Problemática marxista
y hegemonía en Stuart
Hall
Eduardo Restrepo*
(…) la certeza estimula la ortodoxia, los rituales congelados, la entona-
ción de una verdad ya atestiguada y todos los demás atributos de una
teoría incapaz de ideas frescas. Representa el fin del proceso de teoriza-
ción, del desarrollo y refinamiento de nuevas explicaciones y conceptos
que, por sí solos, constituyen el signo de un cuerpo de pensamiento vivo,
aún capaz de captar y entender algo de la verdad sobre las nuevas reali-
dades históricas.
Stuart Hall ([1983] 2010, p. 152)
Introducción
El estilo de trabajo intelectual y político de Stuart Hall, así como parte
de sus contribuciones conceptuales, no se pueden entender cabalmente
sin el marxismo ni sin sus apropiaciones y debates con autores como
Marx, Althusser y Gramsci. Aunque no se lo puede asociar a ninguno
* Antropólogo colombiano egresado de la Universidad de Antioquia (Medellín), con estudios de maestría
y doctorado en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Invitado por el Grupo de Trabajo CLACSO
Herencias y perspectivas del marxismo para colaborar en este número.
30 Problemática marxista y hegemonía en Stuart Hall
Eduardo Restrepo
de los marxismos de manual que alegran tanto a las ortodoxias, parte
importante de su pensamiento se constituye en una detallada conver-
sación con el marxismo. Una conversación en tensión, antes que en un
plegamiento reverencial. Como un forcejeo con los ángeles Hall se refi-
rió en varias ocasiones su relación con el marxismo.
Particularmente hacia los años sesenta y setenta se encuentran en Hall
detalladas discusiones sobre el modelo de la base/superestructura, el
problema de la determinación no determinista y el lugar de la contin-
gencia en una idea de totalidad social como unidad en diferencia y es-
tructura en dominancia. Todas estas discusiones, junto con las de la es-
pecificidad histórica y el lugar de la teoría y la figura del intelectual en
el proyecto político hacen parte de lo que he denominado aquí como
problemática marxista. En la primera parte del texto me centro en esta
problemática.
Aunque se pueden trazar confluencias con Williams y Laclau, la manera
en la cual Hall lee a Gramsci implica unos énfasis sobre la especificidad
histórica y la distinción entre consenso (como forma de la ideología) y
consentimiento (como forma de la hegemonía). Así, en la segunda parte
del texto se aborda esta particular lectura en Hall.
Problemática marxista
Gran parte de la labor intelectual de Hall (de manera más evidente aque-
lla de los años setenta y ochenta, pero también, aunque de forma más
oblicua, sus trabajos de las dos últimas décadas) opera dentro del terre-
no constituido por la problemática marxista, sin ser un marxista en el
sentido de parálisis doctrinal o de lo que se puede denominar marxismo
de manual. Es importante no confundir operar dentro de una problemá-
tica marxista con ser un devoto del marxismo de manual. La problemáti-
ca marxista en la que opera Hall no es tampoco la que se queda en el ni-
vel de repetir ese vocabulario de la marcación de los marxistas de bien,
sino la de los tres rasgos constitutivos e interrelacionados del terreno
epistémico y político definido por Marx: lo materialista-estructural, lo
El ejercicio del pensar 31
Número 32 • Septiembre 2022
histórico-especifico, y una particular articulación de la práctica y la teo-
ría, la praxis.5
1. Materialismo-estructura en dominancia
Lo materialista se refiere al planteamiento que afirma que las condicio-
nes materiales de existencia son fundamentales en las explicaciones de
la vida social. Las condiciones materiales incluyen las relaciones que
establecen los seres humanos en la reproducción de su existencia, las
cuales no se pueden circunscribir a lo económico como se ha presenta-
do en las lecturas del marxismo economicista.
Hall siempre fue un materialista, pero nunca se plegó al materialismo
vulgar o economicismo. Este reduccionismo consistía en asumir que la
“base” o “estructura” (entendida como lo económico), era la que determi-
naba (directamente o en última instancia) los otros componentes de la
formación social (las superestructuras). De ahí que este reduccionismo
se conozca como economicismo. Afincados en una interpretación burda
de Marx, este economicismo le asignaba un carácter de reflejo o de epi-
fenómeno a las superestructuras, a lo jurídico-político y a lo ideológico.
El reduccionismo económico o economicismo consiste en: “(…) una
aproximación teórica específica que tiende a ver en las bases econó-
micas de una sociedad la única estructura determinante” (Hall, Stuart,
[1986] 2010, p. 263). Desde esta perspectiva todo se explica desde la eco-
nomía: “Esta aproximación tiende a ver todas las otras dimensiones de
la formación social como un simple reflejo de ‘lo económico’ a otro nivel
de articulación, y como algo que no tiene un poder estructurante o de-
terminante en propiedad” (Hall, Stuart, [1986] 2010, p. 263).
El cuestionamiento al economicismo como una forma de reduccionismo
nunca significó en Hall el rechazo a la relevancia analítica del principio
5 Concebir de esta manera la problemática marxista y diferenciarla del marxismo de manual, tan caro para
ciertas ortodoxias, es todo un debate en el que no puedo entrar, ya que supondría derivar en los asuntos siempre
espinosos de la caracterización del/los marxismo/s.
32 Problemática marxista y hegemonía en Stuart Hall
Eduardo Restrepo
materialista elaborado por Marx ni “(…) descuidar el poderoso papel de
las bases económicas de un orden social o las relaciones económicas do-
minantes en la formación y estructuración del armazón completo de la
vida social” (Hall, Stuart, [1986] 2010, p. 263). Cuestionar que la economía
no agota la explicación de toda la vida social, no es equivalente a argu-
mentar que no tiene ningún un lugar en esta explicación.
Ante el economicismo, Hall no descarta el problema teórico y político de
la determinación ni descuida el papel que en esta puede tener la eco-
nomía. Por lo tanto, el cuestionamiento a los reduccionismos no hace
de Hall un postmoderno como algunos quisieran ubicarlo. Al contrario,
Hall crítica los reduccionismos predicados en el determinismo simplista
postmoderno que plantea, en una negatividad absoluta, la imposibilidad
de establecer cualquier determinación.
El cuestionamiento de los reduccionismos no debe entenderse como
que Hall desconoce cualquier tipo de determinación. Al igual que cues-
tiona el determinismo, crítica las teorías sociales que no se preguntan
por la determinación. Desde estas teorías, la totalidad social suponía
un entramado de relaciones funcionales donde los distintos ámbitos o
componentes se relacionaban entre sí sin establecer ninguna primacía
ni dominancia. Esto supone una “(…) noción sociológica esencialmente
relativista de una formación social como compuesta por una interacción
multivariante de cada uno de sus ámbitos en todos los otros, sin prima-
cía de determinación dada o especificada en ningún punto” (Hall, Stuart,
1977, p. 44).
Lo estructural supone que, al igual que en Marx, para Hall en: “(…) una
formación social no se estructura de manera compleja simplemente
porque interactúa con todo lo demás; ése es el enfoque tradicional, so-
ciológico, multifactorial que no tiene prioridades determinantes. Una
formación social es una ‘estructura en dominación’” (Hall, Stuart, [1985]
2010, p. 194). Es estructura en dominancia porque lo político y lo ideo-
lógico, por ejemplo, no son entendibles ni tienen existencia sin relacio-
narlas con las condiciones materiales de existencia. Así, la estructura en
dominancia es elaborada desde una perspectiva materialista.
El ejercicio del pensar 33
Número 32 • Septiembre 2022
Su rechazo al determinismo no deriva en un abandono de la relevancia
analítica de la determinación. Para Hall, la importancia de la pregunta
por la determinación radica en entender la contingencia sin negar las
determinaciones estructurales, la estructura en dominancia, sin desco-
nocer patrones y tendencias que establecen condiciones de posibilidad
mas no cerramientos absolutos: “¿Qué es lo que he estado queriendo
decir acerca de la contingencia? No quiero decir, por supuesto, que no
hay en el mundo ningún patrón, ninguna estructura, que no hay forma
determinada, ninguna determinación” (Hall, Stuart, 2007, p. 279).
Sin desconocer la determinación, para Hall es fundamental entender el
lugar de la contingencia. Obviamente, Hall no está pensando en una ab-
soluta contingencia, sino en una que tiene que ser pensada en relación
con una conceptualización de un determinismo no determinista:
Mi tarea ha sido intentar pensar qué significa la determinación (…) pero
sin caer en la determinación absoluta. No creo que la historia ya esté de-
terminada, pero creo que todas las fuerzas que están en juego en una co-
yuntura histórica particular o en una situación que uno está intentando
analizar, o en una fase de historia o desarrollo que uno está intentando
desenredar, son determinados. No surgen de cualquier parte. Tienen sus
propias condiciones específicas de existencia (Hall, Stuart, 2007, p. 280).
La contingencia opera para Hall no como una contingencia absoluta,
como libremente flotante. No es pura contingencia. En ese mismo escri-
to, Hall es muy claro con respecto a los alcances de su noción de contin-
gencia: “La historia no es infinitamente abierta, sin estructura o patrón,
las fuerzas sociales detrás de cualquier coyuntura particular no son
aleatorias. Se forman a partir de la historia” (Hall, Stuart, 2007, p. 280).
Si todo estuviese determinado y clausurado por estructuras y leyes que
se escapan a los seres humanos, si todo fuese determinación sin contin-
gencia, entonces no habría política ni historia como resultado también
de la acción humana:
La pregunta por la contingencia de la historia del presente es extrema-
damente importante porque es lo que quiero decir sobre el presente: que
34 Problemática marxista y hegemonía en Stuart Hall
Eduardo Restrepo
es el producto de “muchas determinaciones” pero que sigue siendo un
horizonte abierto, fundamentalmente irresoluto, y en ese sentido abier-
to al “juego de la contingencia” (Hall, Stuart, 2007, p. 279).
Por lo tanto:
(…) el resultado de la lucha de estas diferentes relaciones o fuerzas
opuestas no está “dado”, no es conocida ni predecible. Tiene todo que
ver con la práctica social, con la forma particular en que una oposición o
lucha se lleva a cabo (Hall, Stuart, 2007, p. 280).
Cuestionando el determinismo que clausura la contingencia, pero sin
caer en el extremo de considerar que solo hay contingencia negando
cualquier tipo de determinación, Hall argumenta que: “El problema con-
ceptual es, entonces, si hay una manera de pensar la determinariedad
[determinateness] que no sea como un cerrado determinismo [determi-
nancy]” (Hall, Stuart, 2007, p. 280). De ahí la relevancia de una adecuada
conceptualización de la contingencia: “(…) la contingencia es el signo
de este esfuerzo de pensar la determinación sin una forma cerrada de
determinismo” (Hall, Stuart, 2007, p. 280).
Determinación y contingencia constituyen el horizonte teórico y polí-
tico en el que opera el pensamiento de Hall. La contingencia habilita el
lugar de la política y de la historia, la posibilidad misma de que mediante
la acción humana las formaciones sociales se transformen en ciertas
direcciones. Una explicación materialista implicaba que “(…) el análisis
de las estructuras políticas e ideológicas deben ser aterrizadas en sus
condiciones materiales de existencia” (Hall, Stuart, 1980, p. 322). La con-
tingencia tiene su lugar en una totalidad social que es una estructura en
dominancia, esto es, donde se pueden históricamente definir un juego
de determinaciones. Hall se refiere a la contingencia, pero no de manera
que todo es reducido pura contingencia.
La noción de totalidad social formulada por Hall es el resultado de las
disputas con el reduccionismo para posibilitar una conceptualización
que dé cuenta de las relaciones entre determinación y contingencia.
En contraste con las nociones de totalidad simple o expresiva, Hall
El ejercicio del pensar 35
Número 32 • Septiembre 2022
entiende la totalidad social a partir de la conceptualización de la unidad
en diferencia y de estructura en dominancia. Es estructura en dominan-
cia porque lo político y lo ideológico, por ejemplo, no son entendibles
ni tienen existencia sin relacionarlas con las condiciones materiales de
existencia. La estructura en dominancia es elaborada por Hall desde una
perspectiva materialista.
Por su parte, la unidad en diferencia se evidencia en que no se pueden
deducir a priori unas estructuras de otras, debido a que cada cual man-
tiene su heterogénea especificidad que no es derivable ni subsumible a
otras a pesar de su ensamblaje en la totalidad social. Para el abordaje de
la unidad en diferencia, Hall sugiere que: “(…) en la inspección de cual-
quier fenómeno o relación, debemos comprender tanto su estructura
interna —lo que está en su naturaleza diferenciada— como esas otras
estructuras a las que está asociado y con las que forma una totalidad
más inclusiva” (Hall, Stuart, [2003] 2010, p. 110). Solo el análisis histórico
evidencia las específicas articulaciones en y entre las estructuras de la
totalidad social (unidad en diferencia) y cómo opera en concreto la de-
terminación en su particular estructuración (estructura en dominancia).
En este marco Hall entiende el lugar de la agencia o de la práctica. Ni
la agencia ni la práctica están por fuera de la estructura: “(…) una es-
tructura es lo que produjeron como resultado prácticas previamente es-
tructuradas. Estas constituyen luego las ‘condiciones dadas’, el punto
necesario de partida para nuevas generaciones de práctica” (Hall, Stuart,
[1983] 2017, p. 169). Parafraseando un conocido pasaje de Marx, esta re-
lación entre estructura y práctica es planteada por Hall en los siguientes
términos: “(…) hacemos historia, pero sobre la base de condiciones an-
teriores que no hemos creado nosotros. La práctica es el modo en que se
reproduce activamente una estructura” (Hall, Stuart, [1983] 2017, p. 169).
Hall llama la atención sobre varios problemas en los que se ha caído en
los intentos por entender la relación entre estructura y agencia. Antes
que nada, hay que “(…) evitar la trampa de tratar la historia nada más que
como el resultado de una máquina estructuralista de autopropulsión in-
terna” (Hall, Stuart, [1983] 2017, p. 169). Esto es, hay que cuestionar los
36 Problemática marxista y hegemonía en Stuart Hall
Eduardo Restrepo
análisis que diluyen la práctica o la agencia de los individuos. También
hay que evitar suponer que la práctica o agencia es transparente y cohe-
rente con las intenciones de los individuos: no “(…) debería interpretar-
se la ‘práctica’ como algo transparentemente intencional” (Hall, Stuart,
[1983] 2017, p. 169). Sobre este punto, que puede derivar en una “fetichi-
zación de la práctica”, Hall escribía:
No debemos permitirnos desviarnos de un reconocimiento de la auto-
nomía relativa de la práctica (en cuanto a sus efectos) a la fetichización
de la práctica… Las estructuras muestran tendencias —líneas de fuerza,
aperturas y cierres— que constriñen, modelan, canalizan y, en ese sen-
tido, “determinan”. Pero no pueden determinar en el sentido más duro
de fijar absolutamente, de garantizar. Las personas no tienen grabadas
irrevocable e indeleblemente las ideas que deberían tener, la política a
la que deberían adherir o no, como si ya se las hubieran inscrito en sus
genes sociológicos (Hall, Stuart, [1983] 2017, p. 170).
2. Especificad histórica
En Hall encontramos la relevancia de un enfoque histórico que desde una
noción de totalidad social inmanentemente conflictiva permita explicar
lo existente por el devenir: “(…) no hay formas históricas universales ni
eternas. Todas las formas, épocas y modos de producción históricos son
históricamente específicos y están sujetos a la especificidad de la deter-
minación histórica” (Hall, Stuart, [1983] 2017, p. 111). Así, como parte de la
problemática marxista, los análisis se realizan en términos históricos no
sólo en tanto dan cuenta de los procesos constituyentes de lo existente
en un momento determinado, sino también en las especificidades que
lo diferencian de otros momentos y épocas históricas: “(…) las formas
específicas de estas relaciones no pueden ser deducidas, a priori, de este
nivel sino debe ser históricamente específico ‘al aplicar esos delinea-
mientos que explican su diferencia’” (Hall, Stuart, 1980, p. 322).
Para no pocos marxismos, incluyendo el de Marx y Engels, esta histo-
ricidad ha sido conceptualizada desde la dialéctica hegeliana. Hall no
opera con este tipo de dialéctica, por las implicaciones reduccionistas
El ejercicio del pensar 37
Número 32 • Septiembre 2022
que a menudo se derivan de sus aplicaciones más burdas como esas que
argumentan la existencia de leyes históricas deterministas y descono-
cen el juego de la contingencia en clave de determinaciones no determi-
nistas. Esto no significa que Hall rechace la noción de la conflictividad
constitutiva de lo social, sino que simplemente no la encorseta en las es-
trategias a menudo metafísicas y teleológicas de la dialéctica hegeliana.
La problemática marxista en la que opera Hall, antes que la elocuente
dialéctica hegeliana, se vislumbra más en su énfasis en la historicidad
del análisis y en su operación en el plano de lo concreto es un rasgo
fundamental en su estilo de trabajo. Antes que buscar la explicación en
las comunalidades entre diferentes formaciones sociales en un gesto de
transhistoricidad, Hall se identifica con la estrategia gramsciana (tam-
bién hallada en algunos textos de Marx) de preguntarse por la singula-
ridad histórica, por lo que hace específico lo que puede no ser hallado
en otros lugares y tiempos, por la diferencia que hace la diferencia. Lo
concreto, por su parte, se opone a las destilaciones conceptuales de alto
grado de abstracción que refieren a angelicales elaboraciones que se
desanclan de situaciones y contextos específicos. Lo concreto es el pla-
no de la multiplicidad, de la heterogeneidad, de la sobredeterminación,
de lo contradictoriamente existente.
El énfasis de Gramsci en lo histórico específico y, por tanto, en la dife-
rencia, en la singularidad, es lo que resalta Hall como uno de los aspec-
tos de esa manera de pensar gramsciana. Esta manera de pensar supone
dirigir: “(…) nuestra atención inflexiblemente a lo que es específico y
diferente de este momento. Siempre insistió en esta atención a la dife-
rencia” (Hall, Stuart, [1987] 2018, p. 258). Este énfasis en lo histórico espe-
cifico se conecta con la noción de coyuntura, y es uno de los referentes
de lo que definimos como coyunturalismo radical:
Gramsci (…) sabía que la diferencia y la especificidad importaban. Así que
(…) deberíamos limitarnos a prestar atención al énfasis que puso Gramsci
en la noción de la diferencia, a la especificidad de la coyuntura históri-
ca: cómo las diferentes fuerzas disímiles se unen, coyunturalmente, para
38 Problemática marxista y hegemonía en Stuart Hall
Eduardo Restrepo
crear un nuevo terreno, sobre el que tiene que organizarse una política
diferente (Hall, Stuart, [1987] 2018, pp. 258-259).
En este sentido, por ejemplo, hablando sobre su aproximación al racis-
mo Hall escribía “(…) no estoy interesado en el racismo como un fenó-
meno único que marcha a través de tiempo inalterado, sino en diferen-
tes racismos que surgen en circunstancias históricas específicas, y su
efectividad, sus maneras de funcionamiento” (Hall, Stuart, 2007a, p. 281).
Es la diferencia que hace la diferencia lo que le interesa a Hall, es la es-
pecificidad histórica en donde Hall hace el énfasis analítico.
Esta especificidad histórica pasa por un pensamiento que, como lo hicie-
ron Marx y Gramsci, supone entender lo concreto como el resultado de
múltiples determinaciones, de entramados únicos de fuerzas, que son
entendibles por un proceso de abstracción que vuelve sobre lo histórico
singular en su concreción.
(…) por supuesto, no hay ningún modo económico de producción que
exista fuera de las relaciones políticas, ideológicas y legales, y el inves-
tigador no podrá hablar de ninguna sociedad particular en ningún mo-
mento particular hasta que no agregue esos niveles de determinación a
su análisis. Algunos de los mayores problemas de los análisis marxistas
surgieron de haber comprendido mal el nivel en que trabajan las abstrac-
ciones (Hall, Stuart, [1983] 2017, p. 128).
No se puede confundir lo concreto con lo empírico. Para establecer esta
diferencia, en uno de sus textos Hall acude a un análisis del método de
Marx en Introducción a la crítica de la economía política. Según Hall,
lo concreto para Marx sería la reproducción en el pensamiento de las
relaciones en toda su riqueza y complejidad de lo existente en lo real.
No es quedarse con las apariencias del sentido común, sino apelar al
pensamiento para reproducir en él mediante conceptos el entramado de
relaciones existentes en el mundo.
El movimiento no es por tanto de lo concreto-real del mundo a lo abs-
tracto del pensamiento (perdiendo riqueza el primero), sino desde las
El ejercicio del pensar 39
Número 32 • Septiembre 2022
categorías del pensamiento entrar a reproducir en su complejidad lo
concreto-real del mundo:
Lo concreto del pensamiento no es ahora el material empírico del que
habíamos partido; es ese material dilucidado en el plano conceptual, me-
diante la adición de más niveles de determinación que el investigador
agrega a medida que se vuelve más concreto, independientemente del
nivel en que intente operar su discurso (Hall, Stuart, [1983] 2017, p. 155).
Esto se opone a un empirismo ingenuo que asume lo empírico como
algo dado y no problemático del sentido común. Pero también se opone
al procedimiento de abstracción de la economía política.
Para Hall, el texto de Marx con mayor densidad metodológica es la Intro-
ducción a la crítica de la economía política. La Introducción es una críti-
ca a las presuposiciones ideológicas de la economía política y al método
de Hegel. Problematiza los supuestos y las categorías analíticas desde
las que operan la economía política en tanto operan de forma a-históri-
ca. Sobre estos supuestos y categorías “naturalizadas” se fundamentan
los análisis de la economía política (p. ej. noción de individuo-asilado, o
la diferencia lineal entre producción, distribución y consumo), lo que los
hace más bien configuraciones ideológicas del sistema que dicen estar
analizando: “(…) lo que para una teoría de economía política parecen ser
los puntos de partida más concretos, de sentido común, simples, cons-
tituyentes; resultan, bajo inspección, ser la suma de muchas determina-
ciones previas” (Hall, Stuart, [2003] 2010, p. 97). Por tanto, “La economía
política tiende a volver etéreas, universales y a-históricas las relaciones
de producción burguesa” (Hall, Stuart, [2003] 2010, p. 99).
El problema con la forma de operación de la economía política es me-
todológico. La forma cómo construyen sus categorías de análisis tiende
a aislar y abstraer los elementos que permanecen comunes a todas las
épocas y sociedades (i.e. producción, trabajo). Esto implica un tipo de
esencialismo: “Esta tentativa de identificar, mediante una lógica de abs-
tracción qué sigue siendo el núcleo de un concepto que es estable a lo
largo de la historia, es en realidad una especie de ‘esencialismo’” (Hall,
Stuart, [2003] 2010, p. 98).
40 Problemática marxista y hegemonía en Stuart Hall
Eduardo Restrepo
Por este camino de abstracción se busca la esencia común trans-his-
tórica y se pierde la especificidad histórica, que es lo que realmente le
interesa a Marx (y, por supuesto, al mismo Hall). Terminan así con cate-
gorías que no existen sino como destilaciones analíticas que no tienen
asidero para comprender las especificidades y densidades de sus exis-
tencias históricas: “(…) sostiene Marx, no hay ‘producción-en-general’:
sólo formas de producción definidas, especificas a determinado tiem-
po y condiciones” (Hall, Stuart, [2003] 2010, p. 98). Más enfáticamente:
“Lo que es ‘común’ en la producción, entonces, al ser producido por el
proceso de mentalmente abstraer sus atribuciones ‘comunes’, no puede
proveer un método que permita comprender, concretamente, ninguna
‘etapa real histórica de la producción’” (Hall, Stuart, [2003] 2010, p. 102).
Dentro de las consecuencias metodológicas se encuentra la historiza-
ción radical en un doble sentido: (a) historización de las categorías con
las cuales se piensa al desnaturalizarlas y mostrar su carácter social e
histórico y (b) una historización que pretende comprender algo en su es-
pecificidad en ensamblajes históricamente producidos y existentes. Hall
refiere a esto como una particularidad del materialismo histórico bajo el
nombre de “especificación histórica”: “Este es uno de los puntos-de-par-
tida clave del materialismo histórico como método de pensamiento y
práctica (…) Es lo que Korsch llama el principio de ‘especificación histó-
rica’” (Hall, Stuart, [2003] 2010, pp. 98-99).
3. Praxis
Praxis es un concepto, estrechamente vinculado a la tradición marxista,
que refiere a aquella práctica que se encuentra orientada teóricamen-
te hacia la transformación social. Desde esta perspectiva, no se puede
equiparar praxis con práctica, porque no toda práctica es praxis, aunque
siempre esta última sea un tipo de práctica. Praxis supone una articula-
ción entre teoría, práctica y política. Lenin se refería a esta articulación
cuando afirmaba que no hay política revolucionaria sin teoría revolu-
cionaria. Por su parte, en la conocida once tesis de Feuerbach, ya Marx
indicaba esta imbricación cuando escribía: “Los filósofos no han hecho
El ejercicio del pensar 41
Número 32 • Septiembre 2022
más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata
es de transformarlo” (Marx, Karl, [1845] 1978, p. 26).
El proyecto intelectual y político que encarnaba Hall se inscribe en este
horizonte ético-político donde quedarse interpretando el mundo es in-
suficiente, porque lo que importa es su transformación; lo que no signi-
fica, de ninguna manera, que la interpretación no tenga un lugar en la
transformación ni que todas las interpretaciones sean equivalentes en
ello. La interpretación es necesaria pero insuficiente si de lo que se trata
es de transformar el mundo. La interpretación, la teoría, el conocimien-
to, la investigación son aquí equiparables (necesarias pero insuficientes)
si lo que está verdaderamente en juego es la transformación del mundo.
No era pues la teoría por la teoría, el conocimiento por el conocimiento
en sí mismo lo que orientaba sus esfuerzos intelectuales. Hall se oponía
así a la fetichización de la teoría, es decir, a la práctica de juguetear vapo-
rosamente con categorías en un plano de generalidad que poco o nada
dice sobre situaciones históricas concretas. Antes que producir teoría en
abstracto, lo que le interesaba a Hall es teorizar desde lo concreto: “To-
dos necesitamos traducir constantemente ideas y conceptos en situa-
ciones específicas: esta continua necesidad de traducción es, de nuevo,
lo que he denominado ‘teorizar’” (Hall, Stuart, 2011, p. 30). Teorizar sería
un proceso, uno que implica transformaciones y desplazamientos:
No ambiciono tener un pensamiento filosófico de esta índole. Me inte-
resa más comprender cómo ajustar ciertos términos y conceptos para
poder encarar situaciones particulares, coyunturas específicas. Concibo
la teoría como proceso: mi “go on theorizing” implica redefinir constan-
temente nuestros conceptos, dejar de pensar de cierto modo y empezar
a pensar de otro, mis adecuado a nuestro propio contexto (Hall, Stuart,
2011, p. 30).
De ahí que el propósito del trabajo intelectual en Hall no es producir
teoría en sí misma, y menos una teoría que adquiere sentido de forma
autorreferencial sin mayores conexiones con ciertas problemáticas del
mundo que lo hacen a uno vibrar y sobre las cuales se hace impera-
tivo comprender. De ahí que, a pesar de sus a menudo elaboraciones
42 Problemática marxista y hegemonía en Stuart Hall
Eduardo Restrepo
teóricas, Hall no se quiera imaginar como un teórico, y menos como uno
desapasionado.
Siguiendo en esto a Marx y a Gramsci, Hall estaba convencido de no bas-
taba con desear la transformación del mundo, lo decisivo era la praxis
colectiva no la simple voluntad individual. En las posibilidades de éxito o
fracaso de la praxis colectiva tenía un importante lugar entender lo más
adecuada y densamente posible lo que estaba en juego, los particulares
campos de fuerza y líneas de determinación que establecían los alcan-
ces y límites de las disputas, “las estrategias de transformación política
en tales sociedades”. Así, las ideas son indispensables para comprender
e intervenir sobre el mundo, pero no son suficientes ya que los anclajes
en las fuerzas sociales y en la materialidad del mundo son indispensa-
bles: “Las ideas sólo se vuelven efectivas si es que, al final, se conectan
con una constelación particular de fuerzas sociales” (Hall, Stuart, [1983]
2010, p. 150).
Para Hall, es en esta perspectiva materialista e histórica que existen
formas más adecuadas de comprender teóricamente la realidad, exis-
ten ejercicios intelectuales más acertados, si lo que se pretende es in-
tervenir y transformarla. De otro modo, su labor de intelectual, la de
forcejear con los conceptos y de realizar investigaciones concretas, no
tendría ningún sentido. Para Hall la teoría importa en tanto permite
comprender-interpretar el mundo y, por tanto, perfilar una más adecua-
da intervención para transformarlo. No es, entonces, un relativista es,
como espero mostrar más adelante con su noción de articulación un
contextualista radical, un coyunturalista.
Hegemonía
A diferencia de otros lectores de Gramsci, en Hall la noción de hegemonía
introduce una importante distinción entre consenso y consentimiento.
La lectura de Hall del concepto gramsciano de hegemonía es diferente
de la Williams, así como de la que se ha difundido ampliamente desde
entonces en el vocabulario político como el que se ha desplegado desde
El ejercicio del pensar 43
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Laclau. Para Hall, el poder analítico y político del concepto de hegemo-
nía pasa por la distinción entre consenso y consentimiento. El consenso
sería una operación ideológica que pretende construir una visión com-
partida del mundo, supone la configuración de una comunalidad en las
concepciones que producen la experiencia vivida del mundo.
La dominación mediante coerción o convencimiento ideológico (me-
diante violencia física o simbólica) apunta al sometimiento de unos sec-
tores sociales, de unas regiones y de unas subjetividades. En tanto que
coerción, la dominación opera como la externalidad del sometimiento.
En tanto que convencimiento, la dominación funciona hasta cierto pun-
to como interioridad, como apropiación mediante la identificación. No
se puede equiparar hegemonía con imposición por medio de la fuerza o
convencimiento mediante la ideología.
El consentimiento, por su parte, supone un equilibrio inestable, siempre
contestado y en disputa permanente, por establecer un liderazgo políti-
co, cultural y económico a partir de lo que Gramsci denominó la guerra
de posiciones que se despliega fundamentalmente en el terreno de la
sociedad civil y que tiene como uno de sus efectos la constitución de un
bloque histórico, esto es, la producción de un emergente, heterogéneo
y contingente sujeto político. La hegemonía no se decreta, no se posee,
no es una sustancia. No es coerción, aunque esta puede ser movilizada
desde la hegemonía. No es consenso, aunque la hegemonía interviene
desde y pretende transformar no solo la ideología sino incluso el sen-
tido común. No es obliteración de la diferencia, sino su producción y
organización, mediante un siempre contestado e incompleto proceso de
perfilamiento de una voluntad política común.
Hegemonía desde Hall refiere al posicionamiento de una voluntad co-
lectiva (que incorpora heterogéneas demandas e intereses) resultado de
ininterrumpidas y móviles disputas (en el terreno de la sociedad civil y
a escala de lo nacional-popular) que en un momento dado han logrado
un equilibrio inestable en torno al consentimiento del liderazgo político,
moral, cultural y económico de un inusitado sujeto político en proceso
compuesto por disimiles sectores sociales y de clase.
44 Problemática marxista y hegemonía en Stuart Hall
Eduardo Restrepo
Hegemonía tiene un carácter multidimensional y multilocal, no se con-
figura sobre un frente o escenario único. No es un asunto que se disputa
solo en lo económico, sino que implica lo moral y lo cultural: “La hege-
monía no se ejerce apenas sobre los campos económicos y administrati-
vos, sino que abarca, además, los dominios críticos del liderazgo cultu-
ral, moral, ético e intelectual” (Hall, Stuart, [1986] 2010, p. 272).
Hegemonía supone un momento particular de una formación social:
“(…) la hegemonía es una formación específica de la dominación con
condiciones de existencia particulares y, por ende, con una localización
histórica específica.” (Hall, Stuart, [1983a] 2017, p. 229). Antes que un es-
tado de cosas que una vez logrado se mantiene como tal, la hegemonía
debe ser pensada como un proceso constante de múltiples luchas; es
más un provisional equilibrio inestable y perdible que un estado adqui-
rido de una vez y para siempre: “(…) hegemonía solo puede concebirse
como un proceso histórico, no como un estado que se alcanza” (Hall,
Stuart, [1983] 2017, p. 226).
La hegemonía es una formación de la política que no es universal, es
mucho más acotada y específica, no se encuentra en todas partes y mo-
mentos históricos, no es la práctica articulatoria de los antagonismos en
la emergencia y condición de posibilidad de lo social como en Laclau y
Mouffe. Por eso, Hall se distancia de aquellos autores que ven hegemo-
nía en todos los momentos y lugares. La hegemonía no es un universal:
“(…) la ‘hegemonía’ es un ‘momento’ muy particular, históricamente es-
pecífico y temporal en la vida de una sociedad” (Hall, Stuart, [1986] 2010,
p. 269).
Es la imagen del equilibrio inestable, la lucha permanente, antes que
algo estable la que define la hegemonía. No está operando siempre y en
todas las sociedades:
La hegemonía nunca es un estado completo. Tienen que trabajar en ella
siempre. Tienen que revisarla. Ponerle algún parche, tomar una nueva
dirección, etc. No hay algo así como una hegemonía finalizada, y la gente
utiliza la palabra de una forma terriblemente incorrecta cuando piensan
así la hegemonía (Hall, Stuart, 2013, p. 776).
El ejercicio del pensar 45
Número 32 • Septiembre 2022
De ahí que una vez alcanzada, la hegemonía debe ser constantemente
renovada. Es la imagen del equilibrio inestable y de la lucha permanente
lo que define la hegemonía:
Es crucial para entender el concepto de hegemonía considerarla no como
un estado de cosas “dado” y permanente, sino que ha de ser ganada y
asegurada activamente: también puede ser perdida… No hay hegemonía
permanente: sólo puede establecerse y analizarse en coyunturas histó-
ricas concretas. La otra cara de esto es que ni siquiera en condiciones
hegemónicas puede haber una incorporación o absorción total de las
clases subordinadas (Hall, Stuart, [1977] 2010, p. 238).
Conclusiones
En sus trabajos de los años los años sesenta y setenta, son centrales
muchos de los debates teóricos estrechamente asociados a la tradición
marxista como el modelo de la base/superestructura, el economicismo
del “materialismo vulgar”, el lugar de la determinación y la contingencia,
y la conceptualización de la totalidad social. El enganche de Hall con
estos debates se entiende por su preocupación por contar con una teoría
materialista no determinista de la cultura, en el marco de tomarse en
serio la cultura para ampliar el horizonte de la política. No obstante, es
en estos tempranos debates con el marxismo que se decanta el estilo de
trabajo intelectual y político de Hall, que se ha definido como un pensa-
miento sin garantías.
Por tanto, no se puede desconocer que el estilo del trabajo intelectual de
Hall se construyó en parte como una reacción al marxismo reduccionis-
ta, en lo que alguna vez caracterizó como forcejeo con los ángeles. De
ahí, que Hall se haya referido a sí mismo como un marxista disidente o
un postmarxista. Con respecto a la primera expresión, al ser preguntado
por su relación con el marxismo en una entrevista realizada en Tokio a
mediados de los años noventa, Hall indicaba: “Siempre he tenido una re-
lación más, como podría llamarla, ecléctica o disidente con el marxismo.
46 Problemática marxista y hegemonía en Stuart Hall
Eduardo Restrepo
Me siento un tipo de Marxista disidente” (Hall, Stuart & Sakai, Naoki,
1998, p. 366).
En varios momentos Hall se identifica a sí mismo como postmarxista, en
el sentido de que “Los postmarxistas usan conceptos marxistas mien-
tras demuestran constantemente su insuficiencia” (Hall, Stuart, [1983]
2010, p. 133). El de Hall es un “marxismo sin garantías” ya que se contra-
pone a distintas versiones de un marxismo paralizante del pensamiento
que tiene todas las respuestas y que no requiere hacer realmente ningún
esfuerzo intelectual más allá de repetir algunos enunciados derivados
de rápidas o detenidas lecturas de los “clásicos”: “Mis modelos aquí son
Marx y Gramsci (…) Si uno quiere ir a algún lado, debe ir más allá de
ellos” (Hall, Stuart, 2013, p. 773).
A estas modalidades de marxismo, Hall las refirió como teorías de lo
obvio (como “marxismo perezoso”): las preguntas no conducen a nue-
vo conocimiento sino a una constatación de lo que de antemano ya se
sabía. Al contrario, para Hall las preguntas no deben inscribirse en este
juego retórico de la banalidad, sino que tienen toda una política de lo
concreto que apuntalar desde un permanente ejercicio de contextuali-
zación, de contextualismo radical.
Esto no significa, sin embargo, que Hall se encuentre por fuera del te-
rreno problemático configurado por el marxismo. No es que Hall fuese
un marxista convencional en los años sesenta y en los noventa se “con-
virtiera” al postestructuralismo. Tampoco es acertado considerar que
Hall haya abandonado la problemática marxista en la que ha operado
desde el comienzo de su trabajo intelectual. Hall siempre fue un “post-
marxista” en el sentido de que siempre operó en el terreno del marxis-
mo, pero no de manera complaciente con las ortodoxias y sus inercias
reduccionistas.
Tampoco Hall puede ser considerado un postmoderno. Para plantearlo
sucintamente, mientras que la postmodernidad anti-determinista (ne-
cesaria no correspondencia) puede ser identificada como una inversión
de la modernidad determinista (necesaria correspondencia), Hall opera
El ejercicio del pensar 47
Número 32 • Septiembre 2022
en la brecha epistémica y política de las determinaciones no determinis-
tas, en la del anti-anti-determinismo (no necesaria correspondencia). De
ahí la pertinencia de la categoría de articulación o la conocida expresión
de pensamiento sin garantías: sin las garantías de los determinismos en
positivo o en negativo (los anti-determinismos deterministas). Aunque
podemos afirmar que Hall siempre operó en el terreno establecido por
la problemática marxista, nada más alejado de su estilo de trabajo inte-
lectual que la usual clausura del pensamiento y totalitarismo epistémico
propia de ciertos devotos del marxismo de manual.
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Boletín del Grupo de Trabajo
Herencias y perspectivas del marxismo
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