Velázquez, como su hermano Juan, también «pintor de imaginería», adoptó el
apellido de su madre según la costumbre extendida en Andalucía, aunque
hacia la mitad de su vida firmó también en ocasiones «Silva Velázquez»,
utilizando el segundo apellido paterno.6
Su casa natal en SevillaIglesia de San Pedro (Sevilla). Capilla bautismal en la que fue
bautizado Diego Velázquez
Se ha afirmado que la familia figuraba entre la pequeña hidalguía de la ciudad.7
8
Sin embargo, y a pesar de las pretensiones nobiliarias de Velázquez, no hay
pruebas suficientes que lo confirmen. El padre, tal vez hidalgo, era notario
eclesiástico, oficio que solo podía corresponder a los niveles más bajos de la
nobleza y, según Camón Aznar, debió de vivir con suma modestia, próxima a la
pobreza.9 El abuelo materno, Juan Velázquez Moreno, era calcetero, oficio
mecánico incompatible con la nobleza, aunque pudo destinar algunos ahorros a
inversiones inmobiliarias.10 Los allegados del pintor alegaban como prueba de
hidalguía que, desde 1609, la ciudad de Sevilla había comenzado a devolverle
a su bisabuelo Andrés la tasa que pesaba sobre «la blanca de la carne»,
impuesto al consumo que solo debían pagar los pecheros,11 y en 1613
comenzó a hacerse lo mismo con el padre y el abuelo. El propio Velázquez
quedó exento de su pago desde que alcanzó la mayoría de edad. Sin embargo,
esta exención no fue juzgada suficiente acreditación de nobleza por el Consejo
de Órdenes Militares cuando en la década de los cincuenta se abrió el
expediente para determinar la supuesta hidalguía de Velázquez, reconocida
únicamente al abuelo paterno, de quien se decía que había sido tenido por tal
en Portugal y Galicia.12
Aprendizaje[editar]
La Sevilla en que se formó el pintor era la ciudad más rica y poblada
de España, así como la más cosmopolita y abierta del Imperio. Disponía
del monopolio del comercio con América y tenía una importante colonia de
comerciantes flamencos e italianos.13 También era una sede eclesiástica de
gran importancia y disponía de grandes pintores.14
Su talento afloró a edad muy temprana. Recién cumplidos los diez años,
según Antonio Palomino, comenzó su formación en el taller de Francisco
Herrera el Viejo, pintor prestigioso en la Sevilla del siglo XVII, pero de muy mal
carácter y al que el joven alumno no habría podido soportar. La estancia en el
taller de Herrera, que no ha podido ser documentada, hubo de ser
necesariamente muy corta, pues en octubre de 1611 Juan Rodríguez firmó la
«carta de aprendizaje» de su hijo Diego con Francisco Pacheco, obligándose
con él por un periodo de seis años, a contar desde diciembre de 1610, cuando
pudo haber tenido lugar la incorporación efectiva al taller del que sería su
suegro.1516
En el taller de Pacheco, pintor vinculado a los ambientes eclesiásticos e
intelectuales de Sevilla, Velázquez adquirió su primera formación técnica y sus
ideas estéticas. El contrato de aprendizaje fijaba las habituales condiciones de
servidumbre: el joven aprendiz, instalado en la casa del maestro, debía servirle
«en la dicha vuestra casa y en todo lo demás que le dixéredes e mandáredes
que le sea onesto e pusible de hazer»,17 mandatos que solían incluir moler los
colores, calentar las colas, decantar los barnices, tensar los lienzos y
armar bastidores entre otras obligaciones.18 El maestro, a cambio, se obligaba
a dar al aprendiz comida, casa y cama, a vestirle y calzarle, y a enseñarle el
«arte bien e cumplidamente según como vos lo sabéis sin le encubrir dél cosa
alguna».17
Los pintores de los que fue aprendiz
Francisco de Herrera el Viejo.
San Buenaventura recibe el hábito de San Francisco.
Francisco Pacheco.
Juicio Final.
Pacheco era un hombre de amplia cultura, autor de un importante tratado, El
arte de la pintura, que no llegó a ver publicado en vida. Como pintor era
bastante limitado, fiel seguidor de los modelos de Rafael y Miguel Ángel,
interpretados de forma dura y seca. Sin embargo, como dibujante realizó
excelentes retratos a lápiz. Aun así, supo dirigir a su discípulo y no limitar sus
capacidades.15 Pacheco es más conocido por sus escritos y por ser el maestro
de Velázquez que como pintor. En su importante tratado, publicado
póstumamente en 1649 e imprescindible para conocer la vida artística española
de la época, se muestra fiel a la tradición idealista del anterior siglo XVI y poco
proclive a los progresos de la pintura naturalista flamenca e italiana. Sin
embargo, muestra su admiración por la pintura de su yerno y elogia
los bodegones con figuras de marcado carácter naturalista que pintó en sus
primeros años. Tenía un gran prestigio entre el clero y era muy influyente en los
círculos literarios sevillanos que reunían a la nobleza local.19
Así describió Pacheco este periodo de aprendizaje: «Con esta doctrina [del
dibujo] se crio mi yerno, Diego Velásques de Silva siendo muchacho, el cual
tenía cohechado un aldeanillo aprendiz, que le servía de modelo en diversas
acciones y posturas, ya llorando, ya riendo, sin perdonar dificultad alguna. Y
hizo por él muchas cabezas de carbón y realce en papel azul, y de otros
muchos naturales, con que granjeó la certeza en el retratar».2021
No se ha conservado ningún dibujo de los que debió realizar de este aprendiz,
pero es significativa la repetición de las mismas caras y personas en algunas
de sus obras de esta época22 (véase por ejemplo el muchacho de la izquierda
en Vieja friendo huevos o en El aguador de Sevilla).
Justi, el primer gran especialista sobre el pintor, consideraba que en el breve
tiempo que pasó con Herrera debió transmitirle el impulso inicial que le dio
grandeza y singularidad. Le debió enseñar la «libertad de mano», que
Velázquez no alcanzaría hasta años más tarde en Madrid, aunque la ejecución
libre era ya un rasgo conocido en su tiempo y anteriormente se había
encontrado en el Greco. Posiblemente su primer maestro le sirviese de ejemplo
en la búsqueda de su propio estilo, pues las analogías que se encuentran entre
los dos son solo de carácter general. En las primeras obras de Diego se
encuentra un dibujo estricto atento a percibir la exactitud de la realidad del
modelo, de plástica severa, totalmente opuesto a los contornos sueltos de la
tumultuosa fantasía de las figuras de Herrera. Continuó su aprendizaje con un
maestro totalmente diferente. Así como Herrera era un pintor nato muy
temperamental, Pacheco era culto pero poco pintor, que lo que más valoraba
era la ortodoxia. Justi concluía al comparar sus cuadros que Pacheco ejerció
poca influencia artística en su discípulo.7 Mayor influencia hubo de ejercer
sobre él en los aspectos teóricos, tanto de carácter iconográfico, por ejemplo
en su defensa de la Crucifixión con cuatro clavos, como en lo que se refiere al
reconocimiento de la pintura como un arte noble y liberal, frente al carácter
meramente artesanal con que era percibida por la mayoría de sus
contemporáneos.23
Debe advertirse, con todo, que de haber sido discípulo de Herrera el Viejo, lo
habría sido en los inicios de su carrera, cuando este contaba alrededor de
veinte años y ni siquiera se había examinado como pintor, lo que solo haría en
1619 y precisamente ante Francisco Pacheco.24 Jonathan Brown, que no toma
en consideración la supuesta etapa de formación con Herrera, apunta otra
posible influencia temprana, la de Juan de Roelas, presente en Sevilla durante
los años de aprendizaje de Velázquez. Habiendo recibido importantes encargos
eclesiásticos, Roelas introdujo en Sevilla el incipiente naturalismo escurialense,
distinto del practicado por el joven Velázquez.25
Sus comienzos como pintor[editar]
Inmaculada Concepción, c. 1618 (National Gallery de
Londres) Adoración de los Magos, 1619. Se estima
que sus modelos fueron su familia: así el Niño Jesús sería su hija Francisca, la Virgen su
esposa Juana, Melchor su suegro Pacheco y Gaspar sería el mismo Velázquez.26
Terminado el periodo de aprendizaje, el 14 de marzo de 1617 aprobó ante Juan
de Uceda y Francisco Pacheco el examen que le permitía incorporarse
al gremio de pintores de Sevilla. Recibió licencia para ejercer como «maestro
de imaginería y al óleo», pudiendo practicar su arte en todo el reino, tener
tienda pública y contratar aprendices.1514 La escasa documentación conservada
de su etapa sevillana, relativa casi exclusivamente a asuntos familiares y
transacciones económicas, que indican cierta holgura familiar, solo ofrecen un
dato relacionado con su oficio de pintor: el contrato de aprendizaje que Alonso
Melgar, padre de Diego Melgar, de trece o catorce años, firmó en los primeros
días de febrero de 1620 con Velázquez para que este le enseñase su oficio.27
Antes de cumplir los 19 años, el 23 de abril de 1618, se casó en Sevilla
con Juana Pacheco, hija de Francisco Pacheco, que tenía 15 años, pues había
nacido el 1 de junio de 1602. En Sevilla nacieron sus dos hijas: Francisca,
bautizada el 18 de mayo de 1619, e Ignacia, bautizada el 29 de enero de
1621.2 Era frecuente entre los pintores de Sevilla de su época unirse por
vínculos de parentesco, formando así una red de intereses que facilitaba
trabajos y encargos.