Maestría en Gestión Financiera y Riesgo
Materia: FUNDAMENTOS DE LA GESTION DEL RIESGO
Tema:
Principales componentes que mantiene la legislación ecuatoriana en torno a la
aplicación de los Acuerdos de Basilea en la Banca o Seguros
.
Nombre:
Cohorte – 2023 – P01
Fecha: 10/12/2023
Resumen de los principales enunciados de los Acuerdos de Basilea que deben ser
de uso local e internacional
Las grandes instituciones suelen surgir a partir de las grandes crisis. La
Superintendencia de Bancos del Ecuador y el Comité de Supervisión Bancaria de
Basilea no son una excepción a esta afirmación. El nacimiento de la primera tuvo lugar
en 1927, en el marco de una importante crisis económica y financiera. Por su parte, el
Comité de Basilea fue establecido a finales de 1974, como respuesta a las graves
perturbaciones que tuvieron lugar en esos años en los mercados financieros
internacionales.
Durante los años de existencia de ambas instituciones, no han dejado de surgir nuevos y
muy variados desafíos, los cuales han debido ser enfrentados mediante continuas
revisiones de los estándares y regulaciones financieras prudenciales, así como de la
manera en cómo las autoridades financieras vigilan la observancia de estas regulaciones.
Así, la globalización de los servicios financieros y el período de deterioro de la
suficiencia de capital de los bancos, principalmente debido a la crisis de la deuda en
Latinoamérica, dieron lugar a un amplio consenso internacional para gestionar las
exposiciones en los balances de los bancos a través de un enfoque de ponderación de
riesgos. Así, el Comité de Basilea publicó en 1988 Basilea I como respuesta a estos
eventos.
A medida que la gestión de riesgos se volvió más compleja, las sencillas reglas del
Acuerdo de 1988 se tornaron poco efectivas. Para los supervisores, Basilea I no
reflejaba completamente los riesgos a los que estaban expuestos los bancos. Para los
bancos de economías más desarrolladas, las reglas estáticas de Basilea I limitaban sus
capacidades para administrar sus negocios. Así, el Comité consideró que era necesaria
una norma más amplia y sensible al riesgo. De esta manera, en 2004 fue publicada
Basilea II, que contemplaba métodos de gestión del riesgo y transparencia, dentro de un
marco de tres pilares que se complementan mutuamente: requerimientos mínimos de
capital (pilar 1), revisión del supervisor (pilar 2) y la transparencia (pilar 3).
Para los países de América Latina y el Caribe, el nuevo acuerdo de capital representó y,
en algunos casos, sigue representando una serie de retos importantes para su
implementación. En general, las preocupaciones más recurrentes apuntan hacia la
complejidad de este acuerdo; los riesgos de utilizar modelos matemáticos teóricos para
el cálculo de calificaciones internas; y el riesgo moral que implicaba el mayor
protagonismo de las calificadoras y analistas externos.
La crisis financiera de 2007-2009 puso en evidencia la necesidad de revisar de nueva
cuenta los marcos de regulación y supervisión de los sistemas financieros. De esta
manera, Basilea III surge como respuesta a esa crisis financiera. Basilea III aborda una
serie de deficiencias y preocupaciones supervisoras con respecto al marco regulatorio
anterior, en particular, elimina elementos de la antigua definición de capital que no
absorbían pérdidas; mejora la comparabilidad de los coeficientes de capital de las
entidades de crédito; establece requerimientos de liquidez y límites al apalancamiento y
restringe el uso de modelos internos, entre otras medidas.
Desde su creación el Comité de Basilea ha tenido como uno de sus principales, procurar
que existieran unos estándares de regulación y supervisión bancaria adecuados y
coherentes para las instituciones financieras de los países que formaban parte de este
organismo. Sin embargo, con el paso del tiempo, estos estándares de Basilea se han
convertido en un estándar universal, no solo para las 28 jurisdicciones que actualmente
forman parte del Comité, sino para toda autoridad financiera que valore la importancia
de contar con instituciones financieras solventes, competitivas y sujetas una rigurosa
vigilancia. De esta manera, aun cuando ningún país estaba legalmente obligado a
implementar el Acuerdo a nivel local, más de 100 países afirman haber implementado
varios de los estándares de Basilea
Los avances tecnológicos de los últimos años y el surgimiento de nuevos modelos de
negocios financieros ponen cada vez más de relieve la importancia de revisar de manera
continua, tanto la regulación financiera, como los procesos de vigilancia de las
instituciones.
Breve historia sobre la regulación de Basilea
Esta regulación nació a principios de los años 70, posterior a que se percibiera la necesidad de
definir reglas de carácter general que aseguraran la solvencia de los bancos que poseían una
actividad internacional creciente. La tarea se asignó al Banco de Pagos Internacionales.
En 1974 este banco formó el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (BCBS, por sus siglas en
inglés). Su primer gran acuerdo, llamado Basilea I (BI, en adelante), se hizo público en 1988 (BI,
BCBS, 1988). En él se coloca al capital como pilar principal de la regulación prudencial en la
actividad bancaria, lo cual significa que considera a éste como la base en que descansa la
solvencia de un banco por su capacidad para absorber pérdidas. Diversos estudios sobre BI, en
la práctica, mostraron algunas de sus debilidades y la necesidad de mediciones más refinadas
de los riesgos asociados a los activos bancarios.
El segundo acuerdo conocido como Basilea II (BII, en adelante) (BII, BCBS, 2004) se publicó en
junio de 2004. En él se mejora la medición del riesgo y se adicionan dos pilares para reforzar al
requerimiento de capital mediante supervisión y divulgación de información. Basilea II
considera que: “(…) el proceso de evaluación del capital deberá tener en cuenta todos los
riesgos importantes a los que se enfrenta un banco. Sin embargo, reconoce que no todos los
riesgos pueden medirse con exactitud, y por lo tanto concluye en la necesidad de que se
desarrolle un proceso de estimación de los mismos” (BII, par. 732). Se da por descontado que
los riesgos estimados no constituyen una relación completa de todos los riesgos posibles, pero
sugiere que se deben considerar el riesgo operacional, el de tipo de interés en el Banking Book,
el de liquidez y otros (BII, par. 733 al 742). Además del riesgo crédito y el de riesgo de mercado,
presentes en BI y posteriores enmiendas–. En resumen, en BII se establecen guías para
determinar los requerimientos de capital de los riesgos crédito, mercado y operativo con
metodologías diversas.
El tercer acuerdo BASILEA III (BIII), llegó como respuesta del BCBS a la crisis financiera que
inició con el crac de los créditos subprime en EUA a mediados de 2007. Este acuerdo busca,
esencialmente, aumentar la calidad y la cantidad del capital. También introduce normas para el
riesgo de liquidez, normas contracíclicas y para riesgo sistémico
Basilea I
En 1988, se suscribió el primer acuerdo, estableciendo principios básicos en los que se
fundamentan la actividad de intermediación financiera bancaria, en temas relativos al capital
regulatorio, requisitos de permanencia en el sistema financiero regulado, capacidad de
absorción de pérdidas y de protección ante posibles salidas del mercado (Pulgarín &
Domínguez, 2018). El Comité emitió las recomendaciones que se resumen en el siguiente
esquema:
Se estableció que el capital mínimo debía ser, al menos, un 8% de los activos
ponderados por su riesgo (crédito, mercado y tipo de cambio sumados).
La recomendación bancaria más importante realizada fue la de limitar
el apalancamiento o el efecto multiplicativo de la inversión de las entidades financieras
en 12,5 veces el valor de los recursos propios en sus hojas de balance.
Este límite era importante en aquel momento, ya que las entidades financieras han
estado históricamente muy apalancadas, captando fondos de la gente y concediendo
créditos sin tener en cuenta parámetros de riesgo en caso de insolvencia de una persona
o una empresa.
Se estableció la definición de capital regulatorio dividido en dos categorías llamadas
Tier I y Tier II, en función de sí cumplían ciertos requisitos en cuanto a la capacidad de
absorber pérdidas, así como su permanencia y protección ante una quiebra.
El BSCB consideró que el Acuerdo presentaba limitaciones en su alcance y definiciones
por la evolución y riesgos asumidos por el sistema financiero internacional; en junio de
2004, este documento fue reformulado por el llamado acuerdo denominado Basilea II.
Basilea II
En junio de 2004, el Comité publicó el documento “Convergencia Internacional de
medidas y normas de capital: marco revisado”, más conocido como Basilea II. A pesar
de que el Marco revisado ha sido diseñado para ofrecer variadas posibilidades a los
bancos y sistemas bancarios de todo el mundo, el Comité reconoce que su adopción en
un futuro cercano puede no estar entre las prioridades de los supervisores de algunos de
los países no pertenecientes al G–10, por lo que respecta al fortalecimiento de la
supervisión.
Asimismo, el FMI y el Banco Mundial estimaban que las futuras evaluaciones del sector
financiero no se realizarán en función de su adopción o cumplimiento del Marco
revisado cuando el país en cuestión haya decidido no aplicarlo. Dichas evaluaciones se
basarán en la adecuación de las normas reguladoras y supervisoras adoptadas por cada
país y en los resultados relativos obtenidos por dicho país a partir de dichas normas, tal
y como se estipula en los Principios Básicos para una Supervisión Bancaria Eficaz del
Comité de Basilea (“BCP, septiembre de 1997”)
Basilea II tiene por objetivo construir una base sólida para la regulación prudente del
capital, la supervisión y la disciplina de mercado, así como perfeccionar la gestión del
riesgo y la estabilidad financiera. De este modo, el Comité insta a cada uno de los
supervisores nacionales a considerar minuciosamente las ventajas que ofrece el nuevo
Marco en el contexto de su sistema bancario nacional, a la hora de desarrollar un
calendario y una metodología para su aplicación. Dadas las limitaciones de recursos y
de otro tipo, dichos planes pueden prolongarse más allá de las fechas de aplicación
establecidas por el Comité.
Ahora bien, se planteaba que los supervisores debían considerar la aplicación de los
principales elementos del examen supervisor y de la disciplina de mercado del nuevo
Marco incluso cuando los requisitos mínimos de capital estipulados por el Basilea II no
hayan sido completamente aplicados en la fecha convenida. Además que, los
supervisores nacionales también deben garantizar que los bancos que no apliquen
Basilea II estén sujetos a regulaciones prudentes de capital, sigan unas políticas
contables sólidas y doten las provisiones necesarias
El cambio principal en este Acuerdo se relaciona con la capacidad de una persona o una
empresa para cumplir con el pago de obligaciones de operaciones de crédito en un
tiempo menor al pactado, esta variación otorgó especial atención a la variable
relacionada con el tiempo de recuperación del crédito, resaltando de esta forma la
importancia de desarrollar estándares mínimos para riesgo de crédito. A partir de
entender la relevancia del riesgo de crédito, se establecen tres pilares, que fundamentan
los acuerdos de Basilea II, bajo los siguientes términos:
Basilea III
Como respuesta a las crisis financieras surgidas en las últimas décadas, el BSCB
elaboró un nuevo marco de supervisión, tomando en consideración las falencias
detectadas en Basilea II, así como los riesgos no contemplados en los acuerdos
anteriores. La nueva regulación aumenta los requerimientos de capital, hace énfasis en
procesos de evaluación supervisora, disciplina de mercado, adecuada gestión de la
liquidez de las instituciones financieras, así como, en el riesgo sistémico que las
instituciones de gran tamaño representan para el sistema financiero internacional.
A continuación, se presentan de forma resumida las principales características de las
reformas de Basilea III finalizadas.
El marco de Basilea III es un elemento fundamental de la respuesta del Comité de
Basilea a la crisis financiera mundial. Dicho marco aborda una serie de deficiencias
identificadas en el marco regulador anterior a la crisis y sienta las bases de un sistema
bancario resiliente que ayude a evitar la acumulación de vulnerabilidades sistémicas.
También permitirá al sistema bancario apoyar a la economía real a lo largo del ciclo
económico. La fase inicial de las reformas de Basilea III se centró en los siguientes
componentes del marco regulador:
• Mejorar la calidad del capital regulador bancario concediendo más importancia al
capital que permite absorber pérdidas mientras la entidad es viable en forma de capital
ordinario de Nivel 1 (CET1);
• Aumentar el nivel de los requerimientos de capital con el fin de que los bancos sean
suficientemente resilientes para soportar pérdidas en momentos de tensión;
• Mejorar la cuantificación del riesgo revisando los componentes del marco de capital
ponderado por riesgo que resultaron estar mal calibrados, incluidas las normas globales
para el riesgo de mercado, riesgo de crédito de contraparte y titulización;
• Añadir elementos macro prudenciales al marco regulador, (i) introduciendo
«colchones» de capital que se dotan durante las fases de coyuntura positiva para poder
utilizarse en los momentos de tensión y limitar así la prociclicidad; (ii) estableciendo un
régimen para grandes exposiciones al riesgo con el fin de mitigar los riesgos sistémicos
derivados de las interrelaciones entre las instituciones financieras y de la concentración
de exposiciones; y (iii) añadiendo un colchón capital para hacer frente a las
externalidades procedentes de bancos de importancia sistémica;
• Especificar un requerimiento mínimo de coeficiente de apalancamiento destinado a
prevenir el exceso de apalancamiento en el sistema bancario y complementar los
requerimientos de capital ponderado por riesgo; e
• Introducir un marco internacional para mitigar el exceso de riesgos de liquidez y de
transformación de vencimientos, mediante el Coeficiente de cobertura de liquidez y el
Coeficiente de financiación estable neta.
Las reformas de Basilea III ahora finalizadas complementan estas mejoras iniciales al
marco regulador global. El objetivo de las revisiones es restablecer la credibilidad del
cálculo de los activos ponderados por riesgo (RWA) y mejorar la comparabilidad de los
coeficientes de capital bancario del siguiente modo:
• Mejorando la solidez y sensibilidad al riesgo de los métodos estándar para el riesgo de
crédito, el riesgo de ajuste de valoración del crédito (CVA) y el riesgo operacional;
• Restringiendo el uso de los métodos basados en modelos internos, al introducir límites
sobre algunos de los parámetros utilizados para calcular los requerimientos de capital en
el método basado en calificaciones internas (IRB) para el riesgo de crédito y al eliminar
el uso de métodos basados en modelos internos para el riesgo CVA y el riesgo
operacional;
• Introduciendo un colchón del coeficiente de apalancamiento para limitar en mayor
medida el apalancamiento en los bancos de importancia sistémica mundial (G-SIB); y
• Sustituyendo el actual límite mínimo sobre los resultados agregados (output floor) de
Basilea II con un suelo sensible al riesgo más robusto basado en los métodos estándar
revisados de Basilea III.
El objetivo de este Acuerdo es avanzar en la comprensión de los principales problemas
de supervisión de los sistemas financieros a efectos de mejorar la calidad de la
supervisión integral a nivel internacional. El Acuerdo de Basilea III se sustenta
fundamentalmente en los siguientes elementos descritos a continuación.
.
Camino a las mejores prácticas: BASILEA III
Las prácticas internacionales de control y supervisión bancaria, recomendadas por el
Comité de Basilea, promueven la solvencia de las entidades controladas mediante la
administración de los riesgos del negocio, con el propósito principal de asegurar los
recursos del público. Las entidades bancarias deben comprender y administrar sus
riesgos conforme las mejores prácticas internacionales, adecuando sus requerimientos
de capital (ICAAP) a los resultados del análisis de las pruebas de estrés que permita
mitigar los riesgos asumidos por el banco, absorbiendo las posibles pérdidas,
proyectando prospectivamente sus posibles necesidades de liquidez y financiamiento. El
supervisor evaluará ese proceso. El Comité de Basilea considera importante que las
entidades bancarias cuenten con suficiente cantidad de capital y de mejor calidad,
adicionalmente, que posean colchones de capital por efectos contra-cíclicos con el
propósito de resistir mejor a la dinámica procíclica y absorber las perturbaciones de la
economía en lugar de transmitir el riesgo al sistema financiero en su conjunto. A la vez,
las entidades sistémicas deben contar con un adecuado nivel de capital a fin de cubrir
los riesgos sistémicos, midiendo elementos como tamaño, interconexión, complejidad,
entre otros.
En Ecuador el tránsito por el camino de las mejores prácticas de Basilea III, anunciado
en marzo 2020 (época que inicio la pandemia COVID-19, ha demorado y se vuelve un
objetivo a seguir al igual que otras economías que presenta síntomas de crecimiento). La
implementación de las mejores prácticas de BASILEA III en el sistema bancario
ecuatoriano ampliaría su competitividad, posibilitando la obtención de financiamiento e
ingreso de banca extranjera (nuevos productos y servicios para los sectores excluidos).
Implementación de Basilea III para economías emergentes y en vías de
desarrollo (EMDEs):
Si bien Basilea III incorpora importantes elementos normativos, sus unidades de análisis
son las economías avanzadas. Académicos y expertos financieros han identificado
desafíos de aplicación de la normativa en estas economías debido factores como:
limitado y variable acceso a capital (denominado en monedas fuertes), volatilidad
financiera y macroeconómica, sistemas financieros poco desarrollados, limitada
transparencia y disponibilidad de información de mercado y restricciones de capacidad
y gobernanza institucional. No obstante, estos riesgos también representan
oportunidades de cambio positivo, entre los que se pueden resaltar: implementación de
una regulación enfocada en el monitoreo de la estabilidad macroeconómica y financiera
a la luz de la realidad de cada economía, mejoras a las prácticas de supervisión bancaria
y formación del capital humano, migración hacia a estándares internacionales y de
institucionalidad, y atracción a capitales extranjeros.
Los componentes de evaluación de Riesgos en instituciones financieras
o seguros que se presentan en la legislación ecuatoriana y que guardan
relación con los aspectos mencionados en los Acuerdos de Basilea
Ecuador y su normativa se alejan del contexto internacional debido a que posee
requerimientos tanto de liquidez como solvencia, aplicables únicamente en su
jurisdicción. En el ámbito de regulación y supervisión, mantiene desafíos de reforma de
tal manera que la normativa priorice los elementos técnicos antes que los políticos.
Además, a diferencia de otras economías de la región, todavía no ha definido con
claridad un horizonte de convergencia para alcanzar estándares internacionales
CASO ECUATORIANO
SOLVENCIA
Basilea III define a un sistema bancario estable como aquel que tiene niveles de capital
elevados que le permitan enfrentar posibles pérdidas ante los riesgos asumidos. Para
ello, el ratio que plantea Basilea III es el siguiente:
El indicador de solvencia para el caso ecuatoriano se define de acuerdo con la Nota
Metodológica del Datalab – Asobanca (2018) como: el nivel de respuesta del patrimonio
ante los activos riesgosos, la relación mientras más alta es mejor. Adicionalmente, de
acuerdo con el Código Orgánico Monetario y Financiero en su art.190 se señala que las
entidades del sistema financiero nacional están obligadas a mantener en todo tiempo una
relación entre su patrimonio técnico constituido y la suma de sus activos ponderados
riesgo y contingentes no inferior al 9%.
Según el artículo 191 del Código Orgánico Monetario y Financiero, el Patrimonio
Técnico Constituido está compuesto por:
1. La suma del capital suscrito y pagado
2. Reservas
3. El total de las utilidades una vez cumplidas las obligaciones laborales y tributarias
4. El fondo irrepartible de reserva legal
5. Las utilidades acumuladas de ejercicios anteriores
6. Aportes a futuras capitalizaciones
7. Obligaciones convertibles sin garantía específica, de acuerdo con las regulaciones de
la Junta
Del Patrimonio Técnico Constituido se deducirá lo siguiente:
1. La deficiencia de provisiones, amortizaciones y depreciaciones requeridas; y,
2. Desmedros de otras partidas que la entidad financiera no se haya reconocido como
pérdidas. Por su parte, el Patrimonio Técnico Constituido está dividido entre Patrimonio
Técnico Primario y Patrimonio Técnico Secundario (en el siguiente Grafico se muestra
esta estructura). El Patrimonio Técnico Primario es aquel constituido por cuentas
patrimoniales líquidas, permanentes y de valor cierto; mientras que, el Patrimonio
Técnico Secundario está constituido por el resto de las cuentas patrimoniales. El total
del Patrimonio Técnico Secundario estará limitado en su monto a un máximo del 100%
del total del Patrimonio Técnico Primario.
De acuerdo con la Junta Política de Regulación Monetaria Financiera (JPRMF) el
Patrimonio Técnico Primario está constituido por las siguientes cuentas:
31 Capital social
3201 Prima en colocación de acciones
3301 Reserva legal
3302 Reservas generales
330310 Reservas especiales - Para futuras capitalizaciones
330605 Reservas - Reserva legal irrepartible– Reservas generales
330620 Reservas - Reserva legal irrepartible - Otros aportes patrimoniales - Donaciones
- En efectivo
330645 Reservas - Reserva legal irrepartible - Resultados – Utilidades o excedentes
acumuladas
34 - 340210 - 3490 Otros aportes patrimoniales menos Donaciones - En bienes menos
Otros
3601 Utilidades o excedentes acumulados - saldos auditados 3602 Pérdidas acumuladas
- saldos auditados
2608 Préstamos subordinado
2802 Aportes para futuras capitalizaciones
Menos:
190530 Plusvalía mercantil
3202 Descuento en colocación de acciones De la misma forma, el Patrimonio Técnico
Secundario está constituido por:
2801 Obligaciones convertibles
2803 Deuda subordinada a plazo
3303 Reservas especiales
3305 Reserva por revalorización del patrimonio
330610 Reservas - Reserva legal irrepartible– Reservas especiales
330615 Reservas - Reserva legal irrepartible – Reserva legal irrepartible - Reservas
revalorización del patrimonio
330630 45% Reservas - Reserva legal irrepartible - Superávit por valuaciones de
propiedades, equipo y otros
330635 45% Reservas - Reserva legal irrepartible - Superávit por valuaciones de
inversiones en acciones
330640 45% Reservas - Reserva legal irrepartible - Superávit por valuaciones de
inversiones en instrumentos financieros
330645 Reservas - Reserva legal irrepartible - Resultados - Utilidades o excedentes
acumuladas
3310 45% Reservas por resultados no operativos
35 45% Superávit por valuaciones
3601 Utilidades o excedentes acumulados
3602 Pérdidas acumuladas
3603 Utilidad del ejercicio
3604 Pérdida del ejercicio 5 - 4 Ingresos
menos gastos
Más: 149980 Provisiones para créditos incobrables – Provisión genérica por tecnología
crediticia
149989 Provisiones para créditos incobrables – Provisión genérica voluntaria
2912 Otros pasivos - Minusvalía mercantil Menos: Deficiencia de provisiones,
amortizaciones y depreciaciones
Grupo 37 "(Desvalorización del patrimonio)", en el que se registra las pérdidas
activadas catalogadas como tales por la Superintendencia de Bancos o por las auditorías
interna o externa de la entidad; el valor de los aumentos de capital realizados
contraviniendo las disposiciones de los numerales 2 y 3 del artículo 255 del Código
Orgánico Monetario y Financiero; o, los que por cualquier causa determine como no
imputables a patrimonio técnico la Superintendencia de Bancos
1613 Dividendos pagados por anticipado
Ecuador no cuenta con una desagregación del Patrimonio Técnico Primario como lo
señala Basilea III, sino que la Junta es quien lo define, en otras palabras, no hay un
mínimo para el capital ordinario (reservas declaradas + capital accionario y pagado).
En el total primario y secundario se debe alcanzar el 9% con la salvedad de que el
Patrimonio Técnico Secundario estará limitado en su monto a un máximo del 100% del
total del Patrimonio Técnico Primario. La JPRMF, mediante normas determinará la
clasificación de las cuentas que componen el Patrimonio Técnico Primario y Secundario
y establecerá las condiciones para la inclusión, exclusión y deducción de una o varias
partidas patrimoniales, delimitando el conjunto de relaciones que deben mantenerse
entre ellas con el fin de salvaguardar la solvencia, la sostenibilidad y la protección de
los recursos del público. (Junta de Política y Regulación Monetaria y Financiera,2019).
A diferencia de Basilea III, donde se define formalmente la proporción de capital
ordinario a constituir como mecanismo preventivo de absorción de pérdidas, en Ecuador
no se cuenta con esta distinción. La normativa es clara al definir el Patrimonio Técnico
Primario, pero éste está compuesto por varias cuentas adicionales a las recomendadas
por la normativa de Basilea III (reservas declaradas + capital accionario y pagado).
Asimismo, la normativa ecuatoriana no define formalmente la creación de cuentas de
colchón de conservación de capital ni de cuentas patrimoniales anticíclicas. Sin
embargo, sí define provisiones dentro de la cartera total. En cuanto al cómputo de los
activos ponderados por riesgo, el sistema financiero ecuatoriano seguiría la aplicación
del método estándar, puesto que es la Superintendencia de Bancos, de la mano de la
JPRMF, quienes definen las ponderaciones que deben tener los distintos tipos de activos
Por otra parte, de acuerdo con la Asobanca en su reporte denominado Evolución de la
Banca (2017), se señala que los activos ponderados por riesgo (denominador del índice
de solvencia) están definidos como la suma de los activos multiplicados por una
ponderación que depende del riesgo implícito en dicho activo; cada vez que una entidad
bancaria otorga un crédito o realiza una inversión, estas acciones conllevan un riesgo y
entre mayor sea el riesgo mayor deberá ser la ponderación que se le otorgue, es decir,
mientras menor sea el nivel de riesgo asumido, menor será el valor de los activos
ponderados por riesgo, por ende, menor nivel de patrimonio técnico, necesario para
cubrir el ratio del 9% establecido en el Código Monetario y Financiero.
Bajo la denominación descrita en este apartado y de acuerdo con la normativa
ecuatoriana, el sistema bancario, a agosto de 2019, mantiene un índice de solvencia de
13,41% como se muestra en el Grafico 15. En otras palabras, el Patrimonio Técnico
sobre los activos ponderados por riesgo es mayor al establecido por Basilea III (8%) y al
establecido por el Código Monetario y Financiero (9%).
LIQUIDEZ Basilea III introduce dos coeficientes para la gestión del riesgo de
liquidez:
1. Coeficiente de Cobertura de Liquidez (LCR): se calcula como los activos de alta
liquidez, es decir, aquellos que pueden ser inmediatamente monetizados, dividido para
el flujo neto de demandas de recursos en un escenario de estrés. En otras palabras, mide
la capacidad de mantener activos líquidos de alta calidad para resistir al menos 30 días
(corto plazo) en un escenario de financiación bajo tensión especificado por los
supervisores.
2. Coeficiente de Financiación Estable Neta (NSFR): se mide como el monto de
financiamiento estable disponible dividido para el monto de financiamiento estable
requerido. Es un indicador estructural de largo plazo diseñado para paliar desajustes de
liquidez. Cubre la totalidad del balance y ofrece incentivos a los bancos para que utilice
fuentes de financiación estables. Ninguno de los dos indicadores ha sido definido
formalmente en la normativa ecuatoriana. No obstante, el país cuenta con sus propias
métricas de supervisión en materia de liquidez.
Es decir, Ecuador, a diferencia de otros sistemas financieros de la región, todavía no se
alinea a estándares internacionales en cuanto a la adecuada gestión y supervisión del
riesgo de liquidez. De hecho, las entidades financieras ecuatorianas están obligadas a
mantener niveles de liquidez que únicamente son aplicables para el contexto
ecuatoriano (Reservas Mínimas de Liquidez -RML y Coeficiente de Liquidez
Doméstica - CLD) mismos que además no son igualmente aplicables para todos los
participantes del sistema.
Visto de otra forma, la supervisión financiera en Ecuador enfrenta desafíos importantes.
Siguiendo lo planteado por Beck & Rojas-Suárez (2019), la aplicación de estándares
internacionales debe seguir el principio de proporcionalidad y debería converger hacia
su aplicación completa en el mediano plazo. Así lo han hecho países como Chile y
Colombia, quienes ya cuentan con un plan de implementación para los siguientes años.
En otras palabras, es importante identificar puntos diferenciadores de tal forma que la
aplicación de la normativa se ajuste a la realidad de cada sistema financiero, sin perder
de vista los objetivos de convergencia hacia lo planteado en el acuerdo de Basilea III.
En el caso ecuatoriano, el manejo del riesgo de liquidez debe regirse a la estabilidad del
sistema financiero, sostenibilidad de la dolarización y del sistema de pagos. En este
sentido, si bien la normativa ya cuenta con requerimientos de liquidez, es importante
que el supervisor evalúe dicha metodología para que, acorde con estándares
internacionales, se precautele la liquidez de corto y largo plazo.
Grafico de Evolución del indicador de Liquidez para los bancos ecuatorianos
El Gráfico anterior, muestra el cálculo de la relación entre los fondos disponibles y los
depósitos a corto plazo (de 1 a 30 días y de 1 a 90 días). Como se puede observar, los
bancos cuentan con recursos de alta liquidez suficientes para responder a
aproximadamente el 30% de los depósitos a la vista y con vencimientos a 30 días.
Este coeficiente alcanza un 26% cuando se incorporan los depósitos de hasta 90 días.
Históricamente, este indicador ha cambiado su tendencia en función de la liquidez de la
economía.
SUPERVISIÓN
De acuerdo con el artículo 13 del Código Orgánico Monetario y Financiero (COMF), la
Junta de Política y Regulación Monetaria y Financiera (JPRMF) es parte de la Función
Ejecutiva y responsable de la formulación de las políticas públicas, y de la regulación y
supervisión monetaria, crediticia, cambiaria, financiera, de seguros y valores. Tiene
como miembros al ministro de economía y finanzas públicas, al ministro de la
planificación nacional del Estado y a los delegados del Presidente de la República para
representar al sector de la producción y al que asumirá la presidencia en caso de
ausencia del Presidente. Si bien forman parte de las deliberaciones de la Junta (con voz,
pero sin voto) el Superintendente de Bancos, el Superintendente de Compañías, Valores
y Seguros, el Superintendente de la Economía Popular y Solidaria, el Gerente General
del Banco Central del Ecuador y el Presidente del Directorio de la Corporación de
Seguro de Depósitos, Fondo de Liquidez y Fondo de Seguros Privados, es notable la
injerencia política en la JPRMF (ver Gráfico siguiente).
Los acuerdos de Basilea establecen criterios técnicos para llevar a cabo una adecuada
supervisión bancaria y un mantenimiento de disciplina de mercado, que
fundamentalmente aplica a las instituciones financieras. En el caso específico de Basilea
III, el marco de liquidez incluye un conjunto común de criterios de seguimiento intradía
y a más largo plazo; de esta forma, los supervisores cuentan con los elementos de juicio
respectivos para identificar tendencias de riesgo a nivel institucional individual y
sistémico. Además, el acuerdo es muy claro sobre temas de divulgación y transparencia
de la información. En este sentido, el regulador debe tener la plena capacidad de; por un
lado, utilizar la información presentan las instituciones financieras; y, por otro, de
requerir información adicional para la toma de decisiones. Siempre bajo la priorización
de la técnica por sobre cualquier otro elemento distorsionador, como el político, por
ejemplo. Así, tanto regulados como reguladores podrían beneficiarse de la aplicación de
normativa prudencial y no necesariamente correctiva.
Entidades de regulación y supervisión financiera en Ecuador
En el caso ecuatoriano, la supervisión bancaria enfrenta el gran desafío de alejarse de la
injerencia política y migrar hacia un escenario en el que prime la convergencia hacia
estándares internacionales. En este sentido, se han identificado los siguientes cambios:
Preparación técnica: es decir, la formación que los reguladores deben tener es
altamente calificada. De otra manera, la definición de métodos de valoración del riesgo,
aplicación de pruebas de tensión e identificación temprana de riesgos, no sería llevada a
cabo en de manera adecuada.
Eliminar el problema de agencia: tal como está conformada la JPRMF, se evidencia
injerencia política tanto para la elaboración de normativa, como para su supervisión. Es
decir, quien dictamina las directrices no es quien las supervisa y monitorea. La
presencia de delegados del presidente y de ministros, podría generar discrepancias
regulatorias y de monitoreo efectivo.
Se debe definir una agenda de convergencia: dado que, a nivel mundial, el objetivo de
plena implementación de Basilea III es el año 2027, Ecuador debería valorar su
migración hacia estándares internacionales tal como lo han hecho otros países de la
región. En este sentido, es importante definir los criterios de proporcionalidad y de
minimización de impactos negativos que tal como se ha mencionado en este documento,
se derivarían en el transcurso de una plena adaptación de la normativa internacional, que
si bien es técnica y necesaria, ha sido primordialmente elaborada para economías
avanzadas. En materia de supervisión, Ecuador tiene el desafío de definir una agenda de
implementación.
CONCLUSIONES
BASILEA I
El acuerdo de Basilea I surgió como una necesidad dentro de la regulación bancaria
internacional en la cual se destaca al capital como elemento principal. En esta
normativa, se resalta al indicador de solvencia, en el cual descansa el capital, dado que
determina la capacidad que tiene una entidad financiera para absorber pérdidas. En este
sentido, Basilea I define que éste debería ser de al menos el 8%, con una participación
total del capital de al menos el 4%. Actualmente, las entidades bancarias en América
Latina cumplen con esta normativa de Basilea I. Lo cual indica, que, desde su
publicación en 1988, este indicador se ha mantenido en el tiempo. Finalmente, Basilea I
se resume en dos objetivos: la estabilidad financiera internacional y en la búsqueda de
un marco normativo justo que permita tener una menor inequidad en la competencia de
sus actores.
BASILEA II
Basilea II es sinónimo de sofisticación y evolución del marco normativo de Basilea I.
Incorpora pilares de regulación y disciplina de mercado, que más adelante fueron
tomados, evaluados y modificados para Basilea III. Por lo tanto, se considera a este
acuerdo como un cuerpo normativo internacional de transición que mostró deficiencias
al momento de enfrentar crisis sistémicas. Por lo tanto, su lectura debe ser técnica y
prudencial para los países que se encuentran en migración hacia Basilea III. En
economías como la ecuatoriana, se podría resaltar la capacidad de reforzar el examen
supervisor y la consolidación de metodologías para el cálculo de los riesgos de crédito,
mercado y operacionales; como también, la aplicación de modelos y métodos
estadísticos que garanticen una adecuada auditoría y evaluación de los riesgos de
liquidez y solvencia ante shocks internos y externos del sistema.
BASILEA III
La normativa de Basilea III nació como reacción a la crisis financiera de 2008 que
afectó a la estabilidad de varios países alrededor del mundo. Entre las medidas
adoptadas, se tomó en consideración el aumento de la cantidad y calidad de capital
requerido, al refuerzo de la forma de valorar los riesgos y a la introducción de ratios de
apalancamiento y liquidez. Estas recomendaciones tienen como objetivo que las
entidades financieras sean más resistentes a eventos de crisis, y, por lo tanto, se
minimice su probabilidad de quiebra.
CASO ECUATORIANO
La normativa ecuatoriana posee requerimientos de liquidez que únicamente son aplicables al
contexto local. Se evidencia la necesidad de evaluar y definir los criterios técnicos de mitigación
de riesgo de liquidez que ya se aplican a nivel internacional. Además, dada la complejidad del
cálculo de la liquidez real de las entidades financieras, se dificulta la comparación internacional
del sistema financiero local. Por otro lado, la JPRMF está compuesta por representantes del
Poder Ejecutivo. En este sentido, todavía se evidencia injerencia política. Para consolidar una
supervisión técnica efectiva, el país requiere de cambios normativos para la priorización de
elementos técnicos en la conformación de la mesa normativa.
El contexto ecuatoriano se aleja de la normativa de Basilea III no solo en manejo de estándares
internacionales de liquidez y supervisión sino también en capital, debido a que la normativa no
define formalmente la creación de cuentas de colchón de conservación de capital ni de cuentas
patrimoniales anticíclicas, recomendaciones que ya son aplicadas en los casos de Colombia y
Chile.
La metodología aplicada para el cálculo de los activos ponderados por riesgo se la podría
definir como estándar, sin embargo, es la JPRMF quien define los parámetros. Avanzar hacia
normativa internacional implicará modificar la actual estructura de gobernanza monetaria y
financiera, se requieren entes de supervisión y regulación técnicos y no políticos, que definan
las directrices monetarias y financieras de manera transparente y brindando seguridad jurídica
a todos los actores. Como en todos los países que se aplica normativa internacional, se debe
permitir que grupos financieros estén conformados por actividades afines como
intermediación, seguros y casas de valores, y además que se transite ordenadamente hacia
requerimientos de solvencia y liquidez que sean comparables y estandarizados con la
normativa financiera internacional.
BIBLIOGRAFÍA
America Economía. (9 de agosto de 2013). Brasil implementará normas del Basilea 3 en
su sistema financiero desde octubre. Brasil implementará normas del Basilea 3 en su
sistema financiero desde octubre, pág. 1.
Banco Central del Ecuador. (01 de Octubre de 2019). Información Estadística Mensual.
Obtenido de https://contenido.bce.fin.ec/home1/estadisticas/bolmensual/IEMensual.jsp
Bank for International Settlements. (14 de abril de 2018). BIS. Obtenido de History of
the Basel Committee:
https://www.bis.org/bcbs/history.htmhttps://www.bis.org/bcbs/history.htm
Bank for International Settlements. (15 de julio de 1988). International convergence of
capital measurement and capital standards. Obtenido de
https://www.bis.org/publ/bcbs04a.htm
Bank for International Settlements. (2001). Visión General del Nuevo Acuerdo de
Capital de Basilea. Basilea.
Guerrero, R.M., Arregui, R., Espinoza, A., & Sulca, G., (2021). Supervisión Basada en
Riesgos, eficaz también en pandemia. Superintendencia de Bancos – Ecuador
Arregui, R., (Julio de 2021). Hoja de Ruta Hacia Basilea III. Hoja de Ruta Hacia Basilea
III, 21. Quito, Ecuador: Superintendencia de Bancos.
Arregui, R., Guerrero, R.M., Herrera, R., Mariño, M., & Mora, A. (Mayo de 2017). La
Supervisión Basada en Riesgos para las Cooperativas de Ahorro y Crédito. Ecuador:
Centro de Investigaciones, Universidad Espiritu Santo.
Arzbach, M., Báez, B., Durán, A., Japp, C., Müller, S., & Nerger, K. (Septiembre de
2020). Protección de Depósitos para Bancos y Cooperativas de Ahorro y Crédito en
América Latina - Una Muestra de 17 Países. DGRV – Deutscher Genossenschafts- und
Raiffeisenverband e. V., 332, 50.
Arzbach, M., Durán, A., Báez, B., Japp, C., & Prexl, D. (Septiembre de 2020).
Regulación y Supervisión de Cooperativas de Ahorro y Crédito en América Latina.
DGRV – Deutscher Genossenschafts- und Raiffeisenverband e. V., 114.