Margarita Ledesma Iza
La honesta pureza
de la poesía
20 de septiembre de 2022
Por Revista Las Raíces
Margarita postuló a nuestra
convocatoria con tres poemas, el
primero de ellos llevaba por título
“Mi Mundo en Bicicleta”, un par de
sus versos bastaron para que
comprendiéramos que debía
honrarnos con su presencia en esta
selección.
Mi Mundo en Bicicleta es un breve
homenaje a otro tiempo, donde las
cosas importantes eran más
transparentes. Un poema sencillo,
pero sobre todo honesto y en el que
se esconden guiños a la verdadera
poesía. Margarita Ledesma Iza
Es común que quienes abrazan el oficio poético se vean tentados a adornar las
palabras con la intención de embellecerlas. Para ello, utilizan intrincados adjetivos
que acompañan cada idea y se adentran en temáticas existencialistas o
fundacionales sin saber (aún) que tales profundidades están presentes en cada
cosa que vemos o vivimos.
La obra de Margarita es una sutil y fresca respuesta a ese vicio y un gran ejemplo
de que aquello que conmueve no requiere de pesados trajes:
"Ah, cuando íbamos juntos
redondos se hacían los caminos
sentada en la sillita
o en el “portapicaje”,
como decía yo.
¿Te acordás, papá?
Era mi bici de dos o
de tres cuando iba mamá
abrazada al sol que se reparte"
Pero que no se mal entienda, entre esa simpleza se esconde uno de los secretos
de la poesía.
Hablamos de la capacidad de situarnos en un lugar que jamás hemos visitado,
espacios donde los olores y el viento en la cara son tan reales como los sonidos
de mi teclado al escribir estas palabras, y luego Margarita nos premia como ideas
que juegan con el lenguaje, construyendo figuras poéticas de primer orden pero
que, sin embargo, son capaces de conversar sin dificultad con la ligereza del texto
que las precede “abrazada al sol que se reparte”, nos dice Margarita, al terminar
la estrofa, negándose a ahondar innecesariamente en esa chispa de genialidad
que se hunde en la imagen general sin resistencias.
La Historia
La historia literaria de Margarita Ledesma Iza, originaria de la ciudad de Formosa
en el noreste argentino, comienza, como todas las historias, antes de su
nacimiento.
En su caso fueron los cuentos de su abuelo, quien llevaba encima parte importante
de la tradición oral de esa parte del mundo. Entre esos cuentos se crío Margarita,
soñando, imaginando, dando forma a las mil historias de su abuelo.
Mi abuelo tenía encanto, magia para atraer con sus historias de páginas de vida.
No siempre necesitaba libros, él era un libro y todos los libros, cuenta Margarita.
Pero también estaba el resto de su familia, en un hogar donde la literatura se
respetaba y se promovía. En ese contexto Margarita rememora un regalo que una
vez le hiciera su madre: Recuerdo que para un cumpleaños me regaló el libro de
cuentos: Blancanieves y los siete enanitos. En su interior había castillos que se
levantaban tras abrir la cubierta; espejo mágico, casas, bosques, animales,
escenarios plegados que se erguían, personajes que cobraban vida y yo con ellos.
Fue una revelación.
En sus palabras, es posible reconocer a una persona distinta, a una niña y luego
a una joven que miraba allí donde no todos miran. Y es que muchos han crecido
rodeado de libros e historias, pero no todos terminan creando pequeños
universos.
No podemos saber con exactitud qué es ese algo que hace distintos a quienes
terminan cautivados por el oficio de escribir, pero podemos esbozar algunas
características que suelen repetirse en personas como Margarita: La curiosidad,
la capacidad de asombro, el permiso para emocionarse y la honestidad.
Durante las vacaciones iba a la
casa de una prima que contaba con
una vasta biblioteca y tenía la
libertad de elegir los libros que
había allí. Algunos forrados en
cuero, otros con incrustaciones de
hilos dorados, bellos diseños en
sus tapas. Me apasionaban los de
aventuras, castillos, caballeros,
reyes, batallas. Robín Hood,
Ivanhoe, de Walter Scott, la historia
de Juana de Arco, las aventuras de
Tom Sawyer de Mark Twain, una
colección de Agatha Christie,
Veinte mil leguas de Viaje Submarino de Julio Verne, Platero y yo de Juan Ramón
Jiménez.
Más adelante, surgió otra figura que cimentaría sus intereses literarios, otro
ejemplo de la relevancia de personas significativas que confirmen que nuestras
intuiciones son correctas: En el colegio secundario, mi profesor de Literatura, se
fue convirtiendo de a poco en una brújula de libros, no solamente leíamos en sus
clases, sino fue conduciendo mi recorrido de lecturas. Me animó a escribir otra
vez. Había organizado un concurso de poesías en el cual obtuve como premio el
libro de poesías de Borges, que aún conservo. Asimismo, fue el gestor de una
revista mural “crecer” en la que participaba con mis poemas y algunos relatos.
En cuanto a sus referentes literarios, habría que empezar mencionado a los
clásicos, partiendo por los griegos y pasando por los legendarios poetas latinos
como Virgilio y Ovidio y claro, deteniéndonos en las obras de los que fundaron la
literatura en nuestra lengua, comenzando por Cervantes y Lope de Vega, para
luego recorrer las obras de Dante, Calderón de la Barca y García Lorca, y
finalmente llegar a este lado del mundo y encontrarse con los textos de César
Vallejo y claro, también de Borges y Neruda. Cortázar, Olga Orozco y Pizarnik. La
gran Alfonsina Storni y Francisco Madariaga.
Luego conocí personalmente a algunos poetas, entre los que debo mencionar a
Nina Turlher, José Caribaux, Elida Farini, René Ferrer, María Teresa Andruetto,
Diana Ballesi, Osvaldo Bossi. Ellos me sugirieron encontrar mi propia
voz, recuerda Margarita.
Hoy Margarita sigue experimentando la literatura como en los años en que
descubrió su magia Hoy sostengo la mirada de niña en mis abuelos como quien
sostiene un libro. Decidí tener los ojos siempre abiertos, aunque a veces haya que
entornarlos para ver mejor. También comprendí que leer es una forma de escribir
y escribir una forma de leer, y que dialogar con los otros respecto a lo que se ha
leído es un modo de ensanchar nuestro horizonte, desencastillarnos, salir del
cascarón, volver a nacer y andar sueltos como mis gatos, que se pasean por los
libros que de tanto en tanto releo. concluye.
Mi Mundo en Bicicleta
Ah, cuando íbamos juntos
redondos se hacían los caminos
sentada en la sillita
o en el “portapicaje”,
como decía yo.
¿Te acordás, papá?
Era mi bici de dos o
de tres cuando iba mamá
abrazada al sol que se reparte.
Quiero volver en esa bicicleta
con brújula de pájaros
que sepa a flores,
nubes,
tierra mojada.
Las Palabras
Que sean las palabras
las sostenidas,
las arrojadas al viento,
las tuyas,
las mías...
Las que despiertan
de la incertidumbre.
Las que descubran la endeblez
del sentirnos libres.
Las de ser o hacer.
Las que se dejan decir,
las mansas,
las indómitas también.
Que sean...ellas,
las palabras.
Una Vez
Una vez conocí un bosque
donde unos niños trepaban a los árboles.
Construían un mundo con caramelos
Trayendo aventuras en sus rondas.
Casita tapizada de sueños
La del árbol abuelo.
______
Mutilado el bosque, hallé
la cicatriz marcada.
Ante la indiferencia
de aquellos saciados.
¿Dónde colgarán sus canciones
las aves y los niños sus juegos?
¿Habrá otro verano
de verdes pactos, hilarantes brebajes?
Una vez conocí un bosque
donde unos niños trepaban a los árboles.
Abuelo
Abuelo,
¿Qué es un recuerdo?
Y llegás
envuelto en cuentos y caramelos.
Respiro tu imagen fresca y pulida.
Algo se abre en mi pecho
que aún dormía.
Te siento a mi lado
levanto mis brazos
y puedo alcanzar tus manos
como ventanas abiertas
a los besos
a los abrazos.
Abuelo,
el recuerdo eres tú.
Asumo
Asumo
la fecha primera
hecha rocío
magia de alas
rumor de cielos.
Asumo
sentirme protagonista
de lo ya hecho.
Asumo
estar habitada por
todo lo que vive
y trasciende.
Asumo
esa estirpe de mujer
que llevo.
Acercarse
Acercarse
es partir del encuentro
de esa frontera de lo incierto
de un cielo
de un abismo
de ese des-encuentro.
Como un pájaro
que se pierde en vuelo
O con otros ojos
podamos ver el rostro de Dios
cuando la tarde borre el horizonte.