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Asamblea Nacional Constituyente Constitución Senado

La Revolución Francesa, que comenzó en 1789 con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional, fue un conflicto social y político que desafió el Antiguo Régimen y culminó con el golpe de Estado de Napoleón en 1799. Influenciada por la Ilustración y la crisis económica, la revolución marcó el fin del feudalismo y el absolutismo en Francia, estableciendo las bases para la democracia moderna y la soberanía popular. Este proceso transformó la estructura política de Francia y sentó las bases para futuras revoluciones en el siglo XIX.
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Asamblea Nacional Constituyente Constitución Senado

La Revolución Francesa, que comenzó en 1789 con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional, fue un conflicto social y político que desafió el Antiguo Régimen y culminó con el golpe de Estado de Napoleón en 1799. Influenciada por la Ilustración y la crisis económica, la revolución marcó el fin del feudalismo y el absolutismo en Francia, estableciendo las bases para la democracia moderna y la soberanía popular. Este proceso transformó la estructura política de Francia y sentó las bases para futuras revoluciones en el siglo XIX.
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La Asamblea Nacional Constituyente no era solo un órgano legislativo, sino la

encargada de redactar una nueva constitución. Algunos, como Necker,


favorecían la creación de una asamblea bicameral donde el Senado sería
escogido por la Corona entre los miembros propuestos por el pueblo.

Ahora existía una élite burguesa que tenía una serie de reivindicaciones e
intereses que chocaban con los de la nobleza (y con los del pueblo, cosa que
se demostraría en los años siguientes).

El rey Luis XVI y una parte de la nobleza no aceptaron la situación. Los


miembros del Tercer Estamento se autoproclamaron Asamblea Nacional, y se
comprometieron a escribir una constitución. Sectores de la aristocracia
confiaban en que estos Estados Generales pudieran servir para recuperar parte
del poder perdido, pero el contexto social ya no era el de 1614.

De inmediato, un grupo de liberales parisinos denominado «Comité de los


Treinta», compuesto por la nobleza, comenzó a protestar y agitar, reclamando
que se duplicara el número de asambleístas con derecho a voto del Tercer
Estado (es decir, los «Comunes»). El gobierno aceptó esta propuesta, pero
dejó a la Asamblea la labor de determinar el derecho de voto. Este cabo suelto
creó gran tumulto.

El tercer impacto de los Estados Generales fue de gran tumulto político, en


particular por la determinación del sistema de votación. El Parlamento de París
propuso que se mantuviera el sistema de votación que se había usado en
1614, si bien los magistrados no estaban muy seguros acerca de cuál había
sido en realidad tal sistema. Sí se sabía, en cambio, que en dicha asamblea
habían estado representados (con el mismo número de miembros y con un solo
voto) el clero (Primer Estado), la nobleza (Segundo Estado) y el resto de la
población (Tercer Estado, la burguesía y el campesinado).

los Estados Generales estaban formados por los representantes de cada


estamento. Estos estaban separados a la hora de deliberar, y tenían solo un
voto por estamento. La convocatoria de 1789 fue un motivo de preocupación
para la oposición, por cuanto existía la creencia de que no era otra cosa que un
intento, por parte de la monarquía, de manipular la asamblea a su antojo. La
cuestión que se planteaba era importante. Estaba en juego la idea
de soberanía nacional, es decir, admitir que el conjunto de los diputados de los
Estados Generales representaba la voluntad de la nación.
Si bien después de que la Primera República cayó tras el golpe de Estado de
Napoleón, la organización política de Francia durante el siglo XIX osciló
entre república, imperio y monarquía constitucional, la revolución marcó el final
definitivo del feudalismo y del absolutismo en el país,2 y dio a luz a un nuevo
régimen donde la burguesía, que empleaba en ocasiones a las masas
populares, se convirtió en la fuerza política dominante. La revolución, más allá
de sus estertores, enfrentó las bases del sistema monárquico como tal, en la
medida en que impuso con su discurso, iniciativas capaces de volverlo
ilegítimo.[cita requerida]

Tanto la influencia de la Ilustración como el ejemplo de los Estados Unidos


sirvieron de «trampolín» ideológico para el inicio de la revolución en Francia.

El rápido crecimiento de la población y las restricciones causadas por la


incapacidad de financiar de forma adecuada la deuda pública, dieron lugar a
una depresión económica, desempleo y altos precios de los alimentos.4

El surgimiento de esta llamada "esfera pública" llevó a París a reemplazar


a Versalles como centro cultural e intelectual, dejando a la Corte aislada y con
menos capacidad de influir en la opinión.78

Combinado con un sistema fiscal regresivo y la resistencia a la reforma de la


élite gobernante, el resultado fue una crisis que Luis XVI no pudo manejar.56

Bajo Luis XIV, la corte de Versalles se había convertido en el centro de la


cultura, la moda y el poder político. Las mejoras en la educación y la
alfabetización a lo largo del siglo XVIII significaron audiencias más grandes para
los periódicos y revistas, con logias masónicas, cafeterías y clubes de lectura
que proporcionaron áreas donde la gente podía debatir y discutir ideas.

Muchos historiadores ven las causas subyacentes de la Revolución Francesa


como impulsadas por el fracaso del Antiguo Régimen para responder a la
creciente desigualdad social y económica.

Antecedentes ideológicos
Los escritores ilustrados del
siglo XVIII, filósofos, politólogos, científicos y economistas,
denominados philosophes, y a partir de 1751 los enciclopedistas, contribuyeron
a minar las bases del derecho divino de los reyes. La filosofía de
la Ilustración ha desempeñado pues un rol significativo en el giro que tomaron
estos eventos históricos pero su influencia debe relatarse de modo más
matizado: acordarle demasiada importancia a los preceptos filosóficos nacidos
durante ese siglo se revelaría como una carencia mayúscula de fidelidad
historiográfica.

La corriente de pensamiento vigente en Francia era la Ilustración, cuyos


principios se basaban en la razón, la igualdad y la libertad. La Ilustración había
servido de impulso a las Trece Colonias norteamericanas para
la independencia de su metrópolis europea.

La Revolución francesa (en francés: Révolution française) fue un conflicto


social y político, con diversos periodos de violencia, que convulsionó
la Francia del Antiguo Régimen, y a otros países por extensión de sus
implicaciones. Se inició con la autoproclamación del Tercer
Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de
Estado de Napoleón Bonaparte en 1799, culminando un proceso de 10 años.

Según la historiografía clásica, la Revolución francesa marca el fin de la Edad


Moderna y el inicio de la Edad Contemporánea al sentar las bases de
la democracia moderna con base en la representación, lo que la sitúa en el
corazón del siglo XIX. Abrió un nuevo horizonte político basado en el principio
de la soberanía popular, que será el motor de las revoluciones de 1830, de
1848 y de 1871.3

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