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Fraudes Financieros: Casos Impactantes

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Hernán Arbizu: los fraudes de un alto directivo

En junio de 2016, la Policía Federal argentina detuvo en una casa del barrio porteño de Belgrano a
Hernán Arbizu, exvicepresidente del banco JP Morgan Chase.
Arbizu tenía una larga carrera como banquero, desempeñando diferentes cargos en los bancos más
prestigiosos del mundo: Citybank, Bank Boston, Bank of America, UBS y Deutsche Bank.
De cada banco, Arbizu salía con una vasta lista de datos con nombres de usuarios y de empresas.
Acceder a esta información privilegiada, que luego usaba para contactar clientes potenciales, le traía
como recompensa jugosas comisiones.
Cuando llegó a la Vicepresidencia de JP Morgan Chase, Arbizu continuaba manejando en paralelo y
en secreto diferentes cuentas bancarias de distintos bancos en los que ya había trabajado. Además,
efectuaba transferencias bancarias no autorizadas. A través de ellas lavaba dinero de algunos de sus
clientes en Argentina, trasladando los activos hacia paraísos fiscales.
Cuando la situación se volvió insostenible, Arbizu extrajo información confidencial del banco y la
utilizó como prueba para denunciar a JP Morgan Chase por evasión de impuestos. Al final, la
denuncia del banquero se volvió en su contra, lo que terminó en su propia extradición a Estados
Unidos, acusado de estafa, lavado de activos, hurto de identidad y de haber hecho transferencias
fraudulentas.
Aunque este caso parezca una actuación personal aislada, la verdad es que gran parte de las
responsabilidad fue de la propia entidad bancaria. La falta de controles y la pésima gestión de los
riesgos financieros en el interior del banco permitieron que Arbizu operara cómodamente para
montar un esquema de lavado de activos y de evasión de impuestos a expensas de los recursos de la
propia entidad financiera.
Como vemos el fraude interno es un aspecto de mucho cuidado en el que se necesita un monitoreo
constante y riguroso para evitar robos, sobornos o el incumplimiento de las regulaciones por parte
de empleados directos o terceros vinculados contractualmente con la compañía.
Con el software de Pirani podrás gestionar fácilmente los procesos, riesgos y controles asociados al
Gobierno Corporativo para que logres una gestión de riesgos eficiente y cumplas los objetivos de tu
organización.

Bernard Madoff: una pirámide difícil de ignorar


De mirada triste y apariencia de anciano, cuando habla, Bernard Madoff mueve las manos como un
encantador de serpientes. Las balancea en el aire, las mece como un director de orquesta. Se detiene
un momento y, mientras tanto, cruza los dedos de ambas manos para hacer una pausa y pensar lo
próximo que dirá. Detrás de esa cara inofensiva y de esa mirada de abuelo que calcula cada palabra,
se esconde el cerebro de la mayor estafa financiera que se haya visto jamás en los Estados Unidos.

64.000 millones de dólares, 13.600 personas estafadas y varios suicidios, entre ellos el del hijo del
propio Madoff, son el resultado de un esquema piramidal sin precedentes, un fraude financiero que
parece sacado de una película.
Las supuestas operaciones millonarias que Bernard Madoff ganaba en Wall Street no eran más que
un sistema de captación ilegal de dinero que funcionaba sumando nuevos "inversores" que
aportaban capital para pagarles a los antiguos.
Madoff utilizaba las cuentas del JP Morgan Chase para ocultar sus operaciones. Sin embargo, la
cantidad exorbitante de dinero y el inmenso volumen de transacciones parecían difíciles de ignorar
por el banco.
A pesar de eso, algunos empleados de la entidad bancaria desatendieron las señales de alerta que
emitían las transacciones del estafador y nunca reportaron de manera oportuna las operaciones
sospechosas. Además, las políticas del banco sobre blanqueo de dinero parecían muy flexibles o no
fueron aplicadas con el rigor necesario.
Estos fueron los argumentos de las autoridades financieras de los Estados Unidos para condenar al
banco en el 2014 a pagar una suma de 1.700 millones de dólares para resarcir a las víctimas de la
pirámide construida por Bernard Madoff.

Bears Stearns: una compra poco rentable


Al borde de la quiebra, el banco Bear Stearns fue adquirido por JP Morgan en 2008 con la
autorización de la Reserva Federal estadounidense.
El Bearn Stearns había quebrado luego de haber hecho grandes inversiones en títulos hipotecarios
tipo subprime. Estas hipotecas se concedían a personas de escasa solvencia económica o que no
contaban con un ingreso estable, es decir, perfiles de alto riesgo. Por ese motivo, los bancos
aseguraban la inversión cobrando intereses elevados o con el embargo de las propiedades que se
hipotecaban, un círculo vicioso que se movía con préstamos impagables.
Por medio de información engañosa que daban los empleados del banco, muchos de esos títulos
hipotecarios se ofrecían como inversiones seguras.
Así, las hipotecas subprime, que se concedían a personas que no podían pagarlas, generaron una
falsa apariencia de crecimiento en el sector inmobiliario estadounidense, pero, cuando la burbuja
estalló, terminó afectando al sistema bancario mundial.
Al perder su valor esos títulos hipotecarios, Bearn Stearns quedó debiendo más de 48.000 millones
de dólares, y la confianza en ese banco disminuyó hasta el punto en que la entidad tuvo que
declararse en bancarrota.
Ahí es cuando aparece JP Morgan Chase en el escenario. Aunque esta entidad bancaria también
participó por cuenta propia en la burbuja inmobiliaria de las hipotecas subprime, su influencia en la
crisis del 2008 aumentó tras comprar el banco Bear Stearns para salvarlo del colapso. Esto produjo
un perjuicio en la reputación de JP Morgan Chase como organización e hizo que su credibilidad
como entidad financiera se disminuyera notoriamente. Por eso, este banco fue sancionado con una
multa de 13.000 millones de dólares por incurrir en malas prácticas.
De nuevo, la mala gestión de los riesgos financieros, el pésimo manejo de los riesgos de crédito y
de los riesgos operativos produjeron una serie de riesgos reputacionales, que aún impactan en la
imagen del banco más grande de Estados Unidos.
1MDB: un presente riesgoso
El final de 2017 despidió a JP Morgan Chase con las investigaciones de las autoridades financieras
de Suiza, Singapur y Estados Unidos, todo por cuenta del escándalo del 1MDB (1Malaysia
Development Berhad), fondo estatal de inversión perteneciente al gobierno malasio.
Al parecer, el primer ministro de Malasia, Najib Razak, se apropió de varios millones de dólares del
1MDB a través de transacciones financieras ilegales que llevaba a cabo en diferentes bancos del
mundo.
En concreto, se le acusa al JP Morgan Chase de no identificar los riesgos de lavado de activos
relacionados con transacciones entre cuentas comerciales y personales de este fondo estatal.
En uno de los casos, se trasladaron miles de millones de dólares desde la cuenta del fondo 1MDB,
presuntamente para comprar una empresa, hacia la cuenta personal de un individuo cercano a una
compañía asociada con el fondo malasio.
El JP Morgan Chase no cuestionó el origen, el propósito o el procedimiento de esta transacción, que
implicaba una extraordinaria suma de dinero. Además, admitió datos inconsistentes de clientes sin
antes hacer un análisis riguroso de ellos.
Por lo pronto, el banco estadounidense no recibirá una sanción, pero quedaron en evidencia el mal
manejo del riesgo de lavado de activos y la deficiente segmentación de sus clientes.
Como el caso del 1MDB, muchos de estos líos judiciales que ha sufrido el JP Morgan Chase en su
historia aún tienen repercusión en la actualidad. Algunos de ellos no han sido resueltos o tienen
consecuencias negativas que parecen permanentes.
Esto demuestra que, cuando un riesgo se concreta, no solo desencadena otros, como si se tratara de
una bola de nieve, sino también que puede tener una larga duración en el tiempo, llevar de una
demanda a una sanción, de una multa a una bancarrota.

El fraude del banco Barings


El banco Barings, uno de los más antiguos de Gran Bretaña y del mundo, fue creado en 1792. En su
historia, había financiado las guerras napoleónicas para la Corona británica y la compra de
Louisiana por los norteamericanos. Asimismo, contaba con clientes como la reina Isabel II. En
1980, Barings era considerado como uno de los modelos de gestión comercial en Europa. Su
reconocimiento como entidad financiera llegó a ser tal que la administración decidió expandir sus
operaciones en Asia, el Pacífico y América Latina.

A pesar de su prestigio, el banco Barings se declaró en insolvencia el 26 de febrero de 1995, debido


a operaciones realizadas por Nick Leeson, uno de sus funcionarios, desde la pequeña oficina del
banco en Singapur, el Barings Securities Singapore (BSS), que había abierto sus puertas en 1987.
FUENTE BIBLIOGRÁFICA
Pirani. (s/f). Los 4 casos más impactantes de fraude financiero. [Link]. Recuperado el 25 de
enero de 2024, de [Link]
de-fraude-financiero

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