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😀
Introducción de la primera parte: Sonrisas Sinceras

"Puedo oír su voz por alguna parte, ¿Tú puedes?"


...
"Hijo, no creo que a mi edad pueda oír demasiado".
...
"Papá, a veces, cuando estoy durmiendo, me empiezan a doler demasiado los
tímpanos. Siento como si me estuviesen clavando agujas diminutas en mis oídos."
...
"Lo entiendo. Tengo un viejo amigo que también le pasa lo mismo que a ti. Mi
madre me dijo que cuando tenía tu edad, también me pasó lo de lo oídos. Ella me
dijo que solo era como una fase de la infancia que suele ser común en la mayoría de
los niños. Seguramente te pase eso debido a que tú no lo tuviste antes."
Un cuervo se posaba sobre su mano. El viento del mar salpicándole la cara era
agradable para él. Cada atardecer, se sentaban en el mismo banco de madera de
abedul frente a una playa vacia. El sol se ponía de la misma manera, pero siempre
parecía que cada vez era diferente y aún más bello verlo. Allí, se contaban el uno al
otro todos los problemas, dudas, temores y miedos que habían sufrido ese mismo
día.
El sol ya se habia escondido. Dentro del palacio dorado, un gran piano de cola
tocó unos hermosos acordes que pertenecían a partituras de grandes compositores
conocidos en el mundo de la música. Los tronos siempre permanecían sin su rey la
mayoría del tiempo. Este, estaba pendiente de sus dos hijos y, a la vez, de su deber
como rey.
Cada día era lo mismo. Por la mañana, desayunaba en su inmensa mesa del
comedor. Sus hijos le acompañaban, pero no tenían mucho vínculo social con su
padre. Su madre, la reina, había fallecido recientemente debido a una enfermedad
que influía en su estado de humor. De vez en cuando, olvidaba quién era su marido o
sus hijos y alguna vez, intentó herir a una limpiadora.
Su reino estaba deprimido por la pérdida de la reina. Se declaró un mes de luto
oficial. La familia real necesitaba algo que les separase de esa tristeza inmensa.
El padre se sentaba cada noche en su cama para leer sus libros de historias
fantásticas. Algunos días, su hijo pequeño le interrumpía porque decía que veía
monstruos debajo de su cama. Pero esta noche no atendería las necesidades de su
hijo.
Sentado en su lado de su cama de matrimonio, con un papel y bolígrafo en la
mano, comenzó a escribir con una letra que había sido practicada durante cinco
años en una academia.
"Amigo mío, no creo que pueda resistir demasiado sin tu compañía. Añoro
los días que íbamos a cazar zorros al bosque. Siempre acabábamos con cuatro o
cinco en cada mano. Ahora tengo más cargos de los que ocuparme y debido a mi
edad, mi memoria no da para mucho hoy en día. Ahora soy responsable de dos
hermosos hijos. Mi esposa ha fallecido recientemente y lo único que me invade
ahora es la tristeza y la ansiedad. Todo un reino está a mis pies, pero no tengo la
espada para nombrarlos caballeros. Mis hijos no pueden ocuparse de esto debido a
su edad temprana. Me gustaría volver a encontrarme algún día contigo, si es que
llegas a leer esta carta. Desearía volver a ver tu melena rosa y tu gran destreza con la
espada. Si no tienes oídos sordos, y no tienes a donde ir, yo te recibiré con mis
manos en alto y bien abiertas. Tu fiel compañero."
Terminó de escribir y colocó el papel sobre su mesilla de noche suavemente.
Luego, se quitó sus monturas plateadas y las posó encima de la carta.
A la mañana siguiente, volvió a desayunar de la misma manera que los días
anteriores. Cogió el papel y lo metió en un elegante sobre con el sello real. Salió de la
finca del palacio en un hermoso carruaje. Salió a las afueras del reino. Se paró frente
al muro que separaba su territorio con el exterior. Allí, un joven con camisa y gorro
le esperaba con un caballo a su lado.

"Por favor, lleve esto al destino escrito en el sobre. Dile que la carta viene en nombre
del rey."
El joven cogió la carta de la mano del rey. La miró extrañado y respondió con
tono extranjero.
"Será un placer ofrecer mis servicios, alteza."
El joven de gorro se despidió y se montó en su caballo. Emprendió el galope y
salió de la muralla del reino.
El rey se quedó mirándole en la distancia hasta que desapareció entre los
árboles del bosque. Luego, se subió al carruaje y volvió al castillo.
En el camino de vuelta, resopló con cansancio repetidas veces.
"Mírate, ¿Aquí es hasta donde ha llegado? Podrías hacerlo mejor y sin ayuda, eres un
magnífico rey, tus hijos están orgullosos de ti, ahora estás viudo y recurres a un
amigo... En que me he convertido..."
Cuando estaba acabando su discusión íntima, rompió a llorar.

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