Notas sobre tensiones y contradicciones entre el Capitalismo y la Democracia siguiendo los
planteos de E. M. Wood:
Lo que hicimos al inicio de la clase fue presentar a la autora. Luego contextualizamos su
planteo sobre la democracia liberal / representativa en el marco de la crisis de
representación (política) a nivel global que se observaba en el momento en que ella escribe
(año 2000).
Pusimos el acento en que se trata de una crisis que, inclusive, nos atraviesa en el presente.
Dicha crisis de representación política, dijimos, en nuestro país se expresó en los sucesos de
diciembre de 2001 (mencionamos la consigna que por esos días se expresaba en las calles:
“que se vayan todos”).
Señalamos también que abarcaba a los partidos políticos, a los sindicatos, al mismo Estado
en tanto monopolio en la representación de lo social. Podríamos decir que, en el presente, lo
que estamos viviendo es una crisis multi institucional que abarca no sólo a los partidos
políticos, también al Poder Judicial, a los medios de comunicación hegemónicos, que
dejaron de ser fuentes de información confiables.
Los conceptos que trabajamos a lo largo de la clase son los siguientes:
Partimos de la base de analizar la forma de organización política que emerge en Europa con
el advenimiento del Capitalismo.
Señalamos dos trayectorias históricas en los que emerge esta nueva forma de democracia
(moderna / democracia liberal / representativa):
Democracia parlamentaria (Inglaterra, a mediados del siglo XVII, Rev. de Cromwell).
Democracia representativa (Estados Unidos, a fines del siglo XVIII).
Todo su planteo apunta a explicar cómo se configuró la democracia formal, es decir, como
se construye una forma de igualdad cívica que coexiste con la desigualdad económica y
que, a grandes rasgos, constituye la forma actual de democracia (liberal o representativa).
Además, analizamos el concepto de Democracia Sustantiva que remite a la experiencia
histórica de la Democracia Ateniense.
Además, en la clase señalamos que en las democracias liberales los derechos políticos se
circunscriben, fundamentalmente, al sufragio universal.
La idea sería que podamos visualizar que la restricción a los derechos políticos (cuando
éstos se limitan al sufragio universal y no abarcan el ejercicio del poder popular), provoca
la exclusión de la mayor parte de la población del acceso a derechos (sobre todo a los
derechos sociales).
Dijimos también que la llegada del Capitalismo (luego de recorrer brevemente la transición
del feudalismo al capitalismo) provoca una relación nueva entre esfera económica y esfera
política que se va a expresar en la devaluación de los derechos políticos. En términos
históricos, la Rev. de Cromwell en Inglaterra, a mediados del siglo XVII expresa el proceso
de luchas que provocará un desplazamiento del poder monárquico a manos de sectores de la
aristocracia feudal, que ocuparán el espacio político que se configura bajo ese mismo
proceso histórico. Este espacio político presentará ya algunas de las características centrales
de la forma de democracia moderna: limitación al poder del Estado (en este caso se trata del
límite al poder de la monarquía), una serie de libertades individuales, el derecho de
propiedad y el mecanismo de la representación. Explicamos también que, en ese proceso
histórico, las clases subalternas (el campesinado) no es reconocida como un sujeto político,
quedando por fuera de lo que se va configurando como “nación política exclusiva” que
constituye el ámbito en el que se elige a los representantes, se debate y se toman las
decisiones de orden político. El tipo de ciudadanía que corresponderá a esta configuración
incluye a hombres ilustrados y grandes propietarios de tierras.
Vamos despacio:
Como dijimos, esto obedece a procesos históricos que provocan cambios estructurales muy
complejos que podemos ubicar en Europa occidental a mediados del siglo XVII, procesos
vinculados a una paulatina separación entre esfera económica y esfera política.
Por otra parte, la autora hace referencia al concepto de democracia sustantiva y toma como
ejemplo histórico a la democracia griega. Porqué: porque identifica allí una peculiaridad
que radica en que las clases populares (no propietarias … ) ejercen derechos políticos
participando en la asamblea pública de aquellas cuestiones que hacen a los destinos de la
comunidad. Este ámbito involucra a todos los estamentos sociales y la participación de las
clases subalternas se traduce en límites a la explotación económica.
Respecto de la Democracia Griega tenemos que aclarar varias cuestiones: auqnue existe la
esclavitud, no sería adecuado caracterizar a Atenas exclusivamente, como una comunidad
con una elite dominante que oprime a una mayoría de esclavos. Si bien, ni los esclavos, ni
las mujeres eran reconocidos como sujetos políticos, esta formación social presentaba un
dinamismo económico social que no se observa en otros pueblos de la misma etapa
histórica. La autora identifica allí un rasgo distintivo en referencia al “ciudadano
campesino”. Y lo denomina de este modo porque ese campesino, no propietario, trabajador
pobre, etc., ejercía derechos políticos. Como lo hacía: participando, como dijimos antes, en
los ámbitos públicos en los que se discutía sobre aquellas cuestiones que involucraban a
toda la comunidad, en particular, el cobro de impuestos. Y muchas veces, de este modo, las
clases no propietarias lograban poner límite a la explotación económica.
Wood toma como referencia esta experiencia histórica de la Antigüedad como contrapunto
para identificar con mayor profundidad la “naturaleza” de la nueva forma de democracia
que surge con la instauración progresiva del Capitalismo (desde mediados del siglo XVII
en adelante). Y va a poner el foco, sobre todo, en la distribución de los derechos políticos y
lo que va a observar es que esos derechos han sido devaluados. Aquí se presenta la paradoja
de que, por un lado, bajo esta democracia moderna (liberal, representativa) se generalizan
los derechos políticos, pero, al mismo tiempo, esos derechos se devalúan. No referimos,
fundamentalmente, al sufragio universal porque ese derecho que, a fines del siglo XIX se
ha ampliado a otras capas sociales va a tener menos incidencia en la posibilidad de superar
la desigualdad económica, es decir, aquella desigualdad que proviene de la distribución
originaria de los recursos.
Porqué la autora afirma que los derechos políticos se devalúan, qué quiere decir esto: aquí
tenemos que poner el foco de nuevo en la relación entre dimensión económica y dimensión
política: antes dijimos que el Capitalismo provoca la separación entre lo económico y lo
político. Esto remite a un largo proceso histórico que observamos primero en Europa
occidental, proceso en el cual la dimensión económica y la dimensión política de la
sociedad se irán configurando de manera autónoma, una respecto de la otra. Esto significa
que la producción y la extracción del excedente económico se realizan de manera
independiente del universo de derechos que se expresan en el ámbito de la igualdad que
postula la democracia liberal.
Podemos peguntarnos: ¿qué tipo de ciudadanía se concibe desde esta forma de democracia?
Una ciudadanía que se circunscribe, fundamentalmente, al uso y goce de una serie de
derechos como las libertades individuales, el derecho de propiedad, un marco
constitucional con la limitación al poder del Estado sobre el ámbito privado de los
individuos, derechos que además son percibidos como individuales. El problema que
plantea Wood no es el reconocimiento de este tipo de derechos en sí mismo, más bien, lo
que advierte es el empobrecimiento de los derechos políticos cuando éstos no incluyen el
ejercicio del poder popular, la participación.
Todo este desarrollo nos puede servir para preguntarnos: Qué pasa con el alcance de los
derechos políticos en las democracias liberales. Qué pasa con los derechos de participación
en lo público, en lo comunitario, qué pasa con la despolitización, con el rechazo a la
política. ¿Tiene algo que ver esta clase de ciudadanía que emerge a partir de los procesos
históricos que hemos señalado?
Dado que no hemos tenido tiempo de desarrollarlo en clase, sobre la democracia
norteamericana vamos a referirnos solamente a la reflexión que hicimos la vez pasada sobre
la libertad de expresión. Vamos a tener en cuenta que la libertad de expresión es un pilar de
la democracia norteamericana.
Nuestro sistema constitucional se basa en el modelo norteamericano y entonces el no
restringir la libertad de expresión tiene un lugar importante; también lo tiene para el sistema
interamericano de DDHH.
Esta centralidad del derecho a la libertad de expresión es una de las cuestiones que se pone
en debate cuando se discute sobre la necesidad de regular el negacionismo y los discursos
de odio, en especial, cuando el Negacionismo se ejerce desde el propio Estado.
La discusión de fondo es qué entendemos por Democracia y qué vamos a hacer con los
discursos negacionistas y de odio en una democracia y esta es la discusión más importante
del liberalismo del siglo XXI donde se enrolan, no sólo el negacionismo, las fake news, qué
vamos a hacer con redes sociales a través de las cuales se propaga el odio. Entonces
también hay que preguntarse por el derecho a la información veraz.
El problema es que, si se le pone límite, se habla de censura, que se está afectando la
libertad de expresión y nuestra Constitución le da mucho lugar a esto.
En Europa es diferente. El Consejo Europeo, por ejemplo, incorporó a los crímenes de odio
como negacionistas y eso quiere decir que se desencadena una respuesta penal. Quiere decir
que los estados europeos criminalizaron, desde 2008, los discursos de odio por entender
que se trata de discursos negacioncitas.
Y acá recién está empezando a suceder y está en discusión, en parte, porque nos
enmarcamos en un sistema de protección de DDHH, el interamericano, que tiene una
mayor tendencia a la protección de la libertad de expresión.