La malaria (o paludismo)
Es una enfermedad causada por un parásito Plasmodium, el cual es trasmitido por la picadura de un
mosquito infectado. Sólo el género anófeles del mosquito transmite la malaria. Los síntomas de esta
enfermedad pueden incluir fiebre, vómito y/o dolor de cabeza. La forma clásica de manifestación en el
organismo son "fiebre, sudoración y escalofríos" que aparecen 10 a 15 días después de la picadura
del mosquito. Las muestras de sangre son examinadas con un microscopio para diagnosticar la
malaria, en donde el parásito es detectado dentro de los glóbulos rojos. Las pruebas de diagnóstico
rápido (RDTs) son usadas para diagnosticar la malaria en áreas remotas en donde el microscopio no
puede ser utilizado.
La campaña del Día Mundial del Paludismo de este año estará marcada por la comunidad
internacional de lucha contra la enfermedad bajo el lema «Es hora de lograr el paludismo cero:
invertir, innovar, implementar». Como parte de esta campaña, la OMS se centrará en la tercera «i»
(implementar) y en la importancia crítica de llegar a las poblaciones marginadas con las herramientas
y estrategias que ya están disponibles.
Los parásitos Plasmodium vivax y P. falciparum son los más comunes en la malaria, mientras que
la P. malariae y P. ovale son parásitos menos conocidos. De todos estos, la infección adquirida por P.
falciparum es la más fatal si no es tratada a tiempo y podría tener serias complicaciones renales y
cerebrales, e inclusive la muerte. La Cloroquina fue el tratamiento de elección para la malaria y es aún
usado en la mayoría de los países para el tratamiento de P. vivax, sin embargo el parásito P.
falciparum ha desarrollado una muy diseminada resistencia a éste medicamento, y actualmente se
recomienda una terapia de combinación basada en la Artemisinina, como tratamiento principal contra
este parásito. Entre las medidas preventivas se recomienda el uso de mosquiteros impregnados con
insecticida y rociado interno residual de los insecticidas; sus funciones consisten en disminuir el riesgo
de las picaduras de los mosquitos infectados.
Hay cuatro tipos de malaria humana:
Por Plasmodium falciparum;
Por Plasmodium vivax;
Por Plasmodium malariae;
Por Plasmodium ovale.
Las más frecuentes son la malaria por Plasmodium falciparum y por Plasmodium vivax, y la más
mortal es la malaria por Plasmodium falciparum.
Datos clave:
La malaria es una enfermedad potencialmente mortal causada por parásitos que se transmiten
al ser humano por la picadura de mosquitos infectados.
La malaria mata a un niño cada 2 minutos.
En el 2015 hubo 212 millones de casos de malaria causando cerca de 429.000 muertes,
muchos de ellos niños africanos.
En las Américas, hubo 568.000 casos de malaria y cerca de 220 muertes fueron reportados en
el 2016.
La malaria es prevenible y curable.
Aproximadamente la mitad de la población mundial corre el riesgo de contraer malaria, sobre todo
los residentes en países de bajos ingresos. En las Américas, se considera que 132 millones de
personas viven en áreas de riesgo de contraer malaria.
Son especialmente vulnerables quienes viajan de zonas libres de malaria a zonas donde la
enfermedad es frecuente.
La malaria supone una importante carga económica, pudiendo llegar a reducir en un 1,3% las tasas
de crecimiento económico de países donde la enfermedad es frecuente.
La malaria es causada por parásitos del género Plasmodium que se transmiten al ser humano por la
picadura de mosquitos infectados.
Los primeros síntomas comunes (fiebre, dolor de cabeza, escalofríos y vómitos) suelen
aparecer 10 a 15 días después de que se haya producido la infección. Si no se trata rápidamente con
medicamentos eficaces, el paludismo puede ser grave, y a menudo mortal.
El tratamiento temprano de la malaria reduce su duración, previene las complicaciones y evita la
mayoría de las muertes. Debido a sus considerables repercusiones sanitarias en los países de bajos
ingresos, el tratamiento de la malaria es parte esencial del desarrollo sanitario mundial. El objetivo del
tratamiento consiste en curar al paciente, más que en reducir su número de parásitos.
El mejor tratamiento disponible, especialmente para la malaria por P. falciparum, consiste en
combinaciones de artemisinina con otros fármacos (los llamados tratamientos combinados basados
en la artemisinina). Sin embargo, el potencial creciente de resistencia del parásito a estos
medicamentos está socavando los esfuerzos por controlar la malaria (véase más adelante). No hay
alternativas eficaces a las artemisininas que ya estén en el mercado ni que se encuentren en las fases
finales del proceso de desarrollo de medicamentos.
La OMS recomienda:
un tratamiento rápido de todos los episodios de la enfermedad (a ser posible, en las 24 siguientes
al inicio de los síntomas);
el uso de mosquiteros tratados con insecticida para evitar las picaduras de los mosquitos por la
noche;
en las embarazadas de zonas muy endémicas, dosis profilácticas de sulfadoxina-pirimetamina para
eliminar periódicamente los parásitos que pueda haber en la placenta;
La fumigación de interiores con insecticidas de acción residual para matar los mosquitos que haya
en las paredes y techos de las casas.
La resistencia a fármacos antipalúdicos utilizados habitualmente se ha propagado con rapidez.
Para evitar que ocurra lo mismo con las artemisininas, estas deben utilizarse junto con otros
antipalúdicos, y hay que evitar la monoterapia con artemisininas (el uso de una artemisinina en vez de
los medicamentos combinados más eficaces).
La monoterapia es menos eficaz y aumenta la probabilidad de que los parásitos evolucionen y se
vuelvan resistentes al fármaco. La protección frente a la propagación de cepas de parásitos
resistentes a otras partes del mundo requiere una monitorización intensiva de la potencia de los
fármacos. La OMS recomienda una monitorización continua y está prestando asistencia a los países
en su labor de fortalecimiento de la observación de los efectos de los fármacos.
La prevención se centra en la reducción de la transmisión de la enfermedad mediante el control
del mosquito vector de la malaria, aspecto en el que hay dos intervenciones principales:
la utilización de mosquiteros tratados con insecticidas de acción prolongada, método que posee
una elevada costo eficacia, y
la fumigación de interiores con insecticidas de acción residual.
Estas intervenciones básicas pueden complementarse localmente con otros métodos de control de los
vectores, tales como la reducción de las aguas estancadas donde se crían los mosquitos.
Grupos especiales de riesgo:
Son muy vulnerables los viajeros procedentes de regiones libres de malaria, con escasa o nula
inmunidad, que se desplazan a zonas donde la enfermedad es frecuente.
Las embarazadas no inmunes corren un alto riesgo de sufrir malaria. La enfermedad puede
producir tasas de aborto elevadas y causar una mortalidad materna anual de más del 10%
(cifra que puede llegar al 50% en casos de enfermedad grave).
Las embarazadas semiinmunes corren el riesgo de sufrir anemia intensa y retraso del
crecimiento fetal aunque no presenten signos de enfermedad aguda. Se calcula que
anualmente mueren 200 000 lactantes a consecuencia de la malaria adquirida durante el
embarazo.
Las embarazadas infectadas por el VIH también corren mayor riesgo.