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1.

Introducción a la Vida Extraterrestre


¿En qué estados se puede encontrar la vida? Sabemos con total seguridad que la vida tal y
como la conocemos estará en algún lugar del ventilado espectro de estados líquidos.
También sabemos que la materia inorgánica que potencialmente daría origen a la vida,
estará en ciernes de tal estado, y, seguramente, se tratará de inestables y energéticos
intermediarios prebióticos. Vida puede surgir de manera conjunta y organizada, de forma
individual, aparecer, expandirse y desparecer sin perpetuarse o hacer ambas cosas,
existiendo en dos enclaves separados mediante un diferencial químico y bioenergético.
Entonces, podemos asegurar que el único planeta que permite que las primeras
manifestaciones de vida puedan surgir es el nuestro? Resumen muy bien nuestra situación
geocéntrica. A pesar de unos siglos de astronomía experimental nuestra comunidad sigue
creyendo en que la vida, tal y como la conocemos los seres humanos, sólo puede aparecer
en planetas como el nuestro, que orbita en torno a una estrella poco luminosa.
Desde que el ser humano existe, se ha preguntado siempre si está solo en el cosmos. Los
antiguos habitantes de la tierra creían que lo que había en el cielo eran dioses que tenían su
propia civilización, es decir, su propia vida. Y se los imaginaban como personajes que
tenían los mismos problemas, alegrías, sentimientos… Como si lo que había aquí en la
Tierra lo tuvieran ellos en sus respectivos planetas. Con el paso de los años, los avances
tecnológicos y medios de investigaciones de los que disponemos han permitido conocer
más a fondo todo lo que hay en el universo. Actualmente se sabe que hay cientos de miles
de galaxias con las mismas o más estrellas que la nuestra; luego, es imposible pensar que la
única del universo preparada en condiciones para poder albergar vida sea la tierra.
1.1. ¿Qué es la vida extraterrestre?
Asimismo, es oportuno y necesario establecer unas fronteras y un criterio delimitador más:
cuando hablamos de compuestos orgánicos e inorgánicos, así como de bioquímica
inorgánica, me refiero siempre a compuestos carbonados e inorgánicos. Y es que, sin
sacrificar por completo el modelo darwinista y basándonos en el actual “estado” genético y
el del conocimiento del metabolismo, no son descabelladas ciertas hipótesis. Pudiendo ser,
en efecto, posible: que coexistieran diversos “expresos” químicos que mediante
catalizadores (traquiniones, bioelementos) intervinieran en comunicaciones, síntesis,
respiración, etc.; que estos bioelementos no fueran ni fisiológicamente imprescindibles ni
exclusivos de las biomoléculas; que existieran otros compuestos distintos a los actuales
susceptibles de analogía de estructura e igual capacidad catalizadora.
No obstante, es de extrema importancia establecer las fronteras conceptuales y
delimitadoras de la idea de lo que llamamos vida extraterrestre. Pues bien, en Pincus
(1983), dicho término hace referencia genéricamente a la vida procedente de otros mundos.
Esto implica que esta variedad de vida puede ser igual o similar a la vida conocida
(biónica), esto es: capaz de reproducirse a sí misma por haber cierta cantidad de moléculas
distintas unidas (crecimiento), por estar constituido por una estructura diferente de la del
medio (homeostasis), y por reaccionar a estímulos ambientales de una forma similar a la
que reacciona la biología terrestre (respuesta organizada). Esto se expresa popularmente en
la conocida afirmación de A. T. C. Roterhamel: “Donde quiera que se cumplan todas y cada
una de las condiciones necesarias para que exista la vida, allí habrá vida”. Este deseo
relacional y biológico es mero fruto de conjeturas a priori desmitologizadas.
1.2. Historia de la búsqueda de vida en el universo
El ser humano ha mirado al cielo desde tiempos ancestrales y se ha cuestionado acerca de
los orígenes de los astros y de la existencia de la vida en otros lugares. Este interés ha sido
inquietud hasta llegar a ser considerada como una necesidad de conocimiento de primera
importancia. La búsqueda de vida en el universo implica que, conjuntamente, se busquen
cuerpos o fuentes que puedan mantenerla y en el caso de ser encontrada finalmente, si es
posible, contactar con ella. Desde tiempos ancestrales a la Grecia clásica, el escaso
conocimiento que los habitantes de la Tierra tenían del universo, los animó a crear
múltiples leyendas sobre otros mundos y astros en el firmamento. La primera gran
civilización que intentó conocer cómo eran los demás astros fue, sin lugar a dudas, la
cultura helénica. A principio del Concilio de Niza consta que: “Queda absolutamente
prohibido a cualquier ser vivo navegar por los cielos y explorar el territorio superior”. El
ser humano se ha cuestionado acerca del origen de la vida más allá del planeta Tierra. A lo
largo de la Historia se han formulado diferentes teorías que han ido variando con los
descubrimientos científicos que se han ido produciendo y se han especializado conforme
los diferentes campos del saber. La exploración de este conocimiento ha pasado por
creencias místicas y religiosas, con una serie de relatos legendarios y mitológicos que
promovían una visión completamente antropocéntrica que mantenía que la Tierra era el
centro del universo y punto de origen de todos los astros y con los únicos seres vivos
conocidos.

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