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Imperio Aqueménida

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Imperio aqueménida

El Imperio aqueménida (persa: ‫شاهنشاهی‬


‫ ;هخامنشی‬persa antiguo: 𐎧𐏁𐏂𐎶 Xšāça, «El
Imperio aqueménida
Imperio»1 2​ ​) es el nombre dado al primer y más
𐎧𐏁𐏂
extenso de los imperios de los persas,3 ​ el cual se Xšāça
extendió por los territorios de los actuales estados Imperio
de Irán, Irak, Turkmenistán, Afganistán,
550 a. C.-330 a. C.
Uzbekistán, Turquía, Rusia, Chipre, Siria, Líbano,
Israel, Palestina, Grecia, Bulgaria, Ucrania,
Rumanía, Arabia Saudí, India, Jordania y Egipto.
El imperio fue fundado por Ciro el Grande tras
independizar Persia y conquistar Media en el año
550 a. C.3 ​ y alcanzó su máximo apogeo durante
el reinado de Darío el Grande (r. 522-486 a. C.),
cuando llegó a abarcar parte de los territorios de
Faravahar
Libia, Bulgaria y Pakistán, así como ciertas áreas Estandarte de Ciro II
del Cáucaso, Sudán y Asia Central. Las grandes el Grande
conquistas hicieron de Persia el imperio más
grande en extensión hasta entonces,3 ​ lo que la
convirtió en quizás la primera superpotencia del
mundo.2 ​

Hacia el siglo vii a. C., los persas colonizaron la


región de Persis,4 ​ en el suroeste de la meseta
iraní. Desde Persis, Ciro se alzó y derrotó al
Imperio medo, así como a Lidia y al Imperio
neobabilónico, marcando el establecimiento
formal de un nuevo sistema de gobierno imperial
bajo la dinastía aqueménida. Su existencia terminó
en el año 330 a. C. cuando el último rey
aqueménida, Darío III, fue vencido por el Máxima extensión del Imperio aqueménida durante el

conquistador macedonio Alejandro Magno,3 ​ reinado de Darío I, hacia el año 500 a. C.

ferviente admirador de Ciro el Grande. Esta


conquista marcó un logro fundamental en su
entonces activa campaña por su Imperio
macedonio.5 6​ ​ La muerte de Alejandro
desencadenó el inicio del periodo helenístico, y la
mayor parte del territorio del caído Imperio
aqueménida pasó a estar bajo el dominio del
Reino Ptolemaico y el Imperio seléucida, ambos
surgidos como sucesores del Imperio macedonio
Ubicación de Imperio aqueménida
tras la Partición de Triparadiso en el 321 a. C.. El Coordenadas 32°32′11″N 44°25′15″E
dominio helenístico se mantuvo durante casi un Capital Persépolis, Susa,
siglo antes de que las élites iranias de la meseta Pasargada y Ecbatana
central reclamaran el poder bajo el Imperio Entidad Imperio
parto.4 ​
Idioma oficial Persa antiguo, acadio
aqueménida, elamita,
El imperio debe su nombre a la dinastía que lo
arameo
gobernó: los aqueménidas, fundada por un
Superficie
personaje semilegendario, Aquémenes.3 ​ En la
historia de Occidente, el Imperio aqueménida es • Total 5 500 000 km²
conocido sobre todo por su condición de rival de Población (500 a. C.)
los antiguos griegos, especialmente en dos • Total 17 000 000 hab.
períodos, las Guerras Médicas y las campañas del • Densidad 3,09 hab/km²
macedonio Alejandro Magno. En la era moderna, Religión Zoroastrismo
el Imperio aqueménida ha sido reconocido por la Historia
imposición de un exitoso modelo de
• 550 a. C. Rebelión persa
administración centralizada y burocrática, por su
• 547 a. C. Conquista de Lidia
política multicultural, por la construcción de
• 539 a. C. Caída de Babilonia
complejas infraestructuras, tales como sistemas de
• 525 a. C. Caída de Egipto
carreteras y un sistema postal organizado (Chapar
• 499 a. C. Revuelta jónica
Janeh), por el uso de lenguas oficiales en todos
• 330 a. C. Conquistada por
sus territorios, y por el desarrollo de servicios
Alejandro Magno
civiles, incluyendo el de tener un ejército
numeroso y profesional. Sus avances inspiraron la Forma de gobierno Monarquía
implantación de estilos de gobierno similares en Rey de Reyesa ​
diversos imperios posteriores.7 ​ • 550-529 a. C. Ciro el Grande
• 336-330 a. C. Darío III

Fuentes Precedido por Sucedido por

Las fuentes para el estudio del Imperio ← →


aqueménida son especialmente problemáticas, no ←
tanto por su escasez como por ser a menudo ←
contradictorias entre sí. Asimismo, no todas las ←
regiones ni las épocas están documentadas por ←
igual: en el aspecto cronológico, la mayor parte de
la documentación se refiere al siglo V a. C., en
tanto que de la época anterior a la conquista de
1. Persa antiguo: Xšâyathiya Xšâyathiyânâm
Alejandro hay mucha menos información; en el
aspecto geográfico, es mucho más abundante la
información referente a las regiones occidentales del Imperio, más cercanas a las ciudades griegas, que a su
parte oriental.8 ​

Fuentes literarias
Antes de que se iniciasen las excavaciones arqueológicas, la historia aqueménida se conocía únicamente a
través de los escritos de autores clásicos (griegos y, en menor medida, romanos), y de la Biblia. Entre los
autores clásicos destaca particularmente el historiador griego Heródoto, que escribió en el siglo V a. C., y
cuyo propósito principal es exaltar los éxitos de los griegos durante las Guerras Médicas. Su obra es útil
para conocer el primer período de la historia aqueménida, especialmente en lo que se refiere a su frontera
noroccidental. Durante el siglo IV a. C. aportan también información sobre el Imperio aqueménida las obras
de Ctesias y de Jenofonte. Todos los autores griegos, sin embargo, coinciden en lo esencial de su visión del
Imperio aqueménida: por un lado, admiran su riqueza y su poder, pero por otro consideran su sistema
político corrupto y decadente, y presentan al monarca como una figura débil, víctima de las maquinaciones
de las mujeres y los eunucos de la corte.8 ​

En la Biblia, en los libros de Esdras y de Nehemías, los persas aparecen como restauradores del Templo de
Jerusalén y defensores del culto a Yahvé: la imagen que de ellos se muestra es muy positiva, ya que
acabaron con la cautividad de Babilonia. No obstante, en el Libro de Ester, muy probablemente escrito en
época helenística, la imagen que se da de los persas es muy similar a la que puede encontrarse en las obras
de autores griegos.

Fuentes epigráficas
En época aqueménida, el persa antiguo, antecesor del actual idioma
persa hablado en Irán, se escribía en una variedad de escritura
cuneiforme que solo comenzó a ser descifrada a comienzos del
siglo XIX, gracias sobre todo a los esfuerzos de Henry Rawlinson y
a su trabajo con la Inscripción de Behistún, que hace un relato
pormenorizado de las circunstancias en que Darío I accedió al
poder. Actualmente, se conocen numerosas inscripciones en antiguo La Inscripción del Harén, de Jerjes I.
Se trata de una inscripción bilingüe
persa, pero, con una sola excepción recientemente identificada,9 ​
en persa (izquierda) y babilonio
estas se restringen al ámbito de las declaraciones de la realeza,
(derecha).
expresiones de su poder e ideología. Son fuentes de información
útiles para conocer la actividad constructora de los reyes, y la
imagen que estos tenían de sí mismos, pero no suelen proporcionar información sobre otros ámbitos (la
única de carácter narrativo es la de Behistún).

Junto con las inscripciones son también una importante fuente de información los textos en arameo y en
egipcio demótico hallados en Egipto,10 ​ así como un número importante de documentos en idioma acadio
hallados en Babilonia. Entre estos últimos se destacan numerosos archivos administrativos de los templos y
de algunas familias poderosas como Egibi y Murashu.8 ​ Adicionalmente, los archivos elamitas de
Persépolis (el de la Fortaleza y el del Tesoro) iluminan la "economía real" del área de las capitales.11 ​

Fuentes arqueológicas
Las excavaciones son todavía muy incompletas. Las principales son los grandes centros reales, Pasargada,
Persépolis y Susa, así como tumbas rupestres como las de Naqsh-e Rostam. Las excavaciones se han visto
dificultadas porque algunos sitios, como por ejemplo, Arbela y Ecbatana, están actualmente cubiertos por
grandes ciudades modernas (Erbil y Hamadán, respectivamente). Otro factor negativo es el tradicionalmente
escaso interés de los arqueólogos por el período en cuestión, lo que llevó a que los niveles de ocupación de
época aqueménida hayan sido pobremente documentados.12 ​

Historia
Persia comenzó como un estado tributario del Imperio medo, pero esta terminó derrocándolo y amplió sus
dominios hasta abarcar Egipto y Asia Menor. Con Jerjes I llegó casi a conquistar la Antigua Grecia, pero
fueron finalmente derrotados por las fuerzas griegas.

Antecedentes
El imperio aqueménida fue creado por persas nómadas. Los persas pertenecían a los grupos iranios que se
habían establecido siglos atrás en la meseta de Irán, y habitaban la actual provincia de Fars (Irán), una
región de tradicional influencia elamita. Se dedicaban de modo destacado a la cría de ganado y el pastoreo
nómada, aunque con el tiempo fueron adoptando la agricultura. Es posible que el aqueménida no haya sido
el primer imperio iranio, en tanto los medos, otro pueblo iranio, posiblemente establecieron un imperio de
corta duración tras haber jugado un rol importante en derrocar a los asirios.13 ​ La historia de los primeros
reyes persas, quienes habrían vivido durante el siglo vii a. C. y la primera mitad del siglo vi a. C., es poco
conocida. Los aqueménidas gobernaron inicialmente la ciudad elamita de Anshan, cerca de la actual ciudad
de Marvdasht; el título de «rey de Anshan» era una adaptación del anterior título elamita de «rey de Susa y
Anshan». Existen versiones contradictorias sobre la identidad de los primeros reyes de Anshan. Según el
Cilindro de Ciro (la genealogía más antigua de los aqueménidas), los reyes de Anshan fueron Teispes, Ciro
I, Cambises I y Ciro II, también conocido como Ciro el Grande, que fundó el imperio. De acuerdo con la
genealogía tradicional, basada en la posterior Inscripción de Behistún escrita por Darío I (ca. 518 a. C.) y en
el historiador griego Heródoto de Halicarnaso, los persas habrían sido gobernados por la dinastía
aqueménida, fundada por su epónimo Aquemenes (en antiguo persa, Haxamaniš, ‘el que tiene el espíritu de
un seguidor’14 ​). Le sucedió su hijo Teispes (Cišpi), de quien se sabe por inscripciones de sus sucesores
que utilizó el título de «rey de Anshan».15 ​ Ningún texto anterior menciona a Aquemenes. Heródoto,
escribe que Ciro el Grande era hijo de Cambises I y Mandana de Media, hija de Astiages, rey del Imperio
medo

La dinastía se habría dividido entonces en dos linajes: uno comenzado por Ciro I, rey de Anshan, y
continuado por su hijo Cambises I y su nieto Ciro el Grande, y otro por Ariaramnes, bisabuelo de Darío I.
Ciertas inscripciones se refieren a Ariaramnes y a su hijo Arsames como reyes de Persia. Esto llevó a que se
especulara sobre una supuesta división del reino de Teispes entre Ciro I y Ariaramnes, quienes habrían
reinado, respectivamente, en Anshan y en Persia.16 ​

Resulta llamativo que, mientras Darío insiste constantemente en su ascendencia aqueménida, esta es
completamente ignorada por Ciro el Grande, el cual solo se remonta hasta Teispes en sus inscripciones.
Esto ha llevado recientemente a algunos estudiosos a pensar que las líneas de Ciro («téispida») y Darío
(«aqueménida») no estaban relacionadas.17 ​

Según Heródoto, los persas de las épocas tempranas eran vasallos de sus poderosos vecinos, los medos.

Las grandes conquistas


Gracias a Ciro (555-529 a. C.), rey de Anshan, el dominio medo sobre la meseta iraní fue breve. Ciro creó
un poderoso ejército siguiendo el modelo de los antiguos asirios. Cuando sucedió a su padre Cambises I en
el 559 a. C., las entidades políticas hegemónicas en la región eran el Imperio neobabilónico, el reino medo,
Lidia y Egipto.18 19
​ ​ Ciro se sublevó contra el Imperio medo en el 553 a. C., y en el 550 a. C.. consiguió
derrotar a los medos, capturando al rey medo Astiages, tomando su capital, Ecbatana, y llevando sus tesoros
a Anshan. La Crónica de Nabonido informa que el rey persa resultó favorecido por el amotinamiento de las
tropas medas contra su propio rey, hecho confirmado por la historia
que narra Heródoto (i, 123-128) sobre la traición del general medo
Harpago.18 ​Una vez en Ecbatana, Ciro se autoproclamó sucesor de
Astiages y asumió el control de todo el imperio. Al heredar el
imperio de Astiages, también heredó los conflictos territoriales que
los medos habían tenido tanto con Lidia como con el Imperio
neobabilónico.

Cuando el poder en Ecbatana cambió de manos de los medos a los


persas, muchos tributarios del Imperio medo creyeron que su
situación había cambiado y se rebelaron contra Ciro. Esto obligó a Tumba de Ciro el Grande en
Ciro a librar guerras contra Bactriana y los nómadas sacas de Asia Pasargada.
Central. Durante estas guerras, Ciro estableció varias ciudades de
guarnición en Asia Central, incluida la Cirrópolis. Tras unificar a los
persas y someter a los medos, Ciro, llamado después «el Grande»,
emprendió la conquista de Babilonia (con lo que puso fin al Imperio
neobabilónico), Siria, Judea y Asia Menor. El rey Creso de Lidia
intentó aprovecharse de la nueva situación internacional avanzando
hacia lo que hasta entonces había sido territorio medo en Asia
Menor. Ciro dirigió un contraataque que no sólo repelió a los
ejércitos de Creso, sino que también condujo a la captura de Sardes
Mapa del proceso de expansión de
y a la caída del reino lidio en 546 o 545 a. C.20 ​ Ciro encargó al
los territorios aqueménidas
lidio Pacties la recaudación de tributos en Lidia y se marchó, pero
una vez que Ciro se hubo marchado Pacties instigó una rebelión
contra Ciro. Ciro envió al general medo Mazares para hacer frente a la rebelión, y Pacties fue capturado.
Mazares, y tras su muerte Harpago, se dedicaron a reducir todas las ciudades que habían participado en la
rebelión. El sometimiento de Lidia duró unos cuatro años en total.

Se cree que la guerra contra el Imperio neobabilónico, que se encontraba rodeado por los persas en sus
fronteras oriental y septentrional, habría comenzado hacia finales de la década de 540 a. C. En octubre de
539 a. C., Ciro ganó una batalla contra los babilonios en Opis, luego capturó Sippar sin luchar antes de
capturar finalmente la ciudad de Babilonia el 12 de octubre (a manos del general persa Gobrias, haciéndose
presente Ciro días más tarde), donde el rey babilonio Nabonido fue hecho prisionero. Al tomar el control de
la ciudad, Ciro se presentó a sí mismo en la propaganda como el restaurador del orden divino que había
sido interrumpido por Nabonido, que había promovido el culto a Sin en lugar de a Marduk,21 22 ​ ​y también
se presentó como el restaurador de la herencia del Imperio neoasirio comparándose con el rey asirio
Asurbanipal.21 22​ ​ La Biblia hebrea también elogia sin reservas a Ciro por sus acciones en la conquista de
Babilonia, refiriéndose a él como el ungido de Yahvé.23 ​ Se le atribuye la liberación del pueblo de Judá de
su exilio y la autorización de la reconstrucción de gran parte de Jerusalén, incluyendo el Segundo
Templo.22 ​ El nuevo gobernante asumió la titulatura regia babilonia, que incluía los títulos de rey de
Babilonia, rey de Sumer y Akkad y rey de los países. Ciro se presentó a sí mismo como el «salvador» de las
naciones conquistadas. Para reforzar esta imagen y «crear condiciones de cooperación con las elites
locales»,24 ​protegió los cultos (como el de Marduk en Babilonia) y restauró templos y otras infraestructuras
en las ciudades recientemente adquiridas. Con ello Ciro se ganó el apoyo de buena parte de la casta
sacerdotal de Babilonia, la que en los textos (el Cilindro de Ciro, el Poema sobre Nabonido) por lo general
se muestra favorable hacia él. En el Tanaj, Ciro es bienvenido por el Segundo Isaías, un judío de Babilonia.
Asimismo, de acuerdo a los libros bíblicos de Esdras y Nehemías, Ciro permitió regresar a Judea y
reconstruir el Templo a los judíos cautivos en Babilonia. A diferencia de los conquistadores asirios y
babilonios precedentes, Ciro trató con benevolencia a los pueblos sometidos y perdonó a los reyes
enemigos. En general, Ciro siguió la estrategia de dejar las estructuras administrativas de los lugares
conquistados, pero sometiéndolos al poder imperial.25 ​

Ciro murió en el 530 a. C. durante una campaña contra los


masagetas de Asia Central, y fue sucedido por su hijo Cambises II
(530-522), quien continuó su labor de conquista. Dirigió la
conquista de Egipto, presumiblemente planeada con anterioridad.
Falleció en julio de 522 a. C. como resultado de un accidente o
suicidio, durante una revuelta liderada por un clan sacerdotal que
había perdido su poder después de que Ciro conquistase Media. En
el momento de la muerte de Cambises, el Imperio se extendía desde
el Mediterráneo (incluyendo Egipto y Anatolia) hasta la cordillera La inscripción de Behistún narra la
del Hindu Kush en el actual Afganistán, lo que marcó la máxima historia de las luchas de Darío I
extensión del Imperio aqueménida y configurando el mayor imperio contra los rebeldes.
hasta entonces conocido en el Próximo Oriente.

Crisis y reestructuración

Imperio aqueménida. El mundo hacia el 500 a. C.

Según la Inscripción de Behistún, cuando Cambises se encontraba en Egipto, cierto Gaumata se rebeló en
Media haciéndose pasar por Esmerdis (pers. Bardiya), el hermano menor de Cambises II, quien había sido
asesinado unos tres años antes. Debido al despótico gobierno de Cambises y su larga ausencia en Egipto,
"todos los pueblos, persas, medos, y las demás naciones", reconocieron al usurpador, especialmente porque
él garantizaba el perdón de los tributos durante tres años (Heródoto iii, 68). Este Gaumata es uno de los
sacerdotes revueltos contra el rey Cambises, a los que Heródoto llama magos. El pseudo-Esmerdis gobernó
durante siete meses antes de ser derrocado en el 521 a. C. por un grupo de nobles encabezado por Darío,
quien se proclamó rey en su lugar. Las posteriores rebeliones, desatadas a lo largo y a lo ancho del Imperio,
fueron derrotadas sucesivamente por Darío y sus generales; en el 518 a. C. la paz se había restablecido.
Para garantizar su legitimidad, el nuevo rey contrajo matrimonio con las esposas de su predecesor (una
práctica usual), entre las que se incluían dos hijas y una nieta de Ciro. Una de ellas, Atosa, dio a luz al
futuro soberano Jerjes I.
Es importante destacar que la pretensión de que Gaumata era un falso Esmerdis deriva de Darío. Los
historiadores se encuentran divididos sobre la posibilidad de que la historia del impostor fuera un invento de
Darío como justificación para su golpe de Estado.26 ​ Darío hizo afirmaciones semejantes cuando más tarde
capturó Babilonia, anunciando que el rey babilonio no era, de hecho, Nabucodonosor III, sino un impostor
llamado Nidintu-bel,27 ​ y cuando un año después de la muerte del primer pseudo-Esmerdis (Gaumata), un
segundo pseudo-Esmerdis (llamado Vahyazdata) inició una rebelión en Persia.

Darío se dedicó fundamentalmente a organizar el extenso imperio heredado. Territorialmente, reestructuró


las satrapías, existentes ya desde el reinado de Ciro, estableciendo veinte satrapías encabezadas
normalmente por miembros de la familia real y de las familias aristocráticas. En cuanto a su actividad
constructora, destaca sobre todo la fundación de Persépolis (518-516 a. C.), así como la realización de
trabajos en Ecbatana (moderna Hamadán) y Susa. Durante el reinado de Darío continuó la expansión
territorial: Tracia y la India fueron anexionadas, mientras que las tropas persas fueron derrotadas por los
escitas europeos (ca. 513 a. C.) y por los griegos en la primera guerra médica. Fue también Darío quien
convirtió en religión oficial el mazdeísmo. Construyó el Camino Real de Susa a Sardes: carretera desde la
capital de Lidia (oeste de la actual Turquía) hasta Susa para llevar el correo imperial. Esto aseguraba de
alguna manera el control absoluto sobre sus sátrapas, quienes tenían su propia corte y ejército pero no
podían fallar en dar tributo a su emperador. Este tributo era proporcional a la riqueza de cada región.

Las guerras médicas


Durante el primer tercio del siglo V a. C., persas y griegos compitieron por el dominio sobre las ciudades
griegas de Asia Menor, las costas del Mediterráneo y el control de los puertos comerciales, así como el
acceso al trigo de las costas del mar Negro. Estos conflictos fronterizos comenzaron con las sublevaciones
jonias e incluyeron el incendio de Atenas por parte de los persas, en represalia por la destrucción de Sardes.

La primera fase (490 a. C.) consistió en una invasión por mar de un ejército persa enviado por Darío I. El
ejército persa desembarcó en la Grecia continental, que protegía a las rebeldes colonias griegas bajo su
égida. Milcíades encabezó un ejército que partió a detener a los persas; los venció sorprendentemente en la
batalla de Maratón del 490 a. C.; debido a esta derrota, el rey persa se vio obligado a fijar los límites de su
imperio de nuevo en Asia Menor.

A pesar de ello, para el siglo V a. C. los reyes aqueménidas gobernaban territorios que abarcaban
aproximadamente Irán, Irak, Armenia, Afganistán, Turquía, Bulgaria, gran parte de Grecia, Egipto, Siria,
Pakistán, Jordania, Israel, Cisjordania, Líbano, Caucasia, zonas de Asia Central, Libia, y el norte de Arabia.
El Imperio con el tiempo se convirtió en el más grande del mundo antiguo.

La segunda fase de las guerras empezó el año 480 a. C., con una nueva invasión persa. El rey Jerjes I (485-
465 a. C., persa antiguo Xšayarša, ‘héroe entre reyes’), hijo de Darío I, despachó un ejército por tierra a
Grecia. Penetró en esta por el norte, sin encontrar apenas resistencia en Macedonia y Tesalia, pero un
pequeño contingente griego lo detuvo durante tres días en las Termópilas. Se trataba de un ejército de las
múltiples ciudades-Estado griegas de aproximadamente seis mil guerreros (espartanos, tespios, tebanos...)
dirigidos por el rey de Esparta Leónidas I. Trescientos espartanos, setecientos tespios y cuatrocientos
tebanos acaudillados por Leónidas murieron en la batalla conteniendo a los persas, mientras el resto del
ejército se retiraba hacia Ática, tras ser traicionados por un griego que enseñó al enemigo un camino que le
permitió atacarlos por la espalda. En la batalla naval simultánea en Artemisio, grandes tormentas
destruyeron naves de los dos bandos. El enfrentamiento concluyó prematuramente cuando los griegos
tuvieron noticia de la derrota en las Termópilas y se retiraron. Fue una victoria estratégica de los persas que
les dio el control de Artemisio y del mar Egeo, que a partir de entonces dominaron sin oposición.

Después de su victoria en la batalla de las Termópilas, Jerjes saqueó Atenas, que había sido evacuada, y se
preparó para enfrentarse a los griegos en el estratégico istmo de Corinto y el golfo sarónico. Los habitantes
de Atenas se habían refugiado en la pequeña isla de Salamina; cuando los persas llegaron a Atenas la
incendiaron y marcharon hacia la isla. En 480 a. C. los griegos obtuvieron una decisiva victoria en la batalla
naval de Salamina, en la cual los pequeños y ágiles barcos atenienses derrotaron a los pesados y grandes
barcos persas. El descalabro obligó a Jerjes a retirarse a Sardes. El ejército que dejó en Grecia, al mando de
Mardonio, fue destruido en el año 479 a. C. en la batalla de Platea. La derrota final de los persas en Micala
animó a las ciudades griegas de Asia a sublevarse, y marcó el final de las guerras médicas y de la expansión
persa en Europa.

De Jerjes I a Artajerjes II
Después de los fracasos militares de la Segunda Guerra Médica, los
aqueménidas detuvieron su expansión y perdieron algunos
territorios. Cuando Jerjes murió asesinado en el 465 a. C., se desató
una crisis sucesoria en la que terminaría por imponerse Artajerjes I
(465-424 a. C.), quien trasladó la capital de Persépolis a Babilonia.
Fue durante este reinado que el elamita dejó de ser el idioma del
gobierno, y ganó en prominencia el arameo. Fue probablemente
durante este reinado que se introdujo como calendario nacional el
calendario solar (basado en el babilónico).[cita requerida] Bol de oro aqueménida con
imaginería de leones.
Artajerjes I murió fuera de Persis, pero su cuerpo fue llevado allí
para ser enterrado junto a sus antepasados, probablemente en
Naqsh-e Rustam. Se produjo una situación similar a la de la muerte
de Jerjes I. Los tres hijos de Artajerjes disputaron el trono,
sucediéndose en el mismo año Jerjes II (su hijo mayor, que le
sucedió y fue asesinado por uno de sus hermanastros unas pocas
semanas más tarde), Sogdiano, y Darío II. Darío II, que estaba en
Babilonia cuando murió su hermano Jerjes, reunió apoyo para sí
mismo, marchó hacia el Este y depuso y ejecutó al asesino y fue
coronado en su lugar. Vasijas de oro del tesoro del Oxus.

Darío II reinó en el período 424 a. C.-404 a. C. y colaboró con


Esparta en la Guerra del Peloponeso. Desde el año 412 a. C., Darío II, por insistencia de Tisafernes, apoyó
primero a Atenas y luego a Esparta, pero en el año 407 a. C. el hijo de Darío, Ciro el Joven fue nombrado
para reemplazar a Tisafernes y cedió totalmente el apoyo a Esparta que finalmente derrotó a Atenas en 404.
Ese mismo año, Darío cayó fatalmente enfermo y murió en Babilonia. En su lecho de muerte, su esposa
babilonia, Parisatis pidió a Darío que fuese coronado su segundo hijo, Ciro el Joven, pero Darío se negó.

A Darío le sucedió su hijo Artajerjes II, que reinó en el período 404 a. C.-359 a. C. Plutarco cuenta
(probablemente por autoridad de Ctesias) que el desplazado Tisafernes se acercó al nuevo rey el día de su
coronación para advertirle de que su hermano menor, Ciro el Joven estaba preparándose para asesinarlo
durante la ceremonia. Artajerjes arrestó a Ciro y lo habría ejecutado si no hubiese intercedido su madre
Parisatis. Ciro fue entonces enviado como sátrapa de Lidia, donde preparó una rebelión armada que estalló
en el año 401 a. C. Con mercenarios griegos, Ciro obtuvo la victoria en la batalla de Cunaxa, pero resultó
muerto en la misma. Así, Artajerjes II conservó el trono, construyó una gran flota, y recuperó el dominio de
Asia Menor y Chipre.

Artajerjes II fue el rey aqueménida que tuvo más largo reinado (45 años). Seis siglos más tarde, Ardacher I,
fundador del segundo Imperio persa, se consideraría a sí mismo como el sucesor de Artajerjes, un gran
testimonio de la importancia de Artajerjes para la mentalidad persa. Durante su reinado se realizaron
actividades de construcción en Susa y Ecbatana. Aunque no se conocen construcciones suyas en Persépolis,
fue él el primer rey aqueménida en ser enterrado en sus cercanías.28 ​ En el ámbito religioso, Artajerjes
protegió el culto de los dioses iranios Mitra y Anahita, a los cuales introdujo en sus inscripciones a la par de
Ahura Mazda. De acuerdo a la información proporcionada por Beroso, Artajerjes protegió el culto de
Anahita en numerosas regiones del Imperio, incluyendo áreas occidentales no-iránicas como Damasco o
Sardes.29 ​

Igualmente, pueden datarse de este reinado la extraordinaria innovación de los cultos de santuarios
zoroastrianos, y fue probablemente durante este período que el zoroastrismo se difundió a través de Asia
Menor y el Levante mediterráneo y desde allí a Armenia.[cita requerida] Los templos, aunque servían a un
propósito religioso, no eran sin embargo un acto puramente desinteresado: también servían como importante
fuente de ingresos. De los reyes babilónicos, los aqueménidas habían tomado el concepto de impuesto del
templo obligatorio, un diezmo que todos los habitantes pagaban al templo más cercano a su tierra u otra
fuente de ingresos (Dandamaev & Lukonin, 1989: 361–362). Una parte de este ingreso llamado el quppu
ša šarri (‘arcón del rey’) ―una ingeniosa institución originariamente introducida por Nabónido― fue
entonces pasada al gobernante.

Fin del Imperio persa


Según las fuentes griegas, el sucesor de Artajerjes II, su hijo Artajerjes III 359 a. C.-338 a. C., llegó al trono
por medios sangrientos, asegurando su posición mediante el asesinato de ocho de sus hermanastros. En
343 a. C., Artajerjes III derrotó a Nectanebo II, expulsándolo de Egipto e hizo de Egipto de nuevo una
satrapía persa. En 338 a. C., el mismo año en que Filipo de Macedonia Arses 338 a. C.-336 a. C. Antes de
que pudiera actuar fue también envenenado por Bagoas. Se dice que este mató no solo a todos los hijos de
Arses, sino a muchos otros príncipes de la tierra. Bagoas hizo entonces que Darío III (336-330 a. C.), un
sobrino de Artajerjes IV, ocupara el trono. Darío III, aunque previamente sátrapa de Armenia, no tenía
experiencia en el gobierno del Imperio, pero en su primer año como emperador personalmente forzó a
Bagoas a beber veneno.

En dos épocas diferentes, los aqueménidas gobernaron Egipto aunque por dos veces los egipcios lograron
una independencia temporal de Persia. Siguiendo la práctica de Manetho, los historiadores egipcios se
refieren a los períodos en Egipto cuando la dinastía aqueménida gobernaba como la dinastía XXVII de
Egipto, 525–404 a. C., hasta la muerte de Darío II, y la dinastía XXXI de Egipto, 343–332 a. C., que
comenzó después de que Nectanebo II fuese derrotado por el rey persa Artajerjes III. Esta segunda
ocupación persa de Egipto acabó en 332 cuando Alejandro Magno entró en Egipto y fue bienvenido como
un liberador en el Egipto ocupado por los persas.

Alejandro derrotó a los sátrapas occidentales en las batallas de Issos (332 a. C.), y de Gaugamela
(331 a. C.).
Después, Alejandro
marchó sobre Susa,
que del mismo modo
capituló y entregó un
vasto tesoro. Alejandro
entonces marchó hacia
el Este, a Persépolis
que se rindió a
principios de 330 a. C.
Los soldados
macedonios
incendiaron la capital.
Desde Persépolis,
Alejandro se dirigió al
norte a Pasargadas
La batalla de Isos, entre Alejandro Magno a caballo a la izquierda, y Darío III en el
donde trató la tumba de
carro de la derecha, representados en un mosaico de Pompeya que data del
Ciro II con respeto.
siglo I a. C. - Museo Nacional de Arqueología de Nápoles.
Desde allí se dirigió a
Ecbatana, donde
Darío III se había refugiado.

El rey persa fue apresado por Besos, su sátrapa bactriano y compatriota. Conforme se acercaba Alejandro,
Besos y sus hombres asesinaron a Darío y luego se declaró a sí mismo sucesor de Darío, como Artajerjes V,
antes de retirarse a Asia Central para lanzar una campaña de guerrilla contra Alejandro. Abandonaron el
cuerpo de Darío en el camino para retrasar a Alejandro, quien lo llevó a Persépolis para un entierro honroso.

Al Imperio aqueménida le sucedió el Imperio seléucida, esto es, de los generales de Alejandro y sus
descendientes, quienes gobernaron Persia. A su vez, los sucedió la dinastía arsácida de Partia en el noreste
de Irán, quien, de manera bastante falaz, señalaron a Artajerjes II como su antecesor.

Istakhr, uno de los reinos vasallos de los arsácidas, sería derrotado por Papak, un sacerdote del templo. El
hijo de Papak, Ardacher I, quien se nombró a sí mismo en recuerdo de Artajerjes II, se rebeló contra los
partos, los derrotó y siguió adelante para establecer el segundo Imperio persa, 556 años más tarde del final
del primero.

Política y administración
El Imperio aqueménida fue un Estado multinacional dominado por los persas, en el que los cargos de
importancia correspondían a miembros de esta etnia.30 ​Continuamente se subraya, en las inscripciones
reales, la condición de persa (o, más concretamente, de ario) del rey, de su familia y de su dios, Ahura
Mazda.30 ​Parece, sin embargo, que los diferentes pueblos del Imperio, y muy especialmente aquellos de
mayor antigüedad, como asirios, babilonios, judíos o egipcios, disfrutaron de una gran autonomía, y
pudieron conservar sus costumbres, sus instituciones, su lengua y su religión, en tanto que la administración
quedaba bajo control persa.30 ​Este respeto a la individualidad de los diferentes pueblos sometidos se pone
de manifiesto, por ejemplo, en los relieves de las escalinatas que llevan a la apadana de Persépolis que tenía
una función ceremonial relacionada con la recepción de los tributos, en los que se muestran las diferentes
ofrendas: por ejemplo, de Arabia se llevan tejidos, camellos e
incienso; de Nubia vasijas, colmillos de elefante, okapis, jirafas,
tributos de oro refinado, troncos de ébano; de Bactria, vasijas y
camellos. Cada grupo se diferencia claramente de los demás por su
atuendo.

El centro administrativo del imperio se encontraba en el palacio


real, con un complicado aparato burocrático. Desde la época de
Darío, la sede real se situó en la ciudad de Susa, aunque el monarca
pasaba temporadas en Babilonia y Ecbatana. Las ciudades más
importantes de Fars, Pasargada y Persépolis, no fueron nunca sedes
de gobierno.[cita requerida]

Entre los logros del reinado de Darío se incluyen una codificación


de los datos, un sistema legal universal sobre el que se basaría gran
parte de la ley irania posterior,[cita requerida] y la construcción de Súbditos con sus tributos en un
bajorrelieve de Persépolis.
una nueva capital en Persépolis, donde los Estados vasallos
ofrecerían su tributo anual en la fiesta del equinoccio de primavera.

Organización social
La organización social del imperio es poco conocida.31 ​ La mayoría de los investigadores opina que
persistía la división en tres estratos o castas característica, según Georges Dumézil, de los pueblos
indoiranios e indoeuropeos en general, que aparece reflejada en el Avesta: guerreros, sacerdotes y
campesinos.

Estrechamente imbricada con esta división en tres castas, existía una estructura tribal basada en la
ascendencia patrilineal. Según Heródoto (i, 125), en época de Ciro el Grande la sociedad persa estaba
formada por numerosas tribus, "eran los arteatas, los persas propiamente dichos, los pasagardas, los
merafios y los maios".32 ​Cada tribu se dividía a su vez en clanes: los aqueménidas eran, de hecho, un clan
perteneciente a la tribu de los pasagardas.

Los cargos de la administración imperial estaban reservados a los miembros de las principales familias de la
aristocracia, aunque no era suficiente con la pertenencia a la nobleza: había que contar también con el favor
del rey, que era quien disponía los nombramientos y distribuía los cargos en los territorios conquistados.

La práctica de la esclavitud en la Persia aqueménida estaba en general prohibida, aunque hay evidencia de
que los ejércitos conquistados o rebeldes eran vendidos en cautiverio.33 ​ Según atestiguan los documentos
de Persépolis, los trabajadores que dependían del Estado en la región de Parsa no eran esclavos sino
asalariados.

Dones y honores reales


De acuerdo con Pierre Briant, un aspecto fundamental del sistema político aqueménida era la circulación de
prestaciones de servicio personal hacia el rey, y de dones y honores desde el rey. Tanto en las inscripciones
reales como en los autores clásicos se puede observar la importancia que se le otorgaba a la noción de
recompensar al servidor leal. Los dones reales incluían vestimenta y joyería de lujo, que marcaban el
prestigio y la posición social de sus portadores, así como títulos y cargos de poder. Las fuentes clásicas
aluden frecuentemente a títulos de gran prestigio, como el de
"amigo del rey" y el de "compañero de mesa del rey". En cuanto a
este último, es remarcable la importancia ideológica que poseía la
mesa: se trataba de un símbolo de la redistribución real.
Refiriéndose a Ciro el Joven, Jenofonte sostiene que "de todos los
hombres él era el que distribuía más regalos entre sus amigos" y que
cuando "recibía un vino particularmente bueno, enviaba usualmente
el cántaro medio lleno a uno de sus amigos" (Anábasis, I. 9. 22-26).
La entrega en matrimonio de hijas del rey era asimismo considerada
como un don real.34 ​

Esta circulación de dones y honores constituía un sistema de El llamado Brazalete de Oxus,


intercambio desigual entre el rey y la nobleza. Mientras que el don perteneciente al Tesoro del Oxus, de
del rey obligaba al súbdito a contraprestarlo con servicios, el rey se época aqueménida. Los artículos de
reservaba el modo y el tiempo de recompensar a sus benefactores, joyería eran bienes de prestigio muy
apreciados por la aristocracia
en caso de que lo juzgara necesario. No era concebible que un
aqueménida, y su intercambio
súbdito le reclamase al rey una recompensa por los servicios cumplía un rol fundamental en el
prestados. Adicionalmente, este sistema tiene como consecuencia la sistema político.
ligazón del éxito de la nobleza a su lealtad al rey, en detrimento de
las lealtades clánicas. Esta circunstancia se expresa en las
inscripciones reales con el concepto de bandaka, interpretable como "servidor fiel".35 ​

Las satrapías
Los aqueménidas permitían cierta autonomía regional en la forma del sistema de satrapías. Una satrapía era
una unidad administrativa, usualmente organizada sobre una base geográfica. El término "satrapía"
proviene de las fuentes griegas ("satrapeia"). La voz griega procede del antiguo persa xsaça-pā-van, que
designa a la persona que gobierna este territorio (el sátrapa), y que significa algo así como "protector del
Imperio".36 ​ No hay acuerdo en cuanto a si el término dahyu (plural dahyāva), que aparece en las
inscripciones reales, puede ser interpretado en el sentido de "satrapía", como sostienen algunos autores,36 ​o
si carece de cualquier implicación administrativa.37 ​ La organización de las satrapías, cuya extensión era
muy variable, reutilizaba en parte las estructuras previas a la conquista, permitiendo subsistir hasta cierto
punto a las antiguas instituciones de poder locales.

Los sátrapas eran usualmente elegidos tanto por sus servicios prestados al rey como por la pertenencia a un
linaje aristocrático; de hecho, muchos de ellos formaban parte de la dinastía real. No eran funcionarios
civiles en el sentido moderno, sino que mantenían relaciones de subordinación personal con el rey. En las
capitales satrapales se formaban pequeñas cortes a semejanza de la imperial, y el sátrapa vivía usualmente
junto a su familia. Existía cierta tendencia a que el mando de la satrapía pasara de padres a hijos (un caso
paradigmático es el de la dinastía farnácida). No obstante, solo el rey poseía la prerrogativa de nombrar
sátrapas, al menos idealmente. A pesar de la autonomía local relativa que permitía el sistema de satrapías,
inspectores reales, los llamados "ojos y oídos del rey" recorrían el Imperio e informaban sobre las
condiciones locales y controlaban el comportamiento de los sátrapas. En cuanto a los ejércitos provinciales,
no queda claro si sus comandantes dependían directamente de la autoridad central, o si respondían al sátrapa
local.38 ​

Economía
El Imperio aqueménida recaudaba cuantiosos impuestos, parte de los cuales se amonedaban en oro y plata
acuñándose monedas como el dárico o el siclo. Gran parte de los ingresos se iban en construcción de obra
pública,[cita requerida] como la red de caminos con los que se pretendía unir las diversas partes del Imperio,
el más famoso de los cuales es el Camino Real de Susa a Sardes. Darío I construyó palacios y monumentos
en las capitales: Susa y Persépolis. El tercer gran gasto del Imperio lo constituía el enorme ejército.

El comercio era amplio, y bajo los aqueménidas hubo una infraestructura eficiente que facilitaba el
intercambio de artículos desde los más lejanos extremos del Imperio. Las tarifas sobre el comercio eran una
de las principales fuentes de ingresos del Imperio, junto con la agricultura y los tributos.

Moneda
Darío I fue probablemente el primer monarca aqueménida en acuñar moneda,30 ​ por entonces una
innovación relativamente reciente, ya que Creso, el rey de Lidia derrotado por Ciro el Grande, había sido el
primero en introducir un verdadero sistema monetario. Darío revolucionó la economía introduciendo un
patrón monetario bimetálico (a semejanza del lidio, según Heródoto, i, 94) en oro y plata. La moneda de oro
era el dárico,39 ​de unos 8,34 gramos de peso.30 ​3000 dáricos equivalían a un talento, la unidad monetaria
más elevada. La moneda de plata era el siclo, de aproximadamente 5,56 g de peso y de gran pureza. 20
siclos de plata equivalían a un dárico de oro.

El sistema monetario aqueménida se mantuvo en vigor hasta ser


desplazado por las acuñaciones de Filipo II y, sobre todo, de
Alejandro Magno, en la segunda mitad del siglo IV a. C. Durante
todo el tiempo que se mantuvieron en circulación, las monedas
aqueménidas apenas variaron su aspecto. De forma
aproximadamente ovalada, tanto el dárico como el siclo tienen en el
anverso una figura idealizada, posiblemente el propio monarca,40 ​
que aparece con un arco en su mano izquierda y una lanza en la
derecha (las monedas eran popularmente conocidas entre los
griegos como taxotai, "arqueros"). En el reverso hay únicamente un
cuadrado incuso.30 ​
Dárico aqueménida, circa 490 a. C.
Acuñar moneda de oro era una prerrogativa real. Los sátrapas y
generales, así como las ciudades autónomas y príncipes locales,
solo podían acuñar monedas de plata y de cobre.30 ​

Comunicaciones
Para facilitar las comunicaciones en su extenso imperio, Darío ordenó la construcción de varias carreteras
que unían Susa y Babilonia con las capitales más importantes de las satrapías. Es conocida por la
descripción que de ella hace Heródoto (v, 52-54; viii, 98) la "calzada real", que unía Susa con Sardes,
atravesando Asiria, Armenia, Cilicia, Capadocia y Frigia, con una longitud total de 2600 km (13 500
estadios, o 450 pasarangas), que por regla general se tardaba tres meses en recorrer.41 ​ A lo largo de la
calzada, había postas situadas a una jornada de distancia las unas de las otras, y los lugares más vulnerables,
como los vados de los ríos o los puertos de montaña, estaban custodiados por soldados.42 ​ Relevos de
correos a caballo podían alcanzar las regiones más remotas en quince días. Sin duda otras carreteras
tuvieron igual o mayor importancia, aunque fueran menos conocidas por los autores griegos:43 ​ su
existencia y eficaz funcionamiento ha sido constatado por las tablillas de Persépolis. El sistema postal
creado por Darío despertó la admiración de Heródoto por su gran eficacia.

Un gran desarrollo alcanzaron también en época aqueménida las comunicaciones marítimas. Darío I ordenó
la apertura del canal en el istmo entre el brazo oriental del Nilo y el Mar Rojo, construido por el faraón
Necao II, ensanchándolo significativamente, de forma que, según Heródoto, dos trirremes podían navegar
en paralelo por sus aguas. Como consecuencia, el comercio entre el Mar Rojo y el Mar Mediterráneo se
incrementó considerablemente. Por encargo de Darío, el navegante Escílax de Carianda exploró la ruta
marítima entre Mesopotamia y el valle del Indo. La ruta comercial entre Mesopotamia y Egipto
circunnavegaba la península arábiga.

Cultura

Lenguas
En el Imperio se hablaba una amplia variedad de lenguas. Los persas, al menos en la primera etapa del
Imperio, utilizaban el persa antiguo, un dialecto iranio de la rama suroccidental, emparentado con el medo,
perteneciente a la noroccidental. En un principio, los persas no utilizaban la escritura, y el persa antiguo solo
comenzó a escribirse cuando, por orden de Darío I, se inventó una escritura cuneiforme ad hoc para la
inscripción de Behistún.30 ​

Probablemente eran pocos los que podían leer esta escritura, y tal vez por eso las inscripciones reales eran
generalmente trilingües en persa antiguo, babilonio y elamita (añadiéndose a veces el egipcio en escritura
jeroglífica).30 ​ Se han hallado incluso papiros con traducciones al arameo de algunas inscripciones
reales.44 ​

El uso escrito del persa antiguo parece haberse prácticamente restringido a las inscripciones reales; hasta el
momento se ha identificado tan solo un documento administrativo en este idioma,9 ​aunque aparece también
en algunos sellos y objetos artísticos. El hecho de que aparezca principalmente en inscripciones
aqueménidas del oeste de Irán sugiere entonces que el persa antiguo era el idioma común de esa región. Sin
embargo, en el reinado de Artajerjes II, la gramática y la ortografía de las inscripciones estaban tan "lejos de
la perfección"45 ​ que se ha sugerido que los escribas que compusieron aquellos textos ya habían olvidado
en gran medida el idioma, y tenían que basarse en inscripciones más antiguas, que ellos en gran medida
reproducían textualmente.46 ​

Durante los reinados de Ciro y Darío, y mientras la sede del gobierno estuvo incluso en Susa, en Elam, el
idioma de la cancillería aqueménida fue el elamita, tanto en la región de Fars como, cabe suponer, en Elam;
así lo atestiguan los documentos hallados en Persépolis que revelan detalles del funcionamiento cotidiano
del Imperio.47 ​ En las grandes inscripciones rupestres de los reyes, los textos en elamita siempre están
acompañados de inscripciones en acadio y antiguo persa, y parece que en estos casos, los textos elamitas
son traducciones de los antiguos persas. Es por lo tanto posible que aunque el elamita se usaba por el
gobierno de la capital en Susa, no era un idioma estandarizado del gobierno por todos los lugares del
Imperio. El uso del elamita no está comprobado después del año 458 a. C.

Después de la conquista de Mesopotamia, la lengua más utilizada en la administración para el conjunto del
Imperio fue el arameo, que servía también como lengua de comunicación interregional: el hecho de que
para escribirlo se utilizase un alfabeto facilitaba además las comunicaciones. De hecho, se han encontrado
documentos en arameo en lugares tan distantes entre sí como Elefantina, en el Alto Egipto, Sardes, en Asia
Menor, y la región de Bactriana en el extremo nororiental.30 48 ​ ​ Según la Encylopedia Iranica, "el uso de
un único idioma oficial, que los modernos estudiosos han denominado arameo oficial o arameo imperial,
puede suponerse que contribuyó en gran medida al sorprendente éxito de los aqueménidas a la hora de
mantener unido su extenso imperio durante tanto tiempo".49 ​ En 1955, Richard Frye cuestionó la
clasificación del arameo imperial como un "idioma oficial" señalando que no ha sobrevivido ningún edicto
que expresamente y sin ambigüedad proporcionara tal estatus a ningún idioma en particular.50 ​ Frye
reclasifica el arameo imperial como la "lingua franca" de los territorios aqueménidas, sugiriendo que en la
época aqueménida el uso del arameo estaba más extendido de lo que generalmente se cree. Muchos siglos
después de la caída del Imperio, seguiría utilizándose en Persia una escritura derivada de la aramea, la
escritura pahlavi, que se caracteriza además por el uso de numerosas palabras arameas como logogramas o
ideogramas.51 ​

Otras lenguas, como el egipcio, el griego, el lidio y el licio, entre otras, eran de uso estrictamente local.

Costumbres
Heródoto menciona que los persas celebraban grandes fiestas de cumpleaños, "En sus comidas usan de
pocos manjares de sustancia, pero sí de muchos postres, y no muy buenos. Por eso suelen decir los persas
que los griegos se levantan de la mesa con hambre" (l, 133).32 ​Del mismo modo, observó que los persas
bebían vino en gran cantidad y que "después de bien bebidos, suelen deliberar acerca de los negocios de
mayor importancia. Lo que entonces resuelven, lo propone otra vez el amo de la casa en que deliberaron,
un día después; y si lo acordado les parece bien en ayunas, lo ponen en ejecución, y si no, lo revocan.
También suelen volver a examinar cuando han bebido bien aquello mismo sobre lo cual han deliberado en
estado de sobriedad".32 ​

De sus métodos de saludo, afirma que los iguales se besaban en los labios, si alguno de ellos "fuese de
condición algo inferior, se besan en la mejilla; pero si la diferencia de posición resultase excesiva,
postrándose, reverencia al otro" (Libro I, CXXXIV).32 ​Se sabe que los hombres de alto rango practicaban
la poligamia, y se decía que tenían un número de esposas y un número incluso mayor de concubinas. En
cuanto a las relaciones con el mismo sexo, los hombres de alto rango mantenían favoritos, como Bagoas,
que fue uno de los favoritos de Darío III y que más tarde se convirtió en erómeno de Alejandro. La
pederastia persa y sus orígenes se debatieron incluso en tiempos antiguos, considerando Heródoto que lo
habían aprendido de los griegos;52 ​ sin embargo, Plutarco afirma que los persas usaban a chicos eunucos
con tal fin mucho antes de que existiera contacto entre las culturas.53 ​

El Imperio aqueménida fue construido sobre los principios más básicos —los de la verdad y la justicia—,
que formaban la base de la cultura aqueménida.[cita requerida] Heródoto señaló (i, 138) que «tienen por la
primera de todas las infamias el mentir, y por la segunda, contraer deudas; diciendo, entre otras muchas
razones, que necesariamente ha de ser mentiroso el que sea deudor».32 ​Heródoto también dice que a los
jóvenes persas, "desde los cinco hasta los
veinte años, solamente les enseñan tres cosas:
montar a caballo, disparar el arco y decir la
verdad".32 ​Hasta los cinco años los niños
pasan todo el tiempo junto a las mujeres y
nunca conocen a su padre, "y esto se hace con
la mira de que si el niño muriese en los Inscripción de Behistún, columna 1 (DB I 1–15).
primeros años de su crianza, ningún disgusto
reciba por esto su padre".

En el Irán aqueménida, la mentira, drauga, se consideraba pecado capital y era punible con la muerte en
algunos casos extremos. Tablillas descubiertas por los arqueólogos de los años 193054 ​en el yacimiento de
Persépolis proporcionan evidencia adecuada sobre el amor y la veneración por la cultura de la verdad
durante el período aqueménida. Estas tablillas contienen los nombres de iranios corrientes, principalmente
comerciantes y almacenistas.47 ​Según el profesor Stanley Insler de la Universidad de Yale, hasta 72
nombres de oficiales y pequeños burócratas encontrados en estas tablillas contienen la palabra verdad.55
Por ejemplo, dice Insler, tenemos Artapana, protector de la verdad, Artakama, amante de la verdad,
Artamanah, de pensamiento sincero, Artafarnah, poseedor del esplendor de la verdad, Artazusta, que se
complace en la verdad, Artastuna, pilar de verdad, Artafrida, que prospera con la verdad y Artahunara, que
tiene la nobleza de la verdad. Fue Darío el Grande, que estableció la ordenanza de las buenas regulaciones
durante su reinado. El testimonio del rey Darío sobre su constante batalla contra la mentira se encuentra en
inscripciones cuneiformes. Grabada en la montaña de Behistún en la carretera a Kermanshah, Darío
testimonia:

Yo no era un mentiroso, no hacía el mal... Me conduje con rectitud. No hice el mal ni al


débil ni al poderoso. El hombre que cooperó con mi casa, a ese le recompensé bien; el
que me hizo daño, a ese castigué bien.

Darío estuvo muy ocupado manejando rebeliones a gran escala que estallaron por todo el Imperio. Después
de luchar con éxito con nueve traidores en un año, Darío documentó sus batallas contra ellos y nos dice
cómo era la mentira que les hizo rebelarse contra el Imperio. En Behistún, Darío dice:

Yo batí y apresé a nueve reyes. Uno se llemaba Gaumata, un mago; él mintió; así dijo él:
Yo soy Esmerdis, el hijo de Ciro... Uno, de nombre Acina, un elamita; él mintió; así dijo él:
Yo soy rey en... Uno, de nombre Nidintu-Bel, un babilonio; él mintió; así dijo él: Yo soy
Nabucodonosor, el hijo de Nabonido. El rey Darío entonces nos dice, la Mentira los hizo
rebeldes, de manera que esta gente engañó al pueblo.56 ​

Religión
Los persas antiguos ejercieron su influencia más duradera por medio de la religión. Sus doctrinas religiosas
tenían origen remoto y se habían desarrollado mucho cuando iniciaron sus conquistas. Y era tan poderosa su
atracción y tan maduras las condiciones para que fuesen aceptadas, que se extendieron por casi toda el Asia
Occidental. Substituyeron a otras religiones y a creencias que se venían manteniendo desde hacía siglos.
Trastornaron y modificaron la visión del mundo que tenían hasta entonces las naciones.

A lo largo del Imperio se practicaban diversas religiones, correspondientes a las tradiciones de los pueblos
conquistados. Así, Ciro rindió culto a Marduk al conquistar Babilonia y Cambises II se proclamó faraón en
Egipto practicando la religión propia del lugar. El promover cultos reales de los pueblos conquistados tenía
la función de legitimar el poder imperial.

No obstante, la élite persa que dirigía el Imperio practicaba el


zoroastrismo o mazdeísmo, con su culto al fuego, y desde el reinado
de Darío I se registra en las inscripciones la adopción del culto a
Ahura Mazda como deidad protectora de la monarquía. La
Inscripción de Behistún dice: "Darío el Rey dice: por el favor de Ahura Mazda tal como es
Ahuramazda yo soy Rey, Ahuramazda me concedió el reino".57 ​ representado en los bajorrelieves de
Bajo el mecenazgo de los reyes aqueménidas, y para el la realeza aqueménida.
siglo V a. C. convertida en religión de Estado de facto, el
zoroastrismo alcanzaría todos los rincones del Imperio.

El príncipe-profeta Zoroastro (o Zaratustra) había comenzado a predicar el mazdeísmo hacia el año


700 a. C. Fue durante el período aqueménida cuando el zoroastrismo alcanzó el suroeste de Irán, donde
pasó a ser aceptado por los gobernantes y a través de ellos se convirtió en un elemento definidor de la
cultura persa. La religión no solo estuvo acompañada de la formalización de los conceptos y divinidades del
panteón (Indo-)Iranio tradicional sino que también introdujo varias ideas nuevas, como el libre albedrío. Se
trataba de una religión dualista, en la que el mundo estaba regido por dos principios: el bien (Ormuz o
Ahura-Mazda, simbolizado por la luz, el Sol) y el mal que no era un dios aparte, si no el espíritu del mal
representado en Arimán, Zoroastro distinguió los dos polos de una dinámica particular: la creación y la
destrucción, contempladas como un todo en Ahura Mazda.58 ​ Los seres humanos debían llevar una vida
pura y emprender buenas acciones para conseguir que el bien triunfara sobre el mal. Esta religión carecía de
templos, alzándose simplemente altares al aire libre donde ardía una llama permanentemente. Esta doctrina
consta en el Zend Avesta.

Zoroastro creía que su misión consistía en purificar las creencias tradicionales de su pueblo, desarraigar el
politeísmo, el sacrificio de animales y la magia, y elevar el culto a un nivel más espiritual y ético. El
movimiento que dirigió, era el acompañamiento natural de la veneración de la vaca y su prescripción de que
se cultivara la tierra como un deber sagrado. A pesar de sus reformas, muchas de las viejas supersticiones
sobrevivieron, como suele suceder generalmente, y se fueron mezclando poco a poco con los ideales
nuevos.

Entre los otros dioses indoiranios reverenciados en el Imperio se incluyen Mitra (deidad solar asociada a la
nobleza y los guerreros) y la diosa Anahita. A mediados del siglo V a. C., esto es, durante el reinado de
Artajerjes I y Darío II, Heródoto escribió "[los persas] no tienen imágenes de los dioses, ni templos ni
altares, y consideran una signo de locura usarlos. Esto viene, creo yo, de que ellos no creen que los dioses
tengan la misma naturaleza que los hombres, como imaginan los griegos." Afirma que los persas ofrecen
sacrificios a: "el sol y la luna, a la tierra, al fuego, al agua, y a los vientos. Estos son los únicos dioses cuya
veneración les ha llegado desde los tiempos antiguos. En una época posterior comenzaron a venerar a
Urania, que ellos tomaron prestada de los árabes y los asirios. Militta es el nombre por el que los asirios
conocen a esta diosa, a quien los árabes llaman Alitta y los persas Anahita." El nombre original aquí es
Mithra, lo que desde entonces se ha explicado como una confusión de Anahita con Mitra, comprensible
puesto que ambos eran venerados conjuntamente en un solo templo.[cita requerida]

Por el sacerdote-estudioso babilonio Beroso, quien ―aunque escribía más de setenta años después del
reinado de Artajerjes II Mnemon― documenta que el emperador había sido el primero en hacer estatuas de
culto de divinidades e hizo que las colocaran en templos en muchas de las principales ciudades del Imperio
(Beroso, III.65). Beroso también confirma a Heródoto cuando él dice que los persas no sabían nada de
imágenes de los dioses hasta que Artajerjes II erigió aquellas
imágenes. Como medio de sacrificio, Heródoto añade que "ellos no
alzan ningún altar, no encienden ningún fuego, ni vierten libación
alguna". Esta frase se ha interpretado para identificar una acreción
crítica (pero tardía) al zoroastrismo. Un altar con fuego de madera
ardiendo y el servicio Yasna en el que se vierten libaciones son
todos claramente identificables con el moderno zoroastrismo, pero
aparentemente, eran prácticas que no se habían desarrollado todavía
a mediados del siglo V a. C. Boyce también asigna ese desarrollo al
reinado de Artajerjes II (siglo IV a. C.), como una respuesta
ortodoxa a la innovación de los cultos de santuarios.

Heródoto también observa que "ningún rezo ni ofrenda puede


hacerse sin que esté un mago presente" pero esto no debe
confundirse con lo que hoy se entiende por mago, que es un
magupat (persa moderno, mobed), un sacerdote zoroastrista. Ni la
descripción del término por Heródoto como una de las tribus o Esfinge alada del Palacio de Darío
castas de los medos implica necesariamente que estos magos fueran en Susa (ca. 510 a. C.).
medos. Ellos simplemente eran un sacerdocio hereditario que se
encontraba por todo Irán oeste y aunque, en origen, no se asociaban
con ninguna religión en particular, tradicionalmente eran responsables de todos los rituales y servicios
religiosos. Aunque la identificación inequívoca de los magos con el zoroastrismo vino después (época
sasánida, siglo III), es del magus de Heródoto de mediados del siglo V a. C. que el zoroastrismo se vio
sujeto a modificaciones doctrinales que son hoy consideradas como revocaciones de las enseñanzas
originales del profeta. También, muchas de las prácticas rituales descritas en el Vendidad del Avesta (como
la exposición de los muertos) ya se practicaban por los magos de la época de Heródoto.

Los sacrificios de caballos en honor al rey se realizaban en época aqueménida, al menos desde el reinado de
Cambises I hasta la llegada de Alejandro Magno, estando prescrito que los caballos para los sacrificios
mensuales en la tumba de Ciro I debían ser blancos, criados en los haras de Media.59 ​ Según Heródoto los
caballos blancos de Ciro I eran sagrados (I:181).60 ​

Arte y arquitectura
El arte persa aqueménida era predominantemente monárquico, sus
mayores monumentos son los palacios, que comenzaron a
construirse a principios del siglo vii, algunos con inscripciones
trilingües en sus paredes como las que han sido encontradas en el
palacio de Pasargada en viejo persa, elamita y babilónico.61 ​

El arte aqueménida, como la religión aqueménida, fue una mezcla


de muchos elementos. Lo mismo que los aqueménidas eran Ritón de oro hallado en Ecbatana;
tolerantes en materia de gobierno y costumbres locales, mientras los conservado en el Museo Nacional de
persas controlaran la política general y la administración del Irán.
Imperio, también eran tolerantes en el arte mientras el efecto final
fuese persa. En Pasargada, la capital de Ciro II y Cambises II, y en
Persépolis, la ciudad vecina fundada por Darío el Grande y usada por todos sus sucesores, uno puede seguir
el rastro hasta un origen extranjero de casi todos los diversos detalles en la construcción y embellecimiento
de la arquitectura y de los relieves esculpidos; pero la concepción, el planeamiento y el acabado del
producto son distintivamente persas.

Ciro construyó su capital, Pasargada, en el territorio original de los persas. En ella es posible apreciar la
fusión de estilos de diferentes partes del Imperio, característica de los soberanos aqueménidas. Cuando
decidió construir Pasargada, tenía detrás una larga tradición artística que probablemente era distintivamente
irania ya que era en muchos sentidos igual a cualquier otra. La sala hipóstila en arquitectura puede hoy
verse como perteneciente a una tradición arquitectónica de la meseta iraní que se remonta a través del
período medo hasta al menos el principio del I milenio a. C. Las ricas obras de oro aqueménidas, que según
las inscripciones parece que fueron especialidad de los medos, fue en la tradición de la delicada metalistería
que se encuentra en la época de la Edad de Hierro II en Hasanlu e incluso antes en Marlik.

Este estilo artístico aqueménida es particularmente evidente en


Persépolis: con su cuidadosamente proporcionada y bien
organizada planta, rica ornamentación arquitectónica y magníficos
relieves decorativos, el palacio es uno de los grandes legados
artísticos del mundo antiguo. En su arte y arquitectura, Persépolis
celebra al rey y el oficio del monarca y refleja la percepción que
Darío tenía de sí mismo como el líder de un conglomerado de
pueblos a los que había dado una nueva y única identidad. Los
aqueménidas tomaron las formas artísticas y las tradiciones
religiosas y culturales de muchos de los antiguos pueblos de Oriente
Medio y los combinaron en una forma única.

Al describir la construcción de su palacio en Susa, Darío dice que Imagen del Amuleto-pendiente
"Se trajo madera de cedro de allí (una montaña llamada Líbano), la aqueménida con cabeza de leona,
madera de yaka se trajo de Gandhara y de Carmania. El oro se trajo finales del siglo vi -IV a. C., de Susa.
de Sardes y de Bactria... la piedra preciosa lapislázuli y cornelina... Museo del Louvre.
se trajo de Sogdiana. La turquesa de Corasmia, la plata y el marfil
de Egipto, la ornamentación de Jonia, el marfil de Etiopía y de Sind
(Pakistán) y de Aracosia. Los canteros que trabajaron la piedra eran de Jonia y de Sardes. Los orfebres eran
medos y egipcios. Los hombres que tallaron la madera, eran de Sardes y Egipto. Los que trabajaron el
ladrillo cocido, esos eran babilonios. Los hombres que adornaron el muro, esos eran medos y egipcios".

Era un arte imperial a una escala que el mundo no había visto antes. Los materiales y los artistas eran
tomados de todas las tierras gobernadas por los grandes reyes, y de ese modo gustos, estilos y motivos se
mezclaron juntos en un arte ecléctico y una arquitectura que en sí misma reflejaba el Imperio y el
entendimiento aqueménida de cómo ese imperio debía funcionar.

La afición de los persas aqueménidas por el revestimiento arquitectónico hizo que disminuyera el rol de la
escultura de bulto entero en favor de la técnica del relieve y el bajorrelieve. Los palacios estaban decorados
con impresionantes bajorrelieves, imágenes decorativas algunas de tamaño colosal. En el palacio de Darío
las escalinatas están decoradas con bajorrelieves de criados que suben los escalones llevando fuentes y
comida. También se conservan relieves donde se muestran las ceremonias religiosas y de Año Nuevo,
audiencias de Darío, banquetes y gente con ofrendas.61 ​

Demografía
El Imperio aqueménida llegó a abarcar un área de 5,5 millones de km²,62 ​ con una población de 30 a 35
millones de habitantes según el historiador Makis Aperghis,63 ​ distribuidos de la siguiente manera: cinco a
seis millones en Egipto, dos millones en Sogdiana y Bactria, medio millón en Margiana, medio millón en el
centro y este de Persis, un millón en Susiana y oeste de Persis, medio millón en el norte de Siria, dos
millones en Cilicia, cinco millones en el oeste y sur de Asia Menor, millón y medio a dos millones en el sur
de Siria y Palestina, cinco a seis millones en Mesopotamia y al menos siete millones en las regiones más
orientales del Imperio.64 ​El historiador Colin McEvedy da la estimación más baja, unos diecisiete millones
en total. Los distribuía del siguiente modo: tres millones y medio para Egipto, doce millones en Asia
Occidental y millón y medio para Asia Central y el valle del Indo.65 ​ Otro autor, Walter Scheidel, da una
cifra intermedia de veinte a veinticinco millones,66 ​ equivalente al 12% de la población mundial de la
época.67 ​

Reyes y líderes aqueménidas

No confirmados
La evidencia epigráfica de estos gobernantes no puede ser confirmada y a menudo se consideran inventados
por Darío I

Aquemenes de Persia
Ariaramnes de Persia, hijo de Teispes y cogobernante con Ciro I
Arsames de Persia, hijo de Ariaramnes y cogobernante con Cambises I

Confirmados

Teispes de Anshan, hijo de Aquemenes


Ciro I de Anshan, hijo de Teispes
Cambises I de Anshan, hijo de Ciro I
Ciro II, el Grande, hijo de Cambises I gobernó desde 550 hasta 530 a. C. (gobernante
de Anshan h. 559 a. C.– conquistó Media 550 a. C.).
Cambises II, hijo de Ciro el Grande, gobernó 529-522 a. C.
Esmerdis (Bardiya), supuesto hijo de Ciro el Grande, gobernó en 522 a. C.
(posiblemente un usurpador).
Darío I, el Grande, cuñado de Esmerdis y nieto de Arsames, gobernó 521-486 a. C.
Jerjes I, hijo de Darío I, gobernó 485-465 a. C.
Artajerjes I "Longímano", hijo de Jerjes I, gobernó 465-424 a. C.
Jerjes II, hijo de Artajerjes I, gobernó 424 a. C.
Sogdiano, medio hermano y rival de Jerjes II, gobernó 424-423 a. C.
Darío II "Noto", medio hermano y rival de Jerjes II, gobernó 423-405 a. C.
Artajerjes II "Mnemon", hijo de Darío II, gobernó 404-359 a. C. (véase también
Jenofonte).
Artajerjes III "Oco", hijo de Artajerjes II, gobernó 358-338 a. C.
Artajerjes IV Arses, hijo de Artajerjes III, gobernó 338-336 a. C.
Darío III "Codomano", bisnieto de Darío II, gobernó 336-330 a. C.

Véase también
Historia de Irán
Reyes aqueménidas de Persia
Guerras Médicas
Persia
Pueblos iranios
Imperios
Historia de los Balcanes
Ejército aqueménida

Notas

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persa’ por parte de Alejandro).

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