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El Evangelio en el Matrimonio

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Cuando los pecadores dicen: “Sí

Acepto”

Descubre el poder del Evangelio para


el Matrimonio

Dave HarveyPrefacio
Quizá sientas curiosidad por un varón que escribe un libro llamado: Cuando
los pecadores dicen “Sí acepto”. Mi nombre es Dave…y pues…soy pecador.
Hace veinticinco años cuando le dije “sí acepto” a mi hermosa esposa no
sólo no se solucionó ese problema, sino que se magnificó diez veces más.
Las
parejas que están comprometidas a veces se preguntan si el “sí acepto” tiene
poderes mágicos para convertirnos en gente bondadosa y que vive para los
demás. La verdad no los tiene. ¿Hubiera dicho “sí acepto” si hubiera sabido
lo que significaba realmente? Sin duda. ¿Hubiera sido mi amplia sonrisa
en las fotos de la boda menos confiada y más desesperada? ¡Con toda
certeza!
¿Qué quiero decir cuando digo que soy pecador? Imaginen a un tipo con
hábito de penitencia, postrado en el suelo y tirando cenizas sobre su cabeza
en vergüenza.

¡No! Borren eso. Imaginen esto mejor.


Solía tener un sistema de seguridad para pasar la aspiradora en mi carro. Si
me dabas quince centavos y cuatro minutos, podías luego hacer una cirugía
sobre mi alfombra. La clave está en la colocación de los tapetes, los pies
ágiles y las puertas entreabiertas. Cuando la máquina se encendía, trabajaba
como un hoyo negro humano, aspirando todo para adentro. Por supuesto que
t en í a u n c o s to –
o d o s – p e r o si
pe d í p a p el e s y c h q ue s i m p o rt a e s e i n cl
em pr e h a y b a j as e n el m a n t en i m i ent o d e u n s
u s i v e u n a m a s c o ta
i s t e m a o rd e n a d o . Esa era mi manera de hacer las
cosas. La única manera.
¿Has sido alguna vez tan leal a tu manera de hacer las cosas que te
vuelves…cómo lo diré…un imbécil?
Un día estando en un lavadero de automóviles, deposité mis dos monedas y
me aventé a trabajar sólo para golpear mi rodilla en la puerta abierta. El
dolor de mi rodilla era tan agudo que mis dos piernas se doblaron. Mientras
me
ldaemspeenrtdaibcaia, nedl odéabligluznuoms bpirdeocidoesolas
saesgpuirnadosr.aSmaebíraecqouredeósqtaubeaseenejsutaebgaonel sistema
de aspirado automovilístico de cuatro minutos de Dave. Adolorido y
arrastrando mi pierna, me aventé dentro del carro. Todavía siguen hablando
de este evento en el lavadero. No obstante, quiero que quede asentado que
aspiré exitosamente el carro en el tiempo requerido. Obviamente, tengo una
tendencia ridícula hacia la competencia.
Quizá pienses que un hombre que ha pastoreado parejas por unos veintiún
años debería haber superado ya este tipo de conducta. Pero es peor de lo que
piensas.
Tengo problemas por querer tener el control. Agrégale que me encanta tener
la razón. Eso implica que veo como inferiores las opiniones de los demás.
Detesto equivocarme. También, a veces lo que los demás piensen de mí
determina lo que hago. Me preocupo por problemas que ni siquiera puedo
resolver. Encontrarán más de mi paquete particular de motivaciones
mezcladas a lo largo de este libro. Pero les puedo asegurar que mientras más
me conozcan, más admirarán a mi esposa.

Encuentro un pasaje de la Biblia que describe mi mayor problema y el mayor


desafío en mi matrimonio. “Porque ésta [la carne] desea lo que es contrario
al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen
entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren” (Gálatas
5:17),
Lo que me encanta de este pasaje no es sólo que describe tan bien mi vida;
spirnooblqeumeafsude eespcerciatodopodreallagvuidena.d¿eAqcuaiseonnsoup
fuoendPraíabsloqquue iyean teesncíraibrieósu“etoltdoos los puedo en Cristo
que me fortalece” (Filipenses 4:13)? Cierto. Pero también es el mismo que
confeso, “Miserable hombre de mí, ¿Quién me librará de este cuerpo de
muerte?” (Romanos 7:24)
¿Era miserable el apóstol Pablo? ¿Cómo fue eso? Debió haber sido muy
malo. Pero qué pasaría si te dijera que un gran matrimonio – una unión que
glorifica a Dios, inspira el alma, y perdura – proviene de la convicción de
que somos pecadores tal como Pablo. ¿Te intrigaría esto tanto como para
leer el
s¿iTgiueineenstecucaripoístuidload??Hacia allá nos dirigimos, si tienes el
valor de seguir.
Permíteme compartirte algo que me ha ayudado. Decir “Soy pecador” es
mirar fijamente a una realidad fundamental a la cual mucha gente ni siquiera
quiere darle un vistazo. Pero cuando reconocemos esa realidad dolorosa en
nuestras vidas, se aclaran varias cosas grandiosas. Estamos en el mismo
barco con muchos personajes de prestigio – los héroes de nuestra fe desde
el Antiguo Testamento hasta el presente, quienes experimentaron la batalla
contra el pecado en la línea del frente. También nosotros reconocemos lo
que
t o d o s a n u es tr o a lr e d e d or y a s b e n –
pp oa rr tei nc ci m ra md ne ttoe dn ou , est l rom cá ós ngr yuge.
u la an d Pero,
e b
e n e f i c i o d e re c o n o cer n ue s tr a
pecaminosidad es que hace que Cristo y su obra sean preciosos para
nosotros. Como dijo Jesús, “No son los sanos los que necesitan médico sino
los enfermos —les contestó Jesús—. No he venido a llamar a justos sino a
pecadores para que se arrepientan”. (Lucas 5:31-32). Sólo los pecadores
necesitan un salvador.
Si estás casado, o pronto te casarás, estás descubriendo que tu matrimonio
no es una novela de romance. El matrimonio es la unión de dos personas que
llegan arrastrando el equipaje de sus vidas. Y ese equipaje siempre contiene
pecado. Algunas veces es abierto justo en la luna de miel, algunos esperan a
la semana siguiente. Pero las maletas están siempre allí, algunas veces
escondiéndose de sus dueños, otras veces abriéndose inesperadamente y
exponiendo contenidos olvidados. No debemos hacer caso omiso de nuestro
pecado, porque es precisamente donde el evangelio reluce más
brillantemente.
Lo cual me lleva al punto central de este libro. Cuando los pecadores dicen
“Sí acepto” no es un pensamiento deprimente. Sino se reconoce que para
llegar al corazón del matrimonio, hay que lidiar con el corazón del pecado.
Un gran pastor dijo en una ocasión, “Hasta que el pecado no te sepa
amargo, Cristo no te sabrá dulce”. Estaba hablando de la profunda verdad
del evangelio. Hasta que no entendamos el problema, no nos deleitaremos en
la solución. La gracia es verdaderamente sorprendente por aquello de lo que
nos salva.
Pienso que aquí hay una poderosa aplicación para el matrimonio: Cuando el
ecado se vuelva amargo, el matrimonio se volverá dulce. Cuando el pecado
que traemos al matrimonio se vuelva real para nosotros, entonces el
evangelio se volverá algo vital y el matrimonio se tornará dulce.
¿Te asusta? Claro que sí. Pero el evangelio son buenas noticias que
resuelven el problema de las malas noticias. El mismo pecado que temes ver,
es precisamente la razón por la que Jesús murió en tu lugar. El evangelio
transforma nuestro temor en adoración.
La siguiente vida ya está arreglada, entonces ¿Por qué no hacer de ésta una
aún mucho mejor? Tu matrimonio puede construirse y reconstruirse sobre
un fundamento sólido y perdurable. Pero tenemos que comenzar donde
comienza el evangelio; allí radica la esperanza para los pecadores que
dicen: “Sí acepto”.
Capítulo Uno

Lo que realmente importa en el Matrimonio


Teólogos en el Altar

Rayos de luz multicolor llenaban el santuario cuando la puerta principal se


abrió de par en par. El himno del procesional se fundió con el dulce aire
primaveral soplando a través de las ventanas abiertas. Cuando las familias y
amigos se pusieron de pie, la madera oscura de las bancas crujió con el
sonido de la tradición y el decoro.
Temblando imperceptiblemente y mordiendo su labio para serenarse, la
novia comenzó la marcha nupcial – un andar que había practicado en el
ático de su casa durante dos décadas. Su destino era un joven anheloso, un
haz de energía vestido de esmoquin. Una sonrisa había secuestrado su rostro
y sus ojos danzaban con deleite cuando vio a la novia aproximarse.
El ministro oficiante asintió con aprobación cuando el padre de la novia
hizo la transferencia ceremonial, poniendo la mano de su hija en las del
novio. El pastor anuncio, “Si hay alguien aquí que sepa alguna razón
legítima por la
qsiueemepsrte”h. oTmodbores yageusatardmaruojnercnoon
daembabnleunpiarcseie, nhcaibalceuahnodroa,eol claélrliegpoahraizo la
pausa como obliga la costumbre. De pronto, la voz de un anciano rompió
el silencio.
“¿Cómo lo puedes saber?”
Se puso de pie casi al final del santuario, agarrándose de la banca al frente
de él, y con la mirada penetrante llena de pasión. “No quiero ser
irrespetuoso”, dijo cuando todos lo miraron fijamente.

“Pero ¿Cómo puedes saber que este matrimonio va a funcionar?”


Su tono era serio, pero no desafiante. Su arrebato pudo haber sorprendido a
la congregación, pero era completamente sincero.
Luego, con voz y ojos hacia abajo, dijo lenta y deliberadamente: “¿Cómo…
puede alguien saberlo?”
Algunos miraron al hombre con asombro. Otros mostraron con la mirada su
indignación. Y a medida que esta pregunta hacía eco suavemente en las
vigas, fue como si se congelara el tiempo, mientras docenas de personas
formulaban silenciosamente sus respuestas, cada uno escuchándose a sí
mismo en su mente.
Una de las damas de la novia pensó – Están enamorados; el amor todo lo
vence.

Un amigo de ambos pensó –El matrimonio es un candado y la


compatibilidad es la llave.

El antiguo pastor juvenil del novio, habiendo conocido a ambas familias ya


por años, pensó para sí, “La clave está en la educación que recibieron de sus
adres. Estos jóvenes llegarán lejos porque vienen de buenas familias” ,

El tío Bob, un contador público, acomodando su corbata pensó: “Amiguito


¿tienes idea de cuál será tu reserva económica en algunos años? La
lanificación financiera elimina la tensión más grande para tener un
matrimonio saludable.

El amigo del novio pensó, “Han leído todos los libros disponibles acerca del
matrimonio - ¿Qué más necesitan saber?”.

El pastor, cambiando a modo ceremonial, interpuso su solución.


“Amados hermanos, nos hemos reunido para dedicar este matrimonio
para Dios. Él hará que funcione. Vamos a orar…”.
Ouenas preguntas, Lrandes Respuestas.

Imagina que esta historia es verdadera. ¿Qué pensarías? ¿Quién está en lo


correcto? ¿Todos? ¿Qué hubiera pasado por tu mente en ese momento?

Ahaúcnermteálsaimprpeogrutnatnater,es¿pCeócmtooarteuspmoantdreimríaos
nisoi ?esQeuainzácipaanroavtinliaeprareaghuonrtaano sea tanto
“¿Funcionará?”, sino más bien, “¿Puede ser mi matrimonio todo lo que
debería ser?”
Si estás leyendo esto, la pregunta obviamente sí te importa. Nuestras metas
para el matrimonio no se limitan a “¿Durará?” o “¿Funcionará?”. Lo que
anhela la gente que está en la relación más significativa es tener un
matrimonio que prospere y crezca aun en los tiempos difíciles. Así que
quiero ofrecerles una respuesta que quizá no se les haya ocurrido. Es una
respuesta
que refleja la idea principal de todo este libro.
Primero, quiero decir que tienen mérito todas las respuestas de los invitados
sorprendidos de la boda imaginaria: amor, compatibilidad, historia familiar
sólida, buena planificación, conocimiento, fe compartida. Cada uno es un
componente útil, inclusive crucial, para tener un matrimonio próspero.
Probablemente puedes pensar también otras respuestas.
Pero hay una repuesta que está detrás de todas las demás y que las hace
funcionar juntas de la mejor forma posible. Es una respuesta tan amplia que
pasreazrecma does eglrarnesitmo
pdoeretasntecilaibarlopcroincsipdieor,anpderoosbuassiamdopleicnalcaioEns
ecsr.itQuuraizyá enno todo lo que he aprendido los últimos veintiún años en
el pastorado, les aseguro que esta verdad puede revolucionar tu mundo.
Es esta: Lo que creemos acerca de Dios determina la calidad de nuestro
matrimonio.

Permanece conmigo.
Permíteme tomar un momento para explicarte. Todos vemos la vida desde
una perspectiva – es lo que algunos han llamado una cosmovisión. Nuestra
cosmovisión está forjada por muchas cosas: nuestra cultura, nuestro género,
nuestra educación, nuestra situación actual, etc. Lo que forja de una manera
más profunda la cosmovisión de alguien es su entendimiento acerca de Dios.
Lo que una persona cree acerca de Dios determina lo que piensa acerca de
cómo llegamos aquí, cuál es nuestro significado supremo, y qué pasa
después
de la muerte. Así que esencialmente, nuestra cosmovisión, nuestra
perspectiva de la vida, está determinada por nuestra perspectiva de Dios. Y
cuando hablamos de teología, lo que estamos hablando es acerca de lo que
pensamos de Dios. Tu teología es lo que crees verdaderamente respecto a lo
que significa vivir para Dios. En otras palabras, los teólogos no son sólo
unos hombres muy inteligentes en los seminarios; o unos hombres muy
inteligentes en los cementerios…también tú lo eres. R.C. Sproul, un teólogo
reconocido de nuestro tiempo dice:
“Ningún cristiano puede evadir a la teología. Cada cristiano es un teólogo.
Quizá no es un teólogo en el sentido técnico o profesional, pero es un
teólogo, no obstante. La pregunta para los cristianos no es si seremos
teólogos o no, sino si seremos buenos o malos teólogos.
¿Qué tipo de teólogo eres? No es difícil de contestar. Ya sea que te des
cuenta o no, nuestras ideas acerca de las necesidades, el matrimonio, el
romance, el conflicto y todo lo demás, se revelan todo el tiempo en nuestras
palabras y acciones, reflejando inevitablemente nuestra perspectiva de Dios.
Si escuchas
cuidadosamente, la teología sale de nuestros labios todos los días. Ve si
puedes reconocerla en este fragmento de conversación.

“¡Realmente me frustra cuando haces eso!”


“Ah Sí... ¿Y qué? ¡Así soy! No es mi culpa que esto te pise los
cayos.”. “A ti ni te importa lo que necesito….¿Verdad?”
“¿Lo que necesitas? ¿Y qué de lo que yo necesito? Mis sentimientos
parecen no importar para nada en este matrimonio”.
“¿Por qué no puedes confiar en mí?”
¿Es un típico duelo de palabras de una pareja casada? Quizá. Pero mucho
más que eso. Tales declaraciones simples, que cada persona casada pudiera
pensar (aunque no siempre las digamos), vienen de corazones que han
alodoqputeadeso icmieprotarstasnutpe,oysicdióonndees eascteárcDaiodse
rqeusipéencetso saotmodoos,elsotoq.uEennuecneasitamos, conversación
como esta, la teología ha salido de la cochera y ha salido a dar un paseo.
Quizá no sea obvio para ti ahora mismo pero confío que lo será a media que
este libro avance. Un buen y cotidiano teólogo-cónyuge puede ver que en
esta conversación se defienden y argumentan vehementemente creencias
acerca de Dios y de uno mismo, de los problemas y las relaciones, y de lo
correcto e incorrecto. Se nota en el vocabulario…”me frustra”. Se revela en
los puntos
dime prelífceirteans…cia”…¡A”slíosqouye!”n. ecesito”. Se muestra en las
suposiciones
Así que no te confundas. La manera en la que un esposo y una esposa
construyen su matrimonio día a día y año con año, está fundamental forjada
por su teología. Esto gobierna cómo piensas, lo que dices y lo que haces. Tú
teología gobierna tu vida entera. Y determina cómo vivirás en tu
matrimonio.

Lo primero es lo primero: Abrocha bien los botones.


¿Alguna vez has abrochado mal tu camisa…es decir, que los botones y los
ojales no corresponden y la camisa se ve como si la hubiera pegado un niño
de primer grado? (Tengo la corazonada que esto sólo le sucede a los
varones). Recientemente me ocurrió; abroché mal el primer botón y continué
hasta que portaba una pesadilla en la moda. Lo gracioso es que pensé que me
veía bien – quizá tenía un botón adicional al final, pero eso era obviamente
un defecto de la camisa.
En momentos como este, mi esposa Kimm, se ve en una posición muy
extraña. Se pregunta “¿Se lo corrijo otra vez o dejo que los compañeros de la
oficina se diviertan?” Esta vez fue misericordiosa y tuve un día bien
abrochado.
Es asombroso cuán distorsionado y desaliñado puede verse uno por no
abrochar bien el primer botón. Si empiezas en el lugar equivocado, no hay
mclavne rpaadrae treenpearrabrieenl ptorodbolselmo admemásása.bajo.
Abrochar bien el primero es la
El matrimonio es como esa camisa. Si abrochas correctamente las primeras
cosas, luego los muchos otros “botones” del matrimonio – comunicación,
resolución de conflictos, romance, responsabilidades – todo comienza a
alinearse de tal manera que todo funciona armónicamente.
¿El primer botón en el matrimonio? Así es….¡La Teología! Pero ¿Cómo se
ve una teología “correctamente abotonada”? Veremos brevemente tres de los
componentes más importantes de una teología bíblica sólida del matrimonio.

El fundamento de tu Matrimonio – La Biblia

Para ser un buen teólogo y por consiguiente, un buen cónyuge, debemos


estudiar a Dios tal y como es en verdad. Debemos obtener en la Escritura,
nuestro entendimiento e interpretación de Dios y la realidad. En la Escritura,
Dios se revela verdaderamente – su carácter, su actividad, su corazón, su
plan glorioso de redención. Más profundamente, en la Biblia encontramos a
Dios tal y como se dio a conocer supremamente en la persona de Jesucristo.
Cristo es “verdad” (Juan 14:6). Conocerlo es conocer la verdad. Los
matrimonios basados en la verdad están inherentemente centrados en Cristo.
Obviamente vivimos en una época en la que cada quien le da el significado
que quiera al matrimonio. Sin estar ligado a alguna fuente de autoridad, el
matrimonio sigue a la cultura…a donde sea que vaya la cultura. Después de
una noche de juerga, una estrella del pop se casó, luego hizo anular su
matrimonio a la mañana siguiente. Para ella, el matrimonio le pareció como
algo divertido para hacer por unas cuantas horas, algo no tan diferente como
una tarde en el centro comercial o una visita a una cafetería. Sólo la
satisfacción espontánea de un deseo. A nadie se le hizo daño.
Por esto la Biblia es tan importante. Por ser la Palabra de Dios, llena al
matrimonio de un significado eterno y glorioso. También habla con
autoridad acerca del propósito del matrimonio. Es tanto la medida de
evaluación del
mquaetrliamdounriaobciloidmaod lya ccalalivdeadpadrea teul
mgoaztroimenonéilo. Ensomesatráavbialsloadsoa yfinliablemraednoter
esnablear fuerza de tu compromiso con tu matrimonio. En vez de eso, está
basada en algo completamente aparte de tu matrimonio: la verdad de Dios;
tal verdad la encontramos directa y clara en las páginas de la Escritura.
Conozco a un ingeniero que tiene un trabajo demasiado complicado como
para que yo lo entienda. No hace mucho me contó de un programa de
computadora que tenía un manual de operación que requería la explicación
personal de su creador. Ingenieros de todo el mundo volaron para reunirse
c o n e l in v e nt o r p a r a q u e l es e xp l i ca r a c ó m
op i ro
nt ge rr am
p re at a. Er el l pme na snu
a mal i ye nt
u so rer ea l qhabía
u e pescrito
u e selto q
u e é l h a b í a c r e ad o el p ro g ra m a y
manual, él era la autoridad…él era el punto de partida. Me parece algo
lógico.
Esto es lógico también en el matrimonio. Dios creó el “programa” del
matrimonio, escribió el “manual de operación”, y es fiel para explicarlo. El
es la única autoridad confiable en el tema del matrimonio. Como el inventor,
(ver los dos primeros capítulos de Génesis), sabe cómo funciona y cómo
hacer que perdure. Siendo el Señor del matrimonio, nos ha dado todo lo que
necesitamos para la vida y la piedad – y el matrimonio – en su Palabra.
La Biblia es el fundamento para un matrimonio próspero.

La Fuente de tu matrimonio – El evangelio

Si queremos vivir con la Biblia como el fundamento de nuestro matrimonio,


vamos a asegurarnos que entendemos de qué se trata. Aquí está un rápido
repaso de la perspectiva bíblica.
En los primeros dos capítulos de Génesis vemos que Dios creó al hombre y
a la mujer para vivir en dependencia de él y para Su gloria. No obstante, a
penas en el tercer capítulo ya se habían apartado de Dios – el pecado había
entrado a la escena. Como resultado directo, perdieron la relación personal
extraordinaria que gozaban con Dios – un rompimiento que afecta a cada
persona que vino después de ellos. Muchas, muchas páginas después, al
mero final del libro de Apocalipsis, Dios ha restaurado completamente esa
relación
personal perdida por Adán y Eva y ha creado un nuevo cielo y una nueva
tierra para su pueblo.
Veamos…había una relación rota por el pecado en el pasado distante.
Luego, debido a que el pecado ha sido removido, esa relación está
totalmente restaurada en algún momento en el futuro. Una pauta bastante
clara. Ahora bien, ¿Qué pasa con los sesenta y cuatro libros que están en
medio? El evangelio…eso es lo pasa. Dios envió a su Hijo como respuesta
para el
dilema del pecado, no sólo para ser un ejemplo de bondad moral o para
enseñarnos una manera de vivir, sino para llevar el juicio por el pecado
prometido en Génesis 3, con el fin de que podamos vivir en una relación
restaurada con Dios para siempre.
El evangelio está en el corazón de la Biblia. Todo en la Escritura es una
preparación para el evangelio, una presentación del evangelio o la
participación en el evangelio. En la vida, muerte y resurrección de Cristo, el
evangelio provee una solución final para nuestro pecado – para hoy,
mañana, para el día que estemos delante de Dios y para siempre.
En verdad no hay final para las glorias del evangelio, por lo cual pasaremos
la eternidad maravillados de que el Dios Santo haya escogido aplastar a su
único Hijo por amor al hombre pecador. El evangelio explica nuestro
problema más obvio y básico – el pecado nos ha separado de Dios y de los
demás. Por tanto, somos objetos de la ira de Dios. Un cristiano entiende la
necesidad de la cruz; nuestros pecados eran tan malos que requerían sangre,
la sangre de Dios, para ser quitados. Sin la cruz estamos en guerra contra
Dios, y él esta en guerra contra nosotros.

Por lo tanto, el evangelio es central en toda verdad teológica, y es la realidad


global que le da sentido a toda realidad. Nunca cometas el error de pensar que
el evangelio es sólo bueno para el evangelismo y la conversión. Por el
evangelio entendemos que permanecemos siendo pecadores aunque ya somos
salvos. A través del evangelio recibimos poder para resistir el pecado. La vida
cristiana consiste en entender con precisión y aplicar continuamente el
evangelio.
Esto también significa que el evangelio es la fuente interminable de la
gracia de Dios para tu matrimonio. Debes tener un claro entendimiento del
evangelio para volverte un buen teólogo y ser capaz de esperar un
matrimonio perdurable y próspero. Sin el evangelio, no puedes ver a Dios, a
ti mismo y tu matrimonio cómo son en realidad.
El evangelio es la fuente de un matrimonio próspero.

El Enfoque de tu Matrimonio – la Gloria de Dios.

Cuando comenzamos a orientar nuestros matrimonios alrededor de la verdad


bíblica, vemos algo asombroso. El matrimonio no sólo fue inventado por
Dios, sino pertenece a Él. El tiene el único derecho sobre su diseño,
propósito y metas. De hecho, existe más para él que para ti y para mí y
nuestros cónyuges.
Así es. El matrimonio no se trata primeramente de mí y mi cónyuge.
Obviamente, el hombre y la mujer son esenciales, pero al mismo tiempo son
secundarios. Dios es la persona más importante en un matrimonio. El
matrimonio es para nuestro bien, pero es ante todo para la gloria de Dios.
Eso quizá parece extraño, sorprendente o difícil de aceptar, pero es una
verdad vital para cada pareja cristiana. Un culto de Iglesia puede inyectar las
formalidades religiosas a una boda, pero hacer que Dios sea la autoridad para
el matrimonio es una realidad diaria.
En mi ministerio pastoral, he visto el triste fruto que viene cuando no se le
da a Dios lo que justamente es suyo.
Parejas jóvenes precipitándose al romance, sin tomar en cuenta la
sabiduría de aquellos cercanos a ellos, tratando de usar el
matrimonio para legitimar deseos descontrolados. No ven el
matrimonio como tratándose principalmente de Dios.
Parejas de matrimonios cristianos haciendo a un lado los papeles y
responsabilidades bíblicas para hacer “lo que funciona”, aun
cuando esto signifique conformarse con algo menor de lo que
pudiera ser. No ven el matrimonio como tratándose principalmente
de Dios.
Lo más trágico de todo, familias cristianas partidas por el divorcio
cuando uno o los dos cónyuges simplemente deciden que su
necesidad personal es más importante que lo que Dios ha juntado.
No ven el matrimonio como tratándose principalmente de Dios.

El apóstol Pablo pasa mucho tiempo del quinto capítulo de Efesios


hablando a los casados. Habiendo ya bosquejado en los capítulos previos lo
que Cristo ha hecho por ellos como individuos, ahora llama a los esposos y
esposas a vivir “de una manera digna del llamamiento que han recibido”
(Efesios 4:1). El capítulo 5 está lleno de mandamientos específicos para
edificar un matrimonio que florezca. Lo más notorio del enfoque de Pablo es
que Cristo es el punto de referencia de todas nuestras acciones en el
matrimonio.

Las esposas deben someterse a sus esposos “como al Señor” (v.22). Los
esposos deben amar a sus esposas “como Cristo amó a la Iglesia y se
entregó
a sí mismo por ella” (v.25). Los esposos deben alimentar y cuidar a sus
esposas “como Cristo con la Iglesia” (v.2P). En cada caso podemos ver que
aunque la acción es nuestra, hay otro drama mayor teniendo lugar a través de
esas acciones.
Vemos ese drama de nuevo en el versículo 32, donde ocurre algo
misterioso y que nos deja perplejos. “Esto es un misterio profundo; yo me
refiero a Cristo y a la iglesia”. El comentarista George Knight provee esta
explicación útil:
“Siendo algo desconocido para la gente del tiempo de Moisés (era un
“misterio”), el matrimonio fue diseñado por Dios desde el principio
para ser un cuadro o parábola de la relación entre Cristo y su Iglesia.
Cuando Dios estaba planeando lo que sería el matrimonio, lo hizo
para este propósito grandioso: dar un cuadro terrenal hermoso de la
relación que habrá un día entre Cristo y Su Iglesia. Esto no fue
conocido por la gente por muchas generaciones, y por eso Pablo lo
llama un “misterio”. Pero ahora en la época del Nuevo Testamento,
Pablo revela este misterio y es sorprendente.
Esto significa que cuando Pablo quiso hablar a los Efesios acerca del
matrimonio, no emprendió una cacería de analogías útiles y de pronto
se le ocurrió que “Cristo y su Iglesia” podrían ser una buena
ilustración didáctica. No. Fue mucho más fundamental que eso. Pablo
vio que cuando Dios diseñó el matrimonio original, ya tenía en mente
a Cristo y Su Iglesia. Este es uno de los grandes propósitos de Dios en
el matrimonio: ser un retrato de la relación entre Cristo y su pueblo
redimido para siempre”.
Creo que en verdad esto es profundo. El matrimonio es puesto en el mundo
– y en nuestros hogares – como un recordatorio, una parábola viva de la
relación de Cristo con su Iglesia.
Los meses de preparación, el Gran Día, la memorable luna de miel – son
importantes, pero hay algo más importante en juego que un álbum de boda
fabuloso. Cuando un hombre y una mujer se unen en matrimonio, es
inaugurado un modelo nuevo y perdurable de la relación entre Cristo y su
Iglesia.
Cuán fácil es actuar como si sólo el esposo y la esposa fueran las únicas
partes importantes en el matrimonio. Pero el matrimonio, al final de cuentas,
se trata de Dios. Además, el matrimonio es tan asombroso no porque le trae
gozo a la gente, o propicia un ambiente apropiado para los niños, o porque
estabiliza a la sociedad (aunque sí es todas estas cosas). El matrimonio es
asombroso porque Dios lo diseñó para mostrar su gloria.
El enfoque de un matrimonio próspero es la gloria de Dios.

El Matrimonio es teología a nivel de la calle.

Muy bien; hemos comenzado a construir una teología del matrimonio clara,
precisa y bíblica. Pero tu matrimonio es parecido al mío, no vives tu teología
en algún tipo de torre de marfil de bibliotecas tranquilas y pensamientos
profundos. Somos teólogos de la calle, tratando de ejercer nuestra fe en un
mundo donde las parejas se enojan y las puertas se aporrean.
Así que con las buenas noticias del evangelio en mente – que Cristo vino al
mundo a salvar a los pecadores – tengo que hacerte la pregunta “tonta” de la
semana…¿Todavía pecas? ¿Y tu cónyuge? Permítanme facilitarles esto.
Señores, esa mujer radiante en cuyo dedo pusiste el anillo de matrimonio...
¡Es pecadora! Damas, el hombre que ofreció un voto de fidelidad perfecta y
sacrificio para toda la vida…¡Es pecador! En las ceremonias en todo el
mundo, cada día, sin excepción, son pecadores los que dicen: “Sí acepto”.
Son pecadores los que celebran aniversario número diez, veinticinco y
cincuenta. Son pecadores los que comparten el beso final en el lecho de
muerte del cónyuge. Es un pecador el que escribe este libro. Y son pecadores
los que lo leen.
La lucha diaria contra el pecado experimentada por los cristianos genuinos
subraya el hecho de que aunque Cristo ciertamente nos salvó, no nos
transforma instantánea y completamente en personas que ya no pecan. Ese
glorioso proceso comienza en el momento que nos convertimos y continúa
durante toda nuestra vida en la tierra, y sólo concluirá cuando partamos de
este mundo caído.
Por eso en este capítulo – e inclusive en el título del libro – he tratado de
enfatizar y personalizar la realidad del pecado. Dios nos está cambiado
a nosotros los pecadores. Ese proceso de cambio apunta hacia una meta

gcolomrio sCari–stlole, gteanr eamseors cqoume


ocosnusHidiejora, rneulehstercohSoadlevaqduoer.soPmerosppaercaasdeorrmesá;s
perdonados…por supuesto, pero aun batallando contra la tendencia interna
de alejarnos de Dios.
Sin tal claridad bíblica, no tenemos contexto para la cruz ni para
estar conscientes de nuestra necesidad de la gracia y misericordia. Sin una
pDeirosspseectdiveabirloitbaupsrtaofduenldpaemcaednote,.lCa
omrnisemliausnPoclaiónntindgealohaqcueensoigtanri:fi“cLaacmoneoracer a
verdad es que sin una revelación total del pecado, el evangelio de la gracia
se vuelve improcedente, innecesario y poco interesante”. Sin una
“revelación total del pecado”, la confianza ciega en uno mismo nos
conducirá a intentar que nuestros matrimonios funcionen en nuestras propias
fuerzas. Y cualquier cosa que intentamos hacer en nuestras propias fuerzas
no tiene como meta la gloria de Dios y su vida no proviene de la fuente del
evangelio.
Si tu luna de miel es una memoria distante y tu matrimonio ha perdido
a l g o d es u
cdhe qis up e al oy sf ue g o , c o n s i ra e s t o: ¿ Q u é p a s a rí
p ro b le m a s y d e b i li d a des e n t u m a tr i m o n i o s
a s i a b a n d o n a ra s l i d ea de información, dedicación o
o n c a u s a d o s p o r fal t a
comunicación? ¿Qué pasaría si ves tus problemas por lo que son: causados
por una guerra en el interior de tu propio corazón?
Si estás leyendo este libro en el brillo de una feliz luna de miel,
ahora sería un momento apropiado para acercarte a tu amado(a) para
susurrarle al oído: “Realmente soy un gran pecador – y soy tuyo de por
vida”.

matrimDoeneiost. a manera es como hacemos la teología al nivel de la calle en


el

@asta que el pecado no sepa amargo, Cristo no sabrá dulce.

En este libro, quiero convencerte de que lidiar con el problema del pecado
es la clave para tener un matrimonio floreciente. Cuando aplicamos el
evangelio a nuestro pecado, nos provee esperanza para nuestras vidas
personales y en

nEuseasetrsolsa mhiastroirmiaondieolsa.
LBaibslmia,alyaslanhoitsictoiarisandoes nllueevsatnraas vlaisdagsr.andes
noticias.
El gran pastor que mencioné en el prefacio era Thomas Watson. ¿Recuerdas
sus palabras? “Hasta que el pecado no sepa amargo, Cristo no sabrá dulce”.
Lo que quiere decir es que hasta que entendamos en verdad el problema, no
saborearemos la solución. ¿Acaso no es esa tu experiencia? ¿Acaso no has
notado que mientras más claramente entiendas el alcance de lo horrible del
pecado, más rápidamente corres hacia el Salvador, revelado en su gloria,
santidad, belleza y poder?
No es fácil, ni nos viene de manera natural, el ver primero nuestro pecado
como la causa de los problemas en nuestros matrimonios. El pecado que
permanece en tu corazón y el mío se opone a Dios y a su Pueblo. Obstruye
nuestro gozo y santidad. Eclipsa a los matrimonios florecientes y saludables,
los cuales son testimonios de la bondad y misericordia de Dios.
Algo maravilloso ocurre a medida que comenzamos a construir nuestros
matrimonios en la Palabra de Dios y en el evangelio de la victoria de Cristo
sobre el poder del pecado, a medida que enfrentamos la realidad triste,
dolorosa e innegable de nuestro propio pecado restante…cuando lo vemos
tal cual es como algo amargo y odioso…y reconocemos las metas insidiosas
del pecado en el meollo de cada dificultad relacional que encontramos. Es
cuando corremos al evangelio como nuestro único remedio.
Entonces comenzamos a darnos cuenta de que hay nueva esperanza para
nuestros matrimonios. Mucha esperanza. Esperanza que emerge del poder
del evangelio, el mismo poder que resucitó a Cristo de la tumba. Tenemos
un
atisbo de la dulce relación que puede llegar a ser nuestro matrimonio – una
unión viva y floreciente en la que los pecados son confesados y perdonados.
Mis amigos…cuando el pecado se vuelve amargo, el matrimonio se vuelve
dulce.
Como aquel anciano que interrumpió la que hubiera sido una hermosa boda,
muchos de nosotros nos hemos entristecido por matrimonios que
comenzaron dulces pero no permanecieron así. Cada “Sí acepto” viene con
la esperanza de que perdurará el amor. Pero ¿Cómo podemos estar seguros?
¿Cómo sabemos que nuestros matrimonios no meramente permanecerán,
sino que
florecerán volviéndose más dulces y más deleitosos con el paso del tiempo?
Lo que realmente estamos buscando es un matrimonio que florece, que
resplandece siempre, que se ve, funciona y se siente como lo que
esperábamos desde el principio – inclusive aun más allá de lo que
esperábamos. Escribo este libro para promover matrimonios agradables que
glorifiquen a Dios. Espero que eso sea lo que busques al leerlo.

A donde vamos a partir de aquí

Hace veinticinco años, en el cubo de la escalera en mi universidad, le canté a


Kimm una canción y luego le pedí que se casara conmigo. Cualquiera que
me ha escuchado cantar pudiera haber apostado a que ella no me aceptaría.
Pero ella dijo: “¡Sí!” Ni idea tenía de la aventura que Dios tenía preparada
para nosotros.
Tenemos cuatro hijos y un gato. No me gustan los gatos, pero estoy
locamente enamorado de Kimm, y porque ella ama a los gatos, me las
ingenio para tolerar a éste.
Nuestras vidas son complicadas; Nuestro matrimonio es un rico y dulce caos.
Pero nuestro viaje es firme a través de la gracia de Dios, por medio de un
compañerismo apasionado que crece más cada año. Es un misterio para mí,
pero no para Dios. Fue su idea que su nombre sea exaltado cuando los
pecadores dicen: “Sí acepto”.
Por la gracia de Dios, el consejo de varones a quienes rindo cuentas en mi
iglesia local, y mucha enseñanza maravillosa, la mayor parte del tiempo los
botones de nuestro matrimonio están abrochados razonablemente bien. Todo
empezó hace años cuando comenzamos a aprender la verdad simple de poner
atención a la Palabra de Dios.
Al llegar al final de este primer capítulo, quizá te das cuenta que tienes
algunos botones fuera de lugar. Quizá estás comenzando a sentir que si tu
experiencia del pecado no es tan amarga, y tu experiencia del matrimonio no
es tan dulce, entonces quizá tu teología no es todo lo que debería ser.
Está bien. Permanece conmigo el resto de este libro y haré mi mayor
esfuerzo para comunicarte muchas cosas maravillosas acerca del matrimonio
que he aprendido de la Escritura y de otros que son mucho más sabios que
yo.
Veremos que el pecado, aunque es engañoso, es al mismo tiempo, para
nuestra sorpresa, muy predecible. Probaremos los gloriosos misterios de la
misericordia, gracia y perdón, y veremos cómo pueden volverse
herramientas prácticas y poderosas en las manos de un buen cónyuge-
teólogo.
Examinaremos una variedad de formas en que podemos ayudar y servir a
nuestros cónyuges, desde el calor de la confrontación hasta la calidez de la
intimidad sexual. Y veremos hacia delante, al día cuando nuestro tiempo en
la tierra sea corto, y veremos lo que significa honrar a Dios en el matrimonio
cuando nuestra piel se debilite.
¿Existe la posibilidad de que tú y tu amado(a) sean en verdad pecadores?
Entonces, este libro es para ustedes. ¿Y podría ser que Dios ya sabe que son
pecadores, no obstante les da, de todas maneras, todo lo que necesitan para
construir un matrimonio floreciente? Dios apoya entusiasta y completamente
todos tus esfuerzos por construir un matrimonio fuerte que le glorifique.
Quiere que nos deleitemos en el matrimonio. Quiere hacerlo fuerte,
permanente y dulce.
Vengan…Descubramos qué significa en verdad ver a Dios, a ti mismo y al
matrimonio cómo son en realidad. Allí comienza todo.

Preguntas de Repaso y Reflexión

1. Si hubieras estado en la boda descrita al principio del capítulo, ¿Cómo


responderías si ese anciano te hiciera la pregunta respecto a tu
matrimonio?
1. ¿Qué es lo que determina la calidad de nuestro matrimonio según el
autor?

1. ¿Qué es la teología? ¿Cómo afecta tu matrimonio?

1. ¿Cuáles son los tres componentes de una Teología bien “abrochada”?


Explica cada uno.

1. ¿Cuál es tu reflexión respecto a la frase: “Hasta que el pecado no sepa


amargo, Cristo no sabrá dulce”?
Capítulo Dos

Despertar con el peor de los Pecadores


Las noticias acerca de quiénes somos en realidad

Suspiro…lo hice de nuevo.


Mi esposa estaba atrasada respecto al horario acordado. En vez de esperar
pacientemente (o quizá meterme a ayudarla), hice lo que hago tan bien:
Pontifiqué, esta vez especulando en voz alta, cuántos minutos de nuestras
vpiedroasehl aimbípamacotos dapeslapsetradnitceiaednoeel nalamtra sqouse.
Mtuvisiecráolncumlois pnaolalabriamspereasiobnvairo ne,n su rostro.

Pensarías que un pastor, alguien que ha sido llamado para pensar y hablar
sabia, útil y bíblicamente, hubiera encontrado algo mejor qué decir en ese
momento – o al menos algo menos dañino. Pero a pesar de mis palabras
pecaminosas y arrogantes, Kimm logró de nuevo cubrirlas con amor y con
paciencia me ayudó a ver lo que estaba mal con ellas.

Agruancqiaudee sKtoimy
min,mtoednasvamíaepnetredaugraraldaepcridegoupnotar :e¿l Pesoprírqiutué
pneordsooynamdáosr ya md oe r o s o ? Después de todo, hemos estado casados
por más de dos décadas. He estado en el ministerio la mayor parte de ese
tiempo, he leído muchos libros acerca del matrimonio, he conducido
numerosos seminarios para matrimonios, y realmente pienso que Kimm es
un regalo de Dios para mí. Si amo a mi esposa, ¿Por qué se me hace tan fácil
tratarlo como si no lo hiciera?

Me pasa también con los niños. El otro día, uno estaba actuando de una
manera que necesitaba corrección. Una vez más el gran Pontífice abrió su
bamocab.lEemn evnetze,dme aisprpoavlaebcrhasr fluaeorpoonrdt
unraidsayd cpraítriacacsu.idAasruantmosi hdijfoerentes,
personas diferentes, el mismo problema: Traté a alguien a quien amo como
si no lo amara para nada.
Señores, ustedes saben de lo que hablo. Han planeado una noche romántica,
completando con la cena en el restaurante favorito de ella. Pero de pronto,
e l l a di c e a lg o , o u st ed e s d ic e n a l go , o e l
d o s m i n u to s q u ed a p la s m a d a u n a m e m o
m e s er o d i c e al g o , y e n e l e s p a c io de amor, ¿te
r ia c o m p l e t am e n t e di f er e n t e . (“ M i
acuerdas aquella noche que tuvimos ese conflicto bastante caro?”)
¿O qué tal esto? En vez de ver el partido de fútbol en tu día libre, decides
hacer la reparación que ella te ha estado pidiendo que termines. Después de
cinco horas frustrantes pones por fin a un lado las herramientas, y miras a tu
esposa buscando alguna expresión de reconocimiento por tu sacrificio
personal. Le da un vistazo a tu trabajo y te dice, “Me hubieras preguntado
antes de hacerlo así”. Palabras clave para iniciar los juegos pirotécnicos.
Damas, él les dice que llegará a casa como a las P:OOpm y llega a las
1O:45. “Lo siento, mi amor, la reunión se prolongó”. Ninguna notificación,
ninguna llamada por teléfono, ninguna disculpa verdadera, y nada de
consideración por tu preocupación. Un momento previo estabas imaginando
cómo le harías para sostener a la familia como viuda. Ahora, con visiones de
él durmiendo en el carro el resto de la semana, no estás muy segura de lo
que está a punto de salir de tu boca, pero probablemente no será algo bueno.

La Confesión de Paolo y la Huestra

Es el lado oscuro del matrimonio, la realidad de vivir con alguien día tras día
en un mundo caído. Pero ¿Qué es lo que revela? ¿Qué es lo que se indica
cuando veo mi podredumbre? ¿Será que el enemigo me ha seleccionado para
darme atención exclusiva? Quizá soy una amenaza para su Reino, como
Frodo para los poderes de Mordor, o Luke Skywalker para el imperio
malvado. Eso no me excusa del hecho de que sé lo que es correcto, no
obstante, a menudo escojo hacer otra cosa.
Si el pecado es un problema persistente para nosotros, no somos los únicos
con este problema. Aún estando tan mal como estamos, el apóstol Pablo
parece pensar que él es peor. Quizá podemos aprender algo de él.
Pablo le escribió a Timoteo, “Este mensaje es digno de crédito y merece ser
aceptado por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores,
d e lo s c u
¿V e rd a d ?
al es y o so y e l p ri m e r o ” ( 1 T i m o te o 1 : 1 5 ) .
N o h ay m u c h a f le x i b ili d a d e n e st o . P a b l o
E s b a s ta n te c ru d o
n o s p r e se nt a e st o diciendo que es un mensaje “digno de
crédito y merece ser aceptado por todos”. Eso es el equivalente a poner un
signo de exclamación a un correo electrónico que vas a enviar – ¡esto tiene
una alta prioridad!
Su “mensaje” tiene dos partes. “Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los
pecadores”. Esto nos catapulta al corazón del evangelio glorioso, y nos
prepara para la segunda parte: “…de los cuales yo soy el primero”. Ahora
bien, ¿Qué se supone que debemos entender con eso? ¿Cómo puede el
apóstol Pablo decir esto honestamente -el teólogo original de la fe cristiana?
¿Con quién se está comparando? ¿Y qué estándar está aplicando?
Estas son preguntas importantes. No debemos atrevernos a descartar la
declaración de Pablo por considerarla una exageración intrascendente o un
ejercicio vacío de falsa humildad. Esta es la Palabra de Dios, y se está
asentando un punto muy importante.
Primero, es claro que Pablo no está tratando de compararse objetivamente
con todo ser humano, porque nunca los había conocido a todos. Esto nos
dice
q u e s u e n fo q u e
su g ir i en d o q u e
n o e s p r i m o rd i a l m e n te e x te r n o , s in o in t er n
s u c a rá c t e r m o r a l e s tá e n b a n c a rr o ta o s u m
o . T a m p o c o es t á
a d ur e z e s p iri t u a l está en cero. Simplemente está hablando de
lo que ocurre en su propio corazón.
En efecto está diciendo, “Oigan, yo conozco mi pecado. Y lo que he visto
en mi corazón es más oscuro y más horrible; es más orgulloso, egoísta y
vanaglorioso; y está en rebelión más constante y regularmente contra Dios
que cualquier cosa que haya vislumbrado en el corazón de alguien más.
Hasta donde puedo ver, yo soy el más grande pecador”.
Pablo era un estudioso de su propio corazón. Ponía atención a los deseos e
impulsos que se agitaban en su interior. Y no pienso que sea una exageración
decir que sabía que era capaz – dadas las circunstancias – de realizar el
peor de los pecados y de tener los motivos más viles. Pablo era realista.
Quería ver a Dios y a sí mismo en verdad. No se escondía tras una fachada
de amabilidad o religiosidad. Como comenta Henry Scougal acerca de este
versículo, “Nadie podía pensar peor de Pablo que él mismo”.
Ahora consideremos el siguiente versículo. “Pero precisamente por eso Dios
fue misericordioso conmigo, a fin de que en mí, el peor de los pecadores,
pudiera Cristo Jesús mostrar su infinita bondad. Así vengo a ser ejemplo
para los que, creyendo en él, recibirán la vida eterna (1 Timoteo 1:16)
Con el paso de cada día, dos cosas crecían para Pablo: Su pecaminosidad a
la luz de la santidad de Dios, y la misericordia de Dios a la luz de su
pecado. El conocimiento preciso de Dios y de sí mismo no era del todo
desalentador o
deprimente. En vez de eso, hacía más profunda su gratitud por la vasta
misericordia de Dios al redimirlo, y la paciencia de Cristo al continuar
amándolo e identificándose con él en su lucha diaria contra el pecado.
La confesión de Pablo a Timoteo nos presenta un ejemplo asombroso de
honestidad moral y madurez teológica. La consciencia aguda y dolorosa de
su propia pecaminosidad causó que magnificara la gloria del Salvador.

La Realidad Bíblica de los Miserables Gozosos

La profunda consciencia de la pecaminosidad innata no es un punto


teológico oscuro o un ejemplo de fervor religioso ido a menos. Una gran
consciencia de la pecaminosidad personal a menudo va de la mano con un
gran gozo y confianza en Dios. El mismo Pablo que se llamó a sí mismo el
peor de los pecadores pudo exaltar dos versículos después “al Rey eterno,
inmortal, invisible, al único Dios, sea honor y gloria por los siglos de los
siglos. Amén”
(1 Timoteo 1:17).
Es un tema que también resuena en los Salmos. En el Salmo 4O vemos
mano a mano el gozo en el Señor y la lamentación por el pecado.

He prhohecelaqmuaíd, onobureefnraesnanruéemvais dlaebjiuost,iociha


SeEn ÑlaOgRra, ntúcloongsarebgeas.ción;
No he escondido tu justicia dentro de mi corazón;
he proclamado tu fidelidad y tu salvación;
no he ocultado a la gran congregación tu misericordia y tu verdad.
Tú, oh SEÑOR, no retengas tu compasión de mí;
tu misericordia y tu verdad me guarden continuamente,
Porque me rodean males sin número;
mis iniquidades me han alcanzado, y no puedo
ver; son más numerosas que los cabellos de mi
cabeza, y el corazón me falla.

¿Qué es lo que pasa aquí? ¿Será un tipo de bipolaridad espiritual? ¡De


ninguna manera! Es el gozo de la salvación abriéndose paso, a pesar de la
vida en un mundo caído y un corazón que todavía lucha contra el pecado. Es
la realidad vista a través de la verdad bíblica.
Esta realidad es muy diferente de la que estamos hasta el cuello – esa
realidad mañosa, brillante y falsa de una sociedad opulenta obsesionada por
la comodidad y la autoestima. En vez de eso, esta realidad nos lleva al
Salvador, que reúne la santidad de Dios y su misericordia en la cruz. El gran
predicador del siglo diecinueve, Charles Spurgeon, fue otro hombre que vio
esta realidad en toda su gloria cristocéntrica.
“Muchos piensan livianamente del pecado, y por lo tanto piensan
livianamente del Salvador. Aquel que ha estado delante de su Dios, como
culpable y condenado, con la soga alrededor del cuello, es el hombre que
llora de gozo al ser perdonado, que odia el mal que le ha sido perdonado, y
que vive para el honor del Redentor por cuya sangre ha sido limpiado”.
¿Recuerdas lo que Jesús le dijo a la mujer sorprendida en adulterio? “Por lo
cual te digo que sus pecados, que son muchos, han sido perdonados, porque
a m ó m u c h ; p e ro a q u ie n p o c o s e
c om o P a b lo ( y D a vi d y S p u r g eo n …
le p e r d o n a , p o c o a m a ” ( L u ca s 7 :4 7 ) . S i
) r e c o n o z c o l a e n or m i d a d d e m i p e c a do,
viéndome como el peor de los pecadores, entonces entiendo que se me ha
perdonado mucho. Es cuando la realidad bíblica comienza a tener sentido.
Comienzo a ver a Dios como es en verdad. Su grandeza se vuelve mayor que
mis problemas. Su bondad viene a mí a pesar de que no soy bueno. Y su
sabiduría y poder son visibles en las maneras perfectas en que obra para
transformarme de dentro para fuera.
Así que este pecado – el mío y el tuyo – es supremamente feo. Es vil. Es
perverso. Pero al mismo tiempo es el trasfondo de un drama más grande.
Somos obras en proceso que son propensas dolorosamente al pecado, no
obstante podemos ser obras gozosas, porque, gracias a Dios, hemos sido
redimidos por gracia a través de la muerte y resurrección de Cristo. Nuestro
Salvador ha venido a rescatarnos del castigo del pecado y a darnos una vida
abundante por su Espíritu.
Cuando dos personas en matrimonio abrazan esta perspectiva de la realidad
y viven de acuerdo con ella, sus vidas y matrimonio comienzan a verse más
y más parecidas al cuadro que Dios quiere mostrar al mundo perdido. Hasta
que el pecado no sepa amargo, el matrimonio no puede ser dulce.

Rob, Sally y el Resto de nosotros.

Rob y Sally han sido cristianos por mucho tiempo. Como muchas parejas,
ambos han adoptado ciertas suposiciones acerca de cómo debería portarse el
otro, y cada uno siente que tienen ciertas necesidades que piensan que el otro
debería satisfacer. Y aunque van a la iglesia y tienen una vida cristiana
cLoonqcuieennzoudvae,nReosbqyueSasullsy peeslteáanseexsptáenrimbaesnatd
aansdeonsepruinotsocsodneflvicistotas imncaorirtraelcetso.s
de la realidad, por lo que las soluciones significativas parecen siempre
escapárseles.
Aquí hay un par de ejemplos. Rob dice que necesita respeto, pero todo lo
que parece recibir de Sally son críticas cada noche cuando llega a casa del
trabajo.
S a ll y d i c e q ue ne c e s i t a q u e R
ose bg se
u ria dca erd q eune su
a e m
ll aa ty r li emp or on ivoe a, m á s s en tido
p e ro to d o l o q u e p a re c e r e c ib i r d e R o b es
de pasividad día tras día. Realmente no hay nada malo con estos deseos
particulares. El problema emerge cuando varias veces a la semana, repasan
los errores de cada uno, reiteran sus demandas de que cambien, y repiten
(con algunas variaciones) el tipo de comentarios hirientes que han estado
lanzándose por meses. Curiosamente – y trágicamente – Rob y Sally se
sienten vindicados por muchos de los libros acerca del matrimonio que han
leído. Tales libros alimentan su sentido de justicia frustrada y parecen
legitimar las necesidades que sienten tan profundamente.
Si fueras un amigo de Rob y Sally que ve la erosión gradual de su
matrimonio, ¿Cómo intentarías ayudarlos? Por supuesto que necesitan
alguien que los escuche con la intención de entenderlos. Pero su necesidad
más grande está en su teología. Necesitan reconocer que no son bíblicas
algunas de las expectativas que tienen el uno del otro – como tampoco lo
son las perspectivas de donde vienen éstas. Ciertamente sus acusaciones,
palabras ásperas y sus actitudes egoístas demandantes están plagadas de
pecado.
Como pareja, necesitan ayuda para alinearse con la Escritura – con la
perspectiva divina de la realidad.
El problema de raíz de Rob y Sally se revela en el hecho que el mensaje de
Pablo en 1 Timoteo 1:15 todavía no es “digno de crédito” para ellos. No
merece ser “aceptado por todos” ese reconocimiento sincero e identificación
honesta de su pecaminosidad personal. Igual que muchos creyentes casados,
Rob y Sally han derretido el dicho digno de crédito de Pablo y lo han
reiterado siguiendo un molde no bíblico: “Cristo Jesús vino al mundo a…
satisfacer mis necesidades, ¡de las cuáles yo tengo muchas!”
En resumen, Rob y Sally tienen una falta de entendimiento de cómo
funciona el evangelio; pero ellos no son los únicos con este problema. John
MacArthur
lamenta la pérdida generalizada de la realidad bíblica entre los creyentes:
Los cristianos están perdiendo de vista rápidamente al pecado como la
raíz de todos los males. Y muchos cristianos están negando
explícitamente que su propio pecado sea la causa de su angustia
personal. Más y más están intentando explicar el dilema humano en
términos totalmente ajenos a la Biblia: temperamento, adicción,
familia
disfuncional, el niño interior, co-dependencia, y un sinfín de
mecanismos de escape irresponsables promovidos por la psicología
secular.
El impacto potencial de tal desviación es atemorizante. Si remueves la
realidad del pecado, te llevas la posibilidad del arrepentimiento. Si
declaras abolida la doctrina de la depravación humana, vacías el plan
divino de salvación. Si borras la noción de la culpa personal, eliminas
la necesidad de un Salvador.”

Esta necesidad constante de un salvador es exactamente a lo que deben


aferrarse los cristianos profesantes. La cruz hace una declaración firme acerca
de los esposos y esposas: somos pecadores y nuestra única esperanza es la
gracia. Sin una clara consciencia del pecado, evaluaremos nuestros conflictos
fuera de la historia bíblica – la obra concluida de Jesucristo en la cruz – de
esta manera se elimina cualquier base para el entendimiento verdadero, la
reconciliación verdadera y el cambio verdadero. Sin el evangelio de nuestro
salvador crucificado y resucitado, nuestros matrimonios se deslizan hacia lo
superficial. Comenzamos a dar justificaciones débiles de nuestra conducta
pecaminosa y nuestros conflictos matrimoniales terminan, en el mejor de los
casos, en arreglos inseguros, parciales y cabildeados.

Lo peor acerca del Pecado

Adelespteacsaadlotu. r¿aEslqpueiozár deestléossppeencsaadnodroe,s“?


ETsótemaamteiguon pteiednesatidlaemy adseisacdooneactearceal
contador moral. ¿Para qué hacer tanta bulla?”
La bulla es que mi pecado no es principalmente contra mí o mi matrimonio.
Todo pecado es primeramente contra Dios. Y eso cambia todo.

Vdeelmoíd:
eDeicsteaqmueantenrag.oMuineasetasptuossac.oAmloid“esnptiofsicoa”rmdi
eceseañlgaoloimhapcoiartalantreeaalcideracda de otro – mi esposa.
También indica lo que no soy. Ya que soy esposo, obviamente no soy
soltero.
Ahora recuerda que la Biblia tiene una manera específica de describir a los
seres humanos – como pecadores (Salmo 51:5; Romanos 3:23; 5:12).
Todos entramos en esa categoría. No es un club exclusivo. Aceptar la
designación de “pecador” es reconocer quién soy en relación con Dios.
También dice lo que no soy: no soy un agente neutral. Por mi misma
naturaleza (la cual es

pecrfaedcotaram),esnotey suannatao)f.ensa a la misma naturaleza de Dios (la


cual es
Así que el término “pecador” cuando es usado en la Escritura, claramente
implica que hay uno contra quien se peca. Cuando le digo una palabra de
crítica y desagradable a Kimm enfrente de nuestros hijos, mi pecado es,
hasta cierto punto, contra mis hijos. Obviamente, es mucho más contra
Kimm. Lo que necesito ver, no obstante, es que este pecado es contra a Dios
primariamente. Y eso es algo que tiene en común con cualquier otro pecado
que se haya cometido o será cometido. Cada pecado, no importa cuan
pequeño o grande sea su impacto en la gente, viola la pureza del Dios
perfecto en santidad y justicia. El pecado está siempre dirigido primeramente
contra Dios (Deuteronomio P:16, 1 Samuel 15:24, Salmo 51:4). Jerry
Bridges lo aterriza en el cuarto familiar al escribir,
“El pecado está mal, no por lo que me hace a mí, a mi esposa, a mi hijo o
a mi vecino, sino porque es un acto de rebelión contra el Dios infinitamente
santo y majestuoso”.
Hace varios años me percaté de un hábito sutil y destructivo. Cuando tenía
s e n s a c i ón d e h a b e r p ec a d o o n t ra K im
la tr a t a r d e so l uc i o n a r la s it u aci ó n . S e v e
m m e a ce r c a ba a e l la p ar a c n f es a r y
ba sta n te b i e n cu a n d o lo d ig o d e e s ta
manera ¿verdad? Pero me di cuenta que mi meta no era tan noble. Quería
una restauración rápida y eficiente de nuestra relación para que me dejara de
sentir mal y pudiera seguir con “cosas más importantes”. En otras palabras,
la confesión era básicamente una herramienta útil que estaba usando para mi
propio beneficio. Entonces, no es de asombrarse que a menudo me quedaba
un sentimiento incómodo que me perseguía y que ahora creo que era la obra
del Espíritu Santo.
Después de un tiempo de oración, me di cuenta que había olvidado a Dios
en mis palabras de disculpas a Kimm. Noté que había estado casi
completamente apático al hecho de que mi pecado había sido primero
contra Dios, y que era culpable ante su infinita santidad. Había clasificado
mis pecados como errores, o peor aún, como “pecaditos” que requerían
poca consideración de mi corazón. Mi meta real era simplemente un tipo de
control marital de daños, no una rendición de cuentas real ante mi Padre
Celestial. Pero por la gracia de Dios comencé a ver, como dice J.I. Packer,
que “No puede haber pecados pequeños contra un gran Dios”.
A medida que comenzó a afianzarse la realidad bíblica, comenzaron a
suceder cosas maravillosas. Comencé a experimentar verdadero pesar por
mis “pecaditos”. Creció mi conciencia de Dios y su misericordia. En mi
matrimonio comencé a notar mis pecados reales, aunque no muy obvios, que
regularmente cometía contra Kimm – pecados a los que ya nos habíamos
acostumbrado, pero que estaban erosionando lentamente nuestra relación.
Comencé a reconocer situaciones en las que era tentado a pecar contra ella, y
comencé a aprender a batallar esas tentaciones. Mis confesiones, al igual que
nuestras conversaciones acerca de los problemas en nuestro matrimonio,
comenzaron a tener una profundidad rica y satisfactoria. Estas
conversaciones
no siempre eran fáciles, pero eran definitivamente útiles para nuestra
relación. Comencé a ver a Dios, a mi mismo y mi matrimonio un poco más
claramente.

Nl Peor de los pecadores ‚ Nl mejor de los mundos


Esta es mi conclusión: Soy un mejor esposo y padre, y un hombre más
feliz, cuando me reconozco como el peor de los pecadores. Ese estatus me
parece más obvio a medida que pasa cada semana. Pero, tú también eres el
peor de los pecadores. Igualmente tu cónyuge. Al menos no estamos solos
en el fondo del pozo.
¿Temes ser demasiado duro contigo mismo? Si es así, sólo recuerda que para
Pablo su perspectiva de sí mismo como el “peor de los pecadores” era
señal de una auto- evaluación cristalina y una consciencia robusta de la
santidad de Dios. Recuerda también quienes somos en Cristo a pesar de
nuestro pecado: somos hijos atesorados del Padre, quien nos amó lo
suficiente como para enviar a su único Hijo para sufrir el castigo por
nuestros pecados, inclusive aquellos que todavía no cometemos. Y recuerda
que Dios está obrando en ti, conformándote de dentro para afuera en un
ejemplo genuino de Cristo. Una evaluación sobria de nuestra condición
pecaminosa no estorba esa obra, de
hecho, la celebra.
La pregunta que solía sobresaltar mi mente, “Si amo a mi esposa, ¿por qué
se me hace tan fácil tratarla como si no lo hiciera?” tiene una respuesta
universal. Todos somos los peores pecadores, así que cuando hacemos algo
que no es pecado, es debido simplemente a la gracia de Dios obrando en
nosotros. En el próximo capítulo discutiremos cómo usar esa gracia para
pelear la batalla que viene por ser tanto el peor de los pecadores como un
hijo de Dios. Pero no deberíamos terminar este capítulo sin valorar el regalo
escondido que viene cuando nos vemos como los peores pecadores.
Es la humildad – una humildad que aplasta el orgullo y clarifica la visión.
John Owen escribió, “Hay dos cosas que son apropiadas para humillar el
alma del hombre: una consideración adecuada de Dios y luego de nosotros
mismos. De Dios, en su grandeza, gloria, santidad, poder, majestad y
autoridad; de nosotros mismos en nuestro condición mala, miserable y
pecaminosa”.
El camino a la humildad está abierto para todos los esposos y esposas que
están dispuestos a dar una consideración debida a quiénes son en verdad
delante del Dios Santo. Yo quiero caminar en ese camino. Sé que tú también
o ni siquiera estarías leyendo este libro. En estos dos primeros capítulos has
sido confrontado con algunas verdades incómodas. Espero que estés
sintiendo la promesa que Dios hace a aquellos que reconocen su
pecaminosidad con humildad. No hay nada como ser un pecador perdonado,
agradecido al Dios vivo por la vida, el aliento, la salvación y toda otra
provisión. Es la única forma en la que podrás comenzar a ver a Dios, a ti
mismo y tu matrimonio como verdaderamente son.
Pero no te vayas. En el siguiente capítulo daremos una mirada más cercana a
estas cosas; este viaje está a punto de ponerse aún más emocionante.

Preguntas de Repaso y Reflexión

1. De ¿qPuoérmqaunéesrea mteeidheancteiftiacnasfáccoinl
S i am o a m i c ónyuge,
tersattaaprlroegcuonmtao, s“i n o lo h ic ie ra ?

1. 1 Timoteo 1:15 dice “Este mensaje es digno de crédito y merece ser


aceptado por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los
pecadores, de los cuales yo soy el primero” ¿Cómo este mensaje
digno de crédito impacta tu relación con tu cónyuge?
1. ¿Cuál es tu comentario de la cita que el autor hace del predicador
Charles Spurgeon?

1. ¿Cuál es el problema básico de Rob y Sally? ¿Te identificas con ellos?

1. ¿Qué declaración firme hace la cruz acerca de los esposos y las esposas?
1. ¿Contra quién es primeramente cualquier pecado? ¿Cómo afecta esta
verdad tu matrimonio?

1. ¿Qué utilidad tiene el verse como el peor de los pecadores?


Capítulo Tres

La Niebla de la Guerra y la Ley del Pecado


Prepárate para lo inevitable

21 de Julio de 1861. La primera batalla importante de la Guerra Civil


comenzó antes del amanecer. El rugido de la artillería parecía despertar a
todos en Virginia cuando los de la Unión y los Confederados chocaron entre
las granjas por un arroyo llamado Bull Run. Pero ocurrió algo extraño a
medida que la batalla se intensificaba. Cientos de Washingtonianos –
Senadores, Representantes, trabajadores del gobierno y sus familias, todos
vestidos con ropa cómoda y llevando canastas de picnic – corrieron a la
colina cerca de Manassas para ver el combate. Armados con lentes de ópera
para mirar la pelea, charlaban amigablemente mientras los hombres eran
masacrados en los campos de abajo. Un simpatizante del norte comentó,
“Esto es espléndido. ¡Mira no más! ¿Acaso no está de lujo? Pienso que
mañana a esta hora estaremos en Richmond”. Hubo mucho entusiasmo y
muchos brindis. Con todo, pensaron que era una manera espléndida de pasar
una tarde de verano.

De pronto, un contraataque de los rebeldes dirigido por una caballería a toda


carga invadió el flanco de la Unión, poniendo al ejército a pelear. Aun para
el
ojo inexperto, las implicaciones eran obvias; la tranquila área de picnic
estaba a punto de convertirse en campo de batalla. Estalló la confusión en la
multitud cuando los espectadores comenzaron a huir, justo antes de que los
Confederados bañaran la colina. Se había terminado el entretenimiento. La
batalla estaba sobre ellos.
Los que disfrutaban de un día de campo descubrieron algo sobre la guerra
ese día. No puedes estar cerca de ella y estar seguro al mismo tiempo. Sólo
los
ingenuos piensan que pueden estar en la línea de fuego y meramente disfrutar
de entretenimiento. Cuando la guerra entra a escena, todo lo que toca se
convierte en un campo de batalla.
En el capítulo uno, aprendimos acerca de la importancia de tener una
teología precisa y bíblica. En el capítulo dos, repasamos una verdad central
de esa
teología: que cada uno de nosotros es, de hecho, el peor de los pecadores. En
este capítulo y el próximo, queremos entender un poco mejor esto que
llamamos “pecado”, examinando su naturaleza y aprendiendo cómo
tendemos a responder a él. Después de todo, cuando eres el peor de los
pecadores, es muy útil conocer unas cuántas cosas acerca de cómo funciona
el pecado en verdad.
Es por eso que comencé este capítulo con una batalla. La naturaleza del
pecado es la guerra. El pecado crea una guerra – guerra con Dios, guerra
con otros, y guerra dentro de nosotros. Ahora bien, en el matrimonio ¿Qué
tenemos? Dos pecadores, cada uno con el potencial de una guerra
constantemente rugiendo en su interior. Después de todo, el matrimonio es
simplemente la vida en una forma concentrada particular. No es de
asombrarse, entonces, que tal como la guerra sobrevino a los espectadores
despistados y atónitos en la batalla de Bull Run, también la guerra del
pecado, a veces, pueda tragarnos cuando menos lo esperemos.
Sin embargo, a diferencia de aquellos espectadores, en esta guerra del
pecado sí tenemos cierto control. Y cuando nos enfrentamos con el ataque
del pecado, lo que hagamos dependerá de qué tipo de guerra nos confronta.
Al
principio cuando somos tentados a pecar – digamos, tentados a enojarnos
con nuestro cónyuge – la batalla es interior y debemos ir a la ofensiva:
nuestra
meta es derrotar al pecado, no permitir que salga. Si fallamos y el pecado
sale de nuestros corazones para entrar al campo de batalla del matrimonio,
somos llamados a ser pacificadores: nuestra meta es terminar la pelea.
¿Has visto que eres el peor de los pecadores? En este capítulo aprenderemos
más de la naturaleza belicosa del pecado. Ciertamente, las Epístolas del
Nuevo Testamento dan por sentado la presencia activa y belicosa del pecado
en el creyente. Sin embargo, afortunadamente también proveen tanto la
instrucción como la esperanza para batallar contra el pecado. Los beneficios
del nuevo nacimiento – el perdón de nuestros pecados y nuestra relación
con Cristo – no nos exime de la batalla. Sin embargo, garantizan nuestra
victoria. Informado con la Palabra de Dios y fortalecido por Espíritu Santo,
puedes hacer que tus batallas sean menos, más cortas y no simplemente
menos dañinas, sino de hecho, que sean redentoras, permitiendo que tu
matrimonio
crezca en dulzura a paso seguro.

Pelea por la libertad en el c`oque de deseos

Los miembros de la iglesia joven de Galacia estaban confundidos. Los


udaizantes – los hombres que acechaban a Pablo y predicaban su
propia versión falsa del evangelio – se habían filtrado después de su
partida para llevar a estos nuevos creyentes de vuelta a prácticas
formales religiosas
e n ra iz a d a s
G ál at a s e s
e n e l A n t ig u T e s t a m en to . P a b l o n o lo p e r m
s u d e f en s a e loc u e n t e y ap a s io n a d a d e la j u s
it i r ía . S u c a rt a l o s
tif i c a c ió n p o r g rac i a a través de la fe en el sacrificio
propiciatorio de Jesucristo.
Yo, por mi parte, mediante la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para
Dios. He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo
vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo
de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. No desecho la gracia de
Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto
en vano. (Gálatas 2:1P-21).

En la epístola aprendemos algo maravilloso. Aquellos que están en Cristo


por medio de la fe en el evangelio son verdaderamente libres en Cristo –
libres de la carga de tratar de justificarse a sí mismos por medio de obedecer
la ley del Antiguo Testamento (Gálatas 5:1). Estoy agradecido de que Pablo,
que entendía tanto la pecaminosidad de su propio corazón, previó a donde
podrían ir los gálatas (y tú y yo) con esa libertad. Al ya no estar atados a la
carga del desempeño religioso, somos propensos a interpretar nuestra
libertad
c o m o u na l i ce n c i a p a ra v iv i r
“ P or qu e és t a d e s e a l o qu e e s
im p í a m e n t e. P o r l o t a nt o , P a b l o ad v i r ti ó:
c on t r a ri o a l E s p ír i tu , y e l E s p í r itu d e s e a lo que
es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no
pueden hacer lo que quieren” (Gálatas 5:17).
Allí está. Los bandos de esta guerra no son varones contra mujeres, esposos
contra esposas, o controladores contra controlados. Es un choque de deseos

deseos de la carne contra deseos del Espíritu. Es una guerra atrincherada
por la supremacía del corazón humano.
En la Escritura, “la carne” es otra manera de hablar del principio constante
del pecado. De hecho, hay varias frases que usan los cristianos que
significan más o menos lo mismo: “Pecado residente”, “pecado restante”,
“la naturaleza pecaminosa”, “la carne”, y “el viejo hombre”, sólo por
mencionar algunas.
Algunas de éstas aparecen en la Escritura y otras no, pero todo cónyuge-
teólogo debe entender que todas se refieren al pecado que cada uno carga en
su corazón. Como sea que le llames, la meta de “la carne” es simple: Evitar
que hagamos lo que queramos (Gálatas 5:17).
John Newton, el autor del Himno “Sublime Gracia”, describe elocuentemente
su experiencia de Gálatas 5: “No quiero ser la diversión o presa de
imaginaciones salvajes, vanas, necias y peores; pero este mal está presente
en mí; mi corazón es como una carretera, como una ciudad sin murallas o
puertas”.
Newton estaba expresando algo que los casados descubren rápidamente,
algunos inclusive antes de la luna de miel: hay un mal “presente en mí”.
Aunque el castigo por mis pecados ha sido pagado por Cristo, el pecado
todavía permanece, y puede evitar que haga las cosas que quiero hacer.
¿Verdad que te das cuenta de que hay deseos dentro de ti que se organizan
para oponerse a las cosas buenas que quieres hacer en el matrimonio?
Cuando no nos estamos moviendo hacia Dios, esos deseos no causan ningún
problema. Pero sólo intenta, por ejemplo, planear un tiempo regular de
oración con tu cónyuge. O busca rendir cuentas en un área en la que él o ella
desean que crezcas. ¿Qué tal cuando comienzas a confesar un pecado
“pequeño”, y de pronto quieres señalar el pecado “grandote” que tu cónyuge
te hizo la semana pasada? Tus deseos pecaminosos y belicosos salen con
facilidad. ¿Por qué? Porque su propósito es evitar que hagas las cosas que
quieres hacer para Dios.
A pesar de las declaraciones tan claras de Pablo, los casados algunas veces
suponen que la causa de algunos de sus conductas incorrectas es su cónyuge.
Inclusive tratan de justificar sobre esta base, palabras y acciones
pecaminosas.
Así es como funciona esto (créanme, sé de lo hablo). Aquí estoy sentado, yo
que soy un haz encantador de neutralidad y noble corazón, ocupado en mis
asuntos, cuando mi esposa dice o hace algo que, desde mi punto de vista
inexpugnable, claramente se pasa del límite. Actuando rápida y
eficientemente como juez y jurado, evalúo su conducta como pecaminosa a
todas luces. Su transgresión demanda mi respuesta justa y decidida. Con el
fin de enfrentar rápidamente cualquier violación de mi espacio aéreo
emocional o algo que ponga en riesgo mi seguridad personal, debo exponer
su pecado claramente y condenarlo abiertamente. Si esto produce un
impacto negativo en mi esposa – la agresora a todas luces – bueno, pues una
respuesta severa de mi parte es desafortunada pero necesaria para mantener
la paz. De
hecho, simplemente estoy tomando mi posición de liderazgo; quizá
ella aprenda la lección para futuras ocasiones.
Sí, uno se siente bien ¿no es así? – parece estar todo tan claro. Pero se trata
simplemente de mi carne pecaminosa ejecutando lo que hace mejor:
haciendo la guerra contra el Espíritu, y en este caso, también contra Kimm.

Kim me dice que también puede sentir una escaramuza en el alma similar
cuando sus deseos colisionan contra mi liderazgo legítimo. Damas ¿Se
pueden identificar con ello? Si su esposo sugiere prepararles un baño
caliente con burbujas fragantes, el matrimonio de pronto se vuelve una
felicidad, casi como el Edén. Pero ¿qué pasa cuando ese mismo liderazgo
interfiere con sus planes? ¿Acaso las palabras “Mi amor, podrías…” se
vuelven como unas uñas arañando el pizarrón de sus planes para el día?
Para una esposa muy ocupada, la petición o instrucción inesperada de un
esposo puede parecer como una emboscada para sus prioridades. Kimm a
menudo tiene un plan para el día, que incluye mucho para hacer. Ese plan
refleja su deseo sincero de servir los mejores intereses de nuestro
matrimonio y familia. Pero si mi petición amenaza con reestructurar su día o
semana, alterando su horario cuidadosamente acomodado, ese noble deseo
pronto puede convertirse en un deseo sutil de controlar su vida en sus
propios términos. De pronto, “Mi amor, podrías…” se convierte en una
granada que
inicia una batalla en su interior. No esperaba una batalla entre la carne y el
Espíritu en ese momento, pero es lo que obtiene.
Si culpar a tu cónyuge de causar tu propio pecado parece un poco
sospechoso, ¿cuánto más extraño es culpar al matrimonio mismo? ¿Acaso
sólo yo lo hago o todos lo hacemos algunas veces?
Un cónyuge podría decir, “Yo estoy muy bien cuando estoy en el trabajo.
Pero a penas llego a la casa y comienza la batalla”. Cuán fácil es usar la
frase, “Estamos teniendo problemas matrimoniales” como si el matrimonio
los
creara.
“Oye hermano, ¿puedes orar por mí? Mi matrimonio está teniendo
algunos problemas. ¿Yo? No. Estoy bien. Sólo tengo que lidiar con estos
problemas matrimoniales, tú entiendes ¿Verdad?”
Toda esta idea de ver a Dios, a ti mismo y tu matrimonio como son en
verdad, se trata de pensar clara y bíblicamente. Decir que la fuente de los
problemas maritales es tu matrimonio mismo es como decir que la Batalla de
Bull Run fue causada por un terreno agrícola muy problemático. La batalla
se
peleó en un terreno agrícola, pero la causa de la batalla es otra.

¿Júfc jcfnhzú nstg Ogtgiig3

La causa de nuestras batallas matrimoniales no es ni nuestro matrimonio ni


nuestros cónyuges. Es el pecado en nuestros corazones – entera, total y
exclusivamente, sin excepciones. Esto se nos enseña clara y
consistentemente en la Escritura, desde el primer pecado hasta el juicio final.
Al atender los
eJesfsuúesrozforsecineúutinledsiadgenlóosstifcaoripseeonsetproanr
tteraytatroatallpdeecanduoesctoromporoalbgloemdea adfeurearíaz,.
Pero lo que sale de la boca viene del corazón y contamina a la
persona. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los
homicidios, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, los falsos
testimonios y las calumnias. Éstas son las cosas que contaminan a la
persona (Mateo 15:18-2Oa).

Santiago toma este principio fundamental de la naturaleza humana y lo


aplica a nuestras relaciones personales.
¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es
precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos?
Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden
obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. No tienen, porque
no piden. Y cuando piden, no reciben porque piden con malas
intenciones, para satisfacer sus propias pasiones (Santiago 4:1-3).

Sencillo ¿no? Aquello que asoma en mis palabras y acciones viene del
mismo lugar: mi corazón. Dios nos ama tanto que no nos deja buscando
respuestas a las preguntas desconcertantes y los desafíos del matrimonio. El
problema no está a nuestro alrededor o afuera de nosotros. El problema es el
gran conflicto dentro de nosotros.
G. K. Chesterton en una ocasión respondió a un artículo del periódico que
invitaba a los lectores en todo el mundo a responder a la pregunta añeja,
“¿Qué es lo que está mal con el mundo?”
Su respuesta fue breve y al punto: “Yo”.
¿Qué es lo que está mal con mi matrimonio? “Yo”.

La Niebla de la Guerra
¿Has escuchado la frase “la niebla de la guerra”? Es algo que pasa en
medio de la batalla – todo se ve caótico y nada tiene sentido. En la niebla
de guerra la gente hace cosas que están fuera de proporción, cosas que
hubieran jurado nunca hacer. La guerra entre la carne y el Espíritu puede
verse así – somos lanzados de un lado a otro por cualquier impulso que sea
más fuerte en el
momento. Y en esos momentos podemos decir y hacer cosas que nunca
pensamos ser capaces de hacer y decir. ¿Qué nos impulsa a tomar acciones
que luego lamentamos? Consideremos el reporte del Apóstol Pablo desde la
línea del frente en Romanos 7.
Así que descubro esta ley: que cuando quiero hacer el bien, me
acompaña el mal. Porque en lo íntimo de mi ser me deleito en la ley
de Dios; pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay
otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi
mente, y me tiene cautivo. (Romanos 7:21-23)

Pablo descubrió que el pecado tiene un propósito, una intención. Encontró


una ley, un tipo de “sistema operativo” constantemente funcionando dentro
de él. Pablo dice, “Parte de mí se deleita en la ley de Dios, pero veo otra
ley intentando capturarme”. Alguna vez te has escuchado decir o a tu
esposa decir:
“No puedo creer que hice eso”
“¿De dónde salió eso?”
“Ese no se parece a mí”.
Pablo se puede identificar con nosotros. Le llama la ley del pecado
funcionando. Esta ley se opone específicamente a nuestros deseos por Dios,
inclusive a la ley de Dios escrita en nuestros corazones. La ley del pecado
quiere llevarte cautivo al pecado, y a pesar de tu seguridad de salvación en
Cristo, esto es un asunto serio. Cualquier pecado puede llegar a ser
edsucrlaacvióizna.nRtee.aTlmodeontpeeccoasdeochcamusoasdlaoñqou,
eelsceumabl rpaumeodse, syernucoesmtrpalsejboatyaldleaslaernga
verdad tienen consecuencias. No son juegos de guerra, sino una guerra en
serio.
Bienvenidos a la realidad.

R .C . S p r o l es c ri b e ,
ha st a q u e u no s e v u e
“ E n u n s e ti d o, l a v i d a n o c o m i e n z a a co m
l v e c ri st ia no . C u a n d o h e m o s n a c i d o d el E sp
p l i c ar se sino nacemos a una lucha feroz entre el viejo hombre y el
í r i tu ,
nuevo”. ¿Eres cristiano?
¿Estás casado? Eres un hombre nuevo y un hombre viejo; eres mujer del
Espíritu y mujer de la carne. Estás en una batalla, justo adentro de tu propio
corazón, estás en una batalla.
Me convertí hace veintiséis años y todavía tengo la “ley del pecado”
funcionando en mi cuerpo. Ahora, no te confundas por la palabra “ley”. No
significa que estamos bajo el reinado del pecado o que debemos
continuamente hacer propiciación por nuestro pecado. Toda la propiciación
por todos nuestros pecados fue completada por nuestro maravilloso Salvador
en la cruz. Pero aún permanece la influencia poderosa y activa del pecado
dentro de nosotros. Está presente como una “ley” porque es así como
funciona dentro de nosotros – busca subyugarnos y tenernos bajo su mando;
insiste en que mostremos adhesión a sus principios; dirige nuestros deseos
para no hacer algo que sea santo.
Digamos que estoy regresando a casa después de un día pesado en el trabajo,
esperando con ansia ver la cena servida en la mesa, un besuqueo con mi
esposa, y la tranquilidad del hogar. Raras veces mi comodidad son una
amenaza para la ley del pecado. Sin embargo, supongamos que la segunda o
tercera cosa que Kimm me dice es, “Necesitamos hablar de lo que pasó
hoy…” y me lo dice en un tono que me sugiere que hay algún niño por allí
culpable de algo.
Sé qué sería lo correcto. Entiendo mi responsabilidad de guiar a la familia.
Comprendo la seriedad de la situación. Inclusive entiendo lo sabio que es
atender las cosas tan pronto como sea posible. Pero la ley del pecado se
presenta cuando hay que tomar una decisión. Quiere que haga cualquier cosa
excepto lo correcto. Así que sugiere un plan mucho más atractivo: Da un
profundo suspiro del tipo “¡Oh las cargas del liderazgo!”, sermonea a
cualquier niño que esté cerca, y retírate al Internet para estar al día respecto
a lo que pasa afuera del hogar.
¿Qué hago cuando la ley del pecado me da tal mandato? En medio de una
discusión, cuando sabes que estás mal, ¿Qué te detiene de decir
simplemente: “Está bien. Tienes razón. Lo siento?” La ley del pecado.
¿Cuál te imaginas que es el factor principal por el que no estás teniendo una
vida devocional constante? ¡Exacto! Es la ley del pecado.
Cuando sabes que a tu matrimonio le vendría bien una inversión romántica
¿Por qué no haces el esfuerzo? Una vez más, es la ley del pecado.
Usualmente somos expertos en encontrar la ley del pecado funcionando en
nuoesos tros.cLóanyleuygedse,lppeercoando spoumedoes
steantairvsiespcaodmoos “elnonqoutearssoumaocst”ivoid“alda me na n e r a
como estamos constituidos”. Después de todo, los mandamientos de esta ley
vienen de nuestro interior. Pero cada hombre o mujer casados deben ser
capaces de decir con Pablo, “Así que descubro esta ley: que cuando quiero
hacer el bien, me acompaña el mal” (Romanos 7:21).
En otro tiempo fuimos ciudadanos del reino oscuro del pecado, ahora por la
obra completa de Cristo en la cruz, somos ciudadanos del reino luminoso de
Dios. Cada uno de estos reinos tiene diferentes leyes para que los
ciudadanos
e d e z c a n . S e r c iu d ad a n o d e l
ob st a n t e , e n tr e a h o ra y e s e d ía
r i n o d e l uz g a r a n ti z a n ue s t ro d e st i n o fi n a l.
, e l p e ca d o p u e d e v o l ve r n u e str o s c o r az o n e
N o
s en una máquina bastante efectiva de niebla.

La traición del Pecado

Hay tres cosas de la naturaleza del pecado que le permite generar tal niebla
densa: el pecado es astuto, atractivo y traicionero.
Nl pecado es Gstuto

El pecado es astuto. Inherentemente es engañoso. Siendo el máximo


estafador espiritual, el pecado permanece guardado al tratar de controlarnos
y hacernos cautivos. Pero a diferencia de un estafador que meramente quiere
separarnos de nuestro dinero, el pecado quiere separarnos de Dios mismo.
Por medio de sus mentiras, el pecado nos presiona a adoptar una
perspectiva
falsa de nuestra relación con Dios.
Nuestras vidas dependen de Dios. Es nuestro proveedor benevolente de
todas las cosas buenas, nuestro Padre sabio y amoroso que busca lo mejor
para nosotros. Pero el pecado hará que veamos a Dios como responsable de
complacer nuestros deseos. Esto convierte a Dios en una especie de genio
mágico cuyo trabajo es componer cualquier cosa que nos esté molestando, o
un déspota malhumorado cuya inhabilidad o indisposición de satisfacer
nuestras necesidades es la fuente de todos nuestros problemas.
Aunque hayamos sido bendecidos por Dios, el pecado nos hará pensar
que somos víctimas de Dios. Así es como opera el pecado ahora. Así es
como operó “en el principio”.

Nl pecado es Gtractivo

E“¿nQGuéntesdisij3o, Dlaiosse?
r”piCenutaencdoomeilelanzreasapoendgea,nlcahaser
rapileanmteurjevr,eplaresguuhnotásntidliodlaed, real contra Dios al
contradecir la Palabra de Dios y distorsionar su carácter. “Pero la
serpiente le dijo a la mujer:
—¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman
de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores
del bien y del mal”. (Génesis 3:4-5).
Permítanme traducirlo al idioma del pecado, “No seas tonta, Eva. No van a
mtemoreir.. Deiohs escahboe, qDuiéops suenrásnercohmumo aDnio
atsiaermá bsliacaonmte nlaelidfreuatod–e ss…emy eajaenstoe lae
Dios. Por eso quiere evitar que comas del árbol. Eva, Dios te está reteniendo
esto. Estás sufriendo una grave injusticia. ¡Tú tienes derechos!”
Adán y Eva estaban caminando en un camino largo y peligroso. De ser
alguien responsable ante un Dios amoroso se vio como una víctima de un
Dios inseguro quien se veía patéticamente amenazado por su autonomía.
Adán no fue incluido para nada en la discusión entre Eva y la serpiente. A
través de su persuasión amable, el pecado llevó a la primera pareja - como
igualmente lo hace con nosotros – a la conclusión falsa: que no debemos
confiar en el Dios que nos hizo y sostiene cada respiro y momento.

El Pecado nos traiciona

Cdiusaipnad,oyvepmodoesmaolspvecear dcooncocmlaoridasatdutloa
ydeasttrrauccticvióon, ,lapénrideibdla dyefulatilgiduerda raqus e
crea el pecado. Thomas Watson escribió, “El pecado primero corteja, y
luego asesina…a quien asesina el pecado, lo traiciona”. Aquí “traicionar”
significa usar una relación de confianza para entregar a alguien en las manos
del enemigo. Es la traición por excelencia, una promesa de bendición que al
final te trae maldición. Watson estaba hablando de la misma realidad
espiritual que Pablo había visto cuando escribió en Romanos 7:24: “¡Soy un
pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?”

L o s se re s h u m an o s c a s i
co m p le ta m e n te s an t o . C
n u n c a se r á n c a p a c e s d e te n er u n e n oj o q u e
a s i s i em p r e n o s l a s i n g en ia m o s p a ra m e z c l
se a
a r lo con una cucharita colmada de justicia personal. Pero cuando
entendemos realmente las sutilezas maliciosas con las que el pecado
continuamente busca traicionarnos, pienso que podemos acercarnos bastante.
Si vemos que la traición del pecado es el más grande problema en nuestro
matrimonio, puede evocar, si no un enojo perfectamente santo, por lo menos
valentía por la indignación. Y esa es una emoción muy útil en el campo de
batalla.

Danzando en el Campo de la Victoria


Amigos, debemos luchar la batalla contra el pecado. Si no lo hacemos, nos
derrotará. Pero aquí está una promesa que hace toda la diferencia: Por la
cruz de Cristo la batalla ha sido completamente ganada. Escuchen el clamor
de la batalla en Romanos 8:

Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están


unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida
me ha
liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo
liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso
Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra
condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el
pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de
que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no
vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu.
(Romanos 8:1-4).

¿Qué significa esto para nosotros en nuestra batalla contra la carne?


Significa que no importa cuán derrotados nos sentimos en la batalla, somos
más que vencedores por dos expresiones maravillosas de la gracia de Dios.
Somos perdonados en el tribunal de Dios por el sacrificio propiciatorio de
Cristo – Dios ya no nos ve en relación con nuestro pecado. Y somos
recibidos como ustos en la casa de Dios por la justicia de Cristo que nos es
imputada. (“Imputada” significa que Dios nos acredita la justicia de
Cristo).

Dios te ve como más que un pecador perdonado. Te ve como una persona


santa. Aunque el poder del pecado continua operando en ti, su reinado ha
sido
roto y Dios ya no te ve con referencia a él. Por favor, entiende esto: No
importa cuan intensa sea tu batalla contra el pecado, estás peleando como un
pecador perdonado. Estás peleando del lado de Dios, y Dios siempre gana al
final.
¿Cómo afecta la batalla esta relación con Dios? En Romanos 8, Pablo
indica que el Espíritu Santo obra a nuestro favor cuando vivimos según el
Espíritu. Esto hace eco al lenguaje que Pablo usa en Gálatas 5, en donde el
cuadro es
de poder contrastante – el fruto del Espíritu venciendo las obras de la carne
(vv. 18-25). En Romanos, el cuadro es de leyes contrastantes – la ley del
pecado vencida por la ley del Espíritu. En cualquier caso, la verdad es la
misma – una vida liberada de la tiranía del pecado y un corazón siendo
progresivamente conformado al reinado de Cristo.

El matrimonio está en un campo de grandes batallas espirituales. Pero está


dentro de una guerra que ya ha sido ganada. El oponente real no es el o la
que
duerme en el otro lado de la cama, sino está dentro de nuestros corazones.
Nuestro enemigo son los deseos de nuestra carne que se oponen a los deseos
del Espíritu. Este es el único, verdadero y más feroz enemigo de nuestro
matrimonio. Debemos conocer bien a este enemigo.
Este asombroso descubrimiento de la verdadera naturaleza del pecado
residente no es el final de nuestras batallas matrimoniales, pero es un inicio
importante. Es el principio de un nuevo gozo en nuestro Salvador y un
deleite
fresco en nuestros cónyuges. Significa que no hay causas perdidas o
conflictos sin esperanza. Cada día es un día de nueva misericordia y poder
para confesar, amar, perdonar y restaurar. Aún mejor, las batallas
matrimoniales ya no son meramente algo por qué luchar, esperando que
lleguemos al otro lado con nuestra relación todavía intacta. En vez de eso,
inclusive nuestros conflictos tienen posibilidades redentoras porque la guerra
contra el pecado es ganada en Cristo, por la gracia y el poder de nuestro
Dios soberano.

Pero como dije, el conocimiento obtenido hasta ahora en este libro es


solamente el principio. Ahora que sabemos cómo se comporta el pecado
hacia nosotros, necesitamos aprender, en el siguiente capítulo, cómo
respondemos frecuentemente a él. Porque es nuestra respuesta a la ley del
pecado la que determina el resultado de cualquier batalla.
Comenzamos este capítulo hablando de la batalla de Bull Run durante la
Guerra Civil. La batalla tuvo lugar en una granja propiedad de un hombre
llamado Wilmer McLean. Después que terminó la batalla, Wilmer decidió
que estaba demasiado cerca de la acción, así que se mudó tan lejos como
pudo – fue a una aldea rural al sur de Virginia. Pasaron cuatro años de
guerra en lo que Wilmer vivió con relativa paz – hasta Abril de 1865,
cuando los
ejércitos tanto del General Grant como del General Lee se encontraron de
nuevo, tan sólo a unas cien yardas del refugio de Wilmer McLean en
Appomattox, Virginia. Afortunadamente para Wilmer, y para el resto del
país, en vez de matarse una vez más, las fuerzas opuestas hicieron la paz.

No sé si Wilmer era cristiano, pero no puedo evitar sacar un par de lecciones


de su odisea. Primero, no importa cuánto lo intentes, nunca serás capaz de
evitar la guerra contra el pecado en esta tierra. Pero aún más profundamente,
el final de la guerra es la paz. Al pelear esta batalla interior, y ayudar a
nuestro cónyuge en la pelea, tenemos la confianza de que un día terminará, y
la paz, la cual nos guarda en Cristo, será nuestra completamente y para la
eternidad.

Preguntas de Repaso y Reflexión


1. Si la naturaleza del pecado es la guerra, ¿cómo afecta al matrimonio?

1. ¿A qué se refiere la Biblia cuando habla de la “carne”? ¿De qué otras


maneras nos referimos a ello?

1. ¿Cóemn eol smolaetmrimoso“njiuos?tificar” nuestras palabras y acciones


pecaminosas
1. ¿Cuál es la causa de nuestras batallas matrimoniales?

1. ¿Qué te enseñan de tus problemas matrimoniales Mateo 15:18-2Oa y


Santiago 4:1-3?
1. ¿Cómo has experimentado “la ley del pecado” en tu relación
matrimonial?

1. ¿Qué tres características tiene el pecado que lo hace ser tan efectivo en
su propósito?
1. ¿Quméastriigmniofnicioad?o tiene Romanos 8:1-4 para la lucha contra la
carne en tu
Capítulo Cuatro

Demos un Paseo
Una prueba de manejo para tu Doctrina

“¿Cuál es el propósito de sentarse aquí acelerando el motor si no iremos a


ningún lado?” La pregunta parecía inspirada en ese momento. En
retrospectiva, pienso que fui poseído brevemente.
Terry, mi amigo de trece años, había decidido que impresionaríamos a los
c h i c o s d e l v e ci n d a r i o s i to m á b a m o s l a s
a rr a n c á b a m o s e l t r u c a d o C hr y s l er , y n o
ll a v s d e l ca r ro d e s u h e r m a n o ,
s q u ed á b a m o s se n ta d o s e n e l c a rro allí en la entrada
de la casa acelerando el motor. Me subí como el copiloto pues tenía sólo
doce años y era demasiado joven para la asombrosa responsabilidad de
acelerar el motor. Salían nubes de humo del escape cuando Terry, colgado
del volante, empujaba el acelerador. El plan funcionó, pues causamos
bastante conmoción. Los chicos vinieron de todas partes para ver qué
pasaba.
Fue entonces cuando la pregunta se formuló en mi mente. Quizá debí haberla
dejado así como pregunta, pero me pareció un sinsentido estar estacionado
con esta máquina asombrosa que estaba lista para andar. Mi mano
lentamente
alcanzó la palanca de velocidades.
Terry estaba completamente ajeno a lo que ocurría. Estaba saludando con la
mano al grupo de niños que cada vez más aumentaba, mientras sonreía
ampliamente. En el mundo de los niños, esto era el equivalente a ganar la
carrera NASCAR. No sabíamos que la carrera estaba a punto de iniciar.
Con una coordinación de centésimas de segundo, puse la palanca en avanzar
a l m i s m o tie m p o q u e é l
c os a s . Q ue lo s a ut o s C h
d a b a u n a c e le r ó n . F u e e n t o nc e s q ue d e s c ub
r y s le r t ie n e n b u e n a s a li d a . Y q u e T er r y n o
r i m os d o s
s a b ía n ad a
acerca de los frenos.
Afortunadamente, el pánico funcionó a nuestro favor y Terry instintivamente
adoptó una postura de choque, un tipo de posición fetal sentado. De alguna
manera el carro se desactivo y gradualmente nos fuimos deteniendo sin
chocar con alguna casa, árbol o persona. No causamos ningún daño real,
pensamos…hasta que salimos del carro y enfrentamos un mar de rostros
severos de los padres. Seguramente ellos entenderían que es un sinsentido
sólo sentarse en el carro sin ir a ninguna parte. Pero no lo entendieron.

Ponlo en Farc`a

¿Qué es lo que impulsa a dos muchachos adolescentes a actuar de tal manera


t an a u d a
m ar c h a .
z (o i m p r u de n t , se g ú n el pu n t o d e vi s ta ) ?
Y ha y a l g o d e e se d e s eo im p a c ie n te e n n u
Q u i e n p o n e r la v id a e n
e st r a rel ac i ó n c o n D io s . L a gracia de Dios está
funcionando para impulsarnos no sólo a sentarnos al volante, sino a poner
en marcha lo que sabemos. Cuando Dios nos salva, somos llevados a cosas
que no nos son muy conocidas - santidad, verdad, la Escritura y el
asombroso amor de Dios. Sin embargo, al conocer más, tenemos el deseo de
actuar correspondientemente con lo que sabemos y creemos de Dios.
¿Pero como hacemos esto? ¿Cómo ponemos en marcha nuestro conocimiento
de Dios – especialmente en marcha en nuestro matrimonio? Hablando
espiritualmente, poner la teología en marcha significa conducir en el camino
de la sabiduría. La sabiduría en la Biblia no es un tipo de conocimiento
místico o inteligencia callejera. Es la vida y las decisiones de alguien que se
relaciona correctamente con Dios. Es aplicar lo que sabemos que es
verdadero. El teólogo Gram. Goldsworthy dice,
…[La Sabiduría] no es primariamente una función de nuestra inteligencia, ni
cuánta información hemos metido a nuestra cabeza. En vez de eso, es una
decisión moral de ser independiente de Dios o estar sujeto a Él en nuestros
pensamientos y acciones.
El camino de la sabiduría está abierto a todo el que ha creído el evangelio,
porque Cristo mismo es nuestra sabiduría (1 Corintios 1:3O). Por eso
podemos pedir sabiduría confiadamente, y esperar que Dios nos la de
(Santiago 1:5). Esta carretera está abierta a nosotros debido al evangelio. La
sabiduría en nuestros matrimonios, entonces, no la encontramos en los libros
de “cómo hacer” o en fórmulas para éxito. Se encuentra en poner nuestras
creencias en marcha y avanzando en el camino de la sabiduría con Dios
al volante.
Entonces ¿Para qué sentarse acelerando el motor de nuestra teología del
pecado si no vamos a poner esta máquina en movimiento? ¿Para qué tener
un carro poderoso que nunca saldrá de la cochera? El progreso es cuando
ponemos en marcha nuestra teología y descubrimos lo que es capaz de hacer.
Permíteme ofrecerte cuatro caminos en los que puedes practicar. Tengo la
confianza de que si puedes transitar por esos caminos, podrás llegar casi a
donde quieras en tu matrimonio.

Primer Cambio de Velocidad: En Humildad, sospecha de ti primero.

Es muy importante en nuestra vida cristiana que sospechemos de


nosotros cuando alegamos ser rectos en nuestra relación con Dios.
Exclusivamente sólo confiamos en Cristo y en sus méritos. La verdadera
humildad es vivir confiando en la justicia de Cristo, y sospechando de la
nuestra.
La palabra “sospechar” a menudo tiene una mala reputación. Una
nube siniestra está sobre ella – casi siempre se le ve como algo negativo. La
gente detenida es sospechosa. Las pandillas en la noche son sospechosas.
Los niños sonrientes alrededor de una caja de galletas vacía son
sospechosos. Los cristianos no deberíamos ser sospechosos ¿O sí?
Consideremos tú último conflicto. Ella dijo algo; él hizo algo. Las cosas
salieron mal – pasa todo el tiempo. Cuando buscamos atender las
dificultades en nuestro matrimonio, ¿influye en nuestras suposiciones y
enfoque una
sospecha humilde de nuestros corazones?
Quizá esto te sorprenda pero deberíamos sospechar…selectiva, permanente e
internamente. Como el peor de los pecadores, en los conflictos cotidianos
debería sospechar primaria y regularmente de mí mismo. Cuando sospecho
de mi propio corazón estoy reconociendo dos cosas: que mi corazón tiene un
papel central en mi comportamiento, y que mi corazón tiene una tendencia
permanente a oponerse a Dios y sus caminos.
Esta es un área en la que tienes que entrenarte. La humildad para sospechar
sanamente de ti mismo no nos viene con naturalidad. Es un camino angosto
– seguro e inocuo, pero no precisamente es una carretera escénica. Y
tristemente, a menudo es el camino menos transitado en el matrimonio.
Cuando estás en un conflicto con tu cónyuge o evaluando un conflicto
pasado, ¿alguna vez has dicho (en voz alta o en tu mente), “Dios conoce mi
corazón en esta situación”? ¿Fue ese un pensamiento reconfortante o
tranquilizador? ¿Imaginaste que el examen divino de tus motivos y deseos
más profundos lo único que pondría al descubierto serían las intenciones
más
puras y cristocéntricas? Si es así, estabas en un camino estrecho peligroso
sin barandilla protectora, y probablemente en dirección a caer en la cañón
sin fondo del autoengaño. Me refiero a un choque e incendio. Pero cuando
sospechamos de las motivaciones de nuestros corazones, estamos
conduciendo por un camino espiritual seguro.
Muchos problemas matrimoniales se dirigirían a la solución si el esposo y la
esposa vivieran como si fueran “pecadores” que han dicho “Sí acepto”. Los
pecadores que son humildes van creciendo en el entendimiento de su
corazón. Al hacerlo, van descubriendo lo que pasa en verdad – que la
habilidad de alegar rectitud personal a parte de Cristo socava la verdad del
evangelio. Por qué no mejor reconocer lo que dice la cruz acerca de ti y
gozarse en la verdad que J.I. Packer declara tan vívidamente, “Nuestras
mejores obras están plagadas de pecado y contienen algo por lo cual
necesitamos ser perdonados”. ¿Se oye sombrío? Seguro que lo es. Pero es la
entrada al camino seguro de la humildad.
Segundo Cambio de Velocidad: En integridad, inspecciónate a ti mismo

Quizá has escuchado la historia de un hombre montañés que llevó a su


familia por primera vez a la gran ciudad. Caminando por las calles,
hipnotizados por los grandes rascacielos, la familia siguió a una multitud a
través de unas puertas giratorias extrañas de cristal. Al entrar en un área
enorme en el interior, la madre y la hija se detuvieron a admirar la escalera
plateada que se deslizaba. El resto de la familia siguió caminando hacia
adentro del edificio, y en unos momentos estaban parados frente a una pared
grande con varios pares de puertas metálicas brillantes, con botones
iluminados cerca de cada una de ellas.
Al estar mirando unos números titilantes arriba de las puertas, una mujer
anciana desalineada que llevaba una bolsa de compras roja se acercó a una
de las puertas. Como por arte de magia las puertas se abrieron, mostrando un
cuarto forrado de madera pequeño y vacío. La mujer entró y las puertas se
cerraron detrás de ella. La familia se quedó estupefacta: ¿Qué pasa allá? ¿Por
qué querría entrar en un cuarto tan pequeño? Después de más o menos un
minuto, las puertas se abrieron mágicamente otra vez. Salió una mujer
hermosa y muy activa que pasó junto a ellos con una bolsa de compras roja.
Sin retirar la mirada del elevador, el padre se inclina hacia al hijo y le
susurra, “Hijo, trae a tu mamá”.
A parte del valor humorístico de esta historia, me gusta porque habla de una
tendencia que todos tenemos: A menudo queremos componer nuestros
problemas matrimoniales “componiendo” a nuestros cónyuges. Más adelante
en este libro consideraremos de cerca lo que se debe hacer cuando el amor
requiera que atendamos el pecado de nuestros cónyuges. Pero en el
matrimonio ese no es el lugar donde debemos empezar. La Escritura no me
da permiso de poner como mi prioridad los pecados de mi cónyuge. Primero,
debo tranquilizarme, ejercitar la humildad de sospechar de mí mismo e
inspeccionar mi propio corazón.
Consideremos las palabras de Cristo acerca de cómo debemos atender el
pecado de los demás.
¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le
das importancia a la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a
tu hermano: "Déjame sacarte la astilla del ojo", cuando ahí tienes una
viga en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y
entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano.
(Mateo 7.3-5)

Imagina a un esposo, con un durmiente ferroviario saliendo de su rostro,


tratando de quitar una partícula de polvo del ojo de su esposa. La golpearía
mucho antes de que pueda llegar a su astilla. Traería dolor el mero hecho de
acercarse.
Al usar la imagen de vigas y astillas, Jesús revela que este enfoque está mal,
es inefectivo y es absurdo. Cuando nuestra meta es atender el pecado de
alguien más, Jesús nos dice que, a nuestra vista, nuestro pecado debe ocupar
un lugar de preponderancia. Nuestro pecado debe ser el asunto primario y
más importante. Lo que es asombroso es ver que llama “hipócritas” a los
que se enfocan en la astilla. ¿Por qué es tan duro en su evaluación? Por lo
obvia que es la viga. Jesús está diciendo que hacer caso omiso de la viga
tan evidente para fijarse en la paja que no es tan obvia, no sólo está mal,
sino es hipocresía. En otras palabras, es una falta de integridad hacer caso
omiso de un problema principal para tratar algo trivial, simplemente porque
allí es donde prefieres enfocarte.
Digamos que tú y tu cónyuge tuvieron un conflicto reciente al cual ambos
aportaron algunos pecados (por cierto, quizá esto describa cada conflicto que
has experimentado). ¿Qué pasaría si tu evaluaras ese conflicto a la luz de
este pasaje, y si tu cónyuge también lo hiciera?
¿Qué pasaría si para ti, la viga fuera tuya (en vez de la astilla) y para tu
cónyuge también la viga fuera suya (en vez de la astilla)? ¿Estaría
equivocado alguno de ustedes? ¿Sería una aplicación equivocada del pasaje?
No creo que sea así. ¡Creo que es exactamente lo que debe pasar!
Jesús no está preocupado en determinar quién tiene más culpa en una
situación particular. Su énfasis está en tu enfoque, qué consideras lo más
obvio cuando estamos hablando del pecado. Nos llama a que comencemos la
inspección con nosotros mismos. A la luz de quién soy en comparación con
Dios y debido a la realidad del pecado restante, se trata de la más básica
integridad el hecho de considerar nuestro pecado antes de considerar el
pecado de nuestro cónyuge. Es una falta de integridad hacerlo de otra
manera. Es hipocresía.
La sabiduría conecta la integridad con la humildad de una manera sencilla. Si
sospechas de ti mismo (humildad), estarás más dispuesto a inspeccionarte
(integridad). Este camino se siente estrecho porque constantemente estamos
buscando una rampa de salida para enfocarnos en los pecados de alguien más.
Pero si permanecemos en este camino, podemos confiar que nos llevará a
donde Jesús quiere que vayamos. Entonces, ¿Cómo permanecemos en el
camino angosto de la integridad?
Asegúrate de sospechar e inspeccionar la precisión de tus percepciones.
Cuando emerge un conflicto ¿Es para ti claro y obvio en qué pecó tu
cónyuge? ¿Estás esperando con ansia el momento en que puedas decir: “Mi
amor, si ves esto objetivamente, tienes que aceptar tu pecado”? Ten cuidado
con la rampa de salida del orgullo.
Ninguno de nosotros es omnisciente. Tampoco somos profetas del Antiguo
Testamento declarando el juicio. Somos santos que todavía son pecadores.
Sólo conocemos en parte (1 Co 13:12), y puesto que no podemos ver el
cuadro completo, podemos equivocarnos.
Bueno, quizá piensas que eres capaz de ver las cosas más objetivamente que
tu cónyuge. Pero aunque sea verdad, tu objetividad también está teñida con
el pecado. En estas conversaciones, tu consciencia de tus propios impulsos y
deseos pecaminosos debe ser más tangible y vívida que tu consciencia del
pecado de tu cónyuge. Esto reducirá tu irritación y suavizará el tono de tu
voz.
También, evita la rampa de salida de la justicia personal. La integridad nos
llama a sospechar e inspeccionar nuestros motivos. ¿Estás haciendo esto para
bendecir, animar y ayudar a tu esposa? ¿O tienes un profundo interés en
anotar algunos puntos para el equipo de casa? ¿Esperas probar que tenías la
razón? ¿Quieres ser vindicado? ¿Quieres verte como el más espiritual? ¿A
quién estás tratando de servir – a tu cónyuge o a ti mismo?

Así que si te descubres tras la cacería de la astilla en tu matrimonio,


probablemente es porque tus sospechas están mal dirigidas y estás
inspeccionando al cónyuge equivocado. Los matrimonios florecen cuando
ambos cónyuges aprenden a permanecer en el camino angosto de la
integridad. Debemos sospechar e inspeccionar primero nuestros propios
corazones. Allí es donde descubriremos, no sólo el pecado más obvio, sino
el único pecado que puedo cambiar directamente.

Tercer Cambio de Velocidad: Admite que las circunstancias sólo revelan


el pecado existente

En estos días se oye mucho de la necesidad de la honestidad en el


matrimonio. Desafortunadamente, lo que se enseña parece más una licencia
para descargar verbalmente sobre nuestro cónyuge todo lo que sentimos en
pro de la “honestidad emocional”. Con tristeza vemos que este enfoque en
la práctica produce típicamente gran dolor y ofensa. Aunque la honestidad es
esencial en el matrimonio, debemos ser capaces de edificar la confianza y
resolver las ofensas. El problema no es la honestidad misma, sino la
intención
de las palabras de la persona honesta.
Como hemos aprendido, nuestros problemas vienen de cómo nuestro corazón
interactúa con las circunstancias que nos rodean. Si aplicamos la sabiduría del
evangelio, vemos la mano de Dios en cada situación, obrando para nuestro
bien supremo. En el matrimonio, esto implica que Dios creará oportunidades
para revelar y luego lidiar con el pecado que nos perjudica para vivir en
sabiduría.
Después de ser salvo y antes de casarme, vivía bajo la loca y firme ilusión de
que yo era maduro espiritualmente. Mi santidad imaginaria era rica y
extensa. Si la ignorancia es felicidad, yo estaba en constante éxtasis. El
examen
infrecuente de mi aparente corazón inocente me revelaba poca necesidad de
mejoramiento. Vivía esperando que Dios, en cualquier momento, enviaría
carros de fuego para llevarme al cielo como Elías. Era un vivo ejemplo de
alguien necesitado de la doctrina del pecado.

Fue entonces cuando ocurrió. Me casé y me convertí en un echador de culpa.


John Bettler ha dicho, “Tu cónyuge siempre engancha a tu ídolo”.
(¿Dónde estaba hace veinticinco años, Dr. Bettler?) Pero el matrimonio no
sólo enganchó mis ídolos, los levantó seis pies en el aire y los remolcó
alrededor de la casa. No puedo decirles cuántas veces pensé, “Nunca tuve
estos problemas antes. Tiene que ser culpa de mi esposa”. La verdad es
que siempre había echado la culpa a los demás – simplemente que
después de casarme había muchas más buenas oportunidades para expresar
esta falta.

Personalmente, culpo a mi familia extendida por la echada de culpa a los


demás. Todo comenzó con Adán. “Sí, Señor, es esta mujer que me diste”
(Génesis 3:12 parafraseado). Igual que yo, apuesto a que mucha de esta
desviación de la culpa en el matrimonio se parece mucho a la Adán:
“Es este esposo que me diste”
“Es que no deja de dar lata”
“Es que es grosero”
“Es que es muy diferente a mí”
Los pensamientos como estos nos arrojan al mismo lugar donde arrojaron a
Adán hace tantos años – la cloaca de la justicia personal. Cuando
intentamos ustificarnos estamos negando nuestra culpa delante de Dios.
Pero es inútil.
Echar la culpa a los demás puede engañar a la gente por un tiempo, pero
nunca engañará a Dios.
Echar la culpa a otros es un poco diferente de algo que discutimos
acnautesrainodrmo ecnotnefl–icptoens s(apruqeusteomqui
emlatrúinmicoanicoauosma irecaólneysuegleprecaalmdoe)n. tEeleesctáhnar la
culpa a los demás es lo que hago cuando sé básicamente que soy culpable y
estoy tratando de convencerme o alguien más que quizá no lo sea.
Ves, tú corazón malvado y el mío son sorprendentemente similares. Ambos
anhelan la vindicación. Quieren insistir en que algo más nos hizo pecar…
algo
fuera de nosotros…algo fuera de nuestro control. ¡Eso es! ¡Nuestras
circunstancias!
El camino de la honestidad es un camino recto – va directamente hacia
nuestros corazones. Si alguna vez has conducido por uno de esos largos
caminos desérticos del oeste, una cosa que notas es que el paisaje comienza
a verse muy parecido. Te das cuenta que esos caminos no fueron construidos
para visitar como turista, sino para llevarte a donde necesitas ir. El camino
recto de la honestidad tiene ese mismo sabor. Cuando conduces por él
comienzas a ver las mismas tentaciones que siempre has visto, las mismas
rutas de pensamiento que te desviaron. La honestidad nos fuerza a lidiar con
el pecado residente conocido en nuestras vidas de una manera franca. Y el
destino final siempre es el mismo – al pie de la cruz donde nuestros
pecados
fueron pagados por Cristo, donde él, nuestra sabiduría, está listo para
ayudarnos en el tiempo de necesidad.
No hace mucho, mi hijo arrancó la podadora sin la tapa del aceite bien
ajustada. Cuando el motor se calentó, el pobre muchacho le echó aceite. Se
convirtió en un géiser. Puesto que no cambio el aceite muy a menudo
(entiéndase “nunca”), salió en erupción del motor un lodo negro viscoso
que cubrió la podadora, a mi hijo y todo dentro de una radio de seis pies.
(Por cosas como esta no corto el césped).
Esta puede ser una ilustración útil para entender el funcionamiento del
pecado restante. El pecado original llenó el “motor” de nuestros corazones
con el “aceite” de la depravación – oscuro, grasoso y mancha todo lo que
toca. Las circunstancias vienen y calientan el motor. Cuando el motor está
caliente – cuando los eventos en nuestras vidas prueban nuestros corazones
por el enojo, lujuria, avaricia, etc – todo lo que está en el motor es
vomitado. El calor (las circunstancias) no fueron las que llenaron el motor de
aceite, sino sencillamente reveló lo que estaba en el motor.
¿Has experimentado algo de calor últimamente?
Esposos, se suben al carro sólo para encontrar que el indicador de la gasolina
muestra vacío otra vez, lo cual habías encomendado a tu esposa. ¿Qué está
pasando? ¿Ha pecado tu esposa contra ti? Quizá, o quizá no. Las quejas y el
desdén que llenan tu mente - ¿Son causados por un tanque vacío o por tu
esposa? No. Simplemente te están mostrando la impaciencia que ya estaba
en
el motor de tu corazón. El calor sólo lo agitó y lo hizo evidente.
Esposas, por centésima vez su esposo ha subido las escaleras sin tocar la pila
de ropa que obviamente necesita llevarse arriba. ¿Qué está pasando cuando
la acusación “por lo menos es consistente en ser flojo”, se filtra con tu
respiración? El motor está calentándose, la tapa no está ajustada y viene en
camino un derramamiento de aceite.

¿Te has preguntado por qué no hay relatos de Jesús aporreando puertas con
frustración enojada o aplicando la “ley del hielo” a alguien que lo lastimó?
¿Por qué Jesús no se puso irritado, amargado u hostil? La respuesta es
simple, pero a la vez asombrosa, es que cuando su motor era calentado por
las circunstancias, salió lo que estaba en su corazón: amor, misericordia,
compasión, amabilidad. Cristo no respondió pecaminosamente a las
circunstancias en su vida - inclusive una muerte tormentosa, humillante e
inmerecida – porque el motor de su corazón era puro. Salió lo que había en
su corazón: ¡Amor!

Tu cónyuge fue una elección estratégica hecha por un Dios sabio y amoroso.
Habiendo sida seleccionado por Él, para ti, desde el principio del mundo, tu
cónyuge es una parte esencial de la misión de rescate que Dios está haciendo
de tu vida. A menudo el cónyuge cumple su papel al elevar la temperatura
del motor y el calentamiento del aceite. Pero si fuéramos sabiamente
honestos, nos daríamos cuenta de que Dios está detrás de todo esto,
revelando el pecado conocido para que sea vencido por la gracia sublime.

Cuarto Cambio de Velocidad: Enfócate en la Gracia inmerecida, no en


las necesidades insatisfechas
Piensa en tu último conflicto. ¿Qué lo causó? Si respondes, “Mi cónyuge no
me está dando lo que necesito”, no eres el único que piensa así. Pregunta a
los “expertos en el matrimonio” cómo se desenmarañan los matrimonios y
muchos comenzarán con las necesidades insatisfechas. Recientemente, el
periódico del domingo en nuestra área hizo una revisión de libros nuevos
acerca del matrimonio que trataban la pregunta, “¿Cómo pueden llevarse
mejor las parejas?” Cada autor llegó a la misma conclusión: “Por medio de
satisfacer las necesidades emocionales”.
En el siglo Veintiuno, el matrimonio es ofrecido como la respuesta para
nuestras carencias emocionales. Tristemente, la iglesia a veces repite este
dogma con una versión supuestamente cristianizada del mismo mensaje.
Pero de acuerdo con la Escritura, la fuente de las palabras de enojo, miradas
rencorosas y muestras de indiferencia no son las necesidades insatisfechas.
Sino los deseos insatisfechos. Discutimos esto brevemente en el capítulo dos.
Regresemos a ese pasaje y desempaquemos el cofre del tesoro un poco más.
¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es
precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos?
Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden
obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. No tienen, porque
no piden. (Santiago 4:1-2)

¿Adivina qué? Tu último intercambio acalorado no fue causado por una


necesidad insatisfecha; no fue su falta de respeto o su falta de afecto. Fue
causado por deseos renegados – “pasiones que luchan dentro” de nosotros.
¿Entonces todo es cuestión de ver qué es una “necesidad real” y qué es
“sólo” un deseo? Aunque esa es una distinción valiosa, debemos ver que
la Escritura pone la culpa del conflicto directamente en nuestras pasiones –
en cuánto quiero algo, sin importar cuán “legítimo” sea ese deseo. Si mi
deseo es tan fuerte que soy tentado a pecar, entonces yo soy el problema
enteramente. Es mi deseo, es mi pecado, el aceite mugroso en mi corazón
saliendo en
respuesta al calor de las circunstancias.
En una o dos oraciones, Santiago cambia magistralmente todo nuestro
paradigma de algo que nos falta (una necesidad satisfecha) a algo que
estamos haciendo (deseando apasionadamente algo que no estamos
obteniendo). Debajo de nuestras necesidades insatisfechas están los deseos
demandando ser cumplidos. Deseamos algo y no lo conseguimos.
¿Pueden mis palabras y conducta tentgr a mi cónyuge a comenzar o aumentar
un conflicto? Por supuesto. (Y cuando hago eso, agrego mi propio pecado a
una situación ya mala). Pero no hay nada que pueda hacer para ser la causa
de una respuesta pecaminosa de mi cónyuge. El pecado que emerge del
corazón de un cónyuge ya estaba allá.
Crecí en un hogar ordenado. No…más bien enfermizamente ordenado. Los
calcetines debían estar doblados y arreglados en su propio cajón por colores
para facilitar la búsqueda. Kimm, por otra parte, creció en un hogar donde
no
había un cajón exclusivo para los calcetines. No estoy seguro como
funcionaba eso. Regularmente le recuerdo que la gente que organiza los
cajones de calcetines son los que hacen funcionar al mundo. Ella
rápidamente
me recuerda que aunque esto quizá sea cierto, en verdad esa gente no lo
disfruta. Es entonces cuando me callo y sigo doblando mis calcetines.
No es una sorpresa que algunos de nuestros conflictos al principio de nuestro
matrimonio eran por el orden. Estaba convencido que necesitaba orden. Mi
mentalidad de “cajón de calcetines” la aplicaba prácticamente a todo en mi
vida. Para mí era claramente una necesidad biológica, en el mismo estatus de
las vitaminas, el aire, y una buena lasaña. Y podía formular un buen
argumento a favor del orden. Comenzando en Génesis y yendo por toda la
Biblia - la creación, Números, el Templo, Corinto – el Dios de mi Biblia era
el Dios del orden. Si Dios era ordenado y fui creado a su imagen, entonces
necesitaba orden. Así es, toda mi alma dependía del orden.
Kimm fue maravillosa. Nunca atacó el orden; sabía que era algo bueno. Pero
me hacía preguntas acerca de por qué era tan importante para mí. ¿Por qué
la ruptura del orden iniciaba en mí enojo o ansiedad? Con el tiempo, con la
ayuda de mi paciente esposa y algunos amigos fieles, comencé a notar que
mi necesidad de orden era en realidad una pasión pecaminosa. Esto no
quiere
decir que el orden sea malo. Pero había cierto tipo de seguridad y confianza
que ponía en el control que produce el orden. Cuando eso era roto, mis
deseos eran agitados y mi corazón explotaba. El deseo en sí mismo no
estaba mal. Pero era un deseo que suponía que debía ser satisfecho. Era un
deseo enmascarado de necesidad – algo que había adornado como algo que
tenía que tener. Y cuando los eventos en mi matrimonio se interponían
entre mí y mi demanda de orden, bueno, pues los calcetines salían volando.
Las necesidades no son malas; todos las tenemos. Existen como
recordatorios cotidianos que fuimos creados como seres dependientes, en
una necesidad fundamental de Dios y su provisión para nuestras vidas. Pero
es esencial para un matrimonio saludable mantener la distinción entre las
necesidades genuinas y las necesidades inventadas por una cultura que busca
ser indulgente con uno mismo.
¿Está mal desear las caricias suaves de la mano de un esposo o las palabras
amables de la boca de una esposa? No, en lo absoluto. Pero inclusive cosas
que son buenas para un matrimonio pueden corromperse si se les define
como necesidades. El problema no es que deseemos – desear es
completamente natural; el problema es cuando nuestros deseos se elevan a
lugares que no le corresponden. Calvino calificaba a esos deseos como
“desordenados”.
No está mal desear cosas apropiadas como el respeto o el afecto de nuestros
cónyuges. Pero es muy tentador justificar demandas pensando de ellas como
necesidades y luego castigarnos uno al otro si esas necesidades no son
satisfechas. Un matrimonio basado en la necesidad no da testimonio de la
gloria de Dios; está enfocado en las demandas personales compitiendo por la
supremacía. Dos personas preocupadas por manipularse uno al otro para
satisfacer las necesidades, pueden llevar su matrimonio por el camino hacia la
“incompatibilidad de caracteres”. Este es lenguaje cultural que simplemente
reconoce que un matrimonio ya no puede cargar el peso de las demandas
entendidas como necesidades.
Quizá lo más triste de ir por el camino de las necesidades insatisfechas es
dónde terminamos. El camino de las necesidades insatisfechas no te lleva a
ninguna parte. Es un tramo desolado y angosto de mí mismo. A donde me
lleva es a más de mí mismo. Es peor que un camino ciego – es un círculo
que nunca acaba.
Pero los pecadores que dicen “Sí acepto” tienen un camino diferente para
andar. Es un camino de gracia inmerecida y asombrosa – un gracia tan
extraordinaria que nos muestra el problema y luego nos da la solución. ¿Has
estado alguna vez en una carretera con paisajes tan maravillosos que era
difícil dejar de mirar de un lado a otro? El camino de la gracia inmerecida es
así. Es hermosamente atractivo porque todas nuestras necesidades son
satisfechas impresionantemente en Cristo. Pero es un camino de sorpresas
constantes, porque lo andamos con total conciencia de nuestro pecado a la
luz de la cruz. ¿Cómo es que tal camino puede producir tanto gozo? Pienso
que comenzarás a ver mejor a medida que avancemos. Así que abrocha tu
cinturón y avancemos.
Preguntas de Repaso y Reflexión

1. ¿Qué es la sabiduría según la Biblia?

1. ¿Por qué debes sospechar de ti mismo primero?

1. ¿Qué principio importante te enseña Mateo 7:3-5 para tu matrimonio?


1. ¿Cuál es la dinámica de las circunstancias y nuestro pecado en el
matrimonio?

1. Explica cómo ayudará a tu matrimonio enfocarse en la gracia inmerecida


en vez de las “necesidades” insatisfechas.
Capítulo Cinco

La Misericordia Triunfa Sobre el Juicio


Cómo endulzar los días y los años

Gordon y Emma se conocieron en una actividad de la iglesia. Ella era una


oven admirable y él era un nuevo pastor. El día de su boda parecía que
éste sería el arranque de una pareja piadosa con la promesa de un
ministerio fructífero en las décadas venideras. Pero tan sólo unos días
después de su luna de miel, Emma tenía todos los sueños de su vida
destrozados. Gordon
dejó en claro que no amaba a Emma, y que se había casado con ella porque
hay más oportunidades para pastores casados que para solteros.
Por catorce años, a pesar del nacimiento de seis hijos y fungir como pastor,
Gordon no hizo ningún esfuerzo por cultivar el amor por su esposa. Admitía
libremente que tuvo una aventura adultera que comenzó después del
nacimiento de su cuarto hijo. Insistía que debía permanecer casado – un
divorcio descarrilaría su carrera pastoral. Para Emma el matrimonio se
convirtió en una vida de vergüenza secreta. Se relegó a compartir un cuarto
con sus dos hijas, mientras su esposo estaba en un cuarto por separado y sus
hijos en otro.
Esta es parte de la historia de una pareja ya fallecida, la cual conocí
personalmente. Sin embargo, no es el final de su historia. El suyo fue un
caso extremo de indiferencia cruel, quizá el más severo que haya encontrado
en un matrimonio cristiano. Pero la historia tiene un final que no esperarías.
Pareciera ser todo un fracaso y pérdida. Pero se convirtió en algo totalmente
diferente. Es toda una historia de misericordia.

Un mandamiento Curioso
Jesús tiene algo qué decir a la gente en la situación de Emma. Al descender
de la montaña después de pasar una noche entera orando, Jesús trajo consigo
doce nombres. Era tiempo de comenzar a transformar creyentes en
discípulos y discípulos en iglesia. Los hombres cuyos nombres el Señor
llevaba en su corazón se convertirían en sus discípulos principales, sus
compañeros cercanos, y los líderes clave de la primera iglesia. Algunas
veces me pregunto si, después de haber visto a estos hombres en acción,
Jesús no quiso regresar a la montaña por nuevos nombres – pero no estaba
dando marcha atrás.
Ahora era el tiempo de establecer un código de conducta para estos doce y
para todos los demás a quién llamara el Salvador. ¿Qué significaría servir a
Cristo? Primero vinieron las bienaventuranzas – como Lucas lo registra,
cuatro bendiciones con esperanza para el futuro, seguidas de cuatro
advertencias para aquellos que no se daban cuenta de su necesidad de un
salvador. Luego, llegando al meollo del asunto, las cosas se pusieron muy
interesantes.

Pero a ustedes que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos,


hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen,
oren por quienes los maltratan. Si alguien te pega en una mejilla,
vuélvele también la otra. Si alguien te quita la camisa, no le impidas
que se lleve también la capa. Dale a todo el que te pida, y si alguien
se lleva lo que es tuyo, no se lo reclames. Traten a los demás tal y
¿c¿QoQmuéo mquéireirtoentiqeunenelulostsedloes tarlataemn ar
uasqteudiesn.es los aman? Aun los pecadores lo hacen así. ¿Y qué
mérito tienen ustedes al hacer bien a quienes les hacen bien? Aun los
pecadores actúan así. ¿Y qué mérito tienen ustedes al dar prestado a
quienes pueden corresponderles? Aun los pecadores se prestan entre
sí, esperando recibir el mismo trato.
Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien y
denles prestado sin esperar nada a cambio. Así tendrán una gran
recompensa y serán hijos del Altísimo, porque él es bondadoso con
los ingratos y malvados. Sean compasivos, así como su Padre es
compasivo. (Lucas 6:27-36)
Consideremos quiénes estaban escuchando a Jesús – campesinos,
pescadores, cobradores de impuestos, zelotes, prostitutas, - una asamblea de
gentuza a los ojos de los ocupantes romanos y las autoridades religiosas
judías. Gente que
era odiada e insultada por otros. Gente que tenía enemigos reales. Ahora
consideremos los mandamientos que les da el Señor: Amen a sus enemigos;
hagan el bien a los que los odian; no se venguen; y den prestado a quienes
quizá nunca les devuelvan.
Consideremos de qué está hablando Jesús en verdad: Lo resume en el
mandamiento final. Todo se trata de ser misericordiosos.

Forjando la Misericordia
La misericordia es una palabra única, maravillosa y excepcional. La
misericordia de Dios significa que él es bondadoso, paciente y perdonador
hacia nosotros. Es su disposición compasiva de sufrir por y con los
pecadores en pro de su bien supremo.
En la Biblia, la misericordia liga la obligación severa de la justicia con la
calidez de una relación personal. La misericordia explica cómo un Dios
santo y amoroso puede relacionarse con los pecadores sin poner en
entredicho su
carácter. Dios no se da golpes de pecho y presume este atributo, como
si fuera el único en poder tenerlo. Nos lo da gratuitamente, un regalo
para
compartirlo con otros (Lucas 6:36).
Antes de ser cristianos, no éramos neutrales o ambivalente respecto a Dios;
estábamos en contra de Dios, éramos sus enemigos (Romanos 5:1O),
destinados para la ira por ser seguidores dispuestos del diablo (Efesios 2:1-
3). Ese es un cuadro bastante sombrío. Pero Dios escogió respondernos en
amor, a nosotros sus enemigos. Esa es misericordia. Esa es la realidad de la
cruz que los cristianos han experimentado. Ese el ejemplo que debemos
seguir
como cristianos.
Esto también hace surgir preguntas importantes para los pecadores que dicen
“sí acepto”. ¿Conoces a Dios como un Dios de misericordia? ¿Ves a tu
cónyuge como Dios lo ve – con ojos de misericordia?

Si tu respuesta a ambas preguntas es no, es muy probable que tu matrimonio


no sea dulce. La misericordia endulza el matrimonio. Cuando está ausente,
dos personas se azotan el uno al otro por todo, desde los grifos sin reparar
hasta la cuenta del teléfono. Pero cuando está presente, el matrimonio crece
en dulzura y deleite, inclusive cuando enfrenta desafíos, contratiempos y
efectos persistentes de nuestro pecado restante.
A Kimm le encanta el café. De hecho, ella diría que su deseo ha sobrepasado
la categoría de “amor” y ahora calificaría para ser una obsesión. Pero
puedo decir con alegría que no es adicta a la cafeína. Ella sólo toma
descafeinado.
Lo que más le encanta del café es el sabor y la experiencia – una taza
caliente
y una conversación cálida que la acompañe. Considero que aún así es una
obsesión, aunque sea una obsesión simpática.
A mi me gusta más el té. Mis amigos piensan que el té es algo femenino,
pero en la mañana en mi desayuno no estoy como para pensar tanto sobre
cuestiones relativas al género respecto a mi bebida. Me conformo con tener
el zapato correcto en el pie correcto. Y me encanta mi té dulce. Splenda,
Sweet'N, Equal…no importa cómo se endulce. Un edulcorante surte su
magia al tomar lo que es amargo y volverlo dulce. La misericordia cambia el
sabor de las relaciones como el edulcorante en mi té. La misericordia
endulza la amargura de nuestras relaciones – especialmente, el matrimonio.
Así que atrévete a echarle generosas dosis de misericordia.

Compártela
¿Alguna vez pensaste que una de las principales razones por las que te
casaste era para compartir la misericordia de Dios? Piénsalo de esta manera:
el matrimonio es un lugar donde dos pecadores llegan a estar tan conectados
que se caen todas las máscaras. No es sólo que a veces ponemos nuestra
mejor cara en público; es que cuando estamos casados nos vemos
mutuamente en todo tipo de situaciones, incluyendo algunas muy difíciles.
Toda la diversidad maravillosa (en este caso, una forma amable de llamar a
nuestros caprichos, debilidades y pautas pecaminosas) que se mantenía
refinada y tenue, sale de closet después de la luna de miel. Comenzamos a
vernos tal y como somos – crudo, sin censura y a todo color. Si nuestros
ojos son abiertos, descubrimos cosas maravillosas de nuestro cónyuge que
no sabíamos que estaban allí. También descubrimos más de las debilidades
de la otra persona. No es de extrañarse que Martín Lutero le llamara al
matrimonio “la escuela del carácter”. Sin la misericordia, las diferencias se
vuelven divisivas, algunas veces “irreconciliables”. Pero la realidad de todo
matrimonio son las diferencias profundas. No es, entonces, la presencia de
diferencias sino la ausencia de misericordia lo que hace que se vuelvan
irreconciliables. ¿Cuántos pecadores que dicen “adios” permanecerían
como pareja que dice “sí acepto” si entendieran el lugar de la misericordia
en el
matrimonio?
La navidad pasada, Kimm recibió una bola de la amistad. Es un ornamento
navideño con potpurrí y otras fragancias que los hombres casi no
percibimos. Mi esposa me explicó que una bola de amistad se entrega como
un regalo, pero se espera que ya que lo hayas disfrutado, lo compartas con
alguien más. Debe ser regalado a alguien más. El punto no está sólo en
recibirlo sino en compartirlo.
Ese es un ejemplo de lo que debemos hacer con la misericordia. Es para ser
roefcreibcidóas,udmisfirsuetraicdoar,dciealepbaradqau…e
plaercomlupegarotadmeboes.s¿eCr ócommopnaortsidcao.nEvel
rptaimdroesneons compartidores de misericordia? Esto no ocurre por
accidente.

Misericordia a tiempo real


Los matrimonios dulces se construyen basados en misericordia repartida.
Una esposa está cautiva en un ciclo de quejas; un esposo parece estar
paralizado por la autocompasión. Lucas 6 nos cambia la manera de verlos.
En lugar de usar la vieja receta (pon acusaciones a la conversación, agrega
una taza de
argumentos defensivos, remuévelo con miradas de enojo, caliéntalo con
incrementos en el volumen de la voz, repítelo frecuentemente), usamos la
nueva receta orgánica: ¡Misericordia Magnífica!

La misericordia no cambia la necesidad de hablar la verdad. Trasforma


nuestra motivación de un deseo por ganar las batallas a un deseo de
representar a Cristo. Me retira del centro y pone a Cristo en el centro. Esto
requiere misericordia.
La misericordia toma a gente capaz de iniciar una guerra por el tubo del
dentífrico o el asiento del retrete y engrandece su visión para incluir a un
Salvador. La misericordia confronta a un pecador envuelto en
autocompasión y protegido por su orgullo, mostrándole la salida de la
oscuridad a la luz. La misericordia nos inspira a ir más allá del poder y el
gobierno del amor a uno mismo para ir a los principios más nobles y
benévolos de nuestra nueva naturaleza.
No somos sólo pecadores; también somos objeto del pecado de otros.
Tenemos enemigos, gente que no nos quiere, que abusa de nosotros, que
demanda cosas poco razonables de nosotros. Gente que nos trata como
quieren sin consideración de nuestros sentimientos. En Lucas 6, Cristo está
relacionando algunos detalles de la vida bastante alarmantes.
Puedo escuchar la pregunta que muchos tendrán: “Sí, pero Lucas 6
difícilmente describe mi matrimonio. Después de todo, los enemigos no se
casan. Los hombres no se declaran a mujeres a quienes odian. La gente que
se maldice y abusa mutuamente no se ven a los ojos y se dicen: “sí acepto”.
¿Qué tienen que ver estos pasajes con el matrimonio?
Todo – porque Cristo está mostrando el alcance total de la misericordia. Al
describir situaciones graves está estableciendo la referencia de la vida
normal. Está diciendo, “Muy bien, respecto a la misericordia. Veamos los
casos egregios – tales como los enemigos, aquellos que les odian y
maldicen, les azotan y abusan – porque cuando sepan como tratar a sus
enemigos declarados, sabrán cómo tratar a sus enemigos ocasionales.
Cuando puedan extender la misericordia a los rencorosos, violentos, egoístas
y malvados,
podrán extenderla para aquellos que les irritan, ignoran o decepcionan”.
Ahora bien, antes de avanzar, necesito hablar de una situación específica –
la seguridad en un matrimonio abusivo. Hay situaciones donde la violencia
o el comportamiento abusivo de un cónyuge (y siendo francos, mayormente
es el
varón) pone en riesgo la seguridad del cónyuge o los hijos. En esos casos
tristes, que ocurren inclusive en hogares cristianos, es imperativa la
necesidad de separar al abusador de sus víctimas, y de hecho, es una
expresión de misericordia en la situación. No sólo se protege a la parte
inocente, le da la
misericordia a la persona atrapada en el pecado violento de ser confrontada,
arrepentirse y cambiar. Conozco a hombres cuya gratitud mayor a Dios es
por cómo lo arrestaron con la misericordia intercesora de un cónyuge
valiente, amigo o pastor.
La misericordia se da para ser compartida. Y aquello que toca, lo endulza.
Debemos compartir lo que hemos recibido de Dios – amor firme,
amabilidad inexplicable, compasión desbordada. Pecamos contra Dios y el
respondió con misericordia. Somos llamados a ir y hacer lo mismo.
Ahora bien, ¿Qué te parecería que diéramos una mirada a la misericordia
funcionando en la vida cotidiana?

La misericordia antes del evento: Practica la Bondad


Una de las cosas realmente maravillosas acerca de la misericordia de Dios
hacia nosotros es que él ve cada acción, motivo y pensamiento pecaminoso
que hemos tenido, no obstante, se relaciona con nosotros en amor. Dios ama
a los pecadores así de simple, y ciertamente no por el pecado, sino a pesar
de él. Su amor se expresa en la bondad hacia los pecadores y la bondad
tiene el
propósito de llevarnos al arrepentimiento (Romanos 2:4). La frase “llevarnos”
implica que su amor-bondad nos encuentra en el punto previo al
arrepentimiento y nos empuja hacia delante. ¡Qué pródiga demostración de
misericordia hacia aquellos, que dejados a su suerte, huirían de Dios!
La promesa de misericordia se puede notar desde el Antiguo Testamento.
Ciertamente, Dios siempre ha tenido una disposición de bondad hacia
nosotros. Antes de que Adán y Eva pecaran, Dios había determinado
expresar su amor y misericordia hacia la gente. El pecado ni cambió su
parecer o alteró su plan. Y ese plan, por supuesto, encuentra su
cumplimiento final en Cristo.
Notemos que Lucas 6 no es un llamado a realizar acciones discretas y
aisladas de misericordia, sino algo mucho más amplio – es un llamado a
una disposición misericordiosa del corazón, a la bondad. Al morar en el
corazón, la bondad reemplaza nuestros juicios pecaminosos. Dios
simplemente otorga misericordia. Él es misericordioso (Lucas 6:36).
Tal bondad expresada a nosotros nos hace un llamado: Somos llamados a
continuar en la bondad que hemos recibido (Romanos 11:22). No esperamos
que alguien peque contra nosotros y luego tratamos de responder con
misericordia. En vez de eso, adoptamos la postura de estar dispuestos a
experimentar el pecado contra nosotros como parte de la edificación de un
matrimonio que glorifica a Dios en un mundo caído. La bondad le dice a
nuestro cónyuge, “Sé que eres un pecador como yo y que pecarás contra
mí, igual que yo, contra ti. Pero me rehúso a vivir a la defensiva contigo.
Voy a vivir inclinándome en tu dirección con una postura misericordiosa que
tu pecado y debilidad no puedan borrar”.
¿Cómo puedes ser bondadoso si sabes que puede haber otro pecado contra ti
a la vuelta de la esquina? Porque la bondad no tiene su origen en ti, sino en
Dios. No es un rasgo de la personalidad, es un fruto del Espíritu Santo
(Gálatas 5:22, Colosenses 3:12). Y una expresión del amor bíblico (1
Corintios 13:4). La bondad reconoce que la misericordia de Dios es nueva
cada mañana (Lamentaciones 3:23). Existe gracia fresca para cada fracaso
tanto para el pecador como para el que es víctima del pecado. Y la bondad
es una postura del corazón que rebosa en acciones – cosas cotidianas que
reprograman el comportamiento en el matrimonio alejándolo del egoísmo y
dirigiéndolo hacia los propósitos redentores de Dios.
La práctica fiel de la bondad siembra experiencias de gracia en el
matrimonio. El café fluye para el esposo que está trabajando hasta tarde, la
camioneta se lava para la mamá ocupada, las palabras de ánimo
intencionales en un área de debilidad – estos son más que buenos modales o
deberes. Son bondades sembradas en la rutina normal de la vida. Son los
momentos de gracia de los que sacamos provecho en los tiempos de prueba.

La misericordia cuando somos atacados: Haz a los demás.


En su libro acerca del ministerio en las relaciones personales, Paul Tripp
declara esta verdad que te hace pensar:
En el ministerio personal, el pecado de la gente que estés ayudando
con el tiempo se revelará en la relación. Si estás ministrando a una
persona airada, en algún punto ese enojo será dirigido hacia ti. Si estás
ayudando a una persona que lucha con la confianza, en algún punto no
confiará en ti. Una persona manipuladora buscará manipularte. Una
persona deprimida te dirá que ya intentó todo lo que sugeriste y no
funcionó. No puedes estar cerca de un charco sin ser salpicado con su
lodo en algún momento.
¿Cuán enlodado estás ahora en tu matrimonio? ¿Estás siendo salpicado por
los pecados de tu cónyuge? ¿Cómo respondiste? ¿Por qué no invertir la
pregunta? ¿Cuánto lodo has estado tirando?

¿Te has preguntado alguna vez donde encontrar la regla de oro? Está allí en
Lucas 6:31. Básicamente nos enseña que usemos como medida para tratar a
los demás la manera como nos gustaría que nos traten. A menudo la regla de
oro se toma como una manera de evitar tener enemigos. Pero Jesús da la
regla de oro específicamente para situaciones en las que ya hay enemigos. Es
su respuesta estratégica para cuando estamos siendo atacados.
Como hemos dicho, una respuesta de misericordia verdadera sólo es posible
para pecadores como tú y yo, cuando compartimos la misericordia que
hemos recibido de Dios. Pero estas son respuestas que marcan toda la
diferencia en
la vida de un matrimonio. Aquí hay algunas maneras prácticas en las que
podemos mostrar misericordia cuando estamos siendo atacados:
Recuerda que tu más grande enemigo es “el enemigo interno” – tu
propio pecado. Hemos hablado de esto, en los capítulos dos y
tres.
Cuando no estén en un conflicto, pregúntense mutuamente, “¿Qué
conducta mía expresa enojo o falta de amor hacia ti?” Considera
la respuesta de tu cónyuge e intenta hacer lo opuesto cuando
sientas que ha pecado contra ti.
Aprende a amar al estilo de 1 Corintios 13 al ser paciente,
bondadoso y no guardar rencor. Resiste la tentación de volverte
un abogado defensor en tu mente. Despide al “fiscal” que tienes
dentro – que no es más que la expresión del pecado de
arrogancia.
Memoriza y aplica este sabio consejo de Santiago, “Todos deben
estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse;
pues la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere”
(Santiago 1:1P-2O). Aplicar este versículo en el calor del
conflicto
pcounedfleictteon. er un efecto asombroso respecto a donde va a
parar el Donde las pautas de pecado están causando problemas
persistentes,
incluye el consejo de amigos, pastores, etc. que puedan ayudarte a
descubrir donde están ocurriendo los problemas crónicos y a
quienes puedas rendir cuentas de las respuestas de amor.

Las ideas como éstas, no eliminarán el conflicto. Pero son estrategias


suónlaidmasanyebraíbqliuceasnopairnacremspeontdeelra atlemcaploeradtuelr
apeoccaodmo pdleiqnue setlroprcoócneysougde de solución. Una cosa que he
aprendido es que si puedo evitar una discusión de dos horas con dos minutos
de misericordia, esa es una victoria para todos los implicados.

La Misericordia después del evento: Cubre el Pecado

Allí estás. Lo hizo de nuevo. Al estar siempre consciente de tus propias


tentaciones, has estado intentando verdaderamente de amar con bondad y
tratar a tu cónyuge como quisieras que te trate. Has sido cuidadoso de
complacer a Dios con tus reacciones. Y de nuevo ha ocurrido, y qué
inoportunamente. Estás entrando a la iglesia – una pequeña batalla discreta
antes que él fuera a su puesto como ujier y ella se fuera a ministrar a los
niños. Tienen que verse felices para los visitantes y los niños. Así que estás
en una posición extraña donde algo no está bien y no puedes resolverlo.
¿Qué haces?
Podrían acordar hablar de ello más tarde, lo cual siempre es una buena idea
– pero ¿qué tal si ese después no pudiera ocurrir por un par de días? ¿En
verdad es tan importante como para mantenerlo en la mente? Podrían tratar
de arreglarlo ahora mismo, incomodando a otros en el proceso. ¿Tratarías
simplemente de olvidarlo, para volver a encontrarlo en un conflicto futuro?
¿Lo pones en el archivo de “las cosas que mi cónyuge necesita cambiar”?
¿Qué tal caería un exorcismo?
Quizá no sabías esto, pero la Biblia te da un privilegio especial al lidiar con
el pecado cometido en tu contra. Se llama pasar por alto la ofensa. Significa
que puedes poner el amor a funcionar de tal forma que puedes eximir a
alguien de su pecado en tu contra – inclusive sin que ellos lo sepan o
reconozcan lo que han hecho. Pasar por alto la ofensa es una expresión de
misericordia que puede cubrir tanto los grandes pecados de la disputa marital
como los pequeños pecados de la tensión marital. Y siendo sinceros, los
pecados pequeños son el combustible para los incendios matrimoniales.
Seamos cuidadosos. Pasar por alto la ofensa no significa que nos tragamos el
pecado para otra ocasión. No es una variante de la paciencia, ni es un tipo de
careta externa “cristianizada” de buena gente en la que se actúa como si
nada te perturbara. Tampoco es un tipo de negación del pecado, en el sentido
de rehusarse a reconocerlo.
Al pasar por alto la ofensa, sabemos (o al menos, sospechamos) que han
pecado contra nosotros, pero tomamos la decisión de hacer caso omiso de la
ofensa y hacer un borrón y cuenta nueva, teniendo la actitud de un corazón
perdonador y tratando el pecado como si nunca hubiera sucedido. Proverbios
1P:11 nos dice que es algo glorioso pasar por alto la ofensa. Pasar por alto la
ofensa es perdón anticipado, dado libre y genuinamente.
Por supuesto, la justicia a menudo demanda que atendamos el pecado de
otro, aun cuando pueda causar resultados desagradables (discutiremos esto
en el capítulo siete). No es pasar por alto la ofensa suprimir una ofensa que
no
estás dispuesto a dejar ir, o preferir el dolor de que alguien peque contra ti
a soportar el dolor que imaginas pudiera venir al discutirlo, o permitir que
una pauta de pecado en tu cónyuge siga sin ser atendida completamente.
Pasar por alto la ofensa se aplica a tipos específicos de pecado. Implica una
clara consciencia de que pudieron haber pecado contra ti y luego una
decisión firme e inspirada por el evangelio de cubrir ese pecado con amor.
Pedro nos da la clave de esto. “Sobre todo, ámense los unos a los otros
profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados” (1 Pedro 4:8).
Parece que Pedro aprendió la lección de Lucas 6 bastante bien.
Cuando alguien peca contra nosotros, podemos cubrirlo con la perspectiva
del amor. Pasar por alto la ofensa incluye un compromiso serio en nuestro
amor, permaneciendo responsables de mantener activamente cubierto el
pecado.
El cubrir el pecado con amor en efecto remueve el pecado cometido del
campo de juego. Esto puede ser extremadamente útil en ciertos momentos. A
menudo en los matrimonios estamos trabajando en asuntos grandes, un
proceso que puede ser desviado por pequeñas ofensas. Algunas veces los
pecados insignificantes pueden ser tan frecuentes que nos dejan desanimados
de estar teniendo algún progreso. Y algunas veces nuestro cónyuge puede
estar en un momento de desafío que lo hace más susceptible a la tentación
en ciertas áreas. En tales circunstancias, pasar por alto la ofensa pone a un
lado los asuntos pequeños que podrían distraernos o restar valor a algo más
importante.
Por ejemplo, a veces Kimm y yo tenemos el privilegio de hablar en retiros
de matrimonios. Aunque Kimm se siente muy honrada de hablarle a las
esposas acerca de algún tópico importante para ella, la preparación de
mensajes no es un área en la que se sienta dotada. Las semanas de
preparación previas al
evento, además de sus responsabilidades diarias, pueden traer al escenario
tentaciones de ansiedad. Algunas veces esa ansiedad se expresa en quejas
hacia mí. Al principio cuando enfrentábamos esos momentos, pensaba que lo
que necesitaba era perspectiva, algo como “Si Susana Wesley podía dirigir
una casa con ochenta y tres niños y aún tener tiempo para tener un
devocional de tres horas, ¿Cuán grande era su Dios?” Es suficiente decir
que esas conversaciones nunca fueron productivas.
Gracias a Dios, aprendí que no sólo es sabio sino también algo amoroso
tomar en consideración el “calor” en la vida de Kimm. Necesito mirar
cómo está batallando, tratar de animarla en vez de criticarla, y estar
dispuesto a que me salpique un poco de su lodo (aceite bien caliente) para
que pueda crecer en fe a través de la experiencia. Qué privilegio es
representar el amor de nuestro Salvador al pasar por alto los pecados de mi
cónyuge por amor. ¡Qué
recordatorio de cómo Dios pasa por alto mis pecados por amor!
¿Dónde encontramos esto en Lucas 6? Tenemos que retroceder un paso para
verlo. El versículo 17 nos dice que Jesús estaba hablando a dos grupos: Una
gran multitud de sus discípulos y una gran multitud de personas. El segundo
grupo era justo como tú y yo antes de ser cristianos – gente que ni idea
tenía de necesitar un salvador. Como judíos, estos espectadores estaban
bastante confiados en su posición religiosa delante de Dios, y simplemente
no tenían espacio en su teología para verse como enemigos de Dios. Estaban
allí para escuchar discursos ceremoniales y sanidades, no para arrepentirse.
Más
acdrueclaifnitxei,ómn.uIcnhcolussdiveeeslluos
deistcuívpiuelrosnloenabcoandtroandaeríJaens,úusn, opideieenldlos sluo
traicionó para su muerte.
No hubo persona presente ese día que no hubiera pecado gravemente contra
el Hijo de Dios. Cuando Jesús hablaba de extender misericordia unos a otros,
estaba pasando por alto las ofensas de sus oyentes. El llamado a la
misericordia vino del salvador misericordioso.

La Misericordia derrota a nuestro verdadero enemigo


Hace algunos años me di cuenta de una suposición fea que
influenciaba algunas de mis relaciones. Era esta: “No tengo que lidiar con
la irritación del pecado de otros”. Después de todo, era doloroso,
inconveniente y un verdadero lío. Además, tenía cosas mejores y más
importantes que hacer. Así que cuando la gente estaba pecando contra mí,
reaccionaba de maneras que tenían sentido para mí, maneras que me
parecían razonables e inclusive rectas. Se sentía justo…en verdad era
autojusticia. Se pueden imaginar cómo funcionaba eso en nuestro hogar
feliz.
¿Has escuchado alguna vez cualquiera de estas declaraciones salir de
tus labios?
“¡No puedo creer que hayas hecho eso!”
“No merezco esto”
“Tengo derecho de estar molesto”
“¿Por qué no tomas en serio el cambio?”
Son declaraciones rebosadas de misericordia ¿Verdad? En realidad,
están goteando el aceite caliente de la autojusticia. La autojusticia es un
sentido de superioridad moral que nos designa a nosotros como los fiscales
de la pecaminosidad de los demás. Nos relacionamos con los demás como
si fuéramos incapaces de hacer los pecados que ellos cometen. La
autojusticia
está en pugna contra la misericordia.
Es fácil celebrar el regalo del matrimonio en medio de una luna de
miel romántica y color de rosa. Pero somos una raza caída y eso se hace
evidente en el matrimonio de maneras crudas. La misericordia es más
necesaria cuando se hace evidente el quebrantamiento y la fragilidad de la
persona con quien nos casamos. Es brillante en experiencias particulares de
la vida: El momento del pecado y el momento de debilidad seguido por la
misericordia y el perdón.

La manera como respondemos cuando pensamos que han pecado en


nuestra contra puede revelar esa autojusticia. Quizá la reacción más fácil y
común es designarnos como el juez, el fiscal, el secretario de la corte y el
urado. No es ninguna sorpresa que estos casos resulten ser bastante fáciles
de resolver. Comenzamos con asignar un motivo al delito de nuestro
cónyuge acusado. En un instante acomodamos al jurado interior,
presentamos el caso e instantáneamente tenemos un veredicto esperado:
“Culpable”. En cuanto al acusado, no se le hace ninguna pregunta, no se le
da oportunidad para que presente su testimonio, y no se revisan las
circunstancias provistas.
¿Has arrastrado a tu cónyuge a tu corte personal recientemente? Yo sí.
Pero aquí hay unas preguntas que he aprendido a hacerme en la batalla
contra la autojusticia.
¿Estoy seguro de que veo claramente los supuestos “hechos”?
¿Soy rápido para asignar motivos cuando siento que me han
hecho daño?
¿Encuentro fácil preparar un argumento en contra de alguien de
tal manera que yo quede bien y él quede mal?
¿Hago preguntas basadas en suposiciones que creo que se
confirmarán como ciertas? ¿O hago preguntas imparciales – el
tipo que busca genuinamente conocer nueva información a
pesar de sus implicaciones en el resultado que prefiero?
¿Estoy demasiado interesado en culpar a alguien de algo?
¿Soy capaz de rechazar preguntas como estas por considerarlas
irrelevantes?

Si alguna de éstas resuena en ti, probablemente estés enredado en el


pecado de la autojustica.
La autojusticia no sólo se muestra cuando la gente peca contra nosotros.
También se expresa cuando encontramos las debilidades de los demás. No
quiero trazar una línea tan delgada entre los pecados y las debilidades,
porque el pecado de hecho tiene un efecto debilitante en nuestro carácter.
Pero la Biblia entiende la debilidad – áreas de vulnerabilidad o
susceptibilidad a la tentación que son diferentes de persona a persona. No
todos somos fuertes en
todas las áreas. Algunos son más susceptibles al desánimo que otros, o el
enojo o la ansiedad. Otros luchan con debilidades físicas más que otros.
Todos tenemos alguna debilidad en alguna área, de no ser así no sería
necesario el poder de Dios para obrar en nuestras vidas (Romanos 8:26).
Las debilidades en nuestro cónyuge pueden tentarnos – son inconvenientes
y frustrantes respecto a lo que deseamos de nuestro matrimonio. ¿Cómo
respondo cuando esa debilidad particular surge en mi cónyuge otra vez? Me
mantengo insistiendo (en voz audible o en silencio), “No veo como puede
ser eso un problema para ti”. Esta es una expresión particularmente triste de
autojusticia. En vez de tener empatía por las debilidades o limitaciones de
los demás, actuamos de maneras condescendientes y demandantes. Somos
rápidos para ver la debilidad de otros, pero lentos para ver la nuestra.
“Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de
nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma
manera que nosotros, aunque sin pecado” (Hebreos 4:15). La Escritura
supone que cada uno tiene debilidades, y Cristo está consciente y extiende su
misericordia hacia cada uno. El nos comprende en nuestras luchas y nos
llama a hacer lo mismo con nuestros cónyuges.
¿Diría tu cónyuge que practicas la empatía respecto a su debilidad? ¿Diría
que extiendes sobre él o ella la misericordia que Cristo ha derramado sobre ti
debido a tu debilidad? ¿O te sientas en el estrado como juez?
Las buenas noticias para la gente que se ufana de su rectitud personal y
juzga a los demás (así somos todos de vez en cuando) es que la misericordia
triunfa sobre el juicio (Santiago 2:13). Cuando alcanzo a comprender la
misericordia que Dios me ha expresado, mis ojos son abiertos a la bancarrota
en que está mi propia justicia y me envía a la cruz para obtener la justicia de
Cristo. Es entonces que puedo tener empatía respecto a las debilidades de mi
cónyuge y regocijarme en las mías porque revelan la fortaleza de Dios (2
Corintios 12:P). Como decía John Stoot, “El poder de Dios obra mejor en la
debilidad humana. La debilidad es el área en la cual Dios puede manifestar
más
efectivamente su poder”.
La misericordia triunfa sobre el juicio

Hay algunos que leerán este capítulo y algo en su interior gritará: “No. ¡No
puede ser así!”. Para algunos cónyuges, ya sería demasiado poner la otra
mejilla una vez más o pasar por alto el pecado una vez más. La misericordia
se ha probado y no funcionó. Nada ha cambiado. De hecho, la misericordia
ha sido pisoteada y abusada; simplemente no ha producido resultados.
Pero debemos pensar de nuevo y preguntarnos, ¿Cuál es el propósito de la
misericordia? ¿Extiendo la misericordia con tal de obtener una reacción? ¿Lo
que busco son los resultados? ¿Es acaso la misericordia una especie de
moneda espiritual con la que compro el buen comportamiento de mi
cónyuge?
En Lucas 6, Jesús deja claro que la misericordia tiene una promesa. Pero es
una promesa de una recompensa, no de resultados (v.35). Jesús nunca
prometió cambiar a nuestros enemigos (el caso extremo que engloba todos
los casos). Lo que tiene en mente para nosotros es una relación amorosa con
nuestro Padre Celestial que eclipsará cada vez más cualquier acción hiriente
o de odio en nuestra contra.
¿Recuerdan a Gordon y Emma que mencioné al principio de este capítulo?
Es el pastor que le dijo a su esposa en su luna de miel que se había casado
con
ella para avanzar su carrera en el ministerio. Llegó la hora de contar el resto
de la historia.
La indiferencia de Gordon hacia Emma se filtró a casi todas las facetas de
su matrimonio. Mientras vivió bajo el mismo techo, ella nunca experimentó
la vida bajo el cuidado de su esposo. Aparentemente normal en lo exterior,
el desdén de Gordon por su matrimonio creó un hogar regido por su
hipocresía e indiferencia por el bienestar de su esposa. Sus hijos crecieron
con una clara sensación de la diferencia de su familia respecto a otras, pero
con muy poco entendimiento del mal perpetrado contra su madre todos los
días.
Pero Emma amaba al Salvador que era misericordioso con ella y se asió de Él
a través de las pruebas y los años. Privada del amor humano del hombre con
quien se casó, ella se arrojó a la misericordia de Dios. El evangelio le
recordaba que necesitaba un Salvador – y que su necesidad principal no era
ser librada de un cruel revés del destino, o de la maldad del hombre con
quien compartía su casa, sino de su profunda pecaminosidad personal ante
Dios.
Emma entendió la misericordia y perdón de Dios por sus pecados, y aceptó
el llamado del Padre a extender misericordia hacia su esposo. Emma nunca
permitió que la amargura echara raíces en su corazón. En vez de eso,
aprendió a permanecer firme con dignidad por medio de encomendar su
bienestar a Cristo.
Por cuatro décadas, la misericordia fue lo que definió sus acciones,
pensamientos y palabras hacia el hombre cuyo propósito en la vida parecía
ser aplastarle el espíritu. Sabiendo que su repuesta a su esposo testificaría a
sus hijos acerca del Dios que servía, Emma estaba resuelta a depender de la
gracia de Cristo y honrar al Señor con sus acciones.
El matrimonio terminó triste y dolosamente después de cuarenta años – un
ministerio de apariencias acabado, una familia financieramente hecha trizas
por el pecado sin arrepentimiento de un hombre. En los años que siguieron a
su divorcio, Emma le envió a Gordon tarjetas de cumpleaños y cartas
periódicamente, en las que llamaba a ese hombre rebelde y solitario a que
regresara a Dios. Ella estaba probando el dulce gozo de una profunda
relación con el Padre, y cada vez más anhelaba que Gordon probara eso
también.
En algún punto de ese tiempo, la misericordia de Dios llegó a Gordon y
respondió al llamado del evangelio con fe salvadora. Sus hijos, ahora ya
adultos cristianos, lo confrontaron amorosamente con sus pecados pasados, y
por primera vez Gordon asumió la responsabilidad por haber destruido su
familia. Gordon escribió una carta a Emma confesando su pecado contra
Dios y contra ella. Emma fue enfrentada con una prueba de la que
hablaremos en el siguiente capítulo – la prueba del perdón. ¿Podía ser así
de fácil? ¿Podía acaso la misericordia cubrir cuarenta años de maldad?
Tenemos la decisión
desepE a preservada en una nota que le escribió en respuesta a su antiguo
omsom
:
Cuando leí tu carta tuve emociones encontradas. Me sentí triste, al
recordar tantos años difíciles, pero también me sentí agradecida por
la obra que el Espíritu de Dios está haciendo en tu vida. Estoy
agradecida de escucharte confesar tus faltas tan francamente y pedir
mi perdón. Y estoy agradecida de que las hayas compartido con tus
hijos. Gordon, te perdono. Te perdono por no haberme amado como
Cristo amó la Iglesia y por tu indiferencia hacia nuestros votos
matrimoniales. Aunque me entristecen muchos de los recuerdos del
matrimonio, los he entregado al Señor y he guardado mi corazón de los
estragos de la amargura. Me regocijo en la misericordia de Dios, que
a pesar de nuestro fracaso matrimonial, todos nuestros hijos sirven al
Señor fielmente…Dios usa la confesión y el perdón para traer sanidad.
Estoy confiando en Dios que será verdadero para ambos.

TreasntatourEacmiómnaecnoumnoa Gfaomrdiloian
dyeasegsatrárnadcaoncoenl Sfuaelvrtaedsohri,loqsuideen mteijsióerliacordia.
Todos sus hijos aman al Salvador y ahora ven el propósito misterioso de
Dios al mirar atrás. Aunque Emma y Gordon nunca fueron restaurados como
esposo y esposa, Gordon murió de edad avanzada, ya no en la soledad, sino
rodeado tanto de su familia como de los amigos de su iglesia con los que
había compartido su vida. El cuerpo de Emma con el tiempo cedió ante una
apoplejía, pero su espíritu e historia definen una obra de Dios que trasciende
el fracaso de un matrimonio y tocó muchas vidas.

PsearaarrEepminmtiae,rlaa.
mLaismeriisceorridcioardtriiautnrfióunsfoóbcreonelcjaudicaiordaéccióandaes
leavnatdesa qaul eciGelor,dcoonn cada pecado cubierto con amor, con cada
rechazo a la amargura. Para Gordon, la misericordia implicó recibir lo que
no merecía – el perdón de sus pecados, el amor de su familia, un hogar con
el Salvador, seis hijos que honran a Dios, el amor perdurable de Emma por
Cristo. Cada uno de estos resultados notables señalan el triunfante efecto
edulcorante de la misericordia
– la notable misericordia que Emma recibió de Dios y que derramó sobre su
familia.

¿eTs rvieunncfiadlaapmorisqeureiceosrdciaapasozbdree ceul bjuriircito?

do¿Qlouqéupeietnoscas. ?ELnda umlziasetroidc orldoiaqnuue nca


toca porque viene del cielo – del trono del salvador misericordioso. La
misericordia es una bendición para aquellos que la reciben y aquellos que la
dan. Toma toda la que puedas. Y no te olvides de compartirla.

Preguntas de Repaso y Reflexión

1. ¿Qué es la misericordia? ¿Cómo nos la ha mostrado Dios?

1. ¿Qué puedes comentar de la frase “La misericordia endulza el


matrimonio?
1. ¿Por qué es importante la misericordia en el matrimonio?

1. ¿Cómo te ayuda en el matrimonio el conocer cómo debes ser


misericordioso con tus enemigos según Lucas 6:27-36?
1. ¿De qué manera la misericordia se ve al practicar la bondad en tu
matrimonio?

1. ¿Cuál es la estrategia enseñada por Jesús para cuando somos atacados?


1. ¿Qué es y qué no es pasar por alto la ofensa?

1. ¿Qué es la autojusticia y cómo afecta tu matrimonio?

1. ¿Qué podemos decir a la persona que por su experiencia cree que la


misericordia no funciona?
Capítulo Seis

Perdón total y Gratuito


Cómo unir lo que el pecado ha separado

El acuerdo era cancelar cuarenta mil millones de dólares de deuda, un paso


sin precedentes en las relaciones internacionales. Las naciones representadas
en la cumbre G8 2OO5 habían decidido cancelar la deuda de dieciocho
países pobres de África altamente endeudados que cumplían las condiciones
para la reducción en sus deudas. Fue la cancelación de deudas más grande de
la historia. La acción del G8 fue testimonio de la habilidad de los países
miembros de pasar por alto los meros intereses económicos ¡Cuarenta mil
millones de dólares – ¡esos son muchos ceros! A medida que corrían por
todo el mundo los reportes confirmando esta generosidad dramática, una
cosa quedó muy clara: la cancelación de una deuda enorme constituye una
declaración enorme.
En los capítulos previos discutimos acerca del poder de la misericordia en
el matrimonio – cómo el llamado a ser misericordioso viene de la
misericordia que hemos recibido de Dios en Cristo. En este capítulo
consideraremos otro aspecto de la misericordia: el perdón.
En la Escritura, las ideas de la misericordia y el perdón están tan
interconectadas que son casi como sinónimos. Pero hay una diferencia
importante. La misericordia puede ser extendida sobre aquellos que no la
reconocen, mientras que el perdón, a menudo, es una transacción entre
bandos.
En el tratado del G8, las naciones ricas asumieron la responsabilidad de la
deuda de los otros, mientras que aquellos que debían la deuda aceptaron
agradecidos el perdón y avanzaron a la luz de él. Aunque éste fue un evento
muy importante, no obstante, el capítulo 18 del evangelio de Mateo habla
de la cancelación de una deuda mucho más significativa, la cancelación que
debía constituir una enorme declaración para los pecadores que dicen: “Sí
acepto”.
El enfoque de nuestra discusión es una parábola originada por una pregunta
de Simón Pedro. La parábola inicia en Mateo 18:21 cuando Pedro pregunta,
“¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí?”
Pedro está tratando de calcular cosas que no se pueden sumar. Jesús acababa
de mostrar a sus discípulos cómo manejar el pecado de los demás en la
comunidad de fe. Pedro quería detalles – cuántas veces necesito perdonar a
alguien antes de forzarlos a pagarme lo que me deben. Pedro estaba tratando
de cerrar un trato. “Señor, hagamos esto una situación de ganar-ganar”. Sé
bien lo que vale el perdón en el mercado. Te doy siete veces ahora y
cerramos
el trato”.
Pero Jesús aparentemente tenía otra idea del valor del perdón. Le ofrece a
Pedro un ejercicio de multiplicación divina. ¿Cuánto es siete veces siete?
Pedro necesita algo más que una calculadora. Necesita una renovación
completa de su entendimiento del amor y el perdón de Dios. Así Cristo le
presenta un acto de perdón que no deja dudas en cuanto a lo que cuesta
realmente el perdón. Consideremos la historia de Jesús:
»Por eso el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar
cleuednetbaísa cmoinlesuys smieirlevsosd.eAml ocnoemdeanszdaer
oarhoa. cCeorlmo,oséellneoprtenseíantcóounnqouqé ue pagar, el señor
mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, y todo lo que
tenía, para así saldar la deuda. El siervo se postró delante de él.
"Tenga paciencia conmigo —le rogó—, y se lo pagaré todo." El señor
se compadeció de su siervo, le perdonó la deuda y lo dejó en libertad.
»Al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le
debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y comenzó a
estrangularlo. "¡Págame lo que me debes!", le exigió. Su compañero se
o st r ó d e la n t e d e él .
p ag a r é. " P e r o é l se n
" T e n pa c i e n c ia c on m ig o — l e r o g ó —
e g ó . M á s b i e n fu e y lo h iz o m e t e r e n
, y t e lo
l a c á rc el hasta
que pagara la deuda. Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se
entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había
sucedido. Entonces el señor mandó llamar al siervo. "¡Siervo malvado!
—le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste.
¿yNo omdeecboíamsptaúdteacmí bdieénti?h"aYberetneocjaodmop,
asduesceidñordleo teunctroemgóp añleorso,casrcí ecloemroos para que
lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía. »Así también mi
Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de
corazón a su hermano.

Para ayudar a Pedro (y todos nosotros) a comprender, el Señor relata la


parábola de un rey que perdona una deuda de 1O,OOO talentos, un número más
allá de la comprensión de los oyentes. El deudor perdonado luego encuentra
a un compañero que le debía 1OO denarios, como el salario de un día.
Cuando el compañero es incapaz de pagar, el deudor perdonado lo lleva a la
cárcel. El rey descubre lo que ha pasado, “Y enojado, su señor lo entregó a
los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía”.
Para evitar cualquier confusión, el Señor resume la parábola en el versículo
35. “Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada
uno perdone de corazón a su hermano”. En ese momento, el Señor ya no
estaba mirando sólo a Pedro o a sus discípulos. Estaba viéndonos, a nuestros
matrimonios, diciendo precisamente que si rehusamos perdonarnos
mutuamente, también el Padre así hará con nosotros.
En caso de que esto te deje perplejo – si parece sugerir que Dios es
inmisericorde con sus propios hijos – permíteme enfatizar la verdad
principal de esta parábola. Conceder perdón verdadero es una evidencia
clara y persuasiva de que hemos sido perdonados por Dios. En
conclusión, los ecadores perdonados perdonan el pecado.

En el capítulo anterior discutimos acerca de pasar por alto la ofensa por


amor a Cristo. Pasar por alto la ofensa entra en juego cuando somos capaces
vgeuradraddaer realmmeennteordreecseunbtriimr uiennatoo.feEnsstea
cpaeprcítiubliodatrcaotan uenl aamsuonrtodediDfeioresn, tsein– el
pecado que no puede ser pasado por alto, sino que debe confrontarse por
amor de Cristo. Vamos a hablar del perdón que se requiere cuando el pecado
es reconocido y confesado. Y buscaremos definir el perdón de una manera
bíblica, quizá de una manera que nunca habías entendido o practicado.
En mi experiencia como pastor, puedo ver que quizá el perdón en el
matrimonio es el medio de gracia más mal aplicado o menoscabado. Pero
cuando el perdón es expresado en un matrimonio de acuerdo con la verdad,
no existe otro agente más grande de cambio y esperanza. Para ayudarnos en
nuestra discusión acerca del perdón basándonos en el mundo real,
permítanme presentarles una parábola de la vida real, la historia de mis
amigos Jeremy y Cindy.

Un Matrimonio en Bancarrota

Quizá conozcas a Jeremy y Cindy. Los has visto por allí, o al menos a
alguien como ellos. Era una pareja que lo tenía todo resuelto – eran
atractivos, en forma, talentosos – eran personas ejemplares en la iglesia.
Pero a veces tenerlo todo resuelto en el exterior simplemente oculta el caos
interior, y este matrimonio ciertamente era un caos.
Ambos eran bastante emprendedores y estaban haciendo muchas cosas en la
vida. Se enamoraron y parecían el uno para el otro. Después de una boda
primorosa, se establecieron en un estilo de vida de clase media alta, pero no
tardaron mucho en darse cuenta de que esto no era lo que esperaban.
Como cada uno tenía su carrera, supusieron que cada uno navegaría por el
matrimonio como un equipo. En vez de eso, se desarrolló sutilmente un
espíritu de competencia entre ambos. Lo que dirigía sus vidas era el
egoísmo y el orgullo. Como sus ambiciones personales iban en distintas
direcciones, rápidamente comenzaron a abrirse agujeros en el cimiento
débil de su matrimonio. Ninguno de los dos pudo ver cómo crecían las
fisuras en el devenir de sus vidas ocupadas.
Jeremy comenzó a alejarse de Cindy, primero en pensamiento, luego, más y
más osadamente en sus acciones, hasta que se entregó por completo a una
relación adultera. Como él mismo lo describe:
El orgullo impulsaba mis acciones y pensamientos. Mis opiniones eran las
únicas correctas y tenía el “derecho” de tener satisfechas mis necesidades.
Cuando Cindy me señalaba áreas en las que podía crecer, rápidamente
contraatacaba mencionando todas las cosas grandiosas que no estaba
considerando y cuán “afortunada” era de estar casada conmigo. Para mi
vergüenza, cuando discutíamos a menudo le decía cosas como “cualquier
mujer estaría feliz de estar casada conmigo”. En vez de lidiar humildemente
con los problemas crecientes, decidí huir de mis responsabilidades y votos
sagrados y busqué una relación con otra mujer.
Este alejamiento me llevó a un endurecimiento gradual de mi corazón y se
manifestaba en un intento arrogante de ver cuán cerca podía estar de la
flama sin quemarme. Al invertir mis pensamientos y tiempo en esta relación
impía, comencé a tener cada vez menos interés por Cindy. El caparazón
superficial de la religión ya no podía contener el engaño y poder de la
lujuria. Lo que había comenzado como una atracción mundana con el tiempo
se volvió adulterio. Durante los meses previos a mi adulterio físico,
experimenté insomnio y ansiedad inusual. Era como si estuviera corriendo
sobre las vías del tren hacia un tren invisible, que audiblemente se acercaba.
Sabía que lo correcto hubiera sido salirse de las vías, pero continuaba
corriendo más rápido, atraído de alguna forma por la “emoción” de los
sentimientos.
Rabeacnhdaoznaanrdomliappeaccaideon,ceiascdoegíDtiiorasrqmuee
dmeecdabioezmaeasleasbdiesmoop.ortunidad para
(Quisiera rogarles – esposos y esposas, si se encuentran en la ruta al
abismo de la infidelidad, ya sea con una persona o con la pornografía en
cualquiera de sus manifestaciones, por favor arrepiéntanse de sus pecados y
busquen la ayuda de una persona en quien confíen. Lean esta historia como
una advertencia y una súplica de parte del Dios que les ama y que está
buscando rescatarles de ese pecado. Y a los varones, en especial – señores,
no piensen que son mejores que Jeremy, sino identifíquense con él. Todos
somos más
parecidos a él de lo que imaginamos).
Estaremos siguiendo el testimonio de Jeremy y Cindy a lo largo de este
capítulo. Pero pongamos en espera por ahora y aprendamos cómo funciona
el perdón, en especial en el matrimonio.

Nl Perdón presupone que Bios es Santo

Cuando usamos estándares humanos de evaluación, podemos comenzar a


pensar que nuestros pecados “cotidianos” contra nuestro cónyuge
(indiferencia, flojera, palabras ásperas, por ejemplo) están en el nivel de los
pecados de “1OO denarios”. Y con facilidad podemos ver el pecado de Jeremy
como un pecado de “1O,OOO talentos”. Este tipo de pensamiento puede
llevarme a suponer que si nuestros pecados no son tan malos como los de
otro (mi cónyuge, por ejemplo), mi problema con Dios, entonces, no debe
estar tan mal. Pero permitir que mis pensamientos vayan en esa dirección
sería no captar por completo tanto las lecciones de la parábola de Mateo 18
como también meollo del evangelio.
Ciertamente, muchas esposas y esposos son objeto de pecado horrible.
Algunos que leen estas palabras sufren bajo la nube de abusos horribles que
les han cometido, ya sean físicos o emocionales, y cónyuges a quienes
parece ya no importarles nada. No obstante, como vimos en el capítulo dos,
no podremos comprender las buenas noticias de Jesucristo en el evangelio
sino hasta que veamos nuestro pecado contra el Dios santo como una
injusticia mucho más grande que cualquier cosa que nos hayan hecho.
Nuestro Padre amoroso se interesa profundamente en la severidad de
cualquier pecado que hayan cometido en tu contra. En su santidad y
omnisciencia perfectas no pasa por alto ningún pecado. Pero en esa misma
santidad y omnisciencia también ve cada uno de tus pecados, no importa si
son grandes o pequeños, y a pesar de cualquier circunstancia que los haya
puesto en evidencia.
Esto implica que a los ojos de nuestro Dios compasivo y amoroso, el pecado
es pecado, la culpa es culpa, y todo pecado es contra su santidad ilimitada.
Mi insignificante indiferencia hacia mi esposa es razón suficiente para
recibir
toda la ira de un Dios santo y se requiere la sangre de mi Salvador para
perdonarlo.
Sí, algunos pecados que los cónyuges comenten el uno contra el otro pueden
verse, bíblica y racionalmente, como más grandes o más pequeños. Pero
Jesús intencionalmente hizo que en este drama, la voz del perdón sea un
personaje principal más allá de lo que podemos imaginar y magnánimo de
gracia deslumbrante. Este Señor (que representa a Dios) fue
inconcebiblemente benévolo hacia un siervo ingrato (que nos representa) que
por su comportamiento demostró que no había comprendido la importancia
de lo que se había hecho por él.
Como vemos, la clave es el estatus de aquel contra quien se peca, y el hecho
de que todo pecado es contra Dios nos pone a todos en la categoría de los
deudores de 1O,OOO talentos – lo cual es el punto central de la parábola. En el
Valle de Visiones, uno de los puritanos oraba, “No permitas nunca que olvide
que lo atroz del pecado no radica tanto en la naturaleza del pecado cometido,
sino en la grandeza de la Persona contra quien pecamos”. El “tamaño” de
un pecado no se determina, al final de cuentas, por el pecado mismo, sino
por aquel contra quien se peca. El pecado es infinitamente malvado porque
rechaza a aquel que es infinitamente santo y bueno. Mientras más
reconozcamos la perfección de la santidad de Dios, más obvia nos parece
esta verdad.

P1Oo,rOnOuOetsatlreonstmosa.
tLriamconisocsiednecbieamdoeshvaebrenrorseecnibeidl obaenl
dpoerdeónlods edueundaodreusdae masiva (nuestro pecado contra un Dios
santo) establece la base y el punto de partida para el perdón hacia otros por
sus ofensas menores en comparación. Nunca seremos capaces de perdonar a
los demás si no entendemos la profundidad de nuestro pecado contra Dios y
las riquezas de su perdón hacia nosotros.
Así que al continuar identificándonos con Jeremy y Cindy, asumamos
nuestra deuda de 1O,OOO talentos. Todos necesitamos alguien que se ponga
entre
nhoabsolatrdoes nyuleasitrra
jnuesctaesdideaDdidoes.eTstoadmosanecrae,si“tAaml
qous eunoScaolvmaedtoiór. p2eCcaodrointios 5
alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos
la justicia de Dios”. Jesús pagó nuestra deuda y nos dio su estatus perfecto
delante de su Padre Santo.
Al comentar sobre esta parábola, el puritano Matthew Henry escribió, “si
esa es la medida del perdón que el discípulo ha recibido, entonces es
impensable cualquier limitación en el perdón que haga hacia su hermano”.
Por eso esta parábola termina con tal advertencia sombría. Dios no permitirá
que nos burlemos de su perdón santo.
Como estamos a punto de ver, fue la confrontación de Jeremy con el Dios
santo lo que lo llevó a confesar su adulterio a su esposa.

“Creo que Dios usó la naturaleza desenfrenada de mi pecado, por el cual no


podía culpar a nadie más, y sus efectos devastadores en Cindy, para hacerme
volver a estar en mis cabales y confesar mi necesidad de un salvador.
Abandoné toda mi confianza religiosa previa y me dejé caer en la gracia de
Dios. Aunque deseaba tanto el perdón de Cindy y restaurar nuestro
matrimonio, sabía que mi más grande necesidad era el perdón de Dios. Mi
confesión sincera ocurrió una noche solitaria. “Dios, aun si Cindy decide
buscar el divorcio (pues sabía que tenía todo el derecho para hacerlo, según
la
Biblia), sé que no tengo ningún derecho en este matrimonio. Todo lo que
siempre he merecido es tu ira. Por la sangre derramada por tu Hijo,
perdóname por mi adulterio en mi corazón y en la acción en contra de ti y de
ella. Acepto a Jesús y su obra, y cualquier disciplina que se requiera para
cambiar mi corazón”.
De allí de las cenizas de mi confesión surgió el primer amor genuino por
Dios que por primera vez experimenté. Deseaba ser el esposo y el padre que
Dios me había llamado para ser. Había demostrado que era tanto indigno de
estos títulos como incapaz de cumplirlos. Estaba por primera vez en mi vida,
enfrentando mi debilidad e insuficiencia para la tarea. Sabía que cualquier
fruto en mi vida tenía que ser la obra de Dios y que era un simple recipiente
de su gracia y dones. No podía borrar el dolor del pasado o infundir
esperanza para el futuro. No podía crear en nuestro hogar una paz que
sobrepase todo entendimiento. No podía cambiar el corazón de Cindy para
perdonarme o amarme. Sólo un Dios con el poder para salvar a un pecador
como yo podía restaurar un matrimonio tan dañado como el nuestro”.

El camino de regreso para Jeremy comenzó sobre sus rodillas al pie de la


cruz. Era un hombre quebrantado. Justo lo que necesitaba su matrimonio.

Ni Tnrbúh ns jcstcsc

¿Y qué pasó con Cindy? ¿Cómo le afectó el adulterio de Jeremy?


“Cuando me enteré del adulterio de mi esposo, nuestra vida acelerada
de
pronto se detuvo. Una oscuridad y soledad que nunca había experimentado
antes me inundaron. Toda experiencia y toda situación se manchaban con
una tristeza y oscuridad abrumadoras – casi como si alguien hubiera
muerto.
Clamaba a Dios desesperadamente por ayuda día y noche, pero el dolor era
tan inmenso. El temor al futuro, el dolor de la traición y daba vueltas por mi
mente constantemente la pregunta, “¿Por qué Dios permitió que pasara
esto?”. Mis emociones fluctuaban severamente entre sentimientos de gran
tristeza, enojo intenso, celos, temor, e inclusive urbanidad, que en
retrospección, creo que estaba enraizada en un deseo de no ver fracasar mi
matrimonio. Comencé a cuestionar el carácter de Dios, acusándolo de ser
duro, desleal y cruel, inclusive. Le daba rienda suelta a mis pensamientos en
arranques de enojo y brotes de llanto. Luego pasaba a una condenación
profunda y depresión. Aun mis sueños eran aterradores y me despertaban en
la noche. Con el tiempo, me alejé del asunto y pasaba mucho tiempo sola”.
Sé que hay algunos leyendo este libro para quienes las palabras de Cindy
parecen propias. Esta realidad fría y dura ha golpeado el hogar, ya sea por la
infidelidad de un cónyuge o algún tipo pecado profundamente doloroso.
Ahora te ves enfrentando una situación que quisieras que nomás
desapareciera, aunque sabes que esto no pasará. Te ves, por tanto,
enfrentando la decisión de perdonar o no a tu cónyuge. Es una decisión que
se complica por algo que todos los cristianos ya sabemos.
El perdón es costoso, y algunas veces cuesta más de lo que pensamos que
podemos dar.
Es como si el perdón fluyera entre nosotros a través de un tupo que tiene tres
válvulas. Las tres válvulas deben abrirse para que el perdón se mueva de una
persona a otra. La primera válvula, controlada por la persona que pecó, es el
arrepentimiento y la solicitud del perdón. Podemos ver cómo Jeremy
comenzó a abrir esa válvula. Vio que su pecado en primer lugar era contra
Dios, y renunció a declararse justo. Expresó su arrepentimiento – un
compromiso decidido de abandonar el pecado y andar en el camino de Dios
– por medio de aceptar todas las consecuencias de su pecado y desear
agradar a Dios sin importar el costo. Basado en su pesar por el pecado y su
resolución de concretar su arrepentimiento, con humildad solicitó el perdón
de Cindy sin demandar algo de ella. El verdadero perdón se logra mejor
cuando el ofensor abre su válvula primero.
Las otras dos válvulas son controladas por aquel contra quien se pecó, y
estas válvulas también pueden ser bastante difíciles de abrir.
La segunda válvula es la válvula de la misericordia. Libera a la persona que
pecó de la responsabilidad de sufrir el castigo por ese pecado. Para abrir esta
válvula, el ofendido debe hacer a un lado la tentación de decir como el
siervo que no perdonó, “Págame todo lo que me debes” Interrumpe el flujo
de amargura por medio de abrir el flujo del amor. Recuerden la respuesta de
Emma a la confesión de Gordon en el capítulo anterior. ¡Cuán fácil hubiera
sido para Emma abrir las compuertas de la acusación por los años de
crueldad. En vez de eso Emma “cubrió” años de pecado en su contra con
misericordia fortalecida por la gracia – una misericordia que ha marcado la
diferencia en su familia desde entonces.
Para abrir la tercera válvula se requiere la disposición de la víctima del
pecado de absorber el costo del pecado. Cuando el cónyuge hace algo en tu
contra recibes el dolor emocional. ¿Ese dolor terminará contigo o lo
devolverás? Has soportado un golpe a tu confianza por las cosas que ha
hecho ya por un tiempo. ¿Intentará tu corazón forzarlo a pagar lo que debe?
¿O seguirás las pisadas del maestro y demostrarás una disposición de
absorber el costo?
Una respuesta natural hacia el pecado de tu cónyuge es como la de Mateo
18:28 – págame lo que me debes y hazlo ahora. Nuestra reacción emocional
no siempre es una respuesta espiritual, aunque se “sienta bien”. Tememos
que los métodos de Dios no funcionan. La respuesta bíblica – la idea de
perdonar al cónyuge completa, directa y permanentemente y librarlo de su
responsabilidad de pagar por lo que hizo – puede verse como algo
extremadamente difícil y no del todo justo.
Al final, el resultado más común es un término medio indeciso – ni es un
arranque pecaminoso demandando compensación ni es la expresión piadosa
del perdón verdadero. Quizá sea una respuesta nada profunda como “Está
bien. No hay problema” que trata de simular que nada ocurrió. Quizá se
trata de la respuesta rápida “Por supuesto que te perdono” (mientras se
implica “siempre y cuando nunca haga algo como esto otras vez”). Por
supuesto, quizá nos rehusemos simplemente a perdonar, manteniendo el
pecado de nuestro cónyuge siempre presente como una orden de arresto
antigua que puede ser utilizada en cualquier momento – eso la Biblia lo
llama rencor.

Pluergooe, lapbesrodróbne velercdoasdtoerdoevese lppeeccaaddoopdoerleol tpr


odtaenr dmealao gcroamcioa easb,ulnodatnieten de y Dios. Tal perdón libera
al pecador; la cuenta del pecado es cerrada, cancelada retirada, tal y como
vemos en Mateo 18. Ken Sande dice:
El perdón puede ser una actividad costosa. Cuando cancelas una
deuda, no desaparece simplemente. En vez de eso, absorbes la
responsabilidad de pago que tiene otra persona. Similarmente, el
perdón requiere que absorbas ciertos efectos de los pecados de alguien
más y liberas a esa persona de su justo castigo. Esto es precisamente lo
que Cristo hizo en
el Calvario.
No hay algo en nosotros que nos lleve naturalmente a escoger el camino
del perdón total y bíblico. Sencillamente, es demasiado difícil, y además
está el desafío del hecho de que al conceder el perdón verdadero nunca
tenemos la garantía de que no repetirán esa ofensa en nuestra contra.
Entonces ¿Por qué
sqiuqeuCierriastocohnisziodeproar lnoo?sPotorroqsueneel
lpCeradlvóanr,ito.tYal ayqgurealtuqiutoe,heas spirdeocipsearmdoenatedoloes
capaz de perdonar a los demás. Los pecadores perdonados perdonan el
pecado.
Esta fue la verdad, al final de cuentas, que marcó la diferencia en la
respuesta de Cindy a la confesión de Jeremy. Esto quizá te sacuda, pero
Cindy tuvo que darle primero una mirada fresca a su pecado para poder
luego perdonar a Jeremy su pecado.

debía “pSeradboíanalor gqruaetuditcaemleanPteala


blaraludzedDeiloas garcaenrcma idserl ipceordóian d–eqCureisptodpíoarymí en
la cruz. No obstante, no podía ver mi propio pecado claramente, y eso fue
una piedra de tropiezo para otorgar el perdón a Jeremy. Fue un proceso que
me llevó tiempo, y parecía ser demasiado lento. A veces, no pensaba que lo
lograría. Muchas veces deseé rendirme y abandonar el matrimonio – Estaba
miope y quería detener el dolor del momento (el cual pensaba se aliviaría si
me iba) pero no estaba considerando cuidadosamente las consecuencias a
largo plazo. Sólo por la gracia de Dios, no tomé ese camino. A menudo caía
en amargura, luego me arrepentía y comenzaba de nuevo. Pero mientras más
escuchaba el evangelio predicado, más lo entendía y lo aplicaba a mí misma.
Con el tiempo, comencé a ver mi propia pecaminosidad y la gracia y
misericordia de Dios por mis pecados. Fue muy duro ver mi contribución
para el desplome del matrimonio. Quería enfocarme sólo en su parte y dejar
la culpa de ese lado, pero Dios abrió mis ojos y me ayudó a ver que aunque
fui víctima del pecado de mi esposo, no podía decir que era inocente en mi
matrimonio, y mucho menos ante un Dios santo. El evangelio me dio el
poder para perdonar a mi esposo. Cristo había muerto por nuestros pecados,
muriendo en nuestro lugar y tomando toda la copa completa de la ira de Dios
que merecíamos ambos por nuestros pecados. Por medio de la revelación de
esa verdad, fui humillada y desarmada – nos parecíamos más de lo que
diferíamos. Desde esa posición fluyó el perdón.
No siempre fluyó con facilidad esto en la práctica. Hubo días en los
que Dios irrumpía y revelaba el evangelio y a sí mismo de maneras
increíbles.
Experimentaba esperanza y gozo, y me sentía perdonadora. También hubo
ocasiones cuando no sentía nada, no obstante, Dios me enseñó a no basarme
en mis emociones sino en su gracia demostrada en la cruz. He llegado a
comprender, que este fue el cambio fundamental en mi carácter que Dios
deseaba hacer en mí – Centrar toda mi vida en el evangelio”.
Quizá fue una de las cosas más difíciles que Cindy haya hecho jamás.
Pero fue capaz de perdonar genuinamente a Jeremy cuando entendió que
todo pecado es en contra de Dios, y que el evangelio del perdón de Cristo
abarca tanto sus pecados como los de su cónyuge.

El Perdón deja ir lo antiguo para edificar lo nuevo

Como hemos visto, la Parábola de Jesús en Mateo 18 termina con una


advertencia sobria: Aquellos que no perdonen, no serán perdonados. Jesús
quería que Pedro viera su enfoque condicional hacia el perdón en nada se
parecía al perdón en el Reino que Cristo estaba trayendo al mundo. Y
nosotros, como Pedro, necesitamos ver que el perdón no es una práctica
exclusiva de un santo extraordinario. El perdón está en centro del evangelio
y por tanto debe ser una característica definitoria de todo creyente.
Hay una última cosa que necesitamos entender para practicar el perdón a
todo lo que da: Cómo alinear nuestra motivación para otorgar el perdón con
el propósito de Dios para el perdón.
La meta del asombroso y audaz perdón de Dios se hace evidente en el
contexto que Jesús establece para relatar la parábola del siervo que no
perdonó. Justo antes de la parábola, en Mateo 18:15-1P, Jesús habla de
cómo lidiar con el pecado sin arrepentimiento en la iglesia local. Terminó
esa
discusión afirmación de su reino: “Porque donde dos o tres se reúnen en mi
nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:2O). (En ese momento
fue
que Pedro preguntó cuántas veces se le requería perdonar a alguien).
Por lo tanto, el enfoque de Mateo 18:21-35, al igual que los siete versículos
previos, es cómo se deben relacionar los pecadores entre sí en el Reino de
Dios. La suposición subyacente es que aunque podemos suponer la presencia
del pecado “donde dos o tres se reúnen”, esto nunca implica división. Aquí,
la realidad de vivir después de la Caída se cruza con el perdón, proveyendo
esperanza aun para el matrimonio más afligido.
Como vemos, el perdón debe ejercitarse proviniendo de algo más que un
simple deseo de evitar la desaprobación de Dios o para alejar el dolor
emocional causado por los pecados en nuestra contra. El perdón fue idea de
Dios, Cristo lo modeló perfectamente y se nos ordena en la Escritura.
Habiéndonos perdonado, Dios no espera que permanezcamos siendo
mbuesrcaamr enl tpeeordcóionsobsíbpliecrodovneardaods erno,eql
uReeeinl opudebDloiodse. SDoiomsopsuleladma asedrous nao en verdad, y
que el matrimonio también sea único y extraordinario en unidad.
Recordemos que el evangelio ha creado algo asombroso – relaciones entre
pecadores donde el gobierno del Rey es experimentado y expresado. ¿Así
ves tu matrimonio? ¿Lo ves como dos pecadores experimentando y
expresando el señorío de Cristo en la relación humana más significativa que
ha creado?
Cuando los pecadores dicen “Sí acepto”, reconocen la presencia y señorío del
Hijo de Dios en el matrimonio.
¿Estás tambaleante por el pecado grave de tu cónyuge? Si él o ella se
acercara a confesar sincera y contritamente, ¿Estarías preparado para
perdonar?
Recuerda, los pecadores perdonados, perdonan el pecado. Permite que Cindy
te inspire con su experiencia.
“Con el paso del tiempo, Dios nos estaba cambiando. Pude ver cambios
genuinos en mi esposo, pero me mostraba muy reticente a confiar en él otra
vez. Pero gradualmente ocurrió la restauración. Comencé a anhelar estar con
él y eso se ha incrementado con los años – y continúa. Dios nos estaba
rceosntaeulrSaneñdor, ynoasl ismegpuaicrtlaoryondemleuituaarnmoesneten.
éPla, rneuceíastrhasbreerlaucniaonfueesnpterdsoengarlaecsia
interminable, y la esperanza se encendió de nuevo en mi corazón –
untamente con mucho gozo. Dios me ha llevado al punto en el que
puedo decir honestamente que amo a mi esposo con todo mi corazón y
deseo seguirlo a todos lados a donde siga a Dios –es un milagro de la
gracia.
Otra área que cambió realmente para mí fue mi perspectiva del carácter de
Dios. Comencé a verlo como bueno, fiel y amable. Creo que esto vino
básicamente por escuchar el evangelio predicado y saber de su perdón hacia
mí, pero también al verlo real en la vida de mi esposo, nuestra familia y en
otros a mi alrededor. Esto nos trajo gran esperanza y visión que sé que
contribuyeron para la restauración de nuestro matrimonio. Desde entonces
Dios ha continuado mostrándome su gran amor a través de la cruz. He
aprendido que no puedo agotar mi comprensión del evangelio, por lo que me
siento impulsada a continuar buscando diariamente avanzar en mi
entendimiento de su gracia para mí.
Estoy maravillada por el milagro silencioso que hemos experimentado – y
todo fue posible por su victoria sobre mi pecado en el Calvario. Me ha
mostrado que mi vida no se trata de mí, sino que se trata de él, y que esto es
bueno para mí. Sus caminos no son los míos, pero son buenos y dignos de
confianza. Y la riqueza del evangelio, la perla de gran precio, es mía en
Cristo – que será un fundamento firme para mí hasta que llegue al hogar”.

Si el perdón ha estado faltando en tu matrimonio, quizá Dios tenga un

milagro silencioso en reserva también para ti y tu cónyuge.


O como Jeremy en su fase temprana, puede ser que exista algún tipo de
culpabilidad o hábito de pecado en contra de tu cónyuge que no hayas
confesado ni te hayas arrepentido. Si es así, busca la gracia que Dios quiere
poner a tu disposición a través de lo que has estado leyendo aquí. Lo que
necesitas es la sabiduría para humillarte, descartar todas las explicaciones,
ustificaciones y defensas ante la mirada penetrante del Dios que todo lo
sabe.
¿Estás listo para responsabilizarte de tu pecado contra Dios y los demás por
medio de la confesión y el arrepentimiento? Escuchemos el caso de Jeremy
por última vez.
“El epílogo de nuestra historia se trata de la fidelidad de Dios hacia un
pecador infiel. La profundidad de mi pecado está en un contraste con la
inagotable gloria de la gracia de Dios. Por esta tragedia ahora sé de manera
especial que nadie está demasiado lejos de la gracia de Dios.
La restauración de mi matrimonio le llevo varios años a Dios. Aunque la
memoria de nuestros años oscuros nunca será borrada, existe una limpieza
extraordinaria del pasado. Cuando la Escritura dice que el Señor nos
restaurará los años que la langosta se comió, siento como si ese pasaje se
hubiera escrito por nosotros. Amo a Cindy más cada año y ella ha
demostrado un sinfín de veces su amor incondicional por mí. Sé que esto
sólo es posible por la sangre derramada de nuestro Salvador. Me ha dado
una usticia, que no es mía, la cual abruma todo mi pecado. Es como si
hubiéramos vivido dos matrimonios diferentes – y en la realidad así fue.
Me
gcoumstaertíiadoquaedumltuecrihoasy
choasbaesrlheucbaieursaandositdaontdoifdeorelonrteas.CDinedsye.oDjaemse
áos haabeerr podido decir a mis hijos que fui fiel a mi esposa desde el día
que nos casamos. Sin embargo, debido a mi pecado, estos son sólo deseos.
Al final de cuentas, mis deseos palidecen en comparación con el plan de
Dios. Es probable que nunca sepa en esta vida por qué Dios escogió usar mi
pecado para llevarnos al punto en donde estamos ahora. Sin embargo,
estamos ahora más allá de esas preguntas porque son eclipsadas por la gloria
del perdón y bendición de Dios. Por la gracia de Dios, ya no miramos hacia
atrás con pesar, sino hacia delante con expectación hacia lo que él nos ha
llamado.
Las memorias permanecen, no obstante, ya no influyen en nuestras vidas.
Cada año nuestro matrimonio es más dulce y más satisfactorio que el año
anterior. Al fijar nuestros ojos en el Salvador, él ha hecho algo más
abundantemente de lo que pedimos o pensamos. ¡Qué asombroso es eso!

El perdón y el arrepentimiento es la herramienta poderosa que repara el daño


hecho por el pecado a relaciones matrimoniales. Y donde se emplea el
pbeursdcóany, syesoetvoirvgea ehluamrrieldpeemnteimntiee,netxop, rheasya
tdreanusnfoa rmaanceióran.pErol fpuenrddaónlaqguleorsiea de
Dios. ¿Por qué? Porque el perdón está en el centro del evangelio – es la
verdadera demostración del amor de Dios por aquellos que merecían su ira.
Como dijo tan bien John Newton, “la inmutabilidad del amor del Señor y
las riquezas de su misericordia son ilustradas más por el perdón multiplicado
que
otorga a su pueblo, que si no necesitaran perdón para nada”.
Se nos ha perdonado la deuda más grande. Aprendamos a perdonar al deudor
con quien nos casamos. Es el camino hacia adelante para los pecadores que
dicen “Sí acepto”.
Preguntas de Repaso y Reflexión

1. ¿Qué puedes comentar de la frase: “Los pecadores perdonados


perdonan el pecado?

1. ¿Por qué decimos que el perdón presupone que Dios es Santo?

1. ¿Qué piensas de esta frase: “lo atroz del pecado no radica tanto en
la naturaleza del pecado cometido, sino en la grandeza de la
Persona contra quien pecamos”?
1. Según la enseñanza de Jesús, ¿Cuál es la clave para poder perdonar a
los demás?

1. ¿Cuáles son las tres “válvulas” que deben abrirse para que el perdón se
de con fluidez?
1. ¿Cómo te impacta la historia de Jeremy y Cindy?

1. ¿Cuál es el propósito del Perdón?


Capítulo Siete

El Cirujano, el Escalpelo y el Cónyuge en


Pecado
Cirugía espiritual para los pecadores

“Sucedió ya entrada la tarde…” Así comienza el relato en el segundo libro de


Samuel. Es la historia de la más despreciable serie de acciones – adulterio,
engaño y asesinato, que son más terribles porque fueron cometidos por el rey
más grande y honorable de toda la historia de Israel.
David, el hombre de acuerdo con el corazón de Dios (1 Samuel 13:14), tomó
riesgos extraordinarios primero en complacerse y luego en disimular su
adulterio con Betsabé. Al enterarse que estaba embarazada de él, David
mandó traer de la guerra a su marido en un esfuerzo para justificar
públicamente su embarazo. Cuando eso falló, David pervirtió al extremo su
autoridad al arreglar que el hombre cayera en la batalla. Para terminar de
armar el paquete, David convirtió en su esposa a la viuda Betsabé.

Pasó un año, el hijo de Betsabé era un infante y el juicio por el pecado de


David aun no era evidente. Quizá pensó que había escondido con éxito su
maldad, engañando casi a todos, inclusive hasta a Dios. Asunto resuelto –
caso cerrado. Escudado por las trampas del poder, podía sentirse seguro,
protegido y por encima de las leyes humanas gracias a su astucia, poder y
posición prominente.
Pero David y todo lo que atesoraba estaban rumbo a una colisión con
la usticia de Dios. Su viejo amigo, Natán, iba subiendo los escalones
del palacio. Y esta no era una visita social. Era una misión de rescate.
Natán estaba enfrente de un hombre a quien amaba pero que con trabajo
reconocía, un rey engañado y alejándose peligrosamente hacia la
destrucción. El profeta no tenía gozo por las palabras agudas que se
formaban en su mente. No tenía manera de predecir cómo respondería David
a su reproche.
Pero cuando alguien cercano a ti se aleja rápidamente de la verdad, el amor
dcaeumsanddea lqauveehrdaabdle. sD.
aAvligduensatsabvaecaeps uenl taomdoersdeer baempaonndeor deen
urineasgdoe laspaz por maneras más duras posibles. Y ni siquiera tuvo que
salir de la casa.
Natán le relató a David la historia de un hombre rico que había tomado la
única oveja de un hombre pobre para alimentar a sus invitados. Enfurecido
por esta injusticia, David anunció que tal hombre merecía morir. La famosa
y conocida reprimenda de Natán fue “Tú eres ese hombre”.

La Necesidad de un Natán

Hay dos dinámicas sorprendentes funcionando en este vistazo de la historia.


Primero, Dios busca a los pecadores. El amor de Dios es implacable. Aun
cuando estamos cegados por el pecado, se rehúsa a dejarnos ir. Dios buscó a
David con amor incansable.
Segundo, Dios usa a pecadores para buscar a los pecadores. Natán, como
David, fue un hombre propenso a las mismas tentaciones y fallas que David.
Pero Dios le había dado a Natán un ministerio en ese momento. Era un
pecador llamado a ayudar a otro pecador a reconciliarse con Dios.
El papel de Natán en la restauración de David presagiaba algo muy
importante del evangelio. Jesús, el Hijo de Dios, vendría más adelante a
confrontar nuestro pecado. A través de su sacrificio en la cruz, ha alejado
nuestro pecado y nos ha reconciliado con Dios (Romanos 5:1O). Pero
también, como hemos aprendido, aquellos que tienen un Salvador son
llamados a imitar a su Salvador. Hasta este punto hemos comenzado a
aprender a imitar a Cristo en la misericordia y perdón. Ahora
comenzaremos a aprender acerca de la confrontación y exhortación bíblica
con el propósito de encontrar la reconciliación.
Pablo dice en 2 Corintios 5 que se nos ha dado el ministerio de la
reconciliación. Es la reconciliación entre un pecador y Dios, y entre un
pecador y la víctima del pecado. Este es un ministerio no sólo para los
enemigos de Dios para su salvación, sino también para los hijos de Dios que
luitcehraalnmceonntee,lappeecladaot,reanvéssudcerencoismoiteronstoaylars
elpaecrisóonncaosnatiqnuuiaenceosn méli.nDisitorasm, os la reconciliación
(1 Corintios 5:17-21).
Adicionalmente, Santiago nos dice que debemos ser pacificadores por causa
de la justicia (Santiago 3:18). Es decir, debemos estar dispuestos a usar
nuestra relación para intervenir y ayudar a nuestros hermanos y hermanas a
caminar de una manera digna de su llamamiento. Charles Spurgeon lo dice
así: “Nuestro amor debe seguir la pauta del amor de Dios en un punto, a
saber, en siempre buscar intencionalmente la reconciliación. Dios envió a su
Hijo con este fin”.
¿Acaso no estás agradecido de que Natán tuvo el valor suficiente para
confrontar con la verdad a un rey capturado en las garras del pecado? Quizá
no socavaremos reinos con nuestro pecado, pero el efecto del pecado sin
arrepentimiento nos hace daño a nosotros mismos, a nuestras familias, a
nuestras relaciones, iglesias, negocios, ministerios y carreras de maneras, a
menudo, devastadoras. Con el tiempo, inclusive los “delitos morales
menores” y los pecados que nos parecen pequeños comparados con el de
David, pueden causar daño profundo. Todos necesitamos un Natán. Todos
n e c e s it a m o s a a l g u i e n qu e p u e a
al e j a m i e nt o p a u l a ti n o o te n ie n do
d is ce rn r cu a n o e st e m o s y e n do e n u n
u n a rá pi da c a ída l ib r e re s p e c to a D io s , y pueda
vernos a los ojos y decir, “Tú eres ese hombre”.
Es inevitable. Al estar navegando con un corazón pecaminoso por un mundo
caído, tú cónyuge, de cuando en cuando, experimentará una pauta de pecado
que extingue el gozo y mina el alma, revelando una corrosión peligrosa del
carácter o de nuestra relación con Dios. Quizá, igual que David, tu cónyuge
estará encerrado en la negación y hará todo lo posible por esconder la
verdad. Tal pecado no puede ni debe pasar inadvertido.
Mira a tu alrededor. ¿Quién puede hacer las veces de Natán para tu cónyuge?
¿Quién asumirá el ministerio de la reconciliación? Éste tiene que ser alguien
escogido por Dios, que esté lo suficientemente cerca para poder ver, y que
sea lo suficientemente humilde para estar más preocupado por la rectitud de
Dios que por la opinión de la gente. Sólo hay un candidato posible: Tú.
¿Qué harás en esos momentos en los que la verdad sea absolutamente
necesaria? ¿Qué harás cuando tu cónyuge necesite un Natán?

Más allá de la Introspección.

Para responder esto, regresemos a la discusión acerca de Mateo 7 que


iniciamos en el capítulo cuatro. Se trata otra vez de la viga y la astilla. Ya
hemos visto en el pasaje que cuando se trata de confrontar el primer paso es
la introspección y sospechar de uno mismo, sacando la viga de nuestro
propio ojo. Pero por supuesto, ese es sólo el comienzo.
“¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le
das importancia a la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu
hermano: "Déjame sacarte la astilla del ojo" , cuando ahí tienes una viga en
el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás
con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano” (Mateo 7:3-5).
Parece algo muy obvio ahora ¿Verdad? Este pasaje no se detiene con la
remoción de las vigas. Sacar la viga es un medio esencial para un fin mayor.
El pasaje de arriba nos da dos razones para comenzar con nuestras vigas.
Primero, cuando atendemos nuestro propio pecado podemos ver con más
claridad (v.5). Retirar mi pecado me provee la perspectiva y claridad que
viene con la humildad. Incrementa mi discernimiento y elimina muchos de
los escombros que obstruyen mi visión. En esta vida no seremos capaces de
tener una visión 2O/2O, pero sacar mi viga me permite ver a través de los
lentes de la compasión y cuidado en vez de tener los ojos cauterizados de
condenación a los demás y supuesta rectitud personal.
Segundo, un poco de trabajo con las vigas me prepara para la meta suprema
del Salvador. El ampliar mi perspectiva tiene un propósito: Ministrar a los
demás, en este caso, a mi cónyuge. La introspección por sí misma no puede
producir un matrimonio dulce, pero sólo la introspección puede proveer la
claridad de visión humilde que necesito para servir a mi cónyuge. Mis
easftiulelarzdoesl poojor rdeemmoivceór nlayuvgigea. , me ponen en la
posición para remover la

La Cora de la Lracia y la Qerdad

Mauricio no ha cometido asesinato ni adulterio. No se ha esforzado por


cubrir acciones oscuras. No obstante, Mauricio necesita un Natán.

Su compañía está recortando personal, su posición está “bajo revisión”, y


Mauricio está intranquilo. El futuro es incierto y los empleos en su campo
son escasos. En casa, su rostro revela su ansiedad. Las conversaciones
avivadas a la hora de la cena han sido reemplazadas por largos suspiros y
grandes silencios. Cuando su esposa le pregunta por qué, Mauricio sólo dice
que necesita espacio para pensar. Al igual que David, no se da cuenta de su
desliz espiritual. Pero Mauricio está resbalando gradual y continuamente
hacia un mundo de preocupación; un ejercicio cautivante y paralizante de
pensar cada posibilidad considerando todos los ángulos y resultados, como si
fuera lo mismo analizar las cosas que controlarlas.
Mauricio habla de la fe y de confiar en Dios, pero sus comentarios parecen
superficiales y esperados, una negación de la batalla verdadera en su interior.
Sus noches de insomnio cuentan la verdadera historia. Despierto y mirando
la oscuridad, la imaginación de Mauricio vuela lejos – Allí está,
desempleado, la casa embargada, su familia mendigando por las calles. Una
gota de sudor corre por su frente. Mauricio está acostado en la oscuridad,
como un hombre sin Dios.
Mauricio necesita la comprensión de una esposa amorosa que sea solidaria
con él en su prueba. Debe orar por él y animarlo en sus esfuerzos por guiar y
proveer para su familia. Pero también necesita algo más de ella. Necesita
que
sea su Natán Alguien que lo conozca y ame lo suficiente como para
cuidadosamente a la verdad respecto a su preocupación que muestra que no
está confiando en Dios. Alguien en el hogar que pueda confiar en las
promesas de Dios y hablar de ellas con amor convincente.

¿eVxiestrednacdiaqueen eusniantenressióantbe?íbLliocas pireócnaidcoar.


eSsoqmuoesdlilcaemna“dSoísaacesperto” tienen su misericordiosos y a
aplazar el juicio. Pero también somos llamados a desafiarnos unos a otros –
a corregirnos, exhortarnos y hablar la verdad con la persona que amamos
(Hebreos 3:12-13). Esto puede parecer una paradoja, inclusive una
contradicción aparente en nuestro llamado. Pero no lo es. Al contrario, Dios
nos ha puesto en nuestro matrimonio, en este tiempo, con esta persona para
que podamos comenzar una tarea extraordinaria de ministerio.
Podemos cumplir el llamado a la reconciliación – llevando a un creyente
que divaga de vuelta al Dios que salva. Podemos amar por medio de traer la
vhearcdeamdocsoenstgeramcina;isateprlioca,
ndoosólalogrcaucmiapalimtraovséesl dpeaphealbdlaer
Nlaavtáenr,dsaidn.oCuando representamos a nuestro Señor Jesucristo, que
vino y habitó entre nosotros, lleno de gracia y verdad (Juan 1:14).
¿Exactamente cómo hacemos esta obra de gracia y verdad?

El Cirujano y el Santo en pecado

Mathew Henry dijo en una ocasión, “Las tres cualidades de un buen


cirujano son un requisito para el que exhorta: debe tener vista de águila,
corazón de león y mano de dama; Es decir, debe estar dotado de sabiduría,
valor y mansedumbre”.
Este gran puritano nos dio esta metáfora maravillosa. La exhortación – el
medio por el cual un Natán alcanza el alma de alguien atrapado en el pecado
para traer el ministerio de la reconciliación – se parece mucho a una cirugía.
Ambas requieren cuidado, sabiduría y precisión, al igual que una mano
delicada y con determinación.

Por supuesto, cuando Mathew Henry escribió estas palabras hace


trescientos años, la única cosa que tenía en común la cirugía de entonces con
la de hoy es la meta de hacer que la gente mejorara por medio de arreglar
sus entrañas. No existían las técnicas de la microcirugía, no había
artroscopia, anestesia, esterilización, antibióticos ni teoría de los gérmenes.
Se trataba de
udnedaiscuanbtaon caruladotayrecaodmepl
lciuciaddaod.oNfoísoicbostcaonntet,oldoos lmo éqduiecopsodeíalna
terraaerpua rliatamnaessae de operación. Sabían que en verdad entendían tan
poco, sin embargo, estaban profundamente comprometidos a tratar de ayudar
y aprender todo lo que pudieran, para ayudar aún más.
Cuando hablamos de la cirugía del alma, somos muy parecidos a esos
cirujanos en los tiempos de los puritanos. Si apenas nos entendemos, ¿Cómo
entenderemos a alguien más? Lo único que sabemos es que ni siquiera
sabemos qué es lo que no sabemos. Las habilidades que poseemos nos
pelarpeacceinenttaensiinnaodehciuciaédraasmqousennaodsa.preguntamos si
sería menos traumático para
De todos modos, somos llamados a esta tarea quirúrgica especializada,
encargada por Dios para que ejercitemos todas nuestras habilidades, aunque
sean escasas, y confiar en él por el resultado. Los instrumentos esenciales en
este trabajo nunca han cambiado: Sabiduría, valor y mansedumbre.

Un Buen Cirujano muestra sabiduría


Aquí hay una lección breve, tomada de los Registros Quirúrgicos de Harvey,
acerca de cómo no traer la corrección.
Era un restaurante muy elegante – del tipo donde un hombre con esmoquin
te acompaña a tu mesa e inquiere amablemente acerca de tu agua
embotellada preferida. Había luz de velas, resguardo de abrigos (no por
medio de números
– recordaban tu nombre), obras de arte originales en las paredes, y música
clásica vagando en el espacio. Un vistazo al menú revelaba que pagaríamos
muchísimo por el ambiente (por lo menos los precios estaban escritos). Pero
eso no importaba. Todo era perfecto. Esta sería una noche memorable.
Y fue en realidad memorable. Sólo que no por la razón que esperaba.
Si pudiera escoger un “superpoder”, sería la habilidad de reabsorber
comentarios estúpidos al instante que salieran de mis labios. Lo hubiera
pqoude ihdaobuíasaersteasdaonroecsheervcaunadnodopalreaoeflremcoí ma
menitoesjpuostsoa. aElgsau naoscohbe sneorvraecsiuolntóe ser la adecuada.
Ni siquiera un poquito. Gracias a mí, lo único que experimentamos esa
noche fue un conflicto muy caro. Nada arruina una buena cena como una
mala discusión.
Un cirujano sabio escoge el momento adecuado. Pero una cirugía del alma y
un restaurante elegante no combinan bien. Por lo menos, no para kimm y yo.
Al escoger esa noche para comenzar un trabajo quirúrgico delicado, estaba
mostrando una ausencia marcada de sabiduría.
“La sabiduría es lo primero. ¡Adquiere sabiduría! Por sobre todas las cosas,
adquiere discernimiento” (Proverbios 4:7). Eso es suficientemente claro,
pero
¿Qué es la sabiduría? Como vimos en el capítulo cuatro, la sabiduría
comienza con el temor del Señor – viviendo prácticamente a la luz de la
gloria de Dios. O, como ha escrito J.I. Packer, “La sabiduría divina llega a
ser nuestra cuando somos humildes y fáciles de enseñar, cuando estamos
asombrados ante la santidad y soberanía de Dios, reconociendo nuestra
pequeñez, desconfiamos de nuestros propios pensamientos y estamos
dispuestos a que nuestra mente sea cambiada al derecho y al revés”.
La manera en la que Natán se dirigió a David es una muestra de sabiduría
bíblica. Natán escogió el momento indicado y luego fue al palacio a ver a su
viejo amigo, el rey. Escogió un método sabio, la historia de la oveja robada,
para lograr cuidadosamente que David se mirara a sí mismo. Y fue muy
claro en cuanto a la naturaleza del pecado y el culpable. En respuesta, David
pudo haber hecho la vida miserable para Natán, pero Natán se arriesgo de
cualquier manera. ¿Por qué? Porque Natán temía más a Dios que a David.
Natán fue un hombre sabio, preocupado por los intereses de Dios por sobre
todo lo demás.

Pcoamrapvaortlovedroses
tvéecrndiacdaesrqamuierúnrtgeiscaabsicorsuacliacloensfqrounetharayelqpueec
uadsaor,. aquí les
Los pacientes deben saber que necesitan ayuda

Imagina a un cirujano acercándose a extraños en una calle llena de gente


para ofrecer sus servicios, “Disculpe, Señora, ¿Habrá algo que pueda cortar
de usted hoy?” Es más probable que este enfoque atraiga a la policía que al
negocio. Todos sabemos que los buenos cirujanos no salen en busca de
pacientes. Ellos operan a aquellos que quieren y necesitan sus servicios.
Los matrimonios se amargan cuando los cónyuges se meten a cirugía
casualmente, sin cuidado y sin el consentimiento informado del paciente.
Pero el matrimonio se endulza cuando los cónyuges, reconociendo que cada
uno probablemente necesitará cirugía correctiva de cuando en cuando, se dan
permiso uno al otro para utilizar el escalpelo como se necesite.
Una manera excelente y humilde de demostrar tu disposición continua de
ponerte bajo del cuchillo bíblico es buscar la corrección regularmente. Esto
le comunica a tu cónyuge que si necesitas cirugía, quieres la cirugía. Mi
amigo Mark a menudo me pregunta si tengo pensamientos u observaciones
acerca de su carácter o su comportamiento. En este respecto, él es un
paciente modelo, y quiero importar su ejemplo a mi matrimonio. Es
importante para mí que Kimm sepa que quiero ser corregido y que no
meramente lo toleraré.
Cuando busco la corrección le comunico que ella puede operarme, porque sé
que necesito ayuda.

Nunca cortes ciegamente

Si alguien cercano a ti ha tenido cirugía recientemente, probablemente estés


consciente de los análisis médicos extensos que son hechos antes de que el
paciente esté cerca del quirófano. Se ejecutan baterías de pruebas, se tienen
consultas y se administran medicamentos preoperatorios. Los cínicos dirán
que todo esto es para evitar una demanda legal, pero allí hay sabiduría en
operación: mientras más preparación se tenga más probabilidades se tienen
de
un buen resultado Esto se aplica también a la cirugía de
Mientras más preparados estemos para hablar la verdad, más probable es que
la verdad sea escuchada y sea tomada en serio. La experiencia de la cena
elegante que deseaba gozar con Kimm se volvió una mala experiencia por
una simple razón. Corté ciegamente.
A continuación comparto algunas preguntas preoperatorios de diagnóstico
para ayudar a operar sabiamente cuando sea el momento de hacer una
exhortación quirúrgica.
¿He orado a Dios para que me de sabiduría y he reconocido mi
necesidad de ayuda al servir a mi cónyuge? Las oración no es sólo
una formalidad que cumplimos antes meter a nuestro cónyuge al
quirófano. Debe ser una expresión sincera de nuestra dependencia
en Dios. En la oración se nos recuerda de nuestras limitaciones

hqhauabirlúargpicearos –nopopdoedmemososopcoernavre,
npceerro anaolgpuoideenmdoesssuanpaerc;apdod. eSmóloos Dios
puede hacer eso (Juan 16:8). La oración pone el temor del Señor
en el proscenio de nuestras mentes, y éste es el principio de la
sabiduría. Si nos conectamos con Dios antes de ir hacia los
pecadores, resulta mucho más fácil regresarlos hacia él.
¿Mis observaciones están basadas en pautas de conducta o
meramente en un incidente aislado? Ten cuidado de no usar sólo
una ilustración – lo que llamo sola ilustrate – para señalar
alguna preocupación por el alma de tu cónyuge. Si tiendes a
apresurarte a
realizar una apendicetomía espiritual a la primera señal de un
pecado de la medida de un dolor de estómago, quizá signifique
que son pobres tus habilidades preoperatorias. ¿Cómo vas en orar
por tu cónyuge, en tu paciencia con tu cónyuge y en amar a tu
cónyuge?
¿Estoy satisfecho con atender un área de inquietud, aun cuando esté
conciente de la necesidad en varias? ¿No desearías que el cambio
fuera tan eficiente como un procedimiento quirúrgico? (Sí, la
analogía de la cirugía está lejos de ser perfecta). Sólo imagina:
hoy tienes enojo crónico, mañana es la operación, un par de días
en
observación durante la recuperación, y el enojo se acaba quizá con
una pequeña cicatriz como recuerdo. Pero la vida es diferente.
transformación se realiza en medio del ajetreo cotidiano. Los
niños aún necesitan ser alimentados y los recibos deben pagarse
mientras estamos luchando aun con nuestro quebrantamiento.
Puede ser muy difícil enfocarse en más de un área de crecimiento
a la v e z .
¿E s t o y c o m
U n bu e n ci ru ja n o e s tá a t en t o a
p r om et i do a h a c er c o rt e s n o m
e st o .
á s g r andes que lo absolutamente necesario? Cuando estamos
intentado regresar a un cónyuge al punto de la convicción piadosa
de su pecado, a menudo los abrumamos con un gran cantidad de
información o una letanía de ejemplos. Quizá pensemos que esta
es la manera más rápida de lograr la meta, pero a menudo la
fuerza de nuestra comunicación propulsa a nuestro cónyuge más
allá de la convicción de pecado hacia una infección séptica de
condenación.
Cuando se trata de cambiar, a menudo deseamos un remedio
rápido, pero Dios nos da una respuesta lenta y tardada- Para ser
sabio en la gracia es ver que una palabra bien pensada que se
aplica cuidadosamente es una buena medicina. Estás disecando un
alma. Se cauteloso. Corta suavemente.
¿Estoy preparado para ofrecer humildemente una observación en vez
de una suposición o conclusión? Tú y yo jamás tendremos un
entendimiento perfecto del corazón de nuestro cónyuge. Si
suponemos que sí lo tenemos, nos volveremos muy críticos, y el
juicio es algo que sólo le incumbe a Dios. En su misterio y
misericordia, Dios no nos revela un entendimiento definitivo
mutuo de nuestros corazones, inclusive dos personas que pueden
adivinarse mutuamente sus pensamientos. Entonces, la cirugía más
útil a menudo es exploratoria. Similarmente, con frecuencia las
exhortaciones más útiles vienen en forma de preguntas abiertas,
porque las preguntas pueden crear el diálogo que lleve a
observaciones más penetrantes.
¿Mi meta es promover la verdad de Dios o mis preferencias? En
cualquier punto de nuestro matrimonio, existen un número de
áreas en el cual quisiéramos ver cambios en nuestro cónyuge.
Pero un buen cirujano no operará sólo porque no le gusta algo del
paciente -“Oye, mientras estamos en el Apéndice, vamos
hagamos
una abdominoplastía”. Nuestra mejor exhortación ocurrirá si

nuestra meta es ayudar a nuestro cónyuge a escuchar la Palabra de


Dios, tomarla en serio, y al final, responder a ella. Nuestras
observaciones deben estar diseñadas para guiar hacia la verdad de
Dios, no a reemplazarla.

Un buen cirujano muestra valor

Como hemos visto, para confrontar a David, Natán tuvo que tener
sabiduría considerable. También requirió valor de su parte para ir hasta el
palacio y hablar la verdad. Confrontar a un rey que se había mostrado
perfectamente dispuesto a matar al hombre que podía descubrir su pecado,
fue un movimiento riesgoso para Natán – no podía estar seguro de qué tan
riesgoso era. Pero el bienestar de una nación estaba en el compromiso
valeroso de Natán cuando dijo, “Tú eres ese hombre”.
Al caminar en fe buscando agradar a Dios en todas las cosas, en verdad, la
sabiduría bíblica verdadera tendrá a menudo un lado valiente. Quizá parezca
que la vida sería más fácil si tomamos el camino para evitar ciertas verdades
incómodas o parpadear ante ciertos pecados selectos, pero siempre
cosecharemos lo que sembremos (Gálatas 7:7-P). Si sembramos honestidad
amorosa e interés valeroso, cosecharemos crecimiento en la piedad. Si
evitamos la confrontación, recibiremos confrontación de todas maneras,

porersqeurevaecl ipóencdadeolaqpuaezn, ocosseeacthieanmdoeselsa


pgeuceardrao. sin restricción. Al intentar la
El cirujano espiritual también necesita un segundo tipo de valor. Si el primer
tipo es la osadía necesitada para comenzar la cirugía – usar el escalpelo por
la piel esterilizada para abrir la primera incisión – el segundo tipo de valor
te mantiene trabajando hasta el final y luego también te mantiene interesado
y conectado durante el período de recuperación. Este es el valor que se
compromete a permanecer involucrado en el ministerio personal aun mucho
después de haber comenzado a hablar.
A menudo, las parejas pueden tratar la confrontación como si fuera una
granada de mano – retira el seguro, tírala y corre por resguardo. Pero la

exhortación bíblica no es un tipo de ataque sorpresa. Es una cirugía del alma


cuidadosa y comprometida. Un buen cirujano está comprometido no sólo a
la operación, sino al cuidado postoperatorio también. ¿Por qué se requiere
valor? Porque el propósito de Dios para la exhortación no es lograr un
mpiadtroimsao.
nYioesl ianrrleíopse,nstiinmoiei nstopiyraerleclaamrrbeipoe,nstiimpielenmto
eqnutee lllleevvaanatileamvpidoa. Cuando los pecadores decimos “Sí
acepto”, debemos comprometernos al proceso completo de ayudarnos
mutuamente a crecer en la piedad de por vida.

Los cirujanos valientes te animan a arrepentirte

En 1517, Martín Lutero clavó en una puerta de la iglesia en Wittenberg,


Alemania, lo que creía que eran verdades obvias de la Escritura que estaban
siendo descuidadas. Cuando la iglesia establecida de aquel entonces no
coincidió con Lutero en el contenido de sus declaraciones, se destapó una
pequeña controversia, generalmente mencionada como la Reforma
Protestante. Estas verdades de la Escritura – estas tesis, como les llamó
Lutero – fueron noventa y cinco. ¿Cuál fue la más importante? “Cuando
nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: “Arrepiéntanse” [Mateo 4:17],
quería que la vida entera del creyente sea una de arrepentimiento”. Lutero
estaba confrontando un sistema ceremonial y bastante cruel de liberación de
cauplrpoapiraedliagdioescau. aPlaqruaieLrupt ercoa,dcoornaolcaieonbdroa
lraedPeanltaobrraa ddee CDriiostso, leanrelaspCureusztasería dar la espalda al
pecado y a uno mismo, para dirigirse hacia el Salvador de nuestras almas –
una vida de arrepentimiento. Aunque la iglesia protestante creció
primariamente por la recuperación de la doctrina de la justificación sólo por
la fe, aun incluía este entendimiento esencial de cómo cambia la gente.
Para cuidar verdaderamente a tu cónyuge en el momento de la
confrontación, tus palabras y modo de hablar deben estar diseñados para
animarlo a que se
a r r e p i e n t a . L a p a l a b ra a m e n u d o e s
c o n s i d e r e s i m á g e n e s d e tu c ó n y u g e
m a l e n te n di d a , p o r e s o a n t e s d e q u e
ve s t id o e n p o l v o y c e ni z a , s e a m o s claros
acerca de lo que Dios está buscando.
El arrepentimiento no se trata de estar fascinado de forma morbosa con uno
mismo, preocupado por analizar cada matiz de nuestra personalidad, palabras
yarfraelpleans.tiCmoimenotoapnroesneditmraotas de lneojseomtrpolso, dale
fJienraelmdye ceuneenltacsa.pSíteultoraatantdeerioDri,oesl. Es llegar a estar
tan conscientes de Dios, de su carácter y de sus obras que activamente
buscamos apartarnos del pecado y perseguir la justicia. Parte de las buenas
noticias del evangelio (como veremos en el próximo capítulo) es que la
gracia no terminó en la cruz. Fluye de la cruz con fuerza quirúrgica
invasiva e interminable para asegurarse que cambiemos, que nuestra vidas y
matrimonios agraden a Dios, y que lleguemos al hogar celestial al final
(Judas 1:24).

Eunn peal paerrl ecpreunctiiaml


qieunetoescpoelraaboqruaemcousmcpolnamDoios syennossudoablraagmraacr
iaavpilalorasah,ajcuegralon.do En verdad, siempre somos invitados por Dios
para ocuparnos de nuestras salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12),
a hacer morir lo terrenal en nosotros (Colosenses 3:5), a andar por el Espíritu
(Gálatas 5:16), y a renunciar a las impiedad y las pasiones mundanas” (Tito
2:12). El arrepentimiento no es simplemente desear el cambio. Es hacer
cambios.
No deseo que mi cónyuge se convenza por mi dedicación sincera, como si
mis buenas intenciones pudieran conferir el poder para cambiar. Lo que
qpuecieardooe. sNqouqeueilersoerqquueemaims
oparleagbrreasse haaDgaionssentairrraepmeinctiómniyeungteo,csoimeso
qquuee hlea “pillé” en pecado, porque no deseo crear una tentación de estar
más preocupado por componer un problema que por encontrar a Dios. La
confrontación no es un evento del tipo “¡Te pillé!”.
Lo que quiero es que mi cónyuge tenga un encuentro con el Espíritu Santo,
enviado a convencer al mundo de pecado (Juan 16:8), y así experimentar la
obra purificadora e inspiradora de fe que produce la tristeza piadosa por el
pecado. Esto es lo que vemos en David cuando comenzó a hacer mella la
g r a v e d a d d e s u p e c a d o . “ ¡H
P a b l o d e sc r ib e e s t a t ri s te z a
e p e c a d o c n t ra e l S e ñ o r!” (2 Samuel 12:13).
p i a d o s a a lo s C o ri n ti o s :
“Si bien los entristecí con mi carta, no me pesa. Es verdad que antes
me pesó, porque me di cuenta de que por un tiempo mi carta los había
entristecido. Sin embargo, ahora me alegro, no porque se hayan entristecido
sino porque su tristeza los llevó al arrepentimiento. Ustedes se entristecieron
tpaelrcjuodmicoaDdoi.osLalotrqiustiezrea, qdueemporodvoieqnuee dneosDoit
oros spdroednuicneguelnarmreapneenrtaimloiesnhteomqouse lleva a la
salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del
mundo produce la muerte”. (2 Corintios 7:8-1O).
De acuerdo con Pablo, simples sentimientos de tristeza no
necesariamente son convicción de pecado. Podemos estar tristes por muchas
razones, incluyendo razones egoístas. Podemos estar tristes por las malas
consecuencias de nuestros pecados, tristes porque nos pillaron, tristes por
perder el respeto de alguien. Este tipo de tristeza del mundo no puede
atender
la verdadera ofensa del pecado, y no puede iniciar el cambio en nosotros.
Sólo la tristeza piadosa da a luz el arrepentimiento. Y sólo el arrepentimiento
da testimonio del efecto quirúrgico de la verdad de Dios aplicada a nuestros
corazones pecaminosos.

Un Buen Cirujano muestra mansedumbre

La mansedumbre es una gran palabra del evangelio. Jesús dijo,


“(MBiaetneaov5e:n5t)u.rPadabolsolodsijmo qanuseodse,
bpeomrqousevelslotisrnteons dreánmlantsiedrruampboreh(eCreodloasde”nses
3:2). Y Santiago nos insta: “Por esto, despójense de toda inmundicia y de la
maldad que tanto abunda, para que puedan recibir con humildad la palabra
sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles la vida” (Santiago
1:21).
La mansedumbre no tiene nada que ver con ser débil o pasivo. La
mansedumbre es poder arreado por el amor. Es una expresión de humildad
que no se encrespará o defenderá cuando se cuestionen sus motivos. De
hqeucehdoe,buenauptoeresvoanluaamrsaen. sEasste fpreurtcoadtaeldEe

sqpuíeritpuunedoes ateynuedramaoctoivnotrsoelagronísutaestyro
enojo, restringir nuestra lengua y mantener nuestra paz. A.W. Tozer dijo,
“El hombre manso…habrá obtenido un lugar de reposo del alma. Al andar
en mansedumbre se sentirá feliz de permitir que Dios lo defienda. La vieja
lucha por defenderse habrá terminado. Habrá encontrado la paz que trae la
mansedumbre”.
En el matrimonio, el ser manso no significa ser débil o vulnerable, sino es
estar tan comprometido con tu cónyuge que te sacrificas por su bien. Una
persona mansa puede ver la futilidad que hay en responder al pecado con
más pecado.
Tú conoces la situación. Tu cónyuge dice algo, con intención o no, y es
como un “gancho al hígado” para el alma. Te sientes atacado, rechazado,
avergonzado. Inmediatamente se gesta en tu mente una estrategia de

coarngtararattuaqbuoec,auynajaqlaureeslegeaqtiulliop.aQreuailerDesíalaDnze
anr suuniamrpoancdtao daebriduemaasdor. Quieres devastadoras que diezmen
los argumentos de tu cónyuge como un ataque aéreo bien dirigido. Quieres
desatar un golpe verbal que haga retroceder y recuperar cada centímetro de
terreno perdido y obtener pagos por cada punzada de orgullo herido. Quieres
dejar la mansedumbre en una caja en la base e irte a la guerra.
En el capítulo seis, hablamos de cómo el perdón, de buena gana, absorbe el
costo del pecado sin buscar represalias o pago. ¿Qué es lo que fortalece tal
tipo de respuesta celestial? La mansedumbre.
La persona mansa también entiende algunos principios bíblicos de
comunicación y los aplica al matrimonio.
1. Estar siendo fastidiado no es una invitación a hablar. “El necio
muestra en seguida su enojo, pero el prudente pasa por alto
el insulto” (Proverbios 12:16)
2. Una respuesta suave tiene más poder que una lengua airada.
“La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa
leña al

3. Lasfupeaglaob”r(aPs raomvearbblieossp1r5o:m1)ueven la vida, ya sea


en la conversación o
en el conflicto. “la lengua apacible es árbol de vida” (Proverbios
15:4).

Finalmente, toda la mansedumbre tiene una meta en común. La


persona mansa no sólo quiere reflejar la mansedumbre de Cristo (2 Corintios
1O:1), sino también conectar al cónyuge de nuevo con Cristo.
¿Cuál es mi propósito, mi motivación, al señalar el pecado de mi
cónyuge? A menudo estas motivaciones son menos notorias. Deseos tales
como liberarse de la ansiedad, asegurar concesiones, alejarse de los temores,
castigar al que nos lastimó, pueden llevarnos a hablar demasiado rápido y
por las razones incorrectas. ¡Créanme, yo lo sé! Pero la meta de una
conversación
qnuiersútrga iaclamnaogesmseimlapylecmoennetcetasruloav( inotse.rés por
aiz),aar l afisncaol sdaes.cSuei notams,ocsotnraDr
Hace años, Kimm y yo vimos una pauta de conflicto emergiendo por la
manera en la que le hablaba cuando intentaba hacer una cirugía espiritual.
Consideraba que mi tarea era persuadirla en vez de conectarla de nuevo con
Dios. Sentía que mi meta era lograr una respuesta en vez de simplemente
compartir mis pensamientos y encomendarla a Dios. Realmente, estaba
usando mi posición, su confianza y mis habilidades retóricas con razones
egoístas. La mansedumbre estaba ausente.
El pecado de tu cónyuge no se trata de ti en primer lugar. Puede ser
que te afecte, pero la cosa más importante es que revela la relación de tu
cónyuge con Dios. Una respuesta mansa busca ayudar al otro a reconocer
que la esperanza suprema del cambio radica en una respuesta hacia Dios, no
en una capitulación con el cónyuge. Por eso, el estado final de cualquier
corrección debe ser animar a nuestro cónyuge a ir a Dios y encomendarlo a
Dios.
La gente que amamos necesita saber que tenemos más confianza en la
habilidad de Dios para intervenir que en la habilidad del pecado para
engañar.
Dnuieostrqauieexrheohratacceirósne menuotruma enoens dneujesmtroás
mcoantrsicmieonnteiossd–e tlanagctriavnideadqude Dios
que de los efectos del pecado. Mi amigo, C.J. Mahaney, le llama a esto las

evidencias de la gracia. “Esto implica ver activamente las maneras en las que
Dios está obrando en las vidas de los demás”.
La gracia es un agente sanador esencial en el quirófano de nuestro
peucnatodoe.sPtaronviemepuonratarnatzeóqnupeavr amteonsera
ersepservanarzauny ceal ppíotudleor epnatrearocaemnbeilalro.. EPsetreo
antes de terminar este capítulo, considera esto: Un buen cirujano lleva
consigo la cruz al quirófano. Es lo primero y lo último que ocupa en la
cirugía. Ella abre y cierra al paciente. La cirugía tiene éxito sólo cuando la
gente va más allá de sus problemas y recurre al Gran Médico.

Natán y David de nuevo

Hemos estado aprendiendo que la exhortación, como la cirugía, es difícil de


entender y aun más difícil de realizar. Y si se hace sin sabiduría, valor ni
mansedumbre, el remedio puede resultar peor que el problema. Pero como
un esposo que ha exhortado y ha sido exhortado les puedo decir esto: Pocas
cosas han sido más fructíferas para mi matrimonio que las fieles heridas de
mis amigos, especialmente de mi mejor amiga, Kimm. Terminemos este
capítulo considerando el impacto final de las fieles heridas de Natán, el
amigo de David, en su rey.
La exhortación de Natán no detuvo la disciplina de Dios sobre David, pero sí
lo preparó para ella. Y los pensamientos personales de David sobre este
evento han sido preservados por Dios para nuestro ánimo en las palabras del
Salmo 51. Aquí vemos a un hombre experimentando la claridad humilde de
la convicción de pecado y el arrepentimiento, una obra de Dios causada a
través de la exhortación fiel de un amigo.
Porque yo reconozco mis rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí.
Contra ti, contra ti solo he pecado,
Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
Para que seas reconocido justo en tu palabra,

Y tenido por puro en tu juicio.


He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,
Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
Esconde tu rostro de mis pecados,
Y borra todas mis maldades.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de delante de ti,
Y no quites de mí tu santo Espíritu.
Vuélveme el gozo de tu salvación,
Y espíritu noble me sustente.

A través de la historia, los varones y mujeres de Dios han recurrido a la


confesión de David para encontrar la fe que necesitan para abrazar la
disciplina de Dios. Pero ¿Qué pasó con el resto de la historia? ¿Qué pasó con
David y Natán? ¿Dañó su relación esta exhortación? ¿Menoscabó la
confianza? ¿A dónde llevó este encuentro soberano su amistad?
Al final de la vida de David, cuando inclusive sus hijos estaban contra él, un
varón estuvo hombro a hombro con él a través de todo esto. Natán, su
amigo, el cirujano de su alma estuvo allí – sabio, valiente, manso, fiel a la
verdad y fiel a su amigo hasta el final.
Su amistad fue forjada al calor de la corrección sincera. Mientras más años
cumplo más atesoro el amor de mi esposa parecido al de Natán, que me
envía a mi Gran Médico, lleno de gracia y verdad en mi tiempo de
necesidad.
Espero que puedas dar amplia bienvenida al Natán que el Gran Médico ha
colocado en tu vida, a través del regalo del matrimonio.

Preguntas de Repaso y Reflexión


1. ¿Qué dos dinámicas sorprendentes podemos encontrar funcionando en la
historia de David y Natán?

1. ¿Qué has hecho cuando tu cónyuge ha necesitado un “Natán”?

1. ¿Qué dos razones nos da Mateo 7:3-5 para comenzar sacando nuestras
vigas?

1. ¿Cuáles son las tres cualidades de un buen “Natán” o “Cirujano


Espiritual”?

1. ¿Cuáles son algunas preguntas que te pueden ayudar a actuar


sabiduría cuando debas hacer una cirugía espiritual?

1. ¿Qué papel juega el arrepentimiento en tu matrimonio?

1. ¿Qué principios de comunicación bíblica aplica la persona mansa?

Capítulo Ocho

Gracia Obstinada
Poder Persistente para correr juntos

Tengo una mentalidad demasiado masculina como para disfrutar a Jane


Austen. Ahora bien, me doy cuenta que las mujeres usualmente entienden
eso como “No soy suficientemente inteligente como para entender a Jane
Austen”, y supongo que eso tiene algo de verdad. Pero aunque los hombres
como yo no la entiendan, tengo que respetar a cualquier autor que puede en
verdad capturar la atención de una audiencia sin mencionar una sola granada.
Aunque sea sólo una. Pero de todas maneras, mi mentalidad es demasiado
masculina como para disfrutar a Jane Austen.
Con su buen sentido de humor divino, Dios me ha dado una esposa y dos
hijas a quienes les encanta todo lo que haya escrito Austen. Quizá hay algo
que no estoy considerando, pero me parece que la trama siempre es la
misma. La única diferencia que puedo notar es el nombre de la mansión.

Spei rnmuíntceamheaashloerídraortuenuannpoovceolatioemunpaop.
eElsíctauleas alda atpratamdaa. dCeoJmeaiennAzaucstoenn,una mujer soltera
ansiosa en Inglaterra a finales del siglo dieciocho cuya madre es mucho más
nerviosa que ella. Se incluye también un hombre despistado, usualmente rico
e inexplicablemente soltero aun, que no sabe que necesita una mujer soltera
temperamental para normalizarlo. Agrégale algunos personajes excéntricos,
ropa extravagante, un baile formal, y mucho del campo húmedo Inglés.
Finaliza con una delirante boda feliz, dejando la impresión que la pareja
nunca experimentó otra cosa que felicidad marital armoniosa. Eso más o
menos lo resume.
¿Por qué no pasa nada en las novelas de Jane Austen después de la boda?
¿Por qué no hay una continuación de la historia? Aquí sugiero algunas
historias después de la boda que me gustaría ver en las novelas de Austen:
Sensatez y Sentimientos, Episodio II – Extraño a mi Mamá

Orgullo y Prejuicio - Continuación: Los compañeros de cacería de Darcy se


mudan a la ciudad.
Emma Regresa: La casamentera contraataca

Lo sé…no es probable. Por eso prefiero las películas de hombres. Terminan


en el punto justo – normalmente cuando alguien muere. Una película del
Oeste nunca termina antes de que los dos personajes principales se enfrente
en un duelo en la calle con las pistolas brillando. Las películas de guerra no
terminan mientras está el bombardeo. Y las películas de deportes no
terminan sino hasta que ves el resultado del partido final. Pero en el mundo
de Jane Austen, las historias terminan en el altar, justo cuando la realidad
está a punto de tocar a la puerta. No lo entiendo.
De hecho, no lo entiendo. Estas son películas de romance. Se tratan de cómo
el vertiginoso tornado del amor romántico puede levantarte en su embudo

girador y depositarte a la puerta de la capilla todo mareado y vestido


bellamente. A dónde se dirige el torbellino a partir de allí, nadie parece
saberlo. ¿Existe la vida después de que dicen “Sí acepto”? Es difícil de decir,
puesto que raras veces vemos una película romántica de personas casadas.
Ahora, sería algo normal en un libro acerca del matrimonio partir de esta
ilustración hacia un discurso sobre cómo mantener vivo el romance en el
matrimonio. Y esa es una meta digna, en verdad. Pero tengo en mente un
propósito diferente. Quiero considerar una palabra que puede inspirar fe y
esperanza cuando los pecadores dicen “Sí acepto”. La palabra es gracia.
La gracia puede ser vista, equivocadamente, como jugando un papel similar
al romance en las novelas de Jane Austen. La gracia nos lleva hasta el altar
con Dios. Es una fuerza misteriosa y poderosa que nos saca de nuestro
amiseldaimo ideentCorpisetcoa. mPeinrosyoayqnuoesladegpraocsiataneons
uhnaasraelvlaacdioó,nadlluíltceermcoinaDlaiohsipstoorria.

A veces escuchas esto en los testimonios de salvación. Se presenta gran


detalle de los pecados cometidos cuando se era incrédulo. Esto es seguido
por la intervención milagrosa de Dios, gran gozo en el nuevo nacimiento, y
luego vienen los créditos de la película. La gracia logra la tarea sorprendente
e imposible de llevarnos a salvo hasta el altar de la conversión, pero luego se
aleja para salvar a alguien más, y luego nos deja para que nos las arreglemos
como sea. ¿Así es como suceden las cosas en realidad?

Gracia Persistente para Correr la Carrera

Un gran teólogo de nuestro tiempo, J. I. Packer, ha observa que “ninguna


necesidad en la cristiandad es más urgente que la necesidad de una
consciencia renovada de lo que realmente es la gracia de Dios”. Concuerdo
rotundamente. Los cristianos que cultivan un aprecio por la gracia de Dios, y
que buscan aplicar esa gracia a cada área de sus vidas, los posiciona para

conocucerduonqguoezloa ypreoffeucntidvidad yquaemspólliotuDd idoes


lpaugerdaecicaodneceDdieors. Tesamtabniépnoco
entendida entre los cristianos que la palabra “urgente” no es lo

suficientemente fuerte. Para los cristianos casados, ningún área de aplicación


podría ser más urgente que nuestros matrimonios.
Nuestra tentación es creer que la manera de tener un buen matrimonio
cfuriesrttieamnoenetset,eanrerer plaenetnirsseeñmanázsa,
cyosrernectitra,dliafearecncitóe.nPcoorrrseucptau,estrtaobqaujae estos son
elementos cruciales, pero no son la gracia. Para ti y para mí no hay
necesidad más urgente que profundizar la consciencia de lo que significa la
gracia de Dios cuando los pecadores dicen “Sí acepto” En tito 2:11-14, Pablo
nos lleva más allá de nuestra tendencia, a la usanza de Austen, a dejar la
gracia en el altar.
v.11 En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia,
la cual trae salvación
v.12 y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas.
Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio,
v.13 mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la
gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.
v.14 Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad
y purificar para sí un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien.
Estos versículos traen buenas noticias. Hay algo después de la gracia que
salva y justifica. La gracia que justifica (que nos declara santos delante de
Dios) se convierte en la gracia que santifica (haciéndonos más santos en la
vida diaria). Es una gracia predominante e imparable que no se acaba el día
después que se hace de la oración del pecador. Es el poder de Dios para
ayudarnos a vencer el pecado, y un arma potente en las luchas feroces que
acompañan la vida después de la luna de miel de la conversión. La
conversión, como una boda, no es el final de la historia – sencillamente es
el inicio.
En estos versículos, Pablo nos muestra cómo la gracia salvadora se vuelve
gracia santificadora. Consideremos el pasaje, mirando con detenimiento, para
poder obtener, como dijo Packer, “una consciencia renovada de lo que

realmente es la gracia de Dios”.


En el versículo 11, vemos que la gracia comienza con nuestro Salvador –
la encarnación de la gracia – quien apareció y trajo la salvación para los
penecrdairdnoasc,iórencyonlacimliaacginóinfipceanracilaosde nseumpirgoopsic
dieacDióionsh. aEnl hmeiclhagoruondaerseualidad la salvación. Este es el
fundamento y la fuente de la gracia. La gracia apareció en Cristo.
Sólo para clarificar, la gracia salvadora y la gracia santificadora son la
misma gracia. Los nombres diferentes sólo indican el enfoque de la actividad
de la gracia, no que esté funcionando un tipo diferente de gracia. De hecho,
cuando lleguemos al día final, veremos claramente que la vida en esta tierra
fue toda por gracia, la misma gracia de Dios en y a través de Cristo, gracia
sobre
glaragcriaac,idaesapnritnifcicipaidooarafinno(ezsaucanraíansu4e:v7a;
gArpacoicaa,loipusins c2a2m:2b1i)o. eDnelaesgtaramciaan. eErsa,la gracia
– la misma que no salva – aplicada al nuevo corazón de un hijo de Dios,
un corazón cambiado por la gracia salvadora.
La gracia santificadora son buenas noticias. Son las noticias de que Dios da
gracia persistente para correr la carrera. Es útil ver la gracia de esta manera
porque mantiene el balance cuidadoso al que Pablo se refiere. Pablo no está
diciendo que la gracia produce el cambio en nosotros en contra de nuestra
voluntad. Ni está describiendo a la gracia como una barra de energía, un
m pu j ó n o p or t u o c u a n d o e st a m o s u n p o c
e stá o b r an d o c o ns ta n t e m e n te e n n o s o tr o s, g
o b a j o s en e l ta n q ue . N o . L a g r a cia
r a d u a lm en t e y e n in c r em e nt o s , para que
podamos con paciencia y diligencia correr la carrera puesta delante de
nosotros. Y una parte importante de la carrera que correremos es nuestro
matrimonio.
Piensa en las áreas en las que sabes que necesitas crecer – esa reacción
crítica, esos chantajes y ese enojo o descontento añejado. Dios promete
gracia persistente para ayudarte a alejarte del pecado y terminar bien. “El
pecado humano es obstinado”, dice Cornelius Plantinga, “pero no tan
obstinado
como la gracia de Dios y ni siquiera la mitad de persistente o la mitad de
dispuesto a sufrir con tal de vencer” La gracia obstinada
incansable es la que nos transforma. ¡Esas son buenas noticias en verdad!

La Gracia: El poder de renunciar a lo viejo


En el versículo 12, descubrimos que la gracia de Dios viene con un
propósito que va más allá de la salvación. Viene y “nos enseña a rechazar la
impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con
justicia, piedad y dominio propio”. La gracia de Dios no apareció
simplemente; trajo consigo una descripción de trabajo. Para los cristianos, la
gracia está aquí para enseñarnos cómo vivir nuestras vidas únicas,
individuales y momento a momento.
La palabra que se traduce como “enseñar” significa mucho más que
transmitir conocimiento de una persona a otra. Y es más que una lección por
aquí y otra por allá, sin algo en medio. La gracia es algo fijo en la vida de
cada cristiano, una fuerza divina constantemente en servicio. La gracia es el
maestro/entrenador que insiste que corramos hacia Dios.
Cuando estaba en las ligas menores, nuestro entrenador poseía el raro don de
sacar lo mejor de cada niño. Esto era un desafío real considerando los niños
con quien trabajaba. El entrenador Hayes era un trabajador siderúrgico
brusco y sin afeitar cuyas dos pasiones gemelas, los niños y el béisbol,
convergían
dcoms vpecnessacpioórns. emana durante el verano – más veces si había
juegos de
El entrenador Hayes tenía el don. El conseguía sacarle la excelencia a un
flaco jardinero central que tenía un guante de béisbol porque su mamá
quería que tomara aire fresco. Y él enseñaba y entrenaba con la expectativa
completa de que aplicarías lo que decía. Como resultado, le entregaban
gentuza y los convertía en un equipo campeón. No es que le dieran
jugadores excepcionales, sino que su entrenamiento era excelente. No es que
éramos grandes estudiantes, sino que él era un gran maestro.

John Stott dice, “Ahora Pablo personifica la gracia de Dios. La gracia, la


salvadora se convierte en la gracia, la maestra”. Tito 2:12 nos recuerda que el

crecimiento espiritual es inevitable, no porque seamos grandes estudiantes,


sino porque la gracia es una maestra excepcional. Así es como obra la
gracia. Es el entrenador que no tira la toalla, es la maestra que no claudica.
La gracia es persistente en habilitarnos para correr la carrera”.
Entonces ¿Cuál es nuestro primer ejercicio de entrenamiento? La gracia nos
entrena para “rechazar”. Eso significa negar, rehusar o repeler. Hay dos
blancos en la mira de la gracia: la impiedad y las pasiones mundanas. Aquí
Dios nos recuerda que el más grande desafío de nuestro matrimonio es que
tendemos a vivir más de acuerdo con el viejo hombre (o mujer) que fuimos
alguna vez, que con el nuevo hombre o mujer que somos en Cristo. Pero no
teman: ¡Dios ha provisto algo para que cambiemos! La gracia nos toma allí
donde estamos y nos lleva a donde Dios quiere que estemos. La gracia en la
salvación nos dio un deseo nuevo de agradar a Dios y vivir para su gloria. La
gracia en la santificación obra para vencer la oposición remanente del
pecado y movernos hacia la meta que la gracia salvadora ha puesto en
nuestros
corazones.
Este poder es muy práctico. Digamos que tu cónyuge te dice palabras de
enojo, tu esposa es irrespetuosa, tu marido es frío (o hace algo tonto como
arrojar la ropa doblada escalones arriba en la escalera). La gracia llega para
ayudarnos a rechazar las frases que se forman en nuestras mentes y la pasión
por el castigo que estalla en nuestros corazones.

Puesto que la gracia es de Dios, está violentamente opuesta al pecado. Nos


instruye a estrangular, mortificar, pelear y asesinar al pecado. Su consejo es
sencillo: Prepara, apunta y dispara contra el pecado. Como un misil que
sigue el calor, la gracia apunta hacia esas áreas de la vieja naturaleza y
trabaja en ellas sacándolas de nuestras vidas. Dios trae liberación de tus
pecados por medio de mostrar tus áreas de impiedad y fortaleciéndote para
rechazarlas, de ese modo negándote a complacer al pecado.
Quizá hay áreas de pecado que Dios está exponiendo en ti. Si es así, su
intención es que las rechaces. ¿Qué estás esperando?
La Gracia: el poder para vivir

Detesto esperar. Pienso que la comida rápida es muy lenta, el café instantáneo
es tedioso, y en los mensajes instantáneos te tardas demasiado tecleando.
DmeusnedoovdieviDr eanveu,nesmoumndeogquustearmíaa…
rchPerdoenaoc,uDeridoos tcioenemeil rceolonjtrionlt,enrnooy.oS.íP, oelr
eso es algo bueno para mí que el tercer componente de la gracia mostrado
en este pasaje sea el poder para esperar. Somos llamados a vivir en este
tiempo “mientras aguardamos…la venida de…Jesucristo”.
Quité muchas palabras de ese pasaje para enfatizar este punto: El sello de la
vida cristiana, una de las cosas centrales que hacemos como creyentes que
buscan glorificar a Dios, simplemente es esperar. Nuestros matrimonios se
desarrollan en una sala de espera histórica entre la primera venida y su
r e g re so f in a l. P a b lo l e l l m a a e s a s a la d e e s p e
m e d io d e to d a l a a cti v i d a d, d el h e c h o d e a le j a
r a “ e l s ig l o p re s en t e ” . E n
r n o s d e l p e ca d o y e n c a m i n a r no s a la piedad, en medio
de todo esto, lo que hacemos es esperar.
¿Cómo funciona esto? ¿Cuál es el propósito de que coexistan la actividad y
la inactividad? ¿Qué implica actuar y esperar al mismo tiempo? Para
responder, consideremos lo que nos dice Pablo en este pasaje.
Notemos el doble enfoque que Pablo pone en una sola oración. En un
momento está hablando de realidades de la vida diaria tangibles, del aquí y
achoonrtian(uvaicviiórnendaesutne smalutnodhoasctoanlajuvsetinciidaa,
pdieeldSaedñyord.o¿mQiunéioesptráopiaos)a,nydoa allí?

Pablo está alineando nuestra esperanza donde debe estar al final de cuentas
– en Cristo. Esta vida no se trata, para nada, de ti o de mí. Se trata de la
gloria de Dios expresada a través de nosotros. En esta sala de espera, Dios
promete la santificación, una pauta de crecimiento espiritual que glorifica a
Dios producido por el poder de su gracia obstinada. Pero en esta vida no
promete dominar cada pecado, fortalecer cada debilidad, crear una armonía
inquebrantable en tu matrimonio o curar cada enfermedad.

Si Dios compusiera todo lo que tienes ahora en tu lista, ¿No crees que
una lista nueva? Luego escribirías otra, y otra después de esa. ¿Cuál es final

de ese propósito? Es la perfección, la cual no lograremos en esta vida. Es por


eso que esperamos. La perfección está por venir. La perfección llegará
cuando el Hijo de Dios regrese y moremos con él en los nuevos cielos y la
nueva tierra.
En el siglo presente cooperamos con la gracia obstinada y santificadora de
Dios para vivir vidas rectas, piadosas y de dominio propio. Entendemos que
algunos pecados, desafíos, dificultades y debilidades quizá nunca sean
vencidos totalmente, y que todo cambio lleva tiempo. Pero debido a que la
gracia es tan poderosa, minuciosa y exhaustiva, aun esta espera es para
nuestro bien.
La espera hace que ocurran cosas en nuestras almas y matrimonios que nada
más puede lograr. Es una lección que he reaprendido habitualmente. Cuando
hyasyolauscuinótnosinsminerdeisaotalv,
enroeqnumieiromeastcruimchoanrio“cqounefípaieynessopqeurae”r.eLqouiq
eureenqculiaerriodad escuchar es “haz y observa cómo se desvanece el
problema”. A menudo quiero que el cambio en mi matrimonio sea
inmediato; deseo que el cambio en mi cónyuge sea inmediato. Quisiera que
sea como oprimir la tecla de borrar en mi computadora.
Pero Dios no es una especie de Sr. “Todo lo reparo” armado con cinta para
conductos y pegamento especial. Es un artesano paciente que prodiga
atención a los más mínimos detalles. La creación de un carácter que exhibe
piedad y dominio propio es moldeada lentamente con el tiempo.
La gracia interactúa con el tiempo y la eternidad. La gracia santificadora
prepara nuestras almas para que en la sala de espera podamos trabajar y
esperar, confiando que Dios está ejerciendo su perfecta voluntad, aun en
esas áreas en las que esperamos, y esperamos y esperamos. Al final, todas
las esperas, cortas y largas, y las esperanzas que las acompañan, son parte de
nuestra más grande espera y nuestra esperanza suprema. Esperamos a Cristo,
a medida que la gracia obstinada santificadora obra en nuestros matrimonios
para hacernos más semejantes a Cristo. Él es glorificado tanto en nuestra
espera paciente como en nuestro trabajo diligente.
La Gracia: el poder para querer

AmAnutnedsadnease.sTtaordeonsCesritsátboa,mesotsábeaxmplosracnodmop
yrocmometpidlaocsiecnodnolansupeasstriosnedseseos pecaminosos. Celosos
de nuestro camino, teníamos fervor por las cosas equivocadas y pasión por el
pecado. Pero la gracia ha aparecido en Cristo para enseñarnos a redirigir
nuestra pasión hacia Dios. Vemos esto al final del versículo 14, donde Pablo
señala que una de las metas primarias de Dios al salvarnos fue que seamos
un pueblo “celoso de buenas obras” (Tito 2:14).
¿Qué es el celo? El celo con esteroides. Un aficionado al fútbol se pone de
pie y vitorea, pero un aficionado con celo se sentará sin camisa en un clima

géelnitdeoqcuoensseulecvuaenrptaoapliansta5d:oOOcoanmlopsarcaolaolcreasnzd
aer suuneaqoufieprota. Eenl cuenlodílao dt iee n e la remate de una tienda. El
celo es un deseo profundo que define cómo vivimos y revela lo que
amamos.
La gracia no sólo nos enseña. Nos transforma desde adentro. La gracia
excava hasta el centro de nuestros deseos y los dirige hacia Dios. Lo que
deseamos en la vida en verdad cambia. La gracia renueva nuestro celo y no
descansa sino hasta que fluyen las buenas obras.

¿ePstuáendteansedraañyauddaasdqouteulma materinmoor
naimo apboirliadlagdupnarsebcueesnearsuonbpr as?o
Qgiugiaznátela. sQcuoiszaás las ventanas se empañan cada vez que tu
cónyuge y tú están en el mismo cuarto. ¡No pierdas la esperanza! Dios ha
enviado su gracia – gracia santificadora obstinada. Puede obrar
poderosamente en ti, no simplemente para lograr obediencia sumisa sino
para hacerte “celoso de buenas obras“ en tu matrimonio.
Una gracia que nos transforma de dentro para afuera. No es de extrañar que
le llamen sublime gracia.
Exportando esta Gracia

Al prepararnos para terminar este capítulo, demos un vistazo a dónde se


dirige Pablo después de esta discusión acerca de la gracia. En el versículo
15,
ctoodnatianuútaodriidcaiedn. dQou,
e“Enastdoieestelomqeuneosdperbeecsiee”n. sAeñqaurí.,
EPxabhloorteasytabreapirnesntdrueyceonndo principalmente a un pastor
llamado Tito. Pero tú y yo también somos llamados a compartir esta palabra
de gracia por medio de enseñar y exhortar, especialmente a tu cónyuge. La
próxima vez que tu cónyuge esté luchando en algún área, puedes enseñarle y
exhortarlo usando algún tipo de variante de la siguiente declaración:
“Mi amor, la gracia de Dios se te ha manifestado. Cristo te ha hecho suyo.
Su gracia te provee poder espiritual persistente y efectivo, el cual te entrena
para
r e n u n c ia r a l
tr a v é s d e e st a
im p i e d a d y a l a s p s io n e s m u n d a na –
p ru e b a . T e a n i m o a q u e r ec u e rd e s est o
a h o r a m ismo, aun en y a correspondientemente. Apóyate en la gracia
y a c t úe s
persistente de Dios”.
¿Cuán a menudo le señalas a tu cónyuge la gracia de Dios? ¿Cuán a
menudo le recuerdas que la gracia de Dios siempre está obrando para
enseñarnos y cambiarnos? No pienso que lo hago lo suficiente. Robert
Murray M'Cheyne decía, “Por cada vez que te mires, mira diez veces a
Cristo”. Para que esto ocurra necesitamos ayuda. Es fácil torcer nuestra
perspectiva al poner demasiada atención a lo que vemos adentro. ¿Cómo
podemos ayudarnos el
uno al otro? Aquí hay cuatro cosas para tener presentes cuando estemos
animando a nuestro cónyuge en la gracia de Dios.

1. Tu cónyuge tiene la inclinación a alejarse de la gracia para confiar


en su esfuerzo personal.

Sólo necesito hacer más, trabajar más fuerte, esforzarme más. Somos
como un ejecutivo que no delega porque supone que tiene que hacerlo todo
él
cierto punto, pero, al final de cuentas, es fútil. Cuando vivimos más

conscientes de lo que necesitamos hacer que en lo que Cristo ya ha hecho,


estamos yendo a la deriva – y esto no es nada raro, particularmente en un
matrimonio.

Dios lTesenhaesptuaessutopojusinctioósneesnptauramaaptrlicmaor
neilov: eUrsníacurlaozó1n5 i–mppaorratarnecteorpdoarrslae que mutuamente
el evangelio. Debo recordar a mi esposa que ella necesita a Dios en esta
situación particular o conflicto, y que Dios tiene el poder listo y disponible
para cumplir su voluntad. Este es el tipo de exhortación que Dios nos llama a
hacernos mutuamente.
A continuación hay unos pasos prácticos para realizar:
Predica el evangelio a tu cónyuge

Jerry Bridges dice: “Necesitamos continuar escuchando el evangelio


cada día de nuestras vidas cristianas”. El único antídoto verdadero en contra
del esfuerzo personal es ser recordados de cuán impotentes fuimos para
salvarnos. El evangelio es el poder de Dios para todo cambio en la vida (1
Corintios 1:18).
Anima la meditación acerca de las riquezas del evangelio.

Nuestros afectos vienen siguiendo a nuestra meditación, por eso es


importante explorar hábitos mentales, reconocer rutas mentales y hacer que
la verdad sea el enfoque regular. “La mente es la facultad líder del alma.
Cuando la mente se fija en un objeto o curso de acción, la voluntad y los
afectos (corazón) la siguen. Son incapaces de cualquier otra consideración…
El oficio de la mente es guiar, dirigir, escoger y liderar”.
Anima el descanso en Dios aunque ruja la batalla.

Jesús dijo “»Vengan a mí todos ustedes que están cansados y


agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí,
pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su
alma”. Esta promesa de descanso no se trata una siesta ocasional o un día
nieve inesperado. Es un recordatorio que cuando nos acercamos

continuamente a Cristo nuestra alma rejuvenece. Asegúrate que tu cónyuge


recuerda esto.
La cultura secular nos dice que nosotros estamos al volante y que todo
dEespcerintudread. eLanoPsaoltarborsa. EdestDo
ieosslroeochpauzeasteosde epluontqouedeenvcisotnatreacmoords áenndloanos
acerca del poder absoluto de la gracia de Dios. Luego nos llama, como Pablo
llamó a Timoteo, a fortalecerse “por la gracia que tenemos en Cristo Jesús” (2
Timoteo 2:1).

1. Tu cónyuge puede tener una tendencia hacia al desánimo.


¿Puedes identificarte con mi impaciencia con el ritmo del cambio?
Probablemente tu cónyuge también. Es allí donde todos somos vulnerables a
desanimarnos en el proceso. El conflicto estancado o el hijo que perdió la
órbita hace tiempo y no cambia – estas son oportunidades para ejercitar y
modelar paciencia aunque el cambio no se está dando de acuerdo con
nuestro cronograma. En esos momentos necesitamos recordarnos el uno al
otro de la gracia obstinada para correr la carrera.
¿Qué pasa si tu cónyuge no puede ver ningún progreso? ¿Cómo
podemos animarnos prácticamente cuando llega el desánimo?
Recuerda a tu cónyuge que Dios obra debajo de la superficie
mucho antes de que el cambio sea visible.

Una semilla puede estar creciendo aunque no veamos evidencia de


crecimiento. Anima a tu cónyuge a no desconfiar de la gracia. Está obrando
sea que la veamos o no.
Celebra lo que puedes ver, aun si no está relacionado directamente
con el área donde se desea el cambio.

La gracia debe ser reconocida y celebrada cuando se haga evidente


cualquier forma. Algunas veces la gracia está obrando donde no lo

esperamos. El esposo que lucha con su lujuria encuentra gracia para resolver
su problema con la comida en exceso y luego de pronto descubre el poder
para decir no a la pornografía. La esposa que es muy severa consigo misma
y sale de su zona de comodidad para compartir el evangelio con una vecina
y
encuentra su deleite en esa manifestación de Dios. No nos toca a nosotros
dictar la manera en que debe ocurrir el cambio, sino estar agradecidos
cuando
la gracia se hace evidente.
Revisa el plan de juego para el cambio.

Si eres como yo, algunas veces el plan de juego es, “Primero


preocúpate, luego ora cuando se te ocurra”. Pero Dios tiene mucho más para
nosotros. Siéntate con tu cónyuge y planeen una estrategia juntos. Pregunta
¿Qué disciplinas espirituales podemos traer a colación en esta área? ¿A quién
d n u e s tr a ig l e s ia p o d e m o s
vecv e ols lu acrg arar pc ai ra va ie
in o r nare yp op re m
d i r c on s e j o?
e d io d e u n a s i m p l e di sp o s i c ió n p a r a
A lg u nas Cuando así ocurra, actúa decididamente.
ac tu a r.

1. Tu cónyuge puede perder de vista la meta suprema.


En nuestras batallas espirituales, podemos estar tan conscientes de la
lucha para vencer tendencias pecaminosas específicas que comenzamos a
pEesnoseasr cqoume
lpalevtiadma ecnrtiesteiarnróanbeáos.icSaí,mseonmteos elltarmataddoes
laidcioanr vceornttiranoesl epnecmadeojo. res guerreros cada vez más contra
el pecado. Pero todo lo que hacemos en este mundo temporal sirve como un
entrenamiento para el mundo permanente que está por venir. El cuadro
completo es fácil de olvidar.
Nadie es más adecuado para recordarnos la meta suprema de la vida
que la persona que está caminando con nosotros hacia esa meta en los lazos
del matrimonio.
1. Tu cónyuge debe ser llevado no a la gracia, sino a Aquel de quien

fluye la gracia.

Cuando mi hija tenía como cuatro años, decidió que estaba lista para
andar en bicicleta sin las rueditas entrenadoras. Mi esposa y yo celebramos
eSsaecagmraonsmlaobmiceinctloetya ldael leavcaammoisonaeutan,
eqsutaitcaimonoasmlaisenrutoedaimtapslieontyrevnaacdí o.ras, y pusimos a la
niña en el asiento. Ella estaba riendo con deleite. Exclamó, “Estoy lista”.
Le di un pequeño empujón y comencé a instruirla, “Tienes que pedalear
hacia delante” pero mientras tanto tenía mi mano en la parte de atrás del
asiento. Comenzamos a ir más rápido, hasta que estaba corriendo para
llevarle el paso. Todo el tiempo ella estaba gritando, “Mírame, mírame.
Estoy manejando mi bicicleta”, sin darse cuenta que todo el tiempo su padre
la estaba sosteniendo.

A s í s o m o s n o s ot r o s . V a m
la que n u e s tr o m a t ri m o n i o es t á
os p e n q u e n os o tr o s s om o s la r z ó n p or
p r o g re sando. P o d em o s v i v ir co m p le ta m e n te
inconscientes del Padre detrás de nosotros, una mano divina en el asiento y
otra en el manubrio. El matrimonio nos provee la oportunidad de recordarnos
mutuamente el poder real detrás de nuestro progreso y dirección. ¿Ha
quedado tu cónyuge absorto en su propio pedaleo? Por esa razón Dios nos
dio el uno al otro.

Hsuapcoendíaosqusemsearníasu,
nKdimíamdeyayiroe lflreevsacmo oyseajelrocsicniioñoesn
amuendaiocadmelinfoaltlaa.jeSede otoño. En vez de eso, se convirtió en un
recuerdo del tipo “papá no puede leer el mapa así que caminemos
erráticamente por horas”. Mi familia ha descubierto que para que ellos
puedan descansar, yo necesito ir a trabajar.
Pero en medio de todo eso, al estar en una intersección desconocida de
senderos en lo profundo del bosque, encontré un momento conmovedor de
gracia. Cuando empezaba a ser evidente para el grupo que nuestra
localización era menos que clara, y las mentes jóvenes comenzaban a rumiar
una sonrisa, “¡Esto es fabuloso! Podemos hacer un poco más de ejercicio y

nos permite ver muchos más senderos”.


Con el tiempo encontramos nuestro camino de regreso. De alguna manera.
Pero no podía dejar de pensar en el comentario de Kimm – la manera en la
qLueentnaomselnletev,óumnaássoanllráisdaesme ei
xetreronrdipóarpaorvemr ilorobsutreon.oCquuaendpo duína ctróaneyr.uge
comunica gracia, nos lleva más allá de los errores y el viaje se vuelve
agradable. Así se supone que sean las cosas cuando los pecadores dicen
“Sí acepto”.
La gracia – gracia sublime y persistente – nos ayuda cada día a correr la
carrera renunciando, viviendo, esperando y deseando. Jane Austen quizá
nunca vio el valor de esto, pero en un sendero sin nombre de los bosques de
Penssylvania, ciertamente yo sí lo vi. ¿Lo estás viendo tú también? La gracia
d D io s s e h a m a if e s ta d o c o n u
pec ad o g a n e a l f ina l d e c u e n ta s .
n p o d e r ta n o b s ti n a d o q u e n o p e rm i t i rá q
Es a s s o n n o ti c ia s e x t ra o r di n ar ia s p a r a e l
u e e l
v ia je del matrimonio.

Preguntas de Repaso y Reflexión

1. ¿Cómo ha cambiado tu visión de la gracia de Dios este capítulo?

1. ¿Qué es la gracia santificadora?


1. Explica cómo la gracia es poder para renunciar a lo viejo, poder para
vivir y poder para querer.

1. ¿Con qué frecuencia animas a tu cónyuge con la gracia?


1. ¿Qué cuatro cosas debemos tener en cuenta para animar a nuestros
cónyuges en la gracia?
Capítulo Nueve

Con Respecto al Sexo


Directo al corazón de lo que nos mantiene
apartados

El Sexo demanda atención

No recuerdo mucho acerca del Dairy Queen[1] de mi barrio…excepto EL


LETRERO. Estaba colgado provocativamente sobre el mostrador,
cautivando la atención de todo adolescente varón que quería un Blizzard[2].
Algunos
señalamientos dirigen, otros advierten, otros prohíben ciertas acciones, pero
el texto principal de este letrero era un rayo que atraía nuestra atención.
Decía: “CON RESPECTO AL SEXO”.
Pero el texto principal era sólo para llamar la atención. El letrero no decía
luego nada sobre el sexo. Las letras pequeñas sólo hablaban de reglas de
etiqueta para los clientes. Inteligentes. No obstante, cada vez que entraba, de
todas maneras pensaba que ese letrero podía revelar algún secreto “CON
RESPECTO ALvez.
SEXO”. Quizá habían agregado nueva información.
que lo leía otra Ahora que lo pienso, no se si hubiera querido Así
aprender
algo acerca del sexo en un lugar donde todo lo que vendían estaba
congelado. Pero el punto no podía estar más claro: El sexo demanda
atención.
Cuando se habla de tópico del sexo en el matrimonio puede ser algo
delicado. No obstante, las fortalezas y debilidades de un matrimonio a
menudo son más obvias en la alcoba que en cualquier otro lugar. Quizá
recuerdes esta frase del capítulo dos, “Cuando el pecado te sepa amargo, el
matrimonio te sabrá dulce”. La calidad del sexo puede ser una cosa frágil.
Su dulzura fácilmente
se amarga por la obra del pecado en nuestras vidas. Pero la gracia inspira
y fe a cada área vulnerable de nuestros matrimonios – aun al sexo.

Pero no necesitamos preocuparnos por diagramas o descripciones gráficas.


Mi intención es ser cuidadoso, pastoral y práctico. Deseo ayudarte a aplicar
la palabra de Dios a esta área. Y quiero mantener la esperanza. Aun si esta
es un área de frustración, disputa o desesperación, Dios quiere iniciar una
chispa
fresca de fe en tu matrimonio para tener una experiencia sexual agradable.
Dios creó el sexo para que sea satisfactorio dentro del matrimonio. Todo fue
su idea.
Cuando era un muchacho en Dairy Queen, el sexo demandaba atención por
todas las razones equivocadas. Pero en la Biblia, el sexo en el matrimonio
demanda atención por todas las razones correctas. Siendo un regalo
magnífico dado por nuestro Creador, el sexo nos es dado para ser celebrado.
Pero el impacto de este regalo notable no se detiene con nosotros. Los
matrimonios que están satisfechos sexualmente en lo privado llevan a la
esfera pública cierta chispa, una demostración abierta del gozo y la unidad
que ayuda a la señalarle a la gente en dirección al Creador del matrimonio.
Cuando Dios dice, “Con respecto al Sexo”, realmente vale la pena mirar las
letras pequeñas.

Un rompe-hielos bíblico

Para comenzar nuestra discusión pasemos de puntitas más allá de nuestra


i n c o m od id ad y es c u c h e m o s lo
¿ Q u i én ro m pe rá e l h i el o ? Q u e
q u e d ic e n u e s tr o C r e a d o r s o b r e
v e n g a P a b lo , e l te ó l o g o d e l t e m
el te m a.
a in c óm odo. De nuevo, Dios usa a un hombre valiente para hablarnos
de la gracia en cada área de vulnerabilidad. Aquí está lo que escribió Pablo
en su letrero “CON RESPECTO AL SEXO…”
“Paso ahora a los asuntos que me plantearon por escrito: «Es mejor no tener
relaciones sexuales.» Pero en vista de tanta inmoralidad, cada hombre debe
tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo. El hombre debe
cumplir su deber conyugal con su esposa, e igualmente la mujer con su

esposo. La mujer ya no tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su


Tampoco el hombre tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposa. No

se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo, y sólo por un tiempo,


para dedicarse a la oración. No tarden en volver a unirse nuevamente; de lo
contrario, pueden caer en tentación de Satanás, por falta de dominio
propio”. (1 Corintios 7:1-5)
Pablo no le envió estos mandamientos a una iglesia o sociedad que era
neutral en cuanto al asunto del sexo. Pablo le habló a gente en una cultura
conocida por su corrupción moral. En el tiempo en que escribió estas
palabras, Corinto era famoso por el pecado sexual. En la cultura griega, el
verbo corinthiazethai llegó a representar inmoralidad flagrante y borrachera
libertina. John MacArthur escribe, “La gente sexualmente corrupta,
codiciosa, estafadora e idólatra a la que Pablo se refiere eran miembros de la
iglesia que rehusaban abandonar, o que habían recaído, en el estilo de vida
de libertinaje de Corinto”. Esta iglesia estaba escandalizada con la
perversión.
Claramente, el sexo era bastante popular…excepto quizá en el matrimonio.
Pero los problemas eran considerados como oportunidades para el gran
apóstol. En vez de ceder ante la presión de pasar por alto las “preferencias”
de la iglesia de Corinto, Pablo trajo claridad al asunto controversial de la
sexualidad. Colocó el sexo bajo el interés de la gracia del Dios santo. En una
cultura de poligamia, homosexualidad, divorcio a complacencia y perversión
sexual, este no era un ajuste pequeño. Pablo estaba preocupado por la
conducta, pero estaba enfocado en el corazón – que es lo que determina en
verdad cómo nos relacionamos con el sexo, tanto dentro como fuera del
matrimonio. Al leer 1 Corintios no nos cabe la menor duda: Dios está
interesado en la sexualidad – y le importa tanto su expresión apropiada
como
la inapropiada. Ya conocemos más de lo que necesitamos de la segunda
categoría. Es tiempo de enfocarnos en la primera.
Ya que la Escritura ha abierto la puerta para tener una discusión sincera
acerca de la sexualidad en el matrimonio, me gustaría poner una variante al
letrero “CON RESPECTO AL SEXO”. La línea principal de este será: “EL
SEXO EN EL MATRIMONIO ES UNA AVENTURA”. Espero que capte
tu atención, y prometo darle seguimiento con material más relevante que

consejos para ser un cliente bien portado de Dairy


Quiero que discutamos algunas implicaciones del sexo que pienso que están
enraizadas en el desafío que Pablo hace a los corintios – el desafío para los
casados respecto a los derechos y responsabilidades, y las causas y efectos
tanto de los problemas de intimidad como los grandes avances en intimidad.
Es una discusión en la que llegaremos a ver a la sexualidad en el matrimonio
como una aventura de devoción, deleite y dependencia.

Platiquemos

Al final de cada sección de la aventura voy a ofrecer algunas maneras


sencillas en las que tu cónyuge y tú pueden hablar del asunto tratado. ¿Por
qué? Bueno, porque quizá no existe un área en la que más se piensa y menos

serhuanbola–eyn seel rmuantorimreoqnuioerqeuceoeml usneixcoa.cPióenro.


Peol rmeasttroimRo.Cni.oSepsrouunl lhlamesacdroitoa , “La comunicación
sexual en el matrimonio es un imperativo”. Aunque puede ser difícil al
principio, las parejas que se han esforzado para hablar abiertamente de sus
temores y expectativas respecto del sexo no sólo encuentran una vida
amorosa más rica, sino un matrimonio más profundo y confiado.

El Sexo en el Matrimonio es una Aventura de Devoción


Si te parece extraño que mencione la palabra “devoción” en el contexto del
sexo, por favor escúchame bien. Por devoción no quiero decir una
mentalidad mecánica y sumisa del tipo “mi cónyuge está realmente
necesitado, así que mejor le cumplo”. Mi meta es la misma que la de Pablo:
reordenar algunas ideas básicas acerca del sexo.

Devoción a la protección mutua


En 1 Corintios 7:2, Pablo describe el propósito protector del sexo en el

matrimonio, “Pero en vista de tanta inmoralidad, cada hombre debe tener su


propia esposa, y cada mujer su propio esposo”.
Para el cristiano, el sexo en el matrimonio debe ser una defensa instituida por
D i o s e n c o nt r a d e la t e n t ac i ó n . N u e st ro m
an u n c i an d o e l s e xo f u e r a d e l m at ri m o ni o
u n do e s c o m o C or i t o , s ie m p r e
co m o o f re c ie n do u n a v e n t ur a d ulce e ilícita. Los
esposos son el blanco de la industria de la pornografía haciendo alarde de
millones de páginas de Internet y correo basura que está programado para
evadir los filtros y protecciones de correo electrónico. Los publicadores y
productores tienen a las esposas enganchadas con una producción masiva de
nuevas novelas y telenovelas románticas. Vivimos en una sociedad
obsesionada con el sexo. La manera en la que la sociedad juega con la
lujuria cambia de cultura a cultura, pero la tentación es universal – y
potencialmente abrumadora.
¿Cómo pueden los cristianos casados protegerse de este creciente ataque
violento sexual? Por medio de la provisión fiel de Dios que es el matrimonio
– tu protección duerme junto a ti cada noche. El matrimonio existe por
muchas razones maravillosas, algunas de ellas son misteriosas y otras son
muy prácticas. Este asunto de la protección es del tipo de las razones muy
prácticas. Nuestro cónyuge es nuestra primera línea de defensa para
protegernos de la seducción de Corinto.
La mayoría de las parejas con una vida sexual sana viven bastante
inconscientes de cuanto su relación física funciona silenciosamente, pero con
poder en contra de la tentación sexual. Recientemente, se rompió el tubo de
escape de nuestro carro. Nunca pienso en el tubo de escape. Ni siquiera
recuerdo haber agradecido a Dios por uno de esos. Simplemente están allí
debajo del carro, trabajando silenciosamente con su magia sutil por medio de
protegernos de vapores nocivos y ruidos odiosos. Cuando se rompe, sin
embargo, todos se enteran y manejar se convierte en una experiencia
diferente. Al dejar de acelerar se produce una serie de ruidos escandalosos.
La gente te mira con extrañeza en el estacionamiento. Cuando te detienes
por mucho tiempo en un semáforo crece la posibilidad de que toda la familia
sea
envenenada con monóxido de carbono Un tubo de escape funcional
silenciosamente, pero con poder para protegernos de algunos problemas

serios.
En el matrimonio, es el sexo que nos protege. El sexo funciona
invisiblemente, pero con poder para disminuir la tentación de la inmoralidad
x al . N e c e si t a m o s v e r q u e a l
sec un d a ri o a g r a d ab l e d e l a i nt im
p ro tec c ió n m o r a l n o s ó lo e s u n e f e c t o
id ad m a ri ta l. S i n o e s u n a ra z ó n c e n t r al para
tener intimidad marital.
El sexo marital (el cual glorifica a Dios, honra el matrimonio y satisface a
los cónyuges) existe en parte para prevenir el adulterio (el cual insulta a
Dios, traiciona al matrimonio, y degrada a los cónyuges). Cuando privamos
a nuestro cónyuge de la aventura de la devoción sexual, los dejamos sin
protección, abiertos a tentaciones físicas y emocionales que pueden dejar al
matrimonio vulnerable a acciones y hábitos destructivos. En nuestra cultura
de autosatisfacción se ha oscurecido este aspecto de la intimidad sexual por
un enfoque en el placer sexual. Pero la Biblia no separa la protección del
placer. Ambos son expresados en la sabiduría de la relación sexual en el
matrimonio.
Platiquemos

¿Tienes un entendimiento básico de dónde tu cónyuge puede enfrentar


tentación por intimidad física o emocional fuera de tu matrimonio? Señores,
¿Tu esposa está consciente de cómo pueden ser tentados tus ojos en la playa?
D a m a s , ¿ E s tá tu e sp o so c o n s ci e n t e
ro m á n t ic o s p ue de n t en ta rl e s a e s t a r
d e c ó m o la s p e lí cu l as o e s p e c tá cu l os
d es c o nt en t as c o n s u m at r i m o n io ? T odos
tenemos vulnerabilidades, y fuimos puestos para ser ayudantes los unos de
los otros en la resistencia y lucha contra ellas. Hablemos de la tentación.

Devoción a los derechos de cada uno

En el versículo tres Pablo continúa, “El hombre debe cumplir su deber

conyugal con su esposa e igualmente la mujer con su esposo” El


cuatro nos da la razón: No nos pertenecemos a nosotros mismos.

Sólo podemos imaginarnos cómo impactaron estas ideas a los corintios: El


sexo comienza y termina con un esposo y una esposa; cada uno tiene
derecho sobre el otro; nuestros cuerpos no son nuestros…¡Caramba! ¡Eso
sí es iluminación! Para una cultura que veía la satisfacción del placer
personal sin
inhibiciones como algo normal y hasta como una virtud, reconocer el valor
de los derechos de la otra persona como esenciales para el matrimonio
monógamo debió parecer algo ridículo.
Pero el matrimonio se vuelve una aventura al subrayar la naturaleza de
nuestra unión caracterizada por un enfoque en el otro. El matrimonio implica
que nuestros cuerpos son reclamados por Dios para el placer y el servicio de
otro. Nuestra conexión es tan global que Dios le da a nuestro cónyuge
derecho sobre nuestro cuerpo. Es un cuadro notable del alcance real de “ser
una sola carne”. Somos llamados por Dios a poner dedicación en satisfacer
sexualmente a nuestro cónyuge.
Detengámonos para un chequeo del corazón. Me doy cuenta que habrá
algunos lectores que no pueden imaginar el tipo de relación física de la que
habla Pablo. Para ti, la intimidad con tu cónyuge puede estar entrelazada con
un sentido de aprensión, rechazo y vergüenza. Este es un desafío en muchos
matrimonios que no se puede pasar por alto solamente. Pero no pensemos
ahora en ese problema. Primero ponderemos en lo que Dios insiste para
nosotros. La visión de Dios para nuestra vida sexual es maravillosa y
embriagante, y antes de que podamos experimentarla totalmente debemos
intentar entenderla y saborearla.
Por supuesto, como hijos de Dios somos responsables de vivir de acuerdo
con su Palabra. Y como hijos de Dios casados somos responsables también
de ordenar nuestros matrimonios de acuerdo con su Palabra. Es decir,
vivimos vidas consagradas a Dios por medio de vivir vidas consagradas a los
demás.
Y en una relación matrimonial, nadie es más importante que nuestro
cónyuge. Pablo simplemente toma el tema bíblico del servicio y lo aplica a
la intimidad sexual. Al hacerlo, nos recuerda que servimos a nuestro
cónyuge de dos maneras con nuestra sexualidad: protección de la tentación
sexual y
entregando los derechos conyugales
Platiquemos

MdMifuecrheanstepsaerxejpaescbtaattiavlalasndecolno
lqaufer ecsuuennacivaiddaelsesexxuoa,l pulaecsecnatedraac.
óDniyscuugteantiene acerca de cuál sería la frecuencia ideal para ustedes –
noten cuán cerca están uno del otro. Hablen acerca de las cosas que los
distraen o desaniman que pueden hacer que el sexo sea más una idea de
último momento en vez de una prioridad para ustedes. Como meta conjunta,
traten de construir un horario y ambiente de tal manera que puedan
regularmente entregarse mutuamente su “derecho conyugal”.

El Sexo en el Matrimonio es una Aventura de Deleite

Al estar escribiendo este capítulo una semana anterior a la Navidad,


realmente estoy anhelando nuestro intercambio de regalos familiar en la
mañana de la Navidad. Cuando era niño, me acercaba a la Navidad con una
obsesión, prácticamente salivando por lo que recibiría y la aventura de abrir
todas mis cosas nuevas. Pero mi perspectiva ha cambiado con los años. En
algún punto del camino, no estoy seguro cuando, descubrí que es mejor dar
que recibir. Aunque estoy agradecido por los regalos que recibo de mi
feasmpoisliaa,ymmiims háisjogsra–nsdoeyduenleietsepyosaonhyeploaderne
Nbeanvdidicaidenedstoá aensutrfaaemr iglioazo a mi simplemente por el
placer que les prodiga.
Esta es una realidad fundamental en matrimonio también. Dios quiere que
nuestro más grande gozo en el matrimonio venga de ser la fuente primaria
del gozo de nuestro cónyuge. John Piper dice, “la razón por la que hay tanta
miseria en el matrimonio no es porque los esposas y esposas buscan su
propio placer, sino porque no lo buscan en el placer de sus cónyuges”. Dios
ha diseñado la relación sexual como una expresión clave de esta realidad,

porque cuando el sexo está en su punto óptimo mi deleite y goce del sexo
casi indistinguible del placer experimentado por mi cónyuge. El gozo del
sexo, entonces, es el placer derivado de dar a nuestro cónyuge su derecho

conyugal. Notemos que el énfasis de Pablo no está en reclamar a nuestro


cónyuge nuestro derecho conyugal. Pablo establece la generosidad como la
clave para tener sexo grandioso al poner el énfasis en el otorgarse esos
derechos mutuamente.
¿Sabes qué hace que esto sea una verdadera aventura? La mayoría de
nosotros llega al matrimonio sin tener la más mínima preparación. Sin
importar cuál sea nuestra experiencia previa, los recién casados llegan a la
noche de bodas como novatos en la aventura del sexo según la Biblia.
Idealmente, la relación sexual en el matrimonio entonces se vuelve un viaje
de aprendizaje de cómo puedo deleitar a mi cónyuge con mi cuerpo. ¿Y
saben qué? Esa aventura permanece mientras los dos vivan. No se altera por
los niños, la edad o los cuerpos que ya no tienen los contornos que solían
tener.
C. J. Mahaney dijo, “Ciertamente cualquier persona casada que ve
correctamente estos versículos como mandamientos de Dios llevará a la
cama matrimonial una mentalidad de siervo que pone el énfasis principal en
la satisfacción sexual de su cónyuge”. Esto es una parte de lo que hace
deleitoso el matrimonio – el gozo de vivir para alguien más.
El egoísmo en los asuntos sexuales es común, incluyendo el negarse el uno
al otro (como Pablo le advierte a los corintios). Esto debido a que aparte de
la gracia, somos egoístas en todo lo que hacemos. Pero hay otra opción para
nosotros. Si estás privando a tu cónyuge de intimidad o practicando el
egoísmo en tu lecho matrimonial, Dios quiere captar tu atención, porque él
tiene algo mucho mejor para ti. Muchos de nosotros nos encerramos cuando
nos lastiman o nos alejamos cuando estamos desanimados, o somos
tentados a manipular a nuestro cónyuge usando el cuerpo como una
herramienta de negociación.
Podemos ser tentados a tener sexo a solas por medio de fantasías,
pornografía y/o masturbación. Estas son tentaciones comunes, pero no están
fuera del alcance de la gracia de Dios. El siempre provee una salida para
toda tentación
(1 Corintios 1O:13) y para ti la salida de la tentación sexual te dirige al
de cuentas e inevitablemente, hacia tu cónyuge.

Si los cónyuges están comprometidos con el placer uno del otro, nadie se
duerme decepcionado. No tengo que estar preocupado por obtener mi placer,
porque mi cónyuge está pensando en maneras aventureras de gozar lo que
Dios nos ha dado. Y cuando alguien está siendo intencional en obtener su
deleite por medio de ser un deleite…pues, nada se pone mejor que eso.
¿Me he apartado de la enseñanza de Pablo en Corintios? Pienso que no. El
pudo haber enseñado algo muy diferente con tan sólo decir: “Amigos, este
asunto del sexo simplemente es demasiado candente como para que lo
practiquen sin pecar, así que traten de encontrar la manera de minimizar su
influencia en su matrimonio”. Pero el enseña lo contrario. El empuja a los
esposos y esposas uno hacia el otro, especialmente para tener sexo.
Piensa en toda la gracia que fluye de este pasaje. Dios se interesa tanto en
nosotros que ofrece su dirección amorosa hasta en la más íntimas de las
áreas de la vida. Su sabiduría no se limita a los asuntos grandes como
gobernar el
universo. Dios se introduce a la creación, justo allí a nuestras alcobas y dice,
“¿Podemos hablar acerca de tu vida sexual con tu cónyuge?” “Platiquemos si
está siendo de acuerdo con lo que diseñé, porque quiero que experimenten
deleite el uno en el otro”. Dios se interesa en estas cosas y nos ofrece la
gracia para disfrutar totalmente la aventura del deleite marital mutuo.
El gozo que fluye de complacer a nuestro esposo o esposa es una de las
razones por las que el sexo nunca fue diseñado para ser practicado a solas.
El
sexo de acuerdo con la Biblia, con su servicio gozoso y la intimidad sin par
que viene de él, es una expresión gloriosa del propósito de nuestro ser –
hombre y mujer creados a la imagen de Dios para gozar intimidad en la
relación en su expresión más profunda posible. ¡Ese es un regalo que elijo
cualquier día!

Platiquemos
¿ca¿H
o n
l Hgtuaoscqcóuonem
y e pusage
té rstid
q u
ex oéptaeebrpiiermortdeanumctaeennpldteaoc e r ? ¿ H ay
e n tu re l a c ió n se x u a l q u e i n h i be t u p l a c e r o
que inclusive, es desagradable? Reconoce que esas preferencias sexuales son

como el apetito por la comida; es decir, nadie es exactamente igual. Puede


ser difícil al principio, pero mientras más capaz seas de hablar la verdad con
gracia al discutir lo que te agrada, más educarás a tu cónyuge y lo ayudarás
a disfrutar aun más su tiempo juntos.

El Sexo en el Matrimonio es una Aventura de Dependencia

Aunque el deleite sexual debe ser el desbordamiento de amor en el


matrimonio cristiano, no cada encuentro estará acompañado de juegos
pirotécnicos o será un candidato en tu lista de los diez mejores momentos
románticos de tu vida. La aventura implica descubrimiento, y dentro de la
naturaleza del descubrimiento hay un elemento de imprevisibilidad.
En una ocasión Kimm y yo hicimos arreglos para darnos una escapada
romántica a un complejo turístico en las montañas. Vestidos elegantemente,
llegamos imaginando una cena romántica para dos. Cuando la anfitriona nos
mostró nuestra mesa, no podíamos creer que hubiera otras cuatro parejas
sentadas en nuestra mesa. Me senté junto a un señor que pensaba que lo que
necesitaba era escuchar la historia de su vida escena por escena. Yo creo en
el evangelismo como estilo de vida, pero este hombre estaba confundido en
cuanto mi misión esa noche. Kimm y yo ahora esperamos que ocurran estas
pequeñas distracciones en nuestras noches románticas – los
embotellamientos
del tráfico que hacen de la ruta al concierto una aventura en NASCAR, y las
llamadas de la cuñada diciendo: “Nunca había visto a un niño vomitar tanto”
– ya saben de qué estoy hablando. Solíamos preguntarnos si Dios tenía
algo en contra del romance. Ahora sabemos que le gusta crear historias
graciosas que acompañen al romance.
El matrimonio al nivel de los detalles cotidianos es una aventura en sí
mismo. Si le agregas el sexo y el romance se convierte en una aventura
épica. Para prosperar en este viaje de toda la vida debemos ver a Dios más
que una roca de refugio o un guía útil. Él es el centro, el único en quien
“vivimos, nos
movemos y somos (Hechos 17:28). Somos llamados a depender de él en
cada momento y en cada área – incluyendo nuestra vida sexual.

Una de las primeras cosas que aprendemos del sexo en el matrimonio es


cuán frágil es. Al principio de su matrimonio, muchas parejas que “se
quemaban” con ansias por el éxtasis conyugal nocturno, encuentran que el
sexo fácilmente puede pasarse al asiento de atrás al llegar las presiones y
distracciones de la vida. Conoces el inventario: El horario apretado, las listas
de pendientes, la enfermedad, el estrés, el distanciamiento relacional, la rutina
añeja en la cama, disfunción física – sólo son algunas de las razones más
comunes por las que el sexo puede llegar a ser el perdedor en el matrimonio.
¡Oh sí! ¡Casi lo olvido! Los hijos. Nada te hace sentir menos como amante
que vivir como padre o madre.
Pero la Palabra de Dios nos habla: a gente real en la vida real – no
personajes en las películas románticas. La Escritura trae sabiduría sólida
para la
experiencia diaria en el matrimonio, donde la gente real tiene problemas
reales y necesitan ayuda real de un Dios real. Y eso es algo bueno porque el
sexo, como quizá lo sepas, puede complicar las cosas, particularmente
cuando las “cosas” en el matrimonio no están yendo muy bien. En esas
épocas, especialmente necesitamos la ayuda de Dios para guiarnos de los
malos entendidos superficiales al problema de raíz.
Por años tuvimos un horno que no funcionaba bien. Un día Kimm lo ponía
a 28O grados y la comida se cocinaba en dos horas. Al día siguiente, ponía
un pavo a una temperatura baja y el ave se convertía en carbón en treinta
minutos. La cena siempre era una aventura. Resultó que problema no eran
los controles sino era un problema interno. Cuando estás cocinando la cena
es
importante encontrar la verdadera fuente del problema. Pero es
absolutamente crucial cuando estás intentando entender el problema que nos
aparta en el matrimonio. Algunas veces las técnicas y las ideas frescas
pueden ayudar, pero te sorprenderá descubrir que la mayoría de los
problemas sexuales en los matrimonios tienen su raíz en el corazón. Vale la
pena ocupar tiempo descubriéndolos. Como la revisión de nuestro horno, la
pareja sabia mira en el interior cuando la temperatura se ha convertido en un
problema.
Consideremos ahora la pereza, la incredulidad y la amargura, tres pecados
comunes que pueden robar la dulzura de la relación sexual en el matrimonio.

Pereza

LpLearepzearesziamapsleesmineanteel
erostmoyanhcaeb. lAanudnoladepaflloajberraa ernefsrpíeacetloaairlea.
iCntuiamniddoadhambaloritdael. Los frutos más comunes de esta condición
del corazón son la pasividad y la insensibilidad. Comenzamos a descuidar
nuestra apariencia. Nos sentimos cada vez más cómodos con el aburrimiento
en la alcoba. Toleramos la falta de deseo sexual y nos conformamos con que
uno de los dos tenga siempre la iniciativa.
Algunas veces la pereza sexual viene de estar ocupado en las cosas
equivocadas. Un hombre que trabaja regularmente largas jornadas puede
l l e ga r
e n e r g ía
se r p e r e zo o s i s u s d e c i s io n e s a c e rc a d e d o n
n o d e j a n esp a c i o p a r a s e r r o m á n t ic o c o n s u
d e c u p a r su t ie m p o y
e s pos a . ¿ C ó m o e s p os ible que el que trabaja duro sea
perezoso? Porque el esposo cristiano está llamado a asegurarse de ser
romántico con su esposa regularmente. Si el romance y la intimidad son
sacados a menudo del horario, necesita hacer lo que quizá sea la decisión
más difícil: hacer a un lado el trabajo y buscar a su cónyuge.
El libro de Proverbios ilustra un atributo central de la persona floja. “Como
la puerta gira sobre sus quicios, así el perezoso se vuelve en su cama”
(Proverbios 26:14). Es un cuadro trágicamente cómico de alguien que de
manera habitual huye de la responsabilidad por comodidad. ¿Se alejan tú y
tu cónyuge uno del otro en cuanto al sexo porque no parece que valga la
pena
invertir en ello el tiempo y la energía? No dependas de ti mismo. Vuélvete a
Dios y depende en su poder para animar tu deseo y fortalecer tu
determinación de vencer los efectos erosivos de la pereza en el sexo.

Incredulidad
E
tPraEeelaslrtraoelci
a cófanepíeatlnulsloex
a esopsteár nodel
m dmeic asdas
troim
d aoDanpios
i uocon
n.
c u a n d o p e r m i t im o s q ue la
incredulidad eche raíces en nuestros corazones, comenzamos a creer sus

mentiras. “No puedo gozar del sexo”. “Las cosas nunca cambiarán”. “El
pasado siempre me atormentará”. “No puedo cumplir sus expectativas”. “No
puedo complacerla”.

O quizá las mentiras están dirigidas hacia tu cónyuge. “Tu no puedes


entenderme”. “No puedes satisfacer mis necesidades”. “No sabes lo que es
haber crecido en mi familia”. “No entiendes que cuando me tocas pienso que
él me está tocando”. “No entiendes todo el bagaje que traigo conmigo”.
No estoy hablando de las preguntas y dudas normales que enfrentamos en
tiempos de dificultad. Estoy hablando de un enfoque del sexo que dice, en
efecto, esto está más allá del alcance de Dios. Ya sea que se digan o no, cada
una de estas mentiras apunta hacia el cielo. “Dios no puede responder esta
oración”. “Sus promesas no se aplican a mi situación”. “Dios no puede
cambiar mi deseo”. “No puedo confiar en Dios”. “La gracia no puede
alcanzarme aquí tan lejos donde estoy”.
Hermanos y hermanas, este tipo de incredulidad es devastadora, no sólo
para nuestras vidas sexuales, sino para toda nuestra existencia espiritual.
Pone en tela de juicio la naturaleza misma de Dios (Hebreos 11:6) y nos
coloca en el centro de la realidad, a nosotros, débiles e inconstantes.
También existe otro tipo de incredulidad, un poco menos blasfema pero
igualmente seria y dañina. Es una infidelidad que dice, “Me imagino que
Dios puede ayudarnos en nuestra vida sexual, pero no creo que está tan
interesado en hacerlo”. ¿Fe en las finanzas? Por supuesto. ¿Fe para dar
testimonio? Claro que sí. ¿Fe para mi empleo? No hay problema. Pero fe
para la intimidad sexual puede sentirse egoísta o frívola - ¿Acaso no debería
estar buscando a Dios para algo espiritual? Puede ser que se sienta como que
nos hemos metido en áreas en las que Dios prefiere no entrar.
Debemos batallar contra ambas formas de incredulidad teniendo una
dependencia en el Dios que se ha revelado en la Palabra. La Escritura nos
dice que servimos a un Dios omnipotente y soberano que ve el sexo como
algo central y vital en la relación más cercana que dos personas pueden tener.

Amargura

La amargura difiere de la incredulidad meramente en la intensidad y la


pamroifguondAidnaddy –Faernmeelrg, rlads odo–
sdsee sduisrteibnegluióen .sCimopmleomheandtiecphorallagudnifaerveenzcm
ia i entre “no puedo” y “no lo haré”. La incredulidad dice, “No puedo
hacer esto”, mientras que la amargura dice, “No haré esto”. La incredulidad
le dice a un cónyuge, “No puedes cambiar”, y la amargura declara, “No
cambiarás”. La incredulidad declara, “Dios no puede afectar lo que me
gusta y lo que me desagrada”; mientras que la amargura dice, “Dios no las
afectará”.
La incredulidad se aleja de las promesas de Dios; la amargura aporrea la
puerta. “Me defraudaste. No confiaré en ti”. “No ejerciste dominio propio
antes de casarnos; no lo harás después”.
La amargura es una de las causas más comunes de la negligencia en el sexo.
En la tierra del enojo y los conflictos sin resolver, crece rápidamente para
convertirse en una hierba virulenta que ahoga la intimidad. La gente casada
que se ha amargado usa sus cuerpos como un arma, una arma que hiere al no
usarse. Un arma usada para castigar a la otra persona por pecar en nuestra
contra. Esto es un llamado al perdón.
La pereza, la incredulidad y la amargura son pecados comunes pero muy
syearidoospqtaume
onsiemgaenntliaravse, rnduaedstdreolsemvaantrgiemlioon.iCosuaynnduoeest
crhaafme ossuflraevne. rPdeardo dneo Dios necesitamos ni debemos tolerar
estas pautas paralizantes de pecado. En vez de eso, busquémoslas,
admitámoslas cuando las encontramos y busquemos a Dios para que nos
perdone y nos de el poder para arrepentirnos y cambiar.

Dependencia Diaria: Cuando los pecadores dicen “te voy a cortejar”

La aventura de la dependencia no es simplemente la gracia para decir “no” a


las cosas que estorban nuestra intimidad; es la gracia para crear un ambiente
donde la intimidad sexual fluya del romance. Este tipo de dependencia en la

gracia no ocurre con lo predecible como unas rosas el día del amor o la cena
para su cumpleaños. Tampoco ocurre con los grandes, caras e infrecuentes
muestras de reconocimiento. La aventura de la dependencia es una
oportunidad cotidiana para amar a tu cónyuge en la consideración creativa
que dice, “Me importas tú más que cualquier otra persona”.
Para aquellos que disfrutan un día perfectamente planeado y predecible, la
palabra creatividad puede provocar una sensación de escalofrío por toda su
espalda. Pero no estamos hablando de pintar un paisaje o componer una
sonata. En lo que respecta a tu matrimonio, piensa en la creatividad
simplemente como esfuerzo inspirado por la fe, un efecto natural de creer
que a Dios le interesa tu matrimonio y quiere ayudarte a mejorarlo. Lo
importante no es cuán creativo o imaginativo seas, sino si en verdad estás
dependiendo de Dios para mejorar tu matrimonio. Como han escrito Gary y
Betsy Recucci,
“No existen los expertos en romance o profesionales de la pasión. El
romance es algo que debe ser practicado continuamente, como un arte”.
Tuve el privilegio de crecer en la fe con algunas personas con dones
excepcionales, y yo diría que es rara la persona a quien vienen
espontáneamente las ideas creativas y románticas. La mayoría de las
personas que están buscando el romanticismo y la creatividad en sus
matrimonios están apartando tiempo para planificar, hacer preguntas,
investigar qué es romántico para su cónyuge y no asumen que lo saben.
Como en cualquier arte, hay muchas más ideas descartadas que obras
maestras. Pero para lograr
una obra maestra tienes que estar dispuesto a trabajar con tu creatividad. Te
garantizo esto, si ves a alguien que realmente es bueno en ser romántico con
su cónyuge, probablemente no estarás viendo a un romántico nato. Estarás
viendo a alguien que se esfuerza en ser creativo y hace que la planificación
cuidadosa parezca venirle sin esfuerzo. Mis amigos, ese es un arte que vale
la pena.
El buen sexo en el matrimonio viene de una dependencia consciente en la
bondad y soberanía de Dios, quien está obrando poderosamente para hacer
de nuestros matrimonios una fuente de gozo espiritual y físico.
Platiquemos

Pregunta a tu cónyuge si es consciente de la presencia de pereza,


incredulidad o amargura como obstáculos potenciales para tener una vida
sexual que
glorifica a Dios. Si ese es el caso, aparten tiempo para hablar de ello con la
meta de confesar cualquier pecado, pedir y recibir perdón, y caminar en
reconciliación. También, consideren expresar su dependencia en Dios para
esta área de sus vidas orando juntos por ello. Para algunos de ustedes esto
puede parecer confuso - ¿oración y sexo al mismo tiempo? Pero como hemos
visto, el sexo es un regalo de Dios, para ser recibido con gratitud y
administrado fielmente. De este modo, la oración puede ser una parte
totalmente apropiada de tu vida sexual, y quizá sea el ingrediente que hace
falta.

Dependencia Diaria: Cuando los pecadores dicen: “¡Vaya!”

Mi esperanza en este capítulo es poner el sensible tema del sexo bajo la


esperanza del evangelio, allá donde debe estar. En un sentido, nos hemos
transportado al matrimonio original, cuando Dios juntó a Adán y a Eva para
ser ayudantes uno del otro de maneras que trascendieron sus labores en el
huerto. Es un hecho documentado que la primera reacción de Adán al ver a
Eva podría traducirse fielmente como “¡Vaya!”[3] La respuesta de Adán nos
dice mucho acerca del gozo del sexo como Dios lo creo para disfrutar entre
un esposo y una esposa en el pacto del matrimonio. La maldición se llevó el
“¡Vaya!” y nos dejó con un “¡Ay de mí!” Alabado sea Dios, el evangelio ha
deshecho la maldición del pecado y le da a los pecadores que dicen “Sí
acepto” un manera de llevar su “¡Ay de mí!” de vuelta a un “¡Vaya!” Sin
importar dónde estamos en nuestro matrimonio, comencemos a esforzarnos
hacia ese fin. Y busquemos ese día cuando el letrero sobre nuestro lecho
matrimonial diga, “Con Respecto al Sexo…¡VAYA!”
Preguntas de Repaso y Reflexión

1. ¿Qué piensas de la frase: “No existe un área en la que más se piensa y


menos se habla en el matrimonio que el sexo”

1. ¿De qué manera el sexo en el matrimonio es una aventura de devoción?

1. ¿Cómo pueden los cristianos casados protegerse de este creciente ataque


violento sexual?

1. ¿De qué manera el sexo en el matrimonio es una aventura de deleite?

1. ¿De qué manera el sexo en el matrimonio es una aventura de


dependencia?
1. ¿Qué tres pecados comunes pueden robar la dulzura de la relación
sexual en el matrimonio?
Capítulo Diez

Cuando los pecadores dicen adiós


El tiempo, el envejecimiento y nuestra gloriosa
esperanza

Escribo esto sabiendo que si llegaste tan lejos probablemente has pasado
bastante tiempo pensando en cosas que quizá no habías pensado antes. Quizá
te sientes igual que yo, que hemos estado caminando juntos por senderos
poco visitados. Hemos caminado juntos por las vertiginosas cuestas de la
doctrina y en las enigmáticas profundidades de la introspección. Nuestro
sendero nos ha llevado a las amplias praderas de la misericordia y la gracia,
y por el inesperado camino rocoso de la confesión y el arrepentimiento. Mi
más grande esperanza es que dondequiera que hayamos estado, nunca
hayamos perdido de vista la cruz – la única señal segura para el matrimonio
cuando los pecadores dicen “Sí acepto”. Antes de terminar, quisiera
llevarles a un paseo más, otra vez a un lugar que quizá no pensaban.
Los cementerios siempre han estado presentes en mi vida de una manera
extraña. Cuando era niño y escapaba de la supervisión de los adultos, un
camposanto era el lugar de descanso para mí y mis amigos. Luego, Kimm y
yo vivimos a la vuelta de un cementerio. Generalmente, la gente no pasa el
día en esos lugares. No hay un área para un picnic, no hay un área de juegos
infantiles, ni siquiera un Starbucks. Sólo vas si necesitas ir. Solía hacer
caminatas con mis hijos en el grande y quieto cementerio de nuestro barrio
para mirar juntos las lápidas. Esa parecería una manera extraña de
relacionarse con los hijos de uno, pero quería dejarles claro que el hoy es lo
que importa porque el mañana no lo puedes dar por sentado. Aun los niños
necesitan aprender acerca de lo efímera que es la vida.
Algunas veces me he topado en algún cementerio con un par de lápidas una

unto a la otra, una con una inscripción y la otra todavía en blanco. Es


cuando me detengo y pondero la historia matrimonial que se ilustra allí. Con
los ojos de mi imaginación, veo a una pareja joven, intoxicada por el
romance, tomados de las manos en el altar…luego, cargando a un recién
nacido, y
luego otro…memorias e imágenes de toda una vida juntos. Ahora uno de los
cónyuges yace aquí, el otro está de pie a solas.
¡Pero esperen! – antes de que hagas a un lado el libro, murmurando, “los
otros capítulos estuvieron bien, pero este se perfila para ser bastante
deprimente”. Escúchenme. Parte de vivir en un mundo caído es sufrir la
consecuencia final del pecado de Adán – la muerte. Los estudios son
concluyentes. Todos los que nacen, mueren. No hay pases especiales ni
nadie está exento. (Bueno, está bien, no estoy tomando en cuenta a Enoc y a
Elías. Pero si nadie más – Isaías, Juan el Bautista, los doce apóstoles, Pablo
– pudo
evitar la parte de la muerte, tú y yo no somos los candidatos pioneros que
digamos).
Ciertamente, la Escritura establece una meta, que no pasa de moda, para los
creyentes: Dios quiere que muramos bien. Esto no tiene nada que ver con la
planificación patrimonial. Nos pregunta si nuestra alma está preparada, por
medio de la santificación, para la inevitable realidad de la muerte. La
naturaza de la escapista cultura occidental, caracterizada por una fijación en
la juventud y una aversión al dolor, es una anomalía en la historia de la
humanidad. Aquí la preparación para la muerte parece algo morboso. Pero a
través de la historia y en la mayor parte del mundo hoy en día, la muerte
siempre ha sido parte de la vida y merece atención. Los puritanos, en su
admirable perspectiva del tipo “Consideremos a Dios cada momento”, vieron
el matrimonio no sólo como una manera grandiosa de vivir, sino como un
campo de entrenamiento para lo que venía a continuación. El pastor Richard
Baxter vio como una de las metas del matrimonio la siguiente: “Prepararse
mutuamente para la llegada de la muerte, y consolarse mutuamente en la
esperanza de la vida eterna”.
Por supuesto, la muerte raras veces llega al mismo tiempo para un esposo y
una esposa. Tú y tu esposa han sido fusionados, pero probablemente no
partirán juntos. Como nos recuerda sobriamente D. A. Carson, “Sólo tenemos

que vivir lo suficiente, y estaremos de luto”.


¿Qué hacemos cuando ocurre en verdad aquello de “hasta que la muerte nos
separe”? Moisés oró en el Salmo PO, “Algunos llegamos hasta los setenta
años, quizás alcancemos hasta los ochenta, si las fuerzas nos acompañan…
sin embargo…pronto pasan, y con ellos pasamos nosotros“. Moisés vio el
tiempo
pasar rápidamente, y con él se van esposos, esposas y matrimonios. ¿Nuestra
perspectiva del matrimonio pasa por alto esto que es inevitable o lo
presupone?

Los pecadores dicen “Sí acepto” para el tiempo del Ocaso

CArleicrímparadcutriacnanddoo,
sdeegpuoí rcteosr.riRenedalomrengtuelamrme
entceanptoarbvaanrimosucahñosl.oAs dheopraortteensg. o una rodilla
granuja y una espalda rebelde. Son como una pandilla callejera entre mis
miembros, retándome a dar un paso en falso para hacerme polvo.
Aunque me duela el orgullo tengo que admitir que este cuerpo ya está en la
escalera de bajada. Por eso, ahora en vez de correr, camino (no es una gran
hazaña atlética como para presumir en la oficina). Me pregunto si acabaré
gateando como ejercicio.
Pienso que Pablo se podía identificar con esto. Animó a los Corintios al decir,
“dPesogratsatnatnod, on,opnoor sddenestraoninmosamvaoms.oAs
lrecnoonvtraanrdioo, daíuantqruaes dpíoar”f(u2erCaonroinstvioasmos 4:16).
Aunque estaba describiéndose, Pablo nos ofrece un diagnóstico bastante
acertado de nosotros mismos. Este desgaste inevitable viene de nuestro
antepasado Adán, quien se apartó de Dios pretendiendo ser autosuficiente,
condenándonos así al destino universal físico de “ceniza a la ceniza, y polvo
al polvo”. La vida incluye el decaimiento del cuerpo. La única pregunta es
cuándo nos daremos cuenta de ello.
Pero Pablo reviste esta realidad física fría con la verdad radiante del
evangelio. El decaimiento del cuerpo no es lo único que está pasando:
también estamos siendo renovados gloriosamente por dentro. El nuevo
nacimiento, el concepto bíblico de la regeneración, no es como el nacimiento

antiguo. Bajo el nacimiento físico, básicamente comenzamos a morir a penas


salimos de la matriz. Pero bajo el nuevo nacimiento espiritual, la vida de Dios
reanima nuestras almas muertas por el pecado y el proceso se revierte – de
hecho, vamos mejorando con el tiempo.
Es bastante asombroso lo que está pasando espiritualmente dentro de
nosotros. Nuestras almas están siendo preparadas para pasar la eternidad con
Dios. Por esto Pablo nos dice que no nos desanimemos. Por supuesto,
físicamente, las cosas no van muy bien. Lo que antes considerábamos una
ventaja física, rápidamente se están volviendo un impedimento. Los rostros
están mostrando sus líneas, el cabello se está poniendo gris o cayendo, los
músculos se debilitan, y la sección de en medio está creciendo. ¡Lo veo en el
espejo todos los días! Los matrimonios en sus primero años hablan
melancólicamente de envejecer juntos – créanme, es más difícil de lo que
parece.
Así que cuando la vida venga en maneras que no esperabas, recuerda esto:
La regeneración es el primer estallido de vida espiritual en nuestras almas.
La renovación es ese mismo poder obrando en cada faceta de lo que somos,
preparándonos para la vida eterna con Jesús.

Una historia de Renovación: Mark y Carol

La vida matrimonial de Mark y Carol fue complicada. Se conocieron en la


universidad, se enamoraron y comenzaron su primer año de matrimonio.
Pero como recién casados, Carol cayó en tiempos de profundo desánimo y
Mark estaba teniendo dificultades para ajustarse a su papel como esposo.
Pasaba mucho tiempo con sus amigos, practicando deportes o viendo
Televisión. De acuerdo con Mark, él y Carol eran, más bien, “solteros” que
estaban casados.
Mark señalaba a Carol, “Pensaba que ella era la que tenía problemas…así
que continué alejándome”. El trabajo de Mark requería que pasara mucho
tiempo
con una mujer. El dice, “mis afectos estaban siendo apartados de Carol,;
estaba teniendo una aventura emocional con esta mujer”. Con el tiempo,
Mark y Carol buscaron ayuda, y un consejero sugirió un ejercicio: vayan a

casa y escriban tres razones por las que se casaron y luego platiquen al
respecto. Mark recuerda, “Esa fue la tarea más difícil que haya tenido”.
Cuando comenzaron a compartir sus listas uno con el otro, Dios irrumpió y
Mark vio, con toda claridad, las profundidades de su egoísmo e
irresponsabilidad. Mark recuerda, “En ese punto me quebré. El Señor
comenzó a restaurar mi visión para mi matrimonio y mi amor por Carol en
ese mismo momento”.
A través de la confesión y el arrepentimiento, Dios inició una renovación en
el corazón de Mark. Con el tiempo se extendería a cada parte de su
matrimonio. También lo prepararía para algunas noticias desastrosas.

Cuidados para el barro en decadencia.

Cada persona casada está unida a un compañero en decadencia. Pablo nos


llama “Tesoros en vasos de barro” (2 Corintios 4:7). Es una imagen que
encaja bien, ya sea que estás apenas comprometiéndote o cuentas tus
aniversarios por décadas. Y parte del llamado del matrimonio es prodigar
cuidados al barro. Tenemos el gozo de prepararnos mutuamente para el
cielo aunque la tierra reclame nuestros cuerpos. Disfrutamos de asientos en
primera fila para presenciar la renovación interna, a pesar de que vemos
cómo el contenedor se va consumiendo.
El matrimonio de Mark y Carol comenzó a florecer, pero ni enterados
estaban de la tormenta que se estaba gestando en el cuerpo de Carol.
Comenzaron a aparecer síntomas extraños: hormigueo en sus manos y los
dedos de los pies, problemas con su vista. Parecía algo serio, y una visita al
doctor confirmó sus temores. Carol fue diagnosticada con esclerosis múltiple
crónica. La decadencia del vaso de barro comenzó muy pronto. Primero,
Carol caminada despacio. Luego necesitaba un bastón. Luego pasó a una
silla de ruedas.
Luego a una cama. Y todo pasó tan repentinamente.
Pero algo mucho más significativo estaba ocurriendo también – la
renovación. Aunque la salud de Carol estaba decayendo, su alma estaba

viviendo con frescura para Dios y su esposo estaba experimentando una


renovación completa. Mark dice, “Para el tiempo en que la enfermedad
comenzó a mostrarse, el Señor había comenzado a volver mi corazón hacia
Carol. El diagnóstico llegó al mismo tiempo que la mejoría de nuestro
matrimonio. La enfermedad había afectado la visión de Carol, sus
habilidades motrices, sus rasgos y su movilidad – nada parecía estar intacto.
Pero me
había enamorado de nuevo de Carol. Sólo veía qué tan bella era para mí”.
Carol ha estado confinada a la cama ya por doce años. Para sus amigos y
familia ella es una carta de Cristo escrita en frágil forma humana. En las
raras ocasiones en las que Carol sale de casa, Mark trata de aprovechar la
oportunidad para hacer cosas especiales con ella. La silla de ruedas que usa
cuando está fuera de la cama está diseñada para mantenerla recostada. Es
toda una pieza de ingeniería. Pero Mark difícilmente ve la silla. Él está
demasiado enamorado de la mujer que la usa.

No te desanimes

Un matrimonio maduro es aquel que mira todo el horizonte hasta la línea de


meta y más allá. Como cristianos casados, Dios nos concede el gran honor
de fomentar y celebrar nuestra renovación interna al mismo tiempo de
cuidarnos mutuamente durante la decadencia externa. Es una aventura
paradójica, hecha
posible por el evangelio, el único tesoro verdadero en nuestros vasos frágiles
de barro. No todos los cristianos casados alcanzan a ver esto con claridad.
Pero el gozo aguarda para aquellos que sí lo ven.
Recientemente, Mark sorprendió a Carol con una cita para el banquete de
Enamorados de su iglesia local. Este es un evento que ambos disfrutan, y
Mark tenía en mente algo especial. Durante un baile lento, Mark se acercó a
Carol, tomó su silla y comenzó a bailar con ella. Sencillamente, moviendo su
silla alrededor y le decía cuánto la amaba. Fue un momento profundo para
Mark, Carol y todos los que estaban allí cuando la gente abrió espacio en el
centro de la pista de baile para ellos dos.
Desde la perspectiva terrenal, las cosas para Carol están peor que nunca. Su

salud se deteriora y sin una intervención divina, ella morirá por


complicaciones relacionadas con su condición. Mark entiende esto, pero
también siente un profundo honor de cuidar de su esposa mientras la tenga.
Mark dice, “Veo como un privilegio y honor servir a Carol de esta manera.
Tiene sus dificultades, pero es la manera de Dios de mostrarme cuánto me
ama. Siento su amor por mí en que me haya encomendado a Carol para
cuidarla”.
Mark y Carol son dos de mis héroes. En su prueba extraordinaria y
prolongada, se están preparando mutuamente para otro mundo por medio de
la manera en la que viven en este. De cuando en cuando, Dios interviene
para endulzarles el gusto por lo que está por venir. Mark dice, “Hay días
cuando Carol y yo nos sentamos y oramos juntos y es como caminar sobre
tierra santa. Sentimos la presencia de Dios y sencillamente sabemos que está
con
nosotros. Pienso que esos momentos son una probadita del cielo”.
Un día, tú o yo quizá seamos llamados a hacer algo similar por nuestro
cónyuge. Si llega esa oportunidad, ¿la reconoceremos como una muestra del
amor de Dios, encomendándonos a un cónyuge sufriente para cuidar y amar
a través de la prueba? ¿Será nuestro matrimonio una probadita del cielo?
Estoy agradecido de tener a Mark y Carol para mostrarme como se hace eso.

Los pecadores dicen “Sí acepto” para el tiempo del adiós


Pablo entendía algo importante. Aunque la renovación interna es la realidad
más importante, no por eso negaba la realidad de la decadencia exterior. La
muerte está trabajando en todos nosotros (2 Corintios 4:12). La única
pregunta es cuando y dónde vendrá.
Cada matrimonio tiene su momento final. Generalmente, la muerte visita a
uno de los cónyuges y entristece al otro. Si el evangelio ha sido atesorado
dentro del matrimonio, ambos cónyuges estarán preparados. Para el primero
en irse, le aguarda una gran bienvenida – la experiencia inimaginable de
cruzar entre dos mundos para llegar al lugar para el que fuimos creados.

Pero en la providencia misteriosa de Dios, uno de los cónyuges típicamente


sobrevive. El viaje de uno de los vasos de barro aun no se termina. Una
prueba de dolor comienza, una que puede forjar cada hora y acabar cada
fibra emocional. El luto es una caminata hacia lo desconocido, una
experiencia
universal que se desarrolla de maneras intensamente personales. Como
reflexionaba C.S. Lewis durante el luto por la pérdida de su esposa, “Nadie
amás me dijo que el luto se sintiera como el miedo”. No obstante, aun en
los momentos más oscuros de pérdida, queremos agradar a Dios en nuestro
luto. No nos entristecemos como los que no tienen esperanza (1
Tesalonicenses 4:13), porque sí tenemos esperanza – una esperanza
asombrosa, cautivante y triunfante. La resurrección del Salvador la ha
garantizado. El fuego de la esperanza del evangelio arde profundamente, aun
cuando nos sentimos incapaces de alimentarla.

Una historia de liberación y esperanza: Jere y Albert

Jere se inclinó hacia el oído de Albert. Quería asegurarse que fueran


escuchadas sus palabras, que lo alcanzaran mientras estaba suspendido entre
dos mundos. Estaba apenas en su segunda semana de atención hospitalaria,
pero las cosas se estaban deteriorando rápidamente. Ya no estaba despierto y
su cuerpo se estaba apagando. “Mi amor, corre hacia Jesús. No te preocupes
por mí, él me cuidará también. Pero tú sigue adelante”.
Jere había estado casada con Albert por cuarenta años. Había pasado los
últimos once años cuidándolo en su lucha con el cáncer. La radiación, la
medicación, los efectos secundarios y la batalla diaria con el miedo. Dios
había dejado aquí a Albert el tiempo suficiente para cautivarlo con el
evangelio y crear algunas memorias atesoradas del matrimonio. Pero, al
final, prevaleció el cáncer.
Jere entendió lo que pasaría. Había temido este momento, pero había
decidido de rodillas ante Dios que ella serviría a su esposo en su muerte tal y
como lo había hecho durante su vida. Después de todo, Albert fue un
hombre amoroso y trabajador. Sabía que pelearía con la muerte a menos que
estuviera

convencido de que ella sobreviviría sin él. “Estaré bien, mi amor. Puedes
esperarme allá”. Sostuvo su mano y luego él falleció.
En el valle de sombra de muerte, Jere no se aferró a su marido en su partida
como si fuera un ídolo. Lo dejó ir. No fue resignación. No fue como decir,
“Bueno Dios, creo que este es tu juego, así que acepto tus términos”. No.
Fue
una confianza total de que Dios sabía lo que era mejor y que podía confiar
en Él. Había valor para enfrentar el futuro más allá de su matrimonio. Eso se
llama fe. Es del tipo que dice, “El SEÑOR ha dado; el SEÑOR ha quitado.
¡Bendito sea el nombre del SEÑOR!“ (Job 1:21). Una esperanza divina
irradiaba en el luto de Jere.
En su Palabra, Dios ofrece verdad que está saturada con una esperanza
esencial para Jere o cualquier cristiano que sufre una pérdida. “Pues los
sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria
eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento” (2 Corintios 4:17).
Estas realidades inspiran esperanza cuando los vasos de barro se rompen y
ya no tienen reparación. Cuando los pecadores dicen adiós, los que se
quedan deben tener presentes las valiosas realidades de esperanza

Mi pérdida es ligera

L a p la b r a g r i e g a q u e s e t r a d u c e co m o “ li g e ra
lig e ra e n p e s o , f á c il d e c a r g a r , s in m u ch a s u b
” e n 2 C o r i nt io s 4: 17 s i g n i fic a
st a n ci a. E s l a m i sm a pa l a b r a q ue Jesús usó en
Mateo 11:3O cuando dijo: “ligera es mi carga”. Pablo no está diciendo que
el dolor es irrelevante o insignificante. Probablemente todos hemos estado lo
suficientemente cerca al proceso del luto como saber que es real el dolor de
perder a un ser querido.
Tampoco está Pablo intentando trivializar la aflicción. Quiere elevar nuestra
perspectiva por encima de la aflicción. La pérdida es real, pero el dolor no
necesita volverse una carga aplastante. De hecho, la palabra “ligera” es
puesta intencionalmente en contraste con “la gloria eterna que vale
muchísimo más que todo sufrimiento”. John Pipper escribe, “Cuando Pablo
dice que sus aflicciones son ligeras no se refiere a que sean fáciles o sin

dolor. Lo que quiere decir es que las aflicciones son nada cuando se
comparan con lo que está por venir. Comparadas con el peso de la gloria
venidera, son como plumas sobre la báscula”. En esta vida, la muerte de un
cónyuge es un momento determinante que nos marcará hasta el día de
nuestra
muerte. Pero comparado con lo que nos aguarda, es tan sólo un cambio
ligero de rumbo en el océano de la eternidad.
El luto de Jere era completamente real. Tenía el insomnio, la apatía y el
desgano, inclusive la inhabilidad de recordar cómo era Albert – después de
cuarenta y dos años de matrimonio. Pero también tenía esperanza. Su
confianza en Dios la ayudó a poner sus ojos más allá de sí misma. La fe
comenzó a producir buenas obras en ella. Al principio fueron pequeños
pasos
– la voluntad para despertar en la mañana, el valor para salir de la casa.
Pero al sembrar obediencia, comenzó a cosechar visión. La gente a su
alrededor
estaba sufriendo y tenía la libertad para ayudar. Podía sufrir su dolor y aun
así servir a los demás. Su pastor de entonces dijo, “Sufría su dolor, pero
también se entregó con afán a la iglesia local. Se reunió conmigo para
evaluar cómo podía servir a la iglesia. Consiguió un trabajo, pero diseñó su
horario intencionalmente para poder servir al pueblo de Dios. La muerte de
Albert la
impulsó en una nueva dirección y se había prendido un deseo creciente de no
perder ninguna oportunidad”.

Mi prueba es momentánea

Ninguna prueba parece momentánea. Esta es una característica que infecta


cada prueba. No se detiene, o así parece. Pero Dios nos invita a levantarnos
de la mesa e ir al otro lado. Quiere que veamos nuestras vidas desde otro
punto de vista.
Tal y como la palabra “ligera” está en contraste con “peso de gloria” en 2
Corintios, así también “efímero” está en contraste con “gloria eterna”.
Cuando se compara con la eternidad, esta vida mortal es tan sólo un suspiro,
un vapor, una niebla que rápidamente se disipa con la brisa más suave.
Cualquiera que sea la prueba que estés pasando, acabará, y un día la verás
tal

y como es en verdad: ligera y efímera.


El luto parece extenderse delante de nosotros como un camino sinuoso a
través de un valle largo y bajo. La autocompasión y el temor siempre están
rogando incluirse en el paseo. Así fue para Jere al principio. Sus
pensamientos iniciales fueron, ¿Qué voy a hacer? Todo lo que sé es ser
cuidadora por once años y ama de casa por cuarenta y dos años. Pero para el
cristiano, hay cosas más poderosas que el luto. Hay esperanza para el futuro.
Hay servicio para el presente. Aún más importante, está la cruz, en el
pasado y siempre presente.
La cruz se volvió el punto organizador de la vida de Jere y los lentes de
interpretación de su experiencia. “Mi entendimiento de lo que se logró en la
cruz para mí y el sacrificio de Cristo ha marcado toda la diferencia. No hay
nada más importante para mí que la cruz. Lo que Dios me dio a través de la
pérdida de mi esposo es un entendimiento más grande de quién es Cristo y
su
obra por mí, y una sensación poderosa de la obra del Espíritu Santo en mí.
Jere comprendió que Dios envió a su Hijo como el salvador para morir en su
lugar. Hay gran gozo en seguirle, aun en tiempos de sufrimiento. El
sufrimiento de su pérdida no sería para siempre. Era momentáneo.
En vez de entregarse a la desesperación, Jere tomó decisiones diarias, a
veces cada hora, para abrazar la gracia soberana de Dios y mirar más allá de
sí mismo. Decidió hacer de los años posteriores a su matrimonio, unos años
dedicados ininterrumpidamente para servir al Salvador y la iglesia. Comenzó
a colaborar en el ministerio de solteros (ministrando a adultos en la tercera
década de sus vidas), apoyaba a las personas de la tercera edad, y viajaba a
conferencias con el propósito exclusivo de servir. Jere no está en casa viendo
el reloj de su vida pasar. Y ciertamente, no está consumiendo sus años de
ubilación sólo en actividades placenteras. Ya ahora por más de una década
se ha entregado a servir – el poder de la gracia obrando la eternidad en su
vida.
Mi pérdida es Preparatoria

Es difícil pensar en el dolor como una preparación. Ya sea que se trate de un

dolor de muela o la pérdida de un cónyuge, el dolor simplemente parece ser


una experiencia del tipo del aquí y ahora, que el futuro raras veces entra en
el cuadro.

Pero Dios nos invita a ver el dolor de la pérdida como una preparación para
algo incomprensible. Nuestra pérdida presente no simplemente nos abre la
puerta de la gloria, sino produce gloria. La aflicción ligera y momentánea
nos está preparando para un eterno peso de gloria (2 Corintios 4:17). De
hecho, esta gloria es sin igual. Piensa por unos momentos en estas palabras.
Pablo ni siquiera puede decirnos una analogía o ilustración para ayudarnos a
entender lo que viene después de nuestro dolor. Nos dice que es insondable,
inconcebible, inimaginable, más allá de toda comparación. Eso es lo que
puede anhelar el cónyuge que permanece aquí: una gloria incomparable.

El funeral de Albert fue hace más de once años. Algunas veces Jere todavía
no puede creer que haya estado viuda tanto tiempo. Su casa – con sus
treinta
y dos años de recuerdos de niños creciendo, días festivos juntos, fiestas del
vecindario, el lugar donde el esposo y la esposa susurraron su último “te
amo” – fue vendida hace diez años. Eso fue difícil. Ahora vive sola en un
departamento cómodo de una recámara. Pero raras veces está allí. Hay
muchas cosas para hacer.
A Jere le encanta estudiar. Aún ahora, en su séptima década de vida, su
entusiasmo por aprender cosas nuevas es contagioso. Regularmente estudia
la
Palabra de Dios y libros buenos. Esto no sólo prepara su alma para el
Salvador, sino le da más para ofrecer a los demás. Una mamá de tres
adolescentes dijo, “Por medio del ejemplo y honestidad de Jere, he sido
animada y exhortada a amar más a mi salvador y a tener más diligencia con
mi familia. No sólo eso, sino ahora tengo una visión de cómo Dios me
encontrará cuando llegue a la vejez”.
Jere ve algo que muchas viudas y viudos aun no ven. Sin más
responsabilidades hacia el esposo y los hijos, Dios la ha liberado para
entregarse al servicio de los demás. Tiene una gran filosofía de la vida: “Un
persona sabia siempre se está preparando para la siguiente etapa”. “Y bien,
estoy en el invierno de mi vida. Quiero vivir preparándome para lo que
sigue.

Quiero ocupar mi tiempo y dinero de una manera que tome en cuenta a la


eternidad”. No desperdicia el tiempo preguntándose sobre el futuro.
Sencillamente, se prepara para él.

Quiero ser así cuando llegue a esa edad. Y si no soy así, no tendré ninguna
excusa. Porque ustedes comprenderán que Jere no sólo es un ejemplo
extraordinario. Es mi madre. Y estoy aquí en la primera fila, observando su
carrera y animándola hasta la meta final.

Este día por ese día

Matthew Henry dijo una vez, “Debe ser nuestra ocupación diaria el
pdreel pfainrarl ndoeslpaacraarnreureas,tyrouúnlatipmaortedívai”t.aEl
dsteeepsaasctoarrpeuraritsaonnoloestraeblaevcoosnsqcuieente comienzan
cuando los pecadores dicen “Sí acepto”.
Al principio de este libro, les pedí que miraran seriamente al pecado y cómo
se presenta en el pacto del matrimonio, la relación humana más íntima e
importante. Espero que te des cuenta ahora que al ver bíblicamente el pecado
mantendremos puestos nuestros ojos en lo que importa en realidad en el
matrimonio: el insondable amor y misericordia de Dios derramada por
nosotros a través del Salvador.
Cuando fijamos la mirada en la cruz, comenzamos a ver la aurora de un día
glorioso. Tu matrimonio ahora, mi matrimonio ahora, nos prepara para ese
día. El matrimonio existe para señalarnos ese día a nosotros y a los que nos
rodean. ¿Qué día es ese? Es la Cena de boda del Cordero, lo que Charles
Spurgeon describía como “el día festivo del cielo”. No hay mejor manera
de terminar este libro que pararnos junto al Pastor Spurgeon y dar un vistazo
a través de la ventana de la eternidad, para tener un atisbo de lo que nos
espera.
El cielo siempre es el cielo, e indescriptiblemente lleno de bendición;
pdersoboarudnameliecnietloos;ti[ePneerosu]
sendíeassefdesíativcousa,naduonlalamfealriecaidvaidvatidenele oscué
sano infinito de gozo haya venido, cuán inmensurable diluvio de
deleite

inundará las almas de todos los espíritus glorificados al ver que llega
la consumación del gran diseño del amor – “Las bodas del Cordero
han llegado, y su esposa se ha preparado” Amados, todavía no
conocemos la felicidad de la que somos susceptibles…¡Qué hermoso
estar allí!... Ver al Rey en su belleza, en la plenitud de su gozo,
cuando tome por la mano derecha a aquella por quien derramó su
sangre preciosa, y conocer el gozo puesto delante de él, por el cual
soportó la cruz, menospreciando el oprobio. ¡Estar allí será una
bendición! ¡Oh que día será ese cuando cada miembro de Cristo sea
coronado en Él, y con Él, y cada miembro del cuerpo místico será
glorificado en la gloria del esposo. Un día vendrá, el Día de días, la
corona y gloria del tiempo, cuando los santos, justificados por la
justicia de Cristo, serán eternamente uno con él en la vida, amor y
unión perdurable, participando de la misma gloria, la gloria del
Altísimo. ¡Qué glorioso será estar allá!
Nuestros matrimonios aquí son un cuadro imperfecto de lo que anhelamos
disfrutar en una relación eterna con nuestro Salvador. Confío que este libro
te haya dado una visión de cómo Dios está obrando aquí para procurar
nuestro gozo allá.
Amigos, sin importar dónde esté tu matrimonio ahora, está señalando a la
realidad más grande posible. Así de reales como son nuestros matrimonios
aquí en la tierra, tan sólo son una sombra de la realidad que
experimentaremos cuando Cristo venga por su esposa. Entonces tendremos
una fiesta de bodas para celebrar nuestra unión con Cristo que será como
ninguna fiesta jamás celebrada. La familia completa de Cristo estará allá –
nadie faltará de toda la tierra. El gozo de la fiesta no será estropeado por el
pecado, la lucha, el dolor o la decepción. Estaremos por siempre con Cristo
en nuestro nuevo hogar. ¡Qué gloria aguarda a los pecadores que dicen “sí
acepto”.
Preguntas de Repaso y Reflexión

1. ¿Qué piensas de la siguiente frase como uno de los propósitos del


matrimonio: “Prepararse mutuamente para la llegada de la muerte, y
consolarse mutuamente en la esperanza de la vida eterna”?

1. ¿Cómo has visto 2 Corintios 4:16 ser una realidad en tu matrimonio?

1. ¿Cómo el matrimonio te prepara para decir “Adios”?

1. ¿Qué puedes comentar de esta frase de Matthew Henry: “Debe ser


nuestra ocupación diaria el prepararnos para nuestro último día”?

[1] N. del T. Dairy Queen es una cadena de restaurantes de comida rápida


[2] N. del T. Blizzard es un tipo de helado que se sirve en Dairy Queen.

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