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Patricia Wilson - Al Borde Del Peligro

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Patricia Wilson

Mientras siga amándote (1995) / En Harmex: Al


borde del peligro
Título Original: Edge of danger ()
Editorial: Harlequin Ibérica
Colección: Jazmín 1120 y 78-4 26-12-94Fecha de Impresión Argentina: 05-95

Género: Contemporáneo
Protagonistas: Damon King y Catherine Farrell
Argumento:

El empresario Damon King decía ser un despiadado. Era algo que compartía Catherine
Farrell; aún después que empezó a trabajar para él. Pero no transcurrió mucho tiempo antes que
ella descubriera que, cuando quería, su irascible jefe podía revelar un lado de su personalidad
totalmente diferente. ¿Cuál era el verdadero Damon King?

CAPITULO 1
—ESTAMOS acabados, Catherine. La compañía ya está borrada del mapa, y nada hay que
podamos hacer.
Catherine Farrell estaba de pie en la oficina del director general y veía con enternecida
simpatía el rostro desalentado de su jefe.
—Pero, ¿cómo pudo suceder? Estamos ganando dinero hasta en estos tiempos difíciles. Las
cosas están yendo bien. Con unos cuantos buenos pedidos hubiéramos podido volver a
levantarnos. Este es un negocio prometedor.
—Si no fuera prometedor King no se hubiera interesado —gruñó George Darriel—. El caso
es que ahora estamos débiles y Damon King se aprovechó. Ningún accionista pudo resistir su
oferta. Ya lo sospechaba, pero fue como ver acercarse un tren sin esperanza de detenerse.
— ¡Es un hombre terrible! —Catherine exclamó con furia—. Sólo está destruyendo
compañías:
—Y las reconstruye otra vez —agregó George Darriel, irónico—. Como piensa que
merecemos la pena, invertirá dinero en la compañía y volverá aponerla de pie con gran
velocidad. Es el hombre de negocios más inteligente del país. Cuando la corporación King
arremete no hay algo que pueda detenerlos. Nunca hace algún movimiento hasta que todo ya
está bien ajustado.
—Entonces, ¿qué vas a hacer?
Darriel Glassware era una compañía muy vieja, que le había pertenecido a la misma familia
desde hacía como cien años. Era como desaparecer de un solo golpe generaciones pasadas y
futuras.
— ¿Yo? Yo sólo tomaré el dinero —George Darriel murmuró. La miró con tristeza—. Lo
que importa más es lo que harás tú. Todo el personal de la oficina tendrá que irse. El va a traer a
su propia gente. La producción continuará mientras él se hace cargo, así que tengo esperanzas
para los trabajadores. Pero todos los demás deberán irse. Eso lo aclararon con firmeza, y voy a
tener que arreglarlo. El próximo mes se mudará con sus empleados.
—Me las arreglaré —aseguró la chica con valentía—. Hay otros trabajos.
—No muchos, Catherine. ¡Esto es absurdo! Eres la mejor asistente que he tenido. Conoces
la compañía por dentro y por fuera. Al menos podrían haberse quedado contigo.
—Parece que no es muy altruista que digamos —expresó la joven—. Es como si para él sólo
fuéramos papeles. Ni siquiera sabe quiénes somos.
George Darriel asintió sombrío, parecía que no tenía sentido seguir con eso. Damon King
había golpeado a la compañía como un rayo, y ellos eran demasiada historia.
Estaba acostumbrada a escuchar el nombre King, aunque jamás lo había visto, ni siquiera
una fotografía en la prensa. Había sido una potencia en el mundo de los negocios desde que era
muy joven, millonario a los treinta, y bastante despiadado. Era un magnate con una habilidad
casi sobrenatural de hacer dinero.
En cierto modo también había afectado a la pequeña familia de la chica, porque su hermano
trabajaba para la poderosa corporación King, aunque en un puesto muy bajo, y ahora habría
problemas en la economía familiar, porque ella pronto se quedaría sin trabajo. Una cosa era
enfrentarlo con valor; y otra estar desempleada.
Se preguntó cómo reaccionaría su hermano ante esas noticias. Si Catherine no encontraba
trabajo, él tendría más responsabilidades de las que poseía ahora. Robin estaba obsesionado con
un futuro totalmente diferente, y eso le preocupaba a ella. Antes que entrara a trabajar para la
corporación King no era así. Parecía que todo lo que tocaba Damon King se echaba a perder;
hasta la gente.
TRES semanas después, Catherine, temerosa veía a Robin, esperando la explosión que
siempre se producía cada mañana a esa hora, y la cual no se hizo esperar.
— ¡Odio el maldito trabajo!
—Lo sé —repuso ella con paciencia—. Me lo dices todos los días.
Parecía que su tono lo irritaba más, porque la miró furioso.
—Debí de estar loco al aceptarlo. Eso no es lo que quiero hacer, y tú lo sabes, Cath.
—Ahora lo sé. Pero también recuerdo que en la universidad pensaste que lo mejor en el
mundo era prepararte para ser contador. Parecías muy orgulloso y dedicado. Todo formaba parte
de tu gran plan para la vida. También debo recordarte que la gente no acepta trabajar para la
corporación King. Ruegan de rodillas y lo que consiguen es rechazo. Fue casi un milagro que
consiguieras ese trabajo justo después que terminaras de estudiar. Tienes suerte, Robin, y no te
habrían contratado si no fueras bueno.
—No tengo suerte. Sabes que sólo entré allí para acercarme a mi verdadera carrera.
Catherine asintió y decidió quedarse callada. No resultaba bueno hablar. Era cierto que él
había ido a la universidad lleno de esperanzas en una carrera de contaduría, pero pronto había
descubierto otro talento, uno que le interesaba mucho más; y ella no podía culparlo. Era un mú-
sico muy bueno. Había tocado la guitarra y cantado en un grupo del colegio, y ahora quería
continuar. Todo su interés por otra cosa había desaparecido.
El deber lo hizo terminar los exámenes, pero su hermana tenía el presentimiento de que eso
no duraría. El muchacho estaba fuera de lugar en las grandes-oficinas del corazón de la ciudad,
y sus planes habían fallado.
Para alguien como Robin hubiera parecido una buena idea entrar en la compañía de Damon
King. Crown Records formaba parte de la corporación King, y ellos nunca contrataban a un
perdedor. La corona negra, que era su logotipo, resultaba muy conocida, pero para Damon King
sólo significaba un pasatiempo. Tal vez no le proporcionaba tanto placer como su trabajo
verdadero: destruir negocios.
—Todo lo que tengo que hacer es conseguir que Damon King se fije en mí —había dicho el
hermano de Catherine—. Es inteligente y reconoce el talento cuando lo tiene enfrente. Seré
famoso muy pronto.
Eso fue hacía mucho tiempo, pero, para el pesar de esos días de esperanza, el jefe de la
corporación King nunca había vuelto la cabeza en dirección de Robin.
A decir verdad, Catherine no podía culpar al poderoso señor King, aunque estaba dispuesta
a hacerlo por lo que fuera. ¿Cómo podía esperarse que el gran hombre supiera que uno de sus
contadores menores era un genio de la guitarra y una futura estrella pop? Ella no creía que
Damon King anduviera por sus oficinas como buscador de talentos. Estaba muy ocupado
poniendo los ojos sobre inofensivas compañías familiares.
—Vas a perder el autobús —apuntó la chica y Robin gruñó con más irritación.
—Días vienen, días van. En el autobús, fuera del autobús. En la oficina, fuera de ella otra
vez, ¡viéndome así! —miró su traje oscuro y volvió a gruñir.
—Te ves muy elegante. No podrías ir a esas oficinas tan prestigiosas con pantalón de
mezclilla y camiseta. ¡Entonces si se fijarían en ti!
— ¡Oye! —la cara del muchacho tomó una expresión extraña, sus ojos brillaban, y
Catherine movió la cabeza con firmeza.
—Olvida lo que dije. Te correrían en ese momento, sin ser todavía una estrella pop. Por
desgracia, esta es mi última semana. Eso nos dejaría a los dos sin trabajo; ¿y qué pasaría?
—Perdona, Cath —Robin pareció arrepentido—. Has trabajado arduamente y eres buena en
tu trabajo. La empleada perfecta, y ahora la firma se está doblando sobre ti.
—Se está desmoronando sobre mí. Empecé a buscar trabajo desde que supe de la fusión,
pero no aparece ni una luz sobre el horizonte —recogió rápido los platos del desayuno y miró su
reloj. Llegaría tarde si no se daba prisa.
—Algo llegará—expresó Robin con una-sonrisa y ella hizo una mueca.
— ¿La fila de ayuda para los desempleados?
El sonrió y le dio un beso en la mejilla, luego caminó hacia la puerta. Catherine esperó a que
la cerrara de golpe, y se tapó los oídos cuando lo hizo. El muchacho siempre hacía lo mismo al
irse todos los días, pero al menos esa vez lo hizo con un mejor estado de ánimo. Ella sabía que
no duraría mucho. Esa urgencia de presentarse en algún evento se había vuelto como una
enfermedad.
—Noto que ya se fue —el abuelo bajaba con lentitud por la escalera—. ¿Te dio el discurso
de la mañana?
—Sí. ¡Oh! ¿No te puedes quedar en la cama cuando te lo mandan? No te ves bien. Estaba a
punto de llevarte la bandeja.
—Vete, niña. No quiero que me mimen. Perderás el autobús.
—No creo que importe —la joven suspiró y recogió sus cosas—. Sólo queda una semana.
—Nos las arreglaremos —repuso el anciano, animado—. De seguro algo surgirá.
Catherine asintió con la cabeza. Su abuelo había usado casi las mismas palabras de su
hermano unos segundos antes. Como Robin, él tenía un corazón muy optimista. Resultaba
extraño que ella se sintiera responsable por los dos, cuando era la persona más joven de la casa.
Cuando se dirigía hacia el autobús, la chica aún estaba preocupada por su abuelo. Ella y
Robin no tenían más parientes. El anciano se había hecho cargo de ellos desde que eran muy
jóvenes, y ahora él estaba viejo y enfermo. Su corazón no se encontraba muy fuerte, pero era lo
último que estaba dispuesto a reconocer, porque le gustaba sentir que todavía los cuidaba.
Catherine sentía que ella tenía toda la responsabilidad, porque en Robin ahora no podía
confiarse. Sólo estaba poniendo una cara falsa en la oficina, sus sueños se lo comían por dentro.
En realidad sí tenía talento, pero si pensaba que Damon King alguna vez notaría en él otra
capacidad que no fuera la de un empleado menor, estaba equivocado.
ESA noche Robin llegó a casa con una sonrisa secreta en el rostro, y lo único que hizo
Catherine fue esperar. Lo que fuera, se lo diría; porque él nunca podía guardarse las cosas.
Estuvo callado hasta después de la cena; cuando Gramps subió para dormirse temprano, Robin
casi explotó con la noticia.
— ¡Damon King quiere una asistente personal!
Se quedó sentado, con una sonrisa triunfante, y Catherine lo miró atónita, preguntándose por
qué eso lo complacía tanto.
—Lo cual significa, ¿qué?
— ¡Puedes ir tú! —El muchacho se inclinó hacia adelante lleno de entusiasmo—. Piénsalo,
Cath, ¡asistente personal de Damon King! Podrías estar muy cerca de él y dirigir sus
pensamientos hacia mí. ¡Este es mi día de suerte!
—Olvídate de tus sueños —Catherine suspiró—. Ni siquiera haría la entrevista. Soy
demasiado joven, y sólo he trabajado en una compañía pequeña. La corporación King es un
negocio enorme. La ciudad tiembla cuando Damon King respira hondo. Crown Records sólo es
un juguete para él, aunque tú no pienses en otra cosa. El es poderoso e importante. Yo ni
siquiera podría llegar a la puerta de ese edificio tan grande, y si lo hiciera me sujetarían por las
solapas de mi abrigo y me sacarían como a un gato.
— ¡Eres hermosa! —Robin exclamó indignado y ella lo miró divertida.
—Gracias, pero estamos hablando de un hombre de negocios con la sangre fría, de un
depredador peligroso. King no es un jovencito que escoge a sus empleados por su apariencia. En
todo caso, las mujeres fascinantes son las que atraen su atención, o al menos eso es lo que he
leído. Parece que tiene cierta reputación.
—Parece que sabes mucho de él—su hermano la observó con detenimiento y esta vez ella le
devolvió una mirada acalorada.
— ¡King me privó de mi trabajo! Mi interés en ese hombre es del tipo malévolo. Y he
estado leyendo acerca de él desde hace años. No tengo la menor idea de cómo es. No lo
reconocería si lo viera, pero lo que sí sé es que debe evitársele. Ojala no trabajaras allí, y por
supuesto que no me voy a arrojar al caldero sólo para que tú entres en el mundo del espectáculo.
—Jamás volverás a tener una oportunidad así —Robin susurró.
— ¡Desde ahora no tengo oportunidad! Sólo tengo veinticuatro años, prácticamente sin
experiencia, y demasiado precavida para ponerme en la línea de fuego. En todo caso, él estará
buscando una mujer mayor, con una resistencia militar, quizás alguien con la piel dura que verá
sus ataques diarios a otras compañías encogiéndose de hombros y con una sonrisa.
—No me importa cuántas compañías se devore —la irritación del muchacho crecía—. A mí
sólo me interesa esa parte de la corporación King que se llama Crown Records. Si lo conocieras
podrías conseguirme una audición.
— ¡Basta, Robin! ¿Crees que él mismo las hace? Sólo se aparece hasta que el artista ya está
pulido, en la gloria, recoge el dinero y se va. No tiene objeto. Como te dije, no tendría yo
ninguna oportunidad.
—Podrías intentarlo. Todavía no se anuncia el puesto. Sólo se ha corrido la voz. Tú podrías
ser la primera en solicitarlo.
, — ¿Qué hizo con su última asistente personal? —preguntó Catherine con un tono irónico y
su hermano se encogió de hombros.
—Va a casarse.
—En una tormenta cualquier puesto es bueno —la chica se levantó para hacer más café.
—Eso demuestra que era joven.
—Eso no demuestra algo. Las personas se casan a todas las edades. La gente de mi edad no
consigue trabajos como asistente personal de alguien como Damon King, así que olvidémonos
de eso.
—Eres mi última esperanza —Robin utilizó un tono trágico para convencerla, y Catherine
escondió una sonrisa. ¡Esperanza! Sería muy afortunada si entrara como camarera en una
compañía tan poderosa como esa.
Pero sería una solicitud más que llenar, aunque los de la corporación King se rieran de ella.
No podría hacer algo personalmente contra Damon King por todos los problemas que le había
ocasionado, pero podría hacerlos perder su tiempo con una carta y tal vez hasta con una so-
licitud de empleo.
Cuando tuvo un tiempo libre al día siguiente en el trabajo hizo la carta, olvidando por
completo que había obtenido la información de una fuente interna. Si ellos mandaban una
forma, la llenaría. No había algo que perder. Si se reían, la joven ni siquiera lo sabría.
Mandaron la forma, y su propio jefe se hizo cargo de ella, le sonrió y permitió que usara su
nombre como referencia.
—No creo que sirva de mucho, Catherine —rió—. No te pueden matar por descaro. Al
menos me daría de qué reír si lo consigues. Sería como poner al gato entre los gorriones, y todo
hecho de una forma tan prudente.
Pero la chica no lo había visto de esa manera. Más bien fue como un gesto de desafío. Esa
compañía, ese hombre, habían interferido en su vida, y Catherine estaba resentida. Damon King
la dejaría sin trabajo después de esa semana, y ella tenía que cuidar de su abuelo.
También Robin se había esforzado mucho desde que trabajaba allí, y cada día se volvía más
extraño. Debía estar haciendo su trabajo de una manera mecánica, porque su mente estaba
puesta en el último éxito, una nueva canción, la aparición de un club. Las noches de Robin eran
mucho más importantes que sus días, y Catherine sabía bien que el cuidado de Gramps recaería
por completo sobre ella.
Lo del descaro no importaba. Si la forma la había mandado un empleado, de seguro no la
examinaría un subalterno, y notarían su edad y relativa inexperiencia. Pero la mandó; la metió
en el buzón con un aire de irritación. Era como arrojar el guante en señal de desafío... lástima
que nadie lo recogería.
Después de una semana ya se le había olvidado, y Robín se quedó callado en relación a la
corporación King. La chica revisaba los diarios con mayor ansiedad cada día. No había algún
empleo para ella, y ahora que no tenía trabajo empezaba a sentirse desesperada. No podía darse
el lujo de estar desempleada. Cualquier día podrían despedir a su hermano, lo presentía. Nadie
podía estar ocupado durante el día y la noche y hacer bien todo.
Como siempre, Gramps veía las cosas por el lado amable, pero Catherine estaba preocupada
por la salud de su abuelo. Cada día se sentía más débil, y ahora que ella se encontraba en la casa
no se lo podía ocultar.
La joven quería hacer todo lo que pudiera por él, protegerlo del mundo exterior, devolverle
los años en que cuidó de ella. Si algo le sucedía a Gramps no sabía lo que iba a hacer, porque ya
no estaba tan unida a Robín. El había cambiado poco a poco.
Cuando llegó la carta en que se le ofrecía una entrevista, Catherine no podía creerlo.
— ¡Me dieron la entrevista!
— ¡Te lo dije! —Robin le sonrió—. Tal vez es el destino.
—Quizá es un horrendo error—la chica susurró al tiempo que se imaginaba ella misma ahí
de pie mientras se disculpaban... y reían—. No puede ser verdad.
—No seas tan fatalista. De vez en cuando se necesita sangre nueva en cualquier compañía.
Quizás King quiere entrenarte a su modo y mantenerte a su lado para siempre.
—Yo creo que él ni siquiera ha visto esto. Cuando las formas lleguen a sus manos,
empezará a rechazarlas.
Robin tenía un brillo extraño en los ojos y Catherine empezó a sentirse nerviosa. Como si
acabara de caer a un hoyo muy grande y sin fondo. Ya no se percibía como una fiera vengadora.
Pasó toda la tarde en su habitación tratando de hacerse parecer mayor, pero no pudo. Su
cabello negro era espeso y le llegaba hasta los hombros, aunque siempre se lo recogía para
trabajar. Pero aun así no podía negarse su juventud en los ojos grises. También era una des-
ventaja que fuera tan delgada. Sentía que la tomarían más en serio si pesara un poco más y
tuviera más edad.
Suspiró. ¿Quién iba a creer que era buena en su trabajo? Con sólo mirarla decidirían que era
completamente incompetente. Pero tomándolo del lado bueno, eso le evitaría la tortura de ver a
Damon King.
Ella quería un buen trabajo, pero no deseaba laborar con él. Se arrepintió de haber mandado
la solicitud. Sólo había querido causar un poco de problema, y ahora se le regresaba. Et guante
que se imaginó que había arrojado bien podría convertirse en un boomerang.
ERA como el interrogatorio policíaco en una película, pensó Catherine cuando por fin
estuvo frente a las personas que la entrevistarían. Parece que no se permitía que las aspirantes se
vieran entre sí, y estuvo sola hasta que la llamaron a lo que parecía una sala de juntas. Para
entonces ya estaba desmoralizada.
No sería fácil hablar de su experiencia pasada y de sus futuras aspiraciones. Su experiencia
era limitada, sus aspiraciones muy simples: un deseo de sobrevivir.
No la sentaron bajo la luz de una lámpara y le dijeron que querían saberlo todo, pero de
todos modos había una similitud. Se sentó a la mesa de cara a la luz del sol, y eso debió haber
sido a propósito. Pues también resultó aterrador.
La entrevistaron tres personas, lanzándole preguntas con pausas muy cortas entre ellas, y en
un rincón estaba un hombre que sólo observaba. No pudo verlo porque desde el momento en
que la chica se sentó empezó todo.
La irritación la mantuvo alerta. La luz entraba de lleno por la ventana y hacía mucho calor
en la habitación. Le hubiera gustado quitarse el abrigo, pero nadie la invitó a que lo hiciera, y
después de un rato decidió que no le gustaban sus maneras.
Los ojos de Catherine brillaron. Si ya no tenía oportunidad no tenía sentido terminar esto
diplomáticamente.
—Es usted muy joven —un hombre hizo esta observación con desaprobación.
—Por ahora. Espero crecer si me dan tiempo.
—Parece haber logrado mucho en veinticuatro años —este otro parecía estarse riendo para
sí, y a la joven tampoco le gustó.
—Si quiere decir que he trabajado mucho, entonces sí, es verdad.
Quería ascender rápido...
—Pero, ¿decidió tomar un atajo hasta la cima?
Era obvio que no la estaban tomando en serio, no más en serio de lo que ella se había
imaginado; de hecho, se estaban poniendo antagónicos. Catherine se olvidó de la precaución.
—Sólo porque no salió algo más interesante —si la habían llevado ahí como diversión
intelectual, ella también podía jugar.
Pero la pregunta siguiente la sacó de equilibrio.
—Usted escribió pidiendo una solicitud antes que se anunciara la vacante, señorita Farrell.
Eso nos intrigó. ¿Tiene poderes extrasensoriales?
—Pues... yo... —Catherine se ruborizó y no sabía como salir de esa situación. Si les decía
cómo lo supo, tal vez Robin tendría que quedarse en casa con ella y sin empleo. Nunca lo había
pensado. Apenas notó que su hermano dijo que el puesto todavía no había sido anunciado. Todo
lo hizo por un impulso de desafío. Ni siquiera recordaba haberlo visto anunciado después.
De pronto sonó el teléfono y ella suspiró aliviada. Trató de pensar rápido, pero el hombre
que contestó miró al que estaba en las sombras, por el que Catherine se había sentido incómoda
todo el tiempo.
—Perdón. Es urgente.
— ¡Maldición!
La chica se volvió, pero no pudo verlo bien hasta que estuvo cerca del escritorio. Por la
manera en que lo miraban los otros sabía que era importante, pero no fue hasta que estuvo bajo
la luz del sol que ella sintió un estremecimiento. Nadie tenía que decírselo, ese era el mismo
Damon King, y había estado sentado en las sombras observando. Sus "poderes extrasensoriales"
no habían intrigado a los otros, sino a Damon King.
Jamás se había imaginado como sería, y de haberlo hecho, no habría visualizado esta
espléndida imagen. Se le veía como era, pudiente, seguro e inflexible. No habría piedad por
parte de ese hombre.
Se había puesto cómodo mientras observaba y escuchaba, como si ella no le importara. Se
había quitado la chaqueta y aflojado la corbata, y ahora estaba apoyado contra el escritorio
mientras escuchaba la voz del otro lado de la línea.
— ¿Foster y Brown? —Pronunció el nombre con impaciencia—. Que se vayan. No me
interesa. Sí, supe lo de su cambio. No merecería la pena que perdiéramos el tiempo. Olvídalo.
Su voz era ronca, como medianoche de terciopelo. El rostro bien parecido, muy masculino,
y su cabello oscuro, no el negro azabache del de ella, pero sí muy oscuro. La chica se imaginaba
que sus ojos debían ser similares, pero en ese momento colgó el auricular y Catherine se llevó
una sorpresa. Sus ojos eran de color café, ámbar, como los de un gato salvaje, en especial
cuando el sol les daba de lleno y los volvía de oro puro. Nunca había visto a alguien como él.
Parecía como si su presencia la dominara.
King la miró pensativo sin decir algo, sus ojos extraños estudiaban la cara y el cabello de
ella, recorrieron la figura delgada como si fuera un objeto en venta, y estaba sorprendida de
descubrir que le daba miedo. Catherine apretó los dedos y él lo notó de inmediato. La estaba
probando y la chica se sentía perpleja. Como si algo muy malo estuviera sucediendo, como si la
hubieran puesto aparte.
Damon King tomó su chaqueta y se la puso mientras todo mundo esperaba que dijera algo, y
Catherine no podía apartar los ojos de él. Una cosa era imaginarse que ese hombre estaría
furioso, y otra muy distinta verlo de verdad. Ahora sabía por qué la gente le temía.
—Se acabó, caballeros —interrumpió la entrevista con una mirada cortante al atónito
tribunal—. Sígame, señorita Farrell.
Sus ojos volvieron a mirarla y luego caminó hacia la puerta y la abrió para que ella pasara.
El corazón de Catherine empezó a latir con fuerza. ¿Estaba a punto de sacarla a la calle?
Esperaba que así fuera.
En el ascensor lo vio y apartó rápidamente la mirada al notar que él todavía la miraba con
frialdad. Muchas veces había deseado atacar a ese hombre, pero ahora sentía que no podía
defenderse. Parecía que el peligro la rodeaba, y a ella le hubiera gustado regresar con los otros
tres, por irritantes que fueran.
Fue entonces cuando recordó la última pregunta. ¿Cómo se había enterado de que el puesto
estaba vacante? El le ordenaría que le diera la información, por eso no la corría todavía. Ese
pensamiento la hizo cambiar de actitud. ¡No la intimidaría!
Levantó la cara con determinación. Como de todos modos no le darían el trabajo, no habría
modo de que le exigieran la información. Miró con determinación ese rostro bien parecido; él la
estaba viendo con aburrida diversión. Era obvio que podía leer las mentes.
Cuando se abrieron las puertas del ascensor, la hizo salir con mucha cortesía.
—Mi oficina. Después de usted, señorita Farrell.
Su voz apenas fue un murmullo. Catherine miraba a su alrededor al caminar. Estaban muy
arriba en el suntuoso edificio, rodeados por lo que parecía un lujo eficiente. Se hallaba un poco
aislado, y ella se preguntó si habría otra forma de llegar aparte del ascensor. El sentimiento de
estar atrapada aumentó cuando él abrió una puerta y la hizo entrar; la chica sintió el impulso de
salir corriendo y decir que había cambiado de parecer.
Pero no tuvo la oportunidad. El se dirigió a un enorme escritorio y permaneció de pie hasta
que ella se sentó en la silla que estaba enfrente. Esa vez el sol no le daba en los ojos, pero
Catherine deseó que ahí estuviera. Apretó más las manos y lo miró hacia arriba; en el rostro de
él no había más que determinación. Debía medir casi dos metros y parecía excepcionalmente
fuerte.
—Fue muy desafortunado que nos hayan interrumpido, señorita Farrell. Nunca nos
respondió la última pregunta, ¿verdad? —la miró a los ojos y ella respiró profundamente.
—No recuerdo cuál era...
—Con toda la confusión —terminó él con tono irónico—. Permítame que le recuerde. ¿Por
qué pidió una solicitud para el puesto de mi asistente personal, cuando ni siquiera habíamos
anunciado la vacante?
—Pues... sólo fue un impulso —la chica contestó con lo que esperaba pareciera un gesto de
indiferencia.
— ¿De veras? Qué curioso. Usted podría serme muy útil con esa perspicacia sobrenatural —
murmuró él, irónico—. Es fascinante. Todo el tiempo imaginé que era porque tenía a un
pariente trabajando aquí, y que se enteró por los chismes de la oficina. ¿O Robin Farrell es otra
coincidencia?
Catherine se ruborizó y lo miró furiosa. Después de todo, no había manera de salvar a su
hermano de ese hombre. Ahora entendía lo que había querido decir George Darriel con un tren
que se aproximaba. Ahora ella no tenía algo que perder. El miedo y el sentimiento de vulne-
rabilidad la abandonaron.
— ¿Si lo sabía, por qué perdió su valioso tiempo en interrogarme?
—Esperaba que lo confesara —los ojos de él eran como dos piedras— Me ha decepcionado
mucho, señorita Farrell. Y en cuanto a su esposo...
—Si se refiere a Robin, él es mi hermano. Sus notas no son muy confiables que digamos,
señor King.
—No tengo notas. Normalmente no tengo tiempo de ocuparme de cosas tan insignificantes.
— ¿Como la gente? Entonces me sorprende que se esté molestando conmigo. No puedo
decirle algo que no sepa ya, y como es obvio que el único propósito de esta entrevista ha sido
traerle problemas a Robin, estaría muy encantada de irme ahora.
—Como desee, señorita Farrell —él se puso de pie con una cortesía insoportable que hizo
que la joven se enfureciera más. Se sentía como una tonta. Damon King no le había alzado la
voz ni había dado señales de estar enfadado. Casi parecía divertido. Para él no era ninguna
pérdida si ella se iba, ya sabía de dónde había salido la información.
—Espero que se dé cuenta de que mi tiempo también es valioso —la chica reunió toda la
dignidad que pudo—. Esta tarde la pude haber pasado buscando un trabajo.
— ¿Y por qué haría eso? —él la miró con una diversión burlona—. Yo creí que ahora era
mi nueva asistente personal. Parece que aquí hay un malentendido, señorita Farrell.
CAPITULO 2
-¿QUE?
—Usted solicitó el puesto. Imagino que lo quiere. Empieza el lunes, y Judith la va a instalar
antes que se vaya.
— ¿Por qué? —la chica susurró. Sentía la garganta seca, y entendía muy bien por qué él
hacía que la gente sintiera pánico.
—Es usted interesante —sus labios se retorcieron en una sonrisa irónica—. Tal vez también
pueda resultar útil.
— ¿Como qué? —Catherine se encontraba aturdida. Nada estaba sucediendo como ella lo
esperaba, y ahí seguía ese tremendo sentimiento de amenaza, corno si ella no tuviera control de
sí misma en el mundo.
—El tiempo lo dirá, señorita Farrell. Por lo pronto ha sorprendido a todos. Normalmente yo
no contrataría a una persona tan joven.
—Supongamos... supongamos que no puedo... —su confianza la estaba abandonando,
porque eso era imposible. Ella estaba segura de que la rechazarían. ¡Ese hombre ponía el
cerebro antes que nada!
—Si no puede —repuso él con voz tersa—, nos encontraremos en una situación muy
diferente. Usted consiguió una entrevista estando en posesión de información no disponible a
otra gente. Una cosa es el chisme de oficina; y otra distinta es hablar de eso afuera. En estas
oficinas se manejan millones. Si su hermano habla de algo, es probable que hable también de
otras cosas, y últimamente hemos tenido algunas fugas de información. Ahora que la tengo a
usted puedo tapar el agujero. Por supuesto, si no la tengo, no puedo ver ningún futuro para su
hermano. Digamos que es una especie de rehén para asegurar que él se comporte bien, ¿no?
Catherine sólo se le quedó viendo, hipnotizada por la frialdad de los ojos dorados. Creía que
Robin estaba traicionando a la compañía y estaba listo para despedirlo, a menos que ella se
quedara. ¡Eso era un chantaje!
— ¡No puede hacer eso! ¡Es ofensivo! Mi hermano nunca sería deshonesto. Yo me enteré de
esto cuando estábamos charlando mientras comíamos.
—Y qué rápido reaccionó —los ojos de él se entrecerraron sobre la cara ruborizada de ella
—. Con una hermana así tiene toda una aliada.
—El no necesita ningún aliado, y si cree eso, entonces no debería contratarme —si él
sospechaba de Robin, resultaba una locura contratar a otro sospechoso. Pero sabía que él era
inteligente y sentía como si estuviera enredada en el fondo de una red.
—Usted queda en mis planes —la miró con cinismo—. Dejémonos de sutilezas, señorita
Farrell. Usted solicitó el empleo. ¿Lo quiere o no lo quiere?
Catherine sólo pudo mirarlo con desesperación. ¿Quería el trabajo? Después de la amenaza
no tenía mucho de dónde elegir. El futuro de Robin parecía depender de su decisión. No había
muchos empleos disponibles. Y aunque los hubiera, esa era una oportunidad única. Cuales-
quiera que fueran las oscuras razones de Damon King, ella necesitaba un empleo.
—Sí —respondió con voz preocupada, pero él no dio señales de haberse percatado.
—Muy bien. Nos veremos en el futuro —King la despidió y se sentó, pero Catherine aún se
sentía incómoda.
— ¿Qué... qué va a suceder con la otra gente que solicitó el puesto?
—El puesto jamás se anunció —la miró con frialdad—. Cuando usted escribió solicitando
una vacante que aún no existía, el hecho llamó pronto mi atención. Era obvio que alguien había
estado hablando de más. Y nunca anunciamos el puesto. Se volvió muy necesario tenerla a
usted, señorita Farrell. Me gusta tener los problemas enfrente de mi nariz, no escondidos por
ahí. Si su hermano sólo pasó la información de la vacante, muy bien. Si fue un pequeño ejemplo
de sus inclinaciones...
Dejó la amenaza en el aire, pero fue más alarmante que si hubiera enunciado algún castigo.
—El ascensor la llevará a la planta baja —él se volvió hacia otro lado y en seguida la apartó
de su mente. Ella escapó lo más rápido que pudo. Contaba con un trabajo fabuloso, pero tenía
miedo.
Más también sabía que no lo tendría durante mucho tiempo. Sólo era por Robín y por la
sospecha irracional de Damon King.
— ¿De verdad lo obtuviste? —el muchacho exclamó cuando ella llegó a casa. La chica tuvo
que decirle el lado malo. Le contó toda la historia, excepto lo del chantaje, y el rostro de él se
petrificó.
—Es increíble. Jamás pensé en el hecho de que nadie más lo sabía. ¿Y ahora qué va a
suceder con mi futuro? —agregó enfadado—. Esa era la única razón por la que deseaba que
trabajaras allí. Ahora las cosas están peor que nunca.
—Pudieron haberte quitado el empleo —Catherine le recordó—. Eso sí hubiera estado peor
que nunca. Como están las cosas, ahora los dos estamos a salvo, pero no hay manera de que yo
pueda hablarle sobre la compañía disquera. El empezaría de inmediato a notar algo siniestro. Es
más, ahora que lo conozco no imagino que pueda interesarse en cosas como discos.
—Esa parte de la compañía produce mucho dinero. Claro que le interesa. De cualquier
manera, es su pequeño juguete, como dijiste tú.
—Parece el tipo de hombre que más bien tendría una daga por juguete. Yo no puedo hacer
algo. En realidad, no quiere que yo sea su asistente personal. No le gusto y nunca va a confiar
en mí. Tampoco confía en ti. Esto es ridículo. Es decir, sólo porque mencionaste lo de la
vacante, no hay necesidad de que te vea como a un espía.
— ¿Qué dices? —Robin se puso pálido y ella supo que también le temía a Damon King. ¿Y
quién no? Catherine le explicó con cuidado y Robin se puso furioso.
"¡Maldito! Tal vez es una maquinación suya. Siempre está tramando algo.
Pero, ¿qué? No había manera de saberlo. Lo único que Catherine sabía era que había
conocido a alguien con una inteligencia de proporciones alarmantes, que utilizaba la fuerza
como espada, y que ella jamás podría trabajar para él. Pensó en llamar para rechazar el puesto,
pero estaba segura de que correría a Robin sin miramientos. Y además, estaba Gramps. No
habría dinero suficiente para que vivieran los tres si ella y Robin estaban sin trabajo.
Claro que Damon King podría decidir deshacerse de la chica en la primera semana. No se le
podía ocurrir una forma en que ella pudiera servir para los planes de él. Catherine podía ser una
buena asistente, pero el pensamiento de trabajar para él la perdía; no se atrevería a tomar una
sola decisión. Seguro que él también sabía eso. Sus maneras habían sido bastante despreciativas,
a pesar de la alarmante cortesía.

CATHERINE tuvo el resto de la semana para hacerse a la idea de su inesperado trabajo. Lo


tenía en la mente a cada minuto, pero decidió llenar su tiempo manteniéndose ocupada. El
trabajo era una buena cura para muchas cosas. Eso se lo había enseñado su abuelo a los dos.
Tenía que arreglar el jardín, limpiar la casa, las ventanas, hacer compras. Pasó los días
trabajando, tratando de no pensar en la persona con la que se encontraría el lunes.
También estaba Gramps. Catherine tenía el presentimiento de que estaría más ocupada
cuando trabajara para la corporación King, y tenía que dejar a su abuelo bien instalado. El leía
mucho, y cada semana llamaba a la biblioteca para ordenar libros de sus autores favoritos. Ella
siempre pasaba a recogerlos, y el viernes eso fue exactamente lo que hizo, era lo último que
tenía que hacer por él antes que el lunes se cerniera sobre ellos.
Más tarde caminaba sonriente por el pavimento, con las manos llenas de libros. El trabajo se
había llevado la mayoría de sus preocupaciones, y ahora ansiaba ver la cara de placer de su
abuelo. Esa vez había logrado sacar todos los libros que él ordenó, y sabía que le durarían toda
la semana.
Su hermoso rostro atraía muchas miradas, pero ella no se percataba. Tenía la mente en otra
cosa, mientras caminaba apresurada, evitando a la gente y buscando el mejor lugar para tomar
un taxi. Se veía exótica con su abrigo rojo y el cabello negro, la piel sonrosada con el viento. En
esos momentos nada le preocupaba. Parecía faltar mucho tiempo para el lunes.
Iba más rápido de lo que se daba cuenta, y fue inevitable que chocara contra una pareja que
iba saliendo de una tienda. Fue el hombre el que recibió todo el impacto, y los libros cayeron de
sus manos esparciéndose por todas partes.
Catherine trató de mantener el equilibrio, pero no pudo, iba a caer igual que los libros
cuando un brazo de hierro le rodeó la cintura. Fue atraída hacia la seguridad de un duro cuerpo
masculino que parecía como de roca, pero el sentimiento de protección desapareció cuando alzó
la mirada y se encontró con los ojos de color ámbar que la veían con burla.
— ¡Señorita Farrell! ¿De quién está huyendo? Si me hubiera avisado yo la habría ayudado a
escapar. ¿Todavía la persiguen?
Ella no pudo contestar, sólo se percataba de que él la seguía sosteniendo y que la gente
empezaba a volverse.
—Lo... lo siento —logró decir ella, y no pudo calmarse cuando él sonrió. Ahora pensaría
que era una idiota, además de deshonesta, y aun así no la dejaba ir.
—Va volando con una sonrisa en la cara, señorita Farrell. ¿Pensaba derribar unos cuantos
transeúntes, o en realidad sabía que yo estaba aquí?
En realidad, Catherine no podía creer lo que él estaba insinuando. Lo único que podía hacer
era seguir mirándolo, y él parecía deleitarse en ver directamente a esos ojos grises.
—Deberías fijarte por dónde vas —una voz aguda intervino y con un sobresalto Catherine
recordó que Damon King no estaba solo. A su lado estaba una frágil rubia con los ojos tan duros
como canicas, y la chica recordó lo que le había dicho a Robin acerca de lo que hacían las
mujeres para acercarse a Damon King—. Me alegro de que haya chocado contigo, querido —la
mujer continuó—. Al menos tú eres más fuerte para soportarla.
—Habrías seguido de pie, Leonie —Damon King murmuró con voz seca— La señorita
Farrell no pesa mucho, es más ligera que el aire, una criatura de las nubes. De lo que hay que
preocuparse es de su mente.
—Perdone si lo lastimé —Catherine repuso con voz temblorosa, pero la extraña sonrisa de
él sólo se hizo más amplia.
—Ni siquiera mi dignidad, señorita Farrell.
Eso empeoró las cosas. En ese momento ella no se sentía con mucha dignidad, y parecía que
él lo sabía. Fue una cosa muy simple, y sin embargo, él lo hacía parecer deliberadamente como
una catástrofe. La seguía sosteniendo y ella no había hecho ni un movimiento para liberarse; ¡no
podía!
El la soltó con lentitud, y Catherine estaba tan frustrada que no sabía para donde mirar.
Rápidamente se inclinó para recoger los libros, pero él lo hizo al mismo tiempo y sus cabezas
chocaron. No fue muy fuerte, pero eso aumentó su sensación de estarse comportando como una
lunática, y sintió las mejillas más acaloradas.
—Permítame —él murmuró y recogió todos los libros—. Unos cuantos accidentes más y
quedará muy dañada. Y creo que yo no podría soportarlo.
Catherine no podía permanecer ahí de pie esperando a que él recogiera los libros. Pero
tampoco podía quitárselos. Sólo se quedó ahí, con el cabello negro y largo sobre un hombro y
parte en la espalda. Como no había ido a trabajar no se lo había recogido en un moño, y
mientras recogía los libros él levantó la vista hacia su piel blanca y su cabello brillante.
Una vez más ella sólo pudo devolverle la mirada, y él sonrió de manera irónica antes de
darle los libros.
—Aquí tiene —su actitud hizo que ella se enfureciera. No sabía por qué le hacía eso, tal vez
era el castigo por sus supuestos crímenes.
—Gracias —Catherine tomó los libros y con un movimiento del cuello echó hacia atrás su
cabello—. Una vez más le pido disculpas; estoy segura de que fue toda la culpa mía.
No pudo apartar el resentimiento de su voz, y él parecía divertido. Ella iba a volverse y
retirarse, pero Damon King la tomó del brazo.
— ¿Necesita un taxi? —los alarmantes ojos de ese hombre la veían entrecerrados, y
Catherine notó que su acompañante empezaba a molestarse. Tal vez para él hacer enfadar a la
gente era otro pasatiempo, así como Crown Records.
—Yo misma lo puedo conseguir, gracias —pero él siguió tomándola del brazo y la llevó a la
orilla de la acera. La chica esperaba que la soltara pronto porque el brazo le dolía, pero desde el
punto en donde estaban era difícil conseguir un taxi, por eso ella iba más adelante.
Mas él levantó una mano y un taxi se detuvo frente a ellos como por arte de magia. Eso era
humillante, y los ojos de él brillaron con diversión al reconocer su irritación.
— ¿Suerte del diablo? —le preguntó casi al oído. Catherine no respondió y él siguió
mirándola—. Nos vemos el lunes por la mañana, señorita Farrell.
Su tono había cambiado y de pronto todo volvió a ser amenazador. Todo lo había hecho a
propósito para ponerla en desventaja. Ahora estaba lista para que la matara.
La chica se sintió ansiosa de inmediato.
— ¿Está todo bien?
— ¿Qué podría estar mal? Todo está muy bien; a menos que decida correrlos a usted y a su
hermano, claro.
Rápido desapareció el miedo de ella. No la amenazarían tan fácilmente.
— ¡Hay otros empleos! Estoy segura de que nos las arreglaremos, señor King.
—Y usted lo preferiría —en los labios de él apareció un gesto de desprecio—. Tal vez tenga
que hacerlo.
—Entonces, ¿por qué se molesta en contratarme, y por qué retiene a mi hermano?
—Su hermano no importa. Usted sí. Ya le dije que me sirve para unos planes que tengo.
—Entonces, de seguro será interesante —repuso ella, furiosa—. Todo el mundo sabe que
usted es un severo hombre de negocios que hace maquinaciones por todas partes. ¡Supongo que
debía sentirme halagada por estar incluida en sus planes!
Se detuvo de pronto al darse cuenta de que había tomado la actitud que él quería, y sus
mejillas se ruborizaron de vergüenza. El era un hombre de negocios poderoso, y su nuevo jefe.
Además, tenía una espada sobre ella, en lo que se refería a Robin.
Para consternación de Catherine, él empezó a reír.
—No se disculpe, señorita Farrell. Estoy seguro de que eso es lo que iba a hacer. Puedo ver
el arrepentimiento en su cara, pero, créame, disfruté este encuentro. Ahora siento que la
conozco mejor, y a mí me gusta conocer a mis asistentes personales. Quizá terminemos por
estar muy unidos, ¿no cree?
La joven desvió rápidamente la mirada. Ya había estado demasiado cerca de él; hasta estaba
temblando. Subió al taxi, pero él ya se había alejado, y ella tuvo la impresión de que sólo la
había utilizado para quitarse el aburrimiento.
A menos que de verdad tuviera unos planes terribles. Todavía le daba miedo. Sin ninguna
reserva había utilizado su masculinidad para dominarla. Se proponía hacerle la vida difícil, y la
chica sabía que si ella o Robin hacían un movimiento en falso, estarían en la calle. Era cruel. Y
se preguntó cuánto tendría que soportar para que su hermano y ella conservaran el empleo.

CUANDO Catherine llegó al edificio el lunes por la mañana, había una elegante mujer de
mediana edad esperándola en la recepción, y se le acercó sonriendo.
— ¿Señorita Farrell? Soy Judith Greaves; usted va a tomar mi puesto —al menos había una
cara amigable, pensó la chica cuando estaban en el ascensor. Judith Greaves no habló cuando
subían, pero había un sentimiento de comodidad en ella que le transmitía a Catherine y la hacía
sentirse temporalmente a salvo.
— ¿Ha estado aquí mucho tiempo?
—Oh, cinco o seis años. Antes estaba en Fenton Company. El señor King me saboteó —ella
rió y la joven asintió. Sí, podía imaginárselo, aunque por lo general él saboteaba en otras
direcciones. No era de sorprender que si esa mujer era buena, él hubiera hecho lo posible por sa-
carla de la compañía en donde de seguro lamentaron mucho su ausencia.
—Debió sentirse muy halagada —comentó Catherine con voz seca. .
—Sí, así fue. La compañía para la que trabajaba era más bien lenta... muy tranquila. Yo
sentía que quería estar en un lugar en donde hubiera algo más de fuerza.
—Bueno, con el señor King hay mucha fuerza —la chica recordó los brazos duros
sosteniéndola.
—Por supuesto—Judith rió—. Mas en fin, he disfrutado todo esto.
— ¿Pero ahora va a casarse? —Catherine se preguntó por qué Damon King habría permitido
ese matrimonio.
—Ah, sí, por segunda vez. Bueno, ya basta de hablar de mí; vamos a instalarla. Hay mucho
que aprender y no mucho tiempo.
— ¿Cuándo se va? —la joven sentía el impulso de aferrarse a esa mujer por un tiempo
considerable. Necesitaba aprender todo, y un escudo contra cierto hombre.
—En tres o cuatro días. Me quedaré todo lo que usted me necesite. No hay prisa.
Entraron en una oficina que se encontraba muy cerca de aquella en la que estuvo ella antes.
Había una puerta que comunicaba con la oficina de Damon King y Catherine la vio con
resentimiento. Se preguntó si estaría ahí en ese momento. Judith descubrió su mirada y rió.
—No, no está en el edificio. De hecho, casi nunca está. Hace casi todo el trabajo en casa.
Ahí tiene el equipo necesario, y con toda esta nueva tecnología podría trabajar allá sin necesidad
de venir a la oficina si así lo quisiera. Pero de cuando en cuando viene a disciplinarnos.
Eso no le sorprendía en algo a Catherine.
—Por supuesto, por eso es que yo estoy aquí —prosiguió Judith—. Necesita que alguien
esté aquí todo el tiempo, y por lo general yo lo represento. Aun cuando está en la oficina, pasa
horas en reuniones y viaja mucho. Hay mucho que hacer como su asistente. Será mejor que
empecemos.
Sintiéndose aliviada de que su jefe no estuviera en la oficina, Catherine ya no se sentía
amenazada, y puso todo su empeño. Era inteligente y aprendía rápido. Al final del día Judith la
felicitó.
—Ya conoces muy bien los procedimientos.
—Pero no me deje —suplicó la chica.
—No, dos días más —Judith rió—. En todo caso, no hay de qué preocuparse.
¡Eso era lo que ella creía! Catherine sabía bien lo que le preocupaba.
Pero cuando llegó a casa esa noche estaba más calmada. Si lograba aprender todo antes que
Damon King fuera, se iba a sentir más contenta consigo misma. Y también le sería más fácil
lidiar con él. Pero no necesitaba lidiar con alguien, se recordó. Sería mejor no olvidar que estaba
trabajando para él, y bajo cierta amenaza.
Robin la recibió ansioso cuando llegó.
— ¿Cómo te fue?
—Muy bien. Judith Greaves es muy agradable. Conviví bien con ella. Es una lástima que se
vaya y que él se quede.
—La compañía se desmoronaría sin él. El es el hombre que hace que rueden los engranajes.
Toda la mañana estuve esperando que fuera.
—Supe que no va seguido.
—No. Cuando lo hace no te enteras hasta que levantas los ojos y lo ves ahí de pronto. La
gente se estremece con su mirada. Pero a mí ni siquiera me ha visto.
—Esperemos que no lo haga en el futuro —ella recordó las sospechas de Damon King.
Ese día el abuelo estaba un poco mejor, y Catherine suspiró con alivio. Su primer día había
terminado, le había agradado Judith Greaves, Robin no mencionó una palabra de su futura
carrera, y su abuelo se encontraba bien. Después de todo, no había sido un día tan malo.
El mal día llegó el miércoles. Judith tendría que irse para la hora de la comida. Estaba
satisfecha de que Catherine ya estuviera acomodada y de que ya supiera lo que debía. Toda la
mañana estuvo yendo gente a dejar pequeños regalos para la ex asistente. Parecía obvio que era
muy popular, y la chica observaba y aprendía mucho de las actitudes de la gente de la compañía.
Hubiera sido un buen detalle que Damon King fuera a despedirse personalmente. Pero él estaba
por encima de esas cosas. Y bajó otro peldaño en la escala del aprecio de Catherine, aun que ya
de por sí estaba muy bajo.
También conoció a uno de los contadores principales. Gordon Turner fue a despedirse de
Judith, y ella le presentó a Catherine. Lo había hecho con todos, pero ellos tenían prisa por irse
en caso de que apareciera el tigre. Gordon Turner se quedó a charlar. Resultaba evidente que él
no se dejaba intimidar como los otros.
—Nunca podrías ser lo suficientemente mayor para este puesto —comentó viendo a
Catherine con admiración.
—Pues lo soy —la joven rió—. Tengo el presentimiento de que estaré mucho más vieja
cuando pase una semana después que Judith se haya ido.
—Puedes recurrir a mí —él sonrió—. Yo te protegeré del jefe —se quedó un rato más, y a
Catherine le simpatizó.
Justo antes de la hora de la comida llegó un enorme arreglo floral para Judith, y ella se
sonrojó de placer.
—Es del señor King. Típico de él.
También había un sobre, y cuando Judith lo abrió, la chica pudo ver un cheque. Los ojos de
la ex asistente se abrieron de forma desmesurada.
—Oh, esto es demasiado.
—Habría estado mejor que viniera a dártelo personalmente.
—El así hace las cosas —Judith murmuró, mientras seguía mirando el cheque y las flores—.
Hace el bien con discreción.
—No sabía que hiciera algún bien —Catherine murmuró y Judith la observó extrañada.
—Es un hombre más bien raro; tendrás que trabajar duro para llegar a conocerlo. Y si, hace
el bien con discreción. Nunca he sabido que haga algo malo.
— ¿Qué me dices de todas las compañías que absorbe?
—Esos son negocios, querida, y él es un muy buen hombre de negocios. Parece que lo ha
sido desde muy joven —Judith la observó con detenimiento—. No te agrada, ¿verdad?
—Yo... no lo conozco —Catherine sentía como si hubiera hablado de más, como una
especie de deslealtad, y ese era un sentimiento nuevo. Ella tenía unas ideas muy firmes acerca
de la lealtad, pero sería muy exagerado extenderlas hasta Damon King.
—Bueno, como ya dije, tiene un carácter muy complicado, pero es fácil de entenderlo una
vez que sabes cómo trabaja su mente.
Eso sería muy difícil, pensó la joven. Ya era bastante con evitar meterse en problemas, para
además tener que sicoanalizar al jefe.
Cuando se fue Judith, Catherine tuvo la oficina para ella sola, y un estremecimiento la
recorrió, en parte era de miedo, pero más por placer. Nunca antes se había sentido tan poderosa.
Miró por la ventana hacia el parque de enfrente; los árboles ya tenían el nuevo follaje de la
primavera, pero de algún modo no se sentía atrapada allá arriba. Todo iría bien mientras Damon
King no se apareciera por la oficina.
Pero en ese momento entró él, directamente a la oficina de la chica; entonces Catherine
sospechó que lo hizo para tomarla por sorpresa. Y como la encontró mirando por la ventana, lo
logró, así que ella se sintió culpable.
— ¿El negocio anda flojo, señorita Farrell? —la miró con cierta burla. Ella no lo había visto
desde el episodio de los libros, y se sentía un poco avergonzada. Pero tuvo que suprimir este
sentimiento. Ese era su nuevo jefe y tendría que verlo con frecuencia.
—Por el momento, pero estoy segura de que todo está bajo control.
—Oh, nunca pensé que no fuera así, con usted aquí.
No dijo otra palabra. Sólo le dirigió una mirada irónica antes de irse a su oficina. La chica
sabía que sólo había ido a molestarla, así como sólo la había contratado con el mismo fin. Y si
era porque sospechaba de Robín, no era justo. En el fondo sabía que también dudaba de ella,
pero se negaba a pensar en eso.
Catherine suspiró y se sentó ante su escritorio. El teléfono sonó y muy pronto regresó al
trabajo, Damon King salió de su mente, aunque estaba detrás de la otra puerta. Tenía la
sensación de que él se movía en un plano totalmente distinto al de ella. Era un hombre
inalcanzable. ¡Pero la joven no quería alcanzarlo!
Catherine no podía creer que tuviera planes para ella. En un momento sí logró atemorizarla,
pero ahora ya estaba instalada. Su salario sería bienvenido en casa, y Robin aún tenía su trabajo.
A fin de cuentas las cosas no estaban tan mal.
Ya era casi hora de salir y no había escuchado ni un ruido proveniente de la oficina de
Damon, pero en ese momento la llamó. Cuando entró, él estaba sentado con las manos sobre el
escritorio y los ojos dorados ya fijos en ella.
—Algunas veces, señorita Farrell, voy a necesitar que trabaje fuera de la oficina —anunció
él sin ningún preámbulo y la chica sintió un poco de ansiedad.
— ¿En dónde exactamente? —trató de parecer segura de sí misma. Damon se reclinó hacia
atrás y la miró fijamente.
—Yo trabajo mucho en casa. Voy a necesitar que trabaje allá conmigo.
Catherine sintió pánico al instante. Eso era lo último que esperaba, y sabía que él le causaría
más problemas.
— ¡Judith Greaves no trabajaba ahí!
—No, Judith no trabajaba allí, pero usted es diferente.
— ¿Cómo? ¿Por qué soy diferente? Sólo soy su asistente personal. Es lo mismo.
—No del todo. Usted tiene atributos que Judith no tenía.
¿Cuáles atributos? A ella no se le ocurría ninguno; ¡a menos...! Lo miró con sospecha y él le
devolvió la mirada sin expresión alguna. Por supuesto que no. Hizo un gran esfuerzo para
calmarse. No permitiría que volviera a atemorizarla.
— ¿Está lejos?
—No muy lejos. Yo voy a transportarla... a menos que se quede allá.
Eso último fue un murmullo, y Catherine vio un brillo de creciente diversión en los ojos de
él.
— ¿Quedarme allá?
El alzó las cejas ante el tono horrorizado.
—Por supuesto. Yo mismo no vengo todos los días y realmente necesito que trabaje
conmigo. Sería ridículo transportarla de ida y vuelta.
Catherine se daba cuenta de que él estaba actuando como si ella fuera una estúpida por
sospechar. Bien, pues no le funcionaría.
— ¿Y quién se quedará en la oficina? —preguntó la joven con un tono triunfante. ¡Eso lo
detendría! Encargarse de la oficina era trabajo de ella.
—Señorita Farrell, hay mucha gente que puede ver por la oficina y, en todo caso, cuando
trabajo en mi casa y no hay alguien aquí, las llamadas me las pasan directamente a mí. Creo que
este lugar podrá sobrevivir sin usted.
—Ya entiendo —por el momento no podía encontrar otra forma de salir de todo eso que no
fuera gritar ¡No! muy fuerte.
— ¿De veras? Espero que así sea. Pero, como le dije cuando nos conocimos, a usted la
necesito para unos planes más grandes. Judith jamás habría servido.
Algo en los ojos de él le decía a Catherine que se estaba burlando de ella, pero no mencionó
algo más. Sólo le dio las buenas noches con una inclinación de cabeza y salió. Eso era algo que
la chica no había anticipado. Una vez más se sentía al borde del peligro, y se percató de que él
nunca le había preguntado si ella quería ir. Simplemente había dado una orden. Todo eso estaba
más allá del deber, y sabía que aún se estaba enfrentando con el chantaje. Su trabajo y el de
Robín dependían de su cooperación. Una vez más no tenía alternativa.
CAPITULO 3
CATHERINE no le dijo algo a Robin. Habían acordado irse juntos a casa, y él se encontraba
particularmente silencioso, así que ella decidió no agregar más ansiedades de las que ya tenía.
— ¿Sucede algo? —preguntó ella tratando de hacer a un lado sus propios problemas.
—He estado pensando en dejarlo todo —replicó él después de un momento de vacilación—.
Ahora tú tienes un buen trabajo.
— ¿Dejarlo todo? ¿Para hacer qué? —la chica estaba perpleja, pero Robin miraba sombrío
hacia adelante.
—Había estado pensando en darme una oportunidad, en dedicarme de lleno a la música.
— ¡Robin, no puedes hacer eso tú solo! ¿En donde vas a conseguir apoyo?
—No sé; aún no lo pienso bien, pero hay muchas cosas que podría hacer. Como viajar por
todo el país cantando en clubes y esos lugares. Eso sería un comienzo.
—Oh, Robin —la joven lo vio exasperada—. Ya pasamos por esto antes, y sabes muy bien
que no estarías feliz haciéndolo. No es lo que tú deseas.
—Porque tú quieres que sea contador.
—Yo no anhelo otra cosa más que seas feliz, Robin —ella parecía cansada, y su hermano le
puso un brazo alrededor de los hombros.
—Ya lo sé. Eres una criatura muy maternal.
—Soy un año más joven que tú —Catherine le recordó y él sonrió.
—Sí, pero a veces me pregunto si de verdad lo eres. Supongo que por ser la única mujer de
la casa te sientes como madre y tía solterona a la vez.
— ¡Oye, cuidado con lo que dices! —los dos rieron, y Catherine se sintió aliviada. Sólo era
la frustración de él que se manifestaba. Pero no haría algo tonto.
— ¿Cómo te fue hoy? —inquirió Robín.
—Muy bien. Judith Greaves ya se fue. Recibió un cheque y un enorme arreglo floral de
Damon King. Cuando se fue a casa llevaba los brazos llenos de regalos. Parece que la gente de
la oficina es agradable.
—Así es.
—Entonces, ¿por qué no quieres quedarte?
—Ya sabes por qué, Cath. Tengo talento y voy a explotarlo, no importa lo que deba hacer.
Catherine tuvo el terrible presentimiento de que sí lo haría
—Espero que no te vayas a ir sin un penique en la bolsa. No vamos a poder ayudarte.
Aunque ahora yo tenga un buen salario, si tú no cooperas tendré que usarlo todo para el
mantenimiento de la casa, y tenemos que asegurarnos de que Gramps tenga lo necesario. Ya
cuidó él de nosotros, y ahora está viejo.
—Ya sé, ya sé. No te preocupes por mí. Si decido irme estaré bien preparado.
—Pero, ¿cómo? —ella sabía muy bien que no tenía algo en el banco.
—Hice algunos planes —parecía misterioso y Catherine apretó los labios.
—Mira, Robin... —la chica empezó, pero él la interrumpió.
—No, mira tú, Cath. Puede ser que te sientas como mi hermana mayor, pero no lo eres. Yo
sé muy bien lo que estoy haciendo, y cuando decida irme me aseguraré de que tú y Gramps
estén tranquilos. También tendré mucho dinero. Entonces podré esperar a que me llegue la gran
oportunidad.
La chica movió la cabeza y decidió olvidarse del asunto, porque no había manera de que él
pudiera conseguir mucho dinero; y eso era lo que él había implicado. Si se iba también había
que considerar el trabajo de ella. Sin tener ya a Robin, la joven no le serviría de algo a Damon
King. Catherine tenía ya muchos problemas como para agregar más.
EN las dos semanas siguientes Catherine se estableció en su trabajo. Cuanto más le exigiera
el trabajo mejor para ella, y con gran placer descubrió que era muy capaz. Sólo esperaba seguir
así, y que nada llegara a empañar los días de tranquilidad. Como tener que ir a la casa de Damon
King. Pero eso no sucedería, porque no se lo había vuelto a mencionar.
Cuando estaba ahí se portaba distante y cortés, trabajaba con ella cada vez que era
necesario, pero siempre le producía un sentimiento como de miedo. A veces ella levantaba los
ojos y lo sorprendía mirándola de una manera peculiar, y cuando los ojos grises lo retaban él
sólo parecía divertirse, como si fuera un juego.
Cuando llegó el viernes de su segunda semana, la chica pensó que las cosas marchaban bien,
hasta que la llamó a su oficina.
—Cuando venga el viernes por la mañana, señorita Farrell, venga preparada para estar fuera
unos cuantos días.
Catherine se llenó de ansiedad.
— ¿Estar fuera? —lo miró como animal atrapado. Y eso no le agradó a él.
—Ya habíamos hablado de eso. En las últimas dos semanas he estado viniendo a la oficina
para ayudarla a establecerse. Ahora quiero continuar con mi forma normal de trabajar, es decir,
en casa. Voy a necesitarla.
—Pero...
—Sin peros, señorita Farrell —ahora la veía con frialdad—. Yo trabajo desde la casa, y
desde el lunes usted trabajará ahí conmigo por un tiempo. Haga el equipaje como para dos
semanas.
A Catherine se le hundió el corazón. Dos semanas atada a él. No sabía si podría sobrevivir.
—Yo... tengo compromisos en casa.
—Estoy seguro de que su hermano es capaz de cuidarse a sí mismo. Es mayor que usted. No
hay necesidad de que lo cuide.
—Yo no lo cuido, pero está mi abuelo.
Damon se reclinó en el asiento, los ojos fríos se suavizaron un poco, aunque parecía que
pensaba que era una mentira.
— ¿Vive con usted?
—No, en realidad nosotros vivimos con él, Robin y yo... él nos crió.
— ¡Ya veo!
—En realidad usted no ve algo, señor King. Mi abuelo ahora es un hombre mayor y no está
muy bien. Supongo que Robin podría cuidar de él. Tenemos que dejarlo solo cuando nos vamos
a trabajar cada día. Tal vez estará bien, pero... —Catherine vaciló y él la observó con deteni -
miento. La mayoría de las noches Robin iba a algún club o a otro, para hacer presentaciones.
Algunas veces se marchaba durante todo el fin de semana a un lugar totalmente distinto y no
regresaba a casa. Ella no estaba segura de cómo iban a poder arreglárselas. Sin embargo, lo que
sí sabía era que si se negaba a ir perdería el trabajo. Y seguramente Robin también.
—No sabía que tuviera problemas —comentó al fin Damon King después de verla en
silencio—. ¿Ahora qué va a hacer?
—Supongo que podría encontrar a alguien que vaya a cuidarlo.
— ¿Cuidar de su abuelo? ¿Está en cama?
—No. Eso tampoco le gustaría —ella sonrió con tristeza y movió la cabeza—. No le gusta
que la gente lo cuide.
—Lo imagino. Sólo porque es viejo no creo que lo haga menos hombre.
—No. Espero que estará bien. Ahí estará Robin. Después de todo, mucha gente mayor está
sola... ¿no?
—Así es. Veamos cómo funciona, ¿no?
—Sí —estaba sorprendida de lo bondadoso que parecía en ese momento. Sus miradas se
encontraron. El casi sonreía. Era la primera vez que lo hacía... de una manera agradable.
—E... entonces haré el equipaje para dos semanas. ¿Podré llamar a mi abuelo todos los días?
—Claro que sí. Sólo trabajará en un lugar distinto. No intento mantenerla prisionera,
señorita Farrell.
Ella no supo si fue una broma o no. Aún tenía esa sonrisa en el rostro. Quizá trabajando más
cerca de él podría llegar a entenderlo un poco más. Pero ella no quería entenderlo. Sólo era su
jefe, un hombre bastante desagradable.
Cuando se lo dijo a su abuelo éste se enfadó mucho y se mostró lleno de sospechas.
— ¿Vas a trabajar a su casa? ¿Qué clase de hombre es?
—Es muy frío y... respetable —Catherine contestó rápido, no muy segura de esto último.
—Debes de tener cuidado. Podría resultar ser un villano, y tú eres una muchacha muy
bonita.
—Oh, Gramps, ¡yo soy su asistente personal! No es algo anormal para los hombres de
negocios de hoy trabajar en su casa. Con la tecnología moderna es más fácil y conveniente...
—Eso no importa —la interrumpió—. Quiero que me llames todos los días.
—Ya arreglé eso, pero, ¿tú vas a estar bien?
— ¿Qué quieres -decir? Claro que voy a estar bien —Catherine recordó lo que había dicho
Damon King acerca de hacer sentirse a su abuelo menos que un hombre. Tenía mucha razón. El
anciano todavía era fuerte, y ella se sintió más tranquila.
Estaban tomando el té cuando llegó Robin, La chica no se había re gresado con él, porque
por alguna razón su hermano tuvo que quedarse a trabajar hasta tarde.
—Tengo noticias —anunció ella—. Voy a salir durante quince días.
— ¿Ya te dio vacaciones? —Robin parecía escéptico, y la joven negó con la cabeza.
—No. Como ya lo sabrás, él trabaja casi siempre en su casa. Yo tendré que ir a trabajar con
él.
La reacción instantánea de Robin fue como la de su abuelo. Su cara se ensombreció y la
miró furioso.
— ¿Para qué? —estaba pensando mal y Catherine trató de no reír. Se sentía responsable por
esos dos hombres, pero ahora se daba cuenta de que ellos sentían la necesidad de protegerla.
—Requiere a su asistente personal para que trabaje con él en su casa. Ahí tiene todo lo
necesario. Parece que trabaja mucho en ese lugar... tú debes saberlo.
— ¡Lo sé! Todo el mundo lo sabe. También saben que nunca se llevó a Judith Greaves.
—Bueno, tal vez está cambiando sus hábitos de trabajo — Catherine trataba de que todo
pareciera muy natural, porque su abuelo empezaba a sospechar otra vez—. Espero que tenga
una casa llena de sirvientes.
—Claro que la tiene —repuso Robin, irónico—. Está nadando en dinero. No creo que él
limpie el suelo.
Esto calmó un poco los temores. La joven no podría soportar tener a esos dos sobre ella. Ya
le bastaba con tener que lidiar con su jefe.
Llegó a buena hora a la oficina el lunes por la mañana y Damon King la estaba esperando.
Catherine sabía que él pensaba que ella podría robar información y venderla. Quizá pensaba que
estaba en complicidad con Robín. Sabía que quería tenerla a su lado para vigilarla, y cuando lo
miró furiosa, él alzó las cejas negras.
— ¿Quiere arrepentirse a última hora, señorita Farrell?
— ¡Claro que no!
—Entonces vamonos —tomó la maleta de ella, comenzó a caminar, y a la chica no le quedó
otra alternativa que seguirlo.
Cuando caminaban por el vestíbulo mucha gente la miraba de una forma especulativa, y eso
la irritó más. No sabía lo que estarían pensando, pero se lo podía imaginar, y suponía que el
presidente de la corporación King no acostumbraba llevarle la maleta a nadie. Parecía que él
intentaba ensuciar su reputación. A partir de ese momento sería sospechosa de otras cosas,
además de espionaje en los negocios.
La casa estaba algo retirada de Londres, y cuando el poderoso auto dio vuelta en el largo
camino franqueado por árboles, Catherine se volvió a ver la cara de Damon King. Ella no había
querido estar muy cerca de él, y ahora estaba en sus dominios.
Después de una curva apareció la casa; no era una casa moderna como ella se lo imaginó,
sino una granja isabelina aislada en esa tranquilidad. Los muros de ladrillo rojo de ese período,
con las chimeneas que se recortaban contra el cielo y los jardines, era lo que daba ese
sentimiento de paz.
— ¡Oh! —a pesar de la fortuna de él, la chica no había esperado algo así.
—Ravenhall Manor —anunció Damon con calma—, o, para seguir la costumbre local,
simplemente Ravenhall. Espero que se sienta cómoda para trabajar aquí.
La joven no respondió. Estaba demasiado ocupada recreándose la vista. Había temido a esta
casa, pero ahora ya no podía esperar más para entrar y conocerla.
Damon detuvo el coche y se bajó para abrirle la puerta.
—Es hermosa —comentó ella con voz encantada.
—Gracias, señorita Farrell. Eso me gusta.
—Por favor... —la chica lo miró con ojos casi suplicantes—. Como voy a trabajar aquí y lo
estaré viendo todo el tiempo, ¿cree que pueda hacer lo que hacía mi otro jefe?
— ¿Y qué hacía? Espero que nada alarmante.
—Me llamaba por mi primer nombre —ella se ruborizó, y él se ablandó al instante.
—Lo intentaré. Quiero que estés contenta. Te necesito aquí.
Catherine notaba que no tenía otra elección, contenta o no. El le había ordenado que fuera,
pero ese lugar parecía el paraíso. Sería fácil estar a gusto ahí, mas sintió un poco de
remordimiento por su abuelo, ella no podía cuidarlo todo el tiempo; además, lo llamaría a
diario; y tal vez lo vería el fin de semana.
De pronto se dio cuenta de que aún se hallaba sentada en el auto, y que Damon estaba de pie
esperando a que saliera. Levantó la vista. Los ojos de su jefe estaban entrecerrados, como si
tratara de adivinarle el pensamiento, entonces también vio un movimiento en sus labios, que tal
vez significaba que él mismo se estaba afirmando que ella era una idiota.
Catherine bajó rápidamente, casi se cae en la prisa por alejarse de él, y ya casi estaban en la
puerta de enfrente cuando ésta se abrió y apareció una mujer que les sonreía.
—Ella es mi ama de llaves, la señora Jarvis.
—Usted debe de ser la señorita Farrell —dijo la mujer—. El señor King me comentó que
traería a su asistente a casa. Debo decirle que no esperaba a alguien tan joven.
—Ni yo, señora Jarvis —repuso Damon en tono de broma, y Catherine se apresuró a
caminar detrás de él. A la chica le hubiera gustado charlar un poco con el ama de llaves, pero no
quería que él pensara que se tomaba demasiada confianza. La casa era hermosa, mas ella sólo
estaba allí para trabajar.
Las habitaciones de abajo tenían paneles de roble y la luz del sol se reflejaba en ellas y en el
suelo de parquet; había una mesa redonda en medio del vestíbulo, y sobre ella un recipiente de
latón antiguo lleno de flores. Había una galería con vigas de madera y la escalera estaba a un
lado. Todo era perfecto.
Entraron en un salón iluminado con luz tenue. Las sillas y sillones parecían cómodos y los
colores eran suaves. Había una puertaventana que daba al jardín. Estaban a finales de abril y las
plantas empezaban a florecer.
Era un lugar maravilloso. Y resultaba difícil de imaginar que Damon lo hubiera escogido
para vivir. Ella había relacionado al hombre más con un apartamento moderno en el centro de la
ciudad, y se preguntó qué pensaría su novia de ese lugar.
Recordó a la rubia del otro día. Era probable que ella proviniera de un ambiente similar y
que estuviera acostumbrada a esas cosas; ella misma podría acostumbrarse rápidamente.
Catherine suspiró, y en ese momento entraba Damon King.
— ¿Lamentándote de tu destino?
—Sólo estaba pensando en lo hermoso que es este lugar —la chica respondió con voz
tranquila, pero parecía que él no le había creído.
—Pensé que querrías estar a muchos kilómetros de distancia.
—No, esto es encantador —por primera vez volvió sus ojos brillantes hacia él y sonrió—.
En realidad, estaba deseando que esto fuera mío.
El la miró por un momento y luego rió.
— ¿Sí? Entonces disfrútalo mientras puedas.
La señora Jarvis llegó con la bandeja del té, y Catherine no tuvo tiempo de pensar qué había
querido decir él con eso último. Sin embargo, hubo un aire de amenaza, como si ella ya
estuviera condenada.
El ama de llaves era muy maternal, y parecía que no le temía a Damon. Pero él no
sospechaba de la señora Jarvis. La actitud de él podría estropearlo todo. Mas la chica trataría de
sacarlo del error. Sonrió para sí misma cuando la señora Jarvis se fue, y al levantar la mirada se
percató de que Damon la estaba viendo.
— ¿Se terminó el pánico?
—Yo nunca tengo pánico —le informó la joven en un tono muy mundano, y él sonrió
divertido.
—Esperemos que te acostumbres al ritmo lento de las cosas —murmuró, y Catherine lo
miró preguntándose qué significaba ese comentario, y si habría más.
—Yo soy tranquila y hogareña. Y me aseguraré de recordar que no soy una huésped.
—De verdad sabes cómo defenderte, ¿no? —La observó durante un momento—. Espero no
meterme en una situación en donde tenga que cuidar mi lengua; será una experiencia
completamente nueva para mí.
—Yo espero no tener que verlo mucho —entonces la joven se dio cuenta de que se estaba
excediendo. Si seguía así los despedirían a ella y a Robin—. Yo sólo haré mi trabajo y no tendrá
que verme mucho.
—No lo creas. Yo pienso verte mucho —se le quedó viendo con esos ojos de color ámbar
hasta que ella bajó la mirada—. ¿Cuántos años tienes, Catherine... veinticuatro?
—Sí —ella volvió a verlo—. Apenas hay un año entre Robin y yo.
— ¡Mmm! —aún la miraba fijamente—. Tu hermano es muy bueno en su trabajo.
—No creo que usted lo hubiera contratado si no lo fuera —Catherine estuvo a punto de
decirle que también era bueno para otras cosas, como tocar la guitarra y cantar, pero se contuvo
a tiempo—. Es un jardín encantador —ella cambió de tema; notaba que lo enfadaba al hablar de
su hermano. Damon King vio hacia la ventana.
—No tengo mucho tiempo para disfrutarlo.
—Espero que lo disfrute el fin de semana —la chica sentía la urgencia de propiciar una
charla amable y hacerlo pensar en otra cosa.
—Por lo general, estoy muy ocupado —la joven no supo lo que quiso decir exactamente,
pero su mente regresó a la mujer con la que lo había visto, y aunque ella no había leído mucho
sobre su vida privada, sabía que tenía cierta reputación con las damas.
La señora Jarvis entró y les sonrió.
—Ya llevé el equipaje a su habitación, señorita Farrell. Si gusta seguirme, le mostraré en
dónde está.
Catherine estaba contenta de poder salir de ahí. Cuando siguió a la señora Jarvis por la
escalera, no pudo evitar volverse para ver si él la estaba viendo. Pero para su gran alivio, no.
Su habitación daba al jardín de adelante. El techo blanco tenía unas vigas estrechas, y la
enorme ventana, unas cortinas que hacían juego con el cubrecama. Lo que la intrigó fue la
cabecera de la cama; parecía estar pintada a mano, y la señora Jarvis sonrió por su interés.
—Es italiana y muy antigua. Creo que es bastante antigua y delicada. El señor King la
encontró cuando estaba en el extranjero y la trajo.
Era de un color blanco sombreado, y las flores delicadas y de colores brillantes. El tocador y
el armario eran de un tono similar, y Catherine pudo darse cuenta de que habían sido pintados
especialmente para que combinaran con la cabecera. A pesar de su carácter, Damon tenía buen
gusto. Hasta los cuadros armonizaban con la habitación. La señora Jarvis salió, y después de
unos segundos de caminar de un lado a otro admirando, Catherine alzó la vista para encontrarse
a Damon en la entrada observándola.
— ¿Estás contenta con tu habitación?
La chica miró hacia la ventana, ansiosa de escapar de esos ojos.
— ¿Quién no lo estaría? Es maravillosa. Nunca antes he dormido en una habitación así.
—Pareces una niñita contenta. Me pregunto si eres tan ingenua como demuestras —Damon
entró en la habitación y la vio de cerca—. Las mujeres son unas criaturas astutas, hábiles para
hacerse las inocentes. Pero contigo no puedo saber bien.
—No tiene sentido que me pregunte. No me creería.
—No. No te creería —siguió observándola y después se volvió con impaciencia—. Desde
aquí tienes una buena vista del jardín. Mi habitación está en la parte de atrás de la casa, con una
vista igualmente agradable. Parece que el lugar te gustó mucho.
—En casa yo ayudo a mi abuelo con el jardín —la chica se volvió a ver las plantas. Parecía
una buena excusa para mirar hacia otro lado. Era muy consciente de que él estaba cerca de ella.
La joven quería alejarse. No deseaba tener problemas por la cercanía de un hombre como
Damon King. Se sonrojó y miró preocupada a su jefe; él estaba mirando por la ventana, con el
rostro inexpresivo, pero de pronto la miró.
— ¿Qué más haces aparte de ser una nieta ideal y una hermana devota?
—Soy como cualquier otra persona —la chica se sonrojó con intensidad y él se volvió de
repente.
—Estoy empezando a dudarlo. Pronto se servirá la comida. Baja cuando estés lista.
Catherine lo vio alejarse. No entendía esa nueva actitud. Si él creía que era ingenua,
entonces no podía pensar también que quería robar información vital. Y se alegró cuando
Damon cerró la puerta detrás de él.
INMEDIATAMENTE después de comer empezaron a trabajar. A Catherine se le asignó una
pequeña habitación que estaba del otro lado del vestíbulo frente al estudio de Damon, que había
sido una sala. Cuando él le dijo que había hecho que metieran un escritorio y algunas otras
cosas, la chica se dio cuenta de que era algo inusual, algo hecho especialmente para ella.
Cuando más tarde Damon anunció que habían terminado, la joven se alegró de regresar a su
hermoso dormitorio. Las cosas habían ido mucho mejor de lo que ella esperaba, y a él no lo
había visto mucho.
Cuando bajó a cenar, la señora Jarvis la colocó muy cerca de Damon, y Catherine no estaba
segura de que eso le agradara, pero tampoco estaba convencida de que le hubiera gustado estar
hasta el final de la mesa.
—Sobreviviste al primer día.
—Sí. Lo disfruté —confesó Catherine. Mientras estaba en su habitación había pensado en
llamar a su abuelo. Ya eran casi las ocho y él ya estaría preocupado.
—Entonces, ¿qué pasó? —era obvio que él se percató de que había un problema.
—Estaba pensando en llamar a mi abuelo.
—Adelante, después que comas, o si quieres antes.
—No hay teléfono en mi habitación.
Damon sonrió irónico.
—Un descuido, de seguro. Veremos cuanto tiempo te quedas antes que lo solucionemos.
Hay un teléfono en tu estudio, uno en el mío, uno en el vestíbulo y otro en el salón.
—No fue mi intención criticar...
— ¿Alguna vez la tienes? Veré que tengas intimidad, si ese es el problema. Usa el teléfono
de tu oficina —ya no se percibía la burla, sólo parecía divertido. Catherine trató de parecer
impersonal.
—Gracias. Llamaré después de la cena.
Por un tiempo comieron en silencio, luego Damon habló.
—Cuéntame de tu abuelo.
—El nos crió —la joven no sabía que más decir. Estaba segura de que a él no le interesaba
su abuelo y que sólo trataba de hacer una charla amable. Pero sin embargo, Damon insistió.
— ¿Qué les sucedió a tus padres?
—Murieron, uno después del otro. Sólo nos quedó el abuelo. Supongo que pensarás que
somos una familia muy pequeña.
—Más grande que otras. Al menos, no estás sola. ¿Cuantos años tenías?
—Siete. Robin, ocho. Ya casi no me acuerdo. Gramps siempre ha sido maravilloso con
nosotros. Ha soportado nuestras peculiaridades.
—Aunque yo piense que eres una rareza, quizá la demás gente no lo cree así —Damon
murmuró—. Eres una rareza en mi mundo. Tal vez seas normal en el tuyo.
—Soy normal en cualquier mundo —insistió la chica viéndolo a los ojos—. Usted me da
créditos por dones que no poseo, como el engaño.
Catherine notó una desagradable expresión fugaz en el rostro de él, y deseó no haber
hablado. A Damon no se le olvidaba por qué la tenía allí. —No pensé que fuera a quedarse aquí
esta noche —ella rompió el incómodo silencio.
— ¿Y en dónde pensaste que estaría?
—Pensé que tendría una vida muy activa socialmente —una vez más la chica deseó no
haber abierto la boca, pero como siempre, era demasiado tarde
— ¿Muy activa? —Damon rió—. Ocupada, tal vez. ¿Fascinante? En realidad no.
Ella lo observó un rato, recordando que jamás había leído algo acerca de su pasado. Era
como si de pronto hubiera aparecido a los veinticinco años. Parecía fríamente controlado. Hasta
sus pocos momentos de humor tenían un tinte de crueldad, pero siempre era muy cortés, y eso,
en sí, era una defensa.
Cuando la joven levantó la mirada, él la observaba. Estaba reclinado en su silla con la copa
en la mano y una sonrisa extraña en los labios.
—Puedes quitarte el disfraz, Catherine —ordenó él. Y ella lo miró confundida, sin saber de
lo que estaba hablando. Y los labios de Damon se retorcieron ante su expresión.
"Muy atrayente. Pero no es necesario. Hablo de tu cabello —lo había mantenido recogido
todo el día, y ahora revelaba el cuello delicado por encima del vestido verde—. Ya tienes el
trabajo —continuó Damon—, no es necesario que continúes con la pose de mujer de mundo. Ya
puedes soltarte ese glorioso cabello. Hasta te daré permiso de que seas tú misma.
—No estoy tratando de disfrazarme —la chica se ruborizó. Sabía que no era así. Estaba
mucho más cómoda con el cabello sobre los hombros.
—Entonces compláceme. Yo creo que eras más normal cuando tuvimos ese encuentro
precipitado en Londres.
No necesitaba mencionar lo cerca que la sostuvo aquella vez; todo estaba implícito y la
expresión divertida de sus ojos lo decía.
—Yo no acostumbro chocar con la gente. Si cree que eso es normal, entonces...
—Creo que lo normal en ti fue ir corriendo por la calle con esa sonrisa y con los brazos
llenos de libros. Ahora que no estás en la oficina puedes relajarte. Sólo estamos tú y yo, no
tienes que fingir ante alguien.
Catherine se sintió agradecida cuando entró la señora Jarvis para anunciar que había una
llamada para él. Eso le daba la oportunidad de escapar. Si él lo tomaba como una falta de
educación, mala suerte. En ese momento ella no podía encararlo.
La chica no había chocado con él a propósito. El la vio ir por la calle, por lo tanto hubiera
podido evitar la colisión. ¿Y qué quiso decir con que no había alguien ante quien ella tuviera
que fingir? Otra vez parecía como si ya la hubiera condenado por algo.
Cuando llamó a su abuelo más tarde, también habló con Robin. Ellos estaban bien, y les
interesó mucho saber que ella tuviera un estudio cómodo para trabajar y que la casa fuera tan
hermosa. Más tarde se dio cuenta de que habló más de la casa que de cualquier otra cosa. Eso la
dejó con un extraño sentimiento cuando se fue a la cama, como si hubiera entrado en otro
mundo, un mundo del que no sentía particularmente ganas de salir por el momento.
CAPITULO 4
DESDE el principio Catherine sintió una extraña felicidad en Ravenhall. Ya no se sentía
intimidada, su naturaleza era demasiado animada para eso, y, cualquier cosa desagradable que
hubieran planeado para ella se volvía cada vez menos probable. Después de todo, su abuelo la
había educado para que viera siempre el lado bueno de las cosas.
Judith Greaves le había dicho que Damon iba mucho a reuniones y pasaba demasiado
tiempo de viaje, pero esa primera semana no hizo ninguna de las dos cosas. Todo el tiempo
estuvo en la casa, y aunque estaba en su estudio y ella sólo tenía que verlo para consultarle
algunas cosas, la chica era consciente de su presencia.
Sabía que la vigilaba, o al menos eso creía ella, pero no le importaba. Si él quería vigilarla,
ese era su problema. Todo lo que ella quería era mantener su empleo y trabajar en la paz de esa
casa.
El viernes estaba ansiosa por regresar a su hogar el fin de semana. Damon no le había dicho
que podría irse el fin de semana, pero así lo suponía la joven. Robin tenía un coche, y ella podía
pedírselo para ir a casa algunas noches para ver a su abuelo. Eso no serviría de mucho, pero al
menos le tranquilizaría la conciencia.
Pero cuando bajó a cenar el placer desapareció de su rostro. Tenían una invitada, y aunque
Damon las presentó con amabilidad, informando que era Leonie Saddler, en realidad no
necesitaba que se lo dijeran. Esa era la mujer que había estado observando con ojos resentidos
cuando Damon hizo parecer a Catherine como una tonta con el episodio de los libros.
La chica tuvo que recobrarse rápidamente. Sentía como si la mujer fuera una intrusa, y eso
era ridículo; si alguien estorbaba era ella misma. Estaba tan a gusto allí que no esperaba que
alguien más llegara.
Y en circunstancias normales Damon no hablaba mucho con ella durante la cena, y en
repetidas ocasiones la joven tenía que comer con la señora Jarvis, pero después que se
estableció había empezado a esperar esas cenas, y ahí estaba alguien que había ido a romper la
tranquilidad de las cosas.
—No es común para nosotros cenar con una tercera persona, querido —comentó Leonie
sonriéndole con dulzura a Damon; sin embargo, su voz contenía cierta cantidad de ácido que
Catherine no dejó de notar.
La chica tuvo que reconocer que la señorita Saddler estaba encantadora. Su cabello se
hallaba muy bien arreglado, se encontraba perfectamente vestida. Catherine usaba muy poco
maquillaje, porque su color natural era suficiente, pero Leonie Saddler tenía la confianza de
saber lo bien que se veía.
A la joven le pareció obvio que la invitada pasaría la noche tratando de hacer las cosas más
incómodas, y ella se preparó para eso. Cenaría y después desaparecería, dejándolos solos para
que hicieran lo que acostumbraran hacer en la intimidad.
Mas tarde decidió que esa era la comida más desagradable de toda su vida. Leonie llevó
todo el tiempo la charla, dejando fuera a Catherine a propósito, sin molestarse en ser un poco
cortés. Trataba a la chica como a una sirvienta, y a Damon parecía no importarle.
De cuando en cuando le dirigía a ella algunas palabras, pero Catherine sabía que sólo era
por amabilidad. Cuando sus ojos se encontraban ella trataba con desesperación de no parecer
miserable, porque sentía una soledad inexplicable.
El vestido rojo oscuro de Leonie parecía costoso, y Catherine se sentía como una parienta
pobre con el sencillo vestido de lana. Se quedaron mucho tiempo en el comedor, porque la
invitada no quería ir al salón para tomar el café, y Catherine se sentía cada vez más incómoda.
—Debemos irnos ya a la otra habitación, o la señora Jarvis no terminará nunca —indicó.
Damon: después de mirar con detenimiento la cara de su asistente. Sostuvo la silla de Leonie
para que se pusiera de pie, pero antes que pudiera hacer lo mismo por Catherine, ella ya estaba
levantada.
—Los dejaré solos —logró decir la chica con una breve sonrisa—. Tengo muchas cosas que
hacer —se volvió rápido hacia la puerta, pero la voz de Damon la detuvo.
—No te vayas, Catherine —ordenó él con voz suave. Entonces la joven se volvió con una
mirada de pánico. No quería verlo con esa mujer, y el descubrimiento era devastador. ¿Qué
estaba sucediendo con ella? No le pertenecía. El ni siquiera le agradaba. ¡Era su enemigo!
—Yo... en realidad no quiero café —aseguró con voz desesperada—. Si me disculpan... —
salió casi corriendo de la habitación, pero alcanzó a escuchar el comentario que Leonie hizo de
manera deliberada para que ella oyera.
—Qué muchacha tan extraña. Parece que es muy aburrida, querido. ¿Tienes que comer con
ella todas las noches? A fin de cuentas sólo es una secretaria glorificada.
Catherine no escuchó la respuesta de Damon. Corrió escalera arriba diciéndose que Leonie
Saddler era el tipo de mujer que él se merecía.
En su habitación pasó mucho tiempo paseándose de un lado a otro, y decidió que lo mejor
sería guardar sus cosas e irse por la mañana. No estaba segura de cómo llegaría a su hogar, pero
podría llamar a Robin para que fuera a recogerla. Por supuesto que no le pediría a Damon que la
llevara, y antes de regresar a ese lugar tendría que tener su propio medio de transporte.
Pero mientras pensaba eso no era la cara de Damon la que tenía en la mente sino la de
Leonie Saddler. La mujer la irritaba porque, por lo general Catherine se reía de la gente que la
hacía enfadar y después la apartaba de su pensamiento. Pero esa vez ese rostro con el cabello
rubio que lo rodeaba permanecía grabado en su mente. Esos sentimientos la atemorizaban,
porque nunca antes los había sentido.
Ya se había bañado y preparado para ir a la cama cuando se acordó de su abuelo. ¡Por estar
pensando en otra gente! No le quedaba más que bajar a su oficina.
Vio por la ventana, pero el auto de Leonie aún estaba ahí, y Catherine supo que tendría que
bajar sin que la vieran. No iba a esperar hasta las dos de la mañana. Se puso la bata y la ajustó
bien a la cintura, luego abrió la puerta con cuidado.
En lo alto de la escalera, hizo una pausa. No escuchaba voces, así que bajó rápidamente,
cruzó el vestíbulo y entró en su oficina; cerró la puerta con cuidado.
Catherine hizo la llamada muy breve porque no quería que alguien la viera. El abuelo
parecía muy contento, aunque cansado.
— ¿Te veremos mañana?
—Claro —contestó Catherine—. Todavía no me dice algo, ¡pero si piensa que me va a tener
aquí todo el fin de semana está muy equivocado!
—Esa es mi niña —su abuelo rió—. Enséñale.
Catherine asintió para sí. Lo haría si fuera necesario. Hablar con su abuelo la animó, como
siempre.
Con cuidado colgó el auricular y apagó la luz del estudio, y fue en ese momento que se
abrió la puerta del salón y se escucharon voces en el vestíbulo. Ahora tendría que quedarse ahí
esperando con la luz apagada como si se estuviera escondiendo.
Con cuidado se asomó por la ventana. Ni siquiera iban al auto todavía, y ella se sintió muy
enfadada. No porque la estuvieran haciendo perder su tiempo, sino porque odiaba que la
pusieran en una situación en la que la hacían sentirse culpable.
Pero no la sorprenderían. Escuchó que se abría la puerta de enfrente y decidió darles unos
minutos para que se despidieran. Cuando Damon entrara escucharía sus pasos y entonces podría
correr por la escalera hacia arriba. Oyó que se cerraba la puerta y esperó en silencio, pero pasó
mucho tiempo antes que el coche se pusiera en marcha.
Catherine escuchó los pasos de Damon acercándose por el vestíbulo y suspiró aliviada.
Pronto subiría por la escalera o iría a su estudio. Lo escuchó ir hacia su estudio, pero para
sorpresa de ella él cerró la puerta con llave. Debía tener muchos papeles confidenciales ahí. Se
sorprendió a sí misma de poder reconocer los pasos de ese hombre. Era sor prendente lo rápido
que había llegado a conocer pequeñas cosas de Damon. En eso pensaba cuando insertaron una
llave en la puerta de su propia oficina y le dieron vuelta con firmeza
Por un momento no pudo creerlo. ¿Acostumbraba cerrar todas las noches todas las puertas
de la casa? La sorpresa hizo que se quedara quieta por unos segundos, y luego se dio cuenta de
que estaba encerrada. El ya se habría alejado y estaría subiendo por la escalera.
Catherine corrió hacia la puerta y movió el picaporte. No se abría. Empezó a golpear la
puerta, y como no sucedía algo volvió a hacerlo y gritó. Seguía golpeándola cuando de pronto
se abrió; Damon estaba en el vestíbulo mirándola en la oscuridad.
— ¿Qué demonios estás haciendo?
—Me encerró —Damon, la hacía sentir como si hubiera estado haciendo algo criminal y por
alguna razón ella se sentía culpable. Eso la enfureció—. Usted sabe muy bien lo que estoy
haciendo.
—Nunca sé por qué haces las cosas. Parece que vives en otro mundo, con reglas que tú
misma haces. Pero esta es mi casa, y me gustaría mucho saber qué estás haciendo aquí en la
oscuridad —encendió la luz y Catherine pestañeó—. Sin ropa —añadió él levantando las cejas
La cara de la chica se ruborizó.
—Sabe que vengo aquí todas las noches para hablarle a mi abuelo. Usted mismo lo sugirió.
—Siempre llamas Inmediatamente después de la cena —seguía ahí parado viéndola con
frialdad.
— ¿Me vigila?
—No exactamente. Sólo sé que vienes al estudio después de cenar. Pero esta noche fue
diferente, ¿no?
—Había una invitada.
—Leonie no habría pretendido escuchar tu conversación.
Catherine miró detrás de él, esperaba correr al vestíbulo y escapar, pero su jefe le impedía el
paso.
—Nos entretuvimos más tiempo del acostumbrado y se me olvidó llamar a mi abuelo. Ya
iba a meterme en la cama cuando me percaté de que todavía no hablaba.
—Parece una excusa razonable —la veía como si tratara de decidir si dejarla ir o no, y
Catherine empezó a enfadarse.
— ¡Yo no necesito una excusa! Fue idea suya que usara este teléfono. Lo que sucedió fue
que se me olvidó hablar más temprano, porque esta noche fue distinta.
—Con frecuencia tengo invitados a cenar. Leonie viene seguido.
—Es la primera vez que ha tenido un invitado desde que estoy aquí —Catherine se daba
cuenta de que nuevamente estaba sospechando de ella, y en realidad sí era muy sospechoso
quedarse en un estudio a oscuras en vez de salir de inmediato—..Puedo entender por que me en-
cerró, pero ya me abrió. Muchas gracias.
Hizo el intento de pasar por un lado, pero él la sujetó por un brazo; sus dedos la lastimaban
por encima de la tela delgada de la bata.
—Un momento. ¿Qué estabas haciendo, además de llamar a tu abuelo?
—Nada —levantó la cara hacia él, sorprendida—. ¿Cómo iba yo a saber que cerraría todas
las puertas como si ésta fuera una prisión?
—Siempre cierro con llave la puerta de mi estudio por las noches. Hay muchas cosas ahí
que no me gustaría que las viera otra gente, y como trabajas para mí, también cierro tu puerta.
—Yo no lo sabía.
—Por supuesto que no. La abro antes que bajes en la mañana —seguía mirándola como si
tratara de leerle la mente. Pero ella no tenía algo de qué sentirse culpable, aunque sí se sentía un
poco tonta,
—Bueno, si ya terminó el episodio, me iré a la cama.
—Hágalo, señorita Farrell.
Volvía a llamarla señorita Farrell, y no le había costado mucho trabajo. Catherine empezaba
a Irse cuando él habló.
— ¿Por qué estaba en la oscuridad? ¿Por qué no salió simplemente y se fue a su habitación?
—Porque... no estaba vestida...
—Aún no lo está.
—Sí, pero yo no quería... no quería que alguien me viera y...
—Ahora puedo verla, y la he estado viendo por más tiempo que si solamente hubiera salido
y subido rápidamente por la escalera. ¿O era Leonie quien la preocupaba?
—Nadie me preocupaba, señor King —estaba desesperada por salir corriendo, pero él la
mantenía ahí a propósito. Era la misma clase de intención cruel que cuando permitió que
chocara contra él.
—Entonces, ¿por qué me dejó con tanta premura en la cena?
—Te... tenía cosas que hacer. Tenía que hacer mi equipaje —Catherine sentía que él estaba
tratando de enredarla.
— ¿Hacer el equipaje? Yo no sabía de este último plan.
—Cuando me vaya a casa... —la chica empezó, consciente de la burla aunada a la crueldad.
—Ah, va a irse a casa, ¿no? —Damon susurró y ella se volvió a mirarlo.
— ¿Y por qué no? No intentará retenerme aquí todo el fin de semana
—En realidad, no la estoy reteniendo. Usted trabaja aquí, que es diferente —Damon aclaró
con voz suave y Catherine se sonrojó.
—No esperará que trabaje todo el fin de semana, ¿verdad?
—En esta ocasión, no. No hay algo importante que hacer. Claro, yo viajo mucho, y cuando
lo haga esperaré que se quede aquí todo el tiempo.
—Muy bien. Puedo comprender eso, señor King.
Se volvió para alejarse, enfadada y avergonzada, pero en ese momento una enorme
mariposa negra voló cerca de ella, y saltó alarmada cuando las alas de ésta le rozaron la cara.
Esas mariposas era algo que no podía soportar, y se cubrió la cabeza con las manos dando un
grito y se apartó.
. Fue a dar contra Damon, y éste le puso las manos sobre los hombros. El empezó a reírse y
su voz se suavizó con humor negro.
—Cálmate, Catherine —sus ojos brillaban divertidos cuando la hizo volverse—. Es una
mariposa, no un terodáctilo.
—Usted debió dejarla entrar —la joven miró hacia atrás ansiosa.
—Deliberadamente —él se burló—. Sabía que te estabas escondiendo y pensé que una
mariposa negra sería un buen castigo por abandonarme después de la cena —hizo que volviera
la cabeza y la miró a la cara—. Dudo que las mariposas muerdan a la gente. Pero yo no permi-
tiría que te mordieran —sonrió—. Está bien, ya no estoy enfadado. Eres muy valiosa como
fuente de diversión. ¿Vamos a estar peleando siempre?
—No nos estamos peleando siempre —la chica se zafó con cuidado de sus manos. La
mariposa estaba en la puerta de enfrente, pero ella no se sentía muy segura estando bajo las
manos de él—. Yo estoy aquí para trabajar, señor King, eso es todo, y si en realidad no soy
necesaria, despídame.
—Por supuesto que no, señorita Farrell —sonrió de una manera extraña—. Tengo planes.
—Ya lo sé —la joven repuso con amargura—. También sé que sospecha de mí.
— ¿Puedes culparme? De verdad eres un personaje sospechoso. Esta noche fue un ejemplo
perfecto.
—Me alegro de haberlo divertido —Catherine dio media vuelta y corrió hacia la escalera
intentando escapar, pero no lo logró.
— ¿Cómo piensas llegar a tu casa mañana?
—Le pediré a Robin que venga por mí —ni siquiera se molestó en mirar hacia atrás, pero lo
que dijo Damon la dejó perpleja.
—Yo voy a ir a Londres. Si estás lista a las nueve te llevo y te dejo en tu casa.
Ella se volvió y lo miró sorprendida.
—No puedo permitir que se tome la molestia.
— ¿Cuál molestia? —Damon se encogió de hombros—. Voy a la ciudad. Te llevaré
conmigo. Después de todo, yo fui el que te trajo aquí. ¿Quieres que pase a recogerte el lunes por
la mañana?
— ¡No! —Catherine contestó de inmediato—. Robin tiene un auto. Voy... voy a pedírselo
prestado. Usted no tiene por qué molestarse.
—Ah, ya lo sé.
La joven se percató de que se estaba riendo de ella. No entendía qué había de divertido en lo
que había dicho, a menos que la estuviera comparando con Leonie. Acababa de verla en su
elegante vestido de noche, y ahora la encontraba a ella con su vieja bata.
Catherine le dio las buenas noches con toda la dignidad que le fue posible y luego subió por
la escalera, consciente de que la mirada de él la seguía.
Todo el episodio la había sacado de equilibrio, y le llevó tiempo dormirse. Escuchó que
Damon se dirigía a su habitación, y a ella se le ocurrió pensar cómo sería el dormitorio de él.
¿Qué tipo de muebles tendría? ¿Le gustarían las cosas sencillas o tendría una habitación tan her-
mosa como la de ella? Lo dudaba. Se quedó dormida pensando cuántas veces habría estado
Leonie Saddler en esa alcoba.
EN la mañana Damon la llevó a casa. Era agradable ir en un hermoso día de primavera
conduciendo un automóvil poderoso. Catherine le pidió a su jefe que la dejara en una estación
del subterráneo, pero él insistió en llevarla hasta su casa.
La chica estaba segura de que él consideraría todo muy por debajo de su categoría. Pero
para su sorpresa, Damon parecía sentirse como en casa en esa área. Por supuesto que la casa de
su abuelo habría cabido varias veces en Ravenhall Manor, y ella esperaba que alguien como
Damon arrugara la nariz al ver el lugar, pero no lo hizo. Se quedó sentado mirando la casa con
un extraño placer en el rostro, que intrigó a Catherine.
—Gracias —expresó ella—. Fue muy amable de su parte.
—En realidad no soy amable. En todo caso, esto forma parte del trabajo.
—No tendrá que volverlo a hacer. Estoy segura de que Robin me prestará su auto.
—Ya veremos.
Damon dio marcha al coche y la chica suspiró de alivio. Al fin en casa. Esa semana había
sido muy tensa, pero ahora podía ser ella misma. Mas empezaba a preguntarse quién era ella.
Parecía que Damon la había hecho sentirse tonta e incómoda de manera permanente.
Gramps estaba bien. La saludó con entusiasmo. Robín no se encontraba, y ella se sintió un
poco molesta por eso. Hubiera esperado que él se quedara la mañana del sábado hasta que ella
llegara para cuidar de su abuelo, pero no lo hizo. De inmediato se puso en acción, y para la hora
de la comida todo el lugar estaba limpio y el anciano instalado en su sillón frente a la televisión.
Fue fácil regresar a sus anteriores ocupaciones, así que por la tarde se fue de compras.
Tuvo que ir a la ciudad, y le sorprendió escuchar su nombre.
— ¡Señorita Farrell!
Era Gordon Turner, quien se abrió paso hacia ella sonriendo, obviamente contento de verla.
—Me alegra verla. ¿A dónde va?
—Sólo de compras. Es una tarea normal de los fines de semana.
— ¿Se escapó de la granja embrujada? —preguntó él riendo.
— ¿Está embrujada? —Catherine se mostró muy interesada.
— ¡Sólo Dios lo sabe! Pero imagino que a cualquier fantasma que se le ocurriera aparecer,
desaparecería pronto al ver a nuestro señor King.
Catherine sonrió, pero sintió que no debía estar hablando de Damon. Con el tiempo había
empezado a sentir diferente hacia su jefe, y para su sorpresa no le gustaba que otra gente dijera
algo de él.
Recordó cómo se rió de ella la noche anterior por su miedo a las mariposas nocturnas.
Recordó que se volvió hacia atrás cuando llegó a lo alto de la escalera. El la había seguido
viendo, con una pequeña sonrisa en la cara. Eso había dejado en la chica un extraño sentimiento
que aún conservaba.
Fue a tomar un café con Gordon, y cuando volvieron a salir a las calles soleadas él le dijo:
—Tengo dos boletos para un concierto esta noche; ¿te gustaría ir conmigo?
El impulso inmediato de Catherine fue decir que no. Y no porque no quisiera ir; le parecía
agradable salir en la noche, pero estaba segura de que Robin no se quedaría, y ella no había
visto a su abuelo en toda la semana. Debía sentirse muy solo.
—No creo que pueda.
—Creo que yo no soy tan desagradable —replicó él con tono irónico y Catherine negó con
la cabeza.
—No es eso. Es mi abuelo. Estuve fuera toda la semana y creo que debo estar con él el fin
de semana.
—Bueno, no puedo ofrecerte llevarlo a él también. Sólo tengo dos boletos.
—Fue muy amable de tu parte invitarme.
—Entonces, ¿qué te parece una cena? Eso no llevará mucho tiempo.
Catherine vaciló.
— ¿Puedo llamarte? Voy a ver qué sucede en casa. Puede ser que mi hermano se quede.
— ¿Robin? —Gordon preguntó de repente—. El también trabaja en la compañía, ¿verdad?
—Sí, me sorprende que lo sepas. El sólo es un pequeño engranaje en toda la maquinaria de
las cosas.
—Yo conozco a la mayoría de la gente, pues manejo casi todos sus salarios.
Catherine prometió llamarlo y se fue a casa contenta consigo misma. Su vida estaba
cambiando para bien. Era obvio que Gordon no pensaba que fuera aburrida, r>o importaba cuál
fuera la opinión de Leonie Saddler.
Su abuelo no quiso que se quedara, y estaba seguro de que uno de esos días Robin se
quedaría en la noche. En ese momento llegó Robin, pero la chica decidió que sería mejor no
decirle algo en ese momento. En la mañana le preguntaría en dónde había estado y le pediría
que se quedara algunas noches con su abuelo mientras ella estaba fuera. Después de todo, no iba
a trabajar para siempre en la casa de Damon King.
Pero sí le mencionó lo del coche. Y para su sorpresa a Robin no le gustó mucho la idea.
—No te puedo prestar el auto, Cath. Sabes muy bien que tengo que usarlo en la noche.
— ¿Has pensado alguna vez en no salir por la noche? —la joven decidió tratar los dos
asuntos de una vez.
— ¿Para qué? —la vio como si estuviera loca, y eso hizo que Catherine se enfureciera más.
— ¡Por Gramps! Yo estoy acostumbrada a quedarme con él, pero tú también podrías poner
un poco de tu parte —ella habló en voz baja. Estaban en la cocina, y no quería que su abuelo
escuchara—. Sólo estaré trabajando en Ravenhali por poco tiempo. Pensaba que podrías que-
darte con él una o dos veces.
— ¡El está bien! Tiene la televisión y sus libros. No está enfermo en cama ni algo parecido.
—No, no lo está, pero sería bueno para él tener a alguien con quien hablar si yo voy a estar
fuera durante un tiempo, y tú nunca estás en casa. Se le va a olvidar como hablar.
—A él no —murmuró Robin—. A Gramps jamás se le olvidaría cómo hablar. Ha estado
hablando más de la cuenta desde que tengo uso de razón.
Acordaron dejar el tema, pero Catherine insistió en lo del auto.
—Mira, si no me puedes prestar el coche voy a tener que dejar que Damon King me lleve y
me traiga.
—No puedo, Cath, y es definitivo. Tengo cosas que hacer. Además de ir a las reuniones de
músicos y los trabajos de los clubes, tengo que hacer... bueno... cosas.
—Eres un egoísta—la chica lo miró furiosa.
—No es egoísmo; sabes que nunca sería egoísta contigo —Robin protestó—. Lo que sucede
es qué por ahora están sucediendo una o dos cosas, y tengo que tener un transporte.
—Muy bien. Eso significa que debo llamar a Damon King como una tonta y pedirle que
pase por mí el lunes en la mañana.
—Yo puedo hacerlo, pero tendrá que ser el domingo en la noche —ofreció el muchacho con
tono animado.
— ¿Quieres decir que tengo que regresar a Ravenhali el domingo en la noche porque no
puedes levantarte un poco más temprano el lunes para llevarme?
Después de seguir discutiendo un poco más él aceptó. El lunes por la mañana la llevaría,
pero como Catherine no podría quedarse con el coche, tuvo que conformarse con eso. También
se ofreció de mala gana a quedarse esa noche, señalando que era sábado y que había una gran
noche de club, por lo que para él sería un sacrificio muy grande.
Normalmente la chica hubiera cedido, pero ahora estaba enfadada con su hermano. Pensaba
que había un egoísmo en él que antes no había visto. Llamó a Gordon para aceptar salir con él,
pero sólo a cenar. Le parecía necesario establecer sus derechos. Desde hace mucho tiempo había
estado cuidando de Robin y de Gramps, y al muchacho se le había hecho muy cómodo.
Catherine disfrutó la noche. Gordon era un hombre divertido. No era amenazante, y ella
pudo relajarse con él. Se sorprendió a sí misma comparándolo con Damon, y encontró que le
faltaban muchas cosas que éste último poseía.
Los dos tenían facciones duras y bien parecidas. Pero Gordon contaba con cierta suavidad
que podía ser bondad, mas quizá también podía tratarse de una falta de la fuerza de carácter que
Damon poseía. Ella siempre pensó que su jefe había nacido en una cuna aristócrata. Pero
cuando recordaba su rostro lo dudaba un poco. Era puro instinto y tal vez no era verdad, mas lo
sentía.
— ¿Soñando despierta? —preguntó Gordon.
—No. De hecho... —Catherine se sintió culpable—... estaba pensando en el jefe.
—Te da miedo, ¿verdad?
—Al principio sí, pero ya no.
— ¿Cómo son las cosas en esa casa? —inquirió Gordon, y al instante la chica se cerró. No
tenía mucho que ver con la confianza o la lealtad, era un sentimiento de seguridad, y eso la
sorprendía.
—Es hermosa. Claro, yo sólo soy una empleada. Apenas salgo de mi oficina.
Gordon la miró con detenimiento por un momento y luego asintió con la cabeza.
—Veo que adoptaste muy rápido los hábitos de Judith Greaves. Ella tampoco hablaría de él.
—No hay algo de qué hablar. No es un hombre al que puedas llegar a conocer en realidad.
—No —negó Gordon con la cabeza y la miró tratando de saber lo que pensaba. Pero no
había mucha oportunidad de saberlo. Damon lo había intentado y no lo logró; al menos eso creía
ella. De cualquier modo, tuvo mucho cuidado con lo que decía de ahí en adelante. Se estaba
moviendo en círculos muy elevados, pero no debía permitir que se le subiera a la cabeza. Tenía
que ser leal. La joven se quedó callada al darse cuenta de que se trataba de un poco más que
lealtad. Era Damon. De seguro él no necesitaba de su protección, pero la invadía un instinto
protector.
CAPITULO 5
EL lunes por la mañana Robín llevó a Catherine a Ravenhall, pero era obvio que estaba
molesto.
—Tendrás el tiempo suficiente para llegar al trabajo —le aseguró ella cuando iban por la
carretera.
—Quería llegar temprano esta mañana. Esto va a darme un poco de problema.
—Pude haberme ido caminando, claro —murmuró Catherine y su hermano le dirigió una
mirada de arrepentimiento.
—Oh, Cath, no sigas. Lo que pasa es que las cosas están sucediendo....
La chica no lo presionó; Su hermano se había vuelto muy misterioso, casi otra persona. En
otro tiempo le habría contado sus problemas, pero ya no lo hacía. Parecía que la armonía entre
ellos se había ido.
De muy mala gana la llevó hasta la casa, y ella sabía que hubiera preferido dejarla con su
maleta en la entrada. Eso también era extraño. En otros tiempos habría querido que Damon lo
viera, mas ahora parecía querer estar lo más lejos posible.
Entraron por el camino con cierta velocidad, y antes que Catherine se percatara ya estaba en
el pavimento con su maleta y Robin se alejaba en el Ford rojo.
Aún lo veía alejarse con una expresión de sorpresa cuando Damon apareció en la puerta.
—Se fue rápido —sus ojos estaban entrecerrados siguiendo el auto—. Veo que finalmente
no te prestó el coche.
—El lo necesita —Catherine contestó rápidamente, acostumbrada a inventar excusas para
Robin—. Pero no importa; me trajo.
—Y con gran rapidez, por lo que parece —Damon vio el coche frunciendo el entrecejo—.
Yo podría haberte traído con mucha más seguridad. Parece que ese auto no está muy bien para
ir en carretera.
—Se las arregla —la joven levantó la vista y sonrió; se daba cuenta de que estaba feliz de
regresar. También se percató de que había extrañado a Damon. Esa mañana no había ningún
aire de amenaza en él, y se quedó viéndola por un momento.
—Estás contenta de regresar —dijo con voz suave, y Catherine pronto se controló.
—Soy una adicta al trabajo.
Damon la miró de manera extraña y después levantó su maleta.
—Entonces empecemos.
Estaba lista para trabajar, dispuesta y eficiente, pero en el fondo de su mente sabía que lo
que pasaba era que estaba feliz. Sabía que era una tontería, porque se encontraba en una
situación dictada por un hombre que no tendría ningún reparo en hacerle daño, pero era fácil ol-
vidar eso.
Toda la mañana estuvo muy ocupada, y justo antes de la comida sorprendió a Damon
viéndola desde la puerta con expresión sardónica.
— ¿Haciéndote indispensable?
—Claro. No quiero perder mi trabajo, ¿no?
—No es probable que eso suceda —entró y puso unos papeles sobre el escritorio—. Me
voy. Estaré fuera casi toda la tarde. Tengo una reunión en la ciudad, y algún día de esta semana
tendré que volar a Japón.
Catherine se sorprendió de la desolación que sintió y se le quedó viendo.
—Oh, se irá.
—No creo que haya alguna forma de llegar a Japón sin irme de la casa —Damon replicó
con burla y ella se sonrojó.
—Es... lo que sucede es que no me lo esperaba.
—Podrás arreglártelas —repuso él con rapidez y se dirigió hacia la puerta—. A propósito, lo
estás haciendo muy bien.
— ¿Sí? —Catherine habló en voz muy baja y él se volvió a verla.
—Créeme, no lo hubiera dicho si no fuera así —le sostuvo la mirada y la chica se sintió
muy vulnerable ante esos ojos dorados.
— ¿Cuánto tiempo permanecerá fuera? —la joven usó su tono más profesional y él pareció
regresar a la realidad.
—No tengo idea... un par de días. Estaré en contacto contigo.
— ¿Es decir, que me llamará desde Japón?—Catherine pareció un poco perpleja y Damon le
dirigió su extraña sonrisa retorcida.
—Sí podremos pagar la cuenta. No es mucho. Querré enterarme de lo que está sucediendo
—se dispuso a retirarse, pero luego se volvió otra vez—. ¿Tuviste un buen fin de semana?
Esto hizo que la joven se preguntara como lo pasó él, y supo que quizás habría salido con
Leonie, a un lugar fascinante, a vivir una vida de la que ella nada sabía.
—Salí a cenar —Catherine sintió un deseo urgente de ser interesante, de no ser alguien que
pudiera ser tachada de aburrida.
—Qué bueno —de nuevo él parecía divertido, y quiso darle la impresión de que ella
también estuvo en un sitio encantador.
—Salí con Gordon Turner —anunció ella con tono triunfante, pero la reacción de él la
sorprendió. Su sonrisa desapareció de inmediato.
— ¿Mi contador principal?
—Sí. Lo conocí cuando estaba trabajando con Judith. Me pidió que saliéramos en la noche.
—Entonces por eso estabas tan ansiosa de irte el fin de semana. Yo creí que estabas
preocupada por tu abuelo. Qué tonto fui.
Dio media vuelta y se marchó dejándola perpleja. Había estado casi indulgente hasta que la
chica mencionó a Gordon. Ahora estaba furioso. Una vez más regresó el sentimiento de culpa
por haber dejado a su abuelo una noche, y la felicidad desapareció.
Catherine miró hacia la ventana cuando él cerró la puerta de golpe. ¿Qué hizo ella, salir con
uno de sus esclavos de alta categoría?
Ya era tarde cuando Damon regresó de la reunión, y cuando sirvieron la cena estuvo muy
formal. La joven supuso que seguía molesto por lo de la mañana, y ella se sentía desolada.
— ¿Se irá de inmediato a Japón? —preguntó la chica cuando el silencio entre ellos se hizo
insoportable.
—No —la miró con frialdad—. Ya no me iré. Creo que sería más sensato quedarme aquí
por el momento.
—Creí estar haciéndolo bien —Catherine lo miró sorprendida.
—Así es. Quizá demasiado bien. Es seguro que algo anda mal cuando las cosas están tan
bien. Será mejor que me quede.
La voz de él era helada, y Catherine no tenía idea de qué quería decir. Era obvio que algo lo
había molestado ese día, y ella sólo podía suponer que era ella misma.
Cuando habló a casa su abuelo parecía más cansado que de costumbre. Eso la dejó muy
preocupada, y supo que las cosas no podían seguir así. Era su deber y su responsabilidad estar
en casa. Si Damon quería correrla a ella y a Robin, que lo hiciera. En la mañana le diría que iba
a dejar el empleo si tenía que seguir trabajando en Ravenhall. Gramps estaba primero. Era mejor
estar sin dinero que tenerlo a él solo y enfermo.

CATHERINE se despertó cuando alguien estaba golpeando su puerta, y apenas encendió la


luz, la señora Jarvis entró en la habitación. Llevaba puesta una bata, y cuando la joven miró el
reloj se sorprendió al ver que apenas eran las dos de la mañana.
—Tienes que levantarte de inmediato, Catherine —señaló el ama de llaves con urgencia—.
Acaba de llamar tu hermano. Yo tomé la llamada porque el señor King desconecta su teléfono
en la noche, y escuché que sonaba el teléfono en el vestíbulo.
Catherine se sentó en la cama y la señora Jarvis la vio preocupada.
—Es tu abuelo, querida. Creo que será mejor que vayas pronto.
Catherine saltó de la cama; por unos segundos no supo qué hacer. Sus peores temores se
volvían realidad. Algo le sucedía a Gramps y ella no estaba ahí.
Corrió hacia la puerta, pero en ese momento se dio cuenta de que no tenía manera de irse,
Robin no le prestó el coche. Por lo menos había estado con su abuelo, o tal vez cuando llegó lo
encontró desmayado. No sabía qué hacer.
La señora Jarvis bajó por la escalera murmurando algo de preparar un té, pero Catherine no
quería té, sólo deseaba ir con su abuelo. Corrió por el pasillo y no tuvo problemas para
encontrar la habitación de Damon, porque salía una luz por debajo de la puerta.
Golpeó la puerta y la abrió antes que le respondieran, entró sin que algo le importara,
excepto el hecho de que su abuelo estaba enfermo.
— ¿Catherine? —él estaba sentado en la cama, parecía que acababa de despertarse, pero por
unos segundos la chica no lo pudo ver en realidad. Sus ojos estaban dilatados por el miedo y
sólo lo miraba fijamente, hasta que se dio cuenta de que él no tenía la camisa del pijama y que
esa era una situación muy embarazosa. Más no podía detenerse.
— ¡Oh, por favor, tiene que ayudarme! ¡Se trata de mi abuelo! La señora Jarvis acaba de
despertarme porque llamó Robin. Gramps está enfermo.
—Vístete —ordenó Damon en seguida—. Te llevaré a casa.
Ella asintió, estaba demasiado aturdida para moverse y su jefe la miró con severidad.
— ¡Catherine!
—Lo... lo siento. Entré aquí y...
—Está bien. Sólo ve y vístete. Saldremos lo más pronto posible.
Catherine se percató de que no se había puesto una bata encima. Estaba ahí parada con los
tirantes del pequeño camisón cayéndosele y el cabello revuelto alrededor de los hombros. Los
ojos de él la recorrían como a veces solía hacerlo.
—Apúrate, Catherine —expresó Damon con calma; ella sólo asintió y salió de la habitación.
En el momento que la chica salió de su dormitorio Damon también venía del suyo, listo para
ir a Londres en la noche. Cuando estaban en lo alto de la escalera la señora Jarvis iba subiendo
con una bandeja de té, pero al ver la cara pálida de Catherine, Damon apuntó:
—No creo que ella pueda tomarlo, señora Jarvis.
—Lo siento —la chica miró el rostro preocupado de la mujer—. Tengo que llegar a casa lo
más pronto posible.
—No está en tu casa, querida. Tu hermano dijo que había logrado llevárselo al hospital.
Tienes que ir directo allá.
El rostro de Catherine se puso más pálido y Damon la tomó del brazo para apresurarla a
bajar por la escalera y entrar en el coche. Ella ya esperaba eso, pero ahora que había sucedido
no estaba preparada.
El la miró, luego se volvió y encendió el motor, ella parecía desolada y él jamás había visto
un rostro más pálido. Catherine miraba con los ojos muy abiertos como el auto se abría paso en
la oscuridad.
—Está mal del corazón —el sonido de la voz de la joven después de un largo silencio hizo
que él se volviera a verla—. Sabía que algo pasaría cuando estuviera lejos. En la mañana iba a
decirle que estaba dispuesta a regresar, que quería dejar el empleo si tenía que quedarme en
Ravenhall. Debí hacerlo antes. Si sólo no hubiera estado yo aquí.
—No te tortures, Catherine. Con seguridad no hubiera habido algo que pudieras hacer de
haber estado ahí. Al menos tu hermano sí estaba y lo llevó al hospital. Tú misma no habrías
podido hacer más que eso.
—Podría haberlo visto más. A veces Robin es egoísta —movió la cabeza, impaciente—. No
debería decir esto. No debería culpar a Robin. Yo misma debí haber estado cuidando de
Gramps.
—Tuvo un ataque al corazón. Eso le dijo tu hermano a la señora Jarvis. Viéndolo no habrías
podido evitarlo.
—Ya lo sé. Lo único que espero, que deseo con toda el alma es que él esté bien.
Ya en el hospital Catherine corrió cuando vieron a Robin sentado afuera de una habitación
con la cabeza entre las manos.
—Ya no tiene sentido, Cath —Robin se puso de pie cuando la vio llegar—. Murió hace un
minuto. Llegas demasiado tarde para verlo. Espera unos segundos antes de entrar.
Levantó los brazos para sostenerla, pero la chica se alejó. Todos sus músculos estaban
tensos y no quería que él la abrazara; sólo deseaba ver a su abuelo y decirle adiós. Sus ojos
estaban vacíos y Damon la miró fijamente antes que ella se volviera y entrara en la habitación.
Había algo en los ojos de topacio que le dio valor, y lo necesitaba. Gramps se había ido de su
vida.
Cuando volvió a salir, Damon caminaba de un lado a otro y se detuvo al escuchar los pasos
de ella.
—Voy a llevar a Catherine a su casa —Damon ofreció, entonces Robin asintió y dio las
gracias.
—Hay algunas cosas por hacer. Tendré que quedarme aquí.
—Yo voy a quedarme contigo —murmuró la joven, pero Robin movió la cabeza.
—Sólo son formalidades. Preferiría que te fueras a casa, Cath. No creo que me tarde mucho.
Catherine se volvió y apenas se percató de que Damon le tomó el brazo mientras se dirigían
hacia la puerta. El no mencionó algo, sólo condujo a través del tránsito de la mañana hasta que
se detuvo frente a la casa.
Como ella no hizo ningún movimiento para bajarse, él se volvió y vio que las lágrimas
rodaban en silencio por su rostro. Hacía mucho tiempo que no lloraba, pero ahora no podía
controlar sus sentimientos.
La chica trató de contener las lágrimas, pero no pudo, y no opuso resistencia cuando Damon
la tomó en sus brazos.
—Ven aquí —pidió él con voz suave—. Está bien, Catherine. Llora. Es lo mejor que puedes
hacer.
La atrajo a su hombro, apoyó la mejilla sobre el cabello oscuro y la acarició con sus manos.
La sola presencia de él era un consuelo, y Catherine dio rienda suelta al llanto. Sabía que,
aunque hubiera estado ahí, no habría podido propiciar ningún milagro.
Así se quedaron hasta que las lágrimas cesaron y sólo quedó la tristeza. Después él le tomó
la cara entre sus manos y sacó un pañuelo para secarle las mejillas. Catherine estaba temblando,
y cuando las manos que enjugaron su rostro terminaron con esa tarea, estaban heladas.
—No voy a dejarte sola. Voy a entrar contigo —la voz de él era firme y ella asintió con la
cabeza buscando las llaves en su bolsa. No quería que él se fuera. Se sentía sola.
Cuando Catherine encendió las luces sintió como un golpe al ver la pequeña casa. Parecía
como si su abuelo estuviera por todas partes, pero no volvería a llorar. Caminó hacia la cocina,
sin notar que Damon la seguía.
—Voy a preparar un poco de té —era difícil reconocer su propia voz y Damon la miró con
los ojos entrecerrados.
—Yo lo haré. Todavía no se me olvida como preparar el té —él estaba justo detrás de la
chica.
—Estoy bien. Yo me las puedo arreglar adecuadamente.
—Ya lo sé. Pero de todos modos voy a hacerlo —él la miró a los ojos, Catherine no tenía
idea de lo trágica que parecía en ese momento, con las pestañas mojadas de lágrimas. Damon se
apartó de ella de pronto—. ¿En dónde están las tazas?
—En el cajón, pero yo las saco —la joven percibió el repentino esta do de ánimo de él y se
sintió agitada—.No tiene que quedarse, si quiere irse... no necesito...
—Maldición, Catherine —se volvió y la miró furioso—. ¿Qué crees que soy, un monstruo?
—ella sólo pudo mirarlo y Damon se alejó con impaciencia—. Sí, probablemente eso piensas.
Estoy tratando de ayudar, de ser útil. Lo único que se me ocurre, además de esto, es abrazarte y
tranquilizarte. Ya hicimos eso, así que ahora vamos a tomar té, ¿sí?
Las palabras de él la sorprendieron de tal manera que por un momento olvidó su desgracia y
lo observó mientras colocaba las tazas.
Quería que la abrazara hasta que se sintiera mejor, pero en ese momento parecía que eso le
iba a llevar mucho tiempo. Pero no podía pensar en alguien más que pudiera hacerlo mejor.
Tenía que ser Damon.

CATHERINE tuvo una semana libre. Había muchas cosas que hacer, y ella sentía que era su
responsabilidad, porque Robín parecía haberse desplomado. Cuando regresó del hospital
Damon aún estaba con ella, y aunque se comportó con su acostumbrada cortesía, la chica notó
que observaba a su hermano con detenimiento.
A pesar de su bondad y de que había estado ahí cuando ella lo necesitó, su jefe seguía
sospechando de los dos.
Damon también le dio una semana libre a Robin, pero después Catherine pensó que hubiera
sido mejor que Robin se fuera a trabajar. No hacía algo aparte de vagar por la casa, y casi todo
el tiempo parecía mirar al vacío. Nunca hizo el intento de salir por la noche y dejarla, pero a
veces la chica deseaba que lo hiciera, porque la charla entre ellos parecía haberse convertido en
nada.
Lo peor fue el funeral. Jamás se había sentido Catherine tan sola. Estaba lloviendo y todo
parecía tan alejado de la persona feliz y animada que había sido su abuelo. Robin sólo se quedó
de pie bajo la lluvia con la cabeza inclinada, incapaz de ayudarse a sí mismo, ya no diga mos a
ella, y la mente de la joven estaba en Damon; deseaba que estuviera ahí.
Hacia el final de la semana Robin se recuperó un poco y una noche anunció que iba a salir.
No regresó hasta las primeras horas de la mañana, y eso se volvió un patrón, porque aunque no
estaba trabajando volvió a salir al día siguiente.
El viernes Catherine se dio cuenta de que ni siquiera sentía ganas de ir de compras. Se
quedó sola en casa, la limpió de manera automática, sólo porque tenía que hacerse, después
salió al jardín. Pero tampoco sentía interés por éste, porque era de su abuelo y lo habían cuidado
juntos. Era un día frío, mas no pensó en entrar a la casa, aunque estuviera temblando. Sólo se
quedó ahí de pie, sin ver algo en realidad.
No escuchó cuando Damon llegó. Se metió por atrás y cuando ella escuchó sus pasos
levantó la cara llena de lágrimas. Se sorprendió de verlo, pero él parecía muy enfadado.
— ¿Tratas de contraer una pulmonía? —La obligó a meterse en la casa—. Hace mucho frío
allá afuera.
—Estaba viendo las cosas —la joven se sintió lastimada por el tono brusco de la voz de él.
—Y ahogándote en la miseria. Ya es tiempo de que esto termine. Quiero que regreses —la
llevó a la sala y ella se volvió a verlo.
— ¡Pero todavía no termina la semana!
—Es tiempo suficiente —aún seguía enfadado y ella no podía soportarlo.
—Tengo que quedarme aquí. Es como una traición irme tan pronto, como si mi abuelo
nunca hubiera existido. Puedes despedirme si quieres, pero...
—Se acabó, Catherine —él la interrumpió con violencia—. Te estás aferrando a la
desgracia. Tienes que empezar a vivir otra vez, ¡yo te necesito!
— ¿Siempre piensas sólo en ti? —preguntó la chica con amargura y él entrecerró los ojos
ante el tono de su voz. —No —respondió él con voz fría—. ¿En dónde está tu hermano? —
Salió —Catherine cubrió de inmediato a su hermano, como siempre— Había cosas que hacer.
—Lo imagino. Es tiempo de que él también regrese al trabajo —Damon vio a su alrededor a
la habitación limpia e impecable—. Ya puliste muy bien todo. Ya arreglaste el jardín. No creo
que haya más que puedas hacer aquí. Cuanto más pronto regreses a tu vida normal, mejor.
La chica sabía que tenía razón, pero en ese momento sentía una gran necesidad de pelear
con él. Creía que el consuelo, la bondad, y todo lo que recibía era una especie de salvajismo
controlado. Sus ojos se encontraron cuando ella lo miró furiosa, pero Damon no le daría nin-
guna tregua, y al fin Catherine miró hacia otro lado.
—Lo siento —expresó ella en voz baja—. Tienes razón, claro:-Aunque esté mucho tiempo
aquí Gramps no va a regresar.
—Ya basta. Acepta las cosas como están, porque no cambiarán. — ¿Eso es lo que haces tú,
aceptar las cosas como están porque no serán diferentes? —los ojos de la joven buscaron los de
él.
—Nunca he tenido otra elección; ¿y quién la tiene? —Damon se apartó con impaciencia—.
Creo que debemos esperar a que llegue tu hermano —agregó él y eso la preocupó mucho.
Ella no tenía idea de dónde estaba Robín, y sabía perfectamente que si él no tenía algo que
hacer en casa debería regresar al trabajo. Damon también lo sabía. Catherine podía verlo en los
ojos de color ámbar.
—Le dejaré una nota —afirmó ella y Damon notó la ansiedad en su voz.
—Puede ser que eso sea lo más seguro —murmuró él—. No sería buena idea encontrarme
con tu hermano en este momento.
— ¿Por qué no lo despides si tanto te irrita? —inquirió la chica con amargura y de manera
inesperada Damon le levantó la cara con la mano y la miró a los ojos.
— ¿Y tú? ¿También te despido á ti, Catherine?
—Si... si quieres —la joven trató de mirar hacia otro lado, pero él la obligó a seguir
viéndolo.
—Las posibilidades de que te deje ir son nulas —susurró él y se volvió hacia otro lado—.
Te necesito cerca, así que no estés organizando el gran escape.
No fue necesario dejar una nota, porque Robin llegó en ese momento. Escucharon al
pequeño Ford rojo estacionarse afuera y ella corrió a abrirle. Quería advertirle, lo miró
moviendo la cabeza, tratando de darle a entender que todo estaba bien. No fue una buena idea,
porque Damon se encontraba en el vestíbulo, de pie detrás de ella, y no había pasado por alto
ese pequeño intercambio.
Una vez más su rostro estaba lleno de sospechas. No la miró a ella; sólo le habló a Robin.
—Catherine se va. Es tiempo de que regrese al trabajo. Se recuperará mucho más rápido en
Ravenhall que aquí, rodeada del pasado.
Por un momento pareció que Robin iba a protestar, pero por la decisión en la cara de Damon
no dijo algo. Sólo asintió con la cabeza y se hizo a un lado para dejarlos pasar. Era obvio que
subiría a su habitación para esconderse y Catherine se impacientó.
—Es viernes —señaló Damon con firmeza—. El lunes espero verte de regreso en el trabajo.
Robin se volvió.
— ¡De todos modos habría estado ahí! Pensé que Cath también descansaría hasta el lunes.
—Así es, y te aseguro que no tendrá mucho trabajo el fin de semana, pero ahora que no
tiene que regresar a casa para ver a su abuelo, ahora que parece haber pasado toda la semana
limpiando la casa y arreglando el jardín, estoy seguro de que estará mucho más cómoda con mi
ama de llaves para que la cuide en la tranquilidad de mi casa.
Era una actitud muy posesiva, y Catherine sintió que le ardía la cara.
Su hermano la miró un momento, luego se encogió de hombros y subió. Era obvio que
quería quitarse lo más pronto posible del camino de Damon, aunque tuviera que hacer a un lado
la amabilidad. Este último no se lo merecía, y eso la hizo sentirse turbada.
Pero Damon no hizo mucho caso y miró su reloj.
—Tengo que hacer unas cosas en la ciudad. Regreso por ti en una o dos horas; ¿crees que ya
estarás lista?
La chica sólo asintió con la cabeza, demasiado perturbada para mirarlo, y él profirió un
sonido de impaciencia y después salió. En cuanto vio que el coche arrancaba, Catherine corrió
escalera arriba para hablar con Robín.
— ¿Tienes que comportarte así cuando tenemos un visitante? —era la primera vez que
mostraba algún temperamento desde la muerte de su abuelo, y Robin se volvió a verla; tampoco
parecía de muy buen humor.
— ¿Un visitante? Yo no diría que King fuera un visitante.
—Ha sido muy bueno con nosotros, Robin. Se portó muy bien conmigo cuando murió
Gramps y nos dio una semana libre. No tenía por qué hacer eso, y tú lo sabes.
—Estoy seguro de que tiene un motivo ulterior—el muchacho buscaba algo frenéticamente
en el escritorio de su dormitorio, y Catherine se le quedó viendo enfadada por un momento y
después se volvió para irse a su propia habitación.
—Damon vendrá en dos horas para recogerme.
— ¿Damon? —Robin la miró sorprendido—. ¿Así lo llamas?
—No —Catherine se sonrojó. Se le había escapado, porque ahora era así como pensaba en
él.
—El es peligroso —su hermano le recordó; de pronto estaba serio y preocupado—. Que no
se te olvide, Cath. Tú fuiste quien lo mencionó primero.
Pero a ella ya se le había olvidado. Se sentía cerca de Damon, aunque pareciera ridículo. De
inmediato se dijo que era porque estaba quedándose con él. Era por Ravenhall. Cuando
volvieran a las oficinas en Londres desaparecería ese sentimiento.
Cuando su jefe regresó en dos horas exactas ella ya tenía listas sus maletas, y esta vez no le
importó si regresaba para el fin de semana o no. La joven y Robin se habían distanciado y
Gramps se había ido. ¿Qué otra cosa quedaba? Ahora podía continuar con su carrera.
Se volvió a ver la cara de Damon cuando éste conducía el coche. Su carrera dependía de él,
y ella sabía que, a pesar de su bondad, su jefe seguía sospechando de ella igual que siempre.
Damon no habló mucho, sólo cuando era necesario, y el viaje pareció más largo de lo
normal, porque ella era demasiado consciente de su cercanía y de que su mente trabajaba
furiosamente en algo que no iba a decirle. Otra vez estaba serio y sombrío, y a la joven le
sorprendió lo solitaria que eso la hacía sentirse.

CATHERINE descubrió en las dos semanas siguientes, para su mortificación, que el humor
de Damon no mejoraba. Parecía observarla cuando ella menos lo esperaba. Era como si el
encuentro con Robin hubiera reavivado su antagonismo; eso la ponía muy nerviosa, lo que en
apariencia, lo hacía sospechar más. Era como un círculo interminable de desconfianza.
Cuando tenía unos días de haber regresado, él entró una tarde a su oficina con un brillo
helado en los ojos.
—Estaré aquí para cenar esta noche —le informó él.
Catherine no sabía por qué se lo decía. No tenía que informarle de sus actos; de hecho había
cenado fuera varias noches.
—Pensé que sería mejor decírtelo porque tendremos visita—Damon continuó cuando ella
no dijo algo—. Leonie vendrá a cenar, y en vista de los extraños acontecimientos de la última
vez que vino, pensé que sería mejor advertirte.
Eso la hizo recordarlo todo, y la cara de Catherine se puso pálida. Sí, entonces había estado
llamando a su abuelo. Se puso de pie y fue a mirar por la ventana; tenía los hombros tensos.
—Pero ahora no tendremos ese problema, ¿verdad? —La chica murmuró con amargura—.
No se volverá a repetir, porque esta vez no voy a llamar a Gramps.
Damon maldijo en voz baja antes de acercársele y tomarla por los hombros para hacerla
volverse y mirarlo.
—Sabes que no quise decir eso —pero ella sólo se le quedó viendo y él frunció el entrecejo
—. O quizá no lo sabes. Es obvio que siempre piensas lo peor de mí.
—Entonces eso nos pone a mano —señaló la joven con ironía—, porque tú siempre piensas
lo peor de mí, ¿no?
Los dedos largos y poderosos le levantaron la cara.
—No tienes ni idea de lo que yo pienso de ti —Damon aseguró con voz suave, y los ojos de
color ámbar miraron los de ella de una forma hipnótica. Catherine se apartó y se alejó.
—En realidad, eso no importa. Yo sólo trabajo para ti.
—Trabajabas para mí cuando lloraste sobre mi hombro, pero entonces no pareció
importarte. Me necesitabas.
—Estaba ofuscada. Quienquiera que me hubiera abrazado...
—Y ahora tú misma te estás torturando. Sabes que yo no estaba pensando en tu abuelo
cuando dije eso. Únicamente fue una observación inconsciente. Sólo quise advertirte que
teníamos una invitada para cenar.
—En realidad, no necesitas incluirme. Estaré muy feliz de comer con la señora Jarvis.
Damon se enfureció.
—No harás eso. Tú comerás donde yo coma, y si Leonie no te agrada no tienes que hablarle.
—Esa mujer no me importa —Catherine repuso con una furia igual—. Espero que no
olvides eso. Esta es tu casa y ella es tu huésped. Yo sólo trabajo aquí, y eso, porque tú me
hiciste venir. Yo jamás quise venir.
La chica regresó a su escritorio, y después de verla por un momento, Damon salió irritado.
Las cosas parecían estar peor que nunca, y ella pasó el resto del día en una profunda depresión.
CAPITULO 6
EN los siguientes días Leonie se volvió una visitante frecuente. Su actitud hacia Catherine
nunca cambió, y ésta no sabía si Damon la invitaba de forma deliberada o si la otra mujer se
invitaba sola para mantener un ojo sobre Damon y Ravenhall Manor. Pero a él no parecía agra-
darle. Parecía que cada vez se ponía más furioso y sombrío.
Cuando el clima se tornó un poco más cálido, la chica empezó a disfrutar del jardín en su
tiempo libre. A veces se llevaba un libro para leer, pero casi siempre sólo caminaba entre las
plantas. Hizo amistad con el jardinero, y las horas que pasaba allá afuera le ayudaron mucho a
llenar su tiempo libre.
La actitud observadora de Damon no cesaba, aunque saliera de la casa muy seguido. Tenía
que asistir a reuniones, pero el viaje a Japón nunca se hizo. Catherine sospechaba que era
porque no se atrevía a dejarla sola tanto tiempo con las cosas de la oficina, y, a pesar de su
determinación de no hacer caso, la lastimaba.
Una tarde que caminaba bajo los árboles se sorprendió al darse cuenta de que ahora pensaba
en Ravenhall Manor como un hogar. Le era imposible imaginarse viviendo en otro lado, y ese
descubrimiento le dio miedo. Esa consciencia empezó desde que llegó a esa casa, pero aumentó
cuando su jefe la trajo de regreso después de la muerte de su abuelo, y ella se percató de que eso
estaba relacionado con el mismo Damon.
Sin importar lo furioso que él estuviera, ella ya se había acostumbrado a desayunar con su
jefe cada mañana, a su llegada inesperada a cualquier hora y a la rápida mirada de inspección
que le dirigía a la chica cada vez que entraba.
Muy pronto tendría que darse cuenta de que ella no estaba haciendo algo malo, pero ese
pensamiento en vez de alegrarla la hacía sentirse más triste. Entonces tal vez querría deshacerse
de ella. Catherine nunca tuvo ninguna duda de por qué tenía ese trabajo y por qué la había
llevado a Ravenhall. Cuando viera que sus sospechas estaban equivocadas, todo habría
terminado.
Perdida en estos pensamientos, saltó cuando Damon apareció de pronto frente a ella. Había
estado fuera toda la mañana y la chica no lo esperaba hasta más tarde. Sabía que tenía varias
reuniones en Londres, y sintió una nueva oleada de angustia al pensar que tal vez había
regresado temprano para sorprenderla.
—Pareces culpable. ¿Estás planeando mi muerte?
—No escuché tu coche —Catherine trató de recobrarse y de mirar esos ojos burlones. Era
consciente de que había perdido un poco de dureza, y tenía miedo de decir algo que volviera a
enfriar los ojos dorados.
—Ya me di cuenta. Estabas demasiado sumida en tus pensamientos —se le quedó viendo y
ella sintió la necesidad de decir algo.
—Estaba pensando que tal vez muy pronto querrás que me vaya.
— ¿Sí? — La observó con ojos críticos—. Es una conclusión muy extraña. No recuerdo
haber dicho algo que te haga imaginar eso. En todo caso, yo pensaba que preferías quedarte.
Parece que te has acostumbrado a la casa.
—Yo pensé que estaba aquí como una especie de prueba — Catherine no lo miró al decirlo.
No quería acusarlo de sospechar de ella como espía—. Y, de cualquier modo, sería estúpido
arraigarme a este lugar, ¿no?
— ¿Por qué? —Damon la miró con seriedad—. ¿Crees que yo te diré que te vayas?
—Tarde o temprano —murmuró Catherine—. Yo... no estoy muy feliz, y cuando quieras
que me vaya...
—Estoy acostumbrado a leer las expresiones, y por lo general las tuyas son transparentes.
Ahora estás muy triste, y eso quiere decir que te gustaría verme en Marte. Naturalmente pensé
que pensabas en irte, pero no me culpes. Será mejor que me digas en este momento si te vas,
porque tengo algo para ti.
La joven sólo se le quedó viendo y de pronto Damon se relajó, la tomó del brazo y la ayudó
a caminar por una subida del sendero.
—Supongo que tu silencio significa que estás indecisa, así que utilizaré mi ventaja. Imagino
que se le puede llamar soborno. Quizá montes en cólera; uno nunca sabe.
—Creo que me comporto bien —susurró la chica—, dadas las circunstancias.
—Dadas las circunstancias —él aceptó irónico. Luego la hizo volverse para mirarla a la cara
—. No quiero que te vayas, Catherine, si eso es lo que te preocupa. Te necesito aquí. Te lo dije
desde el principio.
—Lo que me preocupa es por qué me necesitas —la joven lo observó ansiosa, un poco
sonrojada por su inesperado cambio de tono.
—En primer lugar, por la misma razón por la que te traje aquí.
—Pero eso fue porque...
— ¿Por qué? —tomó la cara de ella entre sus manos y sonrió irónico—. Te garantizo que no
tienes ni idea de por qué te traje aquí —la vio a los ojos y sonrió—. Pero tú armonizas con este
lugar. Estoy seguro de que si te vas, dejarás Ravenhall embrujada, con un pequeño fantasma de
cabello negro; por eso te voy a conservar. Como eres una persona real y viviente te puedo dar
órdenes. Como fantasma podrías ignorarme.
Catherine no supo qué decir. No podía comprender el tono de su voz, y por unos segundos
sólo se quedó viéndolo a los ojos. Las manos de él se tensaron y sus ojos estudiaron los labios
de ella, mas de pronto se apartó.
—Volvamos al presente. Como persona real ya eres suficiente problema. Como te dije,
tengo algo para ti.
—Es muy amable de tu parte, gracias —repuso la chica con un tono tenso y él la vio con
ojos divertidos.
—No tienes idea de lo que es. Podría ser algo terrible. De veras que eres extraña, Catherine
Farrell.
La joven se quedó callada mientras él la llevaba a la parte de atrás de la casa. El viejo
establo había sido convertido en cocheras, y cuando llegaron a la más grande Damon señaló un
pequeño auto estacionado junto a la pared.
—Te traje para que vieras eso. Imagino que sabes conducir.
— ¡Por supuesto! —Catherine lo observó. Se trataba de un Golf, de un color metálico
plateado, y aun en lo más oscuro de la cochera ella podía ver que era nuevo—. ¿De quién es? —
una vez más estaba confundida por la manera que tenía Damon de hacer las cosas.
—Es mío. Algunas veces no necesito llevarme el coche grande. Entonces me llevo éste. Me
parece muy vivificante después de la comodidad y la suavidad del Mercedes. Mientras estés
aquí es tuyo.
La chica se quedó atónita.
— ¿Qué quieres decir?
—Quiero decir exactamente lo que dije. Que es tuyo mientras estés aquí. Desde que tu
abuelo murió has estado atrapada en este lugar. Nunca dices que quieres ir a alguna parte. Debe
haber cosas que necesites, y ocasiones en las que quieras ir a Londres o regresar a tu casa. Ese
hermano tuyo parece estar muy reacio de venir a buscarte. Ahora tienes un coche. Ya no lo
necesitas a él.
Sí, Robin parecía no querer venir a buscarla, y más de una vez le hubiera gustado a la chica
llegar allá sin avisar para ver qué estaba haciendo. El la llamaba de cuando en cuando y ella lo
llamaba a él, pero Catherine no tenía idea de cómo se encontraba.
También se sentía culpable, como de costumbre. Su hermano estaba solo; aunque salía
tantas veces como le era posible cuando vivía su abuelo, Catherine quería suponer que ahora
estaría haciendo lo mismo. Pero de todos modos, se sentía responsable.
— ¿Lo dices en serio? —la joven miró a Damon en la penumbra y él "asintió.
—Rara vez no hablo en serio. Cuando quieras el auto sólo tómalo. Ya te lo dije, es tuyo todo
el tiempo que quieras.
La cara de Catherine se iluminó.
—Eres muy bueno conmigo —sonrió y Damon se quedó en silencio.
—En circunstancias diferentes quizá sería mucho más bueno —él habló con voz suave y ella
supo a que se refería.
La chica se volvió y caminó hacia el auto.
—Algunas veces podría ir a casa por las noches.
—Puedes hacer lo que quieras —la voz de Damon había cambiado; ya no había ninguna
suavidad. De nuevo estaba pensando en la razón por la que ella estaba allí. Tomando en cuenta
las sospechas que tenía, era más que bondadoso. Catherine lo miró y sonrió, y la expresión de él
se suavizó un poco.
—Ven —ordenó él—. Pareces muy extasiada. Recuérdame que te compre un osito de
peluche.
A la chica no le importaba que pensara que era infantil. Estaba tratando de ser agradable, y
ella tenía que ayudarlo en todo lo que pudiera.
Cuando se dirigían al frente de la casa se escuchó un auto que se acercaba, y por un
momento Catherine pensó que se trataba de Robin. Eran pocas las posibilidades de que él fuera,
pero ella tenía todo el tiempo el presentimiento de que su hermano estaba a punto de meterse en
problemas, y casi a diario esperaba saberlo.
Más no era el Ford rojo de Robin el que llegaba; sino un Jaguar verde oscuro, coche que la
joven reconoció con facilidad porque ya había estado en él. Pertenecía a Gordon Turner, y ella
suponía que había ido a ver a Damon.
Era obvio que su jefe pensó lo mismo, pero no se esperó; siguió caminando hacia la casa
con Catherine, y llegaron al mismo tiempo. Damon y la chica estaban en los escalones cuando
el Jaguar se detuvo y Gordon se bajó de inmediato.
Para sorpresa de la joven, él no se dirigió a Damon. Sino a ella.
—Entonces, ¿aún existes? —le preguntó con una sonrisa e ignoró a Damon; ella se puso
nerviosa. Se exponía mucho yendo al territorio de Damon sin ser invitado, a menos que se
tratara de algo Importante, mas no tenía portafolios y parecía muy reacio a hablar con Damon.
Y cuando lo hizo, aún tenía la sonrisa en el rostro, pero era más bien fija.
—Vine a ver si Catherine estaba libre esta noche —Gordon anunció, y ella no tuvo que
volverse para saber que de inmediato Damon se enfureció.
La joven lo atribuyó a que un intruso había entrado en su territorio sin ser invitado. Se
hallaba sorprendida de que Gordon hubiera tenido el valor de ir. Estaba demostrando mucho
interés en ella, y aunque era un poco halagador, en ese momento también resultaba
intranquilizador.
Podía sentir que Damon estaba ardiendo en ira, pero no se atrevía a volverse. Por unos
momentos en la cochera había sido muy gentil. Ahora Gordon estaba ahí e iba a estropearlo
todo. Podía haberla llamado.
— ¿Tienes algo para mí? —preguntó Damon con voz cortante y Gordon negó con la cabeza.
—Nada—sonrió—. En realidad pensaba llevarme algo de aquí.
Su jefe la vio con dureza durante unos segundos.
—Entonces los dejo para su evento social —Damon replicó con tono ácido. Dio media
vuelta y se metió en la casa.
Catherine estaba enfadada. No quería estar en malos términos con Damon, y aunque le
agradaba Gordon, no estaba tan interesada como para permitir que sus días ahí se estropearan
por culpa de su llegada inesperada.
— ¿Por qué demonios no llamaste? ¿Por qué vienes así? Parece que a él no le agradó.
—Apuesto a que no —rió Gordon—. Y sí llamé muchas veces, pero jamás pude localizarte.
—No lo sabía.
Catherine no sabía si creerle, mas por la expresión del rostro de él supo que decía la verdad.
—Cada vez que llamaba Damon contestaba y me decía que no te encontrabas o que estabas
muy ocupada.
—Bueno, tal vez no estaba. Mi abuelo murió.
—Lo sé. Debió haber sido un golpe terrible para ti, Catherine. Pero no fue entonces cuando
llamé. Yo supe lo que sucedió porque todos en la oficina se enteraron. Tu hermano se fue al
mismo tiempo. Pensamos que si Damon le había dado a él una semana libre, contigo había
hecho lo mismo.
—Así es. Fue muy bondadoso conmigo.
—Oh, así es él. En particular con las damas.
— ¡No es nada de eso! —en otras circunstancias a Catherine le hubiera gustado mucho ver a
Gordon, mas ahora sólo deseaba que se fuera—. Pero bueno, creo que te equivocaste y llamaste
cuando yo estaba fuera.
—No. Llamé después que Robín regresó a trabajar y que supe que te hallabas de regreso
aquí. Siempre contestaba Damon y tú nunca estabas disponible. Le pregunté si podías llamarme,
pero no lo hiciste.
Catherine sólo se le quedó viendo. No había duda de que decía la verdad, y la estaba
mirando de una manera que resultaba embarazosa, como si algo estuviera sucediendo y ella no
quisiera decirle.
—Bueno, yo no lo sabía —confesó la chica reacia—. Lo siento. Hablaré de eso con el señor
King y tal vez en el futuro me pasen los mensajes.
— ¿Tienes la noche libre?
Pero la joven no quería ir a ninguna parte, se encontraba furiosa. Por razones que sólo él
sabía, Damon la estaba negando. Ella no podía entender por qué le había prestado el coche si
quería aislarla, pero sin duda formaba parte de ese gran plan suyo, y ella no quería tener algo
que ver con sus grandes planes.
Por un tiempo la hizo creer que se preocupaba por su bienestar lo suficiente para notar que
no podía salir. ¿Qué estaba haciendo ahora?, ¿dándole la cuerda suficiente para que se ahorcara
ella sola?
—No estoy libre esta noche, pero te llamaré.
Cuando Gordon se fue Catherine entró decidida. En ese momento enfrentaría a Damon. Por
alguna razón él no había querido que saliera con Gordon, y el único motivo que se le ocurría era
que su jefe temiera que ella le sacara información a Gordon.
Estaba en su estudio, y Catherine se dirigió hacia allá sin dudarlo. La chica se hallaba ahí
por instigación de él, pero no era una esclava. Entró sin llamar a la puerta, y Damon levantó la
vista sorprendido. Esa no era la costumbre en ella. La chica tenía las mejillas sonrojadas, y por
las chispas de sus ojos Damon podía notar que habría problemas.
El se puso de pie con lentitud mientras la chica rodeaba el escritorio.
— ¿Cómo te atreves a aislarme del mundo exterior? ¿Cómo te atreves a decir que no estoy o
que estoy ocupada cuando no es así? — Él-no dijo una palabra y ella continuó—. ¡No soy una
esclava! Es por tu culpa que estoy lejos de la ciudad, en donde tendría libres las noches y los
fines de semana. Yo puedo ir a donde quiera y cuando quiera, mientras no sean horas de trabajo.
Damon sólo siguió mirándola. Catherine sabía que estaba furioso. Sus ojos parecían de
hielo, pero estaba demasiado iracunda para darle importancia.
—Acabo de darte un coche para que vayas a donde quieras. Y permíteme recordarte que te
pago más por estar aquí en el lujo.
—Preferiría ganar menos y ser libre. Gordon piensa que me estás escondiendo. Me sentí
como una tonta. Es como si pretendieras que la gente supiera que no estoy aquí. Pero no tiene
sentido pretender algo, porque todo el mundo sabe dónde estoy.
—Ah, y yo también —Damon habló con voz ronca. Se acercó a ella y la miró desde arriba
—. Sé que estás aquí cada minuto.
—Sí, y yo sé por qué estoy aquí —Catherine no se dejaría intimidar. Levantó la cara y lo
miró con ira—. Piensas que estoy tramando algo. Crees que voy a hacer algo sucio y
clandestino a tus espaldas, y te estás asegurando muy bien de no descuidarme. Es por eso que no
te has ido a Japón, ¿verdad?
Antes que la joven se diera cuenta, Damon la sujetó por los hombros con fuerza. Catherine
podía ver que estaba furioso, al igual que ella.
Nunca antes había tratado de dominarla físicamente, y a la chica se le olvidó con quién
estaba.
— ¡Suéltame! —trató de golpearlo, mas él movió la cabeza evitando el golpe, sólo que
Catherine estaba demasiado furiosa para detenerse, para percibir el peligro en la cara de su jefe.
Seguía tratando de golpearlo y él la dominó con facilidad. Con un brazo le rodeó con fuerza la
cintura y con la otra mano la sostuvo por el cabello negro, haciendo que levantara la cabeza.
Había una línea blanca de furia a lo largo de los labios de él, y por un momento la sostuvo así
sin decir algo, tirando de su cabeza cuando ella se negó a someterse.
Esto no la hizo recobrar la cordura. Estaba demasiado herida, furiosa, y seguía luchando,
olvidándose de la cólera en el rostro de él. Damon le sujetó con más fuerza el cabello,
obligándola a alzar la cabeza hasta que su cara estuvo muy cerca de la de él.
— ¡Ya basta! —cada músculo en Damon estaba tenso de rabia, pero ella lo ignoró y siguió
luchando, hasta que por fin su jefe perdió el control.
La chica supo lo que le esperaba aun antes de que sucediera. La boca de él atrapó la suya
con fuerza. Pero lo que más le dio miedo fue la respuesta que provocó en ella, algo que jamás
había sentido.
Una sensación devastadora pareció extenderse en todo su cuerpo, aunque él sólo estuviera
amenazando. Cuando la soltó Catherine estaba temblando y lo miraba con los ojos grises muy
abiertos, aterrorizada de cómo se sentía.
— ¡Maldita seas, Catherine! —Damon la miró con furia, pero la joven sólo pudo devolverle
la mirada con el rostro pálido.
—Quiero irme —señaló ella con voz temblorosa—. Quiero irme ahora. No es necesario que
me quede aquí como rehén por Robin. Ahora ya no tengo que preocuparme por mi abuelo. Ya
no debo cuidarlo. Ya no tengo obligaciones.
Entonces toda la tristeza volvió a ella. Damon la había herido, no físicamente, sino con su
actitud. Poco a poco la chica se había sentido unida a él, y ahora la trataba de esa manera. Eso,
junto con el recuerdo de su abuelo y el saber que ya no tenía sentido tratar de conservar ese
trabajo, arrastró toda la miseria de nuevo sobre Catherine.
Rompió a llorar sin poder detenerse, se llevó las manos a la cara, pero Damon las retiró y la
tomó en sus brazos.
— ¡Déjame ir! —la joven sollozó, él la atrajo, implacable.
—No, Catherine. No llores —esa vez no había violencia en la voz de él, y ella estaba de
nuevo en sus brazos, pero en esa ocasión era muy diferente—. Oh, Catherine —murmuró él—.
Tú haces que brote lo peor en mí. ¿Por qué demonios te lanzaste sobre mí así? Ya sabes cómo
soy.
—No me importa. Y sólo estoy llorando porque me encuentro furiosa. Yo no te daría la
satisfacción de verme llorar de verdad.
Damon le levantó la cara con el pulgar.
—No me daría ninguna satisfacción —replicó el hombre casi con amargura—. Sólo me hace
querer reconfortarte, y eso es algo que no me provoca mucho bien.
— ¡No quiero que me consueles! —lo miró desesperada-, la cara de él estaba muy cerca,
con los ojos sobre la boca temblorosa de ella, y esa vez no hubo miedo cuando la boca dura se
cerró sobre la de la chica. En esa ocasión fue la cosa más apabullante que jamás le hubiera suce -
dido a ella. Era una excitación y una maravilla más allá de toda comparación. Parecía haber sido
llevada hasta las nubes, y la abandonó todo deseo de luchar contra él.
Durante unos segundos interminables sólo se quedó ahí, sumisa en los brazos de su jefe, y
luego una alegría la llenó, corriendo como fuego fuera de control. Era algo que nunca había
sentido, y las manos tocaron la cara de él, y los brazos le rodearon el cuello como una
aceptación gloriosa de la conquista. Damon se apartó con impaciencia, pero los brazos de la
joven se aferraron.
—Oh... —Catherine suspiró en la boca de él, y la respuesta fue rápida y poderosa. La boca
de Damon volvió a unirse a la de ella obligándola a separar los labios, mientras que con los
brazos la apretaba contra su pecho duro: Era un abuso dominarla así, pero la chica sólo se dejó
llevar, lánguida y temblorosa, aceptando la dominación. Todavía estaba perdida cuando su jefe
se apartó y la miró a los ojos. Su rostro estaba radiante y ella miró embrujada los ojos que la
veían.
— ¿Más, Catherine? —inquirió él, y la chica supo que se estaba burlando de ella; era el
Damon que ya conocía.
Pero aún así Catherine no pudo moverse. Fue él quien la soltó y dio un paso hacia atrás.
—Lo lamento —murmuró Damon—. Supongo que necesitabas ser besada, aunque quizá no
así. La próxima vez que necesites consuelo llamaremos a Gordon, ¿no?
Catherine no pudo responder. Todavía estaba ahí de pie cuando el teléfono sonó, y de
Inmediato él se volvió para contestar, como si nada hubiera sucedido entre ellos. De inmediato
la joven supo de quién se trataba, aunque él todavía no había dicho el nombre. Era Leonie, y
Catherine corrió a su habitación. Todavía estaba temblando y aún tenía ese extraño sentimiento
dentro de ella.
Se dijo a sí misma que era una completa tonta. Sabía que Damon estaba jugando, que trataba
de atraparla. No comprendía por qué la besó la segunda vez, pero sí por qué lo hizo la primera:
por pura cólera. Era muy peligroso quedarse ahí, no podría volver a verlo a la cara.
Pero no tuvo oportunidad de pensarlo. Unos segundos después Damon llamó a su puerta, y
como ella se negó a responder él entró. Actuaba como si nada hubiera pasado. Otra vez volvía a
ser el jefe, frío y eficiente.
—Temo que tendrás que trabajar hasta tarde esta noche. Algo surgió. Si bajas a tu oficina
empezaremos de inmediato.
Luego se volvió y se fue. Parecía que a él no le importaba alguien, y mucho menos ella.
Cuando Catherine llegó a la oficina él ya se encontraba allí revisando las cartas que habían
llegado por fax. La chica pudo notar que ignoraría todo el episodio entre ellos, así que decidió
que si él podía ella también.
—Hubo mucho movimiento en los mercados financieros la semana pasada. De pronto se ha
ido a la cabeza. Tenemos que actuar rápido —puso unos papeles en el escritorio de la joven—.
Despacha esto de inmediato.
Eso fue todo lo que dijo. Se volvió y salió por la puerta hacia su estudio, y Catherine se puso
a trabajar.
— ¿Foster and Brown? —el sonido de la voz de la chica lo detuvo y la miró—. Pero creí
que habías dicho que no merecían la pena.
Damon la observó durante unos segundos con los ojos entrecerrados.
—Tienes una memoria muy buena —de nuevo había en él esa actitud amenazante, casi
siniestra.
—No fue un día que pueda olvidar con facilidad. Fue el día en que casi me golpeas cuando
vine a hacer la entrevista —hacía un rato casi la golpeó, y sintió satisfacción al ver que la cara
de él se enrojecía un poco. Pero también pudo percibir algo de sospecha.
—Escuche que mencionaste el nombre y todavía no se me olvida. Pensé que no te
interesaban. Perdón por hablar—él siguió observándola y después se encogió de hombros. Era
obvio que no había visto en el rostro de ella lo que esperaba: culpa.
—Las cosas cambian rápido en el mundo del dinero. Encárgate de esto y yo hablaré por
teléfono. Tráelos en cuanto estén listos.
Siguieron trabajando durante el resto del día, a Catherine le divirtió lo cortante que fue
Damon con Leonie cuando ésta llamó. Estaba muy ocupado en lo que le gustaba hacer,
hundiendo a una compañía, y no tenía tiempo para la otra mujer.
Se hizo muy tarde antes que terminaran. La señora Jarvis entró varias veces para ver si iban
a cenar, pero apenas y obtenía una respuesta, hasta que al fin Damon le dijo que llevara una
bandeja para los dos, y comieron en el estudio. El teléfono sonaba a cada rato y ya eran las
nueve de la noche y todavía no terminaban. En todo el tiempo Damon no demostró que
recordara los besos de hacía un rato, y Catherine empezó a sospechar que todo lo había soñado.
Recogió la bandeja y la llevó a la cocina, luego regresó y se detuvo a la entrada del estudio.
— ¿Ya terminamos?
Damon levantó la vista y colgó el auricular.
—Sí, gracias. Pareces cansada. Será mejor que te vayas a la cama.
La chica asintió y se volvió para irse, pero él la llamó y ella se detuvo sin volverse.
—Catherine, lamento haberte maltratado... otra vez —una disculpa de Damon era algo
inesperado, y la joven casi se volvió esperando encontrar algo de burla en el rostro masculino,
pero hablaba en serio, y ella no supo que decir—. En realidad no estoy acostumbrado a alguien
como tú. Eres totalmente ajena al mundo que yo conozco.
—Bueno, mis orígenes son humildes —le recordó la chica en tono irónico, y de pronto se
sintió divertida al ver la expresión mortificada de él.
— ¡No quise decir- eso! —la miró con los ojos entrecerrados—. Tú también lo sabes,
pequeña gatita —se reclinó en el respaldo y se estiró cansado—. Yo vivo en un mundo difícil,
Catherine; yo mismo lo construí. Tenerte aquí es... extraño.
—Entonces, déjame ir —de repente tenía la sensación de tener el control del asunto,
sentimiento bastante inusual con Damon—. Si te hago sentir incómodo en tu mundo difícil,
entonces simplemente sácame de él.
—Dije que tenerte aquí era extraño. Nunca confesé ser estúpido. Vete a la cama antes que
tengamos otra pelea.
Ella se fue a su habitación muy confundida. Damon era inalcanzable; lo había sabido desde
hacía mucho tiempo. También sabía ahora que quería alcanzarlo, y eso era algo en lo que debía
dejar de pensar.
Catherine no había entendido del todo lo que sucedió esa tarde, pero sabía lo suficiente de la
corporación King como para comprender que Damon estaba actuando diferente con respecto a
su manejo. No tenía relación con ella, mas le preocupaba casi por instinto.
El estaba tendiendo una especie de telaraña, y la chica tenía miedo de pensar quién podía
caer atrapado en ella. Por primera vez le había dado mucha información, y la joven se preguntó
si eso formaba parte de su plan tan temido. Sintió ganas de encerrarse en su habitación y sellar
la puerta para no ser objeto de alguna sospecha.
CAPITULO 7
FUE dos o tres días después que Robín decidió arriesgarse. La información llegó a sus
manos por accidente, él la utilizó, y por supuesto fue sorprendido. Catherine no supo algo hasta
que Damon regresó de Londres un día y entró directamente en su oficina.
—Creo que será mejor que vengas conmigo —la miró con seriedad—. Ese hermano tuyo
está en serios problemas.
L achica se puso de pie de un salto, con la cara pálida. No sabía de lo que se trataba, pero
tenía conocimiento de qué Robin andaba tramando algo desde hacía tiempo, y ella temía saber
de que se trataba.
— ¿Qué tipo de problemas?
—Vender información. Sólo Dios sabe cómo llegó a sus manos, pero llegó, y él no esperó
para utilizarla.
Catherine sólo se le quedó viendo con los ojos muy abiertos. Sí, la chica tuvo razón todo el
tiempo. Por eso estaba ella ahí.
—Iré por mi bolso.
— ¡Catherine! —Damon trató de hablarle, pero la joven no quiso escuchar. Estaba
demasiado herida para hablar, y muy preocupada por Robin. No sabía lo que Damon le haría.
No tenía idea de cuánto penalizaba la ley ese acto. Se sentía como un bebé junto a todas esas
personas que manejaban millones, y se dio cuenta de que no embonaba en la vida de su jefe.
Tenerla allí debía ser algo muy extraño, como él mismo señaló.
—Está bien —aceptó ella con calma—. Sea lo que sea estoy segura de que Robín y yo
podremos enfrentarlo.
Damon no la llevó a las oficinas generales en Londres. Sino a casa, y eso era todavía más
alarmante.
— ¿Por qué estamos aquí? —Catherine lo miró ansiosa.
—Porque aquí está tu hermano —contestó Damon, sombrío—. No quiero problemas en la
oficina, y muy poca gente sabe de esto. Lo sé yo, lo sabes tú, y lo sabe Turner.
— ¿Gordon lo sabe?
La cara de Damon se oscureció de furia al escuchar ese nombre.
— ¡Sí! Me lo dijo de inmediato. Es parte de su trabajo. Tienes suerte de que sea tu novio, o
podía haberse extendido más.
Catherine abrió la boca para protestar, pero lo pensó mejor. Damon parecía muy furioso, y
aún estaba pendiente la situación de Robín. En todo caso, ella siempre salía perdiendo en
cualquier discusión con él.
Robín estaba en la sala, muy pálido. Era obvio que se le había dicho que fuera ahí y que
esperara, y eso era lo que estaba haciendo.
—Maldito tonto —expresó Damon en cuanto lo vieron—. ¿Qué te hizo imaginar siquiera
que podrías lograrlo? No hay atajos para hacer dinero. Aunque lo hubieras logrado, ¿qué
esperabas hacer con una suma tan reducida?, ¿vivir bien durante un par de meses?
Robin no dijo algo. Estaba demasiado perturbado para hablar, pero Catherine contestó por
él.
—El intentaba realizar su sueño. ¿No es así, Rob?
El muchacho asintió con la cabeza y Damon se volvió hacia ella.
— ¿Sueño? ¿De qué estás hablando?
Catherine casi se derrumbó en el sillón. No había manera de sacar a Robin de eso, así que
Damon podía saber toda la verdad.
—Robin es un músico muy bueno —la chica habló con calma—. Cuando entró en la
universidad quería ser contador, pero ahí se unió a un grupo. Desde entonces ha estado tocando,
por la noche en los clubes, y va más lejos los fines de semana. Es el interés más grande de su
vida, el único que tiene.
Miró en dirección de su hermano y movió la cabeza con tristeza. Qué tonta era a veces la
gente, y eso la incluía a ella por sentir lo que sentía por Damon.
—Robin quiere ser una estrella pop. Esa es la única razón por la que entró a trabajar en tu
compañía, por Crown Records.
Damon estaba sorprendido.
— ¿Una estrella pop?— tomando en cuenta que para ese hombre sólo era un pasatiempo
administrar Crown Records, parecía muy asombrada de que alguien quisiera presentarse. Se
volvió hacia Robin, furioso—. ¿Qué no sabías, grandísimo tonto, que teníamos un ojo sobre ti
desde hacía tiempo? ¡Eres brillante! Siempre estamos buscando gente así. Hubieras llegado muy
lejos con la compañía—metió las manos en los bolsillos y se alejó—. ¿Qué diablos voy a hacer
contigo?
—Lo que quiera —replicó el muchacho con calma—. No voy a volver a hacerlo. Dé
cualquier modo, es obvio que no soy bueno para eso...
—Esa no es una actitud tranquilizadora—Damon se volvió frunciendo el entrecejo.
—Usted sabe lo que quiero decir.
— ¿Cómo diablos voy a saber lo que quieres decir? —Explotó Damon—. No te reconozco
—si la chica no hubiera estado tan preocupada habría sonreído. Parecía que todos los que no
pertenecieran al mundo difícil de su jefe eran extraños. Ahora Robin estaba incluido.
—Catherine me lo advertía todo el tiempo —murmuró Robín.
— ¿A sí? —preguntó Damon y el muchacho levantó la cabeza ante el tono siniestro.
—Cath no sabía lo que yo planeaba. Se habría vuelto loca. Lo que quiero decir es que ella
ha estado tratando de que yo siga en mi carrera normal. Debí haberla escuchado.
—Sí, eso debiste hacer—replicó Damon con tono ácido—, pero eso no tiene sentido en este
momento. ¿Qué vamos a hacer ahora contigo?
—Yo no sé —Robin movió la cabeza mirando hacia el suelo, y Damon siguió dando vueltas
unos minutos más. Miró a Catherine, pero ella vio hacia otro lado. No quería verlo. Una vez
más había demostrado lo mucho que desconfiaba de ella, y, aunque la chica siempre lo supo,
ahora la lastimaba más.
Damon dejó de caminar cuando tomó una resolución.
—Estás suspendido por una semana —le informó a Robín con voz fría—. Tengo que pensar
bien esto.
El muchacho lo miró, todavía más sorprendido que Catherine. No había esperado piedad, y
no estaba seguro de lo que se trataba.
—Lo que decida hacer, Cath no tuvo algo que ver en esto —insistió Robin con urgencia.
—Lo sé. Aunque no me lo estuvieras diciendo una y otra vez desde que sucedió, yo lo
habría sabido. No había manera de que ella hubiera obtenido esa información; tú lo hiciste todo
solo.
—Cath nunca ha tenido que ver nada con nada. Sus únicas preocupaciones siempre fuimos
Gramps y yo. Ahora es demasiado tarde para mi abuelo, y yo soy un canalla.
— ¡Deja de sentir lástima por ti mismo! Tal vez eso sea lo malo en ti —Damon miró
fijamente a Robin por un momento—. Quizá sería bueno que recibieras tu merecido. Eso podría
hacerte algún bien. Déjame pensarlo. Mientras tanto, mantén la nariz fuera de los problemas, y
de la oficina.
— ¿Qué van a pensar?
— ¡Pensarán lo que yo les diga que piensen, y si no, tendrán el suficiente sentido común
para callárselo! ¡Todo lo que tienes que hacer es cuidarte de mí!
—Voy... voy a prepararte un poco de té, Rob —Catherine intervino, pero Damon la sujetó
de la muñeca e hizo que se pusiera de pie.
—Tú no vas a hacer nada. El se puede cuidar solo. Es obvio que no le ha hecho ningún bien
la protección excesiva. Tiene una semana" para crecer, y puede empezar desde ahora. Lo que yo
decida hacer con él depende de qué tan alto crezca.
Catherine no tenía alternativa. Se volvió hacia Robin y éste se encogió de hombros. Ya no
estaba tan abatido como cuando ellos llegaron, pero parecía muy intrigado, ¿y quién no lo
estaría? Ella no tenía idea de lo que iba a hacer Damon o cuál merecido le iba a dar a Robin.
Pero no tuvo la oportunidad de hablar con su hermano. Su jefe sólo la empujó hacia la puerta y
después al coche.
—Yo diría... —ella empezó, pero Damon ni siquiera se molestó en contestar. La chica
estuvo sentada en el asiento de pasajeros antes de darse cuenta, y entonces él dio marcha al auto
a toda velocidad.
—Deberías dejarlo solo para que piense las cosas. Si antes no tuvo tiempo de pensar, ahora
tendrá toda una semana. Veremos lo que sucede.
La joven no sabía si era una buena o mala idea. Lo que sabía es que era totalmente
inesperada. Iban en silencio por el camino, y de pronto Damon exclamó.
¡Demonios! No era lo que yo esperaba.
—No —asintió Catherine con amargura—. Esperabas que yo hubiera tenido algo que ver.
Pensaste que había querido entrar en la compañía para poder pasarle información a Robin. Hasta
te sorprendió que yo no estuviera mezclada. Pero, ya te puedes percatar de que él no es muy
bueno robando. Soto fue una idea loca que llevó a cabo muy mal.
—Ya lo sé, y para tu información...
Damon se detuvo ahí y no dijo más, y cuando la chica se volvió a verlo su rostro era como
de piedra. Sabía que no iba a poder sacarle más, pero, pensando bien las cosas, decidió que
Robin había tenido mucha suerte porque todo le hubiera salido mal.
Si lo hubiera hecho bien y se hubiese salido con la suya, probablemente habría seguido
haciendo cosas más grandes, y tarde o temprano Damon lo habría descubierto.
En los días siguientes Catherine tuvo los nervios alterados, esperando que Damon anunciara
su decisión, pero cuando llegó fue algo totalmente inesperado. Entró en la oficina y se le quedó
viendo por un momento antes de hablar.
—Llama a tu hermano por teléfono. Dile que venga ahora.
— ¿Aquí? —la joven sintió que eso era peor. Damon llamaba a Robin a Ravenhall, y eso
debía ser algo muy malo.
— ¡Sí, aquí! Aquí estamos nosotros, señorita Farrell. Ese joven tonto ya ha tenido mucha
gente corriendo detrás de él. ¡Esta vez puede ser él quien venga!
Salió y Catherine se sentó para recuperarse de la sorpresa. No era costumbre de Damon
hablar de nosotros. Parecía que ella estaría incluida en todo lo que tuviera que decir. Llamó a
Robin de inmediato, orando porque no le hubiera dado un ataque de desafío y se hubiera ido.
Pero ahí estaba, y por el tono de su voz se notaba tan nervioso como ella por tener que ir a
Ravenhall.
Después la chica ya no pudo hacer algo. Damon se quedó en su estudio y Catherine pasó la
mayor parte del tiempo mirando por la ventana, esperando ansiosa a Robin. Parecía como si
hubieran pasado siglos antes que apareciera el coche rojo por el camino, y esa vez no tenía
prisa. No cerró de golpe la puerta y ella sabía como se sentía. Si la situación no fuera tan seria,
habría sido bastante risible. El muchacho había pasado meses queriendo que Damon se fijara en
él, y ahora daría cualquier cosa por ser invisible.
La chica lo recibió en la puerta e iba a llevarlo al estudio de Damon, pero no llegaron.
Damon salió y les indicó que entraran en el salón.
—Siéntense —les ordenó a los dos, que se miraban nerviosos como conspiradores. Robin se
sentó en el borde de una silla, esperando su destino—. Tú también —le dijo a Catherine, quien
seguía de pie nerviosa. Como ella no se movía él hizo un ruido de impaciencia y la sujetó de la
muñeca para hacerla sentarse en el sillón junto a él—. ¿Pueden dejar de comportarse como si se
les hubiera invitado a su propia ejecución? ¡No he planeado matar a ninguno de los dos!
Para la joven eso sonó como si tuviera la idea en el fondo de la mente, y apenas se atrevió a
respirar. Podía ver que Robín también estaba aterrorizado.
—Puedes tener la oportunidad —le dijo Damon a Robin después de observarlo por un
momento desconcertante—. Yo creo que estás loco, pero si quieres entrar en el mundo del
espectáculo yo te lanzaré.
Robin sólo se quedó ahí sentado viéndolo con perplejidad, y Catherine no pudo creer lo que
acababa de escuchar.
— ¿Quiere decir...? —empezó el chico, pero Damon lo interrumpió con brusquedad.
—Quiero decir exactamente lo que dije. Puedes hacer una audición, y si eres bueno te
lanzaré al mundo al que te mueres por entrar, aunque a mí sólo me parece que estás loco. Para
una persona que no tiene algo en la cabeza aparte de ser artista, has hecho tu trabajo bastante
bien. Eso me hace preguntarme qué tan bueno habrías sido si hubieras tenido toda tu
concentración en éste.
— ¿Y si no paso la audición? —indagó Robin con una timidez que sorprendió a Catherine.
—Entonces regresas a trabajar sin hacer más tonterías.
— ¿Es decir que podré regresar a la compañía? —el muchacho parecía atónito, y Catherine
se sentía igual.
—Así es. Y preferiría que la llamaras corporación King. No me gusta sentir que estoy a la
cabeza de una organización criminal. Puedo fijar la fecha para la audición en esta semana.
—Si a usted no le molesta, yo preferiría que no —repuso Robin con voz vacilante—. Lo he
estado pensando mucho, y preferiría quedarme con mi trabajo. Si tengo futuro tengo que
apegarme a él. Hasta ahora las presentaciones han sido como una diversión. No estoy seguro de
que seguirá siendo una diversión si lo tengo que hacer siempre. Tal vez sería una atadura.
Catherine no podía creer lo que escuchaba, pero Damon se reclinó en el respaldo y sonrió
con irónica satisfacción.
— ¿Entonces sí utilizaste el tiempo para pensar? Yo esperaba qué lo hicieras, pero debo
confesar que no tenía muchas esperanzas. Tienes veinticinco años —Damon habló con más
seriedad,-se inclinó hacia adelante y miró fijamente a Robin con sus ojos de color ámbar—.
Tienes una carrera y eres endemoniadamente bueno en ella. Sigue en ella y haz alguien de ti
mismo. Dedícate a la música como pasatiempo, porque créeme, las cosas son muy difíciles allá
afuera.
—Entonces, ¿qué hago ahora?
—Regresa a la oficina —ordenó Damon—. Me parece que, con una cosa y con otra, ya
tuviste demasiado tiempo libre. No esperes más favores.
Robin se sonrojó y pareció muy incómodo.
— ¿Ellos saben...?
—No. Detuve todas las especulaciones. Puedes decir que estuviste haciendo un trabajo
privado para mí. Diles que cenaste en Ravenhall; eso los convencerá —parecía muy complacido
de sí mismo, muy divertido, y cuando entró la señora Jarvis le dijo que habría un invitado a
cenar.
—Espero que esta vez no objetes de nuestro invitado —Damon le preguntó a Catherine—.
Con un poco de suerte hasta podrías lograr hablar.
La chica se sonrojó y Robin los vio al uno y al otro, sorprendido. Ahora que se había
recuperado del miedo y la sorpresa, era obvio que empezaba a sentir algo en la atmósfera.
También notó que Catherine estaba sentada muy cerca de Damon. Y lo mencionó cuando se iba
a casa.
— ¿Hay algo entre ustedes, Cath? —inquirió cuando lo acompañó al coche.
—Sólo constantes discusiones —contestó ella rápidamente—. Damon no es la clase de
persona a la que puedas comprender —él no pareció muy convencido y Catherine se alegró
mucho de despedirlo. Era una preocupación menos para ella. Todavía se encontraba asombrada
por los acontecimientos, pero estaba segura de que ahora todo iría bien.
Cuando volvió a entrar en la casa Damon aún estaba ahí con una copa de brandy en la mano,
y ella sabía que no podía irse a acostar sin haberle dado las gracias. Pero no tenía idea de cómo
tomaría él su agradecimiento, por eso se quedó de pie en la entrada del salón.
—Entra —murmuró él—. No estoy de humor para comerte, así que estás a salvo.
—Sólo quería darte las gracias —la joven logró decir desde la puerta—. No esperaba que
fueras tan bondadoso con Robin. El no se lo merece precisamente.
—Quizá no —Damon murmuró mirándola con una expresión inescrutable en el rostro—.
Pero dudo que vuelva a intentarlo, así que al último yo salí ganando. Ahora será leal, y por
supuesto él es bueno. Claro, desde el principio tuvo una ventaja. Es tu hermano.
—Yo pensaba que esa sería una desventaja —replicó ella desviando la mirada—. No tengo
fuerza suficiente para ser tu asistente personal, y soy consciente de ello. Aquí, en Ravenhall, me
las puedo arreglar muy bien, pero si regresara a Londres...
—Mas no vamos a regresar a Londres —Damon se puso de pie y dejó la copa sobre la mesa
—. En todo caso, no pienso llevarte allá de regreso. Nunca quise hacerlo —le dirigió una mirada
penetrante—. Su puesto ya está ocupado, señorita Farrell.
— ¿Qué quieres decir? —la chica lo miró de una manera trágica. ¿Le estaba diciendo que
podía irse?
—Quiero decir que una dama muy eficiente ahora ocupa tu escritorio anterior. Ya la había
escogido desde antes que se fuera Judith.
—Entonces, ¿por qué...?
—Tenía otros planes para ti —le recordó Damon—. Siempre ibas a estar aquí. Aquí estás
muy bien. Así me gusta.
— ¿Tú... todavía quieres que me quede? —preguntó Catherine con voz confundida y él de
pronto la miró con una expresión seria.
—Todavía te quiero aquí. De hecho, si quisieras irte creo que tendrías que luchar para salir.
—Pero, ¿qué soy yo? —ella estaba preocupada y él se le acercó sonriendo.
—Eres una asistente muy personal. Es un lujo que nunca antes he tenido.
Catherine sabía que se estaba burlando de ella, pero con Damon jamás era claro. Deseó
haberse ido a la cama de inmediato y no haber empezado eso, ahora no podría dormir pensando
de qué se trataba.
—No te entiendo —comentó la chica y él la tomó del hombro y la hizo volverse, aún con la
risa en los ojos.
—Claro que sí. Siempre juego sucio. Persigo a la gente, arruino compañías, destruyo las
cosas. Siempre has pensado así, ¿no?
—No sé —Catherine susurró—. Estoy empezando a entender cómo trabajan las cosas.
—No trates de entender demasiado. De ahora en adelante, cualquier día podría cambiar de
opinión con respecto a ti.
AL día siguiente se dio la noticia de que la corporación King planeaba apoderarse de Foster
y Brown, y Catherine bajó a desayunar y se encontró a Damon leyendo las noticias financieras.
Le pasó el diario, pero no dijo algo. Ella recordó que normalmente nadie sabía nada hasta que
Damon ya había hecho las cosas, y eso aún no estaba hecho. Las noticias se habían filtrado, y
esta vez no fue Robin.
—Ahora ya sabemos —expresó Damon con voz suave y viéndola. La joven pensó de
inmediato que se refería a ella, pero estaba demasiado aturdida para sorprenderse—. Alguien en
la oficina está haciendo de las suyas —y Catherine se sorprendió de que estuviera sonriendo.
—Pero yo no creo que sea gracioso.
—Ni yo.
— ¿Sigues creyendo que soy yo?
—Claro que no. Se que no eres tú, Catherine; siempre lo supe.
Ella lo miró con los ojos muy abiertos, asombrada de sentirse aliviada.
—Pero pensé que me habías traído aquí para... Dijiste que tenías planes.
—Eso es. Pero no son planes de ponerte en prisión. Pobrecita Catherine, ¿todo este tiempo
pensaste que te estaba vigilando?
La chica no supo qué decir; otra vez se burlaba de ella.
—Desde hace tiempo he tenido mis sospechas —prosiguió Damon—. Las actividades de tu
hermano más bien me sorprendieron, pero no hay modo de que él pueda tener acceso a la alta
información, y dudo que supiera qué hacer con ella si la tuviera. Siempre hay gente alrededor
tratando de saber cosas, y supongo que uno de ellos envolvió a Robin, pero él no es muy bueno
para eso, ¿verdad?
Para sorpresa de Catherine, Damon estaba sonriendo, y ella negó con la cabeza
—Pero creo que esta vez atrapamos al pez gordo —él continuó—. Ahora lo que debo hacer
es rastrear y encontrar a dónde fue a dar la información —de pronto se puso de pie para irse—.
Esta mañana de verdad iré de cacería. Te veo más tarde. Cuida el fuerte.
Ella sólo siguió mirándolo y luego saltó para seguirlo a la puerta.
—Si recibimos llamadas sobre esto... —Catherine empezó, pero él se volvió frunciendo el
entrecejo.
— ¡Tú no sabes nada! —gritó él, y la joven lo miró furiosa.
—Sólo quería saber si no sería mejor conocer lo que voy a decir. ¿Qué te parece "Sin
comentarios" u "Ocúpese de sus asuntos"?
El volvió a sonreír y caminó hacia ella.
— ¿Qué te parece "El señor King no está disponible en este momento"? Puedes decirlo con
una vocecita aterrorizada.
— ¡Voy a practicarlo! —Catherine se volvió impaciente, pero él la tomó del brazo y tiró de
ella hasta que estuvo en sus brazos.
—Hazlo, señorita Farrell —dijo él riendo, y para sorpresa de la chica le dio un beso en los
labios entreabiertos. Fue rápido y cálido, como si estuviera probándola. Y cuando él levantó la
cabeza Catherine se sentía furiosa. Una vez más estaba jugando con sus sentimientos.
Seguramente sabía lo que sentía por él y como siempre, se reía de ella.
— ¿Siempre besas de despedida a las empleadas?
— ¡Claro que no! —Damon caminó hacia la puerta y se volvió a verla—. La señora Jarvis
es una viuda respetable, y la camarera tiene por lo menos ochenta años. Sólo quedas tú, y como
yo estoy de un humor exaltado me atrapaste en el momento justo.
- ¡Yo no te atrapé! —gritó Catherine, pero todo lo que recibió por respuesta fue una sonrisa
burlona.
—Entonces trabaja dentro de tu horario —replicó él. Y para sorpresa de ella le guiñó el ojo
y se fue. Para ser alguien a quien se le habían ido por tierra sus planes, estaba muy animado.
Catherine se quedó ahí de pie viéndolo alejarse, sin moverse, ni siquiera cuando el Mercedes se
alejó.
El estaba persiguiendo a alguien y lo disfrutaba. Catherine se sentía aliviada de que no se
tratara de Robín, y muy contenta de que no fuera ella, porque sabía que cuando Damon supiera
que una persona en la que confiaba lo había traicionado, no tendría piedad.
Por supuesto que el beso no había significado algo, pero aun así estaba cantando en voz baja
cuando terminó de desayunar y entró en la oficina. Cuando llegaron las preguntas esperadas,
casi se rió en el teléfono.
—El señor King no está disponible en este momento —logró decir ella con la mayor
solemnidad posible. Pero estaba demasiado contenta, y cuando Robín llamó a la hora de la
comida, comentó sobre su tono tan animado.
—Claro que estoy contenta —Catherine mintió con alegría—. Tú tienes de nuevo tu trabajo,
y Damon piensa que eres bueno en éste.
—Acabo de verlo —le informó él con entusiasmo—. Vino directamente hacia mí. Fui la
sensación. Me dio la mano cuando se fue, y lo hizo de forma deliberada, para asegurarse de que
nadie supiera de lo de mi problema. Estaba de muy buen humor, pero no creo que alguien se
haya dado cuenta, excepto yo. Todos se encontraban demasiado ocupados tratando de escuchar
lo que él decía, y no lo lograron.
— ¿Y qué dijo? —preguntó ella y Robin empezó a reírse.
—Dijo: ¡Cuida tus pasos!, en una voz muy baja y amenazante.
Catherine sonrió para sí y Robin se despidió. Eso sí lo creía. Era algo propio de Damon,
pero estaba agradecida con él. Su comportamiento hacia Robin en la oficina aclararía todas las
dudas que la gente pudiera tener. El jefe mantenía su palabra aun en medio de su viaje de
cacería. Ella se preguntó si le diría de quién sospechaba. Seguro que no. El se guardaba casi
todo para sí mismo.
CUANDO él regresó su buen humor había bajado un poco. Y Catherine supo que no iba a
confiar en ella. Era una decepción, pero era lo que la chica esperaba.
Sin embargo, fueron inesperadas las palabras que le dijo más tarde. Iba saliendo de su
habitación y se encontró a Damon en el corredor.
—Le di a la señora Jarvis la noche libre. Cámbiate y saldremos.
— ¿Saldremos? —ella lo miró con los ojos grises muy abiertos. . —Saldremos. Lo
contrario de entrar. Puedo explicártelo más si tienes problemas con la palabra.
—Lo... lo que sucede es que no esperaba... —las palabras fueron pronunciadas de una
manera que lo hicieron sonreír.
—Creo que es tiempo de que tengas más aspiraciones para ti. Me parece que has pasado una
buena parte de tus veinticuatro años preocupándote por tu hermano. El ya regresó al trabajo, y
definitivamente no está invitado. Sé que quieres ir. Así que cámbiate. Te espero en el salón.
Se fue y la dejó debatiéndose entre dos sentimientos, la alegría de salir con Damon y la
irritación por su actitud. Creía que la tenía atada alrededor de su dedo. Podía ser, pero no
necesitaba hacer tan obvio que lo sabía.
Damon no la llevó al tipo de lugar que ella esperaba. Después de un trayecto en silencio por
las calles de Londres llegaron a un lugar que parecía muy tranquilo y oscuro. Pero una vez que
estuvieron adentro ella se percató de que era un sitio elegante, pero muy conservador.
—Me dijeron que hace tiempo hacían bailes aquí —le comentó Damon al ver su expresión
intrigada—. Claro que todavía puede ser que los hagan, pero no he tenido la oportunidad de
averiguarlo. Aquí no hay lo que se acostumbra ahora, ni música moderna, ni luces que se
encienden y se apagan, sólo una comida y unas vueltas en la pista.
—Eso va conmigo —le aseguró Catherine, alegremente.
A media comida Damon la miró de pronto y se reclinó en el respaldo de su silla.
— ¿Has sabido algo de tu hermano? —y por un momento ella se sintió llena de ansiedad.
¿Estaría sospechando otra vez de Robin?
—Tómate tu tiempo —agregó Damon con voz seca—. Sé que fue una pregunta difícil.
—Me llamó esta tarde —la chica se sonrojó con intensidad y él la miró con interés, como
siempre—. Estaba muy agradecido porque hiciste el esfuerzo de verlo.
—Espero que no esté demasiado agradecido. Tenía muchas razones para ir allá.
Otra vez estaba poniéndose irónico, y desapareció el sentimiento de comodidad en
Catherine. Nuevamente había una atmósfera de amenaza. Una vez más se sentía ansiosa y
recordó que él le había dicho que tenía otra asistente personal. Ella aún seguía siendo parte de
un oscuro plan.
Catherine bajó la vista a su copa de vino.
—De cualquier modo, eso lo hizo sentirse menos vulnerable.
—Ahora quizá puedas seguir con tu propia vida. Te dije que él estaba bien. Piensa en ti
misma.
—No sé por qué piensas que no lo hago. Tengo mucho tiempo para pensar en mí misma, en
todo caso. No soy una anciana exactamente.
—No —Damon se puso de pie casi abruptamente—. Vamos a bailar.
Ella sabía qué lo había hecho enfadar. Todo el tiempo lo hacía y ella no tenía idea de cómo
sucedía.
Era fácil bailar con Damon. Lo hacía bien y Catherine era tan ligera como una pluma.
Después de-unos minutos, él se rió.
—Siento ganas de levantarte y darte vueltas —comentó con voz suave—. Tal vez te irías
flotando.
—No. Me sujetaría con fuerza —la chica lo miró con una sonrisa, los ojos grises muy
brillantes. Estaba contenta de que él volviera a sonreír, y por un momento Damon se quedó
mirando su boca sonriente, hasta que levantó la vista con una expresión sombría.
— ¿Por qué te irrito siempre? —preguntó ella.
—Quizá porque eres exactamente lo opuesto a mí. O tal vez porque con frecuencia me
recuerdas lo joven que eres.
—No puedo hacer algo al respecto —la joven suspiró de una manera trágica—. Ahora tienes
una verdadera asistente personal. Podrías mandarme de regreso a casa.
— ¡Olvídalo! Te necesito.
—No sé para qué. Yo te irrito, y como ya estoy libre de toda sospecha, no hay necesidad de
que te inflija ese castigo —señaló ella con tono frustrado, y todo lo que ganó fue que él se
enfureciera y la apretara contra su cuerpo lastimándola.
—Cállate. Me estás echando a perder la noche.
Ella abrió la boca para decirle que había sido idea de él y que podía llevarla de regreso, pero
algo en su cara la previno y se calló. Parecía que estaba muy molesto.
Siguieron bailando y después de un momento la chica volvió a relajarse. Le gustaba bailar, y
con Damon era maravilloso. Sentía la mano cálida de él a través de la seda de su vestido en la
espalda. Quería estar más cerca de él, y el pensamiento la hizo ruborizarse.
—Me gustaría tomar el auto y hacer algunas compras esta semana —comentó Catherine
tratando de olvidar la cercanía de Damon.
—Cuando quieras. No tienes que preguntarme, aunque yo te llevaré de compras si quieres ir
a Londres. Pero no esperes ayuda si quieres comprarte ropa. No soy muy bueno escogiendo ropa
para mujer.
— ¿No le compras ropa a la señorita Saddler? —las palabras se le escaparon antes que
pudiera detenerlas, y sintió que Damon se enfurecía. Ni siquiera se molestó en contestarle, y ella
escondió la cara mordiéndose el labio.
La chica siempre fue diplomática; pero cuando lo veía con Leonie Saddler su guardia
bajaba. Ahora la llevaría a la mesa y se irían a casa de inmediato por su culpa.
— ¡Oh, Catherine! —Damon soltó otra de esas risas oscuras, y la mano sobre la espalda de
ella se suavizó—. Tú dejas escapar cada pensamiento que se te viene a la cabeza, ¿no? No sé
que voy a hacer contigo.
—Tal vez sería mejor que me llevaras a casa —murmuró la chica, turbada, y él volvió a reír,
esa vez con una diversión casi maliciosa.
— ¿A tu propia casita o a Ravenhall? No estás segura de cuál es ahora tu hogar, ¿verdad?
CAPITULO 8
CATHERINE estaba tratando de pensar en una respuesta cuando entró un ruidoso grupo, y
era imposible no notar a Leonie Saddler en medio de ellos. La joven se sintió desilusionada.
Había pensado que él la había llevado allí porque era un lugar especial. Resultaba obvio que
también había estado ahí con Leonie; al menos ella parecía muy familiarizada. La otra mujer
también los vio y se les acercó de inmediato.
— ¡Cariño! ¡Trajiste a tu pequeña secretaria!
Lo dijo en una voz tan alta que las mejillas de Catherine se sonrojaron. Leonie se reía como
si se tratara de una gran broma, y eso hizo que la chica se sintiera fuera de lugar, como
Cenicienta. Sentía que todos los ojos estaban sobre ella, y Damon dejó de bailar para contestarle
a Leonie.
—Estamos tomándonos la noche libre. La señora Jarvis está descansando.
— ¿Por qué no te nos unes? —los ojos de Leonie miraron con desprecio a Catherine, pero
Damon rechazó la invitación.
—Gracias, pero estamos a punto de irnos. Además, estás con tus amigos de sangre azul.
Sabes que a mí no me gusta esa compañía.
—Sólo estoy con Colín. Estaría contigo si hubieras llamado más temprano. Pero no hay algo
que impida que vengas con nosotros.
Había una mirada de satisfacción en Leonie que le decía a Catherine que creía que tenía a
Damon bajo control. Y ahora ella también sabía que la invitó a salir porque Leonie ya tenía una
cita. Se sentía miserable, y trató de alejarse, pero la mano de él se apretó sobre su brazo.
—En otra ocasión. Catherine y yo nos vamos a casa.
Leonie le sonrió y se acercó para besarlo en la mejilla.
—Te llamaré mañana —prometió ella en voz baja excluyendo a Catherine por completo y,
cuando Damon le soltó el brazo, la joven se dirigió a la mesa. Ya sabía que él se movía en un
mundo muy diferente, nada de eso debería sorprenderla.
Lástima de noche tan maravillosa, pensó Catherine en el camino de regreso. A Damon no le
había gustado ver a Leonie con otro hombre. Quizá hasta sabía que ella iba a estar ahí, y eso
sólo probaba lo cruel que era él al utilizar a la gente.
Ya estaba muy oscuro, la luna se hallaba escondida detrás de las nubes. Después de un día y
una tarde maravillosos, parecía como si fuera a haber tormenta. Catherine iba sentada tratando
de luchar contra sus sentimientos amargos. No había ningún futuro en quedarse en Ravenhall,
porque tarde o temprano Damon se desharía de ella, y no había ningún trabajo para la chica en
la corporación King, porque su puesto ya estaba ocupado. Sólo la tenía ahí con un motivo
ulterior, y no sabía si podría soportarlo.
Cuando se estacionaron frente a la puerta ella se volvió.
— ¿Por qué me tienes en Ravenhall cuando ya tienes otra asistente personal? Quiero
saberlo.
—Ya hablamos de eso —le recordó él.
—No a mi satisfacción. No basta con que me digas que tienes un plan. ¿Qué pasará cuando
hayas realizado tu plan? Ya no habrá trabajo para mí en la oficina Si voy a tener que buscar
otro, será mejor que lo haga desde ahora.
En ese momento un rayo iluminó todo y la hizo saltar, casi de inmediato se escuchó el
trueno. Tal vez no era el mejor momento de discutir, porque la chica le temía a las tormentas.
Pero Damon pareció no haber escuchado el trueno. Su rostro ya estaba de por sí tormentoso.
— ¡Te necesito aquí! No estoy preparado para dejarte ir.
—Tú no puedes dejarme ir —replicó Catherine, furiosa—. Yo trabajo para ti. No eres mi
dueño. Puedo irme cuando yo quiera.
Damon se reclinó en el respaldo y la miró con los ojos entrecerrados; era claro que había
decidido controlar su temperamento.
—Dime por qué de pronto estás tan desesperada por irte. Si Leonie se metió bajo tu delicada
piel...
— ¡No es cierto! Lo que piense y haga la señorita Saddler no es asunto mío, como ya te lo
dije antes. Yo sólo trabajo aquí.-Quiero saber exactamente qué estoy haciendo en este lugar. Ya
he esperado mucho para saberlo.
—No tengo la intención de decírtelo —la manera tan descarada en que lo dijo sorprendió a
la joven. Claro que ella podía irse simplemente, pero él podría hacer las cosas difíciles para
Robin.
— ¿Porqué?
—Tal vez porque me gusta verte por la casa.
— ¿Como ornamento? ¡Oh, por favor, no subestimes mi inteligencia! Para empezar, tú
tenías un plan, y conociéndote, de seguro el plan sigue ahí. ¿Se supone que debo quedarme y
esperar como una sirvienta, o debo estar agradecida por lo que hiciste con Robin y quedarme
por agradecimiento todo el tiempo que sea necesario?
—Soy perfectamente consciente de tus pensamientos —Damon la miró furioso—. Sé que
piensas que soy el peor de los villanos. Bien, sigue pensándolo, pero quédate. Aún no termino
contigo.
Ella no tuvo tiempo de digerirlo, porque en ese momento se escuchó el trueno más horrendo
que llegó después de un relámpago. Catherine sólo se arrojó a los brazos de Damon y se aferró a
su cuello.
— ¡Oh, ayúdame! —suplicó ella, y los brazos de él la atrajeron más cerca. Después de estar
furioso ahora se reía, pero a la chica no le importaba. Estaba a salvo, mientras que un rayo no
entrara en el auto.
— ¿Podría meterse al auto? —Catherine preguntó sin soltarlo, con demasiado miedo para
levantar la cabeza—. ¿Es cierto que estamos aislados por los neumáticos?
—Nunca he tenido la oportunidad dé saberlo —Damon dijo las palabras contra su oído, y la
joven se estremeció, pero más que nada por el aliento de él sobre su cuello. La lluvia caía a
torrentes, y ella aventuró una mirada rápida, volviendo en seguida a la seguridad del pecho de él
cuando otro relámpago iluminó el cielo—. Creo que podríamos quedarnos aquí toda la noche —
él murmuró irónico. Pero en ese momento a Catherine no le interesaba.
—No importa. Me siento a salvo.
— ¿De veras? —Damon le levantó la cara, y entonces ella se dio cuenta de lo cerca que
estaban, de lo cerca de los labios de él—. ¿Te sientes a salvo en los brazos de un villano?
—Me... me dan miedo las tormentas... -
—Y yo te doy miedo —concluyó Damon, pero ella negó con la cabeza y siguió mirándolo.
—No. Tú no me das temor. Antes me dabas, pero ahora no. Sin embargo, a veces me
lastimas.
—Tú te defiendes.
—En realidad no quiero —susurró Catherine. Era como si estuviera en un sueño en el que
pudiera decirlo todo, porque todo el mundo estaba en el coche oscuro con la tormenta alrededor
de ellos. Damon siguió mirándola durante un minuto antes de bajar la cabeza y buscar sus
labios.
Catherine se percató de que estaba siendo gentil, sus labios le acariciaban el cuello, los
oídos, probaban las comisuras de sus ojos, y ella dejó caer la cabeza hacia atrás, rindiéndose con
un pequeño gemido que hizo que él la atrajera más cerca.
—Soy peligroso, Catherine —Damon murmuró contra su piel. Sus manos sostenían la
cabeza de la chica contra la suya, acariciándole las orejas con los dedos, y los brazos de
Catherine volvieron a enredarse en su cuello. .
—Ya lo sé. Pero esto no es real —suspiró—. No es más que un sueño.
Cuando despierte estaré sola.
—Es real, ¡endemoniadamente real! Cuando despiertes podría ser demasiado tarde —la
rodeó con los brazos y la atrajo de tal manera que su cuerpo estaba sobre el de él—. ¿Qué te
hace pensar que soy inmune a los ojos plateados y al cabello largo y negro? ¿Cómo sabes que
no te estoy reteniendo en Ravenhall hasta que esté listo para seducirte?
Catherine sabía que estaba tratando de asustarla, de lastimarla, pero lo miró con calma.
—Nunca he tenido una aventura. Bien podrías ser tú. Después de todo, te debo mucho, ¿no?
La mano de Damon se tensó sobre su cuello, y por un momento la joven pensó que iba a
matarla. Los ojos de color ámbar brillaban con furia, pero Catherine los sostuvo desafiante al
darse cuenta de que ella también podía golpear.
Damon se percató de lo que estaba haciendo y su furia se relajó un poco.
—No trates de enredarme —le advirtió él con voz suave.
—No tengo miedo.
—Deberías tener. Si te tomo me quedaré contigo. ¿Qué serías entonces?; ¿un ornamento o
una prisionera?
—Podría irme simplemente —Catherine susurró.
—No vas a hacer eso, y los dos lo sabemos. Tú quieres quedarte.
Sus labios bajaron a los de ella y la chica cerró los ojos ante lo inevitable. Ahí era donde ella
quería estar, y no le importaba si él se estaba burlando. No le importaba si la despreciaba. Era
un hambre profunda que le producía un dolor en el estómago y le debilitaba las piernas. Quizás
él fingía que la quería, pero la joven no estaba fingiendo.
Este era el Damon que ella esperaba, el que había soñado. La presión dura de su boca era
dominante, una forma de exigir sumisión, y cuando su lengua se abrió paso entre los labios de la
chica, Catherine abrió la boca para disfrutar del placer erótico de la rítmica caricia.
La joven sintió que los huesos se le derretían y se acurrucó contra él, y con la mano empezó
a hacer una exploración de la cara de Damon. Esto pareció tomarlo por sorpresa, porque su
cuerpo se endureció y la presión de su boca aumentó, mientras .que sus dedos la tomaron por el
cabello y la obligaron a bajar más.
—No me alientes. Deberías estar tratando de evitar esto —señaló él contra su boca, pero ella
estaba ansiosa por más.
— ¿Por qué? —Catherine levantó la cara.
— ¡Sabes muy bien por qué! Sabes lo que quiero hacerte —con un gemido que parecía de
furia volvió a capturar la boca de Catherine, y esta vez su mano empezó a hacer un viaje lento
por el cuerpo femenino, trazando el contorno de sus senos por encima de la tela delgada del
vestido. Los pulgares encontraron los pezones, excitándolos hasta hacerlos erguirse, y Catherine
se estremeció de placer.
El corazón de ella latía acelerado bajo la mano de él, y el placer le produjo un dolor entre las
piernas. Respiraba con dificultad, y cuando la mano de Damon bajó a la curva de su estómago,
se le escapó un grito de placer que casi era de miedo. No tenía idea de cómo esconder sus senti -
mientos.
Las caderas de ella se movían incansables, la mano de la chica bajó al muslo, y la tela del
vestido se apartó por el contacto impaciente. Cuando los dedos tocaron la piel debajo del
vestido, a Catherine se le detuvo la respiración y sus brazos se endurecieron en el cuello de él,
tan obviamente ansiosa que Damon pareció salir de pronto de una locura.
— ¡No! —la apartó y la sentó en su asiento, acomodándose él mismo con la respiración
entrecortada. Catherine vio la seriedad de su expresión, y por instinto supo todo el dominio de sí
mismo que necesitó para detenerse. La chica ni siquiera había tratado de controlarse.
Simplemente había dejado que el fuego se apoderara de ella.
Se quedó ahí sentada viéndolo con inocente embeleso que pareció molestarlo cuando se
volvió para verla.
¿Sabes lo cerca que estuviste de ser una víctima? ¿No tienes idea de cómo protegerte?
—T... tú me besaste —ella susurró—. No fue...
— ¿Tu culpa? —Damon inquirió con voz salvaje—. Desde hace semanas me has estado
lanzando miradas de deseo. Imagino que eso te hace una mujer típica, a pesar de tu apariencia.
Catherine se sintió lastimada. Con tan pocas palabras la hacía sentir sucia, casi una
mujerzuela. La había excitado como nunca antes lo habían hecho, era un sentimiento
completamente nuevo para ella, y por lo mismo devastador. Y ahora la arrojaba al suelo sin
piedad.
Catherine dejó escapar un sollozo y salió del coche, sin hacer caso de la lluvia ni de la
fuerza de la tormenta. La puerta estaba a unos cuantos metros, y antes que Damon pudiera
moverse, ella ya estaba adentro, corriendo por el vestíbulo y escalera arriba. Quería esconderse,
no volver a verlo nunca, nunca volver a escuchar esas palabras pronunciadas con tanta frialdad.
— ¡Catherine! —Damon la llamó cuando la chica ya estaba en lo alto de la escalera, pero
ella no se detuvo ni se volvió. Por suerte la casa estaba en silencio. La señora Jarvis tenía sus
habitaciones en la parte de atrás, y tal vez no estuviera allí. Catherine se sintió muy sola.
Ya en su dormitorio miró a su alrededor, no había cerrojos en esa puerta. Tomó su bata y
entró al baño, cerró la puerta de golpe, ésa puerta sí tenía cerrojo.
Entonces fue cuando reaccionó. Las piernas le temblaban y se sentó en el suelo apoyando la
cabeza en la pared, y dejó que las lágrimas corrieran por sus mejillas. Jamás había querido a
alguien, nunca había sentido que se le derritieran las piernas o el calor del deseo.
La había destrozado con facilidad dejándola indefensa. Entonces Catherine se puso de pie,
las lágrimas seguían brotando mientras se desvestía, y luego se metió bajo la ducha. Parecía
como si tuviera la mente adormecida. La inexperiencia la hizo vulnerable, y muy sensible a las
palabras duras, pero no podía haber esperado menos de Damon.
La acusación le martillaba la cabeza mientras se secaba y se envolvía en la toalla. ¿Lo había
estado mirando de manera invitante? No lo sabía. Catherine se sentó en el banco del baño y
lloró con amargura, nunca había llorado así, ni siquiera cuando murió Gramps. Siempre había
podido controlarse. Con Damon parecía no tener control.

Cuando por fin abrió la puerta del baño tenía los ojos rojos y el cabello negro aún húmedo,
los labios apretados para obligar a las lágrimas a detenerse, y se sobresaltó al ver a Damon de
pie en medio de la habitación, viéndola.
De inmediato pensó en escapar y se volvió hacia el único refugio que había encontrado, pero
antes de llegar a la puerta del baño Damon la sujetó por el brazo y la acercó a él.
—Aunque lograras entrar yo me quedaría aquí esperando a que salieras —otra vez utilizaba
sus maneras dominantes y Catherine trató de zafarse.
— ¡Por favor! —rogó ella—. No quiero hablar contigo. No deseo verte.
—Eso lo puedo entender. Si no quieres no me veas, pero no volverás a encerrarte ahí. Puedo
ser muy salvaje, pero no puedo quedarme aquí escuchándote llorar hasta ponerte enferma. Unos
minutos más y habría derribado la puerta.
Otra vez era culpa de ella. Primero era una desvergonzada y ahora causaba lástima.
—Lo siento por ti —señaló Catherine con un sollozo en la voz—, ¡Las cosas contra las que
tienes que luchar son increíbles! —Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano—. Sólo vete
y déjame sola.
Damon ignoró su furia.
—Algunas veces el hombre hace lo que sea para salir de una situación perdida. Sé que te
lastimé, pero tenía que salir a tomar aire —la soltó y se volvió—. Tú vives aquí y yo te debo
cierta protección, en especial de mí.
La chica le dio la espalda, avergonzada. Y temblorosa.
—Yo no vivo aquí. Aquí trabajo, y por favor no te molestes en disimular. Creo que de todos
modos tenías razón. No sé cómo manejar este tipo de cosas. Sólo porque pensé que tu me... me
querías...
— ¿Pensaste? —La tomó del hombro obligándola a volverse, y la miró con frustración—.
¡Claro que te quiero! ¿Crees que no soy humano? No esperes que te dé otra demostración de esa
debilidad. Sólo pude salir una vez de ella, y en el proceso saliste lastimada.
—N... no te entiendo —Catherine murmuró y vio que la impaciencia cruzaba por la cara de
él.
— ¿No? —preguntó Damon con cinismo. Su mirada la recorrió con impaciencia y luego se
volvió hacia la puerta—. Tal vez no, después de todo. Puedes meterte en la cama con la
seguridad de que, a pesar de tus lágrimas, yo salí de esto en segundo lugar.
—Mañana será mejor que me vaya —Catherine anunció con voz temblorosa—. Será lo
mejor que pueda hacer.
—Estoy totalmente de acuerdo. Por desgracia, eso no sería lo mejor para mí. ¡Quédate! —
Damon se fue dejándola temblorosa y confundida Le dijo que podía irse si quería. Pero las cosas
no eran tan simples. Su vida se había enredado con la de Damon sin ninguna esperanza de poder
desenredarse con facilidad, y aún estaba Robin.
A la mañana siguiente Catherine se obligó a bajar para desayunar y encarar a Damon, pero
él no estaba, .y la señora Jarvis le dijo que había ido a la ciudad.
—Dijo que lo esperáramos hasta tarde. Tampoco estará aquí para cenar.
Catherine no tenía que preguntar con quién iba a estar, y eso aumentó su depresión.
Pero al final de la mañana ese malestar se había convertido en furia. La mantenía ahí por
razones que sólo él sabía y la culpaba a ella por el hecho de que la hubiera deseado. Catherine
se imaginaba que esa noche desearía a Leonie. Cuando Gordon llamó después de la comida para
invitarla a salir, la chica aceptó de inmediato. Era como un acto de desafío, porque sabía que
Damon iba a enfadarse cuando se enterara.
No tenía idea de por qué Gordon le desagradaba, pero así era. Y a ella le daba un
sentimiento de satisfacción el poder hacer algo que a él le disgustara. También le calmaba un
poco el dolor de saber que Damon estaba con Leonie.
Gordon insistió en recogerla en Ravenhall, y ella aceptó, porque ahora-ya no quería tener
algo que ver con el coche que le había prestado Damon. Se puso su vestido más bonito y pasó
más tiempo del acostumbrado arreglándose, y cuando Gordon llegó ya estaba lista. No podía
negar el sentimiento de ansiedad de que éste visitara de nuevo la casa, y trató de olvidar el
hecho de que también tendría que regresar a dejarla. No podía lastimar a Damon, pero sí podía
hacerlo enfadar, y eso le producía cierta satisfacción.
Fueron a Londres. Hacía mucho tiempo que la chica no estaba en el bullicio nocturno de la
ciudad, y por un momento le resultó excitante. Pero al mismo tiempo se sentía muy vulnerable,
como si hubiera dejado atrás parte de sí misma, y empezó a sentirse deprimida al saber que
siempre sería igual.
Sin embargo, Gordon estaba haciendo todo lo posible porque pasara un buen rato, y la joven
sentía que tenía que hacer que él disfrutara la noche, aunque ella no lo estuviera haciendo.
Después de la cena insistió en llevarla a un centro nocturno, un tipo de lugar al que ella nunca
había ido en su vida. El ruido era terrible, .en especial después de la tranquilidad de Ravenhall,
y pronto se sintió alarmada por la forma de beber de Gordon.
Parecía que él esperaba que ella hiciera lo mismo, pero Catherine se negó con todo el tacto
que le fue posible, siempre preocupada por el viaje de regreso. Durante el transcurso de la noche
se sentía más seguro de sí mismo, más expansivo, y cuando regresaron al coche a la chica
empezaba a dolerle la cabeza y estaba nerviosa.
— ¿Qué te parece mañana? —Gordon inquirió cuando iban llegando a Ravenhall, pero el
desafío de ella ya había desaparecido, y ahora lo veía con ojos distintos. Era peligroso, en una
manera diferente a la de Damon. Nunca había duda de que su jefe siempre estaba bajo control,
pero ahora tenía fuertes dudas sobre Gordon. Por un lado, había bebido mucho, y. por otro,
había algo en él que no había notado antes. Era como una furia fría.
—Voy a estar demasiado ocupada —Catherine respondió rápido y él entró en el camino y
detuvo el auto.
—No te tiene trabajando toda la noche, ¿verdad? —Preguntó Gordon con sarcasmo—. ¿No
te da tiempo libre?
—Claro que sí, pero en la noche por lo general ya estoy muy cansada. Además, a veces
surgen cosas que tienen que tratarse de inmediato. Tú ya sabes como es la ciudad.
—También sé como es Damon. Hay mucha especulación acerca de la razón por la que estás
aquí en su casa.
—No sé lo que quieres decir. Yo estoy aquí como asistente personal. Lo sabes muy bien.
— ¿Ah, sí? Lo que yo sé es que en las oficinas de Londres hay una dama muy diferente que
también dicen que es su asistente personal. También sé que de pronto tu hermano se ha vuelto
muy importante en la compañía. No es común ver que el jefe se rebaje a buscar a un empleado
menor. Si quiere verme a mí, me manda llamar, pero va a buscar a Robin Farrell y habla con él
muy en privado. ¿Necesitas la aprobación de tu hermano para vivir con King?
— ¡Yo trabajo para él! ¿Ahora podemos seguir, por favor? Ya es tarde.
—No demasiado tarde para quedarnos aquí unos minutos —Gordon murmuró y se inclinó
hacia ella. Cuando Catherine vio que los labios de él se acercaban, sintió que explotaba de rabia
y pánico.
En esos segundos supo muchas cosas. Que no podía permitir que alguien más la besara,
excepto Damon; que había juzgado mal por completo a Gordon, y supo que estaba en una
situación muy difícil, y que tenía que escapar de inmediato. Se alejó y dio contra la puerta del
coche.
—Por favor, Gordon. Estoy muy cansada. Estaré en problemas si no llego pronto. Tú sabes
como se pone a veces Damon.
Fue lo peor que pudo haber dicho.
— ¿Damon? Entonces ya le hablas de tú al gran King, ¿no? Tal vez debería ver yo lo que él
está obteniendo.
Gordon intentó alcanzarla, pero Catherine ya estaba preparada. Abrió la puerta y salió
corriendo con su bolso, orando porque él recuperara el sentido común y no la siguiera. Cuando
escuchó que el motor del auto se encendía aventuró una mirada hacia atrás, pero él estaba
conduciendo de reversa hacia la carretera, y ella empezó a caminar más despacio y a tratar de
calmar el latido acelerado de su corazón. Se sentía enferma.
Cuando se alejó el ruido del coche, Catherine se dio cuenta de lo largo que era ese camino, y
de lo tarde que era. Ya estaba nerviosa y además, ahora los árboles que tanto quería parecía
como si se cerraran sobre ella; el silencio se volvió amenazante, no era la tranquilidad que la
chica extrañaba cuando estaba lejos de Ravenhall.
El sonido de sus pasos sobe el camino de grava era demasiado fuerte, y tuvo que contenerse
para no salir corriendo hacia la casa. De pronto se le ocurrió que tal vez Gordon sólo se había
alejado unos cuantos metros en el coche y que ahora iba siguiéndola a pie, y con eso aumentó el
terror.
Cuando estuvieron a la vista las luces de la casa, Catherine empezó a correr desesperada,
cayendo sobre la grava, levantándose y volviendo a correr, y cuando llegó a los escalones
temblaba aterrorizada.
No se sintió a salvo hasta que entró en la casa y se apoyó en la puerta cerrada; sabía que si
pasaba algo más sólo tendría que gritar. Caminó despacio hacia la escalera, que parecía como si
estuviera a kilómetros de distancia, y no iba ni a la mitad del camino cuando de pronto se abrió
la puerta del estudio y apareció Damon mirándola en la penumbra del vestíbulo con una
expresión funesta en la cara. Por lo que veo bailaste toda la noche.
—Sí. Fue muy... divertido... —fue todo lo que ella pudo responder y el rostro de él se
oscureció por el sonido de la voz de la chica.
— ¿Qué te pasa? —Damon encendió las luces y ella pestañeó por la brillantez que le
lastimó los ojos. Quería esconderse, aunque en realidad no se imaginaba cómo se veía—. ¡Dios
mío! —Damon caminó hacia ella—. ¿Qué te sucedió?
—Cenamos y después... y después fuimos a un centro nocturno.
— ¡Ya basta, Catherine! No creas que vas a poder irte sin decirme la verdad. Parece como si
hubieras estado en una pelea... ¿o tuviste que pelear para que te soltaran?—terminó él con
salvajismo.
—Por favor no grites. Tengo... tengo un dolor de cabeza —la chica suplicó con voz
temblorosa y él apagó la luz, dejando encendida la lámpara. Era su oportunidad de escapar, y se
volvió hacia la escalera, moviéndose lo más rápido que pudo.
—Buenas noches —casi susurró, porque estaba a punto de llorar, pero Damon ni siquiera
respondió, y ella sabía que estaba demasiado furioso. El sabía muy bien en dónde y con quién
había estado. Damon decía que ella lo había estado mirando. ¿Pensaría que había mirado de
igual manera a Gordon?
Cuando llegó a su habitación arrojó el bolso sobre la cama, y cuando se vio en el espejo
supo por qué Damon se había puesto tan furioso. Tenía el cabello revuelto y la cara pálida.
Tenía tierra en una de las mejillas en donde se tocó después de la caída, y el vestido estaba
arruinado. La grava lo había rasgado de una manera irreparable.
Fue entonces cuando se percató de lo mucho que le dolía la rodilla, y se sentó en la cama
para indagar. Estaba sangrando y tenía granos de grava incrustados en la piel. Se la tocó y dejó
escapar un grito.
— ¡Déjatela! —Damon entró con un botiquín en la mano. Catherine se bajó rápido el
vestido y él la miró con burla—. También déjatelo. Ahora voy a curarte.
—Puedo hacerlo yo misma —pero en ese momento él salía decidido del baño y ella ya no
pudo protestar.
—No mientras esté yo aquí. Tú no podrías causarte tanto dolor como el que te voy a causar
yo al limpiarte esa rodilla.
La tomó por la cintura y la obligó a ponerse de pie, no hizo caso cuan do ella protestó, luego
la tomó en sus brazos y la llevó al baño.
—Soy muy fuerte, Catherine, y muy decidido. Ríndete ahora y vas a ahorrarte muchos
problemas.
La paró junto al lavabo y vio si tenía más heridas. Luego hizo que se volviera.
—Bien. Dime lo que pasó y yo decidiré qué hacer—Catherine supo que aun estaba muy
enfadado. Y cuando él le bajó la cremallera la chica se sobresalto llena de pánico, pero ya era
demasiado tarde- el vestido cayó al suelo y ella se quedó ahí de pie con su ropa interior de
encaje Entonces él hizo que se volviera.
—Siéntate en el banco y empecemos —Damon ordenó con frialdad y a ella no le quedó otra
opción que obedecer. Podría haberle gritado que se fuera, pero estaba demasiado aturdida para
discutir. Y además, sus piernas ya no la soportaban y se sintió agradecida de dejarse caer sobre
el banco.
—Saliste con Turner —Damon no estaba preguntando, y ella asintió con la cabeza. El la
miró enfadado mientras le lavaba la pierna—. ¿Y?
—Las cosas de algún modo cambiaron —repuso ella con voz cansada—. Al principio estaba
muy agradable, y entonces él... empezó a beber. Se quejó de que yo no hablaba mucho.
— ¿Estabas sentada en silencio?—Damon inquirió y ella movió negativamente la cabeza.
—Yo pensé que me estaba comportando de una manera entretenida.
—Ah, estabas siendo muy entretenida, Catherine —Damon intervino con énfasis—. Pero tal
vez no decías las cosas que él quería oír. Entonces él empezó a beber. ¿Y qué pasó?
—Cuando... cuando entramos en el camino él detuvo el coche. Quería que le prometiera que
volveríamos a salir mañana, pero yo le dije que estaría ocupada.
— ¿Por qué? —Damon la miró y ella se sonrojó evitando sus ojos.
—No quería ir. El estaba distinto. No es como yo creía. Yo tenía un poco de miedo.
—Entonces, ¿él te asustó más?
—Supongo que yo misma me asusté. Tuve que salir rápido, y luego él se fue y tuve que
caminar todo el camino en la oscuridad. Parecía muy largo, y... y... bueno, tengo una buena
imaginación. Un poco antes de llegar a la casa me caí.
Catherine se sobresaltó de dolor cuando él empezó a quitarle la grava, entonces fue más
gentil.
—Tenemos que limpiarlo —indicó él, y ella se mordió el labio—. Eres una molestia,
Catherine Farrell —Damon anunció después de un minuto—. Acabas de arruinar mis planes.
Había planeado muchas cosas para Turner, y ahora parece que primero tendrá que haber un ojo
morado.
—En realidad, no hizo algo —Catherine protestó preocupada y eso pareció irritarlo más.
—Sospecho que sólo porque fuiste tú más rápida. Tampoco creo que dejar a una mujer sola
en la oscuridad en un lugar solitario sea señal de mucha hombría.
Damon se paró y la hizo ponerse de pie; Catherine volvió a avergonzarse, buscando
desesperadamente con la mirada su bata. El sólo se quedó observándola.
—En realidad nunca antes te había visto así —comentó él con voz suave—, pero yo también
tengo una imaginación muy activa. Y contigo se desborda muy seguido —antes que ella pudiera
protestar la tomó en brazos y la llevó a la habitación—. Te garantizo que estás segura. Un ata-
que por noche es suficiente para cualquiera.
Se detuvo junto a la cama y la miró un momento.
— ¿Por qué saliste con Turner? —y la chica recordó la razón, por eso trató de soltarse, pero
Damon la apretó más y siguió mirándola—. ¿Por qué, Catherine?
— ¡Tú no estabas! —las palabras se le salieron llenas de dolor y vio que él sonreía.
—Entonces, ¿estabas dándome mi merecido? Antes que nos demos cuenta estarás llamando
a todas las juntas de consejo para ver si estoy yo ahí. Recuérdame de no hacer algo malo en el
futuro.
Catherine sólo lo miró y él la besó con suavidad, ella estaba tan llena de deseo que su
reacción fue automática. Le puso los brazos en el cuello y se abrazó a él como si fuera algo tan
natural como respirar.
—Mí pequeña inocente —murmuró Damon contra su piel—. Ya es tiempo de que alguien
cuide de ti—. La depositó en la cama, apagó la luz y salió cerrando la puerta, la joven no se
molestó en levantarse para ponerse el camisón. El contacto de Damon la había dejado en un
estado de ensoñación.
—Es porque lo amo —susurró en la oscuridad. Parecía que todo estaba bien. Todo el miedo
de la noche se había esfumado con ese pequeño beso, como si él supiera qué hacer para mejorar
las cosas.
Trató de sentirse culpable por lo de Gordon, pero después de un minuto dejó por la paz esa
idea. El se había portado muy mal, y esa vez ella no se culparía. Recordó las cosas que él había
dicho durante la noche, cosas que le había preguntado, pero su mente regresaba a Damon, hasta
que se quedó dormida.
CAPITULO 9
AL día siguiente le dolía la pierna a Catherine, pero no mucho. Se sentía mejor por dormir
bien y bajó de la cama, se puso la bata y se acercó a la ventana para ver el jardín después de la
tormenta. Todo parecía estar más verde y brillante. Sentía como si todo fuera de ella, pero sabía
que tendría que irse, dijera lo que dijera Damon.
No podía seguir ahí sabiendo lo que sentía por él. Las cosas sólo se pondrían peor, y él
estaba tan lejos de su mundo que no había posibilidad de felicidad, aunque él la quisiera, y no
era así.
En ese momento él abrió la puerta y entró. La irritación sería un buen escudo para
protegerse, y ahora ya estaba muy acostumbrada a hacer eso.
—Es muy fácil llamar a la puerta —era difícil mantenerse así con un par de ojos de color
ámbar recorriéndola, pero se las arregló.
—No se me ocurrió. Por lo general, hago lo que me parece más natural. Y entré nada más.
Vístete y baja a desayunar; vamos a salir.
Catherine metió las manos en los bolsillos y lo miró. Sentía el impulso de sólo sonreírle y
aceptar, pero tenía que irse de ahí. Hasta en la oficina estaban hablando de ese arreglo, y ella
tenía el fuerte presentimiento de que en ese momento Gordon estaría alentando toda especu-
lación.
—Salir se terminó —ella informó con seriedad—. La nueva expresión es "irme". Lo he
mencionado muchas veces, pero es obvio que tú sólo lo apartas de tu mente.
—Nunca estuvo en mi mente. Sólo tú lo pensaste. Y sigúe pensándolo si eso te entretiene,
pero a mí no me metas en eso. No vine a discutir.
—No hay ninguna discusión. Simplemente pretendo irme como cualquier empleado que no
está satisfecho. Cuando baje voy a escribir mi renuncia.
Damon dio un paso hacia ella y sus labios se retorcieron cuando Catherine se alejó rápido.
—Te advertí que no discutieras conmigo. Vístete para salir. Es una orden.
—De ahora en adelante ya no recibo órdenes. Tengo que irme y voy a irme. Si piensas que
es por... por lo de anoche y la noche...
El se acercó a ella de manera inesperada, la sujetó por la cintura y la acercó a él antes que la
joven pudiera moverse, sus ojos brillaban como oro.
—Pienso que es por lo de anoche y la noche anterior. No te preocupes por eso. Te puedo
garantizar prácticamente que no volverá a ocurrir.
Catherine trató de liberarse, pero eso sólo hizo que él la sostuviera con más fuerza, y ella lo
miró furiosa.
—Garantizar prácticamente algo no es suficiente —y la ira de la chica aumentó cuando
Damon le brindó una de sus sonrisas sardónicas.
—Estoy tratando de no mentir. ¿Cómo voy a saber lo que pasará?
— ¡No tiene nada de gracioso! —Catherine se dio cuenta de que la estaba provocando a
propósito—. No tienes que seguir probando que eres despreciable; ya se sabe. Te dije que me
iría, y no he cambiado de opinión. Ahora, ¿harías el favor de soltarme?
—Si obedeces. Vístete. Vamos a salir.
—La última vez que salimos fue para satisfacer tus propios intereses. La señorita Saddler lo
sabía muy bien. Lo hiciste para castigarla —Catherine se sonrojó al percatarse de lo celosa que
parecía.
—Por lo general, yo hago las cosas para satisfacer mis propios intereses —Damon le sonrió
con desprecio—. Llámala Leonie. Es más amigable. A ella le gustará.
— ¡Me iré hoy! —la chica se sintió lastimada por el tono de burla de él y trató de liberarse,
pero Damon la apretó más.
—Claro que no. Tú vives aquí. Todos en la corporación King lo saben. Imaginé que tú
también lo sabías.
En ese momento entró la señora Jarvis y se ruborizó al verlos juntos.
—Lo siento. El señor King me dijo que tuviste un accidente, y tu vestido...
—Puede tirarlo, señora Jarvis —Damon ordenó y soltó a Catherine—. Ya no sirve.
La señora Jarvis entró en la habitación y recogió el vestido. Salió con otra disculpa, y la
joven se volvió hacia Damon con las mejillas rojas.
— ¿Qué va a pensar? —preguntó furiosa—. Y no tienes derecho de disponer de mi vestido.
Damon sonrió con burla.
— ¡Oh, Catherine, las cosas que dices! Y en cuanto a tu vestido, ¿realmente quieres tener un
recordatorio del miedo que tuviste anoche?
—No —como de costumbre ella se rindió y él fue hacia la puerta.
—Entonces, ¿para qué discutir? Sólo vístete.
La puerta se cerró antes que ella pudiera responder, y de pronto sonrió. Con mucha facilidad
Damon podía hacerla enredarse, pero se sentía más cerca de éste que de nadie en toda su vida.
Siempre ganaba. Tratar de pensar como él era imposible. Era demasiado inteligente. Sus
pensamientos estaban a años luz de los de ella, y sería mejor que lo recordara, mas a veces
Catherine sentía como si formara parte permanente de la vida de él.
— ¿A dónde vamos? —Catherine preguntó cuando Damon conducía en silencio.
—Al sur. No muy lejos. Hay alguien a quien quiero que conozcas —esto preocupó a la
chica de inmediato y se volvió a verlo.
— ¿Porqué?
—No estoy seguro. Tal vez quiero satisfacer tu curiosidad. Parece que crees que vine de la
nada, que aparecí una noche oscura con un abrigo negro —esto la hizo reír a pesar de su
ansiedad, y él la miró de reojo—. Voy a llevarte a que veas en dónde empezó de verdad mi vida.
— ¿Vamos a ir a donde naciste? —ella sintió que era una especie de honor. No se trataba de
negocios. Como él había dicho, simplemente iban a salir. Damon estaba bajando la guardia y la
chica no sabía por qué.
—No. No nací ahí. Ahí empezó mi vida —replicó él con tono sombrío. Catherine lo miró.
Una vez más había dicho algo malo, y eso la exasperó.
—Creo que otra vez te ofendí. Es imposible acercarse a alguien que no da ninguna clave.
— ¿Quieres acercarte a mí, Catherine? —la voz de él parecía muy oscura y la joven se
estremeció a la luz del sol.
—Yo... yo no quería...
Damon se detuvo a un lado de la carretera y se volvió hacia ella.
—Lo hiciste, y ahora es mi turno de preguntar por qué.
—Bueno, ya hace tiempo que nos conocemos y... y aún no te conozco del todo. ¿No es
normal querer conocer a alguien a quien ves todos los días y... y para quien trabajas?
—Te estás desviando. Estábamos hablando de acercarnos.
— ¿No es lo mismo? —preguntó Catherine con voz temblorosa y Damon soltó una de sus
risas profundas y volvió a la carretera.
—Depende de lo que quieras decir con "acercar". Continuaremos con esta interesante charla
alguna vez en el futuro, aunque debo recordar que te vas a ir.
—Así es —respondió la chica sonrojándose.
—No puedo dejarte ir todavía. Recuérdamelo el próximo año.
Iban por una calle franqueada de casas victorianas, no muy grandes, sino de las que tenían
tres pisos, pequeños jardines al frente y ventanas sobresalientes que veían con ojos secretos el
tránsito que pasaba. Era un vecindario similar al de ella, tranquilo y respetable, pero no del tipo
de los que la chica creía que Damon visitaba.
Sin embargo, ese era el lugar a donde iban; Catherine se dio cuenta cuando él detuvo el auto
al final de una calle y le abrió la puerta para que se bajara.
—Llegamos. Aquí es donde empezó mi vida. Y si eres buena te enseñaré el gabán negro.
Apenas habían abierto la pequeña puerta del jardín cuando se abrió la de la casa y una mujer
les sonrió.
— ¡Damon! ¿De vuelta otra vez? De casualidad me había asomado a la ventana de enfrente.
Un minuto más tarde habría estado en la parte de atrás y no hubiera escuchado la campana.
—Aún puedo encontrar la puerta de atrás —Damon sonrió—. Traje una visitante. Ella es
Catherine —miró a la joven con seriedad y agregó—. Olive es mi madre adoptiva. Ella me crió.
Catherine quedó perpleja. Sólo pudo quedarse ahí de pie mientras la mujer le estrechaba la
mano vigorosamente.
—Damon me habló de ti. Eres muy hermosa, querida.
—No tantos halagos —ordenó él—. Se le sube muy rápido a la cabeza. Vinimos a comer.
¿Qué hay de comer?
—El siempre me pregunta eso desde que recuerdo —Olive rió—. Vengan a la parte de atrás.
Allá serviré la comida. Sería una lástima desaprovechar este clima. Hay jamón frío y ensalada
mixta —le dijo a Damon—. Hice una tarta de limón, por si te gusta.
— ¡Claro que me gusta! —Él se volvió hacia Catherine cuando la guiaba hacia la entrada—.
Las ensaladas mixtas de Olive contienen casi todo. Desafían a toda descripción.
Damon estaba como en casa, más relajado de lo que la chica jamás lo hubiera visto, y supo
sin ninguna duda que lo había pensado mucho antes de llevarla. Ese era su cielo particular, y
ella sabía que observaba cada una de sus reacciones.
Olive Milford era una mujer común; Catherine diría que tenía como sesenta y tantos años.
Alguna vez había sido rubia, y todavía tenía mechones de ese tono en el cabello blanco. Ella los
precedía charlando alegremente hacia un estrecho y largo jardín trasero.
— ¿En dónde está Clive? —Damon preguntó al tiempo que tiraba de una silla para que la
chica se sentara a la mesa del jardín y él se sentó sobre la valla. Era un jardín hermoso que daba
a una enorme puerta, y un patio de piedra en donde iban a comer.
—Fue a ayudar a un vecino. Regresará pronto.
Olive entró en la casa por las cosas de la comida. Damon se puso a caminar por el jardín,
cortando algunas flores. Catherine casi contenía la respiración. Tenía miedo de decir algo que
arruinara todo eso.
El la miró y adivinó sus pensamientos.
— ¿Sorprendida?
—Claro. Yo... no sé que decir, excepto agradecerte por traerme.
—No se irán de aquí —señaló Damon ignorando su agradecimiento, y alzó la vista hacia la
casa—. He tratado de comprarles como cien lugares más, y ellos van a verlos por amabilidad,
pero insisten en quedarse aquí. Puedo entenderlos. Siempre han vivido aquí. Aquí están sus
amigos. Supongo que tienen mucho sentido común. Además, si se mudaran desaparecería una
parte de mi vida. Aquella fue mi habitación —señaló una ventana en la parte alta de la casa—.
Desde ahí puedes ver como mil casas y tal vez diez árboles.
- ¿Fuiste feliz aquí? —indagó la joven con cuidado, pero él sólo se encogió de hombros y
miró hacia otro lado.
—Con el tiempo. Olive y Clive son muy pacientes; necesitaban serlo.
Era muy peligroso continuar con esa charla, Catherine se puso de pie e hizo como que iba a
inspeccionar el jardín. Y así estuvo hasta que Olive regresó con un mantel blanco y los
cubiertos. La acompañaba un hombre que la saludó con la misma familiaridad.
— ¿Otra vez aquí? ¿Qué la ciudad está cerrada? —Le presentaron a Catherine y luego se
volvió otra vez hacia Damon—. Tengo la nueva sierra. Ven a verla.
— ¡Hombres! —Olive exclamó cuando se fueron, y la chica se ofreció a ayudarla a llevar la
comida—. Clive tiene un taller en el sótano. Antes pasaba tanto tiempo allá abajo con Damon
que llegué a pensar que perdería el color.
—Es difícil imaginarse a Damon haciendo esas cosas —Catherine comentó con cautela y
Olive la observó.
—El puede hacer casi de todo. Siempre pudo. Está muy unido a Clive. Nunca había traído
aquí a alguien —agregó ella con calma—. Tú debes ser especial. Pasó mucho tiempo antes que
él trajera amigos cuando era pequeño.
— ¿Vi... vino aquí cuando era un bebé?
—No. Tenía doce años. Yo no podía tener hijos, y trajimos aquí a otros, pero después de
Damon no vino ninguno más —sonrió con nostalgia—. En seguida se ganó a Clive. De mí
receló por un tiempo, pero después fue como si hubiera sido nuestro. Y se quedó —Olive
recogió las cosas y con una inclinación de cabeza le dijo a Catherine— Trae la ensalada. Vamos
a terminar y luego llamamos a esos dos.
— ¿Damon fue a la escuela cerca de aquí?
—A una que está al final de esta calle. Todavía está allí, un poco re-modelada, pero
físicamente la misma. No teníamos idea de lo inteligente que era hasta que nos llamaron de la
escuela. Ya estaba en la universidad antes que nos diéramos cuenta. Su mente es muy brillante.
—Lo sé —Catherine suspiró, y Olive le palmeó el brazo riendo.
—No es tan temible, aunque creo que todos saltan cuando él entra en una sala de consejo.
La chica ya no preguntó más. Se sentó a la mesa y se imaginó a Damon como un niño de
doce años. ¿En dónde habría estado hasta entonces?
Se quedaron hasta tarde, y Catherine disfrutó cada minuto. Clive Milford era un hombre
muy divertido, y era obvio que él y Damon estaban muy unidos. Cuando se fueron la joven
llevaba un ramillete de flores del jardín y un pedazo de tarta de limón envuelto en una servilleta.
Todo era tan distinto a lo que ella se había imaginado que casi parecía un sueño.
—Lo disfruté —comentó ella en voz baja y él asintió sin mirarla.
—Me di cuenta. Olive piensa que eres una gran belleza. Y es obvio que también
conquistaste a Clive. El nunca corta sus flores.
— ¿Fue una prueba?
- ¿Quién sabe? —Murmuró Damon—. Si lo fue debiste haberla pasado.
No fue eso lo que ella quiso decir. Catherine quiso saber por qué la había llevado ahí, pero
Damon era demasiado evasivo como para decirlo. Siempre era un misterio.
—Nunca vi el gabán negro —la chica bromeó y él sonrió.
—Está en el sótano. Quizá la próxima vez.
Ese comentario hizo que el corazón de ella diera un salto. ¿Significaba que habría una
próxima vez? Y si así era, ¿qué pretendía él?
Cuando llegaron a Ravenhall, Damon miró su reloj e hizo una mueca.
—Casi se me olvida que había una reunión —pareció que de pronto se congelaba, y
Catherine supo que era una reunión importante. Ya era muy tarde, así que iba a terminar aún
más tarde.
—Si no tienes algo que yo deba hacer creo que me gustaría ir a casa a ver como están las
cosas —declaró Catherine y eso hizo que al instante él frunciera el entrecejo.
—Quédate aquí.
—Hace días que no veo a Robin. Dijiste que podía ir en el coche. Dijiste...
—Necesito saber que esta noche estarás aquí —repuso él con calma— Mañana podrás ir a
ver a Robin —de pronto sonrió—. ¿Quieres que él venga a vivir aquí con nosotros?
—Yo sólo trabajo aquí —Catherine se sonrojó con intensidad y él le levantó la cara, sus
ojos le examinaron el rostro.
—Está bien. No voy a seguir. Pero quédate aquí esta noche —su mirada se intensificó—.
¡Nada de citas!
—Yo no iba...
Damon se volvió de repente sin esperar a que ella terminara.
—Quiero estar seguro. Regresaré tarde. Te veo mañana.
— ¿Ya sabes de quién se trata? —la chica sabía por qué estaba tan sombrío. La reunión
sería sobre la fuga de información.
—Esta noche estaré seguro. Tengo que sorprenderlo en acción. ¿No es así como hacen los
cazadores?
—Yo nunca te llamé cazador. Siempre fue idea tuya —Catherine se alejó al darse cuenta de
que le estaba hablando con mucha familiaridad, pero él la sujetó de la mano y la acercó.
— ¿Y qué crees que soy? ¿Sigo siendo una nube negra en tu horizonte? Me conocías aun
antes de verme, Catherine, ¿no?
Ella nunca pudo responder. Damon sólo se volvió y subió por la escalera, para arreglarse, y
la joven, lo miró intrigada. Lo había visto en diferentes estados de ánimo, pero nunca pareció
que necesitara su aprobación. Quizá se había arrepentido de haberle mostrado sus orígenes. No
era alguien a quien le gustara sentirse vulnerable.
La chica suspiró y entró en el salón. Todavía no confiaba en ella. De forma deliberada le
había dado información sobre su pasado, y ella no sabía si se trataba de otro de sus planes. La
joven lo protegería hasta con su vida, pero eso jamás lo sabría Damon.
PARECÍA que ya había pasado demasiado tiempo en esa casa silenciosa, reflexionó
Catherine más tarde, sentada frente a la televisión. Hacía dos horas que había cenado y Damon
todavía no regresaba. La señora Jarvis había recogido las cosas y se había retirado a sus habita-
ciones, y ahora, como tantas otras noches, ella estaba sola.
Se encontraba sentada en el largo sofá con los pies arriba, y reconoció que estaba aburrida
de mirar el costoso televisor. Empezó a cambiar los canales con el control remoto hasta que vio
algo que parecía una fiesta relumbrante.
—En la cena de caridad se dio un espectáculo lleno de estrellas de cabaret para, entretener
a los acaudalados invitados —decía la voz del comentarista—. Estaban presentes tantos
pudientes y famosos que no podía dejar de ser un éxito. Al menos Damon King, quien organizó
todo para uno de sus hospitales de caridad, parecía satisfecho.
Catherine se irguió lentamente cuando la cámara enfocó a Damon. No había duda, él estaba
ahí y no en una reunión importante como la chica había creído. Y ella que estaba ahí sentada
preocupada por él, mientras que él estuvo todo el tiempo en una cena. Y con Leonie Saddler; los
dos se veían muy bien juntos.
Hubo muchos aplausos, la gente los urgía a que abrieran el baile como si se tratara de la
realeza, y Leonie se regodeaba en la gloria, levantando la cara para que él la besara. Damon le
sonreía, pudiente, misterioso y enigmático, un hombre de otro mundo, y Catherine sintió' cómo
se le rompía el corazón.
¿A quién engañaba? Durante un día tuvo esperanzas. Para la joven significó mucho que la
llevara a su antiguo hogar, pero sólo se trataba del pasado, un pasado que sabía que ella podía
entender.
Apagó el televisor y se quedó sentada mirando al vacío; dentro de ella crecía una especie de
pánico. No había ninguna escapatoria para lo que estaba sucediendo en su corazón. Podía irse,
pero Damon siempre estaría en ella. Desde el principio supo que él estaba muy lejos, y ahora lo
recordaba. Ni siquiera le había dicho la verdad esa noche.
Veinte minutos más tarde, el sonido de un coche la hizo secarse las lágrimas. Parecía un
Mercedes, pero ella sabía que no podía ser él.
Catherine no había llegado siquiera a la puerta cuando ésta se abrió y apareció Damon,
quien la recorrió con la mirada. La chica se había puesto un vestido azul oscuro para la cena, y
con el cabello alrededor de la cara y los ojos grises todavía húmedos de lágrimas, tenía un as -
pecto trágico.
- Catherine? —él la miraba desde la entrada con una expresión preocupada—. ¿Qué
sucede?
Caminó hacia ella, pero la joven sólo se quedó ahí de pie viéndolo. Debía tratarse de una
alucinación, una ilusión, porque él no podía haber llegado tan rápido. ¡Ella sabía que estaba en
la fiesta bailando con Leonie!
— ¿Catherine? ¡Estuviste llorando!
—T... tuve un dolor de cabeza.
— ¿Y por eso lloras? No trates de engañarme. Te conozco, Tú lloras cuando estás lastimada
por dentro, no por un dolor —la observó de cerca—. ¿Alguien estuvo aquí?
—No. Estuve sola —hubo un tono de autoconmiseración en la voz de ella que trató de
corregir de inmediato, pero Damon ya lo había notado, y le levantó la cara.
—No puedo estar en dos lugares a la vez.
—No quise decir eso. Yo nunca quise que estuvieras aquí. Lo que hagas no es asunto mío.
En todo caso te vi por televisión en esa glamorosa cena de caridad. Una vez me dijo Judith
Greaves que hacías el bien de forma furtiva, aunque eso no fue exactamente furtivo.
— ¿Lo viste? —preguntó él y Catherine asintió retirando la cabeza de su mano.
—Sí. Parecía excitante. Leonie se veía muy bien.
De-pronto ella se dio cuenta de lo celosa e infantil que sonaba, y salió corriendo de la
habitación, evadiendo la mano de él que intentó detenerla. Cuando llegó a su dormitorio las
lágrimas habían vuelto a salir, mas no importaba. Estaba lejos de Damon.
Pero él entró detrás de ella sonriendo burlón ante su expresión de sorpresa.:
—Esta mañana te dije que lo que hago es lo que me viene de manera natural —la miró y
notó las nuevas lágrimas. Se le acercó y tomó su rostro entre las manos—. Oh, Catherine. ¿Qué
voy a hacer contigo? Eres como una niña. Sin las artimañas de una mujer, sin aparentar indi-
ferencia. Sólo dices lo que te sale del corazón, ¿no?
- ¿Cómo puedes decir eso? Yo creí que estaba llena de artimañas. Pensaste que trataba de
robar información —ella se movió impaciente, mas él sonrió moviendo la cabeza.
—Ni por un minuto. Eres como un bebé. Si hicieras algo malo lo confesarías preocupada y
esperarías un castigo.
Los ojos de color ámbar la recorrieron y luego la tomó en sus brazos, enterrando la cara en
el cabello negro.
—Eres muy especial. Sé especial para mí. Te extraño cuando no estás aquí, Cathy —
murmuró Damon.
Hacía muchos años desde que alguien le habló así a Catherine. Pertenecía a un pasado muy
lejano, al sonido apenas recordado de la voz de su madre y de su padre. Era dulce escucharlo,
pero trató de liberarse, y cuando lo miró, en los ojos de él había una especie de dolor.
—No pudiste haber llegado aquí tan pronto. Yo te vi en la cena. Salió en la televisión, y no
pudiste haber regresado tan rápido.
—Y por eso estás llorando —Damon la soltó y caminó hacia la ventana—. Llorabas porque
me viste con Leonie y ahora no me dejas abrazarte. ¿Estás celosa, Cathy? Espero que así sea.
Quiero que lo estés.
— ¿Para volver a lastimarme? Ahórrate el esfuerzo. Sólo estaba interesada. Te dije que tuve
un dolor de cabeza.
—Apagaste la televisión antes que terminara —Damon ignoró sus excusas y se volvió a
mirarla—. Si no lo hubieras hecho se te habría informado que eso sucedió hace algunas
semanas. Sólo lo pasaron por las estrellas de cabaret. No viste mucho, porque si no hubieras
visto mucho más que Leonie. Yo llevaba una corbata negra. ¿Crees que me detuve en el camino
para cambiarme?
—Pero yo pensé... —entonces se dio cuenta de que Damon llevaba puesto el traje gris con el
que se había ido, y las mejillas de ella se ruborizaron. También sintió una oleada de felicidad,
pero en seguida la reprimió.
— ¿Pensaste que te había mentido? ¿Pensaste que estaba en una cena mientras que tú te
quedabas aquí? —Él habló con voz ronca—. ¿Te dije cuánto te extrañé?
Catherine se le quedó viendo con ganas de correr hacia él, pero no se atrevía. Sabía que
Damon no lo haría, no en ese momento. Ella tenía que dar ese paso y esa era la oportunidad.
—Soy una estúpida —declaró, con la vista fija en el suelo, tratando de reunir valor.
—Eres hermosa. No podía esperar más para regresar. Por una vez en mí vida la caza no es
suficiente. Te necesito, Cathy. No puedo dejar de desearte.
La chica lo miró por un momento y después corrió hacia él, sintiéndose dichosa cuando la
tomó en sus brazos. Damon bajó la cabeza y empezó a besarle la cara, mientras que con las
manos le acariciaba la espalda, y ella le rodeó el cuello con los brazos.
—Tal vez deba darte una paliza, pero no ahora —murmuró Damon—. Déjame amarte.
Había súplica en su voz, y la respuesta de la joven fue instintiva. Quería que la amara,
porque si no era él no sería alguien más. Apretó los brazos alrededor de él, y esa fue la señal que
Damon necesitaba. La levantó y la llevó a la cama, haciendo una pausa antes de bajarla.
— ¿Por qué yo?
—Porque no hay alguien más —susurró Catherine—. Nunca lo ha habido —con la mano
acarició el rostro de él—. Quizá estoy en una trampa, atrapada.
—Puedes salirte —Damon la miró a los ojos y ella sonrió, su inocencia hacía que sus ojos
grises se abrieran más.
—Quiero estar atrapada.
Damon la puso en la cama y luego se recostó junto a ella, la tomó en sus brazos de una
manera que la chica podía sentir los músculos de su cuerpo.
— ¿Es real? —preguntó ella y Damon le tomó la cara con una mano.
—Sí —repuso él con urgencia—. Y asegúrate de saberlo ahora, porque mañana serás otra
persona.
—No la joven volvió a tocarle el rostro con la mano—. Ya soy otra persona. No quiero
volver al pasado.
—Yo no podría permitírtelo. Desde hace tiempo decidí que no podías regresar al pasado —
sus manos se enredaron en el cabello de ella y la miró directamente a los ojos—. Pero me
pregunto si yo te forcé a esto.
Pero Catherine no estaba escuchando; lo miraba con una sonrisa desafiadora, quería correr
todos los peligros para estar junto a Damon. Abrió los brazos y se le acercó más, el control de él
desapareció cuando empezó a desvestirla.
—Desde hace tiempo has estado muy cerca de esto —murmuró él cuando le quitó la última
prenda—. Algunas veces quise quitarte de las manos esa maldita libreta de notas y traerte a la
cama a media tarde —se quitó la camisa y ella emitió un grito de placer cuando su piel tocó la
suya.
—Tengo frío —la joven murmuró con voz soñadora.
—No por mucho tiempo —él bajó la cabeza y le pasó la lengua por los hombros, y cuando
sus labios se movieron sobre un seno ella dejó escapar un grito de excitación que lo hizo atraerla
más —. Está bien, cariño. Lo haremos despacio. Sé cómo te sientes.
— ¡No sabes! ¿Cómo podrías? —las manos de la chica subieron a su nuca tratando de
atraerlo, y cuando él bajó con un gemido suave ella abrió la boca para recibir la posesión de la
lengua de él, permitiéndole a la suya acariciarla por instinto.
— ¡Cathy! —Damon murmuró con desesperación—. Me sacaste de la mente la palabra
despacio —esto le dio a la chica un sentimiento de fuerza y gozo. Podía sentir el cuerpo de él
endurecerse contra el suyo y su corazón latir acelerado. La rodilla de Damon empezó a separarle
las piernas, y ella se le aferró lo más fuerte que pudo, murmurando ansiosa cuando él levantó la
cabeza.
Damon se apartó de ella mientras se desvestía, luego empezó a trazar besos en todo su
cuerpo. Con las manos siguió el mismo camino, y la joven empezó a agitarse debajo de él, y
cuando la boca masculina llegó al triángulo de vello sedoso que cubría sus partes más secretas,
Catherine se movió convulsiva, gritando su nombre.
— ¡Damon! ¡No!
—Sí, cariño —él miró la cara de ella—. Te quiero. Relájate.
Pero Catherine se sentía envuelta por el fuego. Sus dedos se movieron en el cabello de él, y
cuando Damon unió su boca a la de ella, Catherine gimió mientras que los besos se volvían más
fieros y posesivos.
— ¡Cathy! —Damon apartó la boca para besarle el cuello y la cara, y casi perdió el control
cuando la chica se arqueó debajo de él para encontrar su cuerpo exigente—. Cathy, ¿en realidad
sabes lo que estás haciendo?
—Sí, lo sé. Quiero ser parte de ti, estar más cerca de lo que jamás lo he estado de alguien —
dejó escapar un pequeño sollozo de angustia—. Nunca me había sentido así. Si me dejas ahora...
—No lo haré. ¡No lo haré, mi amor!
La poseyó con fuerza, amortiguando con los labios el grito de sorpresa, y después de la
primera sensación de dolor, una maravilla dulce la llenó, haciéndola moverse con igual urgencia
contra él, y sus manos lo acercaron más. Estaba dentro de ella, cálido, fuerte, su presencia llena -
ba todo su ser.
—No lo conocía —Catherine susurró y él recorrió su cuerpo con las manos, haciendo que
sus senos se pegaran más a su pecho.
—Aún no lo conoces. Pronto lo conocerás, Cathy.
Damon se movió dentro de ella, hasta que la joven estuvo tan febril e indefensa que todo lo
que pudo hacer fue besar los hombros y el rostro de él. Estaba perdida, fuera de este mundo, se
debatía en una tormenta desconocida, una tormenta que al final explotó en una lluvia de colores,
y un grito oscuro de medianoche, que era la voz de Damon que gemía el nombre de ella.
Cuando Catherine abrió los ojos él la estaba mirando, los ojos de color ámbar esperaban
hasta que ella sonrió y se relajó debajo de Damon. Durante unos segundos los labios masculinos
jugaron con los de ella, hasta que se apartó y la atrajo con un brazo. Fue entonces cuando la
chica notó las marcas de sus uñas en los hombros de él.
— ¡Oh! —cuando gritó sorprendida Damon siguió su mirada.
—Sí, pequeña gatita. Te voy a recordar mañana —con la mano tomó la cara de ella—. ¿Te
acordarás tú de mí?
— ¡Por favor, no hables así! —el brillo desapareció de los ojos de Catherine, y rápidamente
el desapareció sus ansiedades con besos, volviéndola a tomar en sus brazos.
—Duérmete. Se va a hacer de mañana antes que nos demos cuenta.
—Si la señora Jarvis entra...
—Volverá a irse —Damon terminó con voz soñolienta y extendió la mano para apagar la
luz—. Duerme, Cathy. Ahora ya no soy capaz ni de hablar. Tuve una noche muy mala, y siento
como si hubiera recorrido todo el mundo para cazarte. — ¿Sí? _Sí —él dejó escapar la palabra
en un suspiro y se quedó dormido, aprisionándola entre sus brazos.
Los ojos de Cathy miraban muy abiertos en la oscuridad. No trató de moverse. Nunca más
trataría de apartarse de Damon. Sabía por qué desde hacía tiempo se sentía parte de él. El amor
era más grande e importante que nada en el mundo. Su único deseo era estar con él para
siempre.
¿Sentiría Damon lo mismo? No lo sabía. ¿La conservaría con él o la mandaría fuera? Ella
nunca embonaría en su vida. Y estaba Leonie. Con el calor del deseo se había olvidado de ella,
pero ahora regresaba a su mente el rostro de la elegante rubia.
Con cuidado alcanzó las sábanas para cubrirse los dos, y Damon se estiró en sueños para
tomarla.
—No voy a dejarte ir, Catherine —su voz le dijo a la chica que estaba dormido, soñando.
Había dicho eso tantas veces que ella sabía que soñaba con el pasado, no ese momento. ¿Qué
iba a decir mañana? la joven cerró los ojos y se acurrucó contra él, y aun en el sueño Damon se
relajó. Esto le dio a ella una esperanza, y se quedó dormida.
CAPITULO 10
CUANDO Catherine despertó Damon ya se había ido. Parecía que ya era tarde, y observó la
habitación sorprendida. No había ropa de él, y la suya estaba doblada con cuidado en una silla.
Sólo él podía haber hecho eso, y desapareció el pánico de que todo hubiera sido un sueño. No
tenía idea de lo que ocurriría ahora, pero juera lo que fuera, ella nunca se arre pentiría de lo de
esa noche.
Dentro de la chica había un sentimiento de dependencia, como si un ser poderoso se hubiera
apoderado de ella. Catherine sonrió con ese pensamiento y aún sonreía cuando Damon entró.
Por un momento se quedó ahí de pie contemplándola, sentada con las sábanas hasta la
barbilla, y después él sonrió y se le acercó.
—Tengo que ir a la ciudad —anunció Damon viendo la cara de ella—. Si me quedo aquí la
señora Jarvis podría sorprenderme. Una cosa fue encontrarme cuando tenías una respetable bata;
esto la mataría.
La chica se sonrojó y él se sentó a su lado y la tomó en sus brazos, apartándole de la cara el
cabello revuelto.
—No te pongas tímida conmigo, Catherine. Me perteneces —la miró fijamente—. ¿Te
arrepientes?
Ella negó con la cabeza y se volvió hacía otro lado, pero con una mano suave él la obligó a
mirarlo.
—Entonces no te escondas de mí. Te necesito, Cathy.
— ¿Como qué?
—Como mi talismán especial, mi ángel privado —le acarició los labios con los de él y luego
la acercó más para besarla profundamente—. Cuando regrese tendremos mucho de qué hablar.
Hay cosas que necesitas saber —la soltó y se puso de pie, y volvió a ser el mismo de siempre—.
Puedes tomarte el día libre, pero quédate aquí.
— ¿A dónde más podría ir? —preguntó Catherine en voz baja cuando él llegó a la puerta.
—A ninguna parte —Damon se volvió—. Te necesito, Catherine. Hablo en serio.
Se fue antes que ella pudiera decir algo. La chica no sabía cuál sería su futuro, o si tenía
futuro. Aún estaba esa sensación de formar parte de un juego.
. Aunque tenía el día libre, tuvo muy poco tiempo disponible. El teléfono sonaba una y otra
vez, los mensajes llegaban y había cosas que tenía que tratar. Se preguntó sí Damon tendría
alguna vez descanso, y se sintió contenta de poder ayudarlo.
Gordon llamó antes de la hora de la comida, y con el sonido de su voz la joven se tensó.
—El señor King no está disponible —logró decir ella.
—Ya lo sé, señorita Farrell. Sé en dónde está el señor King en este mo mento. Conmigo
tampoco tienes que fingir. Llámalo Damon. Todos sabemos lo que está sucediendo allá.
— ¿Qué quieres? Si sólo llamaste para molestarme...
—No te estoy molestando, Catherine. Sólo llamé para decirte que arruinaste tu reputación
por nada. El plan de King no funcionó desde el principio.
—No sé de qué estás hablando —al escuchar mencionar un plan el corazón de la chica casi
se detuvo.
—Tal vez no. Eres una pequeña inocente. Es muy fácil engañarte, y Kíng es un experto. Se
suponía que tú servirías de anzuelo. Se suponía que yo debía tratar de sacarte información. Ahí
se equivocó, ¿no? Tú eres peor que Judith Greaves. Leal hasta la muerte —volvió a reírse de esa
manera tan desagradable—. Bueno, pues se terminó. Obtuve mi información de otro lado. King
ya no necesita mantenerte en Ravenhall. Tendrás que salir antes que te des cuenta.
— ¡Estás mintiendo! Damon quiso que viniera aquí para ayudarle con el trabajo. Y en
cuanto a lo demás, no sé de qué estás hablando.
—Hablo del hecho de que me acaban de despedir. Con el cargo de vender información al
enemigo. Si hubiera podido ejecutarme lo habría hecho; de eso no tengas la menor duda. Es
obvio que él tenía un plan de repuesto y yo fui directo a la trampa. Y en cuanto a lo de mentir,
nunca estuve cerca de caer por el otro plan. Desde el primer día supe por qué estabas allá. Uno
de los directores es un buen amigo mío, y habla de más. Hubo mucha sorpresa cuando King te
contrató, pero dejó escapar algo por lo que me puse alerta. Aparentemente tú señor y patrón te
dirigió una mirada y murmuró en su tono cínico: ella servirá. ¿Para qué crees que ibas a servir,
mi querida Catherine? Fuiste el cordero de Judas, la cara encantadora que debía atraerme, y se
te tomó por una estúpida que, con unos cuantos halagos, iba a soltar la información para
atraparme. Pero King jamás tomó en cuenta la lealtad.
La chica no sabía qué decir, porque ahora muchas cosas tenían sentido. Sabía por qué había
obtenido ese empleo cuando parecía tan imposible. Podía entender el motivo por el que la
llevaron ahí. No fue para atraparla a ella y a Robin como se lo imaginó en un principio. Sino
para atrapar a Gordon.
No era de extrañar que Damon se hubiera enfadado tanto cuando Robín se comportó de una
manera tan tonta. Siempre supo que se trataba de Gordon, y ahora ya lo tenía. Y se suponía que
ella debía haberlo atraído a la red. ¡Un cordero de sacrificio! Eso fue siempre para Damon.
Era claro que la noche anterior tampoco significó algo para él, y la chica también había
caído en eso como una idiota. Cuando Damon la llevó a Ravenhall ya tenía contratada a otra
asistente personal. Ella era, y siempre fue desechable, como tanta gente, como tantas compañías
y negocios. Damon la había observado fríamente durante la entrevista y después decidió que
serviría. Eso lo explicaba todo.
Catherine sólo colgó el auricular y salió del estudio. Era el fin de Ravenhall, el fin de
Damon, y parecía como si también fuera el final de su vida. Una cosa sí era segura: ya no podía
quedarse ahí, ni por un minuto más. Pidió un taxi desde su propia oficina, sabía que iba a estar
lista cuando éste llegara.
Nunca había usado el coche que le prestó Damon, y ahora tomaba otro aspecto. Tal vez se
suponía que iba a servirle para encontrarse con Gordon más seguido. Ahora entendía por qué
Damon se molestó tanto cuando ella regresó furiosa después de haber escapado del auto de ese
hombre. Quizá fue entonces cuando se puso en marcha el plan de repuesto. Ella le había fallado
a su jefe, y él la utilizó sin piedad.
Cuando llegó el taxi se despidió de la señora Jarvis y se fue. La cara bondadosa del ama de
llaves estaba confundida, pero Catherine le dijo con tono animado que ya no la iban a necesitar
ahí.
—Sólo era temporal, señora Jarvis —logró sonreír—. El señor King tiene una muy buena
asistente personal en Londres.
—Pero yo pensé que tú... —la señora Jarvis se sonrojó, y la chica supo exactamente qué
había pensado. Eso sólo reforzó su resolución, y se fue sin volverse a ver la casa que había
llegado a ser su hogar.

CUANDO el taxi la dejó, el aturdimiento se había convertido en depresión. Se sentía


traicionada y perdida, pero no podía escapar del dolor que llevaba dentro. Entró en la casa,
agradecida de que Robin todavía estuviera en el trabajo, porque nunca podría contarle a alguien
sobre Damon y lo que sucedió.
Era como regresar en el tiempo. Catherine de pie en la casa vacía, escuchando, viendo. Pero
el sentimiento no era el mismo. No había fantasmas a los que aferrarse, ni siquiera el recuerdo
dulce de su abuelo. Ahora él se hallaba en el fondo de su mente, gentil y sonriente. La cara que
tenía enfrente era oscura, bien parecida, inteligente y severa.
Ni siquiera deshizo el equipaje, porque todo parecía demasiado trabajo. Notó vagamente que
la casa necesitaba que la limpiaran, y el jardín que lo arreglaran.
Quizá después encontrara las energías para hacerlo, ahora sólo podía ver las paredes, y su
mente regresó a la noche anterior y a la felicidad de las manos de Damon sobre su piel.
Catherine no tenía idea de cuánto tiempo llevaba ahí sentada cuando escuchó el ruido de la
llave en la cerradura. Eso la hizo levantarse de un salto y se sorprendió al ver que apenas eran
las tres de la tarde. Tenía miedo de ver el rostro de su hermano, porque como era tan temprano,
de seguro también lo habían despedido.
Estaba ahí de pie, como una piedra, con los ojos muy abiertos por la ansiedad cuando
Damon entró en la habitación, arrojando las llaves sobre la mesa.
—Son de Robin —informó con calma—. Recuérdame de regresárselas o no podrá entrar
esta noche.
— ¿Qué quieres?
—A ti —la miraba con esa falta total de expresión—. Fui a casa a comer y me encontré con
que sólo habías sido una ayuda temporal y que tu trabajo en Ravenhall había terminado —se
sentó en el sofá y cruzó los brazos detrás de la cabeza, sin dejar de verla—. Entonces me
pregunté a donde podría ir una asistente personal sin trabajo. Lo siguiente que hice fue ir a
recoger las llaves con Robin por si no me querías dejar entrar. Así que aquí estoy. Vine a
llevarte a casa.
— ¿Qué le dijiste a Robin? —Catherine empezaba a enfurecerse por la seguridad que él
tenía de que ella iba a regresar.
—Me niego a revelar esa información. Fue una charla de hombres, no apta para oídos
inocentes.
— ¡Deja de tratarme como a una imbécil! Estoy de acuerdo en que me he comportado como
una idiota, pero ya no. ¡Puede irse, señor King! Renuncio.
—Yo no. Yo soy tu amante y no puedo renunciar. Necesito el trabajo.
La cara de Catherine se sonrojó, y se volvió; no soportaba ver esos ojos de color ámbar.
—Deja de fingir. Desde el principio me engañaste, y debí sospecharlo. Esperaba que hubiera
problemas, pero me dejé llevar a... a...
— ¿Amarme? —Damon preguntó y ella mantuvo la cara oculta.
—Yo no te amo. A ti no se te puede amar —la furia y el dolor le dieron valor para volverse
a verlo—. Gordon Turner me llamó esta mañana. Me lo dijo todo. Sólo me contrataste con un
propósito... ¡para que le diera información a Gordon y así atraparlo!
—Sí, eso hice —la miró a los ojos y el mundo de ella terminó de derrumbarse; en el fondo
había conservado una pequeña esperanza.
— ¿Ni siquiera lo vas a negar? —la chica preguntó en un susurro y él negó con la cabeza.
—Yo nunca miento, Catherine. No me parece que merezca la pena. Sí, te contraté para
atrapar a Turner. Sabía quién estaba sacando información, pero él era demasiado hábil para caer
en una trampa ordinaria. Sabía muy bien que de Judith no obtendría algo. Ella era mayor y
mucho más fuerte. Luego apareciste tú como regalo del cielo. Eras hermosa, inocente y sin
ninguna experiencia. Sabía que se iría detrás de ti y lo hizo.
—Qué lástima que no me lo hayas dicho —comentó ella con amargura—. Pude haberle
dicho las cosas correctas.
—No. Apenas llevaba unos días de conocerte cuando me di cuenta de mi error. Atraparte
fue fácil, Catherine, sólo tenía que amenazarte con lo de tu hermano y habrías caminado sobre
el fuego.
—Y tú me lo permitiste. ¿Por qué no te deshiciste simplemente de mí cuando te percataste
de que era demasiado estúpida para darle información a nadie?
—Estúpida no, Cathy. Leal. Aun cuando estabas bajo amenaza me respaldaste. En cuanto a
deshacerme de ti, no podía. Desde antes que vinieras a Ravenhall el plan era un fracaso. Ni
siquiera quería pensar en que vieras a Turner. Eras mía.
—También caí en eso, ¿no, señor King? —su inocencia ahora parecía un crimen aun ante
sus propios ojos, y lo miró furiosa.
—Llámame Damon —le advirtió él, pero ella se alejó sin responderle.
Con una rapidez impresionante él la sujetó del brazo y la hizo caer en el sofá.
—Llámame Damon —él repitió con un tono amenazante y sostuvo la cara de ella entre sus
manos.
— ¡No! ¡Eres el señor King, mi exjefe! ¿Por qué tendría que llamarte de otra manera?
—Porque me amas —la mano de él se suavizó mientras le recorría la cara—. Porque eres
mía y no quiero pasar el resto de mi vida escuchando que me llamas de esa manera tan formal.
—No sé lo que quieres decir... —Catherine empezó, pero él la levantó y le acarició la cara
con los labios.
—Sí sabes, Cathy. Sí sabes —Damon habló con voz ronca—. Yo te amo. Te necesito. Si me
dejas te seguiré, porque no tendré otro lugar a dónde ir.
—Irás con Leonie —la chica tenía miedo de creerle—. Siempre vas a ella.
—No —Damon sonrió—. Casi siempre voy con Olive. Ella sabe todo lo de Catherine
Farrell desde hace tiempo. Leonie fue la carnada para ti.
— ¿No fue más bien el arpón en mi espalda? —la joven sintió que estaba muy cómoda en
sus brazos.
—También eso —él rió—. Pensé que nunca me amarías.
— ¡Pero yo no te amo! —Catherine decidió que ya era tiempo de que Damon tuviera
algunas preocupaciones.
— ¡Cathy! —la mano de él volvió a tensarse sobre la cara de ella, y Catherine vio algo en el
fondo de sus ojos que le derritió el corazón. Era ansiedad. Hasta el poderoso Damon King tenía
preocupaciones, y éstas tenían que ver con ella—. ¡Dime!
—Te lo dije anoche —la chica le sonrió—. Pensé que los hechos decían más que las
palabras.
—No me lo recuerdes —Damon rogó con urgencia—. Te quiero ahora, y ese condenado
hermano tuyo regresará pronto —la miró con unos ojos casi suplicantes—. Podría soportar
escuchar las palabras.
—Te amo. ¿Como podría resistir tus métodos siniestros si no fuera así?
— ¡Oh, Cathy! —Damon la acunó en sus brazos enterrando la cara en su cabello—. Nunca
voy a permitir que vuelvan a lastimarte. Te cuidaré toda mi vida.
—Es mucho tiempo —le recordó Catherine y él la miró a los ojos.
—Nunca podrá ser suficiente.
Cuando ella estaba roja por los besos Damon la dejó que tomara aire v le sonrió.
—Tengo que devolverle esas llaves a Robin —murmuró él. —Lo esperaremos. Puedo
preparar té para nosotros.
—No quiero té. Te quiero a ti, y Robin tardará en venir unas dos horas más. Quiero que nos
vayamos a casa. Eso sonaba maravilloso.
—Llámalo a la oficina y dile que vamos a dejarle las llaves en la casa de al lado Damon la
soltó y se dirigió de inmediato al teléfono.
—Una idea brillante en el momento justo. Unos cuantos movimientos sensuales más y la
puerta hubiera tenido que permanecer cerrada hasta mañana.
CUANDO estuvieron de regreso en Ravenhall, una sonriente señora Jarvis sirvió temprano
la cena, y Damon le sonrió a la cara sorprendida de Catherine.
—La señora Jarvis sabía que regresarías. Cuando me contó la terrible historia de tu renuncia
yo le aseguré que sólo estabas de mal humor. Le dije que ibas a regresar esta noche.
—Qué atrevido de su parte en preparar una cena sólo con esa explicación.
—Ella sabe que siempre me salgo con la mía. Tiene un corazón romántico. Mañana estará
comprando una sombrera para la boda.
Catherine no se atrevía a hablar. Todo era tan repentino, tan parecido a un sueño, y cuando
alzó la vista, los ojos de Damon estaban sobre ella.
El no volvió a mencionarlo hasta que estaban en la habitación de él, la casa se encontraba en
silencio.
— ¡Cásate conmigo! —ordenó él—. Cásate conmigo de inmediato.
—Mañana si quieres —Catherine respondió en voz baja al ver de nuevo esa ansiedad en los
ojos de él—. De todos modos, nunca voy a dejarte. Tendrías que correrme.
— ¡Oh, Cathy, Cathy! Te amo — Damon confesó con voz ronca—. Nunca antes he puesto
mi vida en las manos de alguien.
—Eso es lo más seguro —la joven sonrió y él también.
—Lo sé. Pero aunque no lo fuera, no podría evitarlo.
— ¿Por qué yo? —cuando Catherine inquirió, él rió...
—Belleza por fuera y por dentro. Mucha lealtad y un no sé qué, que desafía a toda
descripción.
—Trata —Catherine ordenó y él la tomó en sus brazos con una amplia sonrisa.
—Sólo digamos que te ves más sensual con tu viejo camisón que ninguna otra con un
costoso vestido de noche complementado con diamantes. Viéndolo bien, creo que te quise desde
que te vi por primera vez, pero no estoy acostumbrado a sentimientos como ese. Siempre estoy
en guardia. Me tomó algún tiempo reconocer lo que sentía por ti, y después ya no podía esperar
más para tenerte aquí. Cuando me informaste alegremente que habías estado con Turner, esa
vez podría haberlos estrangulado a los dos, en especial a él.
—Sólo dije eso para que vieras que yo también podía ir a lugares glamorosos. Parece que
Leonie no pensaba que yo fuera interesante.
—Mi amor—Damon murmuró—, ella no sabe lo que es ser interesante. Ni siquiera quería
que desaparecieras dé mi vista.
—Yo pensé que era para que no pudiera darle ninguna información a Robin.
— ¡No! Era mi apetito insaciable de verte. Cuando Turner te dio ese susto casi lo corro al
día siguiente sin ninguna evidencia. Dejarle un ojo morado habría sido mucho más satisfactorio
que despedirlo.
—Podemos olvidamos de él.
—Y de Leonie —repuso Damon—. De ahora en adelante sólo estamos nosotros dos. Sólo la
traje aquí para darte celos.
—Me hiciste sentir miserable. También me hiciste parecer como una tonta cuando te me
atravesaste y me detuviste en la calle.
— ¡Ah! —Damon sonrió divertido—. Te vi en la oficina y pensé que estabas demasiado
elegante para tu propio bien. Llevabas recogido ese hermoso cabello, y con descaro te
enfrentaste a la gente que te entrevistó. Como tuviste el valor de solicitar un puesto no
anunciado, pensé que eras un poco temeraria. Entrabas muy bien en el plan.
— ¡Eso no explica tu actitud irracional en la calle!
—A mí me pareció muy razonable. Te vi volando, tu cabello negro alrededor de esa
hermosa cara, y eso me llegó al corazón. De pronto supe que eras tan inocente como un botón
de rosa recién abierto. Quería abrazarte.
— ¡Pero no me conocías!
—Pretendía hacerlo. Fue entonces cuando decidí seguir mis inclinaciones. Hasta entonces
mis acompañantes habían sido como Leonie, aburridas de la vida y ansiosas de ser ricas. Y ahí
estabas tú, dulce, fresca, encantadora e inocente. Desde ese momento no hubo plan en el que
debieras entrar, excepto en el de ser mía.
— ¿Y Robin? —Catherine indagó después que él la besó con intensidad.
—Va a estar muy ocupado. Con Turner fuera del camino hay lugar para un ascenso. Robin
puede subir un peldaño. Eso le dará más trabajo y lo mantendrá fuera de nuestro camino. Tú vas
a estar demasiado ocupada para consentirlo, y será mejor que se acostumbre a trabajar duro.
Tendrá que alcanzar una posición adecuada para ser el tío de mis hijos.
—Lo sorprendiste muy rápido —Catherine recordó el miedo de Robin y el de ella misma.
—Turner—Damon aclaró cortante—. Fue él quien lo sorprendió, y no me extrañaría que
hubiera estado encubriendo a tu hermano por un tiempo. El sabía que yo estaba en guardia, y
Robin era la persona perfecta para llevarse la culpa. Por fortuna, no pudo engañarme.
—Pero, ¿quién vendió la información sobre Foster and Brown? Pensé - que sólo tú y yo lo
sabíamos.
—Yo fui quien cometió la indiscreción —Damon rió cuando ella emitió un grito de sorpresa
—. Sólo se lo dije a una persona; a uno de los directores. El habla demasiado. Luego seguí el
hilo y fue fascinante. Turner esperaba dar un gran golpe con eso. Lo que pasó fue que muchos
dedos ambiciosos se quemaron.
—Eres muy fiero, ¿no? —Catherine lo miró con cierto temor.
—Duro como las uñas —aceptó Damon divertido—. Hasta que te vi.
MAS tarde esa noche, cuando la chica estaba recostada entre los brazos de Damon, dijo en
voz alta el pensamiento que llevaba en la cabeza desde hacía días.
— ¿Por qué llegaste con Olive y Claven hasta que tenias doce años? Cuéntame de tus
padres, Damon.
Catherine pensó que se pondría tenso, que se apartaría de ella, pero no lo hizo.
—Mis padres murieron, como los tuyos. Pero a diferencia de ti, yo no tenía un abuelo que se
hiciera cargo de mí. Así que me mandaron a un orfanato. Tenía cinco años, y muchos recuerdos.
Supongo que me sentía traicionado. No sé cómo otros niños pueden vivir con cosas como esa,
pero yo me volví difícil. Estuve en muchos hogares adoptivos, pero nadie me soportaba. Yo
tampoco los quería. Pensaba que estaba mejor afuera solo; de esa manera uno no sale lastimado.
—Pero Clive y Olive sí te soportaron.
—Al final —Damon rió—. Pero no antes de que les perturbara sus vidas y causara muchos
problemas en la escuela.
—Ellos te aman.
—Eso lo acepté poco a poco. Entonces las cosas cambiaron, pero todavía soy una persona
extraña, Cathy.
Damon la miró con cierta preocupación; ella le sonrió.
—Siempre he tenido una urgencia extraña de protegerte —reveló ella—. Aunque me dabas
miedo quería protegerte.
—Mi ángel privado —la acercó más y puso los labios sobre su cabello—. ¿Seguirás
sintiendo lo mismo?
—Mientras siga amándote, y en eso estamos de acuerdo que será para siempre.
Damon la besó con intensidad antes de apagar la luz y tomarla en sus brazos.
—Ya son casi las tres de la mañana —murmuró él—. Tenemos que dormir, mi amor.
Mañana tengo que conquistar mundos.
—Mañana puedes tomarte el día libre. —Catherine le rodeó el cuello con los brazos—.
Tenemos que hacer nuestros propios planes. Cancelaré tus citas y la ciudad puede aguantarse la
respiración.
—Sí, señorita Farrell —Damon susurró buscando sus labios—. En ese caso no necesito
dormir. Mañana puedes encargarte de todo; en este momento seguiré mis inclinaciones.
Catherine sonrió y se movió ansiosa contra él. Podía sentir a su alrededor la paz de
Ravenhall; los brazos de Damon la tomaron. Al otro día planearían una nueva vida maravillosa,
pero todavía faltaba mucho para eso,
—Te amo —aseguró Damon contra los labios de la chica, y Catherine supo que era verdad.
Los problemas habían terminado. Sus fantasías se volvían realidad. Un ser poderoso la
abrazaba, la rodeaba de amor, y eso nunca iba a terminar.

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