Contexto:
Para Freud el niño tiene a la madre como ya constituida, y es del niño que parten las
mociones libidinales hacia la madre.
Para Lacan, la problemática del Niño no es que él tenga deseos por la madre y que el
padre vendrá a ordenar o prohibir. En su venida del mundo, su problema no es que él
tenga un deseo por la madre, sino qué deseo tiene la madre por él.
Que el niño pueda tener fantasías y deseos por la madre va a ser gracias a la
intervención del padre, no a una cosa prohibida por el padre. Es exactamente lo que la
ley introduce de permisivo, que el chico pueda fabricar fantasías respecto de la madre.
Metáfora paterna: La metáfora paterna es la sustitución significante del
SIGNIFICANTE DEL DESEO DE LA MADRE(S1) por el significante del NOMBRE DEL
PADRE(S2). Es hacer pasar bajo la línea de significación al (S1)quedando en el
inconsciente pudiendo ser solo referido a través del S2, inaugurando el INCC y la
cadena significante que es atreves de la cual el sujeto va a referirse metonímicamente
a su deseo.
Lacan utiliza una metáfora:
Es para Lacan importante situar como tiempo primero ese Deseo de la madre: en
toda la cuestión, el papel de la madre es el deseo de la madre:
Lacan dice que “el deseo de la madre no es algo que pueda soportarse tal cual,
que pueda resultarles indiferente. Siempre produce estragos. Es estar dentro
de la boca de un cocodrilo, eso es la madre. No se sabe qué mosca puede
llegar a picarle de repente y va y cierra la boca. Eso es el deseo de la madre"
Hay una incógnita respecto al deseo de la madre. La cuestión para el niño no es
entonces la madre que satisface las necesidades, sino ¿que desea? Y que desea
respecto a él. Uno no está verdaderamente en condiciones para tratar de tener
apetencias sexuales con el cocodrilo; uno está más bien intentando situarse respecto
de qué querrá el cocodrilo.
El DM es EL DATO A PARTIR DEL CUAL EL NIÑO VA A PODER IR A SU VEZ
SITUANDO SU DESEO. EL DESEO ES EL DESEO DEL OTRO.
No es el deseo por la madre, si no el problema del deseo de la madre. Si lo tomamos
como deseo, ya no tenemos ninguna madre natural, ni del niño ninguna reacción
instintiva, ahí tenemos una madre que se puede pensar simbólicamente, porque un
deseo solo se sostiene, se puede subjetivar, a partir de un signo, de una señal. Es
porque leemos algunas señales en el Otro que podemos entrar en la dimensión de la
pregunta ¿qué querrá? ¿que desea?
El polo madre no es natural. Es un polo de deseo, de deseo articulado en un
significante. Es un significante muy simple, porque no se sabe todavía cuál es el objeto
de deseo de la madre. Solo parece que es deseante, y en algo que Lacan menciona
siempre como el valor de presencia- ausencia. Eso da cuenta para él ya de las
conmociones infantiles cuando la madre se ausenta. Si estando presente y se va,
aunque sea a 10 metros de la cuna ese juego de presencia-ausencia lo que abre ese
Abismo ¿qué querrá?
Todo empieza con un significante sobre una X. Ese significante es el deseo de la
madre, y el niño tiene que ir a situarse en esa X
Es muy delicado como podría tomar sentido esa X. Puede ser ¿qué desea mi
madre? No lo puedo saber en el plano de la demanda, y lo sé en su juego de
presencia-ausencia. Estaba y se fue. La X puede significar "ingrata, me
abandonaste para siempre al hambre, la soledad, y el desamparo más completo"
El tema para Lacan en esa X es que no se puede establecer con precisión que
desea la madre. Podría hacer eso o cualquier otra cosa; podría ser devorarme,
mañana abandonarme, dentro de 2 minutos que soy el sol de su vida y en 5
segundos después otra cosa, ósea nada termina de fijarse o precisarse. (deseo
caprichoso de la madre)
Adviene el Significante del Nombre del Padre, y lo crucial que se piensa en esta
intervención de la función paterna, es la aparición de un Otro significante, para fijar
algún sentido seguro respecto de qué desea la madre. Viene a acotar ese DM.
Fija una medida a ese deseo materno, fija un sentido respecto a que desea y entonces
no queda toda esta angustia de qué podría hacer esto o cualquier cosa.
Sabía Lacan que, para fijar una significación (hacerla venir como nueva, y que
produzca ese efecto de fijación, a nivel de significante) es una sustitución. Una
sustitución metafórica
Lo primero a entender como ley paterna, como referencia al padre, es que el SNP es
un significante que sustituye significante de presencia- ausencia, originario del
deseo enigmático de la madre
Esa sustitución de la metáfora paterna, es para Lacan lo que resuelve esa X con
una significación crucial, es una significación que funciona como una suerte de
operador, de equivalente, qué hace que el niño, frente a muchísimas situaciones
distintas, va a estar tranquilo, porque todas van a tener el mismo sentido. Esa
significación es la SIGNIFICACIÓN FÁLICA, la aparición del falo, del objeto fálico
como respuesta a qué quiere la madre. Esa X es el objeto fálico.
Eso es para Lacan el resultado de esa metáfora paterna, y a diferencia de Freud,
resulta una operación benéfica, una operación salvadora, una operación que
introduce una respuesta a la angustia del niño frente al deseo del otro, de la
madre originariamente.
El niño se identifica plenamente con ese objeto: su deseo es ser ese objeto que
responde el deseo de la madre. Sabe ahora que es el falo que colma la madre; sabe
que lo que la madre desea es que él le haga una sonrisita, pucheros y quejas. Èl es
“Su Majestad bebé”, el falo de la mamá.
Esto no puede permanecer así toda la vida pero es fundamental que se
constituya inicialmente. En un primer momento, todo lo que ella desea soy yo en
tanto soy ese objeto fálico. El falo funciona como lo deseado, el agalma de lo
deseado, puede encarnarse en una variedad de situaciones y de objetos.
Para Lacan, en este momento, alguno de los sexos, tanto la nena como el nene se
constituyen como siendo el falo, ese objeto de deseo de la madre. Todas las
situaciones ya se entienden, si la madre se ausenta: “Todo tranquilo, si yo soy el falo,
el objeto de su deseo, será para traerme un chocolate, una revista, la mamadera”. Que
el niño ya no siente más angustia. Que todo lo que ella desea es el mismo en tanto es
objeto fálico. Se requiere que esta metáfora haya operado en la madre, Y qué,
efectivamente entonces, la madre, admitiendo esa metáfora, sea para ella el falo el
objeto de su deseo.
Si este tiempo está cumplido pueden haber muchos resultados, pero ya no el de una
psicosis.
Tiempo el de un enorme cantidad de satisfacciones fantasmáticas: SI ELLA QUIERE
QUE YO ME PONGA ASI, un buclecito asi, lo hago. Cualquier cosa complace
fantasmáticamente en esa posición, y por eso Lacan ve en esto, de dónde van a
provenir todas las problemáticas fantasmáticas, todas las temáticas que después se
pueden fijar como rasgos de fetichismo, versos etcétera.
RESUMEN: Lacan pensó el complejo de Edipo en tiempos: todos están pensados
a partir de ese mismo cuaternario de términos: Significante sobre la X, y ese mismo
significante sustituido con un efecto metafórico. En Lacan es necesario tres
replicaciones de la metáfora en condiciones distintas
Primer tiempo. A partir de ese Enigma angustiante del deseo del Otro como
deseo de la madre, tenemos la entrada en el Edipo para Lacan, en el sentido
freudiano. Esa entrada es poder identificarse como objeto fálico como objeto
deseado por la madre.
El niño no es alcanzado por la metáfora paterna sino que el recibe el efecto de
esa metáfora, en tanto se ha causado en la madre. Un niño no necesita
confrontarse con ningún padre, ni con ninguna ley del padre, de manera directa;
identifica con algo que apareció que es ser el falo, objeto imaginario, fantasmático, y
tiene ese logro, porque en la madre ha pasado, vìa la madre, esa metaforización.
Es por esta razón que no hace falta que esté ningún padre en la realidad.
Segundo tiempo: En el segundo tiempo la metáfora ya no vale como hecha en la
madre, y de la que el niño recibe el maravilloso efecto. Ahora el niño y la madre van a
ser alcanzados por un nuevo efecto metafórico.
Ahora este efecto metafórico se impone a la madre. Ya no tenemos un
significado sobre la x porque eso ya fue resuelto por el primer tiempo. Tenemos
ahora del lado de la madre un significante sobre el objeto fàlico “Φ” en el
sentido de serlo
Y otra vez interviene otro significante: El DEL PADRE, LEY, que sustituye ahora a
este significante del segundo tiempo y produce un nuevo efecto de
significación. Ese efecto de significación es ahora un efecto de castración de
ese objeto fálico, “- Φ” de ser el falo.
PRIVA A LA MADRE DE CUALQUIER FANTASÍA RESPECTO DE TENER, BAJO LA
FORMA DE ESE NIÑO, EL FALO.
El segundo tiempo es una metáfora que se encarna en alguien, puede no ser el
padre biológico, pero se Encarna en algún cuerpo deseante real.
El segundo tiempo de la metáfora paterna castra al niño, pero es fundamental para
Lacan el efecto del lado de la madre también. Totalmente inútil pretender efectos de
castración sobre el niño si ha habido un rechazo del lado de la madre respecto de este
efecto que la atañe a ella.
Hay un efecto doble. No es la metáfora paterna hecha en la madre del primer
tiempo, es una metáfora que ahora priva a la madre de una posición de colmarse
de ese falo. Marca la madre como menos -Φ Y ese es el efecto metafórico.
El tiempo dos necesita un agente real, alguien que introduzca esa ley.
Estructuralmente, para Lacan, en el segundo tiempo, tanto hay de flojera o no de
la palabra paterna, como hasta qué punto la madre lo deja pasar o no, acepta o
no esa palabra. Porque le atañe su propia posición
Detrás de ese falso juego de la ley, puede seguir absolutamente manteniendo
que ese niño es el falo que la colma y no hay castración al lado de ella. Es
totalmente inútil tener un padre de ley si se tiene una mujer sorda. Y un padre
bastante blando con una mujer de orejas muy abiertas para aceptar sus deseos.
La característica de este segundo tiempo es que la ley simplemente se aplica
privando de algo a ese Dúo fálico que es la madre y el niño.
Tercer tiempo: es aquel en que ahora el niño sustituye a su padre, ya no como el
que introdujo “-Φ” entre él y la madre sino en tanto tiene realmente el falo.
El tercer tiempo es el de la conquista, metafórica, del ideal del yo. Es ya el niño que
puede metaforizar a sí mismo, diciendo: "yo soy como papá", en sentido de significar
que lo tengo, que soy portador de ese falo.
Una solución metafórica del tener, porque su ejercicio vendrá muchos años después.
Este tercer tiempo es la SIGNIFICACIÓN DEL TENER.
Entonces, los efectos metafóricos de los tres tiempos son:
•Primer tiempo: ser el falo como objeto imaginario.
•Segundo tiempo: Mera negatividad de dejar de serlo
•Tercer tiempo: se juega la asunción de la identificación sexual constituyendo el ideal
sexual que lo define y lo significa como hombre en el sentido de "el que tiene, el
portador del falo"
El último es lo que Freud llama salida del Edipo, la declinación de los fantasmas que
produce el tiempo dos.
El tiempo 3 es cuando vemos que a los niños se les dice: “Ya sos un hombrecito”. Eso
un varón lo conquistaba, como salida del Edipo a los 5 o 6 años; era un varoncito por
adquisición del ideal del yo.
El tercer tiempo del Edipo no está funcionando bien en la cultura desde hace un
tiempo. Además, se discute la declinación, de la decadencia de la función paterna en
nuestra cultura: A raíz de esto existe una mayor permanencia en la fantasía de ser
falo.
Hay algo que Freud vela son sus mitos, y de los que podemos, corriendo el velo,
articular que sí podría ser de estructura, real, no mítico.
En conclusión, la metáfora paterna constituye un momento en la evolución psíquica del
niño. Al introducir al niño en la dimensión simbólica al desprenderse de su
atadura imaginaria con la madre, le confiere, la categoría de sujeto deseante. En
cuanto se transforma en sujeto deseante el deseo del ser parlante se vuelve cautivo
del lenguaje en el que se pierde como tal, para ser representado solamente por
significantes sustitutos que imponen al objeto del deseo la calidad de objeto
metonímico.
Con justa razón, según Lacan, la metáfora del Nombre del Padre resulta una
encrucijada estructural de importantes consecuencias. Sus implicaciones son
múltiples; su fracaso puede ser la causa de la instalación de procesos psicóticos; su
realización exitosa puede alienar el deseo del sujeto en la dimensión del lenguaje
creando una estructura de división subjetiva que lo separa irreversiblemente de una
parte de sí mismo y produce el advenimiento del inconsciente. Ahora habrá que
abocarse al análisis de esas consecuencias