0% encontró este documento útil (0 votos)
56 vistas18 páginas

La Casa de la Rosa Plateada: Drama Regional

La obra 'La casa de la rosa plateada' de Alejandro Maciel es la primera parte de un ciclo que explora las complejidades culturales de la región de Corrientes, Paraguay y Brasil, utilizando tres idiomas y una ambientación simbólica. Ambientada en el contexto histórico de la Revolución de los Comuneros, la trama se centra en la búsqueda de la felicidad y la fertilidad a través de la interacción de personajes que representan diversas realidades sociales y culturales. La obra destaca por su musicalidad, incorporando ritmos afrobrasileños y danzas que son fundamentales para la identidad de los personajes.

Cargado por

egon
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
56 vistas18 páginas

La Casa de la Rosa Plateada: Drama Regional

La obra 'La casa de la rosa plateada' de Alejandro Maciel es la primera parte de un ciclo que explora las complejidades culturales de la región de Corrientes, Paraguay y Brasil, utilizando tres idiomas y una ambientación simbólica. Ambientada en el contexto histórico de la Revolución de los Comuneros, la trama se centra en la búsqueda de la felicidad y la fertilidad a través de la interacción de personajes que representan diversas realidades sociales y culturales. La obra destaca por su musicalidad, incorporando ritmos afrobrasileños y danzas que son fundamentales para la identidad de los personajes.

Cargado por

egon
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La casa de la rosa plateada 1 Alejandro Maciel

La casa de la rosa plateada


(In memorian: a Marta Quiles, con quien pensamos esta obra)

Prefacio al director
Esta «Casa de la rosa plateada» conforma la primera parte de un ciclo de tres, cada
una de ellas una obra independiente y todas formando parte de un concepto de la puesta
en escena como puesta en ámbito de las complejidades de la región geográfica con los
tres idiomas del área en la que se desarrolla la acción. El espacio ficticio-espacio escénico
configura una topología simbólica donde se desplazan los mundos correntino, paraguayo y
afro-brasileño. Frente a frente dos formas de vida: la desprejuiciada vida dionisíaca del
Brasil dialogando con el acerado virtuosismo criollo patriarcal. El escenario se transforma
en un campo de análisis para cuestionar en profundidad el valor de normas y
convenciones sociales persiguiendo la felicidad humana. Las ideas se entrecruzan con los
idiomas: el guaraní, el español y el portugués dialogan en un momento de la obra según
los personajes y sus procedencias.

Marco histórico
Hacia los años de 1670-1680 se viven climas de tumultos políticos en la provincia de
Corrientes (Argentina). El 4-4-1763 tropas del ejército apoyadas por el descontento
popular deponen a un gobierno autocrático para erigir el primer gobierno popular en
Corrientes. Es la Revolución de los Comuneros, espejo de la de Asunción y uno de los
antecedentes de la Revolución de Mayo. La acción de la obra se desarrolla en Ituzaingó,
provincia de Corrientes frente a Pilar (Paraguay) y cerca de la frontera con Brasil que en
ese tiempo aún no estaba muy bien delimitada.
Toda la obra está llena de música sin ser una comedia musical. Temas cantados,
instrumentales donde predominan ritmos afrobrasileros y danzas que, lejos de ser un
elemento complementario, es el elemento identificador para algunos personajes, como el
de Aparecida.

PERSONAJES
SAN RAMÓN NONATO, sólo el rostro del actor; el actor puede cumplir después otros
papeles.
SANTA ISABEL, sólo el rostro de la actriz; la actriz puede cumplir después otros
papeles.
ANGÉLICA ASUNCIÓN QUINTERO, mujer de 40 a 50 años, correntina, vive en San
Cosme, cerca de Corrientes.
ÁGUEDA DEL SAGRADO CORAZÓN, adolescente 15-17 años.
Nuncio oficial, el actor puede cumplir después otros papeles.
MANUEL VENTURA, esposo de ANGÉLICA, correntino 40 a 50 años.
EGIDIA PONSILLO, paraguaya, vecina de ANGÉLICA, habla guaraní solamente
aunque entiende el español.
ILUMINADA RIQUELME, madama de un lupanar de Livramento (Brasil) habla
portugués, 50-60 años.
Cónsul 1 de Iluminada, negro o mulato habla portugués.
Cónsul 2 de Iluminada, ídem habla portugués.
APARECIDA DEL MAR, doncella, debe saber bailar.
Putas del cortejo de Iluminada, hablan portugués.
LIBORIA, vecina de ANGÉLICA, 50 años.
GAVINA, vecina de ANGÉLICA, 50 años.

Ambientación
La obra puede ser funcional; las distintas ambientaciones serán sugeridas con el
mínimo de elementos móviles: una mesa y tres sillas bastan para armar un comedor. Los
elementos se irán quitando y agregando a medida que entran y salen los mismos
personajes. Uno trae una silla, otros dos la mesa, y se van llevando los elementos cuando
hacen sus salidas previas al cambio de ámbito. Todo con mucha agilidad.
La casa de la rosa plateada 2 Alejandro Maciel

Preludio
ANGÉLICA está arrodillada rezando frente a una mesita con imágenes, flores y velas
en el centro de la escena. En proscenio, en cada lateral hay practicables con las figuras de
San Ramón pintada dejando un hueco para la cara del actor y en el otro el de Santa
Isabel que permanecen en penumbras hasta que intervienen. Al inicio a toda orquesta el
¡Aleluia! Del «Mesías» de Haendel que empieza a decrecer mientras la luz gana espacio y
se ve a ANGÉLICA encendiendo las velas y después arrodillándose, en camisón blanco y
largo, de época.
ANGÉLICA - [...] así como nosotros perdonamos.A nuestros deudores. Y no nos dejes
caer [...] (Se queda callada, cambia el tono de la plegaria a uno coloquial.) Aquí, entre
nosotros mi Dios quiero preguntarte: ¿por qué no puedo tener un hijo o una hija? Yo no
soy una sargenta como doña Aparicia que tiene al marido saltando como soldado. No
hablo mal del prójimo. Voy a misa, me rezo toditas las novenas habidas y por haber,
lustro tu altar en la iglesia, le cambio las flores a la Virgen... (Se escuchan campanas,
vuelve el tono de oración.) Y no nos dejes caer en la tentación. Y líbranos del mal.
Amén. Santa Isabel de las descendencias, ruega por nosotros. San Ramón de los
partos, ruega por nosotros. (Se pone súbitamente de pie y grita.) ¡Quiero tener hijos!
(Apagón, se enciende el proscenio con los santos con cara de dolor de oídos.)
SAN RAMÓN -¿Escuchaste?
SANTA ISABEL -Hasta los sordos habrán escuchado, hombre.
SAN RAMÓN -Está desesperada.
SANTA ISABEL -Sí.
SAN RAMÓN -Hay que hacer algo.
SANTA ISABEL -¿Qué?
SAN RAMÓN -No sé, algún milagrito, está pidiendo hijos desde hace 20 años. Ya es
hora...
SANTA ISABEL -¿Hora de qué? ¡No estarás pensando en un embarazo! ¡Tiene como 50
años!!!
SAN RAMÓN -Por eso dije «milagro»; lo otro, podría habérselo hecho el marido sin
nuestra ayuda...
SANTA ISABEL -Eso, más que ayuda es tontería. ¿Dónde se ha visto, embarazada a
los 50?
SAN RAMÓN -En tu casa, querida... ¿cuántos años tenías cuando quedaste
embarazada de Juancito?
SANTA ISABEL -Esteee, por ahí... una mujer jamás dice la edad. (Molesta.) Deberías
saberlo, pero claro, te criaste entre hombres, ¿qué más te puedo exigir?
SAN RAMÓN -Hay que ayudarla.
SANTA ISABEL -Sí.
SAN RAMÓN -Darle fertilidad.
SANTA ISABEL -No.
SAN RAMÓN -¿Por qué no?
SANTA ISABEL -¿Un bebé con ese marido?
SAN RAMÓN -¡Es un hijo de...!
SANTA ISABEL -¡Cuidado! Soy una dama, y santa además.
SAN RAMÓN -Disculpe. ¿Qué pasó con todo el amor que se tenían?
SANTA ISABEL -Se habrá ahogado en el alcohol: el fulano es una esponja.
SAN RAMÓN -Cierto: vino, cerveza, caña...
SANTA ISABEL -moscato, clarete, tinto...
SAN RAMÓN -embarazo, no.
SANTA ISABEL -Pensemos otra cosa…
SAN RAMÓN -¡No estarás pensando mandarle un perro!, ¿no?
La casa de la rosa plateada 3 Alejandro Maciel

SANTA ISABEL -No, hombre. Otra cosa… los bebés son problemáticos: biberones,
chupetes, pañales descartables.
SAN RAMÓN -Insomnio.
SANTA ISABEL -¿Por qué no mandarle una hijita de 15 años?
SAN RAMÓN -(Arma jaleo.) Pero, ¿estás soñando? ¿No era que queríamos ahorrarle
quebrantos a la prójima? ¿Hay algo más problemático que un adolescente, sea hombre,
mujer, animal o planta?
SANTA ISABEL -Calma, hombre, si me dejaras terminar…
SAN RAMÓN -¡Pero es una locura!
SANTA ISABEL -(Alzando la voz.) ¡Que me dejes terminar! Estoy pensando en una
muchachita que justo en estos momentos necesita una mamá porque está sola y
perdida. ¿Qué me contás?
SAN RAMÓN -Perdón, yo nada sabía… ¿y dónde se perdió? (Con cierta duda en la
voz.)
SANTA ISABEL -(Algo molesta, rehuye responder.) Estee, por ahí. Venía huyendo
porque se escapó.
SAN RAMÓN -¿De la casa?
SANTA ISABEL -No, precisamente. No tiene casa.
SAN RAMÓN -¿Y la mamá?
SANTA ISABEL -Es… huerfanita.
SAN RAMÓN -Ah, pobrecita, ¿y de quién se escapó?
SANTA ISABEL -(Le cuesta decirlo.) De Iluminada Riquelme, vivía en el Brasil y se
escapó, ¿algo más quiere saber el señor?
SAN RAMÓN -Entiendo… la tal Iluminosa es una tía, o una parienta.
SANTA ISABEL -(Incómoda.) No, no es la tía.
SAN RAMÓN -¿Una amiga de la familia?
SANTA ISABEL -Tampoco.
SAN RAMÓN -¿Y quién es entonces?
SANTA ISABEL -Una… señora.
SAN RAMÓN -¿Y a qué se dedica la «señora»?
SANTA ISABEL -Ah, eso no sé, yo no me meto en la vida ajena.
SAN RAMÓN -(Siempre desconfiado.) Bueno, terminemos con los problemas…
vamos a concederle esa hija de 16 años aunque yo no sepa quién es la tal Iluminosa...
SANTA ISABEL -Iluminada.
SAN RAMÓN -Iluminada Riquelme ni a qué se dedica ni…
SANTA ISABEL -Ya. Así sea. Amén. Gloria a Dios.
SAN RAMÓN -Gloria.
(De nuevo el Aleluia de Haendel y se apaga la luz sobre los dos santos… desde un
rincón aparece ÁGUEDA que puede venir desde platea y avanza hacia el escenario en
tanto se cambia el mobiliario para armar la sala de la casa de ANGÉLICA: dos mesas,
una más grande en centro de escena y otra menor a un costado. Tres sillas cada una.
Todo rústico como se puede esperar del ámbito rural. Cuelga un cuadro, un retrato de
rostro severo mal pintado. Accesorios, ÁGUEDA llega a escena donde todavía está
rezando ANGÉLICA y golpea las manos.)
ÁGUEDA - Ave María. ¿Quién? (Entra a la casa, miedosa.) Señora buena (Le dice a
ANGÉLICA.) Estoy buscando a (Saca un papel arrugado del bolsillo.) Mi-ca-ela Se-
queira. O Ama-ro Araú-jo, ¿sabe dónde viven? Estoy muy, muy cansada señora..
(Suspira hondo.) me llamo… me vienen persiguiendo, vengo de lejos, el sol está muy
caliente, no me haga nada, soy buenita, téngame lástima por favor. Le pido por Santa
Ana que tiene el manto bordado con estrellas allá en Livramento, para Brasil. Yo… yo
sabía cantar ¿dónde estamos? Yo vengo de Santa Ana do Livramento. Yo siempre
La casa de la rosa plateada 4 Alejandro Maciel

cantaba cuando tardaba en venir Andreo de Villasloas, el que me quiere de aquí hasta
el cielo. (Canta.)
En Santa Ana un pensamiento
Me está buscando bajo mi cama:
En Santa Ana do Livramento.
Sé que me quiere ese bandeirante
Porque en sus ojos tiene mis sueños:
En Santa Ana do Livramento.
Pero que aquellas no eran vidas,
Porque no es vida vivir mintiendo
En Santa Ana do Livramento.
(Termina de cantar se queda callada u se aprieta las sienes, luego cae desvanecida
diciendo.)
ÁGUEDA - ¡Mamá, mamita!
ANGÉLICA -Dios mío. ¿Qué le pasó? (Corre hacia ella.) Ayúdenme por favor. ¿Qué le
pasa? (La arrastra hasta una silla.) A ver hija, qué pasa… tome agua, ayúdenme. Pero
¿a quién le pido ayuda si vivo sola?
(Se apaga la luz y en proscenio aparece el Anunciador.)
ANUNCIADOR -«A los pueblos de la Gobernación de Corrientes, por orden del
Gobernador don Bernardo López de Luján se comunica a los vecinos que desde ahora
se ordena castigar los pecados públicos, los amancebamientos, concubinatos, la gente
suelta que causare escándalo en la vecindad y toda persona que esté viviendo en
pecado a los ojos de todos, en deservicio de Nuestro Señor Jesucristo».
Quedan todos avisados. Jueves de Cuaresma del año del Señor de 1763.

Primer acto
Continuación del preludio, después de la llegada de ÁGUEDA a la casa. Se ilumina la
escena lentamente en la casa de ANGÉLICA, en la mesita del lateral derecho está
MANUEL, solo, en lateral izquierdo en un catre tijera está ÁGUEDA tapada. ANGÉLICA
le pasa linimento en los brazos. MANUEL está tomando vino pero sin exagerar la nota de
borrachera haciendo de ella una caricatura. El director verá el modo de alternar los
diálogos de un lado a otro naturalmente. MANUEL VENTURA es uno de esos borrachines
un poco alegres a los que no le preocuparía si mañana se viniese el mundo abajo.
MANUEL -¿Yo? No, señor, yo no gasto ni un real. Perdí todo por culpa de los curas que
nos mandaron al Chaco a abrir caminos. Le dije a mi mujer: no es mi culpa, ¿qué otra
cosa puedo hacer si me viene la papeleta? Orden del gobernador el teniente don Luján,
dicen. Ella no me creyó porque en boca de mentiroso, lo cierto se hace dudoso. Le miré
directo para que me creyese y le dije: los hombres nacimos para cumplir con la patria.
¿Qué patria?, me dijo ella. (Tono confidente.) Esto es cosa de los jesuítos que están
acomodados con el gobernador. Al final, ellos mandan más que el Gobierno.
ANGÉLICA -Pobrecita mi vida (Arropándola.) Pobre criatura, ¿cómo te animaste a
cruzar tantos peligros por los montes desde Brasil, solita?
ÁGUEDA -No se enoje conmigo.
ANGÉLICA -No me enojo, ¿Cómo te llamas?
ÁGUEDA -Águeda del Cristiano Corazón, señora (La abraza.)
ANGÉLICA -Hoy me dijiste «mamá».
ÁGUEDA -Yo no tuve mamá.
ANGÉLICA -Yo no tuve hija.
ÁGUEDA -No se enoje. Yo estaba en Livramento con Ella.
ANGÉLICA -No me enojo…
ÁGUEDA -Ella me va a buscar cielo y tierra (Miedo.)
ANGÉLICA -¿Quién te va a buscar? No tengas miedo, yo te voy a cuidar (La acaricia.)
mucho.
ÁGUEDA -Ella (Tiembla.) Iluminada Riquelme «La Mandrágora»
La casa de la rosa plateada 5 Alejandro Maciel

ANGÉLICA -¿Quién es…?


ÁGUEDA -Es forzuda, mala, malísima.
ANGÉLICA -No tengas miedo. ¿Por qué te busca esa mujer?
ÁGUEDA -Me hacía trabajar, es grandota.
ANGÉLICA -¡Pobrecita, mi ángel!
ÁGUEDA -Sin descanso toda la noche, no duerme.
ANGÉLICA -¡Qué mujer malvada!
ÁGUEDA -Peor que esclavitas. Es mala.
ANGÉLICA -¡Pobrecita!
ÁGUEDA -Éramos las pupilas de Iluminada, mamita.
ANGÉLICA -¿Era un internado de monjas?
ÁGUEDA -Es inmensa, mamita, como un ombú (Tiembla.)
ANGÉLICA -Bueno, bueno, ya pasó.
ÁGUEDA -Noches y noches en el prostíbulo.
ANGÉLICA -¿Cómo? ¿Qué?
ÁGUEDA -Ella es la comandanta de un quilombo mamita, en Livramento, se llama «A
casa da rosa prateada», nos hacía acostar con distintos hombres cada noche.
ANGÉLICA -¡Pobrecita, mi ángel!, ¿quién te llevó hasta allí?
ÁGUEDA -Yo era huérfana, vivía cerca de Yapeyú, un día vino ella a la estancia
diciendo que buscaba ayudantas para costura, que era una modista de Livramento. Mis
patrones le creyeron y me entregaron. Me llevó al Brasil engañada, viví todo este
tiempo sirviendo a esa mujerona, mamita.
ANGÉLICA -¿Por qué será tan injusta la vida? Yo te necesitaba todo este tiempo y no
sabía que estabas lejos, sufriendo. ¿Por qué esperaste tanto para salir, hijita?
ÁGUEDA -Tenía miedo mamita. Yo estaba sola. Ella me decía Eu vo a cortar a manho
si vocé quer safar-se gatinha
MANUEL -(Sigue hablando solo como si tuviese alguien enfrente.) Los curas nos
mandaron al Chaco. Derechito, tierra de indios a cortar árboles para hacer el camino al
Tucumán. Cosa de curas. Nos alistaron a la fuerza, yo tuve que dejar mi mujer y mi
chacra que es lo que más siento. Justito cuando el maíz largaba pelos rubios. ¿Quién
mierda conoce el Chaco? El cura Cayetano que era capillán llevó una mapa dibujada y
nos perdimos; a la mierda con el dibujo. «Síganle el rumbo al padre Cayetano que es
cosmógrafo decía el mando». Cosmógrafo al carajo. (Toma un trago.)
ÁGUEDA -Ella (Siempre que lo dice, carga miedo.) tiene cuatro guardianes mamita,
son unos negrotes inmensos que se llaman los sargentos o los cónsules. Comedidos
para cuidarla; ni falta que hace con lo inmensa que es.
ANGÉLICA -Las tenía encerradas, pobres criaturas: hacerse mujeres por la fuerza.
ÁGUEDA -Yo era la preferida. Un cliente que pagaba monedas de plata me pedía que
hiciera ruidos como una gatinha desnuda en el piso (Baja al piso y hace movimientos
seductores.) así, y el ojo del negrote brillaba mamá, yo tenía que revolcarme llena de
vergüenza. Otro señor que era vaquero me mordía, se ponía muy malo cuando me veía
desnudita pero pagaba para verme así. Los hombres son raros, mamita. Pagan y
pegan. Nunca entendí qué querían de mi cuerpo.
ANGÉLICA -(La levanta del piso.) No quieren nada hijita. Están demasiado sucios para
querer algo. Bueno, se terminaron los gatitos. Si quiere las monedas que se arrastre
ella ahora.
ÁGUEDA -Nunca más.
ANGÉLICA -Nunca, hijita.
ÁGUEDA -Un día empecé a tener vergüenza, mamita. Cuando me desnudaba sentía
que algunos me querían un ratito, me besaban suave, suave; yo me acostaba con uno
y con otro y no me daba cuenta de nada. Hasta que vino él.
ANGÉLICA -¿Quién es él?
La casa de la rosa plateada 6 Alejandro Maciel

ÁGUEDA -Andreo de Villasloas, mi bandeirante que le saca las mejores luces a los oros
de las minas. Cuando él me miró, mamita, yo conocí la vergüenza.
ANGÉLICA -¡Mi ángel se enamoró de un bandeirante!
ÁGUEDA -Sí, sí. (Se abrazan, se ríen.)
ANGÉLICA - ¡Cuando se entere Manuel, tu papá! (Se lo aclara.) Nuestra hija
enamorada de un bandeirante y estamos en guerra con el Brasil. ¡Perfecto!
ÁGUEDA -Pero él no quiere saber nada de guerras.
ANGÉLICA -Será un caballero, ¿no?
ÁGUEDA -El más caballero de los caballeritos.
(Cantando.)
Un trueno que apaga las tormentas
Y alumbra la negrura del camino
Que tiene en las dos manos dibujadas
Dos líneas con mi nombre y mi destino.
Un cielo que me canta primaveras
Aunque asusten las lluvias y los fríos,
Que llora, si me ve llorando:
Un cielo que es de todos porque es mío.
ANGÉLICA -La vida me dio naipes traicioneras
En vez de Rey de oros, Rey de copas
Yo supe hacerme fuerte al sufrimiento,
Mujer para llorar, sobra en la tierra
Y puse mi esperanza en este encuentro.
ÁGUEDA - Sin esos ojos de mi caballero
No quiero otras miradas en mi cuerpo
Te doy mi corazón mi bandeirante
Andreos Villasloas yo te espero.
ANGÉLICA y ÁGUEDA - No existe peor condena en este mundo
Que la de lamentar por lo perdido
A lo que fue: adiós y hasta mañana.
Que acaba de empezar otro camino.
(Cae la luz.)
MANUEL -¿Qué fue del maizal, compadre? Pregúntele a los loros que para eso hablan.
Dejé mi casa, mi campo y me alisté con el cura Cayetano al culo del mundo. El algodón
estaba capullando. Mi mujer me dijo «quiero tener hijos». A la salú de los ausentes.
(Cae la luz.)
(Vuelve la luz a las dos mujeres.)
ÁGUEDA -La Mandrágora es terrible, mamita. Magia Negra. La sombra de diablo.
ANGÉLICA -Sea lo que sea, ahora estamos juntas y no hay diablo que valga. Todos te
vamos a defender (Le hace una trenza en el pelo mientras hablan.) yo, tu papá
Manuel siempre que no esté tomado, tu bandeirante…y ¿cómo va a saber tu Andreos
que estás aquí?
ÁGUEDA -No se aflija, él me va a buscar, le dejé avisado con Raquel.
ANGÉLICA -¿Quién es Raquel?
ÁGUEDA -Otra de las pupilas.
ANGÉLICA -Y ¿cómo lo voy a reconocer si me cruzo con él?
ÁGUEDA -(Se arrodilla en el catre.) Es único. Un milagro, Cuando él habla, el viento se
calla. Si mira la tierra, florecen los pastos, los matorrales largan perfumes. De noche
hay más estrellas por donde él pasa.
ANGÉLICA -Ay, hija, las cosas que te hace decir el sentimiento.
ÁGUEDA -No miento, él es único.
La casa de la rosa plateada 7 Alejandro Maciel

ANGÉLICA -¿Cómo es de cuerpo? A ver…


ÁGUEDA -Alto, con la piel de cobre como si el sol se hubiese quedado a vivir allí.
Rubio, los ojos y el cielo son la misma cosa.
ANGÉLICA -¿Cómo habla?
ÁGUEDA -De adentro, no tiene maldad.
ANGÉLICA -Está bien, ahora a descansar. Yo le voy a servir la comida a Manuel (Le da
un beso en la frente.) que vino después de no sé cuántos almanaques… duerma
tranquila y cuando tiemble la tierra ya sabremos que llegó el brasilero más querido de
todos los tiempos.
(Se lleva el candil y con él se va la luz siguiéndola hasta llegar a MANUEL a quien lleva
un plato, pan y lo despierta porque está durmiendo en la mesa.)
ANGÉLICA -¡ Manuel Ventura! Despiértese que tenemos una hija. (Él levanta la cabeza
y vuelve a dormir.) Ahora tenemos alguien a quien cuidar, Manuel.
MANUEL -Creí que estaba soñando.
ANGÉLICA -No, estás despierto y tenemos una hija.
MANUEL -¿Ah, sí? ¿Y quien es el padre?
ANGÉLICA -¡Grosero! ¿Quién va a ser? ¿El cura?
MANUEL -No me hable de curas ni de mapas, me llovió 8 meses seguido sobre el lomo
por culpa de un cura con un mapa.
ANGÉLICA -Tenemos una hijita, se llama Águeda, es muy linda, por fin Dios escuchó mis
oraciones, o habrá sido Santa Isabel ya que tanto le pedí, o Santa Catalina.
MANUEL -¿Santa Isabel es nuestra hija ahora?
ANGÉLICA -No, pero ¿qué tontería se te ocurre decir?
MANUEL -Mezclaste tanta gente que no sé si soy el padre o el hijo.
ANGÉLICA -Nuestra hijita se llama Águeda, Á-gue-da.
MANUEL -Ya, ya… sírvame la cena y mañana hablamos.
ANGÉLICA -Mejor deje ese vino que le aturde la oreja.
MANUEL -(Vuelve a sus recuerdos.) Tuvimos que cruzar el lodazal descalzos y el
Chaco no aparecía, mi camisa se hizo flecos y el Chaco no aparecía..
ANGÉLICA -¡Otra vez con ese asunto! Ese tema ya me tiene harta.
MANUEL -El Chaco no apareció.
ANGÉLICA -¡Basta!
MANUEL -Hay que defender el honor.
ANGÉLICA -El honor está aquí, no en el Chaco.
MANUEL -¿Cómo se llama nuestra hijita?
(Apagón de luz.)

Segundo Acto
En total oscuridad, si hay telón permanecerá cerrado, aparece en proscenio el
ANUNCIADOR que puede ser reemplazado por voz en off también, luego se ilumina de
nuevo la casa de ANGÉLICA con los mismos muebles de antes pero en otro ángulo
como si el espectador hubiese rotado un poco. ANGÉLICA está planchando (plancha de
hierro) y ÁGUEDA ayuda doblando la ropa y acomodándola.
ANUNCIADOR -«Cansados de los abusos de autoridad las milicias correntinas al
mando del sargento Insaurralde mandaron un oficio al cabildo pidiendo en nombre de
los vecinos un cabildo abierto con la presencia de los vecinos para discutir la mejor
forma de gobierno que conviniera a todos ya que la libertad está tan amenazada por el
actual gobierno perverso, el Justicia Mayor y el Jefe de la Guarnición. Corrientes, cinco
de abril de 1763»
ANGÉLICA -Y siempre soñaba, si tenía una hijita para mí, si era varón Manuel lo llevaba
a la chacra no bien caminara. Y así soñaba, ahora tengo una hija moza y no sé qué hacer.
La casa de la rosa plateada 8 Alejandro Maciel

(Alguien llama afuera golpeando las manos y se escucha ¡Ave María!) Sin pecado…. Es mi
comadre Egidia Ponsillo, andá a recibirla hijita, que siempre se tropieza porque no ve muy
bien.
EGIDIA -Mbaéicha pa reikó che comadre. (Cómo está comadre)
ANGÉLICA -Aiko porá, ¿ja ndé? (Estoy bien, ¿y usted?)
EGIDIA -A malicia mi co aurupi aguerecó peteî che pariente a upeagüi ayú ajechá
jaguá. (Estaba diciéndome, ¿acaso no tengo parientes para ir a visitarles?)

ANGÉLICA -¿Ja ndeico reimoá che máa mbaé? (¿Y qué cree que soy yo?)

EGIDIA -Anichéne nde la che pariente. (¡No me digas que usted es mi pariente!)
ANGÉLICA -Ja maemína ndé co jinarae, ¿ja mbaéicha pa reicomí?
(Ah, había sido que usted es mi pariente, ¿Y cómo anda?)

EGIDIA -Ndajaei co jina la aimé poraitereí jina. Jasy co jina pe che acá angué pyjaré
ja ndaquei chugüí. (No ando demasiado bien. Tengo dolores de cabeza que no me dejan
dormir.)
ANGÉLICA -Sí, es muy feo el dolor de cabeza, comadre. Egidia Eremí na che
comadre.
EGIDIA -Eremí na che comadre, ¿moógüi pa renojé pe mitá cuñá poraité?
(Dígame, de dónde sacó esa chica tan linda, comadre?)
ANGÉLICA -Omboú cheve Ñande Yara. (Me envió Nuestro Señor) Me cayó del cielo.
EGIDIA -Y porá itereígüi omboú ndeve. Y gustoitereí ñajendú la oñeé laya ja opurajei
cuaái tereí. (Debe ser, porque es demasiado linda por eso le mandó. Y tiene linda voz
al hablar y al cantar)

ANGÉLICA.- Añe teté co la ereva, comadre. (Es muy cierto lo que usted dice, comadre)
EGIDIA.- Che catú ajá peteí médico ñaná. (Yo sí que fui a un médico yuyero)
ANGÉLICA.- ¿Ja mará? (Y ¿para qué?)
EGIDIA.- Che co ndé comadre nda che membysei ja aipotá ombotú cheve pe che tatú
oimejáicha. (Yo no quiero tener más hijos y le pedía que me cerrara la vagina)

ANGÉLICA.- Anichéne, ja mbaéicha oyapó ndeve, upéa co jasy la ombotú jaguá ndeve .
(¡No me diga! ¿Y cómo hizo?, porque es difícil cerrar la matriz). No se cierra fácil la
matriz.
EGIDIA.- Amombeú ta ndéve mbaichaitepa oyapó chéve. Oyegúy pe che rygué ari ja jeí
la jeía ja upéi che cachí ari. (Le voy a contar que se inclinó
sobre mi panza y rezaba alrededor y después le habló a mi vulva.)
ANGÉLICA.- ¡Jesús!
EGIDIA.- ¿Ja ndé ména mbaéicha oicó? (¿Y su marido, comadre, cómo anda?)
ANGÉLICA.- Ojó guerra jápe. (Se fue a la guerra)

EGIDIA.- ¿Ja máaico la i contrario cuera? (Y contra quiénes están peleando?)


ANGÉLICA.- Peña ñandé gobernador López Luján o mondó chupé cuera pe Brasil
yaiquéramo porque oñó rairó España ja Inglaterra. (Nuestro gobernador, López Luján
les mandó hacia la frontera del Brasil porque España está en guerra con Inglaterra.)
EGIDIA.- ¿Ja mbaéico upéva ñandeve ñande interesá jina? (Y qué nos importa
eso a nosotros?
ANGÉLICA.- Pero Manuel co omombeú que Inglaterra ja Brasil oí oñondivé, ja cada vez
que oñorairó jicuai los brasileros cuera oiké ñandé retame. (Pero Manuel me contó que
La casa de la rosa plateada 9 Alejandro Maciel

Inglaterra y Brasil son aliados, y cada vez que entran en guerra los brasileros invaden
nuestro territorio.)
EGIDIA.- Ja nde menaico oi ña nde defende jâguâ. (Ah, entonces su marido se fue
para defendernos.)
ANGÉLICA.- Ni más ni menos.
EGIDIA.- ¿Maerâ? (Por qué)
ANGÉLICA.- Porque el comandante iñañái tereí, jaé co petei caraí ya iyedáma. Ja jera
Catani. O mondo militacuerape ombuaty jaguâ vaca cuera o ará jaguâ co cué.
(Porque el comandante es muy malo, es un hombre viejo que se llama
Catani. Y les manda a los milicios a juntar vacas y arar la chacra.)

EGIDIA.- Eana. Ji cuai pa ndo ojoi oñorairojaguâ. (Al final de cuentas, ¿acaso no se
fueron a pelear en la guerra?)
ANGÉLICA.- Ja upéa co la jeía che Manuel. Oré usá como tembiguaicha. Oyequejáma
chugüi gobiernope, oyururé ningó jicuai peteí aty pa guasú Cabildope. (¡Y justo eso es lo
que me dice Manuel! «Nos usan como peones». Ya se quejaron de él al Gobierno e
hicieron una junta en el Cabildo.)

EGIDIA.-¿Ja mbaé tea úpea? Che mondyi ningó. (¿Y qué es eso? Ya me está asustando)
(Se escuchan sones acompasados, música rítmica del leitmotiv de ILUMINADA
RIQUELME que va creciendo, para dar la impresión de ir acercándose, esto en medio
minuto, hasta que el sonido invade toda la escena metiendo susto.)
EGIDIA.- ¿E jendú pa jina aipóva? (Escuchó eso?) (Visiblemente afligida mira
hacia arriba y hacia los lados.)
ANGÉLICA.- Jéê, jaeté cuo peteí tambor. (Sí, parecen tambores)
EGIDIA.- Oimene co jina Ñande Yara ñande moindysé.(¿ Ha de ser Nuestro Señor que
nos quiere reventar!) (Gritando, lo dice, para superar el sonido ambiente.)
ANGÉLICA.- No se asuste, comadre, no es el fin del mundo; han de ser los soldados.
EGIDIA.- No, ndajaéi jicuai. (No, no son ellos) (Desesperada.)
ANGÉLICA.- Mire, comadre
(Señala a un lado donde entra ILUMINADA con todo sus fastos cargada en silla con
palanquín en andas a espaldas de dos negros, refugiada por un sombrillón tipo imperial
que portará una de las pupilas como si fuese una presesión religiosa. El registra verá si
esta comitiva entra por un lateral de escena o por platea, lo que producirá una ruptura
topológica interesante para la puesta de la obra. Otras dos pupilas, portan palmas de
coco o plumas como en los séquitos reales de Egipto. Todos bailan en forma seductora,
lujuriosa. La impresión de ruptura respecto al cuadro anterior doméstico y pacífico debe
ser muy clara: estamos ante dos mundos contrapuestos, el de la virtud casta y el de la
vida indómita con todo su bien y su mal. El clima erótico tiene que impregnar el aire.
Egidia se sobresalta, pregunta a los gritos, ANGÉLICA se mantiene más aplomada y
observa con toda atención, ÁGUEDA no está, ya ha desaparecido cuando las mujeres
hablaban solas.)
EGIDIA.- Ja máapa cova? (¿Qué es eso?)
ANGÉLICA.- No se asuste, comadre.
EGIDIA.- Moógüi pa oú coá gente? (¿De donde viene toda esta gente?)
ANGÉLICA.- Parecen brasileros.
EGIDIA.- (Señalando a ILUMINADA.) Péa oiméne jina la omandáva. (Ésa ha de ser la
que manda.)
ANGÉLICA.- No que muestre miedo comadre.
La casa de la rosa plateada 10 Alejandro Maciel

EGIDIA.- ¿A saludamí ta chupé? Che co che tabyetéreí, chembo emína la ayapótava. A


maliciá co jina coáa gente cuera oú del gobierno-güi. ¿Añesútapa chupé? (¿La tengo que
saludar? Yo soy ignorante, enséñeme usted comadre lo que tengo que hacer. Me parece
que son del gobierno. ¿Me tengo que arrodillar?)
ANGÉLICA.- No, epytánte upépe. (No, espere, no haga nada). (Todo esto fue ocurriendo
mientras la comitiva entraba. Llegados a escena, empiezan los parlamentos de
Iluminada y los negros que irán todos en portugués.)
ILUMINADA - ¡Alto! (La voz tronante.) ¡Para saryento un!
NEGRO 1.º - ¡Ordene, mi emperatriz! (Servil y lascivo al tiempo.)
ILUMINADA - Olhe o mapa, acho que é por aquí. (Bajan el anda al suelo. El negro
busca entre sus taparrabos un papel arrugado, lo consulta.)
EGIDIA - ¿Tañesúmina, comadre? (¿Me arrodillo comadre?)
ANGÉLICA - (Sujetándola.) No. Espere. Ejá aró mbaé la oipotáva.
(Espere, vamos a ver qué quieren.)
NEGRO 1.º - Sí, patroa, esta e a casa que está no mapa.
ILUMINADA.- Pesa falar com a dona.
NEGRO 1.º.- ¿Está la señora Angélica?
ANGÉLICA.- Soy yo. (Se muestra reticente, mirando esquivamente.)
ILUMINADA.- ¿Qué fala?
ANGÉLICA.- (Contestándole la pregunta.) Yo soy, ¿qué quieren?
NEGRO 1.º.- Minha senhora ven do Livramento pra reclamar.
ANGÉLICA.- (Cortándole.) Ah, ya veo… ya veo… ¿Cómo se llama su patrona? (Carga
la voz de ironía al decir «patrona».)
ILUMINADA.- Eu so «A Mandrágora».
ANGÉLICA.- ¡Así que usted es la gran puta!
EGIDIA.- (Que no entiende nada, creyendo que ANGÉLICA enloqueció del susto, la
reprende.) ¡¿Mbaé picó che ama?! ¿Mbaécha pa oyapó coáa? ¿Mará pa eré chupé co
groserías co cuñá ajena pe? (¿Qué te pasa? ¿Cómo le hacés esto? ¿Por qué le dice
groserías a esa señora extraña?)
ANGÉLICA.- ¡Déjeme comadre, ésta víbora no entra a mi casa!
ILUMINADA.- (Preguntándole al negro.) ¿Qué faló esta mulher?
NEGRO 1.º.- Está zangada, muito zangada com a senhora.
ANGÉLICA.- ¿Qué quiere de mí? (Voz furiosa.)
ILUMINADA.- Quero a minha criada, ¿adónde está?
ANGÉLICA.- Para usted está muerta. ¡Fuera de aquí, perra!
ILUMINADA.- ¡Quero a minha gatinha!
ANGÉLICA.- (A EGIDIA.) Erejó, comadre… alcánceme la pistola que está detrás de la
puerta.
EGIDIA.- (Asustada, entendió mal la situación.) ¿Péa icó la guerra? ¡Ñande Yara!, co
aty guasú (Corre a buscar el arma.) Lo mondá já oú oipeá ñandejegüí la yarecomía.
(¿Esto es la guerra? ¿Dios mio! Los ladrones nos vienen a quitar lo que tenemos.)
ANGÉLICA -(Al NEGRO.) Mire, don, dígale a su patrona que se vaya o empiezo a los
tiros.
ILUMINADA -¿Qué fala esta mulher?
NEGRO 1.º -Olhe patroa, ela está armada. (Hace la señal de un fusil.)
ILUMINADA -Eu nao vo sem minha Agueda.
EGIDIA -(Entrando con la pistola.) Ape oí la ñorairó comadre. (Acá está el arma
comadre)
ANGÉLICA -(Armada, apuntando.) ¡Fuera de aquí!
La casa de la rosa plateada 11 Alejandro Maciel

ILUMINADA -¿Vocé sabe quem só eu?


ANGÉLICA -¡Una grandísima puta! (Egidia le tapa la boca.)
EGIDIA -¿Nde taby picó che comadre? ¿Mbaéicha pa o ofendéta la i visítape? (¿Te
has vuelto loca comadre? ¿Cómo vas a ofender así a tu visita?)
ANGÉLICA.- ¡Fuera de mi casa! (Apuntando.)
NEGRO 1.º.- Minha patroa quer negociar.
ANGÉLICA.- Que se vayan. (Amenaza con el arma.)
NEGRO 1.º.- ¡Cinco moedas de ouro para a senhora!
ANGÉLICA.- Pase lo que pase, nunca vas a dejar de ser esclavo.
NEGRO 1.º.- Nao fique brava, pense que ter de mau, Águeda vive bem com a gente,
vístese de luxo, ten todu o que quiser, ¿qué ha de mau?
ANGÉLICA.- Que ustedes no pueden elegir, que no son libres ella (Señala a
ILUMINADA.) decide sus destinos, como si fuesen animales. Eso, tiene de malo.
ILUMINADA.- Nao provoque minha cólera. Sou uma dama con influencias política,
poyso aplastar com um só dedo. ¿Entendeu?
ANGÉLICA.- Mire, «doña» lo único que yo sé es que el que vive mal tarde o temprano
tiene que pagar acá. Esa es la ley que me enseñaron. No me importan sus influencias,
ni sus amenazas. (Ahora lo dice más grave y serenamente, con la tranquilidad de
quien tiene ganada la jugada.) ¡Y se van ya mismo de mi casa, inmediatamente!
ILUMINADA.- Espere. Eu vine de muito longe, Voce tem que saber antes; (Golpea las
palmas y de entre el séquito emerge APARECIDA, hasta ese momento envuelta en
velos, se los quita al ritmo de una danza acompasada, mientras ILUMINADA va
explicando.) ¿Sabe quem é ela? (La voz de Iluminada se hace profunda, cavernosa.)
E Aparecida do Mar. Uma maga com poder imenso. Uma bruxa sagrada. Toma contados
ventos queimando seus cabelos, pode deixar seco o rio todo só mijando na beira.
Adivinha o passado. Seus peitos tem leite que cura as tristezas. Todas as pestes a
obedecem. As doenças que ela provoca, ninguem pode sanar. É o mesmo rostro da
morte. (APARECIDA hace un humo entre sus manos y lo muestra subiendo al aire
como un espiral, esto da pie a que, imperceptiblemente Iluminada empiece su
canción.)
Nao provoque a furia de esta menina No transforme
a beleza em maleficio
Si esta princesinha ficara brava
Ninguem se salvará da sua maldade.
(Los negros y las pupilas hacen coros, alegres. En todo el séquito de Ilumina predomina
el clima festivo, toda esta secuencia será, además, predominantemente coreográfica.)

CORO.- Ahh, veio do mar, Aparecida,


Aparecida,
filha do amor e da dor.
ILUMINADA.- Todo o povo ficara feito cinzas
Com a forza que se soltarao
Nem santo nem milagre
Será capaz de salvalo de tanto mau
Ahh, veio do mar, Aparecida,
Aparecida,
a filha do amor e da dor.
ILUMINADA.- As sete pragas cairao do ceu
Até consumir corpos e almas
se nao me dá a minha filhada As siete pragas cairao
do ceu.
La casa de la rosa plateada 12 Alejandro Maciel

CORO.- Ahh, as sete pragas Uma maldiçao que ninguem pode soportar.

(Toda la rítmica afro, sensual, entre los negros y las rameras del séquito. APARECIDA
centra todo el baile, mientras ILUMINADA está impávida, con un gesto de meditación,
mirando todo, firme.)
ILUMINADA.- ¿E agora, que me fala? (Exigiendo respuesta.)
ANGÉLICA.- Ya les dije que se vayan.
ILUMINADA.- Pensa um instante. Ode sofer. Ela nao é sua filha.
NEGRO 1.º.- Senhora os sortilegios sao te recibeis.
ANGÉLICA.- No tengo miedo.
ILUMINADA.- Nao tem importança. E forte. Ja vai pedir perdao de foelhos.
ANGÉLICA.- ¡Fuera, carroña! (Apunta, da un tiro al aire.)
ILUMINADA.- (Ordenando.) Sargentos: vamos de aquí.
NEGRO 1.º.- Mau, muito mau…
ILUMINADA.- As sete pragas (Señalando a ANGÉLICA.) para vocé.
NEGRO 1.º.- Mau muito mau; neguinho fala pra seu bien.
ILUMINADA.- ¡Vamos!

(Golpea las palmas y sale la comitiva, ruidosamente como llegó. Todo este desarrollo debe
ser ágil y rítmico desde que llega Iluminada, el intercambio con ANGÉLICA, los
insultos.)
(Silencio total cuando se van. Quedan solas las dos mujeres sin saber qué decir.)
EGIDIA.- ¿Máaico coáva gente cuera? (¿Quiénes son esas gentes?)
ANGÉLICA.- (Queda preocupada y abrazada a su arma.) Mala gente, comadre. Co añá
memby. Péa jina jaé (Esos hijos del mal, ella es la dueña de un quilombo…) La
Mandrágora, dueña de un quilombo en Livramento. Me quiere sacar a Aguedita.
EGIDIA.- Anichéne che comadre (¡No me diga comadre!).
ANGÉLICA.- No se preocupe. Antes me dejaría arrancar los ojos que a mi hija.
ÁGUEDA.- (Apareciendo se abraza a ANGÉLICA.) Tengo miedo.
ANGÉLICA.- ¿Dónde estabas, hija?
ÁGUEDA.- E (Pobrecita, se asustó la muchachita. ¿No tendrás un poquito de toronjil?)
ANGÉLICA.- Vaya, comadre, hágale un té por favor (Sale EGIDIA corriendo.) No te
asustes mi vida.
ÁGUEDA.- (Temblando.) La brujita es malísima y dañina.
ANGÉLICA.- ¿De dónde salió?
ÁGUEDA.- De Pernambuco, la Mandrágora la mandó traer cruzando el serrato. Y en el
camino murió de sed. A los tres días revivió tal como está ahora… livianita como ánima
y mag scuché todo lo que dijo…
EGIDIA.- Angá, oñemondyi la mitá kuña. ¿Erecó pa michimí toronjil? a poderosísima.
ÁNGÉLICA.- Hija: el único poder que hay es el que usted da a los demás. Si usted deja
que el miedo sea más fuerte, una mosca la puede lastimar. No hay que tener miedo, mi
vida.
ÁGUEDA.- Mamita, usted no sabe lo que es. Esa mujer no tiene lástima de nadie.
(Tiembla.)
ANGÉLICA.- Bueno (La acaricia.) Bueno (Mantiene la cabeza de ÁGUEDA en su
regazo acariciándola.) Yo también tengo miedo, pero de algo que está acá, adentro.
(Señala el pecho con el puño cerrado.) He pensado años enteros que cuando tuviese
un hijo ya estaría cumplida por eso, rogaba. Y ahora esa mujer me hizo pensar, ¿para
qué quería un hijo o hija? No sé. Todas las mujeres por acá buscan un hombre, hacen
La casa de la rosa plateada 13 Alejandro Maciel

su casa y vienen los hijos. Yo me sentía distinta. Venían a preguntarme qué se le da de


comer a un nenito de un año, qué hacer si se enfrían, si tienen tos… yo sabía todo,
como si hubiese parido varios hijos. Así pasó el tiempo y me cansé de esperar y
mentirme diciendo: «mañana tal vez quede encinta» y ese día que llegaste, se me abrió
el corazón y me dije «al fin» pero al momento sentí un peso enorme que me caía
encima, porque sabía que seguía mintiéndome.
ÁGUEDA.- ¿Qué me está diciendo?
ANGÉLICA.- Que sigo teniendo miedo de estar mintiéndome.
ÁGUEDA.- Es por mi culpa, yo le traje tantos problemas!!!
ANGÉLICA.- No, no digas eso. Es otra cosa.
ÁGUEDA.- (Muy triste.) Es por mezquinar este cuerpito mío que no vale más nada,
porque ya está manchado por todos los hombres que me besaron y me tuvieron por
unas monedas.
ANGÉLICA.- No queridita, no te lastimes más. Eso ya pasó.
ÁGUEDA.- ¿Usted piensa eso?, ¿No es cierto que me llené de pecados? (Se sienta y la
mira a los ojos.)
ANGÉLICA.- Bueno, eso es también un pecado.
ÁGUEDA.- ¿Qué cosa?
ANGÉLICA.- Entregarse a uno, a otro, a todos.
ÁGUEDA.- No, mamá, estar con un hombre pegada a su costilla es mucho más
verdadero que pasarse la vida esperando hijos. Yo no sé muchas cosas, pero sé que si
una está muy sola y hay alguien que nos quiere, y que nos busca, no hacemos mal a
nadie al entregarnos.
ANGÉLICA.- ¿Por dinero? Hija, eso es...
ÁGUEDA.- Yo no cobraba, mamá. Eso hacía La Mandrágora.
ANGÉLICA.- ¿Me estás diciendo que te sentías bien haciendo esa vida allá?
ÁGUEDA.- Al principio sí, hasta que me enamoré.
ANGÉLICA.- Hija, no esperaba que me dijeras algo así. Es como si hubieras madurado
de pronto. (Emocionada.)
ÁGUEDA.- No dije antes, porque no hacía falta mamita.
ANGÉLICA.- Está bien, eso ya pasó.
ÁGUEDA.- No.
ANGÉLICA.- … (Silencio un poco tenso entre ambas.)
ÁGUEDA.- No pasó, ser mujer no pasa nunca, mamita. Si tuviera que elegir otra vez
entre quedarme sola hasta que se me seque el alma o entregarme a un hombre
desconocido seguro que decido que me quieran. Aunque sea porque necesitan mi
cuerpo. Yo también necesito un cuerpo que me ayude a vivir. Si no, andamos
maldiciendo la vida.
ANGÉLICA.- ¿Y ella?
ÁGUEDA.- Ella se vendió una vez y empezó a jugar con las monedas, mamá. Y le gustó
más ese juego porque así no tiene que vivir para nadie. La Mandrágora es una mujer
amargada.
ANGÉLICA.- A mí me asusta pero no es por miedo. No creo en las amenazas ni esos
daños que promete. Es otra cosa, algo que me lastima sin saber por qué.
ÁGUEDA.- Ella tiene el poder de mostrarnos todo lo que destrozamos sin saber por
miedo, ella nos muestra el veneno que tragamos.
ANGÉLICA.- Yo te quiero, Águeda, no me importa nada de lo que pasó.
ÁGUEDA.- Usted es la primera persona que me quiere sin interés, por eso le creo.
ANGÉLICA.- Descanse hija, ya pasó la tormenta. (Canción de cuna de la madre.)
Duérmase mi hija que yo estoy velando
Su sueño. Los males no podrán pasar.
La casa de la rosa plateada 14 Alejandro Maciel

Si te están doliendo todos los recuerdos


Estos ojos míos los olvidarán.
Si hay gente que vive pensando venderse
Y otra gente vive pensando comprar
Este amor inmenso que dejo a tu nombre
No conoce precio ni conocerá
Las manchas del alma nunca son eternas
Los ojos se limpian con sólo llorar.
Hija, esas cosas pasan en la tierra
Pasan y se olvidan, pasan y se van.
Tierra que me besas cuando me recuesto
Siesta que me entibia por el arenal
Voy dejando sueños para que el destino
Cumpla su camino sin dolernos más.
Tarde que se acerca, flor de ceibo viejo
Oliendo en el viento como el azahar
Te pido que siempre cuides a mi hijita
Cuando yo me vaya hacia el más allá.
Este canto queda siempre,
los recuerdos pierden color
(La luz de intimidad de este cuadro se extingue junto con la melodía. ÁGUEDA se
despierta de pronto recostada en el regazo de ANGÉLICA.)
ÁGUEDA.- ¡Las siete plagas!
ANGÉLICA.- ¿Qué pasa?
ÁGUEDA.- Yo conozco las plagas.
ANGÉLICA.- ¿Qué plagas?
ÁGUEDA.- Las que anunció La Mandrágora. La primera es… (Haciendo esfuerzo por
recordar.) Sí, es la sangre de drago.
ANGÉLICA.- ¿Qué es eso?
ÁGUEDA.- La brujita escupe sangre de drago sobre el fuego y el sol se pone negro (La
luz empieza a titilar y luego va oscureciendo, hasta quedar todo en penumbras.)
después sopla un viento frío que endurece la sangre a los pájaros y caen muertos.
Unos, otros, otros… todos. (Se oye el viento rugiente.)
EGIDIA.- (Viene con su taza de té.) ¿Mbaé picó la oicóva che comadre? ¿Jaá moói
co ojó la cuarajy? (Qué pasó, comadre? ¿Dónde se fue el sol?)
ANGÉLICA.- ¿El sol? (Nerviosa, casi tartamudea.) Estee.. ha de ser tormenta, no se
asuste.
EGIDIA.- Bueno, (Visiblemente asustada.) ajá tamá che rógape, aní que pe nde sarai la
ro ayudatajá. Ja pe Benigna la curandera nda cheresaimoai (Bueno, me voy a mi casa, no
se olvide yo le voy a ayudar y tampoco se olvide de Benigna, la curandera)
ANGÉLICA.- Gracias por todo, Egidia. (Se besan, se despiden.) Vaya a su casa, que
se hace tarde. (Volviendo hacia ÁGUEDA.)
ÁGUEDA.- ¿Sabe cuál es la segunda plaga?
ANGÉLICA.- No, ni quiero saber, que venga sola total tantas cosas me cayeron encima
sin aviso que una más…. (Sonríe.) Sale de nuevo el sol (Regresa la luz.) ¡Mire quién
viene ahí! (Divisando a la distancia, viene entrando MANUEL harapiento y con una
bolsa de arpillera al hombro.) ¿Qué te pasó, Manuel Ventura?
(Van las dos mujeres y se le acercan, lo abrazan, celebran.)
MANUEL -De mal en peor.
ANGÉLICA -Prepárese porque acá también hay estofado.
La casa de la rosa plateada 15 Alejandro Maciel

MANUEL -Me licenciaron 8 días, vine a descansar.


ANGÉLICA -Mala hora, Manuel. Tenemos problemas.
MANUEL -Deme un mate por lo menos.
ANGÉLICA -Vaya hija a preparar mate.
MANUEL -Así que vine caminando 10 leguas para encontrarme con reclamos.
ANGÉLICA -Siéntese, tranquilo, escuche y no hable. Manuel: ahora que me faltaste me
di cuenta que te necesito.
MANUEL -¿Qué pasó?
ANGÉLICA -Que mucho tiempo fui padre y madre en esta casa, hasta que me cansé.
(MANUEL va para levantarse de la silla pero ANGÉLICA lo sienta de nuevo.) Me
cansé. Ahora cada cual a su sitio. Yo cuido mi casa de la puerta para adentro. Vos
cuidás tu casa de la puerta para afuera. ¿Está claro?
MANUEL -Clarísimo. Todos los líos vienen de afuera así que me tocan a mí.
ANGÉLICA -Todos no. Pero el asunto de La Mandrágora queda en tus manos, viejo.
MANUEL.- ¿Qué, quién, la qué?
ANGÉLICA.- ¿Te acordás de lo que nos contó Aguedita, de Livramento? Vino esa mujer,
es una sargenta zafada, ladina y violenta. Mete miedo pero un hombre tiene que ser de
«sí» y «no» así que contéstame: ¿Me vas a defender?
MANUEL.- Te voy a defender.
ANGÉLICA.- Viene con unos negros.
MANUEL.- No importa, igual te defiendo.
ANGÉLICA.- Y con una bruja que hace desastres con el sol y los pájaros y mata gente,
parece.
MANUEL.- Me parece que vuelvo a la guerra.
(Cambio rápido de escena, con cambio de luz que oscurece, esta escena y hacia
proscenio aparecen las dos vecinas caminando una de izquierda a derecha, la otra la
revés, con una sábana arrollada en las cabezas como si llevaran ropa a tender. Avanzan
hasta cruzarse en la línea media, continúa hacia ambos extremos y giran para volver a
encontrarse en el medio, haciendo este juego las veces que haga falta para agotar el
diálogo.)
LIBORIA.- ¿Viste pa Gavina?
GABINA.- ¿El qué pió?
LIBORIA.- El sol quedó ciego un rato.
GAVINA.- Calamidá manté.
LIBORIA.- Y sopló ese viento.
GAVINA.- Calamidá, calamidá.
LIBORIA.- Murieron toditas mis gallinas.
GAVINA.- Peina, mis patos también omanó toditos.
LIBORIA.- Mis batarazas, el ñandú de Francisca.
GAVINA.- Calamidá.
LIBORIA.- ¿Qué le parece?
GAVINA.- Calamidá.
LIBORIA.- Dicen que es mala peste.
GAVINA.- ¿Qué peste?
LIBORIA.- De los brujos nagosheshé del Brasil.
GAVINA.- ¡Che Yara! (Se persigna.)
LIBORIA.- El castigo de Bará que cae del cielo.
GAVINA.- Calamidá.
LIBORIA.- Vaya a prender una vela a Oxalá.
GAVINA.-.- ¿A quién pió le tengo que prender?
La casa de la rosa plateada 16 Alejandro Maciel

LIBORIA.- A Dios, che ama, a Dios.


(Desaparecen las dos por laterales contrarios; estos diálogos deben ser ágiles con
movimientos rápidos de cruces de situaciones como el entrecruzamiento de ideas que
promueve el lenguaje sólo que aquí llevados a la acción de música instrumental que
será propio, es decir, aparecerá toda vez que estas vecinas entren al espacio de
composición de la ficción, cuando desaparecen, la luz se devuelve al sitio original o sea
GAVINA la casa de ANGÉLICA que está sentada tomando mate con MANUEL.)
ANGÉLICA.- Los ojos como fuego, Manu, mete miedo.
MANUEL.- ¿Qué es eso de las brujerías?
ANGÉLICA.- Que te cuente Aguedita... (Llama.) ¡Hija! (Entra fregándose las manos en
un delantal.) Cuéntele a su papá las plagas que faltan.
ÁGUEDA.- Ahora la brujita (Se acerca ANGÉLICA y empieza a trenzarle el pelo,
nerviosa.) pita unas hojas de trombeteira y…
MANUEL.- ¿Y?
ÁGUEDA.- Larga el humo… sobre brasas y en ese momento caen muertas tres mujeres
del pueblo que después se convierten en almas en pena que atormentan a los
cristianos. Son egunes.
MANUEL.- ¿Qué? ¿Qué son, «unes»?
ÁGUEDA.- Egunes, la plaga de Oiá Santa Bárbara.
ANGÉLICA.- (Persignándose.) ¡Y yo, que le rezaba para las tormentas! Resultó ser una
bruja…
MANUEL.- ¡Che, pero éstos son asesinos!
ANGÉLICA.- Te dije que esa mujerona es una desgraciada.
MANUEL.- ¿Y después?
ÁGUEDA.- La plaga de San Marco del león. El trabajo de los sueños.
MANUEL.- ¡Che, que éstos ni dormir te dejan!
ÁGUEDA.- Cuando duerme la gente la brujita se pone a conversar con los sueños, la
gente se vuelve loca, algunos se tiran al agua y se ahogan, otros se acuchillan.
ANGÉLICA.- ¿No era muda la bruja ésa?
ÁGUEDA.- Sí, pero de noche le sale una voz finita como de pájaro.
MANUEL.- (Incómodo.) Che, Angélica, esto no me gusta nada. Nada de nada. Yo me
puedo enfrentar cuerpo a cuerpo con el mismo diablo si querés. No puede ser peor que
los curas. Pero esto de las muertas y las pesadillas no me gusta nada.
ÁGUEDA.- (Angustiada.) Y todo por mi culpa…
MANUEL.- No, hija. El mal es culpa del mal. Usted no tiene nada que ver.
ANGÉLICA.- Manuel, prepárese para la guerra.
MANUEL.- ¿Pelear contra ánimas
ILUMINADA.- ¿Amor? (Se ríe.) Eu quero ver como morre ese amor cuando falten as
moedas. Agueda tem que voltar com nois.
NEGRO 1.º.- Mais a mulher esta armada e sobra coragem.
ILUMINADA.- Vamor ver a baralha que diz o destino. (El Negro baraja y va sacando
cartas.) Rainha da espada (Golpea las palmas.) Esa mulher me esta desafiando.
Ningen tenme desafiado (APARECIDA viene bailando o su voz se oye cantar muy
fino.) Aparecida, comence os sortilegio dos sonhos. Mostre o que tem no coraçao. A
paixao, que dorme dentro de cada um. (Música en crescendo hasta que Iluminada se
pone de pie, da un bastonazo y dice.) Nao. Nao y Nao. ¿Asim que sobra coragen?
NEGRO 1.º - Esa mulher tem muita alma, minha senhora.
ILUMINADA.- Com o corpo vencese a alma. Aquí (Llama a dos de sus meretrices.) E
nao sei perder. (Invocando.) Aparecida do Mar, do mau Yemanyá, me da lujuria pra
NEGRO 1.º.- ¿O que vamos a celebrar minha senhora?
ILUMINADA.- Que está nacendo «a casa da rosa plateada» a mançao dos praceres
carnales. Aquí por esta terras a gente reza muito mas nos olhos tem fogo. Vamos
La casa de la rosa plateada 17 Alejandro Maciel

assoprar esos corpos pra que pegue fogo os espíritus. O desejo. O desejo anuvia a
raçao. ¡Ja veremos quem vence esta batalha entre a virtude e o desejo! (Ríe mientras
va bailando entre los demás.) A ver esses cuadris, esa tetas, eses ventres de seda. ¡A
mover a vida contra as forzas da morte!
(Música del leiv-motiv de Iluminada va creciendo en volumen y agilidad, danzan todos con
las luces que se atenúan hacia el rojo crepuscular, la atmósfera sensual se agita con el
ritmo de tuntunes que laten como corazones. La estética visual debe sugerir el cuadro
orgiástico como una ceremonia, tal como empezó el teatro cuando bajó de los altares
de Dyonisios.)
Venga a nos, Aparecida do Mar. Encante os coraçoes de esta gente. Vamos a devolver o
bem ao bem lutando contra a oscuridade das vidas atadas as estranhas leis de uma
religiao feita de mortos. Vamos a vencer a o fantasma de Deus.

Traducción del final

FIN DE LA «CASA DE LA ROSA PLATEADA»


(Primer día)

El ciclo se completa en 3 días para seguir esta secuencia

Día 1: «La casa de la rosa plateada» donde se plantea el conflicto.

Día 2: «Sala de ensayo» el autor conversa con los personajes. Discuten el planteo del
tema, las distintas alternativas, lo que quiere cada personaje frente a lo que necesita
escribir el autor.

Día 3: «La vida perdurable» finaliza el desarrollo argumental con acotaciones de los
actores, vuelta al tiempo original del siglo XVIII mezclado con el presente ubicuo.
Traducción del final
ILUMINADA.- Gané de nuevo, sargento.
NEGRO 1.º.- Está de suerte, ama.
ILUMINADA.- No sé; esa mujer me pone nerviosa.
NEGRO 1.º.- Nadie puede resistir las plagas. Ni un faraón.
ILUMINADA.- No puedo entender por qué defiende a mi gatita, cuando apenas la
conoce. ¿Y Águeda? Tenía todo con nosotros: vestidos de seda, brazaletes de plata,
collares, sortijas. Y por culpa de ese muerto de hambre renunció a nosotros. ¿Entiende,
sargento, mi indignación? Ella es apenas una gatita trastornada por el Andreos, que es
un pobre diablo; pero yo tengo sesos y pienso en vez de ella.
NEGRO 1.º - A veces la gente se enamora mariscala.
ILUMINADA .¿Amor? (Se ríe.) Ya quiero ver cómo se muere ese amor cuando
falten las monedas. Águeda debe volver con nosotros.
NEGRO 1.º -Pero la mujer ésta está armada y le sobra coraje.
ILUMINADA -A ver, tíreme las cartas y vamos a ver qué nos dice el destino (El
NEGRO baraja y va sacando las cartas.) Reina de espadas: esa mujer me está
desafiando (Golpea las palmas.) Nunca antes nadie me ha desafiado. (APARECIDA
La casa de la rosa plateada 18 Alejandro Maciel

viene bailando o su voz se oye cantar muy fino.) Aparecida, empiece el sortilegio de
los sueños. Muéstrele a esta gente lo que tienen en el corazón, adentro, las pasiones
dormidas de cada uno. Despierte la fiera que tienen adentro. (Música en crescendo
hasta que ILUMINADA se pone de pie, da un bastonazo y dice.) No. No y no. ¿Así que
le sobra coraje?
NEGRO 1.º -A esa mujer le sobra alma, mi señora.
ILUMINADA -Al alma se la vence con el cuerpo. Aquí (Llama a dos de sus
meretrices.) Yo no sé perder. (Invocando.) Aparecida del Mar, mano de Ymanyá,
danos lujuria para inundar la sed de estos corazones. ¡A celebrar todos! Todos.
NEGRO 1.º -¿Qué vamos a celebrar, ama?
ILUMINADA -Que está naciendo «La casa de la rosa plateada» la mansión de los
placeres carnales. Aquí en estos pagos la gente reza mucho pero en los ojos hay fuego.
Vamos a soplar esos cuerpos para que el fuego incendie los espíritus. El deseo. El deseo
que nubla la razón. ¡Vamos a ver quién vence esta batalla entre la virtud y el deseo!
(Ríe mientras va bailando entre los demás.) A ver esas caderas, esas tetas, esos
vientres de seda. ¡A mover la vida contra las fuerzas de la muerte! (Música del leiv-
motiv de ILUMINADA va creciendo en volumen y agilidad, danzan todos con las luces
que se atenúan hacia el rojo crepuscular, la atmósfera sensual se agita con el ritmo de
tuntunes que laten como corazones. La estética visual debe sugerir el cuadro orgiástico
como una ceremonia, tal como empezó el teatro cuando bajó de los altares de
Dyonisios.)
Venga a nos, Aparecida del Mar. Encante los corazones de esta gente. Vamos a devolver
el bien al bien luchando contra la oscuridad de las vidas atadas a las leyes extrañas de
una religión hecha de muertos. Vamos a derrotar al fantasma de Dios.

También podría gustarte