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Divina Comedia

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La Divina comedia (en italiano moderno: Divina Commedia, en toscano: Divina Comedìa), también

conocida simplemente como Comedia, es un poema escrito por Dante Alighieri. Se desconoce la fecha
exacta en que fue redactado aunque las opiniones más reconocidas aseguran que el Infierno pudo ser
compuesto entre 1304 y 1308, el Purgatorio de 1307 a 1314 y, por último, el Paraíso de 1313 a 1321,
fecha del fallecimiento del poeta. Se considera por tanto que la redacción de la primera parte habría
sido alternada con la redacción del Convivium y De vulgari eloquentia, mientras que De monarchia
pertenecería a la época de la segunda o tercera etapa, a la última de las cuales hay que atribuir sin duda
la de dos obras de menor empeño: la Cuestión de agua y La Tierra y las dos églogas escritas en
respuesta a sendos poemas de Giovanni de Regina.
Es la creación más importante de su autor y una de las obras fundamentales de la transición del
pensamiento medieval (teocentrista) al renacentista (antropocentrista). Es considerada la obra maestra
de la literatura italiana y una de las cumbres de la literatura universal.

Características

Dante y Beatriz a orillas del Leteo (1889), de Cristóbal Rojas.


Dante Alighieri llamó sencillamente Commedia a su libro, pues, de acuerdo con el esquema clásico, no
podía ser una tragedia, ya que su final es feliz. Fue el escritor y humanista Giovanni Boccaccio quien
añadió el adjetivo "divina" durante la época en la que se encargó de leerla y comentarla públicamente
por diferentes ciudades italianas, también por ser un poema que canta a la cristiandad. El libro suele
presentarse actualmente con un gran cuerpo de notas que ayudan a entender quiénes eran los personajes
mencionados. Estos comentarios incluyen interpretaciones de las alegorías cristianas o significados
místicos que contendría el texto. Miguel Asín Palacios, por otra parte, destacó la importancia de la
escatología musulmana en la estructura del Infierno dantesco.1
La Divina comedia se considera una de las obras maestras de la literatura italiana y universal. Dante
resume en ella todo el amplio conocimiento acumulado durante siglos, desde los antiguos clásicos hasta
el mundo medieval; su fe religiosa y sus convicciones morales y filosóficas. El estilo de la obra posee
un rico lenguaje lleno de símbolos y frecuentes referencias a personajes históricos y de la antigua
mitología. Numerosos artistas de todos los tiempos crearon ilustraciones sobre ella; destacándose entre
ellos las de Sandro Botticelli, Gustave Doré, Salvador Dalí, William Blake, William Adolphe
Bouguereau y Miquel Barceló. Dante Alighieri la escribió en dialecto toscano, matriz del italiano
actual, el cual se usó entre los siglos XI y XII. Dante finaliza cada una de las cánticas utilizando la
palabra estrellas; conectándolas, a pesar de sus marcadas diferencias.
Aunque la Divina comedia es principalmente un poema religioso, que discute el pecado, la virtud y la
teología, Dante también discute varios elementos de la ciencia de su época,2 como por ejemplo: las
implicaciones de una Tierra esférica y las estrellas visibles en el hemisferio sur o analiza la importancia
del método experimental en la ciencia, en las líneas 94-105 del Canto II del "Paraíso".

Estructura

Detalle de infierno: Mosaico que representa el Juicio Final por


Coppo di Marcovaldo, Museo Baptisterio de San Juan.3 El poeta Dante Alighieri fue bautizado en este
lugar.
Cada una de sus partes (Infierno, Purgatorio y Paraíso) está dividida en cantos, cada uno consta de
treinta y tres cantos, y más el canto introductorio suman 100 cantos en total. Cada canto fue compuesto
por tercetos entrelazados endecasílabos o terza rima que, se dice, él mismo inventó.
El poema se ordena en función del simbolismo del número tres, que evoca la Santísima Trinidad (el
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo), el equilibrio, la estabilidad y el triángulo, las tres proposiciones que
componen el silogismo, lo que se sumaba al cuatro, que representaba los cuatro elementos: Tierra, aire,
fuego y agua, dando como resultado el número siete, como siete son los pecados capitales. Finalmente,
el Infierno está dividido en nueve círculos, el Purgatorio en siete y el Paraíso queda formado por nueve
esferas que giran como los planetas en torno al Sol.
Toda la obra está llena de símbolos que remiten al conocimiento y al pensamiento medievales; religión,
astronomía, filosofía, matemáticas, óptica, etcétera, que se encarnan en personajes, lugares y acciones.
El poema cuenta con un personaje principal: Dante, que personifica a la humanidad, y representa la
tentación del pecado. Luego cuenta con dos personajes secundarios: Beatriz, que personifica la Fe y
lleva a Dante a cada una de las esferas del paraíso, hasta el Empíreo, espacio inmóvil, donde contempla
la Rosa mística formada por Dios y sus elegidos; y Virgilio, que hace otro tanto con la razón.
El Paraíso representa el saber y la ciencia divina. El Infierno representa al ser humano frente a sus
pecados y sus funestas consecuencias. El Purgatorio, la lenta purificación de sus culpas hasta la
liberación. En esta obra el autor narra con extraordinario realismo un maravilloso viaje durante el que
se encuentra con las almas de grandes y terribles personajes de la historia; es un canto a la humanidad
que sólo en la fe en Dios encuentra su felicidad.
La estrofa por su parte está compuesta por tres versos, y cada una de las cánticas cuenta con treinta y
tres cantos, más el canto introductorio, de manera que la obra completa se compone de cien cantos. Se
usa un tipo de rima original, la "terza rima".
Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi ritrovai per una selva oscura,
ché la diritta via era smarrita.

Ahí quanto a dir qual era è cosa dura


esta selva selvaggia e aspra e forte
che nel pensier rinova la paura!

Dante también utiliza el número diez tanto como cabalístico que como número pitagórico, que se
aprecia en los cien cantos de la comedia, compuestos por los treinta y tres de cada reino, más el de
introducción. También es notable la importancia decimal en los diez niveles del infierno, que son nueve
círculos más el anteinfierno, donde se encuentran los ignavi, es decir, los indiferentes.
La estructura matemática de la Divina comedia, por otra parte, es mucho más compleja de lo que aquí
se esboza[cita requerida]. El poema puede leerse según los cuatro significados que se atribuyen a los
textos sagrados: literal, moral, alegórico y anagógico. En este poema, Dante hace gala además de un
gran poder de síntesis que es característico de los grandes poetas.
La estructura también afecta a los registros lingüísticos: en el infierno se utiliza un lenguaje vulgar, el
texto del "Purgatorio" está lleno de citas bíblicas y el del "Paraíso", de himnos y cantos litúrgicos.
Antes de emprender el viaje hacia los tres mundos, Dante despierta en una selva oscura sin saber por
qué llegó ahí. Cuando se habla de selva oscura se hace referencia a algo malo, a lo contrario a Dios, ya
que esa selva era oscura, era mala. En esa selva se describe un paisaje inicial en el cual se ve el sol, las
estrellas, la playa y la colina. El sol en representación de la divinidad, de Dios, la colina es el camino
que debe subir para llegar a Dios, y Dante no puede llegar a esa luz porque en el camino se encuentra
con tres fieras que son obstáculos para él, cada fiera representando un pecado. Ahí se encuentra con
Virgilio y después de una conversación con este, comienza su viaje.

Infierno
Artículo principal: Infierno (Divina comedia)

Infierno, Canto I (por Gustave Doré).


La primera parte describe cómo Dante se halla perdido en un bosque oscuro en su mediana edad y entra
en una cueva al pie del monte Sion, cerca de Jerusalén. Tres animales alegóricos le salen al paso: una
pantera, una loba y un león. Estos animales representan los pecados que pueden atacar a Dante. La
pantera representa la lujuria y la ciudad de Florencia que lo ha exiliado. La loba es, según los
comentaristas, el pecado de la codicia, y más allá de esto el poder temporal del Papa en Roma. El león
representa la soberbia, y el poder de Francia, que pretendía dominar Italia. Después se narra el
descenso del autor al infierno, acompañado por el poeta latino Virgilio, autor de la Eneida, a quien
Dante admiraba y que, en la Edad Media, tenía una curiosa fama de mago, particularmente en Nápoles.
Acompañado por su maestro y guía, desciende al infierno, que tiene forma de cono con la punta hacia
abajo y que, como indica Agnelli en la obra, se indican diez giros a la izquierda, infiriendo que cada
uno es de 36°, formando así una circunferencia completa al final.4
En el infierno, los poetas se encontrarán con los que están siendo sometidos a castigo, según la
gravedad de los pecados cometidos en vida. En las puertas, se advierte: "Lasciate ogni speranza, voi
ch'entrate" / "Quien entre aquí, abandone toda esperanza".
El primer círculo corresponde al limbo, donde se encuentran las almas inocentes de los que obraron
bien, pero desconocieron el mensaje de Jesucristo porque nacieron antes que él. Esas almas no sufren,
pero no pueden participar del Paraíso. Allí se encuentra un grupo de cinco grandes poetas, entre los
cuales Virgilio es aceptado como el sexto.
Dante encuentra en el infierno a muchos personajes antiguos pero también de su época (muchos de
ellos, enemigos de Dante o que colaboraron en su destierro), y cada uno de ellos narra su historia
brevemente a cambio de que Dante prometa mantener vivo su recuerdo en el mundo; cada castigo se
ajusta a la naturaleza de su falta (contrapasso) y se repite eternamente. Jorge Luis Borges5 cita como
los mejores pasajes la historia de Paolo y Francesca, amantes adúlteros que se conocieron al leer en el
libro de Lanzarote los amores de la reina Ginebra y Lanzarote, que fue motivo de inspiración y
homenaje por poetas románticos y contemporáneos, así como la historia del conde Ugolino da Pisa, que
se comió a sus propios hijos, y del último viaje de Ulises. Son también impresionantes el tránsito por el
bosque de los suicidas, la travesía del desierto donde llueve el fuego, donde Dante se encuentra a su
maestro Brunetto Latini, y la llanura de hielo de los traidores, considerados los peores pecadores entre
todos. En el último círculo "judesco", el Canto trigésimo cuarto, Dante se encuentra en la cuarta zona
del noveno círculo, en el hielo del Cocito, donde son castigados los traidores de los benefactores,
durante la noche del 9 de abril de 1300 (Sábado Santo), o, según otros comentadores, del 26 de marzo
de 1300. Los traidores están sumergidos en hielo y, al llorar, las lágrimas les cortan los ojos. Se
describe a Lucifer como un demonio de tres cabezas; dentro de su boca principal se hallaba Judas, al
cual mordía con sus filosos colmillos como un juguete, mientras éste gritaba de dolor; en las otras,
mordía a los asesinos de Julio César, Marco Junio Bruto y Casio.
Agarrados al pelaje de Lucifer van descendiendo pero, de repente, se encuentran subiendo, porque han
pasado el centro de la Tierra y se encaminan a las antípodas. Allí vuelven a ver las estrellas.
El Infierno (en italiano Inferno) es la primera de las tres cánticas de la Divina comedia del poeta
florentino Dante Alighieri. Las siguientes cánticas son el Purgatorio y el Paraíso. Está formada por 33
cantos, más uno de introducción; cada canto está subdividido en tercetos cuya rima es encadenada. De
hecho, su estructura doctrinal hace un uso constante del número tres: los condenados están repartidos
en tres categorías, cada una localizada en una sección decreciente de la cavidad subterránea. El orden
de las penas, como dice Virgilio en el canto XI, depende de la Ética nicomáquea de Aristóteles, y
prefigura una jerarquía del mal basada en el uso de la razón. La elección de las penas sigue la ley del
contrapaso, que castiga los pecadores mediante el contrario de sus pecados o por analogía a ellos. En
ese sentido los pecadores más "cercanos" a Dios y la luz, es decir, puestos en los primeros círculos, son
los incontinentes, que incluyen a los lujuriosos, los glotones, los avaros y los iracundos. Siguen los
violentos, que fueron cegados por la pasión, si bien a un nivel de inteligencia mayor que los primeros.
Los últimos, ubicados en las Malasbolsas, son los fraudulentos y los traidores, que quisieron y
realizaron el mal conscientemente. Entre los traidores hay cuatro categorías: a Caína van los traidores a
la familia; a Antenora, los traidores a la patria; a Tolomea, los traidores a los huéspedes, y a Judeca, los
traidores a los benefactores y a Dios. Todos los pecadores del Infierno tienen una característica en
común: sienten la separación de Dios como el mayor castigo. Cuanto mayor es el pecado, menor es el
espacio físico en el que habitan las almas.

Vestíbulo del Infierno


El poema comienza el día antes del Viernes Santo, en el año 1300. El narrador, Dante Alighieri, tiene
treinta y cinco años, y por ende se encuentra «a mitad del camino de la vida» (Nel mezzo del cammin di
nostra vita), la mitad de la expectativa de vida de setenta años según la Biblia (Salmo 90:10). El poeta
se encuentra perdido en «una selva oscura» y es asaltado por tres bestias, un león, un leopardo (lonza
en italiano que puede referirse también a una pantera o un lince), y una loba, a los que no puede evadir,
y es incapaz de encontrar la «senda recta» (diritta via) a la salvación. Estos animales son una alegoría
de la soberbia, la lujuria y la codicia, tres pecados capitales. Consciente de que él mismo se está
haciendo daño y de que está cayendo en un «profundo lugar» (basso loco) donde el sol calla (l sol
tace), Dante es finalmente rescatado por el poeta romano Virgilio. Los dos comienzan un viaje al
mundo de ultratumba (Canto I). Cada castigo en el Infierno es por contrapaso, una representación de la
justicia poética; por ejemplo, los adivinos deberán caminar con sus cabezas al revés, incapaces de ver
lo que está enfrente, resultado de tratar de ver siempre el futuro.

La barca de Dante, óleo de Eugène Delacroix.


Dante pasa a través de la puerta del infierno, que tiene una inscripción, cuyo texto dice:
«Es por mí que se va a la ciudad del llanto, es por mí que se va al dolor eterno y al lugar donde sufre
la raza condenada, yo fui creado por el poder divino, la suprema sabiduría y el primer amor, y no
hubo nada que existiera antes que yo, abandona la esperanza si entras aquí».
Antes de entrar completamente al infierno, Dante y su guía ven a aquellos que nunca se
comprometieron, las almas de aquellos que jamás hicieron algo bueno o malo (entre ellos, Dante
reconoce a Celestino V, un papa que renunció a su cargo). Con ellos están los exiliados que no tomaron
parte en la rebelión de los ángeles. Estas almas no están ni en el Infierno ni fuera de este, pero residen
en las orillas del Aqueronte. Su castigo es el de perseguir eternamente una bandera en blanco mientras
son atacados por abejas y avispas que continuamente los pican mientras gusanos y otros insectos
succionan su sangre y lágrimas. Este castigo se debe a que en vida no fueron capaces de abanderar
ninguna causa; ahora deben correr detrás de un estandarte vacío y no por motivación propia, sino por
evitar las picaduras de las abejas. Como el Purgatorio y el Paraíso, el Infierno tiene una estructura de
9+1=10, pues cuenta con un "vestíbulo" de diferente naturaleza que los otros nueve círculos que lo
componen, de los cuales lo separa el Aqueronte.
Tras franquear el vestíbulo, Dante y Virgilio llegan a la barca que les permitirá cruzar el Aqueronte y
llegar al infierno propiamente dicho. Quien conduce la embarcación es Caronte, quien, al saber que
Dante procede del mundo de los vivos, se niega a dejarlo pasar. Virgilio, sin embargo, lo obliga a
acceder pronunciando la frase Vuolsi così colà ove si puote (‘así se dispuso allí donde se tiene la
autoridad’), indicando que el viaje de Dante es deseado por Dios. Las protestas y blasfemias de las
almas condenadas llenan la atmósfera (Canto III). Sin embargo, el poeta pierde el conocimiento y en su
poema no se describe el cruce del río propiamente dicho (Canto IV).
A continuación, Virgilio guía a Dante por los nueve círculos del Infierno, que son concéntricos,
representando la progresión de la gravedad del pecado castigado, y culmina en el centro de la Tierra,
donde Satán es prisionero. Los pecadores de cada círculo son castigados con penas eternas.
aquellos que se arrepintieron y oraron antes de fallecer se encuentran en el
Purgatorio, donde deben expiar sus culpas. En el Infierno se encuentran quienes
justificaron sus pecados y no se arrepintieron.

En un sentido alegórico, las tres bestias representan los tres tipos de pecados: la autoindulgencia, la
violencia, y la perversidad,1 lo cual es de importancia pues determina la estructura del lugar, de modo
que el alto Infierno (los primeros cinco círculos) corresponden a los pecados de autoindulgencia, el
sexto y el séptimo a los caracterizados por la violencia, y el octavo y el noveno a los marcados por la
perversidad.

Los nueve círculos del Infierno


Artículo principal: Círculos del Infierno

La concepción del Infierno según Sandro Botticelli, obra realizada


entre 1480 y 1490.
Primer círculo (Limbo)
En el limbo se encuentran los no bautizados y los paganos virtuosos quienes, pese a no ser pecadores,
no conocieron a Cristo. Estos pecadores no son efectivamente atormentados, pero aun así están
condenados ya que están separados de Dios, sin esperanza de reconciliarse con Él. El limbo comparte
muchas características con los prados asfódelos griegos; «un lugar neutral, ni bueno ni malo, donde
esta gente estará eternamente siempre deseando a Dios pero sin poder tenerlo nunca».2 El limbo
incluye prados verdes y un castillo, el lugar donde están los hombres más sabios de la antigüedad,
incluyendo al mismo Virgilio, así como filósofos islámicos como Averroes y Avicena. En este castillo,
Dante conoce a los poetas Homero, Horacio, Ovidio, y Lucano, a la reina amazona Pentesilea, al
matemático Euclides, a los filósofos Sócrates, Platón y Aristóteles, y a muchos otros, entre ellos César
en su rol de general de Roma («César en armas, de ojos rapaces»3). Curiosamente, Dante también se
encuentra con Saladino en el limbo (Canto IV). Dante da a entender que todos los no cristianos
virtuosos se encuentran en ese lugar, aunque luego se encuentra a dos (Catón de Útica y Estacio) en el
Purgatorio y a otros dos (Trajano y Rifeo) en el Paraíso.
Después de este primer círculo, todos los condenados por pecados "activos", es decir, que
deliberadamente han pecado dañando a alguien, son juzgados por Minos, quien sentencia cada alma y
le asigna su lugar, enrollando su cola sobre sí mismo tantas vueltas como círculos debe descender. Los
círculos más profundos están estructurados de acuerdo con la concepción clásica (aristotélica) del vicio
y la virtud. Están agrupados de acuerdo con los pecados de incontinencia, violencia y fraude
(representados, según diversos comentaristas, por el leopardo, el león, y la loba, respectivamente). Los
pecados de incontinencia, es decir, la incapacidad de controlar los deseos e instintos propios, son
castigados en un primer lugar, mientras que la violencia y el fraude aparecen después.

Gianciotto descubre a Paolo y Francesca, óleo de Jean Auguste


Dominique Ingres.
Segundo círculo (Lujuria)
En el segundo círculo del Infierno se encuentran aquellos que han pecado de lujuria. Dante condena a
estos «malefactores carnales»4 por dejar que sus apetitos sobrepasaran su razón. Ellos son los primeros
en ser verdaderamente castigados en el Infierno. Estas almas están condenadas a ser impelidas por un
fuerte viento que las embiste contra suelo y paredes, las agita y las hace chocar entre ellas sin descanso,
de la misma forma que en vida se dejaron llevar por los vientos de la pasión.
En este círculo, Dante encuentra a Semíramis, Dido, Cleopatra, Helena, Aquiles, Paris, Tristán, y
muchos otros que no controlaron el amor sensual durante su vida. Francesca de Rímini le cuenta a
Dante cómo ella y su cuñado Paolo cometieron adulterio, y después murieron de manera violenta, en el
nombre del Amor, en las manos de su esposo, Gianciotto Malatesta. Francesca le cuenta a Dante que su
acto de adulterio fue inspirado por la historia de Lanzarote y Ginebra (un episodio esculpido por
Auguste Rodin en El Beso). Sin embargo, ella cree que su esposo será castigado por fratricidio en
Caína, en el Noveno Círculo (Canto V); a lo cual Dante parece triste, ya que para él el amor es una
fuerza muy pura, y no entiende como puede ser algo tan maligno y trágico a la vez.

Tercer círculo (Gula)


Recobrando el sentido, el poeta se halla en el tercer círculo, donde se castiga a los condenados por el
pecado de la gula con la pena de ser batidos por una fortísima lluvia fría mezclada con grueso granizo,
y ensordecido por los terribles ladridos de Cerbero, que además los desgarra con uñas y dientes. Entre
esos infelices encuentra a Ciacco.

Cuarto círculo (Avaricia y Prodigalidad)

El tercer círculo, ilustrado por Stradanus.


Aquellos cuya actitud hacia los bienes materiales se desvió de la media inadecuada son castigados en el
cuarto círculo. Aquí están condenados los avaros, que acumularon posesiones, y los pródigos, que las
derrocharon. Ambos grupos empujan grandes pesos a lo largo del círculo, pero cada uno en dirección
opuesta. Cuando se encuentran, chocando, se injurian. Unos reprochan: «¿Por qué acaparas?», los
otros: «¿Por qué derrochas?». A continuación cada grupo da la vuelta para recorrer el círculo en sentido
contrario, hasta chocar de nuevo con el otro.
El contraste entre estos dos grupos, Virgilio conduce al discurso sobre la naturaleza de la fortuna, que
resucita a las naciones a la grandeza, y luego los sume en la pobreza, como ella cambia «esos productos
vacíos de nación a nación, clan a clan», expresión que llena lo que de otro modo sería una brecha en el
poema, ya que ambos grupos están tan absortos en su actividad que Virgilio le dice a Dante que sería
inútil tratar de hablar con ellos; de hecho, han perdido su individualidad, y se convierten en
«irreconocibles» (Canto VII).

El quinto círculo, ilustrado por Stradano.

Quinto círculo (Ira y pereza)


Las almas de los iracundos están encenagadas en la espantosa y pantanosa laguna Estigia. Rabiosas, se
golpean entre ellas, y se despedazan a mordiscos mientras se ahogan en sus infectas aguas. Bajo el agua
y hundidos en el lodo, están las almas de los acidiosos. De mala gana, Flegias transporta en su barco a
Dante y a Virgilio a través de la laguna Estigia. En el camino un condenado les habla, Filippo Argenti,
güelfo negro de una prominente familia, que en vida atropellaba con su carroza jalada por caballos a
todo aquel que se le cruzara en su camino. Ofendido tras ver la reacción de Dante al verlo, Filippo
intenta sumergir a Dante dentro de las aguas del Estigia, pero Virgilio rápidamente lo empuja,
devolviéndolo a las infectas aguas y golpeándose a sí mismo como rabieta ante su fracaso. Cuando
Dante responde «con el llorar y con el luto quédate, espíritu maldito»,5 Virgilio lo besa. Literalmente,
esto muestra el hecho de que las almas en el Infierno están eternamente fijadas en el estado que
eligieron pero, alegóricamente, refleja cómo Dante se "contagia" del pecado de la ira6 (Cantos VII y
VIII).
Las partes más bajas del Infierno se encuentran dentro de los confines de la ciudad de Dite, que a su
vez está rodeada por la laguna. Los castigados dentro de Dite son pecadores activos (no pasivos). Los
muros de Dite están custodiados por ángeles caídos. Virgilio no logra convencerlos de que lo dejen
pasar con Dante y las Erinias y Medusa amenazan a Dante. Un ángel mandado del Cielo los deja entrar,
abriendo la puerta al ser tocada por una vara. Alegóricamente, esto revela el hecho de que el poema está
empezando a tratar con pecados que ni la filosofía ni el humanismo pueden comprender del todo6
(Cantos VIII y IX).

Sexto círculo (Herejía)


En el sexto círculo, los epicúreos, quienes negaron en vida la inmortalidad del alma, están condenados
a yacer en flamígeros sepulcros destapados. Dante habla con un epicúreo florentino, Farinata degli
Uberti, un gibelino (condenado póstumo por herejía en 1283); y Cavalcante dei Cavalcanti, un güelfo y
padre de Guido Cavalcanti, amigo de Dante y poeta. Las afiliaciones políticas de estos dos hombres
crean una discusión sobre la política florentina (Canto X).
En respuesta a una pregunta de Dante sobre la profecía que recibió, Farinata explica que el alma en el
Infierno puede ver el futuro pero no el presente. En consecuencia, cuando «se aproximan o son»,7 es
todo en vano su intelecto.

Bajo Infierno, dentro de los muros de Dite, ilustración de Stradano.


En el séptimo círculo se encuentran los violentos. Su entrada es vigilada por el Minotauro, y se divide
en tres anillos: Anillo exterior: Esta ronda alberga a los violentos contra la gente y la propiedad. Están
inmersos en el Flegetonte, un río de sangre hirviente, hundidos según la gravedad del pecados:
Alejandro Magno está inmerso hasta las cejas. Los centauros, liderados por Quirón, patrullan el lugar
disparando flechas a quienes intentan escapar. El centauro Neso guía a los poetas a través del
Flegetonte (Canto XII). Este pasaje estuvo quizás influenciado por la obra medieval Visio Karoli
Grossi.8

Séptimo círculo (Violencia)


• Anillo exterior: Se castiga a quienes se dejaron llevar por la violencia contra el prójimo (los
asesinos y tiranos), hundidos en el río de sangre hirviente llamado Flegetonte, vigilados por los
centauros armados de arcos y flechas.
La familia Gianfigliazzi estaba identificada por un escudo de un león
(azul sobre fondo amarillo).
(Canto XI)
• Anillo del medio: En este anillo están los suicidas (los violentos contra sí mismos) quienes,
transformados en nudosos árboles, son picoteados y desgarrados por Harpías que anidan allí.
Llegado el día del Juicio Final, esta clase de almas, en vez de revestirse con sus cuerpos al
recobrarlos, los colgarán de sus ramas, pues sería injusto volver a tener lo que uno se ha quitado
voluntariamente. Dante, al romper una rama y comenzar a sangrar, oye una voz, la de Pier della
Vigna, quien se suicidó después de perder la confianza de Federico II (su presencia aquí, indica
que Dante cree que la acusación hacia él es totalmente falsa9). Los árboles torcidos son
metáfora del estado de la mente del suicida.10 Los otros residentes del anillo son los
derrochadores, quienes destruyeron sus vidas destruyendo lo que tenían de valor (por ejemplo,
dinero y propiedades). Son perpetuamente perseguidos y mordidos por perros feroces (Canto
XIII).
• Anillo interior: Aquí están los violentos contra Dios (blasfemadores) y los violentos contra la
naturaleza (sodomitas y, como se explicó en el sexto círculo, los usureros), quienes están en un
desierto ardiente de arena con una lluvia de llamas. Los blasfemadores están echados en la
arena, los usureros sentados y los sodomitas deambulan en grupos. Dante conversa con dos
florentinos sodomitas de diferentes grupos. Uno de ellos es el mentor de Dante, Brunetto Latini.
Dante está muy sorprendido y tocado por el encuentro y muestra gran respeto por su "maestro"
("me enseñabais cómo se inmortaliza el hombre: / y cuanta gratitud de ello guardo, mientras
viva, / es necesario que mi lengua lo discierna."11), esto refuta la idea de que Dante solo pone a
sus enemigos en el Infierno.12 Los otros sodomitas son Jacopo Rusticucci, político, que culpa a
su esposa por su destino. Los castigados por usura incluyen a los florentinos Catello di Rosso
Gianfigliazzi, Ciappo Ubriachi, y Giovanni di Buiamonte; a los paduanos Reginaldo degli
Scrovegni y Vitaliano di Iacopo Vitaliani. Están identificados no por el nombre sino por el
escudo estampado en las bolsas alrededor del cuello, monederos con los que «sus ojos parecían
deleitarse»13 (Cantos XIV a XVII).

Octavo círculo (Fraude)


En los últimos círculos del Infierno se castigan los pecados relacionados con el fraude consciente o
traición. A estos círculos solo se puede llegar descendiendo un gran acantilado, que Dante y Virgilio
hacen en la espalda de Gerión, un monstruo alado tradicionalmente representado con tres cabezas o con
tres cuerpos unidos,14 pero descrito por Dante con tres distintas naturalezas: humana, bestial y reptil.14
Gerión es la imagen del fraude, con la cara que parece de un hombre honesto, su cuerpo hermosamente
coloreado, pero con una punta venenosa en la cola15 (Canto XVII).

Jason y Medea, por John William Waterhouse (1907).


Los fraudulentos de forma deliberada, a sabiendas del mal que causan, están localizados en un lugar
llamado Malebolge («Malas fosas»), dividido en diez Bolgias unidas por puentes:
• Primer recinto: Rufianes (proxenetas y seductores) marchan en líneas separadas en direcciones
opuestas, golpeados por demonios (Dante hace aquí referencia al tráfico del Jubileo del año
1300 en Roma: manteniéndose a la derecha16). Dado que los rufianes y los seductores usaron la
pasión de otros para llevarlos a donde querían, están ahora guiados por demonios a marchar por
la eternidad.16 En el grupo de los proxenetas, el poeta distingue a Venedico Caccianemico,
quien, vencido por el dinero y la avaricia, vendió la honra de su propia hermana Ghisola al
marqués Obizzo II de Este, señor de Ancona, Ferrara, Módena y Reggio Emilia. En el grupo de
los seductores, Virgilio y Dante encuentran a Jasón, el capitán de los Argonautas, quien obtuvo
la ayuda de Medea seduciéndola y casándose con ella, solo para después dejarla por Creúsa.16
Jasón también sedujo a Hipsípila, pero "la abandonó, sola y embarazada"17 (Canto XVIII).
• Segundo recinto: Aduladores, que son descritos con un lenguaje bajo y vulgar. Están inmersos
en excrementos humanos, que representan las palabras que produjeron.16 Dorothy L. Sayers,
quien trabajó en la industria de la propaganda, comenta "Dante no vivió para ver el desarrollo
de la propaganda política, la publicidad comercial y el periodismo sensacionalista, pero preparó
un lugar especial para ellos"16 (Canto XVIII).
• Tercer recinto: Dante aquí expresa18 su condena a los que cometieron la simonía. Están
puestos con la cabeza hacia abajo (como en la pila bautismal), con llamas que les queman los
pies. Uno de los simoníacos, el papa Nicolás III, denuncia a dos de sus sucesores, Bonifacio
VIII y Clemente V, por la misma ofensa. La similitud con la fuente bautismal le da a Dante la
oportunidad para limpiar su nombre de la acusación de daño intencionado a la fuente en la
iglesia de San Giovanni dei Fiorentini19 (Canto XIX).
• Cuarto recinto: Brujos, astrólogos, y falsos profetas tienen la cabeza mirando hacia atrás.20
Dado que quisieron ver hacia adelante sin mirar el presente, ahora están obligados a no poder
ver hacia adelante, solo hacia atrás.21 En esta Bolgia, Dante ve a Anfiarao, Tiresias, Miguel
Escoto, y Guido Bonatti, entre otros (Canto XX).
• Quinto recinto: Políticos corruptos están inmersos en brea hirviente, que representa los dedos
sucios y oscuros secretos de sus tratos corruptos.22 Los truhanes son los análogos políticos de
los simoniacos, y Dante les dedica varios cantos a ellos. Son custodiados por diablos llamados
Malebranche (malasgarras), que proporcionan una salvaje y satírica comedia negra. El líder de
los Malebranche, Malacoda, les asigna una tropa a Virgilio y Dante para llevarlos a la siguiente
Bolgia. La promesa de un salvoconducto a los poetas resulta ser una mentira, ya que los
demonios se están aprovechando de ellos (y no hay "próximo puente"23), y entonces los poetas
se ven obligados a trepar hacia la sexta Bolgia. (Canto XXI a XXIII).
• Sexto recinto: En la sexta Bolgia, los poetas encuentran a los hipócritas, que llevan aparentes
capas doradas que resultan ser de plomo, de manera que los hacen andar inclinados bajo su
peso. Se simboliza su falsedad contrastando la apariencia dorada que los hipócritas muestran,
con un interior innoble, agobiado por los malos pensamientos. Dante habla con Catalano y
Loderingo, dos frailes gaudentes, una orden que había adquirido reputación por no vivir de
acuerdo con sus votos,23 y que fue con el tiempo suprimida por el papa Sixto V. Una
subcategoría particular de hipócritas está representado por los miembros del Sanedrín, que
llevaron a Cristo a la muerte «en beneficio de todo el pueblo», pero causando la ruina de los
judíos: con evidente contrapaso están crucificados en tierra, en medio del camino, de modo que
los hipócritas que caminan por el círculo los pisan a su paso.
• Séptimo recinto: Dos cantos están dedicados a los ladrones, quienes están custodiados por el
centauro Caco, que escupe fuego (en la mitología romana, Caco no era un centauro, sino un
monstruo que tiraba fuego asesinado por Heracles). Los ladrones son perseguidos y mordidos
por serpientes. El horror de la pena de los ladrones se revela poco a poco: al igual que robaron
la sustancia de otras personas en vida, aquí ellos son objeto del robo de su propia identidad,24 y
al ser mordidos por una serpiente sufren una transformación. Vanni Fucci es convertido en
cenizas y revivido, Agnello se mezcla con el reptil de seis patas que es Cianfia, y los cambios de
Buoso forman las cuatro patas de Francesco: «El alma que se había hecho fiera / silbando huye
por el valle, / y el otro tras de él hablando escupe».25 (Cantos XXIV y XXV).
• Octavo recinto: En la octava Bolgia, se castiga a los consejeros fraudulentos, que andan
revestidos en una llama que los abrasa. Ulises y Diomedes están aquí condenados por el engaño
del caballo de Troya. Ulises también cuenta la historia de su final y último viaje (una invención
de Dante), donde él dejó su hogar y familia para llegar al fin de la Tierra, siendo que se hundió
junto a sus hombres al llegar al monte del Purgatorio. Poco después, el conde Guido da
Montefeltro cuenta su consejo al papa Bonifacio VIII para capturar el fuerte de Palestrina,
ofreciéndole a la familia Colonna que se encontraba adentro un falso armisticio, y arrasando el
suelo cuando se rindieron. Guido se transformó en franciscano en 1296, y murió dos años
después. Guido describe cómo vino San Francisco a llevar su alma al Cielo, pero un demonio
pidió antes su alma. A pesar de que Bonifacio lo absolvió de sus pecados, Dante remarca la
invalidez de esto, dado que la absolución requiere el arrepentimiento y un hombre no puede ser
perdonado por un pecado, al mismo tiempo que desea cometerlo26 (Cantos XXVI y XXVII).
• Noveno recinto: En la novena Bolgia, demonios armados con espadas en manos dividen a
quienes en vida dividieron a las personas.27 Al curarse sus heridas, los demonios vuelven a
lastimarlos. Dante encuentra a Mahoma, quien le dice que se cuide del cismático y hereje Fraile
Dolcino. Dante describe a Mahoma como un cismático,2728 que vio al Islam como una rama
del Cristianismo, y de un modo similar Dante parece condenar a Ali por la división entre
Sunitas y Chiitas. En este Bolgia, Dante encuentra también a Bertran de Born, quien lleva su
cabeza en la mano, como castigo por (Dante cree) fomentar la rebelión de Enrique el Joven
contra su padre Enrique II (Cantos XXVIII y XXIX).
• Décimo recinto: En la última Bolgia, están varios tipos de falsificadores (alquimistas,
falsificadores, perjurios, e imitadores), quienes están enfermos.29 La esposa de Putifar es
mencionada aquí por su falsa acusación de José, al igual que Sinón, el espía griego que engañó
a los troyanos a dejar entrar el caballo de Troya a la ciudad. En las notas de su traducción,
Dorothy L. Sayers remarca que el descenso a través de las Malebolge "inicia con la venta de la
relación sexual, y llega a la venta de la Iglesia y del Estado; ahora, el dinero está corrompido,
cada afirmación es perjurio, y cada identidad una mentira;"29 es decir cada aspecto de la
interacción social se fue progresivamente destruyendo (Cantos XXIX y XXX).

Noveno círculo (Traición)


El noveno círculo está rodeado de gigantes clásicos y bíblicos, quienes quizás simbolizan el orgullo y
otros defectos espirituales que se esconden detrás de los actos de traición.30 Los gigantes están echados
en el suelo y por eso se pueden ver desde más arriba. Entre ellos está Nemrod y Efialtes, quien con su
hermano Otus trató de derrotar al Olimpo. El gigante Anteo está en el pozo que forma el noveno
círculo (Canto XXXI).
Los traidores se diferencian de los "simples" fraudulentos por el hecho de que sus acciones envuelven
el engañar a alguien con quien se tiene una relación especial. Hay cuatro zonas concéntricas (o
"rondas") de traidores, correspondientes, en orden de seriedad, a las traiciones hacia algún familiar,
hacia alguien con lazos de comunidad, hacia los huéspedes, y hacia el señor feudal. En contraste con la
imagen popular del Infierno como ardiente, los traidores están congelados en un lago de hielo conocido
como Cocito, en donde cada grupo está encajado a profundidades cada vez mayores, siendo este
noveno círculo del infierno más similar al Helheim (infierno nórdico).
• Ronda 1 es llamada Caina, el nombre proviene de Caín, quien mató a su hermano Abel. Los
traidores a sus propios familiares están inmersos en hielo hasta la cara: «hasta donde el rubor
avanza, / estaban las sombras dolientes en la escarcha».31 Mordred, quien atacó al rey Arturo,
es uno de los traidores que se encuentra aquí: «ni la de aquel a quien fue roto el pecho y la
sombra / con él, de un golpe de la mano de Arturo»32 (Canto XXXII).
• Ronda 2 se llama Antenora, en honor a Antenor de Troya, quien según la tradición medieval
traicionó a su ciudad en favor de los griegos durante la guerra. Traidores a las entidades
políticas, tales como partido, ciudad, o país, están aquí. El Conde Ugolino deja de morder la
cabeza de su rival, el arzobispo Ruggieri para describir como Ruggieri lo encerró en una torre
con sus hijos, condenándolos a morir de hambre. Una serie de correspondencias, como
alusiones al mismo pasaje del Eneida, unen este pasaje a la historia de Paolo y Francesca del
segundo círculo,33 indicando que el hielo del infierno de la traición es el resultado final del
consentimiento del pecado33 (Cantos XXXII y XXXIII).
• Ronda 3 es llamada Ptolomea, probablemente en honor a Ptolomeo, hijo de Abobi, quien invitó
a Simón Macabeo y a su hijo a un banquete y después los mató, o también en honor al faraón
Ptolomeo XIII quién traicionó al cónsul Pompeyo.33 Los traidores a sus huéspedes están
castigados aquí, echados supinos en el hielo, que les cubre todo salvo la cara. Están castigados
más severamente que los anteriores traidores, porque la relación con las personas traicionadas es
por pura voluntad.34 Fra Alberigo, que había armado a soldados para que mataran a su hermano
en un banquete, explica que a veces el alma llega aquí antes que Atropos corte el hilo de la vida.
Sus cuerpos en la tierra son inmediatamente poseídos por un demonio, y entonces lo que parecía
ser un hombre que caminaba pasa a ser un hombre incapaz de arrepentirse (Canto XXXIII).
• Ronda 4 se llama Judeca, en honor a Judas Iscariote, el traidor a Cristo. Aquí están los traidores
a sus benefactores. Todos los castigados aquí están completamente inmersos en el hielo,
distorsionados en todas las posiciones imaginables. Dado que aquí no hablan con nadie, Dante y
Virgilio se mueven rápido hacia el centro del Infierno (Canto XXXIV).

Lucifer está atrapado en la zona central de hielo del Noveno Círculo,


Canto XXXIV.
En el centro del Infierno, condenado por cometer el último pecado (la traición hacia Dios), está Lucifer.
Lucifer es descrito como un gigante, espantosa bestia con tres caras, una roja, una negra y otra de color
amarillo pálido:
Una delante y era bermeja,
las otras eran dos, que a aquella se unían
de cada hombro en el medio,
y se juntaban en el lugar de la cresta:
y la derecha parecía entre amarilla y blanca,
la izquierda a la vista era tal cuales son
los que vienen de donde el Nilo se encauza.35

Lucifer está inmerso en el hielo hasta la cintura, llorando y babeando. Aletea como si intentase escapar,
produciendo un viento que hiela todo el Cocito. Cada boca tiene un famoso traidor, con Bruto y Casio
en las bocas de la izquierda y derecha, respectivamente. Estos dos hombres estuvieron involucrados en
el asesinato de Julio César, un acto que para Dante significa la destrucción de la unificación de Italia ya
que mataron al hombre que debía gobernar al mundo.36 En el centro está Judas. A él se le aplica la peor
de las torturas, su cabeza es roída por la boca de Lucifer. Lo que se ve aquí es una perversión de la
trinidad: Lucifer es impotente, ignorante, y está lleno de odio, en contraste con la omnipotencia,
omnisciencia y amor de Dios.36
Los dos poetas salen del Infierno escalando sobre Lucifer, pasando a través del centro de la tierra (con
un cambio del sentido de la gravedad), y emergen en el otro hemisferio (descrito en el Purgatorio) justo
antes del amanecer en Pascua, bajo un cielo lleno de estrellas (Canto XXXIV).

Purgatorio
Artículo principal: Purgatorio (Divina comedia)
En esta segunda parte, Dante y Virgilio atraviesan el Purgatorio, una montaña de cumbre plana y
laderas escalonadas y redondas, simétricamente al infierno. En cada repisa o escalón se redime un
pecado, pero los que allí habitan están contentos porque poseen esperanza y saben que su pena es finita
y acabará. Dante se va purificando de sus pecados en cada nivel porque un ángel en cada uno le va
borrando una letra de una escritura que le han puesto encima. Allí encuentra a famosos poetas, entre
ellos a Publio Papinio Estacio, autor de la Tebaida.

El primer canto del Purgatorio, ilustrado por Gustave Doré.


Esta parte comienza propiamente con la salida del infierno a través de la natural burella. Dante y
Virgilio llegan así al hemisferio sur terrestre (que se creía por completo bajo las aguas), donde en
medio de ellas se halla la montaña del Purgatorio, creada con la tierra utilizada para crear el abismo del
Infierno, cuando Lucifer fue expulsado del Paraíso tras rebelarse contra Dios. Tras salir del túnel llegan
a una playa, donde encuentran a Catón el Joven, que se desempeña como guardián del Purgatorio.
Teniendo que emprender el ascenso de la empinada montaña, que resulta imposible escalar, es tan
empinada que Dante tiene que preguntar a algunas almas cuál es el pasaje más cercano; éstos
pertenecen al grupo de los negligentes, los muertos en estado de excomunión, que viven en el Ante-
purgatorio. Un personaje notable de este lugar es Manfredo de Sicilia. Junto a los que por pereza
tardaron en arrepentirse, los muertos violentamente y a los principios negligentes, de hecho, esperan el
tiempo de purificación necesario para poder acceder al Purgatorio propiamente dicho. En la entrada del
valle donde se encuentran los principios negligentes, Dante, siguiendo las indicaciones de Virgilio, pide
indicaciones a un alma que resulta ser el guardián del valle, un compatriota de Virgilio, Sordello, que
será su guía hasta la puerta del Purgatorio.
Tras llegar al final del Antepurgatorio, tras un valle florecido, los dos cruzan la puerta del Purgatorio,
que custodia un ángel con una espada de fuego, que parece tener vida propia. Está precedido por tres
jardines, el primero de mármol blanco, el segundo de una piedra oscura y el tercero y último de pórfido
rojo. El ángel, sentado en el solio de diamante y apoyando los pies en el escalón rojo, marca siete "p"
en la frente de Dante y abre la puerta con dos llaves, una de plata y otra de oro, que San Pedro le dio, y
los dos poetas se adentran en el segundo reino.

Dante y la montaña del Purgatorio.


El Purgatorio se divide en siete cornisas, donde las almas expían sus pecados para purificarse antes de
entrar al Paraíso. Al contrario del infierno, donde los pecados se agravan a medida que se avanza en los
círculos, en el Purgatorio la base de la montaña, es decir la cornisa I, alberga a quienes padecen las
culpas más graves, mientras que en la cumbre, cerca del Edén, se encuentran los pecadores menos
culpables. Las almas no son castigadas para siempre, ni por una sola culpa, como en el primer reino,
pero expían una pena equivalente a los pecados durante la vida.

Dante en el infierno
En la primera cornisa, Dante y Virgilio encuentran a los orgullosos, en la segunda a los envidiosos, en
la tercera a los iracundos, en la cuarta a los perezosos, en la quinta a los avaros y a los pródigos. En esta
encuentran el alma de Cecilio Estacio tras un terremoto (que se produce cada vez que se libera un alma)
y un canto Gloria in excelsis Deo. En vida este personaje fue en exceso pródigo. Tras años de expiación
siente el deseo de guiarlos hasta la cumbre, a través de la sexta cornisa, donde expían sus culpas los
golosos, que lucen delgadísimos, y la séptima, donde se encuentran los lujuriosos, envueltos en llamas.
Dante recuerda que Estacio se convirtió gracias a Virgilio y a sus obras, en particular la Eneida y las
Bucólicas, que le mostraron la importancia de la fe cristiana y el error de su vicio. En ese sentido,
Virgilio lo iluminó permaneciendo él en la oscuridad. Virgilio fue un profeta sin saberlo, pues llevó a
Estacio a la fe pero él, pudiendo tan solo entreverla, no pudo salvarse, y deberá habitar hasta la
eternidad en el Limbo. Es en esta repisa de los lujuriosos donde se encuentra Dante a sus amigos poetas
de lo que él mismo bautiza como dolce stil novo ("Purgatorio", canto XXIV, v. 57). En la séptima
cornisa, los tres tienen que atravesar un muro de fuego, tras la cual hay una escalera, por la que se entra
al Paraíso terrestre. Dante se muestra asustado y es confortado por Virgilio. Allí, donde vivieron Adán y
Eva prima del pecado, Virgilio y Dante tienen que despedirse, porque el poeta latino no es digno de
conducirlo en el Paraíso. Pero Beatriz sí.
Aquí Dante se encuentra con Santa Matilde, la personificación de la felicidad perfecta, precedente al
pecado original, que le muestra los dos ríos, Lete, que hace olvidar los pecados, y Eunoe, que devuelve
la memoria del bien realizado, y se ofrece a reunirlo con Beatriz, que pronto llegará. Beatriz le llama
severamente la atención a Dante y después le propone verla sin el velo. El poeta, por su parte, busca a
su maestro Virgilio, que ya no se encuentra con él. Tras beber las aguas del Lete y del Eunoe, que hacen
olvidar las cosas malas y recordar las buenas, el poeta sigue a Beatriz hacia el tercer y último reino, el
del Paraíso.
El Purgatorio es el segundo de las tres partes de La Divina Comedia de Dante Alighieri. Lo antecede el
del Infierno y le sigue el del Paraíso. El Purgatorio de Dante se divide en Antepurgatorio, Purgatorio y
Paraíso terrestre. La estructura moral del Purgatorio sigue la clasificación tomística de los vicios del
amor mal dirigido, y no hace referencia a culpas específicas. Se divide en siete giros, en las cuales se
expían los siete pecados capitales: soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula, lujuria. Al pie de la
montaña se encuentra el Antepurgatorio, y en la cima el Paraíso terrestre. Su estructura es peculiar a la
del Infierno, pues si aquel es un abismo este es una montaña, y el orden de las penas sufre un giro muy
inesperado: el camino de Dante va del pecado más grave al más leve (que es la lujuria, o amor que se
excede en la medida). Cada giro tiene un custodio angélico, y precisamente los ángeles de la humildad,
de la misericordia, de la mansedumbre, de la solicitud, de la justicia, de la abstinencia y de la castidad;
en cada giro, además, los que expían las culpas tienen ante sí ejemplos del vicio castigado y de la virtud
opuesta. En la entrada del Paraíso terrestre, Virgilio debe separarse del poeta. Como guía en esta parte
Dante tendrá al poeta latino Estacio, quien lo conducirá al jardín celeste, donde lo acogerá Matelda,
quien es una anticipación de la aparición de Beatriz. Las almas del Purgatorio ya están salvadas, pero
antes de llegar al Paraíso, para expiar sus pecados deben subir la montaña como hacían en los tiempos
de Dante los peregrinos que se dirigían hacia Roma o Santiago de Compostela para hacer penitencia.
Cada alma debe por consiguiente recorrer todo el camino y purificarse en cada giro del pecado
correspondiente. Para facilitar su encuentro con determinados personajes, el autor los coloca en el giro
de su pecado más relevante. El Purgatorio tiene la función específica de expiación, reflexión y
arrepentimiento, y es solo a través del camino, es decir de la peregrinación hacia Dios, que el alma
puede aspirar a la redención. Esto también vale para Dante, quien al principio tiene grabadas en la
frente siete P, que simbolizan los siete pecados capitales. Al final de cada giro el ala del ángel guardián
borra una de ellas, indicando que el pecado específico ha sido expiado.

Introducción

Algunas almas cristianas que llegan, van cantando y son escoltadas


por un ángel en el Canto 2, en un grabado de Gustavo Doré.
Tras sobrevivir a las profundidades del infierno (descritas en el Infierno), Dante y Virgilio ascienden
hacia la Montaña del Purgatorio en la zona opuesta del planeta. Se trata de una isla, la única en el
hemisferio sur. Dante sitúa el infierno exactamente debajo de Jerusalén, en una grieta formada debido a
la caída de Satán. El Monte Purgatorio, exactamente en la zona opuesta del mundo, se creó por el
desplazamiento de tierra que siguió a ese evento.1 Dante anuncia su intención de describir el Purgatorio
invocando a las míticas Musas, como hizo en el Canto II del Infierno:
"y cantaré a aquel segundo Reino,
donde se purifica el espíritu humano,
y se hace digno subir al Cielo.
Resucite aquí, pues, la muerta poesía,
¡oh santas Musas!, pues que soy vuestro,"2

En un sentido alegórico el Purgatorio representa la vida penitente en la concepción cristiana.3 En


contraste al barquero Caronte cruzando el Aqueronte en el Infierno, las almas de los cristianos llegan al
purgatorio escoltadas por un ángel, cantando In exitu Israel de Aegypto4 (Canto II). En sus Cartas para
Cangrande, Dante explica que esto hace referencia a la salida de Israel a Egipto referidas ambas acerca
de la redención de Cristo y acerca de "la conversión del alma desde la agonía y la miseria del pecado
hacia el estado de gracia."5 Apropiadamente, es el Domingo de Pascua cuando Dante y Virgilio
llegan.6
El Purgatorio es notable porque muestra el conocimiento medieval acerca de que la tierra era esférica.7
8 Durante el poema, Dante discute las diferentes estrellas visibles en el hemisferio sur, la posición
alterada del Sol, y las diferentes zonas horarias de la tierra. En este momento es cuando, según dice
Dante, el sol se pone en Jerusalén, y es media noche en el río Ganges (con la constelación Libra en el
cielo occidental), y la aurora en el Purgatorio:
"Ya estaba el sol al horizonte junto
cuyo meridiano círculo cubre
a Jerusalén en su más alto punto,

y la noche, que opuesta a el sol gira,


salía del Ganges con las Balanzas,
de cuyas manos se cae cuando se alarga;

de modo que las blancas y rosadas mejillas


donde yo estaba, de la bella Aurora
por la mayor edad ya eran naranjas."9
Ante Purgatorio

Pia de' Tolomei (La Pia) en una pintura de Stefano Ussi, Canto 5.

Dante y Virgilio se encuentran con Sordello, escultura de Cesare Zocchi,

Canto 7. La puerta del Purgatorio, pintura de William Blake, Canto 9.


En las orillas del Purgatorio, Dante y Virgilio encuentran a Catón, un pagano que ha sido nombrado por
Dios guardián del pie del monte. En la zona baja de la pendiente (llamada "Antepurgatorio" por los
comentadores), ellos llegan a conocer dos clases principales de almas cuya penitente vida cristiana fue
retardado o deficiente: Los excomulgados y los arrepentidos de forma tardía. Los Primeros son
detenidos aquí por un periodo treinta veces de largo como su periodo de contumacia o terquedad. Los
segundos incluyen a los demasiado perezosos o preocupados por su arrepentimiento, y aquellos que se
arrepintieron en el último minuto sin haber recibido formalmente la unción de los enfermos, como
resultado de muertes violentas. Estas almas serían aceptadas en el Purgatorio gracias a su genuino
arrepentimiento, pero tendrían que esperar ahí por un tiempo igual al tiempo que permanecieron en la
tierra.
Entre los excomulgados se encuentra Manfredo de Sicilia (Canto III). Entre los perezosos se encuentra
Belacqua, con lo que Dante se encuentra aliviado de encontrarlo aquí y no en el infierno(Canto IV):
"... Belacqua,
ya más de ti no me conduelo; ..."10

Entre los que no recibieron la última unción se encuentra Pia d'Tolomei de Siena, quien fue asesinada
por su esposo, Nello della Pietra de la Maremma (Canto V):
"Quizá recuerdes que soy La Pia;
Siena me hizo, y Maremma me deshizo:
saberlo tiene quien, cuando casados fuimos, plegaria suya me dio
y luego, como alianza nupcial una de sus gemas."11

En esta categoría también está Sordello, quien como Virgilio, era de Mantua. Cuando Sordello descubre
la identidad del eminente poeta, llega a inclinarse en honor a él. Esto ayuda a mantener a Virgilio en
primer plano dentro del poema, ya que (como residente del Limbo) Virgilio era el menos calificado
como guía aquí que como lo era en el infierno.3 Como residente del Purgatorio, Sordello está
capacitado para explicar la Regla de la Montaña: que luego de la puesta del sol las almas son
literalmente incapaces de seguir escalando más peñas. Alegóricamente, el Sol representa a Dios,
significando que el progreso en la penitente vida cristiana solo puede llegar a hacerse mediante la
gracia divina3 (del Cantos VI al VII).
Desde que el Sol se pone, Dante y sus compañeros se detienen para pasar la noche en un hermoso valle
donde llegan a conocer a personas a quienes sus preocupaciones acerca de sus deberes públicos y
personales obstaculizaron su progreso espiritual, especialmente fallecidos monarcas como Rodolfo I,
Otakar, Felipe el Calvo, y Enrique III (Cantos VII y VIII).
A medida que se acerca la noche, las almas cantan las Completas Salve Regina y Te lucis ante
terminum (otro canto cristiano de aquella época). La hermosa descripción de Dante acerca de la noche
en el valle fue la inspiración de similares pasajes en la obra de Lord Byron Don Juan:12

Purgatorio, Canto VIII, 1–6 (Longfellow) Don Juan, Canto 3, CVIII, 1–6
Era ya la hora cuando la nostalgia vuelve
a los navegantes y les enternece el corazón
Dulce momento! tu que mueves los deseos y derrites el
el día que a los dulces amigos han dicho
corazón
adiós;
de aquellos que navegan el mar, en el primer día
cuando ellos de sus dulces amigos son alejados;
y cuando del mar el nuevo peregrino de
O cuando llenas de amor al peregrino en su camino
amor
Tal como las campanas vespertinas lo hacen comenzar,
se acongoja oyendo a lo lejos la esquila
Pareciendo que llorara la muerte del día que se va;
como si el día llorara que se muere;

Caminando desde un sueño, Dante se da cuenta de que había sido llevado a la puerta correcta del
purgatorio. Esta puerta tiene tres caminos: Blanco pulido (reflejando la pecaminosidad del verdadero
yo del penitente), Negro (el color del luto, con grietas en forma de Cruz), y Roja (simbolizando la
sangre de Cristo y la restauración de la vida plena o verdadera)1314 (Canto IX).
La puerta estaba custodiada por un ángel que usa la hoja de su espada para escribir la letra "p"
(significando peccatum, pecado) siete veces en la frente de Dante, ordenándole "Haz que lave, cuando
esté dentro, estas llagas."15 El ángel usa dos llaves, de plata (remordimiento) y de oro (reconciliación)
para abrir la puerta, siendo ambas necesarias.13

Las siete gradas del Purgatorio


Desde la puerta del Purgatorio, Virgilio guía a Dante a través del peregrino sus siete terrazas. [17]
También es elaborado principalmente a partir de La teología cristiana, y no de las fuentes clásicas. [18]
El núcleo de la clasificación se basa en el amor, con las primeras tres terrazas del purgatorio en relación
con el amor pervertido dirigido a los daños reales de los demás. La terraza de la cuarta se refiere al
amor deficiente (es decir, la pereza o acedia), mientras que las últimas tres terrazas se relacionan con el
amor excesivo o desordenado de las cosas buenas. [16]
Cada terraza purga un pecado en particular de manera adecuada (aquellos en el purgatorio pueden dejar
voluntariamente su círculo, pero solo lo hará cuando se haya corregido el defecto dentro de sí mismos
que llevaron a cometer el pecado). La estructura de la descripción poética de estas terrazas es más
sistemática que la del Infierno, [19] y se asocia con cada terraza son una oración apropiada, una
bienaventuranza, y los ejemplos históricos y mitológicos del pecado mortal pertinentes y de su virtud
opuesta.

El primer ejemplo de humildad está dado por la Anunciación.


Relieve en la catedral de Auch, Canto 10.

Primera Grada (El orgullo)


Las tres primeras terrazas del Purgatorio están relacionadas con pecados causados por un mal amor que
de alguna forma llega a herir a la persona amada. El primero de estos es el Orgullo. En la terraza hay
almas orgullosas purgando sus culpas, Dante y Virgilio ven hermosas esculturas expresando humildad,
la virtud opuesta. El primer ejemplo es la Anunciación de la Virgen María, donde ella responde al ángel
Gabriel con las palabras Ecce ancilla Dei ("He aquí la esclava del Señor," Lucas 1:3816). Un ejemplo
de humildad de la historia clásica es cuando el emperador Trajano, de acuerdo con una leyenda
medieval, en una ocasión paró su jornada para hacer justicia a una pobre viuda (Canto X).
También asociado con la humildad está el Padre nuestro:
Padre nuestro, que en el cielo estás,
no circunscrito, mas por el más amor
que a los primeros efectos allá arriba has.

Alabado sea tu nombre y tu valor


de toda criatura, porque es digno
rendir gracias a tu dulce vapor.

Venga a nosotros la paz de tu reino,


que a ella por nosotros no podemos no,
si ella no viene, con todo nuestro ingenio.

Como de su querer los ángeles tuyos


te ofrecen sacrificio, cantando hosanna,
así también los hombres del suyo.

Danos hoy el cotidiano maná,


sin el cual por este áspero desierto
atrás se vuelve cuando más de ir se afana.

Y como nosotros el mal que hemos sufrido


perdonamos a cada uno, también tú perdona
benigno, y no mires nuestro merecido.

Nuestra virtud que fácilmente se rinde,


no pruebes con el antiguo adversario,
mas líbranos de él, que así la incita."17

La construcción de la Torre de Babel fue para Dante un ejemplo de


orgullo. Obra de Pieter Brueghel el Viejo, Canto 12.
Luego de haber sido introducidos en la humildad, Dante y Virgilio conocen las almas de los orgullosos,
quienes han sido doblados por el peso de enormes piedras en sus espaldas. Mientras ellos caminan por
la terraza, pueden llegar a ver y analizar los ejemplos de humildad en las esculturas. La primera de
estas almas es Omberto Aldobrandeschi, cuyo orgullo está junto a él en su descenso ("Yo era un
Italiano, hijo de un gran Toscano: / mi padre fue Guiglielmo Aldobrandesco"18), aunque está
aprendiendo a ser más humilde19 ("Yo / no sé si habéis oído su nombre"20). Oderisi de Gubbio es un
ejemplo de orgullo a causa de logros – él era un reconocido artista por sus manuscritos iluminados.19
Provenzano Salvani, el líder de los gibelinos sieneses, es un ejemplo del orgullo a causa del poder
sobre otros19 (Canto XI).
En el Canto XIII, Dante señala, con "franca autoconciencia"21 que el orgullo es un defecto en él:
"yo sufro mucho más la pena debajo;
mi alma ansiosa está, en suspenso; preparada
siento el gran peso de la primera terraza"22

Luego de la conversación con el orgulloso, Dante ve algunas esculturas mucho más alejadas, estas
ilustraban el orgullo mismo. Estas mostraban a Satanás (Lucifer), la Torre de Babel, el rey Saúl, a
Aracne, el rey Roboam, y otros. Luego los poetas ascienden a la siguiente terraza, Un ángel cepilla con
sus alas la frente de Dante, borrando la letra "P" (peccatum) correspondiente al pecado del orgullo, y
Dante oye la beatitud Beati pauperes spiritu ("Benditos son los pobres en espíritu" Mateo 5:323)
(Canto XII).

El ejemplo de generosidad clásica de Dante es la amistad entre


Orestes y Pílades. De acuerdo con Cicerón De Amicitia, Pilades pretendió ser Orestes para evitarle a
este la ejecución que a este le esperaba, Canto 13.

Segunda Grada (La Envidia)


La envidia era el pecado que "mira con deseo y repudio la fortuna y riquezas de otros, tomando
cualquier oportunidad para quitarles o privarles de su felicidad" Tal como una de las almas envidiosas
dice:
"Mi sangre estaba hirviendo con tanta envidia, que,
cuando llegaba a ver a un hombre ser feliz,
hubieras podido ver la lividez que me invadía."24

Al entrar a la terraza de los envidiosos, Dante y Virgilio en un primer momento oyen voces contando
historias acerca de la generosidad, la virtud opuesta. Aquí, tal como en las otras terrazas, hay un
episodio de la vida de la Virgen María. Además, hay una historia clásica, la amistad de Orestes y
Pílades,25 y Jesús predicando "Ama a tus enemigos."26 Las almas de los envidiosos vestían túnicas
grises de penitencia,25 y tenían sus ojos cosidos con alambre de hierro, recordando la forma en cómo
los cetreros cosían los ojos de sus halcones para lograr entrenarlos25 – así se les hacía más necesario
poder oír que poder ver, como en este ejemplo (Canto XIII).

Caín celoso de su hermano Abel, ejemplo de Dante sobre la envidia,


pintado por James Tissot, Canto 14.
Las almas de los envidiosos incluyen a Guido del Duca, quien les habla amargamente sobre los
principios éticos de las personas que vivían a lo largo del río Arno:
"Entre brutos puercos, dignos más de bellotas
que de otro pasto propio del humano uso,
arrastra primero su pobre curso.

Perros encuentra luego, siguiendo abajo,


que gruñen más de lo que les toca,
y de ellos desdeñoso tuerce el morro.

Vase cayendo; y cuando más engorda,


tanto más haya perros hacerse lobos
la maldita y desventurada fosa.

Bajando luego por piélagos más hondos,


encuentra zorros tan llenos de fraude,
que no temen ingenio que los entrampe."27

Las voces en el aire también incluyen ejemplos de envidia. Uno clásico es el de Aglauros, quien (según
Ovidio) fue convertido en piedra porque estaba celosa del amor de Hermes por su hermana mayor
Herse. Un ejemplo bíblico es Caín,28 mencionado aquí no por su acto de fratricidio, sino por los celos
que lo llevaron a él (Canto XIV).
A medida que va saliendo de la terraza, la deslumbrante luz emitida por el ángel de la terraza hace que
Dante revele un poco de su conocimiento científico, pues observa que el ángulo de incidencia de la luz
es igual al ángulo de reflexión29 "tal como la teoría y los experimentos habían demostrado"30 (Canto
XV).
El apedreamiento de San Esteban brinda claro ejemplo
de la ira, tanto como de mansedumbre por parte del santo, siendo esta la virtud opuesta. Pintado por
Rembrandt, Canto 15.

Tercera Grada (La Ira)


En la terraza de los iracundos, ejemplos de mansedumbre, la virtud opuesta, son mostrados a Dante
como visiones en su mente. Como ejemplo clásico tenemos a la esposa de Pisístrato pidiendo por la
ejecución de un hombre que había abrazado a su hija, a esto Pisístrato habría respondido: "Que
debiéramos hacer a alguien que nos hiere / si alguien que nos ama aprende (con el significado de temer)
de nuestra condena?"31 San Esteban brinda un ejemplo bíblico, señalado en Hechos de los Apóstoles
7:54–6032 (Canto XV):
"Después vi gente inflamadas en ira,
con piedras matar a un jovencito, unidos en
un solo y fuerte grito: ¡Mátalo, mátalo, mátalo!

Y lo veía inclinarse, por la muerte


que ya le pesaba, hacia la tierra,
mas con los ojos siempre al cielo alzados,

orando al alto Sire, entre tanta guerra,


que perdonase a sus perseguidores,
con aquel semblante que a piedad lleva."33

Las almas de los iracundos caminaban en fumarolas de acre, esto simboliza el cegador efecto del
enojo:34
"Oscuridad de infierno y de noche priva
de todo planeta, bajo pobre cielo,
cuanto ser puede de nubes atenebrada,

no cubrió mi rostro de tan espeso velo,


como aquel humo que allí nos cubría,
ni nunca hubo más áspero pelo,

que el ojo abierto sufrir podría;"35


Marco Lombardo discute con Dante acerca del Libre albedrío – un tema relevante, ya que no hay
razones para discutir con alguien que no tiene control sobre sus acciones34 (Canto XVI). Dante
también tiene visiones con ejemplos de ira, tales como Procne, Amán y Lavinia. La oración de esta
terraza es el Agnus Dei: "Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis... dona nobis pacem."
("Cordero de Dios, tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros... danos la paz.") (Canto
XVII).
En este punto Virgilio explica a Dante la organización del purgatorio y su relación con el amor
pervertido, deficiente o mal dirigido. Las terrazas que habían recorrido hasta el momento habían
borrado la soberbia ("Aquel que a través de la humillación de otros, / espera la supremacía"36), la
envidia ("Ese quien, cuando es superado, / teme la propia perdida de su fama, de poder, de honor, y
favor; / deseando con locura el infortunio de sus vecinos."37), y la ira ("Aquel, sobre lastimado /
recibido, resentido, por venganza codicioso / y, con enojo, busca dañar a los otros."38). Todos ellos,
amores mal direccionados. (Cantos XVII y XVIII).

Cuarta Grada (La Pereza)


En la cuarta terraza se podrían encontrar las almas de aquellos que pecaron por descuido lo que sería la
Pereza. Desde el momento en vida en que se falla al buscar el amor, aquí son condenados a incesantes
trabajos. Los ejemplos de entusiasmo o energía, las virtudes opuestas, son clamados por las almas que
recorren la terraza. Estos ejemplos incluyen episodios de la vida de la Virgen María, Julio César y
Eneas. Esta actividad, además, remplaza las oraciones verbales de esta terraza. Estos perezosos están
demasiado ocupados siquiera para conversar durante sus trabajos, por ello esta es una de las secciones
más cortas del poema.
Alegóricamente, la pereza espiritual y la falta de cuidado llevan a la tristeza,39 la buenaventuranza de
esta terraza es Beati qui lugent ("Benditos sean los que sufren, pues serán reconfortados," Mateo 5:440)
(Canto XVIII y XIX).
Al caer la segunda noche, con los poetas aún en la terraza, Dante sueña con una Sirena, símbolo del
amor desordenado o excesivo representado por la avaricia, la gula y la lujuria. (Canto XIX).

Los espíritus de la quinta terraza yacen boca abajo, Canto 19.


Quinta Grada (La Avaricia)
En las tres últimas terrazas se encuentran los que pecaron por amar buenas cosas, pero amándolas
excesivamente o desordenadamente. En la quinta terraza, la excesiva preocupación por los bienes
terrenales, ya sea codiciosamente o extravagantemente, es castigada y purificada, y los avaros y los
adinerados yacen boca abajo al suelo, sin posibilidad de moverse. Sus oraciones son Adhaesit
pavimento anima mea, tomada de Salmos 119:25 ("Mi alma esta adeherida al polvo, vivificame con Tu
Palabra,"41), una oración que expresa el deseo de seguir las Leyes de Dios(Canto XIX).
En esta terraza, Hugo el Grande se lamenta, en contraste, cómo la avaricia había motivado las acciones
de sus sucesores, y "profetiza" eventos que sucederían luego de la época en la que se ubica al poema,
pero antes de la época en que es escrito el poema:

Los Templarios siendo quemados por supuesta herejía, acusación


motivada por Felipe IV de Francia. Desde el punto de vista de Dante, esta fue una acción política
motivada por la avaricia,42 Canto 20.
"Al otro, que hasta salió preso en una nave,
veo vender a su hija pactando precio,
como los corsarios hacen de otras esclavas.

¡Oh avaricia! ¿qué más puedes hacer,


que así te has apropiado de mi sangre
que ni te cuidas de tu propia carne?

Para que menos se vea el mal futuro y pasado,


veo en Anagni entrar la flor de lis,
y en su vicario quedar Cristo encarcelado.

Véolo ser de nuevo burlado;


veo renovar el vinagre y la hiel,
y entre vivos ladrones ser occiso.

Veo al nuevo Pilato, una vez tan cruel,


que ni eso lo sacia, pues sin decreto
hasta el Temple lleva las codiciosas velas."43

Entre estos eventos se incluyen cómo Carlos II de Nápoles dio a su hija en matrimonio a un anciano de
mala fama,44 y cómo Felipe IV de Francia ("el hermoso") arrestó al Papa Bonifacio VIII en 1303 (uno
de los papas destinados al infierno, de acuerdo con la narración en el Inferno, pero aun así, según las
ideas de Dante este era el vicario de Cristo44). Dante también comenta acerca de la destrucción de la
Orden de los Templarios por deseos de Felipe en 1307, lo que liberó a Felipe de las deudas que tenía
con la orden (Canto XX).
En una escena, que Dante relaciona con el episodio en el que Jesús se aparece a dos discípulos en el
camino hacia Emaús,45 Dante y Virgilio son alcanzados por el poeta Estacio (aprox. 45-96 d. C.), a
quien Dante presenta, aunque no en bases obvias o entendibles, como un convertido al Cristianismo.45
Acababa de finalizar su purificación en aquel círculo, y, como cristiano, su guía sería apta para
complementar la de Virgilio.45 (Canto XXI).

La Batalla entre Lápitas y Centauros es un ejemplo


clásico de gula. Pintado por Piero di Cosimo, Canto 24.

Sexta Grada (La Gula)


La sexta terraza purifica a los glotones, y en general, a todos aquellos que a pesar de estar satisfechos
insistían al comer, beber, saciar su cuerpo.46 En una evocadora escena del castigo de Tántalo, los
glotones mueren de hambre ante árboles llenos de frutos que nunca estarán a su alcance.46 En este
círculo los ejemplos son dados por voces que se escuchan entre los árboles. Juan el Bautista, quien
solamente vivía de langostas y miel (Mateo 3:447), es un ejemplo de las virtudes opuestas, templanza o
moderación;46 mientras que un ejemplo clásico de gula es cuando los Centauros ebrios se enfrentan a
los Lápitas.46
El rezo para esta terraza es los labios me dominan (el Salmo [Link] " Oh Lord, abra mis labios, y mi
boca declarará su alabanza " 49) Estos son las palabras de apertura de la Liturgia diaria de la horas.(los
rezos para las quintas y séptimas terrazas también son tomados de la Liturgia de las Horas) (Canto
XXII a XXIV). Aquí Dante también encuentra a su amigo Forese Donati y su precursor poético
Bonagiunta Orbicciani. Bonagiunta tiene palabras amables para el poema más temprano de Dante, La
Vita Nuova, describiéndolo como el nuevo estilo dulce, y cotizando la línea " las Damas que tienen la
inteligencia de amor, " 51 escrito en la alabanza de Beatriz, a quién él encontrará más tarde en el
Purgatorio:
" Las damas que tienen la inteligencia de Amor,
yo de mi señora desean con usted hablar;
No, que yo pueda creer para terminar su alabanza,
Pero al discurso que puedo aliviar mi mente.
Digo que cuando pienso sobre su valor,
Tan dulce que se hace sentir en mí,
Que si yo entonces debería perder no la audacia,
la Oratoria, yo debería enamorar toda la humanidad. "48
Subiendo a la séptima terraza, Dante se pregunta cómo es posible para almas incorpóreas tener el
aspecto descarnado de las almas siendo privadas de comida aquí. En explicación, Stacio habla de la
naturaleza del alma y su relación al cuerpo (Canto XXV).

Virgilio, Dante y Estacio al lado de las llamas de la séptima terraza, Canto


25.

Séptima Grada (La Lujuria)


La terraza de la lujuria tiene una inmensa pared de llamas a través del cual todos deben pasar. Almas
arrepintiéndose de deseo mal dirigido sexual se ejecutan a través de las llamas gritando ejemplos de la
lujuria (Sodoma y Gomorra y Pasífae) y de la castidad y la fidelidad marital. Como una oración, cantan
el himno Sumas Deus Clementiae (Dios de la Suprema Clemencia) de la Liturgia de las Horas (Cantos
XXV y XXVI).
A medida que el círculo de la terraza, los dos grupos de penitentes se saludan de forma que Dante se
compara con las hormigas:
"Allí veo de todas partes apresurarse
cada sombra y besarse una con otra
sin quedarse, contentas con breve fiesta:

así por entre su hilera oscura


se hociquean una con otra las hormigas,
quizá para saber del camino o la fortuna."49
Dante sueña con Lea recogiendo flores, simbolizando la vida cristiana activa
(no monástica), Canto 27.
Entre las flamas, a las que no se atreve a entrar, están los poetas románticos Guido Guinizelli y Arnaut
Daniel, con quienes Dante conversa. Le recuerdan a Dante que a Beatriz puede encontrarla al otro lado
del Paraíso Terrenal, finalmente Virgilio persuade a Dante para que pase entre las llamas (Cantos XXVI
y XXVII).
En los escalones del paraíso terrenal, la noche cae por tercera vez, y Dante sueña con Lea y Raquel,
quienes simbolizan la vida cristiana activa y no monástica, y también la vida cristiana de
contemplación (monástica), ambas importantes50 (Canto XXVII):
"Joven y bella en sueños parecíame
ver una dama andando por una landa
cogiendo flores, y cantando decía:

Sepa quienquiera que mi nombre demanda


que soy Lía, y voy moviendo en torno
las bellas manos para hacerme una guirnalda.

Por placerme ante el espejo, me adorno;


pero mi hermana Raquel nunca se aparta
de su espejo, todo el día sentada.

Ella de ver sus bellos ojos está enamorada


como yo de adornarme con las manos;
a ella el mirar, y a mí el obrar nos aplaca."51
El Paraíso Terrenal

Dante encuentra a Matilda, Litografía de Cairoli (1889).


En la cima del Monte Purgatorio se encuentra el Paraíso Terrenal o el Jardín del Edén.52
Alegóricamente, representa la inocencia que existía antes de que Adán y Eva perdieran la gracia de
Dios – el estado que el ascenso de Dante al purgatorio ha estado recuperando.52 Aquí Dante conoce a
Matilda, una mujer cuya identidad literal y alegórica "es seguramente el problema más tentador de la
Comedia."52 De todas maneras, Matilda prepara a Dante para su encuentro con Beatriz,52 la mujer a la
que (históricamente) Dante dedicó sus anteriores poesías, la mujer a cuyo pedido (en la historia)
Virgilio fue ordenado traer a Dante en su viaje,53 y la mujer que (alegóricamente) simboliza el camino
a Dios54 (Canto XXVIII).
Con Matilda, Dante es testigo de una procesión que forma una alegoría dentro de la alegoría, algo así
como la obra de Shakespeare en una obra de teatro. Tiene un estilo muy diferente del Purgatorio como
un todo, tiene la forma de una máscara, donde los personajes están caminando símbolos en lugar de
personas reales. La procesión consiste (Canto XXIX):
• "Veinticuatro ancianos"55 (referencia a Apocalipsis 4:456), que representan los 24 libros de la
Biblia Hebrea, tal y como los clasificó San Jerónimo57
• "Cuatro animales" con "seis alas de plumas"58 (referencia a Apocalipsis 4:6–859), como una
representación tradicional de los cuatro Evangelistas57
• "Un carro triunfal en dos ruedas,"60 portando a Beatrice, que es arrastrado por...
• Un Grifo,61 representando la divinidad y humanidad de Cristo57
• "Tres mujeres en círculos" vestidas de rojo, verde y blanco,62 representando las tres virtudes
teologales: Caridad, Esperanza y Fe respectivamente57
• "Otras cuatro mujeres"63 vestidas de púrpura,64 representando las cuatro virtudes cardinales:
Prudencia, Coraje, Justicia y Templanza57
• "Dos ancianas, con vestidos diferentes,"65 representando los Hechos de los Apóstoles y las
Epístolas paulinas57
• "Cuatro personas de aspecto humilde,"66 representando las Epístolas generales57
• "Cuando todos los demás pasan, un solitario anciano,"67 representando el Apocalipsis57
Beatriz dirigiéndose a Dante, por William Blake,
mostrando el "carro triunfal" que lleva a Beatriz y que fue dibujado por el Grifo, así como cuatro de las
damas que representan las virtudes , Canto 29.
La apariencia de Beatrice,68 y una dramática escena de reconciliación entre Beatrice y Dante, en el que
ella reprocha su pecado (Cantos XXX and XXXI), ayuda a cubrir la desaparición de Virgilio, que,
como símbolo de la filosofía y humanidad no cristiana, no puede ayudarle más en su acercamiento a
Dios69 (Y en el resto de "Divina Comedia", Beatriz se convierte en la guía de Dante):
"Pero Virgilio nos había privado de sí mismo, Virgilio, el más gentil padre, Virgilio, quien
me dio auto de fe para mi salvación;

e incluso toda nuestra antigua madre perdida no era suficiente para mantener a mis mejillas,
a pesar de lava de rocío, el oscurecimiento de nuevo con lágrimas. "7170

Matilda ayuda a Dante a pasar por el río Lethe, Canto 31.


Dante pues pasa por el río Lethe, que le borra la memoria de sus anteriores pecados (Canto XXXI),71 y
ve una alegoría de la historia Bíblica y de la Iglesia, en la que el carruaje representa a la Iglesia. Esta
alegoría incluye una denuncia de los papados corruptos, y sus vínculos con la monarquía Francesa72
(Canto XXXII):
"Tan segura como una fortaleza sobre una alta montaña,
vi sentada en el carro a una prostituta desenvuelta,
paseando sus miradas en torno suyo.
Y como para impedir que se la quitaran,
vi un gigante colocado en pie junto a ella,
y ambos se besaban de vez en cuando;"73

Finalmente, Dante bebe del río Eunoë, recuperando la memoria, y preparándose para su ascenso al
Paraíso (descrito en el Paraíso). Al igual que en las otras dos partes de la Divina Comedia, el
Purgatorio acaba con la palabra "estrellas" (Canto XXXIII):
"Volví a aquellas sacrosantas ondas
tan reanimado como las plantas nuevas
renovadas con nuevas hojas,
purificado y dispuesto a subir a las estrellas."74

El Purgatorio en las artes


La Divina Comedia fue una fuente de inspiración para incontables artistas por casi siete siglos.
Mientras las referencias al Inferno son las más comunes, también hay muchas al Purgatorio. La
Sinfonía Dante (Dresde, noviembre de 1857) de Franz Liszt tiene un movimiento dedicado al
Purgatorio. También la Divina Comedia de Robert W. Smith. Chaucer y otros hicieron referencia al
Purgatorio en sus escritos. Muchos artistas visuales representaron escenas del Purgatorio, incluyendo
Gustave Doré, John Flaxman, Dante Gabriel Rossetti, John William Waterhouse, y William Blake.

Paraíso
Artículo principal: Paraíso (Divina comedia)

Paraíso III, 16. Dante y Beatriz en el cielo de la Luna. Grabado de la serie de


Gustave Doré.
Libre de todo pecado, Dante puede ascender al Paraíso, lo que hace junto a Beatriz en condiciones que
desafían las leyes físicas, encadenando milagros, lo cual es más bien natural dado el lugar en el cual se
desarrolla el poema. Dentro del recorrido será de hecho de gran importancia que el nombre de Beatriz
signifique "dadora de felicidad" y "beatificadora", pues en esta sección de la Comedia ella releva a
Virgilio en la función de guía. En efecto, a través de este personaje, el autor expresa en los treinta y tres
cantos de la sección varios razonamientos teológicos y filosóficos de gran sutileza.
Sin embargo, el poeta expresa desde un principio la gran dificultad que significa transmitir el recorrido
emocional y físico de trashumanar, es decir ir más allá de las condiciones de la vida terrenal. Sin
embargo, confía en el apoyo del Espíritu Santo (el buen Apolo) y en el hecho de que pese a sus
falencias, su esfuerzo descriptivo será emulado y continuado por otros (canto I, 34). En la introducción
del canto II, el autor reitera que para entender las alegorías de la obra es indispensable tener de
antemano muy amplios conocimientos en las materias que se van a tratar (II, 1-15).
El Paraíso está compuesto por nueve círculos concéntricos correspondientes a los nueve órdenes
angélicos de la Jerarquía celestial / Περὶ τῆς οὐρανίου ἱεραρχίας, obra compuesta por Pseudo Dionisio
Areopagita (ángeles, arcángeles, principados, potestades, virtudes, dominaciones, tronos, querubines y
serafines), en cuyo centro se encuentra la Tierra. En cada uno de estos cielos, en donde se encuentra
cada uno de los planetas, se encuentran los beatos, más cercanos a Dios en función de su grado de
beatitud. Pero las almas del Paraíso no están mejor unas que otras y ninguna desea encontrarse en
mejores condiciones que las que le corresponden, pues la caridad no permite desear más que lo que se
tiene (II, 70-87). De hecho, a cada alma al nacer Dios le dio cierta cantidad de gracia según criterios
insondables, en función de los cuales gozan aquellas de los diferentes grados de beatitud. Antes de
llegar al primer cielo el poeta y Beatriz atraviesan la Esfera de fuego.

Canto XIV, 85-87. El cielo de Marte.


En el primer cielo, que es el de la Luna, se encuentran quienes no cumplieron con sus promesas
(Angeli), como la madre de Federico II, Constanza I de Sicilia. En el segundo, el de Mercurio, residen
quienes hicieron el bien para obtener gloria y fama, pero no dirigiéndose al bien divino (Arcangeli). En
el tercero, de Venus, se encuentran las almas de los "espíritus amantes" (Principati). En el cuarto, del
Sol, los "espíritus sabios" (Potestà). En el quinto, de Marte, los "espíritus militantes" de los
combatientes por la fe (Virtù). En el sexto, de Júpiter, los "espíritus gobernantes justos" (Dominazioni).
En el séptimo cielo, de Saturno, de los "espíritus contemplativos" (Troni), Beatriz deja de sonreír, como
lo había hecho hasta entonces. Desde ese punto en adelante su sonrisa desaparece, pues por la cercanía
de Dios su luminosidad resultaría imposible de contemplar. En este último cielo residen los "espíritus
contemplativos". Desde allí Beatriz eleva a Dante hasta el cielo de las estrellas fijas, donde no están
más repartidos los beatos, sino las "almas triunfantes", que cantan en honor a Cristo y María, a quien
Dante alcanza a ver. Desde ese cielo, además, el poeta observa el mundo debajo de sí, los siete
planetas, sus movimientos y la Tierra, muy pequeña e insignificante en comparación con la grandeza de
Dios (Cherubini). Antes de continuar, Dante debe sostener una especie de "examen" de las tres virtudes
teologales: Fe, Esperanza y Caridad, por parte de tres profesores particulares: San Pedro, Santiago y
San Juan. Por lo tanto, después de un último vistazo al planeta, Dante y Beatriz ascienden al cielo, el
Primo Mobile o Cristallino, el cielo más externo, origen del movimiento y del tiempo universal
(Serafini).

Canto XXXI. Llegada del protagonista al Empíreo. Por Gustave Doré.


En este lugar, tras levantar la mirada, Dante ve un punto muy luminoso, rodeado por nueve círculos de
fuego, girando alrededor de ella; el punto, explica Beatriz, es Dios, y a su alrededor se mueven los
nueve coros angelicales, divididos por cantidad de virtud. Superado el último cielo, los dos ascienden al
Empíreo, donde se encuentra la "rosa de los beatos", una estructura en forma de anfiteatro, en el cual,
sobre la grada más alta está la Virgen María. Aquí, en la inmensa multitud de los beatos, están los más
grandes de los santos y las figuras más importantes de la Biblia, como San Agustín, San Benito de
Nursia, San Francisco, y también Eva, Raquel, Sara y Rebeca. Cada alma es un pétalo de esa rosa.
Desde aquí Dante observa finalmente la luz de Dios, gracias a la intervención de María a la cual San
Bernardo (guía de Dante de la última parte del viaje) había pedido ayuda para que Dante pudiese ver a
Dios y sostener la visión de lo divino, penetrándola con la mirada hasta que se une con Él, viendo así la
perfecta unión de toda la realidad, la explicación de toda la grandeza. En el punto más central de esa
gran luz Dante ve tres círculos, las tres personas de la Trinidad, el segundo del cual tiene imagen
humana, signo de la naturaleza humana y divina al mismo tiempo, de Cristo. Cuando trata de penetrar
aún más el misterio su intelecto flaquea, pero en un excessus mentis6 su alma es tomada por la
iluminación, la armonía que da la visión de Dios, en el canto XXXIII (145), del amor que mueve el sol
y las otras estrellas (L'amor che move el sole e l'altre stelle). Por la grandiosa luz del último cielo,
Dante queda ofuscado, concluyendo así la Divina comedia.

El Paraíso es el tercer canto del poema medieval titulado Divina Comedia, del florentino Dante
Alighieri; los primeros dos son el Infierno y el Purgatorio. Fue escrito entre 1313 o 1314 y 1321, fecha
del fallecimiento del poeta. Mientras el Infierno y el Purgatorio son sitios terrestres, el Paraíso es un
mundo inmaterial, etéreo, dividido en nueve cielos. Los primeros siete llevan el nombre de cuerpos
celestes del sistema solar, que en su orden son Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno. El
último par está compuesto por las estrellas fijas y el Sexo.
Un gran conjunto de escenarios compone el Empíreo. La relación entre Dante y los beatos, sin
embargo, es diferente de la que había sostenido con los habitantes de los otros dos reinos. De hecho,
todas las almas del Paraíso, se encuentran en el Empíreo, y precisamente en la cuenca de la Cándida
Rosa (o Rosa Mística) desde el cual contemplan directamente a Dios. Sin embargo, para que su viaje
por el Paraíso sea más fácil de comprender, las figuras aparecen por cielo, en una precisa
correspondencia astrológica entre las cualidades de cada planeta y el tipo de experiencia espiritual
realizada por el personaje descrito. De esa manera, en el cielo de Venus se encuentran los espíritus
amantes, mientras que en el de Saturno los contemplativos.
Virgilio, que simboliza la Razón, ha desaparecido. En su lugar, Beatriz (Beatrice), quien representa la
teología, toma el lugar de guía. De hecho, es imposible llegar a Dios tan solo con la razón, siendo
necesaria la verdad iluminada. A continuación Dante encuentra un nuevo guía, Bernardo de Claraval.
Beatriz sigue acompañándolo y ruega por él en el momento de la invocación final del santo a María.
Al recorrer los tiempos del viaje a través del Paraíso, Dante tiene presente el esquema del Itinerario de
la mente en Dios de San Buenaventura, que buscaba platónicamente tres grados de aprendizaje: el
Extra nos, la experiencia de los siete cielos, que corresponde al conocimiento sensible de teoría
platónica; el Intra nos, o la experiencia de las estrellas fijas, correspondiente a la visión ; el Supra nos,
o la experiencia del Empíreo, correspondiente al conocimiento intelectual. En esta ocasión sigue
habiendo elementos de tipo escolástico-aristotélico (vida mundana, activa y contemplativa), y
agustiniano (la vida activa según la Scientia, y la vida contemplativa según la Sapientia).

Introducción
El Paraíso comienza en la cima del Monte Purgatorio, al mediodía del miércoles después de Pascua,
coincidiendo narrativamente con el final del Purgatorio. Tras ascender por la atmósfera superior (Canto
I), Beatriz guía a Dante a través de los cielos del Paraíso, hacia el Empíreo, que es donde Dios reside.
Las nueve esferas son concéntricas, como en la clásica teoría geocéntrica de la cosmología medieval.1

El Paraíso adopta la cosmología geocentrista.


Durante su viaje, Dante conoce y departe con varias almas bendecidas. Al respecto, es muy explícito al
señalar que todas viven en estado de beatitud, en el Empíreo, por lo que no debe pensar que las
encontradas en los cielos se encuentren efectivamente en un lugar distinto de las de los mayores santos.
A diferencia de lo que sucede en los otros reinos, la disposición en capas se debe en el Paraíso a la
propiedad de sentir más o menos a Dios de las almas que lo habitan:
"(...) del primer cielo son el ornamento,
y gozan más o menos dulce vida
según sienten allí el eterno alimento."2
Sin embargo, como elemento didáctico respecto al entendimiento de Dante (y por ende de sus lectores)
los personajes de los cielos y su disposición son "como una señal"3 para mostrar las diferentes almas
en distintas esferas según varios criterios de distribución. La escolástica asiste al autor en esta y otras
explicaciones similares, que son frecuentes en la cántica.
Mientras las estructuras del Infierno y del Purgatorio se basan en las diferentes características del
pecado, la estructura del Paraíso se basa en las cuatro virtudes cardinales (Prudencia, Justicia,
Templanza, y Coraje) y las tres virtudes teologales (Fe, Esperanza, y Caridad).

Las esferas del cielo

En el Canto 2 Beatriz explica a Dante las diferencias de luminosidad de la


Luna.
Las nueve esferas del Cielo son Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno, las Estrellas fijas,
y el Primer móvil. Esos astros están organizados según la jerarquía de los ángeles. Dante también evoca
otras asociaciones, como la existente entre Venus y el amor romántico. Las primeras tres esferas (que se
encuentran bajo la influencia de la Tierra) están asociadas a formas deficientes de Coraje, Justicia, y
Templanza. Las otras cuatro se vinculan a ejemplos positivos de Prudencia, Coraje, Justicia, y
Templanza; por su parte, la Fe, la Esperanza y la Caridad se concentran en la octava esfera.

Primera esfera (la Luna, cambios y mutaciones)


En su visita a la Luna, Beatriz explica a Dante el por qué de las marcas en su superficie, describiendo
un sencillo experimento de óptica. También expresa su estima por el método experimental en general
(Canto II):
"Mas de esta instancia puede liberarte
la experiencia, cuando es realizada,
que es fuente del arroyo de vuestro arte."4
Dante y Beatriz hablan con Piccarda Donati y Constanza (fresco de Philipp
Veit), Canto 3.
Las fases de la Luna se asocian con la inconstancia.5 Su esfera es por ende la de las almas que
abandonaron los votos monásticos, y por ende presentaron deficiencias en su virtud de coraje (Canto
II). En esta los protagonistas conocen a Piccarda Donati, la hermana de Forese Donati, amigo de Dante,
quien murió poco después de ser obligada a abandonar el monasterio. También conocen a Constanza I
de Sicilia, quien (según Dante) fue arrancada por la fuerza de un monasterio para que contraer nupcias
con Enrique VI (canto III).6 Beatriz habla sobre la libertad de la voluntad, el carácter sacro de los
votos, y la importancia de resistir a las presiones (Canto IV):
"que el ánimo no cede si se esfuerza,
y hace cual con el el fuego hace natura,
aunque violencia mil veces lo tuerza.

Pues, ya se pliegue mucho o con mesura,


cede a la fuerza; y esto hicieron, pero
podían haber vuelto a la clausura."7

Beatriz explica que un voto es un pacto firmado entre el hombre y Dios8 en el cual una persona ofrece
su libertad a Dios. Estas decisiones no deben tomarse a la ligera, y deben mantenerse una vez
realizados, a menos que mantenerlo acarree un mal demasiado grande, como el sacrificio de la hijas de
Jefté y de Agamenón (Canto V).9

Segunda esfera (Mercurio, los ambiciosos)


Debido a su proximidad al sol, el planeta Mercurio suele ser difícil de ver. Desde un punto de vista
alegórico, el planeta representa a quienes hicieron el bien por el deseo de adquirir fama, pero quienes
debido a su ambición fallaron en la virtud de la justicia. Su gloria terrenal palidece en junto a la de
Dios, del mismo modo que el planeta Mercurio es casi insignificante junto al Sol.9
El emperador Justiniano se encuentra en la esfera de Mercurio, en el canto 5.
Dante conoce en esta esfera el emperador Justiniano, quien se presenta con las siguientes palabras:
"César fui y soy Justiniano,"10 indicando que su personalidad permanece, pero que su cargo terrenal ya
no tiene validez11 (Canto V). Justiniano cuenta la historia del Imperio romano, mencionando entre
otros a Julio César y Cleopatra; y lamenta la situación actual de Italia, debido al conflicto entre güelfos
y gibelinos11 que así describe en el Canto VI:
"Uno al público signo los lirios áureos
opone, el otro lo usurpa en pro de su parte,
y duro es saber quién es el que más falta.

Obren los gibelinos, obren su arte


bajo otro signo; que mal lo sigue
siempre quien de la justicia lo aparta"12

Por asociación, Beatriz habla sobre la Encarnación y la Crucifixión de Jesús, que sucedió en tiempos
del Imperio romano (canto VII).

Tercera esfera (Venus, los amantes)


Al planeta Venus (el lucero de la mañana y de la tarde) tradicionalmente se lo asocia con la diosa del
amor, por lo que el autor lo convierte en la esfera de los amantes, quienes fallaron en la virtud de la
templanza (Canto VIII):
"Solía creer el mundo en su peligro
que la bella Chipriota loco amor
irradiase, girando en su tercer epiciclo;

(...) y de ella de la cual principio tomo


tomaban el nombre de la estrella
que ya de nuca el Sol admira, ya de cejas."13

Dante encuentra a Carlos Martel de Anjou-Sicilia, a quien ya conocía,14 y quien expresa que para
funcionar correctamente cualquier sociedad necesita gente de diferentes tipos. Esas diferencias se
ilustran con Cunizza da Romano (amante de Sordello), quien se encuentra en el Cielo, mientras que su
hermano Ezzelino III da Romano en el Infierno, entre los violentos del séptimo círculo.15
El trobador Fulco de Marsella habla de la tentación del amor, y recuerda (como se creía en ese
entonces) que el cono de la sombra de la Tierra toca la esfera de Venus. Condena la ciudad de Florencia
(planeada según él por Satán) por producir la "flor maldita" (el florín) responsable de la corrupción
eclesiástica, y critica la clerecía por dedicarse al dinero, en vez de consagrarse a las Escrituras y en los
textos de los Padres de la Iglesia (Canto IX):

Fulco de Marsella lamenta la corrupción de la


Iglesia, con la clerecía recibiendo dinero de Satán (miniatura de Giovanni di Paolo), Canto 9.
"Tu ciudad, que de aquel es planta
que primero volvió la espalda a su hacedor
y cuya es la envidia tan llorada,

produce y expande la maldita flor


que ha desviado a ovejas y a borregos,
porque ha hecho un lobo del pastor.

Por ello el Evangelio y los doctores magnos


son desechados, y sólo las Decretales
se estudian, que así se ve por los márgenes. (...)"16

Cuarta esfera (el Sol, los sabios)


Más allá de la sombra Tierra, Dante encuentra ejemplos positivos de Prudencia, Justicia, Templanza, y
Coraje. En el Sol, que es la fuente de luz de la Tierra, Dante encuentra los máximos ejemplos de
prudencia: las almas de los sabios, quienes ayudaron a iluminar el mundo intelectualmente.17
Al principio un círculo de doce luces brillantes baila alrededor de Dante y Beatriz. Se trata de las almas
de Tomás de Aquino, Alberto Magno, Graciano, Pedro Lombardo, el rey Salomón, Dionisio
Areopagita, confundido con Pseudo Dionisio, Paulo Orosio, Boecio, Isidoro de Sevilla, Bede, Ricardo
de San Víctor y Siger de Brabant. Tomás de Aquino cuenta la vida de San Francisco de Asís en el
Canto XI.
En una segunda etapa doce nuevas luces aparecen, una de las cuales es San Buenaventura, un
franciscano, que cuenta la vida de santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden a la que Santo
Tomás pertenece. Como las dos órdenes no siempre fueron amigas en el mundo terreno, tener
miembros de una homenajeando al fundador de la otra muestra que el amor reina en el cielo18 (Canto
XII). Las veinticuatro luces giran en torno a Dante y Beatriz, cantando la Trinidad. Santo Tomás
explica la sorprendente presencia de Salomón, quien se encuentra en el lugar por sabiduría real, más
que filosófica o matemática (Cantos XIII y XIV):

Dante y Beatriz encuentran dos grupos


compuestos por doce sabios cada uno en la esfera del Sol (miniatura de Giovanni di Paolo), Canto 10.
"No he hablado de modo, que tú no puedas
darte cuenta que fue rey, y señal pidió
a fin de que rey suficiente fuera;

no por saber cuentos sean


los motores de aquí arriba, o si necesse
con contingente nunca necesse se hiciera;

no si est dare primum motum esse,


o si del medio cerco hacer se puede
un triángulo tal que recto no tuviese."19

Quinta esfera (Marte, los guerreros de la Fe)


Al planeta Marte tradicionalmente se le asocia con el dios de la guerra, por lo que Dante hace de esta
esfera la de los guerreros de la fe, quienes dieron su vida por Dios, mostrando por ende la virtud del
coraje.20 Los millones de centellas de luz que son sus almas forman una cruz griega en el planeta
Marte, y el autor la compara con la Vía Láctea (Canto XIV):
Las almas en el Canto 14 forman una cruz griega, que el autor
compara con la Vía Láctea.
"Como diversa de menores y mayores
luces albea tanto entre los polos del mundo
la Galaxia, que hace dudar a los sabios,

así constelados formaban en el profundo


Marte aquellos rayos el venerable signo
al unir cuadrantes en un círculo."21

Aunque Dante dice que los sabios están "perplejos" por la naturaleza de la Vía Láctea, en su Convivio
ya había descrito su naturaleza con bastante precisión en los siguientes términos:
"Lo que Aristóteles dijera no se puede saber con certeza, porque su sentencia no es la
misma en una traducción que en otra. (...) En la Vieja dice que la Galaxia no es sino una
multitud de estrellas fijas, tan pequeñas que no podemos distinguirlas desde aquí abajo,
pero que de ellas aparece aquel albor, que llamamos Galaxia: y puede ser, que el cielo en
aquella parte sea más denso, ya que retiene y refleja aquella luz. Y esta opinión parecen
tener, con Aristóteles, Avicena y Tolomeo."22

Dante conoce a su ancestro Cacciaguida, quien participó en la Segunda Cruzada,23 y habla en términos
elogiosos de la República de Florencia del siglo xii, pero lamenta la decadencia de la ciudad de los
tiempos del autor (Cantos XV y XVI). Como el tiempo de la narración de la obra sucede antes del de la
escritura, en 1300, y por ende antes del exilio del autor, algunos personajes del poema pueden
"predecir" un porvenir ominoso.24 De hecho, Cacciaguida responde a una pregunta de Dante sin el
menor ambage, revelándole que vivirá en el exilio (Canto XVII):
Cacciaguida predice sin ambages que Dante sufrirá un
amargo exilio de Florencia.
"Tú dejarás todas las cosas que amas
más entrañablemente; y este es el dardo
que el arco del exilio primero saeta.

Tú probarás cuán amargo


es el pan ajeno, y cuán dura es la calle
de subir y bajar por ajena escala."25

Sin embargo, Cacciaguida también encarga a Dante escribir y contar todo lo que ha visto en los tres
reinos de ultratumba.24 Dante por último encuentra varios otros guerreros de la fe, como Josué, Judas
Macabeo, Carlomagno, Roldán y Godofredo de Bouillón (Canto XVIII).

Sexta esfera (Júpiter, los buenos gobernantes)


El planeta Júpiter se suele asociar con el rey de los dioses, por lo que Dante lo escoge como la esfera en
que figurarán los reyes que se caracterizaron por su justicia.26 Las almas deletrean la versión latina de
"Justicia del amor, que juzgas", tras la cual la "M" final de la frase toma la forma de un águila imperial
gigante.26 (Canto XVIII):
"DILIGITE IUSTITIAM, fue el primer
verbo y nombre de todo lo presentado;
QUI IUDICATIS TERRAM fue el final.27

En esta esfera se encuentran David, Ezequías, Trajano (quien se convirtió al cristianismo según una
leyenda medieval), Constantino I, Guillermo II de Sicilia, y Rifeo el troyano (lo cual sorprende a
Dante), quien fue un pagano salvado por la merced de Dios.28 Las almas que forman el águila imperial
hablan con una sola voz, y hablan de la justicia de Dios.29 (Cantos XIX y XX).

Séptima esfera (Saturno, los contemplativos)


La esfera de Saturno es la de los contemplativos, que incluye la templanza.30 Dante encuentra a Pedro
Damián, y discute con él sobre el monacato, la doctrina de la predestinación, y la triste situación de la
Iglesia31 (Cantos XXI y XXII). Beatriz, quien representa la teología, se hace cada vez más adorable y
llena de gracia, lo cual es una señal que indica la cercanía de la percepción del observador a la de Dios:
Dante y Beatriz encuentran a Pedro Damián,
quien les cuenta su vida, y les habla sobre la predestinación (miniatura de Giovanni di Paolo), Canto
21.
"Y ella no reía, mas: Si yo riera,
comenzó, tú te harías cual
fue Semele en cenizas hecha;

porque mi belleza, que por la escala


del eterno palacio más se enciende,
como has visto, cuanto más asciende,

si no se templara, tanto esplende,


que tu mortal poder sería, a su fulgor,
fronda que desbarata el trueno."32

Octava esfera (las estrellas fijas; fe, esperanza y amor)

Dante y Beatriz en la esfera de las Estrellas fijas.


La esfera de las Estrellas fijas es la de la Iglesia militante.33 En este punto (de hecho desde la de
géminis, bajo la cual nació el autor), Dante vuelve la vista atrás para contemplar tanto las siete esferas
por las que ha pasado como la Tierra (Canto XXII):
"Con la vista retorné por todas cuantas
las siete esferas, y vi a este globo
tal, que sonreí de su apariencia villana;

y aquel consejo por mejor apruebo


que lo tiene en menos; y quien en otra cosa piensa
llamarse puede verdaderamente probo."34

Dante ve asimismo a la Virgen María y otros santos (Canto XXIII). San Pedro examina a Dante sobre
la fe, preguntándole qué es, y si alberga o no ese [Link] la respuesta, San Pedro le pregunta al
protagonista cómo sabe que la Biblia es verdadera, y (en un argumento atribuido a san Agustín35)
Dante cita el milagro de que la iglesia haya crecido tan pronto y tan robusta a partir de orígenes tan
humildes (Canto XXIV):
"Me respondieron: Di ¿quién te asegura
que existieron las obras? Aquello mismo
que quiere probarse, no otro, te lo jura.

Si el mundo volvióse al cristianismo,


dije yo, sin milagros, es que él es uno
tal, que los demás un céntimo no valen;

porque tú entraste pobre y ayuno


en el campo, a sembrar la planta buena,
que fue ya viña, y ahora se ha hecho espino."36

Santiago, quien examina a Dante sobre la esperanza (obra de Rembrandt),


Canto 25.
Santiago37 examina a Dante sobre esperanza, y Beatriz da fe de que el autor alberga ese sentimiento
(Canto XXV):
"La Iglesia militante no tiene mejor hijo
con mayor esperanza, como está escrito
en el Sol que irradia a nuestro rebaño;

porque se la ha concedido que de Egipto


venga a Jerusalén para ver,
antes que su combatir le sea prescrito."38

Por último, San Juan examina a Dante sobre el amor. En su respuesta, el protagonista se refiere al
concepto de "amor torcido" discutido en el Purgatorio39 (Canto XXVI):
"Entonces comencé: todos los mordiscos
que pueden forzar al corazón que a Dios
se vuelva, a mi caridad concurren;

porque el ser del mundo y el ser mío,


la muerte que Él sostuvo para que yo viva,
y lo que todo fiel como yo espera,

con el dicho conocimiento vivo,


arrancado me han del mar del amor torcido,
y del derecho me han puesto en la orilla.

El follaje del que se enrama todo el huerto


del hortelano eterno, amo yo tanto
cuanto en ellos de bien Dios ha puesto."40

Por último San Pedro acusa a Bonifacio VIII en términos de gran severidad, y agrega que a sus ojos la
Santa Sede está vacía (Canto XXVII).

Dante y Beatriz ven a Dios como un punto de luz rodeado de ángeles


(ilustración de Gustave Doré), Canto 28.

Novena esfera (el Primer Móvil, los ángeles)


El Primer Móvil es la mayor esfera del universo físico. Dios la mueve directamente, haciendo que por
reacción a su vez se muevan todas las otras esferas que alberga41 (Canto XXVII):
"Y este cielo no tienen otro donde
que la mente divina, en la que se inflama
el amor que lo impulsa y la virtud que le llueve.
Luz y amor de un círculo que lo comprende
así como él a los otros; y aquel cinto
que lo ciñe sólo él lo entiende,

No es su movimiento de otro distinto;


más los otros son medidos por este,
como el diez por el medio y el quinto".42

El Primer Móvil es la morada de los ángeles, y allí ve Dante a Dios como un intenso punto de luz
rodeado de nueve anillos de ángeles (Canto XXVIII). Beatriz explica la creación del universo, y el
papel de los ángeles, terminando con una severa crítica a los predicadores de entonces (Canto XXIX):

Beatriz critica a los predicadores


contemporáneos del autor, sugiriendo que un "ave" siniestra (en realidad un demonio alado) anida en su
cuello (miniatura de Giovanni di Paolo), Canto 29.
"No dijo Cristo a su primer convento:
Id y predicad al mundo patrañas;
más les dio veraz fundamento;

que resonó tanto en sus bocas


que en su lucha por arder la fe,
del Evangelio hicieron escudo y lanza.

Ahora van con argucias y bufonadas


a predicar, y aunque bien la gente ría,
ínflase la capucha, y no se busca otra cosa".43

El Empíreo
Desde el Primer Móvil, Dante asciende a una región que está más allá de la existencia física, el
Empíreo, que es la morada de Dios. Beatriz, que representa la teología,44 se hace en este lugar más
bella que nunca, y Dante se ve envuelto por la luz, de modo que es capaz de ver a Dios44 (Canto
XXX):
"Como súbito relámpago que dispersa
los espíritus visivos, tal que priva
al ojo de ver más fuertes objetos,

así me circundó una luz viva,


y dejóme cegado con tal velo
su fulgor, que nada aparecía.

Siempre el amor que aquieta este cielo


con este saludo al que llega acoge
a fin de disponer a su llama la candela."45

Dante ve una rosa enorme, que simboliza el amor divino,44 cuyos pétalos son las almas entronizadas
de los fieles (tanto los del Antiguo Testamento como los del Nuevo). Todas las almas que ha conocido
en el Paraíso, incluyendo a Beatriz, tienen su morada en esta rosa.44 A su alrededor hay ángeles
volando como abejas, distribuyendo paz y amor. Cuando Beatriz pasa a ocupar su lugar en la rosa,
Dante ya se encuentra más allá de la teología y a su vez puede contemplar directamente a Dios,46 y
San Bernardo, en cuanto místico contemplativo, será su guía en esta última etapa (Canto XXXI).

Los tres círculos de la Trinidad (ilustración John Flaxman), Canto


33.
San Bernardo continua explicando la predestinación, y reza a María a favor de Dante. Por último, el
protagonista entra en contacto directo con Dios (Cantos XXXII y XXXIII), quien aparece como tres
círculos idénticos que ocupan el mismo espacio, los cuales representan al Padre, el Hijo, y el Espíritu
Santo:47
"sino porque la visión se avaloraba
en mi mirada, una sola apariencia,
mudando yo, por mi se trastocaba.

En la profunda y clara subsistencia


del alto lumbre me aparecieron tres giros
de tres colores y de un continente;

y uno de otro como iris de iris


parecía reflejo, y el tercero parecía fuego,
que aquí y allá igualmente se espire.48

Dentro de esos círculos el protagonista discierne la forma humana de Cristo. La Divina Comedia
termina con el poeta tratando de entender cómo los círculos logran encajar, y cómo la humanidad de
Cristo se refiere a la divinidad del Sol no obstante, como Dante lo señala, para continuar "no bastaban
las propias alas".49 Tras un rayo de comprensión, que el poeta no puede explicar, Dante entiende, y su
alma entra en total armonía con el amor divino:47
"A la alta fantasía aquí faltaron fuerzas;
mas ya movía mi deseo y mi velle,
como rueda a su vez movida,

el amor que mueve el Sol y las demás estrellas".50

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