DESCRIPCIÓN DE CASO CLÍNICO JULIO
En un centro de hemodiálisis privado, una enfermera clínica con más de 8 años de
experiencia se enfrenta a la situación creada por un hombre de 56 años
(pseudónimo: Julio) con diabetes mellitus (DM) desde los 13 años y en tratamiento
con hemodiálisis (HD) desde hace 12 años. Es ciego desde hace 10 años y presenta
amputación de ambas extremidades. Sus habilidades de comunicación y
razonamiento se mantienen intactas.
Es importante aclarar que dentro de la terapia no se contaba con apoyo psicológico.
Un día, solicitó hablar con la enfermera, con tranquilidad para conversar, por lo que
se dispuso de tiempo post-terapia de HD para tener una conversación, Julio
comunica a la enfermera que no desea seguir asistiendo a la diálisis, porque está
cansado de la vida y de sentirse así. Ante esto, la enfermera responde que ese día
quizás estaba un poco deprimido, sin ánimo, pero que mañana es otro día,
amanecerá más contento y las ganas de vivir volverán. Julio tomó su mano y le
mencionó que no, pues la verdad es que no volvería al centro de diálisis, por ende lo
mejor sería que se despidieran ese día. La enfermera pensó que se trataba de una
reacción emocional propia frente al desencanto de su realidad y que pronto se
recuperaría. Luego, comunicó la situación al médico de turno y al jefe de servicio y
como era habitual, autorizó que fuera llevado a su casa por la ambulancia del centro.
Posteriormente la enfermera se puso en contacto con los familiares de este, quienes
confirmaron su decisión de no someterse más a HD y además refirieron un sin
número de temores, inquietudes, y por supuesto la tristeza de los resultados de esa
decisión. El día en que correspondía una nueva HD, Julio no acudió al centro por lo
que, el equipo de salud, compuesto por tres enfermeras, el médico tratante, el médico
jefe del centro y el dueño de este quien además era abogado, se reunieron y
analizaron la situación de Julio, decidiendo “dejarlo descansar” de una sesión. La
enfermera lo llamó por teléfono para darle las indicaciones habituales para una
persona que no acude a una HD. Él contestó muy amable, refiriendo “no se
preocupen por mi, estoy tranquilo y consciente de mi decisión. No envíen más la
ambulancia a buscarme”.
A pesar de esto, se envía nuevamente la ambulancia para la siguiente sesión. La
enfermera recibe la llamada del chofer informando que Julio no se iba a presentar.
La enfermera coordinadora junto al equipo de salud deciden enviar a la fuerza
pública a buscarlo, situación que había sido previamente acordada con la sobrina de
Julio. Los agentes informaron que hablaron con él, que se negó a acompañarlos y que
ellos no podían llevarlo de manera forzada.
Durante los siguientes días, la enfermera llamó a Julio diariamente, intentando
apoyar a Julio en la verbalización de sus emociones y pensamientos. La enfermera
procuró crear un contacto diario con Julio, en el que se le otorgó apoyo tanto a él
como a su familia, para ayudar a “entender la muerte como un acto humano” y por
ende, ayudar a morir con dignidad3.
Transcurridos 11 días, los familiares de Julio llamaron al centro para informar su
fallecimiento, parte del equipo y la enfermera en cuestión asistieron al funeral.
Luego, se continuó el soporte telefónico a la familia por una semana tras el
fallecimiento de Julio