Comparativa del Sistema Ptolemaico Actual
Comparativa del Sistema Ptolemaico Actual
David Galadí-Enríquez
1993
1
ÍNDICE
0. INTRODUCCIÓN............................................... 3
2
0. INTRODUCCIÓN.
3
1. EL SISTEMA SOLAR PARA LA ASTRONOMÍA HOY.
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TABLA 2. Inclinación de las órbitas.
u----------------------------------------------------------------------o
1 I n c l i n a c ión :1
u------------------------------------------------------------l 1
1 PLANETA 1 ( r e f e r e n cia :1
1 e c l í p t i ca) 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------l
1 1 1
MERCURIO 7˚ 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------l
1 1
1 VENUS 3˚ 24’ 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------l
1 1 1
LA TIERRA 0˚ 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------l
1 1
1 MARTE 1˚ 51’ 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------l
1 ´ 1 1
JUPITER 1˚ 18’ 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------l
1 1
1 SATURNO 2˚ 29’ 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------l
1 1 1
URANO 0˚ 46’ 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------l
1 1
1 NEPTUNO 1˚ 46’ 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------l
1 ´ 1 1
PLUTON 17˚ 9’ 1
m------------------------------------------------------------,----------------------------------------------------------------------.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
1Que es, además, el sentido de la rotación de casi todos los planetas,
de la rotación del sol y de la traslación de los satélites en torno de
sus planetas (así la luna alrededor de la tierra).
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(towards the rear, en Toomer) para directo. La incoherencia aparente es
debida a que los términos griegos (y sus versiones inglesas) hacen
referencia al movimiento diurno aparente del cielo, que tiene lugar
justamente en sentido retrógrado.
Si las órbitas planetarias coincidieran todas en un mismo plano,
los planetas, como ocurre con el sol, se verían desde la tierra siempre
sobre la eclíptica. Pero las ligeras inclinaciones de sus órbitas hacen
que se aparten de este camino. La distancia angular aparente de un
planeta (o de cualquier otro objeto celeste) a la eclíptica se denomina
latitud. Dada la escasa inclinación de las órbitas planetarias, los
planetas (salvo Plutón) muestran siempre latitudes pequeñas. Por ello
la teoría del movimiento en latitud de los planetas ocupa un lugar
secundario en el Almagesto (libro XIII), y suele dejarse de lado en los
estudios de introducción al sistema ptolemaico. Eso haremos nosotros, y
comentaremos tan sólo la parte de la teoría referente al movimiento a lo
largo de la eclíptica, esto es, al movimiento en longitud.
Para medir la longitud de un astro, es necesario ante todo señalar
un punto determinado sobre la eclíptica para emplearlo como referencia.
Señalado ese punto, se define la longitud de un astro como el arco de
eclíptica que hay que recorrer desde tal punto hasta el punto de la
eclíptica más cercano a ese astro. La elección del punto de referencia
no es trivial, y se hace como sigue:
Imaginemos la esfera celeste en torno a la tierra. Tracemos sobre
la esfera celeste la eclíptica (que define un círculo máximo).
Imaginemos ahora que el ecuador terrestre se proyecta en el cielo, y
define así un segundo círculo máximo llamado ecuador celeste. Los dos
puntos de corte del ecuador celeste con la eclíptica se denominan
equinoccios: el sol, en su movimiento aparente sobre la eclíptica, ocupa
justamente uno de ellos al comienzo de la primavera boreal, y el otro al
comienzo de la primavera austral. Pues bien, la referencia para la
medida de longitudes es el equinoccio de la primavera boreal. Recibe
este punto también las denominaciones de punto vernal o primer punto de
Aries. El equinoccio de la primavera austral se llama también
equinoccio del otoño boreal o primer punto de Libra.
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1.2. LEYES DE KEPLER.
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TABLA 3.
u----------------------------------------------------------------------------o
1 P E R I O D O ORBITAL1
u------------------------------------------------------------l 1
1 PLANETA 1 años (días)1
1 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------------l
1 1 1
MERCURIO 0.24 (87.97)1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------------l
1 1
1 VENUS 0.615 (224.7)1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------------l
1 1 1
LA TIERRA 1.00 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------------l
1 1
1 MARTE 1.88 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------------l
1 ´ 1 1
JUPITER 11.86 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------------l
1 1
1 SATURNO 29.46 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------------l
1 1 1
URANO 84.02 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------------l
1 1
1 NEPTUNO 164.77 1
j------------------------------------------------------------k----------------------------------------------------------------------------l
1 ´ 1 1
PLUTON 247.98 1
m------------------------------------------------------------,----------------------------------------------------------------------------.
EL CARÁCTER DE LEY.
La descripción del sistema solar de Ptolomeo consta de una serie de
hipótesis enunciadas a partir de datos observacionales, establecidas
intentando ajustar la realidad a un modelo matemático. En ese sentido,
las leyes de Kepler tuvieron el mismo carácter (empírico y de ajuste)
cuando fueron descubiertas y enunciadas. Sin embargo, ya desde su
descubrimiento, las leyes de Kepler presentan un rasgo que, de manera
radical, las diferencia del modelo ptolemaico, y es su categoría de
leyes, o sea, enunciados científicos de validez general. Las hipótesis
de Ptolomeo son formuladas de manera particular para cada planeta, se
trata de enunciados ad hoc casi totalmente independientes. Bien es
verdad que subyace como principio rector la voluntad de explicar las
observaciones recurriendo a movimientos circulares y perfectos, pero los
modelos concretos que se aplican a cada astro pueden ser bastante
diferentes. De hecho, aunque para los planetas de Venus a Saturno hay
9
un patrón común, Ptolomeo no tiene reparos en añadir una esfera más al
modelo de Mercurio, y los modelos solar (reflejo, para nosotros, del
movimiento terrestre) y lunar (también descrito, en la tradición
moderna, por las leyes de Kepler) difieren del patrón general
planetario. Además, los astrónomos medievales continuadores de la
tradición ptolemaica introdujeron con posterioridad diferencias
adicionales entre los modelos de los distintos planetas, sin que ello
supusiera una perversión filosófica del sistema.
ARMONÍA.
Las leyes de Kepler no sólo son una solución global (para todos los
planetas) y general (resuleve todos los casos posibles, incluso los de
los planetas no descubiertos en la época de su enunciado), sino que
además introducen en la descripción matemática un elemento integrador,
que liga interdependientemente, vía la tercera ley, los orbes de los
distintos planetas. En el sistema planetario descrito en el Almagesto
existen algunos rasgos de armonía e interrelación, pero sólo en lo
concerniente a la ligadura de los movimientos epicíclicos con el
movimiento del sol. No en vano, Ptolomeo se refiere a la anomalía
sinódoca como h pro ton hlion anomalia. Trataremos esto más adelante y
comprobaremos que, más que un rasgo integrador del modelo, se trata del
reflejo del movimiento terrestre en el de cada uno de los planetas.
No quedan aquí las diferencias de tipo filosófico entre el modelo
actual y el ptolemaico.
A finales del siglo XVII, Isaac Newton publicó sus leyes de la
mecánica y la ley de la gravitación universal, y demostró que las tres
leyes de Kepler se deducen a partir de ellas. Hoy día, las leyes de
Kepler se aceptan no como principios aislados comprobados empíricamente,
sino como consecuencias lógicas de las leyes de Newton, de validez más
general y de carácter causal. Estos dos rasgos son diferencias
esenciales entre el modelo actual y el de Ptolomeo.
CAUSALIDAD.
La segunda ley de la dinámica de Newton es una ley causal que
relaciona fuerza (causa) con aceleración (consecuencia), e incluye una
definición implícita de masa como la constante de proporcionalidad que
las liga. Las leyes de Kepler, a la luz del paradigma newtoniano y como
consecuencias de él, expresan las propiedades de los movimientos
planetarios como provocados por una única causa (la fuerza de la
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gravedad entre el sol y los planetas), a través de una única
consecuencia (la aceleración que la fuerza induce en las masas). No es
posible, en cambio, hacer una lectura causal del sistema ptolemaico.
UNIVERSALIDAD.
Las leyes de Newton son de validez universal. Las leyes de Kepler,
como consecuencias de ellas, son de aplicación más restringida, pero aun
así son válidas tanto para describir el movimiento planetario como el de
los cometas en el sistema solar, o la revolución de los distantes
sistemas estelares dobles, las trayectorias de las sondas espaciales
entre los planetas, el giro de los satélites y, si despreciamos el
rozamiento con el aire, también el lanzamiento de proyectiles, la forma
de un chorro de agua o la caída de una piedra. La generalidad de la
validez de los principios que hoy usamos para describir el sistema solar
es de trascendencia filosófica. Empleamos las mismas leyes para
comprender y explicar acontecimientos terrenales y celestiales: un
astrónomo actual, cuando contempla el movimiento de un planeta, es
consciente de estar observando materia, fuerza y aceleración, al igual
que cuando lanza una moneda al aire. La diferencia con la filosofía
subyacente al Almagesto es radical. Ptolomeo, en su aristotelismo,
separa claramente las esferas celestes de lo que acontece en el mundo
terrenal. Los orbes celestes, incorruptibles y eternos, en sus
revoluciones circulares y perfectas2 se rigen por normas totalmente
ajenas a la física del orbe sublunar, reino de lo mudable, corruptible,
imperfecto y violento. Este credo aristotélico de Ptolomeo es expuesto
y declarado explícitamente en el prefacio del Almagesto.
PTOLOMEO Y COPÉRNICO.
Copérnico, en De Revolutionibus, propone su conocido sistema
heliocéntrico. En contra de lo que suele pensarse, la obra copernicana
se halla más próxima a la tradición medieval ptolemaica que al
heliocentrismo de la física celestial inaugurada por Kepler. Los
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2El postulado de movimiento circular y perfecto se expone
repetidamente en el Almagesto. Con especial claridad en III.3 y
en IX.2, donde afirma que ’Ahora nuestro propósito es demostrar
para los cinco planetas, al igual que hicimos para el sol y la
luna, que sus anomalías aparentes pueden representarse por
movimientos circulares uniformes, ya que estos son propios de la
naturaleza de los seres divinos, mientras que el desorden y la no
uniformidad les son ajenos.’
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objetivos, los métodos matemáticos y las soluciones geométricas de
Copérnico son los mismos del Almagesto. También la filosofía subyacente
es la aristotélica, y persiste la obsesión por los movimientos
circulares y uniformes. Las diferencias entre Ptolomeo y Copérnico sí
son sólo cuestion de un cambio de punto de vista. Para pasar a la
descripción kepleriana o, aún más, a la newtoniana moderna, es necesario
mucho más.
ELONGACIÓN.
El concepto de elongación, usado ya por Ptolomeo y aún en uso, hace
referencia a la distancia angular entre dos cuerpos celestes, medida a
lo largo de la eclíptica. Se aplica casi en exclusiva a la diferencia
en longitud entre un planeta y el sol. Como los planetas presentan
latitudes muy pequeñas, la elongación de un planeta coincide casi
exactamente con su distancia angular al sol (ver figura 2).
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MOVIMIENTO APARENTE DE LOS PLANETAS SUPERIORES.
La simple circunstancia de hallarse dentro o fuera de la órbita
terrestre hace que los movimeintos de los planetas cobren aspectos muy
diferentes vistos desde la tierra. Las órbitas de los planetas
superiores yacen más allá de la de nuestra tierra. Los planetas
superiores son Marte, los asteroides, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y
Plutón, aunque sólo Marte, Júpiter y Saturno eran conocidos para
Ptolomeo.
Es fácil entender que un planeta superior no puede pasar entre la
tierra y el sol. Por tanto, no podemos hablar de la conjunción inferior
de un planeta superior. Los planetas superiores sí pueden, sin embargo,
encontrarse, vistos desde la tierra, al otro lado del sol (o sea, el sol
entre el planeta y nosotros). Sí existe, entonces, la conjunción
superior de un planeta superior. No es necesario distinguir dos tipos
de conjunciones para un planeta superior y, por ello, se dice
simplemente la conjunción, y ello define sin ambigüedad la situación de
un planeta superior en la cual su elongación es 0˚ y el sol se halla
entre el astro y nosotros.
Nuevamente debido a la tercera ley de Kepler, la tierra se mueve en
su órbita más rápido que cualquier planeta superior. Debido a ello,
nuestro mundo adelanta a estos planetas en su movimiento, y esto
determina el aspecto de su camino observado sobre el fondo del cielo.
Comenzaremos a observar un planeta superior cuando su elongación
sea 0˚ (conjunción) ys eguiremos su evolución durante un periodo
sinódico completo, esto es, hasta que la elongación vuelva a ser 0˚.
Cuando la elongación es 0˚ el planeta se halla en conjunción, en el
punto a de la figura 4. Entonces la tierra ocupa la posición a’. En la
misma figura, la posición aparente del planeta superior, proyectado éste
contra el cielo, aparece señalada con la letra A.
Durante los meses siguientes, el movimiento aparente del planeta
tiene lugar en sentido directo (de oeste a este). La elongación del
planeta crece progresivamente: el astro se aparta del sol. En cierto
momento (puntos c, c’ y C en la figura 4), la elongación alcanza el
valor 90˚: entonces se habla de cuadratura. La figura 5 muestra las dos
posiciones posibles de un planeta superior, en las que la elongación es
de 90˚, esto es, las dos cuadraturas (oriental y occidental).
A partir de la cuadratura occidental, el movimiento de la tierra,
más rápido, hace que nuestro planeta adelante al superior: el movimiento
15
2. ALGUNAS NOTAS SOBRE EL SISTEMA PTOLEMAICO.
18
De la misma manera que Ptolomeo solventa de un plumazo los
problemas que provocaría una tierra de dimensiones excesivamente
grandes, Copérnico, tanto en el Commentariolus como en De
Revolutionibus, salva de entrada la dificultad de la paralaje estelar
postulando una órita terrestre de dimensiones despreciables frente a la
esfera de las estrellas fijas. Así, sin embargo, no salva las
dificultades filosóficas que implica para la física de Aristóteles el
movimiento de la tierra. He aquí el único punto de verdadera
importancia en el que Copérnico, al formular su hipótesis heliocéntrica,
debió apartarse de la ortodoxia aristotélica.
19
longitud de año que adoptamos es la del año trópico, debido a una razón
que el mismo Ptolomeo ya da:
"Y si consideramos lo que es apropiado desde un punto de vista
físico, no encontraremos nada que de manera más razonable pudiera
ser considerado una ’revolución’ que aquello que devuelve al sol a
una condición atmosférica similar y a la misma estación..."
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este punto, el centro del epiciclo se mueve con velocidad angular
constante. El segundo centro es el centro geométrico del círculo
deferente, y a veces se lo denomina punto excéntrico. Este punto se
sitúa en la línea que une el centro de la eclíptica con el punto
ecuante, y justamente a mitad de camino entre estos dos. Así, la línea
que contiene el centro de la eclíptica, el excéntrico y el ecuante es
también la línea de los ápsides del planeta: uno de sus extremos es el
apogeo y otro el perigeo.
En el caso de Venus, pues, reconocemos en el epiciclo un reflejo
directo de la órbita verdadera del planeta en torno al sol, mientras que
el deferente se encarga, esencialmente, de hacer que el movimiento del
planeta siga en promedio al sol en su camino, o sea: el deferente de
Venus es un reflejo del movimiento de la tierra en torno al sol.
El desplazamiento del centro del epiciclo a lo largo del deferente
no es uniforme visto desde la tierra, como ya hemos comentado. La
introducción del punto ecuante y el centrar el deferente en un punto
excéntrico, introducen irregularidades en el movimiento observado que
tienden a refinar el modelo, perfeccionando las efemérides que genera.
La introducción del punto ecuante tiene un efecto sobre el movimiento
aparente similar al contenido de la segunda ley de Kepler: el planeta,
en su movimiento aparente, acelera en el perigeo, y desacelera en el
apogeo. En el Almagesto, la separación entre los tres puntos centrales
de los deferentes planetarios se denomina excentricidad. Una
excentricidad ptolemaica grande implica una mayor irregularidad aparente
de las revoluciones de un planeta. Análogamente, el achatamiento de las
esferas keplerianas se mide mediante un parámetro denominado también
excentricidad, y el efecto de cambio de velocidad del astro en su órbita
expresado en la segunda ley de Kepler, es tanto más acentuado cuanto
mayor es la excentricidad kepleriana (achatamiento) de la órbita.
2.4 MERCURIO.
22
115.9 días). De nuevo, el deferente no está centrado en la tierra, sino
en un punto excéntrico, y el movimiento es uniforme no respecto de estos
puntos, sino de un tercero, el punto ecuante. Pero Mercurio requiere de
una hipótesis adicional para explicar su movimiento aparente, como es
hacer girar el punto excéntrico (y, con él, el deferente del cual es
centro) en una circunferencia pequeña centrada en la posición media.
Esto complica el modelo, el cálculo de sus parámetros a partir de la
observación y la generación de efemérides. Puede demostrarse que, de
esta manera, el centro del epiciclo describe una trayectoria combinada
en forma de ovoide.
Mercurio es un planeta cuyo movimiento siempre ha resultado
conflictivo en la historia de la astronomía. Para comenzar, es de
observación difícil debido a su cercanía al sol. Sus movimientos son
muy rápidos (periodo sideral heliocéntrico de unos 88 días) y tienen
lugar según una órbita que es, a la vez, la más inclinada y la de
excentricidad kepleriana más grande (salvo Plutón, que ahora no nos
interesa). No es extraño que la descripción de sus revoluciones
resultase especialmente dificultosa y exigiese hipótesis adicionales al
autor del Almagesto. Este planeta se resistió durante siglos incluso al
modelo newtoniano, puesto que la intensidad del campo gravitatorio solar
en aquella región hace que sea necesario tener en cuenta efectos
relativistas en el cálculo de las efemérides de Mercurio.
23
sólido) y de Tycho Brahe3.
Hay varias razones que excluyen este tipo de solución para el
Almagesto. En principio, la cuestión estética. Como veremos al
discutir el orden de las esferas en Ptolomeo, la disposición atribuida a
los orbes en el sistema ptolemaico se basa en buena medida en criterio
de estética, y no sería sino una perversión del cuadro introducir la
irregularidad de hacer girar dos planetas en torno al sol, mientras que
los otros tres no, habiendo soluciones alternativas.
Está también la objeción filosófica: desde un punto de vista
aristotélico, una de las razones en contra del modelo heliocéntrico fue
siempre que este tipo de sistema exigiría que la luna fuese arrastrada,
en su giro alrededor de la tierra, por la misma tierra en torno al sol.
Se argüía que la luna quedaría atrás, y la misma lógica sería aplicable
a un sol que arrastrase dos planetas como satélites en su viaje
geocéntrico. El descubrimiento por Galileo en 1610 de las lunas de
Júpiter, invalidó de un plumazo este razonamiento.
Pero podemos contemplar también la incompatibilidad técnica de esta
solución con el sistema ptolemaico en su conjunto. Aunque el centro de
los epiciclos de los planetas inferiores siga al sol, lo hace sólo en
promedio: las anomalías excéntricas de los planetas, independientes
entre sí y de la del sol, con líneas de los ápsides también distintas,
harían imposible que los epiciclos de Mercurio y Venus yacieran,
directamente, en el deferente del sol4: las esferas introducidas por
ptolomeo seguirían siendo necesarias, y todas se mezclarían a una
distancia promedio de la tierra común. Obviamente, si no se gana en
simplicidad (argumento valorado por Ptolomeo) y sí se pierde en
claridad, las esferas de los planetas inferiores deben quedar separadas
e independientes.
La observación a ojo desnudo no ayuda en esta discusión. Pero el
telescopio sí que lo hace. Si los planetas inferiores giraran en torno
al sol en sus epiciclos, en la conjunción superior sus discos, al
telescopio, deberían mostrarse totalmente iluminados, mientras que en
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
3En este sistema, no sólo los planetas inferiores, sino también los
superiores giraban en torno al sol, aunque el sol lo hacía alrededor de
la tierra. Las medidas de Brahe (las más precisas hasta aquel momento)
no detectaban indicios de paralaje estelar, por lo que Tycho no dio el
paso final de colocar a la tierra como uno más de los planetas.
4La complejidad añadida del sistema de Mercurio dificultaría aún más la
fusión.
24
las máximas elongaciones medio disco debería aparecer iluminado y el
otro medio en la sombra. Si la ubicación ptolemaica fuera la correcta,
la mayor parte del disco de los planetas inferiores debería aparecer
ocura en cualquier momento. En 1610, Galileo observó Mercurio y Venus y
comprobó que sus discos atraviesan el ciclo completo de fases, lo que
demuestra sin lugar a dudas que el centro de su revolución es el sol.
Esta experiencia, que refuta este detalle concreto del sistema
ptolemaico, puede ser hecha hoy día por cualquiera con un pequeño
telescopio. Esto no constituye, sin embargo, una prueba del modelo
heliocéntrico: el modelo geocéntrico de tipo egipcio de Heráclides
seguiría siendo compatible con esta observación.
25
de los epiciclos de los planetas superiores, es el reflejo en el modelo
de Ptolomeo del movimiento heliocéntrico de los planetas. Esta es una
diferencia funcional importante con el modelo de Venus.
Para Venus, era el movimiento de la tierra el que se reflejaba en
el movimiento sobre el deferente. En los planetas superiores, el
movimiento terrestre se manifiesta en los epiciclos. En X.6, Ptolomeo
expone y demuestra un teorema importante, que expresa la coordinación
del giro de un planeta superior en su epiciclo con el movimiento
geocéntrico del sol. El resultado puede enunciarse como que la línea
que une el centro del epiciclo con el planeta, siempre es paralela a la
línea que une la tierra con el sol.
El sistema de epiciclos, aplicado a los planetas superiores,
reproduce los rizos que trazan estos astros en sus trayectorias
aparentes, siempre en las épocas en torno a la oposición. El intervalo
de tiempo en que el epiciclo arrastra al planeta en un movimiento
retrógrado, debe coincidir siempre, pues, con la oposición, y el periodo
de giro en torno al epiciclo debe ser, por tanto, necesariamente igual
al periodo sinódico del planeta (intervalo entre dos oposiciones).
Efectivamente, Ptolomeo propone para estos giros periodos de 378.093
(Saturno), 398.886 (Júpiter) y 779.398 (Marte) días solares medios,
cuando los valores hoy aceptados para las revoluciones sinódicas de
estos planetas son, respectivamente, 378.1, 398.9 y 779.9 días.
Pero el rizo de la trayectoria aparente es, como ya comentamos en
la sección 1.4, un efecto de perspectiva debido al movimiento de la
tierra. Desde el sol, los movimientos aparecen siempre directos. La
necesidad de un epiciclo para los planetas superiores en el modelo del
Almagesto es un reflejo del movimiento terrestre. También la
trayectoria del sol es reflejo del movimiento terrestre, y no es de
extrañar, pues, que los giros epicíclicos de los planetas superiores y
el giro del sol estén estrechamente relacionados del modo enunciado en
el teorema de Ptolomeo. ¡Se trata en realidad del mismo movimiento ------el
de la tierra------ contemplado cuatro veces! Así las cosas, el teorema de
Ptolomeo es una necesidad lógica del punto de vista geocéntrico, y no
una propiedad armónica del sistema solar como conjunto. La formulación
de Ptolomeo es que el sol rige las anomalías epicíclicas o sinódicas de
los planetas superiores (de ahí la expresión ya comentada, h pro ton
hlion anomalia), mientras que nosotros decimos que el movimiento de la
tierra determina tanto la trayectoria aparente del sol, como los rizos
retrógrados de los planetas superiores.
26
2.7. EL ORDEN DE LAS ESFERAS.
27
Razona la ubicación del sol "Porque poner el sol en el medio está más en
consonancia con la naturaleza de los cuerpos, al separar aquellos que
alcanzan todas las distancias posibles de sol de aquellos que no lo
hacen, sino que se mueven siempre en su vecindad". En cada grupo adopta
la ordenación según periodos medios (periodos epicíclicos para el grupo
inferior, periodos en la deferente para el superior), con lo que el
conjunto queda ordenado de manera armónica.
Debemos señalar, sin embargo, que una ordenación diferente (eso sí,
respetando la cercanía máxima de la luna) no hubiera alterado los
resultados del sistema ptolemaico en modo alguno. La ordenación de las
órbitas es, en cambio, de importancia fundamental en el paradigma
kepleraiano, dada la relación entre periodos y distancias al sol
expresada en la tercera ley.
28