ANALISIS DE SENTENCIA
Nombre: Susan Espinoza
C.I.P 4-828-822
Elabore un resumen con los aspectos más importantes de la siguiente
sentencia para su discusión en clase:
El recurso de casación interpuesto por Martín González Real contra la Sentencia
del 26 de mayo de 2020, emitida por el Tribunal Superior del Segundo Distrito
Judicial, se basa en tres causales de fondo: infracción de normas sustantivas de
derecho en el concepto de violación directa, infracción de normas sustantivas de
derecho en el concepto de aplicación indebida, y infracción de normas sustantivas
de derecho en el concepto de error de derecho en cuanto a la apreciación de la
prueba.
La Sentencia recurrida revocó la Sentencia No. 25 del 25 de junio de 2019, dictada
por el Juzgado Segundo del Circuito Judicial de Coclé, Ramo Civil, y declaró
probadas las excepciones de falta de idoneidad del título presentado y de
inexistencia de la obligación, las cuales fueron aducidas por la parte demandada
dentro del proceso ejecutivo que el recurrente interpuso en contra de Hermelinda
Ríos Tejeira y Azael Antonio Cruz Pérez.
El Tribunal Supremo de Justicia, Sala Primera de lo Civil, no admite el recurso de
casación debido a que los motivos presentados no contienen cargos definidos de
injuridicidad y no cumplen con los requisitos establecidos en el Código Judicial. En
particular, los motivos no especifican cómo la infracción acusada influyó en lo
decidido en la Sentencia recurrida ni cómo se relacionan los hechos con las normas
que se dicen violadas.
Además, el Tribunal Supremo considera que los motivos no están redactados de
manera clara y precisa, lo que hace ininteligible el concepto de la causal de fondo.
Por lo tanto, se condena al recurrente en casación a pagar la suma de CIENTO
CINCUENTA BALBOAS CON 00/100 (B/.150.00) en concepto de costas.
MARTÍN GONZÁLEZ REAL RECURRE EN CASACIÓN EN CONTRA DE LA
SENTENCIA QUE DECIDIÓ LAS EXCEPCIONES DE FALTA DE IDONEIDAD DEL
TÍTULO EJECUTIVO Y DE INEXISTENCIA DE LA OBLIGACIÓN, ADUCIDAS
DENTRO DEL PROCESO EJECUTIVO QUE EL RECURRENTE INTERPUSO EN
CONTRA DE HERMELINDA RÍOS TEJEIRA Y AZAEL ANTONIO CRUZ PÉREZ.
PONENTE: ANGELA RUSSO DE CEDEÑO. PANAMÁ, CINCO (5) DE ENERO DE
DOS MIL VEINTIUNO (2021).
Tribunal: Corte Suprema de Justicia, Panamá
Sala: Primera de lo Civil
Ponente: Angela Russo de Cedeño
Fecha: 05 de enero de 2021
Materia: Civil
Casación
Expediente: 478292020
VISTOS:
El Licdo. Fidel Pérez Castillo, apoderado judicial del señor MARTÍN GONZÁLEZ
REAL, anunció y formalizó recurso de casación en contra de la Sentencia del 26 de
mayo de 2020, emitida por el Tribunal Superior del Segundo Distrito Judicial,
mediante la cual revocó la Sentencia No.025 (sic) del 25 de junio de 2019, dictada
por el Juzgado Segundo del Circuito de Coclé, Ramo Civil, y, en su lugar, declaró
probadas las excepciones de falta de idoneidad del título presentado y de
inexistencia de la obligación, las cuales fueron aducidas por la parte demandada
dentro del Proceso Ejecutivo que el recurrente interpuso en contra
de HERMELINDA RÍOS TEJEIRA y AZAEL ANTONIO CRUZ PÉREZ, y, mediante
resolución del 29 de julio de 2020, el mencionado Tribunal resolvió, entre otras
cosas, declarar que la mencionada Sentencia es susceptible del recurso de
casación anunciado.
Una vez ingresado y repartido el negocio por la Secretaría de la Sala de lo Civil, se
dictó la resolución del 14 de agosto de 2020, mediante la cual se fijó en lista este
negocio por el término de seis días para que las partes alegaran sobre la
admisibilidad del recurso de casación, oportunidad que fue utilizada por ambas
partes.
Le corresponde a esta Sala determinar si se cumplen los requisitos para que el
recurso de casación interpuesto pueda ser admitido, no sin antes indicar
que observamos que el cuaderno que se nos remitió no contiene la totalidad de la
actuación relacionada con las excepciones que fueron decididas en la Sentencia
recurrida, y que la parte inicial de esa actuación se encuentra en el expediente
principal, además, en el referido cuaderno también está incluida la actuación
relacionada con una solicitud de exceso en el depósito, lo que incumple con lo
dispuesto en el artículo 711 del Código Judicial, en relación con el artículo 1684
ibídem, y en el artículo 540 de la misma excerta.
La irregularidad antes mencionada fue cometida por el Juzgado a-quo, y mantenida
por el Tribunal ad-quem al conocer del recurso de apelación en contra de la
Sentencia que decidió las excepciones en primera instancia, por lo que se les hace
un llamado de atención a fin de que dicha irregularidad no se repita, y se exhorta al
mencionado Juzgado a que la corrija.
En lo que respecta al recurso de casación que nos ocupa, constatamos que el
mismo fue anunciado y formalizado oportunamente, de conformidad con lo
dispuesto en los artículos 1173 y 1174 del Código Judicial, que la Sentencia
impugnada es de las que puede ser objeto del recurso de casación, como lo
contempla el numeral 1 del artículo 1164 del Código Judicial, que la aludida
resolución se funda en preceptos jurídicos que rigen en la República, y fue dictada
en un negocio cuya cuantía no es menor de B/.25,000.00, de conformidad con lo
dispuesto en el artículo 1163 de la misma excerta.
En el recurso de casación propuesto, el Licdo. Pérez Castillo adujo la causal de
fondo en tres conceptos diferentes.
En primer lugar, dicho letrado adujo "...infracción de normas sustantivas de derecho
en el concepto de violación directa, la que ha influido sustancialmente en lo
dispositivo de la resolución recurrida..."
Para fundamentar el concepto de infracción antes citado, el apoderado en referencia
expuso los siguientes motivos:
"Primer motivo: Al emitir la sentencia de 26 de mayo de 2020, y con ella revocar la
sentencia número 25 de 25 de junio de 2019 que había dictado el Juzgado Segundo
del Circuito Judicial de Coclé, Ramo Civil, en este proceso ejecutivo, el Tribunal
Superior del Segundo Distrito Judicial (Coclé y Veraguas) infringió en forma directa,
por omisión o falta de aplicación, la disposición sustantiva de texto y sentido claros
contenida en la Ley sobre Documentos Negociables que establece que para que un
documento sea negociable deberá reunir los siguientes requisitos: (a) Estar firmado
por el expedidor o librador; (b) Contener una promesa o una orden incondicional de
pago de cierta suma de dinero; (c) Ser pagadero al requerimiento o en fecha futura
determinada o susceptible de serlo; (d) Ser pagadero a la orden o al portador, y (d)
(sic) Cuando el documento esté dirigido a un librado y dicho librado está designado
en el mismo por su nombre o de alguna otra manera que implique razonable certeza.
La falta de aplicación de la anotada disposición de la Ley
de Documentos Negociables condujo al Tribunal Superior a la errada conclusión de
que el título presentado por el ejecutante, léase las letras de cambio, no tienen
idoneidad de títulos ejecutivos porque, según alega, se pretermitió el trámite del
reconocimiento de la firma del deudor, errada conclusión a la que arribó a pesar de
que el reconocimiento de la firma del deudor no es un requisito exigido en la citada
disposición -ni en ninguna otra norma legal- para la validez de
los documentos negociables como títulos ejecutivos, equivocado dictamen al que el
Ad Quem llegó al ignorar y desconocer completamente el claro tenor literal de dicha
norma de la Ley sobre Documentos Negociables, es decir, omitiendo aplicarla y
exigiendo el cumplimiento de un requisito para la validez de
los documentos negociables que dicha norma no menciona, proceder con el que
infringió esa disposición en forma directa, por omisión, incidiendo la falta de
aplicación de dicha norma en la parte dispositiva de la resolución recurrida."
Segundo motivo: Al emitir la sentencia recurrida, el Tribunal Superior del Segundo
Distrito Judicial (Coclé y Veraguas) infringió en forma directa, por omisión o falta de
aplicación, la disposición sustantiva de texto y sentido claro contenida en la Ley
sobre documentos Negociables que establece que la letra de cambio, como
documento negociable que es, constituye una orden incondicional y escrita dirigida
por una persona a otra y firmada por la que la ha expedido, encargando a aquella a
quien va dirigida que pague a requerimiento o en tiempo futuro determinado o
susceptible de serlo, cierta suma de dinero a la orden o al portador.
La omisión respecto a aplicar la mencionada disposición de la Ley
de Documentos Negociables condujo al Tribunal Superior al equivocado dictamen
de que las letras de cambio libradas por el ejecutante y aceptadas por los ejecutados
no tienen idoneidad de título ejecutivo porque, según alega, se pretermitió el trámite
del reconocimiento de la firma de los aceptantes-deudores de las mismas, errada
conclusión a la que arribó a pesar de que el reconocimiento de la firma del deudor
o aceptante no es un requisito exigido en la citada disposición -ni en ninguna otra
norma legal- para la validez de las letras de cambio
como documentos negociables y, por ende, como títulos ejecutivos, desafortunada
opinión a la que el Ad Quem llegó al apartarse y desconocer completamente el claro
tenor literal de dicha disposición legal de la Ley sobre Documentos Negociables, es
decir, omitiendo aplicarla y exigiendo el cumplimiento de un requisito para la validez
de los documentos negociables que la regla de derecho comentada no menciona,
proceder con el que infringió esa disposición en forma directa, por omisión,
incidiendo la falta de aplicación de la misma en la parte dispositiva de la resolución
recurrida."
Tercer motivo: Al emitir la sentencia recurrida, el Tribunal Superior del Segundo
Distrito Judicial (Coclé y Veraguas) infringió en forma directa, por omisión o falta de
aplicación, la disposición sustantiva de texto y sentido claro contenida en la Ley
sobre Documentos Negociables que establece que la aceptación de una letra de
cambio es la manifestación hecha por el librado de su asentimiento a la orden del
librador, que dicha aceptación debe constar por escrito y estar firmada por el librado
y que no deberá expresar que el librado cumplirá su promesa por cualquier otro
medio que no sea el pago de dinero.
La omisión respecto a aplicar la mencionada disposición de la Ley
de Documentos Negociables condujo al Tribunal Superior al yerro de considerar
que las letras de cambio libradas por el ejecutante y aceptadas por los demandados
no tienen idoneidad de títulos ejecutivos porque, según alega, se pretermitió el
trámite del reconocimiento de la firma de tales aceptantes, equivocada opinión a la
que arribó a pesar de que el reconocimiento de la firma del aceptante no es un
requisito exigido en la citada disposición -ni en ninguna otra norma legal- para la
validez de las letras de cambio ni para que éstas sean apreciadas como como
(sic) documentos negociables y, por ende, como títulos ejecutivos, desacertado
dictamen al que el Ad Quem arribó al apartarse e ignorar completamente el claro
tenor literal de la regla de derecho contenida en la citada disposición de la Ley
sobre Documentos Negociables, es decir, omitiendo aplicarla y exigiendo el
cumplimiento de un requisito que la misma no menciona, proceder con el que
infringió esa regla de derecho en forma directa, por omisión, incidiendo la falta de
aplicación de dicha norma en la parte dispositiva de la resolución recurrida."
Cuarto motivo: Al emitir la sentencia recurrida, el Tribunal Superior del Segundo
Distrito Judicial (Coclé y Veraguas) infringió en forma directa, por omisión o falta de
aplicación, la disposición sustantiva de texto y sentido claro contenida en la Ley
sobre Documentos Negociables que establece que por la aceptación de un
documento negociable -léase letras de cambio- el aceptante se compromete a
pagarlo en conformidad con el tenor de su aceptación.
La falta de aplicación de la anotada disposición de la Ley
de Documentos Negociables condujo al Tribunal Superior a la errada conclusión de
que el título presentado por el ejecutante, es decir, las mencionadas letras de
cambio, no tienen idoneidad de título ejecutivo porque, según alega, se pretermitió
el trámite del reconocimiento de la firma del deudor o aceptante de las mismas,
errada conclusión a la que arribó a pesar de que el reconocimiento de la firma del
deudor o aceptante de una letra de cambio no es un requisito exigido en la citada
disposición-ni en ninguna otra norma legal- para la validez del compromiso del
aceptante respecto a pagarla, ni para que la letra de cambio sea apreciada como
como (sic) documento negociable y, por ende, como título ejecutivo, desacertado
dictamen al que el Ad Quem arribó al apartarse e ignorar íntegramente el claro tenor
literal de la comentada norma de la Ley de Documentos Negociables, es decir,
omitiendo aplicarla y exigiendo el cumplimiento de un requisito para la validez de
los documentos negociables -en este caso de las letras de cambio- que la regla de
derecho citada no menciona, proceder con el que infringió dicha disposición en
forma directa, por omisión, incidiendo la falta de aplicación de dicha norma en la
parte dispositiva de la resolución recurrida."
Quinto motivo: Al emitir la sentencia recurrida, el Tribunal Superior del Segundo
Distrito Judicial (Coclé y Veraguas) infringió en forma directa, por omisión o falta de
aplicación, la disposición sustantiva de texto y sentido claro contenida en el Código
Judicial que establece que los documentos negociables son títulos ejecutivos contra
los aceptantes y demás partes que intervengan en los mismos.
La falta de aplicación de la mencionada disposición del Código Judicial llevó al
Tribunal Superior al errado concepto de que las letras de cambio libradas por el
ejecutante y aceptadas por los ejecutados no tienen idoneidad de títulos ejecutivos
contra los deudores o aceptantes de las mismas porque, según alega, se pretermitió
el trámite del reconocimiento de la firma de tales deudores, errada conclusión a la
que llegó a pesar de que el reconocimiento de la firma del deudor o aceptante no
es un requisito exigido en la citada disposición -ni en ninguna otra norma legal- para
que los documentos negociables, como son las letras de cambio, sean apreciados
como títulos ejecutivos, equivocada conclusión a la que el Ad Quem llegó al
apartarse e ignorar completamente el claro tenor literal de la citada disposición del
Código Judicial, es decir, omitiendo aplicarla y exigiendo el cumplimiento de un
requisito que la norma no menciona, proceder con el que infringió esa regla de
derecho en forma directa, por omisión, incidiendo la falta de aplicación de dicha
norma en la parte dispositiva de la resolución recurrida."
Debe tenerse presente que la violación directa de la ley substantiva "...se produce
cuando se contraviene o contraría o desconoce el texto de una norma o se deja de
aplicar a un caso que requiere de su aplicación - independientemente de toda
cuestión de hecho. Para ello necesita examinar los hechos conforme aparecen
consagrados en la sentencia impugnada." (FABREGA, Jorge y GUERRA DE
VILLALAZ, Aura. Casación y Revisión. Sistemas Jurídicos. 2001. pág. 104).
Teniendo en cuenta lo anterior, es evidente que cualquier planteamiento para
fundamentar una alegada violación directa de la norma sustantiva de
Derecho debe incluir el hecho o los hechos que el Tribunal de segunda instancia
consideró o no acreditados, y a los que le resulta aplicable la norma que el
recurrente dice violada, de manera que se tenga que reconocer la situación o el
derecho consagrado en la misma, por lo que su violación debe tener como
consecuencia el desconocimiento de dicha situación o derecho, y en ninguno de los
motivos antes transcritos vemos que el recurrente hubiera indicado tales hechos y,
consecuentemente, no queda establecido por qué el Tribunal tenía que aplicar las
normas que afirma fueron omitidas.
Adicionalmente, vemos que en ninguno de los motivos la parte recurrente explica la
forma en que la alegada violación de las normas influyó en lo decidido en la
Sentencia recurrida.
Por último, no podemos dejar de mencionar que las normas invocadas por el
recurrente en los cuatro primeros motivos se refieren a
los documentos negociables, mientras que la actuación que le endilga al Tribunal
Superior se relaciona con que el mismo consideró que los documentos que el
ejecutante presentó como títulos ejecutivos no entran en esta categoría debido a
que las firmas en dichos documentos no fueron reconocidas, por lo que no hay una
relación directa entre lo supuestamente hecho por el Tribunal y lo establecido en las
normas que se dicen violadas, partiendo del hecho de que si bien
los documentos negociables se tienen como títulos ejecutivos, no son conceptos
iguales.
Todo lo anterior evidencia que ninguno de los motivos contiene un cargo definido de
injuridicidad y, por ende, que los mismos realmente no fundamentan el concepto de
la causal de fondo que se invoca, lo que incumple uno de los requisitos que debe
llenar el escrito de formalización del recurso de casación, contemplado en el
numeral 2 del artículo 1175 del Código Judicial, y, adicionalmente, hace ininteligible
dicho concepto de la causal, razón suficiente para no admitirlo, con base en lo
dispuesto en el artículo 1182 ibidem, resultando innecesario entrar a examinar el
apartado referente a las disposiciones legales infringidas.
El siguiente concepto de la causal de fondo que la parte recurrente invocó es
"...infracción de normas sustantivas de derecho en el concepto de aplicación
indebida, lo que ha influido sustancialmente en lo dispositivo de la resolución
recurrida..."
Como fundamento de lo anterior, la parte recurrente expuso los siguientes motivos:
"Primer motivo: Al emitir la sentencia de 26 de mayo de 2020, y con ella revocar la
sentencia número 25 de 25 de junio de 2019 que había dictado el Juzgado Segundo
del Circuito Judicial de Coclé, Ramo Civil, en este proceso ejecutivo, el Tribunal
Superior del Segundo Distrito Judicial (Coclé y Veraguas) aplicó indebidamente la
norma de derecho contenida en el Código Judicial que establece que los
documentos privados de cualquier clase adquieren la condición de títulos ejecutivos
siempre que el deudor haya reconocido su firma ante el juez o haya sido declarado
confeso o haya presentado el documento a un notario para su certificación o
protocolización o haya muerto y sus herederos hayan reconocido su firma.
El indebido empleo de la mencionada norma de derecho se produjo porque el
Tribunal Superior la aplicó en forma equivocada a los documentos negociables, en
este caso a las letras de cambio libradas por el actor y aceptadas por los
demandados, lo que hizo en forma indebida puesto que la regla jurídica en ella
contenida no es aplicable a los documentos negociables sino únicamente, como
reza la propia norma señalada, a los documentos privados que se quieran dotar del
carácter de títulos ejecutivos.
La indebida aplicación de la mencionada regla de derecho contenida en el Código
Judicial propició que el Tribunal Superior concluyera, también en forma equivocada,
que las letras de cambio libradas por el ejecutante y aceptadas por los ejecutados
no tenían idoneidad de títulos ejecutivos porque, según alega, se pretermitió el
trámite del reconocimiento de las firmas de los deudores, que es lo que dicha norma
exige para los documentos privados, pero hizo la aplicación de dicha regla jurídica
en forma indebida, sin tomar en cuenta que el reconocimiento de la firma de los
deudores es un requisito que la ley exige solo para los documentos privados a los
que se quiere dotar de la condición de títulos ejecutivos, pero no es un requisito
exigido en ninguna disposición legal para la validez de
los documentos negociables y, por ende, tampoco es un requisito que debe
cumplirse para que las letras de cambio, como documentos negociables que son,
sean consideradas como títulos ejecutivos, todo lo cual viene a significar que el Ad
Quem empleó indebidamente una norma de derecho porque la aplicó a un
presupuesto que no la admite y es ajeno a ella.
Si el Tribunal Superior hubiera empleado dicha norma correctamente habría fallado
de manera completamente distinta a como lo hizo, pues habría concluido que la
regla jurídica contenida
en la misma no es aplicable a los documentos negociables y, por ende, tampoco es
aplicable a las letras de cambio, lo que habría conllevado el reconocimiento de tales
letras de cambio como títulos ejecutivos.
Esa indebida aplicación de la comentada norma de derecho condujo al Tribunal
Superior a concluir, equivocadamente, que las mencionadas letras de cambio no
tienen idoneidad de título ejecutivo, incidiendo esa errónea aplicación de la norma
en lo dispositivo de la sentencia recurrida.
Segundo motivo: Al emitir la sentencia recurrida, el Tribunal Superior del Segundo
Distrito Judicial (Coclé y Veraguas) aplicó indebidamente la norma de derecho
contenida en el Código Judicial que establece que la vía ejecutiva podrá prepararse
solicitando al ejecutado que reconozca la firma cuando el documento sea privado y
requiere reconocimiento, con lo cual dicho documento presta mérito ejecutivo.
El indebido empleo de la mencionada norma de derecho se produjo porque el
Tribunal Superior la aplicó en forma indebida a los documentos negociables, en este
caso a las letras de cambio libradas por el actor y aceptadas por los demandados,
lo que resulta contrario a derecho, habida cuenta que la regla jurídica en ella
contenida no es aplicable a los documentos negociables sino única y
exclusivamente a los documentos privados que, por exigirlo así la propia disposición
mencionada, requieren que el deudor reconozca su firma en los mismos para que
presten mérito ejecutivo, reconocimiento de firma que en ninguna disposición legal
se exige para la validez de los documentos negociables ni para que éstos presten
mérito ejecutivo.
La indebida aplicación de la mencionada regla de derecho contenida en el Código
Judicial a los documentos negociables propició que el Tribunal Superior concluyera,
también en forma equivocada, que las letras de cambio libradas por el ejecutante y
aceptadas por los ejecutados no tienen idoneidad de títulos ejecutivos porque,
según alega, se pretermitió el trámite del reconocimiento de las firmas de los
deudores, soslayando evaluar el hecho de que dicha disposición solo es aplicable
a los documentos privados que requieren que el deudor reconozca su firma en los
mismos para que presten mérito ejecutivo, que no es el caso de
los documentos negociables puesto que ni en esa ni en ninguna otra disposición
legal se exige el reconocimiento de la firma del deudor para dotar de validez a
los documentos negociables y, por ende, tampoco es un requisito que debe
cumplirse para que los documentos negociables -en este caso letras de cambio-
sean consideradas como títulos ejecutivos, todo lo cual viene a significar que el Ad
Quem empleó indebidamente una norma de derecho porque la aplicó a un
presupuesto fáctico que no la admite y es ajeno a ella.
Si el Tribunal Superior hubiera empleado dicha norma correctamente habría fallado
de manera completamente distinta a como lo hizo, pues habría dictaminado que la
regla jurídica contenida en la misma no es aplicable a
los documentos negociables y, por ende, tampoco es aplicable a las letras de
cambio, lo que habría conllevado el reconocimiento de tales letras de cambio como
títulos ejecutivos.
Esa indebida aplicación de la comentada norma de derecho condujo al Tribunal
Superior a concluir, equivocadamente, que las referidas letras de cambio no tienen
idoneidad de título ejecutivo, incidiendo esa indebida aplicación en lo dispositivo de
la sentencia recurrida."
Tratándose de la aplicación indebida de la norma de derecho, la misma debe ser en
función del hecho (o los hechos) que el Tribunal ad quem consideró probado en la
Sentencia, al que se le ha aplicado una norma en la que no encuadra, es decir, una
norma en la que no está regulado el supuesto que ese hecho acredita, y en los
motivos antes transcritos no queda claro cuáles son los hechos que el Tribunal de
segunda instancia consideró probados, y que no se podían subsumir en las normas
a las que alude, pues aunque el recurrente califica de negociables a los documentos
que presentó como títulos ejecutivos, no expresa si el Tribunal consideró o no que
entraban en la categoría de documentos negociables, y, por ende, tampoco queda
claro por qué las normas aludidas no debían ser aplicadas, por lo que el motivo está
redactado de una forma que parece más un argumento que un cargo en contra de
las conclusiones a las que llegó dicho Tribunal.
Adicionalmente, lo indicado respecto a la incidencia que la infracción acusada tuvo
en lo decidido, está incompleto, pues no señala de qué manera el que no se les
reconociera a las letras de cambio la cualidad de títulos ejecutivos influyó en lo
decidido.
Al igual que ocurre con el primer concepto examinado, vemos que la ausencia de
un cargo definido en los referidos motivos, conlleva el incumplimiento del requisito
contenido en el numeral 2 del artículo 1175 del Código Judicial y hace ininteligible
el concepto en examen, por lo que también procede su inadmisión, de conformidad
con lo dispuesto en el artículo 1182 del Código Judicial, resultando innecesario
adentrarnos al examen del apartado de las normas infringidas.
El último concepto de la causal de fondo invocado por el casacionista consiste en
"...infracción de normas sustantivas de derecho en el concepto de error de derecho
en cuanto a la apreciación de la prueba, lo que ha influido
sustancialmente en lo dispositivo de la resolución recurrida..."
El concepto antes mencionado fue fundamentado en el siguiente motivo:
"Motivo único: Al emitir la sentencia de 26 de mayo de 2020, y con ella revocar la
sentencia número 25 de 25 de junio de 2019 que había dictado el Juzgado Segundo
del Circuito Judicial de Coclé, Ramo Civil, en este proceso ejecutivo, el Tribunal
Superior del Segundo Distrito Judicial (Coclé y Veraguas) valoró y apreció en forma
equivocada la prueba consistente en las dos (2) letras de cambio libradas por el
actor y aceptadas por los demandados, las que reposan en los folios seis (6) y siete
(7) del cuaderno principal del proceso, a pesar de que dichas letras de cambio
cumplen con todos los requisitos que se exigen en la Ley
sobre Documentos Negociables para la validez de las mismas.
El error en la apreciación de dichas letras de cambio se produjo porque, a pesar de
que reúnen todos los requisitos que para su validez exige la ley que las consagra y
regula, el Tribunal Superior estimó que tales letras de cambio no tienen idoneidad
de títulos ejecutivos contra los deudores o aceptantes de las mismas pues, según
alega, se pretermitió el trámite del reconocimiento de la firma de tales deudores,
errada conclusión a la que arribó debido a que el reconocimiento de la firma del
deudor o aceptante no es un requisito exigido en la Ley
sobre Documentos Negociables ni en ninguna otra disposición legal para la validez
de los documentos negociables, como son las letras de cambio, ni para que los
mismos sean estimados como títulos ejecutivos.
Con esa equivocada valoración, el Ad Quem suprimió completamente el valor y los
efectos que la ley atribuye a las letras de cambio como documentos negociables y,
consecuentemente, tampoco las reconoció como títulos ejecutivos contra los
demandados, incidiendo esa equivocada apreciación de tales pruebas en la parte
dispositiva de la sentencia recurrida."
Entre la información que jurisprudencialmente se ha establecido que deben
contener los motivos que sustentan el concepto de error de derecho en cuanto a la
apreciación de la prueba se incluye exponer en qué consistió el error de valoración
incurrido por el Tribunal de segunda instancia, lo que no solo conlleva la valoración
incorrecta que el mismo hizo de la prueba sino la regla de valoración que el Tribunal
debió aplicarle a la prueba en cuestión.
Vemos que en el motivo transcrito el recurrente no solo omite explicar de forma
completa el error probatorio del que acusa al Tribunal, sino que, además, parece
confundir el tema del valor probatorio con el de la validez de un acto o
instrumento, pues manifiesta que las denominadas letras de cambio cumplen con
todos los requisitos que exige la Ley de Documentos Negociables para la validez de
la mismas, lo que no guarda relación con el tema de valoración probatoria, luego
señala que el Tribunal consideró que dichas letras de cambio no tienen idoneidad
de títulos ejecutivos porque no se realizó la diligencia de reconocimiento de la firma
en las mismas, reconocimiento que sí podría considerarse relacionado con un tema
probatorio, pero posteriormente vuelve a incurrir en la confusión antes mencionada,
pues indica que esta conclusión del Tribunal es errada debido que el aludido
reconocimiento no es un requisito exigido en la Ley para la validez de
los documentos negociables.
En cuanto al aspecto del reconocimiento de las denominadas letras de cambio, el
recurrente ni siquiera lo desarrolla, para lo cual, reiteramos, debía explicar por qué
con esta exigencia el Tribunal violó una norma probatoria.
Igualmente observamos que el recurrente no expuso la incidencia del error
probatorio en lo decidido en la Sentencia recurrida.
Al igual que ocurre con los otros dos conceptos de la causal de fondo analizados
previamente, el motivo dado como fundamento del concepto en examen no contiene
un cargo de injuridicidad concreto en contra del Tribunal de segunda instancia, lo
que implica el incumplimiento del requisito contemplado en el numeral 2 del artículo
1175 del Código Judicial y hace ininteligible el aludido concepto, por lo que no debe
ser admitido, en cumplimiento de lo dispuesto en el artículo 1182 del Código Judicial,
resultando innecesario entrar a examinar el apartado que se refiere a las normas
jurídicas infringidas.
En atención a todo lo antes expresado lo procedente es no admitir el recurso de
casación en examen y condenar en costas al proponente del recurso, de
conformidad con lo dispuesto en el artículo 1181 del Código Judicial.
En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA PRIMERA DE
LO CIVIL, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la
Ley, NO ADMITE el recurso de casación interpuesto por el Licdo.
Fidel Pérez Castillo, apoderado judicial del señor MARTÍN GONZÁLEZ REAL, en
contra de la Sentencia del 26 de mayo de 2020, emitida por el Tribunal Superior del
Segundo Distrito Judicial, con motivo de las excepciones de falta de idoneidad del
título y de inexistencia de la obligación que fueron aducidas dentro del proceso
Ejecutivo que el recurrente interpuso en contra de HERMELINDA RÍOS
TEJEIRA y AZAEL ANTONIO CRUZ PÉREZ.
Condena al recurrente en casación a pagar la suma de CIENTO CINCUENTA
BALBOAS CON 00/100 (B/.150.00) en concepto de costas.
Notifíquese,
ANGELA RUSSO DE CEDEÑO
OLMEDO ARROCHA OSORIO -- HERNÁN A. DE LEÓN BATISTA
DAMARIS DEL C. ESPINOSA G. (Secretaria Interina)