El día del corazón
Durante seis días se trabajará, pero el séptimo será un día de reposo, de
asamblea litúrgica, en el que ustedes no harán ningún trabajo. Será un
sábado consagrado al Señor, cualquiera sea el lugar donde habiten. Levítico
23:3.
Todos los grupos religiosos tradicionales reconocen la semana como una
división del tiempo cíclicamente asociada a un día de reposo y adoración.
Entre los valiosos documentos reunidos en el Museo Británico se
encuentran algunos ladrillos sagrados del calendario caldeo. Esos ladrillos
probablemente fueron escritos antes de los días de Abram. En uno de los
ladrillos se encuentra la palabra sabbaton (sábado), y en otro ladrillo se
explica que esa palabra significa -día de descanso del corazón-
El movimiento Adventista surgió por la Providencia para, entre otras cosas,
restaurar "el día de descanso del corazón" y darle al mundo un Testimonio
semanal del poder creador de Dios. Esto implica no solamente la
proclamación de la vigencia del cuarto mandamiento, sino también la
responsabilidad de demostrar cómo observarlo en la letra y en el espíritu. La
santificación del sábado puede ser una venturosa experiencia en nuestra
vida si lo honramos "no andando en tus propios caminos, ni buscando tu
voluntad, ni hablando tus propias palabras".
Un grupo de exploradores americanos fue al África con el propósito de
internarse en plena selva. Contrataron a algunos guías nativos. El primer día
del viaje avanzaron rápidamente; y lo mismo sucedió en el segundo, el
tercero y los demás, hasta el sexto día. Sin embargo, en el séptimo los guías
permanecieron sentados debajo de un árbol. -¡Vamos-gritaban los
exploradores. - Hoy nosotros no Ir - replicó uno de los nativos-, nosotros
descansar para el alma quedar un día con el cuerpo. Tenían razón los
nativos, pues el ser humano necesita esta pausa semanal, no sólo para el
reposo físico sino también para reacondicionar el espíritu, poniéndola en
sintonía con el Creador.
EL CARÁCTER DE JOB
Job 1:1-10
Hay un hombre de 23 años llamado Stefan Betz. Este joven tiene una condición
médica muy extraña y super rara llamada insensibilidad congénita al dolor. Esta
condición es tan rara que solo unos pocos cientos de personas en la población
mundial la tienen. ¿Qué es la insensibilidad congénita al dolor? Es una condición
médica que no permite ningún dolor físico. Quien tiene esta condición puede
quemarse la mano o pasar por una cirugía extensa sin anestesia y no sentir dolor
ni molestias de ningún tipo.
El libro de Job, que se supone que fue redactado primero por Moisés, es
considerado por muchos como el más antiguo del mundo. Su objeto es exponer la
prueba de un «hombre recto».
El mismo Job es totalmente desconocedor de que está siendo empleado por Dios
como ejemplo para todas las generaciones. Nada sabe acerca de la conferencia
que ha tenido lugar con respecto a él, y que se registra en los vv. 7 a 12.
La vida de Job fue probablemente contemporánea a la de Abraham, por
cuanto en el libro no se hace mención alguna a Israel, ni al Tabernáculo, ni al
Templo ni a la Ley.
Este libro es de gran valor como revelación de las fuerzas en acción contra la vida
de los justos.
El que Job no es un carácter mítico queda claramente demostrado en
Ezequiel 14:14 y 20, donde su nombre es mencionado por el mismo Jehová.
Como la enseñanza de este libro se centra en la persona de Job, intentaremos
comprender sus principios directores a través de este hombre, para que ellos
puedan, si es posible, llegar a ser más interesantes y poderosos en nuestras
propias vidas individuales.
I. Job era perfecto. «Era este hombre perfecto y recto, y temeroso de Dios, y
apartado del mal» (v. 1, RV). «No hay otro como él en la tierra» (v. 8).
Como hombre, era todo lo que un hombre en aquellos tiempos pudiera ser en
santidad de carácter. El hecho de que no hubiera «otro como él en la tierra» no es
su propio testimonio, sino la declaración de Aquel que conoce lo que hay en el
hombre. «Jehová… conoce a los que en Él confían» (Nah. 1:7).
Job era perfecto, no en el sentido de ser sin pecado, sino en el sentido de
estar llanamente (heb.) dedicado a Dios y a la rectitud. Era transparentemente
recto, según su conocimiento y capacidad. Andaba en la luz, aunque aquella luz
pueda haber sido aún una penumbra.
Como hombre honrado que era, Job andaba rectamente, en lo moral, delante de
Dios y de los hombres. Su carácter está en acusado contraste con la multitud de
personas que, como la mujer en el Evangelio, están tan «encorvadas» por el amor
del mundo y por el temor a los hombres, que no pueden enderezarse en modo
alguno.
El amor y la concupiscencia son cadenas que atan las almas de los hombres
como con grilletes herrados.
II. Job era rico. «Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas
yuntas de bueyes», etc., «y era aquel varón el más grande entre todos los
orientales» (v. 3).
Los hombres buenos no son siempre ricos; pero Dios había ciertamente
recompensado la bondad y fidelidad de Dios, permitiéndole llegar a ser el hombre
más rico del país.
Los mejores serán siempre los más ricos, si no en lo material, desde luego en los
tesoros más permanentes, los espirituales y divinos. Aunque había un abismo de
agonía entre la vida presente y la futura de Job, sin embargo, descubrió que ser
recto compensaba.
El hombre perfecto será recto, temerá a Dios y aborrecerá el mal, aunque
deba sacrificar todas sus posesiones terrenales a este fin. Si aumentan sus
riquezas, incluso sus riquezas espirituales, él no pone su corazón en ellas.
III. Job era sabio. «Se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al
número de todos [sus hijos].
Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos y habrán maldecido a Dios en
sus corazones. De esta manera hacía cada vez» (v. 5). Estas reuniones familiares,
para disfrute social, eran en sí mismas un buen testimonio de su padre, recto y
sacerdotal.
Aquellos siete hijos deben haber recibido una buena crianza, siendo que buscaban
la comunión entre sí, y que no dejaban de convidar sobre todo a las tres hermanas
a sus fiestas. Job no prohibió estas fiestas, pero conocía demasiado bien la
naturaleza humana para suponer que no hubiera ningún riesgo moral involucrado
en estas ocasiones. «Quizá habrán pecado mis hijos».
Cuando se trata de la búsqueda de los placeres es muy fácil olvidar a Dios, y
actuar de una forma que deshonre su santo nombre. Así que Job, el sacerdote de
su propia familia, ofrece un sacrificio por cada uno de sus hijos. Como sabio
padre, está profundamente interesado en que sus hijos sean rectos para con Dios.
No es suficiente para un «varón perfecto» que su familia sea sana y feliz y
próspera en este mundo; anhela intensamente, y no ahorra sacrificio alguno, para
que llegue cada uno de ellos a vivir y caminar en el temor y favor de Dios. El
pecado contra Dios es aquello que su alma recta ha aprendido a aborrecer.
IV. Job estaba protegido. «¿No le has rodeado de una valla de protección a él y a
su casa y a todo lo que tiene?» (v. 10).
Su persona, su familia y sus propiedades estaban valladas por el cuidado especial
de Dios. A su alrededor se levantaban tres círculos defensivos. Él y los suyos eran
como la vid del Señor (Is. 5:1, 2). Satanás parece haber conocido más acerca de
la inexpugnable posición en que estaba Job que el mismo Job. Su temor de Dios
lo había puesto más a seguro de lo que él pensaba.
El Dios de ayer es el mismo Dios hoy. No podemos ver al «ángel de Jehová
[que] acampa alrededor de los que le temen», pero el diablo sí. Las vallas hechas
por el Señor son demasiado fuertes incluso para la astucia de Satanás.
El testimonio de Satanás con respecto a la seguridad de los hijos de Dios es de
enorme valor. Sin el permiso de Dios su gran poder es totalmente impotente
contra el hombre que se refugia en los baluartes de su Dios. «Dios es nuestro
amparo y fortaleza, … Por tanto, no temeremos.»
V. Job estaba señalado. «Y dijo Jehová a Satanás: ¿No has considerado a mi
siervo Job…? Respondió Satanás a Jehová: ¿Acaso teme Job a Jehová de
balde?» (vv. 8, 9).
Job, siendo un varón perfecto y recto, era objeto a considerar por parte del Señor
y de Satanás. Era hombre marcado para el favor de Dios, y para la envidia de
Satanás. Tanto Dios como el Diablo señalan al hombre perfecto (Sal. 37:37).
La consideración divina es toda para nuestra seguridad y utilidad, mientras que la
consideración satánica es cómo lograr perturbarnos y destruirnos. ¿No es cierto
en un sentido que todo «hombre perfecto en Cristo Jesús» llega a ser objeto
especial del asalto del poder de las tinieblas? Cuando Josué, el sumo sacerdote,
fue visto «de pie delante del ángel de Jehová», Satanás fue visto «a su mano
derecha para acusarle» (Zac. 3:1).
¿Por qué estaba Satanás tan deseoso de tener a Simón Pedro para sacudirlo
como a trigo? ¿Acaso temía que aquella cálida e impetuosa naturaleza llegara a
consagrarse enteramente a la causa de Jesucristo? Aquellos por los que Satanás
y sus huestes no se preocupan deben estar haciendo bien poco por la causa de
Dios. El cielo y el infierno señalan al hombre piadoso.
Revestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra
las artimañas del diablo.