Ancla vacía
A través de las ventanas brota la luz grisease de un
día. ¿Cómo tener? ¿Cómo acaparar todo lo que el
mundo nos dijo que estaba bien? Intentas secuestrar
el dogma implantado en tu mente; un saber vacío,
una dulzura que te pueda dar la vida. Y no sabes a
dónde vas. Más bien, no sabes de qué lugar pudiste
venir. Quiero tocar tu cuerpo, tu rostro, quiero ver
tu mirada y tu sonrisa. Quiero sentir la poca
sensación que nos queda en estos, nuestros tiempos
violentos. El fantasma se pasea por pasillos azules.
Sonríe a destiempo. Es el salón de una fabrica
espectro. Palabras dulces brotan de mis oídos,
digamos: «el último día de mi estirpe, quiero ver tus
manos tocando el sol». Pero solo es la ilusión.
Imaginación precoz dando vida a estas palabras
intangibles. Por supuesto mi cuerpo también se
mueve por los pasillos. Por supuesto, los pasillos no
son más, que un laberinto. Doce horas atados a
nuestra esperanza. Qué podemos esperar de aquello,
dice una voz que luego se disipa… El ancla vacía
del universo yace en… En tal vez, tu extraña forma
de aparentar, en tu extraña forma de amar. La
distancia es tan… Que tan solo nos queda el reflejo
de tus dedos tocando… Pienso en ruso. Pienso en
un lenguaje que ni siquiera yo podría entender.
Pienso en esto mientras me afligen los pies y mi
columna vertebral no da para más. Y sé que ha
llegado la muerte antes de tiempo. Y todo es color
naranja. Y también sé, que lo he vivido bastante
para poder contar… A tientas sueltas regocijo mi
encrucijada; viajes inolvidables por labor.
Competencias abyectas a la fase primordial; la
diversión. En la mente del hombre, todo es ganar.
Pero mis padres no me educaron. Pero quienes me
entrenaban, no me decían que hacer. Un deja va
corrió por mis mejillas en el minuto cero de ganar la
medalla mundial, y lo perdí todo. Olvidado entre
fotografías que nadie ve ya. Los ojos salen del
cuadro y parece ser un hombre de mediana edad,
también arrepintiéndose de alguna cosa. No hay
respuesta. Ni siquiera hay pregunta. Mi féretro es
solo la simbología de lo que fuimos y seremos;
desolación marchita, real sociedad embaucada en un
nuevo futuro. Te amo, tu me amas. Hagamos el
amor con el resto. No habrá nacimientos. Ni
tampoco el recuerdo de nuestros fallecidos. Tan
solo la leche de la mayoría. Tan solo el recuerdo del
espíritu que se perdió. Calles inimaginables. Todo
lo rechazado ahora cobra vida. ¿Y en dónde están
los libertarios? ¿Y en dónde está, la revolución esta
noche? Sentados en sus camas, cocinando pan
crudo, yacen esperando la nueva vida. Tus manos
recorren mi rostro, tocan mis ojos, me dicen, que
hay algo más. Pero yo no atiendo. La muerte ha
llegado demasiado pronto. Mi encéfalo, no da para
más. Mis dedos tiemblan mucho más que antes.
Estoy medio ciego del ojo izquierdo. Por favor, mi
amor, déjame soñar con una mujer más. Deja que
mi verga se introduzca por su vagina, que su
recuerdo tome vida. Que me haga el amor como
ninguna otra. Que me haga olvidar un poco más…
Todavía te quiero, todavía quiero ver tu cuerpo
tendido con el mío. Pero no quiero tu dolor. Sí. La
muerte ha llegado. Y me ha carcomido los pies. Ha
subyugado mis riñones. Han dejado de funcionar.
Un catéter implantado entre mi uretra y mi vejiga.
Me duele no hacerte el amor. Me duele no sentir tu
sexo, me duele besarte el corazón. Pero así es la
vida. Malgastado en empleos de mono azul.
Corroyendo el camino que nos dieron para ser
mejores. Muy tarde para darse cuenta que los
errores son para siempre. Muy tarde para darse
cuenta, que alguna vez podríamos haber sido
felices. Y es este mundo y esta sociedad. Y son sus
profetas y también sus apóstoles. Luchando,
diciendo que la utopía está tan cerca, tan cerca,
tan… cerca… Pero la utopía no es más que un ancla
vacía cayendo en la tierra; barco perdido en las
nubes buscando, algo, digamos, algo parecido a un
diamante de sangre. Pieles marchitándose en la
cordillera. Niños asesinados sin saber por qué. Lo
cierto es que tienen su revolución en marcha y
Guayaquil es parte de un solo ataúd por fin
globalizado. Las muertes, todo lo demás solo es la
respuesta a lo que siempre estuvo ahí; políticos a la
par como hermanos. Abogados esnifándote la
sangre en cada enmienda. Personas ignorantes por
el hecho de no saber y de No querer saber.
Aduaneros confiscando la mercancía y dejando libre
a los traficantes. Solo somos consumidores de
nuestra propia miseria. La revolución quedó en el
olvido y todos los cuerpos que lanzamos al río solo
son parte de una historia que nadie quiere contar.
Les place ver la tv y todos sus programas; los
chismes de las cuatro y los de las seis. Y a la media
noche ver un soft porn con individuos casi
desnudos, tambaleándose en la cuerda floja.
Amoríos de propaganda. Tras la cámara todos se
follan a la más buena y graban un video erótico de
su vagina al aire con su pene enroscado en su
garganta. Aplausos. Todo el mundo feliz y contento.
La muerte ha llegado tan pronto… No quiero estar
en un hospital ni en una cama. Hay personas que las
necesita más. Solo dame un beso, un beso, un
último beso. Déjame sentir a mi hijo, a mi nieto.
Déjame ver, la nueva vida que esta sangre corroída
ha traído al mundo. No hay más que decir. Y a
partir de esto, es divagación. No quiero hacer perder
el tiempo, las conglomeraciones de desacato ante
uno mismo. Mis pies me duelen; doce horas
caminando son igual a los vidrios incrustados en las
yemas de tus manos por robar. Me duele la cadera,
me duele la pelvis. Dios, me duele al mear. Pero
recuerdo el sexo y la pasión de diez mujeres junto a
mí. Y recuerdo la vida diciéndome, es lo único que
hay (amar). Y sus cuerpos y sus rostros y sus voces
al unísono de la nada. Vaya… Sus historias, sus
llantos, la luna alumbrando un cuarto a oscuras. El
golfo tan lejos. Madrid tan lejos. Figuras literarias
transformadas en héroes por vivir en partes claves.
No vamos a salir del infierno color naranja. Y este
infierno va a venir por nosotros. Estoy listo. El
vacío está aquí. Siempre estuvo aquí. Un verso,
digamos: esta noche los cuerpos flotan en los
cristales del universo. Un verso, digamos: es de día
y el sol nace de nuestros vientres. Un verso,
digamos, la muerte siempre la plenitud para la vida.
Un verso, digamos, si yo no existo, tu no existirías.
Un verso, digamos: se cae el cielo y que importa,
siempre estarás conmigo.