalles a
buscar al rey. Sin embargo, cuando las asociaciones revolucionarias dirigen el
alzamiento las mujeres quedan excluidas del pueblo deliberante, del pueblo
armado —la Guardia Nacional—, de los comités locales y de las asociaciones
políticas.

Al no poder participar en las asambleas políticas toman la palabra en las


tribunas abiertas al público y crean los clubes femeninos en los que leen y
debaten las leyes y los periódicos. Entre los más reconocidos estaba
la Sociedad Patriótica y de Beneficencia de las Amigas de la Verdad (1791-
1792), fundada por Etta Palm, en el que se reclamaba educación para las niñas
pobres, divorcio y derechos políticos.

El 30 de septiembre de 1793, se prohibieron los clubes femeninos. En 1794, se


insistió en la prohibición de la presencia femenina en cualquier actividad
política, y en mayo de 1795 la Convención prohibió a las mujeres asistir a las
asambleas política ordenando que se retiraran a sus domicilios bajo orden de
arresto si no cumplían lo prescrito.27 El Código Napoleónico aprobado en 1804
consagró la derrota femenina en la lucha por la igualdad, libertad y fraternidad
que la revolución significó para los varones.28

Entre las revolucionarias más destacadas se encontraba la dramaturga y


activista política, considerada precursora del feminismo, Olympe de Gouges, la
cual escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana (1793),
reivindicando la equiparación de derechos entre hombres y mujeres. Olympe
de Gouges se enfrentó a Robespierre y publicó la carta Pronostic de Monsieur
Robespierre pour un animale amphibie,25 que la llevó a ser acusada de intrigas
sediciosas. Fue juzgada, condenada a muerte y guillotinada.26

Cuando Luis XVI visitó a la recién creada Guardia Nacional en el Ayuntamiento


de París el 17 de julio de 1790, aparece por primera vez la escarapela tricolor,
ofrecida al Rey por el comandante de la Guardia, el marqués de La Fayette.
Unía la escarapela de la Guardia Nacional que llevaba los colores de la capital,
con el color blanco del reino. No fue sin embargo hasta el 20 de marzo de 1790
que la Asamblea Nacional mencionó en un decreto los tres colores como
"colores de la nación: azul, rojo y blanco".22 Pero la escarapela no era aún un
símbolo nacional, y el primer emblema nacional como tal fue la bandera
diseñada para la popa de los buques de guerra, adoptada por decreto de la
Asamblea Nacional el 24 de octubre de 1790. Otro símbolo de la Revolución
francesa es el gorro frigio (o gorro de la libertad), llevado en particular por
los Sans-culottes. Aparece en los Escudos
Nacionales de Francia, Haití, Cuba, El
Salvador, Nicaragua, Colombia, Bolivia, Paraguay y Argentina.

El himno «La Marsellesa», con letra y música de Rouget de Lisle, capitán de


ingenieros de la guarnición de Estrasburgo, se popularizó a tal punto que el 14
de julio de 1795 fue declarado himno nacional de Francia; se llamaba «Chant
de guerre pour l'armée du Rhin» («Canto de guerra para el ejército del Rin»),
pero cuando los voluntarios del general François Mireur que salieron
de Marsella entraron a París el 30 de julio de 1792 cantando dicho himno como
canción de marcha, los parisinos los acogieron con gran entusiasmo y
bautizaron el cántico como «La Marsellesa».

El lema Liberté, égalité, fraternité («Libertad, igualdad, fraternidad»), que


procede del lema no oficial de la Revolución de 1789 Liberté, égalité ou la
mort («Libertad, igualdad o la muerte»), fue adoptado de manera oficial
después de la Revolución de 1848 por la Segunda República Francesa.

Duration: 1 minuto y 20 segundos.1:20La


Marsellesa, himno nacional de Francia desde
1795.

Bande
ra de Francia.
La Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano
Artículo principal: Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano
Véase también: Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana

Declaración de los Derechos del Hombre y del


Ciudadano.
Uno de los acontecimientos con mayor alcance histórico de la revolución fue la
declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. En su doble
vertiente, moral (derechos naturales inalienables) y política (condiciones
necesarias para el ejercicio de los derechos naturales e individuales),
condiciona la aparición de un nuevo modelo de Estado, el de los ciudadanos,
el Estado de Derecho, democrático y nacional. Aunque la primera vez que se
proclamaron de modo solemne los derechos del hombre fue en los Estados
Unidos (Declaración de Derechos de Virginia en 1776 y Constitución de los
Estados Unidos en 1787), la revolución de los derechos humanos es un puro
fenómeno europeo. Será la Declaración de Derechos del Hombre y del
Ciudadano francesa de 1789 la que sirva de base e inspiración a todas las
declaraciones tanto del siglo XIX como del siglo XX.

La bandera francesa y los símbolos de la Revolución

Escarapela tricolor.
Los colores azul, blanco y rojo eran ya frecuentes en diversos pabellones,
uniformes y banderas de Francia antes del siglo XVIII. El azul y el rojo eran los
colores de la villa de París desde el siglo XIV,21 y el blanco era en aquella época
el color del reino de Francia, y por extensión de la monarquía borbónica.

Sectores de la aristocracia confiaban en que estos Estados Generales pudieran


servir para recuperar parte del poder perdido, pero el contexto social ya no era
el de 1614.

La revolución, más allá de sus estertores, enfrentó las bases del sistema
monárquico como tal, en la medida en que impuso con su discurso, iniciativas
capaces de volverlo ilegítimo.[cita requerida]Sí se sabía, en cambio, que en dicha
asamblea habían estado representados (con el mismo número de miembros y
con un solo voto) el clero (Primer Estado), la nobleza (Segundo Estado) y el
resto de la población (Tercer Estado, la burguesía y el campesinado).

El tercer impacto de los Estados Generales fue de gran tumulto político, en


particular por la determinación del sistema de votación. El Parlamento de París
propuso que se mantuviera el sistema de votación que se había usado en
1614, si bien los magistrados no estaban muy seguros acerca de cuál había
sido en realidad tal sistema.
De inmediato, un grupo de liberales parisinos denominado «Comité de los
Treinta», compuesto por la nobleza, comenzó a protestar y agitar, reclamando
que se duplicara el número de asambleístas con derecho a voto del Tercer
Estado (es decir, los «Comunes»). El gobierno aceptó esta propuesta, pero
dejó a la Asamblea la labor de determinar el derecho de voto. Este cabo suelto
creó gran tumulto.

Sin embargo, al día siguiente cometió la imprudencia de dejarse ver; fue


arrestado en Varennes por un oficial del pueblo y devuelto a París escoltado
por la guardia. A su regreso, el pueblo se mantuvo en silencio y, tanto él como
su esposa, María Antonieta, sus dos hijos (María Teresa y Luis-Carlos,
futuro Luis XVII) y su hermana (Madame Elizabeth) permanecieron bajo
custodia

Sin embargo, el 2 de marzo de 1791 Mirabeau falleció, y la Asamblea adoptó


esta medida draconiana.

El 20 de junio de 1791, Luis XVI, opuesto al curso que iba tomando la


Revolución, huyó junto con su familia de las Tullerías.

La negativa generalizada dio lugar a nuevas leyes contra el clero, muchos de


los cuales fueron obligados a exiliarse, deportados o ejecutados.19

A principios de 1791, la Asamblea consideró introducir una legislación contra


los franceses que emigraron durante la Revolución (émigrés).

Cuando se requirió que el clero jurara lealtad a la Constitución Civil en


noviembre de 1790, menos del 24 % lo hizo; el resultado fue un cisma con los
que se negaron, el "clero que no jura" o el "clero refractario". Esto endureció la
resistencia popular contra la injerencia del Estado, en especial en áreas de
tradición católica como Normandía, Bretaña y Vendée, donde sólo unos pocos
sacerdotes prestaron juramento y la población civil se volvió contra la
revolución.

staba en juego la idea de soberanía nacional, es decir, admitir que el conjunto


de los diputados de los Estados Generales representaba la voluntad de
la nación.

Se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea


Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte en
1799, culminando un proceso de 10 años.
El movimiento de los monárquicos para bloquear este sistema fue desmontado
por el pueblo de París, compuesto sobre todo por mujeres (menospreciadas
como «las Furias»), que marcharon el 5 de octubre de 1789 sobre Versalles,
desde donde, tras varios incidentes, el rey y su familia se vieron obligados a
trasladarse al palacio de las Tullerías, en París.

Los nobles, por su parte, favorecían un Senado compuesto por miembros de


la nobleza elegidos por los nobles. Prevaleció, sin embargo, la tesis liberal de
que la Asamblea tendría una sola Cámara, quedando el rey sólo con poder de
veto, pudiendo posponer la ejecución de una ley, pero no su eliminación.

La Asamblea Nacional Constituyente no era solo un órgano legislativo, sino la


encargada de redactar una nueva constitución. Algunos, como Necker,
favorecían la creación de una asamblea bicameral donde el Senado sería
escogido por la Corona entre los miembros propuestos por el pueblo.

Ahora existía una élite burguesa que tenía una serie de reivindicaciones e
intereses que chocaban con los de la nobleza (y con los del pueblo, cosa que
se demostraría en los años siguientes).

El rey Luis XVI y una parte de la nobleza no aceptaron la situación. Los


miembros del Tercer Estamento se autoproclamaron Asamblea Nacional, y se
comprometieron a escribir una constitución.

los Estados Generales estaban formados por los representantes de cada


estamento. Estos estaban separados a la hora de deliberar, y tenían solo un
voto por estamento. La convocatoria de 1789 fue un motivo de preocupación
para la oposición, por cuanto existía la creencia de que no era otra cosa que un
intento, por parte de la monarquía, de manipular la asamblea a su antojo. La
cuestión que se planteaba era importante.

Si bien después de que la Primera República cayó tras el golpe de Estado de


Napoleón, la organización política de Francia durante el siglo XIX osciló
entre república, imperio y monarquía constitucional, la revolución marcó el final
definitivo del feudalismo y del absolutismo en el país,2 y dio a luz a un nuevo
régimen donde la burguesía, que empleaba en ocasiones a las masas
populares, se convirtió en la fuerza política dominante.
Tanto la influencia de la Ilustración como el ejemplo de los Estados Unidos
sirvieron de «trampolín» ideológico para el inicio de la revolución en Francia.

El rápido crecimiento de la población y las restricciones causadas por la


incapacidad de financiar de forma adecuada la deuda pública, dieron lugar a
una depresión económica, desempleo y altos precios de los alimentos.4

El surgimiento de esta llamada "esfera pública" llevó a París a reemplazar


a Versalles como centro cultural e intelectual, dejando a la Corte aislada y con
menos capacidad de influir en la opinión.78

Combinado con un sistema fiscal regresivo y la resistencia a la reforma de la


élite gobernante, el resultado fue una crisis que Luis XVI no pudo manejar.56

Bajo Luis XIV, la corte de Versalles se había convertido en el centro de la


cultura, la moda y el poder político. Las mejoras en la educación y la
alfabetización a lo largo del siglo XVIII significaron audiencias más grandes para
los periódicos y revistas, con logias masónicas, cafeterías y clubes de lectura
que proporcionaron áreas donde la gente podía debatir y discutir ideas.

Muchos historiadores ven las causas subyacentes de la Revolución Francesa


como impulsadas por el fracaso del Antiguo Régimen para responder a la
creciente desigualdad social y económica.

Antecedentes ideológicos
Los escritores ilustrados del
siglo XVIII, filósofos, politólogos, científicos y economistas,
denominados philosophes, y a partir de 1751 los enciclopedistas, contribuyeron
a minar las bases del derecho divino de los reyes. La filosofía de
la Ilustración ha desempeñado pues un rol significativo en el giro que tomaron
estos eventos históricos pero su influencia debe relatarse de modo más
matizado: acordarle demasiada importancia a los preceptos filosóficos nacidos
durante ese siglo se revelaría como una carencia mayúscula de fidelidad
historiográfica.

La corriente de pensamiento vigente en Francia era la Ilustración, cuyos


principios se basaban en la razón, la igualdad y la libertad. La Ilustración había
servido de impulso a las Trece Colonias norteamericanas para
la independencia de su metrópolis europea.

La Revolución francesa (en francés: Révolution française) fue un conflicto


social y político, con diversos periodos de violencia, que convulsionó
la Francia del Antiguo Régimen, y a otros países por extensión de sus
implicaciones. Según la historiografía clásica, la Revolución francesa marca el
fin de la Edad Moderna y el inicio de la Edad Contemporánea al sentar las
bases de la democracia moderna con base en la representación, lo que la sitúa
en el corazón del siglo XIX. Abrió un nuevo horizonte político basado en el
principio de la soberanía popular, que será el motor de las revoluciones de
1830, de 1848 y de 1871.3

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