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El Justo

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El Justo

Job es descrito como un hombre rico, pero temeroso de Dios (Job1:1); esto aparentemente era
suficiente para que Job no pasara por el sufrimiento y esto es precisamente lo que provoca la
incertidumbre en los amigos de Job quienes no conciben como es que él puede sufrir siendo un
hombre leal a Dios y por eso concluyen que solo el pecado hace que los hijos de Dios sean
castigados, desconociendo así los verdaderos propósitos de Dios.

Job no es alguien rebelde, desobediente a Dios, pese a las grandes pruebas que atravesaba,
pese a que su mujer le incitara a maldecir a Dios. Job continuó bendiciendo a Dios, de quien
vienen todos los bienes y los males (Job 1:21)

Job no negaba su naturaleza pecaminosa, él mismo confesaba ser miembro de la raza caída de
los hombres, al igual que sus contemporáneos, pero él había buscado a Dios con sinceridad y
verdadero afán (Job 1:5) procurando orientar su vida y la de sus hijos según la voluntad de Dios.
Podría decirse entonces que Job era un hombre que tenía verdadera madurez espiritual, que
corresponde a un hombre que aprende de la escuela de Dios, pero aún le faltaban lecciones por
aprender, pero en él se manifestaba el principio y la sustancia de la verdadera sabiduría divina.

El papel de Dios y la actitud de Satanás

Ciertamente Dios conocía a Job como su siervo fiel. De hecho cuando antes de que Dios le diera
permiso para tocar su cuerpo, le hace ver cómo era su siervo (Job 1:8). Aquí es donde se ve
claramente que Satanás aunque tiene dominio sobre gran parte del mundo, no lo podía tener
sobre Job, porque Dios tiene control de sus hijos y nada sucede sin su permiso. Para Dios no
había causa alguna para que Satanás atentara en la vida de Job. Sin embargo Satanás pensó
que era un materialista y que al quitarle las posesiones fácilmente blasfemaría de Dios. De
manera que para Satanás Job servía a Dios por interés en lo que Dios le daba a cambio y al
quitarle lo que poseía desaparecía el temor de Job para Dios. Por ello Dios utilizó al patriarca
para callar a Satanás, para que él se diera cuenta de la clase de hijo que Job era.

Lo que Satanás hizo fue porque Dios lo permitió y según él de esa manera conseguiría el éxito y
se dio cuenta de que las posesiones no eran la prioridad en la vida de Job. Aparentemente
Satanás creería que todo aquel que profesaba servir a Dios lo hacía hipócritamente, pues Job
utilizaba la religión como medio para prosperar, pero olvidó que su comprensión era limitada,
pues aunque sepa mucho no es omnisciente.

Lo maravilloso es ver que en medio de los desastres ocasionados Job se mantiene firme, a pesar
de que el mismo Satanás incita a su propia mujer para que blasfeme de Dios (Job 1:21) con tanto
mal que está recibiendo aún sabiendo que el malo era él y no Dios, pues lo que sucedía era
porque él mismo había incitado a Dios para atentar contra las posesiones de Job. Pero la
respuesta de Job seguramente sorprende a Satanás quien se dio cuenta de que Job bendijo a
Dios porque así como él daba él quitaba (1:21).

Dios de ninguna manera deseaba el desastre para Job porque como Padre también se duele del
sufrimiento de los suyos, pero el gobierno de Dios permite el mal para que del desastre salgan
bienes muchos más importantes que las pérdidas (Job 42:10-17). Job fue un campeón y Satanás
al final se dio cuenta de que existen verdaderos hijos de Dios que le sirven por amor y no por
intereses materiales.

Es Dios quien llama la atención de todos hacia su siervo Job quien mantuvo su integridad como
siervo del altísimo, a pesar de las trágicas perdidas y de su estado físico. Job a pesar del dolor
insoportable, de la picazón de las llagas llenas de gusano (2:7-8), él pudo expresar sus razones
delante de Dios y de sus amigos al buscar luz sobre los sucesos que atravesaba, su deseo por
explorar los caminos de Dios eran grandes. Al parecer mientras sufría Dios se alejaba de él, sin
embargo llegó el momento en que Dios hace justicia y da la recompensa.

¿Dónde está Dios en las pruebas? Dios estaba donde ha estado siempre, donde está ahora. En
la voz interna de la conciencia. En el susurro apacible y delicado. En la cercanía de tu corazón.
En el fondo de tu alma. Al alcance de tus deseos. En las puertas mismas del llanto, del dolor, del
sufrimiento, con la esperanza de limpiar cada lágrima de tus ojos con su manto de amor.

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