TEMA 2
2. El Tribunal Constitucional.
2.1. La reforma de la Constitución.
2.2. La Corona: funciones constitucionales del Rey.
2.3. Sucesión y regencia.
Página 1 de 11
TEMA 2
2. El Tribunal Constitucional.
A pesar de que se denomina «tribunal», no forma parte del Poder Judicial.
El TC posee en exclusiva la potestad de examinar la constitucionalidad de normas con rango de
ley, que pueden ser impugnadas mediante el respectivo recurso de inconstitucionalidad.
Asimismo, es el máximo garante en España de los derechos fundamentales, en especial de
aquellos protegidos por el recurso de amparo. Por último, también tiene la última palabra en
conflictos de competencias entre administraciones de cualquier nivel, así como de la revisión
de constitucionalidad de un tratado internacional.
Se compone de doce magistrados nombrados por el rey (cuatro a propuesta del Congreso de
los Diputados, cuatro del Senado, dos del Gobierno y dos del Consejo General del Poder
Judicial).
Estatuto jurídico.
Está regulado en el Título IX de la Constitución en sus artículos del 159 al 165, por lo que es un
órgano constitucional español, así como en la Ley Orgánica 2/1979, de 3 de octubre, del
Tribunal Constitucional (LOTC). Según el artículo 1 de la LOTC, el Tribunal Constitucional es
independiente en su función como intérprete supremo de la Constitución y está sometido solo
a la Constitución y a dicha ley. Además, es único en su orden y extiende su jurisdicción a todo el
territorio español.
Sin embargo, la composición del Tribunal sí es dependiente de los demás poderes del Estado,
pues son ellos quienes la proponen.
El Tribunal Constitucional goza de plena independencia orgánica, en tanto que sus miembros,
elegidos por el poder legislativo, ejecutivo y judicial, no pueden ser removidos de sus cargos ni
recibir instrucciones tras su nombramiento conforme a lo establecido en el artículo 159 de la
Constitución y el artículo 16 de la LOTC.
Competencias
Corresponde al Tribunal Constitucional la última interpretación de los preceptos
constitucionales señalando la extensión y límites de los valores superiores como la libertad,
igualdad, justicia y pluralismo político.
El Tribunal Constitucional es competente para conocer:
- Recursos de inconstitucionalidad y cuestiones de inconstitucionalidad contra leyes y
disposiciones normativas con fuerza de ley (ej. Decretos-leyes y decretos legislativos).
(Tanto los miembros del poder legislativo como del poder judicial, pueden considerar
que una nueva ley es inconstitucional. Si lo piensan los políticos presentan un recurso,
pero si son los magistrados, desde sus respectivos juzgados, elevan cuestiones de
inconstitucionalidad al Tribunal Constitucional.) El recurso de inconstitucionalidad lo
pueden interponer el presidente del Gobierno, el Defensor del Pueblo, 50 Diputados
del Congreso, 50 Senadores, los Gobiernos autonómicos y los Parlamentos
autonómicos;
Página 2 de 11
TEMA 2
- Recursos de amparo por violación de los derechos fundamentales y de las libertades
públicas relacionados en el art. 53.2 de la Constitución, es decir, por violación de las
libertades y derechos reconocidos en los arts. 14 a 29 de la Constitución, ambos
inclusive, y la objeción de conciencia al servicio militar, prevista en el art. 30. Lo puede
interponer cualquier persona física o jurídica que invoque un interés legítimo, el
Defensor del Pueblo y el Ministerio Fiscal.
- Conflictos constitucionales de competencia entre el Estado y las comunidades
autónomas o de los de éstas entre sí.
- Conflictos entre los órganos constitucionales del Estado.
- Declaraciones previas sobre la constitucionalidad de los Tratados internacionales.
- Impugnaciones previstas en el artículo 161.2 de la Constitución. Según este artículo, el
Gobierno puede impugnar ante el Tribunal Constitucional las disposiciones y
resoluciones adoptadas por los órganos de las comunidades autónomas. La
impugnación producirá la suspensión de la disposición o resolución recurrida, pero el
Tribunal Constitucional, en su caso, deberá ratificarla o levantarla en un plazo no
superior a cinco meses.
- Conflictos en defensa de la autonomía local.
- Verificación de los nombramientos de los magistrados del Tribunal Constitucional, para
juzgar si los mismos reúnen los requisitos requeridos por la Constitución y la presente
Ley.
- Y las demás materias que le atribuyen la Constitución y las leyes orgánicas.
El Tribunal Constitucional puede dictar reglamentos sobre su propio funcionamiento y
organización, así como sobre el régimen de su personal y servicios, dentro del ámbito de su ley
orgánica reguladora. Estos reglamentos, que deberán ser aprobados por el Tribunal en Pleno,
se publicarán en el Boletín Oficial del Estado.
Composición
El Tribunal Constitucional está integrado por 12 miembros, que ostentan el título de
magistrados del Tribunal Constitucional. Son nombrados por el rey mediante Real Decreto, a
propuesta:
- De las Cámaras que integran las Cortes Generales. Cuatro de sus miembros son
designados por el Congreso de los Diputados y otros cuatro por el Senado, en ambos
casos por mayoría de ⅗ de los miembros de cada Cámara. Los nombrados por el
Senado provienen necesariamente de candidatos propuestos por las asambleas
legislativas de las comunidades autónomas;
- Del Gobierno. Son dos;
- Del Consejo General del Poder Judicial. Son dos, por mayoría de ⅗ de sus miembros.
El cargo dura nueve años, y para ser nombrado hace falta tener la ciudadanía española y ser
magistrado, fiscal, profesor de Universidad, funcionario público o abogado. Hace falta ser,
además, jurista de reconocida competencia con más de quince años de ejercicio profesional.
Los magistrados del Tribunal se renuevan por terceras partes cada tres años.
Página 3 de 11
TEMA 2
Los miembros del Tribunal Constitucional son independientes e inamovibles en el ejercicio de
su mandato. Así mismo, con el objetivo de reforzar su independencia, no se les puede
perseguir por las opiniones expresadas en el ejercicio de sus funciones ni podrán ser
destituidos ni suspendidos sino por alguna de las causas que esta Ley establece.
2.1. La reforma de la Constitución.
TÍTULO X
De la reforma constitucional
Artículo 166.
La iniciativa de reforma constitucional se ejercerá en los términos previstos en los apartados 1
y 2 del artículo 87.
Artículo 167.
1. Los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres
quintos de cada una de las Cámaras. Si no hubiera acuerdo entre ambas, se intentará obtenerlo
mediante la creación de una Comisión de composición paritaria de Diputados y Senadores, que
presentará un texto que será votado por el Congreso y el Senado.
2. De no lograrse la aprobación mediante el procedimiento del apartado anterior, y siempre
que el texto hubiere obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado, el
Congreso, por mayoría de dos tercios, podrá aprobar la reforma.
3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su
ratificación cuando así lo soliciten, dentro de los quince días siguientes a su aprobación, una
décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras.
Artículo 168.
1. Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Título
preliminar, al Capítulo segundo, Sección primera del Título I, o al Título II, se procederá a la
aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución
inmediata de las Cortes.
2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto
constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras.
3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su
ratificación.
Artículo 169.
No podrá iniciarse la reforma constitucional en tiempo de guerra o de vigencia de alguno de los
estados previstos en el artículo 116.
Página 4 de 11
TEMA 2
2.2 La Corona: funciones constitucionales del Rey.
LA CORONA.
La institución de la Corona tiene su fundamento y justificación en el sistema democrático
actual no en razones históricas o tradicionales, sino en el reconocimiento de la misma que se
efectúa en la Constitución Española de 1978.
Precisamente, el artículo 1.3 de la Constitución dispone que “La forma política del Estado
español es la Monarquía parlamentaria.”
La ubicación de este precepto en el Título Preliminar de la Constitución, así como la regulación
de la Corona en su Título II, supone una especial protección de la institución monárquica,
puesto que cualquier modificación de su regulación tendrá la misma consideración respecto a
su procedimiento que la de una reforma total de la Norma Fundamental, que requiere que se
realice por el procedimiento más exigente previsto en el artículo 168 CE. En definitiva, ello
supone una diferenciación además de un refuerzo de la Corona frente a las demás instituciones
del Estado, ya que esta circunstancia no se produce con respecto al resto.
Asimismo, al definirla como Monarquía parlamentaria se ha querido resaltar la separación
entre la Corona y la dirección política del país, estableciéndose la responsabilidad política del
Gobierno que se exige por el Parlamento y excluyéndose al Rey de dicha responsabilidad a
través de la figura del refrendo.
La configuración constitucional de la figura del Monarca se establece principalmente en el
artículo 56.1 CE, al señalar que “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y
permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más
alta representación del Estado Español en las relaciones internacionales, especialmente con las
naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la
Constitución y las leyes”.
El apartado 2 del mismo artículo 56 CE dispone que “Su título es el de Rey de España y podrá
utilizar los demás que correspondan a la Corona”; y el apartado 3 establece el principio de
inviolabilidad del Rey, no encontrándose sujeto a responsabilidad por sus actos gracias a la
figura del refrendo, a la que se aludirá posteriormente.
La atribución del título de Jefe del Estado responde, a la separación entre la Corona y el Estado.
El artículo 56.1 de la CE establece la figura de Jefe del Estado (Estado) y el artículo 56.2
establece la figura como Rey (Corona).
Por este motivo, la doctrina suele distinguir entre las funciones simbólicas o representativas del
Rey, que recoge el art. 56 CE, y sus concretas atribuciones, que figuran principalmente en los
arts. 62 y 63 CE:
A) Funciones de carácter simbólico o representativo, artículo 56.1 (como rey):
a) El Rey como símbolo de la unidad y permanencia del Estado: lo cual no equivale a que la
Monarquía personifique la soberanía de la Nación. La Corona es el símbolo de la integración
nacional, lo que se traduce en que representa la unidad del Estado frente a la división
Página 5 de 11
TEMA 2
orgánica de poderes y también simboliza la unidad del Estado en relación con las
Comunidades Autónomas, cuyos derechos ha de respetar.
b) El Rey como árbitro y moderador del funcionamiento regular de las instituciones: la
Corona se configura como una magistratura suprema del Estado, ejerciendo un poder
armónico y moderador, que se manifiesta especialmente en su capacidad de influencia. Ello
no supone el ejercicio de potestad positiva o negativa alguna, sino que se refiere a la
facultad del Rey de entrar en contacto o relacionarse con el resto de los órganos
constitucionales, con el fin de armonizar su funcionamiento o evitar disputas o conflictos
que afecten al funcionamiento ordinario de los poderes públicos.
c) El Rey como máximo representante del Estado en las relaciones internacionales: al
Monarca se le atribuye la más alta representación del Estado español en la acción exterior,
destacando su carácter simbólico por la alusión expresa que realiza el art. 56 a las naciones
de su comunidad histórica. Se trata de una herencia histórica del papel que
tradicionalmente ha correspondido a la Corona, pero que, a su vez, se concreta en una serie
de funciones que específicamente se reconocen al Rey, como la firma de Tratados
internacionales o la acreditación de embajadores, entre otras.
B) Atribuciones o funciones concretas, artículo 62 (como Jefe del Estado):
El art. 62 CE señala como facultades que corresponden al Rey las que se indican a continuación:
a) Sancionar y promulgar las leyes: Así, se dispone taxativamente que “el Rey sancionará
en el plazo de 15 días las leyes aprobadas por las Cortes Generales, y las promulgará y
ordenará su inmediata publicación” (art. 91 CE).
b) Convocar y disolver las Cortes Generales y convocar elecciones en los términos
previstos en la Constitución:
En esta materia, tampoco el Rey tiene libertad de decisión, puesto que la convocatoria
del Congreso debe tener lugar dentro de los 25 días siguientes a la celebración de las
elecciones (art. 68.6 CE) y la disolución se producirá por decisión del Presidente del
Gobierno (art. 115 CE) o bien automáticamente en caso de no haber sido elegido
Presidente dentro de los 2 meses siguientes a la primera votación de investidura
(art.99.5 CE). Por lo que se refiere a la convocatoria de elecciones, si la causa es la
disolución de las Cámaras, la fecha se fija en el propio decreto de disolución, y si es por
expiración del mandato, se deberá fijar también por el Presidente del Gobierno entre los
30 y 60 días siguientes a la terminación de dicho mandato parlamentario.
c) Convocar a referéndum en los casos previstos en la Constitución:
Al igual que en el caso anterior, la decisión de convocar a referéndum corresponde
exclusivamente al Presidente del Gobierno, previa autorización del Congreso de los
Diputados (art. 92 CE), limitándose el Rey a firmar el decreto de convocatoria.
d) Proponer el candidato a Presidente del Gobierno y, en su caso, nombrarlo, así como
poner fin a sus funciones en los términos previstos en la Constitución:
Página 6 de 11
TEMA 2
La facultad de proponer el candidato a la Presidencia del Gobierno es la atribución en la
que la Constitución otorga un mayor grado de autonomía al Monarca, exigiendo
únicamente dos requisitos (art. 99 CE): la consulta previa con los representantes
designados por los grupos políticos con representación parlamentaria y la propuesta del
candidato a través del Presidente del Congreso.
En cuanto al nombramiento y cese del Presidente del Gobierno, el Rey no dispone de
capacidad de decisión al respecto.
e) Nombrar y separar a los miembros del Gobierno, a propuesta de su Presidente:
Igualmente, el Monarca se limita en el ejercicio de esta atribución a nombrar o destituir
a las personas elegidas por el Presidente del Gobierno, careciendo de cualquier poder
de veto.
f) Expedir los decretos acordados en el Consejo de Ministros, conferir los empleos civiles
y militares y conceder honores y distinciones con arreglo a las leyes:
Con respecto a la expedición de los Reales Decretos, aunque algún autor ha admitido la
posibilidad de que el Rey pudiera negarse a firmar un decreto que carezca de elementos
formales sustanciales, la mayoría de la doctrina rechaza este supuesto, señalando que
corresponde a otros órganos decidir si las normas se ajustan o no a derecho.
Por otra parte, el Monarca conserva cierto margen de iniciativa en relación con la
tradicional facultad de conferir honores y distinciones.
g) Ser informado de los asuntos de Estado y presidir, a estos efectos, las sesiones del
Consejo de Ministros, cuando lo estime oportuno, a petición del Presidente del
Gobierno:
Dada la posición institucional del Rey como Jefe del Estado, es lógico que deba ser
informado por el Gobierno de los principales asuntos de Estado. Consecuencia de ello es
que se recoja la posibilidad de presidir las sesiones del Consejo de Ministros, siempre
que así se lo solicite el Presidente del Gobierno y sin que, como es lógico, pueda
participar en las decisiones, dada su neutralidad política.
h) El mando supremo de las Fuerzas Armadas:
Se trata de una función esencialmente simbólica, al atribuir el art. 97 CE al Gobierno la
dirección de la Administración militar y la defensa del Estado.
i) Ejercer el derecho de gracia con arreglo a la Ley, que no podrá autorizar indultos
generales.
j) El Alto Patronazgo de las Reales Academias.
A lo anterior, el art. 63 CE añade, dentro de lo que se ha llamado la función internacional de la
Corona:
- Acreditar a los embajadores y otros representantes diplomáticos, así como los
representantes extranjeros en España deben estar acreditados ante el Rey.
Página 7 de 11
TEMA 2
- Manifestar el consentimiento del Estado para obligarse internacionalmente por medio
de Tratados, de conformidad con la Constitución y las Leyes.
- Declarar la guerra y firmar la paz, previa autorización de las Cortes Generales en ambos
casos.
Por otra parte, a lo largo del texto constitucional y en las Leyes se atribuyen otras funciones al
Rey, entre las que se pueden citar las relativas al nombramiento de las máximas autoridades
del Estado, entre otras:
- Nombramiento de los 12 miembros del Tribunal Constitucional y de su Presidente.
- Nombramiento de los 20 miembros del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).
- Nombramiento del Presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ.
- Nombramiento del Presidente del Tribunal de Cuentas.
- Nombramiento de los presidentes de los Consejos de Gobierno de las Comunidades
Autónomas.
Finalmente, el art. 65 CE regula lo que se ha venido a denominar actividad privada del Rey, al
estar relacionada con el funcionamiento de la Casa Real, incluyendo las siguientes facultades:
- Distribuir libremente la asignación global contenida en los Presupuestos Generales del
Estado para el sostenimiento de su familia y Casa.
- Nombrar y relevar libremente a los miembros civiles y militares de su Casa.
2.3 Sucesión y regencia.
El orden Sucesorio
Una de las características de la Monarquía es el denominado principio hereditario, que implica
el establecimiento de unas reglas para la sucesión del Rey fallecido o que cesa en su condición
por abdicación u otros motivos.
El art. 57 de la Constitución establece que la Corona de España es hereditaria en los sucesores
de S.M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica, estableciendo a
continuación para el orden sucesorio, las reglas tradicionales en el sistema español, al señalar
el art. 57.1 CE que “la sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y
representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea,
el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer; y en el mismo
sexo, la persona de más edad a la de menos”.
Por tanto, la sucesión corresponde al primogénito y a sus descendientes, siempre que aquél
sea varón o bien no tenga hermanos varones. Se ha cuestionado la regla anterior, en virtud de
la prohibición de toda discriminación por razón de sexo que establece el art. 14 CE, pero la
regla de sucesión ha sido establecida por el mismo Constituyente, por lo cual supone una
Página 8 de 11
TEMA 2
excepción buscada conscientemente a la regla general de no discriminación. En todo caso, en
los últimos tiempos se ha planteado la oportunidad de reformar la Constitución en este
aspecto, eliminando la preferencia del varón sobre la mujer, al considerarse una regla
tradicional que no tiene sentido que conserve su vigencia.
Por otra parte, existen determinadas referencias en la Constitución a la figura del príncipe
heredero y, en general, a las de los sucesores, pudiendo destacarse las siguientes:
a) El Príncipe heredero, desde su nacimiento o desde que se produzca el hecho que origine el
llamamiento como tal, tendrá la dignidad de Príncipe de Asturias y los demás títulos vinculados
tradicionalmente al sucesor de la Corona (art.57.2 CE). Como ya se ha señalado, al alcanzar la
mayoría de edad, el Príncipe heredero deberá prestar el oportuno juramento ante las Cortes.
b) Cualquier persona que, teniendo derecho a la sucesión en el trono, contrajera matrimonio
contra la expresa prohibición del Rey y de las Cortes Generales, quedará excluida en la sucesión
a la Corona por sí y sus descendientes (art. 57.4 CE). En todo caso, la prohibición del
matrimonio no impide la realización del mismo, sino que supone la extinción del derecho a la
sucesión en caso de no respetarse dicha prohibición. No obstante, este precepto no está
previsto para el matrimonio del Rey, por lo que el mismo no podrá ser prohibido por las Cortes.
Aunque, en principio, la sucesión al trono se produce automáticamente por aplicación de las
normas sucesorias, también está prevista la intervención de las Cortes Generales para proveer
sobre dicha sucesión en caso de haberse extinguido todas las líneas llamadas en Derecho a
suceder al anterior Rey, debiendo resolver aquéllas en la forma que más convenga a los
intereses de España (art. 57.3 CE).
En todo caso, las cuestiones relativas al orden sucesorio pueden dar lugar a problemas
interpretativos, por lo cual se ha establecido una cláusula residual que atribuye al Poder
Legislativo la facultad de resolver todas las dificultades que surjan en esta materia. Así, el
artículo 57.5 CE señala que “las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho o de
derecho que ocurra en el orden de sucesión a la Corona se resolverán por una ley orgánica”.
Como ejemplo de este precepto podemos mencionar la Ley Orgánica 3/2014, de 18 de junio,
por la que se hace efectiva la abdicación de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I de Borbón.
La Regencia
La cuestión de la Regencia alude a los supuestos en que la persona del Rey no pueda
desempeñar plenamente sus funciones, por ser menor de edad o haberse inhabilitado,
debiendo ser sustituido en dicho ejercicio por otra persona que cumpla las funciones que de
ordinario corresponden al Monarca. En esta materia, la regulación constitucional se encuentra
en el art. 59 CE, que también guarda continuidad con otros precedentes históricos.
En relación con la regencia, se pueden destacar los siguientes aspectos:
A) Supuestos de Regencia
El art. 59 CE prevé dos supuestos en los que entra en funcionamiento el mecanismo de la
regencia: la minoría de edad del Rey y su inhabilitación aceptada por las Cortes Generales.
Página 9 de 11
TEMA 2
En lo referente a la minoría de edad del Rey, al margen de la figura del tutor, la regencia se
desempeñará por “el padre o la madre del Rey y, en su defecto, el pariente mayor de edad más
próximo a suceder en la Corona, según el orden establecido en la Constitución” y “la ejercerá
durante el tiempo de la minoría de edad del Rey” (art.59.1). Para delimitar la mayoría de edad
del Rey no se establece especialidad alguna, por lo que hay que entender que la misma se
produce a los 18 años.
Por lo que se refiere al otro supuesto, el art. 59.2 señala que “si el Rey se inhabilitare para el
ejercicio de su autoridad y la imposibilidad fuere reconocida por las Cortes Generales, entrará a
ejercer inmediatamente la Regencia el Príncipe heredero de la Corona, si fuere mayor de edad.
Si no lo fuere, se procederá de la forma prevista en el apartado anterior, hasta que el Príncipe
heredero alcance la mayoría de edad”. En este caso, la intervención de las Cortes se limita a
aceptar la inhabilitación del Rey, pero no para determinar la figura del regente.
B) Requisitos para ejercer la Regencia
El apartado 4 del art. 59 establece dos requisitos para ejercer la regencia: ser español y mayor
de edad, sin perjuicio de que en los casos citados deberán ser concretamente las personas
designadas según lo previsto en los preceptos anteriores. Estos son los supuestos conocidos
como de “Regencia legítima”.
Sin embargo, si no hubiera nadie a quien corresponda la regencia de acuerdo con lo señalado
anteriormente, la misma será nombrada por las Cortes Generales y se compondrá de una, tres
o cinco personas (art. 59.3 CE). Por tanto, este supuesto de regencia nombrada por las Cortes
presenta dos diferencias con respecto a la denominada Regencia legítima: por un lado, puede
tratarse de una regencia colegiada y, por otra, puede ejercerla cualquier persona, siempre que
cumpla con los requisitos de ser mayor de edad y español, pero sin necesidad de guardar
parentesco alguno con el Rey o figurar en el orden sucesorio a la Corona.
Hay un supuesto de incompatibilidad para el ejercicio de la regencia, que es de la figura del
tutor del Rey (a la que se hará referencia posteriormente), salvo que se trate del padre, la
madre o ascendientes directos del Monarca.
Por lo que se refiere a su duración, en el caso de que sea por minoría de edad del Rey, será
hasta que éste cumpla los 18 años; y en el supuesto de inhabilitación, hasta que las Cortes
aprecien que las causas de la misma han desaparecido, si bien cuando en este caso no
corresponda la regencia al Príncipe heredero por ser menor de edad, al cumplir los 18 años
asumirá la regencia.
C) Posición Constitucional del Regente
El art. 59.5 establece que la regencia se hará “por mandato constitucional y siempre en
nombre del Rey”. Lo anterior se interpreta en el sentido de que el regente ostenta la misma
posición constitucional que el Rey, a quien sustituye en sus funciones. La regencia implica el
ejercicio de la Jefatura del Estado, con todas las atribuciones que reconoce la Constitución al
Monarca, estando incluso obligado el regente a prestar el mismo juramento que aquél.
Página 10 de 11
TEMA 2
La Tutoría
Una figura diferente a la de la Regencia, aunque ambas puedan coincidir en la misma persona,
es la del tutor del Rey menor de edad, prevista en el art. 60 CE. Mientras que la Regencia
supone desempeñar la Jefatura del Estado por no poder hacerlo el Rey (por su minoría de edad
o por haberse inhabilitado), el tutor es la persona que vela por los derechos e intereses del
Monarca, en tanto éste no haya alcanzado la mayoría de edad legal para hacerlo por sí mismo.
El art. 60.1 CE dispone un procedimiento específico para la designación del tutor, en el cual
prevalece la voluntad del anterior Rey fallecido, aunque también se prevé el supuesto en que el
tutor no hubiera sido elegido por aquél:
1º El tutor del Rey menor de edad será, como regla general, la persona que hubiese nombrado
en su testamento el Rey difunto, siempre que sea mayor de edad y español de nacimiento.
2º Si no hubiese nombrado a nadie, el tutor será el padre o la madre del Rey menor, mientras
permanezcan viudos.
3º En defecto de los anteriores, las Cortes Generales designarán al tutor, pero únicamente
podrán acumularse los cargos de Regente y de tutor en el padre, madre o ascendientes
directos del Rey.
El apartado 2 del mismo artículo 60 establece una limitación adicional, al disponer que “el
ejercicio de la tutela es también incompatible con el de todo cargo o representación política”.
Página 11 de 11