Unidad 3
INTENCIÓN EDUCATIVA DE LA UNIDAD:
Reconocer las intersecciones que coinciden en la normalización de la
discriminación hacia grupos históricamente discriminados, considerando sus
características identitarias y su contexto social como elementos teóricos de
análisis, que permitan comprender por qué es necesaria la justicia social.
¿Qué sabes sobre el tema?Página
Antes de continuar con la tercera unidad, tómate un momento para rescatar tu
conocimiento.
Revisa con atención las siguientes preguntas y reflexiona tus respuestas.
Posteriormente da clic en la retroalimentación para complementar.
1. ¿Qué es lo que piensas cuando lees las siguientes palabras: racismo,
adultocentrismo, homofobia, clasismo y misoginia?
2. ¿Alguna vez en tu vida has experimentado la exclusión? ¿Por qué crees que
se excluye a las personas?
3. ¿Piensas que el contexto social de una persona influye en su desarrollo y en
su personalidad?
4. Si hablamos de justicia social, ¿cuál piensas que es su objetivo?
Retroalimentación
Las palabras anteriores, hacen alusión a diversas estructuras de opresión, las cuales
impactan negativamente en las personas y en el ejercicio y goce de derechos
humanos, afectando a diversos grupos de personas como: personas afromexicanas
o afrodescendientes, personas indígenas, personas gays, personas en situación de
pobreza o mujeres, por mencionar algunas.
Estas estructuras se encuentran normalizadas aún hoy en día en nuestra sociedad,
a nivel personal, colectivo e institucional, en la siguiente unidad aprenderás como los
diferentes grupos históricamente discriminados viven la discriminación a través de
estas, incluso como más de una estructura puede atravesar a una persona, tomando
en cuenta sus características físicas y sus contextos sociales.
3.1 ¿Cómo viven la discriminación los diversos grupos históricamente
discriminados?
Imagen. Mujer exclamando.
Conapred.
Como te lo prometimos, ahora que conocemos cuáles son los grupos históricamente
discriminados con los que trabajamos desde el Conapred, es momento de
aproximarnos un poco a cada uno de ellos para identificar algunas de las formas o
maneras en las que experimentan y viven la discriminación en su día a día.
Antes de entrar propiamente al contenido, quiero recordarte lo que vimos en la
primera unidad sobre la aproximación social de lo que es la discriminación, lo
abordamos como aquellos actos, prácticas, narrativas o procesos que limitan los
derechos de las personas y que les restan poder político para participar y vivir en
comunidad. Recuerda que la discriminación que no se ve, pero que más impactos
tiene, es aquella que ha mantenido a los grupos históricamente discriminados en
una situación de marginación y exclusión.
Bien, ahora que hemos refrescado nuestra memoria, es momento de entrar en
materia, haremos esta aproximación siguiendo el orden en que te los presentamos
anteriormente.
1. Pueblos y comunidades indígenas/Pueblos originarios
En nuestro país, las personas pertenecientes a los diversos pueblos y comunidades
indígenas han sido relegadas históricamente por no adaptarse a lo que se ha
concebido como la “identidad nacional”, por ejemplo, concebir solamente a “lo
mestizo” como el referente de la mexicanidad. Se trata de aquellas personas que
han logrado mantener sus cosmovisiones a pesar de la violencia histórica vivida, es
decir, han logrado resistir desde sus territorios (hay quienes los han tenido que
abandonar por diversas causas), a pesar de los constantes intentos de coerción y
mestizaje recibidos desde diferentes frentes.
En tu contexto cotidiano seguramente hayas visto a alguna o algunas personas
indígenas, pero ¿cuántas veces las viste en una posición de poder y no de
subordinación?, ¿alguna vez las has reconocido, por ejemplo, comprando en algún
centro comercial sin la permanente vigilancia del personal de seguridad?, ¿te has
preguntado por qué son violentadas, mal vistas, perseguidas, invisibilizadas?, ¿tú
has actuado de esa manera con alguna persona indígena? Estas preguntas resultan
imprescindibles para identificar el lugar en que se ha colocado, social, injusta e
impositivamente a estas personas, situación que tiene como base una serie de
narrativas de exclusión; es decir, no existe ningún argumento válido para esta
práctica de exclusión.
Al colocar a las personas indígenas dentro de narrativas que les violentan,
invisibilizan y marginan, sin duda se les condiciona su estar en el mundo y se
restringen sus derechos humanos. Así, podemos ver que, estos colectivos suelen
vivir situaciones de discriminación de muchas maneras, por ejemplo, al exigirles que
sean ellas quienes se comuniquen en español, ya que, de no hacerlo, no siempre
tendrán a una persona intérprete en los diferentes ámbitos en los que se
desenvuelvan:
Los sistemas de salud sin pertinencia cultural que les permita acceder de
manera segura y respetando sus propios procesos de salud/enfermedad.
La negación de un trabajo digno o la falta de oportunidades reales cuando se
postulan en un proceso de selección de personal.
Con base en los datos obtenidos a través de la ENADIS 2022, el 28.1 % de mujeres
y 27.9 % de hombres indígenas refirieron haber sobrevivido procesos de
discriminación en los últimos 12 meses. El ser una persona indígena fue la causa
que más señalaron.
2. Mujeres
Históricamente, se han designado a las mujeres ciertos roles y actitudes que se han
considerado “adecuados” para ellas por el hecho de ser mujeres y atribuírseles
ciertas características, tanto físicas como psicoemocionales. Existe una carga de
narrativas que recaen sobre ellas y que pretenden imponer una forma de ser mujer,
por ejemplo, una guía de los años 50 llamada "La guía de la buena esposa. 11
reglas para hacer a tu marido feliz". Materiales como éste, normalizan una ideología
violenta que, además, confiere a la mujer a un estado de sumisión y abnegación
total, posicionándola en el ámbito de lo privado y de lo invisible, mientras que al
hombre lo coloca en el lugar de poder público, le da la voz y no lo invisibiliza.
En este sentido, podemos identificar que, las mujeres han sido relegadas a espacios
de subordinación no sólo en el ámbito de la vida privada, sino también en la vida
pública, por ejemplo, la permanencia de una brecha salarial, misma que con base en
un boletín emitido por la Secretaría de Trabajo y Previsión Social se reporta que esta
brecha ha disminuido, sin embargo, no ha logrado cerrarse:
La brecha del salario por hora y por género en el empleo formal ha registrado
una disminución de 2018 a 2021; al pasar de 13.1% en 2018 a 12.2% en
2021, de acuerdo con el Informe Mensual sobre el Comportamiento de la
Economía del mes de abril de 2022, de la Comisión Nacional de Salarios
Mínimos (Conasami).
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)
reporta que en México, el país con las remuneraciones más bajas de esta
organización, también se extiende una brecha salarial de género por encima
del promedio; por cada peso que se paga a los hombres en un empleo, las
mujeres reciben 87.5 centavos.
En este sentido, uno de los principales ámbitos de discriminación con el que
enfrentan las mujeres es el laboral ya que, con base en el índice de discriminación
salarial, la remuneración de las mujeres tendría que aumentar un 26.7% para
alcanzar la paridad salarial […] (Solís, 2017). A esto es necesario sumar la otra
jornada laboral no reconocida como tal y menos aún, pagada, nos referimos a los
trabajos del hogar y de cuidados. Es una tarea que se ha designado históricamente
a las mujeres en esta idea impuesta de un “orden lógico” del deber ser y de la
prevalencia de roles de género.
La ENADIS 2022, obtuvo como resultado que, de la población de mujeres de 18
años y más declaró haber sido discriminada en los últimos 12 meses, 35.3 % lo
atribuyó al hecho de ser mujer.
3. Personas afrodescendientes y afromexicanas
Este grupo poblacional fue invisibilizado por años, de hecho, fue hasta el año 2015
que la EIC (Encuesta Intercensal) por primera vez tuvo una primera aproximación
sobre el total de la población afrodescendiente en nuestro país. Pero fue 5 años
después, en 2020, que el Censo de Población y Vivienda contó por vez primera a
este grupo dentro del total nacional.
Con base en los resultados obtenido a través de la ENADIS 2022, cerca del
30% de la población afrodescendiente de 12 años y más encuestada, declaró
a la discriminación por su apariencia como la principal problemática a la que
se enfrentan.
Hasta hoy, muy pocas entidades federativas o dependencias de gobierno incluyen a
las personas, comunidades y pueblos afrodescendientes en la toma de decisiones
que les involucran y afectan directamente. Lo anterior configura una situación de
discriminación estructural (Conapred, s/f). Esto puede notarse en la falta de
aplicación de políticas con perspectiva antirracista o en el reconocimiento en
materiales educativos relacionados a esta población.
4. Personas en situación de pobreza
La condición de pobreza en que viven las personas, se debe principalmente a un
largo proceso de desigualdad y falta real de oportunidades, además de situaciones
de desventaja y marginación, en general. Reproducir frases como “los pobres son
pobres porque quieren”, responsabiliza de esta situación a cada persona en lo
individual, sin tomar en cuenta la responsabilidad histórica del Estado en particular y
a la sociedad en general en términos de los modelos económicos dominantes, como
es el caso del neoliberalismo.
En este mismo tenor, a través de la ENADIS 2022 se reporta que el 33.9%
de la población están de acuerdo en que los pobres se esfuerzan poco por
salir de su pobreza.
Con base en datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de
Desarrollo Social (Coneval), en 2022, el 43.5% de la población a nivel
nacional se encontraba por debajo de la línea de pobreza por ingresos;
mientras que el 12.1% se encontraba por debajo de la línea de pobreza
extrema por ingresos.
En suma, las personas que se encuentran en situación de pobreza pueden
enfrentarse a diversos escenarios de discriminación, desde Conapred, a través de
las quejas recibidas (entre 2012 y 2018) se ha identificado que, entre los derechos
vulnerados, el más frecuente fue el trato digno (en 90% de los casos), seguido por
los derechos al trabajo (27%) y a la igualdad de oportunidades (26%) (Conapred.
s/f).
5. Niñeces
La discriminación hacia las niñeces muchas veces es invisibilizada, ¿sabes por qué?
A causa del adultocentrismo, esa creencia de que las decisiones, acciones,
opiniones y demás sólo competen a las personas adultas, y que terminan en tratos
desiguales, injustos y hasta violentos hacia las niñeces.
Unicef México ha identificado que el racismo y la discriminación contra niñas,
niños y adolescentes debido a su origen étnico, idioma o religión, están muy
extendidos en algunos países (Unicef, 2022).
Otro dato importante que recupera Unicef, es que entre las niñeces que viven
en un albergue o institución en México, se percibe mayores índices de
discriminación siendo el 98.11%; entre las causas más frecuentes se
encuentra el vivir en situación de calle 15.30%; en un albergue o una
institución 14.47%, la edad (13.98%) y el tono de la piel 10.77%; el vivir con
alguna condición de discapacidad/diversidad funcional asciende al 18.02%
(Ídem).
Según los resultados de la Enadis 2022, existen diferentes motivos por lo que las
niñeces son discriminadas en nuestro país, algunas de las cuales son la edad, el
peso, la estatura y el tono de piel, entre otros. Cerca del 20% de la población de
niñas y niños de 9 a 11 años manifestó haber sido discriminada por parte de sus
compañeras o compañeros de la escuela, de este porcentaje, casi el 44% refirió que
el motivo fue su peso o estatura, mientras que más del 32% señaló que fue por su
forma de vestir (INEGI, 2023).
6. Juventudes
La existencia de narrativas de exclusión en contra de las juventudes es lo que ha
permitido la prevalencia de ideas y actitudes discriminatorias, por ejemplo:
En la Enadis 2017 se pudo observar que seis de cada diez personas en
México, consideran que las y los jóvenes son irresponsables (Leite, 2020).
Cinco años después, para la Enadis 2022, se observó que la prevalencia de
esta narrativa se encontró en cinco de cada diez personas (INEGI, 2023).
Los principales motivos de discriminación que se identificaron a través de la
Enadis 2022, fueron: forma de vestir o arreglo personal (tatuajes, ropa, forma
de peinarse, perforaciones), sexo, edad y manera de hablar (Idem).
En este grupo de población hemos identificado que la discriminación estructural con
que se enfrentan es reproducida por el Estado, la sociedad y el sector privado, ya
que se les percibe como amenaza para la cohesión social, muchas veces se les
excluye de espacios y oportunidades laborales o educativas, y se impide el
reconocimiento de sus derechos, especialmente los sexuales y reproductivos
(Conapred, s/f).
7. Personas mayores
Las personas mayores, han sido históricamente vulneradas, violentadas e
invisibilizadas, Algunos de los principales ámbitos donde se les vulnera han sido el
de la salud, el laboral y el económico. Teniendo como base los datos obtenidos a
través del Censo de población y vivienda de 2020, hasta ese año, en México
residían 15.1 millones de personas de 60 años o más, que representan 12% de la
población total.
La mitad de las personas de esta edad viven con alguna
discapacidad/diversidad funcional (50.1%).
20% del total de personas mayores que viven en México no contaban con
afiliación a una institución de servicio de salud (INEGI, 2021).
En el ámbito laboral, cuando se les llega a emplear, muchas veces se hace
en condiciones de precariedad, con menores salarios y sin prestaciones
laborales (Conapred, s/f).
Más del 40% del total de personas mayores, vive en una situación de
pobreza. La discriminación estructural hacia este sector es causa de dicha
pobreza, pero al mismo tiempo la acentúa (Conapred, 2021).
8. Personas que viven con vih
En México, las personas que viven con el virus de inmunodeficiencia humana (vih),
hasta diciembre de 2020, representaban el 0.04% de la población, lo que significa
que 4 de cada mil personas vivían con vih a finales de ese año (CENSIDA, 2021).
Este grupo social enfrenta una situación de discriminación estructural derivada de su
estado de salud, situación caracterizada por la vulneración o negación sistemática
de diversos derechos (Conapred, s/f).
Debido a la falta de información, además de la carga de actitudes discriminatorias
que prevalecen sobre este grupo de personas, la gran mayoría de sus derechos han
sido vulnerados, comenzando por el acceso a la salud, además de la falta de
oportunidades reales para obtener un empleo digno, el poder gozar de una sana
convivencia y el disfrute de espacios recreativos.
Según los datos recolectados en la Enadis 2022, el 34.8% de la población de
nuestro país no estaría dispuesta a rentarle un cuarto de su vivienda a una
persona que viva con vih.
El 47.7% de la población no estaría de acuerdo en que su hija o hijo se
casara con una persona que vive con vih (INEGI, 2023).
9. Personas usuarias de sustancias psicoactivas
Sin lugar a duda, las narrativas de exclusión que vive este grupo se materializan en
condiciones de desigualdad estructural. La sociedad, y tradicionalmente el sistema
de salud, considera que las personas usuarias de sustancias psicoactivas son
desobligadas, irresponsables, flojas y merecedoras de violencia y malos tratos.
Estas violencias pueden comenzar en el hogar y se trasladan a las demás esferas
de la vida de las personas como son la salud o el empleo, entre otras, ocasionando
actos de discriminación, ya que existe una restricción sistemática de derechos.
Este grupo de personas enfrentan numerosos obstáculos en su camino, desde los
desafíos propios de la rehabilitación hasta la criminalización.
En Tijuana, las personas, por su consumo de sustancias, suelen asociarse
con actividades delictivas y con frecuencia enfrentan persecución policial
(ONU, 2023).
10. Personas de talla baja
El principal factor de discriminación que enfrentan las personas de talla baja se debe
al aspecto físico. Recuerda que no todas las personas ni los cuerpos son iguales,
por lo que no existe una sola manera de verse, sin embargo, el maltrato sistemático
que viven las personas de talla baja por la falta de accesibilidad es una situación
cotidiana que repercute en su calidad de vida.
Si bien México aún no cuenta con información estadística oficial sobre esta
población, sabemos que la discriminación que enfrentan se presenta, sobre todo, en
formas de rechazo y exclusión social dentro de diversos espacios; como lo pueden
ser escolares, culturales y laborales, así como en el derecho a la accesibilidad,
debido a obstáculos de infraestructura, la mayoría de las veces pensada para la
población con estatura promedio (Copred, 2021).
11. Personas privadas de la libertad y personas liberadas
Con base en los resultados de la Encuesta Nacional de Población Privada de
Libertad (ENPOL) 2021, la población privada de la libertad en 2021 fue de 220.5 mil
personas, de ellas, el 94.3% se identificaron como hombres y el 5.7% como mujeres
(INEGI, 2021).
Por otro lado, las personas liberadas, llegan a ser estigmatizadas y discriminadas, lo
cual obstaculiza su correcta reinserción en la sociedad. Una de las prácticas que
ejemplifican este problema es el negarles el acceso al empleo y otras necesidades
ligadas a la plena reinserción social, con la excusa de que tienen antecedentes
penales (Naciones Unidas, 2021).
12. Personas con características sexuales diversas
Una de las consecuencias más alarmantes de la discriminación sistemática en
contra de la población intersexual, es el elevado porcentaje de población intersexual
que en algún momento pensó en quitarse la vida. Este ascendió al 16.4% (casi el
doble de lo reportado por las personas no intersexuales: 8.6%). Por otro lado, el
porcentaje que intentó hacerlo es de 12.9% (que también es mucho mayor al de las
personas no intersexuales 4.5%) (Naciones Unidas, 2021).
A través de la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (Endiseg) de
2021, se logró estimar que en México viven cerca de 1.5 millones de personas con
variaciones congénitas en las características sexuales lo que corresponde a 1.5% de
la población, además, de algunas experiencias de violencia y maltrato, en este
sentido tenemos que, el 33% de la población intersex experimentó insultos burlas u
ofensas durante la infancia (Conapred, 2022).
13. Personas en situación de calle
En 2020, la Secretaría de Inclusión y Bienestar Social (SIBISO), contabilizó que tan
sólo en la Ciudad de México, 932 personas pernoctaban en las calles de la ciudad,
de estas el 86.16% eran hombres y el 13.74% eran mujeres. La dos principales
causas por las que se encontraban en esta situación fueron problemas con la familia
y problemas económicos.
Resulta importante destacar que a más del 60% de las personas que se
encontraban en situación de calle en 2020, desearía dejar la calle. No obstante, la
enorme carga negativa que llevan sobre sus hombros les hace muy difícil hacer
realidad este deseo.
Debido a la condición en la que se encuentran, enfrentan múltiples desigualdades y
discriminación, así como la violación a sus derechos, comenzando con el acceso a
una vivienda diga, a la alimentación, a un trabajo y a la salud. Si sumamos a esto los
nacimientos que suceden entre la población que se encuentra en esta situación, el
fenómeno se complejiza aún más, considerando que es altamente viable que estos
no sean registrados, por lo que se vuelve casi imposible tener una cifra oficial al
respecto de la cantidad, no sólo de nacimientos, sino también de defunciones y
personas que viven en dicha situación.
En general, la sociedad aún no reconoce que las poblaciones en situación de calle
son personas sujetas de derechos; se ha identificado que son miradas y tratadas
como potenciales delincuentes, lo que agudiza los actos de discriminación y
violencia tanto de agentes del Estado como de la población en general (INE, s/f).
14. Personas jornaleras agrícolas
Las personas jornalera agrícolas, se han enfrentado durante mucho tiempo con
situaciones de discriminación, principalmente asociadas a los altos niveles de
marginación en que históricamente se les ha colocado, la necesidad de movilidad
migratoria, la informalidad en la mayoría de sus relaciones laborales y su origen
étnico (Indesol, 2020a).
Según datos publicados por Conasami, para 2020 en México había 2.3 millones de
personas jornaleras agrícolas, de ellas, el 94% no contaban con contrato laboral y
43% ganaban por debajo del salario mínimo legal (Indesol, 2020b).
Las personas jornaleras agrícolas han enfrentado muchísimas violaciones a sus
derechos humanos y con ello una discriminación sistemática. Los derechos
violentados que han sido identificados son: laborales, salud, alimentación, educación
y vivienda. No fue sino hasta el contexto de pandemia por la Covid-19, cuando las y
los jornaleros agrícolas fueron un sector de la economía más esencial que nunca,
que se buscó establecer acciones coordinadas y contundentes para preservar su
derecho a la salud y sus derechos laborales. Hasta entonces, se reconoció
contundentemente que no existe una coordinación adecuada entre los tres niveles
de gobierno para garantizar y preservar el derecho a la salud y los derechos
laborales de esta población (Red Nacional de Jornaleros y Jornaleras Agrícolas. s/f).
15. Personas con discapacidad/diversidad funcional y personas
neurodivergentes
El capacitismo es uno de los principales motivos de discriminación que se ejerce en
contra de personas que viven con discapacidad/diversidad funcional, sin embargo,
no es la única forma en que se expresa la discriminación. Existen múltiples maneras
y brechas de desigualdad que se sustentan en un fenómeno estructural; por
ejemplo, en la infraestructura poco o nada accesible, en las exigencias para que
actúen o reaccionen de cierta manera (esperada o normativa) ante ciertos estímulos
externos, así como discriminaciones en los ámbitos educativo y laboral (entre otros).
Las personas con discapacidad son aquellas, cuyos cuerpos y mentes, son
parcialmente diferentes a las normas y estándares sociales establecidos.
Las discapacidades pueden ser permanentes o adquiridas y existe una variedad de
ellas basadas en las condiciones físicas (discapacidad motriz), la posibilidad de
recibir estímulos sensoriales (vista, oído), o por las condiciones psicosociales
complejas (discapacidades psicosociales).
Las personas neurodivergentes son aquellas que nacen o desarrollan condiciones
del neurodesarrollo que diverge de los estándares sociales. Se utiliza esta categoría
como un contraste a las versiones médicas que hablan de trastornos o
padecimientos. Se incluye, en otras en esta categoría al autismo, la atención
diferenciada (en medicina TDAH), las personas límite de personalidad, entre otras.
Hacia 2020, para el Censo de Población y Vivienda 2020, se identificó que, del total
de población en el país, el 5.7% (7 168 178 personas) vivían con alguna
discapacidad, de este total 30.8 millones (26%) son niñas y niños (0 a 14 años), 30.3
millones (26%) son personas jóvenes, 45.4 millones (38%) personas adultas y 11.9
millones (10%) son adultas mayores (INEGI, 2021a). Con esta información
desagregada por rangos de edad, es posible identificar que, independientemente de
que todas ellas viven con alguna diversidad funcional o neuronal, pueden
enfrentarse a diferentes situaciones de desigualdad y discriminación.
16. Personas migrantes y refugiadas
Sabemos que uno de los derechos humanos que existen es el derecho a la
movilidad, sin embargo, suele ser violentado en la mayor parte del mundo, lo que
invita y refuerza una especie de “caza de brujas”, ya que se trasmite la idea de que
las personas no deben migrar a otros países. Esto se hace sin considerar que todas
y todos tenemos el derecho de hacerlo y, que muchas veces esta situación no
depende de las voluntades de las personas, sino de motivos externos o ajenos que
las orillan a buscar otros espacios para vivir mejor o, en el peor de los casos,
sobrevivir.
Algo que tienen en común todas las personas migrantes, es que comparten
problemas derivados de la discriminación estructural: la violación de sus derechos
humanos por parte de funcionarias y funcionarios de todos los niveles de gobierno;
la violencia de grupos criminales (robos, secuestros, violaciones, trata de personas);
las detenciones arbitrarias; la falta de acceso a servicios básicos como atención
médica y acceso a la justicia, así como los pagos inferiores a los que reciben
personas no migrantes por hacer el mismo trabajo, entre otros (Conapred, s/f).
De acuerdo con los datos recabados a través de la Enadis 2022, el 26.3% de la
población migrante en México declaró que se le negó injustamente alguno de sus
derechos en los últimos cinco años. De este porcentaje, el 32.5% refirió la negación
de la oportunidad de trabajar u obtener un ascenso (INEGI, 2023).
17. Personas trabajadoras del hogar
Las personas trabajadoras del hogar en nuestro país se han enfrentado
históricamente a un muro de discriminación estructural, principalmente debido a que
gran parte de la población no considera o no puede ver el trabajo del hogar como
una ocupación real, sino que se sigue mirando como un conjunto de roles de género
asignados, principalmente a las mujeres.
Debido a lo anterior, nos encontramos frente a un sector particularmente
invisibilizado, al que no se le reconoce como una profesión formal. Las condiciones
que las personas trabajadoras del hogar enfrentan en el empleo son difíciles, ya que
no se obedecen las recientes regulaciones, por lo que están expuestas a que
trabajen jornadas de hasta doce horas; comúnmente, sin derechos laborales, sin
seguridad social ni prestaciones de ley, sin contrato, sin garantías de pensión y sin
posibilidad de ahorro, entre otras privaciones (Conapred, s/f).
A pesar de lo anterior, desde el 2019 se logró la inclusión al seguro social de este
grupo, y hasta junio de 2023, se han registrado 59 mil 313 personas afiliadas,
además de 74 mil 388 familiares (SEGOB, 2023). Si bien, aún hay mucho camino
por andar y objetivos y metas que lograr para que las personas trabajadoras del
hogar tengan en su totalidad condiciones dignas de trabajo y protección laboral,
estos logros son grandes pasos y es importante su difusión.
18. Personas de la diversidad religiosa
La discriminación por motivos religiosos no es algo nuevo, quizás podríamos pensar
que existe desde que existen las religiones. La lucha contra la discriminación
religiosa está ligada también a otras nociones que se desarrollaron de
manera paralela. La idea de “libertad religiosa”, en particular, se construye al mismo
tiempo que avanza el concepto de respeto interreligioso y se comienza a luchar a
favor de la no discriminación por motivos religiosos. En este sentido, la
discriminación por motivos religiosos puede provenir de particulares, de grupos de
personas asociadas o no, de las propias instituciones religiosas y de las instituciones
del Estado. (Blancarte, 2018).
En 2022, de la población de la diversidad religiosa de 12 años y más, el 28.6%
manifestó haber sido vulnerada por actos de discriminación en los últimos 12 meses.
De este porcentaje, 53.3% lo atribuyó a sus creencias religiosas, y 25.9% respondió
que el motivo fue su forma de vestir o arreglo personal (INEGI, 2023).
19. Diversidad corporal
Poco se ha abordado el tema de diversidad corporal en nuestro país, sin embargo, la
violencia, desigualdades y discriminación ejercida por este motivo ha cobrado
relevancia. Entre las diversidades corporales se encuentran, por ejemplo: las
personas de talla baja, de las que ya hemos hablado antes, las personas albinas, las
personas con vitíligo y las personas gordas, por mencionar algunas. Justamente
sobre estas últimas es de las que hablaremos en este apartado, debido a lo
normalizado que es la violencia hacia este grupo.
La gordofobia o gordoodio, es un sistema de opresión que, de manera estructural,
violenta a las personas gordas, por el simple hecho de serlo, debido a que sus
corporalidades no se adaptan a la norma socialmente aceptada. De esta manera, se
coloca a las personas gordas en situaciones de desventaja, burlas, marginación,
rechazo, prejuicios, e implica la obstaculización o vulneración de los derechos de las
personas bajo el pretexto de la gordura lo cual deriva en discriminación. Se trata de
un fenómeno sociocultural que también toca las esferas de lo económico y lo
político, está cargado de juicios de valor que invitan a construir narrativas de odio en
contra de aquellas personas que poseen un cuerpo “no normativo”, “no bello” o “no
sano”.
La discriminación que enfrentan las personas que poseen cuerpos diversos, parte
del hecho de habitar estos cuerpos gordos y grandes, lo cual, indudablemente afecta
en otros ámbitos de la vida, principalmente en el acceso a la salud con una
perspectiva no pesocentrista (referida al peso y la delgadez como estándares de la
supuesta "buena salud"), en el ámbito laboral, en el derecho a la movilidad,
considerando que la gran mayoría de los espacios de transporte público están
pensados para personas (minoría) con cuerpos delgados, normativos, entre otras.
La Enadis 2022, nos deja ver que, en México el 27.5% de las personas han sido
discriminadas debido a su peso o estatura, mientras que el 30.6% lo atribuyó a su
forma de vestir o arreglo personal (INEGI, 2023).
20. Personas con identidades de género y orientaciones sexuales no
normativas
La discriminación por orientación sexual y por la identidad y expresión de
género, tiene una naturaleza estructural. Es un proceso con raíces históricas que se
alimenta de las narrativas asociadas con la diversidad sexual. Estos, han
“justificado” una diferencia de trato, y se encuentran tan arraigados en nuestra
cultura que inciden tanto en el ámbito privado como en el público, por ejemplo, en
las instituciones de seguridad social o de acceso a la justicia (Conapred, s/f).
Es importante saber que el sexo es una condición biopsicosocial que no se reduce a
los genitales externos, sino que es una suma compleja de esto y otras
características como la genéticas, los cromosomas y el desarrollo de las
características sexuales secundarias.
La identidad de género es la forma intrínseca en la que las personas nos
reconocemos basadas en la amplia variedad de opciones existentes y que se
expresa a partir de nuestra vestimenta, comportamiento y conductas. A menudo
reducimos estas identidades al binarismo de género, en otras palabras, a la presunta
existencia única de hombres y mujeres.
La expresión de género se refiere a la forma en la que compartimos con otras
personas de nuestro entorno nuestra identidad de género, a través de nuestra
vestimenta, nuestra forma de hablar o comportarnos o la forma en la que
interactuamos con otras personas.
Hablamos de orientación sexual a la condición en la que podemos sentirnos
atraídas, física, erótica, emocional, sensorial o intelectualmente por otras personas.
Existe una amplia variedad de orientaciones que menudo se someten a la norma de
la heterosexualidad, la cual en muchas sociedades es reconocida como la única
orientación aceptada.
En este sentido, es importante reconocer que la heteronormatividad es un mandato
que frena las libertades y personalidades de muchas personas que no se acoplan a
éstas, que trae consigo un enorme peso que no hace otra cosa que violentar,
restringir e invisibilizar las múltiples expresiones e identidades de las personas en
torno a su libertad de ser quienes son.
Con base en los datos de la Enadis 2022, de la población encuesta que se adscribe
dentro de la diversidad sexual y de género, 37.3 % declaró haber sido discriminada
en los últimos 12 meses, el 41.8% manifestó haberlo sido por su forma de vestir o
arreglo personal; 37.9% refirió su peso o estatura; el 36.2% declaro que se debió a
su identidad de género y el 32.1% a su orientación sexual (INEGI, 2023).
Actividad de aprendizajePágina
3.2 Interseccionalidad y exclusiónPágina
INTERSECCIONALIDAD
Acabamos de leer sobre los distintos grupos históricamente discriminado y cómo
enfrentan la discriminación, pero has pensado ¿qué pasa con las personas que se
encuentran identificadas con más de un grupo?, ¿tú misma, mismo, misme, te
identificas con más de uno, ya sea por tu tono de piel, tu identidad de género u
orientación sexual, tu edad o cualquier otro? Justamente de eso hablaremos en este
capítulo.
Para iniciar, es necesario que conozcamos un término nuevo en este curso:
interseccionalidad. ¿De dónde viene?, ¿por qué surge?, ¿para qué sirve?
Este concepto surge desde las teorías feministas afroestadounidenses, de hecho,
fue acuñado por la teórica del derecho y afrofeminista Kimberlé Crenshaw alrededor
de 1989 (Gandarias, 2017). Este surge por la necesidad de visibilizar que las
violencias u opresiones son multifactoriales, es decir, a cada persona o grupo
poblacional le atraviesa una serie de situaciones que complejizan la manera en que
les impactan diversos fenómenos, como la discriminación.
La interseccionalidad se entiende como la situación que viven diversas personas, al
tener que lidiar con las consecuencias estructurales y dinámicas, cuando más de un
eje de subordinación las atraviesa. Aborda específicamente la forma en que el
racismo, el patriarcado, la opresión de clases y otros sistemas de opresión crean
desigualdades complejas sobre las ya existentes por el género, el origen étnico, la
clase social, entre otras. La interseccionalidad es una forma de mirar los problemas
de discriminación que nos permite identificar cómo la simultaneidad de opresiones
genera nuevas condiciones aún más complejas de desigualdad y de exclusión y por
lo tanto, restricción o intento de anulación del poder de las personas (Crenshaw,
2002 p. 117).
Imagen. Silenciar la resistencia de grupos históricamente discriminados.
Conapred.
En sus orígenes, la interseccionalidad fue utilizada para visibilizar la manera en que
el género, la racialización y la clase convergían en las mujeres de forma específica,
lo cual agudizaba las desigualdades y profundizaba las violencias que ellas
enfrentaban en su día a día, es decir, que sirvió como evidencia de la fuerte
correlación que existía entre ser mujer afrodescendiente y ser pobre (Crenshaw,
1991).
Entonces, podemos decir que, la interseccionalidad ha servido como una especie de
categoría para identificar y visibilizar que la discriminación se vive de diferentes
maneras, ya que hay una infinidad de identidades. ¿Recuerdas que antes hablamos
sobre la posibilidad de identificarte con más de un grupo históricamente discriminado
y que esto puede o no ser algo temporal? Pues aquí podemos verlo claramente. La
simultaneidad de las diferentes relaciones de poder arbitrarias a partir de una
jerarquización y de las características identitarias, así como de las diferencias
socioeconómicas y condiciones de salud, incrementa la posibilidad de vivir muchas
más desigualdades, violencias y discriminaciones. Pero ojo aquí: las personas no
son discriminadas por quienes son, sino por como la sociedad, los sistemas
sociales, los gobiernos oprimen simultáneamente distintos rasgos de la identidad y
resistencia ante las desigualdades, los abusos y las violencias. Por ello no se trata
de sumar las dominaciones que viven las personas sino reconocer las nuevas
formas de dominación a partir del cruce o encuentro de relaciones de poder injustas.
Imagen. Varias palabras que rodean la interseccionalidad.
Conapred.
Imagina a la interseccionalidad como una suerte de capas que se superponen unas
a otras y que, en su conjunto generan una serie de “categorías sociales” a través de
las cuales, las personas viven o son expuestas a una serie de violencias y abusos
que puede generar una exclusión desproporcionada. Por ejemplo, una mujer blanca,
heterosexual y profesionista, tiene mayores probabilidades de ser contratada en una
empresa, frente a una mujer indígena, heterosexual y profesionista, sin embargo, la
mujer blanca puede ver reducidas sus posibilidades si compite frente a un hombre
por el mismo puesto de trabajo.
Es importante destacar que, efectivamente cada persona es atravesada por diversas
situaciones que generan su identidad, también es cierto que esas características, si
bien, tienen efectos que impactan directamente en el acceso a oportunidades y
pueden incrementar (en la mayoría de los casos) las brechas de desigualdad
preexistentes en la sociedad, no es en estricto sentido, por estos rasgos identitarios
que suceden estos fenómenos, sino por el contexto social, por la reproducción de
narrativas y la normalización de actitudes violentas, racistas, misóginas, capacitistas
o xenófobas por mencionar algunas, las que prolongan en el tiempo y el espacio
estas brechas y vulneraciones a los derechos de las personas.
La interseccionalidad es, entonces, ese conjunto de características y condiciones
que crean una identidad única que puede vivir una serie de exclusiones
sistemáticas, por ejemplo, al considerar la identidad de género, la orientación sexual,
el origen étnico o nacional, la ideología política, profesar o no alguna religión, vivir
con alguna discapacidad/diversidad funcional o neurodivergencia, nuestro tono de
piel o tamaño corporal. Cada una de esas características son aquellas capas que
mencionamos antes, y son estas mismas las que son “juzgadas socialmente” con
base en distintas narrativas excluyentes, mismas que determinarán en qué medida y
de qué manera podremos o no tener acceso a diferentes oportunidades, de trato o
del respeto a nuestros derechos y determinarán también la medida en que podremos
ser más o menos discriminadas.
Por lo que, conocerlas, identificarlas y generar contranarrativas que sean incluyentes
y velen por los derechos de todas las personas, es esencial para que podamos
generar lazos y redes que desemboquen en la construcción de un tejido social libre
de violencia y discriminación.
EXCLUSIÓN
Como te diste cuenta, al hablar de interseccionalidad hemos dado un primer
abordaje al tema de la exclusión, el cual es posible que te sea mucho más familiar o
cercano quizá, incluso, sea un término que ya has utilizado en algún momento, pero
¿a qué nos referimos cuando hablamos de exclusión desde Conapred? El término
exclusión, suele o solía ser homologado o íntimamente ligado al de pobreza y
aunque podrían tener algo que ver, no son sinónimos. La exclusión social, suele ser
utilizada para referirse a grupos o colectivos de personas, aunque también puede
ser experimentada a nivel individual. Uno de los aspectos que caracterizan a la
exclusión social es su aspecto multidimensional y multifactorial, como lo hemos visto
antes con el tema de la interseccionalidad, las características específicas de una
persona o grupo social podrían considerarse “determinantes” para experimentar la
exclusión de una u otra manera.
La exclusión social se puede analizar y entender como un proceso multidimensional,
que tiende a menudo a acumular, combinar y separar, tanto a individuos como a
colectivos, de una serie de derechos sociales, tales como el trabajo, la educación, la
salud, la cultura, la economía y la política, a los que otros colectivos sí tienen acceso
y posibilidad de disfrute (Jiménez, 2008). Es una restricción que puede verse
reflejada en diferentes esferas sociales y que puede presentarse de diferentes
maneras como, por ejemplo, en la reducción o limitación de oportunidades para
obtener un empleo, ingresar a una escuela, hacer uso de los servicios de salud y
seguridad social, entre otros.
Imagen. Varias personas excluyendo a una.
Conapred.
Al igual que la discriminación, la exclusión tiene una dimensión estructural, la cual
está adscrita a una trayectoria histórica de las desigualdades sociales y, por lo tanto,
se puede manifestar como un proceso que afecta de forma cambiante a personas y
colectivos (Tellez, Molina y Álvarez, 2020). Esto también lo podemos observar en la
interseccionalidad, por lo que ambas van de la mano, entonces, ¿puede existir una
sin la otra? Se puede considerar que sí, en un caso específico, es decir, en el
sentido de que la primera nos genera identidad y muchas veces es necesaria para
encontrarnos con otros colectivos y generar lazos como la convivencia, la amistad, el
acompañamiento y, de ser necesario, en algunos momentos resistencia y luchas
colectivas en contra de situaciones como la discriminación y las violencias. Sin
embargo, no es igualmente posible que ocurra en sentido inverso, es decir, la
exclusión no podría suceder sin la interseccionalidad, dado que, la exclusión es
originada por una o varias de las características o condiciones a partir de las cuales
son construidas nuestras identidades.
Claro que en más de una ocasión te has sentido identificada, identificado o
identificade con otras personas afines a ti, parte de esa identificación es el motor
para la construcción de relaciones sociales, ya sean amistosas o sexoafectivas,
pero, ¿las habías considerado como un cúmulo de características que te dan
identidad?, ¿alguna vez pensaste que la discriminación, la violencia y la exclusión
suceden o más aún, se “justifican” a partir de esas intersecciones? ¡Te invitamos a
reflexionarlo!
Imagen. Personas burlándose de otra.
Conapred.
3.3 Discriminación según el contexto socialPágina
Parte de lo que revisamos en el tema anterior, nos hace ver que en el análisis del
fenómeno discriminatorio se deben tomar en cuenta las identidades o condiciones
que son simultáneamente vividas por una persona y la forma en la que cada
institución social o del Estado entiende estas adscripciones. De esta forma, desde la
perspectiva interseccional, se muestra la manera en que la relación entre distintas
situaciones de exclusión y opresión configuran formas específicas de
discriminación.
De esta forma, es importante resaltar que no basta con entender cómo es excluida
una persona por sus identidades cruzadas; debemos entender también el peso del
contexto. De esta forma no será la misma vida la de una mujer con discapacidad que
habita en una gran ciudad a una mujer con las mismas condiciones que habita en un
espacio rural. El contexto tiene un peso esencial en la discriminación, pues este
determinará en muchos momentos las posibilidades reales de las personas para
abatir la exclusión (Cavalcante Carvalho, 2018).
Hemos de afirmar que en la perspectiva educativa del Conapred, existen tres
grandes estructuras reproductoras de desigualdad que te queremos presentar. Son
condiciones encontradas en todo contexto:
Capitalismo. Sistema socioeconómico vigente que mide la utilidad de las vidas en
relación con lo que reproducen en los mercados laborales, sin tomar en cuenta otras
circunstancias o condiciones de vida.
Patriarcado. Sistema social de dominación que mantiene a los hombres
heterosexuales cisgénero en el centro de todo el poder y la toma de decisiones,
relegando a las mujeres y otras identidades de género a someterse a este sistema
donde pierden sus derechos y su poder política.
Colonialidad. Viejas lógicas heredadas de las épocas coloniales. Se basan en la
creencia de que hay sociedades y culturas superiores e inferiores en rasgos como
los saberes, los sistemas de gobierno, las nociones de la sexualidad y la vida o la
visión sobre el territorio y la naturaleza.
Estos sistemas son tan ambiciosos que se encuentran en todas partes y son la base
de toda la discriminación. Para delimitar en materia de este curso, no obstante,
revisaremos como parte de estas lógicas se reproducen en las nociones de
limitación de derechos por espacio y tiempo.
3.3.1 El territorio y las desigualdades por contexto
Aunque la discriminación estructural se instituye en cualquier contexto y genera
impactos diversos, ésta se puede agravar en determinados territorios en dónde
existen condiciones específicas que potencian la vulneración de las personas.
Instrucción: Da clic del lado derecho para ver las siguientes imágenes
Imagen. Discriminación estructural en diversos contextos.
Conapred.
De esta forma podemos identificar a la discriminación con el
factor territorio y espacio. Por eso es tan importante que se generen políticas
públicas locales inclusivas; de nada sirve si a nivel nacional se determina un cambio
en derechos, si en lo local no se secundan y complementan estas condiciones.
Otro rasgo de esta característica de la discriminación estructural como contextual y
territorial se relaciona con los arreglos institucionales, públicos y de acceso. Por
esto, nos referimos a aquellas condiciones que hacen sencillo o difícil acceder a
servicios, bienes o incluso a recursos públicos. Es importante que no olvides que
esto se hará más severo por tres factores que mantienen las relaciones de poder, en
independencia del contexto: la opresión de género, la racista y la clasista (Curiel,
2014).
Esta conjunción de clasismo, racismo y sexismo se ha fortalecido en distintos
espacios, incluso de manera normalizada. Quizá has visto que, en ciertas zonas de
las ciudades, especialmente atractivas para el comercio o el turismo, hay arreglos
arquitectónicos que pueden ser discriminatorios:
Uso de pinchos u otras arquitecturas agresivas que impiden que
personas en situación de calle puedan descansar bajo puentes o en
jardineras.
Falta de rampas, puentes peatonales o calles con una buena inclinación
o altura pueden afectar a personas mayores, personas de talla baja, y
personas con discapacidad.
Falta de información como mapas, nombres de calles o referencias en
lenguas indígenas.
Todos estos elementos de contexto parecen desapercibidos o no intencionados. No
obstante, desde el ojo avizor de la discriminación estructural resultan ser “espacios
prohibitivos” que definen quién puede ser incluido, quien puede utilizar el espacio
público y quien no (Bauman, 2011, 89-90). Todos estos arreglos suelen beneficiar a
estratos sociales con altos ingresos económicos o cuya movilidad no está limitada
considerablemente. Ningún arreglo social es una coincidencia; todo es parte de las
condiciones históricas de exclusión.
Antes las dictaduras, los totalitarismos o las políticas segregacionistas, instauraron
guetos, campos de concentración y zonas reservadas para personas
racializadas1. Estas políticas continúan en nuestros contextos de otras formas,
limitando y justificando la diferencia entre territorios. Los tiempos pasan, pero
seguimos haciendo diferencias espaciales, “que parecen menos agresivas a la
simple vista.” Otros ejemplos de esta discriminación estructural según criterios de
territorio son los siguientes:
Imagen. Discriminación estructural según criterios de territorio.
Conapred.
Podemos afirmar que el origen social y el espacio en el que se desenvuelven las
personas pueden ser la gran diferencia sobre cómo viven y cómo se garantizan los
derechos humanos. ¿En dónde vives tú? ¿a qué bienes y servicios tienes acceso?
¿qué tan fácil o difícil es el acceso a ellos? ¿será la misma situación si vivieras en
otra parte del país?
3.3.2 Características de la discriminación estructural y el ciclo de vida
Los grupos históricamente discriminados comparten antecedentes históricos en
común, además se le suman los elementos de contexto que acabamos de
mencionar. Ahora conviene destacar otras características que definen un proceso
instaurado y generalizado de discriminación estructural:
1. Personas integrantes de un grupo social comparten condiciones de desigualdad.
Las personas afrodescendientes de Coahuila, las y los mascogos y las
personas afromexicanas de Veracruz tienen distintas necesidades, pero
enfrentan la misma invisibilización social y cultural.
2. Estas desigualdades generan desventajas fuertes; situación a la que hemos dado
el nombre de brechas de desigualdad. Por éstas nos referimos a aquellas
condiciones sociales que dificultan el desarrollo de la trayectoria de vida de personas
y comunidades, provocando contrastes en el acceso a derechos entre quienes
tienen privilegios y quienes viven la dominación. Imagina un gran agujero lleno de
pinchos por el que necesariamente tienes que cruzar, pero que tiene grandes
riesgos de dañarte, así es la sensación de sobrevivir una brecha de desigualdad.
Las personas mayores, a pesar de tener conocimientos y experiencia laboral,
suelen no ser contratadas en los espacios de trabajo, se les niegan créditos
bancarios y no se consideran sus necesidades socioafectivas, por lo que hay
una espiral enorme de exclusión en su contra.
3. Existen diferencias sustanciales que se materializan en condiciones
socioeconómicas diferentes o el poder de representación que tiene una cultura o
grupo en la sociedad. Esto desemboca en que muchos de los grupos históricamente
discriminados sean representados de forma asistencialista, lo que refuerza la idea
de su supuesta insuficiencia o valor en la sociedad.
Las, les y los autistas, así como las, les, los cinéticos2, se encuentran en tasas
de desempleo enormes, usualmente en empleos pauperizados y casi no existe
ninguna persona con puesto directivo que sea neurodivergente.
4. La discriminación es sistemática, masiva y se arraiga en zonas geográficas
específicas. Esto quiere decir que tiene un impacto territorial específico.
Tradicionalmente se ha dicho que el sur del país es pobre frente al norte que
es “productivo.” Este juicio no toma en cuenta que en la zona centro y sur del
país hay innumerables recursos, donde las comunidades, pueblos y personas
han sido explotadas históricamente. Entonces las personas no son pobres por
vivir en estas zonas, sino que ello parte de una desigualdad histórica arraigada
en estas entidades federativas.
5. La discriminación puede surgir de las propias medidas del Estado para
confrontarla, como normas, políticas o proyectos sociales que mantengan las
desigualdades intactas (Pelletier Quiñones, 2014).
Existen todavía muchas legislaciones locales que no están armonizadas en el
reconocimiento de los derechos de las mujeres. Algunas de ellas utilizan
términos anacrónicos que les ponen en desventajas frente a los hombres en
los espacios familiares o en cuestiones relacionadas a su patrimonio.
¡Ya pensamos en el factor espacio, ¡ahora pensemos en el factor tiempo!
La discriminación cambia también por la edad y la etapa de la vida que cruza la
persona. A esto le llamamos discriminación en el ciclo de la vida; situación que hace
que las exclusiones y limitaciones de derechos sean más fuertes dependiendo de las
distintas formas de opresión que experimentan, pero también, de la etapa de vida
que cruzan.
Usualmente los extremos: las niñeces y las juventudes, por un lado, y las personas
mayores por el otro, son quienes enfrentan las circunstancias de discriminación por
ciclo de vida más complejas. En este punto, condiciones estructurales como el
modelo económico capitalista, impacta en las personas:
Se asume que la experiencia de vida se mide por años, no por las
circunstancias y situaciones que una persona ha enfrentado. Por lo que la
“experiencia probada” no considera que las vivencias no se miden por años
vividos, sino por las circunstancias y situaciones de exclusión que las
personas han enfrentado.
Se toma en cuenta a las personas sólo en su “vida productiva”, por ello, las
niñeces y personas mayores se consideran no productivas y las juventudes
sólo serán útiles en la medida que cumplan con las condiciones deseadas
para insertarse al mercado laboral.
Existen etapas de la vida reproductiva de mujeres y hombres donde no se
toman en cuenta los ciclos de construcción de la propia familia, la maternidad
o la paternidad como condiciones, que por responsabilidad familiar puede
generar diferencias de facto. Por ejemplo, a las personas se les exige
productividad máxima entre los 20 y 35 años, edad que coincide con la
temporalidad recomendada para ser padres o madres. En este sentido hay
una contradicción entre las exigencias de producción y el ciclo de vida.
De esta forma, las personas enfrentan una serie de circunstancias que limitan sus
posibilidades y su condición de supervivencia en sociedades cada vez más hostiles.
Imagen. Discriminación estructural a personas mayores.
Conapred.
Crecer y cumplir con las normas del ciclo de vida, tiende a generar brechas de
desigualdad, que no contemplan que cada persona según su edad y las decisiones
que toma puede tener limitaciones en el acceso a sus derechos.
Por ejemplo, cuando se presiona a las mujeres para ejercer su maternidad a una
edad temprana, u obligar a las juventudes a comportarse “como personas adultas”
para cumplir con las normas sociales.
El ciclo de vida no se contemplará igual en cada sociedad o cultura. Será necesario
entonces, identificar las particularidades existentes que le dan a cada etapa de vida
en cada sociedad.
Video. Ciclo de vida.
Conapred.
Transcripción del video
1. Personas que por la historia han vivido prácticas de racismo y por lo tanto han
sido reconocidos como menos humanos o importantes, acortando su dignidad. Esto
ha creado jerarquías sociales donde los pueblos indígenas, afrodescendientes,
migrantes han vivido innumerables descalificaciones a sus saberes y culturas, así
como limitaciones para el desarrollo de sus proyectos de vida.
2. En el Conapred defendemos la idea de que las condiciones del neurodesarrollo
generan una serie de identidades que requieren distintos grados de apoyo, pero sí
mucho reconocimiento. Por eso no utilizamos la tipología médica que habla de
trastornos. Para ello usamos terminología proveniente de activistas y personas
neurodivergentes. Autista refleja el orgullo y pertenencia identitaria. Cinético refiere a
lo que la medicina llama “trastorno de hiperactividad y déficit de atención”, pero
preferimos el término pro-persona que refiere al movimiento que vive este colectivo
como un rasgo de su identidad.
Actividad de aprendizajePágina
3.4 Justicia social: ¿Hacia dónde vamos con la no discriminación?
Página
Reflexiona y actúaPágina
¡Recapitulemos!Página
Evaluación 3