La Casa de la Rosa Plateada: Drama Regional
La Casa de la Rosa Plateada: Drama Regional
Prefacio al director
Esta «Casa de la rosa plateada» conforma la primera parte de un ciclo de tres, cada
una de ellas una obra independiente y todas formando parte de un concepto de la puesta
en escena como puesta en ámbito de las complejidades de la región geográfica con los
tres idiomas del área en la que se desarrolla la acción. El espacio ficticio-espacio escénico
configura una topología simbólica donde se desplazan los mundos correntino, paraguayo y
afro-brasileño. Frente a frente dos formas de vida: la desprejuiciada vida dionisíaca del
Brasil dialogando con el acerado virtuosismo criollo patriarcal. El escenario se transforma
en un campo de análisis para cuestionar en profundidad el valor de normas y
convenciones sociales persiguiendo la felicidad humana. Las ideas se entrecruzan con los
idiomas: el guaraní, el español y el portugués dialogan en un momento de la obra según
los personajes y sus procedencias.
Marco histórico
Hacia los años de 1670-1680 se viven climas de tumultos políticos en la provincia de
Corrientes (Argentina). El 4-4-1763 tropas del ejército apoyadas por el descontento
popular deponen a un gobierno autocrático para erigir el primer gobierno popular en
Corrientes. Es la Revolución de los Comuneros, espejo de la de Asunción y uno de los
antecedentes de la Revolución de Mayo. La acción de la obra se desarrolla en Ituzaingó,
provincia de Corrientes frente a Pilar (Paraguay) y cerca de la frontera con Brasil que en
ese tiempo aún no estaba muy bien delimitada.
Toda la obra está llena de música sin ser una comedia musical. Temas cantados,
instrumentales donde predominan ritmos afrobrasileros y danzas que, lejos de ser un
elemento complementario, es el elemento identificador para algunos personajes, como el
de Aparecida.
PERSONAJES
SAN RAMÓN NONATO, sólo el rostro del actor; el actor puede cumplir después otros
papeles.
SANTA ISABEL, sólo el rostro de la actriz; la actriz puede cumplir después otros
papeles.
ANGÉLICA ASUNCIÓN QUINTERO, mujer de 40 a 50 años, correntina, vive en San
Cosme, cerca de Corrientes.
ÁGUEDA DEL SAGRADO CORAZÓN, adolescente 15-17 años.
Nuncio oficial, el actor puede cumplir después otros papeles.
MANUEL VENTURA, esposo de ANGÉLICA, correntino 40 a 50 años.
EGIDIA PONSILLO, paraguaya, vecina de ANGÉLICA, habla guaraní solamente
aunque entiende el español.
ILUMINADA RIQUELME, madama de un lupanar de Livramento (Brasil) habla
portugués, 50-60 años.
Cónsul 1 de Iluminada, negro o mulato habla portugués.
Cónsul 2 de Iluminada, ídem habla portugués.
APARECIDA DEL MAR, doncella, debe saber bailar.
Putas del cortejo de Iluminada, hablan portugués.
LIBORIA, vecina de ANGÉLICA, 50 años.
GAVINA, vecina de ANGÉLICA, 50 años.
Ambientación
La obra puede ser funcional; las distintas ambientaciones serán sugeridas con el
mínimo de elementos móviles: una mesa y tres sillas bastan para armar un comedor. Los
elementos se irán quitando y agregando a medida que entran y salen los mismos
personajes. Uno trae una silla, otros dos la mesa, y se van llevando los elementos cuando
hacen sus salidas previas al cambio de ámbito. Todo con mucha agilidad.
La casa de la rosa plateada 2 Alejandro Maciel
Preludio
ANGÉLICA está arrodillada rezando frente a una mesita con imágenes, flores y velas
en el centro de la escena. En proscenio, en cada lateral hay practicables con las figuras de
San Ramón pintada dejando un hueco para la cara del actor y en el otro el de Santa
Isabel que permanecen en penumbras hasta que intervienen. Al inicio a toda orquesta el
¡Aleluia! Del «Mesías» de Haendel que empieza a decrecer mientras la luz gana espacio y
se ve a ANGÉLICA encendiendo las velas y después arrodillándose, en camisón blanco y
largo, de época.
ANGÉLICA - [...] así como nosotros perdonamos.A nuestros deudores. Y no nos dejes
caer [...] (Se queda callada, cambia el tono de la plegaria a uno coloquial.) Aquí, entre
nosotros mi Dios quiero preguntarte: ¿por qué no puedo tener un hijo o una hija? Yo no
soy una sargenta como doña Aparicia que tiene al marido saltando como soldado. No
hablo mal del prójimo. Voy a misa, me rezo toditas las novenas habidas y por haber,
lustro tu altar en la iglesia, le cambio las flores a la Virgen... (Se escuchan campanas,
vuelve el tono de oración.) Y no nos dejes caer en la tentación. Y líbranos del mal.
Amén. Santa Isabel de las descendencias, ruega por nosotros. San Ramón de los
partos, ruega por nosotros. (Se pone súbitamente de pie y grita.) ¡Quiero tener hijos!
(Apagón, se enciende el proscenio con los santos con cara de dolor de oídos.)
SAN RAMÓN -¿Escuchaste?
SANTA ISABEL -Hasta los sordos habrán escuchado, hombre.
SAN RAMÓN -Está desesperada.
SANTA ISABEL -Sí.
SAN RAMÓN -Hay que hacer algo.
SANTA ISABEL -¿Qué?
SAN RAMÓN -No sé, algún milagrito, está pidiendo hijos desde hace 20 años. Ya es
hora...
SANTA ISABEL -¿Hora de qué? ¡No estarás pensando en un embarazo! ¡Tiene como 50
años!!!
SAN RAMÓN -Por eso dije «milagro»; lo otro, podría habérselo hecho el marido sin
nuestra ayuda...
SANTA ISABEL -Eso, más que ayuda es tontería. ¿Dónde se ha visto, embarazada a
los 50?
SAN RAMÓN -En tu casa, querida... ¿cuántos años tenías cuando quedaste
embarazada de Juancito?
SANTA ISABEL -Esteee, por ahí... una mujer jamás dice la edad. (Molesta.) Deberías
saberlo, pero claro, te criaste entre hombres, ¿qué más te puedo exigir?
SAN RAMÓN -Hay que ayudarla.
SANTA ISABEL -Sí.
SAN RAMÓN -Darle fertilidad.
SANTA ISABEL -No.
SAN RAMÓN -¿Por qué no?
SANTA ISABEL -¿Un bebé con ese marido?
SAN RAMÓN -¡Es un hijo de...!
SANTA ISABEL -¡Cuidado! Soy una dama, y santa además.
SAN RAMÓN -Disculpe. ¿Qué pasó con todo el amor que se tenían?
SANTA ISABEL -Se habrá ahogado en el alcohol: el fulano es una esponja.
SAN RAMÓN -Cierto: vino, cerveza, caña...
SANTA ISABEL -moscato, clarete, tinto...
SAN RAMÓN -embarazo, no.
SANTA ISABEL -Pensemos otra cosa…
SAN RAMÓN -¡No estarás pensando mandarle un perro!, ¿no?
La casa de la rosa plateada 3 Alejandro Maciel
SANTA ISABEL -No, hombre. Otra cosa… los bebés son problemáticos: biberones,
chupetes, pañales descartables.
SAN RAMÓN -Insomnio.
SANTA ISABEL -¿Por qué no mandarle una hijita de 15 años?
SAN RAMÓN -(Arma jaleo.) Pero, ¿estás soñando? ¿No era que queríamos ahorrarle
quebrantos a la prójima? ¿Hay algo más problemático que un adolescente, sea hombre,
mujer, animal o planta?
SANTA ISABEL -Calma, hombre, si me dejaras terminar…
SAN RAMÓN -¡Pero es una locura!
SANTA ISABEL -(Alzando la voz.) ¡Que me dejes terminar! Estoy pensando en una
muchachita que justo en estos momentos necesita una mamá porque está sola y
perdida. ¿Qué me contás?
SAN RAMÓN -Perdón, yo nada sabía… ¿y dónde se perdió? (Con cierta duda en la
voz.)
SANTA ISABEL -(Algo molesta, rehuye responder.) Estee, por ahí. Venía huyendo
porque se escapó.
SAN RAMÓN -¿De la casa?
SANTA ISABEL -No, precisamente. No tiene casa.
SAN RAMÓN -¿Y la mamá?
SANTA ISABEL -Es… huerfanita.
SAN RAMÓN -Ah, pobrecita, ¿y de quién se escapó?
SANTA ISABEL -(Le cuesta decirlo.) De Iluminada Riquelme, vivía en el Brasil y se
escapó, ¿algo más quiere saber el señor?
SAN RAMÓN -Entiendo… la tal Iluminosa es una tía, o una parienta.
SANTA ISABEL -(Incómoda.) No, no es la tía.
SAN RAMÓN -¿Una amiga de la familia?
SANTA ISABEL -Tampoco.
SAN RAMÓN -¿Y quién es entonces?
SANTA ISABEL -Una… señora.
SAN RAMÓN -¿Y a qué se dedica la «señora»?
SANTA ISABEL -Ah, eso no sé, yo no me meto en la vida ajena.
SAN RAMÓN -(Siempre desconfiado.) Bueno, terminemos con los problemas…
vamos a concederle esa hija de 16 años aunque yo no sepa quién es la tal Iluminosa...
SANTA ISABEL -Iluminada.
SAN RAMÓN -Iluminada Riquelme ni a qué se dedica ni…
SANTA ISABEL -Ya. Así sea. Amén. Gloria a Dios.
SAN RAMÓN -Gloria.
(De nuevo el Aleluia de Haendel y se apaga la luz sobre los dos santos… desde un
rincón aparece ÁGUEDA que puede venir desde platea y avanza hacia el escenario en
tanto se cambia el mobiliario para armar la sala de la casa de ANGÉLICA: dos mesas,
una más grande en centro de escena y otra menor a un costado. Tres sillas cada una.
Todo rústico como se puede esperar del ámbito rural. Cuelga un cuadro, un retrato de
rostro severo mal pintado. Accesorios, ÁGUEDA llega a escena donde todavía está
rezando ANGÉLICA y golpea las manos.)
ÁGUEDA - Ave María. ¿Quién? (Entra a la casa, miedosa.) Señora buena (Le dice a
ANGÉLICA.) Estoy buscando a (Saca un papel arrugado del bolsillo.) Mi-ca-ela Se-
queira. O Ama-ro Araú-jo, ¿sabe dónde viven? Estoy muy, muy cansada señora..
(Suspira hondo.) me llamo… me vienen persiguiendo, vengo de lejos, el sol está muy
caliente, no me haga nada, soy buenita, téngame lástima por favor. Le pido por Santa
Ana que tiene el manto bordado con estrellas allá en Livramento, para Brasil. Yo… yo
sabía cantar ¿dónde estamos? Yo vengo de Santa Ana do Livramento. Yo siempre
La casa de la rosa plateada 4 Alejandro Maciel
cantaba cuando tardaba en venir Andreo de Villasloas, el que me quiere de aquí hasta
el cielo. (Canta.)
En Santa Ana un pensamiento
Me está buscando bajo mi cama:
En Santa Ana do Livramento.
Sé que me quiere ese bandeirante
Porque en sus ojos tiene mis sueños:
En Santa Ana do Livramento.
Pero que aquellas no eran vidas,
Porque no es vida vivir mintiendo
En Santa Ana do Livramento.
(Termina de cantar se queda callada u se aprieta las sienes, luego cae desvanecida
diciendo.)
ÁGUEDA - ¡Mamá, mamita!
ANGÉLICA -Dios mío. ¿Qué le pasó? (Corre hacia ella.) Ayúdenme por favor. ¿Qué le
pasa? (La arrastra hasta una silla.) A ver hija, qué pasa… tome agua, ayúdenme. Pero
¿a quién le pido ayuda si vivo sola?
(Se apaga la luz y en proscenio aparece el Anunciador.)
ANUNCIADOR -«A los pueblos de la Gobernación de Corrientes, por orden del
Gobernador don Bernardo López de Luján se comunica a los vecinos que desde ahora
se ordena castigar los pecados públicos, los amancebamientos, concubinatos, la gente
suelta que causare escándalo en la vecindad y toda persona que esté viviendo en
pecado a los ojos de todos, en deservicio de Nuestro Señor Jesucristo».
Quedan todos avisados. Jueves de Cuaresma del año del Señor de 1763.
Primer acto
Continuación del preludio, después de la llegada de ÁGUEDA a la casa. Se ilumina la
escena lentamente en la casa de ANGÉLICA, en la mesita del lateral derecho está
MANUEL, solo, en lateral izquierdo en un catre tijera está ÁGUEDA tapada. ANGÉLICA
le pasa linimento en los brazos. MANUEL está tomando vino pero sin exagerar la nota de
borrachera haciendo de ella una caricatura. El director verá el modo de alternar los
diálogos de un lado a otro naturalmente. MANUEL VENTURA es uno de esos borrachines
un poco alegres a los que no le preocuparía si mañana se viniese el mundo abajo.
MANUEL -¿Yo? No, señor, yo no gasto ni un real. Perdí todo por culpa de los curas que
nos mandaron al Chaco a abrir caminos. Le dije a mi mujer: no es mi culpa, ¿qué otra
cosa puedo hacer si me viene la papeleta? Orden del gobernador el teniente don Luján,
dicen. Ella no me creyó porque en boca de mentiroso, lo cierto se hace dudoso. Le miré
directo para que me creyese y le dije: los hombres nacimos para cumplir con la patria.
¿Qué patria?, me dijo ella. (Tono confidente.) Esto es cosa de los jesuítos que están
acomodados con el gobernador. Al final, ellos mandan más que el Gobierno.
ANGÉLICA -Pobrecita mi vida (Arropándola.) Pobre criatura, ¿cómo te animaste a
cruzar tantos peligros por los montes desde Brasil, solita?
ÁGUEDA -No se enoje conmigo.
ANGÉLICA -No me enojo, ¿Cómo te llamas?
ÁGUEDA -Águeda del Cristiano Corazón, señora (La abraza.)
ANGÉLICA -Hoy me dijiste «mamá».
ÁGUEDA -Yo no tuve mamá.
ANGÉLICA -Yo no tuve hija.
ÁGUEDA -No se enoje. Yo estaba en Livramento con Ella.
ANGÉLICA -No me enojo…
ÁGUEDA -Ella me va a buscar cielo y tierra (Miedo.)
ANGÉLICA -¿Quién te va a buscar? No tengas miedo, yo te voy a cuidar (La acaricia.)
mucho.
ÁGUEDA -Ella (Tiembla.) Iluminada Riquelme «La Mandrágora»
La casa de la rosa plateada 5 Alejandro Maciel
ÁGUEDA -Andreo de Villasloas, mi bandeirante que le saca las mejores luces a los oros
de las minas. Cuando él me miró, mamita, yo conocí la vergüenza.
ANGÉLICA -¡Mi ángel se enamoró de un bandeirante!
ÁGUEDA -Sí, sí. (Se abrazan, se ríen.)
ANGÉLICA - ¡Cuando se entere Manuel, tu papá! (Se lo aclara.) Nuestra hija
enamorada de un bandeirante y estamos en guerra con el Brasil. ¡Perfecto!
ÁGUEDA -Pero él no quiere saber nada de guerras.
ANGÉLICA -Será un caballero, ¿no?
ÁGUEDA -El más caballero de los caballeritos.
(Cantando.)
Un trueno que apaga las tormentas
Y alumbra la negrura del camino
Que tiene en las dos manos dibujadas
Dos líneas con mi nombre y mi destino.
Un cielo que me canta primaveras
Aunque asusten las lluvias y los fríos,
Que llora, si me ve llorando:
Un cielo que es de todos porque es mío.
ANGÉLICA -La vida me dio naipes traicioneras
En vez de Rey de oros, Rey de copas
Yo supe hacerme fuerte al sufrimiento,
Mujer para llorar, sobra en la tierra
Y puse mi esperanza en este encuentro.
ÁGUEDA - Sin esos ojos de mi caballero
No quiero otras miradas en mi cuerpo
Te doy mi corazón mi bandeirante
Andreos Villasloas yo te espero.
ANGÉLICA y ÁGUEDA - No existe peor condena en este mundo
Que la de lamentar por lo perdido
A lo que fue: adiós y hasta mañana.
Que acaba de empezar otro camino.
(Cae la luz.)
MANUEL -¿Qué fue del maizal, compadre? Pregúntele a los loros que para eso hablan.
Dejé mi casa, mi campo y me alisté con el cura Cayetano al culo del mundo. El algodón
estaba capullando. Mi mujer me dijo «quiero tener hijos». A la salú de los ausentes.
(Cae la luz.)
(Vuelve la luz a las dos mujeres.)
ÁGUEDA -La Mandrágora es terrible, mamita. Magia Negra. La sombra de diablo.
ANGÉLICA -Sea lo que sea, ahora estamos juntas y no hay diablo que valga. Todos te
vamos a defender (Le hace una trenza en el pelo mientras hablan.) yo, tu papá
Manuel siempre que no esté tomado, tu bandeirante…y ¿cómo va a saber tu Andreos
que estás aquí?
ÁGUEDA -No se aflija, él me va a buscar, le dejé avisado con Raquel.
ANGÉLICA -¿Quién es Raquel?
ÁGUEDA -Otra de las pupilas.
ANGÉLICA -Y ¿cómo lo voy a reconocer si me cruzo con él?
ÁGUEDA -(Se arrodilla en el catre.) Es único. Un milagro, Cuando él habla, el viento se
calla. Si mira la tierra, florecen los pastos, los matorrales largan perfumes. De noche
hay más estrellas por donde él pasa.
ANGÉLICA -Ay, hija, las cosas que te hace decir el sentimiento.
ÁGUEDA -No miento, él es único.
La casa de la rosa plateada 7 Alejandro Maciel
Segundo Acto
En total oscuridad, si hay telón permanecerá cerrado, aparece en proscenio el
ANUNCIADOR que puede ser reemplazado por voz en off también, luego se ilumina de
nuevo la casa de ANGÉLICA con los mismos muebles de antes pero en otro ángulo
como si el espectador hubiese rotado un poco. ANGÉLICA está planchando (plancha de
hierro) y ÁGUEDA ayuda doblando la ropa y acomodándola.
ANUNCIADOR -«Cansados de los abusos de autoridad las milicias correntinas al
mando del sargento Insaurralde mandaron un oficio al cabildo pidiendo en nombre de
los vecinos un cabildo abierto con la presencia de los vecinos para discutir la mejor
forma de gobierno que conviniera a todos ya que la libertad está tan amenazada por el
actual gobierno perverso, el Justicia Mayor y el Jefe de la Guarnición. Corrientes, cinco
de abril de 1763»
ANGÉLICA -Y siempre soñaba, si tenía una hijita para mí, si era varón Manuel lo llevaba
a la chacra no bien caminara. Y así soñaba, ahora tengo una hija moza y no sé qué hacer.
La casa de la rosa plateada 8 Alejandro Maciel
(Alguien llama afuera golpeando las manos y se escucha ¡Ave María!) Sin pecado…. Es mi
comadre Egidia Ponsillo, andá a recibirla hijita, que siempre se tropieza porque no ve muy
bien.
EGIDIA -Mbaéicha pa reikó che comadre. (Cómo está comadre)
ANGÉLICA -Aiko porá, ¿ja ndé? (Estoy bien, ¿y usted?)
EGIDIA -A malicia mi co aurupi aguerecó peteî che pariente a upeagüi ayú ajechá
jaguá. (Estaba diciéndome, ¿acaso no tengo parientes para ir a visitarles?)
ANGÉLICA -¿Ja ndeico reimoá che máa mbaé? (¿Y qué cree que soy yo?)
EGIDIA -Anichéne nde la che pariente. (¡No me digas que usted es mi pariente!)
ANGÉLICA -Ja maemína ndé co jinarae, ¿ja mbaéicha pa reicomí?
(Ah, había sido que usted es mi pariente, ¿Y cómo anda?)
EGIDIA -Ndajaei co jina la aimé poraitereí jina. Jasy co jina pe che acá angué pyjaré
ja ndaquei chugüí. (No ando demasiado bien. Tengo dolores de cabeza que no me dejan
dormir.)
ANGÉLICA -Sí, es muy feo el dolor de cabeza, comadre. Egidia Eremí na che
comadre.
EGIDIA -Eremí na che comadre, ¿moógüi pa renojé pe mitá cuñá poraité?
(Dígame, de dónde sacó esa chica tan linda, comadre?)
ANGÉLICA -Omboú cheve Ñande Yara. (Me envió Nuestro Señor) Me cayó del cielo.
EGIDIA -Y porá itereígüi omboú ndeve. Y gustoitereí ñajendú la oñeé laya ja opurajei
cuaái tereí. (Debe ser, porque es demasiado linda por eso le mandó. Y tiene linda voz
al hablar y al cantar)
ANGÉLICA.- Añe teté co la ereva, comadre. (Es muy cierto lo que usted dice, comadre)
EGIDIA.- Che catú ajá peteí médico ñaná. (Yo sí que fui a un médico yuyero)
ANGÉLICA.- ¿Ja mará? (Y ¿para qué?)
EGIDIA.- Che co ndé comadre nda che membysei ja aipotá ombotú cheve pe che tatú
oimejáicha. (Yo no quiero tener más hijos y le pedía que me cerrara la vagina)
ANGÉLICA.- Anichéne, ja mbaéicha oyapó ndeve, upéa co jasy la ombotú jaguá ndeve .
(¡No me diga! ¿Y cómo hizo?, porque es difícil cerrar la matriz). No se cierra fácil la
matriz.
EGIDIA.- Amombeú ta ndéve mbaichaitepa oyapó chéve. Oyegúy pe che rygué ari ja jeí
la jeía ja upéi che cachí ari. (Le voy a contar que se inclinó
sobre mi panza y rezaba alrededor y después le habló a mi vulva.)
ANGÉLICA.- ¡Jesús!
EGIDIA.- ¿Ja ndé ména mbaéicha oicó? (¿Y su marido, comadre, cómo anda?)
ANGÉLICA.- Ojó guerra jápe. (Se fue a la guerra)
Inglaterra y Brasil son aliados, y cada vez que entran en guerra los brasileros invaden
nuestro territorio.)
EGIDIA.- Ja nde menaico oi ña nde defende jâguâ. (Ah, entonces su marido se fue
para defendernos.)
ANGÉLICA.- Ni más ni menos.
EGIDIA.- ¿Maerâ? (Por qué)
ANGÉLICA.- Porque el comandante iñañái tereí, jaé co petei caraí ya iyedáma. Ja jera
Catani. O mondo militacuerape ombuaty jaguâ vaca cuera o ará jaguâ co cué.
(Porque el comandante es muy malo, es un hombre viejo que se llama
Catani. Y les manda a los milicios a juntar vacas y arar la chacra.)
EGIDIA.- Eana. Ji cuai pa ndo ojoi oñorairojaguâ. (Al final de cuentas, ¿acaso no se
fueron a pelear en la guerra?)
ANGÉLICA.- Ja upéa co la jeía che Manuel. Oré usá como tembiguaicha. Oyequejáma
chugüi gobiernope, oyururé ningó jicuai peteí aty pa guasú Cabildope. (¡Y justo eso es lo
que me dice Manuel! «Nos usan como peones». Ya se quejaron de él al Gobierno e
hicieron una junta en el Cabildo.)
EGIDIA.-¿Ja mbaé tea úpea? Che mondyi ningó. (¿Y qué es eso? Ya me está asustando)
(Se escuchan sones acompasados, música rítmica del leitmotiv de ILUMINADA
RIQUELME que va creciendo, para dar la impresión de ir acercándose, esto en medio
minuto, hasta que el sonido invade toda la escena metiendo susto.)
EGIDIA.- ¿E jendú pa jina aipóva? (Escuchó eso?) (Visiblemente afligida mira
hacia arriba y hacia los lados.)
ANGÉLICA.- Jéê, jaeté cuo peteí tambor. (Sí, parecen tambores)
EGIDIA.- Oimene co jina Ñande Yara ñande moindysé.(¿ Ha de ser Nuestro Señor que
nos quiere reventar!) (Gritando, lo dice, para superar el sonido ambiente.)
ANGÉLICA.- No se asuste, comadre, no es el fin del mundo; han de ser los soldados.
EGIDIA.- No, ndajaéi jicuai. (No, no son ellos) (Desesperada.)
ANGÉLICA.- Mire, comadre
(Señala a un lado donde entra ILUMINADA con todo sus fastos cargada en silla con
palanquín en andas a espaldas de dos negros, refugiada por un sombrillón tipo imperial
que portará una de las pupilas como si fuese una presesión religiosa. El registra verá si
esta comitiva entra por un lateral de escena o por platea, lo que producirá una ruptura
topológica interesante para la puesta de la obra. Otras dos pupilas, portan palmas de
coco o plumas como en los séquitos reales de Egipto. Todos bailan en forma seductora,
lujuriosa. La impresión de ruptura respecto al cuadro anterior doméstico y pacífico debe
ser muy clara: estamos ante dos mundos contrapuestos, el de la virtud casta y el de la
vida indómita con todo su bien y su mal. El clima erótico tiene que impregnar el aire.
Egidia se sobresalta, pregunta a los gritos, ANGÉLICA se mantiene más aplomada y
observa con toda atención, ÁGUEDA no está, ya ha desaparecido cuando las mujeres
hablaban solas.)
EGIDIA.- Ja máapa cova? (¿Qué es eso?)
ANGÉLICA.- No se asuste, comadre.
EGIDIA.- Moógüi pa oú coá gente? (¿De donde viene toda esta gente?)
ANGÉLICA.- Parecen brasileros.
EGIDIA.- (Señalando a ILUMINADA.) Péa oiméne jina la omandáva. (Ésa ha de ser la
que manda.)
ANGÉLICA.- No que muestre miedo comadre.
La casa de la rosa plateada 10 Alejandro Maciel
CORO.- Ahh, as sete pragas Uma maldiçao que ninguem pode soportar.
(Toda la rítmica afro, sensual, entre los negros y las rameras del séquito. APARECIDA
centra todo el baile, mientras ILUMINADA está impávida, con un gesto de meditación,
mirando todo, firme.)
ILUMINADA.- ¿E agora, que me fala? (Exigiendo respuesta.)
ANGÉLICA.- Ya les dije que se vayan.
ILUMINADA.- Pensa um instante. Ode sofer. Ela nao é sua filha.
NEGRO 1.º.- Senhora os sortilegios sao te recibeis.
ANGÉLICA.- No tengo miedo.
ILUMINADA.- Nao tem importança. E forte. Ja vai pedir perdao de foelhos.
ANGÉLICA.- ¡Fuera, carroña! (Apunta, da un tiro al aire.)
ILUMINADA.- (Ordenando.) Sargentos: vamos de aquí.
NEGRO 1.º.- Mau, muito mau…
ILUMINADA.- As sete pragas (Señalando a ANGÉLICA.) para vocé.
NEGRO 1.º.- Mau muito mau; neguinho fala pra seu bien.
ILUMINADA.- ¡Vamos!
(Golpea las palmas y sale la comitiva, ruidosamente como llegó. Todo este desarrollo debe
ser ágil y rítmico desde que llega Iluminada, el intercambio con ANGÉLICA, los
insultos.)
(Silencio total cuando se van. Quedan solas las dos mujeres sin saber qué decir.)
EGIDIA.- ¿Máaico coáva gente cuera? (¿Quiénes son esas gentes?)
ANGÉLICA.- (Queda preocupada y abrazada a su arma.) Mala gente, comadre. Co añá
memby. Péa jina jaé (Esos hijos del mal, ella es la dueña de un quilombo…) La
Mandrágora, dueña de un quilombo en Livramento. Me quiere sacar a Aguedita.
EGIDIA.- Anichéne che comadre (¡No me diga comadre!).
ANGÉLICA.- No se preocupe. Antes me dejaría arrancar los ojos que a mi hija.
ÁGUEDA.- (Apareciendo se abraza a ANGÉLICA.) Tengo miedo.
ANGÉLICA.- ¿Dónde estabas, hija?
ÁGUEDA.- E (Pobrecita, se asustó la muchachita. ¿No tendrás un poquito de toronjil?)
ANGÉLICA.- Vaya, comadre, hágale un té por favor (Sale EGIDIA corriendo.) No te
asustes mi vida.
ÁGUEDA.- (Temblando.) La brujita es malísima y dañina.
ANGÉLICA.- ¿De dónde salió?
ÁGUEDA.- De Pernambuco, la Mandrágora la mandó traer cruzando el serrato. Y en el
camino murió de sed. A los tres días revivió tal como está ahora… livianita como ánima
y mag scuché todo lo que dijo…
EGIDIA.- Angá, oñemondyi la mitá kuña. ¿Erecó pa michimí toronjil? a poderosísima.
ÁNGÉLICA.- Hija: el único poder que hay es el que usted da a los demás. Si usted deja
que el miedo sea más fuerte, una mosca la puede lastimar. No hay que tener miedo, mi
vida.
ÁGUEDA.- Mamita, usted no sabe lo que es. Esa mujer no tiene lástima de nadie.
(Tiembla.)
ANGÉLICA.- Bueno (La acaricia.) Bueno (Mantiene la cabeza de ÁGUEDA en su
regazo acariciándola.) Yo también tengo miedo, pero de algo que está acá, adentro.
(Señala el pecho con el puño cerrado.) He pensado años enteros que cuando tuviese
un hijo ya estaría cumplida por eso, rogaba. Y ahora esa mujer me hizo pensar, ¿para
qué quería un hijo o hija? No sé. Todas las mujeres por acá buscan un hombre, hacen
La casa de la rosa plateada 13 Alejandro Maciel
assoprar esos corpos pra que pegue fogo os espíritus. O desejo. O desejo anuvia a
raçao. ¡Ja veremos quem vence esta batalha entre a virtude e o desejo! (Ríe mientras
va bailando entre los demás.) A ver esses cuadris, esa tetas, eses ventres de seda. ¡A
mover a vida contra as forzas da morte!
(Música del leiv-motiv de Iluminada va creciendo en volumen y agilidad, danzan todos con
las luces que se atenúan hacia el rojo crepuscular, la atmósfera sensual se agita con el
ritmo de tuntunes que laten como corazones. La estética visual debe sugerir el cuadro
orgiástico como una ceremonia, tal como empezó el teatro cuando bajó de los altares
de Dyonisios.)
Venga a nos, Aparecida do Mar. Encante os coraçoes de esta gente. Vamos a devolver o
bem ao bem lutando contra a oscuridade das vidas atadas as estranhas leis de uma
religiao feita de mortos. Vamos a vencer a o fantasma de Deus.
Día 2: «Sala de ensayo» el autor conversa con los personajes. Discuten el planteo del
tema, las distintas alternativas, lo que quiere cada personaje frente a lo que necesita
escribir el autor.
Día 3: «La vida perdurable» finaliza el desarrollo argumental con acotaciones de los
actores, vuelta al tiempo original del siglo XVIII mezclado con el presente ubicuo.
Traducción del final
ILUMINADA.- Gané de nuevo, sargento.
NEGRO 1.º.- Está de suerte, ama.
ILUMINADA.- No sé; esa mujer me pone nerviosa.
NEGRO 1.º.- Nadie puede resistir las plagas. Ni un faraón.
ILUMINADA.- No puedo entender por qué defiende a mi gatita, cuando apenas la
conoce. ¿Y Águeda? Tenía todo con nosotros: vestidos de seda, brazaletes de plata,
collares, sortijas. Y por culpa de ese muerto de hambre renunció a nosotros. ¿Entiende,
sargento, mi indignación? Ella es apenas una gatita trastornada por el Andreos, que es
un pobre diablo; pero yo tengo sesos y pienso en vez de ella.
NEGRO 1.º - A veces la gente se enamora mariscala.
ILUMINADA .¿Amor? (Se ríe.) Ya quiero ver cómo se muere ese amor cuando
falten las monedas. Águeda debe volver con nosotros.
NEGRO 1.º -Pero la mujer ésta está armada y le sobra coraje.
ILUMINADA -A ver, tíreme las cartas y vamos a ver qué nos dice el destino (El
NEGRO baraja y va sacando las cartas.) Reina de espadas: esa mujer me está
desafiando (Golpea las palmas.) Nunca antes nadie me ha desafiado. (APARECIDA
La casa de la rosa plateada 18 Alejandro Maciel
viene bailando o su voz se oye cantar muy fino.) Aparecida, empiece el sortilegio de
los sueños. Muéstrele a esta gente lo que tienen en el corazón, adentro, las pasiones
dormidas de cada uno. Despierte la fiera que tienen adentro. (Música en crescendo
hasta que ILUMINADA se pone de pie, da un bastonazo y dice.) No. No y no. ¿Así que
le sobra coraje?
NEGRO 1.º -A esa mujer le sobra alma, mi señora.
ILUMINADA -Al alma se la vence con el cuerpo. Aquí (Llama a dos de sus
meretrices.) Yo no sé perder. (Invocando.) Aparecida del Mar, mano de Ymanyá,
danos lujuria para inundar la sed de estos corazones. ¡A celebrar todos! Todos.
NEGRO 1.º -¿Qué vamos a celebrar, ama?
ILUMINADA -Que está naciendo «La casa de la rosa plateada» la mansión de los
placeres carnales. Aquí en estos pagos la gente reza mucho pero en los ojos hay fuego.
Vamos a soplar esos cuerpos para que el fuego incendie los espíritus. El deseo. El deseo
que nubla la razón. ¡Vamos a ver quién vence esta batalla entre la virtud y el deseo!
(Ríe mientras va bailando entre los demás.) A ver esas caderas, esas tetas, esos
vientres de seda. ¡A mover la vida contra las fuerzas de la muerte! (Música del leiv-
motiv de ILUMINADA va creciendo en volumen y agilidad, danzan todos con las luces
que se atenúan hacia el rojo crepuscular, la atmósfera sensual se agita con el ritmo de
tuntunes que laten como corazones. La estética visual debe sugerir el cuadro orgiástico
como una ceremonia, tal como empezó el teatro cuando bajó de los altares de
Dyonisios.)
Venga a nos, Aparecida del Mar. Encante los corazones de esta gente. Vamos a devolver
el bien al bien luchando contra la oscuridad de las vidas atadas a las leyes extrañas de
una religión hecha de muertos. Vamos a derrotar al fantasma de Dios.