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Apl 343

Relato de terror

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juan diego
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La noche del 19 de marzo del 86 será para siempre recordada en la memoria de los

dos…

Mi reloj marcaba las 11:40 cuando esa noche fría pero con un ambiente de fiesta a
folclor palpitante, en las aceras, hordas inmensas de gente adornaban las bellas
calles de la ciudad amurallada, que no daba abasto para poder pensar y guardar
mis anotaciones, salía de un café luego de haber estudiado una serie de
desapariciones cerca del gran transcurrido “centro de la ciudad”, pareciese que
nadie había estado al tanto de tan misteriosas, pero enigmáticas desapariciones,
realmente ya era demasiado tarde para seguir merodeando por las calles de la torre
del reloj, había sido una noche bastante floja, de mis entrevistas solo pude sacar
muy poca información, como anteriormente mencione, todo tiene una sola cosa en
común, cartas, escritos y marcas tipo logos cerca de la zona de los crímenes,
sencillamente algo solo posible para alguien muy enfermo… o muy inteligente?
Después de unos 20 minutos aproximadamente la fiesta apenas comenzaba para
los jóvenes que llegaban a estas zonas a bailar al ritmo de la salsa de los grupos de
los bares de antaño tan propios de esta ciudad, la noche, tan bella como siempre,
tan silenciosa, me llevaba a las cercanía del muelle de los pegasos, donde
sinceramente sin mucho que hacer, me puse a observar mis anotaciones, a mirar el
complejo del misterioso hombre que había dejado letras en cada una de las
escenas, al principio las veía casi banales, pues simples letras no me diría quien
estaba detrás de todo esto, pero, después de un tiempo esas “simples letras”
cobraban mas sentido del que podía pensar, creaban un nombre, hasta la fecha y
los que logre investigar solo habían unas 5 desapariciones, 5 letras, 1 acercamiento
de nombre, un tal “ergio”, faltaba algo más dentro de esas pistas, una letra que
puedo deducir pero que no podría estar seguro hasta llegar al final de este caso, es
algo realmente decepcionante sabiendo la cantidad de personas con esa
terminación que habitan en esta ciudad, cabe recalcar que no soy un gran
investigador, soy nuevo en la fiscalía, algo que no me daba muchas ventajas para
poder hacer algo para erradicar ese problema, un suspiro me hizo saber que ya mi
cuerpo estaba cansado, tal vez mañana será un mejor día.
Al final de mi travesía después de al menos despejar mi vista y desestresar mi
mente, caminar, observar y disfrutar de la buena música al menos sirvieron para
erradicar el fracaso de tal investigación, con mi café en mano y una pulsera brillante
para llevarme de recuerdo, me dirigí finalmente, hacia un pequeño gremio de
taxistas, ya quería descansar, después de todo fueron 10 horas de investigación
ardua, camine durante 10 minutos, y tan solo habían 2 taxis no podía esperar mas
de la hora en la que estaba, tome el primero que vi, pero, algo atrajo a mi un
sentimiento inmenso de duda y desconfianza, era un taxi totalmente polarizado,
media ventanilla abajo, puertas reforzadas, y una placa algo curiosa para lo que
estaba acostumbrado a ver “APL-343” el auto no era de esta ciudad, con tan solo
acercarme, ya podía oír el Beethoven saliendo de la ventanilla, con total precaución
y con un poco de curiosidad, me acerque para acordar un acuerdo para llevarme
hacia mi hogar, podría decir que gran error.
-Hola, buenas noches, señor taxista, ¿disculpe la molestia en que cifra podemos
acordar un viaje hacia crespo?
Me sorprendió en realidad el acento en el que tal hombre misterioso me respondió,
deduje que no era de por aquí.
-SI, claro con mucho gusto acordemos en unos ocho mil pesos.
Antes de abordar el vehículo quise asegurarme de que todo estuviese correcto con
ese hombre, a este punto me producía mucha desconfianza, lo mire, tenia varios
rasgos faciales ocultos, por ejemplo, sus ojos, para ser las 12:10 de la noche no era
muy normal llevar gafas de sol, vencí mi miedo y me decidí a abordar aquel vehículo,
casi al instante, aquel taxista, empezó a sacarme conversación, me pregunto sobre
mi trabajo, algo que sin dudas me puso un poco feliz, del hogar donde vine jamás
se me había evidenciado esa curiosidad en mí, un error que cometo a veces, es
hablar de más, o como dirían, un bocón, le comente que era un investigador, que
estaba por aquí, investigando aquellas desapariciones empezadas en el 85, aquel
hombre, parecía un poco perplejo, supuse, atontadamente, que era por admiración,
creo que el egocentrismo nunca lo perdí, luego, el mismo hombre me preguntaría.
- ¿Puede usted contarme más de aquellas desapariciones?
Con un tono la verdad un poco aterradora, le conté que hace ya unos cuantos meses
específicamente 7 había empezado una ola de desapariciones que dejaban en
aquellas escenas algunos fragmentos pistas que, para mí, quería decir que quería
que lo atrapasen o al menos era alguien enfermo queriendo ser famoso, su risa
produjo en mi mas deseo de saber mas de aquel hombre que se mostraba “curioso”.
Faltaban al menos unos 20 minutos para llegar a mi casa cuando todo se torno mas
aterrador, en una curva tomada forzosamente, mis papeles junto a mi identificación
cayeron de mi bolso hacia al lado de aquel conductor, con mucha nobleza tan
característica de aquel hombre, freno en un terreno que seria vendido para la
construcción de un complejo de casas, le pedí disculpas por el percance. Y al tomar
mi identificación, se le pudo ver una expresión, algo extraña, leyó mi nombre en voz
alta con las palabras seguidas
- Bonito nombre, Saul Giménez, uno de mis pasajeros tenía algo en común contigo.
Risa entre dientes
Aquellas palabras acompañarían a mis pensamientos por lo que quedaba del viaje,
aquel hombre se mostraba cada vez mas oscuro, ya no sonreía, ni tampoco miraba
con aquel optimismo que, al inicio, sus ojos, cubiertos por aquellas gafas de sol que
dejaban ver algo de sus ojos color marrón, dejaban ver una mirada tétrica, reflejo
de su alma vacía, sus manos al volante, presionando más fuerte mientras en la radio
se escuchaba “El trino del diablo” que contaba la historia de Giuseppe Tartini, un
violinista que después de su encuentro con el diablo luego de un sueño, intento
recrear la melodía con la que el diablo de una manera magistral habría tocado aquel
violín, se dice que luego Tartini habría hecho un pacto con el diablo, para tocar
aquella nota y para ser el mejor violín de todos. Sin mirarme, pero con la voz fría y
sin expresión menciono las palabras que produjeron en mí, la sensación más
profunda de terror y miedo que alguna vez pude presenciar.
- Saul, la melodía que estas escuchando, es el trino del diablo, soy violinista, el
mejor de todos, pero sabes, para llegar al éxito siempre hay que sacrificar algo de
más, se quién eres, siempre lo supe, como también se que te quieres interponer en
mis planes, pero, después de oír esta melodía, quiero que sepas que tu destino será
igual que las ultimas 5 personas que “investigaste” déjame decirte que jamás
debiste meterte, donde no te han llamado, siento lastima por ti, se que eras nuevo,
pero, todos los actos al igual que el éxito, tienen sus consecuencias, gracias por
completar la secuencia corriste con la mala suerte de tener la inicial de mi nombre,
Saul.
Automáticamente mi reacción fue salir del automóvil, sin importar, que el automóvil
este aun en movimiento, corrí, corrí lo mas que pude, mis piernas adoloridas por la
caída no daban más que para correr despavorido, sabía que si me atrapaba no
habría vuelta atrás. Mi respiración entre cortada por los sollozos más puros e
inconsolables, comprometían mi ser, caí en un matorral, me abstuve de gritar, pero
su voz, seca, tétrica y sin expresión se acercaba más y más, sin poder respirar, mire
hacia la arbolada que me escondía, quise ver la hora, pero mi reloj, hecho pedazos
por la caída solo marcaba la hora en la que comenzó mi fin, el tal Sergio, con
escopeta en mano, balbuceaba a lo lejos, a detalle, mi destino, si tan solo no hubiese
aceptado esa invitación al caso, mi ego por ser respetado y aclamado en esa
estación me consumieron, o tal vez solo fue mala suerte, en ese momento no tenía
tiempo para pensar y entonces, al voltear, la cara sonrientemente tétrica de aquel
Sergio en su estado más psicótico me decía “Debiste haberte quitado esa estúpida
pulsera…” y el sonido metálico de los perdigones, no alarmo a nadie, no llamo a
nadie, no se supo, no se escuchó, nadie salió, ni mucho menos alguien supo que
ese sería el último viaje que tomaría aquel Saul…-
¿Quién estará llamando a esta hora?, es demasiado tarde.

Voz masculina
- Sergio, como estamos? Lamento si te interrumpí ya sabes la hora y el lugar
- ¡Claro! Muelle de los pegasos el mismo motor andante, espero y haya más
gente esta vez.
Risa Fingida
Oh, querido Saul, fuiste el más difícil, pero tranquilo, tu legado esta igual de
escrito que los demás contribuyentes, algún libro escribiré con tu historia.

Pero alguien tiene otro concierto que tocar…

FIN

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