La contemplación, el método más eficaz para arribar a la paz.
Héctor Rosas
La oración contemplativa, una maravilla del catolicismo. Aunque a la vez una maravilla
poco conocida. Los Sacerdotes no la enseñan, y muchos laicos creen que consite solo en
orar “calladitos” y sin movernos mucho, ¡pero cualquiera hace eso!
Jesús dijo “al orar no estéis habla y habla” (Mt. 6,7), de ahí surge la contempalcion, pero le
hicimos muy poco caso. Un alma que habla mucho no descansa ni permite de Dios
descanse en ella. La voz de Dios es muy bajita, solo las almas recogidas en silencio la
escuchan. Jesús acostumbraba orar toda la noche en un lugar solitario. Y la Virgen María
en el Magníficat alaba centrada en las maravillas de Dios, no en Ella, Jesus y María eran
contemplativos, ese era su gran “secreto” y la clave de su gran fortaleza, paz y paciencia.
Esto es lo que enseña la Iglesia:“La oración contemplativa es el tiempo fuerte de la
oración”. (CIC, 2714). Si, ¡es el tiempo más fuerte! Si el católico la conociera no practicaría
ni yoga ni meditaciones narcisistas que distorsionan a Dios. Pero como en la Iglesia no se
promueve esta oración, la iglesia y la ciudad están infestadas de gurus y de Nueva Era.
Todos buscan la paz, pero por no saber guardar silencio no tienen paz.
¿QUÉ ES CONTEMPLAR? No es lo mismo mirar que contemplar, pues no es lo mismo ver
una flor que contemplar una flor. Muchos pueden orar sin hacer ruido externo, pero por
dentro la mayoria, en ese falso silencio, están lleno de ruidos y de si mismos, no de Dios.
Un santo decía: “al orar yo lo miro y el me mira”, sí, sé que esta es una frase muy
conocida, pero en la práctica al orar esto es lo que sucede: casi todos no miramos a Dios,
¡miramos solo lo que necesitamos de Dios! ¡O miramos solo nuestras dudas! Y aún más,
buscar en el Señor solo nuestra paz y descanso todavía es pensar más en nosotros que en
Dios... y en eso todavía hay mucho egoismo, la contemplacion te libera del egoismo y del
narcicismo.
Contemplar viene del hebreo ָ( ָחזהjatzah) que significa mirar, contemplar (con placer). Un
sinónimo de contemplar es ADMIRAR. Admirar es DELEITARSE EN ALGO, EN DIOS
Llevamos en el alma capacidades místicas que están dormidas por falta de ascécis, y sobre
todo, por falta de entrenamiento. Hay una regla espiritual: entre más crece tu intimidad
con Dios menos palabras usas. La mayoría de nosotros, sin lecturas, sin rosarios, sin
cantos, y sin solo pedir y pedir no sabríamos qué más hacer al orar: “¿y ahora que digo?”.
Las lecturas piadosas no deben abarcar tanto tiempo.
¿Qué pensarías de una mujer que estando con su amado solo le leyera las cartas de amor
escritas por otro o solo le pidiera cosas y después se retirara de ahí sin escuchar lo que él
quiere decirle, sin darle algo, y sin solo disfrutar estar con él? Ese amado es Jesús.
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Contemplar no es lo mismo que meditar. En la meditación hay más palabras y más
movimiento mental. Al contemplar puedes meditar, pero esa no es la constante.
El error es que muchos utilizan la contemplación para centrarse en sí mismos, y en buscar
solo “su plenitud”. Contemplar es no centrarte en ti mismo sino en el Poder y en la belleza
de Dios. Tú solo puedes contemplar una hermosa pintura si dejas de pensar en ti. La
oracion contemplativa te saca de ti, la contemplación es el olvido del yo al orar.
Sin contemplación es casi imposible la santidad. No recuerdo a un solo santo que no haya
sido contemplativo. “Los verdaderos libertadores fueron aquellos capaces de resistir la
mirada de Dios en el silencio y la soledad, y, por cierto, no un Dios de emociones y
golosinas, sino un Dios que es aquel que incomoda, desinstala y empuja al adorador por la
pendiente de la paciencia y de la humildad. Si la contemplación no logra estos efectos,
será cualquier cosa menos oración”. Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu rostro.
Hoy en la Iglesia no se sabe qué hacer con el silencio (incluso frente al Santísimo), y por
eso nos refugiamos solo en cantos, en repeticiones y en rosarios. Solo un pequeño resto
soporta el silencio (silencio no es solo orar sin hablar, hay que silenciar tambien la mente).
Y si logras esto y silencias tu “yo” tarde o temprano aparecerán anti ti el bellísimo “rostro”
y la sonrisa de Dios, que te dirá: ¡¡Aquí estoy!!! Bienaventurado tú que perseveraste
Quizá dirás, lo entiendo; pero voy poco a poco, y ahora lo que más necesito es saber tener
paciencia, dominar mis pasiones, amar, resolver mis dudas..., hermano, ¿y cómo lo vas a
lograr sin tener, además de la gracia, la sabiduría y la paz en tu alma? ¡Imposible!
El contemplador debe orar al menos una hora. Contemplar no es para el que tiene tiempo,
es para el que desea aprovechar mejor el tiempo. Alguien dirá “hay que equilibrar accion y
oración”, pero equilibrio no es orar veinte minutos y trabajar diez horas. La contemplació,
lo dijo Jesús, es escoger “la mejor parte”, y es más eficaz que saturarte de apostolados.
“Un rato de adoración tiene más valor y fruto espiritual que, incluso la más intensa
actividad apostólica”. (Documento de Puebla, 529).
Contemplar es renunciar a mí. El Catecismo lo resume bien: “La contemplación es una
mirada de fe a Jesús, y esta atención es un renuncia a mí” (CIC, 2715). El que al orar se
centra en sí mismo y en sus deseos no es en verdad un contemplativo. Nuestras
“humildes” suplicas en general se reducen a pedir y a pedir cosas. El contemplativo al
inicio tambien pide, pero luego ya no se centra ni siquiera en buscar “su paz”, el
contemplativo busca solo en Dios, renuncia a sus deseos de importancia olvidarse de sí
mismo.
Contemplar es negarme a mí mismo al orar. Un momento: ¿Entonces no debo hablarle a
Dios de mis cosas? Sí, si no es a Dios, ¿a quién? Desahógate, pero tarde o temprano debes
dar un salto de fe, Dios proveerá. Olvídate pronto de ti.
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La oración contemplativa o la de quietud hazlas de preferencia ante el Sagrario, sin cantos,
o al inicio solo uno o dos de adoración, después dedica la mayor parte (al menso 40
minutos) del tiempo al silencio, no contigo sino con Dios.
Al inicio los resultados serán escasos o nulos en apariencia, sentirás perder el tiempo, no
te desalientes. Yo leí sobre la contemplación hace aproximadmnate veinte años, pero
como solo la “comprendí” y no perseveré, me perdí de veinte años de paz, sabiduría y
gozo.
Casi nadie llega a la unión Dios con solo veinte minutos, no puedes en automático venir
del trabajo, desconectarte pronto del ruido mental y del mundo, y llegar a la quietud, un
amasijo de recuerdos, personas, y tensiones se cruzarán en tu mente y te lo impedirán.
¿Cómo iniciar la sesión de oración? Hacer esto no es todavía iniciar a contemplar, pero
debe hacerse, inicia como debe iniciar toda oración: pide perdón por tus ofensas a Dios y
al prójimo, “antes de presentar tu ofrenda reconcíliate” (Mt. 5,24). Di tus pecados, ponles
el nombre justo, duélete por ellos y por haber herido a Jesús.
Y después da gracias (pero no al universo, ni a ángeles “de luz”, sino a Dios), y da gracias
por todo, no solo por lo bueno. Agradece la Cruz, agradece los desprecios, agrade el sol,
bendice tus limitaciones, bendice tus heridas, agradece tus fracasos y tus triunfos.
Ahora inicia,todavía no a contemplar, si no a buscar la quietud. Dijo Jesús: “antes de orar
entra en tu cuarto y cierra la puerta”, cierra la puerta de tu mente, apaga los ruidos, suelta
las tensiones, esto te lleva a veces media hora. Adopta una postura cómoda, y después de
ella ya no te muevas mucho, descansa, suelta todo, ten paz. La inmovilidad física ayuda a
la inmovilidad mental. Deja que los recuerdos se vayan apagando, no pienses...descansa...
quédate en paz. Dile cariñosamente a tu cerebro: ten paz....descansa..., hazlo entre largas
pausas, no pases a lo siguiente hasta que tu mente esté serena. Los motores y las moscas
zumbarán, los gritos seguirán; desliga tu atención de ellos, déjalos ser.
Pasa ahora a sosegar tu cuerpo. Si sientes tensión, por ejemplo en la espalda, dile
cariñosamente: ten paz... descansa... descansa. Y no pases al siguiente momento si la
espalda no se relajó mucho más. Desde que iniciaste ya pasaron al menos veinte minutos,
y aun no inicia la contemplación, ¿ahora ves por qué que veinte minutos son muy pocos?
Primeros pasas al contemplar. Descansa, quédate en paz, dejando todo lo que te
preocupa, piensa solo en Dios, en agradarlo, ama y déjate amar, sin narcisismos, sin
exigencias, permite que Dios descanse en ti de todo el desamor que recibe.
Un signo de que se avanzas en la contemplación es que no querrás hacer ni el más
mínimo movimiento corporal. Entrarás en una quietud increíble, extrema y dulce; pero
no te confundas, esto no es en nada comparable con la simple calma y que ya conoces.
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Abandónate en Dios, y si te distraes vuelve a centrarte, permanece como un esclavo
contento a los pies de su Señor, alegre solo de tu Señor...solo Dios...solo Dios.
Pero si ese día te sientes necesitado de amor mejor sé un hijo, levanta los brazos al Padre:
dile: ¡Abbá!, ¡papito querido! y recuéstate en Él.
Sabes que empiezas a contemplar cuando quedas atento solo a Dios, en una quietud
extrema y dulce, sin quere hacer el más mínimo movimeinto corporal, ni siquiera el de
una pestaña, solo estar como quien ama y se siente amado.
He insistido en que al orar te olvides de ti, pero hay algo que no he dicho: Cuando te
olvidas de ti, y ya no ansias tanto ni siquiera “sentir a Dios”, y ni siquiera buscas tu paz
sino agradar a Dios, cuando le entregas tus apegos y no rehúyes tu Cruz sino la abrazas, en
momentos de gracia el gozo más indescriptible llegará... sentirás la vida estallar por todo
tu ser. La contemplación es como tener el Cielo en tu pecho, sentirás en ti correr ríos de
agua viva pero serena; no encuentro palabras mejores para describirlo... esas palabras no
existen.
Y al final solo quedaras adorando, maravillado, y muy de vez en cuando repitiendo entre
largas pausas: “Nadie como Dios”...“¡Solo Dios!”... “Solo Dios”...“¡Jesús!”... “Jesús”, al que
esto entiende esto le basta, al orar este dialogo amoroso lo llena todo.
Esta es la clave: El contemplativo al orar al final descubre siempre esta verdad: sus penas,
la mayoría son solo egoísmos suyos, y sus alegrías en general son solo vanidades.
Muchos santos llegaron hasta el arrobamiento, pero eso depende de Dios y no de ti, sé
feliz con lo que Él permita. No siempre podrás llegar a contemplar, pero la oración de
quietud ya es un una antesala, y el querer estar solo con Dios ya es un buen inicio.
La oración contemplativa es como el saboreo anticipado de la dicha eterna, es la alegría
insondable de los hijos de Dios. Al que persevere, aunque transcurran meses en
momentos de gracia le vendrá un gozo y dulzura indescriptibles que lo extasiarán.
¿Y en la vida como distinguir al contemplativo? Se vuelve en verdad más empático, es
menos orgulloso, menos ruidoso, huye de las multitudes, de las charlas triviales,piensa
menso en sí mismo, ¡y por eso las cosas le salen mejor! Habla poco pero transmite paz,
sonríe, es callado, pero no es un mutista miedoso, es sereno al hablar, y sabe escuchar. El
contemplativo es un alma serena, pero no por silencioso es distante ni de mirada esquiva.
La contemplación es todo lo opuesto a la tristeza, es la más dulce algarabía del alma. La
contemplación nos libera de la soledad, del orgullo, de nuetros apegos, de la tristeza.
Al orar en quietud o en contemplación
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- El principal enemigo de la contemplación son la inconstancia y el querer “sentir” a Dios
(al principio quizá con grandes esfuerzos habrá pequeños resultados).
- No te detengas ni siquiera en pensar si eres o no humilde, pue así te detienes en ti
- No te detengas en meditar acerca de tu pequeñez, pues así te detienes en ti.
- Contempla, en lugar de tu pequeñez, ¡la grandeza de Dios!
- Contempla, en lugar del poco amor que le das a Dios, el inmmenso amor que Él te
tiene y te muestra a ti.
- Recuerda: contemplar es una mirada admirada a Dios, y es el olvido del yo al orar