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Ideología y contexto del nazismo

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INSTITUTO SUPERIOR DE FORMACION Y CAPACITACIONN DOCENTE N° 1

Profesorado: HISTORIA Cátedra: HISTORIA CONTEMPORÁNEA SIGLO XIX

Nazismo
Nazismo es la contracció n de la palabra alemana Nationalsozialismus, que
significa nacionalsocialismo, y hace referencia a todo lo relacionado con la
ideología y el régimen que gobernó Alemania de 1933 a 1945 con la llegada al
poder del Partido Nacionalsocialista Alemá n de los Trabajadores (el
autoproclamado Tercer Reich y Austria a partir de la Anschluss, así como los
demá s territorios que lo conformaron (Sudetes, Memel, Danzig y otras tierras en
Polonia, Francia, Checoslovaquia, Hungría, Holanda, Dinamarca y Noruega). La
Alemania de este período se conoce como la Alemania nazi.

El término "Nazi" deriva de las primeras dos sílabas del nombre oficial del
partido. Los miembros del partido se identificaban a sí mismos generalmente como
Nacional Socialistas y solo raramente como "nazis". El origen y uso de "nazi" es
similar al de "Sozi", palabra del lenguaje diario para designar a los miembros
del Partido Socialdemó crata de Alemania. En 1933, cuando Hitler asumió poder en
el gobierno alemá n, el uso del término disminuyó en Alemania, aunque en Austria
sus oponentes lo continuaron usando con una connotació n despectiva. A partir de
eso, el término ha adquirido una connotació n crecientemente peyorativa.

Contexto histórico
El nazismo es una ideología alemana gestada en los añ os 20 pero que no alcanzará
importancia hasta los añ os 30, momento en que las duras condiciones de paz
impuestas en el Tratado de Versalles (1919) se juntan con la grave crisis mundial
del Jueves Negro en 1929 (Gran Depresió n). En Alemania la situació n es má s
acuciante aú n, ya que a los devastadores efectos econó micos se sumaba la
obligació n de pagar el tributo de la derrota en la Primera Guerra Mundial, y el
descontento popular ante la injusta situació n que hacía que las calles se llenaran de
manifestaciones extremistas de toda índole, tanto de izquierda como de derecha.
Esta situació n culmina con el fuerte descrédito de las democracias liberales, dado
que las dictaduras que surgieron demostraron ser capaces de controlar y resolver
las crisis má s efectivamente que las democracias. Tanto la URSS, como la Italia
de Mussolini (quien fue elogiado por "hacer que los trenes corrieran a tiempo", es
decir, por poner fin a las huelgas y caos econó mico que había dominado a ese país)
y el Japó n Imperial, países todos en los que se impusieron "gobiernos fuertes", no
só lo resolvieron la crisis a mediados de los 30 sino que fueron percibidas como
restaurando el orden social aú n con anterioridad a esa solució n a problemas
econó micos.
A esa crisis político econó mica hay que agregar una crisis ideoló gica aú n anterior
que se ha sugerido se extiende desde 1890 a 1930 y que ha sido caracterizado
como una “revolució n contra el positivismo”. Tanto los valores como las

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aproximaciones a la sociedad y la política que formaban la base de la civilizació n


occidental fueron percibidas como superadas reliquias
del racionalismo proveniente de la ilustració n. Específicamente tanto
el fascismo como los desarrollos intelectuales que lo antecedieron buscaron
transcender lo que se percibía como la decadencia del occidente.8 (ver, por
ejemplo: La decadencia de Occidente)
Consecuentemente el Zeitgeist de esa época puede ser descrito como una
amalgama o mezcla de ideas caracterizado por un rechazo al racionalismo, proceso
que es generalmente percibido como iniciá ndose con Nietzsche, junto a tentativas
de incorporar "explicaciones científicas" a preconcepciones o
incluso prejuicios explicativos del mundo, por ejemplo, un racismo latente, que
dieron origen a propuestas tales como las de la eugenesia, etc, y en lo político, bajo
la influencia de pensadores tales como Georges Sorel, Vilfredo Pareto,9 10 Martin
Heidegger(supuestamente11 ), Gaetano Mosca, y, especialmente, Robert Michels; a
percepciones políticoelitistas basadas en un culto del héroe y la fuerza que
culminan en una versió n del darwinismo social.12 Percepciones que adquieren
connotaciones má s extremas en su divulgació n y vulgarizació n. (Hughes, op. cit).
Como influencia importante en el desarrollo de ese Zeitgeist se puede mencionar la
obra de Arthur de Gobineau, quien propuso que en cada nació n hay una diferencia
racial entre los comunes y las clases dirigentes. Estos ú ltimos serían todos
miembros de la raza aria, quienes son no solo laraza dominante pero también la
creativa.13 Posteriormente Houston Stewart Chamberlainidentifica «los arios» con
los teutones. En adició n a tratar de demostrar que todos los grandes personajes de
la historia (incluido Jesú s, Julio César, Voltaire, etc) fueron realmente arios agrega:
«Los teutones son el alma de nuestra civilizació n. La importancia de cualquier
nació n, en la medida que es un poder actual, está en relació n directa a la genuina
sangre teutona presente en su població n».14 .
También de importancia fueron percepciones que se pueden ver ejemplificadas en
la obra de, por ejemplo Benjamin Kidd, quien propuso: «Nuestra civilizació n ha
sido dada a luz como resultado de un proceso de fuerza sin paralelos en la historia
de la raza.. Por épocas incontables el combativo macho europeo se ha desbordado
a través de Europa en sucesivas olas de avance y conquista, venciendo,
exterminando, aplastando, dominando, tomando posesió n. Los má s aptos, que han
sobrevivido esas sucesivas olas de conquista, son los má s aptos por el derecho de
la fuerza y en virtud de un proceso de selecció n militar, probablemente el má s
largo en la historia, el má s duro, probablemente el má s elevante al que la raza ha
sido sometida» (p 4-5). Para Kidd el combativo macho europeo es un pagano -que
a rinde homenaje pero no entiende ni acepta en su corazó n la validez de «una
religió n que es la total negació n de la fuerza». Ese macho europeo ha introducido el
«espíritu de la guerra» en «todas las instituciones que ha creado» y «la creencia
que la fuerza es el principio ú ltimo del mundo». Ese «macho de la civilizació n
occidental ha llegado a ser por la fuerza de las circunstancias el supremo animal de

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combate de la creació n. La Historia y la Selecció n Natural lo han hecho lo que es»


( p 7). «por la fuerza ha conquistado el mundo y por la fuerza lo controla».15
Otros visiones de influencia en esa percepció n son los de Oswald Spengler, para
quien Benito Mussolini era el parangó n del nuevo César, que se levantará del
occidente en ruinas para reinar en la "era de la civilizació n avanzada", por analogía
a los cesares de la Antigü edad.
En Alemania específicamente esa rebelió n contra el racionalismo dio origen, entre
otras cosas, a una variedad de asociaciones que promovían un retorno a visiones
romantizadas del pasado alemá n (ver Vö lkisch) en lo cual Richard Wagner tuvo
alguna influencia16 - y una sociedad ocultista y semi secreta, la Thule-
Gesellschaft (Sociedad Thule) -basada en laariosofía y primeros en usar
la esvá stica en el contexto de la época- que patrocinó alDeutsche
Arbeiterpartei (DAP), má s tarde transformado por Adolf Hitler en el Partido
Nacionalsocialista Alemá n de los Trabajadores.17
A lo anterior se ha sugerido que hay que agregar factores específicamente
alemanes. A pesar que Maurice Duverger considera tales consideraciones pocos
convincentes a fin de explicar el desarrollo del nazismo18 se ha afirmado que no se
puede explicar el nazismo sin considerar su origen19 y que entre los factores que
explican ese origen se debe mencionar una tradició n cultural ("volkgeist" o espíritu
alemá n)20 -que se remonta a personajes talesLorenz von
Stein y Bismarck (ver Estado Social)- en la cual el Estado adquiría poderes
dictatoriales, demandando orden, disciplina y control social estricto a fin de de
garantizar crecimiento y el bienestar econó mico de la població n.21
Esa tradició n se transforma, bajo la influencia de personajes tales como Ernst
Forsthoff (jurista conservador de gran influencia), quien, a partir del periodo de la
Repú blica de Weimar, postula que los individuos está n subordinados ya sea al
«Estado absoluto» o al «Volk», bajo la direcció n de un Líder o Fü hrer.22

"Cuidado que no se repita" (1920) .- "Caballero teutó n" amenazado por soldado
polaco y traicionado por socialista (gorra frigia roja).

El nazismo transforma, sin mucha dificultad, ese culto a la fuerza del má s fuerte
que es el ario en unantisemitismo puro y simple, utilizando la preexistente leyenda
de una conspiració n judía para hacerse con el control mundial (ver Nuevo Orden
Mundial (conspiració n) y Los protocolos de los sabios de Sion) para explicar la
derrota alemana en la Primera Guerra Mundial: el ejército de ese país fue
traicionado y "apuñ alado en la espalda" -ver Dolchstosslegende23 - por
los bolcheviques y judíos. Esa traició n se extiende al gobierno (social demó crata)
de la Repú blica de Weimar que permite ahora que esos mismos judíos y otros
financieros profiten de la inflació n, y otros problemas que afectan a los
alemanes.24 (ver hiperinflació n en la Repú blica de Weimar). Aduciendo ademá s que

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muchos de los principales líderes comunistas son también judíos asimilan ambos
conceptos en una gran «conspiració n judeo-marxista»25
El nazismo se concreta como una ideología totalitario de tipo fascista en la medida
en que se caracteriza por dar una importancia central y absoluta al estado -a partir
del cual se debe organizar toda actividad nacional26 (ver Gleichschaltung)
representado o encarnado y bajo la direcció n o liderazgo de un caudillo supremo,
en este caso Hitler, y por proponer
un racismo, nacionalismo eimperialismo visceral que debe llevar a conquistar los
pueblos que se consideren inferiores. (verLebensraum). A partir de 1926, Hitler
centralizo incrementalmente la capacidad de decisiones en el partido. Los
dirigentes locales y regionales, etc, no eran electos, sino nombrados, de acuerdo
alFü hrerprinzip (principio del Líder) directamente por Hitler, y a él respondían,
demandando, a su vez, obediencia absoluta de sus subordinados. El poder y
autoridad emanaba del líder, no de la base.27 2829 .

Nazismo y Hitler
Se ha sugerido que Hitler "es uno de esos pocos individuos de los cuales se puede
decir con absoluta certeza que: sin él, el curso de la historia habría sido
diferente",30 o, que sin él, las cosas habrían sido muy diferentes.31
Hay poca duda que Hitler poseía un carisma y capacidad oratoria, pero también
una ambició n excepcional. Alguien quien -con una falta de escrú pulos absoluta-
estaba dispuesto a sacrificar lo que fuera considerara necesario en aras de sus
objetivos. Pero tampoco hay duda que tanto los objetivos como los medios eran
avalados por el zeitgeist, y que Hitler encapsuló -voluntaria o accidentalmente- lo
peor de ese espíritu de su época.32 Si bien es posiblemente correcto que sin Hitler
el nazismo no habría sido lo que fue, no es menos cierto que sin ese zeitgeist Hitler
no habría sido lo que fue.
Hitler conoció ese zeitgeist cuando vivió en Viena, entre 1908 y 1913, tratando de
ganarse la vida como pintor. La Viena que Hitler conoció no solo era la ciudad culta
y cosmopolita de la visió n general sino también la que ha sido descrita como un
cloaca de antisemitismo, racismo y políticas corruptas, con un parlamento -que
Hitler visitó numerosas veces- paralizado por disensiones raciales y sectoriales
intransigentes. Es ahí -se ha aducido- que Hitler adquirió su desprecio por la
democracia, ahí donde vio por primera vez el saludo "heil" -entre los seguidores
del pangermanista y antisemita radical Georg von Schö nerer- y ahí adonde
aprendió acerca de la propuesta de la eugenesia.33
Después de la Gran Guerra Hitler permaneció en el ejército donde fue asignado a
una unidad especial -el "Departamento de Educació n y Propaganda" - del Ejército

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de Baviera, bajo el comando del capitá n Karl Mayr. Una funció n importante de ese
departamento era dar a los soldados una razó n aceptable -desde el punto de vista
del ejército- de su derrota en la guerra. Esa razó n se encontró fá cilmente, dado el
"espíritu de la época" y el del ejército, en "la traició n de los judíos y comunistas".
En julio de 1919, Hitler fue asignado a un "Comando de Inteligencia" y ordenado
espiar un pequeñ o grupo -autodenominado "Partido de los Obreros Alemanes"
(DAP por sus siglas en alemá n)- bajo sospecha de ser marxista o, por lo menos,
socialista.34 - Hitler se impresionó con la visió n nacionalista y de solidaridad entre
todos los miembros de la sociedad -pero anticomunista y antisemita- de Anton
Drexler -fundador del grupo - quien a su vez, fue impresionado por la oratoria de
Hitler: cuando uno de los miembros sugirió separar Baviera de Alemania y
unificarla con Austria, Hitler pronunció un discurso oponiéndose y llamando en su
lugar a "engrandecer a Alemania". Consecuentemente Dressler le ofreció al espía
que se hiciera miembro de la organizació n, lo que Hitler hizo el 12 de diciembre de
1919,35 convirtiéndose en el 55º individuo a ingresar36 Al mismo tiempo se integró
al Comité Ejecutivo del Partido, como séptimo integrante.37 -Añ os después Hitler
proclamó haber sido el séptimo en unirse al partido, afirmació n que se ha
demostrado ser falsa.38
Copia (falsificada) del Carnet de Afiliació n al Partido de los Trabajadores de Hitler.
El nú mero real de su membresía era el 550 (55, el 500 era agregado para dar la
impresió n de un grupo má s grande) pero con posterioridad el nú mero de Hitler fue
reducido para dar la impresió n que Hitler fue uno de los fundadores del
"partido".39

Hitler llegó a ser el protegido de Dietrich Eckart, otro de los fundadores y miembro
de la Sociedad Thule, quien -junto con el resto de esa sociedad- creían en la llegada
inminente de un "Mesías alemá n".40 Eckart -con ambiciones de poeta- había escrito
acerca del "El Sin nombre", "El que todos sienten pero ninguno ha visto" y en Hitler
creyó encontrarlo,41 lo que se vio reforzado por su éxito como orador, pero el resto
de los directores "del partido" lo encontraban prepotente y egoísta. Hitler
reaccionó -julio de 1921- ofreciendo dimitir o ser nombrado jefe del partido
(reemplazando a Drexler) con poderes ilimitados. El asunto fue finalmente puesto
a una reunió n general. La propuesta de Hitler fue aprobada por 543 votos a favor y
uno en contra. En la reunió n siguiente (29 de julio de 1921) del recientemente
renombrado Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes, Hitler fue
introducido -por primera vez- como Führer.
Esa posició n fue conveniente para Hitler y su personalidad o estilo, librá ndolo de la
obligació n de tener que seguir cualquier programa o compromiso que no fuera
conveniente en el momento, incluyendo las propuestas por él mismo. Pero de
nuevo, no vemos la acció n de un genio político, sino el resultado de, por un lado, el
de la ilusió n de personajes tales como Eckart y, por el otro, de la propuesta de
sectores conservadores y nacionalista -tales como la de Forsthoff - que fueron

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utilizadas para producir una situació n tal que le permiten proclamar: "Yo soy el
partido".42
Así, los principales ideó logos del partido cuando éste llega al poder - Walter
Darré, Dietrich Eckart,Hans Frank,Rudolf Hess, Heinrich Himmler, Robert
Ley, Julius Streicher, Alfred Rosenberg, etc- muestran, entre los elementos que los
caracterizan, una fe ciega en un líder, Hitler, quien es concebido como encarnando
todas las calidades y Voluntad de poder o vida de "la nació n" y -como tal, el ú nico
que puede determinar que es y no correcto, aceptable o incluso ético. En las
palabras de un jerarca nazi: "Si el pueblo tiene confianza, y si la verdadera
direcció n popular esta presente, el Fü hrer será capaz de hacer lo que desee con la
nació n... la gente le obedecerá ciegamente y ciegamente lo seguirá n. El Fü hrer
siempre tiene la razó n. Cada uno y hasta el ú ltimo ciudadano debe decirlo (...) Sí,
Uds. que nos llamaban sin dios, hemos encontrado nuestra fe en Adolf Hitler y a
través de él hemos encontrado a Dios una vez má s. Esa es la grandeza de nuestro
día. Y esa es nuestra buena fortuna"43
El libro Mein Kampf.

Poseen también un enemigo mortal, responsable de todos los problemas que han
afectado a los arios a través de la historia: las razas inferiores o Untermensch -
(tales como los eslavos, los gitanos, y, especialmente, los judíos, responsables de
la Conspiració n judeo-masó nico-comunista-internacional). Enemigos no solo
mortales pero ineludibles, no solo porque así lo determina las leyes bioló gicas
mismas, sino porque así lo determina el ú nico que puede determinar esas cosas:
Hitler, el Fü hrer que nunca se equivoca, en su Mein Kampf. Los arios, como Raza
superior es de donde viene el hombre creador, viril y guerrero. De esa raza
proceden todos los triunfos de la especie humana. Sin embargo, también creen,
como Spengler, que las civilizaciones creadas por los arios decaían y morían una
vez sus elementos representativos se mezclaban racialmente con miembros de
esas otras razas: "El resultado de todo cruce racial es, brevemente, siempre el
siguiente: (a) descenso de la raza má s alta. (b) regresió n física e intelectual y
consecuentemente el comienzo de una lenta pero inevitable enfermedad. Causar
tal desarrollo es, entonces, nada pero un pecado contra el creador eterno. Y como
pecado será tratado".-44
Una de las primeras medidas de Hitler como 'Fü hrer' de los nazis fue organizar un
grupo selecto, lasGrupos de Asalto o SA -bajo control de uno de sus
incondicionales, el ex oficial de ejército Ernst Rö hm - y ordenarles "confrontar"
socialistas en las calles. Esto llevó a un incremento en la popularidad del partido
nazi entre sectores má s extremos en los bares y cantinas en los que los nazis
organizaban sus reuniones y de ahí, entre los "nacionalistas extremos" de la
població n general.45 Entre las figuras que se unieron a los nazis se puede destacar
a Heinrich Himmler; Hermann Gö ring y Joseph Goebbels. Las SA crecieron
rá pidamente, atrayendo miles de reclutas46 al punto que -en 1922- se hizo posible

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y necesario crear una divisió n para "novatos" de 14 a 18 añ os - la Jugendbund o


Hermandad de los jó venes- que eventualmente se transformó en las Juventudes
Hitlerianas.
Tras encabezar un fallido intento de golpe de Estado en 1923, contra la Repú blica
de Weimar, Hitler es condenado a prisió n y recluido en un castillo. Una condena de
5 añ os, de la que finalmente solo cumplió once meses, le permitió escribir el libro
semiautobiográ fico Mein Kampf'(Mi lucha)' que pronto se convierte en el elemento
que le faltaba al colectivo, un libro casi sagrado. En él declara firmemente
suantisemitismo y su anticomunismo y deja claro que los arios son una raza
superior a todas las demá s.
En febrero de 1926 Hitler -en un discurso frente alrededor de sesenta de sus
seguidores má s selectos, incluyendo los gauleiteres- repudió las posiciones
"socialistas" anteriores del partido, enfatizando que "el verdadero enemigo son los
judíos", y que tanto el socialismo como laURSS -como creaciones judías- debían ser
destruidas y que la propiedad privada debía ser respetada por los nazis.47 Esto
horrorizó a algunos de sus seguidores má s cercanos y llevó al comienzo de una
ruptura con la facció n de Gregor Strasser, pero posibilitaba un acuerdo con
sectores derechistas en el gobierno. Uno de los resultados inmediatos de ese
vuelco a la derecha fue que en 1927 Wilhelm Keppler -un empresario- se unió al
partido nazi. Y a través de él algunos otros -tales como Hjalmar Schacht (má s tarde,
ministro de economía de los nazis), Fritz Thyssen y el banquero Kurt von
Schroeder- aceptaron financiar al partido.48 .49 Esto se vio facilitado por la llegada
de la crisis de 1929, lo que aumentó el caudal electoral nazi, llegando éste a
obtener el 37% del voto popular (abril de 1932), con un aumento en la membresía
de 27 000 en 1925 a má s de 800 000 en 1931.
El ascenso al poder del nazismo

El gobierno de la Repú blica de Weimar fue un gobierno en crisis constante,50 con


frecuentes divisiones de alianzas faccionales formadas alrededor de
personalidades. Desgraciadamente ni la mayoría de los políticos -con la excepció n
de los social demó cratas- ni los industrialistas, ni el ejército, ni el pequeñ o sector
de clases medias ni la aristocracia ni muchos sectores populares tenían interés en
la democracia.51 En las palabras de una declaració n del Partido Conservador
Alemá n: "Odiamos con todo nuestro corazó n la presente forma del Estado Alemá n
porque nos niega la esperanza de rescatar nuestra esclavizada patria, de purificar
del pueblo alemá n la mentira de la guerra y de ganar el necesario Lebensraum en
el Este".52
Una de los principales personalidades de la época -Franz von Papen- perdió
posició n frente a la facció n de Kurt von Schleicher, quien, nuevamente fue incapaz
de obtener apoyo mayoritario. Von Papen concibió reemplazarlo con "una cara
nueva", la de Hitler, que sería -en la opinió n de Papen- fá cil de manipular: el
partido nazi comenzaba a mostrar desgaste electoral, perdiendo -julio de 1932- 34

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escañ os, reduciendo a 196 "diputados" sobre un total de 608. Adicionalmente, el


partido estaba quedando sin fondos. Aparentemente el plan de von Papen era
promover una dictadura mediante de un golpe de estado que -en su opinió n 53 -
sería inevitable siguiendo el caos que el gobierno de Hitler produciría (dado que no
solo una vez má s el gobierno sería incapaz de funcionar sino que el uso de
confrontació n y violencia por "el incapaz" Hitler produciría una demanda popular
por la restauració n del orden).54 55 Como se ha observado "Estupideces de ese
tamañ o son raras en cualquier país o época".56 Von Papen arreglo una reunió n con
Hitler a través de los buenos oficios del banquero von Schroeder, lo que se
concreto -el 4 de enero de 1933 en la casa de este ú ltimo, llegando a un
acuerdo.57 Hitler fue nombrado Canciller de Alemania el 30 de enero de 1933. (la
fecha es conocida como Machtergreifung). Sin embargo, la coalició n que "apoyaba"
al nuevo canciller era minoritaria, contando con solo 247 escañ os.
Con posterioridad a su nombramiento Hitler pidió al anciano presidente Paul von
Hindenburg que disolviera el Reichstag, lo que fue aceptado y se fijaron elecciones
para el 5 de marzo de 1933. El 27 de febrero ocurrió el Incendio del Reichstag -
posiblemente bajo ó rdenes de Hitler.58Al día siguiente Hitler declaró el estado de
emergencia59 y demando que Hindenburg firmara el Decreto del Incendio del
Reichstag, aboliendo la mayoría de las disposiciones de derechos fundamentales de
la constitució n de 1919 de la Repú blica de Weimar.
Siguiendo lo anterior las elecciones de marzo dieron a los nazis y sus aliados el
44% del voto. Todavía no una mayoría. La respuesta de Hitler fue demandar que el
Reichtag le concediera poderes plenos, en la forma de la Ley habilitante de 1933 -
situació n permitida por laConstitució n de Weimar para darle al Canciller el poder
de pasar leyes a decretos, sin la intervenció n del Reichstag en casos excepcionales-
Los cá lculos de von Papen parecía estar concretá ndose. Sin embargo, si bien Hitler
estaba a favor de una dictadura, no estaba dispuesto a implementarla a favor de
algú n otro. El 23 de marzo de 1933 el parlamento se reunió a discutir la cuestió n.
En una atmó sfera de creciente intimidació n los parlamentarios tuvieron que
ingresar cruzando un anillo de SA que gritaban" "Los poderes totales... o fuego y
muerte". Solo los social demó cratas se opusieron (los comunistas habían sido
arrestados o asesinados en su totalidad). Otto Wels -presidente de los
socialdemó cratas- proclamo: Nosotros los socialdemó cratas nos comprometemos
en esta hora histó rica a los principios de humanidad y justicia, de libertad y
socialismo. Ninguna acta habilitante lo habilita a Ud a destruir ideas que son
eternas e indestructible". Mirando directamente a Hitler, agrego: "Uds. pueden
quitarnos la libertad y la vida, pero no pueden privarnos de nuestro honor.
Estamos indefensos, pero no desgraciados".60 - Hitler se enfureció y respondió
gritando:
Memorial en Berlín. Cada una de las pizarras representa a los 96 miembros del
Reichstag asesinados por los nazis, tras el acceso de éstos al poder

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"Uds. ya no son necesarios.. la estrella de Alemania se alzara y la de Uds. se


hundirá . La hora de su muerte ha sonado"61
Esa fue la ú ltima sesió n de un Reichtag con oposició n. Poco después, el partido
social demó crata fue prohibido y el resto (aparte de los nazis) se disolvieron. Von
Papen tuvo que contentarse con el puesto de vicecanciller, desde el cual había
esperado poder manipular a Hitler, pero con resultados de tan poca importancia
que fue encontrado inocente en los Juicios de Nú remberg.62
De canciller alemán a Führer del Reich de los mil años
El proceso empezó a culminar en la noche de los cuchillos largos (entre el 30 de
junio y el 2 de julio de 1934) cuando los ú ltimos elementos que osaban dudar de la
infalibilidad de Hitler -aun implícitamente- fueron eliminados políticamente o
asesinados, incluyendo Kurt von Schleicher -a quien Hitler había reemplazado
como canciller- y asociados de von Papen -quien fue arrestado. También lo fueron
asesinado antiguos camaradas de Hitler, como Gregor Strasser; Gustav Ritter von
Kahr y Ernst Rö hm (este ú ltimo bajo sospecha de deslealtad y, en todo caso, ya no
conveniente para un Hitler en el poder).
Horas tras la muerte del presidente Hindenburg ( 2 de agosto de 1934), Hitler
publicó una ley (fechada el 1ro de agosto) que establece: `La posició n de
Presidente del Reich será combinada con la del Canciller. La autoridad del
presidente será por lo tanto transferida al presente canciller y Fü hrer, Adolf Hitler.
El seleccionara su diputado. Esta ley es efectiva a partir de la muerte del Presidente
von Hindenburg".63Comenzaba así el Tercer Reich, que la propaganda afirmaba
duraría mil añ os.
A continuació n se anunció que tendría lugar un plebiscito, para dar la oportunidad
al pueblo alemá n de expresar su aprobació n. É ste tomó lugar el 19 de agosto del
mismo añ o, y Hitler obtuvo un 90% de aprobació n -38 millones de votos-. Al día
siguiente se introdujeron a través del Reich juramentos obligatorios de lealtad
personal no al estado o Alemania sino a Hitler, especialmente en las escuelas,
fabricas, servicio pú blico y ejército. Así, la voluntad del Fü hrer se transformaba en
la ley. La aplicació n de este principio resultó en formas totalitarias de control y
represió n, ya que cualquier oposició n a los designios del Fü hrer era, por definició n,
antinacional.
Judíos forzados a limpiar la calle- Austria - Marzo de 1938

El 12 de marzo de 1938 Austria fue anexada al Reich. (ver Anschluss


El programa original del partido nazi64 - que existía desde su creació n
como Partido Obrero Alemán fue mantenido en principio, pero en realidad la
percepció n era que "Hitler es el partido", lo que creó una situació n má s bien
confusa en la prá ctica65 (ver especialmente Economía política de los nazis, má s
abajo). Ese programa incluía: Abolició n del Tratado de Versalles. Unificació n en un
territorio y bajo un gobierno comú n a todos los alemanes con tierras y territorios

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(colonias) suficientes como para mantener a los ciudadanos (La Gran Alemania).
Solo los miembros de "la raza" pueden ser ciudadanos. Expulsar de los territorios
alemanes a todos lo no alemanes que hayan llegado desde 1914 y mantenció n del
resto solo con permiso del gobierno y como huéspedes. Obligació n del Estado de
proveer la oportunidad de buena vida para todos los ciudadanos. Obligació n de los
ciudadanos de trabajar física y espiritualmente. Abolició n de ingresos que no sean
del trabajo. Establecimiento y defensa de un "cristianismo positivo",66gobierno en
beneficio del interés nacional sobre el particular, imponer el orden, etc.
El régimen que se implantó ejerció un fuerte control sobre cada aspecto de la
sociedad, mostrando especial interés en la educació n de la juventud alemana.
Desde la infancia, se enseñ a a los niñ os a ser duros y a sufrir la lucha por ser el má s
fuerte, seleccionando poco a poco a unos escogidos que irá n conformando una
nueva élite de guerreros sagrados (la SS) a modo de una nueva Esparta naciente y
victoriosa. La ciencia tampoco escapa a la influencia de partido que la utiliza para
justificar sus ideas o para buscar nuevas armas para la guerra que se venía
preparando.
"Origen de los repobladores" - Mapa mostrando planeado traslado de població n
polaca a ser esclavizada.

En relació n a la Europa "no-occidental" o regió n en la cual "la raza" podría


expandirse, existen documentos que sugieren la intenció n era establecer formas de
gobierno subservientes al alemá n y basadas sobre un sistema de castas, de acuerdo
a las cuales la funció n de la població n (trabajador (esclavo/campesino/obrero) -
supervisor y amo (sacerdote-guerrero) se establecería de acuerdo a su “raza”, bajo
la direcció n de las Schutzstaffel, o SS. (ver Generalplan Ost):
los eslavos, polacos,rusos, etc, serían exterminados en su mayoría, y quienes
sobrevivieran serían trasladados "al este" donde, tratados como esclavos
(negá ndoseles toda educació n, tratamientos médicos, etc) eventualmente se
extinguirían. Dado que no habían suficientes "arios", miembros de razas
"intermedias" ( letones, estonios, checos, ucranianos, etc) continuarían existiendo
como campesinos y mano de obra con algunas garantías, bajo control de amos y
supervisores alemanes, especialmente miembros de las SS, que recibirían tierras y
esclavos en relació n a sus "méritos".
En el caso de gitanos y judíos esos planes de largo plazo con "razas inferiores"
fueron puestos en ejecució n incluso durante la guerra misma, en el llamado
programa de Solució n Final.
Persecución y represión
Formulario de declaració n de renuncia a ser Testigos de Jehová - bajo pena de re-
internamiento en "Campo de concentració n"

Hitler aplicó de inmediato la represió n contra un amplio espectro de


ciudadanos: judíos (definidos como enemigos de la nació n), comunistas, testigos

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de Jehová , homosexuales y todo aquello que se opusiera a la estrecha definició n


nazi de la "nació n".
La represió n la llevaron adelante prioritariamente la SS, fuerzas paramilitares
creadas en 1925 y fortalecidas por el régimen, y la Gestapo, policía secreta nazi que
respondía a las SS, y que contaba con una densa red de espías y delatores.
El terror se ejercía de forma directa: por medio de la censura, las agresiones físicas,
los arrestos y las detenciones en campos de trabajo.
Economía política de los nazis

Artículo principal: Economía de la Alemania nazi.


Esta es un á rea compleja. Los nazis no tenían un programa econó mico
propiamente tal, lo que creó una confusió n en la prá ctica (ver Gottfried Feder),
especialmente cuando llegaron al poder. Hitler resume la posició n así: "La
característica bá sica de nuestra teoría econó mica es que no tenemos ninguna
teoría en absoluto.".67 Los nazis consideraban que lo realmente importante es la
"pujanza" o voluntad de las naciones: si esas tienen espíritu, decisió n y direcció n
adecuada, tendrá n éxito, cualquiera sean las circunstancias, 68 lo que posibilita o
demanda que "el líder" tenga la capacidad de tomar las medidas adecuadas en cada
situació n. Para Hitler en particular, propuestas basadas en la solidaridad son un
complot para destruir esa pujanza entre las razas superiores, por lo cual rechazaba
específicamente la concepció n socialista.69 A partir de eso, la propuesta nazi acerca
de la economía política era una mezcla imprecisa de la darwinismo social con
el dirigismo,70 en la cual el estado permite tanto la propiedad privada como la
competencia -lo que es positivo "porque promueve los má s capaces a posiciones
superiores"71 - pero reserva al Estado el derecho a establecer el interés nacional.72
Cesare Santoro, un fascista que visitó Alemania en la época, lo pone así: "En la
declaració n programá tica, ya citada al principio de nuestra obra, Adolf Hitler
anunció que el nuevo gobierno se proponía “velar por los intereses econó micos del
pueblo alemá n no por el camino tortuoso de una gran economía burocrá tica
organizada por el Estado sino por el impulso má s fuerte dado a la iniciativa
particular sobre la base del reconocimiento de la propiedad privada”. El
reconocimiento del principio de que, en contraste con lo que ocurre en la Rusia
soviética, el Estado tiene por misió n dirigir la economía pero no administrarla por
sí mismo (funció n que corresponde exclusivamente a la economía misma) no
puede ser má s explícitamente expresado. También así ha sido establecido
solemnemente el principio de la propiedad privada con lo que se estimula al
patrono a ensanchar má s su empresa para alcanzar los mayores resultados
posibles. Estos dos principios determinan las normas directivas para la
reorganizació n nacionalsocialista de la economía industrial; aquellas exigen una
administració n autó noma cuya misió n consiste en asesorar y tutelar a las
asociaciones industriales o a los socios que forman parte de ella. Esta

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administració n tiene el deber de transmitir al gobierno los deseos de los patronos


que toman parte en la obra de reconstrucció n econó mica"73
Hitler parece entender el papel del estado como dirigiendo pero también apoyando
la industria nacional a través de proporcionar estabilidad econó mica y diversos
programas específicos, tales como proporcionando "mano de obra barata", como
es ilustrado en la famosa película La lista de Schindler.
Sin embargo, lo anterior no produce una propuesta específica acerca de có mo
resolver los problemas econó micos de Alemania cuando Hitler llegó al poder. Esto
fue resuelto a través del nombramiento de algunos "profesionales" en posiciones
de responsabilidad. Esto dio a Hitler la oportunidad de poder elegir entre
diferentes y competitivas propuestas, seleccionando la que considerara má s
adecuada.
Desfile de Fuerzas del Servicio del Trabajo - durante uno de los Congresos de
Nú remberg-Septiembre de 1937- en estadio construido para el propó sito

A partir de 1933 se implemento el llamado "Programa de Reinhardt", 74 que era un


ambicioso proyecto de fomento econó mico a través del desarrollo de la
infraestructura -con la construcció n directa por el estado de proyectos de obras
pú blicas - tales como autopistas (ver Autopistas de Alemania), redes
de ferrocarriles, canales -tanto de riego como transporte (por ejemplo, reinicio de
la construcció n del Canal Rin-Meno-Danubio, estadios, etc (ver Arquitectura de la
Alemania nazi)- combinados con incentivos (tales como reducció n o eliminació n de
impuestos a la inversió n) y la expansió n del gasto militar, etc. En 1936, el gasto
estatal en asuntos militares excedía a los gastos en asuntos civiles y llegaba al 10%
del Producto Nacional Bruto, má s que cualquier otra nació n europea en la
época.75 A nivel de los trabajadores, el "programa" significo la eliminació n de los
sindicatos independientes (reemplazados por un organismo sindical/patronal
ú nico, bajo control nazi- ver Frente Alemá n del Trabajo), aproximació n que se
mantuvo durante todo el gobierno nazi.
En 1934 Hjalmar Schacht fue nombrado ministro de economía, con la intenció n (y
bajo instrucciones secretas) de lograr el rearmamento76 y desarrollar una política
que lograra la autarquía o independencia econó mica de Alemania. Para lograr eso
fines Schacht necesitaba tanto re industrializar Alemania como poder comprar
materias primas en el extranjero, evitando al mismo tiempo una vuelta a
la inflació n, lo cual a su vez requería estabilizar la moneda alemana (hacerla
aceptable a nivel internacional) y reducció n del déficit presupuestario del Estado.
Schacht propone en un Nuevo "Plan de cuatro añ os"77 basados en el uso de
"Billetes Mefo", una especie de circulante pseudo monetario al estilo de "letras de
cambio o títulos de crédito, teó ricamente de una empresa independiente (MEFO)
pero que permitían al estado otorgar créditos a industrias sin romper las reglas
monetarias aceptada, dado que esas "letras de cambio" estaban relacionados no
con un lapso de tiempo sino con un resultado econó mico (por ejemplo, el valor de

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un ferrocarril,usina, etc, a ser construida).78 - y en lograr que países extranjeros -


especialmente en América Latina y sureste de Europa- vendieran sus productos a
Alemania pagados ya sea por medio de un intercambio directo con productos
manufacturados en Alemania o en "depó sitos bancarios en Alemania", que solo
podían ser gastados en ese país, específicamente, que no podían ser retirados en
monedas extranjeras. En lo referente al proyecto autá rquico, Schacht implemento
el desarrollo de productos substitutos o ersatz79
Schacht también creó un sistema financiero que permitió al estado alemá n utilizar
el "dinero de extranjeros" depositado en bancos alemanes. Ese sistema constituyó
las bases del utilizado para la administració n, primero, de los fondos de judíos y,
posteriormente, de los caudales en países conquistados.80
Gö ring visitando cuartel de la Reichswerke

En 1935 todo lo anterior lo anterior se combinó en la llamada "economía de


guerra", lo que -a nivel prá ctico- significó la introducció n de medidas
"militarizadas" de reducció n del desempleo -el llamado Reichsarbeitsdienst (o
RAD: Servicio de Trabajo del Reich, introducido en julio de 1934). Esto a su vez
justifico la expansió n del gasto militar bajo la excusa que eran medidas de
reducció n de desempleo.
A partir de 1935-36, se desarrollo un debate entre los encargados de la política
econó mica general. Schacht -junto con Carl Friedrich Goerdeler, encargado de
control de precios- encabezaron una facció n "pro mercado libre" que urgía a Hitler
a reducir el gasto militar, abandonar el proteccionismo implícito en el proyecto de
autarquía y reducir la intervenció n estatal en la economía. Esa facció n fue opuesta
por la encabezada por Hermann Gö ring, quien proponía mantener esas
posiciones.81 Eventualmente la posició n de Gö ring se impuso (lo que llevó a la
renuncia de Schacht). Gö ring tomó su cargo y en adició n a la mantenció n en
general de las políticas descritas, introdujo (julio de 1937) un organismo
(el Reichswerke) dedicado a la promoció n y construcció n de fabricas y usinas, que
eventualmente llegó a ser uno de los complejos industriales má s grandes del
mundo, empleando medio milló n de trabajadores y con un capital de 2400
millones de marcos.82
Varios economistas -empezando con Michal Kalecki- han descrito esas políticas
econó micas como un keynesianismo militar. Si bien es correcto que Alemania Nazi
fue uno de los primeros países que -con posterioridad al abandono del patró n oro-
utilizó el déficit fiscal a fin de promover crecimiento econó mico, conviene recordar
no solo que Keynes publicó su Teoría general de la ocupació n, el interés y el
dinero solo en 1936 (después de la implementació n de muchas de las políticas
delineadas má s arriba) sino también las palabras de Hitler mismo respecto a
carecer de una política econó mica. Así, parece má s correcto sugerir que las
políticas econó micas nazis eran eclécticas, mostrando no solo influencia
"keynesiana" sino también las de otras escuelas, por ejemplo, las propuestas

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econó micas de los fascistas italianos, que, a su vez, se basaban teó ricamente en las
propuestas de Pareto.83 Contrastese, por ejemplo, la descripció n de las políticas
nazis ofrecida por Santoro con la siguiente de las políticas de Mussolini -
proveniente de Franz Borkenau: "En los primeros añ os de su gobierno Mussolini
ejecutó literalmente las prescripciones políticas de Pareto, destruyendo el
liberalismo pero al mismo tiempo reemplazando en general el manejo estatal de
las empresas privadas, disminuyendo los impuestos sobre la propiedad,
favoreciendo el desarrollo industrial, imponiendo un educació n (basada en la
aceptació n ciega de) dogmas..."84
Lo anterior se ha explicado de la siguiente manera: "La razó n principal por esto fue
la percepció n generalizada entre los nazis que la economía no era muy importante,
y que, en todo caso, estaba subordinada a los intereses del Partido o de la política
del Partido. En relació n a los individuos y sus visiones, mientras que el régimen no
fuera abiertamente criticado, había un margen considerable para la discusió n de
economía política y teoría econó mica, no habiendo una línea de partido en asuntos
econó micos. Segundo, en el campo de la política (econó mica) prá ctica había un
profundo nivel de pragmatismo: si las “fuerzas del mercado” podían lograr
objetivos políticos, tanto mejor."85
Con posterioridad a la segunda guerra, las políticas de la "economía de guerra"
influyeron tentativas de desarrollo de países del tercer mundo. Schacht -
encontrado inocente en los juicios de Nú remberg- creó un banco - Deutsche
Außenhandelsbank Schacht & Co.- y se especializó en dar aviso econó mico a
dirigentes de esos países,86 especialmente aquellos en los cuales el ejército llegó a
ser el instrumento de "progreso" (por ejemplo: Egipto, Turquía, Pakistá n, etc).
Propaganda

Los nazis fueron unos de los primeros movimientos políticos que implementaron
lo que puede ser llamado la prá ctica moderna de lapropaganda como ingeniería
social. En las palabras de Joseph Goebbels, quien llegó a estar a cargo del
"Ministerio del Reich para la educació n del pueblo y la propaganda" -creado en
1933-: "Hoy podemos decir sin exageració n que Alemania es un modelo de
propaganda para el mundo entero. Hemos compensado por las fallas del pasado y
desarrollado el arte de la influencia de masas al punto que avergü enza los
esfuerzos de otras naciones. La importancia que la directiva Nacional Socialista
pone en la propaganda quedo clara cuando estableció un "Ministerio para la
educació n del pueblo y la propaganda" después que tomó el poder. Este ministerio
está completamente dentro del espíritu Nacional Socialista y en el se origina. Une
todo lo que hemos aprendido como un movimiento de oposició n confrontando el
enemigo y bajo la persecució n de un sistema inimico, a veces má s de la necesidad
que del deseo. Recientemente algunos han tratado de imitar este Ministerio y su
concentració n de todos los medios de influencia sobre la opinió n, pero aquí
también se aplica el dicho: "a menudo imitado, pero nunca igualado".87

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La teoría nazi sostenía que entre el Fü hrer y su pueblo existía una armonía mística,
una absoluta comunió n -en la medida que el Fü hrer encarna y dirige todas las
aspiraciones y voluntad del pueblo- Pero en la realidad, ese pueblo -como
individuos- puede fallar en entender esa “voluntad general”, así, esa comprensió n y
adhesió n de esos individuos debían ser logradas: "No es solo un asunto de hacer lo
correcto, la gente debe entender que lo correcto es lo correcto. La propaganda
incluye todo aquello que ayuda a la gente a darse cuenta de esto"..la “Propaganda
es un medio para un fin. Su propó sito es llevar a la gente a una comprensió n que
les permitirá , voluntaria y sin resistencia interna, dedicarse ellos mismos a las
tareas y objetivos de una direcció n superior”. y "La gente debe compartir las
preocupaciones y logros de su gobierno. Esas preocupaciones y logros, en
consecuencia, deben ser constantemente presentados y forzados sobre la gente de
tal manera que el pueblo considere que esas preocupaciones y logros son sus
preocupaciones y logros. Solo un gobierno autoritario, fuertemente ligado al
pueblo, puede hacer eso en el largo plazo. La propaganda política, el arte de basar
las cosas del estado sobre las amplias masas de tal manera que la nació n entera se
sienta parte de el, no puede por lo tanto, permanecer solo un medio de ganar el
poder. Debe ser un medio de construir y mantener poder".87
Desde ese punto de vista, la ‘propaganda política’ “esta dirigida a las masas, habla
el lenguaje del pueblo porque desea ser entendida por el pueblo. Su tarea es el arte
má s creativo de poner hechos y eventos a veces complejos en una forma simple,
que pueda ser entendida por el hombre en la calle.” y “La propaganda es por lo
tanto, una funció n necesaria del estado moderno. Sin ella es simplemente
imposible, en este siglo de las masas, aspirar a grandes objetivos. (La propaganda)
Se sitú a al comienzo de la actividad política prá ctica en cada aspecto de la vida
pú blica. Es un requisito importante y necesario”.
Contrario a lo que algunos creen, la técnica bá sica de la propaganda no era, para
Goebbels, la mentira.,88 lo cual no quiere decir que no la empleara. - "Só lo la
credibilidad debe determinar si lo que la propaganda propone debe ser cierto o
falso"89 y "Si la propaganda va a ser exitosa, debe saber lo que busca. Debe
mantener clara y constantemente presente su objetivo y buscar los medios y
métodos apropiados para alcanzar ese objetivo. La propaganda, como tal, no es ni
buena ni mala. Su valor moral es determinado por el objetivo que busca". 87 Lo
anterior establece una situació n má s bien confusa, lo que ha llevado a algunos a
sugerir que se pueden derivar cuatro principios de la "propaganda goebbeliana": 1.
No hay verdad.- 2. Toda informació n (real) es irrelevante.- 3. La historia y los
mensajes de los medios son só lo una narrativa.- 4. La verdad es lo que se escoge
creer.90 Alternativamente, se proponen los siguientes principios: Principio de
renovació n: Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a
un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el pú blico esté ya interesado en
otra cosa. -Principio de la verosimilitud: Construir argumentos a partir de fuentes
diversas. -Principio de la silenciació n: Acallar las cuestiones sobre las que no se

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tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario. -Principio


de la transfusió n: Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un
sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y
prejuicios tradicionales. -Principio de la unanimidad: Llegar a convencer a mucha
gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresió n de
unanimidad.91
Goebbels establece una diferencia entre la propaganda blanca — atribuible y
dedicada a promover — y la negra, dedicada a desprestigiar y no atribuible. La
mayoría de las citas de Goebbels generalmente usadas — por ejemplo: “mentir,
mentir, que algo queda” — se refieren a ese tipo de propaganda. Una vez que un
rumor —correcto o no — es generalmente aceptado, se puede usar como “verdad”
en la propaganda blanca. Un ejemplo de su tiempo es la existencia de un putativo
“problema judío”. Una vez que se hizo general la percepció n que los ciudadanos
alemanes de religió n judía no eran alemanes, la propaganda blanca puede
presentar la "solució n al problema": "Permitan que de algunos ejemplos recientes.
Solo necesito bosquejar los detalles. Está n muy frescos en nuestra memoria para
requerir elaboració n.... El Marxismo no podría haber sido eliminado por una
decisió n gubernamental. Su eliminació n fue el resultado de un proceso que
comenzó con el pueblo. Pero eso solo fue posible porque nuestra propaganda le
había mostrado a la gente que el Marxismo era un peligro tanto para el Estado
como para la Sociedad. La positiva disciplina nacional de la prensa alemana nunca
habría sido posible sin la eliminació n completa de la influencia de la prensa judía-
liberal. Eso solo sucedió debido a nuestra propaganda de añ os... el hecho que fue
eliminada... no es un accidente, sino má s bien dependió en las fundaciones
psicoló gicas que fueron establecidas por nuestra propaganda... Pudimos eliminar
el peligro judío en nuestra cultura porque la gente lo reconoció a consecuencia de
nuestra propaganda.... el prerrequisito fue y es la propaganda, que aquí también
crea y mantiene la conexió n con el pueblo.87
Un ejemplo contemporá neo es el uso por ciertos sectores de la mentira que Barack
Obama no es nacido en EEUU92 y es musulmá n.93 En la medida que el innuendo se
divulga,94 personajes tales como Rand Paul, Glenn Beck, Sarah Palin, etc, sugieren
hay falta de patriotismo de su parte y la necesidad de defender los valores
cristianos de los “padres fundadores”.95 96 97 Encontramos un ejemplo concreto de
Goebbels en su respuesta a la reacció n internacional a la introducció n de
legislació n antisemita -por ejemplo, las Leyes de Nú remberg- Goebbels no busca
ocultar o minimizar tal reacció n al pueblo alemá n, pero la presenta como
“campañ a de propaganda internacional por los judíos”. Y esa reacció n “a la
solució n” del “problema judío” por “medios legales” no afecta el “derecho y
determinació n del pueblo alemá n” a solucionar sus problemas con “su
acostumbrada responsabilidad y seriedad” — “que preferirían “las democracias”...
que se dejara la solució n en las manos del pueblo?” pregunta Goebbels — Y

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concluye: Esa campañ a del judaísmo internacional solo tendrá un resultado: hacer
las cosas aun má s difíciles para sus “parientes raciales” en Alemania.-.98

Adolf Hitler en un sello de la época

De acuerdo a Goebbels, la planificació n de cualquier y todo acto debe considerar


sus implicaciones propagandísticas. Y todo debe contribuir a los objetivos políticos
que la propaganda determina, no en una repetició n mecá nica, pero para construir
una visió n general.99Consecuentemente, la propaganda se desarrolló en varias
direcciones a través de la totalidad de la sociedad y vida publica alemana. Se utilizó
no solo a los medios de comunicació n masivos — libros, perió dicos y afiches que
engrandecían a Hitler como salvador y líder de la raza aria cubrieron las ciudades,
prohibiéndose cualquier expresió n de duda, llegando incluso a la quemas de
libros considerados "perniciosos", no tanto como acto de censura sino de
"expurgació n pú blica". Adicionalmente se organizaron grandes actos pú blicos,
manifestaciones y desfiles, que glorificaban un pasado alemá n mítico, místico y
heroico, junto a la grandeza de Hitler y la disciplina impecable de su ejército; se
difundieron políticas de bienestar (vacaciones, pensiones, etc.), todo sugiriendo
una nació n de guerreros liberados por un héroe seleccionado e inspirado por el
destino, envueltos en una lucha a muerte no solo por su supervivencia, pero por
todo lo que es justo, bello y de valor, contra las miserables razas inferiores que,
motivados por la envidia y la malevolencia, solo saben destruir.
El cine sufrió no só lo la censura, sino ademá s la manipulació n. Todas las películas
debían contener algú n mensaje pronazi. El propio estado se ocupó de producir
películas documentales de propaganda, utilizando todos los adelantos de la técnica
y arte. La radio se convirtió en un medio muy importante para el régimen, ya que
permitía que la voz del Fü hrer entrara en los hogares alemanes, del mismo modo
que la propaganda nazi.
La propaganda no buscaba só lo fortalecer la fidelidad al régimen o el odio hacia los
judíos, sino también -en una actitud derivada de laKulturkampf bismarckiana-
difundir formas culturales consideradas propias o saludables para la nació n,
identificadas con la raza aria. De esta manera, se instaba a los jó venes sanos a
casarse, informá ndoles previamente de los antecedentes raciales de su pareja, y a
procrear familias numerosas. Las mujeres eran alentadas a permanecer en el hogar
y a dedicarse a la crianza de los niñ os.

Los jó venes fueron un blanco importante para la propaganda nazi. Se crearon


instituciones destinadas a la socializació n de niñ os y jó venes, como las Juventudes
Hitlerianas. En ellas los jó venes recibían una cuidadosa educació n física y
adoctrinamiento político. La Liga de Muchachas Alemanas formaba a las niñ as para

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sus futuras tareas en el hogar, mientras los niñ os aprendían destrezas militares. No
obstante lo anterior, un gran nú mero de mujeres también formó parte de
las Hitlerjugend.
Uso de la economía como propaganda política
Para Hitler, su régimen había restablecido la "primacía de la política", a la cual
debía someterse la economía del Tercer Reich. Sin embargo, la legitimidad del
régimen dependía de su habilidad en proveer un nivel de vida aceptable a la
població n en general.
Así las demandas (por menores costos) de los industriales se enfrentaron con la
necesidad de la legitimació n del régimen, dotando de cierto bienestar a los
trabajadores. Estos objetivos contrapuestos llevan a la adopció n de medidas de
incremento de productividad, provisió n de productos populares (de bajo costo) y
algunas medidas de bienestar pú blicas. Ejemplos de estas políticas se encuentran
en las competencias nacionales de destreza en el oficio, el lanzamiento
de Volkswagen -el auto del pueblo- y el establecimiento de "centros de vacaciones
populares" ('Ver Prora).
Esas medidas de “bienestar” han sido denominadas por algunos como un “estado
del bienestar nazi”, financiado a través del “botín de guerra”. El régimen nazi
consideraba la propiedad del fisco y los ciudadanos de los países conquistados
como propiedad del estado alemá n, lo que permitió mantener - para los “miembros
de la raza superior”- bajos niveles de impuestos y altos niveles de consumo incluso
durante la guerra misma. Por ejemplo, a pesar que al comienzo de la guerra Hitler
estableció un impuesto de guerra -50% de todos los salarios- solo el 4% de los
alemanes lo pagó . Para mantener esa situació n, el régimen recurrió a la expoliació n
y al robo organizado desde el estado a nivel industrial, primero de los comunistas,
gitanos y judíos alemanes, posteriormente de los países ocupados. El 70% de los
ingresos del estado alemá n durante la guerra vino de la expoliació n, confiscaciones
y robos en los países ocupados, algunas de cuyas empresas llegaron a tener que
pagar un impuesto del 112% de sus ganancias para un “fondo de lucha contra el
bolchevismo”.100
Política de higiene racial

Véase también: Experimentación médica nazi


Los nazis instauran también el control reproductivo de la sociedad alemana. Es
imperiosa la necesidad de crear nuevos arios y de sacar de la circulació n aquellos
que presenten defectos en nombre de la higiene racial, promoviendo la eugenesia y
recurriendo a la eutanasia si hacía falta. Así mismo, se buscó la fecundació n de
todas las alemanas de buena sangre por parte de la élite aria para que poco a poco
la raza perdida recupere su esplendor. El resultado de esto fue el establecimiento
de los campos Lebensborn en los cuales mujeres de origen ario eran inseminadas
con padres seleccionados para la creació n de niñ os racialmente puros.

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Czeslawa Kwoka - Polaca- 14 añ os de edad. Internada en Auschwitz: 13 de


diciembre de 1942- Muerte: 12 de marzo de 1943 -

El nazismo está imbuido de una paranoia racial que le lleva a tejer todo un
entramado científico-místico. Por una parte, pretende demostrar mediante la
moderna ciencia de la biología, laselecció n natural de Darwin y las leyes de la
herencia de Gregorio Mendel, de modopseudocientífico la realidad de la raza pura
y, por otro lado, presenta la creencia mística de que esta debe recuperar unos
poderes que se le suponen perdidos por los cruces con razassupuestamente
degeneradas, como serían los judíos o, en menor medida, los eslavos. En los judíos
se centra el mal de males y hacia mediados de la Segunda Guerra
Mundial empezará n a ser exterminados en los campos de concentració n.
Antisemitismo Nazi
Para Hitler, los comunistas eran enemigos de la nació n alemana. Pero había un
enemigo mayor aú n que se fusionaba con ese y con los otros posibles: los judíos.
Partiendo de una concepció n racista, desde principios de los añ os veinte Hitler fue
reconstruyendo un estereotipo racial del judío, a partir de las teorías de Walter
Darré, Alfred Rosenberg, Spengler (Siglo XX), Houston Stewart Chamberlain y el
conde de Gobineau (Siglo XIX).
Los judíos encarnaban, para Hitler, todos los males que aquejaban a la nació n
alemana (no judía): eran los proletariados agitadores, los financistas avaros y los
grandes industriales que exprimían al pueblo alemá n; eran la prensa que difamaba
a la nació n, y también los débiles y corruptos parlamentarios có mplices de los
humillantes tratados de paz y de la debilidad de la nació n. Eran, en síntesis, el
enemigo racial, que desde el interior corrompía y contaminaba a la nació n,
debilitá ndola.
El judío era el enemigo absoluto que tanto necesitaba el sistema totalitario para la
movilizació n política y social, así como para distraer la opinió n pú blica de los
propios problemas.
En 1935, las leyes de Nú remberg privaron a los judíos de la ciudadanía alemana y
de todo derecho. Se les prohibió el contacto con los ariosy se les obligó a portar
una identificació n. Las leyes afectaban a todos aquellos a quienes el Estado definía
racialmente como judíos. Continuaron la violencia y el acoso de las SS y de la
policía a los judíos, produciéndose masivas emigraciones.
Luego siguió una segunda fase de expropiació n, caracterizada por la "arianizació n"
de bienes, los despidos y los impuestos especiales.
En 1938 se les prohibió a los abogados y médicos judíos el libre ejercicio de sus
profesiones y se obligó a que los que tenían nombres de pila no judíos que
antepusieran los de "Sara" o "Israel" a los propios, para la identificació n en los
campos de trabajo y en los mismos ghettos). El resultado, distinguirlos.

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Pá gina 3 de "Telegrama urgente (secreto)" ( 1:20 a.m, 10 de Noviembre,1938),.


firmado por Reinhard Heydrich, acerca de "medidas contra los judíos esta noche" e
instruyendo que los “ judíos arrestados” sean trasladados a "campos de
concentració n"

En noviembre, esgrimiendo como excusa el asesinato de un diplomá tico alemá n


en París a manos de un joven judío, fueron atacados por miembros de las SS, en lo
que se llamó la "noche de los cristales rotos". El resultado fue de tal magnitud que
el mismo Estado hubo de restaurar el orden que él mismo había perturbado.
Los judíos fueron considerados globalmente responsables del ataque y obligados a
reparar los dañ os, a indemnizar al Estado alemá n por los destrozos y a entregar el
dinero recibido a compañ ías de seguros. Se los excluyó de la vida econó mica, se les
prohibió el acceso a las universidades, el uso de transportes pú blicos y el
frecuentar lugares pú blicos como teatros o jardines. Adicionalmente ese momento
marcó el comienzo de un programa organizado de internamiento de los judíos
en campos de concentració n: en un telegrama de instrucciones firmada
por Reinhard Heydrich — marcado “Urgente y secreto” — en preparació n a la
Kristalnacht se establece (punto 5): "Tan pronto como el curso de los eventos
durante esta noche permita el uso de los oficiales de policía asignados para este
propó sito, será n arrestados tantos judíos como sea posible acomodar en los
lugares de detenció n de cada distrito. —especialmente judíos ricos. Por el
momento solo será n arrestados judíos varones en buen estado de salud, de edad
no muy avanzada. Inmediatamente que el arresto tenga lugar, se contactara el
campo de concentració n adecuado para ubicar a los judíos tan rá pidamente como
sea posible en esos campos....".101 — esos campos en realidad eran “campos de
trabajo forzado” en los cuales se explotaba a los internados hasta la muerte.102
Finalmente, los judíos fueron concentrados en guetos (barrios especiales donde
vivían hacinados) o en campos. A esto seguiría la esclavizació n y el exterminio
durante la guerra. Los campos de concentració n, inicialmente destinados a la
prisió n preventiva de "enemigos del estado" (por ejemplo: comunistas y social
demó cratas), se convirtieron en lugares de trabajo forzoso, para experimentos
médicos y para la eliminació n física de judíos, gitanos, homosexuales y
discapacitados.
Escena en Buchenwald, el 16 de abril de 1945 - día de su liberació n

Sobre este ú ltimo punto, hay quienes sostienen la inexistencia del holocausto judío,
ya sea en su totalidad o en las proporciones que son comú nmente aceptadas, lo que
ha dado lugar a algunos juicios.103 Los principales expositores de esta visió n
son Robert Faurisson, Paul Rassinier yDavid Irving, Los casos má s conocido son A)
el del Commonwealth de Canadá contra Ernst Zundel, ciudadano alemá n que vivió
en Canadá entre 1958 y el 2000 y quien publicó varios panfletos cuestionando el
holocausto, por lo que fue procesado por "publicar literatura capaz de incitar odio

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contra un grupo identificable".104 En dicho proceso, Alfred Leuchter, quien


falsamente proclamó ser ingeniero, el "má ximo experto mundial en" y
"constructor" de cá maras de gas para las prisiones de los Estados Unidos105 evacuó
el Informe Leuchter, en el que concluyó que "no hubo cá maras de gas para la
ejecució n en ninguno de esos lugares" y B) el de Irving contra Lipstadt y otros, en
el cual Irving fue encontrado "un activo negador del Holocausto... un antisemita y
un racista".
Política exterior

El objetivo final de la política exterior nazi era la conquista del Lebensraum o


espacio vital alemá n. Su imperialismo era a la vez econó mico y racial. Hitler
sostenía que el pueblo elegido (la raza superior) debía disponer de suficiente
espacio, definido como una relació n entre los recursos (tierras, alimentos) y la
població n. Su objetivo inmediato eran las tierras de Europa Oriental, pobladas por
razas consideradas inferiores.
La política interior totalitaria del Tercer Reich estaba al servicio de su política
exterior expansionista. El totalitarismo creaba las bases materiales y psíquicas
para la conquista exterior y, al mismo tiempo, los grandes éxitos y la conciencia de
la "misió n" de la raza distraerían a la població n de la represió n interna.
Hitler expresó desde un principio su voluntad de rearme a Alemania. Realizado
primero en secreto, se hizo pú blico después de 1935 y fue tolerado por las
naciones europeas que estaban má s preocupadas por el avance del comunismo que
el nazismo. La política inglesa y francesa fue la del "apaciguamiento", que consistía
en conceder a Hitler aquello que reclamaba y firmar nuevos pactos, apostando con
esto a mantener a los nazis bajo control.
Ejércitos mayores y mejores entrenados, producció n de barcos de guerra, aviones,
tanques y municiones, e investigació n de nuevos tipos de armamento, absorbieron
crecientes recursos estatales. Por otro lado, el rearme permitió llegar al pleno
empleo y dejar atrá s la crisis de 1929. Esto reactivó la economía alemana y trajo un
nuevo prestigio al reich.
En 1936, las fuerzas militares alemanas reocuparon sorpresivamente Renania.
Desde ese momento y hasta 1939, la tá ctica consistió en ataques justificados por el
derecho alemá n al Lebensraum, seguido por nuevas promesas de paz.
Al episodio de Renania le siguió la intervenció n en la guerra civil españ ola y
la anexió n de Austria en 1938. La semidictadura austríaca intentó en vano impedir
la campañ a de anexió n de los nacionalistas austríacos y dejó finalmente el poder a
los alemanes en 1938. Un plebiscito a favor de la "Gran Alemania" confirmó luego
la Unió n.
El siguiente objetivo fue Checoslovaquia, donde un conflicto con la minoría
alemana de los Sudetes le sirvió de excusa para la anexió n de la regió n en 1938.
Inglaterra y Francia accedieron a estas pretensiones alemanas por medio de

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los Acuerdos de Mú nich y Chescolovaquia debió ceder. Pero Hitler invadió el resto
de Checoslovaquia en 1939. Esto puso de manifiesto su verdadera intenció n y el
fracaso de la política de "apaciguamiento" de Inglaterra y Francia. Cuando, tras
firmar un pacto de no agresió n con la Unió n de Repú blicas Socialistas
Soviéticas (URSS), Hitler se lanzó en septiembre de 1939 a invadir Polonia, Francia
e Inglaterra le declararon la guerra. Así comenzaba la Segunda Guerra Mundial.

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