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LA ENSEÑANZA EN EL CONVENTO

DE SANTO DOMINGO DE PALMA DE MALLORCA


DURANTE EL SIGLO XVII 1
Rafael Ramis Barceló
Universitat de les Illes Balears

El convento de Santo Domingo de Palma de Mallorca fue una de las ins-


tituciones educativas de mayor relieve de la Provincia de Aragón. Desde su
creación, poco tiempo después de la Conquista cristiana, el convento albergó
la escuela más acreditada de Mallorca para el estudio de la filosofía y de la
teología. La Orden de Predicadores se sintió especialmente orgullosa de su
convento palmesano, joya arquitectónica, templo del saber y de la devoción.
En las Crónicas dominicanas de la época moderna se enaltecía la memoria de
dicho convento, un lugar privilegiado para el estudio, la reflexión y el saber.
En las páginas siguientes se intentarán esbozar las líneas principales de
esta escuela conventual en una de sus épocas de mayor esplendor: el siglo
XVII.2 A través de la confrontación de tres fuentes, se procurará establecer una
cronología que sirva para ubicar tanto los rasgos generales de la enseñanza
como a los dominicos más ilustres del momento. La primera fuente es la me-
moria de los propios dominicos, cuyo trabajo más acabado es la Historia de las
grandezas del Real Convento de Santo Domingo de la Orden de Predicadores de
Palma de Mallorca;3 la segunda fuente son las actas de los capítulos provincia-
les de esa centuria; por último, una serie de datos de diferentes archivos ma-
llorquines ayudan a conocer mejor la enseñanza, los manuscritos que se
conservan, así como otras disposiciones escolares.

1. El Real Convento de Santo Domingo: enseñanza y predicación


Pese a su notoriedad de la institución y a la bibliografía existente, no
sobran unas líneas de presentación del Convento dominicano. La presencia

1 Este trabajo se inscribe dentro del proyecto Perspectival thought and Fact CONSOLIDER
INGENIO 2010 Program, con referencia CSD2009-0056.
2 Las abreviaturas que se utilizarán a continuación son: ADM (Archivo Diocesano de

Mallorca), AHN (Archivo Histórico Nacional), AHUIB (Archivo Histórico de la Uni-


versitat de les Illes Balears), ARM (Archivo del Reino de Mallorca), BPM (Biblioteca
Pública de Mallorca).
3 ADM-MSL: FEBRER, Tomás: Historia de las grandezas del Real Convento de Santo Do-

mingo de la Orden de Predicadores de Palma de Mallorca, pp. 179, 180, 181.


168

de los hijos de Santo Domingo en Palma empezó con la Conquista de Ma-


llorca. Miquel de Fabra y Berenguer de Castellbisbal iniciaron la docencia y
sabemos por los capítulos provinciales que desde 1250 se leyó no sólo teología
y artes, sino también lengua arábiga.4 Durante los siglos XIV y XV, los domi-
nicos tuvieron la más afamada escuela conventual de Mallorca5 y, en la se-
gunda mitad del XIV desempeñaron la cátedra de teología de la Seo.6

Francisco Javier Parcerisa:


Portería del convento de Dominicos en Palma. 1842

4 FEBRER, Tomás: Historia de las grandezas del Real Convento…, I, f. 124. Véase, con todo,
el planteamiento novedoso del tema de ROSSELLÓ LLITERAS, Juan: “El estudio de len-
guas en el convento de frailes predicadores de Mallorca”, pp.153-158.
5 En un sentido general, véase ROSSELLÓ LLITERAS, Juan: “La Orden Dominicana y su

predicación en Mallorca (siglos XIII-XV)”, pp. 93-113.


6 FEBRER, Tomás: Historia de las grandezas del Real Convento…, I, ff. 131-134.
169

Los viajeros y eruditos del XIX, que visitaron el convento antes de su


demolición en 1837, destacaron que era el más bello de los conventos pal-
mesanos.7 Sin duda, era un edificio suntuoso y rico, donde podía vivir hol-
gadamente una nutrida comunidad de frailes. Desde un primer momento, el
Convento de Santo Domingo había albergado importantes libros. Juan Rosse-
lló Lliteras8 ha intentado reconstruir su archivo y su biblioteca, destacando la
copiosidad de obras durante la época medieval, extremo que Hillgarth9 con-
firmó hasta el Renacimiento.
Precisamente, fue durante el siglo XVI cuando el convento dominicano,
al igual que los de los franciscanos, cayó en el relajamiento y perdió su celo
inicial. Tampoco el Estudio General, por la falta de privilegios para colacionar
grados, podía cumplir adecuadamente con su función. La presencia de la
Compañía de Jesús, a través del Colegio de Montesión desde 1561, hizo que la
orden dominicana viera claramente postergada su primacía en la enseñanza.
El Colegio de Montesión ganó prestigio en humanidades, filosofía y teología,
mientras que la influencia del Convento dominicano fue menguando.

2. Desde los comienzos de la centuria hasta 1626


Frente a la relativa crisis de identidad que toda la Orden de Predica-
dores había sufrido durante el Renacimiento, el ambiente de la Contrarre-
forma y el predominio de la escolástica volvieron a situar a los dominicos en
el centro de la enseñanza universitaria y escolar en España. El XVII fue el siglo
de asentamiento de los logros de la escolástica hispánica de la centuria ante-
rior. Siendo Santo Tomás un bastión seguro para edificar la filosofía y la teo-
logía contrarreformista, la orden de Predicadores recibió numerosos encargos
de parte de Felipe II y de sus sucesores para formar al clero secular y regular
en sus conventos y universidades.10
La Contrarreforma había significado un amplio espaldarazo a las tesis
de Santo Tomás, y los dominicos habían aprovechado para difundirla desde
cátedras y púlpitos. En Mallorca, de la relajación de la primera mitad de la

7 SASTRE ALZAMORA, M. Pilar: El desaparecido convento de Santo Domingo de Palma...


8 ROSSELLÓ LLITERAS, Juan: La biblioteca de Santo Domingo de Mallorca en el tránsito a la
modernidad; ídem, “La biblioteca de Santo Domingo de Mallorca, Palestra de formación
y apostolado”, pp. 183-270 y ídem, “El archivo del real convento de Santo Domingo de
Mallorca”, pp. 551-563.
9 HILLGARTH, Jocelyn N.: Readers and books in Majorca: 1229-1550, pp. 341-360.
10 Véase una síntesis de este proceso en RAMIS BARCELÓ, Rafael: “La política univer-

sitaria de los Austrias en la Península Ibérica”.


170

centuria se pasó a una prolífica actividad pastoral e intelectual. El obispo Juan


Vich y Manrique de Lara fue un gran protector de la Orden dominicana y de
su celo intelectual.11 Este obispo, valenciano, había sido catedrático de Teolo-
gía tomista en la Universidad de Salamanca, de la que fue Rector. En Mallorca
hizo lo posible para que la Escuela Conventual de Santo Domingo alcanzara
su apogeo intelectual. Ciertamente, apoyó el nombramiento de grandes ex-
pertos en tomismo para la regencia de la escuela.
Su espléndida biblioteca favorecía el estudio de los autores más repu-
tados de la patrística y de la escolástica, entre los que destacaba sobre todo
Santo Tomás. Rosselló Lliteras hace notar que “la orientación general de la
biblioteca es de sentido tomista (80% de las obras posteriores al siglo XII),
pues los dominicos de jure et de facto seguían a Santo Tomás de Aquino. En
la Biblioteca hay sitio para autores de otras tendencias ideológicas y de di-
versas órdenes religiosas. Sin embargo se nota la ausencia absoluta de obras
de Ramón Llull.”12 Dicha ausencia, como se verá, requiere ulteriores explica-
ciones.
Fuertemente asentado en la vida religiosa y cultural de la ciudad, el
convento palmesano tuvo en el XVII una época de renovado esplendor, que
recordaba el de los siglos XIV y parte del XV.13 En el Capítulo Provincial de
Valencia de 1596, se había designado como regente y lector primero a Llorenç
Malferit, lector segundo a Simó Bauçà,14 maestro de Estudiantes a Francesc
Quint15 y lector de Artes a Miquel Nadal.16 La fama de Malferit17 como hom-
bre recto y docto había traspasado los umbrales de los demás cenobios de la
ciudad. No pocos eran los religiosos que acudían a las lecciones de Fray
Llorenç Malferit en el Convento de Santo Domingo. Febrer destacaba que los

11 XAMENA, Pere y RIERA, Francesc: Història de l’Església a Mallorca, pp. 162-163.


12 ROSSELLÓ LLITERAS, Juan: “La biblioteca de Santo Domingo de Mallorca, Palestra de
formación y apostolado”, p. 267.
13 Las semblanzas de los profesores más destacados pueden verse en el libro de RO-

SSELLÓ ADROVER, Pedro: La orden de Predicadores en la Historia de Baleares (siglos XIII-


XX), una obra escrita a vuelapluma, pero que rezuma estimación hacia la Orden
dominicana y que es la síntesis más moderna hasta el momento.
14 Se conserva un curso suyo de filosofía en BPM: Ms. 574.
15 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La orden de Predicadores…, p. 146. Se conservan sus Co-

mentarii textualesque questiones ub universam Aristotelis Logicam (BPM: Ms. 322).


16 AHN: Códices, L.573, Actas de capítulos generales dominicos de la provincia de Aragón,

Vol. 1, f. 18.
17 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La orden de Predicadores…, p. 146.
171

alumnos eran más de setenta,18 y de diferentes conventos. Lo mismo puede


decirse de Simó Bauçà, que poco tiempo después fue provincial y, más tarde,
consagrado obispo de Mallorca.19
Durante su provincialato, en el capítulo de Valencia de 1606, fue nom-
brado regente de la escuela conventual Francesc Quint.20 En el capítulo de
1609 se designó como segundo lector de teología a Bartomeu Pizà,21 como ter-
cer lector de teología a Miguel Esteban, como Maestro de estudiantes a Joan
Antoni Costa y lectores de artes a Miguel Soler y “post expletum cursum” a
Jaume Roig.22 También Fray Miquel Soler tenía a unos setenta estudiantes en
su curso de Artes23, lo que hace pensar que el número de estudiantes durante
estas décadas fue elevado y muy constante. En el curso de artes de 1610 había
dos religiosos carmelitas, cuatro mercedarios, seis trinitarios y dos mínimos
que acudían a diario al Convento de Santo Domingo.24
En el capítulo celebrado en el convento de Santa Catalina de Barcelona
en 1617, fue nombrado regente Bartomeu Pizà, maestro y definidor del capí-
tulo. Se designó como lector primero a Miquel Albert Esteve, presentado; lec-
tor segundo a Jaume Roig; lector de los textos de Santo Tomás a Antoni Costa,
como maestro de estudiantes a Miquel Soler, que explicó el curso de artes,
mientras que al curso siguiente lo leyó Jacint Gallur.25 En el capítulo de Va-
lencia de 1621 se nombró de nuevo regente a Fr. Francesc Quint. Jaume Roig
fue designado primer lector, mientras que se estableció que el segundo lector
sería designado por el provincial. Francesc Berard26 fue nombrado lector de
escritura, Jacint Gallur fue designado maestro de estudiantes, y se promovió
al primer lectorado de Artes a Agustí Salvador,27 y al segundo lectorado a

18 FEBRER, Tomás: Historia de las grandezas del Real Convento…, I, f. 117. “De frayles de
otras religiones que vienen aquí a oir Artes y Theologia muchos podría yo nombrar de
los que han aprendido y salido muy letrados…”
19 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La orden de Predicadores…, pp. 139-141.
20 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 22.
21 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La orden de Predicadores…, p. 149-150.
22 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 36.
23 FEBRER, Tomás: Historia de las grandezas del Real Convento…, I, f. 117.
24 Ibid, f. 119.
25 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 46.
26 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La orden de Predicadores…, p. 156.
27 FEBRER, Tomás: Historia de las grandezas del Real Convento…, I, f. 198 dice que Agustí

Salvador leyó la cátedra de Escoto en la Universidad de Huesca. ROSSELLÓ ADROVER,


P.: La orden de Predicadores…, p. 154.
172

Domingo Amengual.28 Todos ellos eran maestros muy acreditados, que dicta-
ron en las principales aulas dominicanas de la Provincia de Aragón.
En el Capítulo provincial de Zaragoza de 1625, siendo prior Fr. Pere
Antoni Mesquida, se nombró primer lector a Antoni Costa, segundo lector a
Agustí Salvador, maestro de estudiantes a Domingo Amengual y lector de
artes a Tomàs Pons.29 En dicho capítulo se aceptó la institución y fundación
de tres cátedras para la lectura de la filosofía y teología tomista, promovidas
por el mercader Gabriel Riera.30 Conviene detenerse en este punto, pues mar-
ca un hito singular para entender la evolución de la escuela conventual de
Santo Domingo.
La brillantez de la escuela conventual dominicana era el revés del Estu-
dio General de Mallorca, que no lograba asentarse como Universidad. Había
sido creado en 1483 por Fernando el Católico,31 en unas fechas en las que tam-
bién fueron aprobados los de Gerona (1446), Barcelona (1450), Zaragoza
(1474) y Valencia (1499). El Estudio General de Mallorca tenía, por lo tanto, la
misma antigüedad y rango que los demás de la Corona de Aragón, salvo el
de Lleida, el más antiguo, creado en 1300, así como los de Perpiñán (1349) y
de Huesca (1354).
Sin embargo, el Estudio General de Mallorca no fue creado sólo para sa-
tisfacer el interés intelectual, sino para la explicación de las obras de Ramon
Llull.32 De hecho, dos damas acaudaladas establecieron en sus respectivos tes-
tamentos la institución de sendas cátedras para la explicación de las obras del
Doctor Iluminado. Los orígenes de la Universidad estuvieron ligados al es-
tudio del lulismo, aunque los Jurados de la Ciudad y Reino de Mallorca tu-
vieron también interés en implantar progresivamente estudios de Leyes y de
Medicina.33

28 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 60v. Sobre Amengual, ROSSELLÓ ADROVER,


P.: La orden de Predicadores…, p. 152.
29 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 84. Se conservan unos apuntes del curso

dictado por estos profesores de artes (BPM: Ms. 192).


30 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 85.
31 Sobre la historia de la Universidad, véase LLADÓ FERRAGUT, Jaime: Historia del Es-

tudio General Luliano y de la Real Universidad Literaria de Mallorca,.


32 Sobre la pervivencia del lulismo institucional, RAMIS BARCELÓ, Rafael: “Sobre la

denominación histórica de la Universidad de Mallorca: cuestiones institucionales e


ideológicas en torno al lulismo”, pp. 237-263.
33 Sobre los orígenes de la institución, véase SANTAMARÍA, Álvaro: La promoción uni-

versitaria en Mallorca.
173

A finales del siglo XV, el inquisidor Guillem Caselles, dominico mallor-


quín, acusó de heterodoxia34 al catedrático de Prima de Lulismo, Pere Daguí.
Dicha intervención abrió un proceso complejo, que enturbió las relaciones de
los dominicos con los prolulianos e impidió, entre otras cosas, que el Estudio
General pudiese colacionar grados, por carecer de los privilegios pertinentes.
La oposición de los dominicos al lulismo, pese a la gran amistad de Ramon
Llull con los miembros de la Orden de Predicadores, fue un importante obs-
táculo para que la Universidad recibiese los privilegios reales y pontificios.
Durante el siglo XVI, entre otras causas gracias a la protección de Felipe
II, el lulismo se abrió paso en diferentes territorios hispánicos, en conventos,
escuelas y universidades. En esa época, el relajamiento de las costumbres de
los dominicos ayudó a que no hubiera grandes confrontaciones en las Facul-
tades tanto de la Provincia de Aragón como de Castilla. Durante la primera
mitad de la centuria hubo más bien quejas de la actitud mundana de los
dominicos,35 que más tarde tuvieron que adaptarse a la estricta observancia
que impusieron las reformas tridentinas.
En efecto, durante el siglo XVII, la fuerte impronta de la Contrarreforma
se hizo especialmente viva en toda la Península, y también la explicación del
lulismo, sobre el que los dominicos plantearon serias dudas desde las obras
de Eimeric,36 quedó reducido al Estudio General de Mallorca y a la rama de
los Franciscanos observantes.37 A principios del XVII, se creyó que los domi-
nicos removerían sus obstáculos contra el Estudio General Luliano si podían
participar en él. A tal efecto, el mercader Gabriel Riera fundó tres cátedras de
tomismo, las vinculó a la Orden de Predicadores y las dotó económicamente.
Las cátedras dotadas por Gabriel Riera eran una de Artes y dos de Teo-
logía tomista (de prima y de vísperas). El 17 de febrero de 1620 el mercader
asignó una renta perpetua anual de 300 libras en moneda de Mallorca para
que se pagasen a los profesores.38 Puso la condición de que las enseñanzas

34 PÉREZ MARTÍNEZ, Lorenzo: “El maestro Daguí y el lulismo mallorquín de fines del
siglo XV”, p. 291 y ss.
35 Así lo recoge ROSSELLÓ ADROVER, Pedro.: La Orden de Predicadores…, p. 125.
36 Actualmente, la obra de Nicolau Eimeric ha quedado en entredicho, ya que la

rigurosa investigación sobre sus acusaciones ha demostrado que el inquisidor falsificó


las obras de Ramon Llull. Sobre esta cuestión, véanse los trabajos recopilados en MU-
ZZI, Sara (ed.): Da Raimondo Lullo a Nicolau Eimeric…
37 CARRERAS ARTAU, J. Y T.: Historia de la filosofía española. Filosofía cristiana de los siglos

XIII al XV, p. 271.


38 BPM: Ms. 24, ff. 62-66.
174

debían impartirse en el Estudio General y que debían profesarlas los frailes


dominicos del Real Convento de Santo Domingo de Palma de Mallorca. La
Orden de Predicadores debía escoger entre los religiosos del convento los can-
didatos más adecuados y, en el caso de no haberlos, Riera dispuso que pu-
diesen escogerse otros miembros de los demás conventos de la isla. En defecto
de candidatos aptos, se preveía la posibilidad de que pudiesen profesar otros
miembros de la Provincia de Aragón.
Como puede verse, para Riera lo importante era que los dominicos
pudiesen leer públicamente en el Estudio General. El curso de Artes era bie-
nal, mientras que las cátedras de teología eran de carácter perpetuo. La fun-
dación establecía que el elector de los profesores fuese, mientras viviese, fray
Bartomeu Reus,39 mientras que a la muerte de éste fuese por elección del prior
del Convento de Santo Domingo, de los maestros, de los catedráticos del Es-
tudio y de los lectores conventuales de Teología.
Los Jurados de la Ciudad y Reino de Mallorca se comprometieron a
aceptar que dichas cátedras pasasen a tener rango universitario y que todos
los estudiantes que quisiesen pudiesen acceder a las enseñanzas filosófico-
teológicas en el seno del tomismo, impartidas por religiosos dominicos. Los
Jurados, conociendo los problemas que se habían suscitado desde la funda-
ción de las cátedras de lulismo y buscando la conciliación de los dominicos
con la doctrina propia de la Universidad, establecieron una reserva a favor del
lulismo:

Ab assò emperò que no se impedesca ni destorba la lectura de la doctrina


del il·luminat doctor y mestre Ramon Llull, no molesten ni inquieten, ni per-
turben los doctors que ligen la sua doctrina ni los estudiants que la voldran
ohir.
Lo que los pares de predicadors prometen guardar ab molta puntualitat
y honrar dita doctrina y los afectats a ella ab moltas veras.40

39 SANTAMARÍA, Álvaro: La promoción universitaria en Mallorca, p. 276, transcribe “Bar-


thomeu Rem”. El texto es de lectura difícil, pero yo interpreto que se trata de fray Bar-
tomeu Reus, a la sazón profesor de Artes y de Teología del Convento. Algunos datos
sobre su vida pueden verse en ADROVER ROSSELLÓ, Pedro: La Orden de Predicadores…,
pp. 152-153.
40 BPM: Ms. 24, f. 66: “Con ello, sin embargo, que no se impida ni se estorbe la lectura

del iluminado doctor y maestro Ramon Llull, no molesten ni inquieten, ni perturben


los doctores que leen su doctrina ni los estudiantes que la quieran leer. Lo que los
175

Con la conciliación del lulismo y del tomismo, se inició un período de


relativa calma, ya que los dominicos habían conseguido el reconocimiento
universitario de su doctrina, que podía ser expuesta de manera pública con
rango universitario. En 1626 se dotaron otras cátedras en la plantilla de la Uni-
versidad, con profesores de Teología, Leyes y Cánones, aunque sólo las cáte-
dras de tomismo y de lulismo mantuvieron continuidad hasta que la Univer-
sidad entró en pleno funcionamiento.41
Cabe concluir, por tanto, que a partir de 1626 los dominicos vieron reco-
nocida su brillante actividad docente con tres cátedras universitarias, extremo
que permitió la homologación del Convento de Palma con otros de los más
destacados conventos de la Corona de Aragón (principalmente, Valencia, Za-
ragoza y Barcelona), al tiempo que con las Universidades de Orihuela y
Tortosa. Con ello, las autoridades premiaban su prestigio y al tiempo busca-
ban las vías de coexistencia entre el lulismo y el tomismo.

3. De las cátedras universitarias a la Universidad (1626-1692)


El Convento de Santo Domingo desde 1626 tuvo una serie de cátedras
anexas al Estudio General, con lo que se enfatizaba más la dimensión pública
de su enseñanza.42 Sin embargo, la formación conventual completa exigía que
hubiera una serie de cursos complementarios de artes, filosofía y teología. Por
esa razón, a partir de 1626 hubo una serie de maestros que tuvieron el encargo
de desempeñar esas cátedras y otros que se ocuparon del resto de la docencia.
De ahí la importancia del Regente de Estudios, responsable del buen funcio-
namiento de la escuela conventual.
Para aliviar las tensiones entre la comunidad y el superior, a lo largo de
la centuria se asentaron los capítulos provinciales como lugar adecuado para
determinar la promoción interna académica de los religiosos (lectores, pre-
sentados y maestros). La distribución de las cátedras no siempre respetó el
orden en la jerarquía, pues no eran pocos los que catedráticos que querían
desvincularse de labores docentes, para dedicarse al estudio, a la predicación
o a otras labores eclesiásticas. Durante el último tercio de la centuria se favo-
reció que las plazas se dieran por rigurosa oposición, de modo que sólo se
presentasen a ella los concurrentes que quisiesen. Al final, por los desajustes

padres predicadores prometen guardar con mucha puntualidad y honrar dicha


doctrina y los afectos a ella con mucha verdad”. [La traducción es mía].
41 SANTAMARÍA, Álvaro: La promoción universitaria en Mallorca, pp. 280-294.
42 BPM: Ms. 42, f. 186.
176

entre los intereses de los miembros de la comunidad, debía ser el superior del
convento quien decidiese la distribución de las cátedras y de los lectorados.
En el capítulo celebrado en 1629 en el Convento de Santa Catalina de
Barcelona se designó como regente de estudios del convento mallorquín a Al-
bert Esteve, lectores de teología a Antoni Costa y Benet Ferrer, así como maes-
tro de estudiantes para el bienio a Sebastià Seguí. Nombróse también lector de
artes a Joan Gacies.43 En 1631 se celebró capítulo en Valencia y se nombró
regente a Antoni Costa, maestro, para un trienio. Albert Esteve, asimismo
maestro, fue lector de teología, Pere Buades fue maestro de estudiantes expleto
biennio, junto con Tomàs Pons, mientras que Ramon Vicenç Maimó sería el
lector de artes.44
En Zaragoza se celebró capítulo en 1636 en el que fue nombrado regente
Agustí Salvador, lector primero Sebastià Seguí, lector de textos de Santo To-
más Pere Buades, se designó maestro de estudiantes a Juan Campins45 cuan-
do Tomàs Pons concluyese su bienio, mientras que Miquel Serralta fue de-
signado lector de Artes.46 No se poseen las actas de los capítulos siguientes,
hasta el celebrado en Valencia en 1645, en el que se nombró lector de Teología
a Miquel Serralta, maestro de estudiantes a Joan Montblanc y lectores de Ar-
tes a Antoni Mateu47 i Antoni Ferrà.48
En 1649 se volvió a celebrar el capítulo en Zaragoza, que nombró lector
de Artes, expleto cursu a Antoni Gacies, se confirmó a Miquel Domingo Mira-
lles como maestro de estudiantes y se determinó que Antoni Mateu profesaría
si vacaba alguna lección de teología. Se determinó también que Rafael Manera
sería el maestro de estudiantes.49 En el capítulo de 1653, celebrado en la Ciu-
dad Condal, se nombró regente a Jeroni Vicenç Maimó,50 lector de primera a
Rafael Manera, se determinó que Miquel Miralles cubriese la segunda vacante
de teología, se nombró maestro de estudios a Antoni Gacies y lector de artes a
Josep Vallespir.51 Se empezó a afianzar en este momento, siguiendo las ideas
de los Capítulos Generales, la estructura interna de la orden (lectores, presen-

43 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 97.


44 Ibid, f. 114v.
45 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La Orden de Predicadores…, p. 157.
46 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 126v.
47 Se conserva el curso de filosofía que dictó (BPM: Ms. 827).
48 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 141v.
49 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 157v.
50 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La Orden de Predicadores…, p. 148.
51 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 172.
177

tados y maestros) como forma de organización académica. De esta forma, los


conventos tendrían más autonomía para distribuir las tareas docentes de
acuerdo con los rangos que la propia orden establecía. Así, por ejemplo, en el
capítulo de Barcelona de 1653 se nombró maestro a Jeroni Vicenç Maimó y a
Pere Buades, y presentados a Ramon Vicenç Maimó, Joan Monblanc, Miquel
Serralta y Joan Llompart.52
En el capítulo de Valencia celebrado en 1657, siendo Sebastià Seguí
maestro y prior de Santo Domingo, fueron instituidos maestros Joan Campins
y a Bartomeu Mora,53 y presentados Antoni Mateu y otro religioso llamado
Bartomeu Mora.54 El maestro Mora, un destacado profesor natural de la villa
de Porreres, fue catedrático durante veinte años en la Universidad de Orihue-
la, de la que fue Rector en 1660.55 Regresó al convento de Palma,56 ya mayor,
para ocupar la regencia de estudios y escribir su obra magna.57
En los capítulos celebrados en Zaragoza (1661) y en Barcelona (1665) no
se establecieron nombramientos docentes estables. De hecho, a partir de en-
tonces los capítulos se limitaron a establecer los grados internos y a defender
que se estableciesen oposiciones para acceder a las cátedras reservadas y que
el provincial, los definidores y los priores decidiesen la distribución de los
cursos. Los nombramientos fueron mucho más preciosos para los predicado-
res generales, notarios, examinadores de libros…
Esta misma idea quedó manifiesta en el capítulo de Valencia de 1669, en
el que fueron nombrados maestros Antoni Barceló58 (sustituyendo a Domingo
Beltran, difunto), y Antoni Gacias59 (sustituyendo al también difunto Joan
Momblanch).60 Fueron aceptados como presentados Domingo Maimó por
Antoni Mateu, difunto; Domingo Orgaz, Pere Roig61 y Josep Ortiguez por el
lugar dejado por Antoni Barceló, y Miquel Albertí por el lugar dejado por

52 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 172v.


53 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La Orden de Predicadores…, pp. 148-149.
54 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 187v.
55 Véase MARTÍNEZ GOMIS, Mario: La universidad de Orihuela (1610-1807): un centro de es-

tudios superiores entre el Barroco y la Ilustración, p. 316.


56 Algunos datos sobre Mora se encuentran en sus aprobaciones de Fray Salvador For-

nari i Peretó, Sermones Varios, Palma, Pedro Antonio Sastre y Miguel Capó, 1688, s.f.
57 Autor de Biblia Eucharistica (BPM: Ms. 547-549, 1690, 3 tomos).
58 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La Orden de Predicadores…, p. 159. Se conserva un curso

de filosofía y uno de teología, véase BPM: Ms. 853.


59 Se conserva un curso de filosofía que impartió, véase BPM: Ms. 653.
60 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 167.
61 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La Orden de Predicadores…, p. 160.
178

Antoni Gacias. Se aceptaron como presentados a Antoni Mestre y a Antoni


Moya.62
En el capítulo de Zaragoza de 1674, siendo Bartomeu Mora prior de
Palma, se nombró maestro a Vicente Maimó63 y presentados a Antonio Mes-
tre, Miquel Albertí, Cristòfol Socias y a Rafel Andreu.64 En el capítulo de
Barcelona celebrado en 1676, siendo prior Antoni Barceló, se instituyó lector
de Teología a Tomàs Gomila65 y maestro de Estudiantes a Guillem Homar, al
tiempo que se establecieron provisiones para oposiciones y concursos.66
Más precisa es la información del Capítulo de Valencia de 1680, que se
celebró siendo Josep Artigues67, prior de Santo Domingo. Junto con Miquel
Albertí, Artigues fue nombrado maestro68 y fueron instituidos lectores Vicen-
te Pellicer, Pere Poquet, Pere Gomila, Antoni Cladera, Bernadí Arades i
Miquel Miralles.69 En el capítulo celebrado en Zaragoza en 1684, siendo prior
de Santo Domingo el presentado Domingo Martí, defendió conclusiones el
diácono Agustín Pipia,70 natural de Cerdeña, que con el tiempo llegaría a ser
Maestro General de la Orden de Predicadores y Cardenal,71 quien pidió al
capítulo ser afiliado al convento de Santo Domingo.72 Se instituyó presentado
a Miquel Miralles,73 y se llevaron a cabo muchas disposiciones más.
En el capítulo de 1686, celebrado en Barcelona siendo definidor Antoni
Barceló, prior de Santo Domingo, fueron instituidos presentados Joan Baptista
Femenia74 y Rafael Socias.75 Antoni Barceló desempeñó durante muchos la
cátedra de prima de tomismo y era muy querido por sus discípulos. Era un

62 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 168v.


63 Ibid, f. 232.
64 Ibid, f. 233.
65 Ibid, f. 250v. De Gomila se conserva su Opusculum morale, continens deffinitiones

pertinentes ad Theologiam moralem… (BPM: Ms. 261).


66 Ibid, f. 251.
67 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La Orden de Predicadores…, p. 160.
68 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 285v.
69 Ibid, f. 286v.
70 Ibid, f. 303v.
71 Véase RAMIS BARCELÓ, Rafael: “Fray Agustín Pipia y la Universidad Luliana y Lite-

raria de Mallorca”, pp. 177-199.


72 Actas de capítulos generales dominicos…, f. 307.
73 Ibid, f. 306.
74 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La Orden de Predicadores…, p. 147.
75 AHN: Códices, L.574, Actas de capítulos generales dominicos de la provincia de Aragón,

Vol. 2, f. 154v.
179

representante del tomismo más ortodoxo, que no se valía de resúmenes y de


epítomes, sino de una explicación directa de la obra de Santo Tomás.76 Barceló
era discípulo, a su vez, del ya citado Domingo Amengual, autor de un co-
mentario a la I-II de la Summa Theologica.77
En el capítulo de 1690, llevado a cabo en la ciudad del Turia, siendo
Antonio Pons78 definidor y prior de Santo Domingo, se resolvió que el pro-
vincial decidiese quien debía ocupar las plazas vacantes.79 Pons, maestro en
teología, catedrático de Prima y calificador del Santo Oficio80 fue prior varias
veces del Real Convento. Resultó un personaje decisivo en los conflictos de su
época, procurando evitar la discordia entre las diferentes facciones y tenden-
cias eclesiásticas.
La docencia en el Convento dominicano de esta época estuvo fuerte-
mente influida por la labor contrarreformista y, sobre todo, una contraposi-
ción a las doctrinas escoto-lulianas de los franciscanos y el clero secular. El
rígido tomismo, literal y sin ningún apoyo en Cayetano, Vitoria o Soto era de-
bido a su confrontación doctrinal con el escoto-lulismo que en la misma época
propugnaban franciscanos ilustres como Francesc Marçal o Josep Hernán-
dez.81 Mientras cada religión tenía su doctrina y cada convento era indepen-
diente, no existieron mayores problemas. Las dificultades empezaron cuando
tuvieron que convivir en el marco ideológico de la Universidad Luliana.

4. La institución de la Universidad en 1692:


Apogeo del Convento y primeros conflictos antilulistas.
A partir de 1691, una vez recibidos los privilegios reales y pontificios, la
Universidad Luliana y Literaria de Mallorca tuvo la potestad para colacionar
grados. El convento de Santo Domingo continuó con las tres cátedras Riera, y
no pocos fueron los dominicos que concursaron a otras plazas de concurso li-
bre. La influencia del Convento de Santo Domingo se acrecentó nuevamente,

76 Se conservan un Tractatus de visione Dei y unos Commentaria in universam Aristotelis


logicam (BPM: Ms. 853).
77 Se conservan sus Comentarii in primam secundae Angelici Magistri Divi Thomae Aqui-

natis (BPM: Ms. 65-68).


78 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La Orden de Predicadores…, p. 160.
79 Actas de capítulos generales dominicos…, Vol. 2, f. 169v.
80 Estos datos se encuentran en la Aprobación de Sermón fúnebre en las exequias de la

Serenisima Reyna de España…, Palma, Guasp, 1689, s.f.


81 Véase RAMIS BARCELÓ, Rafael: “Un esbozo cartográfico del lulismo universitario y

escolar en los Reinos Hispánicos”, p. 90.


180

gracias a los numerosos profesores que pasaron a leer en la Universidad. El


convento siguió con unos cursos de humanidades, artes y teología, pero las
crónicas han recalcado sólo las cátedras universitarias y los cursos regulares,
pues los demás tenían un carácter más provisional y menos destacado en los
capítulos provinciales. Mientras que las cátedras conventuales solían durar
cuatro años, las cátedras de Prima y Vísperas de Teología eran perpetuas y la
de Filosofía era bienal.
Este hecho generó problemas cuando empezaron las clases en la Uni-
versidad, puesto que en ella el ciclo filosófico era trienal y la Universidad les
obligó a adaptar su plan de estudios. Los dominicos no aceptaron la duración
trienal y alegaron frente a la Real Audiencia que su curso tomista era bienal.
La Real Audiencia falló a favor de los dominicos, pero la Universidad recurrió
ante el Monarca, quien revocó la sentencia y ordenó que el curso bienal se
adaptase a la duración trienal prescrita en la Universidad.82
Parece ser que hasta la institución de la Universidad, los diferentes pro-
fesores de cada convento se repartían las materias. Se conservan, por ejemplo,
los apuntes del estudiante Antonio Domenge, en la que se encuentran los
diferentes tratados del curso 1688-1689.83 Los profesores eran Martí Serra,
Ramon Mora, Joan Morey84 y Bartomeu Domenge, que también profesaron
en la Universidad. Agustí Pipia dictó en la cátedra universitaria de Prima
durante los cursos 1692-1693 y 1693-1694 y hay constancia de que dictó en la
misma cátedra, como mínimo, desde el curso 1691-1692 (que todavía formaba
parte del Estudio General).
En las Constituciones de la Universidad, publicadas en 1697, se establecía
el reparto de las materias propias de cada cátedra. Los catedráticos de Prima
de Teología debían leer De Providentia et Predestinatione, De Actibus Humanis,
De Fide, y De Incarnatione, así como otros tratados tales como De Visione, De
Voluntate, De Auxiliis, o De Spe et Charitate. Por su parte, los catedráticos de
Vísperas tenían que leer De Essencia, De Atributis, De Trinitate, De Scientia Dei y
De Gratia, Iustificatione et Merito, así como los tratados sobre De Angelis, De
Pecatis o De Eucharistia. Además, si el tiempo lo permitía, el catedrático de Pri-
ma podía leer temas correspondientes a la cátedra de Vísperas y viceversa.85

82 AHUIB: Graus desde 1693 ad 1696, f.120v.


83 Véase BPM: Ms. 834.
84 Se conservan unos apuntes de 1692 de las lecciones de Ramon Mora y Joan Morey,

BPM: Ms. 634.


85 Constituciones, Estatutos y Privilegios de la Universidad Luliana del Reyno de Mallorca,

Palma, Imprenta de Guasp, 1698, Tít. XXIII.


181

El primer titular de la cátedra de Prima fue Fr. Agustín Pipia, que sólo
pudo leer el Tractatus de providentia, praedestinatione et reprobatione del curso
1693-1694,86 ya que a principios de 1694, fray Antoni Pons, su antiguo for-
mador y a la sazón Prior del Real Convento de Santo Domingo, quiso que le
acompañase al Capítulo General de la Orden de Predicadores que debía
celebrarse en Roma ese año. Le sustituyó provisionalmente Josep Salas87 y,
más tarde, Joan Morey. Salas fue posteriormente el titular de la cátedra de
Prima,88 mientras que la cátedra de Vísperas la ocupó Ramon Mora, que había
enseñado artes en el Convento Dominicano.89 La cátedra de Artes que com-
pletaba la dotación del mercader Riera la ocupaba Jacint Guardiola.90
En 1692 se creó otra cátedra de teología tomista para reforzar la forma-
ción en los textos de Santo Tomás. Ésta debía proveerse por libre oposición
entre el clero secular y el regular. En las Constituciones se explicitaba que eran
hábiles para presentarse a ella los formados en los conventos “del Carmen,
San Agustín, la Merced y los Mínimos”.91 Es una señal inequívoca de la ascen-
dencia que tenía el Convento de Santo Domingo sobre ellos. Por su gran
formación, durante muchos años dicha cátedra también religiosos del con-
vento de Santo Domingo. Su primer titular fue Josep Deyá que leyó hasta
1729, año de su renuncia.92
La aptitud intelectual del convento se manifestó también en que las
cátedras que eran provistas por libre oposición fueron detentadas a finales del
XVII por dominicos del Real Convento. Por ejemplo, Fray Tomàs Barceló93
fue catedrático de Retórica desde 169094 y Martí Serra fue catedrático de Sa-
grada Escritura hasta 1699. La principal labor intelectual de Serra fue la de
escribir tratados antilulianos, abarcando en esta faceta todos los géneros. De

86 BPM: Ms. 891, ff. 1 y ss. Posiblemente este tratado, pese a su interés, ha pasado
inadvertido porque su autor aparece citado como Agustín “Pipla” y este hecho tal vez
dificultaba su localización.
87 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La Orden de Predicadores…, p. 150.
88 AHUIB: Graus desde 1696 ad 1703, 48v-49.
89 BPM: Ms. 42, f. 22.
90 Véase AHUIB: Legajo 5, s.n.
91 Constituciones, Estatutos y Privilegios…, p. 135.
92 BPM: Ms. 42, f. 68.
93 ROSSELLÓ ADROVER, Pedro: La Orden de Predicadores…, p. 235. Se conserva su obra

Reglas del cómputo eclesiástico, explicadas en prosa y compendiadas en verso (BPM: Ms. 129),
unos Commentaria in Naturalem Philosophiam, iuxta D. Thomae Aquinatis doctrinam (BPM:
Ms. 147) y otras obras de retórica (BPM: Ms. 477, 478, 536).
94 BPM: Ms. 42, f. 92v.
182

hecho, se conservan numerosos tratados suyos, en los que se encuentran tanto


exposiciones antilulianas de corte académico, como libelos infamatorios y sá-
tiras.95 Fray Josep Agramunt, célebre erudito valenciano, fue catedrático de
hebreo, aunque tuvo que suspender las clases por falta de alumnos.96
Los comienzos de la docencia universitaria no fueron fáciles, pues en
múltiples Facultades hubo problemas de competencias. Mientras que la Fa-
cultad de Leyes y Cánones se mantuvo en cierta armonía, las de Artes y Filo-
sofía y, sobre todo, las de Medicina y Teología sufrieron grandes convul-
siones. La más destacada, tal vez, fue el atentado antiluliano contra la es-
tatuilla de Ramon Llull.97 A la sazón, el plato de las limosnas de los estudian-
tes, conservado en el aula de Teología Luliana, tenía encima una pequeña
estatua de madera representando a Ramon Llull, adornada con rayos.
Esta estatua fue robada el 6 de junio de 1699,98 y no se pudo detener el
autor del hurto.99 La mañana del 12 de junio, hacia las siete, Josep Mateu i
Ripoll, catedrático de Lulismo, se dirigía a impartir su lección. Al entrar en el
edificio de la Universidad, se encontró su discípulo el licenciado Francesc Sas-
tre, quien le entregó unos fragmentos de la estatua, concretamente la cabeza
(sin los rayos que la adornaban), las manos, tres partes del manto, y algunos
trozos de la peaña. En un fragmento se halló la inscripción “Inter Hereticos
Locum”, escrita con tinta negra. Además de estos fragmentos, se halló también
el cuchillo usado en el sacrilegio.100 Poco después, hacia las ocho de la
mañana, el resto de fragmentos de la estatua de Ramon Llull aparecieron,
igualmente destruidos, en el convento de San Francisco, concretamente en la
puerta de la celda de Fr. Jaume Capdebou, catedrático de filosofía escotista.
El hecho generó una gran conmoción en toda la Universidad, que
informó al Obispo, a los Jurados101 y al propio Virrey,102 pidiéndoles que

95 Muchos de sus numerosos tratados antilulianos se encuentran en la BPM: Ms. 759-


771, 805, 834, 891, 1291, 1299-1300.
96 ARM: EU, Extraordinari de 1690 a 1695, f. 202.
97 Sobre este tema, véase CASSANYES ROIG, Albert y RAMIS BARCELÓ, Rafael: “El

atentado antiluliano de 1699 en el marco ideológico de la Universidad de Mallorca”,


pp. 141-165.
98 AHUIB: Univ. Libro 5. Lomo: Reales Órdenes y Decretos desde 1698 hasta 1761, f. 8.
99 Véase la exposición general de PÉREZ MARTÍNEZ, Lorenzo: “Un nuevo texto acerca

de un atentado contra el culto de Ramón Llull”, pp. 333-359.


100 AHUIB: Univ. Libro 19. Lomo: Matrículas 1694 a 1713, f. 31.
101 Los Jurados decidieron incluso denunciar el caso al Tribunal de la Inquisición.

ARM: EU. Extraordinari de 1695 a 1700, ff. 266-269.


183

escribieran al monarca explicándole aquellos hechos.103 El mismo día se


reunieron en sesión extraordinaria, los Jurados de la Universidad, Ciudad y
Reino de Mallorca, y una Junta de Teólogos considero que aquél era un acto
“detestable”.104
Poco después, fueron detenidos los estudiantes de la opinión tomista
Marc Antoni Llodrà y Bartomeu Oliver, considerados autores del robo y des-
trucción de la estatua de Ramon Llull, en virtud del testimonio de Francesc de
Togores. Desde siempre, los dominicos habían defendido postulados con-
trarios al lulismo, y, de hecho, habían intentado que la Universidad Literaria
no fuera aprobada por el monarca. Como medida de menosprecio contra el
orden dominico, los Jurados decidieron no asistir más en actos en el convento
de Santo Domingo.105 Por su parte, los dos estudiantes fueron encerrados en
las cárceles reales.106 Por este delito fue encarcelado asimismo el acólito Bal-
tasar Calafat, declaradamente protomista.107
El 17 de abril de 1700 los Jurados se enteraban de que en la Ciudad
corrían de mano en mano escritos contrarios a Ramon Llull.108 Se determinó
que debía esclarecerse si el autor era religioso y debía darse cuenta inmedia-
tamente al rey de los hechos. Al día siguiente, el 18 de abril se daba por
seguro que aquellos papeles habían salido de la pluma de los dominicos y los
Jurados decidieron por mayoría que debían aplicar lo dispuesto por el Gran i
General Consell en cuanto a la actitud de los religiosos en los actos públicos.109
La autoría de Fray Martí Serra,110 antilulista visceral, estaba fuera de toda
duda, pero se consideraba que el Convento de Santo Domingo era también

102 Se solicitó al Virrey que llevara a cabo todas las diligencias posibles destinadas a la
detención y castigo de los responsables. AHUIB: Univ. Libro 19. Lomo: Matrículas
1694 a 1713, f. 36v.
103 El concilio general exhortaba el virrey a solicitar al rey el destierro de los culpables

del sacrilegio del Reino de Mallorca. AHUIB: Univ. Libro 19. Lomo: Matrículas 1694 a
1713, f. 46.
104 ARM: EU. Extraordinari de 1695 a 1700, ff. 260v-261v.
105 Ibid, ff. 327v-328.
106 AHUIB: Univ. Libro 19. Lomo: Matrículas 1694 a 1713, ff. 31-36v.
107 Sobre Calafat, véase DÍAZ VILLALONGA, Ramon: “Baltasar Calafat i Danús: un eru-

dit, escriptor i antilul·lista del segle XVIII”, pp. 165-180.


108 ARM: EU. Extraordinari de 1695 a 1700, f. 326.
109 ARM: AGC-68, Actes del Gran i General Consell, f. 247.
110 Sobre Serra, vid, Véase DÍAZ DÍAZ, Gonzalo: Hombres y documentos de la filosofía es-

pañola, pp. 291-292. Sobre Serra debe consultarse PÉREZ MARTÍNEZ, Lorenzo: “Datos
sobre el antilulismo del dominico Fray Martín Serra (†1715)”, pp. 62-77.
184

corresponsable de no atajar el antilulismo imperante. Los Jurados, dolidos por


las ofensas contra el Beato, invitaron el 28 de abril al Cabildo catedralicio a
que tomase postura frente a la actitud de los dominicos.111 El mismo día el
Cabildo se pronunció diciendo que no acudiría ni al convento ni a iglesia
donde predicase un dominico ni a actos de conclusiones de aquella religión.
La relación entre los Jurados, el Cabildo y la Universidad pasó por un
momento grave, que sólo pudo ser calmada en las décadas sucesivas. La paz
entre los Jurados, el Obispo, las órdenes religiosas y los dominicos no se res-
tableció sino por mor del miedo que tenían los hijos de Santo Domingo. Pese a
su negativa a las fiestas y al culto luliano, el atentado de 1699 y sus conse-
cuencias marcó una explosión de violencia que estuvo larvada durante mu-
cho tiempo, pero que volvería a resurgir con el segundo proceso diocesano y
los sucesos del Te Deum de 1750, que pusieron de manifiesto nuevamente las
tensiones entre los dominicos y las instituciones mallorquinas.112

Conclusiones
El convento de Santo Domingo de Palma atravesó durante el XVII una
época de renovado esplendor, revalidando la posición singular que había te-
nido ya en los siglos XIII a XV. Después de la crisis de la enseñanza escolástica
que supuso el humanismo del XVI, en el XVII esta casa dominicana volvió a
ocupar el lugar preeminente a través de su ascendencia sobre algunos con-
ventos y, sobre todo, por su progresiva incorporación al Estudio General.
Las actas capitulares de comienzos de la centuria son mucho más
parecidas a las de los siglos anteriores, en las que el capítulo determinaba con
claridad los puestos docentes en la escuela conventual. Con la incorporación a
la Universidad, y siguiendo las tendencias de los capítulos generales de la
Orden, en la Provincia de Aragón se instituyeron sólo los grados internos.
Frente a los conventos de Valencia, Barcelona o Zaragoza, el convento
de Palma sólo pudo participar de la docencia universitaria en el siglo XVII.
Con la fundación de las cátedras Riera, los dominicos pasaban a regentar unas
cátedras anexas a la Universidad pensadas específicamente para ellos. Tal
situación singularizaba especialmente al convento palmesano, y lo situaba a
medio camino entre los conventos-universidad dominicanos de la Provincia
(Orihuela, Solsona, Tarragona, Tortosa) y los de las grandes ciudades con se-
de universitaria municipal.

111ARM: EU. Extraordinari de 1695 a 1700, ff. 331-332.


112Véase RAMIS BARCELÓ, Rafael: “Pasquines de lulistas y antilulistas en 1750: (Biblio-
teca Pública de Palma, ms. 1146)”, pp. 285-300.
185

Desde 1692, los dominicos participaron activamente en la recién fun-


dada Universidad Luliana y Literaria de Mallorca. Regentaron no sólo las
cátedras que les estaban asignadas y reservadas, sino que vencieron en mu-
chas de las oposiciones para las cátedras comunes a seculares y a regulares. Su
negativa a la figura, obra y culto de Ramon Llull se hizo cada vez más notoria.
Su tomismo acérrimo y literal, explicado de memoria, fue el bastión contra el
lulismo y contra la síntesis escoto-luliana propugnada por los franciscanos.
A finales del XVII, la población empezó a estar dividida entre lulistas y
antilulistas, una lucha que se prolongó abiertamente durante el siglo XVIII. El
convento de Santo Domingo, reconocido unánimemente como casa del saber,
empezó a estar en una situación delicada a finales del seiscientos, pues buena
parte del clero secular y casi todo el clero regular estaba en contra de sus opi-
niones.
El atentado antiluliano de 1699 marcó un momento decisivo en el con-
vento, cuya confrontación con jesuitas y franciscanos fue cada vez más noto-
ria. Sin duda, los dominicos durante el XVII fueron protagonistas del saber
eclesiástico del momento, pero el enrarecido ambiente de Mallorca hizo que
su predominio cultural no acabase de cuajar. Las continuas confrontaciones
durante el XVIII y el peso que los dominicos tuvieron en el Tribunal de la In-
quisición coadyuvaron a que la desamortización del convento estuviese re-
matada por su rápida e insensible demolición, fruto de la inquina que buena
parte de la sociedad mallorquina sentía hacia ellos.
El análisis histórico ayuda a examinar críticamente la actitud de los par-
tidarios de Llull y sus excesos, así como los que cometieron los dominicos. El
Convento de Santo Domingo, pese a la dispersión y desaparición de muchas
fuentes directas, pide a gritos un estudio exhaustivo de su trayectoria, que
ayudaría a aclarar muchos hechos sucedidos a la sazón en Mallorca y acabaría
por fijar el verdadero lugar del Convento de Palma en el marco de la Pro-
vincia de Aragón. Estas páginas sólo han sido un rápido resumen de algunas
de las relevantes cuestiones que deberían examinarse en estudios más
detallados.

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